VIERNES XXV
PRIMERA LECTURA
Año I
Del libro del profeta Isaías 28, 1-6. 14-22
ORÁCULO CONTRA SAMARÍA Y LOS JEFES DE JUDÁ
¡Ay de la corona fastuosa, de los ebrios de Efraím, y de la flor caduca,
joya de su atavío, que está en la cabeza de los hartos de vino! Mirad: un fuerte y robusto,
de parte del Señor, como turbión de granizo y tormenta asoladora, como turbión de aguas
caudalosas y desbordantes, con la mano derriba al suelo y con los pies pisotea la corona
fastuosa de los ebrios de Efraím y la flor caduca, joya de su atavío, que está en la cabeza
del valle ubérrimo. Será como breva temprana: que el primero que la ve, apenas la coge; se
la traga. Aquel día será el Señor de los ejércitos corona enjoyada, diadema espléndida, para
el resto de su pueblo. Espíritu de justicia para los que se sientan a juzgar, espíritu de
valentía para los que rechazan el asalto a las puertas.
Escuchad la palabra del Señor, gente burlona, que domináis a ese pueblo de
Jerusalén. Vosotros decíais: «Hemos firmado un pacto con la muerte, una alianza con el abismo;
cuando pase el azote desbordante, no nos alcanzará, porque tenemos la mentira por refugio y el
engaño por escondrijo.»
Pues así dice el Señor: «Mirad, yo coloco en Sión una piedra probada, angular,
preciosa, de cimiento: quien se apoya no vacila. Usaré la justicia como plomada y el derecho
como nivel; mientras que el granizo arrasará vuestro refugio y las aguas inundarán vuestro
escondrijo. Vuestro pacto con la muerte se romperá, vuestra alianza con el abismo no durará:
cuando pase el azote desbordante os pisoteará, cada vez que pase, os arrollará; y pasará mañana
tras mañana, de día y de noche: y entonces bastará el terror para que aprendáis la lección.»
Será corta la cama para estirarse y estrecha la manta para arroparse. El Señor se
alzará como en el monte Parás y se desperezará como en el valle de Gabaón, para ejecutar su obra,
obra extraña; para cumplir su tarea, tarea inaudita. Por tanto, no os burléis, no sea que se
aprieten vuestras cadenas; porque he escuchado la destrucción decretada por el Señor de los
ejércitos contra todo el país.
Responsorio 1Pe 2, 6; Sal 117, 22
R. Ved que pongo en Sión una piedra angular escogida y preciosa.
* Y quien tenga fe en ella no será defraudado.
V. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
R. Y quien tenga fe en ella no será defraudado.
Año II
Del libro de Tobit 7, 1. 9-20; 8, 4-16
MATRIMONIO DE TOBÍAS Y SARA
Al llegar a Ecbatana, Tobías dijo al ángel:
«Amigo Azarías, llévame derecho a casa de nuestro pariente Ragüel.»
El ángel lo llevó a casa de Ragüel. Lo encontraron sentado a la puerta del patio;
se adelantaron a saludarlo, y él les contestó:
«Tanto gusto, amigos; bienvenidos.»
Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero. Después de lavarse y bañarse,
se pusieron a la mesa. Tobías dijo a Rafael:
«Amigo Azarías, dile a Ragüel que me dé a mi pariente Sara.»
Ragüel, lo oyó y dijo al muchacho:
«Tú come y bebe y disfruta a gusto esta noche. Porque, amigo, sólo tú tienes derecho a
casarte con mi hija Sara, y yo tampoco puedo dársela a otro, porque tú eres el pariente más cercano.
Pero, hijo, te voy a hablar con toda franqueza. Ya se la he dado en matrimonio a siete de mi familia,
y todos murieron la noche en que iban a acercarse a ella. Pero bueno, hijo, tú come y bebe, que el
Señor cuidará de vosotros.»
Tobías replicó:
«No comeré ni beberé mientras no dejes decidido este asunto mío.»
Ragüel le dijo:
«Lo haré. Y te la daré como prescribe la ley de Moisés. Dios mismo manda que te la entregue,
y yo te la confío. A partir de hoy, para siempre, sois marido y mujer. Es tuya desde hoy para siempre. ¡El
Señor del cielo os ayude esta noche, hijo, y os dé su gracia y su paz!»
Llamó a su hija, Sara. Cuando se presentó, Ragüel le tomó la mano y se la entregó a Tobías,
con estas palabras:
«Recíbela conforme al derecho y a lo prescrito en la ley de Moisés, que manda que se te dé
por esposa. Tómala y llévala enhorabuena a casa de tu padre. Que el Dios del cielo os dé paz y bienestar.»
Luego, llamó a la madre, mandó traer papel y escribió el acta del matrimonio, según la cual
la entregaba como esposa conforme a lo prescrito en la ley de Moisés. Después, empezaron a cenar.
Ragüel llamó a su mujer, Edna, y le dijo:
«Mujer, prepara la otra habitación, y llévala allí.»
Edna se fue a arreglar la habitación que le había dicho su marido. Llevó allí a su hija y
lloró por ella. Luego, enjugándose las lágrimas, le dijo:
«Ánimo, hija. Que el Dios del cielo cambie tu tristeza en gozo. Ánimo hija.»
Y salió. Ragiiel y Edna cerraron la puerta de la habitación. Tobías, entonces, se levantó
de la cama y dijo a Sara:
«Mujer, levántate, vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros
y nos proteja.» Se levantó, y empezaron a rezar pidiendo a Dios que los protegiera. Rezó así:
«Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por los siglos de los siglos.
Que te bendigan el cielo y todas tus creaturas por los siglos. Tú creaste a Adán, y como ayuda y apoyo
creaste a su mujer, Eva: de los dos nació la raza humana. Tú dijiste: "No está bien que el hombre esté solo,
voy a hacerle alguien como él que lo ayude." Si yo me caso con esta prima mía no busco satisfacer mi pasión,
sino que procedo lealmente. Dígnate apiadarte de ella y de mí, y haznos llegar juntos a la vejez.»
Los dos dijeron:
«Amén, amén.»
Y durmieron aquella noche. Ragüel se levantó, llamó a los criados y fueron a cavar una fosa;
pues se dijo: «No sea que haya muerto, y luego se rían y se burlen de nosotros.»
Cuando terminaron la fosa, Ragüel marchó a casa, llamó a su mujer y le dijo:
«Manda una criada que entre a ver si está vivo; porque, si está muerto, lo enterramos, y así
nadie se entera.»
Encendieron el candil, abrieron la puerta y mandaron dentro a la criada. Entró y encontró a
los dos juntos, profundamente dormidos, y salió a decir:
«Está vivo, no ha ocurrido nada.»
Entonces Ragüel alabó al Dios del cielo:
«Bendito eres, Dios, digno de toda bendición sincera. Seas bendito por siempre. Bendito eres
por el gozo que me has dado: no pasó lo que me temía, sino que nos has tratado según tu gran misericordia.»
Responsorio Tb 12, 6. 18. 20
R. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho,
* pues él os ha mostrado su misericordia.
V. A él debéis bendecir y cantar todos los días, y narrar todas sus maravillas.
R. Pues él os ha mostrado su misericordia.
SEGUNDA LECTURA
Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores
(Sermón 46, 29-30: CCL 41, 555-557)
TODOS LOS BUENOS PASTORES SON COMO LOS. MIEMBROS DEL ÚNICO PASTOR
Cristo, pues, te apacienta con justicia, distinguiendo entre quienes son ovejas suyas y quienes
no lo son. Mis ovejas -dice- me siguen, porque conocen mi voz.
Aquí, en estas palabras, me parece descubrir que todos los buenos pastores son como los miembros
del único pastor. No es que falten buenos pastores, pero todos son como los miembros del único pastor. Si hubiera
muchos pastores habría división, y, porque aquí se recomienda la unidad, se habla de un único pastor. Si se
silencian los diversos pastores y se habla de un único pastor, no es porque el Señor no encontrara a quien
encomendar el cuidado de sus ovejas, pues cuando encontró a Pedro las puso bajo su cuidado. Pero incluso en el
mismo Pedro el Señor recomendó la unidad. Eran muchos los apóstoles, pero sólo a Pedro se le dice: Apacienta
mis ovejas. Dios no quiera que falten nunca buenos pastores, Dios no quiera que lleguemos a vernos faltos de
ellos; ojalá no deje el Señor de suscitarlos y consagrarlos.
Ciertamente que si existen buenas ovejas habrá también buenos pastores, pues de entre las buenas
ovejas salen los buenos pastores. Pero hay que decir que todos los buenos pastores son, en realidad, como miembros
del único pastor y forman una sola cosa con él. Cuando ellos apacientan es Cristo quien apacienta. Los amigos del
esposo no pretenden hacer oír su propia voz, sino que se complacen en que se oiga la voz del esposo. Por esto,
cuando ellos apacientan es el Señor quien apacienta; aquel Señor que puede decir por esta razón: «Yo mismo apaciento»,
porque la voz y la caridad de los pastores son la voz y la caridad del mismo Señor. Ésta es la razón por la que quiso
que también Pedro, a quien encomendó sus propias ovejas como a un semejante, fuera una sola cosa con él: así pudo
entregarle el cuidado de su propio rebaño, siendo Cristo la cabeza y Pedro como el símbolo de la Iglesia que es su
cuerpo; de esta manera fueron dos en una sola carne, a semejanza de lo que son el esposo y la esposa.
Así pues, para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que con ello pareciera que las ovejas quedaban
encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le pregunta: «Pedro, ¿me amas?» Él respondió: «Te amo.»
Y le dice por segunda vez: «¿Me amas?» Y respondió: «Te amo.» Y le pregunta aun por tercera vez: «¿Me amas?» Y respondió:
«Te amo.» Quería fortalecer el amor para forzar así la unidad. De este modo el que es único apacienta a través de muchos,
y los que son muchos apacientan formando parte del que es único.
Por tanto, en realidad, puede decirse que al mismo tiempo se habla de muchos pastores y se afirma que hay un
solo pastor. Que se gloríen, pues, los pastores de ser pastores, pero el que se gloría, que se gloríe en el Señor.
Apacentar a Cristo, apacentar para Cristo, apacentar en Cristo significa, pues, no querer apacentarse a sí mismo, sino a
Cristo solamente. No fue por falta de pastores -como anunció el profeta que ocurriría en futuros tiempos de desgracia- que el
Señor dijo: Yo mismo apacentaré mis ovejas, como si dijera: «No tengo a quien encomendarlas.» Porque, cuando todavía
Pedro y los demás apóstoles vivían en este mundo, aquel que era el único pastor, en el que todos los otros pastores eran uno,
dijo: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja, para que se forme un solo rebaño y un solo
pastor.
Que todos los pastores, pues, formen parte del único pastor y que a través de todos ellos resuene solamente la
voz del único pastor; al oír esta voz las ovejas seguirán no a éste o aquél, sino a su único pastor. Que todos los pastores
hagan, pues, resonar en él una única voz, que no dejen oír voces diversas. Os exhorto, hermanos, a que tengáis todos unión
y concordia; no haya disensiones entre vosotros. Que las ovejas oigan siempre esta voz, limpia de toda disensión,
purificada de toda herejía, y puedan así, seguir a su propio pastor que les dice: Mis ovejas me siguen, porque conocen mi voz.
Responsorio
R. No abandones, Señor, tu rebaño,
* Buen Pastor, que velas constantemente.
V. Que tu amor vele siempre sobre nosotros,
para que no se nos acerque el tentador astuto y hostil.
R. Buen Pastor, que velas constantemente.
Oración
Oh Dios, has hecho del amor a ti y a los hermanos la plenitud de la ley;
concédenos cumplir tus mandamientos y llegar así a la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.