Semana
1
[DO][LU][MA][MI][JU][VI][SA]
Semana
2
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Semana
3
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Semana
4
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Semana
5
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SEMANA_SANTA
[DO][LU][MA][MI][JU][VI][SA]
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del
día: De lo contrario: HIMNO
Levántame Señor, que estoy caído, Estoy, siendo uno solo, dividido: Tan obstinado estoy en mi porfía, Tu poder y bondad truequen mi suerte:
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
sin amor, sin temor, sin fe, sin
miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y yo lo
impido.
a un tiempo muerto y vivo,
triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en
él metido.
que el temor de perderme y
de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.
que en otros veo
enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Salmo 102
HIMNO A LA MISERICORDIA DE
DIOS
Por la entrañable misericordia de
nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto. (Lc 1,
78)
I
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma
mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida
de la fosa y te colma de gracia y de ternura; él sacia de bienes tus anhelos, y
como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a
Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.
Ant. 1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides
sus beneficios.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus
hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
II
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen
nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus
fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus
fieles; porque él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo, que
el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a verla.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus
hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
III
Pero la misericordia del Señor dura siempre, su justicia pasa de hijos a
nietos: para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a
la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de su imperio.
Bendice, alma mía, al Señor.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
V. Convertíos y haced penitencia. PRIMERA LECTURA
Lectura del profeta Isaías Is 58,
1-12
EL AYUNO QUE AGRADA A DIOS Esto dice el Señor:
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados.
Consultan mi oráculo a diario, muestran afán de saber mis caminos, como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no hubiesen abandonado los preceptos de Dios. Me piden sentencias justas, quieren tener cerca a su Dios y exclaman: "¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Para qué mortificarnos si tú no te fijas?" Mirad: es que el día de ayuno buscáis vuestro interés y explotáis a vuestros servidores; es que ayunáis entre riñas y pleitos, dando puñetazos sin piedad. No es ese ayuno que ahora hacéis el que hará oír en el cielo vuestras voces.
¿Acaso es ése el ayuno que yo quiero para el día en que el hombre hace penitencia? Doblar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso llamáis ayuno, día agradable al Señor?
El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, desatar las coyundas de los yugos, dejar libres a los oprimidos, romper todas las cadenas; partir tu pan con el que tiene hambre, dar hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; tu justicia te abrirá camino y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».
Cuando destierres de ti los yugos, el gesto amenazante y las malas intenciones; cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, dará vigor a tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena no se agota; reconstruirás viejas ruinas, levantarás cimientos de antaño, te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de casas en ruinas».
Responsorio Is 58, 6. 7. 9; Mt 25, 31. 34.
35
R. El ayuno que yo quiero es éste -dice el Señor-: partir tu pan con el que
tiene hambre, dar hospedaje a los pobres que no tienen techo. * Entonces clamarás al Señor y él te responderá, gritarás y
él te dirá: «Aquí estoy». SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
(Cap. 7, 4 - 8, 3: 8, 5 - 9, 1; 13, 1-4: 19, 2: Funk, 1,
71-73. 77-78. 87)
CONVERTÍOS Fijémonos atentamente en la sangre de Cristo y démonos
cuenta de cuán valiosa es a los ojos del Dios y Padre suyo, ya que, derramada
por nuestra salvación, ofreció a todo el mundo la gracia de la
conversión.
V. Cuando venga el Hijo
del hombre dirá a los que están a su derecha: «Venid, pues tuve hambre y me
disteis de comer».
R. Entonces clamarás al Señor y
él te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».
Recorramos todas las etapas de la historia y veremos cómo en cualquier época el Señor ha concedido oportunidad de arrepentirse a todos los que han querido convertirse a él. Noé predicó la penitencia, y los que le hicieron caso se salvaron. Jonás anunció la destrucción a los ninivitas, pero ellos, haciendo penitencia de sus pecados, aplacaron la ira de Dios con sus plegarias y alcanzaron la salvación, a pesar de que no pertenecían al pueblo de Dios.
Los ministros de la gracia divina, inspirados por el Espíritu Santo, hablaron acerca de la conversión. El mismo Señor de todas las cosas habló también de la conversión; aval ando sus palabras con juramento: Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta, añadiendo además aquellas palabras tan conocidas: Cesad de obrar mal, casa de Israel. Di a los hijos de mi pueblo: .Aunque vuestros pecados lleguen hasta el cielo, aunque sean como la grana y rojas como escarlata, si os convertís a mí de todo corazón y decís: "Padre", os escucharé como a mí pueblo santo que sois.»
Queriendo, pues, que todos los que él ama se beneficien de la conversión, confirmó aquella sentencia con su voluntad omnipotente.
Sometámonos, pues, a su espléndida y gloriosa voluntad, e, implorando humildemente su misericordia y benignidad, refugiémonos en su clemencia, abandonando las obras vanas, las riñas y la envidia, cosas que llevan a la muerte. Seamos, pues, hermanos, humildes de espíritu; abandonemos toda soberbia y altanería, toda insensatez, y pongamos por obra lo que está escrito, pues dice el Espíritu Santo: No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza, quien se gloríe, que se gloríe en el Señor, buscándolo a él y obrando el derecho y la justicia, recordando sobre todo las palabras del Señor Jesús, con las que enseña la equidad y la bondad.
En efecto, él dijo: Sed misericordiosos y alcanzaréis misericordia; perdonad y seréis perdonados; como vosotros hagáis, así se os hará a vosotros; dad y se os dará; no juzguéis y no seréis juzgados; en la medida en que seáis benignos, experimentaréis la benignidad; con la medida con que midáis se os medirá a vosotros.
Ajustemos nuestra conducta a estos mandatos y así, obedeciendo a sus palabras, comportémonos siempre con toda humildad. Dice, en efecto, la palabra de Dios: En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.
De este modo, imitando las obras de tantos otros, grandes e ilustres, corramos de nuevo hacia la meta que se nos ha propuesto desde el principio y que es la paz; no perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece.
Responsorio Is 55, 7; Jl 2, 13; cf. Ez 33,
11
R. Que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al
Señor y él tendrá piedad; * porque el Señor, nuestro
Dios, es compasivo y misericordioso y se arrepiente de las amenazas. Oración
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero
espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos
servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
V. No se complace el Señor en la muerte del pecador, sino
en que cambie de conducta y viva.
R. Porque el
Señor, nuestro Dios, es compasivo y misericordioso y se arrepiente de las
amenazas.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se
añade: V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día: De lo contrario: HIMNO
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
para el otro, que es morada
sin
pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin
errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y
llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Este mundo bueno fue
si bien usásemos de él
como
debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que
atendemos;
y aun aquel Hijo de Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do
murió. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Salmo 50 Renovaos en
la mente y en el espíritu Misericordia, Dios mío, por tu bondad; Pues yo reconozco mi culpa, En la sentencia tendrás razón Te gusta un corazón sincero, Hazme oír el gozo y la alegría, ¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, Devuélveme la alegría de tu salvación, Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, Los sacrificios no te satisfacen; Señor, por tu bondad, favorece a Sión, Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor;
ten misericordia de mí.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad;
hemos pecado contra ti.
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Cántico Jer 14,17-21
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO
EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE
GUERRA
Está cerca el
reino de Dios.
Convertíos y creed la Buena Noticia.
(Mc 1,
15)
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por
la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes
dolores.
Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin
sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta
de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay
bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.
Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros
padres,
porque pecamos contra ti.
No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono
glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
LECTURA BREVE Dt 7,6. 8-9
El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red del
cazador
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me
librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Cuando ayunéis, no os hagáis los melancólicos como los hipócritas.
PRECES
Demos gracias a Dios Padre, que nos concede el don de iniciar hoy el tiempo cuaresmal; roguémosle que, durante estos días de salvación, la acción de su Espíritu purifique nuestros corazones y los llene de su amor, y digámosle: Danos, Señor, tu Espíritu Santo.
Danos vivir de toda palabra * que sale de tu boca.
Haz que practiquemos la caridad no sólo en los acontecimientos importantes, * sino también en lo pequeño de nuestra vida de cada día.
Ayúdanos a privarnos de lo superfluo, * para compartir lo nuestro con los hermanos necesitados.
Concédenos llevar en nuestros cuerpos la pasión de tu Hijo, * tú que nos has vivificado en su cuerpo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos al Padre, unidos a Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio. HIMNO
SALMODIA
Salmo 118, 145-152 Te invoco de todo corazón; Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, Tú, Señor, estás cerca, Salmo 93 INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS El vengador
de todo esto es el Señor. Dios no nos ha llamado I Dios de la venganza, Señor, ¿Hasta cuándo, Señor, los culpables, trituran, Señor, a tu pueblo, Enteraos los más necios del pueblo, el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?; II Dichoso el hombre a quien tú educas, Porque el Señor no rechaza a su pueblo, ¿Quién se pone a mi favor contra los perversos, Cuando me parece que voy a tropezar, ¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo Aunque atenten contra la vida del justo Él les pagará su iniquidad, Tercia: Ant.: Han llegado los días de penitencia;
expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a
la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
CONTRA LOS OPRESORES
a una vida impura, sino
sagrada (1Ts 4, 6. 7).
Dios de la venganza,
resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los
soberbios.
hasta cuándo triunfarán los
culpables?
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,
se jactan los
malhechores;
oprimen a tu heredad,
asesinan
a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos, y comentan:
"Dios no lo
ve, el Dios de Jacob no se entera."
ignorantes, ¿cuándo
discurriréis?
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;
el que formó el ojo,
¿no va a ver?;
el que instruye
al hombre, ¿no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del
hombre
son insustanciales.
al que en enseñas tu
ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la
fosa.
ni abandona su
heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de
corazón.
quién se coloca
a mi lado
frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera
auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
tu misericordia Señor, me
sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi
delicia.
que dicta injusticias
en hombre de la ley?
y condenen a muerte al
inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de
refugio.
los destruirá por sus
iniquidades,
los destruirá el Señor nuestro Dios.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la
muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en
las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ez
18,30b-32
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un
verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos
días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por
Cristo nuestro Señor.
Sexta Za 1,3b-4b Así dice el Señor de los ejércitos: «Convertíos a mí, y yo me convertiré a vosotros. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: "Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta, de vuestras malas obras."»
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un
verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos
días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por
Cristo nuestro Señor.
Nona
Dn 4,24b
Rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con
misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga.
V. Mi sacrificio
es un espíritu contrito. Oremos: CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se
añade: V. Bendigamos al Señor.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un
verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos
días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por
Cristo nuestro Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la
frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que
tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.
Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre
hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche
tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime ante tus
pies de hinojos.
Dame licencia ya, Padre adorado,
para
mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor
cercado;
muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz
mirarte puedo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Salmo 138, 1-18. 23-24
TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE
DIOS
¿Quién ha
conocido jamás la mente del Señor?
¿Quién ha sido su consejero?
(Rm 11,
34)
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o
me levanto
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi
descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes
toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me
sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu
mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo,
allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín
del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta
mí.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se
haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es
clara como el día.
Ant. 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Ant. 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
II
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son
admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías
mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo
profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en
tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el
primero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué
inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si
los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce
mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino
eterno.
Ant. 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
LECTURA BREVE Flp 2,12b-15a
Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. HacedIo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo
dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.
PRECES
Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo: Bendice, Señor, a tu pueblo.
Dirige, Señor, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes por los caminos de tu voluntad, * para que procuren con empeño el bien común.
Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo, siguieron a Cristo, * para que su vida sea luz para los hombres y claro testimonio de la santidad de tu Iglesia.
Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya, * haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres.
Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti, * y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Admite a los difuntos en tu gloria, * para que te alaben eternamente.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, digamos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración:
Al empezar esta Cuaresma, te pedimos, Señor, que nos des un verdadero espíritu de conversión: así la austeridad de la penitencia de estos días nos servirá de ayuda en nuestra lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me
reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios
piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia
de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo
que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente
por aquel que nos ha amado.
(Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant. 1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
II
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales,
Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
V. El que medita la ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Comienza el libro del Deuteronomio 1, 1. 6-18
ÚLTIMAS PALABRAS DE MOISÉS EN MOAB
Éstas son las palabras que dijo Moisés a todo Israel al otro lado del Jordán, en el desierto, en la Arabá, frente a Sof, entre Farán y Tofel, Haserot y Dizahab:
«El Señor, nuestro Dios, nos dijo en el monte Horeb: "Basta ya de vivir en este monte, poneos en camino, id a las montañas de los amorreos, a las poblaciones vecinas de la estepa de la Arabá, de la montaña, de la tierra baja, del Negueb y de la costa; a Canaán y al Líbano, hasta el gran río, el Éufrates. Mirad: os he puesto delante la tierra que yo, el Señor, prometí dar a vuestros padres, a Abraham, Isaac y Jacob."
Entonces yo os dije:
"Yo solo no puedo con vosotros. El Señor, vuestro Dios, os ha multiplicado y sois tan numerosos como las estrellas del cielo. Que el Señor, Dios de vuestros padres, continúe y os haga mil veces más numerosos, y os siga bendiciendo, como dijo. Pero ¿cómo voy a poder yo solo con todas vuestras cargas, vuestro peso y vuestros litigios? Proponed a algunos de cada tribu, a hombres sabios y de experiencia, y yo los nombraré jefes vuestros."
Y me contestasteis:
"Está bien lo que nos propones."
Yo elegí como jefes de vuestras tribus a hombres sabios y de experiencia, y los nombré jefes vuestros: jefes de mil, de cincuenta y de diez, y magistrados para cada tribu. Entonces di a vuestros jefes estas normas:
"Vosotros escucharéis los pleitos de vuestros hermanos y juzgaréis con justicia las causas que surjan entre un hombre con su hermano o un extranjero. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual al pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de Dios; y la causa que os resulte demasiado difícil pasádmela, y yo entenderé en ella."
Entonces os mandé todo lo que debíais cumplir.»
Responsorio Dt 10, 17; 1, 17
R. El Señor, vuestro Dios, es Dios
de dioses, Dios grande, fuerte y terrible, * él no es
parcial ni acepta soborno.
V. Oíd por igual al
pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de
Dios.
R. Él no es parcial ni acepta soborno.
Año II:
Comienza el libro del Éxodo 1, 1-22
OPRESIÓN DE ISRAEL
Lista de los israelitas que fueron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad, Aser; descendientes directos de Jacob: setenta personas. José estaba ya en Egipto.
Muerto José y sus hermanos y toda aquella generación, los israelitas crecían y se propagaban, se multiplicaban y se hacían fuertes en extremo y llenaban todo el país. Subió luego al trono de Egipto un Faraón nuevo que no había conocido a José, y dijo a su pueblo:
«Mirad, el pueblo de Israel se está haciendo más numeroso y fuerte que nosotros; vamos a vencerlo con astucia, pues si no, cuando se declare la guerra, se aliará con el enemigo, nos atacará y después se marchará de nuestra tierra.»
Así pues, nombraron capataces que los oprimieran con cargas, en la construcción de las ciudades-granero, Pitom y Ramsés. Pero cuanto más los oprimían, más ellos crecían y se propagaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel. Entonces les impusieron trabajos crueles y les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro y de los ladrillos, y toda clase de trabajos del campo.
El rey de Egipto ordenó a las parteras hebreas:
«Cuando asistáis a las hebreas y les llegue el momento, si es niño lo matáis, si es niña la dejáis con vida.»
Pero las parteras temían a Dios y no hicieron lo que les mandaba el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los recién nacidos. El rey de Egipto llamó a las parteras y las interrogó:
«¿Por qué hacéis eso y dejáis con vida a las criaturas?»
Contestaron al Faraón:
«Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias, sino que son robustas y dan a luz antes de que lleguemos a ellas.»
Dios premió a las parteras: el pueblo crecía y se hacía fuerte, y a ellas también les dio familia, porque temían a Dios. Entonces ordenó el Faraón a toda su gente:
«Cuando nazca un niño echadlo al Nilo, pero si es niña dejadla con vida.»
Responsorio Gn 15, 13,14; Is 49, 26
R. Dijo Dios a Abraham: «Has de
saber que tu descendencia vivirá como forastera en tierra ajena, y tendrá que
servir y sufrir opresión durante cuatrocientos años. * Y yo juzgaré al pueblo a quien han de servir.»
V. Yo soy el Señor, tu salvador y redentor.
R. Y yo juzgaré al pueblo a quien
han de servir.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 6 Sobre la Cuaresma, 1-2: PL 54, 285-287)
LA PURIFICAClÓN ESPIRITUAL POR EL AYUNO Y LA MISERICORDIA
En todo tiempo, amados hermanos, la misericordia del Señor llena la tierra, y todo fiel halla en la misma naturaleza motivo de adoración a Dios, ya que el cielo y la tierra, el mar y todo lo .que hay en ellos nos hablan de la bondad y omnipotencia del que los ha creado, y la admirable belleza de los elementos puestos a nuestro servicio exige de la creatura racional el justo tributo de la acción de gracias.
Pero al volver de nuevo estos días, marcados de manera especial por los misterios de nuestra redención, y que preceden inmediatamente a la celebración de la Pascua, se nos intima una mayor diligencia en prepararnos con la purificación de nuestro espíritu.
En efecto, es propio de la fiesta de Pascua que toda la Iglesia se regocije por el perdón de sus pecados, y ello no sólo en los que renacerán por el sagrado bautismo, sino también en los que han sido ya anteriormente agregados a la porción de los hijos adoptivos.
Pues, si bien lo que nos hace hombres nuevos es principalmente el baño de regeneración, sin embargo, como nos es también necesaria a todos la cotidiana renovación contra la herrumbre de nuestra condición mortal, y nadie hay que no tenga el deber de afanarse continuamente por una mayor perfección, es necesario un esfuerzo por parte de todos para que el día de nuestra redención nos halle a todos renovados.
Por tanto, amados hermanos, lo que cada cristiano ha de hacer en todo tiempo ahora debemos hacerlo con más intensidad y entrega, para que así la institución apostólica de esta cuarentena de días logre su objetivo mediante nuestro ayuno, el cual ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos.
Junto al razonable y santo ayuno, nada más provechoso que la limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. En efecto, con relación al amor que debemos a Dios y a los hombres, siempre está en nuestras manos la buena voluntad, que ningún obstáculo puede impedir. Los ángeles dijeron: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; con ello nos enseñaron que todo aquel que por amor se compadece de cualquier miseria ajena se enriquece, no sólo con la virtud de su buena voluntad, sino también con el don de la paz.
Las obras de misericordia son variadísimas, y así todos los cristianos que lo son de verdad, tanto si son ricos como si son pobres, tienen ocasión de practicarlas a la medida de sus posibilidades; y aunque no todos puedan ser iguales en la cantidad de lo que dan. todos pueden serIo en su buena disposición.
Responsorio Cf. 2Co 6, 4
R. El tiempo del ayuno nos ha
abierto las puertas del paraíso, recibámoslo con buena voluntad y seamos
constantes en la oración, * para que en el día de la
resurrección nos gloriemos con el Señor.
V.
Acreditémonos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
R. Para que en el día de la resurrección nos gloriemos con
el Señor.
Oración
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo:
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día: De lo contrario: HIMNO
Pastor que con tus silbos amorosos vuelve los ojos a mi fe piadosos, Oye, Pastor, pues por amores mueres, Espera, pues, y escucha mis cuidados...
V.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
me despertaste del profundo
sueño:
tú que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los brazos
poderosos,
pues te confieso por mi
amor y dueño
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus pies
hermosos.
no te espante el rigor
de mis pecados
pues tan amigo de rendidos eres.
Pero ¿cómo te digo
que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Salmo 142, 1-11 El hombre no
se justifica por Señor, escucha mi oración; El enemigo me persigue a muerte, Recuerdo los tiempos antiguos, Escúchame en seguida, Señor, En la mañana hazme escuchar tu gracia, Líbrame del enemigo, Señor, Por tu nombre, Señor, consérvame vivo; Ant. 1: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu
gracia.
Ant. 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén como
un río la paz.
Cántico
Is 66, 10-14a La Jerusalén
de arriba es libre; Festejad a Jerusalén, gozad con ella, Porque así dice el Señor: Llevarán en brazos a sus criaturas Al verlo se alegrará vuestro corazón, Ant. 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén como
un río la paz.
Ant. 3: Nuestro Dios merece una alabanza
armoniosa.
Salmo 146 Señor, Dios
eterno, alegres te cantamos, Alabad al Señor, que la música es buena; El Señor reconstruye Jerusalén, Cuenta el número de las estrellas, Entonad la acción de gracias al Señor, que hace brotar hierba en los montes, No aprecia el vigor de los caballos, Ant. 3: Nuestro Dios merece una alabanza
armoniosa.
LECTURA
BREVE Cf. 1R 8,51a.
52-53a
Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a
las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar
todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya
de entre todos los pueblos de la tierra.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del cazador. CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Si alguno quiere venir en pos de mí -dice
el Señor-, renúnciese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame.»
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA
ANGUSTIA
cumplir la ley, sino por creer
en Cristo Jesús. (Ga 2,
16)
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA
ésa es nuestra madre. (Ga 4,26)
todos los que la
amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
a su
pecho seréis alimentados
y os saciaréis de sus consuelos
y apuraréis las
delicias
de sus pechos abundantes.
«Yo haré derivar hacia ella
como un
río la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las
naciones.
y sobre las rodillas las
acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré
yo
y en Jerusalén seréis consolados.
y vuestros huesos
florecerán como un prado.»
PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
a ti nuestra alabanza.
nuestro Dios merece una
alabanza armoniosa.
reúne a los deportados de
Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
a cada una la llama por su
nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene
medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los
malvados.
tocad la cítara para
nuestro Dios,
cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la
tierra;
para los que sirven al
hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que
graznan.
no estima los músculos del
hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su
misericordia.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R.
Él me librará de la red del cazador.
V.
Gloria. R. Él me librará.
PRECES
Celebremos la bondad de Dios, que por Cristo
se reveló como Padre nuestro, y digámosle de todo corazón: Acuérdate, Señor,
de que somos hijos tuyos.
Concédenos vivir con toda plenitud el misterio de la Iglesia, * a fin de que nosotros y todos los hombres encontremos en
ella un sacramento eficaz de salvación.
Padre, que amas a todos los hombres, haz que cooperemos al progreso de la
comunidad humana * y que en todo busquemos tu reino
con nuestros esfuerzos.
Haz que tengamos hambre y sed de justicia * y
acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual entregó su vida para que
fuéramos saciados.
Perdona, Señor, todos nuestros pecados * y dirige
nuestra vida por el camino de la sencillez y de la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a
decir: Padre nuestro.
Oración
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para
que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda,
como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio. HIMNO
SALMODIA
Salmo 118, 153-160 Mira mi abatimiento y líbrame, Grande es tu ternura, Señor, Mira cómo amo tus decretos, Señor, Salmo 127 «Que el Señor
te bendiga desde Sión», ¡Dichoso el que teme al Señor Comerás del fruto de tu trabajo, tus hijos, como renuevos de olivo, Que el Señor te bendiga desde Sión, Salmo 128 La Iglesia
habla de los sufrimientos ¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud Sobre mis espaldas metieron el arado Retrocedan, avergonzados, que no llena la mano del segador Os bendecimos en el nombre del Señor. Tercia: Ant.: Han llegado los días de penitencia;
expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas. LECTURA BREVE
Tercia
Is 55,6-7 Buscad al Señor mientras se le puede encontrar, invocadlo mientras está
cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese
al Señor y él tendrá piedad, a nuestro Dios que es rico en perdón.
V. Oh Dios, crea en mí un
corazón puro. Oremos: Sexta
Dt 30,2-3a
Si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz con todo lo que yo te mando
hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor,
tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti.
V. Aparta de mi pecado
tu vista. Oremos: Nona
Hb 10,35-36
No perdáis vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis
necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis
alcanzar la promesa.
V. Mi sacrificio es un
espíritu contrito. Oremos: CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
porque no olvido tu
voluntad;
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la
justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
con tus mandamientos dame
vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de
tus preceptos;
viendo a los renegados sentía indignación,
porque no
guardan tus mandatos.
por tu misericordia dame
vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son
eternos.
PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
y sigue sus caminos!
serás dichoso, te irá
bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
alrededor de tu mesa:
ésta
es la bendición del hombre
que teme al Señor.
que veas la prosperidad de
Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus
hijos.
¡Paz a Israel!
ESPERANZA DE UN PUEBLO OPRIMIDO
que tiene que tolerar. (S.
Agustín)
-que lo diga
Israel-,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron
conmigo!
y alargaron los
surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los
malvados.
los que odian a Sión;
sean como la
hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
ni la brazada del que
agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la
muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en
las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y
acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente,
y a ti tienda, como a su fin. Por Cristo nuestro Señor.
R. Borra en mí toda culpa.
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y
acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente,
y a ti tienda, como a su fin. Por Cristo nuestro Señor.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y
acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente,
y a ti tienda, como a su fin. Por Cristo nuestro Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. HIMNO
Señor, la luz del día ya se apaga,
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
la noche va extendiendo sus
tinieblas;
alumbra lo más hondo de las almas
en este santo tiempo de
Cuaresma.
Conoces nuestra vida y nuestra historia
y
sabes que también hemos pecado,
por eso hacia ti nos dirigimos
confiando
que seremos perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos
la senda
que nos lleva hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus
dolores,
sufriendo lo que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre,
que,
junto con tu Hijo Jesucristo,
enviaste tu Espíritu a los hombres,
sellando
con tu gracia sus destinos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Salmo 143 Su brazo se
adiestró en la pelea, I Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? Señor, inclina tu cielo y desciende, Extiende la mano desde arriba: Ant. 1: Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a
salvo. Ant. 2: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. II Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, Defiéndeme de la espada cruel, Sean nuestros hijos un plantío, Que nuestros silos estén repletos Dichoso el pueblo que esto tiene, Ant. 2: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado
de nuestro Dios.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, Se encolerizaron las gentes, Ahora se estableció la salud y el poderío, Ellos le vencieron Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado
de nuestro Dios.
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
cuando venció al mundo; dijo, en efecto:
«Yo he
vencido al mundo.» (S. Hilario)
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
¿Qué los
hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
tocaré para ti el arpa
de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a
David, tu siervo.
sálvame de las manos de
extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en
falso.
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un
templo.
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y
nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni
alarma en nuestras plazas.
dichoso el pueblo cuyo Dios
es el Señor.
EL JUICIO DE DIOS
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
LECTURA BREVE St 4,7-8.10
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Quien pierda su vida por amor a mí la salvará para siempre», dice el Señor.
PRECES
Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.
Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, sacerdotes y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo, * para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.
Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo * y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.
Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo * y que respetemos su libertad y su conciencia.
Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales * y que atiendan a las necesidades de los demás.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad * y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración
Tu gracia, Señor, inspire nuestras acciones, las sostenga y acompañe, para que todo nuestro trabajo cuaresmal brote de ti, como una fuente, y a ti tienda, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día: De lo contrario: HIMNO ¡Oh Redentor, oh Cristo, Para pagar la deuda ¡Oh Cristo Sacerdote, El pecado del hombre,
V.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Señor del universo,
víctima y
sacerdote,
sacerdote y cordero!
que nos cerraba el cielo,
tomaste
entre tus manos
la hostia de tu cuerpo
y ofreciste tu sangre
en el
cáliz del pecho:
altar blando, tu carne;
altar duro, un madero.
hostia a la vez y templo!
Nunca
estuvo la vida
de la muerte tan dentro,
nunca abrió tan terribles
el
amor sus veneros.
tan huérfano del cielo,
se hizo
perdón de sangre
y gracia de tu cuerpo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Salmo
77,1-39 Estas cosas sucedieron I Escucha, pueblo mío, mi
enseñanza, Lo que oímos y aprendimos,
Él mandó a nuestros padres
Que surjan y le cuenten a sus
hijos, para que no imiten a sus
padres, Los arqueros de la tribu de
Efraím echando en olvido sus acciones,
hendió el mar para abrirles
paso, hendió la roca en el desierto,
Ant. 1: Nuestros padres nos contaron el poder del
Señor y las maravillas que realizó.
Ant. 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de
la roca espiritual que los seguía.
II Pero ellos volvieron a pecar
contra él, hablaron contra Dios: «¿Podrá
Dios Lo oyó el Señor, y se indignó;
Pero dio orden a las altas
nubes, Hizo soplar desde el cielo el
levante, Ellos comieron y se hartaron,
Ant. 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de
la roca espiritual que los seguía.
Ant. 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su
redentor.
III Y con todo, volvieron a pecar,
y, cuando los hacía morir, lo
buscaban, Lo adulaban con sus bocas,
Él, en cambio, sentía lástima,
Ant. 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su
redentor.
V. Convertíos al Señor, vuestro Dios. PRIMERA LECTURA
Año I:
BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA
SALVACIÓN
en figura para vosotros.
(1Co 10,6)
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi
boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos,
lo contaremos a la próxima generación:
las alabanzas del Señor,
su
poder, las maravillas que realizó:
porque él estableció una norma para
Jacob,
dio una ley a Israel.
que lo enseñaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación
siguiente:
los hijos que nacieran después.
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de
Dios,
sino que guarden sus mandamientos;
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón
inconstante,
de espíritu infiel a Dios.
volvieron la espalda en la batalla;
no guardaron la alianza de
Dios,
se negaron a seguir su ley,
las maravillas que les había mostrado,
cuando hizo portentos a vista de
sus padres,
en el país de Egipto, en el campo de Soán:
sujetando a las aguas como muros;
los guiaba de día con una nube,
de noche con el resplandor del fuego;
y les dio a beber raudales de agua;
sacó arroyos de la peña,
hizo
correr las aguas como ríos.
y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:
tentaron a
Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
preparar una mesa en el desierto?
Él hirió la roca, brotó agua
y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan,
proveer
de carne a su pueblo?»
un fuego se encendió contra Jacob,
hervía su cólera contra Israel,
porque no tenían fe en Dios
ni confiaban en su auxilio.
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste;
y el hombre comió pan de ángeles,
les
mandó provisiones hasta la hartura.
y dirigió con su fuerza el viento sur;
hizo llover carne como
una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad
del campamento,
alrededor de sus tiendas.
así satisfizo su avidez;
pero con la avidez recién saciada,
con la
comida aún en la boca,
la ira de Dios hirvió contra ellos:
mató a los
más robustos,
doblegó a la flor de Israel.
y no dieron fe a sus milagros:
entonces consumió sus días en un soplo,
sus años en un momento;
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que
Dios era su roca,
el Dios Altísimo, su redentor.
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran
fieles a su alianza.
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor;
acordándose que eran de carne,
un
aliento fugaz que no torna.
R. Porque es compasivo y misericordioso.
Del libro del
Deuteronomio 4, 1.8, 32-40
¿QUÉ NACIÓN TIENE UN DIOS TAN CERCANO COMO EL NUESTRO? En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas
palabras:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo te enseño, para que los pongáis en práctica: así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. No añadáis nada a lo que os mando, ni suprimáis nada, sino cumplid los preceptos del Señor, vuestro Dios, tal como yo os los prescribo hoy.
Vuestros ojos han visto lo que hizo el Señor a Baal Fegor, cómo el Señor, vuestro Dios, exterminó en medio de vosotros a todos los que se fueron detrás de Baal Fegor, mientras que los que fuisteis fieles al Señor seguís hoy con vida.
Mirad: yo os enseño mandatos y decretos, como me ordenó el Señor, mi Dios, para que los pongáis en práctica en la tierra en que vais a entrar para tomarla en posesión. Guardadlos y cumplidlos, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra prudencia a los ojos de los pueblos, los cuales, al oír estos mandatos, dirán: "Cierto, es un pueblo sabio y prudente esta gran nación," Porque ¿cuál de las naciones grandes tiene unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? O ¿qué nación tan grande tiene unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que hoy os promulgo?
Pregunta a los tiempos remotos que te han precedido, desde el día en que el Señor creó al hombre en la tierra, si ha sucedido jamás algo tan grande o se ha oído cosa semejante desde un extremo a otro del cielo, ¿Escuchó algún pueblo la voz de un Dios hablándole desde el fuego, como tú la escuchaste, y salió con vida? ¿Se ha atrevido algún Dios a venir a sacar para sí un pueblo de en medio de otro pueblo, con pruebas, signos y prodigios, en son de guerra, con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros mismos ojos? A ti se te ha concedido ver todo esto, para que reconozcas que el Señor es Dios y que no hay otro fuera de él.
Desde el cielo hizo resonar su voz para enseñarte, en la tierra te mostró aquel gran fuego, y oíste sus palabras que salían del fuego. Porque amó a tus padres y después eligió a su descendencia, él en persona te sacó de Egipto con gran fuerza, para desposeer ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú, para traerte y darte sus tierras en heredad; como ocurre hoy.
Así has de reconocer hoy y recordar que el Señor es Dios, en lo alto del cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro. Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy, y así os irá bien a ti y a los hijos que te sucedan, y alargarás tus años sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar para toda la vida.
Responsorio Dt 4, 1; d. 31, 19.20; Sal
80,9
R.
V. Escucha, pueblo mío, doy
testimonio contra ti; ¡ojalá me escuchases, Israel!
R. y te daré una tierra que mana leche y miel.
Año II:
Del libro del Éxodo
2, 1-22
NACIMIENTO Y HUIDA DE MOISÉS En aquellos días, un hombre de la tribu de Leví se casó
con una mujer de la misma tribu; ella concibió y dio a luz un niño. Viendo que
era muy hermoso, lo tuvo escondido tres meses. Mas, no pudiendo tenerlo
escondido por más tiempo, tomó una cesta de mimbre, la embadurnó de barro y pez,
colocó en ella a la criatura y la depositó entre los juncos, junto a la orilla
del Nilo. Una hermana del niño observaba a distancia, para ver en qué paraba
aquello.
La hija del Faraón bajó a bañarse en el Nilo, mientras sus criadas la seguían por la orilla. Al descubrir la cesta entre los juncos, mandó a una criada a recogerla. La abrió, miró dentro y encontró un niño llorando. Conmovida, comentó:
«Es un niño de los hebreos.»
Entonces la hermana del niño dijo a la hija del Faraón:
«¿Quieres que vaya a buscarle una nodriza hebrea que críe al niño?» Respondió la hija del Faraón:
«Sí, anda.»
La muchacha fue y llamó a la madre del niño. La hija del Faraón le dijo:
«Llévate al niño y críamelo, y yo te pagaré.»
La mujer tomó al niño y lo crió. Cuando creció el muchacho, se lo llevó a la hija del Faraón, que lo adoptó como hijo y lo llamó Moisés, diciendo: «Lo he sacado del agua.»
Pasaron los años, Moisés creció, fue adonde estaban sus hermanos y los encontró transportando cargas. y vio cómo un egipcio maltrataba a un hebreo, uno de sus hermanos. Miró a un lado. y a otro y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena. Al día siguiente salió y encontró a dos hebreos riñendo y dijo al culpable:
«¿Por qué golpeas a tu compañero?
Él le contestó:
«¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro? ¿Es que pretendes matarme como mataste al egipcio?» Moisés se asustó, pensando: «La cosa se ha sabido.»
Cuando el Faraón se enteró del hecho, buscó a Moisés para darle muerte; pero Moisés huyó del Faraón y se refugió en el país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo. El sacerdote de Madián tenía siete hijas, que salían a sacar agua y a llenar los abrevaderos para abrevar el rebaño de su padre. Llegaron unos pastores e intentaron echarlas. Entonces Moisés se levantó, defendió a las muchachas y abrevó su rebaño. Ellas volvieron a casa de Reuel, su padre, y él les preguntó:
«¿Cómo es que venís hoy tan pronto de vuelta?» Contestaron:
«Un egipcio nos ha librado de los pastores, nos ha sacado agua y ha abrevado el rebaño.»
Replicó el padre:
«¿Dónde está? ¿Cómo es que lo habéis dejado marchar? LIamadlo para que venga a comer.»
Moisés accedió a vivir con él y éste le dio a su hija Séfora por esposa. Ella dio a luz un niño y Moisés lo llamó Guersón, diciendo: «Soy forastero en tierra extranjera.»
Y dio elIa a luz otro hijo a quien Moisés llamó Eliezer, pues dijo: «"El Dios de mi padre es mi protección", él me ha librado de la mano del Faraón.»
Responsorio Hb 11, 24-27a
R. SEGUNDA LECTURA
V. Tuvo por mayor
riqueza el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, y así, por la fe,
abandonó Egipto.
R. Pues tenía la mirada puesta en
la recompensa.
De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(Suplemento, Homilía 6, Sobre la oración: PG 64, 462-466)
LA ORACIÓN ES LUZ DEL
ALMA
Nada hay mejor que la oración y coloquio con Dios, ya que
por ella nos ponemos en contacto inmediato con él; y, del mismo modo que
nuestros ojos corporales son iluminados al recibir la luz, así también nuestro
espíritu, al fijar su atención en Dios, es iluminado con su luz inefable. Me
refiero, claro está, a aquella oración que no se hace por rutina, sino de
corazón; que no queda circunscrita a unos determinados momentos, sino que se
prolonga sin cesar día y noche.
Conviene, en efecto, que la atención de nuestra mente no se limite a concentrarse en Dios de modo repentino, en el momento en que nos decidimos a orar, sino que hay que procurar también que cuando está ocupada en otros menesteres, como el cuidado de los pobres o las obras útiles de beneficencia u otros cuidados cualesquiera, no prescinda del deseo y el recuerdo de Dios, de modo que nuestras obras, como condimentadas con la sal del amor de Dios, se conviertan en un manjar suavísimo para el Señor de todas las cosas. Y también nosotros podremos gozar, en todo momento de nuestra vida, de las ventajas que de ahí resultan, si dedicamos mucho tiempo al Señor.
La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables, deseando la leche divina, como un niño que, llorando, llama a su madre; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible.
La oración viene a ser una venerable mensajera nuestra ante Dios, alegra nuestro espíritu, aquieta nuestro ánimo. Me refiero, en efecto, a aquella oración que no consiste en palabras, sino más bien en el deseo de Dios, en una piedad inefable, que no procede de los hombres, sino de la gracia divina, acerca de la cual dice el Apóstol: Nosotros no sabemos pedir como conviene, pero el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras.
Semejante oración, si nos la concede Dios, es de gran valor y no ha de ser despreciada; es un manjar celestial que satisface al alma; el que lo ha gustado, se inflama en el deseo eterno de Dios, como en un fuego ardentísimo que inflama su espíritu.
Para que alcance en ti su perfección, pinta tu casa interior con la moderación y la humildad, hazla resplandeciente con la luz de la justicia, adórnala con buenas obras, como con excelentes láminas de metal, y decórala con la fe y la grandeza de ánimo, a manera de paredes y mosaicos; por encima de todo coloca la oración, como el techo que corona y pone fin al edificio, para disponer así una mansión acabada para el Señor y poderlo recibir como en una casa regia y espléndida, poseyéndolo por la gracia como una imagen colocada en el templo del alma.
Responsorio Lm 5, 20-21a; Mt 8, 25
R. Oración
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a continuar animosos estos días de
penitencia que acabamos de empezar y que nuestras prácticas externas de
penitencia estén siempre acompañadas por la sinceridad de un corazón que desea
convertirse. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
V. ¡Señor, sálvanos, que
perecemos.
R. Haz que volvamos a ti, Señor, y
volveremos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día: De lo contrario: HIMNO Delante de la cruz los ojos míos
V.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
quédenseme, Señor, así mirando,
y sin
ellos quererlo estén llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis
desvíos,
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos quererlo estén
rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.
Y así con la mirada en vos prendida,
y así
con la palabra prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera;
y así
clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Ant. 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Cántico
Tb 13, 10-15. 17-19
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO
Me enseñó la
ciudad santa,
Jerusalén, que traía la gloria
de Dios. (Ap 21,
10-11)
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén,
la ciudad del Santo;
por las obras de tus hijos te
azotará,
pero de nuevo se compadecerá
de los hijos de los
justos.
Confiesa dignamente al Señor
y bendice al rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti
edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos
y muestre en ti su amor hacia los
desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.
Brillarás cual luz de lámpara
y todos los confines de la tierra
vendrán a ti.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
al nombre del Señor,
nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el rey del
cielo.
Las generaciones de las generaciones
exultarán en ti.
Y
benditos para siempre todos los que te aman.
Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán
congregados,
y al Señor de los justos bendecirán.
Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos
cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán
contemplando toda tu gloria,
y se regocijarán para siempre.
Bendice, alma mía, a Dios, rey grande,
porque Jerusalén con
zafiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.
Ant. 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Ant. 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
LECTURA BREVE Is 53,11b-12
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red del
cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante; entonces brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te abrirá camino.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, exaltado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a continuar animosos estos días de penitencia que acabamos de empezar y que nuestras prácticas externas de penitencia estén siempre acompañadas por la sinceridad de un corazón que desea convertirse. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio. HIMNO
SALMODIA
Salmo 118, 161-168 Los nobles me perseguían sin motivo, Siete veces al día te alabo Mi alma guarda tus preceptos Ant. 1: Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes. Ant. 2: El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola
alma. Salmo 132 Amémonos unos
a otros, Ved qué paz y qué alegría, Es ungüento precioso en la cabeza, Es rocío del Hermón, que va bajando Ant. 2: El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola
alma. Ant. 3: Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte
salvador. Salmo 139, 1-9. 13-14 El Hijo del
hombre va a ser entregado Líbrame, Señor, del malvado, Defiéndeme, Señor, de la mano perversa, Pero yo digo al Señor: "Tú eres mi Dios"; Señor, no le concedas sus deseos al malvado, Yo sé que el Señor hace justicia al afligido Tercia: Ant.: Han llegado los días de penitencia;
expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas. LECTURA BREVE
Tercia Is 55,3 Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una
alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
V. Oh Dios, crea en mí un
corazón puro. Oremos:
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
pero mi corazón respetaba
tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico
botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.
por tus justos
mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace
tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.
y los ama intensamente;
guardo
tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos.
FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
ya que el amor es de Dios.
(1Jn 4, 7).
convivir los hermanos
unidos.
que va bajando por la
barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su
ornamento.
sobre el monte
Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para
siempre.
TÚ ERES MI REFUGIO
en manos de los pecadores.
(Mt 26,
45)
guárdame del hombre
violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan
contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en
los labios.
guárdame de los hombres
violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden
trampas,
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan
lazos.
Señor, atiende a mis
gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el
día de la batalla.
no des éxito a sus
proyectos.
y defiende el
derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán
en tu presencia.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la
muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en
las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a continuar animosos estos días
de penitencia que acabamos de empezar y que nuestras prácticas externas de
penitencia estén siempre acompañadas por la sinceridad de un corazón que desea
convertirse. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta
Cf. Jr 3,12b.14a
«Volveos -oráculo del Señor-. No os pondré mala cara, porque soy compasivo y
no me irrito para siempre. Volved, hijos rebeldes», oráculo del Señor.
V. Aparta de mi pecado
tu vista. Oremos:
R. Borra en mí toda culpa.
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a continuar animosos estos días
de penitencia que acabamos de empezar y que nuestras prácticas externas de
penitencia estén siempre acompañadas por la sinceridad de un corazón que desea
convertirse. Por Cristo nuestro Señor.
Nona
St 1,27
La religión pura y sin mancha ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: en
visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y en conservarse limpio
de toda mancha en este mundo.
V. Mi sacrificio es un
espíritu contrito. Oremos: CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a continuar animosos estos días
de penitencia que acabamos de empezar y que nuestras prácticas externas de
penitencia estén siempre acompañadas por la sinceridad de un corazón que desea
convertirse. Por Cristo nuestro Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Muere la vida y vivo yo sin vida
ofendiendo
la vida de mi muerte;
sangre divina de las venas vierte
y mi diamante su
dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una
dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su
cuerpo la mayor herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu
Dios abierto el lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres
tú mi vida, Cristo mío,
y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y el que era, el Santo. (Ap 16,
5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
II
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 2: Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE St 5,16.19-20
Confesaos mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia. Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Vendrán días en que se les quitará el esposo y entonces los invitados a las bodas ayunarán.
PRECES
Adoremos al Salvador de los hombres, que muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida, y digámosle humildemente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos que imitemos a tu Madre, consuelo de los afligidos, * para que podamos consolar a los tristes, mediante el consuelo con que nosotros somos por ti consolados.
Concede a tus fieles participar en tu pasión por medio de sus sufrimientos, * para que tu salvación se manifieste también en ellos.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * enséñanos a ser obedientes y a tener paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dígnate transfigurar a los difuntos a semejanza de tu cuerpo glorioso * y concédenos a nosotros ser un día partícipes de la gloria de ellos.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que nos ayudes a continuar animosos estos días de penitencia que acabamos de empezar y que nuestras prácticas externas de penitencia estén siempre acompañadas por la sinceridad de un corazón que desea convertirse. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día: De lo contrario: HIMNO ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? ¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, ¡Cuántas veces el ángel me decía: Y ¡cuántas, hermosura soberana:
V.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
¿Qué interés se te sigue, Jesús
mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno
oscuras?
pues no te abrí! ¡Qué
extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus
plantas puras!
«Alma, asómate ahora a la
ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
«Mañana le abriremos»,
respondía,
para lo mismo responder mañana! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Salmo
77,40-72 Estas cosas sucedieron en IV ¡Qué rebeldes fueron en el
desierto, cuando hizo prodigios en
Egipto, cuando les mandó tábanos que
les picasen, cuando aplastó con granizo sus
viñedos, cuando lanzó contra ellos el
incendio de su ira, no los salvó de la muerte,
Ant.1: El Señor los rescató de la
opresión. Ant. 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su
diestra había adquirido. V Sacó como un rebaño a su
pueblo, los hizo entrar por las santas
fronteras Pero ellos tentaron a Dios
altísimo y se rebelaron, Dios lo oyó y se indignó, abandonó sus valientes al
cautiverio, el fuego devoraba a los
jóvenes, Ant. 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte
que su diestra había adquirido. Ant. 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a David,
su siervo, para pastorear a Israel, su heredad. VI Pero el Señor se despertó como
de un sueño, Repudió las tiendas de José,
Escogió a David, su siervo,
Los pastoreó con corazón
íntegro, Ant. 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a
David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
V. El que obra la verdad viene a la luz.
figura para vosotros.
(1Co 10,6)
enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios,
a
irritar al Santo de Israel,
sin acordarse de aquella mano
que un día los
rescató de la opresión;
portentos en el campo de Soán;
cuando convirtió en sangre
los canales y los arroyos,
para que no bebieran;
y ranas que los hostigasen;
cuando entregó a la langosta
sus cosechas,
y al saltamontes el fruto de sus sudores;
y con escarcha sus higueras,
cuando entregó sus ganados al
pedrisco,
y al rayo sus rebaños;
su cólera, su furor, su indignación
y, despachando a
los siniestros mensajeros,
dio curso libre a su ira:
entregó sus vidas a la peste;
cuando hirió a los primogénitos en Egipto,
a las primicias de la virilidad
en las tiendas de Cam.
los guió como un hato por el desierto,
los condujo seguros, sin
alarmas,
mientras el mar cubría a sus enemigos;
hasta el monte que su diestra había adquirido;
ante ellos
rechazó a las naciones,
les asignó por suerte su heredad:
instaló en sus
tiendas a las tribus de Israel.
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y
traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso;
con sus
altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
y
rechazó totalmente a Israel;
abandonó su morada de Silo,
la tienda en
que habitaba con los hombres;
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la
espada,
encolerizado contra su heredad;
y las novias ya no tenían cantos;
los sacerdotes caían a
espada,
y sus viudas no los lloraban.
como un soldado vencido por el vino:
hirió al enemigo en la
espalda,
infligiéndole una derrota perdurable.
no escogió la tribu de Efraím;
escogió la tribu de Judá
y el monte
Sión, su preferido.
Construyó su santuario como el cielo,
como a la
tierra lo cimentó para siempre.
lo sacó de los apriscos del rebaño;
de andar tras las ovejas,
lo
llevó a pastorear a su pueblo Jacob,
a Israel, su heredad.
los guiaba con mano inteligente.
R. Y sus obras quedan de manifiesto.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 5, 1-22
EL DECÁLOGO
En aquellos días, Moisés convocó a los israelitas y les
dijo:
«Escucha, Israel, los mandatos y decretos que hoy te enseño para que los aprendáis, los guardéis y los pongáis en práctica. El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb. No hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros, con los que estamos vivos hoy, aquí. Cara a cara habló el Señor con vosotros en la montaña, desde el fuego. Yo mediaba entonces entre el Señor y vosotros, anunciándoos la palabra del Señor, porque os daba miedo aquel fuego y no subisteis a la montaña.
El Señor dijo: "Yo soy el Señor, tu Dios. Yo te saqué de Egipto, de la esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí.
No te harás ídolos: figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni les darás culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y bisnietos cuando me aborrecen. Pero actúo con lealtad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso, porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
Guarda el día del sábado, santificándolo, como el Señor, tu Dios, te ha mandado. Durante seis días trabaja y haz tus tareas; pero el día séptimo es día de descanso dedicado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades, para que descansen como tú el esclavo y la esclava. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que te sacó de allí el Señor, tu Dios, con mano fuerte y con brazo extendido. Por eso te manda el Señor, tu Dios, guardar el día del sábado.
Honra a tu padre y a tu madre, como te mandó el Señor; así se prolongarán tus días y te irá bien en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.
Ni cometerás adulterio.
Ni robarás.
Ni darás testimonio falso contra tu prójimo.
Ni pretenderás la mujer de tu prójimo. Ni codiciarás su casa, ni sus tierras, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él." Éstos son los mandamientos que el Señor pronunció con voz potente ante toda vuestra asamblea, en la montaña, desde el fuego y los nubarrones. Y, sin añadir más, los grabó en dos losas de piedra y me las entregó.»
Responsorio Sal 18, 8. 9; Rm 13, 8. 10
R.
V. Quien
ama al prójimo ya ha cumplido la ley, pues amar es cumplir la ley
entera.
R. La norma del Señor es límpida y da luz
a los ojos.
Año II:
Del libro del Éxodo 3, 1-20
VOCACIÓN DE MOISÉS Y
REVELACIÓN DEL NOMBRE DE DIOS
En aquellos días, pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro
Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño a través del desierto hasta llegar a
Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada
entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Y Moisés se
dijo:
«Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
«Moisés, Moisés.» Respondió él:
«Aquí estoy.»
Dijo Dios:
«No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.»
Y añadió:
«Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.»
Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. El Señor le dijo:
«He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, hititas, amorreos, fereceos, jiveos y yebuseos. El clamor de los israelitas ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios. Ve, pues, ahora; yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel.»
Moisés replicó a Dios:
«¿Y quién soy yo para acudir al Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?»
Respondió Dios:
«Yo estoy contigo; y ésta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña.»
Moisés contestó a Dios:
«Mira, yo iré a los hijos de Israel y les diré: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros"; pero si ellos me preguntan: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les he de responder?»
Dijo Dios a Moisés:
«Yo soy "el que soy". Esto dirás a los israelitas: "«Yo soy» me envía a vosotros". Así les dirás: ''«Yahvéh», el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.
Éste es mi nombre para siempre, así me llamaréis de generación en generación."
Ve, pues, reúne a los ancianos de Israel y diles:
"Yahvéh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob se me apareció y me dijo: 'Os he visitado y he visto cómo os maltratan en Egipto. He decidido sacaros de la opresión egipcia y lIevaros al país de los cananeos, hititas, amorreos, fereceos, jiveos y yebuseos, a una tierra que mana leche y miel'"
Ellos te harán caso, y tú, con los ancianos de Israel, te presentarás al rey de Egipto y le dirás: "El Señor Dios de los hebreos se nos ha manifestado, y nosotros tenemos que hacer un viaje de tres jornadas por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios." Yo sé que el rey de Egipto no os dejará marchar ni a la fuerza; pero yo extenderé la mano, heriré a Egipto con prodigios que haré en medio de él, y entonces os dejará marchar.»
Responsorio Ex 3, 14; Is 43, 11
R. SEGUNDA LECTURA
V. Yo soy el Señor; fuera de mí no hay
salvador.
R. Esto dirás a los hijos de Israel:
«"Yo soy" me envía a vosotros.»
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4. 13-14, 1: se 100,534-540)
NUESTRA AMISTAD CON DIOS
Nuestro Señor, aquel que es la Palabra de Dios, primero nos ganó como siervos de Dios, mas para liberarnos después, tal como dice a sus discípulos: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os he llamado amigos, porque todo cuanto me ha comunicado el Padre os lo he dado a conocer. Y la amistad divina es causa de inmortalidad para todos los que entran en ella.
Así, pues, en el principia Dios p1asmó a Adán, no porque tuviese necesidad del hombre, sino para tener en quien depositar sus beneficios. Pues no sólo antes de la creación de Adán, sino antes de toda creación, el que es la Palabra glorificaba a su Padre, permaneciendo en él, y él, a su vez, era glorificado por el Padre, como afirma él mismo: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
Y si nos mandó seguirlo no es porque necesite de nuestros servicios, sino para que nosotros alcancemos así la salvación. Seguir al Salvador, en efecto, es beneficiarse de la salvación, y seguir a la Luz es recibir la luz. Pues los que están en la luz no son los que iluminan a la luz, sino que la luz los ilumina y esclarece a ellos, ya que ellos nada le añaden, sino que son ellos los que se benefician de la luz.
Del mismo modo, el servir a Dios nada le añade a Dios, ni tiene Dios necesidad alguna de nuestra sumisión; es él, por el contrario, quien da la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen y sirven, beneficiándolos por el hecho de seguirlo y servirlo, sin recibir de ellos beneficio alguno, ya que es en sí mismo rico, perfecto, sin que nada le falte.
La razón, pues, por la que Dios desea que los hombres lo sirvan es su bondad y misericordia, por las que quiere beneficiar a los que perseveran en su servicio, pues, si Dios no necesita de nadie, el hombre, en cambio, necesita de la comunión con Dios.
En esto consiste la gloria del hombre, en perseverar y permanecer en el servicio de Dios. Por esto el Señor decía a sus discípulos: No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, queriendo indicar que no eran ellos los que lo glorificaban al seguirlo, sino que, siguiendo al Hijo de Dios, él los glorificaba a ellos. Por esto añade: Quiero que ellos estén conmigo allí donde yo esté, para que contemplen mi gloria.
Responsorio Dt 10, 12; Mt 22, 38
R. Oración
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre
nosotros tu mano para protegernos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
V. Éste es el principal y el primero de los
mandamientos.
R. Que temas al Señor, tu Dios, y lo
ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día: De lo contrario: HIMNO
V.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Los hombros traigo cargados
de graves
culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de
flaqueza;
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y
lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos,
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis
culpas mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos
yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad,
criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo.
(S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con
aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán
su derrota.
El justo crecerá como una palmera
se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.
Ant. 2: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
Cántico
Ez 36, 24-28
DIOS RENOVARÁ A SU PUEBLO
Ellos serán
su pueblo y Dios
estará con ellos. (Ap 21, 3)
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los
países,
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de
todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un
corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra
carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis
preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros
seréis mi pueblo
y yo seré vuestro Dios.
Ant. 2: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
Ant. 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza.
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio a
la Iglesia como cabeza, sobre todo.
( Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre las cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre los obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza.
LECTURA BREVE Is 1,16-18
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red del
cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los corroa.
PRECES
Demos gracias siempre y en todo lugar a Cristo, nuestro Salvador, y supliquémosle, diciendo: Ayúdanos, Señor, con tu gracia.
Concédenos guardar sin mancha nuestros cuerpos, * para que el Espíritu Santo pueda habitar en ellos.
Desde el comienzo del día acrecienta en nosotros el amor a nuestros hermanos * y el deseo de cumplir tu voluntad en todas las acciones de esta jornada.
Danos hambre del alimento que perdura y da vida eterna, * y que tú diariamente nos proporcionas.
Que interceda por nosotros tu santísima Madre, refugio de pecadores, * para que obtengamos el perdón de nuestros pecados.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos al Padre que nos libre de todo mal, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y extiende sobre nosotros tu mano para protegernos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio. HIMNO
SALMODIA
Salmo 118, 169-176
Que llegue mi clamor a tu Presencia, Mi lengua canta tu fidelidad, Que mi alma viva para alabarte, Salmo 44 ¡Llega el
esposo, salid a I Me brota del corazón un poema bello, Eres el más bello de los hombres, Cíñete al flanco la espada, valiente: Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre; A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos, II Escucha, hija, mira: inclina el oído, Ya entra la princesa, bellísima, «A cambio de tus padres tendrás hijos, Quiero hacer memorable tu nombre Tercia: Ant.: Han llegado los días de penitencia;
expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas. LECTURA BREVE
Tercia
Ap 3,19-20 Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Ánimo, pues, y arrepiéntete! Mira que
estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre la puerta entraré
en su casa, cenaré con él y él conmigo.
V. Oh Dios, crea en mí un
corazón puro. Oremos: Sexta
Is 44,21-22
Acuérdate de que eres mi siervo. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te
olvidaré. He disipado como nieve tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a
mí, que yo soy tu redentor.
V. Aparta de mi pecado
tu vista. Oremos: Nona
Ga 6,7b-8
De Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que
siembre en su carne , de la carne cosechará corrupción; el que siempre en
el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Mi sacrificio es un
espíritu contrito. Oremos: CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Señor, con tus palabras, dame
inteligencia;
que mi súplica entre en tu presencia,
líbrame según tu
promesa;
de mis labios brota la alabanza,
porque me enseñaste tus leyes.
porque todos tus preceptos son
justos:
que tu mano me auxilie,
ya que prefiero tus decretos;
ansío tu
salvación, Señor,
tu voluntad es mi delicia.
que tus mandamientos me auxilien:
me
extravié como oveja perdida:
busca a tu siervo, que no olvida tus mandatos.
LAS NUPCIAS DEL REY
recibirlo! (Mt 25, 6)
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
desde los palacios
de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
olvida tu pueblo y la casa
paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
que nombrarás príncipes
por toda la tierra.»
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-, no me complazco en la
muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en
las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y
extiende sobre nosotros tu mano para protegernos. Por Cristo nuestro Señor.
R. Borra en mí toda culpa.
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y
extiende sobre nosotros tu mano para protegernos. Por Cristo nuestro Señor.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y
extiende sobre nosotros tu mano para protegernos. Por Cristo nuestro Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
HIMNO
Insigne defensor de nuestra causa,
Señor y Salvador del
pueblo humano,
acoge nuestras súplicas humildes,
perdona nuestras culpas y
pecados.
El día con sus gozos y sus penas
pasó dejando huellas en el
alma,
igual que nuestros pies en su camino
dejaron en el polvo sus
pisadas.
No dejes de mirarnos en la noche,
dormida nuestra vida en su
regazo;
vigila el campamento de los hombres,
camino de tu reino ya
cercano.
Ahuyenta de tu pueblo la zozobra,
sé nube luminosa en el
desierto,
sé fuerza recobrada en el descanso,
mañana y horizonte siempre
abierto.
Bendice, Padre santo, la tarea
del pueblo caminante en la
promesa;
llegados a Emaús, tu Hijo amado
nos parta el pan y el vino de la
cena. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Con espíritu humilde y corazón contrito te seamos aceptos; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Salmo 140, 1-9
ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
El humo del
incienso subió a la presencia de Dios,
de mano del ángel, en representación
de las oraciones de los santos. (Ap 8, 4)
Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando
te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis
manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta
de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer
crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en
banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el
ungüento del impío
no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su
malicia.
Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras
amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos
nuestros huesos
a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me
dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los
malhechores.
Ant. 1: Con espíritu humilde y corazón contrito te seamos aceptos; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.
Ant. 2: Entonces clamarás al Señor y te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».
Salmo 141
ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TÚ ERES MI
REFUGIO
Todo lo que
describe el salmo
se realizó en el Señor durante su pasión.
(S.
Hilario)
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al
Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi
angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde
avanzo
me han escondido una trampa.
Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo
adónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad
en el país de la vida.»
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis
perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán
los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Ant. 2: Entonces clamarás al Señor y te responderá, gritarás y él te dirá: «Aquí estoy».
Ant. 3: Cristo murió por nuestros pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios; muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Cristo murió por nuestros pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios; muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
LECTURA BREVE 2Co 6,1-4a
Os exhortamos a que deis pruebas de no haber recibido en vano la gracia de Dios, pues dice él en la Escritura: «En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de salvación.» Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. A nadie queremos dar nunca motivo de escándalo, a fin de no hacer caer en descrédito nuestro ministerio, antes al contrario, queremos acreditarnos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos, Señor, y ten piedad,
porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos,
Señor.
V. Cristo, oye los ruegos de los que te
suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R.
Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, a tu pueblo.
Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes, * para que nuestro amor crezca y sea verdadero.
Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos * y tu sed en los sedientos.
Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte, * haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana.
Haz que todos, según el ejemplo de la Virgen María y de los santos, * sigan con más diligencia y perfección tus enseñanzas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección * y gocen eternamente de tu amor.
Pidamos a nuestro Padre que nos dé la fuerza que necesitamos para no caer en la tentación: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el camino de nuestra conversión: así conoceremos mejor y viviremos con mayor plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y
harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los
cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos
del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del
regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el
Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se
anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de
su pueblo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
Salmo 1
LOS DOS CAMINOS DEL HOMBRE
Felices los
que, poniendo su esperanza en la cruz,
se sumergieron en las aguas del
bautismo.
Dichoso el hombre,
que no sigue el consejo de los impíos,
ni
entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los
cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y
noche.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto
a su tiempo
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen
fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el
viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la
asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los
justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
Ant. 1: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
Ant. 2: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo.
Salmo 2
EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Verdaderamente se aliaron contra tu santo siervo
Jesús, tu Ungido.
(Hch 4, 27)
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un
fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de
ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he
establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres
mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las
naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro
de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la
tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea
que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su
ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. 2: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo.
Ant. 3: Tú, Señor, eres mi escudo y mantienes alta mi cabeza.
Salmo 3
CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA
Durmió el
Señor el sueño de la muerte y resucitó del sepulcro
porque el Padre fue su
ayuda. (S. Ireneo)
Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra
mí;
cuántos dicen de mí:
«Ya no lo protege Dios.»
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi
cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte
santo.
Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me
sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi
alrededor.
Levántate, Señor;
sálvame, Dios mío:
tu golpeaste a mis
enemigos en la mejilla,
rompiste los dientes de los malvados.
De ti, Señor, viene la salvación
y la bendición sobre tu
pueblo.
Ant. 3: Tú, Señor, eres mi escudo y mantienes alta mi cabeza.
V. No sólo de pan vive el hombre.
R. Sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 6,4-25
LEY DEL AMOR
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Escucha, Israel: El Señor,
nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón,
con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán
en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa
y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo,
serán en tu frente una señal;
las escribirás en las puertas de tu casa y en
tus portales.
Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres -a Abraham, Isaac y Jacob- que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta saciarte. Pero ten cuidado: No olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás y a él solo servirás, sólo en su nombre jurarás. No seguiréis a dioses extranjeros, dioses de los pueblos vecinos, porque el Señor, tu Dios, es un Dios celoso en medio de ti. No sea que se encienda la ira del Señor, tu Dios, contra ti y te extermine de la superficie de la tierra. No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba como en Masá.
Guardarás los preceptos del Señor, tu Dios, las normas y mandatos que te ordenó. Harás lo que al Señor, tu Dios, le parece bueno y recto, y así te irá bien; entrarás y tomarás posesión de esa tierra buena, que prometió el Señor a tus padres, arrojando ante ti a todos tus enemigos, como te dijo el Señor.
Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: "¿Qué son esas normas, esos mandatos y decretos que os mandó el Señor, vuestro Dios?", le responderás a tu hijo: "Éramos esclavos del Faraón en Egipto, y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. El Señor hizo signos y prodigios grandes y terribles contra el Faraón y toda su corte, ante nuestros ojos. A nosotros nos sacó de allí, para traemos y damos la tierra que tenía prometida a nuestros padres. Y nos mandó cumplir todos estos mandatos, temiendo al Señor, nuestro Dios, para nuestro bien perpetuo, para que siguiéramos con vida, como hasta ahora. Sólo tendremos justificación si ponemos por obra estos preceptos ante el Señor, nuestro Dios, como nos lo tiene ordenado."»
Responsorio Dt 6, 3; 7, 9; 6, 5
R. Escucha, Israel, guarda y pon en práctica todos estos
preceptos que te dio el Señor; * así conocerás que el
Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su
favor con los que lo aman.
V. Amarás al Señor, tu
Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
R. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios
verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo
aman.
Año II:
Del libro del Éxodo 5, 1-6, 1
OPRESIÓN DEL PUEBLO DE DIOS
En aquellos días, Moisés y Aarón se presentaron al Faraón y le dijeron:
«Así dice el Señor, Dios de Israel: "Deja salir a mi pueblo, para que me celebre una fiesta en el desierto."»
Respondió el Faraón:
«¿Y quién es el Señor, para que tenga que obedecerlo dejando marchar a los israelitas? Ni reconozco al Señor ni dejaré marchar a Israel.»
Replicaron ellos:
«El Dios de los hebreos nos ha llamado: tenemos que hacer un viaje de tres jornadas por el desierto para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios; no sea que nos castigue con peste o espada.»
El rey de Egipto les dijo:
«¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, soliviantáis al pueblo en su trabajo? Volved a transportar vuestras cargas. Ahora que son ya más numerosos que los naturales del país, ¿queréis que dejen de transportar cargas?»
Aquel día el Faraón dio órdenes a los capataces y a los inspectores:
«No volváis a proveerles de paja para fabricar adobes, como hacíais antes; que ellos vayan y se busquen la paja. Pero la cantidad de adobes que hacían antes se la seguiréis exigiendo sin disminuir nada. Son unos holgazanes y por eso andan gritando: "Vamos a ofrecer sacrificios a nuestro Dios." Imponedles un trabajo pesado y haced que lo cumplan, y no hagáis caso de sus mentiras.»
Los capataces y los inspectores dijeron al pueblo:
«Esto dice el Faraón: "No os proveeré ya de paja; id vosotros a buscarla donde la encontréis, pero no disminuirá en nada vuestra tarea."»
El pueblo se dispersó por todo el país de Egipto para buscar la paja. Los capataces los apremiaban: «Completad vuestro trabajo, la tarea de cada día, como cuando se os daba la paja.» y golpeaban a los inspectores israelitas que habían nombrado, diciéndoles: «¿Por qué no completáis hoy vuestra cantidad de adobes como antes?»
Entonces los inspectores israelitas fueron a reclamar al Faraón:
«¿Por qué tratas así a tus siervos? No nos dan paja y nos exigen que hagamos los mismos adobes, y tus siervos son los que se llevan los golpes.»
Contestó el Faraón:
«Holgazanes, eso es lo que sois, holgazanes. Por eso andáis diciendo: "Vamos a ofrecer sacrificios al Señor." y ahora id a trabajar, no se os dará paja y vosotros produciréis la misma cantidad de ladrillos.»
Los inspectores israelitas se vieron en un aprieto cuando les dijeron: «No disminuirá la cantidad de adobes diaria», y, encontrando a Moisés y a Aarón que los esperaban a la salida del palacio del Faraón, les dijeron:
«El Señor os examine y os juzgue: nos habéis hecho odiosos al Faraón y a su corte, le habéis puesto en la mano una espada para que nos mate.»
Moisés volvió al Señor y le dijo:
«Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Por qué me has enviado? Desde que me presenté al Faraón para hablar en tu nombre, el pueblo es maltratado y tú no has librado a tu pueblo.»
El Señor respondió a Moisés:
«Pronto verás lo que voy a hacer al Faraón: se verá forzado a dejarlos marchar, y aun él mismo los echará de su país.»
Responsorio Ex 5, 1. 3
R. Se presentó
Moisés al Faraón y le dijo: «Así dice el Señor: *
"Deja salir a mi pueblo, para que me celebre una fiesta en el
desierto."
V. El Dios de los hebreos me ha enviado
a ti con este mensaje:
R. "Deja salir a mi pueblo,
para que me celebre una fiesta en el desierto."»
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)
EN CRISTO FUIMOS TENTADOS, EN ÉL VENCIMOS AL DIABLO
Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica. ¿Quién dice esto? Parece que uno solo. Pero veamos si es uno solo: Te invoco desde los confines de la tierra con el corazón abatido. Por tanto, no se trata de uno solo, a no ser en el sentido de que Cristo, junto con nosotros, sus miembros, es uno solo. ¿Cómo puede uno solo invocar a Dios desde los confines de la tierra? Quien invoca desde los confines de la tierra es aquella herencia de la que se ha dicho al Hijo: Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra.
Por tanto, esta posesión de Cristo, esta herencia de Cristo, este cuerpo de Cristo, esta Iglesia única de Cristo, esta unidad que formamos nosotros es la que invoca al Señor desde los confines de la tierra. ¿Y qué es lo que pide? Lo que hemos dicho antes: Dios mío, escucha mi clamor, atiende a mi súplica; te invoco desde los confines de la tierra, esto es, desde todas partes.
¿Y cuál es el motivo de esta súplica? Porque tiene el corazón abatido. Quien así clama demuestra que está en todas las naciones de todo el mundo no con grande gloria, sino con graves tentaciones.
Nuestra vida, en efecto, mientras dura esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones; pues nuestro progreso se realiza por medio de la tentación y nadie puede conocerse a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede vencer si no ha luchado, ni puede luchar si carece de enemigo y de tentaciones.
Aquel que invoca desde los confines de la tierra está abatido, mas no queda abandonado. Pues quiso prefigurarnos a nosotros, su cuerpo, en su propio cuerpo, en el cual ha muerto ya y resucitado, y ha subido al cielo, para que los miembros confíen llegar también adonde los ha precedido su cabeza.
Así pues, nos transformó en sí mismo, cuando quiso ser tentado por Satanás. Acabamos de escuchar en el Evangelio cómo el Señor Jesucristo fue tentad0 por el diablo en el desierto. El Cristo total era tentado por el diablo, ya que en él eras tú tentado. Cristo, en efecto, tenía de ti la condición humana para sí mismo, de sí mismo la salvación para ti; tenía de ti la muerte para sí mismo, de sí mismo la vida para ti; tenía de ti ultrajes para sí mismo, de sí mismo honores para ti; consiguientemente, tenía de ti la tentación para sí mismo, de sí mismo la victoria para ti.
Si en él fuimos tentados, en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también a ti mismo victorioso en él. Hubiera podido impedir la acción tentadora del diablo; pero entonces tú, que estás sujeto a la tentación, no hubieras aprendido de él a vencerla.
Responsorio Jr 1, 19; 39, 18
R. Lucharán contra
ti, pero no podrán contigo; * porque yo estoy contigo
para librarte -oráculo del Señor-.
V. No caerás a
espada, salvarás tu vida porque confiaste en mí.
R. Porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del
Señor-.
Oración
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el camino de nuestra conversión: así conoceremos mejor y viviremos con mayor plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh sol de salvación, oh Jesucristo,
alumbra
lo más hondo de las almas,
en tanto que la noche retrocede
y el día sobre
el mundo se levanta.
Junto con este favorable tiempo
damos ríos
de lágrimas copiosas,
para lavar el corazón que, ardiendo
en jubilosa
caridad, se inmola.
La fuente que hasta ayer manó delitos
ha de
manar desde hoy perenne llanto,
si con la vara de la penitencia
el pecho
empedernido es castigado.
Ha se avecina el día, el día tuyo,
volverá
a florecer el universo;
compartamos su gozo los que fuimos
devueltos por
tu mano a tus senderos.
Oh Trinidad clemente, que te adoren
tierra
y cielo a tus pies arrodillados,
y que nosotros, por tu gracia
nuevos,
cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Toda mi vida te bendeciré, Señor, y alzaré las manos invocándote.
Salmo 62, 2-9
El ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por
Dios todo el
que rechaza las obras
de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está
sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada,
sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu
gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán
jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque
fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo:
mi alma
está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1: Toda mi vida te bendeciré, Señor, y alzaré las manos invocándote.
Ant. 2: Cantad y exaltad a Dios eternamente.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos
todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;.
aves del cielo, bendecid
al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Cantad y exaltad a Dios eternamente.
Ant. 3: El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.
Salmo 149
ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Los hijos de
la Iglesia, nuevo pueblo de Dios,
se alegran en su Rey, Cristo, el Señor.
(Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la
asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de
Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y
cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los
humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en
filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las
manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las
naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de
hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus
fieles.
Ant. 3: El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.
LECTURA BREVE Cf. Ne 8,9.10
Este día está consagrado al Señor vuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis. No estéis tristes: la alegría del Señor es vuestra fortaleza.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de
Dios vivo, ten piedad de nosotros. R. Cristo.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Fue llevado Jesús por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio; y, después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, sintió hambre.
PRECES
Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación; acudamos, pues, a nuestro Redentor que nos concede estos días de perdón, y, bendiciéndole, digamos: Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.
Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos, * concédenos andar hoy en vida nueva.
Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, * haz que también nosotros seamos solícitos del bien de todos los hombres.
Ayúdanos, Señor, a trabajar concordes en la edificación de nuestra ciudad terrena, * sin olvidar nunca tu reino eterno.
Tú, Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas, * sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos cada día en santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que la fuerza para no caer en la tentación nos viene de Dios, acudamos al Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el camino de nuestra conversión; así conoceremos mejor y viviremos con mayor plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia 1Ts 4,1.7
Hermanos, os rogamos y exhortamos en Jesús, el Señor, a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros -cosa que ya hacéis-, y a que hagáis nuevos progresos. Pues Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las
celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el
camino de nuestra conversión; así conoceremos mejor y viviremos con mayor
plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina.
Sexta Is 30,15.18
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Vuestra salvación está en convertiros y en tener calma; vuestra fuerza está en confiar y estar tranquilos.» El Señor espera para apiadarse, aguarda para compadecerse; porque el Señor es un Dios recto: dichosos los que esperan en él.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las
celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el
camino de nuestra conversión; así conoceremos mejor y viviremos con mayor
plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina.
Nona Dt 4,29-31
Buscarás al Señor, tu Dios, y, si lo buscas con todo el corazón y con toda el alma, lo encontrarás. Al cabo de los años, cuando te cerquen y alcancen todas estas maldiciones, te convertirás al Señor, tu Dios, y escucharás su voz; porque el Señor, tu Dios, es un Dios compasivo; no te dejará ni te destruirá, ni se olvidará de la alianza que con juramento ofreció a vuestros padres.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las
celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el
camino de nuestra conversión; así conoceremos mejor y viviremos con mayor
plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh bondadoso Creador, escucha
la voz de
nuestras súplicas y el llanto
que, mientras dura el sacrosanto ayuno
de
estos cuarenta días, derramamos.
A ti, que escrutas nuestros corazones
y que
conoces todas sus flaquezas,
nos dirigimos para suplicarte
la gracia
celestial de tu indulgencia.
Mucho ha sido, en verdad, lo que
pecamos,
pero estamos, al fin, arrepentidos,
y te pedimos, por tu excelso
nombre,
que nos cures los males que sufrimos.
Haz que, contigo y reconciliados,
podamos
dominar a nuestros cuerpos,
y, llenos de tu amor y de tu gracia,
no
pequen ya los corazones nuestros.
Oh Trinidad Santísima, concédenos,
oh
simplicísima Unidad, otórganos
que los efectos de la penitencia
de estos
días nos sean provechosos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Ant. 2: Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación.
Salmo 113 A
ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO;
LAS MARAVILLAS DEL
ÉXODO
Reconoced que
también vosotros,
los que renunciasteis al mundo,
habéis salido de Egipto.
(S. Agustín)
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo
balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes
saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.
¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas
atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que
saltáis como corderos?
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del
Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en
manantiales de agua.
Ant. 2: Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación.
Ant. 3: Ya veis que subimos a Jerusalén y todas las cosas que fueron escritas acerca del Hijo del hombre van a tener ya su cumplimiento.
Cántico 1Pe 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño
en su boca;
cuando le insultaban, no devolvía insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos
del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Ya veis que subimos a Jerusalén y todas las cosas que fueron escritas acerca del Hijo del hombre van a tener ya su cumplimiento.
LECTURA BREVE 1Co 9,24-25
Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno sólo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. R. Escúchanos.
V. Digno de
gloria y alabanzas por los siglos.
R. Y ten
piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria.
R. Escúchanos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Vela sobre nosotros, Salvador eterno; sé tú nuestro protector, que no nos sorprenda el tentador astuto.
PRECES
Demos gloria y alabanza a Dios Padre que, por medio de su Hijo, la Palabra encarnada, nos hace renacer de un germen incorruptible y eterno, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de tu pueblo.
Escucha, Dios de misericordia, la oración que te presentamos en favor de tu pueblo * y concede a tus fieles desear tu palabra más que el alimento del cuerpo.
Enséñanos a amar de verdad y sin discriminación a nuestros hermanos y a los hombres de todas las razas, * y a trabajar por su bien y por la concordia mutua.
Pon tus ojos en los catecúmenos que se preparan para el bautismo * y haz de ellos piedras vivas y templo espiritual en tu honor.
Tú que por la predicación de Jonás exhortaste a los ninivitas a la penitencia, * haz que tu palabra llame a los pecadores a la conversión.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los moribundos esperen confiadamente el encuentro con Cristo, su juez, * y gocen eternamente de tu presencia.
Unidos fraternalmente, dirijamos al Padre nuestra oración común: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor todopoderoso, que las celebraciones y las penitencias de esta Cuaresma nos ayuden a progresar en el camino de nuestra conversión; así conoceremos mejor y viviremos con mayor plenitud las riquezas inagotables del misterio de Cristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Este largo martirio de la vida,
la fe tan viva y la
esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y al
consuelo tan dormida;
esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar
tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no
halle entrada ni salida;
ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de
los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,
de que me han de librar esos tus brazos
para recibirme están
abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salmo 6
ORACIÓN DEL AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS
Ahora mi alma
está agitada...
Padre, líbrame de esta hora.
(Jn 12,
27)
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos
dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta
cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu
misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el
abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego
mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas
contradicciones.
Apartaos de mí los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis
sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi
oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan
al momento.
Ant. 1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Salmo 9 A
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
De nuevo
vendrá con gloria para
juzgar a vivos y muertos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus
maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, ¡oh
Altísimo!
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu
rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho
sentado en tu trono como juez
justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para
siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus
ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para
juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con
rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de
peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a
los que te buscan.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
II
Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;
narrad sus hazañas
a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda,
y no olvida los gritos de
los humildes.
Piedad, Señor;
mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame
del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de
tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido
en la fosa que hicieron,
su pie
quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer
justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a
Dios.
El no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde
perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los
gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos
que no son más que hombres.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
V. Convertíos y creed la Buena
Noticia.
R. Porque está cerca el reino de Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 7, 6-14; 8, 1-6
ISRAEL, EL PUEBLO ELEGIDO
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor os amó a vosotros y os eligió, no fue porque seáis el pueblo más numeroso, pues sois el pueblo más pequeño; sino sólo por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto.
Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos; pero castiga en su propia persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se .hace esperar de quien lo aborrece, en su misma persona le da su merecido. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que hoy te mando.
Si escuchas estos decretos y los mantienes poniéndolos por obra, también el Señor, tu Dios, te mantendrá la alianza y el favor que prometió a tus padres: Te amará, te bendecirá y te hará crecer. Bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tus tierras, tu trigo, tu mosto y tu aceite, las crías de tus reses y el parto de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres darte. Serás bendito entre todos los pueblos; no habrá entre los tuyos ni en tus ganados macho ni hembra estéril.
Poned por obra los preceptos que yo os mando hoy: así viviréis, os multiplicaréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor prometió con juramento a vuestros padres.
Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte y ponerte a prueba, y conocer así las intenciones de tu corazón: si guardabas o no sus preceptos. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni conocieron tus padres-, para enseñarte que no sólo se vive de pan, sino que se vive de cuanto sale de la boca de Dios. Tus vestidos no se han gastado ni se te han hinchado los pies durante estos cuarenta años; reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, te ha educado, como un padre educa a su hijo; para que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, sigas sus caminos y lo temas.»
Responsorio 1Jn 4, 10. 16; cf. Is 63, 8. 9
R. Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación
por nuestros pecados; * y nosotros hemos conocido el
amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
V.
El Señor fue nuestro salvador, con su amor y su clemencia nos rescató.
R. y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y
hemos creído en él.
Año II:
Del libro del Éxodo 6, 2-13
SEGUNDO RELATO DE LA VOCACIÓN DE MOISÉS
En aquellos días, dijo Dios a Moisés:
«Yo soy el Señor, yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob, como "Dios de las montañas", pero no les di a conocer mi nombre. Yo hice alianza con ellos, prometiéndoles la tierra de Canaán, tierra de sus andanzas (donde habían residido). Yo también escuché las quejas de los israelitas cuando los egipcios los esclavizaban, y me acordé de la alianza. Por tanto, di a los israelitas: "Yo soy el Señor: os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, os libraré de vuestra esclavitud, os redimiré con brazo extendido y haciendo justicia solemne. Os adoptaré como pueblo mío y seré vuestro Dios; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios, el que os saca de debajo de las cargas de los egipcios; os llevaré a la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, y os la daré en posesión: Yo, el Señor."»
Moisés comunicó esto a los israelitas, pero no le hicieron caso, porque estaban agobiados por el durísimo trabajo. El Señor dijo a Moisés:
«Ve al Faraón, rey de Egipto, y dile que deje salir de su tierra a los israelitas.»
Moisés habló en presencia del Señor:
«Si los israelitas no me escuchan, ¿cómo me escuchará el Faraón a mí, que soy tan torpe de palabra?" Pero el Señor habló a Moisés y a Aarón, dándoles órdenes para el Faraón, rey de Egipto, y para los israelitas, y mandándoles sacar de Egipto a los hijos de Israel.
Responsorio Cf. 1Pe 2, 9. 10; cf. Ex 6, 7. 6
R. Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio,
nación santa, pueblo adquirido por Dios; vosotros que en otro tiempo no erais
pueblo sois ahora pueblo de Dios. * Os adoptaré como
pueblo mío y seré vuestro Dios.
V. Yo soy el
Señor: os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, con brazo
extendido.
R. Os adoptaré como pueblo mío y seré
vuestro Dios.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 14, Sobre el amor a los pobres, 23-25: PG 35, 887-890 )
IMITEMOS LA BENIGNIDAD DE DIOS
Reconoce de dónde te viene la existencia, el aliento, la inteligencia y el saber, y, lo que es más aún, el conocimiento de Dios, la esperanza del reino de los cielos, la contemplación de la gloria (ahora, es verdad, como en un espejo y confusamente, pero después de un modo pleno y perfecto), el ser hijo de Dios, el ser coheredero de Cristo y, para decirlo con toda audacia, el haber sido incluso hecho dios. ¿De dónde y de quién te viene todo esto?
Y, para enumerar también estas cosas menos importantes y que están a la vista, ¿por gracia de quién contemplas la hermosura del cielo, el recorrido del sol, la órbita de la luna, la multitud de las estrellas y el orden y concierto que en todo esto brilla, como en las cuerdas de una lira? ¿Quién te ha dado la lluvia, el cultivo de los campos, la comida, las diversas artes, el lugar para habitar, las leyes, la vida social, una vida llevadera y civilizada, la amistad y la familiaridad con los que están unidos a ti por vínculos de parentesco?
¿De dónde te viene que,
entre los animales, unos te sean mansos y dóciles, y otros estén destinados a
servirte de alimento?
¿Quién te ha constituido amo y rey
de todo lo que hay sobre la tierra?
¿Quién, para no recordar una por una todas las cosas, te ha dado todo aquello que te hace superior a los demás seres animados?
¿No es verdad que todo esto procede de Dios, el cual te pide ahora, en justa retribución, tu benignidad, por encima de todo y en favor de todo? ¿Es que no nos avergonzaremos, después que de él hemos recibido y esperamos recibir tanto, de negarle incluso esto: la benignidad? Él, aun siendo Dios y Señor, no se avergüenza de llamarse Padre nuestro, y nosotros ¿nos cerraremos a los que son de nuestra misma condición?
No, hermanos y amigos míos, no seamos malos administradores de los bienes que Dios nos ha regalado, no nos hagamos acreedores a la reprensión de Pedro: Avergonzaos, los que retenéis lo ajeno, esforzaos en imitar la equidad de Dios, y así nadie será pobre.
No pongamos nuestro afán en reunir y conservar riquezas, mientras otros padecen necesidad, no sea que nos alcancen las duras y amenazadoras palabras del profeta Amós, cuando dice: Escuchad, los que decís: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»
Imitemos aquella suprema y primera ley de Dios, según la cual hace llover sobre justos y pecadores, y hace salir el sol igualmente para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a plena disposición de los animales terrestres, el aire a disposición de las aves, el agua a disposición de los animales acuáticos; y que ha dado a todos con abundancia lo que necesitan para subsistir, sin estar en esto sujetos al dominio de nadie, sin ninguna ley que ponga limitaciones, sin límites ni fronteras; sino que lo ha puesto todo en común, con amplitud y abundancia, sin que por ello falte nunca de nada. Y esto lo hizo para hacer resaltar, con la igualdad del don, la igual dignidad de toda la naturaleza y para manifestar las riquezas de su benignidad.
Responsorio Lc 6, 35; Mt 5, 45; Lc 6, 36
R. Amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin
esperar nada a cambio; así seréis hijos de vuestro Padre celestial, * que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover
sobre justos y pecadores.
V. Sed misericordiosos,
como es misericordioso vuestro Padre.
R. Que hace
salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos y pecadores.
Oración
Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y
cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de
las hojas del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil
de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo
precio que me habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos,
pero si
fugitivos de su dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a
veros,
clavadme vos a vos a vuestro leño
y tendréisme seguro con tres
clavos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Salmo 5, 2-10. 12-13
ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN JUSTO
PERSEGUIDO
«Por la
mañana escucharás mi voz» debe entenderse
de la resurrección de
Cristo.
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso
de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por
la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu
huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al
hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré
ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo
enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su
garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo
eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu
nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea
tu favor.
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Cántico
1Cro 29,10-13
SÓLO A DIOS EL HONOR Y LA GLORIA
Bendito sea
Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo. (Ef 1,
3)
Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los
siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el
esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú
eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres señor del
universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas
a todos.
Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu
nombre glorioso.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
Salmo 28
MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD
Vino una voz
del cielo que decía:
«Éste es mi Hijo, el amado
mi predilecto.» (Mt 3,
17)
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder
del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor
en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír
su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es
magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los
cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una
cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude
el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las
selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se
sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a
su pueblo con la paz.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
LECTURA BREVE Ex 19,4-6a
Vosotros habéis visto cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me
librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Venid, benditos de mi Padre, a tomar posesión del reino que está preparado para vosotros desde la creación del mundo.
PRECES
Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte nos ha abierto el camino de salvación, y digámosle confiados: Danos caminar por tus senderos, Señor.
Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva, * te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti.
Enséñanos, Señor, a ser hoy alegría para los que sufren * y haz que sepamos servirte en cada uno de los necesitados.
Que procuremos, Señor, hacer lo bueno, lo recto y lo verdadero ante ti * y que busquemos tu rostro con sinceridad de corazón.
Perdona, Señor, las faltas que hemos cometido contra la unidad de tu familia * y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijámonos a Dios con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 18 B
HIMNOS A DIOS, AUTOR DE LA LEY
Sed
perfectos, como vuestro Padre
celestial es perfecto. (Mt 5,
48)
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el
precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante;
los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la
norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos;
la voluntad del Señor e pura
y eternamente estable;
los
mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente, justos;
más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que
la miel
de un panal que destila.
Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién
conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta.
Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me
domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Salmo 7
ORACIÓN DEL JUSTO CALUMNIADO
Mirad que el Juez está a las puertas (St 5, 9)
Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y
sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin
remedio.
Señor, Dios mío: si soy culpable,
si hay crímenes en mis manos,
si he causado daño a mi amigo,
si he protegido a un opresor
injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo por
tierra,
apretando mi vientre contra el polvo.
Levántate, Señor, con tu ira,
álzate con furor contra mis
adversarios,
acude a defenderme ,
en el juicio que has convocado.
Que
te rodee la asamblea de las naciones,
y pon tu asiento en lo más alto de
ella.
El Señor es juez de los pueblos.
Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en
mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que
sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.
II
Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es
un juez justo,
Dios amenaza cada día:
si no se convierten, afilará su
espada,
tensará el arco y apuntará.
Apunta sus armas
mortíferas,
prepara sus flechas incendiarias.
Mirad: el enemigo concibió el crimen,
está preñado de
maldad,
y da a luz el engaño.
Cavó y ahondó una fosa,
caiga en la fosa
que hizo;
recaiga su maldad sobre su cabeza,
baje su violencia sobre su
cráneo.
Yo daré gracias al Señor por su justicia,
tañendo para el nombre
del Señor Altísimo.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Sb 11,24-25a
Señor, tú te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y
ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la
celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta Ez 18,23
«¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor- y no que se convierta de su conducta y que viva?»
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y
ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la
celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por Cristo, nuestro
Señor.
Nona Is 58,7
Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y
ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la
celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Ésta es la hora para el buen amigo,
llena
de intimidad y confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que siente el rey, siente el mendigo.
Hora en que el corazón encuentra
abrigo
para lograr alivio a su dolencia
y, al evocar la edad de la
inocencia,
logra en el llanto bálsamo y castigo.
Hora en que arrullas, Cristo, nuestra
vida
con tu amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos
convida.
Hora en que un ángel roza nuestra frente
y
en que el alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Salmo 10
El SEÑOR, ESPERANZA DEL JUSTO
Dichosos los
que tienen hambre y
sed de ser justos, porque ellos
quedarán saciados. (Mt
5, 6)
Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«Escapa como un pájaro al
monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la
cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los
cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»
Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono
en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los
hombres.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la
violencia, él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y
azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su
rostro.
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Rm 12,1-2
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo
dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Lo que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicisteis.
PRECES
Invoquemos al Señor Jesús, que nos ha salvado a nosotros, su pueblo, librándonos de nuestros pecados, y digámosle humildemente: Jesús, Hijo de David, compadécete de nosotros.
Te pedimos, Señor Jesús, por tu Iglesia santa, por la que te entregaste para consagrarla con el baño del agua y con la palabra: * purifícala y renuévala por la penitencia.
Maestro bueno, haz que los jóvenes descubran el camino que les preparas * y que respondan siempre con generosidad a tus llamadas.
Tú que te compadeciste de los enfermos que acudían a ti, levanta la esperanza de nuestros enfermos * y haz que imitemos tu gesto generoso y estemos siempre atentos al bien de los que sufren.
Haz, Señor, que recordemos siempre nuestra condición de hijos tuyos, recibida en el bautismo, * y que vivamos siempre para ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Da tu paz y el premio eterno a los difuntos * y reúnenos un día con ellos en tu reino.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro, y ayúdanos a progresar en el conocimiento de tu palabra, para que así la celebración de esta Cuaresma dé en nosotros fruto abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un
corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y, hallándola en la
cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
«Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento busco esos
cristales;
si te ofendí, protervo,
ya vuelvo arrepentido de mis
males;
y no me he de apartar de tu presencia
sin perdón, sin favores, sin
clemencia.
En esa cruz clavado,
arco de paz te hicieron tus
finezas,
y, pues enamorado
así encender pretendes las tibiezas,
que se
abrasen las mías hoy te ruego
con tu luz, con tu llama, con tu fuego.
El Dios de las venganzas
un tiempo los profetas te
llamaron,
mas ya mis esperanzas,
desde que hombre te hiciste,
mejoraron,
pues Dios de amor te miran en prisiones,
sin carcaj, sin
saetas, sin arpones.» Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor hará justicia a los pobres.
SALMO 9 B
CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Dichosos los
pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
(Lc 6,
20)
I
¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del
aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las
intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y
desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me
pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus
juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás
seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de
fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al
acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en
su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus
redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el
indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no
enterarse.»
Ant.1: El Señor hará justicia a los pobres.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
II
Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los
humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le
pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en
tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al
huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que
desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de
su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído
y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho
de tierra
no vuelva a sembrar su terror.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
Salmo 11
INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS
MENTIROSOS
Porque éramos
pobres,
el Padre nos ha mandado a su Hijo.
(San
Agustín)
Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la
lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan
con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua
orgullosa
de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios
nos defienden,
¿quién será nuestro amo?»
El Señor responde: «Por la opresión del humilde,
por el gemido
del pobre, yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía.»
Las palabras del Señor son palabras sinceras,
como plata limpia
de escoria,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa
gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre
humana.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
V. Ahora es el tiempo propicio.
R. Ahora es el día de la salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 9, 7-21. 25-29
PECADOS DEL PUEBLO E INTERCESIÓN DE MOISÉS
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Recuerda y no olvides que provocaste al Señor, tu Dios, en el desierto; desde el día que salisteis de Egipto hasta que llegasteis a este lugar, habéis sido rebeldes al Señor: en el Horeb provocasteis al Señor, y el Señor se irritó con vosotros y os quiso destruir.
Cuando yo subí al monte a recibir las losas de piedra, las tablas de la alianza que concertó el Señor con vosotros, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni- beber agua. Luego, el Señor me entregó las dos losas de piedra, escritas de la mano de Dios: en ellas estaban todas las palabras que os dijo el Señor en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea. Pasados los cuarenta días y cuarenta noches, me entregó el Señor las dos losas de piedra, las tablas de la alianza, y me dijo:
"Levántate, baja de aquí en seguida, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han apartado del camino que les marcaste: se han fundido un ídolo."
El Señor me añadió:
"He visto que este pueblo es un pueblo terco. Déjame destruidos y borrar su nombre bajo el cielo; de ti haré un pueblo más fuerte y numeroso que él."
Yo me puse a bajar de la montaña, mientras la montaña ardía; llevaba en las manos las dos tablas de la alianza. Miré, y era verdad: Habíais pecado contra el Señor, vuestro Dios, os habíais hecho un becerro de fundición. Pronto os apartasteis del camino que el Señor os había marcado. Entonces cogí las tablas, las arrojé con las dos manos y las estrellé ante vuestros ojos. Luego me postré ante el Señor cuarenta noches, como la vez anterior, sin comer pan ni beber agua, pidiendo perdón por el pecado que habíais cometido al hacer lo que parece mal al Señor hasta el punto de irritarlo; porque tenía miedo que la ira y la cólera del Señor contra vosotros os destruyese. También aquella vez me escuchó el Señor.
Con Aarón se irritó tanto el Señor, que quería destruirlo, y entonces tuve que interceder también por Aarón. Después tomé el objeto de pecado que os habíais fabricado, el becerro, y lo quemé; lo machaqué, lo trituré hasta pulverizarlo como ceniza y arrojé la ceniza en el torrente que baja de la montaña.
Me postré ante el Señor, estuve postrado cuarenta días y cuarenta noches, porque el Señor pensaba destruiros; oré al Señor diciendo:
"Señor mío, no destruyas a tu pueblo, la heredad que redimiste con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano fuerte. Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob, no te fijes en la terquedad de este pueblo, en su crimen y su pecado, no sea que digan en la tierra de donde nos sacaste: 'No pudo el Señor introducirlos en la tierra que les había prometido', o: 'Los sacó por odio, para matarlos en el desierto.' Son tu pueblo, la heredad que sacaste con tu mano poderosa y con tu brazo extendido."»
Responsorio Cf. Ex 32, 11. 12. 13. 14; 33, 17
R. Moisés suplicó al Señor, su Dios, diciendo: «¿Por
qué, Señor, se ha de encender tu ira contra tu pueblo? Abandona el ardor de tu
cólera; acuérdate de Abraham, Isaac y Jacob, a quienes juraste dar una tierra
que mana leche y miel.» * Y el Señor renunció a la
amenaza que había lanzado contra su pueblo.
V.
Dijo el Señor a Moisés: «Has hallado gracia ante mis ojos, pues te he conocido
más que a todos.»
R. y el Señor renunció a la
amenaza que había lanzado contra su pueblo.
Año II:
Del libro del Éxodo 6, 29-7, 25
El Señor dijo a Moisés:
«Yo soy el Señor. Repite al Faraón de Egipto todo lo que te digo.»
Y Moisés respondió al Señor:
«Soy torpe de palabra, ¿cómo me va a hacer caso el Faraón?»
Respondió el Señor:
«Mira, te hago ser como un dios para el Faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta. Tú dirás todo lo que yo te mande, y Aarón se lo dirá al Faraón, para que deje salir a los hijos de Israel. Yo endureceré el corazón del Faraón y haré muchos signos y prodigios contra Egipto. El Faraón no os escuchará, pero yo extenderé mi mano contra Egipto y sacaré de Egipto a mis legiones, a mi pueblo, los hijos de Israel, haciendo solemne justicia, para que los egipcios sepan que yo soy el Señor, cuando extienda mi mano contra Egipto y saque a los israelitas de en medio de ellos.»
Moisés y Aarón hicieron puntualmente lo que el Señor les mandaba. Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando hablaron al Faraón. El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
«Cuando os diga el Faraón: "Haced algún prodigio", dile a Aarón: "Coge tu cayado y tíralo delante del Faraón", y el cayado se convertirá en una serpiente.»
Moisés y Aarón se presentaron al Faraón e hicieron lo que el Señor les había mandado. Aarón tiró su cayado delante del Faraón, y el cayado se convirtió en una serpiente. El Faraón llamó a sus sabios y a sus hechiceros, y los magos de .Egipto hicieron lo mismo con sus I encantamientos: cada uno tiró su bastón, y los bastones se convirtieron en serpientes, pero el bastón de Aarón devoró a los otros bastones. Mas el corazón del Faraón se endureció y, como había anunciado el Señor, no les hizo caso. El Señor dijo a Moisés:
«El Faraón se ha obstinado y se niega a dejar marchar al pueblo. Acude mañana al Faraón, cuando salga al río, y espérale a la orilla del Nilo, llevando contigo el bastón que se convirtió en serpiente. Y dile: "El Señor Dios de los hebreos me ha enviado a ti con este mensaje: 'Deja salir a mi pueblo para que me rinda culto en el desierto.' Hasta ahora no me has hecho caso.
Así dice el Señor: 'Con el bastón que llevo en la mano golpearé el agua del Nilo y se convertirá en sangre; los peces del Nilo morirán y el río apestará y los egipcios no podrán beber agua del Nilo."'»
El Señor dijo a Moisés:
«Dile a Aarón: "Coge tu bastón, extiende la mano sobre las aguas de Egipto, ríos, canales, estanques y aljibes", y el agua se convertirá en sangre. Y habrá sangre por todo Egipto, en las vasijas de madera y en las de piedra.» Moisés y Aarón hicieron lo que el Señor les mandaba. Levantó el bastón y golpeó el agua del Nilo a la vista del Faraón y de su corte. Toda el agua del Nilo se convirtió en sangre. Los peces del Nilo murieron, el Nilo se pudría y los egipcios no podían beber el agua del Nilo; y hubo sangre por todo el país de Egipto. Los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos, de modo que el Faraón se empeñó en no hacerles caso -como lo había anunciado el Señor-. El Faraón se volvió a palacio, pero no aprendió la lección. Los egipcios cavaban a los lados del Nilo buscando agua de beber, pues no podían beber el agua del Nilo. Y pasaron siete días después que el Señor hirió el Nilo.
Responsorio Ap 16, 4-5. 6. 7
R. El ángel derramó su copa sobre los ríos y se
convirtieron en sangre, y oí al ángel, que decía: «Justo eres tú, Señor, el que
es y el que era, el santo, por haber hecho así justicia: * pues han derramado la sangre de santos y
profetas.»
V. Y oí la voz de otro ángel, que decía
desde el altar: «Así es, Señor, Dios todopoderoso, verdaderos y justos son tus
juicios.»
R. Pues han derramado la sangre de
santos y profetas.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la oración del Señor
(Cap. 1-3: CSEL 3, 267-268)
QUIEN NOS DIO LA VIDA NOS ENSEÑÓ TAMBIÉN A ORAR
Los preceptos evangélicos, hermanos muy amados, no son sino enseñanzas divinas, fundamentos para edificar la esperanza, medios para consolidar la fe, alimento para inflamar el corazón, guía para indicar el camino, amparo para obtener la salvación; ellos, instruyendo las mentes dóciles de los creyentes en la tierra, los conducen a la vida eterna.
Ya por los profetas, sus siervos, Dios quiso hablar y hacerse oír de muchas maneras; pero mucho más es lo que nos dice el Hijo, lo que la Palabra de Dios, que estuvo en los profetas, atestigua ahora con su propia voz, pues ya no manda preparar el camino para el que ha de venir, sino que viene él mismo, nos abre y muestra el camino, a fin de que, los que antes errábamos ciegos y a tientas en las tinieblas de la muerte, iluminados ahora por la luz de la gracia, sigamos la senda de la vida, bajo la tutela y dirección de Dios.
A más de otras enseñanzas y preceptos divinos, con los cuales encaminó a su pueblo a la salvación, Cristo nos enseñó también la forma de orar, él mismo nos inculcó y enseñó las cosas que hemos de pedir. Quien nos dio la vida nos enseñó también a orar, con aquella misma benignidad con que se dignó dar y conferir los demás dones, para que, al hablar ante el Padre con la misma oración que el Hijo enseñó, más fácilmente seamos escuchados.
El Señor había ya predicho que se acercaba la hora en que los verdaderos adoradores adorarían al Padre en espíritu y en verdad; y cumplió lo que antes había prometido, de manera que nosotros, que por su santificación hemos recibido el espíritu y la verdad, también por su enseñanza podamos adorar en verdad y en espíritu.
¿Pues qué otra oración en espíritu puede haber fuera de la que nos fue dada por Cristo, el mismo que nos envió el Espíritu Santo? ¿Qué otra plegaria puede haber que sea en verdad ante el Padre, sino la pronunciada por boca del Hijo, que es la misma verdad? Hasta tal punto, que orar de manera distinta de la que él nos enseñó no sólo es ignorancia, sino también culpa, ya que él mismo dijo: Anuláis el mandamiento de Dios por seguir vuestras tradiciones.
Oremos, pues, hermanos muy amados, tal como Dios, nuestro maestro, nos enseñó. A Dios le resulta familiar y aceptable la oración, cuando oramos con la que es suya, cuando llega a sus oídos la oración del mismo Cristo.
Reconozca el Padre las palabras del Hijo, cuando hacemos oración; el mismo que habita en nuestro interior esté también en nuestra voz y, puesto que es abogado de nuestros pecados ante el Padre, pronunciemos las palabras de este abogado nuestro cuando nosotros, pecadores, pidamos por nuestros delitos.
Pues, si dice que cuanto pidamos al Padre en su nombre nos lo concederá, ¿con cuánta mayor eficacia no obtendremos lo que pedimos en el nombre de Cristo, si lo pedimos con su propia oración?
Responsorio Jn 16, 24; 14, 13
R. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será
completa.
V. Cuanto pidáis en mi nombre yo lo
concederé, para que el Padre sea glorificado en él Hijo.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa.
Oración
Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Edificaste una torre
para tu huerta
florida;
un lagar para tu vino
y, para el vino, una viña.
Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena
bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.
Edificaste una torre,
Señor, para tu
guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un
blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas.
Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo
de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu
herida
te dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.
¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu
silencio y grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pisa,
y
que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Cántico
Tb 13, 1-10
ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA
Bendito sea
Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran
misericordia
nos ha hecho nacer de nuevo
para una esperanza viva. (1Pe
1,3)
Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por
los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de
él,
y no hay quien escape de su mano.
Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos
dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzado ante todos los
vivientes,
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los
siglos.
Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de
nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis
dispersados.
Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo
sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su
rostro.
Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca
llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los
siglos.
Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su
poder
a un pueblo pecador.
Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su
presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su
grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
Salmo 32
HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS
Por la
Palabra empezaron a existir
todas las cosas. (Jn 1, 3)
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los
buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de
diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con
aclamaciones;
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son
leales,
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la
tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus
ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el
océano.
Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes
del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los
proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los
proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se
escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los
hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la
tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.
No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por
su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran
ejército se salva.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que
esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y
reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y
escudo,
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre
confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
LECTURA BREVE Jl 2,12-13
Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.
PRECES
Bendigamos a Cristo, pan vivo bajado del cielo, y digámosle: Cristo, pan de las almas y salvación de los hombres, fortalece nuestra debilidad.
Señor, sacia nuestra hambre en el banquete de tu eucaristía * y danos participar plenamente de los bienes de tu sacrificio pascual.
Concédenos, Maestro bueno, escuchar tu palabra con corazón noble * y haz que perseveremos hasta dar fruto.
Que con nuestro trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo, * para que así, por la acción de tu Iglesia, reine en él la paz.
Reconocemos, Señor, que hemos pecado; * perdona nuestras faltas por tu gran misericordia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 1-8
HIMNO A LA REVELACIÓN DE LA LEY
El amor de
Dios consiste en
guardar sus mandamientos.
(1Jn 5,
3)
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del
Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo
corazón;
el que, sin cometer iniquidad,
anda por sus senderos.
Tú promulgas tus decretos
para que se observen
exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus
consignas;
entonces no sentiré vergüenza
al mirar tus mandatos.
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos
mandamientos.
Quiero guardar tus leyes exactamente,
tú no me
abandones.
Salmo 12
SÚPLICA DEL JUSTO EN SUS DIFICULTADES
COTIDIANAS
El Dios de la
esperanza os colme
de todo gozo. (Rm 15, 13)
¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome?
Hasta cuándo me
esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar preocupado,
con el corazón
apenado todo el día?
¿Hasta cuándo va a triunfar mí enemigo?
Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: «Lo he
vencido»,
ni se alegre, mi adversario de mi fracaso.
Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu
auxilio,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Salmo 13
CORRUPCIÓN Y NECEDAD DEL IMPÍO
Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. (Rm 5, 20)
Dice el necio para sí:
«No hay Dios.»
Se han corrompido,
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
El Señor observa desde el cielo
a los hijos de Adán,
para ver
si hay alguno sensato
que busque a Dios.
Todos se extravían ,
igualmente obstinados,
no hay uno que
obre bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto,
porque Dios está con los
justos.
Podéis burlaros de los planes del desvalido,
pero el Señor es su
refugio.
¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel!
Cuando el Señor
cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Jl 2,17
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen las naciones.»
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de
purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de
las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de
poseerte. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 3,25b
Pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde la juventud hasta el día de hoy, y no escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de
purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de
las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de
poseerte. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Is 58,1-2a
Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran afán de saber mis caminos, como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no hubiesen abandonado los preceptos de Dios.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de
purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de
las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de
poseerte. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
No me pesa, Señor, haber faltado
por el
eterno mal que he merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como
pena a mi pecado.
Pésame haber tus voces despreciado
y tus
justos mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón,
Señor, por mí llagado.
Llorar quiero mis culpas humillado,
y
buscar a mis males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.
Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote
cual siempre me has amado
viviendo contigo arrepentido. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Salmo 19
ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY
Cuantos
invoquen el nombre del
Señor se salvarán. (Hch 2, 21)
Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el
nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te
apoye desde el monte Sión;
Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus
sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus
planes.
Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios
alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.
Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que
lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano
victoriosa.
Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros
invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.
Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en
pie.
Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te
invocamos.
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Salmo 20, 2-8. 14
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL
REY
El Señor
resucitado recibió la vida,
años que se prolongan sin término.
(S.
Ireneo)
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu
victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que
pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su
cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años
que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y
majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu
presencia:
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo
no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos
cantaremos tu poder.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE St 2,14.17.18bHermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo
dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y ora a tu Padre.
PRECES
A Cristo, el Señor, que nos mandó velar y orar a fin de no sucumbir en la tentación, digámosle confiadamente: Señor, escucha y ten piedad.
Señor, tú que prometiste estar presente cuando tus discípulos se reúnen en tu nombre para orar, * haz que oremos siempre unidos a ti en el Espíritu Santo, a fin de que tu reino llegue a todos los hombres.
Purifica de todo pecado a la Iglesia penitente * y haz que viva siempre en la esperanza y el gozo del Espíritu Santo.
Amigo del hombre, haz que estemos siempre atentos, como tú nos mandaste, al bien del prójimo, * para que la luz de tu amor brille a través de nosotros ante todos los hombres.
Rey pacífico, haz que tu paz reine en el mundo * y que nosotros trabajemos sin cesar para conseguirla.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has muerto para que nosotros tengamos vida, * da la vida eterna a los que han muerto.
Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira con amor a tu pueblo, que trata de purificar su espíritu en estos días cuaresmales con la moderación en el uso de las cosas terrenas, y haz que esta sobriedad alimente en él el deseo de poseerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin
fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y
yo lo impido.
Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo,
triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en
él metido.
Tan obstinado estoy en mi porfía,
que el temor de perderme y
de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.
Tu poder y bondad truequen mi suerte:
que en otros veo
enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Salmo 17, 2-30
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)
I
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi
alcázar, mi libertador.
Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,
mi fuerza
salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de
mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me
aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de
la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su
templo él escuchó mi voz
y mi grito llegó a sus oídos.
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
II
Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de
los montes,
sacudidos por su cólera;
de su rostro se alzaba una
humareda,
de su boca un fuego voraz,
y lanzaba carbones
ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus
pies;
volaba sobre un querubín
cerniéndose sobre las alas del
viento,
envuelto en un manto de oscuridad:
como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes
espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y
centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su
voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los
enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del
orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,
al soplo de tu
ira.
Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,
me sacó de las aguas
caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes
que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me
sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
III
El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis
manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi
Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus
preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor
retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres
íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres
sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos
soberbios.
Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis
tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega;
fiado en mi Dios, asalto
la muralla.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
V. Convertíos y haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 10, 12 -- 11, 9.26-28
ELEGID AL SEÑOR COMO ÚNICO DIOS
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Y ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien. Cierto: del Señor, tu Dios, son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y cuanto hay en ella; con todo, sólo con vuestros padres se ligó con alianza de amor, y escogió a su descendencia, a vosotros mismos, de entre todos los pueblos, como sucede hoy.
Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz; que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, fuerte y terrible, no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a I la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido. Amad, pues, al forastero, porque forasteros fuisteis también vosotros en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, lo servirás, vivirás unido a él y jurarás en su nombre. Él será tu alabanza, él será tu Dios, pues él hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.
Amarás, pues, al Señor, tu Dios, guardarás sus consignas, sus decretos y preceptos, mientras te dure la vida.
Atended, pues, hoy a lo que os digo. Me estoy dirigiendo a vosotros, no a vuestros hijos que no han conocido ni han visto las lecciones del Señor, vuestro Dios, su grandeza y la fuerza de su brazo extendido, los portentos y hazañas que realizó en medio de Egipto contra el Faraón y toda su tierra; lo que hizo con el ejército egipcio, con sus carros y caballos, que sepultó bajo las aguas del mar Rojo cuando os perseguían, y cómo los aniquiló hasta el día de hoy; todo cuanto hizo por vosotros en el desierto, hasta que llegasteis a este lugar; lo que hizo con Datán y Abirón, hijos de Eliab, descendiente de Rubén, cuando la tierra abrió sus fauces y se los tragó con sus familias, sus tiendas y todo lo que tenían. Me estoy dirigiendo a vosotros, que habéis visto con vuestros propios ojos las grandes hazañas que llevó a cabo el Señor.
Guardad fielmente los preceptos que yo os prescribo hoy: así seréis fuertes, entraréis y tomaréis posesión de la tierra que vais a pasar a ocupar; prolongaréis vuestros años sobre la tierra que el Señor, vuestro Dios, prometió dar a vuestros padres y a su descendencia: una tierra. que mana leche y miel.
Mirad, hoy pongo ante vosotros bendición y maldición: la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido.»
Responsorio 1Jn 4, 19; 5, 3; 2, 5
R. Amemos a Dios, porque él nos amó primero. En esto
consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos; * y sus mandamientos no son pesados.
V. Quien guarda su palabra posee el perfecto amor de
Dios.
R. Y sus mandamientos no son
pesados.
Año II:
Del libro del Éxodo 10, 21 -- 11, 10
PLAGA DE LAS TINIEBLAS Y ANUNCIO DE LA MUERTE DE LOS PRIMOGÉNITOS
El Señor dijo a Moisés:
«Extiende tu mano hacia el cielo, y se extenderá sobre el país de Egipto una oscuridad palpable.»
Moisés extendió la mano hacia el cielo, y una densa oscuridad cubrió el país de Egipto durante tres días. No se veían los egipcios unos a otros, ni se movieron de su sitio durante tres días, mientras que todos los hijos de Israel tenían luz en sus poblados. El Faraón llamó a Moisés y le dijo:
«Id a ofrecer culto al Señor. También los niños pueden ir con vosotros, pero dejad las ovejas y las vacas.»
Respondió Moisés:
«Tienes que dejamos llevar víctimas para los sacrificios que hemos de ofrecer al Señor, nuestro Dios. También el ganado tiene que venir con nosotros, sin quedar ni una res, pues de ello tenemos que ofrecer al Señor, nuestro Dios, y no sabemos qué hemos de ofrecer al Señor hasta que lleguemos allá.» Pero el Señor permitió que el Faraón se empeñara en no dejarlos marchar. El Faraón, pues, le dijo:
«Sal de mi presencia, y cuidado con volver a presentarte. Si te vuelvo a ver, morirás inmediatamente.»
Respondió Moisés:
«Tú lo has dicho: no volveré a ver tu rostro. Pues esto dice el Señor: "A media noche pasaré yo a través de Egipto: morirán todos los primogénitos de Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono, hasta el primogénito de la sierva que atiende al molino, y todos los primogénitos del ganado. Y se oirá un gran clamor por todo Egipto como nunca lo ha habido ni lo habrá. Mientras que a los hijos de Israel ni un perro les ladrará, ni a los hombres ni a las bestias; para que sepáis que el Señor distingue entre Egipto e Israel." Entonces todos estos ministros tuyos acudirán a mí y, postrados ante mí, me pedirán: "Sal con el pueblo que te sigue." Y yo entonces saldré.» .
Y, lleno de ira, salió Moisés de la presencia del Faraón. El Señor había dicho a Moisés:
«El Faraón no os hará caso, y así se multiplicarán mis prodigios en Egipto.»
Moisés y Aarón habían hecho toda clase de prodigios en presencia del Faraón, pero el Señor permitió que el Faraón se empeñara en no dejar salir a los israelitas de su tierra. El Señor había dicho a Moisés:
«Todavía tengo que enviar
una plaga al Faraón y a su país. Después os dejará marchar de aquí, es decir, él
mismo os apremiará a salir. Habla a todo el pueblo: "Que cada hombre pida a su
vecino y cada mujer a su vecina utensilios de oro y
plata."»
El Señor hizo que el pueblo se ganase el favor de
los egipcios; y también Moisés era muy estimado en Egipto por los ministros del
Faraón y por el pueblo.
Responsorio Sb 18, 4; 17, 20; 18, 1
R. Bien merecían verse privados de luz los que tuvieron
encerrados en prisión a tus hijos, * los cuales
habían de dar al mundo la luz imperecedera de la ley.
V. Sobre los egipcios se extendía una espesa noche,
mientras tus santos disfrutaban de espléndida luz.
R. Los cuales habían de dar al mundo la luz imperecedera de
la ley.
SEGUNDA LECTURA
De las Demostraciones de Afraates, obispo
(Demostración 11, Sobre la circuncisión, 11-12: PS 1, 498-503)
LA CIRCUNCISIÓN DEL CORAZÓN
La ley y la alianza antiguas fueron totalmente cambiadas. Primeramente, el pacto con Adán fue sustituido por el de Noé; más tarde, el concertado con Abraham fue reformado por el de Moisés. Mas como la alianza mosaica no fue observada, al llegar la plenitud de los tiempos vino la nueva alianza, ésta ya definitiva. En efecto, el pacto con Adán se basaba en el mandato de no comer del árbol de la vida; el de Noé en el arco iris; el de Abraham, elegido por su fe, en la circuncisión, como sello característico de su descendencia; el de Moisés en el cordero pascual, propiciación para el pueblo.
Todas estas alianzas eran diversas entre sí. Ahora bien, la circuncisión grata a los ojos de aquel de quien procedían todas estas alianzas es la que dice Jeremías: Circuncidad el prepucio de vuestros corazones. Pues si el pacto concertado por Dios con Abraham fue firme, también éste es firme e inmutable, y ninguna ley se le puede añadir, ya venga de los que están fuera de la ley, ya de los que están sometidos a la ley.
Dios, en efecto, dio a Moisés la ley con todas sus observancias y preceptos, mas, como ellos no la observaron, anuló la ley y sus preceptos; prometió que había de establecer una nueva alianza, la cual afirmó que sería distinta de la primera, por más que él mismo sea el autor de ambas. Y ésta es la alianza que prometió darnos: Todos me conocerán, desde el pequeño al grande. Y en esta alianza ya no existe la circuncisión carnal como signo de pertenencia a su pueblo.
Sabemos con certeza, queridos hermanos, que Dios impuso, en las diversas generaciones, unas leyes, que estuvieron en vigor hasta que él quiso y que más tarde quedaron anuladas, tal como dice el Apóstol, a saber, que el reino de Dios subsistió antiguamente en multitud de semejanzas, según las diversas épocas.
Ahora bien, nuestro Dios es veraz y sus preceptos son fidelísimos; por esto cada una de las alianzas fue en su tiempo firme y verdadera, y los circuncisos de corazón viven y son de nuevo circuncidados en el verdadero Jordán, que es el bautismo para el perdón de los pecados. Jesús, hijo de Nun, o sea Josué, circuncidó al pueblo por segunda vez con un cuchillo de piedra, cuando él y su pueblo atravesaron el Jordán; Jesús, nuestro salvador, circuncida por segunda vez, con la circuncisión del corazón, a todos los que creen en él y reciben el baño bautismal, los cuales son circuncidados con la espada, que es la palabra de Dios, más tajante que espada de dos filos.
Jesús, hijo de Nun, introdujo al pueblo en la tierra prometida; Jesús, nuestro salvador, ha prometido la tierra de la vida a todos los que atraviesen el verdadero Jordán, crean y sean circuncidados en su corazón.
Dichosos, pues, los que han sido circuncidados en el corazón y han renacido de las aguas de la segunda circuncisión; éstos recibirán la herencia junto con Abraham, guía fidedigno y padre de todos, ya que su fe le fue reputada como justicia.
Responsorio Hb 8, 8. 10; d. 2Co 3, 3
R. Yo concertaré una nueva alianza con la casa de
Israel, imprimiendo mi ley en sus mentes. * La
escribiré en sus corazones, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios
vivo.
V. Les daré mi ley, no en tablas de piedra.
sino en tablas que son sus corazones de carne.
R.
La escribiré en sus corazones, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios
vivo.
Oración
Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre mis labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba
pensando en confesar sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de
haberte abandonado;
cuando pobre volvime a ti humillado,
me
ofrecí como inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los
ojos, me sentí abrazado.
Sentí mis labios por tu amor sellados
y
ahogarse entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.
Llenose el alma en luces matutinas,
y,
viendo ya mis males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Salmo 35
DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS
El que me
sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8,
12)
El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia.»
Porque se hace la
ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.
Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser
sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal
camino,
no rechaza la maldad.
Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las
nubes,
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como
el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu
misericordia, oh Dios!
los humanos se acogen a la sombra de tus
alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del
torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos
hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia
con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no
me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden
levantar.
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Ant. 2: Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.
Cántico
Jdt 16, 2-3. 15-19
HIMNO A DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU
PUEBLO
Cantaban un cántico nuevo. (Ap 5, 9)
¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con
cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e
invocad su nombre!
Porque el Señor
es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.
Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y
glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.
Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste, y
existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu
voz.
Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu
presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus
fieles.
Ant. 2: Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
Salmo 46
ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL
Está sentado
a la derecha del Padre
y su reino no tendrá fin.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de
júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la
tierra.
Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones,
él
nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de
trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey,
tocad.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios
reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo de Dios
de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es
excelso.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
LECTURA BREVE Dt 7,6.8-9
El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del
cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me
librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Esta raza es una raza perversa: pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás.
PRECES
Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas, y digámosle: Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo.
Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo, * para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén.
Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu * y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal.
Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia * y a poner nuestro corazón en los bienes eternos.
Líbranos del mal * y presérvanos de la fascinación de la vanidad que oscurece la mente y oculta el bien.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos al Padre, unidos a Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 9-16
¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus
palabras.
Te busco, de todo corazón,
no consientas
que me desvíe de
tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré
contra ti.
Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van
enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus
preceptos,
más que todas las riquezas.
Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es
mi delicia,
no olvidaré tus palabras.
Salmo 16
DIOS, ESPERANZA DEL INOCENTE PERSEGUIDO
En los días
de su vida mortal
presentó oraciones y súplicas
y fue escuchado. (Hb 5,
7)
Señor, escucha mí apelación,
atiende a mis clamores,
presta
oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la
sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me
pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres;
según tus
mandatos yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron
firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y
escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que
salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas
escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me
cerca.
II
Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca arrogante;
ya me
rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
como un león ávido de
presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.
Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que tu espada me
libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este
mundo: sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se
saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me
saciaré de tu semblante.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ez 18,30b-32
«Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpretado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues yo no me complazco en la muerte de nadie -oráculo del Señor-. ¡Arrepentíos y viviréis!»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón
puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu firme.
Oremos:
Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor
desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por
dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por
Cristo nuestro Señor.
Sexta Za 1,3b-4b
Así dice el Señor de los ejércitos: «Convertíos a mí, y yo me convertiré a vosotros. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: "Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta, de vuestras malas obras."»
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor
desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por
dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por
Cristo nuestro Señor.
Nona Dn 4,24b
Rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga.
V.
Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor
desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por
dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por
Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la
frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que
tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.
Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre hermosa
de esos divinos
regalados ojos
es condenarme a noche tenebrosa;
y esa noche es horrible,
es espantosa
para el que gime ante tus pies de hinojos.
Dame licencia ya, Padre adorado,
para mirarte y moderar mi
miedo;
mas no te muestres de esplendor cercado;
muéstrate, Padre mío, en
cruz clavado,
porque sólo en la cruz mirarte puedo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Salmo 26
CONFIANZA ANTE EL PELIGRO
Si Dios está
con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?,
¿quién podrá apartarnos
del amor de Cristo? (Rm 8, 31. 35)
I
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor
es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla
si
me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del
Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me
esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en
su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para
el Señor.
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Algunos,
poniéndose de pie,
daban testimonio contra Jesús.
(Mc 14,
57)
II
Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré,
Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no
me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque
tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan
contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE Flp 2,12b-15a
Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. HacedIo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo
dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra.
PRECES
Alabemos a Dios todopoderoso y providente, que conoce todas nuestras necesidades, pero quiere ante todo que busquemos su reino; supliquémosle, pues, diciendo: Venga, Señor, tu reino y su justicia.
Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores * ni falte a los pastores la obediencia de sus rebaños.
Mueve a los cristianos para que con amor fraternal se interesen por los enfermos * y que en ellos socorran a tu Hijo.
Haz que entren a formar parte de tu Iglesia los que aún no creen en el Evangelio, * y que, con sus buenas obras, la hagan crecer en el amor.
A nosotros, pecadores, concédenos tu perdón * y la reconciliación con tu Iglesia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
A los que murieron concédeles resucitar a la vida eterna * y morar eternamente contigo.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira complacido a tu pueblo, que con fervor desea entregarse a una vida santa, y, ya que con sus privaciones se esfuerza por dominar el cuerpo, que la práctica de las buenas obras transforme su alma. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me
reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios
piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia
de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo
que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17, 31-51
EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR
Si Dios está
con nosotros,
¿quién estará contra nosotros?
(Rm 8,
31)
IV
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del
Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro
Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
él me da pies de ciervo
y me coloca en las alturas;
él
adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la
ballesta.
Ant.1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me
sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis
pasos
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo;
y no me volvía sin
haberlo aniquilado:
los derroté y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis
pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me
resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis
adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero
no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los
pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de
naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me
obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus
baluartes.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
VI
Viva el Señor, bendita sea mi roca,
sea ensalzado mi Dios y
Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los
pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que
resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en
honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia
de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
V. El que medita la
ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 12, 1-14
LA LEY DEL ÚNICO TEMPLO
En aquellos días, Moisés dijo al pueblo estas palabras:
«Éstos son los mandatos y preceptos que pondréis por obra en la tierra que el Señor, Dios de tus padres, va a darte en posesión mientras dure vuestra vida sobre la tierra.
Destruirás todos los santuarios donde esos pueblos, que vosotros vais a desposeer, daban culto a sus dioses, en lo alto de los montes, sobre las colinas, bajo cualquier árbol frondoso; demoleréis sus altares, destrozaréis sus estelas, quemaréis sus cipos, derribaréis las imágenes de sus dioses y extirparéis sus nombres de aquel lugar.
No los imitarás al dar culto al Señor, vuestro Dios. Vosotros iréis a visitar la morada del Señor, el lugar que el Señor, vuestro Dios, se elija en una de tus tribus, para poner allí su nombre. Allí ofreceréis vuestros holocausto s y sacrificios: los diezmos y ofertas, votos y ofrendas voluntarias y los primogénitos de vuestras reses y ovejas. Allí comeréis tú y tu familia, en la presencia del Señor, vuestro Dios, y festejaréis todas las empresas que el Señor, tu Dios, haya bendecido.
No haréis entonces lo que nosotros hacemos hoy aquí: cada uno lo que bien le parece, porque no habéis alcanzado todavía vuestro reposo, la heredad que va a darte el Señor, tu Dios. Cuando crucéis el Jordán, y habitéis la tierra que el Señor, vuestro Dios, va a repartiros en heredad, y ponga fin a las hostilidades con los enemigos que os rodean, y viváis tranquilos, llevaréis al lugar que se elija el Señor, vuestro Dios, para morada de su nombre todo lo que os tengo ordenado: vuestros holocaustos, sacrificios, diezmos, ofrendas y lo mejor de vuestros votos que hayáis hecho al Señor, y haréis fiesta en presencia del Señor, vuestro Dios, vosotros, vuestros hijos e hijas, vuestros siervos y siervas, y el levita que vive en tu vecindad y no le tocó nada en el reparto de vuestra herencia.
¡Cuidado! No ofrecerás sacrificios en cualquier santuario que veas, sino sólo en el lugar que el Señor se elija en una de tus tribus: allí ofrecerás tus holocaustos y allí harás lo que te tengo ordenado.»
Responsorio 2R 21, 7-8; 2Co 6, 16
R. En este templo
pondré mi nombre para siempre; ya no dejaré que Israel ande errante, * a condición de que pongan por obra cuanto les
mandé.
V. Nosotros somos templo del Dios vivo,
como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.»
R. A condición de que pongan por obra cuanto les
mandé.
Año II:
Del libro del Éxodo 12, 1-20
LA PASCUA Y LOS ÁZIMOS
Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será para vosotros el' comienzo de los meses, será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel:
"El diez de este mes cada uno se procurará una res menor para su familia, una por cada casa. Si la familia es demasiado pequeña para comerla, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarla. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo inmolará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo vayáis a comer. Esa noche comeréis la carne asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. No comeréis de ella nada crudo ni cocido en agua, sino asado a fuego, con cabeza, patas e intestinos. No dejaréis restos para la mañana siguiente, y, si sobra algo, lo quemaréis.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies y un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua del Señor.
Esa noche atravesaré todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, tanto de hombres como de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo y no os tocará la plaga exterminadora cuando yo pase hiriendo a Egipto.
Este día será para vosotros memorable, lo celebraréis como fiesta en honor del Señor; será ésta una ley perpetua para todas las generaciones.
Durante siete días comeréis panes ázimos; el día primero haréis desaparecer de vuestras casas toda levadura, y todo el que coma pan fermentado, durante esos días, será excluido de Israel. El día primero os reuniréis en asamblea litúrgica y lo mismo el día séptimo: no trabajaréis en ellos; solamente prepararéis lo que haga falta a cada uno para comer. Observaréis la ley de los ázimos, porque este mismo día sacó el Señor a sus legiones de Egipto: es ésta una ley perpetua para todas vuestras generaciones.
Desde el día catorce por la tarde hasta el día veintiuno por la tarde del primer mes, comeréis panes ázimos. No habrá levadura en vuestras casas durante esos siete días, y el que coma algo fermentado será excluido de la asamblea de Israel, sea forastero o natural del país. No comáis nada fermentado, sino comed ázimos en todo lugar donde habitéis."»
Responsorio Ap 5, 8. 9; cf. 1Pe 1, 18. 19
R. Los ancianos se
postraron ante el Cordero y cantaban un cántico nuevo, diciendo: * «Señor, tú nos compraste para Dios por tu
sangre.»
V. Nos rescataron, no con oro o plata,
sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha.
R. Señor, tú nos compraste para Dios por tu
sangre.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Asterio de Amasea, obispo
(Homilía 13: PG 40, 355-358. 362)
IMITEMOS EL ESTILO DEL SEÑOR EN SU MANERA DE APACENTAR
Si queréis asemejaras a Dios, puesto que habéis sido hechos a su imagen, imitad su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, nombre que en sí mismo implica la bondad, imitad el amor de Cristo.
Considerad las riquezas de su bondad, ya que, queriendo venir a los hombres haciéndose él mismo hombre, envió ante sí a Juan, como pregonero y ejemplo de penitencia, y, antes de Juan, a todos los profetas, los cuales exhortaban a los hombres a que se arrepintieran, a que volvieran a la vida, a que se enmendaran.
Luego, al venir él en persona, clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. ¿Y cómo acogió a los que hicieron caso de esta invitación? Les concedió sin dificultad el perdón de sus pecados, al momento los libró de todo aquello que los agobiaba: el Hijo los santificó, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo fue sepultado en el agua bautismal y el hombre nuevo, regenerado, resplandeció por la gracia.
¿Qué se siguió de ahí? El que antes era enemigo se convirtió en amigo, el que era un extraño en hijo, el que era profano en sagrado y santo.
Imitemos el estilo del Señor en su manera de apacentar; meditemos los evangelios y, viendo en ellos, como en un espejo, su ejemplo de diligencia y benignidad, aprenderemos a fondo estas virtudes.
En ellos, en efecto, encontramos descrito, con un lenguaje parabólico y misterioso, a un hombre, pastor de cien ovejas, el cual, cuando una de las cien se separó del rebaño e iba errando descarriada, no se quedó con las demás que continuaban paciendo ordenadamente, sino que se marchó a buscar a la descarriada, atravesando valles y desfiladeros, subiendo montes altos y escarpados, pasando por desiertos, y así le fue siguiendo la pista con gran fatiga, hasta que la halló errante.
Una vez hallada, no le dio de azotes, ni la hizo volver con prisas y a empujones al rebaño, sino que la cargó sobre sus hombros y, tratándola suavemente, la llevó al rebaño, con una alegría mayor por aquella sola que había encontrado que por la muchedumbre de las demás. Reflexionemos sobre el significado de este hecho, envuelto en la oscuridad de una semejanza. Esta oveja y este pastor no significan simplemente una oveja y un pastor cualquiera, sino algo más profundo.
En estos ejemplos se esconde una enseñanza sagrada. En ellos se nos advierte que no tengamos nunca a nadie por perdido sin remedio y que, cuando alguien se halle en peligro, no seamos negligentes o remisos en prestarle ayuda, sino que a los que se han desviado de la recta conducta los volvamos al buen camino, nos alegremos de su vuelta y los agreguemos a la muchedumbre de los que viven recta y piadosamente.
Responsorio Za 7, 9; Mt 6, 14
R. Que cada cual
respete el derecho del prójimo * y trate a su hermano
con misericordia y piedad.
V. Si vosotros
perdonáis al prójimo sus faltas, también os perdonará las vuestras vuestro Padre
celestial.
R. Que cada cual trate a su hermano con
misericordia y piedad. .
Oración
Señor, haz que nos inclinemos siempre a pensar con rectitud y a practicar el bien con diligencia y, puesto que no podemos existir sin ti, concédenos vivir siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Pastor que con tus silbos amorosos
me
despertaste del profundo sueño:
tú que hiciste cayado de ese leño
en que
tiendes los brazos poderosos,
Vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi
amor y dueño
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus
pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor
de mis pecados
pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis cuidados...
Pero ¿cómo te digo
que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo
canta la pasión
del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus
dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las
naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos,
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Cántico
Jr 31, 10-14
FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO
Jesús iba a
morir... para reunir
a los hijos de Dios dispersos.
(Jn 11, 51.
52)
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas
remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor
a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más
fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los
bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de
ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a
desfallecer.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los
jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y
aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes
con manjares
sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.+
Salmo 47
HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN
Me transportó
en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén. (Ap
21, 10)
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de
nuestro Dios,
+ su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la
tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre
sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al
verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un
viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de
los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para
siempre.
¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu
templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la
tierra;
tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se
alegra
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión:
contando sus torreones;
fijaos
en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor,
nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Cf. 1R 8,51a. 52-53a
Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la tierra.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Si vosotros, siendo malos como sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡con cuánta mayor razón las dará vuestro Padre celestial al que se las pida!
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, nuestro Señor, que resplandece como luz del mundo para que siguiéndolo no caminemos en tinieblas, sino que tengamos la luz de la vida, y digámosle: Que tu palabra, Señor, sea luz para nuestros pasos.
Cristo, amigo de los hombres, haz que sepamos, progresar hoy en tu imitación, * para que lo que perdimos por culpa del primer Adán lo recuperemos en el segundo.
Que tu palabra sea siempre luz en nuestro sendero, para que, realizando siempre la verdad en el amor, * hagamos crecer todas las cosas en ti.
Enséñanos, Señor, a trabajar por el bien de todos los hombres, * para que así, por nuestra acción, la Iglesia ilumine a toda la sociedad humana.
Que por nuestra sincera conversión crezcamos en tu amistad * y expiemos las faltas cometidas contra tu bondad y tu sabiduría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, haz que nos inclinemos siempre a pensar con rectitud y a practicar el bien con diligencia y, puesto que no podemos existir sin ti, concédenos vivir siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 118, 17-24
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme
los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad;
soy un forastero en
la tierra:
no me ocultes tus promesas.
Mi alma se consume, deseando
continuamente tus
mandamientos;
reprendes a los soberbios,
infelices los que se apartan de
tus mandatos;
aleja de mí las afrentas y el desprecio,
porque observo tus
preceptos.
Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí,
tu siervo medita
tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis
consejeros.
Salmo 24
ORACIÓN POR TODA CLASE DE NECESIDADES
La esperanza no defrauda (R 5, 5)
I
A ti, Señor, levanto mi alma;
Dios mío, en ti confío, no quede
yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en
ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los
traidores.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz
que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y
todo el día te estoy esperando.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son
eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi
juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad,
Señor.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los
pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a
los humildes.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que
guardan su alianza y sus mandatos.
Por el honor de tu nombre,
Señor,
perdona mis culpas, que son muchas.
II
Hay alguien que tema al Señor?
Él le enseñará el camino
escogido:
su alma vivirá feliz,
su descendencia poseerá la
tierra.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su
alianza.
Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él saca mis pies de la
red.
Mírame, ¡oh Dios!, y ten piedad de mí,
que estoy solo y
afligido.
Ensancha mi corazón oprimido y
sácame de mis
tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis
pecados,
mira cuántos son mis enemigos,
que me detestan con odio
cruel.
Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber
acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en
ti.
Salva, ¡oh Dios!, a Israel
de todos sus peligros.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,6-7
Buscad al Señor mientras se le puede encontrar, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad, a nuestro Dios que es rico en perdón.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, haz que nos inclinemos siempre a pensar con rectitud y a
practicar el bien con diligencia y, puesto que no podemos existir sin ti,
concédenos vivir siempre según tu voluntad. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Dt 30,2-3a
Si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz con todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti.
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, haz que nos inclinemos siempre a pensar con rectitud y a
practicar el bien con diligencia y, puesto que no podemos existir sin ti,
concédenos vivir siempre según tu voluntad. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 10,35-36
No perdáis vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, haz que nos inclinemos siempre a pensar con rectitud y a
practicar el bien con diligencia y, puesto que no podemos existir sin ti,
concédenos vivir siempre según tu voluntad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, la luz del día ya se apaga,
la noche va extendiendo
sus tinieblas;
alumbra lo más hondo de las almas
en este santo tiempo de
Cuaresma.
Conoces nuestra vida y nuestra historia
y sabes que también
hemos pecado,
por eso hacia ti nos dirigimos
confiando que seremos
perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos
la senda que nos lleva
hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus dolores,
sufriendo lo
que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre,
que, junto con tu Hijo
Jesucristo,
enviaste tu Espíritu a los hombres,
sellando con tu gracia sus
destinos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 29
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN
PELIGRO DE MUERTE
Cristo,
después de su gloriosa resurrección,
da gracias al Padre.
(Casiodoro)
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que
mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste
mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre
santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer
nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor,
me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé
desconcertado.
A ti Señor llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi
muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu
lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has
vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te
daré gracias por siempre.
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Salmo 31
ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO
David
proclama dichoso al hombre a quien Dios confiere
la justificación haciendo
caso omiso de las obras.
(Rm 4, 6)
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han
sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el
delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el
día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había
vuelto
un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse:
«Confesaré al Señor, mi culpa»,
y tú perdonaste, mi culpa y mi
pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la
desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos
de liberación.
Te instruiré y te enseñaré
el camino que has de
seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que
domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el
Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de
corazón sincero.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios
día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE St 4,7-8.10
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor, ten
misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
PRECES
Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros, y digámosle: Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.
Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos * y a servirte en cada uno de ellos.
Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos, * concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.
Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza, * y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes y esperanza a los agonizantes.
Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento el poder ver la luz, * ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concede la plenitud de tu amor a los difuntos * y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor, haz que nos inclinemos siempre a pensar con rectitud y a practicar el bien con diligencia y, puesto que no podemos existir sin ti, concédenos vivir siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Oh Redentor, oh Cristo,
Señor del universo,
víctima y sacerdote,
sacerdote y cordero!
Para pagar la deuda
que nos cerraba el cielo,
tomaste
entre tus manos
la hostia de tu cuerpo
y ofreciste tu sangre
en el
cáliz del pecho:
altar blando, tu carne;
altar duro, un madero.
¡Oh Cristo Sacerdote,
hostia a la vez y templo!
Nunca
estuvo la vida
de la muerte tan dentro,
nunca abrió tan terribles
el
amor sus veneros.
El pecado del hombre,
tan huérfano del cielo,
se hizo
perdón de sangre
y gracia de tu cuerpo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
SÚPLICA CONTRA LOS
PERSEGUIDORES INJUSTOS
Se
reunieron... y se pusieron de acuerdo para detener
a Jesús con engaño y
matarlo. (Mt 26, 3-4)
I
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que
me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi
auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo
mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del
poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni
sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.
Ant.1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Ant. 2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
II
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me
mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste,
cabizbajo
y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra
mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de
mí,
rechinando los dientes de odio.
Ant.2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
III
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que
rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la
multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no se hagan
guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles;
Señor, no te quedes a
distancia;
despierta, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi
causa.
Júzgame tú según tu justicia.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria;
que
repitan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean la paz a tu
siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te
alabaré.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
V. Convertíos al
Señor, vuestro Dios.
R. Porque es compasivo y
misericordioso.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 15, 1-18
REMISIÓN DE LAS DEUDAS
En aquellos días, Moisés dijo al pueblo estas palabras:
«Cada siete años harás la remisión. Así dice la ley sobre la remisión: "Todo acreedor condonará la deuda del préstamo hecho a su prójimo; no apremiará a su prójimo, porque ha sido proclamada la remisión del Señor." Podrás apremiar al extranjero, pero lo que hayas prestado a tu hermano lo condonarás.
Es verdad que no habrá pobres entre los tuyos, porque te bendecirá el Señor, tu Dios, en la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte para que la poseas en heredad, a condición de que obedezcas al Señor, tu Dios, poniendo por obra este precepto que yo te mando hoy. El Señor, tu Dios, te bendecirá como te ha dicho: tú prestarás a muchos pueblos y no pedirás prestado, dominarás a muchos pueblos y no serás dominado.
Si hay entre los tuyos un pobre, un hermano, en una ciudad tuya, en esa tierra tuya que va a darte el Señor, tu Dios, no endurezcas el corazón ni cierres la mano a tu hermano pobre. Ábrele la mano y préstale a la medida de su necesidad. Cuidado, no se te ocurra este pensamiento rastrero: "Está cerca el año séptimo, año de remisión", y seas tacaño con tu hermano pobre y no le des nada, porque apelará al Señor contra ti, y resultarás culpable. Dale, y no de mala gana, pues por esa acción bendecirá el Señor, tu Dios, todas tus obras y todas tus empresas. Nunca dejará de haber pobres en la tierra; por eso yo te mando: "Abre la mano a tu hermano, al pobre, al indigente de tu tierra."
Si se te vende tu hermano, hebreo o hebrea, te servirá seis años, y al séptimo lo dejarás ir en libertad. Cuando lo dejes irse en libertad, no lo despidas con las manos vacías: cárgalo de regalos de tu ganado, de tu era y tu lagar, y le darás según te haya bendecido el Señor, tu Dios. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor, tu Dios, te redimió; por eso yo te impongo hoy esta ley. Pero si él te dice: "No quiero marcharme, porque me he encariñado contigo y con tu casa" -porque le iba bien contigo-, coge un punzón, clávale la oreja a la puerta y será tu esclavo para siempre, y lo mismo harás con tu esclava. No te parezca muy duro dejarlo irse en libertad; el haberte servido seis años equivale al salario de un jornalero, y además el Señor, tu Dios, bendecirá cuanto hagas.»
Responsorio Lc 6, 35. 36. 37-38
R. Amad a vuestros
enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; * sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro
Padre.
V. Perdonad y seréis perdonados, dad y se
os dará.
R. Sed misericordiosos, como es
misericordioso vuestro Padre.
Año II:
Del libro del Éxodo 12, 21-36
MUERTE DE LOS PRIMOGÉNITOS
En aquellos días, Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les dijo:
«Tomad una res menor por familia e inmolad la víctima de Pascua. Tomad un manojo de hisopo, mojadlo en la sangre recogida en una vasija y untad de sangre el dintel y las dos jambas; y ninguno de vosotros salga por la puerta de casa hasta la mañana. El Señor va a pasar hiriendo a Egipto. y. cuando vea la sangre en el dintel y las jambas, pasará de largo y no permitirá al exterminador entrar en vuestras casas para herir. Cumplid este mandato del Señor: es ley perpetua para vosotros y vuestros hijos, Y cuando entréis en la tierra que el Señor os va a dar, según lo ha prometido. observaréis este rito.
Y cuando os pregunten vuestros hijos que significa este rito, les responderéis: "Es el sacrificio de la Pascua del Señor, que pasó de largo junto a las casas de los hijos de Israel, hiriendo a los egipcios y protegiendo nuestras casas."»
Entonces el pueblo se
inclinó y se prosternó, Y los hijos de Israel fueron y pusieron por obra lo que
el Señor había mandado a Moisés y a Aarón.
A medianoche,
el Señor hirió de muerte a todos los primogénitos de Egipto: desde el
primogénito del Faraón, que se sienta en el trono, hasta el primogénito del
preso encerrado en el calabozo, y a los primogénitos de los animales. Aquella
noche se levantó el Faraón y su corte y todos los egipcios, y se oyó un clamor
inmenso en todo Egipto, pues no había casa en que no hubiera un muerto. El
Faraón hizo llamar a Moisés y a Aarón, de noche, y les dijo:
«Levantaos, salid de en medio de mi pueblo, vosotros con todos los israelitas, id a ofrecer culto al Señor, como habéis pedido; llevaos también las ovejas y las vacas, como decíais; marchaos e invocad también sobre mí la bendición.»
Los egipcios urgían al pueblo para que saliese cuanto antes del país, pues decían:
«Vamos a morir todos,»
El pueblo sacó de las artesas la masa sin fermentar, la envolvió en mantas y se la cargó al hombro. Además los israelitas habían hecho lo que Moisés les había mandado: habían pedido a los egipcios objetos de plata y de oro y vestidos, y el Señor había hecho que alcanzaran el favor de los egipcios, los cuales habían accedido a darles lo que pedían. Así saquearon a Egipto.
Responsorio Ex 12, 7. 13; 1Pe 1, 18. 19
R. Tomaréis la
sangre del cordero y rociaréis las dos jambas y el dintel de las casas: * la sangre será vuestra señal.
V. Os rescataron a precio de la sangre de Cristo, el
Cordero sin defecto ni mancha.
R. La sangre será
vuestra señal.
SEGUNDA LECTURA
Del Espejo de caridad, del beato Elredo, abad
(Libro 3, cap. 5: PL 195, 582)
EL AMOR FRATERNO, A IMITACIÓN DE CRISTO
La perfección de la caridad consiste en el amor a los enemigos. A ello nada nos anima tanto como la consideración de aquella admirable paciencia con que el más bello de los hombres ofreció su rostro, lleno de hermosura, a los salivazos de los malvados; sus ojos, cuya mirada gobierna el universo, al velo con que se los taparon los inicuos; su espalda a los azotes; su cabeza, venerada por los principados y potestades, a la crueldad de las espinas; toda su persona a los oprobios e injurias; aquella admirable paciencia, finalmente, con que soportó la cruz, los clavos, la lanzada, la hiel y el vinagre, todo ello con dulzura, con mansedumbre, con serenidad. En resumen, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
¿Quién, al oír aquellas palabras, llenas de dulzura, de amor, de inmutable serenidad: Padre, perdónalos, no se decide al momento a amar de corazón a sus enemigos? Padre -dice-, perdónalos. ¿Puede haber una oración que exprese mayor mansedumbre y amor?
Hizo más aún: le pareció poco orar; quiso también excusar. «Padre -dijo-, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Su pecado ciertamente es muy grande, pero su conocimiento de causa muy pequeño; por eso, Padre, perdónalos. Me crucifican, es verdad, pero no saben a quién crucifican, porque, si lo hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria; por eso, Padre, perdónalos. Ellos me creen un transgresor de la ley, un usurpador de la divinidad, un seductor del pueblo. Les he ocultado mi faz, no han conocido mi majestad; por eso, Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
Por tanto, que el amor del hombre a sí mismo no se deje corromper por las apetencias de la carne. Para no sucumbir a ellas, que tienda con todo su afecto a la mansedumbre de la carne del Señor. Más aún, para que repose de un modo más perfecto y suave en el gozo del amor fraterno, que estreche también a sus enemigos con los brazos de un amor verdadero.
Y, para que este fuego divino no se enfríe por el impacto de las injurias, que mire siempre, con los ojos de su espíritu, la serena paciencia de su amado Señor y Salvador.
Responsorio Is 53, 12; Lc 23, 34
R. Se entregó a sí
mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; * él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió
por los pecadores.
V. Jesús decía: «Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen.»
R. El
tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
Oración
Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos tus fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de la cruz los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando,
y sin
ellos quererlo estén llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis desvíos,
quédenseme, Señor, así
cantando,
y sin ellos quererlo estén rezando,
porque pecaron mucho y son
impíos.
Y así con la mirada en vos prendida,
y así con la palabra
prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera;
y así clavada en vuestra
cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Cántico
Is 45, 15-25
QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR
Al nombre de
Jesús
toda rodilla se doble. (Flp 2,10)
Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el
Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van
avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a
Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se
sonrojen
nunca jamás.
Así dice el Señor, creador del cielo
-él es Dios-,
él modeló
la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó
habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»
No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la
estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»
Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es
justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las
naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un
dios que no puede salvar.
Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién
anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo,
el Señor?
-No hay otro Dios fuera de mí-.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno
más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy
Dios y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una
palabra irrevocable:
«Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda
lengua»,
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder.»
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra
él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
LECTURA BREVE Is 53,11b-12
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Si vuestra virtud no es superior a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
PRECES
Demos gracias a Cristo, el Señor, que al morir en cruz nos dio la vida, y digámosle con fe: Tú que por nosotros moriste, escúchanos, Señor.
Maestro y Salvador nuestro, tú que nos revelaste con tu palabra el designio de Dios y nos renovaste con tu gloriosa pasión, * no permitas que nuestros días transcurran entre vicios y pecados.
Que sepamos, Señor, mortificarnos hoy al tomar los manjares del cuerpo, * para ayudar con nuestra abstinencia a los hambrientos y necesitados.
Que vivamos santamente este día de penitencia cuaresmal * y lo consagremos a tu servicio mediante obras de misericordia.
Sana, Señor, nuestras voluntades rebeldes * y llénanos de tu gracia y de tus dones.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos tus fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 118, 25-32
Mi alma está pegada al polvo:
reanímame con tus palabras;
te
expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el
camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.
Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus
promesas;
apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu
voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Me apegué
a tus preceptos,
Señor, no me defraudes;
correré por el camino de tus
mandatos
cuando me ensanches el corazón.
Salmo 25
ORACIÓN CONFIADA DEL INOCENTE
Nos eligió
para que fuésemos
consagrados e irreprochables
ante él por el amor. (Ef 1,
4)
Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia,
confiando en
el Señor no me he desviado.
Examíname, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi
corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu
verdad.
No me siento con gente falsa,
no me junto con
mentirosos;
detesto las bandas de malhechores,
no tomo asiento con los
impíos.
Lavo en la inocencia mis manos,
y rodeo tu altar,
Señor,
proclamando tu alabanza,
enumerando tus maravillas.
Señor, yo amo la belleza de tu casa,
el lugar donde reside tu
gloria.
No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los
sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena
de sobornos.
Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten
misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea
bendeciré al Señor.
Salmo 27, 1-3. 6-9
SÚPLICA Y ACCIÓN DE GRACIAS
Padre, te doy
gracias porque
me has escuchado. (Jn 11, 41)
A ti, Señor, te invoco;
Roca mía, no seas sordo a mi
voz;
que, si no me escuchas, seré igual
que los que bajan a la
fosa.
Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo
las manos
hacia tu santuario.
No me arrebates con los malvados
ni con los malhechores,
que
hablan de paz con el prójimo,
pero llevan la maldad en el corazón.
Bendito el Señor, que escuchó
mi voz suplicante;
el Señor es
mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón
se alegra
y le canta agradecido.
El Señor es fuerza para su pueblo,
apoyo y salvación para su
Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,
sé su pastor y guíalos
siempre.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,3
Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido
de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia
corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos
tus fieles. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Cf. Jr 3,12b.14a
«Volveos -oráculo del Señor-. No os pondré mala cara, porque soy compasivo y no me irrito para siempre. Volved, hijos rebeldes», oráculo del Señor.
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido
de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia
corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos
tus fieles. Por Cristo nuestro Señor.
Nona St 1,27
La religión pura y sin mancha ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: en visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y en conservarse limpio de toda mancha en este mundo.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido
de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia
corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos
tus fieles. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria.
HIMNO
Muere la vida y vivo yo sin vida
ofendiendo la vida de mi
muerte;
sangre divina de las venas vierte
y mi diamante su dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de
suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su cuerpo la mayor
herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu Dios abierto el
lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida,
Cristo mío,
y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Salmo 40
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Uno de
vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo.
(Mc 14,
18)
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo
pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso
en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los
dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado
contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere y se acaba
su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala
intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos
siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no
levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de
mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en
tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén,
amén.
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 40
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Uno de
vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo.
(Mc 14,
18)
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo
pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso
en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los
dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado
contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere y se acaba
su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala
intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos
siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no
levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de
mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en
tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén,
amén.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE St 5,16.19-20
Confesaos mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia. Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor, ten
misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve luego y presenta tu ofrenda.
PRECES
Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle: Compadécete, Señor, de tu pueblo.
Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza, * para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.
Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio * y dando testimonio de él por su fe, esperanza y caridad.
Conforta, Señor, a los que están tristes, * y otórganos a nosotros el poder consolar a nuestros hermanos.
Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos, * para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos * y dales parte en tu gloriosa resurrección.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor, haz que tu pueblo vaya penetrando debidamente el sentido de la Cuaresma y se prepare así a las fiestas pascuales, para que la penitencia corporal, propia de este tiempo, sirva para la renovación espiritual de todos tus fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús
mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno
oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas
de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la
ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos»,
respondía,
para lo mismo responder mañana! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Cantad al Señor y meditad sus maravillas.
Salmo 104
LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN
REALIZA LAS PROMESAS HECHAS POR DIOS A ABRAHAM
Los apóstoles revelan a las naciones
las maravillas
realizadas por Dios en su venida. (S.
Atanasio)
I
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus
hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus
maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan
al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su
rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias
de su boca.
¡Estirpe de Abraham, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de
su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abraham,
del juramento hecho a
Isaac,
confirmado como ley para Jacob,
como alianza eterna para Israel:
«A ti te daré el país cananeo,
como lote de vuestra heredad.»
Cuando eran unos pocos mortales,
contados, y forasteros en
el país,
cuando erraban de pueblo en pueblo,
de un reino a otra nación,
a nadie permitió que los molestase,
y por ellos castigó a reyes:
«No
toquéis a mis ungidos,
no hagáis mal a mis profetas.»
Ant. 1: Cantad al Señor y meditad sus maravillas.
Ant. 2: No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.
II
Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento
de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como
esclavo;
le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en
la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor
lo acreditó.
El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la
prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus
posesiones,
para que a su gusto instruyera a los príncipes
y enseñase
sabiduría a los ancianos.
Ant. 2: No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.
Ant. 3: Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.
III
Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob se hospedó en la
tierra de Cam.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus
enemigos.
A éstos les cambió el corazón
para que odiasen a su pueblo,
y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su escogido,
que hicieron contra ellos sus signos,
prodigios en la tierra de Cam.
Envió la oscuridad, y oscureció,
pero ellos resistieron a
sus palabras;
convirtió sus aguas en sangre,
y dio muerte a sus peces;
su tierra pululaba de ranas,
hasta en la alcoba del rey.
Ordenó que vinieran tábanos
y mosquitos por todo el
territorio;
les dio en vez de lluvia granizo,
llamas de fuego por su
tierra;
e hirió higueras y viñas,
tronchó los árboles del país.
Ordenó que viniera la langosta,
saltamontes innumerables,
que roían la hierba de su tierra,
y devoraron los frutos de sus campos.
Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su
virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de otro y plata,
y entre sus
tribus nadie se enfermó;
los egipcios se alegraban de su marcha,
porque
los había sobrecogido el terror.
Tendió una nube que los cubriese,
y un fuego que les
alumbrase de noche.
Lo pidieron, y envió codornices,
los sació con pan
del cielo;
hendió la peña, y brotaron las aguas,
que corrieron en ríos
por el desierto.
Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a
su siervo Abraham,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con
gritos de triunfo.
Les asignó las tierras de los gentiles,
y poseyeron las
haciendas de las naciones;
para que guarden sus decretos,
y cumplan su
ley.
Ant. 3: Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.
V. El que obra la
verdad viene a la luz.
R. Y sus obras quedan de
manifiesto.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 16, 1-17
LAS TRES GRANDES FIESTAS DE ISRAEL
En aquellos días, dio Moisés al pueblo estas normas:
«Guarda el mes de Abib, celebrando en él la Pascua del Señor, tu Dios, porque en el mes de Abib te sacó de Egipto el Señor, tu Dios. Sacrificarás la Pascua al Señor, tu Dios: ovejas o reses en el lugar que el Señor, tu Dios, elija para sí por morada de su nombre.
No acompañarás la comida con pan fermentado. Durante siete días comerás panes ázimos (pan de aflicción), porque saliste de Egipto apresuradamente; así recordarás toda tu vida tu salida de Egipto. En siete días no ha de aparecer levadura en todo tu territorio; de la carne sacrificada la noche del primer día no quedará nada para el día siguiente. No puedes sacrificar la Pascua en cualquiera de las ciudades que el Señor va a darte. Sólo en el lugar que elija el Señor por morada de su nombre. Allí, al atardecer, sacrificarás la Pascua, a la caída del sol, hora en que saliste de Egipto. La cocerás y la comerás en el lugar que elija el Señor, y a la mañana siguiente emprenderás el regreso a tu casa. Durante seis días comerás panes ázimos, y el séptimo habrá asamblea en honor del Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno.
Contarás siete semanas, a
partir del día en que comiences a meter la hoz en la mies. Entonces celebrarás
la fiesta de las Semanas en honor del Señor, tu Dios. La oferta voluntaria que
hagas será en proporción a lo que te haya bendecido el Señor. Te regocijarás en
presencia del Señor, tu Dios, tú, tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, el
levita que viva en tu ciudad, el forastero, el huérfano y la viuda que vivan
entre los tuyos, en el lugar que elija el Señor, tu Dios, por morada de su
nombre. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto: guarda y cumple todos estos
preceptos.
La fiesta de los Tabernáculos la celebrarás
durante siete días, cuando hayas recogido la cosecha de tu era y tu lagar. Te
regocijarás en tu fiesta, tú, tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, el
levita, el forastero, el huérfano y la viuda que vivan en tu vecindad. Harás
fiesta siete días en honor del Señor, tu Dios. en el lugar que elija para sí e]
Señor, pues el Señor, tu Dios, te bendecirá en tus cosechas y en todos los
trabajos de tus manos, para que seas plenamente feliz.
Tres veces al año se presentará todo varón ante el Señor, tu Dios, al lugar que él elija: por la fiesta de los Azimos, por la fiesta de las Semanas y por la fiesta de los Tabernáculos. No se presente al Señor con las manos vacías; cada uno ofrecerá su tributo según la bendición que el Señor le haya otorgado.»
Responsorio Dt 16, 14. 15; Na 1, 15
R. Te regocijarás
en tu fiesta, tú, tu hijo y tu hija, tu esclavo y tu esclava, el levita, el
forastero, el huérfano y la viuda; * el Señor te
bendecirá, para que seas plenamente feliz.
V. ¡He
ahí por los montes los pies del mensajero de la Buena Nueva, el que anuncia la
paz! ¡Celebra tus fiestas, Judá!
R. El Señor te
bendecirá, para que seas plenamente feliz.
Año II:
Del libro del Éxodo 12, 37-49; 13, 11-16
SALIDA DE LOS
HEBREOS.
LEYES SOBRE LA PASCUA Y LOS PRIMOGÉNITOS
En aquellos días, cuando los israelitas salieron de Egipto, marcharon de la ciudad de Ramsés hacia Sucot: eran seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños; salió también con ellos una gran muchedumbre Fe gente, con ovejas y vacas y enorme cantidad de ganado. Cocieron la masa que habían sacado de Egipto, e hicieron hogazas de pan ázimo, pues no había alcanzado a fermentar, porque los egipcios los echaban y no los dejaban detenerse, y tampoco pudieron tomar otras provisiones.
La estancia de los israelitas en Egipto duró cuatrocientos treinta años. El mismo día que se cumplían los cuatrocientos treinta años, salieron de Egipto las legiones del Señor. Noche de guardia fue ésta para el Señor, en que veló para sacarlos de Egipto; y noche de guardia en honor del Señor será también para los hijos de Israel, por todas las generaciones.
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
«Éstas son las normas sobre la Pascua: Ningún extranjero la .comerá. Los esclavos que te hayas comprado circuncídalos y sólo entonces podrán comerla. Ni el forastero ni el jornalero la comerán. La Pascua se ha de comer en una sola casa: no sacarás fuera nada de la carne y no le romperéis ningún hueso. La comunidad entera de Israel la celebrará. Y, si algún forastero que vive contigo quiere celebrar la Pascua del Señor, hará circuncidar a todos los varones de su casa y sólo entonces podrá tomar parte en ella, pues. será como un natural del país. Pero ningún incircunciso la comerá. La misma ley vale para el natural del país y para el forastero que vive con vosotros.»
Y Moisés dijo al pueblo:
«Cuando el Señor te introduzca en la tierra de los cananeos, como juró a ti y a tus padres, y te la haya entregado, dedicarás al Señor todos los primogénitos. El primer parto de tus animales, si es macho, pertenece también al Señor. La primera cría de asno la rescatarás con un cordero; si no la rescatas la desnucarás. Pero los primogénitos de entre tus hijos los rescatarás siempre. Y cuando mañana tu hijo te pregunte: "¿Qué significa esto?", le responderás: "Con mano fuerte el Señor nos sacó de Egipto, de la esclavitud. El Faraón se había obstinado en no dejarnos salir; entonces el Señor dio muerte a todos los primogénitos de Egipto, lo mismo de hombres que de animales. Por eso yo sacrifico al Señor todo primogénito macho de los animales. Pero los primogénitos de los hombres los rescato."
Este rito será para ti como señal sobre tu brazo y como recordatorio ante tus ojos, de que con mano fuerte te sacó de Egipto el Señor.»
Responsorio Cf. Lc 2, 22b-23. 24
R. Los padres de
Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, * como está mandado en la ley de Dios: que todo varón
.primogénito sea consagrado al Señor.
V. y para
ofrecer por él en sacrificio un par de tórtolas o de pichones.
R. Como está mandado en la ley de. Dios: que todo varón
primogénito sea consagrado al Señor.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núms.9-10)
LOS INTERROGANTES MAS PROFUNDOS DEL HOMBRE
El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado y que pueden aplastarlo o salvarlo. Por ello se interroga a sí mismo.
En realidad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano.
Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de creatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior.
Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y .que renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no es raro que haga lo que no quiere y deje de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad.
Son muchísimos los que, tarados en su vida por el materialismo práctico, no quieren saber nada de la clara percepción de este dramático estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Muchos piensan hallar su descanso en una interpretación de la realidad, propuesta de múltiples maneras.
Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberación de la humanidad y abrigan el convencimiento de que. el futuro reino del hombre sobre la tierra saciará plenamente todos sus deseos.
Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la audacia de quienes piensan que la existencia carece de toda significación propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo.
Sin embargo, ante la actual
evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que
acometen con nueva penetración las cuestiones más fundamentales: ¿Qué es el
hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de
tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias
logradas a tan caro precio? ¿ Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede
esperar de ella?
¿Qué hay después de esta vida temporal?
Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que haya de encontrar la salvación.
Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se hallan en su Señor y Maestro.
Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre.
Responsorio 1Co 15, 55-56. 57; Lm 3, 25
R. ¿Dónde está,
muerte, tu victoria? (.Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte
es el pecado. * ¡Demos gracias a Dios, que nos da la
victoria por nuestro Señor Jesucristo!
V. Bueno es
el Señor para el que en él espera, para el alma que lo busca.
R. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por
nuestro Señor Jesucristo!
Oración
Padre eterno, convierte hacia ti nuestros corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Los hombros traigo cargados
de graves
culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de
flaqueza;
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y
lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos,
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis
culpas mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos
yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad,
criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a
la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico
Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18
HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR
ROJO
Los que
habían vencido a la bestia
cantaban el cántico de Moisés,
el siervo de
Dios. (Ap 15, 2. 3)
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha
arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi
salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo
ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «Yahvé».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a
sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se
alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el
botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi
mano.»
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo
en las aguas formidables.
¿Quién como tú Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú,
terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de
maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con
misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa
morada.
Lo introduces y lo plantas
en el monte de tu heredad,
lugar
del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones. +
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a
Dios por su misericordia. (Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor todas las naciones,
+ aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones.
LECTURA BREVE Is 1,16-18
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen; así seréis hijos de vuestro Padre celestial», dice el Señor.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, que para hacer de nosotros creaturas nuevas ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su carne, y supliquémosle, diciendo: Renuévanos con tu gracia, Señor.
Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad, humildad * y danos comprensión para con todos.
Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren, * para imitarte a ti, el buen Samaritano.
María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio, * para que vivan su virginidad con un grande amor hacia ti, en bien de la Iglesia.
Concédenos la abundancia de tu misericordia * y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos libre del mal: Padre nuestro.
Oración
Padre eterno, convierte hacia ti nuestros corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas. Salmo 118, 33-40 Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes Inclina mi corazón a tus preceptos, Aparta de mí la afrenta que temo, Salmo 33 Habéis
saboreado lo bueno I Bendigo al Señor en todo momento, Proclamad conmigo la grandeza del Señor, Contempladlo y quedaréis radiantes, El ángel del Señor acampa Todos sus santos, temed al Señor, II Venid, hijos, escuchadme: Guarda tu lengua del mal, Los ojos del Señor miran a los justos, Cuando uno grita, el Señor lo escucha Aunque el justo sufra muchos males, La maldad da muerte al malvado, Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas. LECTURA BREVE Tercia
Ap 3,19-20
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
y lo seguiré
puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo
corazón;
guíame por la senda de tus mandatos
porque ella es mi
gozo.
y no al interés;
aparta
mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra;
cumple a tu siervo la
promesa
que hiciste a tus fieles.
porque tus mandamientos son
amables;
mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu
justicia.
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
que es el Señor. (1Pe 2, 3)
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y la salva de
sus angustias.
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?.
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
y los que odian al justo serán
castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Ánimo, pues, y arrepiéntete! Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Padre eterno, convierte hacia ti nuestros
corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a
ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras
acciones. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 44,21-22
Acuérdate de que eres mi siervo. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como nieve tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Padre eterno, convierte hacia ti nuestros
corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a
ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras
acciones. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ga 6,7b-8
De Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne , de la carne cosechará corrupción; el que siempre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Padre eterno, convierte hacia ti nuestros
corazones, para que, viviendo consagrados a tu servicio, te busquemos siempre a
ti, que eres lo único necesario, y practiquemos la caridad en todas nuestras
acciones. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
HIMNO
Insigne defensor de nuestra causa,
Señor y
Salvador del pueblo humano,
acoge nuestras súplicas humildes,
perdona
nuestras culpas y pecados.
El día con sus gozos y sus penas
pasó
dejando huellas en el alma,
igual que nuestros pies en su camino
dejaron
en el polvo sus pisadas.
No dejes de mirarnos en la noche,
dormida
nuestra vida en su regazo;
vigila el campamento de los hombres,
camino de
tu reino ya cercano.
Ahuyenta de tu pueblo la zozobra,
sé nube
luminosa en el desierto,
sé fuerza recobrada en el descanso,
mañana y
horizonte siempre abierto.
Bendice, Padre santo, la tarea
del pueblo
caminante en la promesa;
llegados a Emaús, tu Hijo amado
nos parta el pan
y el vino de la cena. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago, y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un alto monte, y se transfiguró en su presencia.
Salmo 118,105-112
HIMNO A LA
LEY DIVINA
Éste es mi mandamiento, que os améis
unos a otros. (Jn 15,12)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz
en mi sendero; lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no
olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié
de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la
alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Ant. 1: Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago, y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un alto monte, y se transfiguró en su presencia.
Ant. 2: Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Salmo 15
CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA
RESURRECCIÓN
Dios resucitó
a Jesús, rompiendo
las ataduras de la muerte.
(Hch 2,
24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú
eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus
libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye
internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no
vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi
carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu
presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. 2: Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Ant. 3: Moisés y Elías hablaban de la muerte que Jesús iba a padecer en Jerusalén.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Moisés y Elías hablaban de la muerte que Jesús iba a padecer en Jerusalén.
LECTURA BREVE 2Co 6,1-4a
Os exhortamos a que deis pruebas de no haber recibido en vano la gracia de Dios, pues dice él en la Escritura: «En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de salvación.» Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. A nadie queremos dar nunca motivo de escándalo, a fin de no hacer caer en descrédito nuestro ministerio, antes al contrario, queremos acreditarnos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos, Señor.
V.
Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R. Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: De la nube salió una voz que dijo: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo.»
PRECES
Bendigamos al Señor, solícito y providente para con todos los hombres, e invoquémosle, diciendo: Salva, Señor, a los que has redimido.
Señor, fuente de todo bien y origen de toda verdad, llena con tus dones a todos los obispos * y conserva en la doctrina de los apóstoles a los fieles que les han sido confiados.
Que aquellos que se nutren con el mismo pan de vida vivan unidos en la caridad, * para que todos seamos uno en el cuerpo de tu Hijo.
Que nos despojemos de nuestra vieja condición humana y de sus obras, * y nos renovemos a imagen de Cristo, tu Hijo.
Concede a tu pueblo que por la penitencia obtenga el perdón de sus pecados * y tenga parte en los méritos de Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que nuestros hermanos difuntos puedan alabarte eternamente en el cielo, * y que nosotros esperemos confiadamente unirnos a ellos en tu reino.
Pidamos a nuestro Padre, con las palabras que Cristo nos enseñó, que nos dé la fuerza que necesitamos para no caer en la tentación: Padre nuestro.
Oración:
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que, purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la perfección de tus obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo
humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal
estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos
del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que
comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el
Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque
el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Salmo 103
HIMNO AL DIOS CREADOR
El que es de
Cristo es una creatura
nueva: lo antiguo ha pasado,
lo nuevo
ha comenzado. (2Co 5, 17)
I
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te
vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre
las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del
viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de
ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará
jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre
las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se
precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual
al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no
volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los
montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su
sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye
su canto.
Ant. 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Ant. 2: El Señor saca pan de los campos y alegrar el corazón del hombre.
II
Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu
acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los
que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y
aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano
que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la
cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de
erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones
las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los
cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus
guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el
atardecer.
Ant. 2: El Señor saca pan de los campos y vino para alegrar el corazón del hombre.
Ant. 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
III
¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con
sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin
número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el
Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se
la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y
expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y
repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus
obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes,
humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras
exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el
Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no
existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Ant. 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
V. La voz del Padre
se oyó desde la nube.
R. Éste es mi Hijo amado,
escuchadlo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 18, 1-22
DISPOSICIONES ACERCA DE LOS LEVITAS Y DE LOS VERDADEROS Y FALSOS PROFETAS
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Los sacerdotes levíticos y toda la tribu de Leví no se repartirán la herencia con Israel; comerán de la heredad del Señor, de sus oblaciones; no tendrán parte en la heredad de sus hermanos: el Señor será su heredad, como él lo dijo.
Éstos serán los derechos de los sacerdotes: si uno del pueblo sacrifica un toro o una oveja, dará al sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar. Le darás las primicias de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y la primera lana al esquilar tu rebaño. Porque el Señor, tu Dios, los eligió para siempre, a él y a sus hijos, de entre todas las tribus, para que estén al servicio personal del Señor.
Si un levita, que reside en cualquier ciudad de Israel va por voluntad propia al lugar elegido por el Señor, podrá servir personalmente al Señor como el resto de sus hermanos levitas que ya se encontraban ahí en presencia del Señor, y comerá una parte igual a la de ellos. (Sin que sean un impedimento para esto las ventajas que haya obtenido en la venta de sus bienes patrimoniales.)
Cuando entres en la tierra que va a darte el Señor, tu Dios, no imites las abominaciones de esos pueblos. Que no haya entre los tuyos quien sacrifique en el fuego a su hijo o a su hija, ni quien practique la adivinación, ni astrólogos, ni agoreros, ni hechiceros, ni encantadores, ni quien consulte a los espíritus o evoque a los muertos. Porque el que practica eso es abominable para el Señor, y precisamente a causa de semejantes abominaciones va a desalojar el Señor, tu Dios, a esos pueblos delante de ti. Tú mantente fiel en tu trato con el Señor, tu Dios: Esos pueblos que tú vas a desposeer escuchan a astrólogos y vaticinadores; pero a ti no te lo permite el Señor, tu Dios.
El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo de en medio de ti, de entre tus hermanos, al que vosotros escucharéis. Eso fue precisamente lo que tú pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea:
"No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio, para no morir ."
El Señor me respondió:
"Tienen razón, les suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá."
Y si te preguntas: "¿Cómo distinguir si una palabra no es palabra del Señor?" Si un profeta habla en nombre del Señor y no sucede ni se cumple su palabra, eso significa que el Señor no dijo tal palabra: ese profeta habla por arrogancia, no le tengas miedo.»
Responsorio Dt 18, 18; Le 20, 13; Jn 6, 14 I
R. Les suscitaré un
profeta y pondré mis palabras en su boca; * y él les
dirá todo lo que yo le mande.
V. Enviaré a mi
amado Hijo; éste es ciertamente el profeta que ha de venir al mundo.
R. y él les dirá todo lo que yo le mande.
Año II:
Del libro del Éxodo 13,17-14,9
CAMINO HASTA EL MAR ROJO
Cuando el Faraón dejó marchar al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la región de los filisteos, que es el más corto, pues pensó:
«No sea que, al verse atacados, se arrepientan y vuelvan a Egipto.» Por eso Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el desierto, hacia el mar Rojo. Los israelitas habían salido de Egipto bien armados. Moisés tomó consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar a los hijos de Israel:
«Cuando el Señor cuide de vosotros, os llevaréis mis huesos de aquí.»
Partieron de Sucot y acamparon en Etán, al borde del desierto. El Señor caminaba delante de ellos, de día en una columna de nubes para guiarlos, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudieran caminar día y noche. No se apartaba delante de ellos ni la columna de nubes en el día, ni la columna de fuego durante la noche. El Señor dijo a Moisés:
«Di a los israelitas que se vuelvan y acampen en Fehirot, entre Migdal y el mar, frente a Baal Sefón. Acamparéis junto al mar. El Faraón pensará: "Los israelitas están copados en el país, el desierto les cierra el paso." Yo voy a hacer que el Faraón se empeñe en perseguiros y mostraré mi gloria derrotando al Faraón y a su ejército, para que sepan los egipcios que yo soy el Señor.»
Así lo hicieron los israelitas. Cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, el Faraón y su corte cambiaron de parecer sobre el pueblo y dijeron:
«¿Qué hemos hecho? Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas.»
Hizo preparar su carro y tomó consigo sus tropas: tomó seiscientos carros escogidos y los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales. El Señor hizo que el Faraón se empeñase en perseguir a los israelitas, que habían salido jubilosos y triunfantes. Los egipcios los persiguieron con caballos, carros y jinetes, y les dieron alcance mientras acampaban en Fehirot, frente a Baal Sefón.
Responsorio Sal 113, 1. 2; Ex 13, 21
R. Cuando Israel
salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente, * Judá fue su santuario, Israel fue su dominio.
V. El Señor caminaba delante de ellos en una columna de
nubes para guiarlos.
R. Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 51, 3-4. 8: PL 54, 310-311. 313)
LA LEY SE NOS DIO POR MEDIACIÓN DE MOISÉS, PERO LA GRACIA Y LA VERDAD NOS HAN VENIDO POR JESUCRISTO
El Señor descubre su gloria en presencia de unos testigos escogidos e ilumina con tan gran esplendor aquella forma corporal, que le es común con todos, que su rostro se pone brillante como el sol y sus vestidos blancos como la nieve.
Sin duda esta transfiguración tenía sobre todo la finalidad de quitar del corazón de los discípulos el escándalo de la cruz, a fin de que la humillación de la pasión voluntariamente aceptada no perturbara la fe de aquellos a quienes había sido revelada la excelencia de la dignidad oculta. Mas, con igual providencia, daba al mismo tiempo un fundamento a la esperanza de la Iglesia, ya que todo el cuerpo de Cristo pudo conocer la transformación con que él también sería enriquecido, y todos sus miembros cobraron la esperanza de participar en el honor que había resplandecido en la cabeza.
A este respecto, el mismo Señor había dicho, refiriéndose a la majestad de su advenimiento: Los santos brillarán entonces como el sol en el reino de su Padre.
Y el apóstol san Pablo afirma lo mismo, cuando dice: Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá; y también: Porque habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que .es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros ton él revestidos de gloria.
Además, los apóstoles, que tenían que ser fortalecidos en su fe e iniciados en el conocimiento de todas las cosas, hallaron también en este milagro una nueva enseñanza. En efecto, Moisés y Elías, es decir, la ley y los profetas, se aparecieron, hablando con el Señor; y ello para que se cumpliera con toda perfección, por la presencia de estos cinco hombres, lo que está escrito: Sólo por la declaración de dos o tres testigos se podrá fallar una causa. ¿Qué más estable, qué más firme que esta causa? Para proclamada, la doble trompeta del antiguo y del nuevo Testamento resuena concorde, y todo lo que en tiempos pasados sirvió para testimoniada coincide con la enseñanza evangélica.
Las páginas de una y otra alianza, en efecto, se confirman mutuamente, y el resplandor de la gloria presente muestra, de una manera manifiesta y cierta, lo que las antiguas figuras habían prometido bajo el velo del misterio; es que, como dice san Juan, la ley se nos dio por mediación de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo, ya que en él han llegado a su cumplimiento la promesa de las figuras mesiánicas y el significado de los preceptos de la ley; pues, con su presencia, enseña la verdad de la profecía y, con su gracia, hace posible la práctica de los mandamientos. Que la proclamación del santo Evangelio sirva, pues, para fortalecer la fe de todos, y que nadie se avergüence de la cruz de Cristo, por la que el mundo ha sido redimido.
Nadie, por tanto, tema el sufrimiento por causa de la justicia, nadie dude que recibirá la recompensa prometida, ya que a través del esfuerzo es como se llega al reposo y a través de la muerte a la vida; el Señor ha asumido toda la debilidad propia de nuestra pobre condición, y, si nosotros perseveramos en su confesión y en su amor, vencemos lo que él ha vencido y recibimos lo que ha prometido.
Ya se trate, en efecto, de cumplir sus mandamientos o de soportar la adversidad, debe resonar siempre en nuestros oídos la voz del Padre que se dejó oír desde el cielo: Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo.
Responsorio Hb 12, 22. 24. 25; Sal 94, 8
R. Vosotros ,os
habéis acercado al Mediador de la nueva alianza, Jesús; guardaos de rechazar al
que os habla, * pues si no escaparon al castigo los
que rechazaron al que promulgaba la ley en la tierra, mucho menos escaparemos
nosotros, si volvemos la espalda a aquel que nos habla desde el cielo.
V. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el
corazón.»
R. Pues si no escaparon al castigo los
que rechazaron al que promulgaba la ley en la tierra, mucho menos escaparemos
nosotros, si volvemos la espalda a aquel que nos habla desde el
cielo.
Oración
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que, purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la perfección de tus obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh sol de salvación, oh Jesucristo,
alumbra
lo más hondo de las almas,
en tanto que la noche retrocede
y el día sobre
el mundo se levanta.
Junto con este favorable tiempo
damos ríos
de lágrimas copiosas,
para lavar el corazón que, ardiendo
en jubilosa
caridad, se inmola.
La fuente que hasta ayer manó delitos
ha de
manar desde hoy perenne llanto,
si con la vara de la penitencia
el pecho
empedernido es castigado.
Ha se avecina el día, el día tuyo,
volverá
a florecer el universo;
compartamos su gozo los que fuimos
devueltos por
tu mano a tus senderos.
Oh Trinidad clemente, que te adoren
tierra
y cielo a tus pies arrodillados,
y que nosotros, por tu gracia
nuevos,
cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.
Ant. 2: Cantemos el himno que cantaban los tres jóvenes en el horno de fuego, bendiciendo al Señor.
Cántico
Dn 3, 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador
... es bendito por
los siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Cantemos el himno que cantaban los tres jóvenes en el horno de fuego, bendiciendo al Señor.
Ant. 3: Alabad al
Señor por sus obras magníficas.
Salmo 150 Salmodiad con
el espíritu, salmodiad Alabad al Señor en su templo, Alabadlo por sus obras magníficas, Alabadlo tocando trompetas, Alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con platillos sonoros, Todo ser que alienta, alabe al Señor. Ant. 3: Alabad al Señor por sus
obras magníficas.
ALABAD AL SEÑOR
con toda vuestra mente, es decir,
glorificad a Dios
con el cuerpo
y con el alma. (Hesiquio)
alabadlo en su fuerte
firmamento.
alabadlo por su inmensa
grandeza.
alabadlo con arpas y
cítaras,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos
vibrantes.
LECTURA BREVE Cf. Ne 8,9.10
Este día está consagrado al Señor vuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis. No estéis tristes: la alegría del Señor es vuestra fortaleza.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de
Dios vivo, ten piedad de nosotros. R. Cristo.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Por medio del Evangelio, nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal.
PRECES
Glorifiquemos a Dios, cuya bondad es infinita, y elevemos a él nuestra oración por medio de Jesucristo, que está siempre vivo para interceder en favor nuestro; digámosle: Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.
Dios de misericordia, haz que hoy nos entreguemos generosamente a las obras de amor al prójimo, * para que tu misericordia, a través de nosotros, llegue a todos los hombres.
Tú que en el arca salvaste a Noé de las aguas del diluvio, * salva por el agua del bautismo a los catecúmenos.
Concédenos vivir no sólo de pan, * sino de toda palabra que sale de tu boca.
Haz que, con tu ayuda, venzamos toda disensión * y podamos gozarnos en el don de tu paz y de tu amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración:
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que, purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la perfección de tus obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre
venir sobre las nubes del cielo.
(Mt 24,
30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia 1Ts 4,1.7
Hermanos, os rogamos y exhortamos en Jesús, el Señor, a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros -cosa que ya hacéis-, y a que hagáis nuevos progresos. Pues Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a
tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que,
purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la
perfección de tus obras. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 30,15.18
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Vuestra salvación está en convertiros y en tener calma; vuestra fuerza está en confiar y estar tranquilos.» El Señor espera para apiadarse, aguarda para compadecerse; porque el Señor es un Dios recto: dichosos los que esperan en él.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a
tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que,
purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la
perfección de tus obras. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Dt 4,29-31
Buscarás al Señor, tu Dios, y, si lo buscas con todo el corazón y con toda el alma, lo encontrarás. Al cabo de los años, cuando te cerquen y alcancen todas estas maldiciones, te convertirás al Señor, tu Dios, y escucharás su voz; porque el Señor, tu Dios, es un Dios compasivo; no te dejará ni te destruirá, ni se olvidará de la alianza que con juramento ofreció a vuestros padres.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a
tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que,
purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la
perfección de tus obras. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh bondadoso Creador, escucha
la voz de
nuestras súplicas y el llanto
que, mientras dura el sacrosanto ayuno
de
estos cuarenta días, derramamos.
A ti, que escrutas nuestros corazones
y que
conoces todas sus flaquezas,
nos dirigimos para suplicarte
la gracia
celestial de tu indulgencia.
Mucho ha sido, en verdad, lo que
pecamos,
pero estamos, al fin, arrepentidos,
y te pedimos, por tu excelso
nombre,
que nos cures los males que sufrimos.
Haz que, contigo y reconciliados,
podamos
dominar a nuestros cuerpos,
y, llenos de tu amor y de tu gracia,
no
pequen ya los corazones nuestros.
Oh Trinidad Santísima, concédenos,
oh
simplicísima Unidad, otórganos
que los efectos de la penitencia
de estos
días nos sean provechosos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro, entre esplendores sagrados.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro, entre esplendores sagrados.
Ant. 2: Adoramos a un solo Dios, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 113 B
HIMNO AL DIOS VERDADERO
Os
convertisteis de los ídolos a
Dios para consagraros al Dios
vivo y
verdadero. (1Ts 1, 9)
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la
gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las
naciones:
«Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus
ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:
tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen
orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene
voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en
ellos.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La
casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles
del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros
y nos bendiga,
bendiga a
la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del
Señor,
pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros
hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los
hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al
silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por
siempre.
Ant. 2: Adoramos a un solo Dios, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.
Cántico 1Pe 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño
en su boca;
cuando le insultaban, no devolvía insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos
del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.
LECTURA BREVE 1Co 9,24-25
Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno sólo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos.
V. Digno de
gloria y alabanzas por los siglos.
R. Y ten
piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria.
R. Escúchanos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: A nadie deis a conocer esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.
PRECES
Demos siempre gracias a Cristo, nuestra cabeza y nuestro maestro, que vino a servir y a hacer el bien a todos, y digámosle humilde y confiadamente: Atiende, Señor, a tu Iglesia.
Asiste, Señor, a los obispos y presbíteros de la Iglesia y haz que cumplan bien su misión de ser instrumentos tuyos, cabeza y pastor de la Iglesia, * para que por medio de ti conduzcan a todos los hombres al Padre.
Que tus ángeles sean compañeros de camino de los que están de viaje, * para que se vean libres de todo peligro de cuerpo y de alma.
Enséñanos, Señor, a servir a todos los hombres, * imitándote a ti, que viniste a servir y no a ser servido.
Haz que en toda comunidad humana reine un espíritu fraternal, * para que, estando tú en medio de ella, sea como una plaza fuerte.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Sé misericordioso, Señor, con todos los difuntos y admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
Unidos fraternalmente, dirijamos al Padre nuestra oración común: Padre nuestro.
Oración:
Señor, Padre santo, que nos has mandado escuchar a tu amado Hijo, aliméntanos con el gozo interior de tu palabra, para que, purificados por ella, podamos contemplar tu gloria con mirada limpia en la perfección de tus obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Este largo martirio de la vida,
la fe tan viva y la
esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y al
consuelo tan dormida;
esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar
tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no
halle entrada ni salida;
ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de
los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,
de que me han de librar esos tus brazos
para recibirme están
abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Salmo 30, 2-17. 20-25
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE
GRACIAS
Padre, en tus
manos encomiendo
mi espíritu. (Lc 23, 46)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que
eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte
donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han
tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me
librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en
el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en
peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en
un camino ancho.
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
II
Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis
ojos,
mi garganta y mis entrañas.
Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi
vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis
vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de
mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro
inútil.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran
contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En
tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz
brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
III
¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y
concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras
humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas
pendencieras.
Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de
misericordia
en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»
pero
tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.
Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y
a los soberbios les paga con creces.
Sed fuertes y valientes de corazón
los que esperáis en el
Señor.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
V. Convertíos y
creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el
reino de Dios.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
Del libro del Deuteronomio 24, 1-25, 4
PRECEPTOS REFERENTES AL PRÓJIMO
En aquellos días. dio Moisés al pueblo estas normas:
«En el caso de un hombre que se casa con una mujer y consuma su matrimonio, pero a quien luego esta mujer deja de gustar, porque descubre en ella algo que le desagrada, y le redacta y entrega el acta de divorcio y la despide de su casa, si esta mujer, después de marcharse, se casa con otro hombre y éste, a su vez, llega a cobrarle aversión y le redacta y entrega el acta de divorcio y la despide de su casa, o bien si muere este segundo marido, entonces, el primero no podrá volver a tomarla por mujer, pues ella está contaminada. Sería una abominación ante el Señor: no eches un pecado sobre la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad.
Si uno está recién casado, no está obligado al servicio militar, ni a otros trabajos públicos; tendrá un año de licencia para hacer gozar a la mujer con quien se ha casado.
No tomarás en prenda las dos piedras de un molino, ni siquiera la muela, porque sería tomar en prenda una vida.
Si se descubre que alguien ha secuestrado a un hermano suyo israelita, para explotarlo o venderlo, el secuestrador morirá; así extirparás la maldad de en medio de ti.
En caso de lepra, cumplid con todo cuidado las instrucciones de los sacerdotes levitas: cumplid lo que yo les he mandado. Recuerda lo que hizo el Señor, tu Dios, con María cuando saliste de Egipto.
Si haces un préstamo cualquiera a tu hermano, no entres en su casa a recobrar la prenda; espera afuera, y el prestatario saldrá a devolverte la prenda. Y, si es pobre, no te acostarás sobre la prenda; se la devolverás a la caída del sol, y así él se acostará sobre su manto y te bendecirá, y habrás hecho una buena acción a los ojos del Señor, tu Dios.
No defraudes al jornalero pobre y necesitado, sea hermano tuyo o forastero que viva en tu. tierra o en tu ciudad; cada jornada le darás su jornal, antes que el sol se ponga, porque está necesitado y para vivir necesita de su salario. Así no clamará al Señor contra ti, y tú no cargarás con un pecado.
No serán ejecutados los padres por culpas de los hijos, ni los hijos por culpas de los padres: cada uno será ejecutado por su propio pecado.
No defraudarás el derecho del forastero y del huérfano, ni tomarás en prenda las ropas de la viuda: recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que allí te redimió el Señor, tu Dios: por eso yo te mando hoy cumplir este precepto.
Cuando siegues la mies de tu campo, si se te queda en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla: déjasela al forastero, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no vuelvas para hacer el rebusco en las ramas: déjaselas al forastero, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no hagas el rebusco de los racimos: déjaselos al forastero, al huérfano y a la viuda. Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto: por eso yo te mando hoy cumplir esta ley.
Cuando dos hombres tengan algún litigio, vayan al tribunal, para que se haga juicio entre ellos y se absuelva al inocente y se condene al culpable. Si el culpable merece azotes, el juez lo hará tenderse en tierra y, en su presencia, le darán los azotes que merezca su delito. Le podrán dar hasta cuarenta, pero no más, no sea que, al golpearlo más, resulte excesivo el castigo y tu hermano quede envilecido a tus ojos.
No le pongas bozal al buey que trilla.»
Responsorio Cf. Mc 12, 32-33; Sir 35, 4-5
R. Maestro, tienes
razón al decir que Dios es único y que que hay que amarlo con todo el corazón, y
* amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y
sacrificios.
V. Dar limosna equivale a ofrecer
sacrificios de alabanza; apartarse del mal es complacer al Señor.
R. Amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los
holocaustos y sacrificios.
Año II:
Del libro del Éxodo 14, 10-31
PASO DEL MAR ROJO
En aquellos días, cuando se acercaba el Faraón al campamento de Fehirot, los hijos de Israel levantaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban detrás de ellos; el temor los invadió y clamaron al Señor. Dijeron a Moisés:
«¿No había suficientes sepulcros en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Para qué nos has sacado de Egipto? ¿No te lo decíamos allá claramente: "Déjanos en paz y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto"?» Moisés respondió al pueblo:
«No tengáis miedo; estad firmes y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros sin que vosotros tengáis que preocuparos.» El Señor dijo a Moisés:
«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Tú alza tu cayado y extiende tu mano sobre el mar y se abrirá en dos, de modo que los israelitas puedan atravesarlo como por tierra firme.
Yo haré que el Faraón se empeñe en entrar detrás de vosotros y mostraré mi gloria derrotando al Faraón y a su ejército, a sus carros y jinetes; para que sepa Egipto que yo soy el Señor, cuando muestre mi gloria derrotando al Faraón con sus carros y jinetes.» El ángel de Dios que caminaba delante de las huestes de Israel se levantó y pasó a su retaguardia; la columna de nubes que estaba delante de ellos se puso detrás, colocándose entre el campamento egipcio y el campamento israelí; la nube se oscureció y la noche quedó tenebrosa, de modo que los egipcios no pudieron acercarse a los hijos de Israel en toda la noche.
Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este que secó el mar y las aguas se dividieron en dos.
Los hijos de Israel entraron por el mar como por tierra firme, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución y entraron detrás de ellos por el' mar, con los caballos del Faraón, sus carros y sus guerreros.
A la vigilia matutina, volvió Dios la mirada desde la columna de fuego y humo hacia el ejército egipcio y sembró en él el pánico. Hizo que las ruedas de los carros se trabasen unas con otras, de modo que sólo muy penosamente avanzaban. Los egipcios exclamaron entonces:
«Huyamos de Israel, porque el Señor combate por él contra Egipto.» Pero Dios dijo a Moisés:
«Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas se reunirán sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.» y Moisés extendió su mano sobre el mar, y, al despuntar el día, el mar recobró su estado ordinario y los egipcios en fuga se vieron frente a las aguas, y así arrojó Dios a los egipcios en medio del mar, pues las aguas, al reunirse, cubrieron carros, jinetes y todo el ejército del Faraón que había entrado en el mar en seguimiento de Israel, y no escapó ni uno solo. Pero los hijos de Israel caminaban sobre tierra seca por en medio del mar. Las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día libró Dios a Israel de los egipcios, cuyos cadáveres vio Israel en las orillas del mar. Israel vio la mano potente que mostró Dios contra Egipto, y el pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés su siervo.
Responsorio Ex 15, 1. 2. 3
R. Cantaré al
Señor, sublime es su victoria, caballos y carros ha arrojado en el mar; * mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
V. El Señor es un guerrero, su nombre es «El
Señor».
R. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él
fue mi salvación.
SEGUNDA LECTURA
De las Catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo
(Catequesis 3, 24-27: SC 50, 165-167)
MOISÉS y CRISTO
Los judíos vieron maravillas; también tú las verás, y más grandes y sorprendentes que cuando los judíos salieron de Egipto. Tú no viste sumergirse al Faraón con su ejército, pero has visto al diablo con todo su poder cubierto por las olas. Los judíos atravesaron el mar Rojo; tú has atravesado ,el dominio de la muerte. Ellos fueron liberados de Egipto; tú has sido liberado de los demonios. Los judíos escaparon de la esclavitud en país extranjero; tú has escapado de la esclavitud, mucho más triste, del pecado.
¿Quieres aún más pruebas de que has sido honrado con dones mayores? Los judíos, entonces, no pudieron contemplar el rostro glorificado de Moisés, a pesar de que era consiervo y congénere suyo; tú, en cambio, has contemplado la gloria del rostro de Cristo. Y el apóstol Pablo afirma: Todos nosotros reflejamos como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor.
Ellos tenían entonces a Cristo que los seguía; pero, de un modo mucho más real, nos sigue ahora a nosotros. Pues entonces el Señor los acompañaba en atención a Moisés, pero ahora os acompaña no sólo en atención a Moisés, sino por vuestra obediencia. Ellos, al salir de Egipto, encontraron el desierto; tú, al salir de este mundo, encontrarás el cielo. Ellos tuvieron como guía e ilustre caudillo a Moisés; pero nosotros tenemos como guía y caudillo al otro Moisés, que es Dios mismo.
¿Cuál fue la nota distintiva del primer Moisés? Moisés -dice la Escritura- era el hombre más humilde del mundo. Esta característica se la podemos atribuir, sin temor a equivocarnos, a nuestro Moisés, ya que en él moraba íntima y consubstancial mente el Espíritu suavísimo. Entonces, Moisés, alzando las manos al cielo, hacía caer el maná, pan de ángeles; nuestro Moisés alza las manos al cielo y nos proporciona el alimento eterno. Aquél golpeó la roca e hizo salir torrentes de agua; éste toca la mesa, golpea la mesa espiritual y hace manar las fuentes del Espíritu. Por esto la mesa está situada en medio, cual una fuente, para que los rebaños acudan a la fuente desde todo lugar y beban de sus aguas salvadoras.
Disponiendo, pues, de una fuente tal, de una mesa abastecida con tal abundancia de alimentos de toda clase, de tanta abundancia de bienes espirituales, acerquémonos con un corazón sincero y una conciencia pura, para que alcancemos gracia y misericordia en el tiempo oportuno: la gracia y la misericordia del Hijo único, nuestro Señor y salvador Jesucristo, por el cual y con el cual sea la gloria, el honor y el poder al Padre y al Espíritu dador de vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio Hb 11, 24-27a
R. Por la fe
Moisés, siendo ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija del Faraón, y
prefirió sufrir males con el pueblo de Dios a disfrutar de las ventajas
pasajeras del pecado; * pues tenía la mirada puesta
en la recompensa.
V. Tuvo por mayor riqueza el
oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, y así, por la fe, abandonó
Egipto.
R. Pues tenía la mirada puesta en la
recompensa.
Oración
Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con
vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas
del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir,
en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo precio
que me habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos
de su dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a
vos a vuestro leño
y tendréisme seguro con tres clavos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Salmo 41
DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL
TEMPLO
El que tenga
sed y quiera, que venga
a beber el agua de la vida (Ap 22,
17)
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te
busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me
repiten:
“¿Dónde está tu Dios?”
Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de
tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de
Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la
fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío.”
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el
Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes
y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la
alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿por qué voy
andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo
el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Cántico
Sir 36, 1-7. 13-16
SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE
JERUSALÉN
Ésta es la
vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado
Jesucristo. (Jn 17, 3)
Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las
naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu
poder.
Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu
gloria castigándolos a ellos,
para que sepan, como nosotros lo
sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.
Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano,
robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como
antiguamente.
Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien
nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén,
lugar de tu reposo.
Llena a Sión de tu majestad
y al templo, de tu
gloria.
Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO
Nos visitará
el sol que nace de lo alto... para guiar
nuestros pasos por el camino de la
paz. (Lc 1,78-79)
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la
obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche
se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a
toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su
lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su
alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro
extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
LECTURA BREVE Ex 19,4-6a
Vosotros habéis visto cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre», dice el Señor.
PRECES
Alabemos a Dios, nuestro Padre, que nos concede ofrecerle el sacrificio de alabanza cuaresmal, y supliquémosle, diciendo: Ilumínanos, Señor, con tu palabra.
Dios todopoderoso y compasivo, concédenos el espíritu de oración y de penitencia, * y danos un verdadero deseo de amarte a ti y a nuestros hermanos.
Concédenos ser constructores de tu reino, para que todas las cosas tengan a Cristo por cabeza * y abunde la justicia y la paz en toda la tierra.
Haz que sepamos descubrir la bondad y hermosura de tu creación, * para que su belleza se haga alabanza en nuestros labios.
Perdónanos por haber ignorado la presencia de Cristo en los pobres, los sencillos y los marginados, * y por no haber atendido a tu Hijo en estos hermanos nuestros.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Impulsados por el Espíritu que nos hace clamar: «¡Padre!», invoquemos a nuestro Dios: Padre nuestro.
Oración:
Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 41-48
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu
promesa:
así responderé a los que me injurian,
que confío en tu
palabra;
no quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en
tus mandamientos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás;
andaré por
un camino ancho,
buscando tus decretos;
comentaré tus preceptos ante los
reyes,
y no me avergonzaré.
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo;
levantaré mis
manos hacia ti
recitando tus mandatos.
Salmo 39, 2-14. 17-18
ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN DE
AUXILIO
No quieres
sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo. (Hb 10,
5)
I
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi
grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis
pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro
Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el
Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie se te puede comparar:
intento proclamarlas,
decirlas,
pero superan todo número.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste
el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí
estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
II
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he
cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he proclamado tu
fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante
la gran asamblea.
Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu
lealtad me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin
cuento.
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que
los cabellos de mi cabeza,
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre
y desdichado,
pero el Señor cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi
liberación: Dios mío, no tardes.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Sb 11,24-25a
Señor, tú te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar
nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y
a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta Ez 18,23
«¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor- y no que se convierta de su conducta y que viva?»
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar
nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y
a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por Cristo,
nuestro Señor.
Nona Is 58,7
Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, tú que para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar
nuestro cuerpo mediante la austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y
a entregarnos, con amor filial al cumplimiento de tus mandatos. Por Cristo
nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Ésta es la hora para el buen amigo,
llena de intimidad y
confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que
siente el rey, siente el mendigo.
Hora en que el corazón encuentra abrigo
para lograr
alivio a su dolencia
y, al evocar la edad de la inocencia,
logra en el
llanto bálsamo y castigo.
Hora en que arrullas, Cristo, nuestra vida
con tu
amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos convida.
Hora en que un ángel roza nuestra frente
y en que el
alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a
recibirlo! (Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.
Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
LECTURA BREVE Rm 12,1-2
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor, ten
misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «No juzguéis y no seréis juzgados; con la medida con que midáis se os medirá a vosotros», dice el Señor.
PRECES
Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que por la palabra de su Hijo prometió escuchar la oración de los que se reúnen en su nombre, y, confiados en esta promesa, supliquémosle, diciendo: Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, tú que en la montaña del Sinaí diste a conocer tu ley por medio de Moisés y la perfeccionaste luego por Cristo, * haz que todos los hombres descubran que tienen esta ley inscrita en el corazón y que la deben guardar para hacer efectiva la alianza que has hecho con ellos.
Concede a los superiores fraternal solicitud hacia los que les han sido confiados, * y a los súbditos espíritu de obediente colaboración.
Fortalece el espíritu y el corazón de los misioneros * y suscita en todas partes colaboradores de su obra.
Que los niños crezcan en gracia y en edad, * y que los jóvenes se abran con sinceridad a tu amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate de nuestros hermanos que ya duermen el sueño de la paz * y dales parte en la vida eterna.
Digamos a nuestro Padre, juntamente con Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Señor, tú que
para nuestro progreso espiritual nos mandas dominar nuestro cuerpo mediante la
austeridad, ayúdanos a huir también de todo pecado y a entregarnos, con amor
filial al cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un
corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y, hallándola en la
cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
«Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento busco esos
cristales;
si te ofendí, protervo,
ya vuelvo arrepentido de mis
males;
y no me he de apartar de tu presencia
sin perdón, sin favores, sin
clemencia.
SALMODIA
Ant. 1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Salmo 36
LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD
Dichosos los
sufridos, porque ellos
heredarán la tierra. (Mt 5,4)
I
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el
mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se
agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la
lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu
corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él
actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el
mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el
hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que
obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en
el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio:
ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz
abundante.
Ant.1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
II
El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra
él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para
abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada
les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la
opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo
sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará
siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se
saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se
marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y
perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son
excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus
caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la
mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo
abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da
prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal -y haz el bien,
y siempre tendrás una
casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus
fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se
extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre
jamás.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
III
La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el
derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no
vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el
Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el
juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la
tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro
frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo
encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la
paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados
quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el
peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los
salva,
porque se acogen a él.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
V. Ahora es el tiempo propicio.
R. Ahora es el día de la salvación.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
Del libro del Deuteronomio 26, 1-19
PROFESIÓN DE FE DE LOS HIJOS DE ABRAHAM
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad, cuando tomes posesión de ella y la habites, tomarás primicias de todos los frutos que coseches de la tierra que va a darte tu Dios, los pondrás en una cesta, irás al lugar que el Señor, tu Dios, haya elegido para morada de su nombre, te presentarás al sacerdote que esté en funciones por aquellos días, y le dirás:
"Hoy confieso ante el Señor, mi Dios, que he entrado en la tierra que el Señor juró a nuestros padres que nos daría a nosotros." El sacerdote cogerá de tu mano la cesta, la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios, y tú recitarás estas palabras:
"Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí con unas cuantas personas más; allí se hizo un pueblo grande, fuerte y numeroso. Los egipcios nos maltrataron y nos humillaron, y nos impusieron dura esclavitud. Gritamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz: vio nuestra miseria, nuestros trabajos, nuestra opresión. El Señor nos sacó de Egipto: con mano fuerte, con brazo extendido, con terribles portentos, con signos y prodigios, y nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso vengo aquí con las primicias de los frutos de la tierra que tú me diste, Señor."
Y lo depositarás ante el Señor, tu Dios, te postrarás ante él, y harás fiesta con el levita y el forastero que viva en tu vecindad, por todos los bienes que el Señor, tu Dios, te haya dado, a ti y a tu casa.
Cada tres años, el año del diezmo, cuando termines de repartir el diezmo de todas tus cosechas y se lo hayas dado al levita, al, forastero, al huérfano y a la viudo, para que coman en tus ciudades hasta saciarse, recitarás lo siguiente en presencia del Señor, tu Dios:
"He sacado de mi casa lo que debía ser consagrado: se lo he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, según el precepto que me diste. No he quebrantado ni olvidado ningún precepto. No he comido nada durante mi duelo, nada impuro he consumido, ni se lo he ofrendado a un dios muerto. He escuchado la voz del Señor, mi Dios, he cumplido todo lo que me mano daste. Vuelve los ojos desde tu santa morada, desde el cielo, Y' bendice a tu pueblo, Israel, y a esta tierra que nos diste, como habías jurado a nuestros padres, una tierra que mana leche y miel."
Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma. Hoy has comprometido al Señor para que sea tu Dios, a condición de que sigas sus caminos, guardes sus mandatos, normas y preceptos, y escuches su voz. Y hoy te ha comprometido el Señor a ser su propio pueblo, según él mismo te lo ha dicho, a condición de que guardes sus mandamientos; él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y tú serás el pueblo santo del Señor.»
Responsorio Cf. 1Pe 2, 9. 10; Dt 7, 6, 8
R. Vosotros sois
pueblo adquirido por Dios; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo sois
ahora pueblo de Dios; * vosotros que estabais excluidos de la misericordia sois
ahora objeto de la misericordia de Dios.
V. El
Señor os eligió sólo por el amor que os tiene, y os rescató de la
esclavitud.
R. Vosotros que estabais excluidos de
la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de Dios.
Año II:
Del libro del Éxodo 16, 1-18. 35
EL MANÁ EN EL DESIERTO
Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí,. el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.»
El Señor dijo a Moisés:
«Yo os haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger diariamente la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. El día sexto, cuando preparen lo que hayan de llevar, que recojan el doble de lo que acostumbren recoger cada día.»
Moisés y Aarón dijeron a los israelitas:
«Esta tarde sabréis que es el Señor quien os ha sacado de Egipto, y mañana veréis la gloria del Señor. Ha oído vuestras protestas contra él, pues nosotros, ¿qué somos para que murmuréis de nosotros? Esta tarde os dará a comer carne y mañana os saciará de pan; os ha oído murmurar de él; ¿nosotros qué somos? No habéis murmurado contra nosotros, sino contra el Señor.» Moisés dijo a Aarón:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel: "Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones."» Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos miraron hacia el desierto y vieron la' gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés:
«He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan, para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."» Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un grano fino parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas decían:
«Man hu», (que significa «¿Qué es esto?»; pues no sabían lo que era).
Moisés les dijo:
«Es el pan que el Señor os da de comer. Éstas son las órdenes del Señor: que cada uno recoja lo que pueda comer: un celemín por cabeza para todas las personas que vivan en una tienda.» Así lo hicieron tos israelitas: unos recogieron más, otros menos. Y al medirlo en el celemín, no sobraba al que había recogido más ni faltaba al que había recogido menos: había recogido cada uno lo que necesitaba para su sustento.
Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años hasta que llegaron a tierra habitada; lo comieron hasta que llegaron a la frontera de Canaán.
Responsorio Sb 16, 20; Jn 6, 37
R. Alimentaste a tu
pueblo con manjar de ángeles, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, *
que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.
V. Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os
da el verdadero pan del cielo.
R. Que puede
brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 140, 4-6: CCL 40, 2028-2029)
LA PASIÓN DE TODO EL CUERPO DE CRISTO
Señor, te he llamado, ven de prisa. Esto podemos decirlo todos. No lo digo yo solo, sino el Cristo total.
Pero es más bien el cuerpo quien habla aquí; pues Cristo, cuando estaba en este mundo, oró en calidad de hombre, y oró al Padre en nombre de todo el cuerpo, y al orar caían de todo su cuerpo gotas de sangre. Así está escrito en el Evangelio: Jesús oraba con mayor intensidad, y sudó como gruesas gotas de sangre. Esta efusión de sangre de todo su cuerpo no significaba otra cosa que la pasión de los mártires de toda la Iglesia.
Señor, te he llamado, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Al decir: Te he llamado, no creas que ya ha cesado el motivo de llamar. Has llamado, pero no por eso puedes estar ya seguro. Si hubiera terminado ya la tribulación, no tendrías que llamar más; pero, como que la tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los siglos. no sólo hemos de decir: Te he llamado, ven de prisa, sino también: Escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Todo cristiano sabe que estas palabras suelen entenderse de la Cabeza en persona. Cuando, en efecto, declinaba el día, el Señor entregó voluntariamente su vida en la cruz, para volver a recobrarla. Pero también entonces estábamos nosotros allí representados, Pues lo que colgó del madero es la misma naturaleza que tomó de nosotros. Si no, ¿cómo hubiera sido nunca posible que el Padre abandonara a su Hijo único, siendo ambos un solo Dios? Y sin embargo, clavando nuestra frágil condición en la cruz, en la cual, como dice el Apóstol, nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, clamó en nombre de este hombre viejo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Aquella ofrenda de la tarde fue, pues, la pasión del Señor, la cruz del Señor, oblación de la víctima salvadora, holocausto agradable a Dios. Aquella ofrenda de la tarde se convirtió, por la resurrección, en ofrenda matinal. Así, la oración que sale con toda pureza de lo íntimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios .que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes.
Responsorio Ga 2, 19-20
R. Estoy
crucificado con Cristo; * vivo yo, pero no soy yo, es
Cristo quien vive en mí.
V. Y mientras vivo en
esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por
mí.
R. Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien
vive en mí.
Oración
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edificada en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar para tu
vino
y, para el vino, una viña.
Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena
bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.
Edificaste una torre,
Señor, para tu guarida;
un
huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un blanco silencio de
horas
y un verde beso de brisas.
Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo de
arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu herida
te
dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.
¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu silencio y
grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pisa,
y que tu mesa
se endulce
con el vino de tu viña. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido
al mundo como luz.
(Jn 12, 46)
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Ant. 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
Ant. 2: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido
al mundo como luz.
(Jn 12, 46)
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Ant. 2: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
Ant. 3: ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión. +
Salmo 64
SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS
Cuando se
habla de Sión debe
entenderse del reino
eterno.
(Orígenes)
¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,
+ y a ti se te cumplen los
votos,
porque tú escuchas las súplicas.
A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros
delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.
Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus
atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados
de tu templo.
Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, Salvador
nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano
remoto;
tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú
que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto
de los pueblos.
Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus
signos
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de
júbilo.
Tú cuidas de la tierra, la riegas
la enriqueces sin
medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los
trigales;
riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja
mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
las
rodadas de tu carro rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
las colinas se orlan de
alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
los valles se visten de
mieses,
que aclaman y cantan.
Ant. 3: ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión.
LECTURA BREVE Jl 2,12-13
Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Uno solo es vuestro maestro, Cristo el Señor, que está en los cielos.
PRECES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que nos dio a su Hijo unigénito, Palabra hecha carne, para que vivamos de ella, e invoquémoslo, diciendo: Que la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza.
Concédenos escuchar con más frecuencia tu palabra en este tiempo cuaresmal, * para que en la gran solemnidad que se avecina nos unamos con mayor fervor a Cristo, nuestra Pascua.
Que tu Espíritu Santo nos asista, * para que seamos testigos de tu verdad y de tu bondad ante los vacilantes y equivocados.
Concédenos vivir más profundamente el misterio de Cristo, * para que podamos dar testimonio de él con más fuerza y claridad.
En este tiempo de penitencia, Señor, renueva y purifica a tu Iglesia, * para que se manifieste con más claridad como signo de salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración:
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edifica en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 49-56
Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi
esperanza;
éste es mi consuelo en la aflicción:
que tu promesa me da
vida;
los insolentes me insultan sin parar,
pero yo no me aparto de tus
mandatos.
Recordando tus antiguos mandamientos,
Señor, quedé
consolado;
sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu
voluntad;
tus leyes eran mi canción
en tierra extranjera.
De noche pronuncio tu nombre,
Señor, y velando, tus
preceptos;
esto es lo que a mí me toca:
guardar tus decretos.
Salmo 52
NECEDAD DE LOS PECADORES
Todos pecaron
y se hallan privados
de la gloria de Dios. (Rm 3, 23)
Dice el necio para si:
«No hay Dios.»
Se han corrompido
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
Dios observa desde el cielo
a los hijos de Adán
para ver si
hay alguno sensato
que busque a Dios
Todos se estravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre
bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto
porque Dios esparce los huesos del
agresor,
y serán derrotados,
porque Dios los rechaza.
¡Ojalá venga desde Sión
la salvación de lsrael!
Cuando el
Señor cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará
Israel.
Salmo 53, 3-6. 8-9
PETICIÓN DE AUXILIO
El profeta
pide verse libre de sus enemigos
por el nombre del Señor.
(Casiano)
Oh Dios!, sálvame por tu nombre,
sal por mi con tu poder.
¡Oh
Dios!, escucha mí súplica,
atiende a mis palabras:
porque unos insolentes se alzan contra mi,
y hombres violentos
me persiguen a muerte
sin tener presente a Dios.
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
te ofreceré un sacrificio voluntario
dando gracias a tu nombre,
que es bueno;
porque me libraste del peligro
y he visto la derrota de mis
enemigos.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Jl 2,17
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen las naciones.»
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edifica en la
debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección
la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por
Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 3,25b
Pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde la juventud hasta el día de hoy, y no escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios.
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edifica en la
debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección
la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por
Cristo nuestro Señor.
Nona Is 58,1-2a
Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran afán de saber mis caminos, como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no hubiesen abandonado los preceptos de Dios.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edifica en la
debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección
la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por
Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
No me pesa, Señor, haber faltado
por el eterno mal que he
merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como pena a mi pecado.
Pésame haber tus voces despreciado
y tus justos
mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón, Señor,
por mí llagado.
Llorar quiero mis culpas humillado,
y buscar a mis
males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.
Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote cual
siempre me has amado
viviendo contigo arrepentido. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: No podéis servir a Dios y al dinero.
Salmo 48
VANIDAD DE LAS RIQUEZAS
Es muy
difícil que un rico entre en el
reino de los cielos. (Mt 19,
23)
I
Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;
mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis
reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de
la cítara.
¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y
me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus
inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un
rescate?
Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.
Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y
necios,
y legan sus riquezas a extraños.
El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.
El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los
animales.
Ant.1: No podéis servir a Dios y al dinero.
Ant. 2: «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.
II
Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres
satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y
bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su
casa.
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de
su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con
él.
Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la
luz.
El hombre rico e inconsciente
es como un animal que
perece.
Ant. 2: «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
LECTURA BREVE St 2,14.17.18b
Hermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor, ten
misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Todos vosotros sois hermanos; no deis entre vosotros a nadie el título de padre, porque uno solo es vuestro Padre, el que está en los cielos; ni os proclaméis maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
PRECES
Oremos a Jesús, el Señor, que levantado en la cruz atrae a todos hacia él, y digámosle: Atrae, Señor, a todos hacia ti.
Señor, que la luz con que resplandece el misterio de la cruz atraiga a todos los hombres, * para que te reconozcan como camino, verdad y vida.
Da tu agua viva a todos los sedientos de verdad, * para que su sed quede eternamente saciada.
Ilumina a los científicos y a los artistas, * para que el progreso sea también camino de salvación.
Mueve los corazones de los que se apartaron de ti a causa del pecado o del escándalo, * para que se conviertan a ti y permanezcan en tu amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Admite en tu reino a todos los difuntos, * para que se alegren eternamente con la Virgen María y con todos los santos.
Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir: Padre nuestro.
Oración:
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edifica en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin
fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y
yo lo impido.
Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo,
triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en
él metido.
SALMODIA
Ant. 1:
También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.Salmo 38
SÚPLICA DE UN ENFERMO
La creación
fue sometida a la frustración...,
pero con la esperanza de verse
liberada. (Rm 8, 20)
I
Yo me dije: vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la
lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté
presente.
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi
herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me
requemaba,
hasta que solté la lengua.
Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis
años,
para que comprenda lo caduco que soy.
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el
hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como pura sombra,
por un
soplo se afana,
atesora sin saber para quién.
Ant.1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
II
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi
confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los
necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha
hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me
acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla
roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas
sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis
padres.
Aplaca tu ira, dame respiro,
antes de que pase y no
exista.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
Salmo 51
CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES
El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)
¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el
piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias
tu lengua es
navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres
las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de
tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
«Mirad al
valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas
riquezas,
se insolentó en sus crímenes.»
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en su
misericordia
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré
delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.»
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
V. Convertíos y haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 29, 2-6. 10. 9
MALDICIÓN SOBRE LOS TRANSGRESORES DE LA ALIANZA
En aquellos días, Moisés convocó a todo Israel y le dijo:
«Vosotros sois testigos de todo lo que el Señor hizo en Egipto contra el Faraón, sus ministros y todo su país: aquellas grandes pruebas, que vieron vuestros ojos, aquellos grandes signos y prodigios; pero el Señor no os había dado inteligencia para entender, ni ojos para ver, ni oídos para escuchar, hasta hoy:
"Yo os he hecho caminar cuarenta años en el desierto: no se os gastaron los vestidos que llevabais, ni envejecieron las sandalias de vuestros pies; no comisteis pan, ni bebisteis vino ni licor, para que reconozcáis que yo, el Señor, soy vuestro Dios."
Vosotros os habéis colocado hoy en presencia del Señor, vuestro Dios -vuestros jefes de tribu, ancianos y magistrados, y todos los hombres de Israel; vuestros niños y mujeres, y los forasteros que están en el campamento (tus aguadores y leñadores)-, para entrar en alianza con el Señor, tu Dios, y aceptar el pacto que el Señor, tu Dios, concluye contigo hoy: en virtud de él te constituye pueblo suyo, y él será tu Dios, como te dijo y como había jurado a tus padres, a Abraham, Isaac y Jacob. No sólo con vosotros concluyo esta alianza y este pacto: lo concluyo tanto con el que está hoy aquí con nosotros, en presencia del Señor, como también con el que no lo está.
Vosotros sabéis que habitamos en Egipto, y que cruzamos por en medio de todos aquellos pueblos que atravesamos, vimos sus ídolos monstruosos, piedra y leño, plata y oro: que no haya nadie entre vosotros, hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor, vuestro Dios, yendo a dar culto a los dioses de estos pueblos; que no arraiguen en vosotros plantas amargas y venenosas. Si alguien, al escuchar los términos de este pacto, se felicita diciendo por dentro: "Tendré paz, aunque siga en mi obstinación", entonces la riada arrastrará el terreno de regadío juntamente con el de secano, pues el Señor no estará dispuesto a perdonarlo: su ira y su cero se encenderán contra ese hombre, se asentará sobre él la maldición de este código, y el Señor borrará su nombre bajo el cielo; el Señor lo apartará, para su perdición, de todas las tribus de Israel, según las maldiciones que sancionan la alianza, escritas en este código.
Las generaciones venideras, los hijos que os sucedan y los extranjeros que vengan de lejanas tierras, cuando vean las plagas de esta tierra, las enfermedades con que Dios la castigará, no podrán menos que exclamar:
"Azufre y. sal, tierra calcinada, donde se siembra y no brota ni crece la hierba, catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, Adamá y Seboín, arrasadas por la ira y la cólera del Señor." y todos esos pueblos se preguntarán: "¿Por qué trató el Señor así a esta tierra? ¿Qué significa esta cólera tan terrible?"
Y les responderán:
"Porque abandonaron la alianza del Señor, el Dios de sus padres, el pacto que hizo con ellos al sacarlos de Egipto; porque fueron a dar culto a dioses extranjeros, postrándose ante ellos -dioses que no conocían, dioses que no formaban parte de su heredad-; por eso la ira del Señor se encendió contra esta tierra, haciendo recaer sobre ella todas las maldiciones escritas en este código; por eso el Señor los arrancó de su suelo, con ira, furor e indignación, y los arrojó a una tierra extraña, en donde están ahora."
Las cosas ocultas pertenecen al Señor, nuestro Dios, pero las revelaciones son para nosotros y nuestros hijos para siempre: a fin de que pongamos en práctica todas las palabras de esta ley.»
Responsorio Ga 3, 13-14; Cf Dt 8,
14
R. Cristo se hizo
maldición por nosotros, a fin de que la bendición de Abraham alcanzara a todas
las naciones, * para que recibiéramos por la fe el
Espíritu prometido por Dios.
V. Dios nos sacó de
la tierra de Egipto y de la casa de esclavitud.
R.
Para que recibiéramos por la fe el Espíritu prometido por Dios.
Año II:
Del libro del Éxodo 17, 1-16
BROTA AGUA DE LA ROCA. BATALLA CONTRA AMALEC
En aquellos días, la comunidad de Israel se marchó del desierto de Sin por etapas, según las órdenes del Señor, y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró agua de beber. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:
«Danos agua de beber.» Él les respondió:
«¿Por qué me reñís a mí y tentáis al Señor?» Pero el pueblo, sediento, murmuró de Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matamos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?» Moisés clamó al Señor:
«¿Qué hago con este pueblo? Por poco me apedrean.»
El Señor respondió a Moisés:
«Preséntate al pueblo, acompañado de los ancianos de Israel, y empuñando el cayado con el que golpeaste el Nilo; ve, que yo estaré frente a ti junto a la roca de Horeb. Golpea la roca y saldrá agua para que beba el pueblo.»
Así lo hizo Moisés ante los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, por haber reñido allí el pueblo y tentado al Señor, preguntando: «¿Está el Señor entre nosotros o no?»
Después de esto sucedió que vinieron los amalecitas y atacaron a los hijos de Israel en Refidim. Moisés dijo a Josué:
«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré de pie en la cima del monte con el cayado maravilloso de Dios en la mano.»
Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalec, mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Y aconteció que mientras Moisés tenía en alto las manos vencía Israel, pero cuando las bajaba vencía Amalec. Y, como se le cansaban las manos, tomaron una piedra e hicieron que se sentase en ella, mientras que Aarón y Jur le sostenían los brazos, mío a cada lado. Así pudo Moisés sostener en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa a filo de espada. El Señor dijo a Moisés:
«Escribe esto en un libro de memorias y haz saber a Josué que yo borraré la memoria de Amalec bajo el cielo,» Moisés levantó un altar y lo llamó Yahvéh Nissí, que significa: «El Señor es mi estandarte», pues dijo:
«El estandarte del Señor en la mano, el Señor está en guerra con Amalec de generación en generación,»
Responsorio Is 12, 3-4a; d. Jn 4,
14
R. Sacaréis agua
con gozo de las fuentes de la salvación, * y aquel
día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre.»
V. El agua que yo os daré se convertirá en vosotros en
manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna.
R. Y aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su
nombre.»
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 14, 2-3; 15, 1: se 100, 542. 548)
A TRAVÉS DE FIGURAS, ISRAEL APRENDÍA A TEMER AL SEÑOR Y A PERSEVERAR EN SU SERVICIO
En el principio, Dios modeló al hombre, movido por su munificencia; a los patriarcas los eligió con miras a su salvación; iba formando a su pueblo, enseñándole a seguir a Dios, a pesar de su rebeldía; preparaba a los profetas, haciendo que el hombre se fuera acostumbrando, aquí en la tierra, a ser portador de su Espíritu ya' gozar de la comunión con Dios; él, que de nadie necesita, hacía entrar en su comunión a los que de él necesitan. Y, a la manera de un arquitecto, iba esbozando, en favor de los que lo complacían, el edificio de la salvación: él mismo se constituyó en guía de los que en Egipto no veían, dio una ley perfectamente ajustada a los que en el desierto estaban inquietos, otorgó en herencia la tierra prometida a los que llegaron a entrar en ella, mata el novillo cebado para los que vuelven al Padre y los viste con la túnica más rica. Haciendo así que el género humano, de diversas maneras, vaya sintonizando con la salvación futura.
Por esto Juan, en el Apocalipsis, dice: Su voz era como el estruendo de muchas aguas. Realmente, son muchas las aguas del Espíritu de Dios, ya que es mucha la riqueza y grandeza del Padre. Y, con su acción sobre todos los hombres, el Verbo comunicaba con liberalidad sus favores a los que se le sometían, dictando una ley apta y adecuada a cualquier condición.
Mediante esta ley, ordenaba al pueblo la construcción del tabernáculo, la edificación del templo, la designación de los levitas, los sacrificios y oblaciones, las abluciones y todo el servicio cultual.
Él, ciertamente, no tenía necesidad de ninguna de estas cosas, ya que goza de la plenitud de todo bien y, aun antes de que Moisés existiera, contenía en sí mismo todo olor de suavidad y toda exhalación de agradable aroma; pero todo aquello era una constante llamada al pueblo, inclinado siempre a la idolatría, para exhortarlo a la perseverancia y al servicio de Dios; por las cosas secundarias lo llamaba a las cosas principales, es decir: por las cosas figuradas lo conducía a las verdaderas, por las cosas temporales lo conducía a las eternas, por las cosas carnales lo conducía a las espirituales, por las cosas terrenales lo conducía a las celestiales; como le fue dicho a Moisés: Te ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña.
Durante cuarenta días, en efecto, aprendió a retener las palabras de Dios, los caracteres celestiales, las imágenes espirituales y las figuras proféticas del futuro, como dice el apóstol san Pablo: Bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Y añade también, refiriéndose a las antedichas prescripciones de la ley: Todas estas cosas les acontecían en figura y fueron escritas para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades.
Así, pues, a través de estas figuras, aprendían a temer a Dios y a perseverar en su servicio. De este modo, la leyera para ellos norma de vida y, al mismo tiempo, profecía de las cosas venideras.
Responsorio Ga 3, 24-25.
23
R. La ley fue
nuestro ayo para llevamos a Cristo, a fin de ser justificados por la fe. * Pero, una vez llegada la era de la fe, no estamos más
bajo la potestad del ayo.
V. Antes de venir la
economía de la fe, estábamos encerrados bajo la custodia de la ley, en espera de
la fe que había de revelarse.
R. Pero, una vez
llegada la era de la fe, no estamos más bajo la potestad del ayo.
Oración
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba pensando en confesar
sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de haberte abandonado;
cuando pobre volvime a ti humillado,
me ofrecí como
inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los ojos, me
sentí abrazado.
Sentí mis labios por tu amor sellados
y ahogarse
entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.
Llenose el alma en luces matutinas,
y, viendo ya mis
males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Salmo 76
RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL
Nos aprietan
por todos lados, pero
no nos aplastan. (2Co 4, 8)
Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me
oiga.
En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos
sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios,
gimo,
y meditando me siento desfallecer.
Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja
hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche
lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:
¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a
favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para
siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera
cierra sus entrañas?
Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del
Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos
portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.
Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como
nuestro Dios?
Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los
pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de
José.
Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se
estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los
nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.
Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el
orbe,
la tierra retembló estremecida.
Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas
caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:
mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de
Moisés y de Aarón.
Ant. 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Ant. 2: Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.
Cántico
1Sa 2, 1-10
ALEGRÍA DE LOS HUMILDES EN DIOS
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los
colma
de bienes. (Lc 1, 52-53)
Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por
Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No
hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.
No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca
arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las
acciones.
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se
ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los
hambrientos
no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete
hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.
El Señor de la muerte y la vida,
hunde en el abismo y
levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de
gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó
el orbe.
Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen
en las tinieblas
porque el hombre no triunfa por su fuerza.
El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el
cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su
Rey,
exalta el poder de su Ungido.
Ant. 2: Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.
Ant. 3: El Señor reina, la tierra goza. +
Salmo 96
EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS
DIOSES
Este salmo
canta la salvación
del mundo y la conversión
de todos los pueblos. (S.
Atanasio)
El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas
innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su
trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se
estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la
tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan
su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo
en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión y se alegra,
se regocijan las ciudades de
Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la
tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus
fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de
corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo
nombre.
Ant. 3: El Señor reina, la tierra goza.
LECTURA BREVE Dt 7,6.8-9
El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me
librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a entregar su vida como rescate de una multitud.
PRECES
Demos gracias a Dios Padre, que por el Espíritu Santo ha derramado su amor en nuestros corazones, y supliquémosle, diciendo: Danos, Señor, tu Espíritu Santo.
Concédenos, Señor, el espíritu de fe y de acción de gracias, * para recibir siempre con gozo lo bueno y soportar con paciencia lo adverso.
Haz que practiquemos la caridad no sólo en los acontecimientos importantes, * sino también en lo pequeño de nuestra vida de cada día.
Ayúdanos a privarnos de lo superfluo, * para compartir lo nuestro con los hermanos necesitados.
Concédenos llevar en nuestros cuerpos la pasión de tu Hijo, * tú que nos has vivificado en su cuerpo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Recitemos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos libre siempre del mal: Padre nuestro.
Oración
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 57-64
El Señor es mi herencia;
he resuelto guardar tus palabras;
de
todo corazón busco tu favor:
ten piedad de mí según tu promesa;
he
examinado mi camino,
para enderezar mis pies a tus preceptos.
Con diligencia, sin tardanza,
observo tus mandatos;
los lazos
de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu voluntad;
a media noche me
levanto para darte gracias
por tus justos mandamientos.
Me junto con tus fieles,
que guardan tus decretos
Señor, de
tu bondad está llena la tierra;
enséñame tus leyes.
Salmo 54, 2-15.17-24
ORACIÓN ANTE LA TRAICIÓN DE UN
AMIGO
Jesús empezó
a sentir terror
y angustia. (Mc 14,33)
I
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi
súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del
malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se estremece mi corazón,
me sobrecoge mi pavor mortal,
me
asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y
posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que
devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la
ronda sobre las murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella,
calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
II
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario
se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me
unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio por la casa de
Dios.
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en
la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que
me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde
siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su
boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son
más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no
permitirá jamás que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los
traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo
confío en ti.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ez 18,30b-32
«Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpretado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues yo no me complazco en la muerte de nadie -oráculo del Señor-. ¡Arrepentíos y viviréis!»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Oremos:
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre
en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades
temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Za 1,3b-4b
Así dice el Señor de los ejércitos: «Convertíos a mí, y yo me convertiré a vosotros. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: "Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta, de vuestras malas obras."»
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre
en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades
temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Dn 4,24b
Rompe tus pecados con obras de justicia y tus
iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea
larga.
V. Mi sacrificio
es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre
en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades
temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la frente y de
rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que tengo miedo a
tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.
Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre hermosa
de esos
divinos regalados ojos
es condenarme a noche tenebrosa;
y esa noche es
horrible, es espantosa
para el que gime ante tus pies de hinojos.
Dame licencia ya, Padre adorado,
para mirarte y
moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor cercado;
muéstrate,
Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz mirarte puedo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.
Salmo 61
DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO
Que el Dios
de la esperanza os colme
de todo gozo y paz. (Rm 15,
13)
Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para
derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?
Sólo piensan en derribarme de mi altura
y se complacen en la
mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.
Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.
Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.
No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.
Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he
escuchado:
«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú
pagas a cada uno
según sus obras.»
Ant. 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.
Ant. 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta Salvación de Dios
ha sido enviada a los gentiles (Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
LECTURA BREVE Flp 2,12b-15a
Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. HacedIo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor, ten
misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Hijo del hombre será entregado en manos de los gentiles, para que hagan burla de él, para que lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día resucitará.
PRECES
Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo: Bendice, Señor, a tu pueblo.
Dirige, Señor, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes por los caminos de tu voluntad, * para que procuren con empeño el bien común.
Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo, siguieron a Cristo, * para que su vida sea luz para los hombres y claro testimonio de la santidad de tu Iglesia.
Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya, * haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres.
Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti, * y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Admite a los difuntos en tu gloria, * para que te alaben eternamente.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, digamos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Señor, haz que tu pueblo persevere siempre en el camino del bien que tú le has enseñado; protégelo en sus necesidades temporales, para que, sin angustia, pueda tender a los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me
reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios
piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia
de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo
que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente
por aquel que nos ha amado.
(Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant.1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Ant. 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
II
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales,
Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
Ant. 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
V. El que medita la
ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 30, 1-20
PROMESA DE PERDÓN DESPUÉS DEL DESTIERRO
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Cuando se cumplan en ti todas estas cosas -la bendición y la maldición que te he propuesto- y las medites, viviendo entre los pueblos adonde te habrá expulsado el Señor, tu Dios, si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz en todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti, te reunirá, sacándote de todos los pueblos por donde te dispersó; aunque tus desterrados se encuentren en los últimos confines del cielo, de ahí los recogerá el Señor, tu Dios, de allí irá a tomarte para conducirte de nuevo a la tierra que habían poseído tus padres, para darte posesión de ella, para hacerte feliz y hacerte crecer más que a tus padres.
El Señor, tu Dios, circuncidará tu corazón y el de tus descendientes, para que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu. alma, y para que vivas. Entonces el Señor, tu Dios, hará recaer sus maldiciones sobre tus enemigos, los que te habían perseguido con saña. Tú volverás a escuchar la voz del Señor, tu Dios, y cumplirás todos los preceptos suyos que yo te mando hoy. El Señor, tu Dios, hará prosperar tus empresas, el fruto de tus entrañas, el fruto de tu ganado y el fruto de tu tierra, porque el Señor, tu Dios, volverá a alegrarse contigo de tu prosperidad, como se alegraba con tus padres, si escuchas la voz del Señor, tu Dios, si guardas sus preceptos y mandatos, los que están escritos en el código de esta ley, y si te conviertes al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.
Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, para que digas: "¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlo, para que nos lo dé a conocer y lo pongamos en práctica?"; ni está más allá del mar, para que tengas que decir: "¿Quién cruzará por nosotros el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; sino que el mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.
Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces lo que yo te mando hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás: el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra en donde vas a entrar para conquistarla. Pero si tu corazón se desvía y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas, dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella.
Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.»
Responsorio Jr 29, 13-14; Mt 7, 7
R. Me buscaréis y
me encontraréis si me buscáis de todo corazón. * Me
dejaré encontrar y cambiaré vuestra suerte.
V.
Buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá.
R. Me
dejaré encontrar y cambiaré vuestra suerte.
Año II:
Del libro del Éxodo 18, 13-27
MOISÉS NOMBRA JUECES PARA EL MEJOR GOBIERNO DEL PUEBLO
En aquellos días, Moisés se sentó a resolver los asuntos del pueblo, y todo el pueblo acudía a él de la mañana a la noche. Viendo el suegro de Moisés todo lo que hacía éste por el pueblo, le dijo:
«¿Qué es lo que haces con el pueblo? ¿Por qué estás sentado tú solo, haciendo que todo el pueblo tenga que permanecer ante ti desde la mañana hasta la noche?»
Moisés respondió a su suegro:
«Es que el pueblo acude a mí para que consulte a Dios; cuando tienen pleito vienen a mí a que se lo resuelva y a que les explique las leyes y mandatos del Señor.»
El suegro de Moisés le replicó:
«No está bien lo que haces; os estáis matando tú y el pueblo que te acompaña; la tarea es demasiado gravosa y no puedes despacharla tú solo. Acepta mi consejo y Dios estará contigo: tú representas al pueblo ante Dios, y le presentas sus asuntos; enséñales los mandatos y preceptos, dales a conocer el camino que deben seguir y las acciones que deben practicar. Pero elige de entre todo el pueblo algunos hombres capaces, temerosos de Dios, sinceros, enemigos del soborno, y nombra entre ellos jefes de mil, de cien, de cincuenta y jefes de diez. Ellos estarán a todas horas a disposición del pueblo, te presentarán a ti los asuntos más graves, pero en los asuntos de menor importancia que decidan ellos. Así se aliviará tu carga, pues ellos te ayudarán a llevarla. Si haces lo que te digo -y Dios está de acuerdo con ello-, tú podrás resistir la carga, y el pueblo, por su parte, podrá volver en paz a sus casas.»
Moisés aceptó el consejo de su suegro e hizo lo que le decía. Escogió hombres hábiles entre todo Israel y los puso al frente del pueblo, como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez. Ellos administraban justicia al pueblo continuamente: los asuntos complicados se los pasaban a Moisés, y los sencillos los resolvían ellos mismos. Después Moisés despidió a su suegro y éste se volvió a su tierra.
Responsorio Nm 11,25; Ex 18,25
R. El Señor bajó en
la nube y habló con Moisés, tomó parte del espíritu que había en él y lo pasó a
los setenta ancianos; * y, al posarse el espíritu
sobre ellos, se pusieron a profetizar.
V. Moisés
escogió hombres hábiles entre todo Israel y los puso al frente del
pueblo.
R. Y, al posarse el espíritu sobre ellos,
se pusieron a profetizar.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados de san Hilario, obispo, sobre los salmos
(Salmo 127, 1-3: CSEL 24, 628-630)
EL VERDADERO TEMOR DEL SEÑOR
¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Hay que advertir que, siempre que en las Escrituras se nos habla del temor del Señor, nunca se nos habla de él solo, como si bastase para la perfección de la fe, sino que va siempre acompañado de muchas otras nociones que nos ayudan a entender su naturaleza y perfección; como vemos en lo que está escrito en el libro de los Proverbios: Si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia, si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor.
Vemos, pues, cuántos pasos hay que dar previamente para llegar al temor del Señor. Antes, en efecto, hay que invocar a la inteligencia, llamar a la prudencia, procurarla como el dinero y buscarla como un tesoro. Así se llega a la comprensión del temor del Señor. Porque el temor, en la común opinión de los hombres, tiene otro sentido.
El temor, en efecto, es el miedo que experimenta la debilidad humana cuando teme sufrir lo que no querría. Se origina en nosotros por la conciencia del pecado, por la autoridad del más poderoso, por la violencia del más fuerte, por la enfermedad, por el encuentro con un animal feroz, por la amenaza de un mal cualquiera. Esta clase de temor no necesita ser enseñado, sino que surge espontáneo de nuestra debilidad natural. Ni siquiera necesitamos aprender lo que hay que temer, sino que las mismas cosas que tememos nos infunden su temor.
En cambio, con respecto al temor del Señor, hallamos escrito: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Así, pues, el temor de Dios ha de ser aprendido, ya que es enseñado. No radica en el miedo, sino en la instrucción racional; ni es el miedo connatural a nuestra condición, sino que consiste en la observancia de los preceptos, en las obras de una vida inocente, en el conocimiento de la verdad.
Para nosotros, el temor de Dios radica en el amor, y en el amor halla su perfección. Y la prueba de nuestro amor a Dios está en la obediencia a sus consejos, en la sumisión a sus mandatos, en la confianza en sus promesas. Oigamos lo que nos dice la Escritura: Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que guardes sus preceptos con todo el corazón y con toda el alma, para tu bien.
Muchos son los caminos del Señor, aunque él en persona es el camino. Y, refiriéndose a sí mismo, se da a sí mismo el nombre de camino, y nos muestra por qué se da este nombre, cuando dice: Nadie va al Padre sino por mí.
Por lo tanto, hay que buscar y examinar muchos caminos e insistir en muchos de ellos para hallar, por medio de las enseñanzas de muchos, el único camino seguro, el único que nos lleva a la vida eterna. Hallamos, en efecto, varios caminos en la ley, en los profetas, en los evangelios, en los apóstoles, en las distintas obras mandadas; dichosos los que, movidos por el temor de Dios, caminan por ellos.
Responsorio Sir 2, 19; Lc 1, 50
R. Los que temen
ofender al Señor buscan lo que es de su agrado; * los
que lo aman cumplen su ley.
V. Su misericordia
llega a sus fieles de generación en generación.
R.
Los que lo aman cumplen su ley.
Oración
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para hacer el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Pastor que con tus silbos
amorosos
me despertaste del profundo sueño:
tú que hiciste cayado de ese
leño
en que tiendes los brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe
piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguir te
empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores
mueres,
no te espante el rigor de mis pecados
pues tan amigo de rendidos
eres.
Espera, pues, y escucha mis
cuidados...
Pero ¿cómo te digo que me esperes
si estás, para esperar, los
pies clavados? Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22,20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre,
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Ant. 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Ant. 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.
Cántico
Is 12, 1-6
ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO
El que tenga
sed que venga a
mí y que beba. (Jn 7, 37)
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero
ha cesado tu ira
y me has consolado.
Él es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi
fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con
gozo
de las fuentes de la salvación.
Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su
nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es
excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la
tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de
ti
el Santo de Israel!»
Ant. 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.
Ant. 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza. +
Salmo 80
SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
Mirad que no
tenga nadie un corazón
malo e incrédulo. (Hb 3, 12)
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
+ dad vítores al Dios de
Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las
arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es
nuestra fiesta;
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre
los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me
escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la
boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus
antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus
adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría
fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel
silvestre.
Ant. 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
LECTURA BREVE Cf. 1R 8,51a. 52-53a
Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la tierra.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Hijo mío, acuérdate de que ya recibiste tus bienes en la vida; Lázaro, en cambio, recibió males.
PRECES
Celebremos la bondad de Dios, que por Cristo se reveló como Padre nuestro, y digámosle de todo corazón: Acuérdate, Señor, de que somos hijos tuyos.
Concédenos vivir con toda plenitud el misterio de la Iglesia, * a fin de que nosotros y todos los hombres encontremos en ella un sacramento eficaz de salvación.
Padre, que amas a todos los hombres, haz que cooperemos al progreso de la comunidad humana * y que en todo busquemos tu reino con nuestros esfuerzos.
Haz que tengamos hambre y sed de justicia * y acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual entregó su vida para que fuéramos saciados.
Perdona, Señor, todos nuestros pecados * y dirige nuestra vida por el camino de la sencillez y de la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para hacer el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 118, 65-72
Has dado bienes a tu siervo,
Señor, conforme a tus
palabras;
enséñame a gustar y a comprender,
porque me fío de tus
mandatos;
antes de sufrir yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tu
promesa.
Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus leyes;
los
insolentes urden engaños contra mí,
pero, yo custodio tus leyes;
tienen,
el corazón espeso como grasa,
pero mi delicia es tu voluntad,
Me estuvo bien el sufrir,
así aprendí tus mandamientos;
más
estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y
plata.
Salmo 55, 2-7b. 9-14
CONFIANZA EN LA PALABRA DE DIOS
En este salmo
aparece Cristo
en su pasión. (S. Jerónimo)
Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan
todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en
masa.
Levántame en el día terrible,
yo confío en ti.
En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué
podrá hacerme un mortal?
Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi
daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi
vida.
Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu
odre, Dios mío.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que
eres mi Dios..
En Dios, cuya promesa alabo;
en el Señor, cuya promesa
alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?
Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción
de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la
caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la
vida.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo canta la pasión del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la
calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde
el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes
son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias, ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,6-7
Buscad al Señor mientras se le puede encontrar, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad, a nuestro Dios que es rico en perdón.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la
han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el
fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para
hacer el bien. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Dt 30,2-3a
Si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz con todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti.
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la
han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el
fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para
hacer el bien. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 10,35-36
No perdáis vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la
han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el
fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para
hacer el bien. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, la luz del día ya se apaga,
la noche va extendiendo
sus tinieblas;
alumbra lo más hondo de las almas
en este santo tiempo de
Cuaresma.
Conoces nuestra vida y nuestra historia
y sabes que
también hemos pecado,
por eso hacia ti nos dirigimos
confiando que seremos
perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos
la senda que nos
lleva hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus dolores,
sufriendo
lo que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre,
que, junto con tu
Hijo Jesucristo,
enviaste tu Espíritu a los hombres,
sellando con tu
gracia sus destinos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Salmo 71
PODER REAL DEL MESÍAS
Abriendo sus
cofres le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. (Mt 2,
11)
I
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de
reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con
rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y
quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en
edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la
tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la
luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la
tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos
muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen
tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que
se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le
sirvan.
Ant. 1: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Ant. 2: Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.
II
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía
protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de
los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa
a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el
pobre
y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de
los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del
campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él
sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas
de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace
maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la
tierra.
¡Amén, amén!
Ant. 2: Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE St 4,7-8.10
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor, ten
misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Aquel rico que negó las migajas de pan a Lázaro pidió luego una gota de agua.
PRECES
Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.
Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, sacerdotes y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo, * para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.
Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo * y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.
Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo * y que respetemos su libertad y su conciencia.
Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales * y que atiendan a las necesidades de los demás.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad * y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia ti nuestros corazones, para que, inflamados por el fuego de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y seamos diligentes para hacer el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Oh Redentor, oh Cristo,
Señor del universo,
víctima y sacerdote,
sacerdote y cordero!
Para pagar la deuda
que nos cerraba el cielo,
tomaste
entre tus manos
la hostia de tu cuerpo
y ofreciste tu sangre
en el
cáliz del pecho:
altar blando, tu carne;
altar duro, un madero.
¡Oh Cristo Sacerdote,
hostia a la vez y templo!
Nunca
estuvo la vida
de la muerte tan dentro,
nunca abrió tan terribles
el
amor sus veneros.
El pecado del hombre,
tan huérfano del cielo,
se hizo
perdón de sangre
y gracia de tu cuerpo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, no me castigues con cólera.
Salmo 37
ORACIÓN DE UN PECADOR EN PELIGRO DE MUERTE
Todos sus
conocidos se mantenían
a distancia. (Lc 23, 49)
I
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen
descanso mis huesos
a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis
fuerzas.
Ant. 1: Señor, no me castigues con cólera.
Ant. 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia.
II
Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi
insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino
sombrío;
tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi
carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un
león.
Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te
ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las
fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan
a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi
daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.
Ant. 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia.
Ant. 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.
III
Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la
boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios
mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi
pie, no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de
mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me
aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan
cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven
aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.
Ant. 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.
V. Convertíos al
Señor, vuestro Dios.
R. Porque es compasivo y
misericordioso.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 31, 1-15.23
ÚLTIMAS PALABRAS DE MOISÉS
En aquellos días, Moisés dirigió estas palabras a todo Israel:
«He cumplido ya ciento diez años, y me encuentro impedido; además, el Señor me ha dicho: "No pasarás ese Jordán." El Señor, tu Dios, es quien lo pasará delante de ti, es él quien destruirá delante de ti todos esos pueblos y los desalojará. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor. El Señor los tratará como a los reyes amorreos Sijón y Og, y como a sus tierras, que arrasó. Cuando el Señor os los entregue, haréis con ellos lo que yo os he ordenado. ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza contigo, no te dejará ni 'te abandonará.»
Después Moisés llamó a Josué y le dijo, en presencia de todo Israel:
«Sé fuerte y valiente, porque tú has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu Dios, prometió dar a tus padres; y tú les repartirás la heredad. El Señor avanzará ante ti. Él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes.»
Moisés escribió esta ley y la entregó a los sacerdotes levitas, que llevaban el arca de la alianza del Señor, y a todos los ancianos de Israel, y les dio esta prescripción:
«Cada siete años, el año de la Remisión, por la fiesta de los Tabernáculos, cuando todo Israel acuda a presentarse ante el Señor, tu Dios, en el lugar que él elija, se proclamará esta .ley frente a todo el pueblo. Congregad al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que viva en tus ciudades, para que oigan y aprendan a temer al Señor, vuestro Dios, y pongan por obra todos los artículos de esta ley, mientras os dure la vida en la tierra que vais a tomar en .posesión, cruzando el Jordán. Y vuestros hijos, que todavía no la conocen, han de escuchar la ley, para que vayan aprendiendo a temer al Señor, vuestro Dios.»
El Señor dijo a Moisés:
«Está cerca el día de tu muerte. Llama a Josué, presentaos en la Tienda de Reunión, y yo le daré mis órdenes.»
Moisés y Josué fueron a presentarse a la Tienda de Reunión. El Señor se les apareció en forma de nube y fue a colocarse a la entrada de la Tienda. El Señor ordenó a Josué:
«Sé fuerte y valeroso, que tú has de introducir a los hijos de Israel en la tierra que les he prometido con juramento. Yo estaré contigo.»
Responsorio Dt 31, 23. 6. &; Pr 3, 26
R. Sé fuerte y
valeroso, que el Señor es tu Dios. * Él avanzará ante
ti, él estará contigo: no temas.
V. El Señor
estará a tu lado y será tu tranquilidad, él preservará a tu pie de caer en la
trampa.
R. Él avanzará ante ti, él estará contigo:
no temas.
Año II:
Del libro del Éxodo 19, 1-19; 20, 18-21
MANIFESTACIÓN DE DIOS EN EL SINAÍ
A los tres meses de la salida de Egipto, los hijos de Israel llegaron al desierto de Sinaí. Salieron de Refidim y, al llegar al desierto de Sinaí, acamparon allí frente al monte. Moisés subió hacia el monte de Dios. El Señor lo llamó desde el monte y le dijo:
«Esto dirás a la casa de Jacob y lo comunicarás a los hijos de Israel: "Vosotros habéis visto cómo traté a los egipcios, cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Esto es lo que has de decir a los israelitas.»
Moisés volvió, convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que le había mandado el Señor. Todo el pueblo a una respondió:
«Haremos cuanto dice el Señor.»
Moisés comunicó la respuesta del pueblo al Señor; y el Señor le dijo:
«Voy a acercarme a ti en una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar lo que te digo y te crea en adelante.» Moisés comunicó al Señor lo que el pueblo había dicho. Y el Señor le dijo:
«Vuelve a tu pueblo, purifícalos hoy y mañana, que se laven sus vestidos y estén preparados para pasado mañana; pues el Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo. Traza un límite alrededor de la montaña y prevén al pueblo, avisándole: "Guardaos de subir al monte o de acercaros a la falda; todo aquel que toque el monte será reo de muerte. Lo ejecutaréis sin tocarlo, a pedradas o con flechas, sea hombre o animal; no quedará con vida. Sólo cuando suene el cuerno, podrán subir al monte."»
Moisés bajó del monte hacia el pueblo, lo purificó e hizo que todos lavaran sus vestidos. Después les dijo:
«Estad preparados para el tercer día, y no toquéis a vuestras mujeres.» Al tercer día por la mañana hubo truenos y relámpagos y una nube densa sobre el monte, mientras se escuchaba un poderoso resonar de trompeta, y el pueblo se echó a temblar en el campamento. Moisés sacó al pueblo del campamento para recibir a Dios, y se quedaron firmes al pie de la montaña. El monte Sinaí era todo una humareda, porque el Señor bajó a él en medio de fuego; se alzaba el humo como de un horno y toda la montaña temblaba. El toque de la trompeta iba creciendo en intensidad. Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonar de la trompeta y la montaña humeante; estaba aterrorizado y se mantenía a distancia. Y dijeron a Moisés:
«Háblanos tú y te escucharemos; que no nos hable Dios, pues moriremos.»
Moisés respondió al pueblo:
«No temáis: Dios ha venido para probamos, para que tengáis presente su temor y no pequéis.»
El pueblo se quedó a distancia y Moisés se acercó hasta la nube donde estaba Dios.
Responsorio Ex 19, 5. 6; lPe 2, 9
R. Si queréis
obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los
pueblos; * y seréis para mí un reino de sacerdotes y
una nación santa.
V. Vosotros sois linaje
escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios.
R. y seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación
santa.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 16, 2.5: se 100, 564-572)
LA ALIANZA DEL SEÑOR
Moisés, en el Deuteronomio, dice al pueblo: El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb; no hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros. ¿Por qué no hizo la alianza con los padres? Porque la ley no fue instituida para los justos; los padres, en efecto, eran justos y tenían escrito en su interior el contenido del decálogo, amando a Dios, su Creador, y absteniéndose de toda injusticia contra el prójimo; por esto no necesitaron la conminación de una ley escrita, ya que llevaban en su corazón los mandatos de la ley.
Pero al caer en olvido y extinguirse la justicia y el amor de Dios, durante la permanencia en Egipto, fue necesario que Dios, por su gran benevolencia hacia los hombres, se manifestara a sí mismo de palabra.
Con su poder sacó al pueblo de Egipto, para que el hombre volviera a ser discípulo y seguidor de Dios; y lo atemorizó con su palabra, para que no despreciara a su Hacedor.
Lo alimentó con el maná, alimento espiritual, como dice también Moisés en el Deuteronomio: Te alimentó con el maná, que no conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo se vive de pan, sino de cuanto sale de la boca de Dios.
Además, le ordenó el amor de Dios y la justicia para con el prójimo, para que no fuese injusto ni indigno de Dios, disponiendo así al hombre, por medio del decálogo, para su amistad y la concordia con el prójimo; todo ello en provecho del hombre, ya que Dios ninguna necesidad tiene del hombre.
Todo esto contribuía a la gloria del hombre, otorgándole la amistad con Dios, de la que estaba privado, sin que nada añadiera a Dios, ya que él no necesita del amor del hombre.
El hombre, en cambio, se hallaba privado de la gloria de Dios, que sólo podía obtener por la sumisión a él. Por esto Moisés decía también al pueblo: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra.
Y, queriendo disponer al hombre para esta vida, el Señor promulgó por sí mismo el decálogo, para todos sin distinción; y, con su venida en carne, este decálogo no fue abolido, sino que sigue en vigor, completado y aumentado. En cambio, no promulgó por sí mismo al pueblo los preceptos que implican servidumbre, sino que los promulgó por boca de Moisés, como afirma el mismo Moisés: En aquella ocasión el Señor me mandó que os enseñara, mandatos y decretos.
Aquellos preceptos, pues, que implicaban servidumbre y tenían el carácter de signo fueron eliminados por el nuevo Testamento de libertad; en cambio, los que eran de ley natural, liberadores y comunes a todo .hombre, los completó y perfeccionó, dando a los hombres, con suma liberalidad y largueza, el conocimiento de Dios como Padre adoptivo, para que lo amasen de todo corazón y siguieran al que es su Palabra sin desviarse.
Responsorio
R. Moisés, siervo
de Dios, ayunó cuarenta días y cuarenta noches * para
prepararse a recibir la ley del Señor. .
V. Subió
Moisés hacia el Señor en el monte Sinaí, y ahí permaneció durante cuarenta días
y cuarenta noches.
R. Para prepararse a recibir la
ley del Señor.
Oración
Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de la cruz los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando,
y sin
ellos quererlo estén llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis desvíos,
quédenseme, Señor, así
cantando,
y sin ellos quererlo estén rezando,
porque pecaron mucho y son
impíos.
Y así con la mirada en vos prendida,
y así con la palabra
prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera;
y así clavada en vuestra
cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.
Ant. 2: En tu juicio, Señor acuérdate de la misericordia.
Cántico
Ha 3, 2-4.13a.15-19
JUICIO DE DIOS
Levantaos,
alzad la cabeza, se acerca
vuestra liberación. (Lc 21,
28)
¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio
de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el
terremoto acuérdate de la misericordia.
El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su
resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo
es como el día,
su mano destella velando su poder.
Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el
mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.
Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron
mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas
al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo
que nos oprime.
Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen
fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan
cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el
establo,
yo exultaré con el Señor,
me glorificaré en Dios mi
salvador.
El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y
me hace caminar por las alturas.
Ant. 2: En tu juicio, Señor acuérdate de la misericordia.
Ant. 3: Glorifica al Señor, Jerusalén. +
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Glorifica al Señor, Jerusalén.
LECTURA BREVE Is 53,11b-12Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Dará una muerte afrentosa a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores, que le paguen la renta a su tiempo.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, exaltado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 73-80
Tus manos me hicieron y me formaron:
instrúyeme para que aprenda
tus mandatos;
tus fieles verán con alegría
que he esperado en tu
palabra;
reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,
que con razón
me hiciste sufrir.
Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu
siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu
voluntad;
que se avergüencen los insolentes del daño que me hacen;
yo
meditaré tus decretos.
Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos;
sea
mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.
Salmo 58, 2-6a.10-11.17-18
ORACIÓN PIDIENDO LA PROTECCIÓN DE
DIOS ANTE SUS ENEMIGOS
Estas
súplicas expresan la confianza
del Salvador ante su Padre.
(Eusebio de
Cesarea)
Líbrame de mi enemigo, Dios mío;
protégeme de mis
agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres
sanguinarios.
Mira que me están acechando,
y me acosan los poderosos:
sin
que yo haya pecado mi faltado,
Señor, sin culpa mía, avanzan para
acometerme.
Despierta, ven a mi encuentro, mira:
tú, el Señor de los
ejércitos,
el Dios de Israel.
Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, ¡oh Dios!, eres mi
alcázar.
Que tu favor se adelante, ¡oh Dios!,
y me haga ver la derrota
del enemigo.
Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu
misericordia;
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el
peligro.
Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, ¡oh Dios!, eres mi
alcázar.
Salmo 59
ORACIÓN DESPUÉS DE UNA CALAMIDAD
En el mundo
tendréis luchas, pero tened valor:
Yo he vencido al mundo. (Jn
16,33)
¡Oh Dios!, nos rechazaste y rompiste muestras filas;
estabas
airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus
grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino
de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de
los arcos.
Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos
responda.
Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé
Siquém,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraím es yelmo de mi
cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi
sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»
Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a
Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras
tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es
inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros
enemigos.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,3
Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por
la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas
pascuales. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Cf. Jr 3,12b.14a
«Volveos -oráculo del Señor-. NO os pondré mala cara, porque soy compasivo y no me irrito para siempre. Volved, hijos rebeldes», oráculo del Señor.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por
la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas
pascuales. Por Cristo nuestro Señor.
Nona St 1,27
La religión pura y sin mancha ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: en visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y en conservarse limpio de toda mancha en este mundo.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por
la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas
pascuales. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Muere la vida y vivo yo sin vida
ofendiendo
la vida de mi muerte;
sangre divina de las venas vierte
y mi diamante su
dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de
suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su cuerpo la mayor
herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu Dios abierto el
lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres tú mi vida,
Cristo mío,
y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant. 1: Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Ant. 2: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 120
EL GUARDIÁN DEL PUEBLO
No tendrán
hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno (Ap 7,
16)
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el
auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el
sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor
guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Ant. 2: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE St 5,16.19-20
Confesaos mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia. Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Pretendieron apoderarse de Jesús, pero no se atrevieron por miedo a la gente, que lo miraba como a un profeta.
PRECES
Adoremos al Salvador de los hombres, que muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida, y digámosle humildemente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos que imitemos a tu Madre, consuelo de los afligidos, * para que podamos consolar a los tristes, mediante el consuelo con que nosotros somos por ti consolados.
Concede a tus fieles participar en tu pasión por medio de sus sufrimientos, * para que tu salvación se manifieste también en ellos.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * enséñanos a ser obedientes y a tener paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dígnate transfigurar a los difuntos a semejanza de tu cuerpo glorioso * y concédenos a nosotros ser un día partícipes de la gloria de ellos.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración:
Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús
mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno
oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas
de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la
ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos»,
respondía,
para lo mismo responder mañana! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Acuérdate de nosotros, Señor, visítanos con tu salvación.
Salmo 105
BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD
DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN
Todo esto fue escrito para escarmiento
nuestro, a quienes
nos ha tocado vivir en la última de las edades. (1Co
10,11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su
alabanza?
Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la
justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo,
visítame con tu
salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la
alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad.
Hemos pecado como nuestros padres,
hemos cometido maldades
e iniquidades.
Nuestros padres en Egipto
no comprendieron tus
maravillas;
no se acordaron de tu abundante misericordia,
se rebelaron
contra el Altísimo en el mar Rojo,
pero Dios los salvó por amor de su
nombre,
para manifestar su poder.
Increpó al mar Rojo, y se secó,
los condujo por el abismo
como por tierra firme;
los salvó de la mano del adversario,
los rescató
del puño del enemigo;
las aguas cubrieron a los atacantes,
y ni uno solo se
salvó:
entonces creyeron sus palabras,
cantaron su alabanza.
Bien pronto olvidaron sus obras,
y no se fiaron de sus
planes:
ardían de avidez en el desierto
y tentaron a Dios en la estepa.
Él les concedió lo que pedían,
pero les mandó un cólico por su gula.
Envidiaron a Moisés en el campamento,
y a Aarón, el
consagrado al Señor:
se abrió la tierra y se tragó a Datán,
se cerró
sobre Abirón y sus secuaces;
un fuego abrasó a su banda,
una llama
consumió a los malvados.
Ant. 1: Acuérdate de nosotros, Señor, visítanos con tu salvación.
Ant. 2: No olvidéis la alianza que el Señor, vuestro Dios, pactó con vosotros.
II
En Horeb hicieron un becerro,
adoraron un ídolo de
fundición,
cambiaron su Gloria por la imagen
de un toro que come
hierba.
Se olvidaron de Dios, su salvador,
que había hecho
prodigios en Egipto,
maravillas en el país de Cam,
portentos junto al
mar Rojo.
Dios hablaba ya de aniquilarlos;
pero Moisés, su elegido,
se puso en la brecha junto a él
para apartar su cólera del
exterminio.
Despreciaron una tierra envidiable,
no creyeron en su
palabra;
murmuraban en las tiendas,
no escucharon la voz del Señor.
Él alzó la mano y juró
que los haría morir en el desierto,
que dispersaría su estirpe por las naciones
y los aventaría por los
países.
Se acoplaron con Baal Fegor,
comieron de los sacrificios a
dioses muertos;
provocaron a Dios con sus perversiones,
y los asaltó una
plaga;
pero Finés se levantó e hizo justicia,
y la plaga cesó;
y se le apuntó a su favor
por generaciones sin término.
Lo irritaron junto a las aguas de Meribá,
Moisés tuvo que
sufrir por culpa de ellos:
le habían amargado el alma,
y desvariaron sus
labios.
Ant. 2: No olvidéis la alianza que el Señor, vuestro Dios, pactó con vosotros.
Ant. 3: Sálvanos, Señor, y reúnenos de entre los gentiles.
III
No exterminaron a los pueblos
que el Señor les había
mandado;
emparentaron con los gentiles,
imitaron sus costumbres;
adoraron sus ídolos
y cayeron en sus lazos;
inmolaron a
los demonios
a sus hijos y a sus hijas;
derramaron la sangre inocente
y profanaron la tierra
ensangrentándola;
se mancharon con sus acciones
y se prostituyeron con
sus maldades.
La ira del Señor se encendió contra su pueblo,
y aborreció
su heredad;
los entregó en manos de gentiles,
y sus adversarios los
sometieron;
sus enemigos los tiranizaban
y los doblegaron bajo su
poder.
Cuántas veces los libró;
mas ellos, obstinados en su
actitud,
perecían por sus culpas;
pero él miró su angustia,
y
escuchó sus gritos.
Recordando su pacto con ellos,
se arrepintió con inmensa
misericordia;
hizo que movieran a compasión
a los que los habían
deportado.
Sálvanos, Señor, Dios nuestro,
reúnenos de entre los
gentiles:
daremos gracias a tu santo nombre,
y alabarte será nuestra
gloria.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
desde siempre y por
siempre.
Y todo el pueblo diga: «¡Amén!»
Ant. 3: Sálvanos, Señor, y reúnenos de entre los gentiles.
V. El que obra la
verdad viene a la luz.
R. Y sus obras quedan de
manifiesto.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del Deuteronomio 32, 48-52; 34, 1-12
MUERTE DE MOISÉS
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
"Sube al monte Nebo, de las montañas de Abarim en tierra de Moab, frente a Jericó,. y contempla la tierra que voy a dar en propiedad a los hijos de Israel. Después morirás en el monte y te reunirás a los tuyos, lo mismo que tu hermano Aarón murió en el monte Hor y se reunió a los suyos. Por haberme sido infieles en medio de los israelitas, en la fuente de Meribá, en Cadés, en el desierto de Sin, y no haber manifestado mi santidad en medio de ellos, por eso, sólo de lejos verás la tierra que vaya dar a los hijos de Israel, pero no entrarás en ella.»
Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, que mira a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan, el territorio de Neftalí, de Efraím y de Manasés, el de Judá hasta el mar Occidental, el Negueb y la comarca del valle de Jericó (la ciudad de las palmeras) hasta Soar; y le dijo:
«Ésta es la tierra que prometí a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: "Se la daré a tu descendencia." Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella.»
Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dicho el Señor. Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor; y hasta el día de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba. Moisés murió a la edad de ciento veinte años: no había perdido vista ni había decaído su vigor. Los israelitas lloraron a Moisés en la estepa de Moab treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos. Los hijos de Israel lo obedecieron, cumpliendo lo que el Señor había mandado a Moisés.
No ha vuelto a surgir en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto contra el Faraón y contra su corte y su país; ni en la mano poderosa y grandes portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.
Responsorio Jn 1, 14. 16. 17; Sir 24,33
R. La Palabra puso
su morada entre nosotros, llena de gracia y de verdad, y de su plenitud todos
hemos recibido; porque la ley se nos dio por mediación de Moisés, * pero la gracia y la verdad nos han venido por
Jesucristo.
V. La ley nos la dio Moisés como
herencia para la comunidad de Jacob.
R. Pero la
gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo.
Año II:
Del libro del Éxodo 20, 1-17
PROMULGACIÓN DE LA LEY EN EL SINAÍ
En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí.
No te harás ídolos -figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra-. No te postrarás ante ellos ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor sin castigo a quien pronuncie su nombre en falso.
Acuérdate del sábado para santificado. Durante los seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás testimonio falso contra tu prójimo.
No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»
Responsorio Sal 18, 8. 9; Rm 13, 8. 10
R. La ley del Señor
es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al
ignorante. * La norma del Señor es límpida y da luz a
los ojos.
V. Quien ama al prójimo ya ha cumplido
la ley, pues amar es cumplir la ley entera.
R. La
norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre la huida del mundo
(Cap. 6, 36; 7, 44; 8, 45; 9, 52: CSEL 32, 192. 198-199. 204)
ADHERIRSE A DIOS, ÚNICO BIEN VERDADERO
Donde está el corazón del hombre, allí está también su tesoro; pues Dios no acostumbra a negar la dádiva buena a los que se la piden. Por eso, porque Dios es bueno y porque es bueno sobre todo para los que esperan en él, adhirámonos a él, unámonos a él con toda el alma, con todo el corazón, con todas nuestras fuerzas, para estar así en su luz y ver su gloria y gozar del don de los deleites celestiales; elevemos nuestro corazón y permanezcamos y vivamos adheridos a este bien que supera todo lo que podamos pensar o imaginar y que confiere una paz y tranquilidad perpetuas, esta paz que está por encima de toda aspiración de nuestra mente.
Éste es el bien que todo lo penetra, y todos en él vivimos y de él dependemos; nada hay que esté por encima de él, porque es divino; sólo Dios es bueno, por tanto, todo lo que es bueno es divino y todo lo que es divino es bueno; por esto dice el salmo: Abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente; de la bondad divina, en efecto, nos vienen todos los bienes, sin mezcla de mal alguno.
Estos bienes los promete la Escritura a los fieles, cuando dice: Lo sabroso de la tierra comeréis. Hemos muerto con Cristo, llevamos en nuestros cuerpos la muerte de Cristo, para que también la vida de Cristo se manifieste en nosotros. Por consiguiente, no vivimos ya nuestra propia vida, sino la vida de Cristo, vida de inocencia, de castidad, de sinceridad y de todas las virtudes. Puesto que hemos resucitado con Cristo, vivamos con él, subamos con él, para que la serpiente no encuentre en la tierra nuestro talón para morderlo.
Huyamos de aquí. Puedes huir en espíritu, aunque te quedes con el cuerpo; puedes permanecer aquí y al mismo tiempo estar con el Señor, si a él está adherida tu alma, si tu pensamiento está fijo en él, si sigues sus caminos guiado por la fe y no por la visión, si te refugias en él, ya que él es refugio y fortaleza, como dice el salmista: A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.
Así, pues, ya que Dios es refugio y ya que Dios está en lo más alto de los cielos, hay que huir de aquí abajo hacia allá arriba, donde se halla la paz y el descanso de nuestras fatigas, donde podemos festejar el gran reposo sabático, como dijo Moisés: El reposo sabático de la tierra será para vosotros ocasión de festín. Descansar en Dios y contemplar su felicidad es, en efecto, algo digno de ser celebrado, algo lleno de felicidad y de tranquilidad. Huyamos, como ciervos, a la fuente de las aguas; que nuestra alma experimente aquella misma sed del salmista. ¿De qué fuente se trata? Escucha su respuesta: En ti está la fuente viva. Digámosle a esta fuente: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Pues la fuente es el mismo Dios.
Responsorio Mt 22, 37-38; Dt 10, 17
R. Amarás al Señor,
tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente: * éste es el principal y el primero de los
mandamientos.
V. ¿Qué es lo que te exige el Señor,
tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios,
con todo el corazón y con toda el alma.
R. Éste es
el principal y el primero de los mandamientos.
Oración
Dios nuestro, que por medio de tus admirables sacramentos nos concedes participar, ya desde este mundo, de los bienes celestiales, guíanos tú mismo en el camino de la vida, para que alcancemos un día aquella luz en la que habitas con tus santos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Los hombros traigo cargados
de graves
culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de flaqueza;
que
no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y lloráis
vos,
dadme esas lágrimas vos,
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis culpas
mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos yerros, mi
Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad, criaturas,
y
resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo.
(S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con
aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán
su derrota.
El justo crecerá como una palmera
se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Ant. 2: Dad gloria a nuestro Dios.
Cántico
Dt 32, 1-12
BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO
¡Cuántas
veces he querido agrupar a tus hijos
como la gallina cobija a los polluelos
bajo las alas!
(Mt 23, 37)
Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a
proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son
justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.
Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y
pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te
constituyó?
Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo
dirán:
Cuando el Altísimo daba
a cada pueblo su heredad,
y
distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su
pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.
Lo encontró en una tierra desierta
en una soledad poblada de
aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de su
ojos.
Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los
polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus
plumas.
El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con
él.
Ant. 2: Dad gloria a nuestro Dios.
Ant. 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio a
la Iglesia como cabeza, sobre todo.
( Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre las cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre los obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
LECTURA BREVE Is 1,16-18
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Padre mío, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.
PRECES
Demos gracias siempre y en todo lugar a Cristo, nuestro Salvador, y supliquémosle, diciendo: Ayúdanos, Señor, con tu gracia.
Concédenos guardar sin mancha nuestros cuerpos, * para que el Espíritu Santo pueda habitar en ellos.
Desde el comienzo del día acrecienta en nosotros el amor a nuestros hermanos * y el deseo de cumplir tu voluntad en todas las acciones de esta jornada.
Danos hambre del alimento que perdura y da vida eterna, * y que tú diariamente nos proporcionas.
Que interceda por nosotros tu santísima Madre, refugio de pecadores, * para que obtengamos el perdón de nuestros pecados.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos al Padre que nos libre de todo mal, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, que por medio de tus admirables sacramentos nos concedes participar, ya desde este mundo, de los bienes celestiales, guíanos tú mismo en el camino de la vida, para que alcancemos un día aquella luz en la que habitas con tus santos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 81-88
Me consumo ansiando tu salvación,
y espero en tu palabra;
mis
ojos se consumen ansiando tus promesas,
mientras digo: ¿cuándo me
consolarás?
Estoy como un odre puesto al humo,
pero no olvido tus
leyes.
¿Cuántos serán los días de tu siervo?
¿Cuándo harás justicia de
mis perseguidores.
Me han cavado fosas los insolentes,
ignorando tu
voluntad;
todos tus mandatos son leales,
sin razón me persiguen,
protégeme.
Casi dieron conmigo en la tumba,
pero yo no abandoné tus
decretos;
por tu bondad dame vida,
para que observe los preceptos de tu
boca.
Salmo 60
ORACIÓN DE UN DESTERRADO
Oración del
justo que espera
la vida eterna. (S. Hilario)
Dios mío, escucha mi clamor,
atiende a mi súplica;
te invoco
desde el confín de la tierra
con el corazón abatido:
llévame a una roca inaccesible,
porque tú eres mi refugio
y
mi bastión contra el enemigo.
Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus
alas;
porque tú, ¡oh Dios!, escucharás mis deseos
y me darás la heredad de
los que veneran tu nombre.
Añade días a los días del rey,
que sus años alcancen varias
generaciones;
que reine siempre en presencia de Dios,
que tu gracia y tu
lealtad le hagan guardia.
Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día
tras día.
Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS
Este salmo se
aplica especialmente
a la pasión del Señor. (S.
Agustín)
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del
terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de
los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras
venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa
y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen:
«¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus
invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de
heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la
cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita
sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se
felicitan los rectos de corazón.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ap 3,19-20
Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Ánimo, pues, y arrepiéntete! Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tus admirables
sacramentos nos concedes participar, ya desde este mundo, de los bienes
celestiales, guíanos tú mismo en el camino de la vida, para que alcancemos un
día aquella luz en la que habitas con tus santos. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 44,21-22
Acuérdate de que eres mi siervo. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como nieve tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tus admirables
sacramentos nos concedes participar, ya desde este mundo, de los bienes
celestiales, guíanos tú mismo en el camino de la vida, para que alcancemos un
día aquella luz en la que habitas con tus santos. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ga 6,7b-8
De Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne , de la carne cosechará corrupción; el que siempre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tus admirables
sacramentos nos concedes participar, ya desde este mundo, de los bienes
celestiales, guíanos tú mismo en el camino de la vida, para que alcancemos un
día aquella luz en la que habitas con tus santos. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
HIMNO
Insigne defensor de nuestra causa,
Señor y
Salvador del pueblo humano,
acoge nuestras súplicas humildes,
perdona
nuestras culpas y pecados.
El día con sus gozos y sus penas
pasó
dejando huellas en el alma,
igual que nuestros pies en su camino
dejaron
en el polvo sus pisadas.
No dejes de mirarnos en la noche,
dormida
nuestra vida en su regazo;
vigila el campamento de los hombres,
camino de
tu reino ya cercano.
Ahuyenta de tu pueblo la zozobra,
sé nube
luminosa en el desierto,
sé fuerza recobrada en el descanso,
mañana y
horizonte siempre abierto.
Bendice, Padre santo, la tarea
del pueblo
caminante en la promesa;
llegados a Emaús, tu Hijo amado
nos parta el pan
y el vino de la cena. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: «Convertíos y creed la Buena Noticia», dice el Señor.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.
(Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1: «Convertíos y creed la Buena Noticia», dice el Señor.
Ant. 2: Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2: Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
Ant. 3: Nadie me quita la vida; yo mismo la entrego de mi propia voluntad, para volverla a tomar.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Nadie me quita la vida; yo mismo la entrego de mi propia voluntad, para volverla a tomar.
LECTURA BREVE 2Co 6,1-4a
Os exhortamos a que deis pruebas de no haber recibido en vano la gracia de Dios, pues dice él en la Escritura: «En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de salvación.» Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. A nadie queremos dar nunca motivo de escándalo, a fin de no hacer caer en descrédito nuestro ministerio, antes al contrario, queremos acreditarnos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
RESPONSORIO BREVE
R. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Escúchanos, Señor.
V.
Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R. Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Ya que hemos
recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de
nuestro Señor Jesucristo.
Año B: Cantemos a Cristo
crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero
salvación de Dios para los llamados.
Año C: Todo
lo que acontecía a nuestros padres en la antigüedad se cumple para nosotros en
la plenitud de los tiempos.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, a tu pueblo.
Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes, * para que nuestro amor crezca y sea verdadero.
Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos * y tu sed en los sedientos.
Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte, * haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana.
Haz que todos, según el ejemplo de la Virgen María y de los santos, * sigan con más diligencia y perfección tus enseñanzas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección * y gocen eternamente de tu amor.
Pidamos a nuestro Padre que nos dé la fuerza que necesitamos para no caer en la tentación: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna, recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a
causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón
soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los
cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos
del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del
regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el
Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se
anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de
su pueblo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Día tras día te bendeciré, Señor.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y el que era, el Santo. (Ap 16,
5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Ant.1: Día tras día te bendeciré, Señor. Aleluya.
Ant. 2: Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo.
II
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 2: Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo.
Ant. 3: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.
III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 3: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones.
V. Lo alimentó con
pan de inteligencia.
R. Le dio a beber el agua de
la sabiduría.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
Comienza la carta a los Hebreos 1, 1 __ 2, 4
EL HIJO DE DIOS, HEREDERO UNIVERSAL, SUPERIOR A LOS ÁNGELES
A través de muchas etapas y de muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros antepasados por ministerio de los profetas; en estos tiempos, que son los últimos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas y por quien, creó los mundos. Él, su Hijo, es el resplandor de su gloria, la imagen de su ser y, con su poderosa palabra, sostiene el universo. Él, después de haber llevado a cabo la expiación de nuestros pecados, se ha sentado a la diestra de la Majestad en los cielos y ha llegado a ser tanto mayor que los ángeles, cuanto es más augusto que el de ellos el nombre que ha recibido en herencia.
Porque, ¿a cuál de los ángeles ha dicho Dios alguna vez: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy»? O ¿de qué ángel ha dicho: «Yo seré para él un Padre, y él será para mí un Hijo»? Y, cuando introduce a su Primogénito en el mundo, exclama: «Adórenle todos los ángeles de Dios.»
Refiriéndose a los ángeles, dice: «Él hace de los ángeles espíritus, y de sus servidores relámpagos de fuego.» Pero, refiriéndose al Hijo, se expresa así: «Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real; has amado la justicia y odiado la impiedad; por eso eL Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.» Y también dice: «Tú, Señor, al principio cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces, se gastarán como la ropa, serán como un vestido que se muda. Tú, en cambio, eres siempre el mismo, y tus años no se acabarán.» Y ¿a qué ángel dijo alguna vez: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies»? ¿No son todos ellos espíritus destinados a una misión, enviados en servicio de los que han de heredar la salvación?
Por eso debemos atender con la mayor diligencia a las verdades oídas, para no ir a la deriva. Porque, si la palabra promulgada por los ángeles tuvo todas las garantías de validez, hasta el punto de que toda desobediencia y transgresión incurría en justa sanción, ¿cómo podremos nosotros escapar, si descuidamos una tan sublime salvación? La cual fue inaugurada por la predicación del Señor y nos fue luego confirmada por aquellos que la oyeron. Y al testimonio de ellos va Dios mismo añadiendo el suyo por señales y prodigios, por variadas obras de poder y por dones que el Espíritu Santo va repartiendo según su voluntad.
Responsorio Hb 1, 3; 12, 2
R. Jesucristo
es el resplandor de la gloria del Padre, la imagen de su ser y, con su poderosa
palabra, sostiene el universo; * y, después de haber
llevado a cabo la expiación de nuestros pecados, se ha sentado a la diestra de
la Majestad en los cielos.
V. El caudillo de
nuestra fe, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la
cruz.
R. Y después de haber llevado a cabo la
expiación de nuestros pecados, se ha sentado a la diestra de la Majestad en los
cielos.
Año II:
Del libro del Éxodo 22, 20-23, 9
ALGUNAS LEYES PARA PROTEGER AL DESVALIDO (CÓDIGO DE LA ALIANZA)
Esto dice el Señor:
«El que ofrezca sacrificios a otros dioses, fuera del Señor, será exterminado.
No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque si los explotas, y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y huérfanos a vuestros hijos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándolo de intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo; si no, ¿dónde se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque soy compasivo.
No blasfemarás contra Dios y no maldecirás a los jefes de tu pueblo.
No retrasarás la ofrenda de tu cosecha y de tu vendimia. Me darás el primogénito de tus hijos; lo mismo harás con los de tus vacas y ovejas: durante siete días quedará la cría con su madre y el séptimo día me la entregarás.
Sed para mi un pueblo santo y no comáis carne de animal despedazado en el campo: echádsela a los perros.
No harás declaraciones falsas: no te asocies con el culpable para testimoniar en favor de una injusticia. No seguirás en el mal a la mayoría: no declararás en un proceso siguiendo a la mayoría y violando la justicia. Ni siquiera en favor del pobre te mostrarás parcial en un proceso.
Cuando encuentres extraviados el buey o el asno de tu enemigo, se los llevarás a su dueño. Cuando veas el asno de tu adversario caído bajo la carga, no pases de largo; préstale ayuda.
No violarás el derecho del pobre en su causa.
Abstente de las causas falsas: no harás morir al justo ni al inocente, ni absolverás al culpable; porque yo no declaro inocente a un culpable.
No aceptarás soborno, porque el soborno ciega aun al perspicaz y falsea la causa del inocente.
No vejarás al forastero: vosotros conocéis la suerte del forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.»
Responsorio Sal 81, 3-4; cf. St 2, 5
R. Proteged al
desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado; * defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos
del culpable.
V. Dios ha elegido a los pobres del
mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino.
R. Defended al pobre y al indigente, sacándolos de las
manos del culpable.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 15, 10-12. 16-17: CCL 36, 154-156)
LLEGÓ UNA MUJER SAMARITANA A SACAR AGUA
Llegó una mujer.
Esta mujer es figura de la Iglesia no justificada aún, pero en vías de
justificación, ya que de esto trata el relato. Llegó ignorante de lo que allí le
esperaba, encontró a Cristo, y éste le dirigió la palabra. Veamos qué palabras y
por qué. Llegó una mujer samaritana a sacar agua. Los samaritanos no eran
de raza judía, eran tenidos por extranjeros. Concuerda con el simbolismo del
relato el hecho de que esta mujer, figura de la Iglesia, venga de un pueblo
extranjero, ya que la Iglesia había de venir de entre los gentiles, de los que
no eran de raza judía.
Por tanto, oigámonos a nosotros en
sus palabras, reconozcámonos a nosotros en ella, y en ella demos gracias a Dios
por nosotros. Ella era figura, no realidad; pero ella misma comenzó por ser
figura y terminó por ser realidad. Creyó, en efecto, en aquel que quería hacerla
figura de nosotros. Llegó, pues, a sacar agua. Había venido
simplemente a sacar agua, como acostumbraban hacer todos.
Jesús le dijo: «Dame de beber.» Mientras tanto sus discípulos habían ido a la
ciudad a comprar alguna cosa para comer. Díjole la samaritana: «¿Cómo tú, siendo
judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Conviene saber que los
judíos no alternan con los samaritanos.
Veis cómo se
trata de extranjeros: los judíos no usaban en modo alguno de sus vasijas. Y
aquella mujer, que llevaba consigo una vasija para sacar agua, se admira de que
un judío le pida de beber, cosa que no solían hacer los judíos. Pero el que le
pide de beber, en realidad, de lo que tiene sed es de la fe de aquella
mujer.
Escucha quién es el que le pide de beber: Jesús
le respondió: «Si conocieses el don de Dios y quién es el que te dice: "Dame de
beber", seguro que se la pedirías tú a él y él te daría agua viva.» Pide de
beber y promete una bebida. Se presenta como quien está necesitado, y tiene en
abundancia para saciar a los demás. Si conocieses -dice- el don de
Dios. El don de Dios es el Espíritu Santo. Pero de momento habla a aquella
mujer de un modo encubierto, y va entrando paulatinamente en su corazón.
Seguramente empieza ya a instruirla. ¿Qué exhortación, en efecto, más suave y
benigna que ésta? Si conocieses el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame
de beber», seguro que se la pedirías tú a él y él te daría agua
viva.
¿Qué agua había de darle, sino aquella de la que
está escrito: En ti está la fuente viva? Pues no pueden ya tener más sed los que
se nutren de lo sabroso de tu casa.
Prometía el alimento y
saciedad del Espíritu Santo, pero ella no lo entendía aún; y, por eso, ¿qué
respondía? Exclamó entonces la mujer: «Señor, dame de ese agua, para que no
sienta ya más sed ni tenga que venir aquí a sacar agua.» La necesidad la
obligaba a fatigarse, pero su debilidad recusaba la fatiga. Ojalá hubiera podido
escuchar aquellas palabras: Venid a mí todos los que andáis rendidos y
agobiados, que yo os daré descanso. Porque todo esto se lo decía Jesús para
que no tuviera ya que fatigarse, mas ella no lo entendía aún.
Responsorio Jn 7, 37-39; 4, 13
R. Jesús
clamaba en alta voz: «El que tenga sed que venga a mí, y que beba el que crea en
mí; brotarán de su seno torrentes de agua viva.» *
Esto lo dijo del Espíritu, que habían de recibir los que a él se unieran por la
fe.
V. El que beba del agua que yo le dé no tendrá
ya sed jamás.
R. Esto lo dijo del Espíritu que
habían de recibir los que a él se unieran por la fe.
Oración:
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna, recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh sol de salvación, oh Jesucristo,
alumbra
lo más hondo de las almas,
en tanto que la noche retrocede
y el día sobre
el mundo se levanta.
Junto con este favorable tiempo
damos ríos
de lágrimas copiosas,
para lavar el corazón que, ardiendo
en jubilosa
caridad, se inmola.
La fuente que hasta ayer manó delitos
ha de
manar desde hoy perenne llanto,
si con la vara de la penitencia
el pecho
empedernido es castigado.
Ha se avecina el día, el día tuyo,
volverá
a florecer el universo;
compartamos su gozo los que fuimos
devueltos por
tu mano a tus senderos.
Oh Trinidad clemente, que te adoren
tierra
y cielo a tus pies arrodillados,
y que nosotros, por tu gracia
nuevos,
cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tus mandatos, Señor, son fieles y seguros, más que la voz de aguas caudalosas.
Salmo 92
GLORIA DEL DIOS CREADOR
Reina el
Señor, nuestro Dios, dueño de todo;
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
(Ap 19,6.7)
El Señor reina vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido
de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan
los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el
oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de
tu casa,
Señor, por días sin término.
Ant. 1: Tus mandatos, Señor, son fieles y seguros, más que la voz de aguas caudalosas.
Ant. 2: Manantiales, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos
todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;.
aves del cielo, bendecid
al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Manantiales, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ant. 3: Reyes y pueblos del orbe, alabad al Señor.
Salmo 148
ALABANZA DEL DIOS CREADOR
Al que se
sienta en el trono y al
Cordero la alabanza, el honor,
la gloria y el
poder por los
siglos de los siglos. (Ap 5,13)
Alabad al Señor en el cielo,
+ alabad al Señor en lo
alto.
Alabadlo todos sus ángeles,
alabadlo todos sus
ejércitos.
Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes,
y aguas que cuelgan en el
cielo.
Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y
existieron.
Les dio consistencia perpetua
y una ley que no
pasará.
Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del
mar.
Rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus
órdenes.
Montes y todas las sierras,
árboles frutales y
cedros.
Fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que
vuelan.
Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del
mundo.
Los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los
niños.
Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de
su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo
escogido.
Ant. 3: Reyes y pueblos del orbe, alabad al Señor.
LECTURA BREVE Cf. Ne 8,9. 10
Este día está consagrado al Señor vuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis. No estéis tristes: la alegría del Señor es vuestra fortaleza.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de
Dios vivo, ten piedad de nosotros. R. Cristo.
V. Tú que fuiste triturado por nuestros crímenes.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Dios es
espíritu: adoradlo en espíritu y en verdad.
Año B:
«Destruid este templo -dice el Señor- y yo lo levantaré en tres días»; esto lo
decía refiriéndose al templo de su propio cuerpo.
Año
C: El Señor, el Dios de vuestros padres, me ha enviado a vosotros.
PRECES
Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación; acudamos, pues, a nuestro Redentor que nos concede estos días de perdón, y, bendiciéndole, digamos: Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.
Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos, * concédenos andar hoy en vida nueva.
Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, * haz que también nosotros seamos solícitos del bien de todos los hombres.
Ayúdanos, Señor, a trabajar concordes en la edificación de nuestra ciudad terrena, * sin olvidar nunca tu reino eterno.
Tú, Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas, * sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos cada día en santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que la fuerza para no caer en la tentación nos viene de Dios, acudamos al Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna, recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia 1Ts 4,1.7
Hermanos, os rogamos y exhortamos en Jesús, el Señor, a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros -cosa que ya hacéis-, y a que hagáis nuevos progresos. Pues Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos
otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna,
recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos
oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia.
Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 30,15.18
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Vuestra salvación está en convertiros y en tener calma; vuestra fuerza está en confiar y estar tranquilos.» El Señor espera para apiadarse, aguarda para compadecerse; porque el Señor es un Dios recto: dichosos los que esperan en él.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos
otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna,
recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos
oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia.
Por Cristo nuestro Señor.
Nona Dt 4,29-31
Buscarás al Señor, tu Dios, y, si lo buscas con todo el corazón y con toda el alma, lo encontrarás. Al cabo de los años, cuando te cerquen y alcancen todas estas maldiciones, te convertirás al Señor, tu Dios, y escucharás su voz; porque el Señor, tu Dios, es un Dios compasivo; no te dejará ni te destruirá, ni se olvidará de la alianza que con juramento ofreció a vuestros padres.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos
otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna,
recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos
oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia.
Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh bondadoso Creador, escucha
la voz de
nuestras súplicas y el llanto
que, mientras dura el sacrosanto ayuno
de
estos cuarenta días, derramamos.
A ti, que escrutas nuestros corazones
y que
conoces todas sus flaquezas,
nos dirigimos para suplicarte
la gracia
celestial de tu indulgencia.
Mucho ha sido, en verdad, lo que
pecamos,
pero estamos, al fin, arrepentidos,
y te pedimos, por tu excelso
nombre,
que nos cures los males que sufrimos.
Haz que, contigo y reconciliados,
podamos
dominar a nuestros cuerpos,
y, llenos de tu amor y de tu gracia,
no
pequen ya los corazones nuestros.
Oh Trinidad Santísima, concédenos,
oh
simplicísima Unidad, otórganos
que los efectos de la penitencia
de estos
días nos sean provechosos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios todopoderoso, líbranos por la gloria de tu nombre y concédenos un espíritu de conversión.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Señor, Dios todopoderoso, líbranos por la gloria de tu nombre y concédenos un espíritu de conversión.
Ant. 2: Nos rescataron a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.
Salmo 110
GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR
Grandes y
maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente. (Ap
15,3)
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos,
en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para
los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por
siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y
clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su
alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de
los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus
preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de
cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su
alianza,
su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen
juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por
siempre.
Ant. 2: Nos rescataron a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.
Ant. 3: Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.
Cántico 1 Pe
21b-24
PASIÓN VOLUNTARIA DE CRISTO, SIERVO DE DIOS
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño
en su boca;
cuando lo insultaban, no devolvía el insulto;
en su pasión
no profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos
del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores.
LECTURA BREVE 1Co 9,24-25
Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno solo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos, Señor.
V.
Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R. Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Dice el
Señor: «El que beba del agua que yo le dé no tendrá ya sed jamás.»
Año B: «La casa de mi Padre es casa de oración», dice el
Señor.
Año C: El que permanece en mí da mucho
fruto.
PRECES
Demos gloria y alabanza a Dios Padre que, por medio de su Hijo, la Palabra encarnada, nos hace renacer de un germen incorruptible y eterno, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de tu pueblo.
Escucha, Dios de misericordia, la oración que te presentamos en favor de tu pueblo * y concede a tus fieles desear tu palabra más que el alimento del cuerpo.
Enséñanos a amar de verdad y sin discriminación a nuestros hermanos y a los hombres de todas las razas, * y a trabajar por su bien y por la concordia mutua.
Pon tus ojos en los catecúmenos que se preparan para el bautismo * y haz de ellos piedras vivas y templo espiritual en tu honor.
Tú que por la predicación de Jonás exhortaste a los ninivitas a la penitencia, * haz que tu palabra llame a los pecadores a la conversión.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los moribundos esperen confiadamente el encuentro con Cristo, su juez, * y gocen eternamente de tu presencia.
Unidos fraternalmente, dirijamos al Padre nuestra oración común: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, fuente de toda bondad y misericordia, que nos otorgas un remedio para nuestros pecados por el ayuno, la oración y la limosna, recibe con agrado la confesión que te hacemos de nuestra debilidad y, ya que nos oprime el peso de nuestras culpas, levántanos con el auxilio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Este largo martirio de la vida,
la fe tan
viva y la esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y
al consuelo tan dormida;
esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar
tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no
halle entrada ni salida;
ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de
los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,
de que me han de librar esos tus brazos
para recibirme están
abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Vendrá el Señor y no callará.
Salmo 49
LA VERDADERA RELIGIOSIDAD
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
I
El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de
oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene
nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo
alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:
«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un
sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a
juzgar.
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
II
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar
testimonio contra ti;
-yo, el Señor, tu Dios-
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus
holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito
de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en
mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se
agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo
llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de
cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al
Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás
gloria.»
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
III
Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te
echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los
adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el
engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu
madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te
acusaré, te lo echaré en cara.»
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin
remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que
sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
V. Convertíos y
creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el
reino de Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 2, 5-18
JESÚS, AUTOR DE LA SALVACIÓN, SE HA HECHO SEMEJANTE A SUS HERMANOS
Hermanos: Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del cual estamos hablando. Ya lo testificó alguien en cierto lugar, cuando dijo: «¿Qué es el hombre, rara que te acuerdes de él? ¿Quién es el hijo del hombre, para que te preocupes de él? Lo hiciste un poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y de honor, lodo lo sometiste bajo sus pies.»
Y, si le sometió todas las cosas, no dejó nada sin someterlo a él. Es cierto, sin embargo, que al presente no vemos todavía que todo le esté sometido. Pero sí vemos a Jesús, a quien Dios puso momentáneamente bajo los ángeles, coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte. Así, por amorosa dignación de Dios, gustó la muerte en beneficio de todos.
Pues como quisiese Dios, por quien y para quien son todas las .cosas, llevar un gran número de hijos a la gloria, convenía ciertamente que perfeccionase por medio del sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación, ya que tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen. Por esta razón no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos; cantaré en la asamblea tus loores.» Y también: «Pondré en él mi confianza.» Y en otro lugar: «Aquí estoy con mis hijos, los hijos que Dios me ha dado.»
Así pues, como los hijos participan de la carne y de la sangre, también él entró a participar de las mismas, para reducir a la impotencia, por su muerte, al que retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio, y librar a los que por temor a la muerte vivían toda su vida sometidos a esclavitud. Él no vino, ciertamente, en auxilio de los ángeles, sino en auxilio de la descendencia de Abraham. Por eso debía ser semejante en todo a sus hermanos, para poderse apiadar de ellos y ser fiel pontífice ante Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. En efecto, habiendo sido él probado en el sufrimiento, puede ahora venir en ayuda de los que sufren la prueba.
Responsorio Hb 2, 11. 17; Ba 3, 38
R. Tanto el que
santifica como los que son santificados tienen un mismo origen; por eso Cristo
debía ser semejante en todo a sus hermanos, * para
poderse apiadar de ellos y ser su fiel pontífice.
V. Dios apareció en la tierra y convivió entre los
hombres.
R. Para poderse apiadar de ellos y ser su
fiel pontífice.
Año II:
CELEBRACIÓN DE LA ALIANZA EN EL MONTE SINAÍ
Del libro del Éxodo 24, 1-18
En aquellos días, dijo Dios a Moisés:
«Sube hacia mí con Aarón, Nadab, Abihú y los setenta ancianos de Israel, y prosternaos a distancia. Después se acercará Moisés solo, ellos no se acercarán; tampoco el pueblo subirá con ellos.»
Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que le había dicho el Señor, todos sus mandatos, y el pueblo contestó a una:
«Haremos todo lo que dice el Señor.»
Entonces Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas por las doce tribus de Israel. Mandó luego a algunos jóvenes israelitas que ofreciesen holocaustos e inmolasen vacas como sacrificio de comunión para el Señor. Después tomó la mitad de la sangre y la echó en recipientes, y con la otra roció el altar. Tomó en seguida el documento del pacto y se lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió:
«Haremos todo lo que manda el Señor y obedeceremos.»
Moisés tomó el resto de la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo:
«Ésta es la sangre de la alianza que el Señor hace con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras.» Subieron Moisés, Aarón, Nadab, Abihú y los setenta ancianos de Israel, y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había como un pavimento de zafiro, tan puro como el mismo cielo cuando está sereno. Dios no extendió la mano contra los notables de Israel, los cuales pudieron contemplar a Dios y después comieron y bebieron. El Señor dijo a Moisés:
«Sube hacia mí al monte, que allí estaré yo para darte las tablas de piedra con la ley y los mandatos que he escrito para que se los enseñes.»
Se levantó Moisés y subió con Josué, su ayudante, al monte de Dios; a los ancianos les dijo:
«Quedaos aquí hasta que yo vuelva; Aarón y Jur están con vosotros; el que tenga algún asunto que se lo traiga a ellos.»
Cuando Moisés subió al monte, la nube lo cubría y la gloria del Señor descansaba sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió durante seis días. Al séptimo día llamó el Señor a Moisés desde la nube. La gloria del Señor apareció a los israelitas como fuego voraz sobre la cumbre del monte. Moisés se adentró en la nube y subió al monte, y estuvo allí cuarenta días con sus noches.
Responsorio Sir 45, 5-6; Hch 7, 38
R. Dios hizo
escuchar su voz a Moisés y lo introdujo en la densa nube; * le entregó sus mandamientos cara a cara, para que
enseñase sus preceptos a Jacob, sus leyes y decretos a Israel.
V. Éste es el que en la asamblea, reunida en el desierto,
estuvo con el ángel, que le hablaba en el monte Sinaí.
R. Le entregó sus mandamientos cara a cara, para que
enseñase sus preceptos a Jacob, sus leyes y decretos a Israel.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Basilio Magno, obispo
(Homilía 20, Sobre la humildad, 3: PG 31, 530-531)
EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORÍE EN EL SEÑOR
No se gloríe el sabio de su sabiduría, no se gloríe el fuerte de su fortaleza, no se gloríe el rico de su riqueza.
Entonces, ¿en qué puede gloriarse con verdad el hombre? ¿Dónde halla su grandeza? Quien quiera gloriarse -continúa el texto sagrado-, que se gloríe de esto: de conocerme y comprender que soy el Señor.
En esto consiste la sublimidad del hombre, su gloria y su dignidad, en conocer dónde se halla la verdadera grandeza y adherirse a ella, en buscar la gloria que procede del Señor de la gloria. Dice, en efecto, el Apóstol: El que se gloria, que se gloríe en el Señor, afirmación que se halla en aquel fragmento: Cristo ha sido hecho por Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención; y así -como dice la Escritura- «el que se gloría, que se gloríe en el Señor».
Por tanto, lo que hemos de hacer para gloriamos de un modo perfecto e irreprochable en el Señor es no enorgullecemos de nuestra propia justicia, sino reconocer que en verdad carecemos de ella y que lo único que nos justifica es la fe en Cristo.
En esto precisamente se gloría Pablo, en despreciar su propia justicia y en buscar la que se obtiene por la fe y que procede de Dios, para así tener íntima experiencia de Cristo, del poder de su resurrección y de la comunión en sus padecimientos, reproduciendo en sí su muerte, con la esperanza de alcanzar la resurrección de entre los muertos.
Así caen por tierra toda altivez y orgullo. El único motivo que te queda para gloriarte, oh hombre, y el único motivo de esperanza consiste en hacer morir todo lo tuyo y buscar la vida futura en Cristo; de esta vida poseemos ya las primicias, es algo ya incoado en nosotros, puesto que vivimos en la gracia y en el don de Dios.
Y es el mismo Dios el que obra en nosotros haciendo que queramos y obremos movidos por lo que a él le agrada. Y es Dios también el que, por su Espíritu, nos revela su sabiduría, la que de antemano destinó para nuestra gloria. Dios nos da fuerzas y resistencia en nuestros trabajos. He trabajado con más afán que todos -dice Pablo-, aunque no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
Dios saca del peligro más allá de toda esperanza humana. En nuestro interior -dice también el Apóstol- pensábamos que no nos quedaba otra cosa sino la muerte. Así lo permitió Dios para que no pusiésemos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos. Él nos libró entonces de tan inminente peligro de muerte y nos librará también ahora. Si, en él tenemos puesta la esperanza de que nos seguirá librando.
Responsorio Sb 15, 3; Jn 17, 3
R. Señor, la
perfecta justicia consiste en conocerte a ti; * Y
reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.
V. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado Jesucristo.
R. y
reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.
Oración:
Señor, purifica y protege siempre a tu Iglesia con tu constante misericordia y, ya que sin tu auxilio no puede vivir segura, dirígela siempre con tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y
cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de
las hojas del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil
de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo
precio que me habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos,
pero si
fugitivos de su dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a
veros,
clavadme vos a vos a vuestro leño
y tendréisme seguro con tres
clavos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Salmo 83
AÑORANZA DEL TEMPLO
No tenemos
aquí ciudad permanente,
sino que vamos buscando la futura.
(Hb 13,
14)
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi
alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi
carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un
nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los
ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote
siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su
peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en
oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan
de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de
Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu
Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el
umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la
gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta
intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en
ti!
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Cántico
Is 2, 2-5
EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES
Todas las
naciones vendrán y
se postrarán en tu acatamiento
(Ap 15,
4)
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del
Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos
numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios
de Jacob:
Él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus
sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del
Señor.»
Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos
numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No
alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la
guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la luz del Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
Salmo 95
EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO
Cantaban un
cántico nuevo ante el trono,
en presencia del Cordero. (Cf. Ap 14,
3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la
tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su
victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las
naciones;
porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más
temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el
Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor
están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y
el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus
atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su
presencia la tierra toda,
decid a los pueblos: “El Señor es rey,
él
afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos
rectamente.”
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo
llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del
bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la
tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
fidelidad.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
LECTURA BREVE Ex 19,4-6a
Vosotros habéis visto cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Tened por cierto que ningún profeta es bien recibido en su patria.
PRECES
Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte nos ha abierto el camino de salvación, y digámosle confiados: Danos caminar por tus senderos, Señor.
Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva, * te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti.
Enséñanos, Señor, a ser hoy alegría para los que sufren * y haz que sepamos servirte en cada uno de los necesitados.
Que procuremos, Señor, hacer lo bueno, lo recto y lo verdadero ante ti * y que busquemos tu rostro con sinceridad de corazón.
Perdona, Señor, las faltas que hemos cometido contra la unidad de tu familia * y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijámonos a Dios con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Señor, purifica y protege siempre a tu Iglesia con tu constante misericordia y, ya que sin tu auxilio no puede vivir segura, dirígela siempre con tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 89-96
CONTEMPLACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN LA
LEY
Os doy el
mandato nuevo:
que os améis mutuamente
como yo os he amado.
(Jn 13,
34)
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo;
tu
fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y
permanece;
por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu
servicio.
Si tu voluntad no fuera mi delicia,
ya habría perecido en mi
desgracia;
jamás olvidaré tus decretos,
pues con ellos me diste
vida;
soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus leyes.
Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus
preceptos;
he visto el límite de todo, lo perfecto:
tu mandato se dilata
sin término.
Salmo 70
TÚ, SEÑOR, FUISTE MI ESPERANZA DESDE MI
JUVENTUD
Que la
esperanza os tenga alegres;
estad firmes en la tribulación.
(Rm 12,
12)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú
que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y
sálvame.
Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque
mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y
violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me
sostenías,
siempre he confiado en ti.
Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eras mi fuerte
refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el
día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas,
no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida
celebran consejo;
dicen: «Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie
lo defiende.»
Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a
socorrerme.
Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi
vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza,
los que buscan mi
daño.
II
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi
boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Proclamaré tus
proezas, Señor mío,
narraré tu victoria, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato
tus maravillas;
ahora, en la vejez y las canas,
no me abandones, Dios
mío,
hasta que describa tu brazo
a la nueva generación,
tus
proezas y tus victorias excelsas,
las hazañas que realizaste:
Dios mío,
¿quién como tú?
Me hiciste pasar por peligros
muchos y graves:
de nuevo me
darás la vida,
me harás subir de lo hondo de la tierra;
acrecerás mi dignidad,
de nuevo me consolarás;
y yo te daré
gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel;
te aclamarán mis
labios,
Señor, mi alma, que tú redimiste;
y mi lengua todo el día
recitará tu auxilio,
porque quedaron
derrotados y afrentados
los que buscaban mi daño.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Sb 11,24-25a
Señor, tú te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Señor, purifica y protege siempre a tu Iglesia con tu constante
misericordia y, ya que sin tu auxilio no puede vivir segura, dirígela siempre
con tu protección. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Ez 18,23
«¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor- y no que se convierta de su conducta y que viva?»
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Señor, purifica y protege siempre a tu Iglesia con tu constante
misericordia y, ya que sin tu auxilio no puede vivir segura, dirígela siempre
con tu protección. Por Cristo, nuestro Señor.
Nona Is 58,7
Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Señor, purifica y protege siempre a tu Iglesia con tu constante
misericordia y, ya que sin tu auxilio no puede vivir segura, dirígela siempre
con tu protección. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Ésta es la hora para el buen amigo,
llena
de intimidad y confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que siente el rey, siente el mendigo.
Hora en que el corazón encuentra
abrigo
para lograr alivio a su dolencia
y, al evocar la edad de la
inocencia,
logra en el llanto bálsamo y castigo.
Hora en que arrullas, Cristo, nuestra
vida
con tu amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos
convida.
Hora en que un ángel roza nuestra frente
y
en que el alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Salmo 122
EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos...
se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de nosotros,
Hijo de David.»
(Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos en las mano, de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su
señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su
misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estarnos saciados de
desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los
satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Ant. 2: Nuestro auxilio es nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 123
NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo
a Pablo: «No temas...
que yo estoy contigo.»
(Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga
Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos
asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira
contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta
el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas
espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus
dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de las trampa del
cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
Ant. 2: Nuestro auxilio es nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Rm 12,1-2
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Jesús, atravesando por medio de ellos, siguió su camino.
PRECES
Invoquemos al Señor Jesús, que nos ha salvado a nosotros, su pueblo, librándonos de nuestros pecados, y digámosle humildemente: Jesús, Hijo de David, compadécete de nosotros.
Te pedimos, Señor Jesús, por tu Iglesia santa, por la que te entregaste para consagrarla con el baño del agua y con la palabra: * purifícala y renuévala por la penitencia.
Maestro bueno, haz que los jóvenes descubran el camino que les preparas * y que respondan siempre con generosidad a tus llamadas.
Tú que te compadeciste de los enfermos que acudían a ti, levanta la esperanza de nuestros enfermos * y haz que imitemos tu gesto generoso y estemos siempre atentos al bien de los que sufren.
Haz, Señor, que recordemos siempre nuestra condición de hijos tuyos, recibida en el bautismo, * y que vivamos siempre para ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Da tu paz y el premio eterno a los difuntos * y reúnenos un día con ellos en tu reino.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Señor, purifica y protege siempre a tu Iglesia con tu constante misericordia y, ya que sin tu auxilio no puede vivir segura, dirígela siempre con tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un
corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y, hallándola en la
cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
«Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento busco esos
cristales;
si te ofendí, protervo,
ya vuelvo arrepentido de mis
males;
y no me he de apartar de tu presencia
sin perdón, sin favores, sin
clemencia.
En esa cruz clavado,
arco de paz te hicieron tus
finezas,
y, pues enamorado
así encender pretendes las tibiezas,
que se
abrasen las mías hoy te ruego
con tu luz, con tu llama, con tu
fuego.
El Dios de las venganzas
un tiempo los profetas te
llamaron,
mas ya mis esperanzas,
desde que hombre te hiciste,
mejoraron,
pues Dios de amor te miran en prisiones,
sin carcaj, sin
saetas, sin arpones.» Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Salmo 67
ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR
Subiendo a la
altura, llevó cautivos
y dio dones a los hombres. (Ef 4,
8)
I
Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,
huyen de su
presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la
cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de
Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que
avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su
presencia.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa
morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los
enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.
¡Oh Dios!, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por
el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del
Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.
Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia
copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la
tierra
que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres.
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
II
El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre
noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres
reparten el botín.
Mientras reposabais en los apriscos,
las alas de la paloma se
cubrieron de plata,
el oro destellaba en su plumaje.
Mientras el
Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte
Umbrío.»
Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son
escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte
escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?
Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al
santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de
hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una
morada.
Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es
nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos
hace escapar de la muerte.
Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los
malvados contumaces.
Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré
desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo,
y los
perros la lamerán con sus lenguas.»
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
III
Aparece tu cortejo, ¡oh Dios!,
el cortejo de mi Dios, de mi
Rey,
hacia el santuario.
Al frente marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de
arpa;
en medio las muchachas van tocando panderos.
«En el bullicio de la fiesta bendecid a Dios,
al Señor, estirpe
de Israel.»
Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con
sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de
Neftalí.
¡Oh Dios!, despliega tu poder,
tu poder, ¡oh Dios!, que actúa en
favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su
tributo.
Reprime a la Fiera del Cañaveral,
al tropel de los toros,
a
los Novillos de los pueblos.
Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones
belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a
Dios.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que
avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz
poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las
nubes.
Desde el santuario Dios impone reverencia:
es el Dios de
Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.
¡Dios sea bendito!
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
V. Ahora es el
tiempo propicio.
R. Ahora es el día de la
salvación.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
De la carta a los Hebreos 3, 1-19
JESÚS, APÓSTOL DE NUESTRA FE
Hermanos, vosotros que habéis sido consagrados a Dios y sois participantes de una vocación celeste, poned vuestra consideración en el apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos, en Jesús, Él es fiel hacia aquel que lo constituyó para esa misión, como lo fue también Moisés en todo para con la casa de Dios. Pero él ha sido juzgado digno de tanta mayor gloria que Moisés, cuanto supera en dignidad a la casa misma aquel que la construyó. Todas las casas tienen su constructor, pero el hacedor de todas las cosas es Dios. Moisés fue fiel a toda la casa de Dios, en su calidad de servidor, cuya tarea fue la de dar testimonio sobre la verdad de cuanto había de revelarse. En cambio, Cristo es fiel en su calidad de Hijo al frente de su propia casa. Y su casa somos nosotros, si mantenemos hasta el fin la firmeza y la alegría confiada de nuestra esperanza.
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: «Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón como en aquella rebelión en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me irrité contra aquella generación, y dije: "Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso."»
Mirad, hermanos, que no tenga nadie un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a apartarse del Dios vivo. Animaos unos a otros, día tras día, mientras perdura el «hoy», para que ninguno de vosotros «se endurezca» en la seducción del pecado. Porque hemos llegado a ser partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin nuestra confianza primera.
Cuando se dice: «Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón como en aquella rebelión», ¿quiénes son los que se rebelaron después de «haber escuchado la voz» de Dios? ¿No fueron acaso todos los que salieron de Egipto a las órdenes de Moisés? ¿Contra quiénes «se irritó Dios por espacio de cuarenta años»? ¿No acaso contra los que pecaron y cuyos «cadáveres quedaron en el desierto»? ¿Y a quiénes «juró que no entrarían en su descanso» sino a los rebeldes? Y así, efectivamente, vemos que no pudieron entrar debido a su incredulidad.
Responsorio Hb 3, 6; Ef 2, 21
R. Cristo es
fiel en su calidad de Hijo al frente de su propia casa; * y su casa somos nosotros.
V. Por Cristo todo el edificio queda ensamblado, y se va
levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.
R. Y su casa somos nosotros.
Año II:
Del libro del Éxodo 32, 1-20
EL BECERRO DE ORO
En aquellos días, viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar del monte, acudió en masa ante Aarón y le dijo:
«Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos lo que le haya pasado.»
Aarón les contestó:
«Recoged los pendientes de oro de vuestras mujeres, hijos e hijas, y traédmelos.» Todo el pueblo se quitó los pendientes de oro y se los trajeron a Aarón. Él los recibió y trabajó el oro a cincel y fabricó un novillo de fundición. Después les dijo:
«Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.» Después edificó un altar en su presencia y proclamó:
«Mañana es fiesta del Señor.»
Al día siguiente se levantaron, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión, el pueblo se sentó a comer y beber, y después se levantó a danzar. El Señor dijo a Moisés:
«Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto."»
Y añadió el Señor:
«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso deja que mi ira se encienda ahora contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.»
Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
«¿Por qué, Señor, se ha de encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con grande poder y mano robusta? ¿Tendrán que decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Abandona el ardor de tu cólera, arrepiéntete de esa amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abraham, Isaac y Jacob, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: "Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre."»
Y el Señor renunció a la amenaza que había lanzado contra su pueblo Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas de la alianza en la mano. Las tablas estaban escritas por ambos lados; eran hechura de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada en las tablas. Al oír Josué el griterío del pueblo, dijo a Moisés:
«Se oyen gritos de guerra en el campamento.»
Contestó él:
«No son gritos de victoria ni alaridos de derrota, cantos a coro es lo que escucho.» Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfurecido, tiró las tablas y las rompió al pie del monte. Después tomó el becerro que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta hacerlo polvo, que echó en agua, haciéndoselo beber a los israelitas.
Responsorio Sal 105, 20-21. 22; Rm 1, 21. 23
R. Cambiaron la
gloria del Señor por la imagen de un toro que come hierba; * se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho
prodigios en Egipto, portentos junto al mar Rojo.
V. Se ofuscaron sus corazones insensatos, y cambiaron la
gloria del Dios incorruptible por representaciones de seres
corruptibles.
R. Se olvidaron de Dios, su
salvador, que había hecho prodigios en Egipto, portentos junto al mar
Rojo.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 43: PL 52, 320. 322)
LO QUE PIDE LA ORACIÓN LO ALCANZA EL AYUNO Y LO RECIBE LA MISERICORDIA
Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra.
El ayuno es el alma de la oración, la misericordia es lo que da vida al ayuno. Nadie intente separar estas cosas, pues son inseparables. El que sólo practica' una de ellas, o no las practica simultáneamente, es como si nada hiciese. Por tanto, el que ora que ayune también, el que ayuna que practique asimismo la misericordia. Quien desea ser escuchado en sus oraciones que escuche él también a quien le pide, pues el que no cierra sus oídos a las peticiones del que le suplica abre los de Dios a sus propias peticiones.
El que ayuna que procure entender el sentido del ayuno: que se haga sensible al hambre de los demás, si quiere que Dios sea sensible a la suya; si espera alcanzar misericordia, que él también la tenga; si espera piedad, que él también la practique; si espera obtener favores de Dios, que él también sea dadivoso. Es un mal solicitante el que espera obtener para sí lo que él niega a los demás.
Hombre, sé para ti mismo la medida de la misericordia; de este modo, alcanzarás misericordia del modo que quieras, en la medida que quieras, con la presteza que quieras; tan sólo es necesario que tú te compadezcas de los demás con la misma presteza y del mismo modo.
Hagamos, por consiguiente, que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas.
Reconquistemos con nuestro ayuno lo que perdimos por no saberlo apreciar; inmolemos con el ayuno nuestras almas, ya que éste es el mejor sacrificio que podemos ofrecer a Dios, como atestigua el salmo: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Hombre, ofrece a Dios tu alma, ofrécele el sacrificio del ayuno, para que sea una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que, sin salirse de ti mismo, sea ofrecida a Dios. No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo.
Mas, para que esto sea acepto a Dios, al ayuno debe acompañar la misericordia; el ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.
Tú que ayunas, sabe que tu campo, si está en ayunas de misericordia, ayuna él también; en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros. Mira, por tanto, que no salgas perdiendo, por querer guardar para ti, antes procura recolectar a largo plazo; al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.
Responsorio Tb 12, 8. 9
R. Buena es la
oración con el ayuno y la limosna; * pues purifica de
todo pecado.
V. Ella hace alcanzar misericordia y
obtiene la vida eterna.
R. Pues purifica de todo
pecado.
Oración:
Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar para tu
vino
y, para el vino, una viña.
Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena
bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.
Edificaste una torre,
Señor, para tu
guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un
blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas.
Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo
de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu
herida
te dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.
¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu
silencio y grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pisa,
y
que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
Salmo 84
NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA
Dios bendijo
a nuestra tierra
cuando le envió el
Salvador.
(Orígenes)
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte
de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus
pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu
ira.
Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra
nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en
edad?
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre
contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu
salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a
su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará
en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la
justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el
cielo;
el Señor dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus
pasos.
Ant. 1: Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
Ant. 2: Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.
Cántico
Is 26, 1-4. 7-9. 12
HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO
La muralla de
la ciudad se asienta
sobre doce piedras. (Ap 21, 14)
Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y
baluartes:
Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la
lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en
ti.
Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca
perpetua:
La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del
justo;
en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre
y tu recuerdo.
Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga
por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los
habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras
empresas
nos las realizas tú.
Ant. 2: Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.
Ant. 3: Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta Salvación de Dios
ha sido enviada a los gentiles
(Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 3: Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
LECTURA BREVE Jl 2,12-13
Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Yo te digo Pedro: No has de perdonar hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete», dice el Señor.
PRECES
Bendigamos a Cristo, pan vivo bajado del cielo, y digámosle: Cristo, pan de las almas y salvación de los hombres, fortalece nuestra debilidad.
Señor, sacia nuestra hambre en el banquete de tu eucaristía * y danos participar plenamente de los bienes de tu sacrificio pascual.
Concédenos, Maestro bueno, escuchar tu palabra con corazón noble * y haz que perseveremos hasta dar fruto.
Que con nuestro trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo, * para que así, por la acción de tu Iglesia, reine en él la paz.
Reconocemos, Señor, que hemos pecado; * perdona nuestras faltas por tu gran misericordia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos: Padre nuestro.
Oración:
Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 97-104
¡Cuánto amo tu voluntad!
todo el día la estoy meditando;
tu
mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña;
soy más
docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus
leyes;
aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me
aparto de tus mandamientos,
porque tú :me has instruido.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la
boca!
Considero tus decretos,
y odio el camino de la mentira.
Salmo 73
LAMENTACIÓN ANTE EL TEMPLO DEVASTADO
No tengáis
miedo a los que matan
el cuerpo. (Mt 10, 28)
I
¿Por qué, ¡oh Dios!, nos tienes siempre abandonados,
y está
ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la
tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu
morada.
Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha
arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu
asamblea,
levantaron sus propios estandartes.
En la entrada superior
abatieron a hachazos el
entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las
esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la
morada de tu nombre.
Pensaban: «Acabaremos con ellos»,
e incendiaron todos
los templos del país.
Ya no vemos nuestros signos,
ni hay profeta: nadie entre
nosotros sabe hasta cuándo.
¿Hasta cuándo, Dios mío, nos va a afrentar el enemigo?
¿No
cesará de despreciar tu nombre el adversario?
¿Por qué retraes tu mano
izquierda
y tienes tu derecha escondida en el pecho?
Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre,
tú ganaste la
victoria en medio de la tierra.
II
Tú hendiste con fuerza el mar,
rompiste la cabeza del dragón
marino;
tú aplastaste la cabeza del Leviatán
se la echaste en pasto a
las bestias del mar;
tú alumbraste manantiales y torrentes,
tú secaste
ríos inagotables.
Tuyo es el día, tuya la noche,
tú colocaste la luna y el
sol;
tú plantaste los linderos del orbe,
tú formaste el verano y el
invierno.
Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja,
que un pueblo
insensato desprecia tu nombre;
no entregues a los buitres la vida de tu
tórtola,
ni olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de
violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos
alaben tu nombre.
Levántate, ¡oh Dios!, defiende tu causa:
recuerda los ultrajes
continuos del insensato;
no olvides las voces de tus enemigos,
el tumulto
creciente de los rebeldes contra ti.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Jl 2,17
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen las naciones.»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados
a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta Jr 3,25b
Pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde la juventud hasta el día de hoy, y no escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados
a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona Is 58,1-2a
Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran afán de saber mis caminos, como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no hubiesen abandonado los preceptos de Dios.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados
a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
No me pesa, Señor, haber faltado
por el
eterno mal que he merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como
pena a mi pecado.
Pésame haber tus voces despreciado
y tus
justos mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón,
Señor, por mí llagado.
Llorar quiero mis culpas humillado,
y
buscar a mis males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.
Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote
cual siempre me has amado
viviendo contigo arrepentido. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor rodea a su pueblo.
Salmo 124
EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO
La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6,16)
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla,
está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los
justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de
corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el
Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Ant. 1: El Señor rodea a su pueblo.
Ant. 2: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Salmo 130
COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN BRAZOS DE
DIOS
Aprended de
mí que soy manso y
humilde de corazón. (Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis
deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Ant. 2: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE St 2,14.17.18b
Hermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis cada uno a vuestro hermano de todo corazón.
PRECES
A Cristo, el Señor, que nos mandó velar y orar a fin de no sucumbir en la tentación, digámosle confiadamente: Señor, escucha y ten piedad.
Señor, tú que prometiste estar presente cuando tus discípulos se reúnen en tu nombre para orar, * haz que oremos siempre unidos a ti en el Espíritu Santo, a fin de que tu reino llegue a todos los hombres.
Purifica de todo pecado a la Iglesia penitente * y haz que viva siempre en la esperanza y el gozo del Espíritu Santo.
Amigo del hombre, haz que estemos siempre atentos, como tú nos mandaste, al bien del prójimo, * para que la luz de tu amor brille a través de nosotros ante todos los hombres.
Rey pacífico, haz que tu paz reine en el mundo * y que nosotros trabajemos sin cesar para conseguirla.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has muerto para que nosotros tengamos vida, * da la vida eterna a los que han muerto.
Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal: Padre nuestro.
Oración:
Tu gracia, Señor, nos socorra siempre, nos haga vivir entregados a tu servicio y nos sirva de ayuda constante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin
fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y
yo lo impido.
Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo,
triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en
él metido.
Tan obstinado estoy en mi porfía,
que el temor de perderme y
de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.
Tu poder y bondad truequen mi suerte:
que en otros veo
enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Salmo 88, 2-38
HIMNO AL DIOS FIEL A LAS PROMESAS HECHAS A
DAVID
Según lo
prometido, Dios sacó de la descendencia
de David un Salvador, Jesús.
(Hch 13, 22-23)
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu
fidelidad por todas las edades.
Pues dijiste: «Cimentado está por siempre mi
amor,
asentada más que el cielo mi lealtad.»
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi
siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las
edades.»
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la
asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién
como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y
terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El
poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del
oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató
al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y
cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón
aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu
derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad
te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, ¡oh Señor!, a la
luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su
orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas
nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel
nuestro rey.
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
II
Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a
un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.»
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo
sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga
valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante
él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre
crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta
el Gran Río.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca
salvadora»
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la
tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será
estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el
cielo.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
III
Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis
mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis
mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus
culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no
violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con
David:
«Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi
presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme
que el cielo.»
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
V. Convertíos y
haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un
espíritu nuevo.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
De la carta a los Hebreos 4, 1-13
APRESURÉMONOS A ENTRAR EN EL DESCANSO DEL SEÑOR
Hermanos: Temamos, no sea que, permaneciendo aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros se encuentre con que ha llegado tarde. Pues, lo mismo que nuestros padres, también nosotros hemos recibido esta buena nueva; pero a ellos no les aprovechó la palabra oída, porque no se unieron por la fe a quienes la siguieron. De hecho, los que hemos creído entramos en el descanso, según lo que él dijo: «He jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso.»
Ciertamente que las obras de Dios estaban ya terminadas desde la creación del mundo, pues él ha dicho en cierto pasaje, refiriéndose al séptimo día: «y descansó Dios de todas sus obras el día séptimo.» Y ahora dice de nuevo en el pasaje citado: «No entrarán en mi descanso.» Así, pues, como consta, por una parte, que algunos han de entrar en él y, por otra, que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia, vuelve Dios a señalar un día, un «hoy», declarando después de tanto tiempo, por medio de David, lo que arriba queda dicho: «Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón.»
Si Josué hubiera introducido a los israelitas en el descanso, Dios, después de esto, no habría hablado de otro día. Por lo tanto, concluimos que queda reservado un descanso, el del séptimo día, para el pueblo de Dios. Y el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus tareas, como Dios descansó de las suyas.
Apresurémonos, pues, a entrar en ese descanso, no sea que alguno caiga, imitando aquel ejemplo de desobediencia. Que la palabra de Dios es viva, eficaz y tajante más que espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y las médulas, y discierne los pensamientos y sentimientos del corazón. No hay cosa creada que se sustraiga a su presencia, y todo está desnudo y al descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.
Responsorio Gn 2, 3; Hb 4, 10
R. Bendijo Dios
el día séptimo y lo consagró; * descansó de todo el
trabajo que había hecho cuando creó.
V. El que
entra en el reposo de Dios descansa también de sus tareas, como Dios descansó de
las suyas.
R. Descansó de todo el trabajo que
había hecho cuando creó.
Año II:
Del libro del Éxodo 33, 7-11. 18-23; 34, 5-9. 29-35
ESPECIAL MANIFESTACIÓN DE DIOS A MOISÉS
En aquellos días, Moisés levantó la Tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento; la llamó «Tienda de Reunión». El .que tenía que visitar al Señor salía fuera del campamento y se dirigía a la Tienda de Reunión. Cuando Moisés salía en dirección a la Tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la Tienda; en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la Tienda, mientras él hablaba con el Señor, y el Señor hablaba con Moisés.
Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la Tienda, se levantaba y se prosternaba cada uno a la entrada de su tienda.
El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvía al campamento, mientras Josué, su joven ayudante, permanecía sin apartarse de la Tienda. Un día Moisés dijo al Señor:
«Enséñame tu gloria.»
Y él respondió:
«Yo haré pasar ante ti toda mi bondad y pronunciaré ante ti el nombre del Señor, pues yo me compadezco de quien quiero y favorezco a quien quiero; pero mi rostro no lo puedes ver, porque nadie puede verlo y seguir viviendo.»
Y añadió:
«Ahí tienes un sitio donde puedes ponerte junto a la peña; cuando pase mi gloria ante ti, te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado; y, cuando retire la mano, podrás ver mi espalda, pero mi rostro no lo verás.»
Y el Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando:
«Yahvéh, Yahvéh, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor y fidelidad. Misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación.»
Moisés al momento se prosternó y se echó por tierra. Y le dijo:
«Si he obtenido tu favor, dígnese mi Señor venir con nosotros, aunque sea ése un pueblo de dura cerviz, perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»
Cuando Moisés volvió a bajar del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de su rostro por haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de su rostro radiante, y no se atrevieron a acercarse a él. Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló. Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí. Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo sobre el rostro.
Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía comunicaba a los israelitas lo que el Señor le había mandado. Los israelitas veían la piel radiante de su rostro, y Moisés se volvía a echar el velo sobre la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.
Responsorio 2Co 3, 13. 18. 15
R. Moisés ponía
un velo sobre su rostro, para que no se fijasen los hijos de Israel en su
resplandor. * Mas todos nosotros, reflejando como en
un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos
transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor, por la
acción del Señor, que es espíritu.
V. Hasta el día
de hoy persiste un velo tendido sobre sus corazones.
R. Mas todos nosotros, reflejando como en un espejo en
nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su
propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor, por la acción del Señor, que es
espíritu.
SEGUNDA LECTURA
Del Libro de san Teófilo de Antioquía, obispo, a Autólico
(Libro 1, 2, 7: PG 6, 1026-1027. 1035)
DICHOSOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS
Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te responderé: «Muéstrame primero qué tal sea tu persona», y entonces te mostraré a mi Dios. Muéstrame primero los ojos de tu mente ven, si los oídos de tu corazón oyen.
Del mismo modo, en efecto, que los que gozan de la visión corporal perciben lo que sucede aquí en la tierra y examinan las cosas opuestas entre sí -como son la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo hermoso, lo proporcionado y lo que no lo es, lo mesurado y lo desmesurado, lo que rebasa sus límites y lo que es incompleto-, y lo mismo podemos decir con respecto a lo que es objeto de audición -los sonidos agudos, graves, agradables-, así también acontece con los oídos del corazón y los ojos de la mente, con respecto a la visión de Dios.
Efectivamente, Dios se deja ver de los que son capaces de verlo, porque tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienen bañados en tinieblas y no pueden ver la luz del sol. Y no porque los ciegos no la vean deja por eso de brillar la luz solar, sino que ha de atribuirse esta oscuridad a su defecto de visión. Así tú tienes los ojos entenebrecidos por tus pecados y malas acciones.
El alma del hombre debe ser nítida como un espejo reluciente. Cuando en un espejo hay herrumbre, no puede el hombre contemplar en él su rostro; del mismo modo, cuando hay pecado en el hombre, no puede éste ver a Dios. Pero, si quieres, puedes sanar; confíate al médico y él punzará los ojos de tu mente y de tu corazón. ¿Quién es este médico? Dios, que por su Palabra y sabiduría creó todas las cosas, ya que, como dice el salmo: La Palabra del Señor hizo el cielo; el Aliento de su boca, sus ejércitos. Eminente es su sabiduría. Con ella fundó Dios la tierra; con su inteligencia consolidó los cielos, con su ciencia brotaron los abismos y las nubes destilaron rocío.
Si eres capaz, oh hombre, de entender todo esto y procuras vivir de un modo puro, santo y piadoso, podrás ver a Dios; pero es condición previa que haya en tu corazón la fe y el temor de Dios, para llegar a entender estas cosas. Cuando te hayas despojado de tu condición mortal y hayas revestido la inmortalidad, entonces estarás en disposición de ver a Dios. Porque Dios resucitará tu cuerpo, haciéndolo inmortal como el alma, y entonces, hecho tú inmortal, podrás contemplar al que es inmortal, si ahora crees en él.
Responsorio Cf. 2Co 6, 2. 4. 5. 7
R. Ahora es el
tiempo propicio, ahora es el día de salvación: acreditémonos ante Dios * por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestros
ayunos, por nuestra sed de ser justos.
V.
Acreditémonos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
R. Por nuestra constancia en las tribulaciones, por
nuestros ayunos, por nuestra sed de ser justos.
Oración:
Concédenos, Señor, que, purificados por las prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba
pensando en confesar sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de
haberte abandonado;
cuando pobre volvime a ti humillado,
me
ofrecí como inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los
ojos, me sentí abrazado.
Sentí mis labios por tu amor sellados
y
ahogarse entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.
Llenose el alma en luces matutinas,
y,
viendo ya mis males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES
Bendito sea
Dios, que nos consuela
en todas nuestras luchas (2Co
1,3.4)
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que
confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando
todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia
ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración
atiende a la voz de mi
súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes
igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia,
Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios.»
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén
mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre
por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del
abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de
insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la
cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una
señal propicia,
la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú,
Señor, me ayudas y consuelas.
Ant. 1: Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Ant. 2: Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Cántico
Is 33, 13-16
DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA
La promesa
vale para vosotros y para vuestros hijos
y para todos los que llame el Señor
Dios nuestro,
aunque estén lejos. (Hch 2, 39)
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced
mi fuerza.
Temen en Sión los pecadores,
y un temblor se apodera de los
perversos:
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de
nosotros habitará una hoguera perpetua?»
El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el
lucro de la opresión;
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa
su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la
maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho
rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.
Ant. 2: Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Ant. 3: Aclamad al Rey y Señor.
Salmo 97
EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR
Este salmo
canta la primera venida del Señor
y la conversión de los paganos. (S.
Atanasio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho
maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su
justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa
de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro
Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con
clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la
habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para
regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
rectitud.
Ant. 3: Aclamad al Rey y Señor.
LECTURA BREVE Dt 7,6. 8-9
El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud», dice el Señor.
PRECES
Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas, y digámosle: Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo.
Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo, * para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén.
Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu * y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal.
Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia * y a poner nuestro corazón en los bienes eternos.
Líbranos del mal * y presérvanos de la fascinación de la vanidad que oscurece la mente y oculta el bien.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos al Padre, unidos a Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Concédenos, Señor, que, purificados por las prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 105-112
HIMNO A LA LEY DIVINA
Éste es mi
mandamiento, que os
améis unos a otros. (Jn 15, 12)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y
lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los
malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi
corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Salmo 69
DIOS MÍO, VEN EN MI AUXILIO
¡Señor,
sálvanos, que perecemos!
(Mt 8, 25)
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a
muerte;,
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se
retiren avergonzados,
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan
siempre: «Dios es grande»
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desdichado.
Dios mío, socórreme,
que tú eres
mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!
Salmo 74
EL SEÑOR, JUEZ SUPREMO
Derriba del
trono a los poderosos y
enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Te damos gracias, ¡oh Dios!, te damos gracias,
invocando tu
nombre, pregonando tus maravillas.
«Cuando elija la ocasión,
yo juzgaré rectamente.
Aunque
tiemble la tierra con sus habitantes,
yo he afianzado sus
columnas.»
Digo a los jactanciosos; no os jactéis;
a los malvados: no
alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no digáis
insolencias contra la Roca.
La justicia no vendrá
ni del oriente ni del occidente,
ni del
desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno humilla a otro
ensalza.
El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso lleno de vino
drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados de la
tierra.
Y yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré para el Dios de
Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el poder del
justo.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ez 18,30b-32
«Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpretado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues yo no me complazco en la muerte de nadie -oráculo del Señor-. ¡Arrepentíos y viviréis!»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón
puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu firme.
Oremos:
Concédenos, Señor, que, purificados por las
prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos
completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y
que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta Za 1,3b-4b
Así dice el Señor de los ejércitos: «Convertíos a mí, y yo me convertiré a vosotros. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: "Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta, de vuestras malas obras."»
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Concédenos, Señor, que, purificados por las
prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos
completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y
que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona Dn 4,24b
Rompe tus pecados con obras de justicia y tus
iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea
larga.
V. Mi sacrificio
es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Concédenos, Señor, que, purificados por las
prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos
completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y
que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la
frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que
tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.
Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre
hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche
tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime ante tus
pies de hinojos.
Dame licencia ya, Padre adorado,
para
mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor
cercado;
muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz
mirarte puedo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1,
7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 1: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Ant. 2: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde de la ciudad.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde de la ciudad.
Ant. 3: Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE Flp 2,12b-15a
Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. HacedIo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El que practique y enseñe los preceptos del Señor será grande en el reino de los cielos.
PRECES
Alabemos a Dios todopoderoso y providente, que conoce todas nuestras necesidades, pero quiere ante todo que busquemos su reino; supliquémosle, pues, diciendo: Venga, Señor, tu reino y su justicia.
Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores * ni falte a los pastores la obediencia de sus rebaños.
Mueve a los cristianos para que con amor fraternal se interesen por los enfermos * y que en ellos socorran a tu Hijo.
Haz que entren a formar parte de tu Iglesia los que aún no creen en el Evangelio, * y que, con sus buenas obras, la hagan crecer en el amor.
A nosotros, pecadores, concédenos tu perdón * y la reconciliación con tu Iglesia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
A los que murieron concédeles resucitar a la vida eterna * y morar eternamente contigo.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración:
Concédenos, Señor, que, purificados por las prácticas cuaresmales y alimentados con tu palabra, nos entreguemos completamente a ti por una santa moderación en el uso de las cosas terrenas y que perseveremos fraternalmente unidos en la oración. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me
reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios
piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia
de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo
que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Salmo 88, 39-53
LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE
DAVID
Nos ha
suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David. (Lc 1,
69)
IV
Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y
desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el
suelo su corona;
has derribado sus murallas
v derrocado sus fortalezas;
todo
viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;
has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a
sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has
confortado en la pelea;
has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has
acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
V
¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido
y arderá como un fuego
tu cólera?
Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has
creado a los humanos.
¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién sustraerá su vida a la
garra del abismo?
¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu
fidelidad juraste a David?
Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que
aguantar de las naciones,
de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo
afrentan las huellas de tu Ungido.
Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
V. El que medita la
ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 4, 14--5, 10
JESUCRISTO, SUMO SACERDOTE
Hermanos, teniendo un sumo sacerdote que penetró y está en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme la fe que profesamos. No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, al contrario, él mismo pasó por todas las pruebas a semejanza nuestra, fuera del pecado. Acerquémonos, pues, con seguridad y confianza a este trono de la gracia. Aquí alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para ser socorridos en el momento oportuno.
Todo sumo sacerdote, tomado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en lo tocante a las relaciones de éstos con Dios, a fin de que ofrezca dones y sacrificios por los pecados. Él puede sentir como pasión hacia los ignorantes y extraviados, porque él mismo está rodeado de fragilidad. Y a causa de esta misma fragilidad debe ofrecer sacrificios de expiación por los pecados, tanto por los del pueblo como por los suyos propios. Nadie se arroga este honor. Sólo lo toma aquel que es llamado por Dios -como lo fue Aarón-.
De igual modo, tampoco Cristo se dio a sí mismo la gloria del sumo sacerdocio, sino que la recibió de aquel que le dijo: «Hijo mío eres tú: yo te he engendrado hoy.» Y como le dice también en otro pasaje: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
Cristo, en los días de su vida mortal, habiendo elevado oraciones y súplicas con poderoso clamor y lágrimas hacia aquel que tenía poder para salvado de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente y filial; con todo, aunque era Hijo, aprendió por experiencia, en sus padecimientos, la obediencia, y, habiendo así llegado hasta la plena consumación, se convirtió en causa de salvación para todos los que lo obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote «según el rito de Melquisedec».
Responsorio Hb S, 8. 9. 7
R. Cristo,
aunque era Hijo de Dios, aprendió por experiencia, en sus padecimientos, la
obediencia, * y se I convirtió en causa de salvación
para todos los que lo obedecen.
V. En los días de
su vida mortal, habiendo elevado oraciones con poderoso clamor, fue escuchado en
atención a su actitud reverente y filial.
R. y se
convirtió en causa de salvación para todos los que lo obedecen.
Año II:
Del libro del Éxodo 34, 10-28
SEGUNDO CÓDIGO DE LA ALIANZA
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:
«Yo voy a hacer un pacto en presencia de tu pueblo: Haré maravillas como no se han hecho en ningún país ni nación, para que el pueblo con el que vives vea las obras terribles que voy a hacer por medio de ti. Cumple lo que yo te mando hoy.
Expulsaré por delante de ti a amorreos, cananeos, hititas, fereceos, jiveos y yebuseos. No hagas alianza con los habitantes del país donde vas a entrar; porque serían un lazo para ti. Derribarás sus altares, destrozarás sus estelas, talarás sus árboles sagrados.
No te postres ante dioses extraños, porque el Señor se llama y es Dios celoso. No hagas alianza con los habitantes de la tierra, no sea que ellos, al prostituirse con sus dioses cuando les ofrezcan sacrificios, te inviten y comas con ellos. Ni tomes a sus hijas por mujeres para tus hijos, pues ellas se prostituirán con sus dioses y prostituirán a tus hijos con ellos.
No te hagas estatuas de dioses.
Guarda la fiesta de los Azimos: comerás ázimos durante siete días por la fiesta del mes de Abib, según te mandé; porque en ese mes saliste de Egipto.
Todo primer nacido macho que abra el vientre es mío, sea ternero o cordero. El primer nacido del borrico lo rescatarás con un cordero, y, si no lo rescatas, le romperás la cerviz. Al mayor, al primero de tus hijos, lo rescatarás y nadie se presentará ante mí con las manos vacías.
Seis días trabajarás y en el séptimo descansarás, incluso en el tiempo de la siembra y de la siega.
Celebra la fiesta de las Semanas al comenzar la siega del trigo, y la fiesta de la Cosecha al terminar el año.
Tres veces al año se presentarán todos los varones al Señor de Israel. Cuando desposea a las naciones delante de ti y ensanche tus fronteras, nadie codiciará tus campos, si subes a visitar al Señor, tu Dios, tres veces al año.
No ofrezcas pan fermentado con la sangre de mi sacrificio. De la víctima de la Pascua no quedará nada para el día siguiente.
Ofrece en el templo del Señor, tu Dios, las primicias de tus tierras.
No cuezas el cabrito en la leche de la madre.» El Señor dijo a Moisés:
«Escribe estas palabras: de acuerdo con ellas hago alianza contigo y con Israel.»
Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches: no comió pan ni bebió agua, y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos.
Responsorio Jn 1, 17-18; 2Co 3, 18
R. La ley se
nos dio por mediación de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han venido por
Jesucristo. * Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo
unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a
conocer.
V. y todos nosotros, reflejando como en
un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos
transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor.
R. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo unigénito, que está
en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de Tertuliano, presbítero, Sobre la oración
(Cap. 28-29: CCL 1, 273-274)
NUESTRA OFRENDA ESPIRITUAL
La oración es una ofrenda espiritual que ha eliminado los antiguos sacrificios. ¿Qué me importa -dice- el número de vuestros sacrificios? Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de becerros; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Quién pide algo de vuestras manos?
El Evangelio nos enseña qué es lo que pide el Señor: Llega la hora -dice- en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque Dios es espíritu y, por esto, tales son los adoradores que busca. Nosotros somos los verdaderos adoradores y verdaderos sacerdotes, ya que, orando en espíritu, ofrecemos el sacrificio espiritual de la oración, la ofrenda adecuada y agradable a Dios, la que él pedía, la que él preveía.
Esta ofrenda, ofrecida de corazón, alimentada con la fe, cuidada con la verdad, íntegra por la inocencia, limpia por la castidad, coronada con el amor, es la que debemos llevar al altar de Dios, con el acompañamiento solemne de las buenas obras, en medio de salmos e himnos, seguros de que con ella alcanzaremos de Dios cualquier cosa que le pidamos.
¿Qué podrá negar Dios, en efecto, a una oración que procede del espíritu y de la verdad, si es él quien la exige? Hemos leído, oído y creído los argumentos que demuestran su gran eficacia.
En tiempos pasados, la oración liberaba del fuego, de las bestias, de la falta de alimento, y sin embargo no había recibido aún de Cristo su forma propia.
¡Cuánta más eficacia no tendrá, pues, la oración cristiana! Ciertamente, no hace venir el rocío angélico en medio del fuego, ni cierra la boca de los leones, ni transporta a los hambrientos la comida de los segadores (como en aquellos casos del antiguo Testamento); no impide milagrosamente el sufrimiento, sino que, sin evitarles el dolor a los que sufren, los fortalece con la resignación, con su fuerza les aumenta la gracia para que vean, con los ojos de la fe, el premio reservado a los que sufren por el nombre de Dios.
En el pasado, la oración hacía venir calamidades, aniquilaba los ejércitos enemigos, impedía la lluvia necesaria. Ahora, por el contrario, la oración del justo aparta la ira de Dios, vela en favor de los enemigos, suplica por los perseguidores. ¿Qué tiene de extraño que haga caer el agua del cielo, si pudo impetrar que de allí bao jara fuego? La oración es lo único que tiene poder sobre Dios; pero Cristo no quiso que sirviera para operar mal alguno, sino que toda la eficacia que él le ha dado ha de servir para el bien.
Por esto, su finalidad es servir de sufragio a las almas de los difuntos, robustecer a los débiles, curar a los enfermos, liberar a los posesos, abrir las puertas de las cárceles, deshacer las ataduras de los inocentes.
La oración sirve también para perdonar los pecados, para apartar las tentaciones, para hacer que cesen las persecuciones, para consolar a los abatidos, para deleitar a los magnánimos, para guiar a los peregrinos, para mitigar las tempestades, para impedir su actuación a los ladrones, para alimentar a los pobres, para llevar por buen camino a los ricos, para levantar a los caídos, para sostener a los que van a caer, para hacer que resistan los que están en pie.
Oran los mismos ángeles, ora toda la creación, oran los animales domésticos y los salvajes, y doblan las rodillas y, cuando salen de sus establos o guaridas, levantan la vista hacia el cielo y con la boca, a su manera, hacen vibrar el aire. También las aves, cuando despiertan, alzan el vuelo hacia el cielo y extienden las alas, en lugar de las manos, en forma de cruz y dicen algo que asemeja una oración.
¿Qué más podemos añadir acerca de la oración? El mismo Señor en persona oró; a él sea el honor y el poder por los siglos de los siglos.
Responsorio Jn 4, 23-24
R. Los
verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; * pues tales son los adoradores que el Padre
quiere.
V. Dios es espíritu, y los que lo adoran
deben adorarlo en espíritu y en verdad.
R. Pues
tales son los adoradores que el Padre quiere.
Oración:
Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del
profundo sueño:
tú que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los
brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi
amor y dueño
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus
pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor
de mis pecados
pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis cuidados...
Pero ¿cómo te digo
que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.
SALMODIA
Ant. 1: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86
HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS
PUEBLOS
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre.
(Ga 4, 26)
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las
puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a
Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han
nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el
Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha
nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en
ti.»
Ant. 1: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Ant. 2: El Señor llega con poder y su recompensa lo precede.
Cántico
Is 40, 10-17
EL BUEN PASTOR ES EL DIOS
ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO
Mira, llego
en seguida y traigo
conmigo mi salario. (Ap 22, 12)
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo
manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo
precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo
reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las
madres.
¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el
cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?
¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las
colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su
proyecto?
¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el
camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método
inteligente?
Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el
polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no
basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.
En su presencia, las naciones todas,
como si no
existieran,
son ante él como nada y vacío.
Ant. 2: El Señor llega con poder y su recompensa lo precede.
Ant. 3: Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.
Salmo 98
SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS
Tú, Señor,
que estás sentado sobre querubines,
restauraste el mundo caído, cuando te
hiciste
semejante a nosotros. (S. Atanasio)
El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines,
vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los
pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.
Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la
rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en
Jacob.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante el estrado de sus
pies:
Él es santo.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su
nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la
columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
Señor Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un
Dios de perdón
y un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte
santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Ant. 3: Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.
LECTURA BREVE Cf. 1R 8,51a. 52-53a
Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la tierra.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Si yo arrojo los demonios por el poder de Dios es señal de que ha llegado a vosotros el reino de Dios», dice el Señor.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, nuestro Señor, que resplandece como luz del mundo para que siguiéndolo no caminemos en tinieblas, sino que tengamos la luz de la vida, y digámosle: Que tu palabra, Señor, sea luz para nuestros pasos.
Cristo, amigo de los hombres, haz que sepamos, progresar hoy en tu imitación, * para que lo que perdimos por culpa del primer Adán lo recuperemos en el segundo.
Que tu palabra sea siempre luz en nuestro sendero, para que, realizando siempre la verdad en el amor, * hagamos crecer todas las cosas en ti.
Enséñanos, Señor, a trabajar por el bien de todos los hombres, * para que así, por nuestra acción, la Iglesia ilumine a toda la sociedad humana.
Que por nuestra sincera conversión crezcamos en tu amistad * y expiemos las faltas cometidas contra tu bondad y tu sabiduría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración:
Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 118, 113-120
Detesto a los inconstantes
y amo tu voluntad;
tú eres mi
refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí los
perversos,
y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sostenme con tu promesa y viviré,
que no quede frustrada mi
esperanza;
dame apoyo y estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin
cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son
engaño.
Tienes por escoria a los malvados,
por eso amo tus
preceptos;
mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus
mandamientos.
Ant. 1: Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.
Ant. 2: Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Salmo 78, 1-5. 8-11.13
LAMENTACIÓN ANTE LA DESTRUCCIÓN DE
JERUSALÉN
¡Si al menos
tú comprendieras
en este día lo que conduce a la paz!
(Lc 19,
42)
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado
tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del
cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra,
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie
la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla
de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Va a
arder como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros
padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos
agotados.
Socórrenos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu
nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu
nombre.
¿Por qué han de decir los gentiles:.
«Dónde está su
Dios»?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre
de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo
poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te
daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas
de generación en
generación.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,6-7
Buscad al Señor mientras se le puede encontrar, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad, a nuestro Dios que es rico en perdón.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de
nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio
pascual. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Dt 30,2-3a
Si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz con todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de
nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio
pascual. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 10,35-36
No perdáis vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de
nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio
pascual. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, la luz del día ya se apaga,
la noche
va extendiendo sus tinieblas;
alumbra lo más hondo de las almas
en este
santo tiempo de Cuaresma.
Conoces nuestra vida y nuestra historia
y
sabes que también hemos pecado,
por eso hacia ti nos dirigimos
confiando
que seremos perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos
la senda
que nos lleva hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus
dolores,
sufriendo lo que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre,
que,
junto con tu Hijo Jesucristo,
enviaste tu Espíritu a los hombres,
sellando
con tu gracia sus destinos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.
Salmo 131
PROMESAS A LA CASA DE DAVID
El Señor Dios
le dará el trono
de David, su Padre. (Lc 1, 32)
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al
Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi
descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que
encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de
Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de
Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus
pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu
poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te
aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Ant. 1: Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.
Ant. 2: El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les
enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre, tu trono
»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en
ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la
deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de
pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con
vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi
Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi
diadema.»
Ant. 2: El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE St 4,7-8.10
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Levantó la voz una mujer en medio de la gente, exclamando: «Dichoso el seno que te llevó y el pecho que te alimentó.» Pero Jesús respondió: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan.»
PRECES
Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros, y digámosle: Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.
Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos * y a servirte en cada uno de ellos.
Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos, * concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.
Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza, * y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes y esperanza a los agonizantes.
Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento el poder ver la luz, * ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concede la plenitud de tu amor a los difuntos * y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Te pedimos, Señor, que, cuanto más se aproxima la fiesta de nuestra salvación, con tanta mayor fe nos preparemos a celebrar el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Oh Redentor, oh Cristo, Para pagar la deuda ¡Oh Cristo Sacerdote, El pecado del hombre,
Señor del universo,
víctima y sacerdote,
sacerdote y cordero!
que nos cerraba el cielo,
tomaste
entre tus manos
la hostia de tu cuerpo
y ofreciste tu sangre
en el
cáliz del pecho:
altar blando, tu carne;
altar duro, un madero.
hostia a la vez y templo!
Nunca
estuvo la vida
de la muerte tan dentro,
nunca abrió tan terribles
el
amor sus veneros.
tan huérfano del cielo,
se hizo
perdón de sangre
y gracia de tu cuerpo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68, 2-22. 30-37
LAMENTACIÓN Y PLEGARIA DE UN FIEL
DESOLADO
Le dieron a
beber vino
mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
I
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy
hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la
hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me
nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin
razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es
que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis
delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti,
Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de
Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi
rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos
de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque
te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de
saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me
cantan burlas.
Ant.1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
II
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu
favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me
ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me
aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el
torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran
compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en
peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás
viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me
acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero
compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me
echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
III
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me
levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con
acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo
con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus
cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en
ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y
las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que
aman su nombre vivirán en ella.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
V. Convertíos al
Señor, vuestro Dios.
R. Porque es compasivo y
misericordioso.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
De la carta a los Hebreos 5, 11 -- 6, 8
EXHORTACIÓN A ATENDER LAS ENSEÑANZAS DE LO QUE ES PERFECTO
Hermanos: Tenemos mucho que decir de este tema; y es difícil de explicar, porque os habéis vuelto perezosos para entender. Pues debiendo ser ya maestros con el tiempo que lleváis, tenéis de nuevo necesidad de que se os enseñen los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y os habéis vuelto tales que necesitáis leche y no manjar sólido. Pero quien se alimenta de leche no es capaz de entender la doctrina de la santidad, porque es todavía un niño. En cambio, el alimento sólido es propio de perfectos, de aquellos que, por la costumbre, tienen sus facultades ejercitadas para discernir el bien y el mal.
Por eso, dejando a un lado lo elemental de la doctrina de Cristo, vengamos a tratar de lo que es perfecto, sin reiterar los artículos fundamentales, como son: el arrepentimiento de las obras muertas y la fe en Dios; la doctrina sobre los bautismos e imposición de las manos; la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Y lo vamos a hacer con la gracia de Dios.
Por lo que se refiere a los que una vez han sido iluminados, que saborearon el don celestial, que se hicieron partícipes del Espíritu Santo y gustaron la dulzura de la palabra de Dios y los prodigios del mundo futuro, pero luego cayeron en la apostasía, es imposible volverlos a renovar en el arrepentimiento; crucifican de nuevo por su cuenta al Hijo de Dios y lo exponen a pública afrenta. Pues la tierra que absorbe la lluvia que una y otra vez cae sobre ella, y da frutos valiosos para quienes la cultivan, recibe las bendiciones de Dios; pero la que da espinas y abrojos es inútil y está próxima a ser maldecida, y su fin será el fuego.
Responsorio Hb S, 12. 14; lCo 3, 2
R. Debiendo ser
ya maestros con el tiempo que lleváis, os habéis vuelto tales que necesitáis
leche y no manjar sólido. * El alimento sólido es
propio de perfectos.
V. Os di a beber leche; no os
ofrecí manjar sólido, porque aún no lo admitíais.
R. El alimento sólido es propio de perfectos.
Año II:
Del libro del Éxodo 35, 30-36, 1; 37, 1-9
CONSTRUCCIÓN DEL SANTUARIO Y DEL ARCA
En aquellos días, dijo Moisés a los hijos de Israel:
«El Señor ha escogido a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, y lo ha llenado de un espíritu de sabiduría, de prudencia y de habilidad para toda clase de trabajos, para concebir y realizar proyectos labrando el oro, la plata y el bronce, para tallar piedras y engastarlas, para labrar madera y realizar cualquier otra labor de artesanía. También le ha dado talento para enseñar a otros, lo mismo que a Ohliab, hijo de Ajisamac, de la tribu de Dan. Los ha llenado de habilidad para llevar a cabo toda clase de labores en recamado de púrpura violeta, escarlata o carmesí y en trabajos de lino. Son capaces de idear toda clase de proyectos y de ejecutar toda clase de trabajos.»
Besalel, Ohliab y todos los artesanos, a quienes el Señor había dotado de habilidad y destreza para ejecutar las diversas obras del santuario, realizaron lo que el Señor había ordenado.
Besalel hizo el arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo por uno y medio de ancho y uno y medio de alto. La revistió de oro puro por dentro y por fuera, y le aplicó alrededor una moldura de oro. Fundió oro para hacer cuatro anillas que colocó en los cuatro ángulos. Hizo luego unas barras de madera de acacia y las revistió de oro, y pasó las barras a través de las anillas laterales del arca, para poder transportada.
Hizo también una placa de oro puro de dos codos y medio de largo por uno y medio de ancho. En sus dos extremos hizo dos querubines cincelados en oro, cada uno a un extremo de la placa; la cubrían con sus alas extendidas hacia arriba y estaban uno frente al otro, mirando al centro de la placa.
Responsorio Sal 83, 2-3; 45, 5b-6a
R. ¡Qué
deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor, * mi corazón y mi carne se
alegran por el Dios vivo.
V. El Altísimo consagra
su morada; teniendo a Dios en medio de él, su pueblo no vacila.
R. Mi corazón y mi carne se alegran por el Dios
vivo.
SEGUNDA LECTURA
De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job
(Libro 13, 21-23: PL 75, 1028.1029)
EL MISTERIO DE NUESTRA VIVIFICACIÓN
El venerable Job, figura de la Iglesia, unas veces habla en nombre del cuerpo, otras en nombre de la cabeza; y, así, a veces está hablando de los miembros y, súbitamente, toma las palabras de la cabeza. Por esto dice: Todo esto lo he sufrido aunque en mis manos no hay violencia y es sincera mi oración.
Sin que hubiera violencia en sus manos, en efecto, sufrió aquel que no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, y sin embargo padeció por nuestra redención los dolores de la cruz. Él fue el único que dirigió a Dios una oración sincera, ya que en medio de los sufrimientos de su pasión oró al Padre, diciendo: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen.
¿Se puede, en efecto,
pronunciar o pensar una oración más sincera que ésta, por la cual intercede por
los mismos que lo atormentan? De ahí deriva el hecho de
que la sangre de
nuestro Redentor, derramada por la furia de sus perseguidores, se convirtiera
luego en fuente de vida para los creyentes, los cuales lo proclamarían Hijo de
Dios.
Con respecto a esta sangre, añade con razón el libro santo: ¡Tierra, no cubras mi sangre, no encierres mi demanda de justicia! Al hombre pecador se le había dicho: Eres tierra y a la tierra volverás.
Pero esta tierra no sorbió la sangre de nuestro Redentor, pues cualquier pecador, al beber el precio de su redención, lo confiesa y proclama, y así se hace patente a todos su valor.
La tierra no sorbió su sangre, pues la santa Iglesia ha predicado ya en todas partes el misterio de su redención. Es digno de notarse también lo que sigue: No encierres mi demanda de justicia. La misma sangre redentora que bebemos, en efecto, es la demanda de justicia de nuestro Redentor. Por eso dice Pablo: Os habéis acercado a la aspersión de una sangre que habla mejor que la de Abel. De la sangre de Abel se había dicho: La sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra.
Pero la sangre de Jesús habla mejor que la de Abel, pues la sangre de Abel pedía la muerte del hermano fratricida, mientras que la sangre del Señor impetró la vida para sus perseguidores.
Por tanto, para que dé su fruto en nosotros el sacramento de la pasión del Señor, debemos imitar aquello que bebemos, y anunciar a los demás aquello que veneramos.
Pues su demanda de justicia quedaría oculta en nosotros, si nuestra lengua callara lo que cree nuestra mente. Para que su demanda de justicia no quede oculta en nosotros, sólo falta que cada uno de nosotros, a medida de sus posibilidades, dé a conocer a los demás el misterio de su vivificación.
Responsorio Cf. Gn 4, 10. 11; d. Hb 12, 24
R. La sangre de
tu Hijo, nuestro hermano, está clamando a ti desde la tierra, Señor. * Bendita sea esta tierra que abrió su boca para recibir la
sangre del Redentor.
V. Ésta es la aspersión
purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
R. Bendita sea esta tierra que abrió su boca para recibir
la sangre del Redentor.
Oración:
Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos refrenar nuestros excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos vienen de ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de la cruz los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando,
y sin
ellos quererlo estén llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis
desvíos,
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos quererlo estén
rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.
Y así con la mirada en vos prendida,
y así
con la palabra prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera;
y así
clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Cántico Jer 14,17-21
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO
EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE
GUERRA
Está cerca el
reino de Dios.
Convertíos y creed la Buena Noticia.
(Mc 1,
15)
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por
la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes
dolores.
Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin
sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta
de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay
bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.
Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros
padres,
porque pecamos contra ti.
No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono
glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
LECTURA BREVE Is 53,11b-12
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Uno de los escribas se acercó a Jesús para preguntarle cuál era el primero de todos los mandamientos. Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón.»
PRECES
Demos gracias a Cristo, el Señor, que al morir en cruz nos dio la vida, y digámosle con fe: Tú que por nosotros moriste, escúchanos, Señor.
Maestro y Salvador nuestro, tú que nos revelaste con tu palabra el designio de Dios y nos renovaste con tu gloriosa pasión, * no permitas que nuestros días transcurran entre vicios y pecados.
Que sepamos, Señor, mortificarnos hoy al tomar los manjares del cuerpo, * para ayudar con nuestra abstinencia a los hambrientos y necesitados.
Que vivamos santamente este día de penitencia cuaresmal * y lo consagremos a tu servicio mediante obras de misericordia.
Sana, Señor, nuestras voluntades rebeldes * y llénanos de tu gracia y de tus dones.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir: Padre nuestro.
Oración:
Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos refrenar nuestros excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos vienen de ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Bendición
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 21
EL SIERVO DE DIOS SUFRIENTE ORA Y DIOS LE
RESPONDE
A media
tarde, Jesús gritó:
«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
(Mt 27,
46)
I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis
gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me
haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de
Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a
salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y no los
defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente,
desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la
cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo
quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los
pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre
materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y
nadie me socorre.
II
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de
Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y
rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi
corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al
paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis
huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a
suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme.
Líbrame a mí, de la espada,
y a mi única vida, de la garra del
mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre, de los cuernos del
búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
III
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob,
glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.
Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre
desgraciado;
no le ha escondido su rostro:
cuando pidió auxilio, lo
escuchó.
Él es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos
delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al
Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del
orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante
él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan
al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del
Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de
nacer;
todo lo que hizo el Señor.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,3
Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos
refrenar nuestros excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos
vienen de ti. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Cf. Jr 3,12b.14a
«Volveos -oráculo del Señor-. NO os pondré mala cara, porque soy compasivo y no me irrito para siempre. Volved, hijos rebeldes», oráculo del Señor.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos
refrenar nuestros excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos
vienen de ti. Por Cristo nuestro Señor.
Nona St 1,27
La religión pura y sin mancha ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: en visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y en conservarse limpio de toda mancha en este mundo.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos
refrenar nuestros excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos
vienen de ti. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Muere la vida y vivo yo sin vida
ofendiendo
la vida de mi muerte;
sangre divina de las venas vierte
y mi diamante su
dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una
dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su
cuerpo la mayor herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu
Dios abierto el lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres
tú mi vida, Cristo mío,
y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.
Salmo 134
HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1Pe 2,
9)
I
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra
el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 1: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.
Ant. 2: Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.
II
Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en
edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus
siervos.
Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos
humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo
mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al
Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al
Señor.
Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.
Ant. 2: Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE St 5,16.19-20
Confesaos mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia. Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los sacrificios.
PRECES
Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle: Compadécete, Señor, de tu pueblo.
Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza, * para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.
Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio * y dando testimonio de él por su fe, esperanza y caridad.
Conforta, Señor, a los que están tristes, * y otórganos a nosotros el poder consolar a nuestros hermanos.
Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos, * para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos * y dales parte en tu gloriosa resurrección.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos refrenar nuestros excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos vienen de ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús
mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno
oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas
de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la
ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos»,
respondía,
para lo mismo responder mañana! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Salmo 106
ACCIÓN DE GRACIAS: DIOS SALVA A SU PUEBLO DE LAS
CRISIS POR LAS QUE PASA A TRAVÉS DE LA HISTORIA
Envió su
palabra a los israelitas, anunciando la paz
que traería Jesucristo.
(Hch 10, 36)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató
de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur,
oriente y occidente.
Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de
ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la
vida;
pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad
habitada.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que
hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos
los colmó de bienes.
Yacían en oscuridad y tinieblas,
cautivos de hierros y
miserias;
por haberse rebelado contra los mandamientos,
despreciando el
plan del Altísimo.
Él humilló su corazón con trabajos,
sucumbían y nadie los
socorría.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Los sacó de las sombrías tinieblas,
arrancó sus cadenas.
Den
gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los
hombres.
Destrozó las puertas de bronce,
quebró los cerrojos de
hierro.
Estaban enfermos, por sus maldades,
por sus culpas eran
afligidos;
aborrecían todos los manjares,
y ya tocaban las puertas de la
muerte.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Envió su palabra, para curarlos,
para salvarlos de la
perdición.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas
que hace con los hombres.
Ofrézcanle sacrificios de alabanza,
y cuenten
con entusiasmo sus acciones.
Ant.1: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Ant. 2: Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
II
Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas
inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el
océano.
Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a
lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
su vida se marchitaba por el
mareo,
rodaban, se tambaleaban como ebrios,
y no les valía su
pericia.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del
mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado
puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que
hace con los hombres.
Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de
los ancianos.
Ant. 2: Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
Ant. 3: Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
III
El transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en
aridez;
la tierra fértil en marismas,
por la depravación de sus
habitantes.
Transforma el desierto en estanques,
el erial en manantiales de
agua.
Coloca allí a los hambrientos,
y fundan una ciudad para
habitar.
Siembran campos, plantan huertos,
recogen cosechas.
Los
bendice, y se multiplican,
y no les escatima el ganado.
Si menguan, abatidos por el peso
de infortunios y
desgracias,
el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes
y los
descarría por una soledad sin caminos
levanta a los pobres de la miseria
y
multiplica sus familias como rebaños.
Los rectos lo ven y se alegran,
a la maldad se le tapa la
boca.
El que sea sabio, que recoja estos hechos
y comprenda la
misericordia del Señor.
Ant. 3: Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
V. El que obra la
verdad viene a la luz.
R. Y sus obras quedan de
manifiesto.
PRIMERA LECTURA
Año
I:
De la carta a los Hebreos 6, 9-20
LA FIDELIDAD DE DIOS ES EL FUNDAMENTO DE NUESTRA ESPERANZA
Hermanos, abrigamos las mejores esperanzas sobre vuestra salvación. Que no es Dios injusto para olvidar vuestra labor y el amor que mostrasteis por su nombre, al prestar ayuda a los fieles y al perseverar ahora en su asistencia. Sólo deseamos que cada uno de vosotros demuestre hasta el fin el mismo interés por la plena realización de la esperanza. No os hagáis perezosos, sino imitad a aquellos que, por su fe y constancia, entran en posesión de las promesas.
Así sucedió con Abraham. Dios, al hacerle las promesas, como no podía jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: «Te colmaré de bendiciones y te multiplicaré extraordinariamente.» Y así, Abraham, perseverando con toda constancia, obtuvo la realización de la promesa.
Los hombres juran por otro mayor que ellos, y el juramento es la garantía que pone fin a todas sus controversias. Por eso Dios, queriendo demostrar con más claridad a los herederos de la promesa lo irrevocable de su decisión, empeñó su palabra con juramento. Así, por dos hechos irrevocables, en que no cabe mentira por parte de Dios, cobramos más ánimos nosotros, los que buscamos refugio en él, para asimos fuertemente a la esperanza que nos propone. Ésta es el áncora firme y segura de nuestra alma, «que penetra más allá del velo», hasta el interior del santuario, adonde entró Jesús como precursor nuestro, constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
Responsorio Hb 6, 19b-20; 7, 24b-25
R. Jesús
penetró, más allá del velo, hasta el interior del santuario, como precursor
nuestro, constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
* Él vive para siempre para interceder por
nosotros.
V. Jesús tiene un sacerdocio eterno; de
aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se
vayan acercando a Dios.
R. Él vive para siempre
para interceder por nosotros.
Año II:
Del libro del Éxodo 40, 14-36
ERECCIÓN DEL SANTUARIO. LA NUBE DEL SEÑOR
En aquellos días, Moisés llevó a cabo todo lo que el Señor le había mandado.
El día uno del mes primero del segundo año, fue levantado el santuario. Moisés erigió el santuario, colocó las bases, puso los tablones con sus travesaños y plantó las columnas; luego desplegó la Tienda por encima del santuario y puso la cubierta sobre la Tienda, como el Señor se lo había ordenado.
Colocó luego el documento de la alianza en el arca, sujetó al arca las barras y la cubrió con la placa de oro o propiciatorio. Después introdujo el arca en el santuario y colgó la cortina de separación, de modo que ocultase el arca de la alianza, como el Señor lo había ordenado a Moisés.
Colocó también la mesa en la Tienda de Reunión, en la parte norte del santuario y fuera de la cortina. Sobre ella colocó los panes de oblación presentados al Señor, como se lo había ordenado el Señor a Moisés. Instaló en seguida el candelabro en la Tienda de Reunión, en la parte sur del santuario, frente a la mesa, y colocó en él las lámparas en presencia del Señor, como el Señor lo había ordenado a Moisés. Puso el altar de oro en la Tienda de Reunión, frente a la cortina, y quemó sobre él el incienso aromático, como el Señor se lo había ordenado. Colgó luego una cortina a la entrada del santuario y, junto a esta entrada del santuario de la Tienda de Reunión, colocó el altar de los holocaustos y ofreció sobre él el holocausto y la ofrenda, como lo había ordenado el Señor a Moisés.
Colocó la pila entre la Tienda de Reunión y el altar, y echó agua en ella para las abluciones. Moisés, Aarón y los hijos de éste se lavaron con esta agua las manos y los pies. Y después, siempre que entraban a la Tienda de Reunión y se acercaban al altar, se lavaban, como lo había ordenado el Señor a Moisés. Finalmente, éste levantó el atrio alrededor del santuario y del altar, y colgó un tapiz a la entrada del atrio. Y así dio término Moisés a toda la obra.
Entonces la nube cubrió la Tienda de Reunión, y la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no pudo entrar en la Tienda de Reunión, porque la nube se había posado sobre ella y la gloria del Señor llenaba el santuario.
Cuando la nube se alzaba del santuario, los hijos de Israel levantaban el campamento para sus marchas por etapas. Pero, si la nube no se alzaba, ellos no levantaban el campamento, sino que esperaban hasta que se alzase la nube. De día la nube del Señor se posaba sobre el santuario, y de noche brillaba como fuego a la vista de toda la casa de Israel. Así sucedió durante todo el tiempo de su marcha.
Responsorio 1Co 10, 1. 2; Ex 40, 32. 33
R. Nuestros
padres estuvieron todos bajo la nube, y todos atravesaron el mar; * todos fueron bautizados en Moisés por la nube.
V. La nube cubrió la Tienda de Reunión, y la gloria del
Señor llenó el santuario.
R. Todos fueron
bautizados en Moisés por la nube.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 14, Sobre el amor a los pobres, 38. 40: PG 35, 907. 910)
SIRVAMOS A CRISTO EN LA PERSONA DE LOS POBRES
Dichosos los misericordiosos -dice la Escritura-, porque ellos alcanzarán misericordia. La misericordia no es, ciertamente, la última de las bienaventuranzas. Y dice también el salmo: Dichoso el que cuida del pobre y desvalido. Y asimismo: Dichoso el que se apiada y presta. Y en otro lugar: El justo a diario se compadece y da prestado. Hagámonos, pues, dignos de estas bendiciones divinas. Ni la misma noche ha de interrumpir el ejercicio de nuestra misericordia. No digas al prójimo: Anda, vete; mañana te lo daré. Que no haya solución de continuidad entre nuestra decisión y su cumplimiento. La beneficencia es lo único que no admite dilación.
Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo, y ello con prontitud y alegría. Quien practique la misericordia -dice el Apóstol-, que lo haga con jovialidad; esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso. Hemos de alegramos en vez de entristecemos cuando prestamos algún beneficio. Si quitas las cadenas y la opresión, dice la Escritura, esto es, la avaricia y la reticencia, las dudas y palabras quejumbrosas, ¿qué resultará de ello? Algo grande y admirable. Una gran recompensa. Brillará tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana. ¿Y quién hay que no desee la luz y la salud?
Por esto, si me juzgáis digno de alguna atención, siervos de Cristo, hermanos y coherederos suyos, visitemos a Cristo siempre que se presente la ocasión, alimentemos a Cristo, vistamos a Cristo, demos albergue a Cristo, honremos a Cristo, no sólo en la mesa, como Simón, ni sólo con ungüentos, como María, ni sólo en el sepulcro, como José de Arimatea, ni con lo necesario para la sepultura, como aquel que amaba a medias a Cristo, Nicodemo, ni, por último, con oro, incienso y mirra, como los Magos, sino que, ya que el Señor de todo quiere misericordia y no sacrificios, y ya que la compasión está por encima de la grasa de millares de carneros, démosela en la persona de los pobres y de los que están hoy echados en el polvo, para que, al salir de este mundo, nos reciban en las moradas eternas, por el mismo Cristo nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos. Amén.
Responsorio Mt 25, 35. 40; Jn 15, 12
R. Tuve hambre
y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me
hospedasteis. * Os aseguro que cada vez que lo
hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
V. Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como
yo os he amado.
R. Os aseguro que cada vez que lo
hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo
hicisteis.
Oración:
Señor, danos la gracia de celebrar esta Cuaresma con alegría y de penetrar a fondo el verdadero sentido del misterio pascual, para que podamos alcanzar plenamente su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Los hombros traigo cargados
de graves
culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de
flaqueza;
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y
lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos,
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis
culpas mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos
yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad,
criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a
la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.
Ant. 2: Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.
Cántico
Sb 9,1-6.9-11
DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA
Os daré
palabras y sabiduría a las
que no podrá hacer frente...
ningún adversario
vuestro.
(Lc 21, 15)
Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu
palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al
hombre,
para que dominase sobre tus creaturas,
y para que rigiese el mundo
con santidad y justicia
y lo gobernase con rectitud de corazón.
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del
número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre
débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las
leyes.
Pues aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los
hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en
nada.
Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras,
que te
asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo
que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos
y de tu trono de gloria
envíala
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es
grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará
prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.
Ant. 2: Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.
Ant. 3: La fidelidad del Señor dura por siempre.
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a
Dios por su misericordia.
(Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: La fidelidad del Señor dura por siempre.
LECTURA BREVE Is 1,16-18
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El publicano, quedándose a cierta distancia, no se atrevía ni siquiera a levantar los ojos al cielo; y se daba golpes de pecho, mientras decía: «¡Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador! »
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, que para hacer de nosotros creaturas nuevas ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su carne, y supliquémosle, diciendo: Renuévanos con tu gracia, Señor.
Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad, humildad * y danos comprensión para con todos.
Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren, * para imitarte a ti, el buen Samaritano.
Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio, * para que vivan su virginidad con un grande amor hacia ti, en bien de la Iglesia.
Concédenos la abundancia de tu misericordia * y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos libre del mal: Padre nuestro.
Oración:
Señor, danos la gracia de celebrar esta Cuaresma con alegría y de penetrar a fondo el verdadero sentido del misterio pascual, para que podamos alcanzar plenamente su eficacia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 121-128
Salmo 118, 121-128
Practico la justicia y el derecho,
no me entregues a mis
opresores;
da fianza en favor de tu siervo,
que no me opriman los
insolentes;
mis ojos se consumen aguardando
tu salvación y tu promesa de
justicia.
Trata con misericordia a tu siervo,
enséñame tus leyes;
yo
soy tu siervo: dame inteligencia,
y conoceré tus preceptos;
es hora de que
actúes, Señor:
han quebrantado tu voluntad.
Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio
tus decretos
y detesto el camino de la mentira.
Salmo 33
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
Habéis
saboreado lo bueno
que es el Señor. (1Pe 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y la salva de
sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?.
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán
castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ap 3,19-20
Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Ánimo, pues, y arrepiéntete! Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, danos la gracia de celebrar esta Cuaresma
con alegría y de penetrar a fondo el verdadero sentido del misterio pascual,
para que podamos alcanzar plenamente su eficacia. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 44,21-22
Acuérdate de que eres mi siervo. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como nieve tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, danos la gracia de celebrar esta Cuaresma
con alegría y de penetrar a fondo el verdadero sentido del misterio pascual,
para que podamos alcanzar plenamente su eficacia. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ga 6,7b-8
De Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siempre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, danos la gracia de celebrar esta Cuaresma
con alegría y de penetrar a fondo el verdadero sentido del misterio pascual,
para que podamos alcanzar plenamente su eficacia. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
HIMNO
Insigne defensor de nuestra causa,
Señor y
Salvador del pueblo humano,
acoge nuestras súplicas humildes,
perdona
nuestras culpas y pecados.
El día con sus gozos y sus penas
pasó
dejando huellas en el alma,
igual que nuestros pies en su camino
dejaron
en el polvo sus pisadas.
No dejes de mirarnos en la noche,
dormida
nuestra vida en su regazo;
vigila el campamento de los hombres,
camino de
tu reino ya cercano.
Ahuyenta de tu pueblo la zozobra,
sé nube
luminosa en el desierto,
sé fuerza recobrada en el descanso,
mañana y
horizonte siempre abierto.
Bendice, Padre santo, la tarea
del pueblo
caminante en la promesa;
llegados a Emaús, tu Hijo amado
nos parta el pan
y el vino de la cena. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Vamos a la casa del Señor, con alegría.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1: Vamos a la casa del Señor, con alegría.
Ant. 2: Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará.
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a
su pueblo de
los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2: Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará.
Ant. 3: Dios, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Dios, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo.
LECTURA BREVE 2Co 6,1-4a
Os exhortamos a que deis pruebas de no haber recibido en vano la gracia de Dios, pues dice él en la Escritura: «En el tiempo propicio te escuché, y te ayudé en el día de salvación.» Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de salvación. A nadie queremos dar nunca motivo de escándalo, a fin de no hacer caer en descrédito nuestro ministerio, antes al contrario, queremos acreditarnos siempre en todo como verdaderos servidores de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos, Señor.
V.
Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R. Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Éramos
tinieblas; ahora somos luz en el Señor.
Año B:
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó su Hijo unigénito, para que no perezca
ninguno de los que en él crean, sino que todos tengan vida eterna.
Año C: Cristo ha reconciliado al mundo con Dios; ha hecho
de nosotros una creatura nueva.
PRECES
Bendigamos al Señor, solícito y providente para con todos los hombres, e invoquémosle, diciendo: Salva, Señor, a los que has redimido.
Señor, fuente de todo bien y origen de toda verdad, llena con tus dones a todos los obispos * y conserva en la doctrina de los apóstoles a los fieles que les han sido confiados.
Que aquellos que se nutren con el mismo pan de vida vivan unidos en la caridad, * para que todos seamos uno en el cuerpo de tu Hijo.
Que nos despojemos de nuestra vieja condición humana y de sus obras, * y nos renovemos a imagen de Cristo, tu Hijo.
Concede a tu pueblo que por la penitencia obtenga el perdón de sus pecados * y tenga parte en los méritos de Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que nuestros hermanos difuntos puedan alabarte eternamente en el cielo, * y que nosotros esperemos confiadamente unirnos a ellos en tu reino.
Pidamos a nuestro Padre, con las palabras que Cristo nos enseñó, que nos dé la fuerza que necesitamos para no caer en la tentación: Padre nuestro.
Oración:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y con una entrega generosa a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y
harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los
cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos
del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del
regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el
Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se
anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de
su pueblo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1:¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Ant. 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida.
Salmo 65
HIMNO PARA UN SACRIFICO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Este salmo
habla de la resurrección de Cristo
y de la conversión de los gentiles.
(Hesiquio)
I
Aclama al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su
nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras,
por tu inmenso
poder tus enemigos se rinden!
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu
honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de
los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el
río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna
eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los
rebeldes.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus
alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran
nuestros pies.
¡Oh Dios!, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la
plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un
fardo:
sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por
agua,
pero nos has dado respiro.
Ant. 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida.
Ant. 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo.
II
Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis
votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el
peligro.
Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré
bueyes y cabras.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho
conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría
escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su
favor.
Ant. 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo.
V. Lo alimentó con
pan de inteligencia.
R. Le dio a beber el agua de
la sabiduría.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 7, 1-10
MELQUISEDEC, TIPO DEL PERFECTO SACERDOTE
Hermanos: Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham, cuando éste volvía de derrotar a los reyes. Bendijo a Abraham, y recibió de éste los diezmos de todo.
Pues bien, primeramente, según se interpreta su nombre, es rey de justicia; y, en segundo lugar, es rey de Salem, esto es, rey de paz. Aparece sin padre, sin madre, sin árbol genealógico; no se indica ni el comienzo ni el final de su vida; y, como verdadera figura del Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
Considerad cuán grande era este hombre a quien Abraham, con ser patriarca, dio los diezmos de lo mejor del botín. Los descendientes de Leví, que reciben el sacerdocio, tienen mandado por la ley recibir los diezmos de los bienes del pueblo, esto es, de sus hermanos, aunque también éstos pertenecen a la misma descendencia de Abraham. En cambio, Melquisedec, que no se cuenta entre su linaje, recibió los diezmos de Abraham y bendijo al depositario de las promesas. Está fuera de duda que el inferior es bendecido por el superior. Y, además, los levitas, que recibían los diezmos, eran hombres que iban muriendo; Melquisedec, en cambio, es alguien de quien se atestigua que vive. Y, en cierto modo, el mismo Leví, que recibe los diezmos, los paga en la persona de Abraham, pues ya estaba entonces en las entrañas de su padre Abraham cuando Melquisedec le salió al encuentro.
Responsorio Cf. Gn 14, ]8; Hb 7, 3; cf. Sal 109, 4; cf. Hb 7, 16
R. Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues
era sacerdote del Dios Altísimo y figura del Hijo de Dios, * al cual dijo el Señor con juramento: «Tú eres sacerdote
eterno según el rito de Melquisedec.»
V. Cristo
fue constituido sacerdote, no por una ley de prescripción carnal, sino por el
poder de una vida indestructible.
R. A él dijo el
Señor con juramento: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de
Melquisedec.»
Año II:
Del libro del Levítico 8, 1-17; 9, 22-24
CONSAGRACIÓN DE LOS SACERDOTES
En aquellos días, el Señor habló a Moisés:
«Llama a Aarón y a sus hijos, toma las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo del sacrificio expiatorio, los dos carneros Y el cestillo de panes ázimos, y convoca a toda la asamblea a la entrada de la Tienda de Reunión.»
Moisés cumplió el mandato del Señor, y se congregó a la asamblea a la entrada de la Tienda de Reunión. Moisés dijo a la asamblea:
«Esto es lo que el Señor manda hacer.»
Después hizo acercarse a Aarón y a sus hijos e hizo que se lavaran. Revistió luego a Aarón con la túnica y le ciñó la banda, le puso el manto y encima le colocó el efod, sujetándolo con el cíngulo. Le impuso el pectoral con los urim y tumim. Le puso una tiara en la cabeza y, en la parte frontal de la misma, le impuso la lámina de oro, la diadema santa, como el Señor se lo había mandado.
Moisés, tomando después el aceite de la unción, ungió la morada y cuanto en ella había, y los consagró. Roció con el aceite siete veces el altar y ungió el altar con todos sus utensilios, la pila y su base para consagrarlos. Luego derramó aceite sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para consagrarlo. Después Moisés hizo acercarse a los hijos de Aarón, les vistió la túnica, les ciñó la banda y les puso sobre la cabeza las mitras, como el Señor se lo había ordenado.
Hizo traer el novillo del sacrificio expiatorio: Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza de la víctima. Moisés la degolló y, tomando sangre, untó con el dedo los salientes del altar por todos los lados: así purificó el altar. Derramó la sangre al pie del altar, y lo consagró haciendo sobre él el rito de expiación. Tomó toda la grasa que envuelve las vísceras y el lóbulo del hígado, así como los dos riñones con su grasa, y lo quemó todo sobre el altar. El resto del novillo, la piel, carne e intestinos los quemó fuera del campamento, como el Señor se lo había ordenado.
Entonces Aarón, alzando las manos sobre el pueblo, lo bendijo; y, después de haber ofrecido el sacrificio expiatorio, el holocausto y el sacrificio de comunión, descendió del altar. Aarón y Moisés entraron en la Tienda de Reunión. Cuando salieron, bendijeron al pueblo. Y la gloria del Señor se mostró a todo el pueblo. De la presencia del Señor salió fuego que devoró el holocausto y la grasa. Al ver esto, todo el pueblo prorrumpió en aclamaciones y cayó rostro en tierra.
Responsorio Hb 7, 23-24; Sir 45, 7. 8
R. Aquellos sacerdotes fueron constituidos en gran
número, porque la muerte les impedía perdurar en su sacerdocio; * pero Cristo, como permanece para siempre, tiene un
sacerdocio eterno.
V. El Señor exaltó a Aarón, le
dio el sacerdocio del pueblo y le ciñó una gloriosa vestidura.
R. Pero Cristo, como permanece para siempre, tiene un
sacerdocio eterno.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 34, 8-9: CCL 36, 315-316)
CRISTO ES EL CAMINO HACIA LA LUZ, LA VERDAD Y LA VIDA
El Señor dice: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Esta breve sentencia contiene un mandato y una promesa. Cumplamos, pues, lo que nos manda, y así tendremos derecho a esperar lo que nos promete. No sea que nos diga el día del juicio: «¿Ya hiciste lo que te mandaba, pues que esperas alcanzar lo que prometí?» «¿Qué es lo que mandaste, Señor, Dios nuestro?» Te dice: «Que me siguieras.» Has pedido un consejo de vida. ¿Y de qué vida sino de aquella acerca de la cual está escrito: En ti está la fuente viva?
Por consiguiente, ahora que es tiempo, sigamos al Señor; deshagámonos de las amarras que nos impiden seguirlo. Pero nadie es capaz de soltar estas amarras sin la ayuda de aquel de quien dice el salmo: Rompiste mis cadenas. Y como dice también otro salmo: El Señor liberta a los cautivos, el Señor endereza a los que ya se doblan.
Y nosotros, una vez libertados y enderezados, podemos seguir aquella luz de la que afirma: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Porque el Señor abre los ojos al ciego. Nuestros ojos, hermanos, son ahora iluminados por el colirio de la fe. Para iluminar al ciego de nacimiento, primero le untó los ojos con tierra mezclada con saliva. También nosotros somos ciegos desde nuestro nacimiento de Adán, y tenemos necesidad de que él nos ilumine. Mezcló saliva con tierra. La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Mezcló saliva con tierra; por eso estaba escrito: La verdad brota de la tierra; y él mismo dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Disfrutaremos de la posesión de la verdad cuando lo veamos cara a cara, ya que también esto se nos ha prometido. Pues, ¿cómo nos atreveríamos a esperar lo que Dios no se hubiera dignado prometemos o damos?
Veremos cara a cara, como dice el Apóstol: Al presente conozco imperfectamente, como en un espejo y borrosamente; entonces lo veremos cara a cara. Y el apóstol Juan dice en su carta: Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Se trata, en verdad, de una gran promesa; si lo amas, síguelo. «Lo amo -me respondes-, mas, ¿por dónde he de seguirlo?» Si el Señor, tu Dios, te hubiese dicho: «Yo soy la verdad y la vida», tú, deseoso de esta verdad y de esta vida, tendrías razón de decirte a ti mismo: «Gran cosa es la verdad, gran cosa es la vida; ¡si hubiese un camino para llegar a ellas!»
¿Preguntas cuál es el camino? Fíjate que el Señor dice en primer lugar: Yo soy el camino. Antes de decirte a donde, te indica por donde: Yo soy -dice- el camino. ¿El camino hacia dónde? La verdad y la vida. Primero dice por donde has de ir, luego a donde has de ir. Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Permaneciendo junto al Padre, es verdad y vida; haciéndose hombre, se hizo camino.
No se te dice: «Esfuérzate en hallar el camino, para que puedas llegar a la verdad y a la vida»; no, ciertamente. ¡Levántate, perezoso! El camino en persona vino a ti, te despertó del sueño, si es que ha llegado a despertarte; levántate, pues, y camina.
Quizá te esfuerzas en caminar y no puedes, porque te duelen los pies. ¿Por qué te duelen? ¿No será porque, movidos por la avaricia, han recorrido lugares escabrosos? Pero aquel que es la Palabra de Dios curó también a los cojos. «Resulta -dirás- que tengo sanos los pies, pero no acierto a ver el camino.» Piensa entonces que también abrió los ojos al ciego.
Responsorio Sal 118, 104b-105; Jn 6, 69b
R. Odio el camino
de la mentira; * lámpara es tu palabra para mis
pasos, luz en mi sendero.
V. Señor, ¿a quién vamos
a ir? Tú tienes palabras de vida eterna.
R.
Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.
Oración:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y con una entrega generosa a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh sol de salvación, oh Jesucristo,
alumbra
lo más hondo de las almas,
en tanto que la noche retrocede
y el día sobre
el mundo se levanta.
Junto con este favorable tiempo
damos ríos
de lágrimas copiosas,
para lavar el corazón que, ardiendo
en jubilosa
caridad, se inmola.
La fuente que hasta ayer manó delitos
ha de
manar desde hoy perenne llanto,
si con la vara de la penitencia
el pecho
empedernido es castigado.
Ha se avecina el día, el día tuyo,
volverá
a florecer el universo;
compartamos su gozo los que fuimos
devueltos por
tu mano a tus senderos.
Oh Trinidad clemente, que te adoren
tierra
y cielo a tus pies arrodillados,
y que nosotros, por tu gracia
nuevos,
cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
Ant. 2: Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.
Cántico
Dn 3, 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador
... es bendito por
los siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.
Ant. 3: Alabad al Señor por sus obras magníficas.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con
el espíritu, salmodiad
con toda vuestra mente, es decir,
glorificad a Dios
con el cuerpo
y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Alabad al Señor por sus obras magníficas.
LECTURA BREVE Cf. Ne 8, 9. 10
Este día está consagrado al Señor vuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis. No estéis tristes: la alegría del Señor es vuestra fortaleza.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de
Dios vivo, ten piedad de nosotros. R. Cristo.
V. Tú que fuiste triturado por nuestros crímenes.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Nadie, a no
ser Cristo, el Hijo de Dios, ha dado la vista a un ciego de nacimiento.
Año B: Con inmenso amor, Dios, aun cuando estábamos muertos
por nuestros pecados, nos ha vivificado con Cristo.
Año
C: Padre, he pecado contra ti, ya no merezco ser hijo tuyo.
PRECES
Glorifiquemos a Dios, cuya bondad es infinita, y elevemos a él nuestra oración por medio de Jesucristo, que está siempre vivo para interceder en favor nuestro; digámosle: Enciende, Señor, en nosotros la llama de tu amor.
Dios de misericordia, haz que hoy nos entreguemos generosamente a las obras de amor al prójimo, * para que tu misericordia, a través de nosotros, llegue a todos los hombres.
Tú que en el arca salvaste a Noé de las aguas del diluvio, * salva por el agua del bautismo a los catecúmenos.
Concédenos vivir no sólo de pan, * sino de toda palabra que sale de tu boca.
Haz que, con tu ayuda, venzamos toda disensión * y podamos gozarnos en el don de tu paz y de tu amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y con una entrega generosa a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre
venir sobre las nubes del cielo.
(Mt 24,
30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
LECTURA BREVE
Tercia 1Ts 4,1.7
Hermanos, os rogamos y exhortamos en Jesús, el Señor, a que viváis como conviene que viváis para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros -cosa que ya hacéis-, y a que hagáis nuevos progresos. Pues Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has
reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo
cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y
con una entrega generosa a ti. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 30,15.18
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Vuestra salvación está en convertiros y en tener calma; vuestra fuerza está en confiar y estar tranquilos.» El Señor espera para apiadarse, aguarda para compadecerse; porque el Señor es un Dios recto: dichosos los que esperan en él.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has
reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo
cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y
con una entrega generosa a ti. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Dt 4,29-31
Buscarás al Señor, tu Dios, y, si lo buscas con todo el corazón y con toda el alma, lo encontrarás. Al cabo de los años, cuando te cerquen y alcancen todas estas maldiciones, te convertirás al Señor, tu Dios, y escucharás su voz; porque el Señor, tu Dios, es un Dios compasivo; no te dejará ni te destruirá, ni se olvidará de la alianza que con juramento ofreció a vuestros padres.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has
reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo
cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y
con una entrega generosa a ti. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh bondadoso Creador, escucha
la voz de
nuestras súplicas y el llanto
que, mientras dura el sacrosanto ayuno
de
estos cuarenta días, derramamos.
A ti, que escrutas nuestros corazones
y que
conoces todas sus flaquezas,
nos dirigimos para suplicarte
la gracia
celestial de tu indulgencia.
Mucho ha sido, en verdad, lo que
pecamos,
pero estamos, al fin, arrepentidos,
y te pedimos, por tu excelso
nombre,
que nos cures los males que sufrimos.
Haz que, contigo y reconciliados,
podamos
dominar a nuestros cuerpos,
y, llenos de tu amor y de tu gracia,
no
pequen ya los corazones nuestros.
Oh Trinidad Santísima, concédenos,
oh
simplicísima Unidad, otórganos
que los efectos de la penitencia
de estos
días nos sean provechosos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Él ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Él ha sido constituido por Dios juez de vivos y muertos.
Ant. 2: Dichoso el que se apiada por amor del Señor: su recuerdo será perpetuo.
Salmo 111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como
hijos de la luz;
toda bondad, justicia y verdad
son fruto de la
luz. (Ef 5, 8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será
bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es
constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus
asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el
Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus
enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin
falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta
consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2: Dichoso el que se apiada por amor del Señor: su recuerdo será perpetuo.
Ant. 3: Lo que Dios había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer, lo ha cumplido.
Cántico 1Pe 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño
en su boca;
cuando le insultaban, no devolvía insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos
del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Lo que Dios había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer, lo ha cumplido.
LECTURA BREVE 1Co 9, 24-25
Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno solo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros una que no se ha de marchitar jamás.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos, Señor.
V.
Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R. Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: He lavado
mis ojos en la fuente; ahora veo, Señor, y creo en ti.
Año B: El Hijo del hombre será levantado en alto y el que
crea en él tendrá vida eterna.
Año C: Este hermano
tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos hallado:
hagamos fiesta y alegrémonos.
PRECES
Demos siempre gracias a Cristo, nuestra cabeza y nuestro maestro, que vino a servir y a hacer el bien a todos, y digámosle humilde y confiadamente: Atiende, Señor, a tu Iglesia.
Asiste, Señor, a los obispos y presbíteros de la Iglesia y haz que cumplan bien su misión de ser instrumentos tuyos, cabeza y pastor de la Iglesia, * para que por medio de ti conduzcan a todos los hombres al Padre.
Que tus ángeles sean compañeros de camino de los que están de viaje, * para que se vean libres de todo peligro de cuerpo y de alma.
Enséñanos, Señor, a servir a todos los hombres, * imitándote a ti, que viniste a servir y no a ser servido.
Haz que en toda comunidad humana reine un espíritu fraternal, * para que, estando tú en medio de ella, sea como una plaza fuerte.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Sé misericordioso, Señor, con todos los difuntos * y admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
Unidos fraternalmente, dirijamos al Padre nuestra oración común: Padre nuestro.
Oración:
Señor Dios, que por tu Palabra hecha carne has reconciliado contigo admirablemente al género humano, haz que el pueblo cristiano se apreste a celebrar las próximas fiestas pascuales con una fe viva y con una entrega generosa a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Este largo martirio de la vida,
la fe tan viva y la
esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al dolor, y al
consuelo tan dormida;
esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar
tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no
halle entrada ni salida;
ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de
los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,
de que me han de librar esos tus brazos
para recibirme están
abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.
Salmo 72
POR QUÉ SUFRE EL JUSTO
¡Dichoso el
que no se siente
defraudado por mí! (Mt 11, 6)
I
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de
corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis
pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los
malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y engreídos;
no
pasan las fatigas humanas
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de
violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de
malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la
opresión.
Su boca se atreve con el cielo,
y su lengua recorre la
tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus
palabras.
Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el
Altísimo?»
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan
riquezas.
Ant.1: Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.
Ant. 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la
inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada
mañana?
Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,
renegaría de la estirpe
de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy
difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de
ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la
ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de
espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus
sombras.
Ant. 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Ant. 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era
un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú tomas mi mano derecha,
me
guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?;
y contigo, ¿qué me importa la
tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi herencia
eterna.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que
te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi
refugio,
y proclamar todas tus acciones
en las puertas de Sión.
Ant. 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
V. Convertíos y
creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el
reino de Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 7, 11-28
EL SACERDOCIO ETERNO DE CRISTO
Hermanos: Si la perfección hubiese venido por el sacerdocio levítico (pues en él se fundaba la legislación del pueblo), ¿qué necesidad había de suscitar otro sacerdote según el rito de Melquisedec, y no según el rito de Aarón?
Cambiado el sacerdocio, necesariamente se cambió también la ley. Pues bien, aquel de quien dice estas cosas la Escritura pertenece a una tribu distinta de la de Leví, y de ella nadie se consagró nunca al altar. Todo el mundo sabe que nuestro Señor nació de la tribu de Judá, de la que nada dijo Moisés referente al sacerdocio.
Y esta sustitución de la leyes todavía más evidente si surge otro sacerdote según el rito de Melquisedec, que ha sido constituido tal, no por una ley de prescripción carnal, sino por el poder de una vida indestructible. Así Dios afirma de él: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
Y, así, queda abrogada la ordenación anterior por razón de su ineficacia e inutilidad, pues la ley no llevó nada a su perfección, ya que no era más que una introducción a una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios.
Y este sacerdote no fue constituido sin juramento por parte de Dios. Aquéllos lo fueron sin juramento, pero éste fue constituido con juramento, pronunciado por aquel que le dijo: «Juró el Señor y no se arrepentirá: tú eres sacerdote para siempre.» Así, Jesús se hace fiador de una alianza mucho más excelente que la primera. Y mientras aquéllos fueron constituidos sacerdotes en gran número, porque la muerte les impedía perdurar en su sacerdocio, éste, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos.
Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo. Y es que la ley constituyó sumos sacerdotes a hombres sometidos a fragilidad; en cambio, la palabra de aquel juramento posterior a la ley constituyó al Hijo sumo sacerdote perfecto para siempre.
Responsorio Hb 5, 5. 6; 7, 20. 21
R. Cristo no se dio a sí mismo la gloria del sumo
sacerdocio, sino que la recibió de aquel que le dijo: * «Tú eres sacerdote eterno según el rito de
Melquisedec.»
V. Los sacerdotes de la antigua ley
fueron constituidos sin juramento, pero Jesús fue constituido con juramento,
pronunciado por aquel que le dijo:
R. «Tú eres
sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
Año II:
Del libro del Levítico 16, 2-28
EL DÍA DE LA EXPIACIÓN
En aquellos días, ordenó Dios a Moisés lo siguiente:
«Di a tu hermano Aarón que no entre en cualquier ocasión a la parte del santuario que está detrás del velo, ante el propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera ante mí, pues yo me hago visible en forma de nube sobre la cubierta del arca.
Éste es el rito que seguirá Aarón para entrar en el santuario: Tomará un novillo para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto. Se vestirá la túnica sagrada de lino y calzón igualmente de lino, se ceñirá una banda de lino y se pondrá una tiara de lino. Éstas son las vestiduras sagradas que se pondrá después de haberse bañado. Además recibirá de la asamblea de los israelitas dos machos cabríos para el sacrificio expiatorio y un carnero para el holocausto.
Después que Aarón haya ofrecido su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y que haya hecho el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, tomará los dos machos cabríos y los presentará ante el Señor a la entrada de la Tienda de Reunión. Echará la suerte sobre ellos: uno le tocará al Señor y el otro a Azazel. Tomará el que haya tocado en suerte al Señor y lo ofrecerá en sacrificio expiatorio. El que haya tocado en suerte a Azazel lo presentará vivo ante el Señor, para hacer sobre él el rito de expiación y después lo mandará a Azazel al desierto.
Así, pues, Aarón ofrecerá primero su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y hará el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, e inmolará el novillo. Tomará luego un incensario, lleno de brasas tomadas del altar que está ante el Señor, y dos puñados de incienso aromático pulverizado, y llevará todo esto detrás del velo. Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio; luego hará con el dedo otras siete aspersiones de sangre en la parte del frente del propiciatorio. En seguida inmolará el macho cabrío, destinado para el sacrificio expiatorio por el pecado del pueblo; llevará su sangre dentro del velo, y hará con ella lo mismo que hizo con la sangre del novillo: rociando el propiciatorio y su parte anterior. Así hará el rito de expiación sobre el santuario, por todas las impurezas y delitos de los hijos de Israel, por todos sus pecados.
Lo mismo hará luego con la Tienda de Reunión que se encuentra entre ellos, en medio de sus impurezas. No habrá nadie en la Tienda de Reunión, desde que entre al santuario, para hacer la expiación por sí mismo, por su casa y por toda la comunidad de Israel, hasta que salga. Cuando haya salido, irá al altar que está ante el Señor y hará sobre él el rito de expiación: tomará sangre del novillo y del macho cabrío, ungirá con ella los salientes del altar y rociará la sangre con el dedo siete veces sobre el altar. Así lo purificará y santificará de las impurezas de los hijos de Israel.
Acabada la expiación del santuario, de la Tienda de Reunión y del altar, Aarón hará traer el macho cabrío vivo. Con las dos manos puestas sobre la cabeza del macho cabrío, confesará las iniquidades y delitos de los hijos de Israel, todos sus pecados; se los echará en la cabeza al macho cabrío y, después, lo mandará al desierto, por medio de un hombre designado para ello. Así, el macho cabrío se llevará consigo todas las iniquidades de los hijos de Israel a una tierra deshabitada. El encargado lo soltará en el desierto.
Después Aarón entrará en la Tienda de Reunión, se quitará las vestiduras de lino, que se había puesto para entrar en el santuario, y las dejará allí. En seguida bañará su cuerpo en un lugar santo. Luego se pondrá sus vestiduras, volverá a salir y ofrecerá su holocausto y el holocausto del pueblo. Hará la expiación por sí mismo y por el pueblo, y dejará quemarse sobre el altar la grasa de la víctima expiatoria. El que ha llevado el macho cabrío a Azazel lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.
Las víctimas expiatorias, el novillo y el macho cabrío, cuya sangre se introdujo en el santuario para hacer el rito de expiación, se sacarán fuera del campamento, y se quemará su piel, carne e intestinos. El encargado de quemarlos lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.»
Responsorio Hb 9, 11. 12. 24
R. Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes
futuros, no con sangre de. machos cabríos ni de novillos, sino con su propia
sangre, * y entró de una vez para siempre en el
santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.
V. No entró Cristo en un santuario levantado por mano de
hombre, sino en el mismo cielo.
R. y entró de una
vez para siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el Levítico
(Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)
CRISTO, SUMO SACERDOTE, ES PROPICIACIÓN POR NUESTROS PECADOS
Una vez al año, el sumo sacerdote, dejando a fuera al pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar de los aromas; lugar donde sólo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar.
Pero fijémonos en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana, estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice él mismo: Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia del Señor. Y, una vez durante este año, el día de la expiación, entró en el santuario, es decir, cuando, cumplida su misión, penetró en los cielos, entró a la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para interceder en favor de todos los que creen en él.
El apóstol Juan, conocedor de esta propiciación que nos reconcilia con el Padre, dice: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.
También Pablo alude a esta propiciación, cuando afirma de Cristo: A quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe. Por lo tanto, el día de nuestra propiciación continúa hasta el fin del mundo.
Dice la palabra de Dios: Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio.
Este texto nos recuerda el modo como en el antiguo Testamento se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú que has venido a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre, trasciende con tu mirada la sangre de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de aquel que es la Palabra, escuchando lo que él mismo te dice: Ésta es mi sangre, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados.
El hecho de rociar el lado oriental tiene también su significado. De oriente nos viene la propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que ha sido constituido mediador entre Dios y los hombres.
Ello te invita a que mires siempre hacia oriente, de donde sale para ti el sol de justicia, de donde te nace continuamente la luz, para que no camines nunca en tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último; para que no se apodere de ti la noche y oscuridad de la ignorancia, sino que vivas siempre en la luz de la sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la luz de la caridad y de la paz.
Responsorio Cf. Hb 6, 19. 20; d. 7, 2. 3
R. Jesús, el Cordero sin mancha, penetró hasta el
interior del santuario, como precursor nuestro, *
constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
V. Él es el rey de justicia, cuya vida no tiene
fin.
R. Constituido sumo sacerdote para siempre,
según el rito de Melquisedec.
Oración
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios necesarios para su vida terrena. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará
tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y
cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de
las hojas del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil
de asir, en una cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo
precio que me habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos,
pero si
fugitivos de su dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a
veros,
clavadme vos a vos a vuestro leño
y tendréisme seguro con tres
clavos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 1: Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.
Ant. 2: Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.
Cántico
Is 42, 10-16
CÁNTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR
Cantaban un
cántico nuevo ante
el trono de Dios. (Ap 14, 3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el
confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las islas y sus
habitantes;
alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita
Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las
montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las
islas.
El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un
guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al
enemigo.
«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba y aguantaba;
mas
ahora grito como la mujer cuando da a luz,
jadeo y resuello.
Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré
los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por
el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran.
Ante ellos
convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»
Ant. 2: Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.
Ant. 3: Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.
Salmo 134,
1-12
HIMNO A
DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1Pe 2,
9)
I
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra
el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 3: Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.
LECTURA BREVE Ex 19,4-6a
Vosotros habéis visto cómo os saqué sobre alas de águila y os traje hacia mí; ahora pues, si queréis obedecerme y guardar mi alianza, seréis mi especial propiedad entre todos los pueblos, pues mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Había un funcionario de la corte que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm; y, habiéndose enterado de que Jesús había vuelto a Galilea, le pidió que bajase a curar a su hijo.
PRECES
Alabemos a Dios, nuestro Padre, que nos concede ofrecerle el sacrificio de alabanza cuaresmal, y supliquémosle, diciendo: Ilumínanos, Señor, con tu palabra.
Dios todopoderoso y compasivo, concédenos el espíritu de oración y de penitencia, * y danos un verdadero deseo de amarte a ti y a nuestros hermanos.
Concédenos ser constructores de tu reino, para que todas las cosas tengan a Cristo por cabeza * y abunde la justicia y la paz en toda la tierra.
Haz que sepamos descubrir la bondad y hermosura de tu creación, * para que su belleza se haga alabanza en nuestros labios.
Perdónanos por haber ignorado la presencia de Cristo en los pobres, los sencillos y los marginados, * y por no haber atendido a tu Hijo en estos hermanos nuestros.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Impulsados por el Espíritu que nos hace clamar: «¡Padre!», invoquemos a nuestro Dios: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios necesarios para su vida terrena. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 129-136
MEDITACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN SU
LEY
Amar es
cumplir la ley entera.
(Rm 13, 10)
Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la
explicación de. tus palabras ilumina,
da inteligencia a los
ignorantes;
abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que
aman tu nombre;
asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna mandad me
domine;
líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus
decretos..
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus
leyes;
arroyos de lágrimas bajan de mis ojos
por los que no cumplen tu
voluntad.
Salmo 81
INVECTIVAS CONTRA LOS JUECES INICUOS
No juzguéis
antes de tiempo;
dejad que venga el Señor. (1Co 4, 5)
Dios se levanta en la asamblea divina,
rodeado de ángeles
juzga:
«¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta,
poniéndoos de parte del
culpable?
Proteged al desvalido y al huérfano,
haced justicia al humilde y
al necesitado,
defended al, pobre y al indigente,
sacándolos de las manos
del culpable.»
Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras,
mientras
vacilan los cimientos del orbe.
Yo declaro: «Aunque seáis dioses,
e hijos del Altísimo
todos,
moriréis como cualquier hombre,
caeréis, príncipes, como uno de
tantos.»
Levántate, ¡oh Dios!, y juzga la tierra,
porque tú eres él
dueño de todos los pueblos.
Salmo 119
DESEO DE LA PAZ
Estad firmes
en la tribulación,
sed asiduos en la oración.
(Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame,
Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a mandar Dios,
lengua traidora?
Flechas de
arquero,
afiladas con ascuas de retama.
¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado
llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: «Paz»,
ellos
dicen: «Guerra».
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Sb 11,24-25a
Señor, tú te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de
sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos
sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios
necesarios para su vida terrena. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Ez 18,23
«¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor- y no que se convierta de su conducta y que viva?»
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de
sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos
sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios
necesarios para su vida terrena. Por Cristo, nuestro Señor.
Nona Is 58,7
Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de
sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos
sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios
necesarios para su vida terrena. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Ésta es la hora para el buen amigo,
llena
de intimidad y confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que siente el rey, siente el mendigo.
Hora en que el corazón encuentra
abrigo
para lograr alivio a su dolencia
y, al evocar la edad de la
inocencia,
logra en el llanto bálsamo y castigo.
Hora en que arrullas, Cristo, nuestra
vida
con tu amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos
convida.
Hora en que un ángel roza nuestra frente
y
en que el alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Salmo 135
HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL
ÉXODO
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su
misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su
misericordia.
El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su
misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su
misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Ant. 2: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
II
El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su
misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su
misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su
misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su
misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su
misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su
misericordia.
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su
misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su
misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su
misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su
misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su
misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su
misericordia.
En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su
misericordia.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna
su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su
misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 2: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
LECTURA BREVE Rm 12,1-2
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Comprobó el padre que en aquella misma hora le había dicho Jesús: «Tu hijo se encuentra bien»; y creyó él y toda su casa.
PRECES
Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que por la palabra de su Hijo prometió escuchar la oración de los que se reúnen en su nombre, y, confiados en esta promesa, supliquémosle, diciendo: Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, tú que en la montaña del Sinaí diste a conocer tu ley por medio de Moisés y la perfeccionaste luego por Cristo, * haz que todos los hombres descubran que tienen esta ley inscrita en el corazón y que la deben guardar para hacer efectiva la alianza que has hecho con ellos.
Concede a los superiores fraternal solicitud hacia los que les han sido confiados, * y a los súbditos espíritu de obediente colaboración.
Fortalece el espíritu y el corazón de los misioneros * y suscita en todas partes colaboradores de su obra.
Que los niños crezcan en gracia y en edad, * y que los jóvenes se abran con sinceridad a tu amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate de nuestros hermanos que ya duermen el sueño de la paz * y dales parte en la vida eterna.
Digamos a nuestro Padre, juntamente con Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, haz que tu Iglesia progrese por la celebración de estos sacramentos de vida eterna y no permitas que le falten nunca los auxilios necesarios para su vida terrena. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un
corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y, hallándola en la
cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
«Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento busco esos
cristales;
si te ofendí, protervo,
ya vuelvo arrepentido de mis
males;
y no me he de apartar de tu presencia
sin perdón, sin favores, sin
clemencia.
En esa cruz clavado,
arco de paz te hicieron tus
finezas,
y, pues enamorado
así encender pretendes las tibiezas,
que se
abrasen las mías hoy te ruego
con tu luz, con tu llama, con tu
fuego.
El Dios de las venganzas
un tiempo los profetas te
llamaron,
mas ya mis esperanzas,
desde que hombre te hiciste,
mejoraron,
pues Dios de amor te miran en prisiones,
sin carcaj, sin
saetas, sin arpones.» Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Salmo 101
DESEOS Y SÚPLICAS DE UN DESTERRADO
Dios nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 4)
I
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no
me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia
mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida.
Que mis días se desvanecen como humo,
mis huesos queman como
brasas;
mi corazón está agostado como hierba,
me olvido de comer mi
pan;
con la violencia de mis quejidos,
se me pega la piel a los
huesos.
Estoy como lechuza en la estepa,
como búho entre
ruinas;
estoy desvelado, gimiendo,
como pájaro sin pareja en el
tejado.
Mis enemigos me insultan sin descanso;
furiosos contra mí, me
maldicen.
En vez de pan, como ceniza,
mezclo mi bebida con llanto,
por
tu cólera y tu indignación,
porque me alzaste en vilo y me tiraste;
mis
días son una sombra que se alarga,
me voy secando como la hierba.
Ant.1: Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Ant. 2: Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
II
Tú, en cambio, permaneces para siempre,
y tu nombre de
generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es
hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus
ruinas:
los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu
gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y
se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus
peticiones,
quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que
será creado alabará al Señor:
Que el Señor ha mirado
desde su excelso santuario,
desde el
cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los
cautivos
y librar a los condenados a muerte,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en
Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar
culto al Señor.
Ant. 2: Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Ant. 3: Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
III
El agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: «Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis
días.»
Tus años duran por todas las generaciones:
al principio
cimentaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos.
Ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la
ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el
mismo,
tus años no se acabarán.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu
presencia.
Ant. 3: Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
V. Ahora es el tiempo propicio.
R. Ahora es el día de la salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 8, 1-13
EL SACERDOCIO DE CRISTO EN LA NUEVA ALIANZA
Hermanos: El punto principal de cuanto vamos diciendo es que tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Él es ministro del santuario y de la verdadera Tienda de Reunión, que fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios; por tanto, era necesario que también él tuviese que ofrecer algo.
A la verdad, si él morara
aquí en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay otros que están
encargados de ofrecer sacrificios por disposición de la ley.
Estos sacerdotes
practican un culto que es imagen y sombra de las realidades del cielo, según lo
reveló Dios a Moisés, cuando éste se disponía a construir la Tienda de Reunión:
«Mira -le dijo-, hazlo. todo según el modelo que te ha sido mostrado en el
monte.»
En cambio, nuestro sumo sacerdote ha obtenido un ministerio tanto más excelente, cuanto mejor es la alianza de que es mediador, y cuanto mejores son las promesas en que ella se basa. Y así es. Porque, si aquella primera alianza hubiese sido irreprochable, no habría lugar para una segunda.
Pero Dios le dice a Israel en tono de reproche: «Mirad que vienen días -dice el Señor- en que yo concertaré una nueva alianza con ]a casa de Israel y con la casa de Judá. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, alianza que ellos quebrantaron, por lo cual los rechacé, sino que así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -dice el Señor-: Imprimiré mi ley en sus mentes, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán ya que instruirse mutuamente, diciendo: "Reconoce al Señor", porque todos me conocerán, desde el pequeño nI grande, cuando perdone sus crímenes y no recuerde más sus pecados.»
Al decir «nueva alianza», declara Dios anticuada la primera. Y lo que envejece y se hace anticuado no tarda mucho en desaparecer.
Responsorio Hb 8, 1-2; 9, 24
R. Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a In
diestra del trono de la Majestad en los cielos: él es ministro del santuario y
de la verdadera Tienda de Reunión, * para comparecer
ahora ante la faz de Dios en favor nuestro.
V.
Pues no entró Cristo en un santuario levantado por mano de hombre, figura del
verdadero santuario, sino en el mismo cielo.
R.
Para comparecer ahora ante la faz de Dios en favor nuestro.
Año II:
Del libro del Levítico 19, 1-18. 31.37
MANDAMIENTOS ACERCA DEL PRÓJIMO
En aquellos días, el Señor habló a Moisés:
«Di a toda la comunidad de los israelitas:
"Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. Respetad a vuestros padres y guardad mis sábados. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
No acudáis a ídolos ni os hagáis dioses de fundición. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
Cuando ofrezcáis al Señor sacrificio de comunión, hacedlo de manera que le seáis gratos: comeréis la víctima el mismo día en que la inmoléis o al día siguiente. Lo que sobre se quemará al tercer día. Si se come algo al tercer día será un manjar corrompido y el sacrificio no será grato. El transgresor cargará con su culpa, por haber profanado lo consagrado al Señor, y será excluido de su pueblo.
Cuando seguéis la mies de vuestras tierras, no la siegues hasta el borde del campo, no espigues después de segar. Tampoco harás el rebusco de tu viña, ni recogerás de tu huerto los frutos caídos. Se los dejarás al pobre y al forastero. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
No robaréis ni defraudaréis ni engañaréis a ninguno de vuestro pueblo. No juraréis en falso por mi nombre, profanando el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.
No explotarás a tu prójimo ni lo despojarás. No dormirá contigo hasta el día siguiente el jornal del obrero. No maldecirás al sordo, ni pondrás tropiezos al ciego. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No darás sentencias injustas, ni por favorecer al pobre, ni por honrar al rico. Juzga siempre con justicia a tu prójimo. No andarás con chismes de aquí para allá, ni declararás en falso contra la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.
No guardarás odio a tu hermano, pero lo reprenderás abiertamente para que no cargues con pecado por su causa. No serás vengativo ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
No acudáis a nigromantes ni consultéis adivinos, pues quedaréis impuros, Yo soy el Señor, vuestro Dios.
Ponte de pie ante las canas y honra al anciano. Teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
Cuando un forastero se establezca con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. Será para vosotros como un compatriota: lo amarás como a ti mismo, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. Yo soy el Señor, vuestro Dios.
No cometáis injusticias en los juicios, ni hagáis fraude en pesos y medidas. Tened balanzas exactas, pesas justas y medidas precisas. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os sacó de Egipto.
Cumplid todas mis leyes y normas, poniéndolas por obra. Yo soy el Señor."»
Responsorio Ga 5, 14. 13; Jn 13, 34
R. Toda la ley se concentra en esta frase: «Amarás al
prójimo como a ti mismo.» * Sed esclavos unos de
otros por amor.
V. Os doy el mandato nuevo: que
os améis mutuamente como yo os he amado,
R. Sed
esclavos unos de otros por amor.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 10 Sobre la Cuaresma. 3.5: PL 54. 299-301)
EXCELENCIA DE LA CARIDAD
Dice el Señor en el evangelio de san Juan: En esto conocerán todos que sois discípulos míos, en que tenéis caridad unos con otros; y en la carta del mismo apóstol leemos: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios; quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
Que cada uno de los fieles se examine, pues, a sí mismo, esforzándose en discernir sus más íntimos afectos; y, si descubre en su conciencia frutos de caridad, tenga por cierto que Dios está en él y procure hacerse más y más capaz de tan gran huésped, perseverando con más generosidad en las obras de misericordia.
Pues, si Dios es amor, no podemos poner límite alguno a la caridad, ya que la Divinidad es infinita.
Así pues, amadísimos, si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días cuaresmales nos invitan a ello de un modo más apremiante; si deseamos llegar a la Pascua santificados en el alma y en el cuerpo, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a todas las otras y cubre la multitud de los pecados.
Por esto, ya que nos preparamos para celebrar aquel misterio que excede a todos los demás, en el que In sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, dispongámonos mediante el sacrificio espiritual de la misericordia, de tal manera que demos de lo que nosotros hemos recibido de la bondad divina, aun a los mismos que nos han ofendido.
Que nuestra liberalidad para con los pobres y demás necesitados de cualquier clase sea en este tiempo más generosa, a fin de que sean más numerosos los que eleven hacia Dios su acción de gracias, y con nuestros ayunos remediemos el hambre de los indigentes. El acto de piedad más agradable a Dios es precisamente este dispendio en favor de los pobres, ya que en esta solicitud misericordiosa reconoce él la imagen de su propia bondad.
Y no temamos la pobreza que nos pueda resultar de esta nuestra largueza, ya que la misma bondad es una gran riqueza y nunca puede faltamos con qué dar, pues Cristo mismo es quien da el alimento y quien lo recibe. En todo este asunto interviene la mano de aquel que al partir el pan lo aumenta y al repartirlo lo multiplica. Que el que distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría, ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá, como dice el apóstol san Pablo: Dios, que provee de semilla al sembrador y de pan para su alimento, os dará también a vosotros semilla en abundancia y multiplicará los frutos de vuestra justificación, en Cristo Jesús, nuestro Señor, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio Lc 6, 38a; Col 3, 13b
R. Dad y se os dará: * y se
os echará en vuestro regazo una medida abundante, bien apretada y bien colmada
hasta rebosar.
V. El Señor os ha perdonado: haced
vosotros lo mismo.
R. y se os echará en vuestro
regazo una medida abundante, bien apretada y bien colmada hasta
rebosar.
Oración
Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar
para tu vino
y, para el vino, una viña.
Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena
bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.
Edificaste una torre,
Señor, para tu
guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un
blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas.
Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo
de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu
herida
te dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.
¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu
silencio y grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pisa,
y
que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.
Salmo 100
PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO
Si me amáis, guardaréis mis mandatos. (Jn 14, 15)
Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música,
Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿Cuándo vendrás a mí?
Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré
mis ojos
en intenciones viles.
Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí
el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.
Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos
engreídos, corazones arrogantes
no los soportaré.
Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán
conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ése me servirá.
No habitará en mi casa
quien comete fraudes;
el que dice
mentiras
no durará en mi presencia.
Cada mañana haré callar
a los hombres malvados,
para excluir
de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.
Ant.1: Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.
Ant. 2: No nos desampares, Señor, para siempre.
Cántico
Dn 3, 26-27. 29. 34-41
ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO
Arrepentíos y
convertíos, para que
se borren vuestros pecados.
(Hch 3,
19)
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza
y glorioso es tu nombre.
Porque eres justo
en cuanto has hecho con nosotros
y todas
tus obras son verdad,
y rectos tus caminos,
y justos todos tus
juicios.
Hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo
hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para
siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu
misericordia.
Por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu
consagrado,
a quienes prometiste
multiplicar su descendencia
como las
estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los
pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros
pecados.
En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni
jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un
sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito,
y nuestro espíritu
humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos
cebados;
que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu
presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu
rostro.
Ant. 2: No nos desampares, Señor, para siempre.
Ant. 3: Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.
Salmo 143, 1-10
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Todo lo puedo
en aquel que
me conforta. (Flp 4, 13)
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a
salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos
de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus
días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice
falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de
diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David,
tu siervo.
Ant. 3: Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.
LECTURA BREVE Jl 2,12-13
Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras, y convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y vete en paz.»
PRECES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que nos dio a su Hijo unigénito, Palabra hecha carne, para que vivamos de ella, e invoquémoslo, diciendo: Que la palabra de Cristo habite en nosotros con toda su riqueza.
Concédenos escuchar con más frecuencia tu palabra en este tiempo cuaresmal, * para que en la gran solemnidad que se avecina nos unamos con mayor fervor a Cristo, nuestra Pascua.
Que tu Espíritu Santo nos asista, * para que seamos testigos de tu verdad y de tu bondad ante los vacilantes y equivocados.
Concédenos vivir más profundamente el misterio de Cristo, * para que podamos dar testimonio de él con más fuerza y claridad.
En este tiempo de penitencia, Señor, renueva y purifica a tu Iglesia, * para que se manifieste con más claridad como signo de salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 137-144
Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos;
has prescrito
leyes justas sumamente estables;
me consume el celo,
porque mis enemigos
olvidan tus palabras.
Tu promesa es acrisolada, y tu siervo la ama;
soy pequeño
despreciable,
pero no olvido tus decretos;
tu justicia es justicia
eterna,
tu voluntad es verdadera.
Me asaltan angustias y aprietos,
tus mandatos son mi
delicia;
la justicia de tus preceptos es eterna,
dame inteligencia y
tendré vida.
Ant. 1: Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.
Ant. 2: Llegue, Señor, hasta ti mi súplica.
Salmo 87
ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Ésta es
vuestra hora,
la del poder de las tinieblas.
(Lc 22,
53)
I
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu
presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi
clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al
borde del abismo,
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un
inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el
sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de
tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del
fondo;
tú cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Ant. 2: Llegue, Señor, hasta ti mi súplica.
Ant. 3: Todo el día te estoy invocando, Señor, no me escondas tu rosotro.
II
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para
ellos,
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de
pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia
ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para
darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el
reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu
justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi
súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo.
Me doblo bajo el peso de
tus terrores,
pasó sobré mí tu incendio,
tus espantos me han
consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a
una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las
tinieblas.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Jl 2,17
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen las naciones.»
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma
dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio
pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta Jr 3,25b
Pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres, desde la juventud hasta el día de hoy, y no escuchamos la voz del Señor, nuestro Dios.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma
dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio
pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por Cristo
nuestro Señor.
Nona Is 58,1-2a
Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran afán de saber mis caminos, como si fueran un pueblo que practicara la justicia y no hubiesen abandonado los preceptos de Dios.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma
dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio
pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por Cristo
nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
No me pesa, Señor, haber faltado
por el
eterno mal que he merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como
pena a mi pecado.
Pésame haber tus voces despreciado
y tus
justos mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón,
Señor, por mí llagado.
Llorar quiero mis culpas humillado,
y
buscar a mis males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.
Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote
cual siempre me has amado
viviendo contigo arrepentido. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Salmo 136, 1-6
JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA
Este
destierro y esclavitud material hay que tomarlo
como símbolo de la
esclavitud espiritual. (S. Hilario)
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con
nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras
cítaras.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros
opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»
¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me
olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;
que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de
ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
Ant. 1: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Ant. 2: Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.
Salmo 137
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY
Los reyes de
la tierra irán a llevar su
esplendor a la ciudad santa.
(cf. Ap 21,
24)
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles
tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu
nombre;
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu
fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi
alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el
oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del
Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al
soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes
tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia
es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
Ant. 2: Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
LECTURA BREVE St 2,14.17.18b
Hermanos, ¿qué provecho saca uno con decir: «Yo tengo fe», si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? La fe, si no va acompañada de las obras, está muerta en su soledad. Pruébame tu fe sin obras que yo por mis obras te probaré mi fe.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Ya ves que estás curado; no vuelvas a pecar más, no sea que te suceda algo peor.
PRECES
Oremos a Jesús, el Señor, que levantado en la cruz atrae a todos hacia él, y digámosle: Atrae, Señor, a todos hacia ti.
Señor, que la luz con que resplandece el misterio de la cruz atraiga a todos los hombres, * para que te reconozcan como camino, verdad y vida.
Da tu agua viva a todos los sedientos de verdad, * para que su sed quede eternamente saciada.
Ilumina a los científicos y a los artistas, * para que el progreso sea también camino de salvación.
Mueve los corazones de los que se apartaron de ti a causa del pecado o del escándalo, * para que se conviertan a ti y permanezcan en tu amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Admite en tu reino a todos los difuntos, * para que se alegren eternamente con la Virgen María y con todos los santos.
Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, que las saludables prácticas de la Cuaresma dispongan los corazones de tus hijos, para que celebren dignamente el misterio pascual y extiendan por todas partes el anuncio de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin
fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y
yo lo impido.
Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo,
triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en
él metido.
Tan obstinado estoy en mi porfía,
que el temor de perderme y
de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.
Tu poder y bondad truequen mi suerte:
que en otros veo
enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Salmo 102
HIMNO A LA MISERICORDIA DE DIOS
Por la
entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo
alto. (Lc 1, 78)
I
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo
nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus
beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él
rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de
bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los
oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de
Israel.
Ant.1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
II
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en
clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos
trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras
culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad
sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros
nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor
ternura por sus fieles;
porque él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda
de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor
del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a
verla.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
III
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de
hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus
mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el
universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus
órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus
deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su
imperio.
Bendice, alma mía, al Señor.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
V. Convertíos y haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 9, 1-10
LA ANTIGUA ALIANZA ES INSUFICIENTE
Hermanos: La primera alianza tenía también su ceremonial litúrgico y su santuario, que era terrestre. Había un primer compartimiento, construido en el tabernáculo; en él estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición: se llama «el Santo». Más al interior, después del segundo velo, había otro compartimiento llamado «el Santo de los Santos»; aquí estaban el altar de oro de los perfumes y el arca de la alianza, completamente cubierta de oro, y en ella se encontraban una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón, que había florecido, y las tablas de la alianza. Encima del arca estaban los querubines de la gloria, que cubrían el propiciatorio. No hay por qué detenemos ahora en más detalles.
Dispuestas así las cosas, los sacerdotes, cuando desempeñan sus ministerios, entran continuamente en el primer compartimiento. Pero en el segundo entra sólo el sumo sacerdote una vez al año y provisto siempre de sangre, que ofrece por sus pecados y por los de todo el pueblo. Quiere con esto significar el Espíritu Santo que, mientras subsista el primer compartimiento, no está aún abierto el camino al Santo de los Santos.
Es ésta una figura que vale para nuestros tiempos; porque allí se ofrecen dones y sacrificios, pero son tales que no tienen valor alguno para hacer perfecto al oferente en lo que se refiere a su conciencia. Sólo hay disposiciones sobre alimentos, sobre bebidas, sobre las diversas abluciones: normas todas referentes a un orden puramente externo, impuestas hasta el tiempo de la renovación.
Responsorio Hb 9, 14; d. Is 59, 19b-20a
R. La sangre de Cristo, que por medio del Espíritu
eterno se ofreció inmaculado a Dios, * purificará
nuestra conciencia de las obras muertas, pata dar culto al Dios vivo.
V. Vendrá como torrente encajonado, empujado por el
Espíritu del Señor; a Sión vendrá el Redentor.
R.
Purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para dar culto al Dios
vivo.
Año II:
Del libro del Levítico 26, 3-17. 38-45a
BENDICIONES Y MALDICIONES
En aquellos días, el Señor habló a Moisés:
«Si seguís mis leyes y cumplís mis preceptos poniéndolos por obra, yo os mandaré la lluvia a su tiempo: la tierra dará sus cosechas y los árboles sus frutos. La trilla alcanzará a la vendimia y la vendimia a la sementera. Comeréis hasta saciaros y habitaréis tranquilos en vuestra tierra. Pondré paz en el país y dormiréis sin alarmas. Acabaré con las fieras y la espada no cruzará vuestro país. Perseguiréis a vuestros enemigos, que caerán ante vosotros a filo de espada. Cinco de vosotros pondrán en fuga a cien, y cien de vosotros a diez mil. Vuestros enemigos caerán ante vosotros a filo de espada.
Me volveré hacia vosotros, os acrecentaré y multiplicaré, y mantendré mi alianza con vosotros. Comeréis de cosechas almacenadas y sacaréis lo almacenado para hacer sitio a lo nuevo. Pondré mi morada entre vosotros y no os rechazaré. Caminaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de Egipto, de la esclavitud, rompí las coyundas de vuestro yugo, os hice caminar erguidos.
Pero si no me obedecéis y no ponéis por obra todos estos preceptos, si rechazáis mis leyes y aborrecéis mis mandatos, no poniendo por obra todos mis preceptos y rompiendo mi alianza, entonces yo os trataré así: enviaré contra vosotros el espanto, la tisis y la fiebre, que nublan los ojos y consumen la vida; sembraréis en balde, pues vuestros enemigos se comerán la cosecha; me enfrentaré con vosotros y sucumbiréis ante vuestros enemigos; vuestros contrarios os someterán y huiréis sin que nadie os persiga.
Pereceréis en medio de los
pueblos. El país enemigo os devorará. Los que sobrevivan de vosotros se pudrirán
en país enemigo por su culpa y la de sus padres.
Confesarán su culpa y la de
sus padres: de haberme sido infieles y haber procedido obstinadamente contra mí;
por lo que también yo procedí obstinadamente contra ellos, y los llevé a país
enemigo, para ver si se doblegaba su corazón incircunciso y expiaban su
culpa.
Entonces yo recordaré mi pacto con Jacob, mi pacto con Isaac, mi pacto con Abraham: me acordaré de la tierra. Pero ellos tendrán que abandonar la tierra, y así ella disfrutará de sus sábados, mientras queda desolada en su ausencia. Expiarán la culpa de haber rechazado mis mandatos y haber detestado mis leyes. Pero aun con todo esto, cuando estén en país enemigo, no los rechazaré ni los detestaré hasta el punto de exterminarlos y de romper mi alianza con ellos. Porque yo soy el Señor, su Dios. Recordaré en favor de ellos la alianza con los antepasados, a quienes saqué de Egipto, a la vista de los pueblos, para ser su Dios. Yo soy el Señor.»
Responsorio Sal 33, 17. 16; Ap 22, 12
R. El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar
de la tierra su memoria. * Los ojos del Señor miran a
los justos, sus oídos escuchan sus gritos.
V.
Mira, llego en seguida y traigo conmigo mi salario; yo daré a cada uno según sus
obras.
R. Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas de san Máximo Confesor, abad
(Carta 11: PG 91, 454455)
LA MISERICORDIA DEL SEÑOR PARA CON LOS QUE SE ARREPIENTEN
Los predicadores de la verdad y ministros de la gracia divina, todos los que desde el principio hasta nuestros días, cada uno en su tiempo, nos han dado a conocer la voluntad salvífica de Dios, nos enseñan que nada hay tan grato y querido por Dios como el hecho de que los hombres se conviertan a él con sincero arrepentimiento.
Y, para inculcamos esto mismo de un modo aún más divino, la divina Palabra del Dios y Padre, aquel que es la primigenia y única revelación de la infinita bondad, con un rebajamiento y condescendencia inefables, se dignó convivir con nosotros, hecho uno de nosotros; e hizo, padeció y enseñó todo aquello que era necesario para que nosotros, que éramos enemigos y extranjeros, que estábamos privados de la vida feliz, fuéramos reconciliados con nuestro Dios y Padre y llamados de nuevo a la vida.
En efecto, no sólo curó nuestras enfermedades con la fuerza de sus milagros, no sólo nos liberó de nuestros muchos y gravísimos pecados, cargando con la debilidad de nuestras pasiones y con el suplicio de la cruz -como si él lo mereciera, cuando en realidad estaba inmune de toda culpa-, con lo que saldó nuestra deuda, sino que nos enseñó también, con abundancia de doctrina, a imitarlo en su benignidad condescendiente y en su perfecta caridad para con todos.
Por esto afirmaba: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Y también: No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Y decía también que él había venido a buscar a la oveja perdida. Y que había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Asimismo, insinúa de una manera velada, con la parábola de la dracma perdida, que él ha venido a restablecer en el hombre la imagen divina, cubierta por el repugnante estiércol de los vicios. Y también: Os aseguro que habrá en el cielo gran alegría por un pecador que se convierta.
Con este fin, a aquel hombre que cayó en manos de los ladrones, que lo desnudaron, lo golpearon y se fueron dejándolo medio muerto, él lo reconfortó, vendándole las heridas, derramando en ellas aceite y vino, haciéndolo montar sobre su propia cabalgadura y acomodándolo en el mesón para que tuvieran cuidado. de él, dando para ello una cantidad de dinero y prometiendo al mesonero que, a la vuelta, le pagaría lo que gastase de más.
Nos muestra también la condescendencia del buen padre para con el hijo pródigo que regresa arrepentido, al que abraza, al que devuelve plenamente sus prerrogativas de hijo, sin echarle en cara su conducta anterior.
Por esto mismo, cuando encuentra a la oveja que se había apartado de las otras cien, errante por los montes y colinas, la devuelve al redil, no a golpes y con amenazas ni agotándola de fatiga, sino que, lleno de compasión, la carga sobre sus hombros y la vuelve al grupo de las demás.
Por esto también clamaba: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. Y decía: Tomad sobre vosotros mi yugo, dando el nombre de yugo a sus mandamientos, esto es, a una vida ajustada a las enseñanzas evangélicas; y dándoles también el nombre de carga, ya que, por la penitencia, parecen algo pesado y molesto: Porque mi yugo -dice- es suave y mi carga ligera.
Y en otro lugar, queriendo enseñamos la divina justicia y bondad, nos manda: Sed santos, perfectos, misericordiosos, como vuestro Padre celestial. Y también: Perdonad y seréis perdonados. Y: Cuanto queréis que os hagan los demás, hacédselo igualmente vosotros.
Responsorio Cf. Ez 33, 11; Sal 93, 19
R. Me angustiaría, Señor, si no conociera tu
misericordia; tú dijiste: «No me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva»; * tú llamaste al
arrepentimiento a la mujer cananea y al publicano.
V. Cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos
son mi delicia.
R. Tú llamaste al arrepentimiento
a la mujer cananea y al publicano.
Oración
Señor Dios, que premias los méritos de los justos y concedes el perdón a los pecadores que se arrepienten y hacen penitencia, escucha benignamente nuestras súplicas y, por la humilde confesión de nuestras culpas, otórganos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba
pensando en confesar sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de
haberte abandonado;
cuando pobre volvime a ti humillado,
me
ofrecí como inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los
ojos, me sentí abrazado.
Sentí mis labios por tu amor sellados
y
ahogarse entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.
Llenose el alma en luces matutinas,
y,
viendo ya mis males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. +
Salmo 107
ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO
Porque Cristo
se ha elevado sobre el cielo, su gloria
se anuncia sobre toda la tierra.
(Arnobio)
Dios mío, mi corazón está firme,
+ para ti cantaré y tocaré,
gloria mía.
Despertad, cítara y arpa,
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor,
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos
responda.
Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es
yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme,
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»
Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a
Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras
tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil;
con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
Ant. 1: Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.
Ant. 2: El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
Cántico
Is 61, 10-62, 5
ALEGRÍA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN
Vi la ciudad
santa, la nueva Jerusalén...
arreglada como una novia
que se adorna para
su esposo. ( cf. Ap 21, 2)
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi
Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto
de triunfo,
como a un novio que se pone la corona,
o a una novia que se
adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus
semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos, ante todos
los pueblos.
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no
descansaré,
hasta que despunte la aurora de su justicia
y su salvación
llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te
pondrán un nombre nuevo
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la
palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»
ni a tu tierra, «Devastada»
a
ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra, «Desposada»,
porque el Señor
te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te
construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará
tu Dios contigo.
Ant. 2: El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
Ant. 3: Alabaré al Señor mientras viva.
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 3: Alabaré al Señor mientras viva.
LECTURA BREVE Dt 7,6. 8-9
El Señor, tu Dios, te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Por el amor que os tiene y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así conocerás que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero, el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor, por mil generaciones, con los que lo aman y guardan sus preceptos.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «El que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna», dice el Señor.
PRECES
Demos gracias a Dios Padre, que por el Espíritu Santo ha derramado su amor en nuestros corazones, y supliquémosle, diciendo: Danos, Señor, tu Espíritu Santo.
Concédenos, Señor, el espíritu de fe y de acción de gracias, * para recibir siempre con gozo lo bueno y soportar con paciencia lo adverso.
Haz que practiquemos la caridad no sólo en los acontecimientos importantes, * sino también en lo pequeño de nuestra vida de cada día.
Ayúdanos a privarnos de lo superfluo, * para compartir lo nuestro con los hermanos necesitados.
Concédenos llevar en nuestros cuerpos la pasión de tu Hijo, * tú que nos has vivificado en su cuerpo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Recitemos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos libre siempre del mal: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que premias los méritos de los justos y concedes el perdón a los pecadores que se arrepienten y hacen penitencia, escucha benignamente nuestras súplicas y, por la humilde confesión de nuestras culpas, otórganos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré
tus leyes;
a ti grito, sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto
a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando
tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Salmo 93
INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS
CONTRA LOS OPRESORES
El vengador
de todo esto es el Señor. Dios no nos ha llamado
a una vida impura, sino
sagrada (1Ts 4, 6. 7).
I
Dios de la venganza, Señor,
Dios de la venganza,
resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los
soberbios.
¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,
hasta cuándo triunfarán los
culpables?
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,
se jactan los
malhechores;
trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad,
asesinan
a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos, y comentan:
"Dios no lo
ve, el Dios de Jacob no se entera."
Enteraos los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo
discurriréis?
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;
el que formó el ojo,
¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;
el que instruye
al hombre, ¿no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del
hombre
son insustanciales.
II
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que en enseñas tu
ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la
fosa.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su
heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de
corazón.
¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,
quién se coloca
a mi lado
frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera
auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia Señor, me
sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi
delicia.
¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo
que dicta injusticias
en hombre de la ley?
Aunque atenten contra la vida del justo
y condenen a muerte al
inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de
refugio.
Él les pagará su iniquidad,
los destruirá por sus
iniquidades,
los destruirá el Señor nuestro Dios.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ez 18,30b-32
«Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos y no caeréis en pecado. Quitaos de encima los delitos que habéis perpretado y estrenad un corazón nuevo y un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel. Pues yo no me complazco en la muerte de nadie -oráculo del Señor-. ¡Arrepentíos y viviréis!»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón
puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu firme.
Oremos:
Señor Dios, que premias los méritos de los justos y
concedes el perdón a los pecadores que se arrepienten y hacen penitencia,
escucha benignamente nuestras súplicas y, por la humilde confesión de nuestras
culpas, otórganos tu perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Za 1,3b-4b
Así dice el Señor de los ejércitos: «Convertíos a mí, y yo me convertiré a vosotros. No seáis como vuestros padres, a quienes predicaban los antiguos profetas: "Así dice el Señor: Convertíos de vuestra mala conducta, de vuestras malas obras."»
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor Dios, que premias los méritos de los justos y
concedes el perdón a los pecadores que se arrepienten y hacen penitencia,
escucha benignamente nuestras súplicas y, por la humilde confesión de nuestras
culpas, otórganos tu perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Dn 4,24b
Rompe tus pecados con obras de justicia y tus iniquidades con misericordia para con los pobres, para que tu ventura sea larga.
V.
Mi sacrificio es un espíritu contrito.
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor Dios, que premias los méritos de los justos y
concedes el perdón a los pecadores que se arrepienten y hacen penitencia,
escucha benignamente nuestras súplicas y, por la humilde confesión de nuestras
culpas, otórganos tu perdón. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la
frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que
tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.
Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre
hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche
tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime ante tus
pies de hinojos.
Dame licencia ya, Padre adorado,
para
mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor
cercado;
muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz
mirarte puedo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Salmo 138, 1-18. 23-24
TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE
DIOS
¿Quién ha
conocido jamás la mente del Señor?
¿Quién ha sido su consejero?
(Rm 11,
34)
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o
me levanto
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi
descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes
toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me
sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu
mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo,
allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín
del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta
mí.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se
haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es
clara como el día.
Ant. 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Ant. 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
II
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son
admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías
mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo
profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en
tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el
primero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué
inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si
los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce
mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino
eterno.
Ant. 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
LECTURA BREVE Flp 2,12b-15a
Trabajad por vuestra salvación con respeto y seriedad. Porque es Dios el que obra en vosotros haciendo que queráis y obréis movidos por lo que a él le agrada. HacedIo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «Yo no puedo hacer nada sólo por cuenta mía; yo dicto sentencia, según me comunica el Padre, y mi sentencia es justa», dice el Señor.
PRECES
Demos gracias a Dios Padre, que estableció en la sangre de Cristo una alianza nueva y eterna con su pueblo y la renueva en el sacramento del altar, y supliquémosle, diciendo: Bendice, Señor, a tu pueblo.
Dirige, Señor, el sentir de los pueblos y la mente de sus gobernantes por los caminos de tu voluntad, * para que procuren con empeño el bien común.
Aumenta el fervor de aquellos que, habiéndolo dejado todo, siguieron a Cristo, * para que su vida sea luz para los hombres y claro testimonio de la santidad de tu Iglesia.
Tú que creaste a todos los hombres a imagen tuya, * haz que sintamos horror de las injusticias y desigualdades entre los hombres.
Llama a tu amistad y a tu verdad a los que viven alejados de ti, * y a nosotros enséñanos cómo podemos ayudarlos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Admite a los difuntos en tu gloria, * para que te alaben eternamente.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, digamos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que premias los méritos de los justos y concedes el perdón a los pecadores que se arrepienten y hacen penitencia, escucha benignamente nuestras súplicas y, por la humilde confesión de nuestras culpas, otórganos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me
reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios
piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia
de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo
que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente
por aquel que nos ha amado.
(Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant. 1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
II
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales,
Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
V. El que medita la ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 9, 11-28
CRISTO, SUMO SACERDOTE, ENTRÓ DE UNA VEZ PARA SIEMPRE EN EL SANTUARIO CON SU PROPIA SANGRE
Hermanos: Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros y entró de una vez para siempre en el santuario. Entró a través de una Tienda de Reunión más sublime y perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no perteneciente a este mundo. Y entró no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, obteniendo para nosotros una redención eterna.
Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros y la ceniza de la ternera esparcida sobre los que se han contaminado los santifica en orden a la pureza legal externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por medio del Espíritu 6terno se ofreció inmaculado a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para dar culto al Dios vivo!
Para eso precisamente es el mediador de una nueva alianza, para que mediante su muerte, ofrecida para redimir las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, reciban los que han sido convocados la herencia eterna prometida. Pues, cuando se trata de un testamento, es preciso hacer constar la muerte del testador, ya que la disposición testamentaria sólo adquiere valor en caso de muerte del testador y nunca es eficaz mientras vive. Por eso ni la primera alianza fue inaugurada sin sangre.
En efecto, Moisés, después de haber leído a todo el pueblo todos los preceptos según estaban en la ley, tomó la sangre de los novillos y machos cabríos, agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que Dios ha establecido para vosotros.» Y, de la misma manera, roció con sangre la Tienda y todos los utensilios del culto, pues, según la ley, casi todos los objetos han de ser purificados con sangre, y sin efusión de sangre no hay remisión.
Era pues necesario, por una parte, que las figuras y sombras de las realidades celestiales fuesen consagradas de este modo; y, por otra parte, que el santuario mismo del cielo lo fuese también, pero con sacrificios más excelentes que aquéllos. Pues no entró Cristo en un santuario levantado por mano de hombre, figura del verdadero santuario, sino en el mismo cielo, para comparecer ahora ante la faz de Dios en favor nuestro. Y no necesita ofrecerse muchas veces, como hace el sumo sacerdote, que cada año entra en el santuario con sangre que no es suya (pues en tal caso debería haber padecido muchas veces desde el principio del mundo), sino que ahora, en la plenitud de los tiempos, se ha manifestado de una vez para siempre, para destruir el pecado mediante su propio sacrificio. Y así como Dios ha establecido que los hombres mueran una sola vez y que después de esto venga el juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de las multitudes, aparecerá por segunda vez, sin relación ya con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
Responsorio Hb 9, 28; Is 53, 11
R. Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para
quitar los pecados, * aparecerá por segunda vez, sin
relación ya con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
V. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí
los crímenes de ellos.
R. Aparecerá por segunda
vez, sin relación ya con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
Año II:
Del libro de los Números 3, 1-13; 8, 5-11
LEGISLACIÓN SOBRE LOS LEVITAS
Ésta es la historia de Aarón y Moisés cuando el Señor habló a Moisés en el monte Sinaí. y éstos son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab, el primogénito, Abihú, Eleazar e Itamar. Éstos son los nombres de los aaronitas ungidos como sacerdotes, a quienes consagró sacerdotes. Nadab y Abihú murieron sin hijos, en presencia del Señor, cuando ofrecieron al Señor fuego profano en el desierto del Sinaí. Eleazar e Itamar oficiaron como sacerdotes en vida de su padre, Aarón.
El Señor dijo a Moisés:
«Haz que se acerque la tribu de Leví y ponla al servicio del sacerdote Aarón. Harán la guardia tuya y de toda la asamblea delante de la Tienda de Reunión y desempeñarán las tareas del santuario. Guardarán todo el ajuar de la Tienda de Reunión y harán la guardia en lugar de los israelitas y desempeñarán las tareas del santuario. Aparta a los levitas de los demás israelitas y dáselos a Aarón y a sus hijos como donados. Encarga a Aarón y a sus hijos que ejerzan las funciones del sacerdocio. Al extraño que se acerque se le dará muerte.»
El Señor dijo a Moisés:
«Yo he elegido a los levitas de entre los israelitas en sustitución de los primogénitos o primeros partos de los israelitas. Los levitas me pertenecen, porque me pertenecen los primogénitos. Cuando di muerte a los primogénitos en Egipto, me consagré todos los primogénitos de Israel, de hombres y de animales. Me pertenecen. Yo soy el Señor.»
El Señor dijo a Moisés:
«Escoge entre los israelitas a los levitas y purifícalos con el siguiente rito: Los rociarás con agua expiatoria. Luego se pasarán la navaja por todo el cuerpo, se lavarán los vestidos y se purificarán. Después cogerán un novillo con la ofrenda correspondiente de flor de harina amasada con aceite. Y tu cogerás otro novillo para el sacrificio expiatorio. Harás que se acerquen los levitas a la Tienda de Reunión y convocarás toda la asamblea de Israel. Puestos los levitas en presencia del Señor, los demás israelitas les impondrán las manos. Aarón, en nombre de los israelitas, se los presentará al Señor con el rito de la agitación, para desempeñar las tareas del Señor.»
Responsorio Sal 15, 6. S; Nm 18, 20
R. Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.
* El Señor es mi heredad y mi copa.
V. El Señor dijo a Aarón: «Tú no recibirás heredad en su
tierra ni tendrás una parte en medio de los israelitas; yo soy tu parte y tu
heredad.»
R. El Señor es mi heredad y mi
copa.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 15 Sobre la pasión del Señor, 3-4: PL 54, 366-367)
MEDITACIÓN SOBRE LA PASIÓN DEL SEÑOR
El que quiera venerar de verdad la pasión del Señor debe contemplar de tal manera, con los ojos de su corazón, a Jesús crucificado, que reconozca su propia carne en la carne de Jesús.
Que tiemble la tierra por el suplicio de su Redentor, que se hiendan las rocas que son los corazones de los infieles y que salgan fuera, venciendo la mole que los abruma, los que se hallaban bajo el peso mortal del sepulcro. Que se aparezcan ahora también en la ciudad santa, es decir, en la Iglesia de Dios, como anuncio de la resurrección futura, y que lo que ha de tener lugar en los cuerpos se realice ya en los corazones.
No hay enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no ayude la oración de Cristo. Pues si ésta fue de provecho para los que tanto se ensañaban con él, ¿cuánto más no lo será para los que se convierten a él?
La ignorancia ha sido eliminada, la dificultad atemperada, y la sangre sagrada de Cristo ha apagado aquella espada de fuego que guardaba las fronteras de la vida. La oscuridad de la antigua noche ha cedido el lugar a la luz verdadera.
El pueblo cristiano es invitado a gozar de las riquezas del paraíso, y a todos los regenerados les ha quedado abierto el regreso a la patria perdida, a no ser que ellos mismos se cierren aquel camino que pudo ser abierto por la fe de un ladrón.
Procuremos ahora que la ansiedad y la soberbia de las cosas de esta vida presente no nos sean obstáculo para conformarnos de todo corazón a nuestro Redentor, siguiendo sus ejemplos. Nada hizo él ni padeció que no fuera por nuestra salvación, para que todo lo que de bueno hay en la cabeza lo posea también el cuerpo.
En primer lugar, aquella asunción de nuestra substancia en la Divinidad, por la cual la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros, ¿a quién dejó excluido de su misericordia sino al que se resista a creer? ¿Y quién hay que no tenga una naturaleza común con la de Cristo, con tal de que reciba al que asumió la suya? ¿Y quién hay que no sea regenerado por el mismo Espíritu por el que él fue engendrado? Finalmente, ¿quién no reconoce en él su propia debilidad? ¿Quién no se da cuenta de que el hecho de tomar alimento, de entregarse al descanso del sueño, de haber experimentado la angustia y la tristeza, de haber derramado lágrimas de piedad es todo ello consecuencia de haber tomado la condición de siervo?
Es que esta condición tenía que ser curada de sus antiguas heridas, purificada de la inmundicia del pecado; por eso el Hijo único de Dios se hizo también hijo del hombre, de modo que poseyó la condición humana en toda su realidad y la condición divina en toda su plenitud.
Es, por tanto, algo nuestro aquel que yació exánime en el sepulcro, que resucitó al tercer día y que subió a la derecha del Padre en lo más alto de los cielos; de manera que, si avanzamos por el camino de sus mandamientos, si no nos avergonzamos de confesar todo lo que hizo por nuestra salvación en la humildad de su cuerpo, también nosotros tendremos parte en su gloria, ya que no puede dejar de cumplirse lo que prometió: A todo aquel que me reconozca ante los hombres lo reconoceré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
Responsorio 1Co 1, 18. 23
R. El mensaje de la cruz es necedad para los que están
en vías de perdición; * pero para los que están en
vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios.
V. Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para
los judíos, necedad para los gentiles.
R. Pero
para los que están en vías de salvación, para nosotros, es fuerza de Dios.
Oración
Padre lleno de amor, concédenos que, purificados por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del
profundo sueño:
tú que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los
brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi
amor y dueño
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus
pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor
de mis pecados
pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis cuidados...
Pero ¿cómo te digo
que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.
SALMODIA
Ant. 1: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Salmo 142, 1-11
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA
ANGUSTIA
El hombre no
se justifica por
cumplir la ley, sino por creer
en Cristo Jesús. (Ga 2,
16)
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
Ant. 1: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Ant. 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.
Cántico
Is 66, 10-14a
CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre. (Ga 4,26)
Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la
amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
a su
pecho seréis alimentados
y os saciaréis de sus consuelos
y apuraréis las
delicias
de sus pechos abundantes.
Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella
como un
río la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las
naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las
acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré
yo
y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos
florecerán como un prado.»
Ant. 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.
Ant. 3: Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
Salmo 146
PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Señor, Dios
eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza.
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una
alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de
Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su
nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene
medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los
malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para
nuestro Dios,
cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la
tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al
hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que
graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los músculos del
hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su
misericordia.
Ant. 3: Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
LECTURA BREVE Cf. 1R 8,51a. 52-53a
Nosotros, Señor, somos tu pueblo y tu heredad; que tus ojos estén abiertos a las súplicas de tu siervo y a la súplica de tu pueblo Israel, para escuchar todos sus clamores hacia ti. Porque tú nos separaste para ti como herencia tuya de entre todos los pueblos de la tierra.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R.
Él me librará de la red del cazador.
V.
Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «No es que yo quiera invocar a mi favor declaración alguna, prestada por los hombres; si aduzco ésta, es mirando por vuestra salvación» dice el Señor.
PRECES
Celebremos la bondad de Dios, que por Cristo se reveló como Padre nuestro, y digámosle de todo corazón: Acuérdate, Señor, de que somos hijos tuyos.
Concédenos vivir con toda plenitud el misterio de la Iglesia, * a fin de que nosotros y todos los hombres encontremos en ella un sacramento eficaz de salvación.
Padre, que amas a todos los hombres, haz que cooperemos al progreso de la comunidad humana * y que en todo busquemos tu reino con nuestros esfuerzos.
Haz que tengamos hambre y sed de justicia * y acudamos a nuestra fuente, que es Cristo, el cual entregó su vida para que fuéramos saciados.
Perdona, Señor, todos nuestros pecados * y dirige nuestra vida por el camino de la sencillez y de la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Padre lleno de amor, concédenos que, purificados por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos
lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 153-160
Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu
voluntad;
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la
justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame
vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de
tus preceptos;
viendo a los renegados sentía indignación,
porque no
guardan tus mandatos.
Mira cómo amo tus decretos, Señor,
por tu misericordia dame
vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son
eternos.
Salmo 127
PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor
te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá
bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta
es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de
Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus
hijos.
¡Paz a Israel!
Salmo 128
ESPERANZA DE UN PUEBLO OPRIMIDO
La Iglesia
habla de los sufrimientos
que tiene que tolerar. (S.
Agustín)
¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
-que lo diga
Israel-,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron
conmigo!
Sobre mis espaldas metieron el arado
y alargaron los
surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los
malvados.
Retrocedan, avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la
hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
que no llena la mano del segador
ni la brazada del que
agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»
Os bendecimos en el nombre del Señor.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,6-7
Buscad al Señor mientras se le puede encontrar, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor y él tendrá piedad, a nuestro Dios que es rico en perdón.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Padre lleno de amor, concédenos que, purificados
por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos
mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las
fiestas de la Pascua. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Dt 30,2-3a
Si vuelves al Señor, tu Dios, si escuchas su voz con todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo el corazón y con toda el alma, entonces el Señor, tu Dios, cambiará tu suerte y tendrá piedad de ti.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Padre lleno de amor, concédenos que, purificados
por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos
mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las
fiestas de la Pascua. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 10,35-36
No perdáis vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Padre lleno de amor, concédenos que, purificados
por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos
mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las
fiestas de la Pascua. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, la luz del día ya se apaga,
la noche va extendiendo
sus tinieblas;
alumbra lo más hondo de las almas
en este santo tiempo de
Cuaresma.
Conoces nuestra vida y nuestra historia
y
sabes que también hemos pecado,
por eso hacia ti nos dirigimos
confiando
que seremos perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos
la senda
que nos lleva hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus
dolores,
sufriendo lo que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre,
que,
junto con tu Hijo Jesucristo,
enviaste tu Espíritu a los hombres,
sellando
con tu gracia sus destinos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.
Salmo 143
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Su brazo se
adiestró en la pelea,
cuando venció al mundo; dijo, en efecto:
«Yo he
vencido al mundo.» (S. Hilario)
I
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los
hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Ant. 1: Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.
Ant. 2: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
II
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa
de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a
David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de
extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en
falso.
Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un
templo.
Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y
nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni
alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios
es el Señor.
Ant. 2: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE St 4,7-8.10
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Pecadores, lavaos las manos; purificad vuestros corazones, gente que obráis con doblez. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Las obras que hago testifican que el Padre me ha enviado», dice el Señor.
PRECES
Celebremos la misericordia de Dios, que nos ilumina con la gracia del Espíritu Santo para que nuestra vida resplandezca con obras de fe y santidad, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, al pueblo redimido por Cristo.
Señor, fuente y autor de toda santidad, haz que los obispos, sacerdotes y diáconos, al participar de la mesa eucarística, se unan más plenamente a Cristo, * para que vean renovada la gracia que les fue conferida por la imposición de manos.
Impulsa a tus fieles para que, con santidad de vida, participen activamente de la mesa de la palabra y del cuerpo de Cristo * y vivan lo que han recibido por la fe y los sacramentos.
Concédenos, Señor, que reconozcamos la dignidad de todo hombre redimido con la sangre de tu Hijo * y que respetemos su libertad y su conciencia.
Haz que todos los hombres sepan moderar sus deseos de bienes temporales * y que atiendan a las necesidades de los demás.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de todos los que has llamado hoy a la eternidad * y concédeles el don de la eterna bienaventuranza.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración
Padre lleno de amor, concédenos que, purificados por la penitencia y santificados por la práctica de buenas obras, sepamos mantenernos siempre fieles a tus mandamientos y lleguemos libres de culpa a las fiestas de la Pascua. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos
lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Oh Redentor, oh Cristo,
Señor del universo,
víctima y sacerdote,
sacerdote y cordero!
Para pagar la deuda
que nos cerraba el cielo,
tomaste
entre tus manos
la hostia de tu cuerpo
y ofreciste tu sangre
en el
cáliz del pecho:
altar blando, tu carne;
altar duro, un madero.
¡Oh Cristo Sacerdote,
hostia a la vez y templo!
Nunca
estuvo la vida
de la muerte tan dentro,
nunca abrió tan terribles
el
amor sus veneros.
El pecado del hombre,
tan huérfano del cielo,
se hizo
perdón de sangre
y gracia de tu cuerpo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó.
Salmo
77,1-39
BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA
SALVACIÓN
Estas cosas sucedieron
en figura para vosotros.
(1Co 10,6)
I
Escucha, pueblo mío, mi
enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi
boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos,
lo contaremos a la próxima generación:
las alabanzas del Señor,
su
poder, las maravillas que realizó:
porque él estableció una norma para
Jacob,
dio una ley a Israel.
Él mandó a nuestros padres
que lo enseñaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación
siguiente:
los hijos que nacieran después.
Que surjan y le cuenten a sus
hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de
Dios,
sino que guarden sus mandamientos;
para que no imiten a sus
padres,
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón
inconstante,
de espíritu infiel a Dios.
Los arqueros de la tribu de
Efraím
volvieron la espalda en la batalla;
no guardaron la alianza de
Dios,
se negaron a seguir su ley,
echando en olvido sus acciones,
las maravillas que les había mostrado,
cuando hizo portentos a vista de
sus padres,
en el país de Egipto, en el campo de Soán:
hendió el mar para abrirles
paso,
sujetando a las aguas como muros;
los guiaba de día con una nube,
de noche con el resplandor del fuego;
hendió la roca en el desierto,
y les dio a beber raudales de agua;
sacó arroyos de la peña,
hizo
correr las aguas como ríos.
Ant.1: Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó.
Ant. 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía.
II
Pero ellos volvieron a pecar
contra él,
y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:
tentaron a
Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: «¿Podrá
Dios
preparar una mesa en el desierto?
Él hirió la roca, brotó agua
y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan,
proveer
de carne a su pueblo?»
Lo oyó el Señor, y se indignó;
un fuego se encendió contra Jacob,
hervía su cólera contra Israel,
porque no tenían fe en Dios
ni confiaban en su auxilio.
Pero dio orden a las altas
nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste;
y el hombre comió pan de ángeles,
les
mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el
levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur;
hizo llover carne como
una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad
del campamento,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron y se hartaron,
así satisfizo su avidez;
pero con la avidez recién saciada,
con la
comida aún en la boca,
la ira de Dios hirvió contra ellos:
mató a los
más robustos,
doblegó a la flor de Israel.
Ant. 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía.
Ant. 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor.
III
Y con todo, volvieron a pecar,
y no dieron fe a sus milagros:
entonces consumió sus días en un soplo,
sus años en un momento;
y, cuando los hacía morir, lo
buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que
Dios era su roca,
el Dios Altísimo, su redentor.
Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran
fieles a su alianza.
Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor;
acordándose que eran de carne,
un
aliento fugaz que no torna.
Ant. 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor.
V. Convertíos al Señor, vuestro
Dios.
R. Porque es compasivo y misericordioso.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 10, 1-10
NUESTRA SANTIFICACIÓN SE OPERA POR EL SACRIFICIO DE CRISTO
Hermanos: La ley .contiene sólo una sombra de los bienes futuros, no la realidad misma de las cosas; por eso, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, no puede de ninguna manera dar la perfección a quienes buscan acercarse a Dios.
De otro modo, los que ofrecen ese culto, una vez purificados, ¿no habrían cesado ya de ofrecer tales sacrificios al no tener ya conciencia de pecado? Sin embargo, en esos sacrificios se sigue haciendo cada año memoria de los pecados, pues es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos borre los pecados.
Por eso Cristo, al entrar en este mundo, dice: «No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no te complaciste en holocaustos ni en sacrificios por el pecado; entonces yo exclamé: "Ya estoy aquí, oh Dios, para cumplir tu voluntad" -pues así está escrito dé mí en el rollo de la ley-.»
Dice lo primero: «No quisiste sacrificios, ni ofrendas, ni holocaustos, ni sacrificios por el pecado, ni en ellos te complaciste», a pesar de que todos ellos son ofrecidos según la ley. Pero en seguida dice: «Ya estoy aquí para cumplir tu voluntad.» Con esto abroga lo primero y establece lo segundo. En virtud de esta voluntad, quedamos nosotros santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, ofrecida una vez para siempre.
Responsorio Hb 10, 5. 6. 7. 4 (Sal 39, 7-8)
R. No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has
preparado un cuerpo; no te complaciste en holocaustos ni en sacrificios por el
pecado; entonces yo exclamé: * «Ya estoy aquí, oh
Dios, para cumplir tu voluntad.»
V. Es imposible
que la sangre de los toros y de los machos cabríos borre los pecados; por eso
Cristo, al entrar en el mundo, dice:
R. «Ya estoy
aquí, oh Dios, para cumplir tu voluntad.»
Año II:
Del libro de los Números 9, 15-10, 10. 33-36
LA COLUMNA DE NUBE
En aquellos días, cuando los israelitas montaban la Tienda, la nube cubría el santuario sobre la Tienda de la Alianza, y desde el atardecer al amanecer se veía sobre el santuario una especie de fuego. Así sucedía siempre: la nube lo cubría y de noche se veía una especie de fuego. Cuando se levantaba la nube sobre la Tienda, los israelitas se ponían en marcha. Y donde se detenía la nube, acampaban. A la orden del Señor se ponían en marcha y a la orden del Señor acampaban. Mientras estaba la nube sobre el santuario, acampaban. Y, si se quedaba muchos días sobre el santuario, los israelitas, respetando la prohibición del Señor, no se ponían en marcha.
A veces la nube se quedaba pocos días sobre el santuario; entonces, a la orden del Señor acampaban y a la orden del Señor se ponían en marcha. Otras veces se quedaba desde el atardecer hasta el amanecer, y, cuando al amanecer se levantaba, se ponían en marcha. O se quedaba un día y una noche, y, cuando se levantaba, se ponían en marcha. A veces se quedaba sobre el santuario dos días o un mes o más tiempo aún; durante este tiempo los israelitas seguían acampados sin ponerse en marcha. Sólo cuando se levantaba se ponían en marcha. A la orden del Señor acampaban y a la orden del Señor se ponían en marcha. Respetaban la orden del Señor comunicada por Moisés.
El Señor dijo a Moisés:
«Haz dos trompetas de plata labrada para convocar a la comunidad y poner en marcha el campamento. Al toque de las dos trompetas se reunirá contigo toda la comunidad a la entrada de la Tienda de Reunión. Al toque de una sola, se reunirán contigo los jefes de clanes. Al primer toque agudo se pondrán en movimiento los que acampan al este. Al segundo, los que acampan al sur. Se les dará un toque para que se pongan en marcha. Para convocar a la asamblea se dará un toque, pero no agudo.
Se encargarán de tocar las trompetas los sacerdotes aaronitas. Es ley perpetua para vuestras generaciones. Cuando en vuestro territorio salgáis a luchar contra el enemigo que os oprima, tocaréis a zafarrancho. Y el Señor, vuestro Dios, se acordará de vosotros y os salvará de vuestros enemigos. También los días de fiesta, festividades y principios de mes tocaréis las trompetas anunciando los holocaustos y sacrificios de comunión. Y vuestro Dios se acordará de vosotros. Yo soy el Señor, vuestro Dios.»
Los israelitas partieron del monte del Señor y anduvieron por espacio de tres días. Durante todo el tiempo el arca de la alianza del Señor marchaba al frente de ellos, buscándoles un lugar donde descansar. Desde que se pusieron en marcha, la nube del Señor iba sobre ellos. Cuando el arca se ponía en marcha, Moisés decía:
«¡Levántate, Señor! Que se dispersen tus enemigos, huyan de tu presencia los que te odian.»
Y, cuando se detenía el arca, decía:
«Descansa, Señor, entre las multitudes de Israel.»
Responsorio Cf. Ne 9, 12; Cf Is 4, 5
R. Con columna de nube el Señor los guió de día, con
columna de fuego por la noche, * para alumbrar ante
ellos el camino por donde habían de marchar.
V.
Creó el Señor una nube de humo durante el día y un fuego llameante durante la
noche.
R. Para alumbrar ante ellos el camino por
donde habían de marchar.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas pascuales de san Atanasio, obispo
(Carta S, 1-2: PG 26, 1379-1380)
LA CELEBRACIÓN DE LA PASCUA JUNTA EN UNA MISMA FE A LOS QUE SE ENCUENTRAN CORPORALMENTE SEPARADOS
Vemos, hermanos míos, cómo vamos pasando de una fiesta a otra, de una celebración a otra, de una solemnidad a otra. Ahora ha llegado aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, la preparación de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado. Nosotros nos alimentamos, como de un manjar de vida, y deleitamos siempre nuestra alma con la sangre preciosa de Cristo, como de una fuente; y, con todo, siempre estamos sedientos de esa sangre, siempre sentimos un ardiente deseo de recibirla. Pero nuestro Salvador está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas. palabras suyas: El que tenga sed que venga a mí y que beba.
No sólo podemos siempre acercamos a saciar nuestra sed, sino que además, siempre que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto espiritual de esta fiesta no queda limitado a un tiempo determinado, ya que sus rayos esplendorosos no conocen ocaso, sino que está siempre a punto de iluminar las mentes que así lo desean. Goza de una virtualidad ininterrumpida para con aquellos cuya mente está iluminada y que día y noche están atentos al libro sagrado, como aquel hombre a quien el salmo proclama dichoso, cuando dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.
Ahora bien, el mismo Dios, amados hermanos, que al principio instituyó para nosotros esta fiesta, nos ha concedido poderla celebrar cada año; y el que entregó a su Hijo a la muerte por nuestra salvación nos otorga, por el mismo motivo, la celebración anual de este. sagrado misterio. Esta fiesta nos sostiene en medio de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos comunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, como es de ley en esta fiesta. Esto es lo admirable de esta festividad: que él reúne para celebrarla a los que están lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados.
Responsorio So 3, 8. 9; Jn 12, 32
R. Esperadme el día en que me levantaré como testigo
-dice el Señor-; * entonces daré a los pueblos labios
puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan
unánimes.
V. Yo, cuando sea levantado en alto
sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
R.
Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del
Señor, para que le sirvan unánimes.
Oración
Señor Dios, que nos proporcionas abundantemente los auxilios que necesita nuestra fragilidad, haz que recibamos con alegría la redención que nos otorgas y que la manifestemos a los demás con nuestra propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de la cruz los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando,
y sin
ellos quererlo estén llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis
desvíos,
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos quererlo estén
rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.
Y así con la mirada en vos prendida,
y así
con la palabra prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera;
y así
clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Ant. 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Cántico
Tb 13, 10-15. 17-19
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO
Me enseñó la
ciudad santa,
Jerusalén, que traía la gloria
de Dios. (Ap 21,
10-11)
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén,
la ciudad del Santo;
por las obras de tus hijos te
azotará,
pero de nuevo se compadecerá
de los hijos de los
justos.
Confiesa dignamente al Señor
y bendice al rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti
edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos
y muestre en ti su amor hacia los
desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.
Brillarás cual luz de lámpara
y todos los confines de la tierra
vendrán a ti.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
al nombre del Señor,
nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el rey del
cielo.
Las generaciones de las generaciones
exultarán en ti.
Y
benditos para siempre todos los que te aman.
Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán
congregados,
y al Señor de los justos bendecirán.
Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos
cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán
contemplando toda tu gloria,
y se regocijarán para siempre.
Bendice, alma mía, a Dios, rey grande,
porque Jerusalén con
zafiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.
Ant. 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Ant. 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
LECTURA BREVE Is 53,11b-12
Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «¡Vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy!; pero yo no he venido por cuenta propia, sino que me ha enviado mi Padre», dice el Señor.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, exaltado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que nos proporcionas abundantemente los auxilios que necesita nuestra fragilidad, haz que recibamos con alegría la redención que nos otorgas y que la manifestemos a los demás con nuestra propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 161-168
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba
tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico
botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.
Siete veces al día te alabo
por tus justos
mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace
tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.
Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo
tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos.
Salmo 132
FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
Amémonos unos
a otros,
ya que el amor es de Dios.
(1Jn 4, 7).
Ved qué paz y qué alegría,
convivir los hermanos
unidos.
Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la
barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su
ornamento.
Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte
Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para
siempre.
Salmo 139, 1-9. 13-14
TÚ ERES MI REFUGIO
El Hijo del
hombre va a ser entregado
en manos de los pecadores.
(Mt 26,
45)
Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre
violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan
contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en
los labios.
Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres
violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden
trampas,
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan
lazos.
Pero yo digo al Señor: "Tú eres mi Dios";
Señor, atiende a mis
gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el
día de la batalla.
Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus
proyectos.
Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el
derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán
en tu presencia.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 55,3
Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor Dios, que nos proporcionas abundantemente los
auxilios que necesita nuestra fragilidad, haz que recibamos con alegría la
redención que nos otorgas y que la manifestemos a los demás con nuestra propia
vida. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Cf. Jr 3,12b.14a
«Volveos -oráculo del Señor-. NO os pondré mala cara, porque soy compasivo y no me irrito para siempre. Volved, hijos rebeldes», oráculo del Señor.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor Dios, que nos proporcionas abundantemente los
auxilios que necesita nuestra fragilidad, haz que recibamos con alegría la
redención que nos otorgas y que la manifestemos a los demás con nuestra propia
vida. Por Cristo nuestro Señor.
Nona St 1,27
La religión pura y sin mancha ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: en visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y en conservarse limpio de toda mancha en este mundo.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor Dios, que nos proporcionas abundantemente los
auxilios que necesita nuestra fragilidad, haz que recibamos con alegría la
redención que nos otorgas y que la manifestemos a los demás con nuestra propia
vida. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Muere la vida y vivo yo sin vida
ofendiendo
la vida de mi muerte;
sangre divina de las venas vierte
y mi diamante su
dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una
dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su
cuerpo la mayor herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu
Dios abierto el lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres
tú mi vida, Cristo mío,
y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y el que era, el Santo. (Ap 16,
5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 1: Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.
Ant. 2: Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 2: Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE St 5,16.19-20
Confesaos mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia. Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Nadie puso las manos en Jesús, porque aún no había llegado su hora.
PRECES
Adoremos al Salvador de los hombres, que muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida, y digámosle humildemente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos que imitemos a tu Madre, consuelo de los afligidos, * para que podamos consolar a los tristes, mediante el consuelo con que nosotros somos por ti consolados.
Concede a tus fieles participar en tu pasión por medio de sus sufrimientos, * para que tu salvación se manifieste también en ellos.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * enséñanos a ser obedientes y a tener paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dígnate transfigurar a los difuntos a semejanza de tu cuerpo glorioso * y concédenos a nosotros ser un día partícipes de la gloria de ellos.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos confiados a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que nos proporcionas abundantemente los auxilios que necesita nuestra fragilidad, haz que recibamos con alegría la redención que nos otorgas y que la manifestemos a los demás con nuestra propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús
mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno
oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas
de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la
ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos»,
respondía,
para lo mismo responder mañana! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor los rescató de la opresión.
Salmo 77,40-72
Estas cosas sucedieron en
figura para vosotros.
(1Co 10,6)
IV
¡Qué rebeldes fueron en el
desierto,
enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios,
a
irritar al Santo de Israel,
sin acordarse de aquella mano
que un día los
rescató de la opresión;
cuando hizo prodigios en
Egipto,
portentos en el campo de Soán;
cuando convirtió en sangre
los canales y los arroyos,
para que no bebieran;
cuando les mandó tábanos que
les picasen,
y ranas que los hostigasen;
cuando entregó a la langosta
sus cosechas,
y al saltamontes el fruto de sus sudores;
cuando aplastó con granizo sus
viñedos,
y con escarcha sus higueras,
cuando entregó sus ganados al
pedrisco,
y al rayo sus rebaños;
cuando lanzó contra ellos el
incendio de su ira,
su cólera, su furor, su indignación
y, despachando a
los siniestros mensajeros,
dio curso libre a su ira:
no los salvó de la muerte,
entregó sus vidas a la peste;
cuando hirió a los primogénitos en Egipto,
a las primicias de la virilidad
en las tiendas de Cam.
Ant.1: El Señor los rescató de la opresión.
Ant. 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.
V
Sacó como un rebaño a su
pueblo,
los guió como un hato por el desierto,
los condujo seguros, sin
alarmas,
mientras el mar cubría a sus enemigos;
los hizo entrar por las santas
fronteras
hasta el monte que su diestra había adquirido;
ante ellos
rechazó a las naciones,
les asignó por suerte su heredad:
instaló en sus
tiendas a las tribus de Israel.
Pero ellos tentaron a Dios
altísimo y se rebelaron,
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y
traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso;
con sus
altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y
rechazó totalmente a Israel;
abandonó su morada de Silo,
la tienda en
que habitaba con los hombres;
abandonó sus valientes al
cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la
espada,
encolerizado contra su heredad;
el fuego devoraba a los
jóvenes,
y las novias ya no tenían cantos;
los sacerdotes caían a
espada,
y sus viudas no los lloraban.
Ant. 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.
Ant. 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
VI
Pero el Señor se despertó como
de un sueño,
como un soldado vencido por el vino:
hirió al enemigo en la
espalda,
infligiéndole una derrota perdurable.
Repudió las tiendas de José,
no escogió la tribu de Efraím;
escogió la tribu de Judá
y el monte
Sión, su preferido.
Construyó su santuario como el cielo,
como a la
tierra lo cimentó para siempre.
Escogió a David, su siervo,
lo sacó de los apriscos del rebaño;
de andar tras las ovejas,
lo
llevó a pastorear a su pueblo Jacob,
a Israel, su heredad.
Los pastoreó con corazón
íntegro,
los guiaba con mano inteligente.
Ant. 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
V. El que obra la verdad viene a la
luz.
R. Y sus obras quedan de manifiesto.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 10, 11-25
PERSEVERANCIA EN LA FE
Hermanos: Todo sacerdote asiste de pie cada día, oficiando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que de ningún modo pueden borrar los pecados. Cristo, en cambio, habiendo ofrecido un solo sacrificio en expiación de los pecados, está sentado para siempre a la diestra de Dios, y espera el tiempo que falta «hasta que sus enemigos sean hechos estrado de sus pies». Así, con una sola oblación, ha llevado para siempre a la perfección en la gloria a los que ha santificado.
Nos lo atestigua también el Espíritu Santo. Después de haber dicho: «Así será la alianza que haré con ellos después de aquellos días: Imprimiré mi ley en sus corazones, la escribiré en sus mentes», termina así: «De sus crímenes y pecados ya no me acordaré más.» Así que, allí donde se da remisión de los pecados, ya no hay más sacrificio por el pecado.
En virtud de la sangre de Cristo, tenemos, pues, hermanos, plena seguridad y confianza para entrar en el santuario. Éste es el camino nuevo y lleno de vida, que ha inaugurado él para nosotros pasando por el velo, es decir, por su condición de sumisión a la muerte. Tenemos, pues, un gran sacerdote al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, por lo tanto, con sinceridad de corazón, con plenitud de fe, purificados los corazones de toda mancha de que tengamos conciencia y lavado el cuerpo con agua pura. Mantengamos firmemente la profesión de nuestra esperanza (porque fiel es Dios que nos hizo las promesas); y miremos los unos por los otros, para estimulamos a la caridad y a las buenas obras. No desertemos de nuestra propia asamblea, como acostumbran algunos, sino alentémonos unos a otros; tanto más, cuanto que veis acercarse el Día del Señor.
Responsorio Cf. Hb 9, 15; 10, 20. 19; d. Mi 2, 13
R. Cristo, mediador de la nueva alianza, * ha inaugurado para nosotros, pasando por el velo, es
decir, por su condición de sumisión a la muerte, un camino nuevo y lleno de vida
para entrar en el santuario.
V. Delante marcha el
rey, el Señor a la cabeza.
R. Ha inaugurado para
nosotros, pasando por el velo, es decir, por su condición de sumisión a la
muerte, un camino nuevo y lleno de vida para entrar en el santuario.
Año II:
Del libro de los Números 11, 4-6. 10-30
EL ESPÍRITU DE DIOS ES INFUNDIDO SOBRE LOS SETENTA ANCIANOS DE ISRAEL
En aquellos días, la muchedumbre que iba con los hijos de Israel estaba hambrienta, y los mismos israelitas se pusieron a llorar con ellos, diciendo:
«¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones, de los puerros y cebollas y ajos. Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»
Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor, y, disgustado, dijo al Señor:
«¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que lo haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo acaso a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: "Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres"? ¿De dónde sacaré carne para repartirla a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: "Danos de comer carne." Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mí. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir: concédeme este favor, y no tendré que pasar tales desventuras.»
El Señor respondió a Moisés:
«Reúneme setenta ancianos de Israel, de los que te conste que son ancianos realmente al servicio del pueblo; llévalos a la Tienda de Reunión, y que esperen allí contigo. Yo bajaré y hablaré allí contigo. Tomaré una parte del espíritu que posees y se lo pasaré a ellos, para que se repartan contigo la carga del pueblo y no la tengas que llevar tú solo.
Al pueblo le dirás: "Purificaos para mañana, pues comeréis carne. Habéis llorado pidiendo al Señor: '¡Quién nos diera de comer carne! Nos iba mejor en Egipto.' El Señor os dará de comer carne. No un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte, sino un mes entero, hasta que os produzca náusea y la vomitéis. Porque habéis rechazado al Señor, que va en medio de vosotros, y os habéis lamentado ante él, diciendo: '¿Por qué salimos de Egipto?"'»
Replicó Moisés:
«El pueblo que va conmigo cuenta seiscientos mil de a pie, y tú dices: "Les daré carne para que coman un mes entero." Aunque matemos las vacas y las ovejas no les bastará, y aunque reuniera todos los peces del mar, no sería suficiente.»
El Señor respondió a Moisés:
«¿Tan mezquina es la mano de Dios? Ahora verás si se cumple mi palabra o no.»
Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Después reunió a los setenta ancianos y los colocó alrededor de la Tienda. El Señor bajó en la nube, habló con él y, tomando parte del espíritu que había en Moisés, se lo pasó a los setenta ancianos. Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían acudido a la Tienda. Pero el espíritu se posó también sobre ellos y se pusieron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:
«Eldad y Mesiad están profetizando en el campamento.»
Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:
«Señor mío, Moisés, prohíbeselo.» Moisés le respondió:
«¿Estás celoso por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!»
Y Moisés volvió al campamento con los ancianos de Israel.
Responsorio Jl 2, 28. 29; Hch 1, 8
R. Derramaré mi espíritu sobre toda carne, y
profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas. *
Derramaré mi espíritu en aquellos días.
V. Recibiréis la fortaleza del
Espíritu Santo y seréis mis testigos hasta los últimos confines de la
tierra.
R. Derramaré mi espíritu en aquellos días.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 37-38)
TODA LA ACTIVIDAD DEL HOMBRE HA DE SER PURIFICADA POR EL MISTERIO PASCUAL
La sagrada Escritura, con la cual está de acuerdo la experiencia de los siglos, enseña a la familia humana que el progreso, altamente beneficioso para el hombre, también encierra, sin embargo, una gran tentación; pues los individuos y las colectividades, si llega a quedar subvertida la jerarquía de los valores y mezclado el bien con el mal, no miran más que a lo suyo, olvidando lo ajeno. Con lo cual el mundo no es ya el ámbito de una auténtica fraternidad, al tiempo que el poder creciente de la humanidad amenaza con destruir al propio género humano.
Si nos preguntamos cómo es posible superar tan deplorable calamidad, debemos-saber que la respuesta cristiana es la siguiente: hay que purificar y perfeccionar por la cruz y resurrección de Cristo todas las actividades humanas, las cuales, a causa de la soberbia y del egoísmo, corren diario peligro.
El hombre, redimido por Cristo y hecho en el Espíritu Santo nueva creatura, puede y debe amar las cosas creadas por Dios. Pues de Dios las recibe, y las mira y respeta como objetos salidos de las manos de Dios.
Dando gracias por ellas al Bienhechor y usando y gozando de las creaturas con pobreza y libertad de espíritu, el hombre entra de veras en posesión del mundo, como quien nada tiene y es dueño de todo. Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
El Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, hecho él mismo carne y habitando en la tierra, entró como hombre perfecto en la historia del mundo, asumiéndola y constituyéndose él mismo como centro y cabeza de todas las cosas. Es él quien nos revela que Dios es amor, a la vez que nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana y, por tanto, de la transformación del mundo es el mandamiento nuevo del amor.
Así, pues, a los que creen en el amor divino les da la certeza de que el camino del amor está abierto para ei hombre, y que el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal no es una utopía. Al mismo tiempo advierte que esta caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria.
Él, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo que hemos de llevar también la cruz, que la carne y el mundo echan sobre los hombros de quienes buscan la paz y la justicia.
Constituido Señor por su resurrección, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo también, con ese deseo, aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin.
Mas los dones del Espíritu Santo son diversos: pues mientras llama a unos para que den un manifiesto testimonio, por medio de su ardiente anhelo de la morada celestial, y conserven así vivo este anhelo en medio de la humanidad, a otros los llama para que se dediquen al servicio temporal de esa humanidad, y preparen así el material del reino de los cielos.
A todos, sin embargo, los libera, para que, con la abnegación propia y por el empleo de todas las energías terrenas en pro de la vida humana, proyecten su preocupación hacia los tiempos futuros, cuando la humanidad entera llegará a ser una ofrenda acepta a Dios.
Responsorio 2Co 5, 15; Rm 4, 25
R. Cristo murió por todos, *
para que los que viven no vivan ya para sí, sino para aquel que murió y resucitó
por ellos.
V. Fue entregado a la muerte por
nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación.
R. Para que los que viven no vivan ya para sí, sino para
aquel que murió y resucitó por ellos.
Oración
Señor, que tu amor misericordioso dirija siempre nuestros deseos y actividades, pues sabemos que sin tu ayuda no podemos complacerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Los hombros traigo cargados
de graves
culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de
flaqueza;
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y
lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos,
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis
culpas mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos
yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad,
criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo.
(S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con
aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán
su derrota.
El justo crecerá como una palmera
se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.
Ant. 2: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
Cántico
Ez 36, 24-28
DIOS RENOVARÁ A SU PUEBLO
Ellos serán
su pueblo y Dios
estará con ellos. (Ap 21, 3)
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los
países,
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de
todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un
corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra
carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis
preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros
seréis mi pueblo
y yo seré vuestro Dios.
Ant. 2: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
Ant. 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza.
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio a
la Iglesia como cabeza, sobre todo.
( Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre las cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre los obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza.
LECTURA BREVE Is 1,16-18
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Jamás hombre alguno ha hablado como éste.
PRECES
Demos gracias siempre y en todo lugar a Cristo, nuestro Salvador, y supliquémosle, diciendo: Ayúdanos, Señor, con tu gracia.
Concédenos guardar sin mancha nuestros cuerpos, * para que el Espíritu Santo pueda habitar en ellos.
Desde el comienzo del día acrecienta en nosotros el amor a nuestros hermanos * y el deseo de cumplir tu voluntad en todas las acciones de esta jornada.
Danos hambre del alimento que perdura y da vida eterna, * y que tú diariamente nos proporcionas.
Que interceda por nosotros tu santísima Madre, refugio de pecadores, * para que obtengamos el perdón de nuestros pecados.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos al Padre que nos libre de todo mal, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, que tu amor misericordioso dirija siempre nuestros deseos y actividades, pues sabemos que sin tu ayuda no podemos complacerte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 169-176
Que llegue mi clamor a tu Presencia,
Señor, con tus
palabras, dame inteligencia;
que mi súplica entre en tu presencia,
líbrame
según tu promesa;
de mis labios brota la alabanza,
porque me enseñaste tus
leyes.
Mi lengua canta tu fidelidad,
porque todos tus preceptos son
justos:
que tu mano me auxilie,
ya que prefiero tus decretos;
ansío tu
salvación, Señor,
tu voluntad es mi delicia.
Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me
auxilien:
me extravié como oveja perdida:
busca a tu siervo, que no olvida
tus mandatos.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a
recibirlo! (Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Ap 3,19-20
Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Ánimo, pues, y arrepiéntete! Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Señor, que tu amor misericordioso dirija siempre
nuestros deseos y actividades, pues sabemos que sin tu ayuda no podemos
complacerte. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 44,21-22
Acuérdate de que eres mi siervo. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como nieve tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Señor, que tu amor misericordioso dirija siempre
nuestros deseos y actividades, pues sabemos que sin tu ayuda no podemos
complacerte. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ga 6,7b-8
De Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne , de la carne cosechará corrupción; el que siempre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Señor, que tu amor misericordioso dirija siempre
nuestros deseos y actividades, pues sabemos que sin tu ayuda no podemos
complacerte. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
HIMNO
Insigne defensor de nuestra causa,
Señor y
Salvador del pueblo humano,
acoge nuestras súplicas humildes,
perdona
nuestras culpas y pecados.
El día con sus gozos y sus penas
pasó
dejando huellas en el alma,
igual que nuestros pies en su camino
dejaron
en el polvo sus pisadas.
No dejes de mirarnos en la noche,
dormida
nuestra vida en su regazo;
vigila el campamento de los hombres,
camino de
tu reino ya cercano.
Ahuyenta de tu pueblo la zozobra,
sé nube
luminosa en el desierto,
sé fuerza recobrada en el descanso,
mañana y
horizonte siempre abierto.
Bendice, Padre santo, la tarea
del pueblo
caminante en la promesa;
llegados a Emaús, tu Hijo amado
nos parta el pan
y el vino de la cena. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Pondré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Salmo 140, 1-9
ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
El humo del
incienso subió a la presencia de Dios,
de mano del ángel, en representación
de las oraciones de los santos. (Ap 8, 4)
Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando
te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis
manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta
de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer
crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en
banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el
ungüento del impío
no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su
malicia.
Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras
amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos
nuestros huesos
a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me
dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los
malhechores.
Ant. 1: Pondré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
Ant. 2: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Salmo 141
ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TÚ ERES MI
REFUGIO
Todo lo que
describe el salmo
se realizó en el Señor durante su pasión.
(S.
Hilario)
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al
Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi
angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde
avanzo
me han escondido una trampa.
Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo
adónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad
en el país de la vida.»
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis
perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán
los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Ant. 2: Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Ant. 3: A pesar de ser Hijo, aprendió en sus padecimientos la obediencia.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: A pesar de ser Hijo, aprendió en sus padecimientos la obediencia.
LECTURA BREVE 1Pe 1,18-21
Ya sabéis con qué os rescataron: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha. Ya de antes de la creación del mundo estaba él predestinado para eso; y al fin de los tiempos se ha manifestado por amor a vosotros. Por él creéis en Dios que lo resucitó de entre los muertos y lo glorificó. Así vuestra fe y esperanza se centran en Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos, Señor.
V.
Cristo, oye los ruegos de los que te suplicamos.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria. R. Escúchanos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: El Padre,
que ha resucitado a Cristo de entre los muertos, nos vivificará; su Espíritu
habita en nosotros.
Año B: El grano de trigo que
cae a tierra queda infecundo, si no muere; pero, si muere, produce mucho
fruto.
Año C: No es la ley lo que nos justifica,
sino la fe en Cristo.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, el Señor, que ha querido ser nuestro Maestro, nuestro ejemplo y nuestro hermano, y supliquémosle, diciendo: Renueva, Señor, a tu pueblo.
Cristo, hecho en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, haz que nos alegremos con los que se alegran y sepamos llorar con los que están tristes, * para que nuestro amor crezca y sea verdadero.
Concédenos saciar tu hambre en los hambrientos * y tu sed en los sedientos.
Tú que resucitaste a Lázaro de la muerte, * haz que, por la fe y la penitencia, los pecadores vuelvan a la vida cristiana.
Haz que todos, según el ejemplo de la Virgen María y de los santos, * sigan con más diligencia y perfección tus enseñanzas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concédenos, Señor, que nuestros hermanos difuntos sean admitidos a la gloria de la resurrección * y gocen eternamente de tu amor.
Pidamos a nuestro Padre que nos dé la fuerza que necesitamos para no caer en la tentación: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no
enrojecemos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de
cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón
sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los
cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos
del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del
regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el
Señor, que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se
anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de
su pueblo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
Salmo 1
LOS DOS CAMINOS DEL HOMBRE
Felices los
que, poniendo su esperanza en la cruz,
se sumergieron en las aguas del
bautismo.
Dichoso el hombre,
que no sigue el consejo de los impíos,
ni
entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los
cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y
noche.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto
a su tiempo
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen
fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el
viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la
asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los
justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
Ant. 1: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
Ant. 2: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo.
Salmo 2
EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Verdaderamente se aliaron contra tu santo siervo
Jesús, tu Ungido.
(Hch 4, 27)
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un
fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de
ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he
establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres
mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las
naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro
de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la
tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea
que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su
ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. 2: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo.
Ant. 3: Tú, Señor, eres mi escudo y mantienes alta mi cabeza.
Salmo 3
CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA
Durmió el
Señor el sueño de la muerte y resucitó del sepulcro
porque el Padre fue su
ayuda. (S. Ireneo)
Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra
mí;
cuántos dicen de mí:
«Ya no lo protege Dios.»
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi
cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte
santo.
Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me
sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi
alrededor.
Levántate, Señor;
sálvame, Dios mío:
tu golpeaste a mis
enemigos en la mejilla,
rompiste los dientes de los malvados.
De ti, Señor, viene la salvación
y la bendición sobre tu
pueblo.
Ant. 3: Tú, Señor, eres mi escudo y mantienes alta mi cabeza.
V. El que guarde mi
palabra.
R. No verá jamás la muerte.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 10, 26-39
ESPERA DEL DÍA DEL SEÑOR
Hermanos: Si, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, continuamos pecando deliberadamente, ya no nos queda sacrificio por los pecados. Sólo queda la perspectiva, terrible cual ninguna otra, del juicio y de la cólera inflamada de Dios, que devorará a los rebeldes.
Quien desprecia la ley de Moisés es condenado a muerte sin compasión, por el testimonio de dos o tres testigos. Pues bien, ¿no creéis que merecerá un castigo mucho más terrible aquel que pisotea al Hijo de Dios, y tiene por inmunda la sangre de la alianza en que fue santificado, y ultraja al Espíritu de la gracia? Ya conocemos a aquel que dijo: «Es mía la venganza. Yo infligiré el castigo.» Y también: «El Señor juzgará a su pueblo.» Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo.
Traed a la memoria los días primeros, en que, después de haber sido iluminados, soportasteis tan duros combates y padecimientos. Por un lado, estabais expuestos a la pública afrenta y persecución y, por otro, hacíais causa común con los que en tal situación se encontraban. Porque, en efecto, teníais parte en los sufrimientos de los encarcelados y aceptasteis con alegría el despojo de. vuestros bienes, sabiendo que estáis en posesión de una riqueza mejor y permanente.
No perdáis, pues, vuestra confianza. Ella lleva en sí una gran recompensa. Tenéis necesidad de constancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa. Porque «todavía un poco de tiempo, un poco nada más: y el que ha de venir vendrá y no tardará». «El justo vivirá por la fe, pero si vuelve atrás no pondré en él mi complacencia.» Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino hombres de fe que vamos hacia la salvación de nuestras almas.
Responsorio Hb 10, 35. 36; Lc 21, 19
R. No perdáis
vuestra confianza; tenéis necesidad de constancia, *
para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis alcanzar la promesa.
V. Siendo constantes, salvaréis vuestras vidas.
R. Para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis
alcanzar la promesa.
Año II:
Del libro de los Números 12, 1.15
HUMILDAD y GRANDEZA DE MOISÉS
En aquellos días, María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado por esposa. Dijeron:
«¿Ha hablado el Señor sólo a Moisés? ¿No nos ha hablado también a nosotros?»
El Señor lo oyó. Moisés era el hombre más sufrido del mundo. El Señor habló de repente a Moisés, Aarón y María:
«Salid los tres hacia la Tienda de Reunión.»
Y los tres salieron. El Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada de la Tienda, y llamó a Aarón y María. Ellos se adelantaron y el Señor les dijo:
«Escuchad mis palabras: Cuando hay entre vosotros un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños; no así a mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara; en presencia y no adivinando contempla la figura del Señor. ¿Cómo os habéis atrevido a hablar contra mi siervo Moisés?»
La ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó. Al apartarse la nube de la Tienda, María tenía toda la piel descolorida, como nieve. Aarón se volvió y la vio con toda la piel descolorida. Entonces Aarón dijo a Moisés:
"Perdón; no nos exijas cuentas del pecado que hemos cometido insensatamente. No dejes a María como un aborto que sale del vientre, con la mitad de la carne comida.»
Moisés suplicó al Señor:
"Por favor, cúrala.»
El Señor respondió:
"Si su padre le hubiera escupido en la cara, habría quedado infamada siete días. Confinadla siete días fuera del campamento y al séptimo se incorporará de nuevo.»
La confinaron siete días fuera del campamento, y el pueblo no se puso en marcha hasta que María se incorporó a ellos.
Responsorio Hb 3, 5. 6; Sir 45, 1. 4
R. Moisés fue
fiel a toda la casa de Dios, en su calidad de servidor; * en cambio, Cristo es fiel en su calidad de Hijo al frente
de su propia casa; y su casa somos nosotros.
V. Amado de Dios y de los
hombres, bendita es la memoria de Moisés; por su fidelidad y humildad, lo
escogió entre todos los hombres.
R. En cambio, Cristo es fiel en su calidad
de Hijo al frente de su propia casa; y su casa somos nosotros.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas pascuales de san Atanasio, obispo
(Carta 14, 1-2: PG 26, 1419-1420)
PREPAREMOS LA MAGNA FESTIVIDAD NO SÓLO CON PALABRAS, SINO TAMBIÉN CON OBRAS
El Verbo, que por nosotros quiso serlo todo, nuestro Señor Jesucristo, está cerca de nosotros, ya que él prometió que estaría continuamente a nuestro lado. Dijo en efecto: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Y, del mismo modo que es a la vez pastor, sumo sacerdote, camino y puerta, ya que por nosotros quiso serlo todo, así también se nos ha revelado como nuestra fiesta y solemnidad, según aquellas palabras del Apóstol: Nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado, puesto que su persona era la Pascua esperada. Desde esta perspectiva, cobran un nuevo sentido aquellas palabras del salmista: Tú eres mi júbilo: me libras de los males que me rodean. En esto consiste el verdadero júbilo pascual, la genuina celebración de la gran solemnidad, en vernos libres de nuestros males; para llegar a ello, tenemos que esforzarnos en reformar nuestra conducta y en meditar asiduamente, en la quietud del temor de Dios.
Así también los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua; uno de ellos, el bienaventurado salmista, se levantaba de noche, no una sola vez, sino siete, para hacerse propicio a Dios con sus plegarias. Otro, el insigne Moisés, expresaba en himnos y cantos de alabanza su alegría por la victoria obtenida sobre el Faraón y los demás que habían oprimido a los hebreos con duros trabajos. Otros, finalmente, vivían entregados con alegría al culto divino, como el insigne Samuel y el bienaventurado Elías; ellos, por el mérito de sus obras, alcanzaron la libertad, y ahora celebran en el cielo la fiesta eterna, se alegran de su antigua peregrinación, realizada en medio de tinieblas, y contemplan ya la verdad que antes sólo habían vislumbrado.
Nosotros, que nos preparamos para la gran solemnidad, ¿qué camino hemos de seguir? Y, al acercarnos a aquella fiesta, ¿a quién hemos de tomar por guía? No a otro, amados hermanos, y en esto estaremos de acuerdo vosotros y yo, no a otro, fuera de nuestro Señor Jesucristo, el cual dice: Yo soy el camino. Él es, como dice san Juan, el que quita el pecado del mundo; él es quien purifica nuestras almas, como dice en cierto lugar el profeta Jeremías: Poneos en los caminos y mirad, preguntad: «¿Es éste el buen camino?»; caminad por él, y hallaréis reposo para vuestras almas.
En otro tiempo, la sangre de los machos cabríos. y la ceniza de la ternera esparcida sobre los impuros podía sólo santificar con miras a una pureza legal externa; mas ahora, por la gracia del Verbo de Dios, obtenemos una limpieza total; y así en seguida formaremos parte de la escolta del Cordero y podremos ya desde ahora, como situados en el vestíbulo de la Jerusalén celestial, preludiar aquella fiesta eterna; como los santos apóstoles, que siguieron al Salvador como a su guía, y por esto eran, y continúan siendo hoy, los maestros de este favor divino; ellos decían, en efecto: Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. También nosotros nos esforzamos por seguir al Señor y, así, vamos preparando la magna festividad no sólo con palabras, sino también con obras.
Responsorio Cf. Hb 6, 20; Jn 1, 29
R. Jesús, el
Cordero sin mancha, penetró hasta el interior del santuario, como precursor
nuestro, * constituido sumo sacerdote para siempre,
según el rito de Melquisedec.
V. Éste es el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
R.
Constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de
Melquisedec.
Oración
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh sol de salvación, oh Jesucristo,
alumbra
lo más hondo de las almas,
en tanto que la noche retrocede
y el día sobre
el mundo se levanta.
Junto con este favorable tiempo
damos ríos
de lágrimas copiosas,
para lavar el corazón que, ardiendo
en jubilosa
caridad, se inmola.
La fuente que hasta ayer manó delitos
ha de
manar desde hoy perenne llanto,
si con la vara de la penitencia
el pecho
empedernido es castigado.
Ha se avecina el día, el día tuyo,
volverá
a florecer el universo;
compartamos su gozo los que fuimos
devueltos por
tu mano a tus senderos.
Oh Trinidad clemente, que te adoren
tierra
y cielo a tus pies arrodillados,
y que nosotros, por tu gracia
nuevos,
cantemos en tu honor un nuevo canto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tú, Señor, fuiste mi auxilio.
Salmo 62, 2-9
El ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por
Dios todo el
que rechaza las obras
de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está
sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada,
sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu
gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán
jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque
fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo:
mi alma
está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1: Tú, Señor, fuiste mi auxilio.
Ant. 2: Líbranos según tus maravillas, y sálvanos del poder de la muerte.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos
todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;.
aves del cielo, bendecid
al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Líbranos según tus maravillas, y sálvanos del poder de la muerte.
Ant. 3: Ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre.
Salmo 149
ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Los hijos de
la Iglesia, nuevo pueblo de Dios,
se alegran en su Rey, Cristo, el Señor.
(Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la
asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de
Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y
cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los
humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en
filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las
manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las
naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de
hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus
fieles.
Ant. 3: Ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre.
LECTURA BREVE Lv 23,4-7
Estas son las festividades del Señor, las asambleas litúrgicas que convocaréis a su debido tiempo. El día catorce del primer mes, al atardecer, es la Pascua del Señor. El día quince del mismo mes es la fiesta de los panes ázimos dedicada al Señor. Comeréis paces ázimos durante siete días. El primer día os reuniréis en asamblea litúrgica y no haréis trabajo alguno.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de
Dios vivo, ten piedad de nosotros. R. Cristo.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Nuestro
amigo Lázaro está dormido; pero voy a ir a despertarlo.
Año B: Haré con vosotros una alianza nueva: yo seré vuestro
Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Año C: «No
penséis en lo antiguo -dice el Señor-; mirad que realizo algo nuevo.»
PRECES
Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación; acudamos, pues, a nuestro Redentor que nos concede estos días de perdón, y, bendiciéndole, digamos: Infúndenos, Señor, un espíritu nuevo.
Cristo, vida nuestra, tú que por el bautismo nos has sepultado místicamente contigo en la muerte, para que contigo también resucitemos, * concédenos andar hoy en vida nueva.
Señor Jesús, tú que pasaste por el mundo haciendo el bien, * haz que también nosotros seamos solícitos del bien de todos los hombres.
Ayúdanos, Señor, a trabajar concordes en la edificación de nuestra ciudad terrena, * sin olvidar nunca tu reino eterno.
Tú, Señor, que eres médico de los cuerpos y de las almas, * sana las dolencias de nuestro espíritu para que crezcamos cada día en santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que la fuerza para no caer en la tentación nos viene de Dios, acudamos al Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas. Salmo 117 Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros, I Dad gracias al Señor porque es bueno, Diga la casa de Israel: Diga la casa de Aarón: Digan los fieles del Señor En el peligro grité al Señor, El Señor está conmigo: no temo, Mejor es refugiarse en el Señor II Todos los pueblos me rodeaban, Empujaban y empujaban para derribarme, Escuchad: hay cantos de victoria No he de morir, viviré III Abridme las puertas del triunfo, Esta es la puerta del Señor: Te doy gracias porque me escuchaste La piedra que desecharon los arquitectos Éste es el día en que actuó el Señor: Bendito el que viene en nombre del Señor, Ordenad una procesión con ramos Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dad gracias al Señor porque es bueno,
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
porque es eterna su
misericordia.
eterna es su misericordia.
eterna es su misericordia.
eterna es su misericordia.
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
y entraré para dar gracias al
Señor.
los vencedores entrarán por
ella.
y fuiste mi
salvación.
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
hasta los ángulos del
altar.
Dios mío, yo te
ensalzo.
porque es eterna su
misericordia.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia 2Co 4,10-11
Llevamos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. Aun viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo
amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por
salvarlo. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1Pe 4,13-14
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros; porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo
amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por
salvarlo. Por Cristo nuestro Señor.
Nona 1Pe 5, 10-11
Tras un breve padecer, el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo
amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por
salvarlo. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Oh bondadoso Creador, escucha
la voz de
nuestras súplicas y el llanto
que, mientras dura el sacrosanto ayuno
de
estos cuarenta días, derramamos.
A ti, que escrutas nuestros corazones
y que
conoces todas sus flaquezas,
nos dirigimos para suplicarte
la gracia
celestial de tu indulgencia.
Mucho ha sido, en verdad, lo que
pecamos,
pero estamos, al fin, arrepentidos,
y te pedimos, por tu excelso
nombre,
que nos cures los males que sufrimos.
Haz que, contigo y reconciliados,
podamos
dominar a nuestros cuerpos,
y, llenos de tu amor y de tu gracia,
no
pequen ya los corazones nuestros.
Oh Trinidad Santísima, concédenos,
oh
simplicísima Unidad, otórganos
que los efectos de la penitencia
de estos
días nos sean provechosos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Así como fue levantada en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Así como fue levantada en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos es protección liberadora, rescate salvador.
Ant. 2: En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.
Salmo 113 A
ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO;
LAS MARAVILLAS DEL
ÉXODO
Reconoced que
también vosotros,
los que renunciasteis al mundo,
habéis salido de Egipto.
(S. Agustín)
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo
balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes
saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.
¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas
atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que
saltáis como corderos?
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del
Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en
manantiales de agua.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos es protección liberadora, rescate salvador.
Ant. 3: Él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes, por sus llagas hemos sido curados.
Cántico 1Pe 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño
en su boca;
cuando le insultaban, no devolvía insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos
del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes, por sus llagas hemos sido curados.
LECTURA BREVE Hch 13,26-30a
Hermanos, a vosotros envía Dios este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento a las palabras de los profetas que se leen cada sábado. Y, a pesar de que no encontraron en él causa alguna digna de muerte, pidieron a Pilato que lo hiciera morir. Una vez que cumplieron todo lo que él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo depositaron en un sepulcro. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
RESPONSORIO BREVE
V. Escúchanos,
Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.
R. Escúchanos.
V. Digno de
gloria y alabanzas por los siglos.
R. Y ten
piedad, porque hemos pecado contra ti.
V. Gloria.
R. Escúchanos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Año A: Yo soy la
resurrección y la vida; quien a mí se una con viva fe, aunque muera,
vivirá.
Año B: Cuando sea yo levantado en alto
sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Año C:
Mujer, yo no te condeno; vete, y en adelante no peques más.
PRECES
Demos gloria y alabanza a Dios Padre que, por medio de su Hijo, la Palabra encarnada, nos hace renacer de un germen incorruptible y eterno, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de tu pueblo.
Escucha, Dios de misericordia, la oración que te presentamos en favor de tu pueblo * y concede a tus fieles desear tu palabra más que el alimento del cuerpo.
Enséñanos a amar de verdad y sin discriminación a nuestros hermanos y a los hombres de todas las razas, * y a trabajar por su bien y por la concordia mutua.
Pon tus ojos en los catecúmenos que se preparan para el bautismo * y haz de ellos piedras vivas y templo espiritual en tu honor.
Tú que por la predicación de Jonás exhortaste a los ninivitas a la penitencia, * haz que tu palabra llame a los pecadores a la conversión.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los moribundos esperen confiadamente el encuentro con Cristo, su juez, * y gocen eternamente de tu presencia.
Unidos fraternalmente, dirijamos al Padre nuestra oración común: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que enciendas nuestros corazones en aquel mismo amor con que tu Hijo ama al mundo y que lo impulsó a entregarse a la muerte por salvarlo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Este largo martirio de la vida,
la
fe tan viva y la esperanza muerta,
el alma desvelada y tan despierta
al
dolor, y al consuelo tan dormida;
esta perpetua ausencia y despedida,
entrar el mal, cerrar
tras sí la puerta,
con diligencia y gana descubierta
de que el bien no
halle entrada ni salida;
ser los alivios más sangrientos lazos
y riendas libres de
los desconciertos,
efectos son, Señor, de mis pecados,
de que me han de librar esos tus brazos
para recibirme están
abiertos
y por no castigarme están clavados. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salmo 6
ORACIÓN DEL AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS
Ahora mi alma
está agitada...
Padre, líbrame de esta hora.
(Jn 12,
27)
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos
dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta
cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu
misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el
abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego
mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas
contradicciones.
Apartaos de mí los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis
sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi
oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan
al momento.
Ant. 1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Salmo 9 A
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
De nuevo
vendrá con gloria para
juzgar a vivos y muertos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus
maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, ¡oh
Altísimo!
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu
rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho
sentado en tu trono como juez
justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para
siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus
ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para
juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con
rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de
peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a
los que te buscan.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
II
Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;
narrad sus hazañas
a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda,
y no olvida los gritos de
los humildes.
Piedad, Señor;
mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame
del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de
tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido
en la fosa que hicieron,
su pie
quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer
justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a
Dios.
El no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde
perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los
gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos
que no son más que hombres.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
V. Convertíos y
creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el
reino de Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 11, 1-19
LA FE DE LOS ANTIGUOS PADRES
Hermanos: La fe es la firme seguridad de los bienes que se esperan, la plena convicción de las realidades que no se ven. A causa de ella fueron alabados nuestros mayores.
Por la fe sabemos que el universo fue formado por la Palabra de Dios, de modo que lo visible ha tenido su origen en una causa invisible.
Por la fe ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que el de Caín; por ella fue proclamado justo, dando Dios mismo testimonio a favor de sus ofrendas, y por la fe continúa hablando aun después de su muerte.
Por la fe fue trasladado Henoc sin experimentar la muerte: «No fue hallado más, porque Dios se lo llevó.» Pero antes de ser trasladado se da testimonio en su favor de que «había sido grato a Dios». Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que es remunerador de los que lo buscan.
Por la fe, movido de religioso temor, Noé fabricó el arca para salvar a su familia, advertido por Dios de lo que aún no se veía venir; e, igualmente por la fe, condenó al mundo y se hizo heredero de la justificación que se alcanza por la fe.
Por la fe obedeció Abraham al ser llamado por Dios, saliendo hacia la tierra que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe peregrinó por la tierra prometida, como en tierra extraña, habitando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas, pues esperaba entrar en esa ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es el mismo Dios.
Por la fe la misma Sara, a pesar de su avanzada edad, recibió el poder de ser madre, pues tuvo fe en aquel que se lo había prometido. Y, por esto mismo, de un solo hombre, ya incapaz de transmitir la vida, nacieron hijos, «numerosos como las estrellas del cielo, incontables como las arenas del mar».
En la fe murieron todos ellos, sin haber alcanzado la realización de las promesas, pero las vieron desde lejos y las saludaron, reconociendo que eran «forasteros y peregrinos sobre la tierra». En verdad que quienes así se expresan dan a entender claramente que van en busca de una patria, pues, si hubiesen pensado en aquella de la que habían salido, ocasiones tuvieron para volver a ella. Pero ellos aspiraban a una patria mejor, es decir, a la celestial. Por eso Dios no se desdeña de llamarse su Dios, pues les tenía ya preparada una ciudad.
Por la fe, puesto a prueba, ofreció Abraham a Isaac; y ofrecía a su unigénito, a aquel que era el depositario de las promesas, respecto del cual Dios le había dicho: «Por Isaac tendrás descendencia.» Concluyó de todo ello que Dios podía resucitarlo de entre los muertos; y por eso lo recuperó como un símbolo.
Responsorio Hb 11,17. 19; Rm 4, 17
R. Por la fe,
puesto a prueba, ofreció Abraham a Isaac; y ofrecía a su unigénito, a aquel que
era el depositario de las promesas; * concluyó de
todo ello que Dios podía resucitarlo de entre los muertos.
V. Creyó en aquel que da la vida a los muertos y llama a la
existencia a lo que no es.
R. Concluyó de todo
ello que Dios podía resucitarlo de entre los muertos.
Año II:
Del libro de los Números 13, 1-4a. 18-34
EXPLORADORES ISRAELITAS SON ENVIADOS A LA TIERRA DE CANAAN
En aquellos días, el pueblo de Israel partió de Haserot y acampó en el desierto de Farán. Allí dijo el Señor a Moisés:
«Envía algunos hombres a explorar el país de Canaán que yo voy a entregar a los hijos de Israel. Envía uno de cada tribu, y que todos ellos sean jefes.»
Moisés los envió desde el desierto de Farán, según la orden del Señor; todos eran jefes israelíes. Moisés los envió a explorar el país de Canaán, diciéndoles:
«Subid por el desierto del Negueb hasta la montaña. Observad cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o numerosos; y cómo es la región, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, si son de tiendas o amuralladas; y cómo es la tierra, fértil o estéril, con árboles o sin ellos. Sed valientes y traednos algunos frutos del país.»
Era la estación en que maduran las primeras uvas. Subieron ellos y exploraron el país desde Sin hasta Rejob, junto a la Entrada de Jamat. Subieron primero por el desierto y llegaron hasta Hebrón, donde vivían Ajimán, Sesay y Tolmay, hijos de Anac. (Hebrón había sido fundada siete años antes que Tanis de Egipto.) Cuando pasaron por el Valle de Eshkol, cortaron un ramo con un solo racimo de uvas, lo colgaron en una vara y lo llevaron entre dos. También cortaron granadas e higos. Ese lugar se llamó Valle de Eshkol, o del Racimo, por el racimo que cortaron allí los israelíes. Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cadés. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. Les contaron lo siguiente:
«Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas, y hasta hemos visto allí descendientes de Anac. Amalec vive en la región del desierto, los hititas, yebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.»
Caleb hizo callar al pueblo, que se comenzaba a inquietar contra Moisés, y dijo:
«Tenemos que subir y apoderarnos del país, pues sin duda que somos capaces de ello.»
Pero los que habían subido con él replicaron:
«No podemos atacar a ese pueblo, porque es más fuerte que nosotros.»
Y desacreditaban ante los hijos de Israel a la tierra que habían explorado:
«La tierra que hemos recorrido y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí hasta gigantes, hijos de Anac. A su lado nosotros parecíamos grillos, y así nos veían también ellos a nosotros.»
Responsorio Dt 1, 31. 32. 26. 27
R. El Señor, tu
Dios, te llevó en el desierto, como un hombre lleva a su hijo, pero vosotros
* no tuvisteis confianza en el Señor, vuestro
Dios.
V. Vosotros no quisisteis subir a tomar
posesión de vuestra tierra, fuisteis rebeldes a la orden del Señor, vuestro
Dios, y os pusisteis a murmurar.
R. No tuvisteis
confianza en el Señor, vuestro Dios.
SEGUNDA LECTURA
Del Comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir, sobre los salmos
(Salmo 129: Opera omnia, edición 1579, p. 1610)
SI ALGUNO PECA, ABOGADO TENEMOS ANTE EL PADRE
Nuestro sumo sacerdote es Cristo Jesús y nuestro sacrificio es su cuerpo precioso, que él inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los hombres.
La sangre derramada por nuestra redención no era de terneros o de machos cabríos (como en la ley antigua), sino la del Cordero inmaculado, Cristo Jesús, nuestro salvador. El templo en que ofició nuestro sumo sacerdote no era hecho por mano de hombre, sino edificado únicamente por el poder de Dios. Y así, él derramó su sangre a la vista de todo el mundo; y el mundo es el templo construido por la sola mano de Dios.
Este templo tiene dos partes: una es esta tierra que nosotros habitamos al presente, la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.
Primero, cuando sufrió la muerte dolorosísima, ofreció el sacrificio aquí en la tierra. Después, cuando revestido de la nueva inmortalidad penetró por su propia sangre en el santuario, esto es, en el cielo, presentó ante el trono del Padre aquella sangre de un valor inmenso, que había derramado abundantemente por todos los hombres, sujetos al pecado.
Este sacrificio es tan acepto y agradable a Dios que, en el mismo instante en que lo mira, compadecido de nosotros, se ve forzado a otorgar su clemencia a todos los que se arrepienten de verdad.
Es, además, un sacrificio eterno, ya que se ofrece no sólo cada año (como sucedía entre los judíos), sino cada día, más aún, cada hora y a cada momento, para que en él hallemos consuelo y alivio.
Respecto de él, dice el Apóstol: Obteniendo una redención eterna, pues de este sagrado y eterno sacrificio se benefician todos aquellos que están verdaderamente contritos y arrepentidos de los pecados cometidos, los que tienen un decidido propósito de no reincidir en sus malas costumbres y perseverar con constancia en el camino de las virtudes que han emprendido.
Lo cual expresa san Juan con estas palabras: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.
Responsorio Rm 5, 10. 8. 9
R. Si, siendo
aún enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, * con mayor razón, estando ya reconciliados, seremos salvos
por su vida.
V. Siendo todavía pecadores, murió
Cristo por nosotros.
R. Con mayor razón, estando
ya reconciliados, seremos salvos por su vida.
Oración
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que nos tienes nos enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de nuestras antiguas faltas una vida nueva, para prepararnos convenientemente a la gloria del reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con
vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
de las hojas
del árbol del pecado!
Seguí mil veces vuestro pie sagrado,
fácil de asir, en una
cruz asido,
y atrás volví otras tantas atrevido,
al mismo precio que me
habéis comprado.
Besos de paz os di para ofenderos,
pero si fugitivos de su
dueño
yerran cuando los hallan los esclavos,
hoy que vuelvo con lágrimas a veros,
clavadme vos a vos a
vuestro leño
y tendréisme seguro con tres clavos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Salmo 5, 2-10. 12-13
ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN JUSTO
PERSEGUIDO
«Por la
mañana escucharás mi voz» debe entenderse
de la resurrección de
Cristo.
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso
de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por
la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu
huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al
hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré
ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo
enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su
garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo
eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu
nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea
tu favor.
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Cántico
1Cro 29,10-13
SÓLO A DIOS EL HONOR Y LA GLORIA
Bendito sea
Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo. (Ef 1,
3)
Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los
siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el
esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú
eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres señor del
universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas
a todos.
Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu
nombre glorioso.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
Salmo 28
MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD
Vino una voz
del cielo que decía:
«Éste es mi Hijo, el amado
mi predilecto.» (Mt 3,
17)
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder
del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor
en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír
su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es
magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los
cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una
cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude
el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las
selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se
sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a
su pueblo con la paz.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
LECTURA BREVE Jr 11,19-20
Yo como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, escudriñas las entrañas y el corazón; veré tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de la red del
cazador.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida», dice el Señor.
PRECES
Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte nos ha abierto el camino de salvación, y digámosle confiados: Danos caminar por tus senderos, Señor.
Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva, * te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti.
Enséñanos, Señor, a ser hoy alegría para los que sufren * y haz que sepamos servirte en cada uno de los necesitados.
Que procuremos, Señor, hacer lo bueno, lo recto y lo verdadero ante ti * y que busquemos tu rostro con sinceridad de corazón.
Perdona, Señor, las faltas que hemos cometido contra la unidad de tu familia * y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijámonos a Dios con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que nos tienes nos enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de nuestras antiguas faltas una vida nueva, para prepararnos convenientemente a la gloria del reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 18 B
HIMNOS A DIOS, AUTOR DE LA LEY
Sed
perfectos, como vuestro Padre
celestial es perfecto. (Mt 5,
48)
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el
precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante;
los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la
norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos;
la voluntad del Señor e pura
y eternamente estable;
los
mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente, justos;
más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que
la miel
de un panal que destila.
Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién
conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta.
Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me
domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Salmo 7
ORACIÓN DEL JUSTO CALUMNIADO
Mirad que el Juez está a las puertas (St 5, 9)
Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y
sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin
remedio.
Señor, Dios mío: si soy culpable,
si hay crímenes en mis manos,
si he causado daño a mi amigo,
si he protegido a un opresor
injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo por
tierra,
apretando mi vientre contra el polvo.
Levántate, Señor, con tu ira,
álzate con furor contra mis
adversarios,
acude a defenderme ,
en el juicio que has convocado.
Que
te rodee la asamblea de las naciones,
y pon tu asiento en lo más alto de
ella.
El Señor es juez de los pueblos.
Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en
mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que
sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.
II
Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es
un juez justo,
Dios amenaza cada día:
si no se convierten, afilará su
espada,
tensará el arco y apuntará.
Apunta sus armas
mortíferas,
prepara sus flechas incendiarias.
Mirad: el enemigo concibió el crimen,
está preñado de
maldad,
y da a luz el engaño.
Cavó y ahondó una fosa,
caiga en la fosa
que hizo;
recaiga su maldad sobre su cabeza,
baje su violencia sobre su
cráneo.
Yo daré gracias al Señor por su justicia,
tañendo para el nombre
del Señor Altísimo.
LECTURA BREVE
Tercia Ez 33,10b,11a
Nuestros crímenes y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por causa de ellos nos consumimos. ¿Cómo podremos vivir? «Por mi vida -dice el Señor-, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado cambie de conducta y viva.»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que nos tienes nos
enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de nuestras antiguas
faltas una vida nueva, para prepararnos convenientemente a la gloria del reino
celestial. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 18,20b
Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en tu favor, para apartar de ellos tu enojo.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que nos tienes nos
enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de nuestras antiguas
faltas una vida nueva, para prepararnos convenientemente a la gloria del reino
celestial. Por Cristo, nuestro Señor.
Nona Jr 31,2.3b-4a
Así dice el Señor: «Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina a su descanso. Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Volveré a construirte y serás reconstruida, Virgen de Israel.»
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que nos tienes nos
enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de nuestras antiguas
faltas una vida nueva, para prepararnos convenientemente a la gloria del reino
celestial. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Ésta es la hora para el buen amigo,
llena
de intimidad y confidencia,
y en la que, al examinar nuestra conciencia,
igual que siente el rey, siente el mendigo.
Hora en que el corazón encuentra
abrigo
para lograr alivio a su dolencia
y, al evocar la edad de la
inocencia,
logra en el llanto bálsamo y castigo.
Hora en que arrullas, Cristo, nuestra
vida
con tu amor y caricia inmensamente
y que a humildad y a llanto nos
convida.
Hora en que un ángel roza nuestra frente
y
en que el alma, como cierva herida,
sacia su sed en la escondida fuente.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Salmo 10
El SEÑOR, ESPERANZA DEL JUSTO
Dichosos los
que tienen hambre y
sed de ser justos, porque ellos
quedarán saciados. (Mt
5, 6)
Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«Escapa como un pájaro al
monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la
cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los
cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»
Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono
en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los
hombres.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la
violencia, él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y
azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su
rostro.
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Rm 5,8-9
Dios nos demuestra el amor que nos tiene en el hecho de que, siendo todavía pecadores, murió Cristo por nosotros. Así que con mayor razón, ahora que hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él de la cólera divina.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sobre mi persona testifico yo, y testifica en mi favor el Padre que me ha enviado.
PRECES
Invoquemos al Señor Jesús, que nos ha salvado a nosotros, su pueblo, librándonos de nuestros pecados, y digámosle humildemente: Jesús, Hijo de David, compadécete de nosotros.
Te pedimos, Señor Jesús, por tu Iglesia santa, por la que te entregaste para consagrarla con el baño del agua y con la palabra: * purifícala y renuévala por la penitencia.
Maestro bueno, haz que los jóvenes descubran el camino que les preparas * y que respondan siempre con generosidad a tus llamadas.
Tú que te compadeciste de los enfermos que acudían a ti, levanta la esperanza de nuestros enfermos * y haz que imitemos tu gesto generoso y estemos siempre atentos al bien de los que sufren.
Haz, Señor, que recordemos siempre nuestra condición de hijos tuyos, recibida en el bautismo, * y que vivamos siempre para ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Da tu paz y el premio eterno a los difuntos * y reúnenos un día con ellos en tu reino.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que por el amor inefable que nos tienes nos enriqueces con toda clase de bendiciones, concédenos pasar de nuestras antiguas faltas una vida nueva, para prepararnos convenientemente a la gloria del reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un
corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y, hallándola en la
cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
«Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento busco esos
cristales;
si te ofendí, protervo,
ya vuelvo arrepentido de mis
males;
y no me he de apartar de tu presencia
sin perdón, sin favores, sin
clemencia.
En esa cruz clavado,
arco de paz te hicieron tus
finezas,
y, pues enamorado
así encender pretendes las tibiezas,
que se
abrasen las mías hoy te ruego
con tu luz, con tu llama, con tu fuego.
El Dios de las venganzas
un tiempo los profetas te
llamaron,
mas ya mis esperanzas,
desde que hombre te hiciste,
mejoraron,
pues Dios de amor te miran en prisiones,
sin carcaj, sin
saetas, sin arpones.» Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor hará justicia a los pobres.
SALMO 9 B
CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Dichosos los
pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
(Lc 6,
20)
I
¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del
aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las
intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y
desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me
pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus
juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás
seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de
fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al
acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en
su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus
redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el
indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no
enterarse.»
Ant.1: El Señor hará justicia a los pobres.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
II
Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los
humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le
pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en
tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al
huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que
desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de
su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído
y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho
de tierra
no vuelva a sembrar su terror.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
Salmo 11
INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS
MENTIROSOS
Porque éramos
pobres,
el Padre nos ha mandado a su Hijo.
(San
Agustín)
Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la
lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan
con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua
orgullosa
de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios
nos defienden,
¿quién será nuestro amo?»
El Señor responde: «Por la opresión del humilde,
por el gemido
del pobre, yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía.»
Las palabras del Señor son palabras sinceras,
como plata limpia
de escoria,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa
gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre
humana.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
V. Ahora es el
tiempo propicio.
R. Ahora es el día de la
salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 11, 20-31
LA FE DE LOS ANTIGUOS PADRES
Hermanos: Por la fe, puesta la mirada en el futuro, bendijo Isaac a Jacob y Esaú.
Por la fe bendijo Jacob, al morir, a los dos hijos de José, y se inclinó, apoyándose en la extremidad de su báculo.
Por la fe José, al final de su vida, evocó el éxodo de los hijos de Israel, y dio órdenes sobre lo que había de hacerse con sus huesos.
Por la fe Moisés, recién nacido, fue ocultado durante tres meses por sus padres, porque vieron que era un niño encantador y no se dejaron amedrentar por el decreto del rey.
Por la fe Moisés, siendo ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija del Faraón, y prefirió sufrir males con el pueblo de Dios a disfrutar de las ventajas pasajeras del pecado, y tuvo por mayor riqueza el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la recompensa.
Por la fe abandonó Egipto sin miedo a las iras del rey, y perseveró firme en su propósito, como si contemplase al Invisible.
Por la fe celebró la Pascua e hizo la aspersión de la sangre, para que el ángel exterminador no tocase a los primogénitos de Israel.
Por la fe atravesaron el mar Rojo, como si fuese tierra firme, mientras los egipcios eran devorados por las aguas cuando intentaron pasar por él.
Por la fe cayeron las murallas de Jericó, después que los israelitas dieron vueltas en derredor durante siete días.
Por la fe Rahab, la meretriz, no pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores.
Responsorio Hb 11, 24-26a
R. Por la fe
Moisés, siendo ya adulto, rehusó ser llamado hijo de una hija del Faraón, * y prefirió sufrir males con el pueblo de Dios a disfrutar
de las ventajas del pecado.
V. Tuvo por mayor
riqueza el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto.
R. y prefirió sufrir males con el pueblo de' Dios a
disfrutar de las ventajas del pecado.
Año II:
Del libro de los Números 14, 1-25
MURMURACIÓN DEL PUEBLO E INTERCESIÓN DE MOISÉS
En aquellos días, toda la comunidad de Israel empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche. Los israelitas murmuraban contra Moisés y Aarón, y toda la comunidad les decía:
«¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto o por lo menos en el desierto! ¿Por qué nos ha traído el Señor a esta tierra, para que caigamos a espada y para que nuestras mujeres e hijos caigan cautivos? ¿No sería mejor volvernos a Egipto?»
Y se decían unos a otros:
«Nombremos un jefe y volvamos a Egipto.» Moisés y Aarón se echaron rostro en tierra ante toda la comunidad de Israel. Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, dos de los exploradores, se rasgaron los vestidos y dijeron a la comunidad de Israel:
«La tierra que hemos recorrido en exploración es una tierra excelente. Si el Señor nos es favorable, nos hará entrar en ella y nos la dará: es una tierra que mana leche y miel. Pero no os rebeléis contra el Señor ni temáis al pueblo del país, pues serán para nosotros pan comido. Su sombra protectora se ha apartado de ellos, mientras que el Señor está con nosotros; ¡no temáis!»
Ya la comunidad entera hablaba de apedrearlos, cuando la gloria del Señor apareció en la Tienda de Reunión ante todos los israelitas. El Señor dijo a Moisés:
«¿Hasta cuándo me rechazará este pueblo? ¿Hasta cuándo van a desconfiar de mí, a pesar de todas las señales que he hecho entre ellos? Vaya herirlo de peste y a destruirlo. De ti sacaré un pueblo más grande y poderoso que ellos.»
Pero Moisés replicó al Señor:
«Los egipcios saben muy bien que con tu poder has sacado tú a este pueblo de en medio de ellos. Lo han contado ya a los habitantes de esta tierra. Éstos se han enterado de que tú, Señor, estás en medio de este pueblo, que te dejas ver cara a cara, que tu nube permanece sobre ellos y que caminas delante en la columna de nube durante el día y en la columna de fuego por la noche.
Si ahora das muerte a este pueblo como a un solo hombre, dirán las naciones que han oído hablar de ti: "El Señor no ha podido introducir a este pueblo en la tierra que les había prometido con juramento, por eso los ha matado en el desierto." Por tanto, muestra ahora tu gran fuerza, como lo prometiste al decir: "El Señor es lento a la cólera y rico en misericordia, perdona la culpa y el delito, pero no deja nada impune, castiga la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación." Perdona, pues, la culpa de este pueblo, por tu gran misericordia, como lo has perdonado desde Egipto hasta aquí.»
El Señor respondió:
«Lo perdono, como me lo pides. Pero, ¡por mi vida y por la gloria del Señor que llena la tierra!, todos los hombres que vieron mi gloria y los signos que hice en Egipto y en el desierto, y que me han puesto a prueba ya diez veces y no han escuchado mi voz, no verán la tierra que prometí a sus padres. Ninguno de los que me rechazan la verá. Pero a mi siervo Caleb, que tiene otro espíritu y me fue enteramente fiel, lo haré entrar en la tierra que ha visitado, y sus descendientes la poseerán. Mañana mismo daréis media vuelta y os volveréis al desierto, en dirección al mar Rojo.»
Responsorio Sal 102, 8.9. 13-14
R. El Señor es
compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre
acusando ni guarda rencor perpetuo. * Como un, padre
siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus
fieles.
V. Porque él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda de que somos barro.
R. Como un padre
siente ternura por sus hijos, así siente el Señor ternura por sus
fieles.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 8 Sobre la pasión del Señor, 6-8: PL 54, 340-342)
LA CRUZ DE CRISTO FUENTE DE TODA BENDICIÓN y ORIGEN DE TODA GRACIA
Nuestro entendimiento, iluminado por el Espíritu de la verdad, debe aceptar con corazón puro y libre la gloria de la cruz, que irradia sobre el cielo y la tierra, y penetrar con su mirada interior el sentido de las palabras del Señor, cuando habla de la inminencia de su pasión: Ya ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre. Y un poco más adelante: Ahora -dice- mi alma está agitada, y ¿qué vaya decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? ¡Pero si precisamente para esto he llegado a esta hora! Padre, glorifica a tu Hijo. Y como llegase del cielo la voz del Padre, que decía: Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo, Jesús, dirigiéndose a los circunstantes, dijo: No por mí, sino por vosotros se ha dejado oír esta voz. Ahora viene la condenación de este mundo; ahora el señor de este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo, cuando sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella se encuentra el tribunal del Señor, el juicio del mundo, el poder del crucificado.
Atrajiste a todos hacia ti, Señor, a fin de que el culto de todas las naciones del orbe celebrara, mediante un sacramento pleno y manifiesto, lo que se realizaba en el templo de Judea sólo como sombra y figura.
Ahora, en efecto, es más ilustre el orden de los levitas, más alta la dignidad de los ancianos, más sagrada la unción de los sacerdotes; porque tu cruz es la fuente de toda bendición, el origen de toda gracia; por ella, los creyentes reciben, de la debilidad, la fuerza, del oprobio, la gloria y, de la muerte, la vida. Ahora, asimismo, abolida la multiplicidad de los antiguos sacrificios, la única oblación de tu cuerpo y sangre lleva a su plenitud los diferentes sacrificios carnales; porque tú eres el verdadero Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo; y así, en tu persona, llevas a la perfección todos los misterios, para que todos los pueblos constituyan un solo reino, del mismo modo que todas las víctimas ceden el lugar al único sacrificio.
Confesemos, pues, hermanos, lo que la voz del bienaventurado maestro de las naciones, el apóstol Pablo, confesó gloriosamente: Sentencia verdadera y digna de universal adhesión es ésta: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.
En efecto, tanto más admirable es la misericordia de Dios para con nosotros, cuanto que Cristo murió, no por los justos o los santos, sino por los pecadores y los injustos; y, como era imposible que la naturaleza divina experimentase el aguijón de la muerte, tomó, naciendo de nosotros, una naturaleza que pudiera ofrecer por nosotros.
Ya mucho antes amenazaba a nuestra muerte con el poder de su propia muerte, diciendo por boca del profeta Oseas: Oh muerte, yo seré tu muerte; país de los muertos, yo seré tu aguijón. Al morir, en efecto, se sometió al peder del país de los muertos, pero lo destruyó con su resurrección; sucumbiendo al peso de una muerte que no hacía excepción, la convirtió de eterna en temporal. Porque lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la vida.
Responsorio Col 2, 14-15; Jn 8, 28
R. Cristo
canceló la nota de cargo de nuestra deuda, que contenía cláusulas desfavorables
contra nosotros, la arrancó de en medio y la clavó en la cruz.
* Con esto despojó a los Principados y Potestades, y los
expuso a la vista de todos, incorporándolos a su cortejo triunfal.
V. Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces
sabréis que «Yo soy».
R. Con esto despojó a los
Principados y Potestades, y los expuso a la vista de todos, incorporándolos a
su. cortejo triunfal.
Oración
Concédenos, Señor, ser perseverantes en el fiel cumplimiento de tu voluntad, para que en nuestros días crezca tu pueblo no sólo en número, sino también en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Edificaste una torre
para tu huerta
florida;
un lagar para tu vino
y, para el vino, una viña.
Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena
bebida:
sólo racimos amargos
y zumos de amarga tinta.
Edificaste una torre,
Señor, para tu
guarida;
un huerto de dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un
blanco silencio de horas
y un verde beso de brisas.
Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo
de arcilla,
esta sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu
herida
te dieron frutos amargos,
amargas uvas y espinas.
¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu
silencio y grita!
Que mi lagar enrojezca
cuando tu planta lo pisa,
y
que tu mesa se endulce
con el vino de tu viña. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Cántico
Tb 13, 1-10
ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA
Bendito sea
Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran
misericordia
nos ha hecho nacer de nuevo
para una esperanza viva. (1Pe
1,3)
Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por
los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de
él,
y no hay quien escape de su mano.
Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos
dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzado ante todos los
vivientes,
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los
siglos.
Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de
nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis
dispersados.
Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo
sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su
rostro.
Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca
llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los
siglos.
Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su
poder
a un pueblo pecador.
Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su
presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su
grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
Salmo 32
HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS
Por la
Palabra empezaron a existir
todas las cosas. (Jn 1, 3)
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los
buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de
diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con
aclamaciones;
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son
leales,
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la
tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus
ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el
océano.
Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes
del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los
proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los
proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se
escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los
hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la
tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.
No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por
su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran
ejército se salva.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que
esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y
reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y
escudo,
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre
confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
LECTURA BREVE Za 12,10-11a
Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día será grande el luto de Jerusalén.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces sabréis que "Yo soy"», dice el Señor.
PRECES
Bendigamos a Cristo, pan vivo bajado del cielo, y digámosle: Cristo, pan de las almas y salvación de los hombres, fortalece nuestra debilidad.
Señor, sacia nuestra hambre en el banquete de tu eucaristía * y danos participar plenamente de los bienes de tu sacrificio pascual.
Concédenos, Maestro bueno, escuchar tu palabra con corazón noble * y haz que perseveremos hasta dar fruto.
Que con nuestro trabajo, Señor, cooperemos contigo para mejorar el mundo, * para que así, por la acción de tu Iglesia, reine en él la paz.
Reconocemos, Señor, que hemos pecado; * perdona nuestras faltas por tu gran misericordia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Unidos fraternalmente, acudamos ahora al Padre de todos: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, ser perseverantes en el fiel cumplimiento de tu voluntad, para que en nuestros días crezca tu pueblo no sólo en número, sino también en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas.
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Salmo 118, 1-8
HIMNO A LA REVELACIÓN DE LA LEY
El amor de
Dios consiste en
guardar sus mandamientos.
(1Jn 5,
3)
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del
Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo
corazón;
el que, sin cometer iniquidad,
anda por sus senderos.
Tú promulgas tus decretos
para que se observen
exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus
consignas;
entonces no sentiré vergüenza
al mirar tus mandatos.
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos
mandamientos.
Quiero guardar tus leyes exactamente,
tú no me
abandones.
Salmo 12
SÚPLICA DEL JUSTO EN SUS DIFICULTADES
COTIDIANAS
El Dios de la
esperanza os colme
de todo gozo. (Rm 15, 13)
¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome?
Hasta cuándo me
esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar preocupado,
con el corazón
apenado todo el día?
¿Hasta cuándo va a triunfar mí enemigo?
Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: «Lo he
vencido»,
ni se alegre, mi adversario de mi fracaso.
Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu
auxilio,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Salmo 13
CORRUPCIÓN Y NECEDAD DEL IMPÍO
Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. (Rm 5, 20)
Dice el necio para sí:
«No hay Dios.»
Se han corrompido,
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
El Señor observa desde el cielo
a los hijos de Adán,
para ver
si hay alguno sensato
que busque a Dios.
Todos se extravían ,
igualmente obstinados,
no hay uno que
obre bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto,
porque Dios está con los
justos.
Podéis burlaros de los planes del desvalido,
pero el Señor es su
refugio.
¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel!
Cuando el Señor
cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia Cf. 1Co 1,18-19
El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.»
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Concédenos, Señor, ser perseverantes en el fiel cumplimiento de
tu voluntad, para que en nuestros días crezca tu pueblo no sólo en número, sino
también en santidad. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1Co 1,22-24
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Concédenos, Señor, ser perseverantes en el fiel cumplimiento de
tu voluntad, para que en nuestros días crezca tu pueblo no sólo en número, sino
también en santidad. Por Cristo nuestro Señor.
Nona 1Co 1,25.27a
Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para confundir a los sabios.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Concédenos, Señor, ser perseverantes en el fiel cumplimiento de
tu voluntad, para que en nuestros días crezca tu pueblo no sólo en número, sino
también en santidad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
No me pesa, Señor, haber faltado
por el
eterno mal que he merecido,
ni me pesa tampoco haber perdido
el cielo como
pena a mi pecado.
Pésame haber tus voces despreciado
y tus
justos mandatos infringido,
porque con mis errores he ofendido
tu corazón,
Señor, por mí llagado.
Llorar quiero mis culpas humillado,
y
buscar a mis males dulce olvido
en la herida de amor de tu costado.
Quiero tu amor pagar, agradecido,
amándote
cual siempre me has amado
viviendo contigo arrepentido. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Salmo 19
ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY
Cuantos
invoquen el nombre del
Señor se salvarán. (Hch 2, 21)
Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el
nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te
apoye desde el monte Sión;
Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus
sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus
planes.
Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios
alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.
Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que
lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano
victoriosa.
Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros
invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.
Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en
pie.
Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te
invocamos.
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Salmo 20, 2-8. 14
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL
REY
El Señor
resucitado recibió la vida,
años que se prolongan sin término.
(S.
Ireneo)
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu
victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que
pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su
cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años
que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y
majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu
presencia:
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo
no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos
cantaremos tu poder.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE 1Co 1,27b-30
Lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más: ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta; de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois gloria en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El que me ha enviado está conmigo; y nunca me ha abandonado, porque yo hago siempre lo que es de su agrado.
PRECES
A Cristo, el Señor, que nos mandó velar y orar a fin de no sucumbir en la tentación, digámosle confiadamente: Señor, escucha y ten piedad.
Señor, tú que prometiste estar presente cuando tus discípulos se reúnen en tu nombre para orar, * haz que oremos siempre unidos a ti en el Espíritu Santo, a fin de que tu reino llegue a todos los hombres.
Purifica de todo pecado a la Iglesia penitente * y haz que viva siempre en la esperanza y el gozo del Espíritu Santo.
Amigo del hombre, haz que estemos siempre atentos, como tú nos mandaste, al bien del prójimo, * para que la luz de tu amor brille a través de nosotros ante todos los hombres.
Rey pacífico, haz que tu paz reine en el mundo * y que nosotros trabajemos sin cesar para conseguirla.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has muerto para que nosotros tengamos vida, * da la vida eterna a los que han muerto.
Terminemos nuestra oración diciendo juntos las palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, ser perseverantes en el fiel cumplimiento de tu voluntad, para que en nuestros días crezca tu pueblo no sólo en número, sino también en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin
fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y
yo lo impido.
Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo,
triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en
él metido.
Tan obstinado estoy en mi porfía,
que el temor de perderme y
de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.
Tu poder y bondad truequen mi suerte:
que en otros veo
enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Salmo 17, 2-30
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)
I
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi
alcázar, mi libertador.
Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,
mi fuerza
salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de
mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me
aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de
la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su
templo él escuchó mi voz
y mi grito llegó a sus oídos.
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
II
Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de
los montes,
sacudidos por su cólera;
de su rostro se alzaba una
humareda,
de su boca un fuego voraz,
y lanzaba carbones
ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus
pies;
volaba sobre un querubín
cerniéndose sobre las alas del
viento,
envuelto en un manto de oscuridad:
como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes
espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y
centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su
voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los
enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del
orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,
al soplo de tu
ira.
Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,
me sacó de las aguas
caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes
que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me
sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
III
El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis
manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi
Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus
preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor
retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres
íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres
sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos
soberbios.
Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis
tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega;
fiado en mi Dios, asalto
la muralla.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
V. Convertíos y
haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un
espíritu nuevo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 11, 32-40
EJEMPLO DE LOS SANTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Hermanos: ¿Qué más voy a decir? Me va a faltar tiempo, si empiezo a hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los profetas. Todos ellos, por la fe, subyugaron reinos, ejercieron la justicia, alcanzaron lo prometido, cerraron la boca de los leones, extinguieron la violencia del fuego y escaparon al filo de la espada; se hicieron fuertes en su debilidad, fueron valientes en el combate y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros. Mujeres hubo que recuperaron con vida a sus hijos muertos.
Unos perecieron entre tormentos, rehusando la libertad por alcanzar una gloriosa resurrección; otros sufrieron escarnios y azotes, sin que faltasen cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por medio, torturados; murieron al filo de la espada, anduvieron fugitivos de una parte a otra, vestidos de piel de oveja y de cabra, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados -no era el mundo digno de ellos-, y anduvieron errantes por desiertos y montes, por cavernas y simas de la tierra.
Y ninguno de ellos alcanzó el cumplimiento de las promesas, aunque habían recibido la aprobación de Dios por el testimonio de su fe. Dios había dispuesto para nosotros algo mejor, de modo que sin nosotros no llegasen ellos a la consumación en la gloria.
Responsorio Cf. Hb 11, 39; cf. 12, 1; cL Sir 44, 7. 10. 11
R. Todos éstos
recibieron la aprobación de Dios por el testimonio de su fe; en consecuencia,
teniendo en torno nuestro tan grande nube de testigos, * corramos con constancia la carrera para nosotros
preparada.
V. Todos éstos fueron la gloria de su
tiempo; su esperanza no se acabó, sus bienes perduran.
R. Corramos con constancia la carrera para nosotros
preparada.
Año II:
Del libro de los Números 16, 1-11. 16-24. 28-35
CISMA DE CORÉ, DATAN y ABIRÓN
En aquellos días, Coré, hijo de Yishar, hijo de Quehat, levita, Datán y Abirón, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet, rubenitas, se rebelaron contra Moisés, y con ellos doscientos cincuenta hombres, jefes de la asamblea, escogidos para su cargo y de buena reputación. Se amotinaron contra Moisés y Aarón, diciendo:
"Ya está bien. Toda la comunidad es sagrada y en medio de ella está el Señor, ¿por qué os ponéis encima de la asamblea del Señor?»
Moisés, al oírIo, se echó por tierra y dijo a Coré y a sus secuaces:
«Mañana hará saber el Señor quién le pertenece: al consagrado lo hará acercarse, al escogido lo hará acercarse. Haced, pues, lo siguiente: Coré y todos sus secuaces, coged los incensarios, poned en ellos fuego y echad incienso mañana. El hombre que el Señor escoja le está consagrado. Ya está bien, levitas.»
Moisés dijo a Coré:
"Escuchadme, levitas: ¿todavía os parece poco? El Dios de Israel os ha apartado de la asamblea de Israel para que estéis cerca de él, prestéis servicio en su templo y estéis a disposición de la asamblea para servirle. A ti y a tus hermanos levitas se os ha acercado. ¿Por qué reclamáis también el sacerdocio? Tú y tus secuaces os habéis rebelado contra el Señor, pues ¿quién es Aarón para que protestéis contra él? Mañana, tú y tus secuaces os presentaréis al Señor, y también Aarón con ellos. Que cada uno coja su incensario, eche incienso y lo ofrezca al Señor. Cada uno de los doscientos cincuenta su incensario, y tú y Aarón el vuestro.»
Cogió, pues, cada uno su incensario, puso fuego, echó incienso y se colocaron a la entrada de la Tienda de Reunión con Moisés y Aarón. También Coré reunió a sus secuaces a la entrada de la Tienda de Reunión. La gloria del Señor se mostró a todos los reunidos, y el Señor dijo a Moisés y a Aarón:
«Apartaos de ese grupo que los voy a consumir al instante.»
Ellos cayeron rostro a tierra y oraron:
«Dios, Dios de los espíritus de todos los vivientes, uno solo ha pecado, ¿y vas a irritarte contra todos?»
El Señor respondió a Moisés:
«Di a la gente que se aparte de las tiendas de Coré, Datán y Abirón.»
Dijo entonces Moisés:
«En esto conoceréis que es el Señor quien me ha enviado a actuar así y que no obro por cuenta propia. Si éstos mueren de muerte natural, según el destino de todos los hombres, es que el Señor no me ha enviado; pero si el Señor hace un milagro, si la tierra se abre y se los traga con los suyos, y bajan vivos al abismo, entonces sabréis que estos hombres han despreciado al Señor.»
Apenas había terminado de hablar, cuando el suelo se resquebrajó debajo de ellos, la tierra abrió la boca y se los tragó con todas sus familias, y también a la gente de Coré con sus posesiones. Ellos con todos los suyos bajaron vivos al abismo; la tierra los cubrió y desaparecieron de la asamblea. Al ruido, todo Israel, que estaba alrededor, echó a correr, pensando que los tragaba la tierra. Y el Señor hizo estallar un fuego que consumió a los doscientos cincuenta hombres que habían llevado el incienso.
Responsorio Jds 5. 11. 4
R. El Señor,
después de haber salvado de Egipto a su pueblo, hizo luego perecer a los que no
tuvieron fe. * ¡Ay de ellos!, porque han seguido la
senda de Caín y han caído en la perdición de la rebelión de Coré.
V. Entre vosotros se han introducido algunos hombres
impíos, que niegan al único Dueño y Señor nuestro.
R. ¡Ay de ellos!, porque han seguido la senda de Caín y han
caído en la perdición de la rebelión de Coré.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo S.5, 1: CCL 39, 1.J76-1177)
JESUCRISTO ORA POR NOSOTROS, ORA EN NOSOTROS, Y AL MISMO TIEMPO ES A ÉL A QUIEN DIRIGIMOS NUESTRA ORACIÓN
El mayor don que Dios podía conceder a los hombres es hacer que su Palabra, por quien creó todas las cosas, fuera la cabeza de ellos, y unirlos a ella como miembros suyos, de manera que el Hijo de Dios fuera también hijo de los hombres, un solo Dios con el Padre, un solo hombre con los hombres; y así, cuando hablamos con Dios en la oración, el Hijo está unido a nosotros, y, cuando ruega el cuerpo del Hijo, lo hace unido a su cabeza; de este modo, el único Salvador de su cuerpo, nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ora por nosotros, ora en nosotros, y al mismo tiempo es a él a quien dirigimos nuestra oración.
Ora por nosotros, como sacerdote nuestro; ora en nosotros, como cabeza nuestra; recibe nuestra oración, como nuestro Dios.
Reconozcamos, pues, nuestra propia voz en él y su propia voz en nosotros. Y, cuando hallemos alguna afirmación referente al Señor Jesucristo, sobre todo en las profecías, que nos parezca contener algo humillante e indigno de Dios, no tengamos reparo alguno en atribuírsela, pues él no tuvo reparo en hacerse uno de nosotros.
A él sirve toda creatura, porque por él fue hecha toda creatura, y, por esto, contemplamos su sublimidad y divinidad cuando escuchamos: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; ya al principio estaba ella con Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Pero los que contemplamos esta divinidad del Hijo de Dios, que supera y trasciende de modo absoluto a toda creatura, por sublime que sea, lo oímos también, en otros lugares de la Escritura, gimiendo y suplicando, como si se reconociera reo de algo.
Y dudamos en atribuirle estas expresiones por el hecho de que nuestra mente, que acaba de contemplarlo en su divinidad, se resiste a descender hasta su abajamiento, y le parece que le hace injuria al admitir unas expresiones humanas en aquel a quien acaba de dirigir su oración como Dios; y, así, duda muchas veces y se esfuerza en cambiar el sentido de las palabras; y lo único que encuentra en la Escritura es el recurso a él, para no errar acerca de él.
Por tanto, que nuestra fe esté despierta y vigilante; y démonos cuenta de que aquel mismo que contemplábamos poco antes en su condición de Dios tomó la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte; y, clavado en la cruz, quiso hacer suyas las palabras del salmo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Por tanto, oramos a él por su condición de Dios, ora él por su condición de siervo; por su condición divina es creador, por su condición de siervo es creado, habiendo asumido él, inmutable, a la creatura mudable, y haciéndonos a nosotros con él un solo hombre, cabeza y cuerpo. Así, pues, oramos a él, por él y en él; hablamos con él y él habla en nosotros.
Responsorio Jn 16, 24. 23
R. Hasta ahora
nada habéis pedido en mi nombre. * Pedid y
recibiréis, y vuestra alegría será completa.
V. Yo
os lo aseguro: cuanto pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá.
R. Pedid y recibiréis, y vuestra alegría será
completa.
Oración
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
iba
pensando en confesar sincero
el dolor desgarrado y verdadero
del delito de
haberte abandonado;
cuando pobre volvime a ti humillado,
me
ofrecí como inmundo pordiosero;
cuando, temiendo tu mirar severo,
bajé los
ojos, me sentí abrazado.
Sentí mis labios por tu amor sellados
y
ahogarse entre tus lágrimas divinas
la triste confesión de mis pecados.
Llenose el alma en luces matutinas,
y,
viendo ya mis males perdonados,
quise para mi frente tus espinas. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Salmo 35
DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS
El que me
sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8,
12)
El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia.»
Porque se hace la
ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.
Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser
sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal
camino,
no rechaza la maldad.
Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las
nubes,
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como
el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu
misericordia, oh Dios!
los humanos se acogen a la sombra de tus
alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del
torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos
hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia
con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no
me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden
levantar.
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Ant. 2: Señor, tú eres grande tu fuerza es invencible.
Cántico
Jdt 16, 2-3. 15-19
HIMNO A DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU
PUEBLO
Cantaban un cántico nuevo. (Ap 5, 9)
¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con
cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e
invocad su nombre!
Porque el Señor
es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.
Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y
glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.
Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste, y
existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu
voz.
Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu
presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus
fieles.
Ant. 2: Señor, tú eres grande tu fuerza es invencible.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
Salmo 46
ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL
Está sentado
a la derecha del Padre
y su reino no tendrá fin.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de
júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la
tierra.
Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones,
él
nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de
trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey,
tocad.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios
reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo de Dios
de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es
excelso.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
LECTURA BREVE Is 50,5-7
El Señor me abrió el oído; yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me
librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Si permanecéis en mi palabra seréis en verdad discípulos mío -dice el Señor- y llegaréis al conocimiento de la verdad y la verdad os librará de la esclavitud.»
PRECES
Bendigamos al Autor de nuestra salvación, que ha querido renovar en sí mismo todas las cosas, y digámosle: Renuévanos, Señor, por tu Espíritu Santo.
Señor, tú que nos has prometido un cielo nuevo y una tierra nueva, renuévanos sin cesar por tu Espíritu Santo, * para que lleguemos a gozar eternamente de ti en la nueva Jerusalén.
Que trabajemos, Señor, para que el mundo se impregne de tu Espíritu * y se logre así más eficazmente la justicia, el amor y la paz universal.
Enséñanos, Señor, a corregir nuestra pereza y nuestra desidia * y a poner nuestro corazón en los bienes eternos.
Líbranos del mal * y presérvanos de la fascinación de la vanidad que oscurece la mente y oculta el bien.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos al Padre, unidos a Jesús, la oración que él nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: Han llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y
salvaremos nuestras almas. Salmo 118, 9-16 ¿Cómo podrá un joven andar honestamente? Bendito eres, Señor, Medito tus decretos, Salmo 16 En los días
de su vida mortal Señor, escucha mí apelación, Aunque sondees mi corazón, Mi boca no ha faltado Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; Guárdame como a las niñas de tus ojos, II Han cerrado sus entrañas Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo, Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, LECTURA BREVE Tercia 1Tm
2,4-6
Sexta: Ant.: «Por mi
vida -dice el Señor-, no me complazco en la muerte del pecador, sino en que
cambie de conducta y viva.»
Nona: Ant.:
Acreditémonos ante Dios por nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra
sed de ser justos.
Cumpliendo tus
palabras.
Te busco, de todo corazón,
no consientas
que me desvíe de
tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré
contra ti.
enséñame tus leyes.
Mis labios van
enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus
preceptos,
más que todas las riquezas.
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es
mi delicia,
no olvidaré tus palabras.
DIOS, ESPERANZA DEL INOCENTE PERSEGUIDO
presentó oraciones y súplicas
y fue escuchado. (Hb 5,
7)
atiende a mis clamores,
presta
oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la
sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
visitándolo de noche,
aunque me
pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
como suelen los hombres;
según tus
mandatos yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron
firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
inclina el oído y
escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que
salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.
a la sombra de tus alas
escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me
cerca.
y hablan con boca arrogante;
ya me
rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
como un león ávido de
presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.
que tu espada me
libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este
mundo: sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se
saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.
y al despertar me
saciaré de tu semblante.
Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, el cual se entregó a sí mismo como precio de rescate por todos. Este es el testimonio que nos ha dado Dios a su tiempo.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón
puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu firme.
Oremos:
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus
hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos
infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras
súplicas. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Rm 15,3
Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: «Sobre mí cayeron los ultrajes de quienes te ultrajaron.»
V. Aparta de mi pecado tu vista.
R.
Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus
hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos
infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras
súplicas. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 9,28
Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de las multitudes, aparecerá por segunda vez, sin relación ya con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus
hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos
infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras
súplicas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Heme, Señor, a tus divinas plantas,
baja la
frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que
tengo miedo a tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.
Mas ¡ay!, que renunciar la lumbre
hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche
tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime ante tus
pies de hinojos.
Dame licencia ya, Padre adorado,
para
mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor
cercado;
muéstrate, Padre mío, en cruz clavado,
porque sólo en la cruz
mirarte puedo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Salmo 26
CONFIANZA ANTE EL PELIGRO
Si Dios está
con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?,
¿quién podrá apartarnos
del amor de Cristo? (Rm 8, 31. 35)
I
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor
es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla
si
me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del
Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me
esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en
su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para
el Señor.
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Algunos,
poniéndose de pie,
daban testimonio contra Jesús.
(Mc 14,
57)
II
Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré,
Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no
me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque
tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan
contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE Ef 4,32-5,2
Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo. Sed en una palabra, imitadores de Dios, como hijos amados que sois. Y vivid en el amor a ejemplo de Cristo, que os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: ¿Pretendéis quitarme la vida, a mí, que os he manifestado la verdad?
PRECES
Alabemos a Dios todopoderoso y providente, que conoce todas nuestras necesidades, pero quiere ante todo que busquemos su reino; supliquémosle, pues, diciendo: Venga, Señor, tu reino y su justicia.
Padre santo, que nos diste a Cristo como pastor de nuestras vidas, ayuda a los pastores y a los pueblos a ellos confiados, para que no falte nunca al rebaño la solicitud de sus pastores * ni falte a los pastores la obediencia de sus rebaños.
Mueve a los cristianos para que con amor fraternal se interesen por los enfermos * y que en ellos socorran a tu Hijo.
Haz que entren a formar parte de tu Iglesia los que aún no creen en el Evangelio, * y que, con sus buenas obras, la hagan crecer en el amor.
A nosotros, pecadores, concédenos tu perdón * y la reconciliación con tu Iglesia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
A los que murieron concédeles resucitar a la vida eterna * y morar eternamente contigo.
Invoquemos a Dios Padre con la oración que nos enseñó Jesús: Padre nuestro.
Oración
Dios misericordioso, ilumina los corazones de tus hijos que tratan de purificarse por la penitencia de la Cuaresma y, ya que nos infundes el deseo de servirte con amor, dígnate escuchar paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Si me desechas tú, Padre amoroso,
¿a quién acudiré que me
reciba?
Tú al pecador dijiste generoso
que no quieres su muerte, ¡oh Dios
piadoso!,
sino que llore y se convierta y viva.
Cumple en mí la palabra que me has dado
y escucha el ansia
de mi afán profundo,
no te acuerdes, Señor, de mi pecado;
piensa tan sólo
que en la cruz clavado
eres, Dios mío, el Redentor del mundo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17, 31-51
EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR
Si Dios está
con nosotros,
¿quién estará contra nosotros?
(Rm 8,
31)
IV
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del
Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro
Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
él me da pies de ciervo
y me coloca en las alturas;
él
adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la
ballesta.
Ant.1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me
sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis
pasos
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo;
y no me volvía sin
haberlo aniquilado:
los derroté y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis
pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me
resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis
adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero
no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los
pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de
naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me
obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus
baluartes.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
VI
Viva el Señor, bendita sea mi roca,
sea ensalzado mi Dios y
Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los
pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que
resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en
honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia
de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
V. El que medita la
ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 12, 1-13
CON CRISTO A LA CABEZA, CORRAMOS LA CARRERA QUE SE NOS PROPONE
Hermanos: Teniendo en tomo nuestro tan grande nube de testigos, después de habemos despojado de todo el peso y del equipaje que nos distraía, corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada. Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia; y está sentado a la diestra del trono de Dios.
Considerad la constancia de quien soportó tal hostilidad de parte de los pecadores; así no decaeréis de ánimo, agotados por el esfuerzo. Vosotros no habéis resistido aún hasta el derramamiento de sangre en vuestra lucha contra el pecado.
Os habéis olvidado de las palabras de aliento con que se dirige Dios a vosotros, como a hijos suyos: «Hijo mío, no mires con desdén la corrección con que el Señor te educa y no te desalientes cuando seas por él amonestado, porque el Señor corrige a los que ama y azota a todo el que por hijo acoge.»
Si sufrís, es para vuestra propia corrección. Dios os trata como a hijos, y ¿qué hijo no es corregido por su padre? Si no os alcanzara la disciplina y corrección por las que todos han pasado, sería señal de que Dios os tiene por hijos bastardos, no legítimos. Por otra parte, si respetábamos a nuestros padres según la carne cuando nos . corregían, con cuánta mayor razón nos hemos de someter al Padre de nuestros espíritus para conseguir la vida. Y en verdad, aquéllos nos educaban y corregían para poco tiempo y según les parecía bien; Dios, en cambio, para nuestro mayor bien, en orden a hacernos participantes de su santidad.
Ninguna corrección parece, de momento, cosa agradable, sino aflictiva; mas luego produce frutos de paz y de santidad a quienes en ella se ejercitan. Por eso, levantad vuestras manos abatidas, enderezad vuestras rodillas vacilantes y trazad rectos senderos para vuestros pies, para que los cojos no sufran una dislocación, sino que se curen.
Responsorio Hb 12, 2; Flp 2, 8
R. Jesús,
caudillo y consumador de la fe, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con
toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia; * y está sentado a la diestra del trono de Dios.
V. Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte.
R. y está sentado a la diestra del trono de
Dios.
Año II:
Del libro de los Números 20, 1-13; 21, 4-9
LAS AGUAS DE MERIBÁ Y LA SERPIENTE DE BRONCE
En aquellos días, la comunidad entera de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron. Faltó agua al pueblo y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo:
«¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué habéis traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en: él nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos habéis sacado de Egipto, para traemos a este sitio horrible, que no tiene grano, ni higueras, ni granados, ni agua para beber?»
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la Tienda de Reunión, y delante de ella se postraron rostro en tierra. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés:
«Toma el cayado, reúne a la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y en presencia de ellos ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.»
Moisés tomó la vara de la
presencia del Señor, como él se lo mandaba, y, habiendo convocado con Aarón a la
comunidad delante de la roca, les dijo:
«Escuchad,
rebeldes: ¿Creéis que podemos sacar agua de esta roca para vosotros?»
Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundante que bebió toda la multitud y sus bestias. El Señor dijo luego a Moisés y a Aarón:
«Por no haber confiado en mí, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los hijos de Israel, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar.»
(Éstas son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel protestaron contra el. Señor y donde él les dio una prueba de su santidad.)
Partieron luego los israelíes de la montaña de Hor y se encaminaron hacia el, mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo iba extenuado e impaciente, y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y ya nos da náusea ese alimento tan mezquino.»
El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas. que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; intercede ante el Señor para que aparte de nosotros las serpientes.»
Moisés intercedió ante el Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente de bronce y colócala en una asta. Todo el que haya sido mordido y la mire sanará.».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en una asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.
Responsorio Jn 3, 14-15. 17
R. Así como
Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en
alto el Hijo del hombre, * para que todo el que crea
en él tenga vida eterna.
V. Dios no ha enviado a
su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de
él.
R. Para que todo el que crea en él tenga vida
eterna.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núm. 9)
LA IGLESIA, SACRAMENTO VISIBLE DE LA UNIDAD SALUTÍFERA
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -oráculo del Señor-.
Pacto nuevo que estableció Cristo, es decir, el. nuevo Testamento en su sangre, convocando un pueblo de entre los judíos y los gentiles, que se condensara en unidad no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera un nuevo pueblo de Dios.
Pues los que creen en Cristo -renacidos de germen no corruptible, sino incorruptible, por la palabra de Dios vivo, no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo- son hechos por fin linaje escogido. sacerdocio regio. nación santa. pueblo adquirido por Dios; aquellos que en otro tiempo no eran pueblo y son ahora pueblo de Dios.
Ese pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados. y resucitado para nuestra justificación y, habiendo conseguido un nombre que está sobre todo nombre, reina ahora gloriosamente en los cielos.
Poseen los que forman este pueblo la dignidad y libertad de los hijos de Dios, y en sus corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.
Tienen por ley el mandato de amar como el mismo Cristo nos amó.
Tiene, últimamente, este pueblo como fin la dilatación del reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que sea consumado por él mismo al fin de los tiempos, cuando se manifieste Cristo, nuestra vida, y la creación misma se vea liberada de la esclavitud de la corrupción. para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Aquel pueblo mesiánico, por tanto, aunque de momento no contenga a todos los hombres y muchas veces aparezca como una pequeña grey, es, sin embargo, el germen firmísimo de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano.
Constituido por Cristo en orden a la comunión de vida, de caridad y de verdad, es empleado también por él como instrumento de la redención universal y es enviado a todo el mundo como luz del mundo y sal de la tierra.
Así como el pueblo de Israel según la carne, cuando peregrinaba por el desierto, fue llamado ya alguna vez Iglesia de Dios, así el nuevo Israel, que va avanzando en este mundo hacia la ciudad futura y permanente, es llamado también Iglesia de Cristo, porque él la adquirió con su sangre, la llenó de su Espíritu y la proveyó de medios aptos para una unión visible y social.
La congregación de todos los creyentes, que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible de esta unidad salutífera para todos y cada uno.
Responsorio 1Pe 2, 9. 10; Sal 32, 12
R. Vosotros
sois pueblo adquirido por Dios; * vosotros que en
otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios; vosotros que estabais
excluidos de la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de Dios.
.
V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el
pueblo que él se escogió como heredad.
R. Vosotros
que en otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios; vosotros que
estabais excluidos de la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de
Dios.
Oración
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Pastor que con tus silbos amorosos
me despertaste del
profundo sueño:
tú que hiciste cayado de ese leño
en que tiendes los
brazos poderosos,
vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi
amor y dueño
y la palabra de seguir te empeño
tus dulces silbos y tus
pies hermosos.
Oye, Pastor, pues por amores mueres,
no te espante el rigor
de mis pecados
pues tan amigo de rendidos eres.
Espera, pues, y escucha mis cuidados...
Pero ¿cómo te digo
que me esperes
si estás, para esperar, los pies clavados? Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo
canta la pasión
del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus
dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las
naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos,
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Cántico
Jr 31, 10-14
FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO
Jesús iba a
morir... para reunir
a los hijos de Dios dispersos.
(Jn 11, 51.
52)
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas
remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor
a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más
fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los
bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de
ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a
desfallecer.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los
jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y
aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes
con manjares
sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.+
Salmo 47
HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN
Me transportó
en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén. (Ap
21, 10)
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de
nuestro Dios,
+ su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la
tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre
sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al
verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un
viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de
los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para
siempre.
¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu
templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la
tierra;
tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se
alegra
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión:
contando sus torreones;
fijaos
en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor,
nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Hb 2,9b-10
Vemos a Jesús coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte. Así, por amorosa dignación de Dios, gustó la muerte en beneficio de todos. Pues como quisiese Dios, por quien y para quien son todas las cosas, llevar un gran número de hijos a la gloria, convenía ciertamente que perfeccionase por medio del sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Decía Jesús a los judíos y a los príncipes de los sacerdotes: «El que procede de Dios da oídos a las palabras de Dios. Por eso no las escucháis vosotros, porque no sois de Dios.»
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, nuestro Señor, que resplandece como luz del mundo para que siguiéndolo no caminemos en tinieblas, sino que tengamos la luz de la vida, y digámosle: Que tu palabra, Señor, sea luz para nuestros pasos.
Cristo, amigo de los hombres, haz que sepamos, progresar hoy en tu imitación, * para que lo que perdimos por culpa del primer Adán lo recuperemos en el segundo.
Que tu palabra sea siempre luz en nuestro sendero, para que, realizando siempre la verdad en el amor, * hagamos crecer todas las cosas en ti.
Enséñanos, Señor, a trabajar por el bien de todos los hombres, * para que así, por nuestra acción, la Iglesia ilumine a toda la sociedad humana.
Que por nuestra sincera conversión crezcamos en tu amistad * y expiemos las faltas cometidas contra tu bondad y tu sabiduría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque sabemos que somos hijos de Dios, llenos de confianza nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 118, 17-24
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme
los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad;
soy un forastero en
la tierra:
no me ocultes tus promesas.
Mi alma se consume, deseando
continuamente tus
mandamientos;
reprendes a los soberbios,
infelices los que se apartan de
tus mandatos;
aleja de mí las afrentas y el desprecio,
porque observo tus
preceptos.
Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí,
tu siervo medita
tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis
consejeros.
Salmo 24
ORACIÓN POR TODA CLASE DE NECESIDADES
La esperanza no defrauda (R 5, 5)
I
A ti, Señor, levanto mi alma;
Dios mío, en ti confío, no quede
yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en
ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los
traidores.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz
que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y
todo el día te estoy esperando.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son
eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi
juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad,
Señor.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los
pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a
los humildes.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que
guardan su alianza y sus mandatos.
Por el honor de tu nombre,
Señor,
perdona mis culpas, que son muchas.
II
Hay alguien que tema al Señor?
Él le enseñará el camino
escogido:
su alma vivirá feliz,
su descendencia poseerá la
tierra.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su
alianza.
Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él saca mis pies de la
red.
Mírame, ¡oh Dios!, y ten piedad de mí,
que estoy solo y
afligido.
Ensancha mi corazón oprimido y
sácame de mis
tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis
pecados,
mira cuántos son mis enemigos,
que me detestan con odio
cruel.
Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber
acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en
ti.
Salva, ¡oh Dios!, a Israel
de todos sus peligros.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Hb 4,14-15
Teniendo un sumo sacerdote que penetró y está en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme la fe que profesamos. No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, al contrario, él mismo pasó por todas las pruebas a semejanza nuestra, fuera del pecado.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya
que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda
mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos
a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Hb 7,26-27
Tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los demás sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por los propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo nuestro Señor Jesucristo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya
que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda
mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos
a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 9,11-12
Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros y entró de una vez para siempre en el santuario. Entró a través de una Tienda de Reunión más sublime y perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no perteneciente a este mundo. Y entró no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, obteniendo para nosotros una redención eterna.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya
que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda
mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos
a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, la luz del día ya se apaga,
la noche
va extendiendo sus tinieblas;
alumbra lo más hondo de las almas
en este
santo tiempo de Cuaresma.
Conoces nuestra vida y nuestra historia
y
sabes que también hemos pecado,
por eso hacia ti nos dirigimos
confiando
que seremos perdonados.
Unidos con la Iglesia recorremos
la senda
que nos lleva hasta el Calvario,
llevando en nuestro cuerpo tus
dolores,
sufriendo lo que aún no has completado.
Escucha nuestra voz, amado Padre,
que,
junto con tu Hijo Jesucristo,
enviaste tu Espíritu a los hombres,
sellando
con tu gracia sus destinos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 29
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN
PELIGRO DE MUERTE
Cristo,
después de su gloriosa resurrección,
da gracias al Padre.
(Casiodoro)
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que
mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste
mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre
santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer
nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor,
me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé
desconcertado.
A ti Señor llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi
muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu
lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has
vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te
daré gracias por siempre.
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Salmo 31
ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO
David
proclama dichoso al hombre a quien Dios confiere
la justificación haciendo
caso omiso de las obras.
(Rm 4, 6)
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han
sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el
delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el
día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había
vuelto
un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse:
«Confesaré al Señor, mi culpa»,
y tú perdonaste, mi culpa y mi
pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la
desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos
de liberación.
Te instruiré y te enseñaré
el camino que has de
seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que
domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el
Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de
corazón sincero.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE Hb 13,12-15
Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «No tienes aún cincuenta años, y ¿has visto a Abraham?» «Os aseguro con toda verdad: antes que Abraham naciese, ya existía yo.»
PRECES
Oremos a Cristo, el Señor, que nos dio el mandamiento nuevo de amarnos unos a otros, y digámosle: Acrecienta, Señor, la caridad de tu Iglesia.
Maestro bueno, enséñanos a amarte en nuestros hermanos * y a servirte en cada uno de ellos.
Tú que en la cruz pediste al Padre el perdón para tus verdugos, * concédenos amar a nuestros enemigos y orar por los que nos persiguen.
Señor, que la participación en el misterio de tu cuerpo y de tu sangre acreciente en nosotros el amor, la fortaleza y la confianza, * y dé vigor a los débiles, consuelo a los tristes y esperanza a los agonizantes.
Señor, luz del mundo, que, por el agua, concediste al ciego de nacimiento el poder ver la luz, * ilumina a nuestros catecúmenos por el sacramento del agua y de la palabra.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concede la plenitud de tu amor a los difuntos * y haz que un día nos contemos entre tus elegidos.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor, atiende a nuestras súplicas y concédenos tu protección, ya que hemos puesto toda nuestra esperanza en tu misericordia; purifícanos de toda mancha de pecado y haz que nos mantengamos en una vida santa, para que lleguemos a recibir la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Oh Redentor, oh Cristo,
Señor del universo,
víctima y
sacerdote,
sacerdote y cordero!
Para pagar la deuda
que nos cerraba el cielo,
tomaste
entre tus manos
la hostia de tu cuerpo
y ofreciste tu sangre
en el
cáliz del pecho:
altar blando, tu carne;
altar duro, un madero.
¡Oh Cristo Sacerdote,
hostia a la vez y templo!
Nunca
estuvo la vida
de la muerte tan dentro,
nunca abrió tan terribles
el
amor sus veneros.
El pecado del hombre,
tan huérfano del cielo,
se hizo
perdón de sangre
y gracia de tu cuerpo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
SÚPLICA CONTRA LOS
PERSEGUIDORES INJUSTOS
Se
reunieron... y se pusieron de acuerdo para detener
a Jesús con engaño y
matarlo. (Mt 26, 3-4)
I
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que
me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi
auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo
mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del
poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni
sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.
Ant.1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Ant. 2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
II
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me
mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste,
cabizbajo
y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra
mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de
mí,
rechinando los dientes de odio.
Ant.2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
III
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que
rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la
multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no se hagan
guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles;
Señor, no te quedes a
distancia;
despierta, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi
causa.
Júzgame tú según tu justicia.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria;
que
repitan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean la paz a tu
siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te
alabaré.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
V. Convertíos al
Señor, vuestro Dios.
R. Porque es compasivo y
misericordioso.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 12, 14-29
EL ACCESO AL MONTE DEL DIOS VIVO
Hermanos: Fomentad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor. Procurad que nadie se vea privado de la gracia de Dios. Que ninguna raíz amarga vaya creciendo y causando turbación entre vosotros, no sea que se inficionen todos. Y mirad que no haya ningún fornicario ni profanador, como Esaú, que por un plato vendió su primogenitura. Ya sabéis cómo luego, queriendo heredar la bendición, fue desechado, Porque no logró cambiar el parecer de su padre, aunque con lágrimas lo intentó.
No os habéis acercado a una realidad sensible: fuego que arde, oscuridad o tinieblas; ni a huracán, sonido de trompeta, o clamor de palabras tal, que quienes lo oyeron pidieron que no se les hablara más, pues no podían soportar lo mandado: «Quien toque el monte, aunque sea animal, sea lapidado.» Y tan terrible era el espectáculo, que el mismo Moisés dijo: «Estoy aterrado y temblando.»
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
Guardaos de rechazar al que os habla, pues si no escaparon al castigo los que rechazaron al que promulgaba la ley en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si volvemos la espalda al que nos habla desde el cielo. Su voz hacía entonces temblar la tierra; ahora, en cambio, hace esta promesa: «Todavía haré estremecer una vez más no sólo la tierra, sino también el cielo.» Estas palabras, «todavía una vez más», quieren significar que las cosas que van a ser estremecidas serán cambiadas, ya que son realidades creadas, para que subsistan aquellas que son inconmovibles.
Así pues, ya que recibimos un reino inconmovible, retengamos firmemente esta donación gratuita y, por medio de ella, sirvamos a Dios con amor filial y reverencia para agradarle, pues nuestro Dios, en efecto, «es un fuego devorador».
Responsorio Dt 5, 23. 24; cf. Hb 12,22
R. Vosotros, cuando oísteis la voz que salía de la
tiniebla, mientras el monte ardía, os acercasteis a Moisés y le dijisteis: * «El Señor, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y su
grandeza.»
V. Ahora os habéis acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo.
R. El Señor, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y su
grandeza.
Año II:
Del libro de los Números 22, 1-8b. 20-35
BALAAM SE PONE EN CAMINO PARA MALDECIR A ISRAEL
En aquellos días, los israelitas siguieron adelante y acamparon en la estepa de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericó. Balac, hijo de Sipor, vio cómo habla tratado Israel a los amorreos, y Moab tuvo miedo de aquel pueblo tan numeroso; Moab tembló ante los israelitas. Y dijo a los ancianos de Madián:
«Esa horda va a apacentarse en nuestra comarca como un buey que pace la hierba de la pradera.»
Balac, hijo de Sipor, era entonces rey de Moab. Y despachó correos a Balaam, hijo de Beor, que habitaba en Petor, junto al Éufrates, en tierra de amonitas, para que lo llamaran, diciéndole:
«Ha salido de Egipto un pueblo que cubre la superficie de la tierra, y se ha establecido frente a nosotros. Ven por favor, a maldecirme a ese pueblo, que me excede en número, a ver si logro derrotarlo y expulsarlo de la región. Pues sé que el que tú bendices queda bendecido y el que tú maldices queda maldecido.»
Los ancianos de Moab y de Madián fueron con el precio del conjuro a donde estaba Balaam y le transmitieron el mensaje de Balac. Él les dijo:
«Dormid esta noche aquí y os comunicaré lo que el Señor me diga.»
Los jefes de Moab se quedaron con Balaam. Dios vino de noche a donde estaba Balaam y le dijo:
«Ya que esos hombres han venido a llamarte, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.»
Balaam se levantó de mañana, aparejó la borrica y se fue con los jefes de Moab. Al verlo ir, se encendió la ira de Dios, y el ángel del Señor se plantó en el camino haciéndole frente. Él iba montado en la borrica, acompañado de dos criados. La borrica, al ver al ángel del Señor plantado en el camino, con la espada desenvainada en la mano, se desvió del camino y tiró por el campo. Pero Balaam le dio de palos para volverla al camino.
El ángel del Señor se colocó en un paso estrecho, entre viñas, con dos cercas a ambos lados. La borrica, al ver al ángel del Señor, se arrimó a la cerca, pillándole la Pierna a Balaam contra la tapia. Él la volvió a golpear. El ángel del Señor se adelantó y se colocó en un paso angosto, que no permitía desviarse ni a derecha ni a izquierda. Al ver la borrica al ángel del Señor, se tumbó debajo de Balaam. Él, enfurecido, se puso a golpearla. El Señor abrió la boca a la borrica y ésta dijo a Balaam:
«¿Qué te he hecho para que me apalees por tercera vez?»
Contestó Balaam:
«Porque te burlas de mí. Si tuviera a mano un puñal, yo mismo te mataría.»
Dijo la borrica:
«¿No soy yo tu borrica, en la que montas desde hace tiempo? ¿Me solía portar contigo así?».
Contestó él:
«No.»
Entonces el Señor abrió los ojos a Balaam, y éste vio al ángel del Señor plantado en el camino con la espada desenvainada en la mano, e inclinándose se postró en tierra. El ángel del Señor le dijo:
«¿Por qué golpeas a tu burra por tercera vez? Yo he salido a hacerte frente, porque sigues un mal camino. La borrica me vio y se apartó de mí tres veces. Si no se hubiera apartado, ya te habría matado yo a ti, dejándola viva a ella.»
Balaam respondió al ángel del Señor:
«He pecado, porque no sabía que estabas en el camino, frente a mí. Pero ahora; si te parece mal mi viaje, me vuelvo a casa.»
El ángel del Señor respondió a Balaam:
«Vete con esos hombres; pero dirás únicamente lo que yo te diga.»
Y Balaam prosiguió con los ministros de Balac.
Responsorio Ez 13, 9. 3
R. Extenderé mi mano contra los profetas y visionarios
falsos y adivinos de embustes; * no tomarán parte en
la asamblea de mi pueblo, ni serán inscritos en el censo de la casa de
Israel.
V. ¡Ay de los profetas necios que se
inventan profecías, cosas que nunca vieron, siguiendo su inspiración!
R. No tomarán parte en la asamblea de mi pueblo, ni serán
inscritos en el censo de la casa de Israel.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo, Sobre la fe a Pedro
(Cap. 22, 62: CCL 91 A, 726. 750-751)
SE ENTREGÓ POR NOSOTROS
Los sacrificios de víctimas carnales, que la Santísima Trinidad, el mismo y único Dios del antiguo y del nuevo Testamento, había mandado a nuestros padres que le fueran ofrecidos, significaban la agradabilísima ofrenda de aquel sacrificio en el cual el Hijo de Dios había de ofrecerse misericordiosamente según la carne, él solo, por nosotros. Él, en efecto, como nos enseña el Apóstol, se entregó por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia. Él es el verdadero Dios y el verdadero sumo sacerdote, que por nosotros penetró una sola vez en el santuario, no con la sangre de toros o de machos cabríos, sino con su propia sangre. Esto es lo que significaba el sumo sacerdote del antiguo Testamento cuando entraba con la sangre de las víctimas, una vez al año, en el santuario.
Él es, por tanto, el que manifestó en su sola persona todo lo que sabía que era necesario para nuestra redención; él mismo fue sacerdote y sacrificio, Dios y templo; sacerdote por quien fuimos absueltos, sacrificio con el que fuimos perdonados, templo en el que fuimos purificados, Dios con el que fuimos reconciliados. Pero él fue sacerdote, sacrificio y templo sólo en su condición de Dios unido a la naturaleza de siervo: no en su condición divina sola, porque bajo este aspecto todo es común con el Padre y el Espíritu Santo.
Debemos, pues, retener firmemente y sin asomo de duda que el mismo Hijo único de Dios, la Palabra hecha carne, se ofreció por nosotros a Dios en oblación y sacrificio de agradable olor: el mismo al que, junto con el Padre y el Espíritu Santo, los patriarcas, profetas y sacerdotes del antiguo Testamento sacrificaban animales; el mismo al que ahora, en el nuevo Testamento, junto con el Padre y el Espíritu Santo, con los que es un solo Dios, la santa Iglesia católica no cesa de ofrecerle, en la fe y la caridad, por todo el orbe de la tierra, el sacrificio de pan y vino. Aquellas víctimas carnales significaban la carne de Cristo, que él, libre de pecado, había de ofrecer por nuestros pecados, y la sangre que para el perdón de ellos había de derramar; pero en este sacrificio se halla la acción de gracias y el memorial de la carne de Cristo, que él ofreció por nosotros, y de la sangre, que el mismo Dios derramó por nosotros. Acerca de lo cual dice san Pablo en los Hechos de los apóstoles: Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.
Por tanto, los antiguos sacrificios eran figura y signo de lo que se nos daría en el futuro; pero en este sacrificio se nos muestra de modo evidente lo que ya nos ha sido dado.
Los sacrificios antiguos anunciaban por anticipado que el Hijo de Dios sería muerto en favor de los impíos; pero en este sacrificio se anuncia ya realizada esta muerte, como lo atestigua el Apóstol, al decir: Cuando estábamos nosotros todavía sumidos en la impotencia del pecado, murió Cristo por los pecadores, en el tiempo prefijado por el Padre; y añade: Siendo enemigos, hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.
Responsorio Cf. Col 1,21-22; Rm 3,25
R. A vosotros, que antes estabais enajenados y enemigos
en vuestra mente por las obras malas, ahora Dios os ha reconciliado en el cuerpo
de carne de Cristo mediante la muerte, *
presentándoos ante él como santos sin mancha y sin falta.
V. Dios ha propuesto a Cristo como instrumento de
propiciación, por su propia sangre y mediante la fe.
R. Presentándoos ante él como santos sin mancha y sin
falta.
Oración
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen cautivos nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Delante de la cruz los ojos
míos
quédenseme, Señor, así mirando,
y sin ellos quererlo estén
llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.
Y estos labios que dicen mis
desvíos,
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos quererlo estén
rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.
Y así con la mirada en vos prendida,
y así
con la palabra prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,
quédeseme, Señor, el alma entera;
y así
clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Cántico
Is 45, 15-25
QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR
Al nombre de
Jesús
toda rodilla se doble. (Flp 2,10)
Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el
Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van
avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a
Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se
sonrojen
nunca jamás.
Así dice el Señor, creador del cielo
-él es Dios-,
él modeló
la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó
habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»
No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la
estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»
Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es
justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las
naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un
dios que no puede salvar.
Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién
anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo,
el Señor?
-No hay otro Dios fuera de mí-.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno
más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy
Dios y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una
palabra irrevocable:
«Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda
lengua»,
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder.»
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra
él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
LECTURA BREVE Is 52,13-15
Mirad: mi siervo tendrá éxito, será enaltecido y ensalzado sobremanera. Y, así como muchos se horrorizaron de él, pues tan desfigurado estaba que ya ni parecía hombre, no tenía ni aspecto humano, así también muchos pueblos se admirarán de él y, a su vista, los reyes enmudecerán de asombro porque verán algo jamás narrado y contemplarán algo inaudito.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Muchas y buenas obras os he hecho ver -dice el Señor-, ¿por cuál de ellas me queréis apedrear?»
PRECES
Demos gracias a Cristo, el Señor, que al morir en cruz nos dio la vida, y digámosle con fe: Tú que por nosotros moriste, escúchanos, Señor.
Maestro y Salvador nuestro, tú que nos revelaste con tu palabra el designio de Dios y nos renovaste con tu gloriosa pasión, * no permitas que nuestros días transcurran entre vicios y pecados.
Que sepamos, Señor, mortificarnos hoy al tomar los manjares del cuerpo, * para ayudar con nuestra abstinencia a los hambrientos y necesitados.
Que vivamos santamente este día de penitencia cuaresmal * y lo consagremos a tu servicio mediante obras de misericordia.
Sana, Señor, nuestras voluntades rebeldes * y llénanos de tu gracia y de tus dones.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir: Padre nuestro.
Oración
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen cautivos nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
Salmo 118, 25-32
Mi alma está pegada al polvo:
reanímame con tus palabras;
te
expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el
camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.
Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus
promesas;
apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu
voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Me apegué
a tus preceptos,
Señor, no me defraudes;
correré por el camino de tus
mandatos
cuando me ensanches el corazón.
Salmo 25
ORACIÓN CONFIADA DEL INOCENTE
Nos eligió
para que fuésemos
consagrados e irreprochables
ante él por el amor. (Ef 1,
4)
Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia,
confiando en
el Señor no me he desviado.
Examíname, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi
corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu
verdad.
No me siento con gente falsa,
no me junto con
mentirosos;
detesto las bandas de malhechores,
no tomo asiento con los
impíos.
Lavo en la inocencia mis manos,
y rodeo tu altar,
Señor,
proclamando tu alabanza,
enumerando tus maravillas.
Señor, yo amo la belleza de tu casa,
el lugar donde reside tu
gloria.
No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los
sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena
de sobornos.
Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten
misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea
bendeciré al Señor.
Salmo 27, 1-3. 6-9
SÚPLICA Y ACCIÓN DE GRACIAS
Padre, te doy
gracias porque
me has escuchado. (Jn 11, 41)
A ti, Señor, te invoco;
Roca mía, no seas sordo a mi
voz;
que, si no me escuchas, seré igual
que los que bajan a la
fosa.
Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo
las manos
hacia tu santuario.
No me arrebates con los malvados
ni con los malhechores,
que
hablan de paz con el prójimo,
pero llevan la maldad en el corazón.
Bendito el Señor, que escuchó
mi voz suplicante;
el Señor es
mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón
se alegra
y le canta agradecido.
El Señor es fuerza para su pueblo,
apoyo y salvación para su
Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,
sé su pastor y guíalos
siempre.
Tercia: Ant.: Han
llegado los días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser
justos.
LECTURA BREVE
Tercia Is 53,2-3
Creció ante nosotros como un débil brote, como raíz en tierra árida. Lo vimos sin aspecto atrayente, sin gracia ni belleza, despreciado y rechazado por los hombres, como varón de dolores, acostumbrado a los sufrimientos, ante el cual se desvía la mirada, discriminado y desestimado.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oremos:
R.
Renuévame por dentro con espíritu firme.
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra
debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen
cautivos nuestros pecados. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 53,4-5
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores: nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes. Él soportó el castigo que nos trae la paz, por sus llagas hemos sido curados.
V. Aparta de mi pecado tu vista. Oremos:
R.
Borra en mí toda culpa.
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra
debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen
cautivos nuestros pecados. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Is 53,6-7
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
V. Mi sacrificio es un espíritu contrito. Oremos:
R.
Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra
debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen
cautivos nuestros pecados. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos
al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Muere la vida y vivo yo sin vida
ofendiendo
la vida de mi muerte;
sangre divina de las venas vierte
y mi diamante su
dureza olvida.
Está la majestad de Dios tendida
en una
dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su
cuerpo la mayor herida.
¡Oh duro corazón de mármol frío!
¿Tiene tu
Dios abierto el lado izquierdo
y no te vuelves un copioso río?
Morir por él será divino acuerdo,
mas eres
tú mi vida, Cristo mío,
y, como no la tengo, no la pierdo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Salmo 40
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Uno de
vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo.
(Mc 14,
18)
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo
pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso
en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los
dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado
contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere y se acaba
su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala
intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos
siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no
levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de
mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en
tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén,
amén.
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 40
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Uno de
vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo.
(Mc 14,
18)
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo
pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso
en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los
dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado
contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere y se acaba
su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala
intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos
siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no
levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de
mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en
tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén,
amén.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE 1Pe 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.
RESPONSORIO BREVE
V. Yo dije: «Señor,
ten misericordia.» R. Yo dije.
V. Sáname, porque he pecado contra ti. R. Señor, ten misericordia.
V. Gloria. R. Yo dije.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Si no queréis creerme a mí, creed a esas obras, que hago en nombre de Dios.
PRECES
Oremos a Jesús, el Señor, que santificó por su propia sangre al pueblo, y digámosle: Compadécete, Señor, de tu pueblo.
Redentor nuestro, por tu pasión, concede a tus fieles la fuerza necesaria para mortificar sus cuerpos, ayúdalos en su lucha contra el mal y fortalece su esperanza, * para que se dispongan a celebrar santamente tu resurrección.
Haz que los cristianos cumplan con su misión profética anunciando al mundo tu Evangelio * y dando testimonio de él por su fe, esperanza y caridad.
Conforta, Señor, a los que están tristes, * y otórganos a nosotros el poder consolar a nuestros hermanos.
Haz que tus fieles aprendan a participar en tu pasión con sus propios sufrimientos, * para que sus vidas manifiesten tu salvación a los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que eres autor de la vida, acuérdate de los difuntos * y dales parte en tu gloriosa resurrección.
Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Perdona, Señor, las culpas que hemos cometido a causa de nuestra debilidad y, por tu misericordia, líbranos de la esclavitud en que nos tienen cautivos nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te
sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches
del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas
de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la
ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!»
Y ¡cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos»,
respondía,
para lo mismo responder mañana! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Cantad al Señor y meditad sus maravillas.
Salmo 104
LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN
REALIZA LAS PROMESAS HECHAS POR DIOS A ABRAHAM
Los apóstoles revelan a las naciones
las maravillas r
ealizadas por Dios en su venida. (S.
Atanasio)
I
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus
hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus
maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan
al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su
rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias
de su boca.
¡Estirpe de Abraham, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de
su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abraham,
del juramento hecho a
Isaac,
confirmado como ley para Jacob,
como alianza eterna para Israel:
«A ti te daré el país cananeo,
como lote de vuestra heredad.»
Cuando eran unos pocos mortales,
contados, y forasteros en
el país,
cuando erraban de pueblo en pueblo,
de un reino a otra nación,
a nadie permitió que los molestase,
y por ellos castigó a reyes:
«No
toquéis a mis ungidos,
no hagáis mal a mis profetas.»
Ant. 1: Cantad al Señor y meditad sus maravillas.
Ant. 2: No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.
II
Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento
de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como
esclavo;
le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en
la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor
lo acreditó.
El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la
prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus
posesiones,
para que a su gusto instruyera a los príncipes
y enseñase
sabiduría a los ancianos.
Ant. 2: No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores.
Ant. 3: Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.
III
Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob se hospedó en la
tierra de Cam.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus
enemigos.
A éstos les cambió el corazón
para que odiasen a su pueblo,
y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su escogido,
que hicieron contra ellos sus signos,
prodigios en la tierra de Cam.
Envió la oscuridad, y oscureció,
pero ellos resistieron a
sus palabras;
convirtió sus aguas en sangre,
y dio muerte a sus peces;
su tierra pululaba de ranas,
hasta en la alcoba del rey.
Ordenó que vinieran tábanos
y mosquitos por todo el
territorio;
les dio en vez de lluvia granizo,
llamas de fuego por su
tierra;
e hirió higueras y viñas,
tronchó los árboles del país.
Ordenó que viniera la langosta,
saltamontes innumerables,
que roían la hierba de su tierra,
y devoraron los frutos de sus campos.
Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su
virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de otro y plata,
y entre sus
tribus nadie se enfermó;
los egipcios se alegraban de su marcha,
porque
los había sobrecogido el terror.
Tendió una nube que los cubriese,
y un fuego que les
alumbrase de noche.
Lo pidieron, y envió codornices,
los sació con pan
del cielo;
hendió la peña, y brotaron las aguas,
que corrieron en ríos
por el desierto.
Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a
su siervo Abraham,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con
gritos de triunfo.
Les asignó las tierras de los gentiles,
y poseyeron las
haciendas de las naciones;
para que guarden sus decretos,
y cumplan su
ley.
Ant. 3: Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría.
V. El que obra la
verdad viene a la luz.
R. Y sus obras quedan de
manifiesto.
PRIMERA LECTURA
Año I:
De la carta a los Hebreos 13,1-25
VIDA COTIDIANA A IMITACIÓN DE CRISTO
Hermanos: Permanezca bien arraigada la caridad fraterna. No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles. Acordaos de los presos como si estuvieseis en la cárcel con ellos, y de los que son maltratados, pensando que también vosotros vivís en un cuerpo. Tened todos en gran honor el matrimonio, y que el lecho conyugal sea sin mancilla; Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros. No haya avaricia en vuestras costumbres; contentaos con lo que tenéis, pues él ha dicho: «Jamás te dejaré, ni te abandonaré.» Así que con toda confianza podemos decir: «El Señor está conmigo: no temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?»
Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas. Es mejor ir fortaleciendo el corazón con la gracia que con los alimentos, de los que ningún provecho sacaron quienes a ellos se atuvieron. Nosotros tenemos un altar del que no tienen derecho a comer los que sirven en el tabernáculo. Los cuerpos de los animales, cuya sangre es introducida en el Santo de los Santos por el sumo sacerdote como sacrificio por el pecado, son quemados fuera del campamento. Así también Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.
No os olvidéis de la beneficencia y de la mutua asistencia; Dios se complace en tales sacrificios. Obedeced a vuestros superiores y vivid sometidos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta de las mismas. Haced de modo que cumplan con alegría y sin lamentaciones. De otro modo no sería provechoso para vosotros. Orad por nosotros, pues creemos tener conciencia recta cuando queremos conducimos bien en todas las cosas. Sobre todo, os ruego que lo hagáis para que cuanto antes me vea entre vosotros.
El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Os ruego, hermanos, que acojáis benévolamente este discurso de exhortación. Cierto que os lo mando con breves palabras. Sabed que ha sido puesto en libertad nuestro hermano Timoteo. Con él, si viene pronto, iré a veras. Saludad a todos vuestros superiores y a todos los fieles. Os saludan los de Italia. La gracia sea con todos vosotros.
Responsorio Hb 13, 13-14; 1Cro 29, 15
R. Salgamos hacia Jesús fuera del campamento,
cargando con su oprobio. * Porque no tenemos
aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura.
V. Ante ti, Señor, somos emigrantes y extranjeros; nuestra
vida terrena no es más que una sombra.
R. Porque
no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura.
Año II:
Del libro de los Números 24, 1-19
ORÁCULO DE BALAAM
En aquellos días, viendo Balaam que el Señor tenía a bien bendecir a Israel, no anduvo como las otras veces en busca de presagios, sino que se volvió hacia el desierto y, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El Espíritu de Dios vino sobre él y recitó sus versos:
«Oráculo de Balaam, hijo de Beor; oráculo del hombre de ojos perfectos, oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Todopoderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos. ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua rebosa de sus cubos y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag y su reino descuella. Dios lo sacó de Egipto embistiendo como un búfalo. Devorará a las naciones enemigas y triturará sus huesos, las traspasará con sus flechas. Se agazapa y se tumba como un león, o como una leona, ¿quién lo desafiará? Bendito quien te bendiga, maldito quien te maldiga.»
Balac entonces, irritado contra Balaam, dio una palmada y dijo:
«Te he llamado para maldecir a mi enemigo y ya lo has bendecido tres veces. Pues ahora escapa a tu patria. Te había prometido riquezas, pero el Señor te deja sin ellas.»
Balaam contestó:
«Ya se lo dije yo a los correos que enviaste: "Aunque Balac me regale su palacio lleno de oro y plata, no puedo quebrantar el mandato del Señor haciendo mal o bien por cuenta propia; lo que el Señor me diga lo diré."
Ahora me vuelvo a mi pueblo, pero antes te explicaré lo que este pueblo hará al tuyo en el futuro.»
Y recitó sus versos:
«Oráculo de Balaam, hijo de Beor; oráculo del hombre de ojos perfectos, oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Todopoderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos. Lo veo, pero no es ahora; lo contemplo, pero no será pronto. Avanza la constelación de Jacob y sube el cetro de Israel. Triturará la frente de Moab y el cráneo de los hijos de Set; se adueñará de Edom, se apoderará de Seír, Israel ejercerá el poder, Jacob dominará y acabará con los que queden en la capital.»
Responsorio Cf. Nm 24, 17. 18; Sal 71, 11
R. Avanza la constelación de Jacob y sube el cetro de
Israel. * Ejercerá el poder sobre toda la
tierra.
V. Que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
R. Ejercerá el
poder sobre toda la tierra.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 45, 23-24: PG 36, 654-655)
PARTICIPEMOS PLENAMENTE EN LA PASCUA
Es verdad que ahora celebraremos la Pascua todavía sacramentalmente; sin embargo, lo haremos ya con un conocimiento más claro que en la antigua ley (ya que la Pascua de la ley antigua era -no tengo reparo en decirlo- una figura más oscura que lo que representaba), y de aquí a poco la celebraremos de un modo más puro y perfecto, a saber. cuando aquel que es la Palabra beba con nosotros el vino nuevo en el reino de su Padre, dándonos la plena y clara inteligencia de lo que aquí nos enseñó de un modo más restringido. Decimos -nuevo», pues siempre resulta nuevo lo que se llega a comprender de una manera diferente.
Y ¿en qué consiste esa bebida y esa manera nueva de percibir? Eso es lo que toca a él enseñar a sus discípulos, y a nosotros aprenderlo. Y la doctrina de aquel que alimenta es también alimento.
Celebremos, pues, ahora también nosotros lo mismo que celebraba la ley antigua, pero no en un sentido literal, sino evangélico; de una manera perfecta, no imperfecta; de un modo eterno, no temporal. Sea nuestra capital no la Jerusalén terrena, sino la metrópoli celestial; quiero decir, no ésta que es ahora hollada por los ejércitos, sino la que es ensalzada por las -alabanzas y encomios angélicos.
Inmolemos no ya terneros y machos cabríos, que es cosa ya caducada y sin sentido, sino el sacrificio de alabanza, ofrecido a Dios en el altar del cielo, junto con los coros celestiales. Atravesemos el primer velo, no nos detengamos ante el segundo, contemplemos de lleno el santuario. y diré más todavía: inmolémonos nosotros mismos a Dios, inmolemos cada día nuestra persona y toda nuestra actividad, imitemos la pasión de Cristo con nuestros propios padecimientos, honremos su sangre con nuestra propia sangre, subamos con denuedo a la cruz.
Si quieres imitar a Simón de Cirene, toma la cruz y sigue al Señor.
Si quieres imitar al buen ladrón crucificado con él, reconoce honradamente su divinidad; y así como entonces Cristo fue contado entre los malhechores, por ti y por tus pecados, así tú ahora, por él, serás contado entre los justos. Adora al que por amor a ti pende de la cruz y, crucificándote tú también, procura recibir algún provecho de tu misma culpa; compra la salvación con la muerte; entra con Jesús en el paraíso, para que comprendas de qué bienes te habías privado. Contempla todas aquellas bellezas; deja fuera, muerto, lo que hay en ti de murmurador y blasfemo.
Si quieres imitar a José de Arimatea, pide el cuerpo a aquel que lo mandó crucificar; haz tuya la víctima expiatoria del mundo.
Si quieres imitar a Nicodemo, el que fue a Jesús de noche, unge a Jesús con aromas, como lo ungió él para honrado en su sepultura.
Si quieres imitar a María, a la otra María, a Salomé y a Juana, ve de madrugada a llorar junto al sepulcro, y haz de manera que, quitada la piedra del monumento, puedas ver a los ángeles y aun al mismo Jesús.
Responsorio Hb 13, 12-13; 12, 4
R. Jesús, para santificar con su propia sangre al
pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad; *
salgamos, pues, hacia éi fuera del campamento, cargando con su oprobio.
V. Pues vosotros no habéis resistido aún hasta el
derramamiento de sangre en vuestra lucha contra el pecado.
R. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando
con su oprobio.
Oración
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Los hombros traigo cargados
de graves
culpas, mi Dios;
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Yo soy quien ha de llorar,
por ser acto de
flaqueza;
que no hay en naturaleza
más flaqueza que el pecar.
Y, pues andamos trocados,
que yo peco y
lloráis vos,
dadme esas lágrimas vos,
y tomad estos pecados.
Vos sois quien cargar se puede
estas mis
culpas mortales,
que la menor destas tales
a cualquier peso excede;
y, pues que son tan pesados
aquestos
yerros, mi Dios,
dadme esas lágrimas vos
y tomad estos pecados.
Al Padre, al Hijo, al Amor,
alegres cantad,
criaturas,
y resuene en las alturas
toda gloria y todo honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a
la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico
Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18
HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR
ROJO
Los que
habían vencido a la bestia
cantaban el cántico de Moisés,
el siervo de
Dios. (Ap 15, 2. 3)
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha
arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi
salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo
ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «Yahvé».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a
sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se
alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el
botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi
mano.»
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo
en las aguas formidables.
¿Quién como tú Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú,
terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de
maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con
misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa
morada.
Lo introduces y lo plantas
en el monte de tu heredad,
lugar
del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones. +
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a
Dios por su misericordia.
(Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor todas las naciones,
+ aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones.
LECTURA BREVE Is 65,1b-3a
Dije: «Aquí estoy, aquí estoy». a un pueblo que no invocaba mi nombre. Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que andaba por el mal camino, siguiendo sus antojos, pueblo que me provocaba en mi propia cara, continuamente.
RESPONSORIO BREVE
V. Él me librará de
la red del cazador.
R. Él me librará de la red
del cazador.
V. Me cubrirá con su plumaje.
R. Él me librará de la red del cazador.
V. Gloria. R. Él me librará.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Jesús murió para reunir a los hijos de Dios dispersos.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, que para hacer de nosotros creaturas nuevas ha instituido el baño del bautismo y nos alimenta con su palabra y su carne, y supliquémosle, diciendo: Renuévanos con tu gracia, Señor.
Señor Jesús, tú que eres manso y humilde de corazón, danos entrañas de misericordia, bondad, humildad * y danos comprensión para con todos.
Que sepamos ayudar a los necesitados y consolar a los que sufren, * para imitarte a ti, el buen Samaritano.
Que María, la Virgen Madre, interceda por las vírgenes que se han consagrado a tu servicio, * para que vivan su virginidad con un grande amor hacia ti, en bien de la Iglesia.
Concédenos la abundancia de tu misericordia * y perdona la multitud de nuestros pecados y el castigo que por ellos merecemos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó y pidamos al Padre que nos libre del mal: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: Han llegado los
días de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
Salmo 118, 33-40
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y lo seguiré
puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo
corazón;
guíame por la senda de tus mandatos
porque ella es mi
gozo.
Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés;
aparta
mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra;
cumple a tu siervo la
promesa
que hiciste a tus fieles.
Aparta de mí la afrenta que temo,
porque tus mandamientos son
amables;
mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu
justicia.
Salmo 33
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
Habéis
saboreado lo bueno
que es el Señor. (1Pe 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y la salva de
sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?.
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán
castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Tercia: Ant.: Han llegado los días
de penitencia; expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras
almas.
Sexta: Ant.: «Por mi vida -dice el Señor-,
no me complazco en la muerte del pecador, sino en que cambie de conducta y
viva.»
Nona: Ant.: Acreditémonos ante Dios por
nuestra constancia en las tribulaciones, por nuestra sed de ser justos.
LECTURA BREVE
Tercia 1Jn 1,8-9
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y bondadoso es él para perdonarnos y purificarnos de toda iniquidad.
V. Oh Dios, crea
en mí un corazón puro.
R. Renuévame por dentro con espíritu
firme.
Oremos:
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la
salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más
abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo
cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a
recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta 1Jn 2,1b-2
Abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.
V. Aparta
de mi pecado tu vista.
R. Borra en mí toda culpa.
Oremos:
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la
salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más
abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo
cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a
recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por Cristo
nuestro Señor.
Nona 1Jn 2,8b-10
Las tinieblas van pasando y ya brilla la luz verdadera. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está todavía en las tinieblas. Quien ama a su hermano está siempre en la luz, y no hay ocasión de ruina en él.
V. Mi
sacrificio es un espíritu contrito.
R. Un corazón quebrantado y
humillado tú no lo desprecias.
Oremos:
Dios nuestro, aunque continuamente realizas la
salvación de los hombres, sin embargo, concedes a tu pueblo gracias más
abundantes en este tiempo de Cuaresma; dígnate, pues, mirar con amor el esfuerzo
cuaresmal de tus elegidos y concede tu ayuda tanto a los catecúmenos que van a
recibir el bautismo como a tus hijos que ya lo hemos recibido. Por Cristo
nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
Domingo
de Ramos
Lunes
Santo
Martes
Santo
Miércoles
Santo
JUEVES
SANTO
VIERNES
SANTO
SÁBADO
SANTO
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
HIMNO
Las banderas reales se adelantan
y la cruz
misteriosa en ellas brilla:
la cruz en que la vida sufrió muerte
y en que,
sufriendo muerte, nos dio vida.
Ella sostuvo el sacrosanto cuerpo
que, al
ser herido por la lanza dura,
derramó sangre y agua en abundancia
para
lavar con ellas nuestras culpas.
En ella se cumplió perfectamente
lo que
David profetizó en su verso,
cuando dijo a los pueblos de la
tierra:
«Nuestro Dios reinará desde un madero.»
¡Árbol lleno de luz, árbol hermoso,
árbol
ornado con la regia púrpura,
y destinado a que su tronco digno
sintiera el
roce de la carne pura!
¡Dichosa cruz que con tus brazos firmes,
en
que estuvo colgado nuestro precio,
fuiste balanza para el cuerpo santo
que
arrebató su presa a los infiernos!
A ti, que eres la única esperanza,
te
ensalzamos, oh cruz, y te rogamos
que acrecientes la gracia de los
justos
y borres los delitos de los malos.
Recibe, oh Trinidad, fuente salubre,
la
alabanza de todos los espíritus,
y tú que con tu cruz nos das
triunfo,
añádenos el premio, oh Jesucristo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Todos los días me sentaba en el templo para enseñar y nunca me prendisteis; ahora, flagelado, me lleváis para ser crucificado.
Salmo 118,105-112
HIMNO A LA
LEY DIVINA
Éste es mi mandamiento, que os améis
unos a otros. (Jn 15,12)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz
en mi sendero; lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no
olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié
de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la
alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Ant. 1:Todos los días me sentaba en el templo para enseñar y nunca me prendisteis; ahora, flagelado, me lleváis para ser crucificado.
Ant. 2: El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes.
Salmo 15
CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA
RESURRECCIÓN
Dios resucitó
a Jesús, rompiendo
las ataduras de la muerte.
(Hch 2,
24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú
eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus
libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye
internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no
vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi
carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu
presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. 2: El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes.
Ant. 3: El Señor Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: El Señor Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.
LECTURA BREVE 1Pe 1,18-21
Ya sabéis con qué os rescataron: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha. Ya de antes de la creación del mundo estaba él predestinado para eso; y al fin de los tiempos se ha manifestado por amor a vosotros. Por él creéis en Dios que lo resucitó de entre los muertos y lo glorificó. Así vuestra fe y esperanza se centran en Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos. R. Te adoramos.
V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V. Gloria. R. Te adoramos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Salve, Rey nuestro, Hijo de David, Redentor del mundo; ya los profetas te anunciaron como el Salvador que había de venir.
PRECES
Adoremos a Cristo, quien, próximo ya a su pasión, al contemplar a Jerusalén, lloró por ella, porque no había aceptado el tiempo de gracia; arrepintiéndonos, pues, de nuestros pecados, supliquémosle, diciendo: Ten piedad de tu pueblo, Señor.
Tú que quisiste reunir a los hijos de Jerusalén, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, * enséñanos a reconocer el tiempo de tu visita.
No abandones a los fieles que te abandonaron, * antes concédenos la gracia de la conversión y volveremos a ti, Señor, Dios nuestro.
Tú que, por tu pasión, has dado con largueza la gracia al mundo, * concédenos que, fieles a nuestro bautismo, vivamos constantemente de tu Espíritu.
Que tu pasión nos estimule a vivir renunciando al pecado, * para que, libres de toda esclavitud, podamos celebrar santamente tu resurrección.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que reinas en la gloria del Padre, * acuérdate de los que hoy han muerto.
Porque la victoria de Cristo es nuestra victoria, nos atrevemos a decir a Dios: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por
su sangre
como varón que pisa los racimos?
¿Quién es este que vuelve,
glorioso y
malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los
cautivos?
Se durmió con los muertos,
y reina entre
los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su
elegido.
Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y
oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Salmo 103
HIMNO AL DIOS CREADOR
El que es de
Cristo es una creatura
nueva: lo antiguo ha pasado,
lo nuevo
ha comenzado. (2Co 5, 17)
I
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te
vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre
las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del
viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de
ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará
jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre
las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se
precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual
al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no
volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los
montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su
sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye
su canto.
Ant. 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Ant. 2: El Señor saca pan de los campos y alegrar el corazón del hombre.
II
Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu
acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los
que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y
aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano
que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la
cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de
erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones
las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los
cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus
guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el
atardecer.
Ant. 2: El Señor saca pan de los campos y vino para alegrar el corazón del hombre.
Ant. 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
III
¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con
sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin
número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el
Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se
la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y
expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y
repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus
obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes,
humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras
exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el
Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no
existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Ant. 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
V. Cuando yo sea
levantado en alto sobre la tierra.
R. Atraeré a
todos hacia mí.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 50, 4-51, 3
EL SIERVO DEL SEÑOR SOPORTA LA PRUEBA
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana despierta mi oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído: yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará? Mirad, todos se consumen como ropa, los roe la polilla.
¿Quién de vosotros teme al Señor y escucha la voz de su siervo? Aunque camine en tinieblas, sin un rayo de luz, que confíe en el nombre del Señor y se apoye en su Dios. Atención, vosotros, los que atizáis el fuego y encendéis teas: id a la hoguera de vuestro fuego, de las teas que habéis encendido. Así os tratará mi mano, yaceréis en el tormento.
Escuchadme, los que vais tras la justicia, los que buscáis al Señor: Mirad la roca de donde os tallaron, la cantera de donde os extrajeron; mirad a Abraham, vuestro Padre, y a Sara, que os dio a luz; cuando lo llamé, era uno, pero lo bendije y lo multipliqué.
El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, su yermo en jardín del Señor; allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
Responsorio Is 50, 5.6a; Lc 12, 50
R. El Señor me abrió el oído: yo no me resistí ni me
eché atrás: * ofrecí la espalda a los que me
golpeaban.
V. Tengo que recibir un bautismo, y
¡qué impaciente estoy por sumergirme en él!
R.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 22, 1-9; 23, 1.8
INVECTIVA CONTRA LOS REYES PERVERSOS.
PROMESA DE UN REY
JUSTO, HIJO DE DAVID
Así dice el Señor:
«Baja al palacio real de Judá y proclama allí lo siguiente: Escuchad la palabra del Señor, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y también tus ministros y el pueblo, que entra por estas puertas: Así dice el Señor:
"Haced justicia y derecho, librad al oprimido de la mano del opresor; no abuséis del forastero, del huérfano y de la viuda; no derraméis sangre inocente en este lugar.
Si cumplís estos mandatos, podréis entrar por estas puertas los reyes que ocupáis el trono de Dios, monta. dos en carros de caballos, acompañados de vuestros ministros y del pueblo. Y, si no cumplís estos mandatos, juro por mí mismo -oráculo del Señor- que este palacio se convertirá en ruinas. Pues así dice el Señor al palacio real de Judá:
Aunque fueras para mí como Galaad o la cumbre del Líbano, juro que haré de ti un desierto, una ciudad deshabitada; consagraré a tus devastadores, cada uno con sus armas, para que talen tus mejores cedros y los echen al fuego. Llegarán muchos pueblos a esta ciudad, y se preguntarán unos a otros: '¿Por qué trató así el Señor a esta gran ciudad?' Y responderán: 'Porque abandonaron la alianza del Señor, su Dios, y sirvieron y adoraron a dioses extranjeros.'"
"¡Ay de los pastores que dispersan y extravían las ovejas de mi rebaño!" -oráculo del Señor-. Pues así dice el Señor, Dios de Israel, a los pastores que pastorean a mi pueblo: "Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no hicisteis cuenta de ellas; pues yo os tomaré cuentas de vuestras malas acciones -oráculo del Señor-. Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas en todos los países adonde las expulsé, las volveré a traer a sus dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les daré pastores que las pastoreen: no temerán, ni se espantarán, ni se perderán -oráculo del Señor-.
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que daré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra; en sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: 'El-Señor-nuestra-justicia'.
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que ya no se dirá: 'Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto', sino que se dirá: 'Vive el Señor, que sacó a la estirpe de Israel del país del norte y de todos los países adonde los expulsó, y los trajo a sus tierras."'»
Responsorio Za 9, 9; Jr 23, 5
R. Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén.
Mira a tu Rey que viene a ti; * modesto y cabalgando
en un asno.
V. Reinará como rey prudente, hará
justicia y ejercerá el derecho en la tierra.
R.
Modesto y cabalgando en un asno.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de San Andrés de Creta, obispo.
(Disertación 9, Sobre el domingo de ramos PG 97, 990-994)
BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR, EL REY DE ISRAEL.
Venid, subamos juntos al monte de los Olivos y salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy desde Betania, y que se encamina por su propia voluntad hacia aquella venerable y bienaventurada pasión, para llevar a término el misterio de nuestra salvación.
Viene, en efecto, voluntariamente hacia Jerusalén, el mismo que, por amor a nosotros, bajó del cielo para exaltarnos con él, como dice la Escritura, por encima. de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista, a nosotros que yacíamos postrados.
Él viene, pero no como quien toma posesión de su gloria, con fasto y ostentación. No gritará -dice la Escritura-, no clamará, no voceará por las cal/es, sino que será manso y humilde, con apariencia insignificante, aunque le ha sido preparada una entrada suntuosa.
Corramos, pues, con el que se dirige con presteza a la pasión, e imitemos a los que salían a su encuentro. No para alfombrarle el camino con ramos de olivo, tapices, mantos y ramas de palmera, sino para poner bajo sus pies nuestras propias personas, con un espíritu humillado al máximo, con una mente y un propósito sinceros, para que podamos así recibir a la Palabra que viene a nosotros y dar cabida a Dios, a quien nadie puede contener.
Alegrémonos, por tanto, de que se nos haya mostrado con tanta mansedumbre aquel que es manso y que sube sobre el ocaso de nuestra pequeñez, a tal extremo, que vino y convivió con nosotros, para elevarnos hasta sí mismo, haciéndose de nuestra familia.
Dice el salmo: Subió a lo más alto de los cielos, hacia oriente (hacia su propia gloria y divinidad, interpreto yo), con las primicias de nuestra naturaleza, hasta la cual se había abajado Impregnándose de ella; sin. embargo, no por ello abandona su inclinación hacia el género humano, sino que seguirá cuidando de él para irlo elevando de gloria en gloria, desde lo ínfimo de la tierra, hasta hacerlo partícipe de su propia sublimidad.
Así, pues, en vez de unas túnicas o linos ramos inanimados, en vez de unas ramas de arbustos, que pronto pierden su verdor y que por poco tiempo recrean la mirada, pongámonos nosotros mismos bajo los pies de Cristo, revestidos de su gracia, mejor aún, de toda su persona, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo; extendámonos tendidos a sus pies, a manera de túnicas.
Nosotros, que antes éramos como escarlata por la inmundicia .de nuestros pecados, pero que después nos hemos vuelto blancos como la nieve con el baño saludable del bautismo, ofrezcamos al vencedor de la muerte no ya ramas de palmera, sino el botín de su victoria, que somos nosotros mismos.
Aclamémoslo también nosotros, como hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciéndole un día y otro: Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel.
Responsorio Jn 12, 12. 13; Mt 21, 8. 9
R. Cuando la multitud se enteró de que Jesús llegaba a
Jerusalén, salió a su encuentro. Un inmenso gentío iba tendiendo sus mantos por
el camino; otros cortaban ramas de los árboles y alfombraban con ellas el camino
y gritaban: * <<¡Viva el Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!>>
V. La muchedumbre que lo precedía y también la que iba
detrás gritaban:
R. <<¡Viva el Hijo de
David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!>>
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
El pueblo que fue cautivo
y que tu mano
libera
no encuentra mayor palmera
ni abunda en mejor olivo.
Viene con aire festivo
para enramar tu
victoria,
y no te ha visto en su historia,
Dios de Israel, más
cercano:
ni tu poder más a mano
ni más humilde tu gloria.
¡Gloria, alabanza y honor!
Gritad:
«¡Hosanna!», y haceos
como los niños hebreos
al paso del
Redentor.
¡Gloria y honor
al que viene en el nombre del Señor! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El numeroso gentío, que había venido a la fiesta, aclamaba al Señor: Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: El numeroso gentío, que había venido a la fiesta, aclamaba al Señor: Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
Ant. 2: Con los ángeles y los niños, cantemos al triunfador de la muerte: Hosanna en el cielo.
Cántico
Dn 3, 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador
... es bendito por
los siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Con los ángeles y los niños, cantemos al triunfador de la muerte: Hosanna en el cielo.
Ant. 3: Bendito el que viene en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con
el espíritu, salmodiad
con toda vuestra mente, es decir,
glorificad a Dios
con el cuerpo
y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Bendito el que viene en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas.
LECTURA BREVE Za 9,9
Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén. Mira tu Rey que viene a ti, justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has
comprado, Señor, por tu sangre. R. Nos has
comprado.
V. De entre toda raza, lengua, pueblo y
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. Gloria. R.
Nos has comprado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Aclamemos con palmas de victoria al Señor que viene, y salgamos a su encuentro con himnos y cantos, dándole gloria y diciendo: «Bendito eres, Señor.»
PRECES
Adoremos a Cristo, que al entrar en Jerusalén fue aclamado por las multitudes como rey y mesías; acojámosle también nosotros con gozo, diciendo: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna a ti, Hijo de David y Rey eterno; * hosanna a ti, vencedor de la muerte y del mal.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Salvador nuestro, que viniste a salvar a los pecadores, * conduce a tu reino a los que en ti creen, esperan y te aman.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Unidos fraternalmente, dirijámonos al Padre, diciendo con toda confianza: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
La alegría de salvarse
al pueblo fiel regocije;
Jesús,
redentor de todos,
mató de la muerte al príncipe.
La gente ramos de olivo
y palmas doquier
consigue:
«De David hosanna al Hijo»
con vivas voces repite.
También nosotros corramos
al encuentro del
gran Príncipe,
himnos cantando de gloria
con palmas y gozo
ilímite.
Gloria a Dios Padre se dé,
gloria al Hijo
que en él vive,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos se le brinde.
Amén.
SALMODIA
Tercia: Ant.: La víspera del
día solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a
los suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre
venir sobre las nubes del cielo.
(Mt 24,
30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
LECTURA BREVE
Tercia 2Co 4,10-11
Llevamos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. Aun viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.
V. Se
humillaba voluntariamente.
R. Y no
abría su boca.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro
Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos
nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de
su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta 1Pe 4,13-14
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros; porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
V. Él
soportó nuestros sufrimientos.
R. Y aguantó nuestras
rebeldías.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro
Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos
nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de
su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por Cristo
nuestro Señor.
Nona 1Pe 5, 10-11
Tras un breve padecer, el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
V.
Adoremos el signo de la cruz.
R. Por el que recibimos la
salvación.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro
Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos
nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de
su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por Cristo
nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Llevaba roja la túnica
y enrojecido el
cabello.
¿De dónde, con pies sangrantes,
avanzas tú, Lagarero?
«Del
monte de la batalla
y de la victoria vengo;
rojo fue mi
atardecer,
blanco será mi lucero.»
Llevaba roja la
túnica,
roja de sangre y fuego.
También de blanco le vi
el vestido y el aliento;
bello
como las estrellas,
como flor de cardo bello.
Rojo como la amapola
y
blanco como un cordero:
carmesíes sus heridas
y blancos sus pensamientos.
Llevaba blanca
la túnica,
blanca de amor y fuego.
Por toda la negra tierra
el chorro de sus veneros:
sangre
preciosa su sangre
que hace blanco el sufrimiento.
¡Oh Cristo, de sangre
roja!
¡Oh Cristo, dolor supremo!
A ti el clamor de los hombres,
en ti
nuestros clavos fieros.
Llevaba roja la
túnica,
roja de sangre y
fuego.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Herido y humillado, Dios lo exaltó con su diestra.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Herido y humillado, Dios lo exaltó con su diestra.
Ant. 2: La sangre de Cristo nos purificará, para dar culto al Dios vivo.
Salmo 113 B
HIMNO AL DIOS VERDADERO
Os
convertisteis de los ídolos a
Dios para consagraros al Dios
vivo y
verdadero. (1Ts 1, 9)
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la
gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las
naciones:
«Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus
ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:
tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen
orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene
voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en
ellos.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La
casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles
del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros
y nos bendiga,
bendiga a
la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del
Señor,
pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros
hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los
hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al
silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por
siempre.
Ant. 2: La sangre de Cristo nos purificará, para dar culto al Dios vivo.
Ant. 3: Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
Cántico 1Pe 2,21b-24
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño
en su boca;
cuando le insultaban, no devolvía insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario, se ponía en manos
del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia.
LECTURA BREVE Hch. 13,26-30a
Hermanos, a vosotros envía Dios este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento a las palabras de los profetas que se leen cada sábado. Y, a pesar de que no encontraron en él causa alguna digna de muerte, pidieron a Pilato que lo hiciera morir. Una vez que cumplieron todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo depositaron en un sepulcro. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
RESPONSORIO BREVE
V. Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos. R. Te adoramos.
V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V. Gloria. R. Te adoramos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Dice la Escritura: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño"; pero, después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea; allí me veréis», dice el Señor.
PRECES
Oremos humildemente al Salvador del género humano, que sube a Jerusalén a sufrir su pasión para entrar así en la gloria, y digámosle: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, * para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.
Mira con bondad a aquellos a quienes hemos escandalizado con nuestros pecados, * ayúdalos a ellos y corrígenos a nosotros, para que resplandezca en todo tu santidad y tu amor.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, * y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Porque la muerte de Cristo nos ha hecho agradables a Dios, nos atrevemos a orar al Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Vinagre y hiel par sus labios pide,
y perdón para el pueblo
que le hiere,
que, como sólo porque viva muere,
con su inmensa piedad sus
culpas mide.
Señor, que al que le deja no despide,
que
al siervo vil que le aborrece quiere,
que, porque su traidor no
desespere,
a llamarle su amigo se comide.
Ya no deja ignorancia al pueblo hebreo
de
que es el Hijo de Dios, si agonizando
hace de amor por su dureza
empleo.
Quien por sus enemigos expirando
pide
perdón, mejor, en tal deseo,
mostró ser Dios, que el sol y el mar
bramando.
Amén.
SALMODIA
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Salmo 30, 2-17. 20-25
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE
GRACIAS
Padre, en tus
manos encomiendo
mi espíritu. (Lc 23, 46)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que
eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte
donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han
tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me
librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en
el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en
peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en
un camino ancho.
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
II
Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis
ojos,
mi garganta y mis entrañas.
Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi
vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis
vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de
mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro
inútil.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran
contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En
tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz
brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
III
¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y
concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras
humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas
pendencieras.
Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de
misericordia
en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»
pero
tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.
Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y
a los soberbios les paga con creces.
Sed fuertes y valientes de corazón
los que esperáis en el
Señor.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
V. Cuando yo sea
levantado en alto sobre la tierra.
R. Atraeré a
todos hacia mí.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Año I:
Del libro del profeta Isaías 52, 13-53, 12
EL SIERVO DEL SEÑOR, MALTRATADO POR NUESTROS PECADOS
Mirad: mi siervo tendrá éxito, será enaltecido Y ensalzado sobremanera. Y, así como muchos se horrorizaron de él, pues tan desfigurado estaba que ya ni parecía hombre, no tenía ni aspecto humano, así también muchos pueblos se admirarán de él y, a su vista, los reyes enmudecerán de asombro porque verán algo jamás narrado y contemplarán algo inaudito.
¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se reveló el brazo del Señor? Creció ante nosotros como un débil brote, como raíz en tierra árida. Lo vimos sin aspecto atrayente, sin gracia ni belleza, despreciado Y rechazado por los hombres, como varón de dolores, acostumbrado a los sufrimientos, ante el cual se desvía la mirada, discriminado Y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos Y aguantó nuestros dolores: nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes. Él soportó el castigo que nos trae la paz, por sus llagas hemos sido curados. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquila dar, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.
Responsorio Cf. 1s 53, 7.
12
R. Fue conducido como oveja al matadero, fue maltratado y se
humilló, enmudecía y no abría la boca; fue entregado a la muerte, * para dar la vida a su pueblo.
V. Se entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre
los malhechores.
R. Para dar la vida a su
pueblo.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 26, 1-15
JEREMÍAS EN PELIGRO DE MUERTE POR PROFETIZAR LA RUINA DEL TEMPLO
Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, vino a Jeremías esta palabra del Señor:
«Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo Y di a todos los ciudadanos de Judá, que entran en el templo para adorar, las palabras que yo te mande decirles; no dejes ni una sola. A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta, Y me arrepiento del mal que medito hacerles a causa de sus malas acciones.
Les dirás: "Así dice el Señor: Si no me obedecéis -cumpliendo la ley que os di en, vuestra presencia y escuchando las palabras de mis siervos los profetas, que os enviaba sin cesar Y vosotros no escuchabais-, entonces trataré a este templo como al de Silo, y a esta ciudad la haré fórmula de maldición para todos los pueblos de la tierra."»
Los profetas, los sacerdotes y el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras en el templo del Señor. Y, cuando terminó Jeremías de decir cuanto el Señor le había mandado decir al pueblo, lo prendieron los sacerdotes y los profetas y el pueblo, diciendo:
«Eres reo de muerte. ¿Por qué profetizas en nombre del Señor que este templo será como el de Silo, y esta ciudad quedará en ruinas, deshabitada?»
Y el pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor. Se enteraron de lo sucedido los príncipes de Judá y, subiendo del palacio real al templo del Señor, se sentaron a juzgar junto a la Puerta Nueva. Los sacerdotes y los profetas dijeron a los príncipes y al pueblo:
«Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como lo habéis oído con vuestros oídos.»
Jeremías respondió a los príncipes y al pueblo:
«El Señor me envió a profetizar contra este templo y esta ciudad las palabras que habéis oído. Ahora bien, enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, escuchad la voz del Señor, vuestro Dios; y el Señor se arrepentirá de la amenaza que pronunció contra vosotros. Yo por mi parte estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca. Pero, sabedlo bien: si vosotros me matáis, echáis sangre inocente sobre vosotros, sobre esta ciudad y sus habitantes. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar a vuestros oídos estas palabras.»
Responsorio Jn 12, 27-28; Sal 41,
6
R. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué voy a decir? ¿Padre, líbrame
de esta hora? ¡Pero si precisamente para esto he llegado a esta hora! * Padre, glorifica tu nombre.
V. ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me
turbas?
R. Padre, glorifica tu
nombre.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón Güelferbitano 3: PLS 2, 545-546)
GLORIÉMONOS TAMBIÉN NOSOTROS EN LA CRUZ DEL SEÑOR
La pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es origen' de nuestra esperanza en la gloria y nos enseña a sufrir. En efecto, ¿qué hay que no puedan esperar de la bondad divina los corazones de los fieles, si por ellos el Hijo único de Dios, eterno como el Padre, tuvo en poco el hacerse hombre, naciendo del linaje humano, y quiso además morir de manos de los hombres, que él había creado?
Mucho es lo que Dios nos promete; pero es mucho más lo que recordamos que ha hecho ya por nosotros.
¿Dónde estábamos o qué éramos, cuando Cristo murió por nosotros, pecadores? ¿Quién dudará que el Señor ha de dar la vida a sus santos, siendo así que les dio su misma muerte? ¿Por qué vacila la fragilidad humana en creer que los hombres vivirán con Dios en el futuro?
Mucho más increíble es lo que ha sido ya realizado: que Dios ha muerto por los hombres.
¿Quién es, en efecto, Cristo, sino aquella Palabra que existía al comienzo de las cosas, que estaba con Dios y que era Dios? Esta Palabra de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Es que, si no hubiese tomado de nosotros carne mortal, no hubiera podido morir por nosotros. De este modo el que era inmortal pudo morir, de este modo quiso damos la vida a nosotros, los mortales; y ello para hacemos partícipes de su ser, después de haberse hecho él partícipe del nuestro. Pues, del mismo modo que no había en nosotros principio de vida, así no había en él principio de muerte. Admirable intercambio, pues, el que realizó con esta recíproca participación: de nosotros asumió la mortalidad, de él recibimos la vida.
Por tanto, no sólo no debemos avergonzamos de la muerte del Señor, nuestro Dios, sino, al contrario, debemos poner en ella toda nuestra confianza y toda nuestra gloria, ya que al tomar de nosotros la mortalidad, cual la encontró en nosotros, nos ofreció la máxima garantía de que nos daría la vida, que no podemos tener por nosotros mismos. Pues quien tanto nos amó, hasta el grado de sufrir el castigo que merecían nuestros pecados, siendo él mismo inocente, ¿cómo va ahora a negarnos, él, que nos ha justificado, lo que con esa justificación nos ha merecido? ¿Cómo no va a dar el que es veraz en sus promesas el premio a sus santos, él, que, sin culpa alguna, soportó el castigo de los pecadores?
Así pues, hermanos, reconozcamos animosamente, mejor aún, proclamemos que Cristo fue crucificado por nosotros; digámoslo no con temor sino con gozo, no con vergüenza sino con orgullo.
El apóstol Pablo se dio cuenta de este título de gloria y lo hizo prevalecer. Él, que podía mencionar muchas cosas grandes y divinas de Cristo, no dijo que se gloriaba en estas grandezas de Cristo -por ejemplo, en que es Dios junto con el Padre, en que creó el mundo, en que, incluso siendo hombre como nosotros, manifestó su dominio sobre el mundo-, sino: En cuanto a mí -dice-, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Responsorio
R.
Señor, adoramos tu cruz y veneramos tu pasión gloriosa.
* Ten misericordia de nosotros, tú que por nosotros padeciste.
V. Muéstrate, pues, amigo y defensor de los hombres que
salvaste con tu sangre.
R. Ten misericordia de
nosotros, tú que por nosotros padeciste.
Oración:
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Dieron muerte al Heredero,
su oblación es
haz de luz,
reina Dios desde el madero,
fulge el signo de la cruz.
En los cielos contemplamos
nuestra prenda
tan locuaz
como símbolo divino
de salud, de amor, de paz.
¡Resplandece, brilla, avanza,
oh estandarte
del gran Rey!
¡Oh cruz, única esperanza
y resumen de su ley!
Que presidas nuestra suerte
—cada cual con
nuestra cruz—
y en la hora de la muerte
nos conduzcas a Jesús.
Gloria al Padre con el Hijo
y el Espíritu
de amor;
las tres Personas reciban
por la cruz igual honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Exclamó Jesús: «Siento en mi alma angustias de muerte; aguardad aquí y velad conmigo».
Salmo 41
DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL
TEMPLO
El que tenga
sed y quiera, que venga
a beber el agua de la vida (Ap 22,
17)
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te
busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me
repiten:
“¿Dónde está tu Dios?”
Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de
tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de
Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la
fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío.”
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el
Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes
y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la
alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿por qué voy
andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo
el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Ant. 1: Exclamó Jesús: «Siento en mi alma angustias de muerte; aguardad aquí y velad conmigo».
Ant. 2: Ahora viene el juicio de este mundo; ahora el señor de este mundo va a ser arrojado fuera.
Cántico
Sir 36, 1-7. 13-16
SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE
JERUSALÉN
Ésta es la
vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado
Jesucristo. (Jn 17, 3)
Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las
naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu
poder.
Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu
gloria castigándolos a ellos,
para que sepan, como nosotros lo
sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.
Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano,
robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como
antiguamente.
Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien
nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén,
lugar de tu reposo.
Llena a Sión de tu majestad
y al templo, de tu
gloria.
Ant. 2: Ahora viene el juicio de este mundo; ahora el señor de este mundo va a ser arrojado fuera.
Ant. 3: Jesús, caudillo y consumador de la fe, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia; y está sentado a la diestra del trono de Dios.
Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO
Nos visitará
el sol que nace de lo alto... para guiar
nuestros pasos por el camino de la
paz. (Lc 1,78-79)
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la
obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche
se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a
toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su
lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su
alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro
extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 3: Jesús, caudillo y consumador de la fe, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia; y está sentado a la diestra del trono de Dios.
LECTURA BREVE Jr 11,19-20
Yo como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, escudriñas las entrañas y el corazón; veré tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has
comprado, Señor, por tu sangre. R. Nos has
comprado.
V. De entre toda raza, lengua, pueblo y
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. Gloria. R.
Nos has comprado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Padre justo, si es verdad que el mundo no te ha conocido, yo sí te he conocido y sé que tú me has enviado.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y digámosle: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia:
Ant.: La víspera del día solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había
llegado su hora, como amaba a los suyos, les dio la mayor prueba de amor que
puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce
a mí, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia;
líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 118, 41-48
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu
promesa:
así responderé a los que me injurian,
que confío en tu
palabra;
no quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en
tus mandamientos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás;
andaré por
un camino ancho,
buscando tus decretos;
comentaré tus preceptos ante los
reyes,
y no me avergonzaré.
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo;
levantaré mis
manos hacia ti
recitando tus mandatos.
Salmo 39, 2-14. 17-18
ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN DE
AUXILIO
No quieres
sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo.
(Hb 10,
5)
I
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi
grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis
pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro
Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el
Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie se te puede comparar:
intento proclamarlas,
decirlas,
pero superan todo número.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste
el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí
estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
II
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he
cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he proclamado tu
fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante
la gran asamblea.
Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu
lealtad me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin
cuento.
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que
los cabellos de mi cabeza,
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre
y desdichado,
pero el Señor cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi
liberación: Dios mío, no tardes.
Tercia: Ant.: La víspera del día
solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a los
suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA BREVE
Tercia Ez 33,10b,11a
Nuestros crímenes y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por causa de ellos nos consumimos. ¿Cómo podremos vivir? «Por mi vida -dice el Señor-, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado cambie de conducta y viva.»
V. Se
humillaba voluntariamente.
R. Y no
abría su boca.
Oremos:
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra
naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra
esperanza. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 18,20b
Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en tu favor, para apartar de ellos tu enojo.
V. Él
soportó nuestros sufrimientos.
R. Y aguantó nuestras
rebeldías.
Oremos:
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra
naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra
esperanza. Por Cristo, nuestro Señor.
Nona Jr 31,2.3b-4a
Así dice el Señor: «Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina a su descanso. Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia. Volveré a construirte y serás reconstruida, Virgen de Israel.»
V.
Adoremos el signo de la cruz.
R. Por el que recibimos la
salvación.
Oremos:
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra
naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra
esperanza. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Muere Jesús del Gólgota en la cumbre
con
amor perdonando al que le hería:
siente deshecho el corazón María
del
dolor en la inmensa pesadumbre.
Se aleja con pavor la muchedumbre
cumplida
ya la santa profecía;
tiembla la tierra; el luminar del día,
cegado a
tanto horror, pierde su lumbre.
Se abren las tumbas, se desgarra el velo
y,
a impulsos del amor, grande y fecundo,
parece estar la cruz, signo de duelo,
cerrando, augusta, con el pie el
profundo,
con la excelsa cabeza abriendo el cielo
y con los brazos
abarcando el mundo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Lo vimos sin aspecto atrayente, sin gracia ni belleza.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a
recibirlo! (Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
Ant. 1: Lo vimos sin aspecto atrayente, sin gracia ni belleza.
Ant. 2: Le dará una multitud como parte, porque se entregó a sí mismo a la muerte.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Ant. 2: Le dará una multitud como parte, porque se entregó a sí mismo a la muerte.
Ant. 3: Dios nos ha concedido la gloria de su gracia en su querido Hijo, por el cual, por su sangre, hemos recibido la redención.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha concedido la gloria de su gracia en su querido Hijo, por el cual, por su sangre, hemos recibido la redención.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha concedido la gloria de su gracia en su querido Hijo, por el cual, por su sangre, hemos recibido la redención.
LECTURA BREVE Rm 5,8-9
Dios nos demuestra el amor que nos tiene en el hecho de que, siendo todavía pecadores, murió Cristo por nosotros. Así que con mayor razón, ahora que hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él de la cólera divina.
RESPONSORIO BREVE
V. Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos. R. Te adoramos.
V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V. Gloria. R. Te adoramos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Así como Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
PRECES
Adoremos a Jesús, el Salvador del género humano, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida, y pidámosle humildemente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, * para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.
Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, * para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, * y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y, con la fuerza de la pasión de tu Hijo, levanta nuestra esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Poner al Hijo en cruz, abierto el
seno,
sacrificarlo porque yo no muera,
prueba es, mi Dios, de amor muy
verdadera,
mostraros para mí de amor tan lleno.
Que -a ser yo Dios, y vos hombre
terreno-
os diera el ser de Dios que yo tuviera
y el que tengo de hombre
me pusiera
a trueque de gozar de un Dios tan bueno.
Y aún no era vuestro amor
recompensado,
pues a mí en excelencia me habéis hecho
Dios, y a Dios al
ser hombre habéis bajado.
Deudor quedaré siempre por derecho
de la
deuda que en cruz por mí ha pagado
el Hijo por dejaros satisfecho.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Salmo 36
LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD
Dichosos los
sufridos, porque ellos
heredarán la tierra. (Mt 5,4)
I
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el
mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se
agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la
lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu
corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él
actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el
mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el
hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que
obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en
el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio:
ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz
abundante.
Ant.1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
II
El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra
él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para
abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada
les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la
opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo
sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará
siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se
saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se
marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y
perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son
excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus
caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la
mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo
abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da
prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal -y haz el bien,
y siempre tendrás una
casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus
fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se
extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre
jamás.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
II
La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el
derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no
vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el
Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el
juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la
tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro
frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo
encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la
paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados
quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el
peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los
salva,
porque se acogen a él.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
V. Cuando yo sea levantado en alto
sobre la tierra.
R. Atraeré a todos hacia
mí.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Comienza el libro de las Lamentaciones 1, 1-12. 18-20
DESOLACIÓN DE JERUSALÉN
¡Ay, cómo yace solitaria la Ciudad populosa! Como una viuda se ha quedado la grande entre las naciones. La Princesa entre las provincias ha quedado sometida al tributo. Llora que llora por la noche, las lágrimas surcan sus mejillas. Ni uno solo hay que la consuele entre todos sus amantes. Todos sus amigos la han traicionado, ¡se le han trocado en enemigos!
Judá está desterrada, en postración y en extrema servidumbre. Habita en medio de las naciones, no encuentra sosiego. La acosan todos sus perseguidores entre las angosturas.
Las calzadas de Sión están de luto, pues nadie viene a las solemnidades. Todas sus puertas están desoladas, sus sacerdotes gimiendo, afligidas sus vírgenes, ¡y ella misma repleta de amargura!
Sus adversarios están a la cabeza, sus enemigos viven tranquilos, porque el Señor la ha afligido por sus muchas rebeldías. Sus niños han partido al cautiverio delante del adversario.
De la hija de Sión se ha ido todo su esplendor. Sus príncipes son como ciervos que no encuentran pasto, caminando van sin fuerzas delante del opresor.
Jerusalén recuerda sus días de miseria y de aflicción, cuando a manos del adversario sucumbía su pueblo, sin que nadie viniera en su ayuda. Los adversarios la miraban, riéndose de su ruina.
Mucho ha pecado Jerusalén, se ha vuelto cosa impura. Todos los que la honraban la desprecian, porque han visto su desnudez, y ella misma gime y se vuelve de espaldas. Hasta en su ropa se ven sus inmundicias.
No pensó ella en este fin, ¡y ha caído estruendosamente! No hay quien la consuele. «¡Mira, Señor, mi miseria, que el enemigo se agiganta!»
El opresor ha echado mano a todos sus tesoros, y ha visto ella a los gentiles entrar en su santuario, aquellos de quienes tú ordenaste: «¡No entrarán en tu asamblea!»
Su pueblo entero gime buscando pan; dan sus joyas a cambio de alimento, para sustentar la vida. «¡Mira, Señor, y contempla cómo estoy envilecida!»
«¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor, con el que el Señor me ha herido en el día de su ardiente cólera!
Justo, muy justo es el Señor, porque yo he sido indócil a sus órdenes. Escuchad, pues, pueblos todos, y mirad mi dolor. Mis doncellas y mis jóvenes han ido al cautiverio. He llamado a mis amantes, pero ellos me han traicionado. Mis sacerdotes y mis ancianos han expirado en la ciudad, mientras buscaban alimento para conservar la vida.»
«¡Mira, Señor, en qué angustia me encuentro! Me hierven las entrañas, el corazón se consume en mi interior, pues he sido muy rebelde. Afuera la espada priva de hijos, y en casa la muerte.»
Responsorio Jb 16, 17; Lm 1, 16. 18.
12
R. Un velo de sombras ha oscurecido mis ojos a causa del llanto,
pues está lejos de mí el que me consolaba; mirad, pueblos todos, * si hay dolor semejante a mi dolor.
V. ¡Oh vosotros, todos los que pasáis por el camino! Mirad
y ved.
R. Si hay dolor semejante a mi
dolor.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 8, 13-9, 10
LAMENTACIÓN SOBRE LA VIÑA DEL SEÑOR
Esto dice el Señor:
«Si intento recoger algo de los hijos de Judá -oráculo del Señor-, no hay racimos en la vid ni higos en la higuera, la hoja está seca; los entregaré a la esclavitud.»
«¿Qué hacemos aquí sentados? Reunámonos, entremos en las plazas fuertes, para morir allí; porque el Señor; nuestro Dios, nos deja morir, nos da a beber agua envenenada, porque pecamos contra el Señor. Se espera mejoría y no hay bienestar, a la hora de curarse sobreviene el delirio.»
Desde Dan se escucha el resoplar de los caballos; cuando relinchan los corceles, retiembla la tierra; llegan y devoran el país y a sus habitantes, la ciudad con sus vecinos.
«Yo envío contra vosotros serpientes venenosas, contra las que no valen encantamientos, os picarán mortalmente» -oráculo del Señor-.
El pesar me abruma, mi corazón desfallece, al oír desde lejos el grito de auxilio de la capital: «¿No está el Señor en Sión, no está allí su Rey?» ¿No me irritaron con sus ídolos, ficciones importadas?
Pasó la cosecha, se acabó el verano, y no hemos recibido auxilio. Por la aflicción de la hija de mi pueblo ando afligido, sombrío y atenazado de espanto: ¿No queda bálsamo en Galaad, no quedan médicos? ¿Por qué no se cierra la herida de la hija de mi pueblo?
«Quién diera agua a mi cabeza y a mis ojos una fuente de lágrimas, para llorar día y noche a los muertos de la hija de mi pueblo. Quién me diera posada en el desierto para abandonar a mi pueblo y alejarme de él; pues todos son adúlteros, una caterva de bandidos. Tensan las lenguas como arcos, dominan el país con la mentira y no con la verdad; avanzan de maldad en maldad, y a mí no me reconocen -oráculo del Señor-o Guárdese cada uno del prójimo, no os fiéis del hermano, porque el hermano pone zancadillas y el prójimo anda calumniando; se estafan unos a otros y nadie dice la verdad; entrenan sus lenguas en la mentira, están pervertidos, incapaces de convertirse: fraude sobre fraude, engaño sobre engaño, y rechazan mi conocimiento» -oráculo del Señor-.
Por eso, así dice el Señor de los ejércitos:
«Yo mismo los fundiré y probaré, si no, ¿qué hacer con la hija de mi pueblo? Su lengua es una flecha afilada, dice mentiras su boca; saludan deseando paz al prójimo, y por dentro le traman asechanzas. Y de esto ¿no os pediré cuentas? -oráculo del Señor-; de un pueblo semejante ¿no he de vengarme yo mismo? Sobre los montes alzaré llanto y gemid9, en las dehesas una elegía: Están requemadas las dehesas, nadie transita, no se oye mugir el rebaño; pájaros y bestias huyeron, marcharon.»
Responsorio Jr 26, 15; Mt 17,
24
R. Sabed bien que si me matáis, *
echaréis sangre inocente sobre vosotros y sobre esta ciudad.
V. Pilato se lavó las manos a la vista del pueblo y
exclamó: «Yo no soy responsable de la sangre de este justo.»
R. Echaréis sangre inocente sobre vosotros y sobre esta
ciudad.
SEGUNDA LECTURA
Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo
(Cap. 15, núm. 35: PG 32, 127-130)
ES UNA SOLA LA MUERTE EN FAVOR DEL MUNDO Y UNA SOLA LA RESURRECCIÓN DE ENTRE LOS MUERTOS
Nuestro Dios y Salvador realizó su plan de salvar al hombre levantándolo de su caída y haciendo que pasara del estado de alejamiento, en que había incurrido por su desobediencia, al estado de familiaridad con Dios.
Éste fue el motivo de la venida de Cristo en la carne, de su convivencia con los hombres, de sus sufrimientos, de su cruz, de su sepultura y de su resurrección: que el hombre, una vez salvado, recobrara, por la imitación de Cristo, su antigua condición de hijo adoptivo.
Y así, para llegar a una vida perfecta, es necesario imitar a Cristo, no sólo en los ejemplos que nos dio durante su vida, ejemplos de mansedumbre, de humildad y de paciencia, sino también en su muerte, como dice Pablo, el imitador de Cristo: Muriendo su misma muerte, para alcanzar también la resurrección de entre los muertos.
Mas, ¿de qué manera podremos reproducir en nosotros su muerte? Sepultándonos con él por el bautismo. ¿En qué consiste este modo de sepultura, y de qué nos sirve el imitarla? En primer lugar, es necesario cortar con la vida anterior. Y esto nadie puede conseguirlo sin aquel nuevo nacimiento de que nos habla el Señor, ya que la regeneración, como su mismo nombre indica, es el comienzo de una vida nueva. Por esto, antes de comenzar esta vida nueva, es necesario poner fin a la anterior. En esto sucede lo mismo que con los que corren en el estadio: éstos, al llegar al fin de la primera parte de la carrera, antes de girar en redondo, necesitan hacer una pequeña parada o pausa, para reemprender luego el camino de vuelta; así también, en este cambio de vida, era necesario interponer la muerte entre la primera vida y la posterior, muerte que pone fin a los actos precedentes y da comienzo a los subsiguientes.
¿Cómo podremos, pues, imitar a Cristo en su descenso a la región de los muertos? Imitando su sepultura mediante el bautismo. En efecto, los cuerpos de los que son bautizados quedan, en cierto modo, sepultados bajo las aguas. Por esto el bautismo significa, de un modo arcano, el despojo de las obras de la carne, según aquellas palabras del Apóstol: Habéis sido circuncidados, no con operación quirúrgica, sino con la circuncisión de Cristo, que consiste en el despojo de vuestra condición mortal; con Cristo fuisteis sepultados en el bautismo, ya que el bautismo en cierto modo purifica el alma de las manchas ocasionadas en ella por el influjo de esta vida en carne mortal, según está escrito: Lávame: quedaré más blanco que la nieve. Por esto reconocemos un solo bautismo salvador, ya que es una sola la muerte en favor del mundo y una sola la resurrección de entre los muertos, y de ambas es figura el bautismo.
Responsorio Rm 6,
3. 5. 4
R. Cuantos en el bautismo fuimos sumergidos en Cristo Jesús
fuimos sumergidos en su muerte. * Y si hemos sido
injertados vitalmente en Cristo por la imagen de su muerte, también lo estaremos
por la imagen de su resurrección.
V. Por nuestro
bautismo fuimos sepultados con él, para participar de su muerte.
R. Y si hemos sido injertados vitalmente en Cristo por la
imagen de su muerte, también lo estaremos por la imagen de su
resurrección.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Ojos muertos que miráis
con mirar indescriptible
y con
fuerza irresistible
atraéis y cautiváis,
¿por qué, si muertos
estáis,
tenéis tan viva expresión
que así turbáis mi razón
trocando
vuestras miradas
en dos punzantes espadas
que parten mi corazón?
Al veros, ojos piadosos,
todo mi ser se
conmueve.
¿Quién a miraros se atreve
sin llorar, ojos llorosos?
Me
cautiváis amorosos,
me reprendéis justicieros,
inspiráis dolor y
calma,
sois tiernos y sois severos,
y las borrascas del alma
enfrenáis
sólo con veros.
¡Ah! Permitid ojos píos,
ojos que sois el
encanto
del cielo, que con mi llanto
borre mis locos desvíos;
bebí en
cenagosos ríos
aguas de ponzoñas llenas
que, al infiltrarse en mis
venas,
causaron fiebres ardientes.
¡Cómo olvidé que erais fuentes
de
aguas dulces y serenas! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Defiende mi causa, Señor, sálvame del hombre traidor y malvado.
Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido
al mundo como luz.
(Jn 12, 46)
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Ant. 1: Defiende mi causa, Señor, sálvame del hombre traidor y malvado.
Ant. 2: Tú defendiste, Señor, la causa de mi alma y rescataste mi vida, Señor Dios mío.
Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido
al mundo como luz.
(Jn 12, 46)
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Ant. 2: Tú defendiste, Señor, la causa de mi alma y rescataste mi vida, Señor Dios mío.
Ant. 3: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos.
Salmo 64
SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS
Cuando se
habla de Sión debe
entenderse del reino
eterno.
(Orígenes)
¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,
y a ti se te cumplen los
votos,
porque tú escuchas las súplicas.
A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros
delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.
Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus
atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados
de tu templo.
Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, Salvador
nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano
remoto;
tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú
que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto
de los pueblos.
Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus
signos
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de
júbilo.
Tú cuidas de la tierra, la riegas
la enriqueces sin
medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los
trigales;
riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja
mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
las
rodadas de tu carro rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
las colinas se orlan de
alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
los valles se visten de
mieses,
que aclaman y cantan.
Ant. 3: Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos.
LECTURA BREVE Za 12,10-11a
Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día será grande el luto de Jerusalén.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has
comprado, Señor, por tu sangre. R. Nos has
comprado.
V. De entre toda raza, lengua, pueblo y
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. Gloria. R.
Nos has comprado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti, antes que el mundo existiese.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y digámosle: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: La víspera del
día solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a
los suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 118, 49-56
Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi
esperanza;
éste es mi consuelo en la aflicción:
que tu promesa me da
vida;
los insolentes me insultan sin parar,
pero yo no me aparto de tus
mandatos.
Recordando tus antiguos mandamientos,
Señor, quedé
consolado;
sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu
voluntad;
tus leyes eran mi canción
en tierra extranjera.
De noche pronuncio tu nombre,
Señor, y velando, tus
preceptos;
esto es lo que a mí me toca:
guardar tus decretos.
Salmo 52
NECEDAD DE LOS PECADORES
Todos pecaron
y se hallan privados
de la gloria de Dios. (Rm 3, 23)
Dice el necio para si:
«No hay Dios.»
Se han corrompido
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
Dios observa desde el cielo
a los hijos de Adán
para ver si
hay alguno sensato
que busque a Dios
Todos se estravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre
bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto
porque Dios esparce los huesos del
agresor,
y serán derrotados,
porque Dios los rechaza.
¡Ojalá venga desde Sión
la salvación de lsrael!
Cuando el
Señor cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará
Israel.
Salmo 53, 3-6. 8-9
PETICIÓN DE AUXILIO
El profeta
pide verse libre de sus enemigos
por el nombre del Señor.
(Casiano)
Oh Dios!, sálvame por tu nombre,
sal por mi con tu poder.
¡Oh
Dios!, escucha mí súplica,
atiende a mis palabras:
porque unos insolentes se alzan contra mi,
y hombres violentos
me persiguen a muerte
sin tener presente a Dios.
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
te ofreceré un sacrificio voluntario
dando gracias a tu nombre,
que es bueno;
porque me libraste del peligro
y he visto la derrota de mis
enemigos.
Tercia: Ant.: La víspera del día
solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a los
suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA BREVE
Tercia Cf. 1Co 1,18-19
El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.»
V. Se
humillaba voluntariamente.
R. Y no
abría su boca.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar
tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu
perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1Co 1,22-24
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
V. Él
soportó nuestros sufrimientos.
R. Y aguantó nuestras
rebeldías.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar
tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu
perdón. Por Cristo nuestro Señor.
Nona 1Co 1,25.27a
Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para confundir a los sabios.
V.
Adoremos el signo de la cruz.
R. Por el que recibimos la
salvación.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar
tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu
perdón. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Brille la cruz del Verbo, luminosa,
brille
como la carne sacratísima
de aquel Jesús nacido de la Virgen
que en la
gloria del Padre vive y brilla.
Gemía Adán doliente y conturbado,
lágrimas
Eva junto a Adán vertía;
brillen sus rostros por la cruz gloriosa,
cruz
que se enciende cuando el Verbo expira.
¡Salve, cruz de los montes y caminos,
junto
al enfermo suave medicina,
regio trono de Cristo en las familias,
cruz de
nuestra fe, salve cruz bendita!
Reine el Señor crucificado,
levantando la
cruz donde moría;
nuestros enfermos ojos buscan luz,
nuestros labios, el
río de la vida.
Te adoramos, oh cruz que
fabricamos
pecadores con manos deicidas;
te adoramos, ornato del
Señor,
sacramento de nuestra eterna dicha. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Oía las burlas de la gente: «Terror por doquier», pero el Señor está conmigo como fuerte guerrero.
Salmo 48
VANIDAD DE LAS RIQUEZAS
Es muy
difícil que un rico entre en el
reino de los cielos. (Mt 19,
23)
I
Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;
mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis
reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de
la cítara.
¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y
me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus
inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un
rescate?
Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.
Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y
necios,
y legan sus riquezas a extraños.
El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.
El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los
animales.
Ant. 1: Oía las burlas de la gente: «Terror por doquier», pero el Señor está conmigo como fuerte guerrero.
Ant. 2: Sal fiador por mí ante ti mismo, Señor, ¿pues quién, si no, me dará la mano?
II
Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres
satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y
bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su
casa.
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de
su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con
él.
Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la
luz.
El hombre rico e inconsciente
es como un animal que
perece.
Ant. 2: Sal fiador por mí ante ti mismo, Señor, ¿pues quién, si no, me dará la mano?
Ant. 3: Fuiste degollado, Señor, y por tu sangre nos compraste para Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Fuiste degollado, Señor, y por tu sangre nos compraste para Dios.
LECTURA BREVE 1Co 1,27b-30
Lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más: ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta; de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois gloria en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
RESPONSORIO BREVE
V. Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos. R. Te adoramos.
V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V. Gloria. R. Te adoramos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar.
PRECES
Adoremos a Jesús, el Salvador del género humano, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida, y pidámosle humildemente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, * para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.
Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, * para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, * y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
El pecado del hombre ha dado muerte
al
Ungido de Dios y, en cruz clavado,
con su muerte venció todo el
pecado,
con su amor del mortal cambió la suerte.
Nueva vida dará a todas las gentes,
saciará
su gran sed siempre sentida,
brotarán en el alma redimida
de la vida de
Dios copiosas fuentes.
Luz que brilla en lo alto, y reverbera
en
la honda pupila dilatada
de la angustia del hombre, que, en su
espera,
sin saberlo tal vez, sólo quisiera
ver su
cruz en tu cruz, luz deseada,
para guardar muy dentro lo que viera.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Salmo 38
SÚPLICA DE UN ENFERMO
La creación
fue sometida a la frustración...,
pero con la esperanza de verse
liberada. (Rm 8, 20)
I
Yo me dije: vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la
lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté
presente.
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi
herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me
requemaba,
hasta que solté la lengua.
Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis
años,
para que comprenda lo caduco que soy.
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el
hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como pura sombra,
por un
soplo se afana,
atesora sin saber para quién.
Ant.1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
II
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi
confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los
necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha
hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me
acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla
roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas
sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis
padres.
Aplaca tu ira, dame respiro,
antes de que pase y no
exista.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
Salmo 51
CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES
El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)
¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el
piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias
tu lengua es
navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres
las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de
tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
«Mirad al
valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas
riquezas,
se insolentó en sus crímenes.»
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en su
misericordia
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré
delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.»
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
V. Cuando yo sea levantado en alto
sobre la tierra.
R. Atraeré a todos hacia
mí.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de las Lamentaciones 2, 1-10
LA PENA INFLIGIDA POR EL SEÑOR
¡Cómo ha cubierto de oscuridad el Señor en su cólera a la hija de Sión! Ha precipitado del cielo a la tierra el esplendor de Israel. No se ha acordado del estrado de sus pies en el día de su ira.
El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob, con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá, derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes. Encendido en ira tronchó el vigor de Israel; al llegar el enemigo, se guardó la diestra a la espalda, y prendieron las llamas en Jacob, consumiendo todo alrededor. Como un enemigo, tendió el arco, aplicó la diestra y dio muerte, enemistado, a la flor de la juventud, y en las tiendas de Sión derramó como fuego su furor.
El Señor se portó como enemigo, destruyendo a Israel: derribó todos sus palacios, arrasó sus plazas fuertes, y en la capital de Judá multiplicó duelos y lamentos. Como un salteador, destruyó la Tienda, arrasó el lugar de la asamblea, el Señor dio al olvido en Sión sábados y fiestas, indignado y furioso rechazó al rey y al sacerdote.
El Señor repudió su altar, desechó su santuario, entregó en manos enemigas los muros de sus palacios; y gritaban en el templo del Señor, como en día de fiesta. El Señor determinó arrasar las murallas de Sión: tendió la plomada y no retiró la mano que derribaba; muros y baluartes se lamentaban al desmoronarse juntos. Derribó por tierra las puertas, rompió los cerrojos.
El rey y los príncipes estaban entre los gentiles. No había ley; y los profetas ya no recibían visiones del Señor.
Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos, se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal; las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza.
Responsorio Jr 12, 10; 9, 2
R.
Muchos pastores destruyeron mi viña, han pisoteado mi parcela, * hicieron de mi parcela preciosa un desierto
desolado.
V. Quién me diera una posada en el
desierto para abandonar a mi pueblo y alejarme de él.
R. Hicieron de mi parcela preciosa un desierto
desolado.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 11, 18-12, 13
DESAHOGO DEL ALMA DEL PROFETA EN LA TRIBULACIÓN
En aquellos días, dijo Jeremías:
"El Señor me instruyó y comprendí, me explicó lo que hacían mis perseguidores: "También tus hermanos, la casa de tu padre, también ellos te son desleales, también ellos te critican por la espalda con descaro. No te fíes de ellos, aunque te digan buenas palabras."
Yo como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: "Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que su nombre no se pronuncie más."
Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, escudriñas las entrañas y el corazón; veré tu venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
Por eso, así sentencia el Señor contra los hombres de Anatot: "A los que intentan matarte diciéndote: 'No profetices en nombre del Señor, si no, morirás a nuestras manos', yo les tomaré cuentas: sus jóvenes morirán a espada, sus hijos e hijas morirán de hambre; y no quedará ni un resto de ellos, cuando yo les envíe la desgracia a los hombres de Anatot, el día de la cuenta."
Tú llevas la razón, Señor, cuando pleiteo contigo, pero quiero proponerte un caso de justicia: ¿Por qué prospera el camino de los impíos, por qué tienen paz los hombres pérfidos? Los plantas y echan raíces, crecen y dan fruto; tú estás cerca de sus labios, pero lejos de su corazón. Mas tú, Señor, me conoces, me examinas, y has probado mi actitud frente a ti. Apártalos como a ovejas para el matadero, resérvalos para el día de la matanza. ¿Hasta cuándo gemirá la tierra y se secará la hierba del campo?
Por la maldad de sus habitantes, desaparecen el ganado y los pájaros, porque dicen: "No ve Dios nuestros caminos."»
"Si corres con los de a pie y te cansan, ¿cómo competirás con los de a caballo? Si en la paz de la tierra te sientes inseguro, ¿qué harás en la espesura del Jordán? He abandonado mi casa, he desechado mi heredad, he entregado el amor de mi alma en manos de sus enemigos. Mi herencia se ha vuelto un león de la selva que ruge contra mí: por eso la detesté. Mi herencia se ha vuelto un pájaro pinto, los buitres vuelan en torno a él: Venid, reuníos, fieras del campo, venid a comer.
Muchos pastores destruyeron mi viña, han pisoteado mi parcela, hicieron de mi parcela preciosa un desierto desolado; la hicieron un yermo siniestro y desolado ante lIIí: el país está desolado y nadie se preocupa por ello. Por todas las dunas de la estepa, vinieron saqueadores: porque la espada del Señor devora la tierra de un extremo a otro, y nadie tiene paz. Sembraron trigo y cosecharon espinas, trabajaron en balde y se avergüenzan de su cosecha: por la ira ardiente del Señor.»
Responsorio Jn 16, 20; cf. Mt 9,
15
R. Lloraréis y gemiréis vosotros mientras el mundo se alegrará;
vosotros estaréis tristes, * pero vuestra tristeza se
convertirá en gozo.
V. Vendrán días en que se os
quitará el esposo y entonces sí ayunaréis.
R. Pero
vuestra tristeza se convertirá en gozo.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 84, 1-2: CCL 36, 536-538)
La PLENITUD DEL AMOR
El Señor, hermanos muy amados, quiso dejar bien claro en qué consiste aquella plenitud del amor con que debemos amarnos mutuamente, cuando dijo: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Consecuencia de ello es lo que nos dice el mismo evangelista Juan en su carta: Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos, amándonos mutuamente como él nos amó, que dio su vida por nosotros.
Es la misma idea que encontramos en el libro de los Proverbios: Si te sientas a comer en la mesa de un señor, mira con atención lo que te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante. Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar con atención lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Como dice el apóstol Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires, llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante.
Por esto, al reunimos junto a la mesa del Señor, no los recordamos del mismo modo que a los demás que descansan en paz, para rogar por ellos, sino más bien para que ellos rueguen por nosotros, a fin de que sigamos su ejemplo, ya que ellos pusieron en práctica aquel amor del que dice .el Señor que no hay otro más grande. Ellos mostraron a sus hermanos la manera como hay que preparar algo semejante a lo que también ellos habían tomado de la mesa del Señor.
Lo que hemos dicho no hay que entenderlo como si nosotros pudiéramos igualamos al Señor, aun en el caso de que lleguemos por él hasta el testimonio de nuestra sangre. :Él era libre para dar su vida y libre para volverla a tomar, nosotros no vivimos todo el tiempo que queremos y morimos aunque no queramos; él, en el momento de morir, mató en sí mismo a la muerte, nosotros somos librados de la muerte por su muerte; su carne no experimentó la corrupción, la nuestra ha de pasar por la corrupción, hasta que al final de este mundo seamos revestidos por él de la incorruptibilidad; él no necesitó de nosotros para salvamos, nosotros sin él nada podemos hacer; él, a nosotros, sus sarmientos, se nos dio como vid, nosotros, separados de él, no podemos tener vida.
Finalmente, aunque los hermanos mueran por sus hermanos, ningún mártir derrama su sangre para el perdón de los pecados de sus hermanos, como hizo él por nosotros, ya que en esto no nos dio un ejemplo que imitar, sino un motivo para congratulamos. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros.
Responsorio Jn 4, 9. 11. 10b
R.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su
Hijo único para que vivamos por medio de él. * Si
Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a
otros.
V. Dios nos amó y nos envió a su Hijo como
propiciación por nuestros pecados.
R. Si Dios nos
amó de esta manera, también nosotros debemos amamos unos a
otros.
Oración
Dios nuestro, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
En tus manos, Señor, pongo mi vida
con
todas sus angustias y dolores;
que en ti florezcan frescos mis amores
y
que halle apoyo en ti mi fe caída.
Quiero ser como cera derretida
que modelen
tus dedos creadores;
y morar para siempre sin temores
de tu costado en la
sangrienta herida.
Vivir tu muerte y tus dolores
grandes,
disfrutar tus delicias verdaderas
y seguir el camino por donde
andes.
Dame, Señor, huir de mis quimeras,
dame,
Señor, que quiera lo que mandes
para poder querer lo que tú quieras. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: En mi angustia te busco, Señor, y extiendo las manos sin descanso.
Salmo 76
RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL
Nos aprietan
por todos lados, pero
no nos aplastan. (2Co 4, 8)
Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me
oiga.
En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos
sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios,
gimo,
y meditando me siento desfallecer.
Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja
hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche
lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:
¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a
favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para
siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera
cierra sus entrañas?
Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del
Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos
portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.
Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como
nuestro Dios?
Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los
pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de
José.
Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se
estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los
nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.
Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el
orbe,
la tierra retembló estremecida.
Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas
caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:
mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de
Moisés y de Aarón.
Ant. 1: En mi angustia te busco, Señor, y extiendo las manos sin descanso.
Ant. 2: Si hemos muerto con Cristo, tenemos fe en que viviremos también con él.
Cántico
1Sa 2, 1-10
ALEGRÍA DE LOS HUMILDES EN DIOS
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los
colma
de bienes. (Lc 1, 52-53)
Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por
Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No
hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.
No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca
arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las
acciones.
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se
ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los
hambrientos
no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete
hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.
El Señor de la muerte y la vida,
hunde en el abismo y
levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de
gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó
el orbe.
Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen
en las tinieblas
porque el hombre no triunfa por su fuerza.
El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el
cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su
Rey,
exalta el poder de su Ungido.
Ant. 2: Si hemos muerto con Cristo, tenemos fe en que viviremos también con él.
Ant. 3: Cristo Jesús ha sido hecho por Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
Salmo 96
EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS
DIOSES
Este salmo
canta la salvación
del mundo y la conversión
de todos los pueblos. (S.
Atanasio)
El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas
innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su
trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se
estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la
tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan
su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo
en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión y se alegra,
se regocijan las ciudades de
Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la
tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus
fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de
corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo
nombre.
Ant. 3: Cristo Jesús ha sido hecho por Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
LECTURA BREVE Is 50,5-7
El Señor me abrió el oído; yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has
comprado, Señor, por tu sangre. R. Nos has
comprado.
V. De entre toda raza, lengua, pueblo y
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. Gloria. R.
Nos has comprado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: La sangre de Cristo, que por medio del Espíritu eterno se ofreció inmaculado a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras muertas, para dar culto al Dios vivo.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y digámosle: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: La víspera del
día solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a
los suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 118, 57-64
El Señor es mi herencia;
he resuelto guardar tus palabras;
de
todo corazón busco tu favor:
ten piedad de mí según tu promesa;
he
examinado mi camino,
para enderezar mis pies a tus preceptos.
Con diligencia, sin tardanza,
observo tus mandatos;
los lazos
de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu voluntad;
a media noche me
levanto para darte gracias
por tus justos mandamientos.
Me junto con tus fieles,
que guardan tus decretos
Señor, de
tu bondad está llena la tierra;
enséñame tus leyes.
Salmo 54, 2-15.17-24
ORACIÓN ANTE LA TRAICIÓN DE UN
AMIGO
Jesús empezó
a sentir terror
y angustia. (Mc 14,33)
I
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi
súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del
malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se estremece mi corazón,
me sobrecoge mi pavor mortal,
me
asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y
posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que
devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la
ronda sobre las murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella,
calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
II
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario
se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me
unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio por la casa de
Dios.
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en
la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que
me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde
siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su
boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son
más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no
permitirá jamás que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los
traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo
confío en ti.
Tercia: Ant.: La víspera del día
solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a los
suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA BREVE
Tercia 1Tm 2,4-6
Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, el cual se entregó a sí mismo como precio de rescate por todos. Este es el testimonio que nos ha dado Dios a su tiempo.
V. Se
humillaba voluntariamente.
R. Y no
abría su boca.
Oremos:
Dios nuestro, que, para librarnos del poder del
enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia
de la resurrección. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Rm 15,3
Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: «Sobre mí cayeron los ultrajes de quienes te ultrajaron.»
V. Él soportó nuestros
sufrimientos.
R. Y aguantó nuestras rebeldías.
Oremos:
Dios nuestro, que, para librarnos del poder del
enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia
de la resurrección. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 9,28
Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de las multitudes, aparecerá por segunda vez, sin relación ya con el pecado, para dar la salvación a los que lo esperan.
V.
Adoremos el signo de la cruz.
R. Por el que recibimos la
salvación.
Oremos:
Dios nuestro, que, para librarnos del poder del
enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia
de la resurrección. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Vengo, Señor, cabe las ígneas huellas
de
tus sacras heridas luminosas:
quíntuple abrir de inmarcesibles rosas,
suma
constelación de cinco estrellas.
Vengo a poblar sus oquedades bellas,
a
estudiar en sus aulas silenciosas,
y a beber, con ternuras dolorosas,
la
miel de acíbar que pusiste en ellas.
Cuando zozobre mi valor, inerme,
y vaya en
turbias ansias a abismarme
y llagado también llegue yo a verme,
deja a tus dulces llagas allegarme,
y en
sus íntimos claustros esconderme,
y en su divina suavidad curarme. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dijeron los impíos: «Oprimamos al justo, porque se enfrenta a nuestro modo de obrar.»
Salmo 61
DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO
Que el Dios
de la esperanza os colme
de todo gozo y paz. (Rm 15,
13)
Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para
derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?
Sólo piensan en derribarme de mi altura
y se complacen en la
mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.
Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.
Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.
No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.
Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he
escuchado:
«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú
pagas a cada uno
según sus obras.»
Ant. 1: Dijeron los impíos: «Oprimamos al justo, porque se enfrenta a nuestro modo de obrar.»
Ant. 2: Él tomó sobre sí el pecado de las multitudes o intercedió por los pecadores.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta Salvación de Dios
ha sido enviada a los gentiles
(Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 2: Él tomó sobre sí el pecado de las multitudes o intercedió por los pecadores.
Ant. 3: Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
LECTURA BREVE Ef 4,32-5,2
Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo. Sed en una palabra, imitadores de Dios, como hijos amados que sois. Y vivid en el amor a ejemplo de Cristo, que os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación de suave fragancia.
RESPONSORIO BREVE
V. Te adoramos, oh
Cristo, y te bendecimos. R. Te adoramos.
V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
R. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
V. Gloria. R. Te adoramos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Maestro dice: «Mi hora se acerca; en tu casa quiero celebrar yo la Pascua con mis discípulos.»
PRECES
Adoremos a Jesús, el Salvador del género humano, que muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida, y pidámosle humildemente: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, * para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.
Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, * para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, * y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¡Triste de mí que he cruzado
de la vida los
senderos
por largo tiempo sin veros,
ojos del Crucificado!
Mas, de
vuestra luz privado,
me fue contraria la suerte...
¡Ojos muertos del Dios
fuerte,
olvidad viejos agravios
y haced que os besen mis labios
en la
hora de mi muerte!
¡Ojos de Cristo, miradme!
¡Ojos muertos,
conmovedme!
¡Ojos tiernos, atraedme!
¡Ojos llorosos, bañadme!
¡Ojos sin
luz, alumbradme!
¡Ojos piadosos, seguidme
por donde mi planta yerra,
y
por el haz de la tierra
hacia el cielo conducidme! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68, 2-22. 30-37
LAMENTACIÓN Y PLEGARIA DE UN FIEL
DESOLADO
Le dieron a
beber vino
mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
I
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy
hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la
hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me
nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin
razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es
que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis
delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti,
Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de
Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi
rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos
de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque
te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de
saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me
cantan burlas.
Ant.1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
II
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu
favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me
ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me
aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el
torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran
compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en
peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás
viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me
acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero
compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me
echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
III
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me
levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con
acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo
con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus
cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en
ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y
las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que
aman su nombre vivirán en ella.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
V. Cuando yo sea
levantado en alto sobre la tierra.
R. Atraeré a
todos hacia mí.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de las
Lamentaciones 2, 11-22
LAMENTOS Y SÚPLICAS
Mis ojos están anegados en llanto, se estremecen mis entrañas, se derrama por tierra mi hiel, por la ruina de la hija de mi pueblo, mientras desfallecen los niños lactantes en las plazas de la ciudad.
Preguntaban a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecían, como los heridos, por las calles de la ciudad, mientras expiraban en brazos de sus madres.
¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén?, ¿a quién te compararé, para consolarte, virgen, hija de Sión? Inmensa como el mar es tu desgracia: ,¿quién podrá curarte? Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas; y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte, sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.
Los que van por el camino se frotan las manos al verte, silban y menean la cabeza contra la ciudad de Jerusalén: «¿Es ésta la ciudad más hermosa, la alegría de toda la tierra?» Se burlaron a carcajadas de ti todos tus enemigos, silbaron y rechinaron los dientes diciendo: «La hemos arrasado; éste es el día que esperábamos: lo hemos conseguido y lo estamos viendo.»
El Señor ha realizado su designio, ha cumplido la palabra que había pronunciado hace tiempo: ha destruido sin compasión; ha exaltado el poder del adversario, ha dado al enemigo el gozo de la victoria. Grita con toda el alma al Señor; laméntate, Sión, derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche, no te concedas reposo, no descansen tus ojos.
Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia, derrama como agua tu corazón en presencia del Señor, levanta hacia él las manos, por la vida de tus niños, desfallecidos de hambre en las encrucijadas:
«Mira, Señor, fíjate: ¿a quién has tratado así? ¿Cuándo las mujeres se han comido a sus hijos, a sus hijos tiernos? ¿Cuándo han asesinado en el templo del Señor a sacerdotes y profetas? Se tienden en el suelo de las calles muchachos y ancianos, mis jóvenes y mis doncellas cayeron a filo de espada; el día de tu ira diste muerte, mataste sin compasión. Convocaste, como para una fiesta, terrores que me cercan: el día de tu ira nadie pudo salvarse ni escapar. A los que yo crié y alimenté los aniquiló el enemigo.»
Responsorio Cf. Lm 2, 18
R.
Jerusalén, levántate y despójate de tus vestidos de gloria; vístete de luto y
aflicción. * Porque en ti ha sido ajusticiado el
Salvador de Israel.
V. Derrama torrentes de
lágrimas, de día y de noche; que no descansen tus ojos.
R. Porque en ti ha sido ajusticiado el Salvador de
Israel.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 15, 10-21
NUEVA VOCACIÓN DE JEREMÍAS
En aquellos días, exclamó Jeremías:
«¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de pleitos y contiendas con todo el mundo! Ni he prestado ni me han prestado, y todos me maldicen. De veras, Señor, te he servido fielmente: en el peligro y en la desgracia he intercedido en favor de mi enemigo; tú lo sabes. (¿Se rompe el hierro, el hierro del norte, o el bronce?)»
«Tu riqueza y tus tesoros los entrego al saqueo, de balde, por tus pecados en tus fronteras. Te hago esclavo del enemigo en tierra que desconoces, porque mi ira se enciende y arde eternamente.»
Señor, acuérdate y ocúpate de mí, véngame de mis perseguidores, no me dejes perecer por tu paciencia, mira que soporto injurias por tu causa. Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, ¡Señor, Dios de los ejércitos!
No me senté a disfrutar con los que se divertían; forzado por tu mano me senté solitario, porque me llenaste de tu ira. ¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga y mi herida enconada e incurable? Te me has vuelto arroyo engañoso, de agua inconstante.
Entonces me respondió el Señor:
«Si vuelves, te haré volver y estar a mi servicio; si apartas el metal de la escoria, serás mi boca. Que ellos vuelvan a ti, no tú a ellos. Frente a este pueblo te pondré como muralla de bronce inexpugnable: lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte -oráculo del Señor-. Te libraré de manos de los perversos, te rescataré del puño de los opresores.»
Responsorio Mt 23, 37; d. Jr 19,
15
R. Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son
enviados. * ¡Cuántas veces he querido agrupar a tus
hijos, y tú no has querido!
V. Endureciste tu
cerviz y no escuchaste mis palabras.
R. ¡Cuántas
veces he querido agrupar a tus hijos, y tú no has querido!
SEGUNDA LECTURA
De la Homilía de Melitón de Sardes, obispo, Sobre la Pascua
(Núms. 65-71: se 123, 95-101)
EL CORDERO INMOLADO NOS HA HECHO PASAR DE LA MUERTE A LA VIDA
Los profetas predijeron muchas cosas sobre el misterio pascual, que es el mismo Cristo, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Él vino del cielo a la tierra para remediar los sufrimientos del hombre; se hizo hombre en el seno de la Virgen, y de ella nació como hombre; cargó con los sufrimientos del hombre, mediante su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó los padecimientos de la carne, y él, que era inmortal por el Espíritu, destruyó el poder de la muerte que nos tenía bajo su dominio.
Él fue llevado como una oveja y muerto como un cordero; nos redimió de la seducción del mundo, como antaño de Egipto, y de la esclavitud del demonio, como antaño del poder del Faraón; selló nuestras almas con su Espíritu y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.
Él, aceptando la muerte, sumergió en la derrota a Satanás, como Moisés al Faraón. Él castigó la iniquidad y la injusticia, del mismo modo que Moisés castigó a Egipto con la esterilidad.
Él nos ha hecho pasar de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de la tiranía al reino eterno, y ha hecho de nosotros un sacerdocio nuevo, un pueblo elegido, eterno. Él es la Pascua de nuestra salvación.
Él es quien sufría tantas penalidades en la persona de muchos otros: él es quien fue muerto en la persona de Abel y atado en la persona de Isaac, él anduvo peregrino en la persona de Jacob y fue vendido en la persona de José, él fue expósito en la persona de Moisés, degollado en el cordero pascual, perseguido en la persona de David y vilipendiado en la persona de los profetas.
Él se encarnó en el seno de la Virgen, fue colgado en el madero, sepultado bajo tierra y, resucitando de entre los muertos, subió a lo más alto de los cielos.
Éste es el cordero que permanecía mudo y que fue inmolado; éste es el que nació de María, la blanca oveja; éste es el que fue tomado de entre la grey y arrastrado al matadero, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; éste es aquel cuyos huesos no fueron quebrados sobre el madero y que en la tumba no experimentó la corrupción; éste es el que resucitó de entre los muertos y resucitó al hombre desde las profundidades del sepulcro.
Responsorio Rm 3, 23-25; Jn 1, 29
R. Todos los
hombres pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios; son justificados
gratuitamente, mediante la gracia de Cristo, en virtud de la redención realizada
en él; * a quien Dios ha propuesto como instrumento
de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe.
V. Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del
mundo.
R. A quien Dios ha propuesto como
instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe.
Oración:
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de ser amado sobre todas las cosas, derrama sobre nosotros los dones de tu gracia, para que la herencia celestial, que la muerte de tu Hijo nos hace esperar confiadamente, logre ser alcanzada por nosotros en virtud de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes
prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de
ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y
escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu
muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que, aunque no
hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque cuanto
espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Mira, Señor, y contempla que estoy en peligro, respóndeme en seguida.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22,20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre,
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Ant. 1: Mira, Señor, y contempla que estoy en peligro, respóndeme en seguida.
Ant. 2: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré.
Cántico
Is 12, 1-6
ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO
El que tenga
sed que venga a
mí y que beba. (Jn 7, 37)
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero
ha cesado tu ira
y me has consolado.
Él es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi
fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con
gozo
de las fuentes de la salvación.
Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su
nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es
excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la
tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de
ti
el Santo de Israel!»
Ant. 2: Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré.
Ant. 3: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.
Salmo 80
SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
Mirad que no
tenga nadie un corazón
malo e incrédulo. (Hb 3, 12)
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
+ dad vítores al Dios de
Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las
arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es
nuestra fiesta;
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre
los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me
escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la
boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus
antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus
adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría
fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel
silvestre.
Ant. 3: El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.
LECTURA BREVE Hb 2,9b-10
Vemos a Jesús coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte. Así, por amorosa dignación de Dios, gustó la muerte en beneficio de todos. Pues como quisiese Dios, por quien y para quien son todas las cosas, llevar un gran número de hijos a la gloria, convenía ciertamente que perfeccionase por medio del sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos has
comprado, Señor, por tu sangre. R. Nos has
comprado.
V. De entre toda raza, lengua, pueblo y
nación.
R. Nos has comprado, Señor, por tu
sangre.
V. Gloria. R.
Nos has comprado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Con verdadero anhelo he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer.
PRECES
Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección, y digámosle: Señor, ten piedad de nosotros.
Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, * conduce a tu Iglesia a la Pascua eterna.
Tú que, elevado en la cruz, quisiste ser atravesado por la lanza del soldado, * sana nuestras heridas.
Tú que convertiste el madero de la cruz en árbol de vida, * haz que los renacidos en el bautismo gocen de la abundancia de los frutos de este árbol.
Tú que, clavado en la cruz, perdonaste al ladrón arrepentido, * perdónanos también a nosotros, pecadores.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que perdone nuestros pecados, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de ser amado sobre todas las cosas, derrama sobre nosotros los dones de tu gracia, para que la herencia celestial, que la muerte de tu Hijo nos hace esperar confiadamente, logre ser alcanzada por nosotros en virtud de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en
mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Ant.: La víspera del
día solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, como amaba a
los suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí, yo conozco al Padre y
doy mi vida por mis ovejas.
Nona: Ant.: Para mí la
vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en
la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 118, 65-72
Has dado bienes a tu siervo,
Señor, conforme a tus
palabras;
enséñame a gustar y a comprender,
porque me fío de tus
mandatos;
antes de sufrir yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tu
promesa.
Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus leyes;
los
insolentes urden engaños contra mí,
pero, yo custodio tus leyes;
tienen,
el corazón espeso como grasa,
pero mi delicia es tu voluntad,
Me estuvo bien el sufrir,
así aprendí tus mandamientos;
más
estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y
plata.
Salmo 55, 2-7b. 9-14
CONFIANZA EN LA PALABRA DE DIOS
En este salmo
aparece Cristo
en su pasión. (S. Jerónimo)
Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan
todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en
masa.
Levántame en el día terrible,
yo confío en ti.
En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué
podrá hacerme un mortal?
Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi
daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi
vida.
Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu
odre, Dios mío.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que
eres mi Dios..
En Dios, cuya promesa alabo;
en el Señor, cuya promesa
alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?
Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción
de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la
caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la
vida.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo
canta la pasión
del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus
dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las
naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos,
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Tercia: Ant.: La
víspera del día solemne de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora,
como amaba a los suyos, les dio la mayor prueba de amor que puede
darse.
Sexta: Ant.: Como el Padre me conoce a mí,
yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas.
Nona:
Ant.: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios
de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA BREVE
Tercia Hb 4,14-15
Teniendo un sumo sacerdote que penetró y está en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengamos firme la fe que profesamos. No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, al contrario, él mismo pasó por todas las pruebas a semejanza nuestra, fuera del pecado.
V. Se humillaba voluntariamente.
R. Y no abría su
boca.
Oremos:
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de ser amado
sobre todas las cosas, derrama sobre nosotros los dones de tu gracia, para que
la herencia celestial, que la muerte de tu Hijo nos hace esperar confiadamente,
logre ser alcanzada por nosotros en virtud de su resurrección. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta Hb 7,26-27
Tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los demás sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por los propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo nuestro Señor Jesucristo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.
V. Él
soportó nuestros sufrimientos.
R. Y aguantó nuestras
rebeldías.
Oremos:
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de ser amado
sobre todas las cosas, derrama sobre nosotros los dones de tu gracia, para que
la herencia celestial, que la muerte de tu Hijo nos hace esperar confiadamente,
logre ser alcanzada por nosotros en virtud de su resurrección. Por Cristo
nuestro Señor.
Nona Hb 9,11-12
Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros y entró de una vez para siempre en el santuario. Entró a través de una Tienda de Reunión más sublime y perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no perteneciente a este mundo. Y entró no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, obteniendo para nosotros una redención eterna.
V.
Adoremos el signo de la cruz.
R. Por el que recibimos la
salvación.
Oremos:
Dios nuestro, digno, con toda justicia, de ser amado
sobre todas las cosas, derrama sobre nosotros los dones de tu gracia, para que
la herencia celestial, que la muerte de tu Hijo nos hace esperar confiadamente,
logre ser alcanzada por nosotros en virtud de su resurrección. Por Cristo
nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
En la Cena
del Cordero
y habiendo ya cenado,
acabada la figura
comenzó lo
figurado.
Por mostrar Dios a los suyos
cómo
está de amor llagado,
todas las mercedes juntas
en una las ha
cifrado.
Pan y vino material
en sus manos ha
tomado
y, en lugar de pan y vino,
cuerpo y sangre les ha dado.
Si un bocado nos dio muerte,
la vida
se da en bocado;
si el pecado dio el veneno,
el remedio Dios lo ha
dado.
Haga fiesta el cielo y tierra
y
alégrese lo criado,
pues Dios, no cabiendo en ello,
en mi alma se ha
encerrado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre.
Salmo 71
PODER REAL DEL MESÍAS
Abriendo sus
cofres le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. (Mt 2,
11)
I
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de
reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con
rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y
quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en
edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la
tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la
luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la
tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos
muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen
tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que
se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le
sirvan.
Ant. 1: El primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre.
Ant. 2: El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector.
II
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía
protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de
los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa
a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el
pobre
y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de
los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del
campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él
sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas
de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace
maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la
tierra.
¡Amén, amén!
Ant. 2: El Señor librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector.
Ant. 3: Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Los santos vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron.
LECTURA BREVE Hb 13, 12-15
Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad. Salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que vamos buscando la futura. Por medio de él ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el tributo de los labios que van bendiciendo su nombre.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Cuando estaban cenando, Jesús tomó pan, rezó la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos.
PRECES
Adoremos a nuestro Salvador, que en la última Cena, la noche misma en que iba a ser entregado, confió a su Iglesia la celebración perenne del memorial de su muerte y resurrección; oremos, diciendo: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Redentor nuestro, concédenos que por la penitencia nos unamos más plenamente a tu pasión, * para que consigamos la gloria de la resurrección.
Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los afligidos, * para poder nosotros consolar a los que están atribulados, mediante el consuelo con que tú nos consuelas.
Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los sufrimientos de su vida, * para que se manifiesten a los hombres los frutos de la salvación.
Tú que te humillaste, haciéndote obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, * concede a tus fieles obediencia y paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de tu cuerpo glorioso, * y a nosotros concédenos también que un día participemos de su felicidad.
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración:
Dios nuestro, que, para tu mayor gloria y para la salvación del género humano, has constituido a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, haz que el pueblo que él conquistó con su sangre reciba plenamente, al participar del memorial de su pasión, los tesoros que dimanan de su muerte y resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten
misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado
contra ti.
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu
salvación.
V. Dios
todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
Salmo 90
A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE
Os he dado
potestad para pisotear
serpientes y escorpiones. (Lc
10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del
Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en
ti.»
Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te
cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de
día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que
devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te
alcanzará:
su brazo es escudo y armadura.
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los
malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por
defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu
tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus
caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la
piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y
dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi
nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo
glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi
salvación.»
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos
mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz. Cántico de
Simeón Lc 2, 29-32 Ahora, Señor, según tu promesa,
CRISTO, LUZ DE LAS
NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has
presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Dios te salve,
Reina y Madre de
misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos
los desterrados hijos de Eva,
a ti
suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos
tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a
Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen
María!
IN -
L - M - V - COFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por
su sangre
como varón que pisa los racimos?
¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a
precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le
venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.
Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad
al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías.
Salmo 2
¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías: «Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo. »
El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos. Luego les habla con ira, los espanta con su cólera: «Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo. »
Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza. »
Y ahora, reyes, sed sensatos; escarmentad los que regís la tierra: servid al Señor con temor, rendidle homenaje temblando; no sea que se irrite, y vayáis a la ruina, porque se inflama de pronto su ira. ¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. 1: Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías.
Ant. 2: Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
Salmo 21
EL SIERVO DE DIOS SUFRIENTE ORA Y DIOS LE
RESPONDE
A media
tarde, Jesús gritó:
«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
(Mt 27,
46)
I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis
gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me
haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de
Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a
salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y no los
defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente,
desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la
cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo
quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los
pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre
materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y
nadie me socorre.
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de
Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y
rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi
corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al
paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis
huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a
suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme.
Líbrame a mí, de la espada,
y a mi única vida, de la garra del
mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre, de los cuernos del
búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
Ant. 2: Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica.
Ant. 3: Me tienden lazos los que atentan contra mí.
Salmo 37
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen
descanso mis huesos
a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis
fuerzas.
Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi
insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino
sombrío;
tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi
carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un
león.
Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te
ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las
fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan
a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi
daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.
Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la
boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios
mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi
pie, no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de
mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me
aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan
cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven
aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.
Ant. 3: Me tienden lazos los que atentan contra mí.
V. Se levantan contra mí testigos
falsos.
R. Que respiran violencia.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de las Lamentaciones 3, 1.33
LAMENTO Y ESPERANZA EN LA TRIBULACIÓN
Yo soy el hombre que ha sufrido la miseria bajo el látigo de su furor. Él me ha llevado y me ha hecho caminar en tinieblas y sin luz. Contra mí solo vuelve él y revuelve su mano todo el día.
Mi carne y mi piel ha consumido, ha quebrado mis huesos. Ha forjado un yugo para mí y ha cercado de angustia mi cabeza. Me ha hecho morar en las tinieblas, con los muertos de antaño.
Me ha emparedado y no puedo salir; ha hecho pesadas mis cadenas. Aun cuando grito y pido auxilio, él sofoca mi súplica. Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha obstruido mis senderos.
Ha sido para mí como un oso en acecho, como león en escondite. Sembrando de espinas mis caminos, me ha desgarrado, me ha dejado hecho un horror. Ha tensado su arco y me ha fijado como blanco de sus flechas.
Ha clavado en mis lomos los hijos de su aljaba. De lodo mi pueblo me ha hecho la irrisión, su copla todo el día. Él me ha hartado de amargura, me ha abrevado con ajenjo. Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en la ceniza. Mi alma está alejada de la paz, he olvidado lo que es dicha. Dije: «¡Ha fenecido mi vigor y la esperanza que del Señor me venía!»
Recordar mi miseria y mi angustia es ajenjo y amargor. Mas mi alma lo recuerda, sí, lo .recuerda y se derrite de tristeza dentro de mí. He aquí lo que revolveré en mi corazón para cobrar confianza:
Que el amor del Señor no se ha acabado ni se ha agolado su ternura; cada mañana se renuevan. ¡Grande es tu fidelidad! «Mi porción es el Señor -dice mi alma-, por eso en él esperaré.»
Bueno es el Señor para el que en él espera, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor. Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud.
Que se siente solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; que presente la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios.
Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a castigar, luego se apiada según su inmenso amor, pues no pone su complacencia en castigar y afligir a los hijos de hombre.
Responsorio Is 57, 1.2a; 53, 7b-8a
R. Perece el justo, y nadie hace
caso; se llevan a los hombres fieles, y nadie comprende que por la maldad se
llevan al inocente, * para que entre en la
paz.
V. Como oveja ante el esquilador, enmudecía y
no abría la boca; sin defensa, sin justicia se. lo llevaron.
R. Para que entre en la paz.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 16, 1-15
SOLEDAD DEL PROFETA
En aquellos días, recibí esta palabra del Señor:
«No te cases, no tengas hijos ni hijas en este lugar. Porque así dice el Señor a los hijos e hijas nacidos en este lugar, a las madres que los dieron a luz, a los padres que los engendraron en esta tierra: "Morirán de muerte cruel, no serán llorados ni sepultados, serán como estiércol sobre el campo, acabarán a espada y de hambre, sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra."
"Así dice el Señor:
«No entres en casa donde haya luto, no vayas al duelo, no les des el pésame, porque retiro de este pueblo -oráculo del Señor- mi paz, misericordia y compasión. Morirán en esta tierra grandes y pequeños, no serán sepultados ni llorados, ni por ellos se harán incisiones o se raparán el pelo; no asistirán al banquete fúnebre para darle el pésame por el difunto, ni les darán la copa del consuelo por su padre o su madre. No entres en la casa donde se celebra un banquete para comer y beber con los comensales; porque así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: "Yo haré cesar en este lugar, en vuestros días, ante vosotros, la voz alegre, la voz gozosa, la voz del novio, la voz de la novia."
Cuando anuncies a este pueblo todas estas palabras, te preguntarán: "¿Por qué ha pronunciado el Señor contra nosotros tan terribles amenazas? ¿Qué delitos o pecados hemos cometido contra el Señor, nuestro Dios?", y tú les responderás: "Porque vuestros padres me abandonaron -oráculo del Señor-, siguieron a dioses extranjeros, sirviéndolos y adorándolos. A mí me abandonaron y no guardaron mi ley. Pero vosotros sois peores que vuestros padres, cada cual sigue la maldad de su corazón obstinado, sin escucharme a mí. Os arrojaré de esta tierra a un país desconocido de vosotros y de vuestros padres: allí serviréis a dioses extranjeros, día y noche, porque no os haré gracia."
Pero llegarán días -oráculo del Señor- en que ya no se dirá: "Vive el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto", sino más bien: "Vive el Señor, que nos sacó del país del norte, de todos los países por donde nos dispersó." Y los haré volver a su tierra, la que di a sus padres.»
Responsorio Cf. Is 53, 7. 12
R. Fue conducido como oveja al
matadero, fue maltratado y se humilló, enmudecía y no abría la boca; fue
entregado a la muerte, * para dar la vida a su
pueblo.
V. Se entregó a sí mismo a la muerte y fue
contado entre los malhechores.
R. Para dar la vida
a su pueblo.
SEGUNDA LECTURA
De las Catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo
(Catequesis 3, 13-19: se 50, 174-177)
EL VALOR DE LA SANGRE DE CRISTO
¿Deseas conocer el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recordemos los antiguos relatos de Egipto.
Inmolad -dice Moisés- un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda -responde Moisés-: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.»
Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos.
¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio.
Del costado salió sangre y agua. No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio, pues me falta explicarte aún otra interpretación mística. He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: cón el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado, ambos, del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva.
Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo con ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que Dios formó a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado, para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.
Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer.
Responsorio 1Pe 1,
18-19; Ef 2, 18; Un 1, 7
R.
V. La sangre de Jesús, el Hijo de Dios,
nos purifica de todo pecado.
R. Por medio de él
tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
Oración:
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Brazos rígidos y yertos,
por dos garfios traspasados,
que
aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme abiertos,
para esperarme
clavados.
Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro y yo te sigo;
yo,
Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la cruz
contigo.
Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos
irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo
y muriendo
bendecirte.
Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que
adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad;
que sienta una dulce herida
de ansia de amor
desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la
vida
como tú estás en la cruz:
de sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las
manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos
mis hermanos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1:
Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.Salmo 50
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1:
Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros.Ant. 2:
Jesucristo nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre.Cántico Ha 3, 2-4.13a.15-19
¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio
de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el
terremoto acuérdate de la misericordia.
El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su
resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo
es como el día,
su mano destella velando su poder.
Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el
mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.
Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron
mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas
al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo
que nos oprime.
Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen
fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan
cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el
establo,
yo exultaré con el Señor,
me glorificaré en Dios mi
salvador.
El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y
me hace caminar por las alturas.
Ant. 2:
Jesucristo nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre.Ant. 3:
Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.Salmo 147
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3:
Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.LECTURA BREVE (Is 52, 13-15)
Mirad: mi siervo tendrá éxito, será enaltecido y ensalzado sobremanera. Y, así como muchos se horrorizaron de él, pues tan desfigurado estaba que ya ni parecía hombre, no tenía ni aspecto humano, así también muchos pueblos se admirarán de él y, a su vista, los reyes enmudecerán de asombro porque verán algo jamás narrado y contemplarán algo inaudito.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.:
Fijaron encima de su cabeza un letrero indicando el motivo de su condenación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos.»PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
Señor y Maestro nuestro, que por nosotros te sometiste incluso a la muerte, * enséñanos a someternos siempre a la voluntad del Padre.
Tú que siendo nuestra vida quisiste morir en la cruz para destruir la muerte y todo su poder, * haz que contigo sepamos morir también al pecado y resucitemos contigo a vida nueva.
Rey nuestro, que como un gusano fuiste el desprecio del pueblo y la vergüenza de la gente, * haz que tu Iglesia no se acobarde ante la humillación, sino que como tú proclame en toda circunstancia el honor del Padre.
Salvador de todos los hombres, que diste tu vida por los hermanos, * enséñanos a amarnos mutuamente con un amor semejante al tuyo.
Tú que al ser elevado en la cruz atrajiste hacia ti a todos los hombres, * reúne en tu reino a todos los hijos de Dios dispersos por el mundo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque la muerte de Cristo nos ha hecho agradables a Dios, nos atrevemos a orar al Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración:
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Tercia:
Cruz preciosa,
inmerecida:
a los hombres
diste
vida.
Un dolor
en el madero;
y a los hombres
un Cordero.
Sangre roja
del combate;
y para el hombre
el
rescate.
Tu victoria
es nuestra vida,
por la sangre
de tu
herida.
Nuestra vida
es tu muerte
¡y para el hombre
qué
suerte! Amén.
Sexta:
¡Misterio en el Calvario,
escándalo sangriento!:
el Señor
de la tierra
esclavo en un madero.
Víctima escarnecida,
misterio y sacramento:
el Señor de
la gloria
entre ladrones muerto.
Tú sabes que los hombres
ignoran lo que han hecho;
mas tu
perdón los cubre,
Sacerdote y Cordero.
¡Misterio en el
Calvario,
escándalo sangriento!
Al fin viene la hora
que espera el universo:
la cruz en
él clavada
y tu gracia al acecho.
¡Víctima escarnecida,
misterio y
sacramento!
Tu sangre derramada
floreció en el desierto.
¡Misterio en
el Calvario,
escándalo sangriento!:
la muerte muerta es vida
clavada en
un madero. Amén.
Nona:
Cruz de Cristo,
cuyos brazos
todo el mundo han
acogido.
Cruz de Cristo,
cuya sangre
todo el mundo ha
redimido.
Cruz de Cristo,
luz que brilla
en la noche del
camino.
Cruz de Cristo,
cruz del hombre,
su bastón de
peregrino.
Cruz de Cristo,
árbol de vida,
vida nuestra, don
eximio.
Cruz de Cristo,
altar divino
de Dios-Hombre en
sacrificio. Amén.
SALMODIA
Tercia: Era hacia la media mañana
cuando crucificaron a Jesús.
Sexta: Desde el
mediodía hasta las tres de la tarde se extendieron las tinieblas sobre toda la
tierra.
Nona: A media tarde, Jesús gritó: «Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Salmo 39,2-14.17-18
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi
grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis
pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro
Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el
Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie se te puede comparar:
intento proclamarlas,
decirlas,
pero superan todo número.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste
el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí
estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he
cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he proclamado tu
fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante
la gran asamblea.
Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu
lealtad me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin
cuento.
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que
los cabellos de mi cabeza,
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre
y desdichado,
pero el Señor cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi
liberación:
Dios mío, no tardes.
Salmo 53,3-6.8-9
Oh Dios!, sálvame por tu nombre,
sal por
m
porque unos insolentes se alzan contra m
í,Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
te ofreceré un sacrificio voluntario
dando gracias a tu
nombre, que es bueno;
porque me libraste del peligro
y he visto la
derrota de mis enemigos.
Salmo 87
ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Ésta es
vuestra hora,
la del poder de las tinieblas.
(Lc 22,
53)
I
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu
presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi
clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al
borde del abismo,
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un
inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el
sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de
tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del
fondo;
tú cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para
ellos,
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de
pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia
ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para
darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el
reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu
justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi
súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo.
Me doblo bajo el peso de
tus terrores,
pasó sobré mí tu incendio,
tus espantos me han
consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a
una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las
tinieblas.
Tercia: Era hacia la media mañana cuando crucificaron a Jesús.
LECTURA BREVE Is 53,2-3
Creció ante nosotros como un débil brote, como raíz en tierra árida. Lo vimos sin aspecto atrayente, sin gracia ni belleza, despreciado y rechazado por los hombres, como varón de dolores, acostumbrado a los sufrimientos, ante el cual se desvía la mirada, discriminado y desestimado.
V. Te adoramos, oh Cristo, y te
bendecimos.
R. Porque con tu santa cruz redimiste
al mundo.
Oremos:
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la
cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus
propios enemigos. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: Desde el mediodía hasta las tres de la tarde se extendieron las tinieblas sobre toda la tierra.
LECTURA BREVE Is 53,4-5
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores: nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes. Él soportó el castigo que nos trae la paz, por sus llagas hemos sido curados.
V. Jesús,
acuérdate de mí.
R. Cuando vengas revestido de tu
dignidad real.
Oremos:
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la
cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus
propios enemigos. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: A media tarde, Jesús gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
LECTURA BREVE Is 53,6-7
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
V. Me
confinó a las tinieblas.
R. Como a los muertos ya
olvidados.
Oremos:
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la
cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus
propios enemigos. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Brazos rígidos y yertos,
por dos garfios traspasados,
que
aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme abiertos,
para esperarme
clavados.
Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro y yo te sigo;
yo,
Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la cruz
contigo.
Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos
irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo
y muriendo
bendecirte.
Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que
adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad;
que sienta una dulce herida
de ansia de amor
desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la
vida
como tú estás en la cruz:
de sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las
manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos
mis hermanos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1:
Escuchad, pueblos todos, y mirad mi dolor.Salmo 115
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti,
Jerusalén.
Ant. 1:
Escuchad, pueblos todos, y mirad mi dolor.Ant. 2:
Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.Salmo 142, 1-11
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
Ant. 2:
Mi aliento desfallece, mi corazón dentro de mí está yerto.Ant. 3:
Jesús, después de haber probado el vinagre, exclamó: «Todo está cumplido»; e, inclinando la cabeza, expiró.Cántico FIp 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3:
Jesús, después de haber probado el vinagre, exclamó: «Todo está cumplido»; e, inclinando la cabeza, expiró.LECTURA BREVE (1Pe 2, 21b-24)
Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando le insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.:
Siendo enemigos, hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.PRECES
Al conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo, de la que brotó la vida del mundo, oremos a Dios Padre, diciendo: Por la muerte de tu Hijo, escúchanos, Señor.
Mantén, Señor, la unidad de la Iglesia.
Protege al papa N.
Santifica por tu Espíritu a los obispos, presbíteros, diáconos y a todo tu pueblo santo.
Acrecienta la fe y la sabiduría de los catecúmenos.
Congrega a los cristianos en la unidad.
Haz que Israel llegue a conseguir en plenitud la redención.
Ilumina con tu gracia a los que no creen en Cristo.
Haz que los ateos lleguen a descubrir tu amor a través de las obras de la creación.
Guía los pensamientos y decisiones de los gobernantes.
Concede tu consuelo a los que se sienten tristes.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Da tu perdón pleno a los difuntos.
A continuación se reza el Padre nuestro.
Oración:
Mira, Señor, con bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo nuestro Señor aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde
de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú,
a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
Salmo 90
A LA SOMBRA DEL
OMNIPOTENTE
Os he dado potestad para pisotear
serpientes y
escorpiones.
(Lc 10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la
sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios
mío, confío en ti. »
Él te librará de la red del cazador,
de la peste
funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de
día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que
devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no
te alcanzará:
su brazo es escudo y armadura.
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los
malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por
defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu
tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus
caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en
la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y
dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce
mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo
glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación. »
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS
NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo
irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has
presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida,
dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos
los desterrados hijos de Eva,
a ti
suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos
tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a
Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen
María!
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
La Palabra de Dios crucificada
es testigo fiel de su
elocuencia,
es palabra de amor y, en su existencia,
en la vida y la muerte
fue probada.
Por dar fe de su amor, nos dio su vida;
por dar fe de su
vida, fue exaltada
sobre toda palabra pronunciada;
por el Padre a los
hombres ofrecida.
La Palabra de Dios ya fue cumplida.
El silencio de Dios está
a la espera
del amor de los hombres, y él quisiera
que esa Palabra fuera recibida,
y en comunión de amor por
siempre fuera
plenitud de su don que a todos diera. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: En paz me acuesto y duermo tranquilo.
Salmo 4
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en
el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la
falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro
lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen:
«¿Quién nos hará ver la dicha,
si
la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor,
has puesto en mi corazón más alegría
que
si abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo,
Señor, me haces vivir tranquilo.
Ant. 1: En paz me acuesto y duermo tranquilo.
Ant. 2: Mi carne descansa serena.
Salmo 15
Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti;
yo digo al
Señor: «Tú eres mi bien. »
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas de dioses extraños;
no
derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis
labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu
mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me
instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi
derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y
mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás
a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en
tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. 2: Mi carne descansa serena.
Ant. 3: Levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
Salmo 23
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 3: Levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
V. Defiende mi causa y
rescátame.
R. Con tu promesa dame vida.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de las Lamentaciones 5, 1-22
PLEGARIA POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO
¡Acuérdate, Señor, de lo que nos ha sobrevenido, mira y ve nuestro oprobio! Nuestra heredad ha pasado a extranjeros, nuestras casas a extraños. Hemos quedado como huérfanos sin padre, y nuestras madres son como viudas. A precio de plata bebemos nuestra agua, nuestra leña, la adquirimos por dinero. Andamos oprimidos con el yugo a nuestro cuello; estamos agotados, no se nos da respiro. Hacia Egipto tendemos nuestra mano, hacia Asur en busca de pan.
Nuestros padres pecaron, ya no existen; y nosotros cargamos con sus culpas. Esclavos nos dominan, nadie nos libra de su mano. A riesgo de la vida logramos nuestro pan, afrontando la espada del desierto. Nuestra piel abrasa como un horno, a causa del ardor del hambre. Han violado a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. Colgados fueron por sus manos los príncipes; la faz de los ancianos no ha sido respetada. Han arrastrado la muela los muchachos, bajo la carga de leña se han doblado los niños. Los ancianos han dejado de acudir a la puerta, los jóvenes han dejado sus cantares.
Ha cesado la alegría de nuestro corazón, en duelo se ha trocado nuestra danza. Ha caído la corona de nuestra cabeza. ¡Ay de nosotros, que hemos pecado! Por eso nuestro corazón desfallece, por eso se nublan nuestros ojos: Por el monte Sión, que está desolado, ¡las raposas merodean en él!
Mas tú, Señor, por siempre permaneces; ¡tu trono de generación en generación! ¿Por qué has de olvidamos para siempre? ¿Por qué toda la vida abandonamos? Haz que volvamos a ti, Señor, y volveremos. Renueva nuestros días como antaño, si es que no nos has desechado totalmente, irritado contra nosotros sin medida.
Responsorio Cf. Mt 27, 66. 60. 62
R. Después de sepultar al Señor, hicieron rodar una gran
piedra a la entrada del sepulcro y lo sellaron. * Y
pusieron guardias para custodiarlo.
V. Los jefes
de los sacerdotes se presentaron ante Pilato, y le pidieron que diese orden de
vigilar el sepulcro.
R. y pusieron guardias para
custodiarlo.
Año II:
Del libro del profeta Jeremías 20, 7-18
ANGUSTIA DEL PROFETA
En aquellos días, exclamó Jeremías:
"Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte y yo fui dominado. Ahora soy todo el día la irrisión y la burla de todo el mundo. Siempre que hablo tengo que proclamar: "¡Violencia! ¡Destrucción!" La palabra del Señor se ha vuelto para mí oprobio y befa todo el día. Yo me dije: "No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre"; pero su palabra era en mis entrañas como fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo intentaba contenerlo, pero no podía.
Oía las burlas de la gente: "Terror por doquier. Delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "A ver si se descuida, y lo abatiremos y nos vengaremos de él"
Pero el Señor está conmigo, como fuerte guerrero; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo perpetuo que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomes de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, porque libra la vida del pobre de las manos de los impíos.
Maldito el día en que fui engendrado, el día en que mi madre me parió no sea bendito. Maldito el hombre que anunció a mi padre: "Te ha nacido un varón", dándole una gran alegría. Ojalá que hubiera sido ese día como las ciudades que el Señor destruyó sin compasión; que escuche gritos de alarma en la mañana y alaridos de guerra al mediodía. ¿Por qué no me mató en el vientre? Habría sido mi madre mi sepulcro, y yo eterna preñez de sus entrañas. ¿Por qué salí del vientre para pasar trabajos y fatigas y acabar mis días derrotado?»
Responsorio Cf. Mt 27, 66. 60. 62
R. Después de sepultar al Señor, hicieron rodar una gran
piedra a la entrada del sepulcro y lo sellaron. * Y
pusieron guardias para custodiarlo.
V. Los jefes
de los sacerdotes se presentaron ante Pilato, y le pidieron que diese orden de
vigilar el sepulcro.
R. y pusieron guardias para
custodiarlo.
SEGUNDA LECTURA
De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado
(PG 43, 439. 451. 462-463)
EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS MUERTOS
¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: "Salid", y a los que estaban en tinieblas: "Sed iluminados", Y a los que estaban adormilados: "Levantaos."
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorada. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»
Responsorio
R. ¡Se fue nuestro Pastor, la fuente de agua viva! A su
paso el sol se oscureció. Hoy fue por él capturado el que tenía cautivo al
primer hombre. * Hoy nuestro Salvador rompió las
puertas y cerrojos de la muerte.
V. Demolió las
prisiones del abismo y destrozó el poder del enemigo.
R. Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y cerrojos de.
la muerte.
Oración
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor, abre
mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Venid al huerto, perfumes,
enjugad la blanca sábana:
en
el tálamo nupcial
el Rey descansa.
Muertos de negros sepulcros,
venid a la tumba santa:
la
Vida espera dormida,
la Iglesia aguarda.
Llegad al jardín, creyentes,
tened en silencio el
alma:
ya empiezan a ver los justos
la noche
clara.
Oh dolientes de la tierra,
verted aquí vuestras
lágrimas:
en la gloria de este cuerpo
serán
bañadas.
Salve, cuerpo cobijado
bajo las divinas alas;
salve, casa
del Espíritu,
nuestra morada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1.
Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS
Este salmo se
aplica especialmente
a la pasión del Señor. (S.
Agustín)
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del
terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de
los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras
venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa
y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen:
«¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus
invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de
heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la
cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita
sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se
felicitan los rectos de corazón.
Ant. 1. Harán llanto como llanto por el hijo único, porque siendo inocente fue muerto el Señor.
Ant. 2:
Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.Salmo 42
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios
mío»
Ant. 2:
Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.Ant. 3:
Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.Salmo 150
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3:
Estaba muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades.LECTURA BREVE (Os 6,1-3a)
Esto dice el Señor: «En su aflicción me buscarán, diciendo: "Volvamos al Señor. Él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará, y al tercero nos levantará, y viviremos en su presencia."»
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre – sobre – todo – nombre».
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.:
Salvador del mundo, sálvanos; tú que con tu cruz y con tu sangre nos redimiste, socórrenos, Dios nuestro.PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado, para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
Oh Señor, que junto a tu cruz y a tu sepulcro tuviste a tu Madre dolorosa que participó en tu aflicción, * haz que tu pueblo sepa también participar en tu pasión.
Señor Jesús, que como grano de trigo caíste en la tierra para morir y dar con ello fruto abundante, * haz que también nosotros sepamos morir al pecado y vivir para Dios.
Oh Pastor de la Iglesia, que quisiste ocultarte en el sepulcro para dar la vida a los hombres, * haz que nosotros sepamos también vivir escondidos contigo en Dios.
Nuevo Adán, que quisiste bajar al reino de la muerte, para librar a cuantos, desde el origen del mundo, estaban encarcelados, * haz que todos los hombres, muertos al pecado, escuchen tu voz y vivan.
Cristo, Hijo de Dios vivo, que has querido que por el bautismo fuéramos sepultados contigo en la muerte, * haz que siguiéndote a ti caminemos también nosotros en novedad de vida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Movidos por el espíritu filial que Cristo nos mereció con su muerte, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Tercia:
Cruz preciosa,
inmerecida:
a los hombres
diste
vida.
Un dolor
en el madero;
y a los hombres
un Cordero.
Sangre roja
del combate;
y para el hombre
el
rescate.
Tu victoria
es nuestra vida,
por la sangre
de tu
herida.
Nuestra vida
es tu muerte
¡y para el hombre
qué
suerte! Amén.
Sexta:
¡Misterio en el Calvario,
escándalo sangriento!:
el Señor
de la tierra
esclavo en un madero.
Víctima escarnecida,
misterio y sacramento:
el Señor de
la gloria
entre ladrones muerto.
Tú sabes que los hombres
ignoran lo que han hecho;
mas tu
perdón los cubre,
Sacerdote y Cordero.
¡Misterio en el
Calvario,
escándalo sangriento!
Al fin viene la hora
que espera el universo:
la cruz en
él clavada
y tu gracia al acecho.
¡Víctima escarnecida,
misterio y
sacramento!
Tu sangre derramada
floreció en el desierto.
¡Misterio en
el Calvario,
escándalo sangriento!:
la muerte muerta es vida
clavada en
un madero. Amén.
Nona:
Cruz de Cristo,
cuyos brazos
todo el mundo han
acogido.
Cruz de Cristo,
cuya sangre
todo el mundo ha
redimido.
Cruz de Cristo,
luz que brilla
en la noche del
camino.
Cruz de Cristo,
cruz del hombre,
su bastón de
peregrino.
Cruz de Cristo,
árbol de vida,
vida nuestra, don
eximio.
Cruz de Cristo,
altar divino
de Dios-Hombre en
sacrificio. Amén.
SALMODIA
Tercia: Espero gozar de la dicha del
Señor en el país de la vida.
Sexta: Señor, sacaste
mi vida del abismo.
Nona: Su tabernáculo está en
Jerusalén, su morada en la paz.
Salmo 26
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor
es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla
si
me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del
Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me
esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en
su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para
el Señor.
Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré,
Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no
me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque
tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan
contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Salmo 29
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN
PELIGRO DE MUERTE
Cristo,
después de su gloriosa resurrección,
da gracias al Padre.
(Casiodoro)
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que
mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste
mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre
santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer
nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor,
me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé
desconcertado.
A ti Señor llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi
muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu
lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has
vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te
daré gracias por siempre.
Salmo 75
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
TERCIA
Ant.: Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
LECTURA BREVE 1Jn 1,8-9
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, fiel y bondadoso es él para perdonarnos y purificarnos de toda iniquidad.
V. No me entregarás a la
muerte.
R. Ni dejarás a tu fiel conocer la
corrupción.
Oremos:
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar
de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos
tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la
vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
SEXTA
Ant.: Señor, sacaste mi vida del abismo.
LECTURA BREVE 1Jn 2,1b-2
Abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.
V. El
Señor da la muerte y la vida.
R. Hunde en el abismo y
levanta.
Oremos:
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar
de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos
tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la
vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
NONA
Ant.: Su tabernáculo está en Jerusalén, su morada en la paz.
LECTURA BREVE 1Jn 2,8b-10
Las tinieblas van pasando y ya brilla la luz verdadera. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está todavía en las tinieblas. Quien ama a su hermano está siempre en la luz, y no hay ocasión de ruina en él.
V.
Después de sepultar al Señor, sellaron el sepulcro.
R.
Y pusieron guardias para custodiarlo.
Oremos:
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar
de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos
tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la
vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
HIMNO
Venid al huerto, perfumes,
enjugad la blanca sábana:
en
el tálamo nupcial
el Rey descansa.
Muertos de negros sepulcros,
venid a la tumba santa:
la
Vida espera dormida,
la Iglesia aguarda.
Llegad al jardín, creyentes,
tened en silencio el
alma:
ya empiezan a ver los justos
la noche
clara.
Oh dolientes de la tierra,
verted aquí vuestras
lágrimas:
en la gloria de este cuerpo
serán
bañadas.
Salve, cuerpo cobijado
bajo las divinas alas;
salve, casa
del Espíritu,
nuestra morada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1:
Oh muerte, yo seré tu muerte; país de los muertos, yo seré tu aguijón.Salmo 115
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti,
Jerusalén.
Ant. 1:
Oh muerte, yo seré tu muerte; país de los muertos, yo seré tu aguijón.Ant. 2:
Como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.Salmo 142, 1-11
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
Ant. 2:
Como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra.Ant. 3:
«Destruid este templo –dice el Señor– y yo lo levantaré en tres días»; esto lo decía refiriéndose al templo de su propio cuerpo.Cántico FIp 2, 6-11
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3:
«Destruid este templo –dice el Señor– y yo lo levantaré en tres días»; esto lo decía refiriéndose al templo de su propio cuerpo.LECTURA BREVE (1Pe 1, 18-21)
Ya sabéis con qué os rescataron: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha. Ya de antes de la creación del mundo estaba él predestinado para eso; y al fin de los tiempos se ha manifestado por amor a vosotros. Por él creéis en Dios que lo resucitó de entre los muertos y lo glorificó. Así vuestra fe y esperanza se centran en Dios.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre - sobre - todo - nombre».
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.:
Ahora ha entrado el Hijo del hombre en su gloria, y Dios ha recibido su glorificación por él; Dios, a su vez, pronto lo revestirá de su misma gloria.PRECES
Adoremos a nuestro Redentor, que por nosotros y por todos los hombres quiso morir y ser sepultado, para resucitar de entre los muertos, y supliquémosle, diciendo: Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, de tu corazón traspasado salió sangre y agua, signo de cómo la Iglesia nacía de tu costado; * por tu muerte, por tu sepultura y por tu resurrección vivifica, pues, a tu Iglesia.
Tú, que te acordaste incluso de los apóstoles que habían olvidado la promesa de tu resurrección, * no olvides tampoco a los que por no creer en tu triunfo viven sin esperanza.
Cordero de Dios, víctima pascual inmolada por todos los hombres, * atrae desde tu cruz a todos los pueblos de la tierra.
Dios del universo, que contienes en ti todas las cosas y aceptaste, sin embargo, ser contenido en un sepulcro, * libra a toda la humanidad de la muerte y concédele una inmortalidad gloriosa.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, Hijo de Dios vivo, que colgado en la cruz prometiste el paraíso al ladrón arrepentido, * mira con amor a los difuntos, semejantes a ti por la muerte y la sepultura, y hazlos también semejantes a ti por su resurrección.
Siguiendo la enseñanza de Jesucristo, que nos ha hecho hijos de Dios, digamos juntos a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú,
a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
Salmo 90
A LA SOMBRA DEL
OMNIPOTENTE
Os he dado potestad para pisotear
serpientes y
escorpiones.
(Lc 10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la
sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios
mío, confío en ti. »
Él te librará de la red del cazador,
de la peste
funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de
día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que
devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no
te alcanzará:
su brazo es escudo y armadura.
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los
malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por
defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu
tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus
caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en
la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y
dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce
mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo
glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi
salvación.»
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.
En lugar del responsorio breve se dice la siguiente antífona:
Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre - sobre - todo - nombre».
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS
NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has
presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda
una noche tranquila y una santa muerte.
R.
Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia,
vida,
dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos
los desterrados hijos de Eva,
a ti
suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos
tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a
Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen
María!
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
ANTÍFONA PARA EL INVITATORIO
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.
O bien:
Ant. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» +
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
Ant. A Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su sangre preciosa, venid, adorémosle.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros murió y por nosotros fue sepultado, venid, adorémosle.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Animaos unos
a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb
3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos
salva; +
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con
cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los
dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres
de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que
modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador
nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que
él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en
Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me
pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."
Salmo 99
ALEGRÍA
DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Salmo 66
QUE
TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta Salvación de Dios
ha sido enviada a los gentiles
(Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Oh Jesús, que en tu cruz has demostrado
tu amor y tu gran
misericordia,
y tu fuerza nos das para seguirte
por el mismo camino hacia
la gloria.
Que fielmente cumplamos en tu Iglesia
nuestra parte en tu
obra redentora,
y, al llegar a la tarde de la vida,
en gozo eterno el
Padre nos acoja.
Gracias, Padre, a Ti porque nos llamas,
a Jesús, que en su
sangre nos redime,
y al Espíritu Santo, luz y guía
de este pueblo que al
cielo se dirige. Amén.
Amigo de los hombres, Jesucristo,
tú solo das sentido a
nuestra historia,
y, con los ojos fijos al futuro,
la Iglesia vive fiel a
tu memoria.
Este tiempo de ayuno te presenta
de nosotros la parte más
oscura,
y tus manos clavadas al madero
nos devuelven tu paz y tu
ternura.
A lo largo del día no nos dejes,
no nos falte la luz de tu
mirada:
llena de amor los pasos que caminan
de este mundo a la luz de tu
alborada. Amén.
O bien:
Como el fuego calcina
la madera reseca,
cuando el pecado
nos domina,
Espíritu de Dios,
purifícanos.
Como el río derrama
por la tierra sus aguas
y hay flor y
fruto en la rama,
Espíritu de Dios,
vivifícanos.
Como tu fuerte viento
hizo en el mar camino,
cuando haya
duda y desaliento,
Espíritu de Dios,
ayúdanos.
Luz, Amor, Viento, Fuego,
los caminos de éxodo
enseña al
hombre pobre y ciego.
Espíritu de Dios,
condúcenos. Amén.
Jesús, contigo iremos al desierto
en medio de la villa
populosa,
y tú nos brindarás el pan sabroso
que alimentó tu alma
silenciosa.
Contigo pasaremos el mar Rojo,
beberemos el agua de la
roca;
tú serás el pastor y, en la montaña,
tú serás nuestra gracia
esplendorosa.
Contigo humildemente hasta el Calvario,
contigo por la vía
dolorosa,
y al final, oh Jesús, por tu promesa,
contigo viviremos en tu
gloria. Amén.
O bien:
Por el pecado primero
entró la muerte a la vida,
y la
muerte fue vencida
por la vida del Cordero.
El Padre lo hizo pecado
para salvar al caído;
el que
nunca había sufrido
se quiso crucificado.
La humanidad pecadora
está bien representada,
mas la
culpa fue lavada
por la sangre redentora. Amén.
Ojos de aquel publicano
hasta la tierra caídos,
el Dios
de la luz os mira,
miradle con regocijo.
Mano que pide clemencia
hiriendo el pecho contrito,
el
Señor te abre la puerta
de su pecho compasivo.
Lengua que en bajo murmullo
dices tu dolor sentido,
el
Juez que sabe juzgar
ha escuchado complacido.
Padre del octavo día,
glorioso siendo propicio,
perdónanos, purifícanos,
por el honor de tu Hijo. Amén.
O bien:
Cada tarde se nos van los días,
y cada tarde el tiempo
pasa;
se acaba nuestra vida cada tarde
y miramos la muerte más
cercana.
Déjame todavía gozar el milagro
de tu luz, de tu sol, de
tus albas;
déjame gozar el milagro de sentirme vivo
y de nacer para ti
cada mañana.
Déjame, Señor, gozar de tu milagro
al llegar una vez más la
tarde mansa,
porque tú eres el Dios de nuestras horas,
el Dios oculto de
nuestra esperanza. Amén.
TIEMPO DE CUARESMA
Domingo
I - Domingo
II
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
Ant. 1:
SALMODIA
Salmo 4
ACCIÓN DE GRACIAS
El Señor hizo maravillas al resucitar
a
Jesucristo de entre los muertos.
(S. Agustín)
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el
aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y
buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el
Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen:
«¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu
rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor,
has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara
en trigo y en vino.
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces
vivir tranquilo.
Ant. 1: Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi
oración. Ant. 2:
Salmo 133
ORACIÓN VESPERTINA EN EL
TEMPLO
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le
teméis, pequeños y
grandes. (Ap 19, 5)
Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los
que pasáis la noche
en la casa del Señor:
Levantad las manos hacia el santuario,
y bendecid al Señor.
El Señor te bendiga desde Sión:
el que hizo cielo y tierra.
Ant. 2: Durante la noche, bendecid al Señor.
LECTURA BREVE Dt 6, 4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.
RESPONSORIO BREVE
V.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.:
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
Ant.:
SALMODIA
Salmo 90
A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE
Os he dado potestad para pisotear
serpientes y
escorpiones.
(Lc 10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la
sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios
mío, confío en ti. »
Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá
con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la
peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a
mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te
alcanzará:
su brazo es escudo y armadura.
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque
hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo
saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación. »
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.:
Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS
DIFICULTADES
Bendito sea Dios, que nos consuela
en todas
nuestras luchas.
(2 Co 1, 3. 4)
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que
confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el
día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que
te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual
entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia,
Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios. »
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón
entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por
siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo
profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes
atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en
piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal
propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor,
me ayudas y consuelas.
Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 9-10
Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.: No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.
Salmo 142, 1-11
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA
ANGUSTIA
El hombre no se justifica por cumplir
la ley,
sino por creer en Cristo Jesús.
(Ga 2, 16)
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina
a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
mi aliento
desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las
obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como
tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas
tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti;
indícame
el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir
tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me
guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la
angustia.
Ant.: No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 8-9
Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant. 1: Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Salmo 30, 2-6
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE
GRACIAS
Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu.
(Lc 23, 46)
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú,
que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me
salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han
tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Ant. 1: Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Ant. 2: Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a su pueblo de
los pecados. (Mt 1,
21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de
ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al
Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor
viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de
todos sus delitos.
Ant. 2: Desde lo hondo a ti grito, Señor.
LECTURA BREVE Ef 4, 26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no es sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti en yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.: Mi carne descansa serena.
Salmo 15
CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA
RESURRECCIÓN
Dios resucitó a Jesús, rompiendo
las ataduras
de la muerte.
(Hch 2, 24)
Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti;
yo digo al
Señor: «Tú eres mi bien. »
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas de dioses extraños;
no derramaré sus
libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha
tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye
internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no
vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne
descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu
fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu
presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant.: Mi carne descansa serena.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestra fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Bendición
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVOCACIÓN INICIAL
V.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
EXAMEN DE CONCIENCIA
V. Señor, ten misericordia de
nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
V. Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida
eterna. HIMNO
R. Amén.
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
llegó el instante de tu muerte
Tú, a quien he buscado, Señor,
SALMODIA
Ant.: Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia. +
Salmo 87
ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE
ENFERMO
Ésta es vuestra hora,
la del poder de las
tinieblas.
(Lc 22, 53)
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en
tu presencia; +
llegue hasta ti mi
súplica,
inclina tu oído a mi clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al borde del
abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el
sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de
tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del fondo;
tú
cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para
ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás
tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de
la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu justicia en el
país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de tus
terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a
una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las tinieblas.
Ant.: Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
LECTURA BREVE Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor, tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor Dios nuestro.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc
2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche
tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
HIMNOS DE COMPLETAS
Cuando el sol, Señor, se apaga,
y las
sombras todo llenan,
ilumina nuestras almas
con la luz de tu presencia.
Que en las horas de la noche
nos defiendas con tu brazo;
y a la sombra
de tus alas
veles Tú nuestro descanso.
Gloria a ti, oh Padre bueno,
y a tu Hijo Jesucristo,
y al Espíritu
divino
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien:
Cuando llegó el instante de tu
muerte
inclinaste la frente hacia la tierra,
como todos los
mortales;
mas no eras tú el hombre derribado,
sino el Hijo que muerto nos
contempla.
Cuando me llegue el tránsito esperado
y siga sin retorno
por mi senda,
como todos los mortales,
el sueño de tu rostro será
lumbre
y tu gloria mi gloria venidera.
El silencio sagrado de la noche
tu paz y tu venida nos
recuerdan,
Cristo, luz de los mortales;
acepta nuestro sueño
necesario
como secreto amor que a ti se llega. Amén.
O bien:
Tú, a quien he buscado, Señor,
en este
día,
a quien he escuchado,
dame el reposo de esta noche.
Tú, a quien he cantado, Señor,
en este día,
a quien he
orado,
dame el reposo de esta noche.
Tú, a quien yo he negado, Señor,
en este día,
a quien he
amado,
dame el reposo de esta noche. Amén.
ANTÍFONAS FINALES
DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Madre del Redentor,
virgen
fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella del mar,
ven a
librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y
permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los
ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada
doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
Dios te salve,
Reina y Madre de
misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti
llamamos
los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y
llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada
nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos,
y después de
este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de
Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras
necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y
bendita.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el
Poderoso
ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su
misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de
corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide
vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham
y su
descendencia por siempre.
Magnificat *
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus *
in Deo salvatore meo,
quia respexit humilitatem
ancillæ suæ,
*
ecce enim ex hoc beatam me
dicent
omnes
generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
*
et sanctum nomen eius,
et misericordia eius in
progenies et progenies *
timentibus eum.
Fecit potentiam in bracchio suo,
*
dispersit superbos mente cordis sui;
deposuit
potentes de sede *
et exaltavit
humiles;
esurientes implevit bonis *
et divites
dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum,
*
recordatus misericordiæ,
sicut
locutus est ad patres nostros, *
Abraham en semini
eius in sæcula.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y
redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa
de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de
sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la
mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que
tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que
juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de
los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su
presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás
delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la
salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el
sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en
sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la
paz.
Benedictus Dominus Deus Israel, *
quia visitavit et fecit redemptionem plebi suæ
et erexit cornu salutis nobis *
in domo
David pueri sui,
sicut locutus est per os sanctorum, *
qui a sæculo sunt, prophetarum eius,
salutem ex
inimicis nostris *
et de manu omnium, qui oderunt
nos;
ad faciendam misericordiam
cum patribus nostris
*
et memorari testamenti sui sancti,
iusiurandum,
quod iuravit ad Abraham
patrem nostrum, *
daturum se nobis,
ut sine timore, de manu
inimicorum liberati, *
serviamus illi
in
sanctitate et iustitia coram ipso *
omnibus diebus
nostris.
Et tu, puer, propheta Altissimi vocaberis: *
præibis enim ante faciem Domini
parare vias
eius,
ad dandam scientiam salutis plebi eius *
in remissionem peccatorum eorum,
per viscera misericordiæ Dei nostri, *
in quibus visitabit nos oriens ex
alto,
illuminare his, qui in tenebris
et in umbra mortis
sedent *
ad dirigendos pedes nostros in viam
pacis.
Serie I
Salmo 119
DESEO DE LA
PAZ
Estad firmes en la tribulación,
sed asiduos en la oración. (Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé
al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a
mandar Dios, lengua traidora?
Flechas de arquero,
afiladas con ascuas de
retama.
¡Ay de mí, desterrado
en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo con los que odian
la paz;
cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra».
Salmo 120
EL GUARDIÁN
DE ISRAEL
No tendrán hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno
(Ap 7, 16)
Levanto mis ojos a los
montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que
resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El Señor te guarda a
su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la
luna de noche.
El Señor te guarda de
todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Salmo 121
LA CIUDAD
SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo,
Jerusalén
del cielo. (Hb 12, 22)
¡Qué alegría cuando me
dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del
Señor,
según la costumbre de
Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de
justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a
Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y
compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor,
nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Salmo 122
EL SEÑOR,
ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos. . . se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de
nosotros,
Hijo de David. » (Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de
la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos en
el Señor,
Dios nuestro, esperando su misericordia.
Misericordia, Señor,
misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está
saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los
orgullosos.
Salmo 123
NUESTRO
AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo a Pablo: «No temas. .
que yo estoy contigo.» (Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían
tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado
las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado
hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que
no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida
como
un pájaro de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el
nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 124
EL SEÑOR
VELA POR SU PUEBLO
La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6,16)
Los que confían en el
Señor
son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada
de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
No pesará el cetro de
los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos
extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes
a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas
tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Salmo 125
DIOS,
ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió
la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles
decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande
con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie
nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con
lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Salmo 126
EL ESFUERZO
HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no
construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no
guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que
madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros
sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el
Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son
saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que
llena con ellas su aljaba:
no quedará derrotado
cuando litigue con su
adversario en la plaza.
Salmo 127
PAZ
DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme
al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de
tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como
renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición
del
hombre que teme al Señor.
Que el Señor te
bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días
de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!