JUEVES XIV

PRIMERA LECTURA

Año I:


Del primer libro de Samuel     25, 14-24. 28-39a

DAVID Y ABIGAIL


    En aquellos días, uno de los servidores avisó a Abigail, mujer de Nabal:
    «Mira que David ha enviado mensajeros desde el desierto para saludar a nuestro amo, y él los ha despreciado. Sin embargo, esos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nada nos ha faltado mientras anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo. Fueron nuestra defensa noche y día, todo el tiempo que estuvimos con ellos guardando el ganado. Date cuenta y mira lo que debes hacer, porque ya está decretada la ruina de nuestro amo y de toda su casa; y él es tan insensato, que no se le puede decir nada.»
    Tomó Abigail, a toda prisa, doscientos panes y dos odres de vino, cinco carneros ya preparados, cinco arrobas de trigo tostado, cien racimos de uvas pasas y doscientos panes de higos secos, y lo cargó todo sobré unos asnos, diciendo a sus servidores:
    «Pasad delante de mi y yo os seguiré.»
    Pero nada dijo a Nabal, su marido.
    Cuando bajaba ella, montada en el asno, por lo espeso del monte, David y sus hombres bajaban en dirección contraria y se topó con ellos. David había dicho:
    «Muy en vano he guardado en el desierto todo lo de este hombre, para que nada de lo suyo le faltase, pues ahora me devuelve mal por bien. Esto haga Dios a David y esto otro añada, si para el alba dejo con vida ni un solo varón de los de Nabal.»
    Apenas vio a David, se apresuró Abigail a bajar del asno y, cayendo ante David, se postró en tierra y, arrojándose a sus pies, le dijo:
    «Caiga sobre mí la falta, mi señor. Deja que tu sierva hable a tus oídos y escucha las palabras de tu sierva. Perdona, por favor, la falta de tu sierva, ya que ciertamente hará el Señor una casa permanente a mi señor, pues mi señor combate las batallas del Señor y no vendrá mal sobre ti en toda tu vida. Y, aunque se alza un hombre para perseguirte y buscar tu vida, la vida de mi señor está encerrada en la bolsa de la vida, junto al Señor tu Dios, mientras que la vida de los enemigos de mi señor la volteará en el hueco de la honda. Cuando haga el Señor a mi señor todo el bien que te ha prometido y te haya restablecido como caudillo de Israel, que no haya turbación ni remordimiento en el corazón de mi señor por haber derramado sangre inocente y haberse tomado mi señor la justicia por su mano; y, cuando el Señor haya favorecido a mi señor, acuérdate de tu sierva.»
    David respondió a Abigaíl:
    «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro. Bendita sea tu prudencia y bendita tú misma, que me has impedido derramar sangre y tomarme la justicia por mi mano. De otro modo, ¡vive el Señor, Dios de Israel, que me ha impedido hacerte mal!, que, de no haberte apresurado a venir a mi encuentro, no le hubiera quedado a Nabal, al romper el alba, ni un solo varón.»
    Tomó David de mano de ella lo que le traía y le dijo: «Sube en paz a tu casa. Mira, he escuchado tu voz y he accedido a tu petición.»
    Cuando Abigail volvió a donde se encontraba Nabal, estaba éste celebrando en su casa un banquete como de rey; tenía el corazón alegre y estaba completamente borracho. Ella no le dijo una palabra, ni grande ni pequeña, hasta el lucir del día. Por la mañana, cuando se le pasó el vino a Nabal, le contó su mujer lo sucedido; entonces el corazón se le murió en el pecho y él se quedó como una piedra. Al cabo de unos diez días, hirió el Señor a Nabal y murió.
    Oyó David que Nabal había muerto y dijo:
    «Bendito sea el Señor que ha defendido mi causa contra la injuria de Nabal y ha preservado a su siervo de hacer el mal. El Señor ha hecho caer la maldad de Nabal sobre su cabeza.»

Responsorio     1S 25, 33. 32; Mt 5, 7

R.
Tú me has impedido derramar sangre y tomarme la justicia por mi mano. * Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro.
V. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán. misericordia.
R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro.


Año II:

Del libro de los Proverbios     10, 6-32

SENTENCIAS DIVERSAS


    La bendición del Señor desciende sobre la cabeza del justo, la violencia cerrará la boca de los malvados. El recuerdo del, justo es bendito; el nombre del malvado se pudre. El hombre de corazón sabio acepta el consejo; el hombre de labios insensatos corre a su ruina.
    Quien camina honradamente camina seguro; el que sigue caminos tortuosos pronto será descubierto. El que guiña el ojo causa desventuras; el que reprende con franqueza trae la paz. La boca del justo es fuente de vida; la boca del malvado es copa de vinagre. El odio provoca discusiones; el amor cubre todas las faltas. La sabiduría se encuentra en los labios del prudente; el palo es para la espalda del insensato.
    El sabio atesora la ciencia; la boca del necio es un peligro a la vista. La fortuna del rico es su baluarte; el terror del pobre es su miseria. El salario del justo procura la vida; la ganancia del malvado trae la ruina. El que acepta. la corrección va por camino de vida; el que rechaza la reprensión se extravía.
    Los labios del justo apagan el odio; los labios del necio difunden la calumnia. En el mucho hablar no faltará pecado; el que frena sus labios es sensato. La lengua del justo es plata probada; el corazón perverso vale bien poco. Los labios del justo apacientan a muchos; los necios mueren por falta de juicio.
    La bendición de Dios es la que hace prosperar, y nada le añade nuestra fatiga. Es un juego para el necio hacer maldades; es un gozo para el sabio adquirir sabiduría. Al malvado le sucede lo que teme; pero al justo se le da lo que desea. Como pasa la tormenta, así pasan los impíos; mas el justo permanece para siempre. Vinagre en los dientes, humo en los ojos, eso es el mensajero perezoso para quien lo envía.
    El temor del Señor prolonga la vida; los años del impío son acortados. La esperanza del justo termina en alegría; la ilusión del malhechor termina en un fracaso. El camino de Dios es refugio para el honrado; y es terror para el malvado. El justo jamás vacilará; los impíos no habitarán la tierra. De la boca del justo brotará sabiduría; de la lengua tramposa brotará el engaño. Los labios del justo saben de benevolencia; la boca del malvado sabe de perversidad.

Responsorio     Sal 36, 30. 31; 111, 6. 7

R.
La boca del justo expone la sabiduría, su lengua explica el derecho; * porque lleva en el corazón la ley de su Dios.
V. El recuerdo del justo será perpetuo; no temerá las malas noticias.
R. Porque lleva en el corazón la ley de su Dios.


SEGUNDA LECTURA

Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho.

(Núms. 12, 13-14: CSEL 62, 258-259)

EL TEMPLO DE DIOS ES SANTO, Y ESE TEMPLO SOIS VOSOTROS


    Yo y el Padre vendremos a fijar en él nuestra morada. Que cuando venga encuentre, pues, tu puerta abierta, ábrele tu alma, extiende el interior de tu mente para que pueda contemplar en ella riquezas de rectitud, tesoros de paz, suavidad de gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna que ilumina a todo hombre. Esta luz verdadera brilla para todos, pero el que cierra sus ventanas se priva a sí mismo de la luz eterna. También tú, si cierras la puerta de tu alma, dejas afuera a Cristo. Aunque tiene poder para entrar, no quiere sin embargo ser inoportuno, no quiere obligar a la fuerza.
    Él salió del seno de la Virgen como el sol naciente, para iluminar con su luz todo el orbe de la tierra. Reciben esta luz los que desean la claridad del resplandor sin fin, aquella claridad que no interrumpe noche alguna. En efecto, a este sol que vemos cada día suceden las tinieblas de la noche; en cambio, el sol de justicia nunca se pone; porque a la sabiduría no sucede la malicia.
Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa. Por esta puerta entra Cristo. Por esto dice la Iglesia en el Cantar de los cantares: La voz de mi amado llama a la puerta. Escúchalo cómo llama, cómo desea entrar: ¡Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía! Que está mi cabeza cubierta de rocío, y mis cabellos de la escarcha de la noche.
    Considera cuándo es principalmente que llama a tu puerta el Verbo de Dios, siendo así que su cabeza está cubierta del rocío de la noche. El se digna visitar a los que están tentados o atribulados, para que nadie sucumba bajo el peso de la tribulación. Su cabeza, por tanto, se cubre de rocío o de escarcha cuando su cuerpo está en dificultades. Entonces, pues, es cuando hay que estar en vela, no sea que cuando venga el Esposo se vea obligado a retirarse. Porque si estás dormido y tu corazón no está en vela, se marcha sin haber llamado; pero si tu corazón está en vela, llama y pide que se le abra la puerta.
    Hay, pues, una puerta en nuestra alma, hay en nosotros aquellas puertas de las que dice el salmo: ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria. Si quieres alzar los dinteles de tu fe, entrará a ti el Rey de la gloria, llevando consigo el triunfo de su pasión. También el triunfo tiene sus puertas, pues leemos en el salmo lo que dice el Señor Jesús por boca del salmista: Abridme las puertas del triunfo.
    Vemos, por tanto, que el alma tiene su puerta, a la que viene Cristo y llama. Ábrele, pues; quiere entrar, quiere hallar en vela a su Esposa.

Responsorio     Ap 3, 20; Mt 24, 46

R.
Mirad que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, * entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
V. Dichoso el siervo a quien su amo, al volver, lo encuentre cumpliendo lo que le ha encomendado.
R. Entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.


Oración

Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, conserva a tus fieles en continua alegría y concede los gozos del cielo a quienes has librado de la muerte eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.