Salmodia complementaria

TERCIA - SEXTA - NONA

Serie I

SALMODIA PARA TERCIA

Ant.1:
Llamé, y él me respondió.

Salmo 119
DESEO DE LA PAZ

Estad firmes en la tribulación, sed
asiduos en la oración. (Rm 12, 12)

En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.

¿Qué te va a dar o a mandar Dios,
lengua traidora?
Flechas de arquero, afiladas
con ascuas de retama.

¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: «Paz»,
ellos dicen: «Guerra».

Ant. 1: Llamé, y él me respondió.


Ant. 2: El Señor guarda tus entradas y salidas.

Salmo 120
EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

No tendrán hambre ni sed; no les mo-
lestará el sol ni calor alguno (Ap 7,16)

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Ant. 1: El Señor guarda tus entradas y salidas.


Ant. 3: Me he alegrado por lo que me dijeron.

Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad
del Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12, 22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir:. «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Ant. 3: Me he alegrado por lo que me dijeron.


Serie II

SALMODIA PARA SEXTA

Ant. 1:
Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.

Salmo 122
EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

Dos ciegos ...  se pusieron a gritar: «Señor,
ten compasión de nosotros, Hijo de David.»
(Mt 20, 30)

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Ant. 1: Tú que habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros.


Ant. 2: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Salmo 123
NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

El Señor dijo a Pablo:  «No  temas...,
que yo estoy contigo.» (Hch 18, 9-10)

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Ant. 2: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.


Ant. 3: El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.

Salmo 124
EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO

La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6, 16)

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Ant. 3: El Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.


Serie III

SALMODIA PARA NONA

Ant. 1:
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Como participáis en el sufrimiento, tam-
bién participáis en el consuelo (2Co 1,7)

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Ant. 1: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.


Ant. 2: El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Ant. 2: El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.


Ant. 3: Dichoso el que teme al Señor. +

Salmo 127
PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO

«Que el Señor te bendiga desde Sión»,
es  decir,  desde  su  Iglesia.  (Arnobio)

¡Dichoso el que teme al Señor
+ y sigue sus caminos!

Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos dé tus hijos.
¡Paz a Israel!

Ant. 3: Dichoso el que teme al Señor.