SÁBADO XVI
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del primer libro de los Reyes 8, 1-21
SOLEMNE DEDICACIÓN DEL TEMPLO
En aquellos días, congregó Salomón a los ancianos de Israel en Jerusalén para
hacer subir el arca de la crianza del Señor desde la ciudad de David, que es
Sión. Se reunieron junto al rey Salomón todos los hombres de Israel, en el mes
de Etanim (que es el mes séptimo), en la fiesta, y los sacerdotes llevaron el
arca, y el tabernáculo de reunión, con todos los objetos sagrados que había en
el tabernáculo.
El rey Salomón, acompañado de toda la asamblea de Israel, reunida con él ante el
arca, sacrificaba una cantidad incalculable de ovejas y bueyes. Los sacerdotes
llevaron el arca de la alianza del Señor a su sitio, al camarín de la casa del
Señor, al Santo, bajo las alas de
los querubines, pues los querubines extendían las alas sobre el sitio del arca y
cubrían el arca y los varales por encima (los varales eran lo bastante largos
como para que se viera el remate desde la nave, delante del camarín, pero no
desde fuera). En el arca sólo había las dos tablas de piedra que colocó allí
Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó con los israelitas, al salir de
Egipto; y allí se conservan actualmente.
Al salir los sacerdotes del Santo, la nube llenó la casa del Señor. Y los
sacerdotes no pudieron continuar en el servicio a causa de la nube, porque la
gloria del Señor llenaba la casa del Señor. Entonces Salomón dijo:
«El Señor quiere habitar en densa nube. He querido erigirte una morada, un lugar
donde habites para siempre.»
Luego, se volvió para bendecir a toda la asamblea de Israel (toda la asamblea de
Israel estaba en pie), y dijo:
«¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel!, que a mi padre, David, con la boca se
lo prometió, y con la mano se lo cumplió: "Desde el día que saqué de Egipto a mi
pueblo, Israel, no elegí ninguna ciudad de las tribus de Israel, para hacerme
una casa donde residiera mi Nombre, sino que elegí a David para que estuviese al
frente de mi pueblo, Israel."
Mi padre, David, pensó edificar una casa en honor del Señor, Dios de Israel, y
el Señor le dijo: "Ése proyecto que tienes de construir una casa en mi honor,
haces bien en tenerlo: sólo que tú no construirás esa casa, sino que un hijo de
tus entrañas será quien construya esa casa en mi honor." El Señor ha cumplido la
promesa que hizo: yo he sucedido en el trono de Israel a mi padre, David, como
lo prometió el Señor, y he construida esta casa en honor del Señor, Dios de
Israel. Y en ella he fijado un sitio para el arca donde se conserva la alianza
que el Señor pactó con nuestros padres cuando los sacó de Egipto.»
Responsorio Sb 9, 7. 8. 4; 2Cro 6, 18. 19
R. Tú, Señor, me has escogido como rey de tu pueblo y me encargaste construirte un templo en tu monte santo;
* dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.
V. Sino cabes en el cielo y lo más alto del cielo, ¡cuánto menos en este templo que te he construido!
Vuelve tu rostro a la oración de tu siervo, escucha el clamor que te dirige tu siervo.
R. Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos.
Año II:
Del libro de Job 23, 1-24, 12
JOB AFIRMA QUE LOS MALVADOS NO RECIBEN CASTIGO
Respondió Job a sus amigos y les dijo:
«Hoy también me quejo y me rebelo, porque su mano agrava mis gemidos. ¡Ojalá
supiera cómo encontrarlo, cómo llegar a su tribunal!
Presentaría ante él mi causa con la boca llena de argumentos, sabría con qué
palabras me replica, y comprendería lo que me dice. ¿Pleitearía él conmigo,
derrochando fuerza? No; más bien tendría que escucharme. Entonces yo discutiría
lealmente con él y ganaría definitivamente mi causa.
Pero me dirija al levante, y no está allí; al poniente, y no lo distingo;
lo busco al norte, y no lo veo; me vuelvo al mediodía, y no lo encuentro. Pero
ya que él conoce mi camino, que me pruebe como el oro en el crisol.
Mis pies pisaban sus huellas, seguían su camino sin desviarse, no me aparté de
sus mandatos y guardé en el pecho sus palabras.
Pero él no cambia, ¿quién podrá disuadirlo? El realiza lo que quiere. Él
ejecutará mi sentencia y otras muchas que tiene pensadas. Por eso me turbo en su
presencia y me estremezco al pensarlo; porque Dios me ha acobardado, el
Todopoderoso me trastorna. ¡Ojalá me desvaneciera en las tinieblas y velara mi
rostro la oscuridad!
¿Por qué el Todopoderoso no señala plazos, para que sus amigos puedan ver sus
días? Los malvados mueven los linderos, roban rebaños y pastores, se llevan el
asno del huérfano y toman en prenda el buey de la viuda, echan del camino a los
pobres, y los miserables tienen que esconderse.
Como asnos salvajes salen de su tarea, madrugan para hacer presa, el páramo
ofrece alimento a sus crías; se procuran forraje en descampado o rebuscan en el
huerto del rico; pasan la noche desnudos, sin ropa con que taparse del frío, los
cala el aguacero de los montes y, a falta de refugio, se pegan a las rocas.
Los malvados arrancaron del pecho al huérfano y toman en prenda al niño del
pobre. Andan desnudos por falta de ropa; cargando gavillas, pasan hambre;
exprimiendo aceite en el molino y pisando en el lagar, pasan sed. En la ciudad
gimen los moribundos y piden socorro los heridos. ¿Y Dios no va a hacer caso
a su súplica?»
Responsorio Sal 72, 2-3. 16-17
R. Yo por poco doy un mal paso, casi resbalaron mis pisadas:
* porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados.
V. Meditaba yo para entenderlo, pero me resultaba muy difícil; hasta que
entré en el misterio de Dios, y comprendí el destino de ellos.
R. Porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Ambrosio, obispo, sobre los salmos.
(Salmo 48, 14-15: CSEL 64, 368-370)
CRISTO RECONCILIÓ AL MUNDO CON DIOS POR SU SANGRE
Si Cristo reconcilió al mundo con Dios, él ciertamente no tenía necesidad de
reconciliación. ¿Por qué pecado propio tenía que satisfacer, él, que no conoció
en absoluto el pecado? Cuando los judíos le pedían la didracma que, según
mandaba la ley, se ofrecía por el
pecado, dijo a Pedro: «Simón, los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran
impuestos y tributos? ¿De sus propios hijos o de los extraños?» Y habiéndole
respondido que de los extraños, añadió Jesús: «Por lo tanto, los hijos están
libres de impuestos. Mas para no darles motivo
de escándalo, vete al mar y echa el anzuelo; tomas en tus manos el primer pez
que caiga y le abres la boca; hallarás una estatera; tómala y págales por mí y
por ti.»
Con este hecho demostró que no tenía que satisfacer por sus propios pecados, ya
que él no era esclavo del pecado, sino que, como Hijo de Dios, estaba libre de
todo error. El Hijo, en efecto, libera, pero el siervo está sujeto al pecado.
Por tanto, el Hijo estaba libre de todo pecado y no tenía por qué dar un precio
por su rescate, él, cuya sangre era precio suficiente para rescatar al mundo
entero de todos sus pecados. Es natural qué' libre a los demás el que no tiene
por su parte deuda alguna.
Digo más. No sólo Cristo no tenía que pagar precio alguno por su rescate ni
ofrecer satisfacción alguna por sus pecados, sino que además podemos entender
esto aplicado a cada uno de los hombres, en el sentido de que ninguno de ellos
debe una satisfacción por sí mismo; pues Cristo satisfizo por todos y los
rescató a todos.
¿Qué hombre puede haber ya, cuya sangre sea idónea para su propio rescate,
después que Cristo ha derramado la suya propia por el rescate de todos? ¿Hay
alguien cuya sangre pueda compararse a la de Cristo? ¿O es que hay algún hombre
capaz de ofrecer por sí mismo una satisfacción superior a la que ofreció Cristo
en su persona, siendo así que él solo reconcilió al mundo con Dios por su
sangre? ¿Qué víctima puede haber mayor? ¿O qué sacrificio más excelente? ¿O qué
mejor abogado que aquel que se hizo propiciación por los pecados de todos y que
dio su vida en rescate nuestro?
Lo que se exige, pues, no es la satisfacción o el rescate que pudiera ofrecer
cada uno, ya que la sangre de Cristo es el precio de todos, pues con ella nos
rescató el Señor Jesús, reconciliándonos él solo con el Padre; y se cansó hasta
el fin, ya que cargó sobre sí nuestro propio cansancio, diciendo: Venid a mí
todos los que andáis rendidos, que yo os daré descanso.
Responsorio Cf. Col 1, 21-22; Rm 3, 25
R. A vosotros, que antes estabais enajenados y enemigos en vuestra mente por las obras malas,
ahora Dios os ha reconciliado en el cuerpo de carne de Cristo mediante la muerte,
* presentándoos ante él como santos sin mancha y sin falta.
V. Dios ha propuesto a Cristo como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe.
R. Presentándoos ante él como santos sin mancha y sin falta.
Oración
Mira con misericordia a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros,
para que, fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perseveremos en el fiel cumplimiento de tus mandamientos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.