MARTES XXVIII

PRIMERA LECTURA

Año I


Del libro del profeta Jeremías     2, 1-13. 20-25

INFIDELIDAD DEL PUEBLO DE DIOS


    En aquellos días, recibí esta palabra del Señor:
    «Ve y grita a los oídos de Jerusalén:
    "Así dice el Señor: Recuerdo el cariño de tu juventud, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra yerma. Israel era sagrada para el Señor, primicia de su cosecha: quien se atrevía a comer de ella lo pagaba, la desgracia caía sobre él -oráculo del Señor-. Escucha la palabra del Señor, casa de Jacob, tribus todas de Israel. Así dice el Señor: ¿Qué falta encontraron en mí vuestros padres, para alejarse de mí? Siguieron vaciedades y se quedaron vacíos, en vez de preguntar: ¿Dónde está el Señor que nos sacó de Egipto, que nos guió por el desierto, por estepas y barrancos, por tierra sedienta y oscura, tierra que nadie atraviesa, que el hombre no habita?' Yo os conduje a un país de huertos, para que comieseis sus buenos frutos; pero entrasteis y profanasteis mi tierra, hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no preguntaban: '¿Dónde está el Señor?', los doctores de la ley no me reconocían, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaban por Baal, siguiendo dioses que de nada sirven.
    Por eso vuelvo a pleitear con vosotros, y con vuestros nietos pleitearé -oráculo del Señor-. Navegad hasta las costas de Chipre, y mirad, despachad gente a Cadar, y considerad a ver si ha sucedido cosa semejante: ¿Cambia de dioses un pueblo? -y eso que no son dioses-. Pero mi pueblo cambió a su Gloria por los que no sirven.
    Espantaos, cielos, de ello, horrorizaos y pasmaos -oráculo del Señor-. Porque dos maldades ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua.
    Desde antiguo has roto el yugo, has hecho saltar las correas, diciendo: `No quiero servir´. En todo alto collado, bajo todo árbol frondoso, te echabas y te prostituías.
    Yo te había plantado, viña elegida, de cepas legítimas; ¿cómo te has convertido en espino y en viña bastarda? Aunque te laves con sosa y con lejía abundante, queda aún ante mí la mancha de tu pecado -oráculo del Señor-.¿Cómo te atreves a decir: `No me he profanado, no he ido detrás de ídolos´? Observa tu camino por el valle, reconoce lo que has hecho, camella liviana de extraviados caminos, asna salvaje criada en la estepa: cuando está en celo otea el viento, ¿quién domará sus deseos? Los que la buscan no necesitan cansarse, en su tiempo de celo la encuentran. Ahórrales calzado a tus pies, sed a tu garganta. Pero tú respondías: No quiero; yo amo a los extranjeros e iré detrás de ellos."'»

Responsorio     Jr 2, 21; Mt 21, 43; Is 5, 7

R.
Yo te había plantado, viña elegida, de cepas legítimas; ¿cómo te has convertido en espino y en viña bastarda? * Por eso se os quitará el reino de Dios y se entregará a un pueblo que le haga dar sus frutos.
V. Esperaba de ellos justicia, y ahí tenéis: asesinatos; esperé honradez, y sólo hay lamentos.
R. Por eso se os quitará el reino de Dios y se entregará a un pueblo que le haga dar sus frutos.


Año II

Del libro de Ben Sirá     14, 22-15, 10

FELICIDAD DEL HOMBRE SABIO


    Dichoso el hombre que piensa en la sabiduría v pretende la prudencia, el que presta atención a sus caminos y se fija en sus sendas; sale tras ella a espiarla y acecha junto a su portal, mira por sus ventanas y escucha a su puerta, acampa junto a su casa y clava sus estacas junto a su pared, pone su tienda junto a ella y se acomoda como un buen vecino, pone nido en su ramaje y mora entre su fronda, se protege del bochorno a su sombra y habita en su morada.
    El que teme al Señor obrará así; observando la ley, alcanzará la sabiduría. Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; en la asamblea le da la palabra, y lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia; alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable.
    No la alcanzan los hombres falsos ni la verán los arrogantes, se queda lejos de los cínicos y los embusteros no se acuerdan de ella; su alabanza desdice en boca del malvado, porque no se la otorga Dios; la boca del sabio la pronuncia y el que la posee la enseña.

Responsorio     Cf. Sir 15, 1. 10; lCo 1, 23. 24

R.
El que teme al Señor obrará el bien; observando la ley, alcanzará la sabiduría. * Porque es Dios quien la otorga.
V. Nosotros predicamos a Cristo crucificado; que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
R. Porque es Dios quien la otorga.


SEGUNDA LECTURA

De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

(Carta 130, 11, 21-12, 22: CSEL 44, 63-64)

SOBRE LA ORACIÓN DOMINICAL


    A nosotros, cuando oramos, nos son necesarias las palabras: ellas nos amonestan y nos descubren lo que debemos pedir; pero lejos de nosotros el pensar que las palabras de nuestra oración sirvan para mostrar a Dios lo que necesitamos o para forzarlo a concedérnoslo.
    Por tanto, al decir santificado sea tu nombre nos amonestamos a nosotros mismos para que deseemos que el nombre del Señor, que siempre es santo en sí mismo, sea también tenido como santo por los hombres, es decir, que no sea nunca despreciado por ellos; lo cual, ciertamente, redunda en bien de los mismos hombres v no en bien de Dios.
Y cuando añadimos venga tu reino, lo que pedimos es que crezca nuestro deseo de que este reino llegue a nosotros y de que nosotros podamos reinar en él, pues el reino de Dios vendrá ciertamente, lo queramos o no.
    Cuando decimos: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la obediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo.
    Cuando decimos: Danos hoy nuestro pan de cada día, con el hoy queremos significar el tiempo presente, para el cual, al pedir el alimento principal, pedimos ya lo suficiente, pues con la palabra pan significamos todo cuanto necesitamos, incluso el sacramento de los fieles, el cual nos es necesario en esta vida temporal, aunque no sea para alimentarla, sino para conseguir la vida eterna.
    Cuando decimos: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden nos obligamos a pensar tanto en lo que pedimos como en lo que debemos hacer, no sea que seamos indignos de alcanzar aquello por lo que oramos.
    Cuando decimos: No nos dejes caer en tentación nos exhortamos a pedir la ayuda de Dios, no sea que, privados de ella, nos sobrevenga la tentación y consintamos ante la seducción o cedamos ante la aflicción.
    Cuando decimos: Y líbranos del mal recapacitamos que aún no estamos en aquel sumo bien en donde no será posible que nos sobrevenga mal alguno. Y estas últimas palabras de la oración dominical abarcan tanto, que el cristiano, sea cual fuere la tribulación en que se encuentre, tiene en esta petición su modo de gemir, su manera de llorar, las palabras con que empezar su oración, la reflexión en la cual meditar y las expresiones con que terminar dicha oración. Es, pues, muy conveniente valerse de estas palabras para grabar en nuestra memoria todas estas realidades.
    Porque todas las demás palabras que podamos decir, bien sea antes de la oración para excitar nuestro amor y para adquirir conciencia clara de lo que vamos a pedir, bien sea en la misma oración para acrecentar su intensidad, no dicen otra cosa que lo que ya se contiene en la oración dominical, si hacemos la oración de modo conveniente. Y quien en la oración dice algo que no puede referirse a esta oración evangélica, si no ora ilícitamente, por lo menos hay que decir que ora de una manera carnal. Aunque no sé hasta qué punto puede llamarse lícita una tal oración, pues a los renacidos en el Espíritu solamente les conviene orar con una oración espiritual.


Responsorio     2M 1, 5. 3

R.
Que el Señor escuche vuestras súplicas y se reconcilie con vosotros, * y que no os abandone en tiempo de tribulación.
V. Que os dé a todos corazón para adorarlo y hacer su voluntad.
R. Y que no os abandone en tiempo de tribulación.


Oración

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.