VIERNES XXI
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Efesios 6, 10-24
EL COMBATE ESPIRITUAL. EPILOGO DE LA CARTA
Hermanos: Sacad vuestra fortaleza del Señor y de su valiosa omnipotencia.
Revestíos de la armadura de Dios, para poder resistir a las asechanzas del
demonio. Que nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra
los principados y potestades, contra los amos y señores de este mundo de
tinieblas, contra los espíritus del mal que andan por las regiones del aire.
Por eso, echad mano de la armadura de Dios, para .que podáis resistir en el día
malo y, vencidos todos los
enemigos, quedar dueños del campo. Estad firmes, ceñida vuestra cintura con la
verdad, protegidos con la coraza de la justificación, y calzados los pies con el
celo por el Evangelio de la paz. Embrazad, en todo momento, el escudo de la fe,
para poder inutilizar los dardos de fuego del maligno. Tomad el yelmo de la
salud y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios.
Con toda suerte de oraciones y súplicas, orad en todo momento a impulsos del
Espíritu, y velad en común en toda reunión y súplica a favor de todos los
fieles, Y pedid también por mí, para que Dios me conceda el poder hablar y
anunciar con toda libertad el misterio contenido en el Evangelio, del cual soy
embajador, aunque encadenado; pedid para que libremente sepa hablar de él, como
debo hacerlo.
Para que también vosotros conozcáis mi situación y cómo me encuentro, os
informará de todo Tíquico, mi amado hermano y fiel ministro en el Señor. Os lo
envío con este fin, para que os lleve noticias nuestras y dé ánimo a vuestros
corazones.
Paz a los hermanos, y caridad en unión con la fe, de parte de Dios Padre y de
Jesucristo, el Señor. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor
Jesucristo, que vive la vida incorruptible.
Responsorio Ef 6, 10-11; 1Co 10, 13
R.
Sacad vuestra fortaleza del Señor y de su valiosa omnipotencia.
* Revestíos de la armadura de Dios, para poder resistir a las asechanzas del, demonio.
V. Fiel es Dios para no permitir que seáis tentados más allá de lo que podéis.
R. Revestíos de la armadura de Dios, para poder resistir a las asechanzas del demonio.
CUALIDADES REQUERIDAS EN LOS MINISTROS DE LA IGLESIA
Año II:
De la primera carta a Timoteo 3, 1-16
Hermano: Sentencia verdadera es ésta: Aspirar al cargo de obispo es aspirar a una
excelente función. Por lo mismo, es preciso que el obispo sea irreprochable, que no
se haya casado más que una vez, que sea sensato, bien educado, hospitalario, con
cualidades para enseñar, no dado al vino ni violento, sino indulgente, amigo de la
paz y desinteresado; que sepa gobernar bien su propia casa y educar dignamente a
sus hijos.
Quien no sabe gobernar su propia casa ¿cómo podrá llevar el cuidado de la Iglesia de
Dios? No debe ser recién «convertido», no sea que se le suban los humos a la cabeza
y caiga en la misma condena del demonio. Y debe también gozar de buena reputación
ante los de fuera para que no sirva de escándalo y caiga en las redes del diablo.
Los diáconos deben asimismo ser dignos y sin doblez, no dados al vino ni a torpes
negocios: que guarden con limpia conciencia el misterio de la fe. Sean primero
probados y luego, si fueren irreprensibles, podrán ejercer su diaconado. Las
mujeres deben ser igualmente dignas, no murmuradoras; moderadas y fieles en todo.
Los diáconos que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y a
su propia casa. Los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y
grande entereza en la fe de Cristo Jesús.
Te escribo la presente con la esperanza de ir pronto a verte. Pero, si tardo,
sabrás ya de este modo cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la
Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
Realmente es grande el misterio que veneramos. Él, Cristo, fue manifestado en
fragilidad humana, fue santificado por el Espíritu, fue mostrado a los ángeles,
fue proclamado a los gentiles, fué objeto de fe para el mundo, fue elevado a la
gloria.
Responsorio Cf. Hch 20, 28; 1Co 4, 2
R. Tened cuidado del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar,
* como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.
V. En un administrador lo que se busca es que sea fiel.
R. Como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.
SEGUNDA LECTURA
Del Comentario de san Jerónimo, presbítero, sobre el libro del profeta Joel
(PL 25, 967-968)
CONVERTÍOS A MÍ
Convertíos a mí de todo corazón y que vuestra penitencia interior se manifieste
por medio del ayuno, del llanto y de las lágrimas; así, ayunando ahora, seréis
luego saciados; llorando ahora, podréis luego reír; lamentándoos ahora, seréis
luego consolados. Y ya que la costumbre tiene establecido rasgar los vestidos en
los momentos tristes y adversos -como nos lo cuenta el Evangelio al decir que el
pontífice rasgó sus vestiduras para significar la magnitud del crimen del
Salvador, o como nos dice el libro de los Hechos que Pablo y Bernabé rasgaron
sus túnicas al oír las palabras blasfematorias-, así os digo que no rasguéis
vuestras vestiduras, sipo vuestros corazones repletos de pecado; pues el
corazón, a la manera de los odres, no se rompe nunca espontáneamente, sino que
debe ser rasgado por la voluntad. Cuando, pues, hayáis rasgado de esta manera
vuestro corazón, volved al Señor, vuestro Dios, de quien os habíais apartado por
vuestros antiguos pecados, y no dudéis del perdón, pues, por grandes que sean
vuestras culpas, la magnitud de su misericordia perdonará, sin duda, la vastedad
de vuestros muchos pecados.
Pues el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad;
él no se complace en la muerte del malvado, sino en que el malvado cambie de
conducta y viva; él no es impaciente como el hombre, sino que espera sin prisas
nuestra conversión y sabe retirar su malicia de nosotros, de manera que, si nos
convertimos de nuestros pecados, él retira de nosotros sus castigos y aparta de
nosotros sus amenazas, cambiando ante nuestro cambio. Cuando aquí el profeta
dice que el Señor sabe retirar su malicia, por malicia no debemos entender lo
que es contrario a la virtud, sino las desgracias con que nuestra vida está
amenazada, según aquello que leemos en otro lugar: Bástale a cada día su
desgracia, o bien aquello otro: ¿Sucede una desgracia en la ciudad que no la
mande el Señor?
Y porque dice, como hemos visto más arriba, que el Señor es compasivo y
misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad y que sabe retirar su
malicia, a fin de que la magnitud de su clemencia no nos haga negligentes en el
bien, añade el profeta: Quizá se arrepienta y nos perdone y nos deje todavía su
bendición. Por eso, dice, yo, por mi parte, exhorto a la penitencia y reconozco
que Dios es infinitamente misericordioso, como dice el profeta David:
Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Pero como sea que no podemos conocer hasta dónde llega el abismo de las riquezas
y sabiduría de Dios, prefiero ser discreto en mis afirmaciones y decir sin
presunción: Quizá se arrepienta y nos perdone. Al decir quizá ya está indicando
que se trata de algo o bien imposible o por lo menos muy difícil. Habla luego el
profeta de ofrenda y libación para nuestro Dios: con ello quiere significar que,
después de habernos dado su bendición y perdonado nuestro pecado, nosotros
debemos ofrecer a Dios nuestros dones.
Responsorio Cf. Sal 23, 4; 2Co 6, 6; Col 2, 14; Jl 2, 13
R. Convertíos todos a Dios con pureza de alma y con caridad sincera,
* para que se cancele la nota deudora de vuestros pecados.
V. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios.
R. Para que se cancele la nota deudora de vuestros pecados.
Oración
Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman,
impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en
medio de la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados
nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.