SÁBADO II
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Romanos 7, 14-25
ME ENCUENTRO SOMETIDO A LA DEBILIDAD HUMANA Y VENDIDO A LA ACCIÓN DEL PECADO
Hermanos: La ley, como ya lo sabemos, es de orden espiritual; pero yo me
encuentro dentro del orden natural, sometido a la debilidad humana y vendido a
la acción del pecado. No me explico lo que hago; porque no pongo por obra lo que
quisiera, sino que ejecuto lo que aborrezco. Y aunque hago lo que no quisiera,
reconozco que la ley es buena. Pero, en este caso, ya no soy yo quien lo pone
por obra, sino el pecado que mora en mí.
Ya sé que en mí, es decir, dentro de mi estado puramente natural, no habita lo
bueno; porque el querer está a mi disposición, pero no lo está el ponerlo por
obra. En efecto, no hago el bien que quisiera, sino el mal que no quisiera. Y,
si pongo por obra lo que no quisiera, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado
que habita en mí. Así que compruebo esta experiencia: que, aunque quisiera
practicar el bien, se encuentra en mí el mal.
Según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero siento otra ley
en mis miembros, que va luchando contra la ley de mi razón y me va encadenando a
la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios,
por Jesucristo, Señor nuestro, me veré libre! Así, pues, yo con mi razón sirvo a
la ley de Dios; pero, dentro de mi estado puramente natural, sirvo a la ley del
pecado.
Responsorio Ga 5, 18. 22. 25
R. Si os dejáis guiar por el Espíritu, ya no estáis bajo la ley.
* El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz.
V. Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.
R. El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz.
Año II:
Del libro del Génesis 17, 1-27
LA CIRCUNCISIÓN, SEÑAL DEL PACTO ENTRE DIOS Y ABRAHAM
Cuando Abram tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo:
«Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia con lealtad. Estableceré mi
alianza contigo y te multiplicaré en modo extraordinariamente grande.»
Abram cayó de bruces, y Dios le dijo:
«Mira, éste es mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de pueblos; ya no te
llamarás Abram, sino Abraham, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te
haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Cumpliré
mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto
perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu
descendencia futura la tierra en que peregrinas (la tierra de Canaán), como
posesión perpetua; y seré su Dios.»
El Señor añadió a Abraham:
«Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones.
Éste es el pacto que hago con vosotros y con tus descendientes, y que habéis de
guardar: circuncidad a todos vuestros varones; circuncidaréis la carne del
prepucio, y será una señal de mi pacto con vosotros. A los ocho días de nacer,
todos vuestros varones, de cada generación, serán circuncidados; también los
esclavos nacidos en casa o comprados a extranjeros que no sean de vuestra raza.
Circuncidad a los esclavos nacidos en casa o comprados. Así llevaréis en la
carne mi pacto como pacto perpetuo. Todo varón incircunciso, que no ha
circuncidado la carne de su prepucio, será apartado de su pueblo, por haber
quebrantado mi pacto.»
El Señor dijo a Abraham:
«Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino que se llamará Sara. La bendeciré,
y te dará un hijo, y lo bendeciré; de ella nacerán pueblos y reyes de naciones.»
Abraham cayó rostro en tierra y se dijo, sonriendo: «¿Un centenario va a tener
un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?»
Y Abraham dijo a Dios:
«Me contento con que conserves sano a Ismael en tu presencia.»
Dios replicó:
«No; es Sara quien te va a dar un hijo; lo llamarás Isaac; con él estableceré mi
pacto y con sus descendientes, un pacto perpetuo. En cuanto a Ismael, escucho
tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré crecer en extremo,
engendrará doce príncipes y se hará un pueblo numeroso. Pero mi pacto lo
establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara, el año que viene por estas
fechas.»
Cuando el Señor terminó de hablar con Abraham, se retiró. Entonces, Abraham tomó
a su hijo Ismael, a los esclavos nacidos en casa o comprados, a todos los
varones de la casa de Abraham, y les circuncidó la carne del prepucio aquel
mismo día, como se lo había mandado Dios.
Abraham tenía noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio;
Ismael tenía trece años cuando se circuncidó la carne de su prepucio. Aquel
mismo día, se circuncidaron Abraham y su hijo Ismael. Y todos los varones de
casa, nacidos en casa o comprados a extranjeros, se circuncidaron con él.
Responsorio Gn 17, 16. 19; cf. Lc 1, 32. 33
R. La bendeciré, y te dará un hijo, y lo bendeciré;
* con él estableceré mi pacto, un pacto perpetuo.
V. Será grande, se llamará hijo del Altísimo para siempre.
R. Con él estableceré mi pacto, un pacto perpetuo.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 18, 1-2. 4. 5: SC 100, 596-598. 606. 610-612)
LA OBLACIÓN PURA DE LA IGLESIA
El sacrificio puro y acepto a Dios es la oblación de la Iglesia, que el Señor
mandó que se ofreciera en todo el mundo, no porque Dios necesite nuestro sacrificio,
sino porque el que ofrece es glorificado él mismo en lo que ofrece, con tal de que sea
aceptada su ofrenda. La ofrenda que hacemos al rey es una muestra de honor y de afecto;
y el Señor nos recordó que debemos ofrecer nuestras ofrendas con toda sinceridad e
inocencia, cuando dijo: Si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas que un hermano tuyo
tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte
con tu hermano; vuelve luego y presenta tu ofrenda. Hay que ofrecer a Dios las primicias
de su creación, como dice Moisés: No te presentarás al Señor tu Dios con las manos vacías;
de este modo el hombre, hallado grato en aquellas mismas cosas que a él le son gratas, es
honrado por parte de Dios.
Y no hemos de pensar que haya sido abolida toda clase de oblación, pues las
oblaciones continúan en vigor ahora como antes: el antiguo pueblo de Dios
ofrecía sacrificios y la Iglesia los ofrece también. Lo que ha cambiado es la
forma de la oblación, puesto que los que ofrecen no son ya siervos, sino hombres
libres. El Señor es uno y el mismo, pero es distinto el carácter de la oblación,
según sea ofrecida por siervos o por hombres libres; así la oblación demuestra
el grado de libertad. Por lo que se refiere a Dios nada hay sin sentido, nada
que no tenga su significado y su razón de ser. Y por esto los antiguos hombres
debían consagrarle los diezmos de sus bienes; pero nosotros, que ya hemos
alcanzado la libertad, ponemos al servicio del Señor la totalidad de nuestros
bienes, dándolos con libertad y alegría, aun los de más valor, pues lo que
esperamos vale más que todos ellos; echamos en el cepillo de Dios todo nuestro
sustento, imitando así el desprendimiento de aquella viuda pobre del evangelio.
Es necesario, por tanto, que presentemos nuestra ofrenda a Dios y que le seamos
gratos en todo, ofreciéndole con mente sincera, con fe sin mezcla de engaño, con
firme esperanza, con amor ferviente, las primicias de su creación. Esta oblación
pura sólo la Iglesia puede ofrecerla a su Hacedor, ofreciéndole con acción de
gracias del fruto de su creación.
Le ofrecemos, en efecto, lo que es suyo, significando con nuestra ofrenda
nuestra unión y mutua comunión, y proclamando nuestra fe en la resurrección de
la carne y
del espíritu. Pues del mismo modo que el pan, fruto de la tierra, cuando recibe
la invocación divina, deja de ser pan común y corriente y se convierte en
eucaristía, compuesta de dos realidades, terrena y celestial, así también
nuestros cuerpos, cuando reciben la eucaristía, dejan ya de ser corruptibles,
pues tienen la esperanza de la resurrección.
Responsorio Hb 10, 1. 14; Ef 5, 2
R. La ley contiene sólo una sombra, no la realidad misma de las cosas; por eso,
mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar, no puede de ninguna
manera dar la perfección a, quienes buscan acercarse a Dios. Cristo, en cambio,
* con una sola oblación, ha llevado para siempre a la perfección a los que ha santificado.
V. Él nos amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia.
R. Con una sola oblación, ha llevado para siempre a la perfección a los que ha santificado.
Oración.
Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra,
escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo y haz que los días de
nuestra vida transcurran en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.