VIERNES VI

PRIMERA LECTURA

Año I:


De la primera carta a los Corintios     9, 19-27

EL BUEN EJEMPLO DE PABLO


    Hermanos: Siendo libre en todo, me he hecho esclavo de todos para ganar al mayor número posible. Y me he hecho judío con los judíos, para ganar a los judíos. Con, los que viven bajo la ley, me he sometido a la ley, yo, que no estaba sometido a ella, para ganar así a los que bajo ella están.
    Con los que no viven bajo la ley, me he hecho como uno dé ellos, yo, que no estoy sin ley de Dios, pero que vivo sometido a la ley de Cristo, para ganarlos a todos.
    Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para salvarlos a todos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.
    Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno solo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás. Así que yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo. No sea que, después de haber proclamado la victoria de los demás, quede yo mismo eliminado.

Responsorio     1Co 9, 19. 22; cf. Sir 24, 47

R.
Siendo libre en todo, me he hecho esclavo de todos para ganar al mayor número posible. * Me he hecho todo para todos, para salvarlos a todos.
V. Mirad que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan la verdad.
R. Me he hecho todo para todos, para salvarlos a todos.


Año II:

De la segunda carta a los Tesalonicenses     2, 1-1

EL DÍA DEL SEÑOR


    Os rogamos, hermanos, que no os desconcertéis tan fácilmente por lo que toca a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él. No os alarméis r por revelaciones carismáticas ni por palabras o carta atribuidas a nosotros, en las que se os induzca a pensar que el día del Señor es inminente.
    Que nadie os engañe de ninguna manera; porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición. El se opone y se alza contra el nombre de Dios y contra todo objete sagrado, llegando hasta sentarse en el templo de Dios proclamándose a sí mismo Dios. ¿No recordáis que, estando todavía entre vosotros, os decía una y otra ve: estas cosas? Vosotros sabéis qué es lo que lo retiene, ahora para que no se manifieste, sino hasta su tiempo En efecto, el misterio de la iniquidad está ya en acción Sólo falta que desaparezca de. en medio el que ahora pone impedimento.
    Entonces se revelará el hombre de la iniquidad, Jesús lo matará con el aliento de su boca y lo aniquilar, en la manifestación de su venida. La venida del hombre de la iniquidad, por la acción de Satanás, estará acompañada de toda clase de poder, de señales e ilusorio: portentos y de todo género de maldades que seducirán a los que están en camino de perdición, por no haber acogido el amor de la verdad que los hubiera salvado Por eso les envía Dios un poder seductor que los impulsa a creer en la mentira, y así serán condenados cuanto no dieron fe a la verdad y se complacieron en la iniquidad.
    Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así pues, hermanos, manteneos firmes y guardad las enseñanzas que aprendisteis de nosotros, ya de viva voz, ya por carta. Que el mismo Señor nuestro, Cristo Jesús, y Dios, nuestro Padre, que por pura bondad nos ha amado y nos ha otorgado consuelo y aliento imperecederos y una feliz esperanza, infunda valor en vuestros corazones y los confirme en la bondad, tanto en vuestras palabras como en vuestras acciones.

Responsorio     Mt 24, 30; 2Ts 2, 8

R.
Aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, * y verán al Hijo del hombre venir con gran poder y majestad.
V. Entonces se revelará el hombre de la iniquidad, y Jesús lo matará con el aliento de su boca.
R. Y verán al Hijo del hombre venir con gran poder y majestad.


SEGUNDA LECTURA

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre la primera carta de san Juan

(Tratado 4: PL 35, 2608.2009)

EL DESEO DEL CORAZÓN TIENDE HACIA DIOS


    ¿Qué es lo que se nos ha prometido? Seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. La lengua ha expresado lo que ha podido; lo restante ha de ser meditado en el corazón. En comparación de aquel que es, ¿qué pudo decir el mismo Juan? ¿Y qué podremos decir nosotros, que tan lejos estamos de igualar sus méritos?
Volvamos, pues, a aquella unción de Cristo, a aquella unción que nos enseña desde dentro lo que nosotros no podemos expresar, y, ya que por ahora os es imposible la visión, sea vuestra tarea el deseo.
    Toda la vida del buen cristiano es un santo deseo. Lo que deseas no lo ves todavía, mas por tu deseo te haces capaz de ser saciado cuando llegue el momento de la
visión. Supón que quieres llenar una bolsa, y que conoces la abundancia de lo que van a darte; entonces tenderás la bolsa, el saco, el odre o lo que sea; sabes cuán grande es lo que has de meter dentro y ves que la bolsa es estrecha, y por esto ensanchas la boca de la bolsa para aumentar su capacidad. Así Dios, difiriendo su promesa, ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz de sus dones.
    Deseemos, pues, hermanos, ya que hemos de ser colmados. Ved de qué manera Pablo ensancha su deseo, para hacerse capaz de recibir lo que ha de venir. Dice, en efecto: No quiero decir con esto que tenga ya conseguido el premio o que sea ya perfecto; yo, hermanos, no considero haber ganado todavía el premio.
    ¿Qué haces, pues, en esta vida, si aún no has conseguido el premio? Sólo una cosa busco: olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por delante, voy corriendo hacia la meta para conseguir el premio de la asamblea celestial. Afirma de sí mismo que está lanzado hacia lo que ve por delante y que va corriendo hacia la meta final. Es porque se sentía demasiado pequeño para captar aquello que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre.
    Tal es nuestra vida: ejercitarnos en el deseo. Ahora bien, este santo deseo está en proporción directa de nuestro desasimiento de los deseos que suscita el amor del mundo. Ya hemos dicho en otra parte que un recipiente, para ser llenado, tiene que estar vacío. Derrama, pues, de ti el mal, ya que has de ser llenado del bien.
    Imagínate que Dios quiere llenarte de miel; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? Hay que vaciar primero el recipiente, hay que limpiarlo y lavarlo, aunque cueste fatiga, aunque haya que frotarlo, para que sea capaz de recibir algo.
    Y así como decimos miel, podríamos decir oro o vino; lo que pretendemos es significar algo inefable: Dios. Y cuando decimos «Dios», ¿qué es lo que decimos? Esta sola sílaba es todo lo que esperamos. Todo lo que podamos decir está, por tanto, muy por debajo de esa realidad; ensanchemos, pues, nuestro corazón, para que, cuando venga, nos llene, ya que seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Responsorio     Sal 36,43

R.
Sea el Señor tu delicia, * y él te dará lo que pide tu corazón.
V. Encomienda tu camino al Señor y confía en él.
R. Y él te dará lo que pide tu corazón.


Oración

Oh Dios, has prometido permanecer con los rectos y sinceros de corazón; concédenos vivir de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.