LUNES IV
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Romanos 12, 1-21
SOMOS UN SOLO CUERPO EN CRISTO
Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos
como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no
os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para
que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo
perfecto. Por la gracia que Dios me ha dado, os pido a todos y a cada uno: No
tengáis de vosotros mismos un concepto superior a lo que es justo. Abrigad
sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que Dios le ha
dado.
A la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y todos los miembros
desempeñan distinta función, lo mismo nosotros: siendo muchos, somos un solo cuerpo
en Cristo, e individualmente somos miembros unos de otros. Y teniendo carismas
diferentes, según la gracia que Dios nos ha dado, quien tenga carisma de hablar por
inspiración de Dios haga uso de él según le mueva la fe, quien tenga el carisma
de ministerio que se ocupe en su oficio, quien tenga el don de enseñar que
enseñe, quien el de exhortar que exhorte y consuele, quien reparta sus bienes
que lo haga con sencillez, quien presida obre con solicitud, quien practique la
misericordia que lo haga con jovialidad.
Que vuestra caridad sea sincera. Aborreced el mal y aplicaos al bien. En punto a
caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros. En cuanto a la mutua
estima, tened por más dignos a los demás. Nada de pereza en vuestro celo,
sirviendo con fervor de espíritu al Señor. Que la esperanza os tenga alegres;
estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Socorred las
necesidades de los fieles, dedicaos activamente a la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran;
llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir entre vosotros, sin apetecer
grandezas; atraídos más bien por lo humilde. No os tengáis por sabios. No
devolváis a nadie mal por mal y procurad hacer lo que es bueno no sólo ante
Dios, sino también ante todos los hombres.
A ser posible, y en cuanto de vosotros depende, vivid en paz con todos. No os
toméis, carísimos hermanos, la justicia por vuestra mano, sino dejadlo al juicio
de Dios. Dice la Escritura: «Es mía la venganza; mía la recompensa; palabra del
Señor.» Pero también dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene
sed, dale de beber. Si haces esto, se sentirá avergonzado de su odio y lo
depondrá.»
No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien.
Responsorio Rm 12, 2; cf. Ef 4, 23. 24
R. Transformaos por la renovación de la mente,
* para que sepais discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
V. Renovaos en la mente y en el espíritu, y vestíos de la nueva condición humana.
R. Para que sepais discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
Año II:
Del libro del Génesis 27, 30-45
JACOB SUPLANTA A ESAÚ
En aquellos días, apenas terminó Isaac de bendecir a Jacob, mientras salía Jacob
de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú volvía de cazar. También él
preparó un guiso sabroso, y se lo llevó a su padre, y le dijo:
«Padre, incorpórate y come de la caza de tu hijo, y después me bendecirás tú.»
Le preguntó Isaac, su padre:
«¿Quién eres tú?»
Respondió él:
«Soy Esaú, tu hijo primogénito.»
Isaac quedó aterrorizado en extremo, y preguntó:
«Entonces, ¿quién es el que ha venido y me ha traído la caza? Yo la he comido
antes de que tú llegaras, lo he bendecido, y quedará bendito.»
Cuando oyó Esaú las palabras de su padre, dio un grito atroz, y, amargado en
extremo, dijo a su padre: «Bendíceme a mí también, padre.»
Dijo Isaac:
«Tu hermano ha hecho trampa, y se ha llevado la bendición.»
Respondió Esaú:
«Con razón se llama Jacob: ya es la segunda vez que me echa la zancadilla;
primero me quitó mi privilegio de primogénito, y ahora me ha quitado mi
bendición.»
Y añadió:
«¿No te queda otra bendición para mí?» Respondió Isaac a Esaú:
«Lo he nombrado señor tuyo, y he declarado a sus hermanos siervos suyos; le he
concedido el trigo y el vino; ¿qué puedo ya hacer por ti, hijo mío?»
Respondió Esaú:
«¿Es que sólo tienes una bendición? Bendíceme también a mí, padre mío.»
Esaú rompió a llorar a gritos. Isaac, su padre, conmovido, le dijo:
«En tierra estéril, sin rocío del cielo, tendrás tu morada. Vivirás de la espada
y servirás a tu hermano. Y, cuando te rebeles, sacudirás el yugo de tu cuello.»
Esaú guardaba rencor a Jacob, por la bendición que éste había recibido de su
padre, y se decía:
«Cuando llegue el luto por mi padre, mataré a mi hermano Jacob.»
Le contaron a Rebeca lo que decía su hijo mayor Esaú, y mandó llamar a Jacob, el
hijo menor, y le dijo
«Esaú, tu hermano, quiere matarte para vengarse. Por tanto, hijo mío, escúchame:
Huye a Harán, a casa de Labán, mi hermano, y quédate con él una temporada, hasta
que se le pase a tu hermano la ira contra ti y se olvide de lo que has hecho.
Después, te haré traer de allí; no quiero verme privada de mis dos hijos en un
solo día.»
Responsorio Sb 10, 10
R. La Sabiduría guió al justo por caminos seguros cuando tuvo que huir de la ira de su hermano,
* y le descubrió el reino de Dios.
V. Le dio el conocimiento de las cosas santas y éxito en sus trabajos.
R. Y le descubrió el reino de Dios.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados del Pseudo-Hilario, sobre los salmos.
(Salmo 132: PLS 1, 244-245)
LA MULTITUD DE LOS CREYENTES NO ERA SINO UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA
Ved qué paz y qué alegría, convivir los hermanos unidos.
Ciertamente, qué paz y qué alegría cuando los hermanos conviven unidos, porque esta
convivencia es fruto de la asamblea eclesial; se los llama hermanos porque la caridad
los hace concordes en un solo querer.
Leemos que, ya desde los orígenes de la predicación apostólica, se observaba
esta norma tan importante: La multitud de los creyentes no era sino un solo
corazón y una sola alma. Tal, en efecto, debe ser el pueblo de Dios: todos
hermanos bajo un mismo Padre, todos una sola cosa bajo un solo Espíritu,
todos concurriendo unánimes a una misma casa de oración, todos miembros de
un mismo cuerpo que es único.
Qué paz y qué alegría, convivir los hermanos unidos. El salmista añade
una comparación para ilustrar esta paz y alegría, diciendo: Es ungüento
precioso en la cabeza, que baja por la barba de Aarón hasta la franja de
su ornamento. El ungüento con que Aarón fue ungido sacerdote estaba
compuesto de substancias olorosas. Plugo a Dios que así fuese consagrado
por primera vez su sacerdote; y también nuestro Señor fue ungido de manera
invisible entre todos sus compañeros. Su unción no fue terrena; no fue
ungido con el aceite con que eran ungidos los reyes, sino con aceite de
júbilo. Y hay que tener en cuenta que, después de aquella unción, Aarón,
de acuerdo con la ley, fue llamado ungido.
Del mismo modo que este ungüento, doquiera que se derrame, extingue los
espíritus inmundos del corazón, así también por la unción de la caridad
exhalamos para Dios la suave fragancia de la concordia, como dice el Apóstol:
Somos perfume que proviene de Cristo. Así, del mismo modo que Dios halló su
complacencia en la unción del primer sacerdote Aarón, también es una paz y una
alegría convivir los hermanos unidos.
La unción va bajando de la cabeza a la barba. La barba es distintivo de la edad
viril. Por esto nosotros no hemos de ser niños en Cristo, a no ser únicamente en
el sentido ya dicho, de que seamos niños en cuanto a la ausencia de malicia,
pero no en el modo de pensar. El Apóstol llama niños a todos los infieles, en
cuanto que son todavía débiles para tomar alimento sólido y necesitan de leche,
como dice el mismo Apóstol: Os di a beber leche; no os ofrecí manjar sólido,
porque aún no lo admitíais. Y ni siquiera ahora lo admitís.
Responsorio Rm 12, 5; Ef 4, 7; 1Co 12, 13
R. Siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros unos de otros.
* A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo.
V. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo; y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
R. A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo.
Oración
Concédenos, Señor, Dios nuestro, venerarte con toda el alma y amar a todos los
hombres con afecto espiritual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.