SEMANA I
SEMANA II
SEMANA III
SEMANA IV
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Los pueblos que marchan y luchan
con firme tesón
aclamen al
Dios de la vida.
"Cantemos hosanna que viene el Señor."
Agiten laureles y olivos,
es Pascua de Dios,
mayores y niños
repitan:
"Cantemos hosanna que viene el Señor."
Jesús victorioso y presente
ofrece su don
a todos los justos
del mundo.
"Cantemos hosanna que viene el Señor."
Resuenen en todo camino
de paz y de amor
alegres canciones
que digan:
"Cantemos hosanna que viene el Señor."
Que Dios, Padre nuestro amoroso,
el Hijo y su Don
a todos
protejan y acojan.
"Cantemos hosanna que viene el Señor." Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.
Salmo 140, 1-9
ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
El humo del
incienso subió a la presencia de Dios,
de mano del ángel, en representación
de las oraciones de los santos. (Ap 8, 4)
Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando
te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis
manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta
de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer
crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en
banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el
ungüento del impío
no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su
malicia.
Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras
amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos
nuestros huesos
a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me
dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los
malhechores.
Ant. 1: Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.
Ant. 2: Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.
Salmo 141
ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TÚ ERES MI
REFUGIO
Todo lo que
describe el salmo
se realizó en el Señor durante su pasión.
(S.
Hilario)
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al
Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi
angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde
avanzo
me han escondido una trampa.
Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo
adónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad
en el país de la vida.»
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis
perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán
los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Ant. 2: Tú eres mi refugio y mi heredad, Señor, en el país de la vida.
Ant. 3: El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo por los siglos de los siglos.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo por los siglos de los siglos.
LECTURA BREVE Rm 11,33-36
¡Qué abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es origen, camino y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras,
Señor.
V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras,
Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [5][9][13][17][21][25][29][33].
PRECES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo:
Escucha a tu pueblo, Señor.
Padre todopoderoso, haz que abunde en la tierra la
justicia
y que tu pueblo se alegre en la paz.
Que todos los pueblos entren a formar parte de tu
reino
y que el pueblo judío sea salvado.
Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en
concordia
y que sean siempre fieles a su mutuo
amor.
Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
y
concédeles la vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la
violencia o de la guerra
y dales el descanso
eterno.
Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
[05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant. 1: Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.
Salmo 4
ACCIÓN DE GRACIAS
El Señor hizo
maravillas al resucitar
a Jesucristo de entre los muertos.
(S.
Agustín)
Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el
aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la
falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi
favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro
lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
Hay muchos que dicen:
“¿Quién nos hará ver la dicha,
si la
luz de tu rostro ha huido de nosotros?”
Pero tú, Señor,
has puesto en mi corazón más alegría
que si
abundara en trigo y en vino.
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor,
me haces vivir tranquilo.
Ant. 1: Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.
Ant. 2: Durante la noche, bendecid al Señor.
Salmo 133
ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO
Alabad
al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y
grandes. (Ap
19, 5)
Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que
pasáis la noche
en la casa del Señor:
Levantad las manos hacia el santuario,
y bendecid al
Señor.
El Señor te bendiga desde Sión:
el que hizo cielo y
tierra.
Ant. 2: Durante la noche, bendecid al Señor.
LECTURA BREVE Dt 6, 4-7
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón
Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE
ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu
a quien has presentado ante
todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva. Aleluya. +
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Primicias son del sol de su Palabra
las luces fulgurantes de
este día;
despierte el corazón, que es Dios quien llama,
y su presencia es
la que ilumina.
Jesús es el que viene y el que pasa
en Pascua permanente entre
los hombres,
resuena en cada hermano su palabra,
revive en cada vida sus
amores.
Abrid el corazón, es él quien llama
con voces apremiantes de
ternura;
venid: habla, Señor, que tu palabra
es vida y salvación de quien
la escucha.
El día del Señor, eterna Pascua,
que nuestro corazón inquieto
espera,
en ágape de amor va nos alcanza,
solemne memorial en toda
fiesta.
Honor y gloria al Padre que nos ama,
y al Hijo que preside esta
asamblea,
cenáculo de amor le sea el alma,
su Espíritu por siempre sea en
ella. Amén.
SALMODIA
Ant.1: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
Salmo 1
LOS DOS CAMINOS DEL HOMBRE
Felices los
que, poniendo su esperanza en la cruz,
se sumergieron en las aguas del
bautismo.
Dichoso el hombre,
que no sigue el consejo de los impíos,
ni
entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los
cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y
noche.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto
a su tiempo
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen
fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el
viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la
asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los
justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
Ant.1: El árbol de la vida es tu cruz, oh Señor.
Ant. 2: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo.
Salmo 2
EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Verdaderamente se aliaron contra tu santo siervo
Jesús, tu Ungido.
(Hch 4, 27)
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un
fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de
ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he
establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres
mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las
naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro
de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la
tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea
que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su
ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. 2: Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo.
Ant. 3: Tú, Señor, eres mi escudo y mantienes alta mi cabeza.
Salmo 3
CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA
Durmió el
Señor el sueño de la muerte y resucitó del sepulcro
porque el Padre fue su
ayuda. (S. Ireneo)
Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra
mí;
cuántos dicen de mí:
«Ya no lo protege Dios.»
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi
cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte
santo.
Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me
sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi
alrededor.
Levántate, Señor;
sálvame, Dios mío:
tu golpeaste a mis
enemigos en la mejilla,
rompiste los dientes de los malvados.
De ti, Señor, viene la salvación
y la bendición sobre tu
pueblo.
Ant. 3: Tú, Señor, eres mi escudo y mantienes alta mi cabeza.
V. La palabra de Cristo habite con toda riqueza en
vosotros.
R. Exhortándoos mutuamente con toda sabiduría
Lecturas y Oración (La fiesta del Bautismo del Señor ocupa el lugar que corresponde al domingo I del tiempo ordinario):
[05][09][13][17][21][25][29][33]
En los días dentro de la octava de Pascua, en las solemnidades y en las fiestas, después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno:
La oración conclusiva como en las Laudes
[05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará
tu alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Es verdad que las luces del alba
del día de hoy
son más
puras, radiantes y bellas,
por gracia de Dios.
Es verdad que yo siento en mi vida,
muy dentro de mí,
que la
gracia de Dios es mi gracia,
que no merecí.
Es verdad que la gracia del Padre,
en Cristo Jesús,
es la
gloria del hombre y del mundo
bañados en luz.
Es verdad que la Pascua de Cristo
es pascua por mí,
que su
muerte y victoria me dieron
eterno vivir.
Viviré en alabanzas al Padre,
que al Hijo nos dio,
y que el
Santo Paráclito inflame
nuestra alma en amor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.
Salmo 62, 2-9
El ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por
Dios todo el
que rechaza las obras
de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está
sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada,
sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu
gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán
jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque
fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo:
mi alma
está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1: Por ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria. Aleluya.
Ant. 2: En medio de las llamas, los tres jóvenes unánimes cantaban: "Bendito sea el Señor". Aleluya.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos
todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;.
aves del cielo, bendecid
al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: En medio de las llamas, los tres jóvenes unánimes cantaban: "Bendito sea el Señor". Aleluya.
Ant. 3: Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.
Salmo 149
ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Los hijos de
la Iglesia, nuevo pueblo de Dios,
se alegran en su Rey, Cristo, el Señor.
(Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la
asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de
Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y
cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los
humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en
filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las
manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las
naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de
hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus
fieles.
Ant. 3: Que el pueblo de Dios se alegre por su Rey. Aleluya.
LECTURA BREVE Ap 7,10.12
¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! La bendición, y la gloria, y la sabiduría, y la acción de gracias, y el honor, y el poder, y la fuerza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios
vivo, ten piedad de nosotros.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de
nosotros.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios
vivo, ten piedad de nosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [05][09][13][17][21][25][29][33]
PRECES
Glorifiquemos al Señor Jesús, luz que alumbra a todo hombre y sol de justicia que no conoce el ocaso, y digámosle:
Tú que eres nuestra vida y nuestra salvación, Señor, ten piedad.
Creador de la luz, de cuya bondad recibimos, con acción de gracias,
las primicias de este día;
te pedimos que el recuerdo de
tu santa resurrección sea nuestro gozo durante este domingo.
Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu
voluntad,
y que tu sabiduría dirija hoy todas
nuestras acciones.
Que al celebrar la eucaristía de este domingo tu palabra nos llene
de gozo
y que la participación en el banquete de tu amor
haga crecer nuestra esperanza.
Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos
concede,
y vivamos durante todo el día en acción de
gracias.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos ahora todos juntos la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
[05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Es bueno refugiarse en el Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Ant. 1: Es bueno refugiarse en el Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Ant. 2:El Señor es mi fuerza y mi energía. Aleluya.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ant. 2: El Señor es mi fuerza y mi energía. Aleluya.
Ant. 3: Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste. Aleluya.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 3: Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste. Aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia 1Jn 4, 16
Nosotros hemos conocido; el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Dame vida con tu
palabra.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[05][09][13][17][21][25][29][33]
Sexta Ga 6, 8
Lo que uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Tu palabra, Señor, es eterna.
R. Tu fidelidad de
generación en generación.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[05][09][13][17][21][25][29][33]
Nona Ga 6, 9-10
No nos cansemos de practicar el bien; que a su tiempo cosecharemos si no desmayamos. Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los miembros de la Iglesia.
V. Te invoco de todo corazón; respóndeme, Señor.
R. Y guardaré tus
leyes.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Dios de la luz, presencia ardiente
sin meridiano ni
frontera:
vuelves la noche mediodía,
ciegas al sol con tu
derecha.
Como columna de la aurora,
iba en la noche tu grandeza;
te
vio el desierto, y destellaron
luz de tu gloria las arenas.
Cerró la noche sobre Egipto
como cilicio de tinieblas;
para
tu pueblo amanecías
bajo los techos de las tiendas.
Eres la luz, pero en tu rayo
lanzas el día o la
tiniebla:
ciegas los ojos del soberbio,
curas al pobre su
ceguera.
Cristo Jesús, tú que trajiste
fuego a la entraña de la
tierra,
guarda encendida nuestra lámpara
hasta la aurora de tu vuelta.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Desde Sión extenderá el Señor el poder de su cetro, y reinará eternamente. Aleluya.
Ant. 2: En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.
Salmo 113 A
ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO;
LAS MARAVILLAS DEL
ÉXODO
Reconoced que
también vosotros,
los que renunciasteis al mundo,
habéis salido de Egipto.
(S. Agustín)
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo
balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes
saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.
¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas
atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que
saltáis como corderos?
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del
Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en
manantiales de agua.
Ant. 2: En presencia del Señor se estremece la tierra. Aleluya.
Ant. 3: Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Ap. 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de
todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3: Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.
LECTURA BREVE Co 1, 3-4
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia, y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en
la bóveda del cielo.
V. Digno de gloria y alabanza por los siglos
R. En la bóveda del cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en
la bóveda del cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [05][09][13][17][21][25][29][33]
PRECES
Adoremos a Cristo, Señor nuestro y cabeza de la Iglesia, y digámosle confiadamente:
Venga a nosotros tu reino, Señor.
Señor, amigo de los hombres, haz de tu Iglesia instrumento de
concordia y unidad entre ellos
y signo de salvación para
todos los pueblos.
Protege con tu brazo poderoso al Papa y a todos los
obispos
y concédeles trabajar en unidad, amor y
paz.
A los cristianos concédenos vivir íntimamente unidos a ti, nuestro
Maestro,
y dar testimonio en nuestras vidas de la llegada
de tu reino.
Concede, Señor, al mundo el don de la paz
y
haz que en todos los pueblos reine la justicia y el bienestar.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Otorga, a los que han muerto, una resurrección
gloriosa
y haz que los que aún vivimos en este mundo
gocemos un día con ellos de la felicidad eterna.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
Oración
[5][9][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
Salmo 90
A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE
Os he dado
potestad para pisotear
serpientes y escorpiones. (Lc
10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del
Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en
ti.»
Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te
cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de
día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que
devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te
alcanzará:
su brazo es escudo y armadura.
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los
malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por
defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu
tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus
caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la
piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y
dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi
nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo
glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi
salvación.»
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2,
29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Entremos a la presencia del Señor dándole gracias.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Dios de la tierra y del cielo,
que, por dejarlas más
claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú
que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río
sobre las tierras
de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado
no lleve
al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazlo en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágalo tu
claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu
verdad. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salmo 6
ORACIÓN DEL AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS
Ahora mi alma
está agitada...
Padre, líbrame de esta hora.
(Jn 12,
27)
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos
dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta
cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu
misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el
abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego
mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas
contradicciones.
Apartaos de mí los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis
sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi
oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan
al momento.
Ant.1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Salmo 9 A
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
De nuevo
vendrá con gloria para
juzgar a vivos y muertos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus
maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, ¡oh
Altísimo!
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu
rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho
sentado en tu trono como juez
justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para
siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus
ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para
juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con
rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de
peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a
los que te buscan.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
II
Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;
narrad sus hazañas
a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda,
y no olvida los gritos de
los humildes.
Piedad, Señor;
mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame
del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de
tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido
en la fosa que hicieron,
su pie
quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer
justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a
Dios.
El no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde
perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los
gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos
que no son más que hombres.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
V. Enséñame a cumplir tu voluntad.
R. Y a guardarla de todo
corazón.
Lecturas y Oración:
[01][05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Dejado ya el descanso de la noche,
despierto en la alegría de tu
amor,
concédeme tu luz que me ilumine
como ilumina el sol.
No sé lo que será del nuevo día
que entre luces y sombras
viviré,
pero sé que, si tú vienes conmigo,
no fallará mi fe.
Tal vez me esperen horas de desierto
amargas y sedientas, mas yo
sé
que, si vienes conmigo de camino,
jamás yo tendré sed.
Concédeme vivir esta jornada
en paz con mis hermanos y mi
Dios,
al sentarnos los dos para la cena,
párteme el pan, Señor.
Recibe, Padre santo, nuestro ruego,
acoge por tu Hijo la
oración
que fluye del Espíritu en el alma
que sabe de tu amor.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Salmo 5, 2-10. 12-13
ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN JUSTO
PERSEGUIDO
«Por la
mañana escucharás mi voz» debe entenderse
de la resurrección de
Cristo.
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso
de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por
la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu
huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al
hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré
ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo
enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su
garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo
eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu
nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea
tu favor.
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Cántico
1Cro 29,10-13
SÓLO A DIOS EL HONOR Y LA GLORIA
Bendito sea
Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo. (Ef 1,
3)
Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los
siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el
esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú
eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres señor del
universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas
a todos.
Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu
nombre glorioso.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
Salmo 28
MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD
Vino una voz
del cielo que decía:
«Éste es mi Hijo, el amado
mi predilecto.» (Mt 3,
17)
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder
del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor
en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír
su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es
magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los
cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una
cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude
el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las
selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se
sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a
su pueblo con la paz.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
LECTURA BREVE 2 Ts 3, 10b-13
Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A éstos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan. Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendito el Señor ahora y por siempre.
R. Bendito el Señor ahora y
por siempre.
V. Sólo él hizo maravillas.
R. Ahora y por
siempre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito el Señor ahora y
por siempre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES
Proclamemos la grandeza de Cristo, lleno de gracia del Espíritu Santo, y acudamos a él diciendo:
Concédenos, Señor, tu Espíritu.
Concédenos, Señor, un día lleno de paz, de alegría y de
inocencia
para que, al llegar a la noche, podamos alabarte
con gozo y limpios de pecado.
Que baje hoy a nosotros tu bondad
y haga
prósperas las obras de nuestras manos.
Muéstranos tu rostro propicio y danos tu paz
para que durante todo el día sintamos cómo tu mano nos protege.
Mira con bondad a cuantos se han encomendado a nuestras
oraciones
y enriquécelos con toda clase de
bienes.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminamos nuestra oración con la plegaria que Cristo os enseñó: Padre nuestro.
Oración
Tu gracia, Señor, inspire nuestras obras, la sostenga y acompañe; para que todo nuestro trabajo brote de ti, como de su fuente, y tienda a ti, como a su fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: La ley del Señor alegra el corazón y da luz a los ojos.
Salmo 18 B
HIMNOS A DIOS, AUTOR DE LA LEY
Sed
perfectos, como vuestro Padre
celestial es perfecto. (Mt 5,
48)
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el
precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante;
los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la
norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos;
la voluntad del Señor e pura
y eternamente estable;
los
mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente, justos;
más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que
la miel
de un panal que destila.
Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién
conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta.
Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me
domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Ant. 1: La ley del Señor alegra el corazón y da luz a los ojos.
Ant. 2: Se levantará el Señor para regir a los pueblos con justicia.
Salmo 7
ORACIÓN DEL JUSTO CALUMNIADO
Mirad que el Juez está a las puertas (St 5, 9)
Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y
sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin
remedio.
Señor, Dios mío: si soy culpable,
si hay crímenes en mis manos,
si he causado daño a mi amigo,
si he protegido a un opresor
injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo por
tierra,
apretando mi vientre contra el polvo.
Levántate, Señor, con tu ira,
álzate con furor contra mis
adversarios,
acude a defenderme ,
en el juicio que has convocado.
Que
te rodee la asamblea de las naciones,
y pon tu asiento en lo más alto de
ella.
El Señor es juez de los pueblos.
Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en
mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que
sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.
Ant. 2: Se levantará el Señor para regir a los pueblos con justicia.
Ant. 3: Dios, juez justo, salva a los rectos de corazón.
II
Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es
un juez justo,
Dios amenaza cada día:
si no se convierten, afilará su
espada,
tensará el arco y apuntará.
Apunta sus armas
mortíferas,
prepara sus flechas incendiarias.
Mirad: el enemigo concibió el crimen,
está preñado de
maldad,
y da a luz el engaño.
Cavó y ahondó una fosa,
caiga en la fosa
que hizo;
recaiga su maldad sobre su cabeza,
baje su violencia sobre su
cráneo.
Yo daré gracias al Señor por su justicia,
tañendo para el nombre
del Señor Altísimo.
Ant. 3: Dios, juez justo, salva a los rectos de, corazón.
LECTURA BREVE
Tercia Rm 13, 8. 10
No tengáis deuda con nadie, a no ser en amaros los unos a los otros. Porque quien ama al prójimo ya ha cumplido la ley. La caridad no hace nada malo al prójimo. Así que amar es cumplir la ley entera.
V. No rechaces a tu siervo, que tú eres mi auxilio.
R. No me abandones, Dios de
mi salvación.
Oremos:
Padre óptimo, Dios nuestro, tú, has querido que los hombres trabajemos de tal modo, que, cooperando unos con otros, alcancemos éxitos cada vez mejor logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos, sintiéndonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta St 1, 19-20. 26
Sea todo hombre pronto para escuchar, tardo para hablar, remiso para la cólera. El hombre encolerizado no obra lo que agrada a Dios. Quien piensa que sirve a Dios y no refrena su lengua se engaña a sí mismo. No vale nada su religión.
V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Su alabanza está siempre
en mi boca.
Oremos:
Señor, tú eres el dueño de la viña y, de los sembrado tú el que repartes las tareas y distribuyes el, justo salan a los trabajadores: ayúdanos a soportar el peso del di y el calor de la jornada sin quejarnos nunca de tus planes. Por Cristo, nuestro Señor.
Nona 1Pe 1, 17-1
Tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron, no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. En la asamblea te
bendeciré, Señor.
Oremos:
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en es misma hora en que los apóstoles subían al templo par la oración de la tarde: concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcance la salvación a cuantos lo invocan. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz, que es su
destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para
verte.
Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta
constructiva,
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis
hermanos.
Haz que mi pie vaya ligero.
Da de tu pan y de tu vaso
al que
te sigue, paso a paso,
por lo más duro del sendero.
Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que
el corazón no se me quede
desentendidamente frío.
Guarda mi fe del enemigo.
¡Tantos me dicen que estás
muerto!
Y entre la sombra y el desierto
dame tu mano y ven conmigo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Salmo 10
El SEÑOR, ESPERANZA DEL JUSTO
Dichosos los
que tienen hambre y
sed de ser justos, porque ellos
quedarán saciados. (Mt
5, 6)
Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«Escapa como un pájaro al
monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la
cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los
cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»
Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono
en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los
hombres.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la
violencia, él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y
azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su
rostro.
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Col 1, 9b-11
Llegad a la plenitud en el conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis eternamente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo con alegría.
RESPONSORIO BREVE
V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado
contra ti.
V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra
ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. Sáname, porque he pecado
contra ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.
PRECES
Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:
Favorece a tu pueblo, Señor.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu
heredad.
Congrega en la unidad a todos los cristianos:
para que el mundo crea en Cristo, tu enviado,
Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y
amigos:
que encuentren en ti, Señor, su verdadera
felicidad.
Muestra tu amor a los agonizantes:
que puedan
contemplar tu salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ten piedad de los que han muerto
y acógelos
en el descanso de Cristo.
Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó Cristo: Padre nuestro.
Oración
Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant.: Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES
Bendito sea
Dios, que nos consuela
en todas nuestras luchas. (2 Co 1, 3.
4)
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que
confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando
todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia
ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi
súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes
igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia,
Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios.»
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén
mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre
por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del
abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de
insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la
cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una
señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú,
Señor, me ayudas y consuelas.
Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 9-10
Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2,
29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Al Señor, al gran Rey, venid, adorémosle.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio
salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi
Señor.»
No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el
desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el
dolor.
Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de
oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu
Dios.»
Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin
temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu
que nos lleve al encuentro del
Señor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor hará justicia a los pobres.
SALMO 9 B
CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Dichosos los
pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
(Lc 6,
20)
I
¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del
aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las
intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y
desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me
pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus
juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás
seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de
fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al
acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en
su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus
redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el
indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no
enterarse.»
Ant.1: El Señor hará justicia a los pobres.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
II
Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los
humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le
pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en
tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al
huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que
desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de
su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído
y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho
de tierra
no vuelva a sembrar su terror.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
Salmo 11
INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS
MENTIROSOS
Porque éramos
pobres,
el Padre nos ha mandado a su Hijo.
(San
Agustín)
Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la
lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan
con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua
orgullosa
de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios
nos defienden,
¿quién será nuestro amo?»
El Señor responde: «Por la opresión del humilde,
por el gemido
del pobre, yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía.»
Las palabras del Señor son palabras sinceras,
como plata limpia
de escoria,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa
gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre
humana.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
V. El Señor hace caminar a los humildes con rectitud.
R. Enseña su camino a los
humildes.
Lecturas y Oración:
[01][05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Al canto de los gallos
viene la aurora;
los temores se
alejan
como las sombras.
¡Dios, Padre nuestro,
en tu nombre
dormimos
y amanecemos!
Como luz nos visitas,
Rey de los hombres,
como amor que
vigila
siempre de noche;
cuando el que duerme
bajo el signo del
sueño
prueba la muerte.
Del sueño del pecado
nos resucitas,
y es señal de tu
gracia
la luz amiga.
¡Dios que nos velas!,
tú nos sacas por
gracia
de las tinieblas.
Gloria al Padre y al Hijo,
gloria al Espíritu,
al que es paz,
luz y vida,
al Uno y Trino;
gloria a su nombre
y al misterio
divino
que nos lo esconde. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Cántico
Tb 13, 1-10
ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA
Bendito sea
Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran
misericordia
nos ha hecho nacer de nuevo
para una esperanza viva. (1Pe
1,3)
Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por
los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de
él,
y no hay quien escape de su mano.
Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos
dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzado ante todos los
vivientes,
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los
siglos.
Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de
nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis
dispersados.
Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo
sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su
rostro.
Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca
llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los
siglos.
Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su
poder
a un pueblo pecador.
Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su
presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su
grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
Salmo 32
HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS
Por la
Palabra empezaron a existir
todas las cosas. (Jn 1, 3)
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los
buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de
diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con
aclamaciones;
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son
leales,
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la
tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus
ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el
océano.
Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes
del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los
proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los
proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se
escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los
hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la
tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.
No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por
su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran
ejército se salva.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que
esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y
reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y
escudo,
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre
confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
LECTURA BREVE Rm 13,11b.12-13a
Ya es hora que despertéis del sueño. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos la armadura de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad.
RESPONSORIO BREVE
V. Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.
R. Dios mío, mi escudo y
peña en que me amparo.
V. Mi alcázar, mi libertador.
R. En que me
amparo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y a Espíritu Santo.
R. Dios mío, mi escudo y
peña en que me amparo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Nos ha suscitado el Señor una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus santos profetas.
PRECES
Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por ello a Jesús, el pontífice de nuestra fe, y supliquémosle diciendo:
Escúchanos, Señor.
Señor Jesús, que por el bautismo has hecho de nosotros un
sacerdocio real,
haz que nuestra vida sea un continuo
sacrificio de alabanza.
Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandatos
para
que por la fuerza del Espíritu Santo nosotros permanezcamos en ti y tú en
nosotros.
Danos tu sabiduría eterna
para que permanezca
con nosotros y con nosotros trabaje.
Concédenos ser la alegría de cuantos nos
rodean
y fuente de esperanza para los decaídos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestra oración matutina y con la luz de tu misericordia alumbra la oscuridad de nuestro corazón: para que, habiendo sido iluminados por tu claridad, no andemos nunca tras las obras de las tinieblas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Dichoso el que anda por los senderos del Señor.
Salmo 118, 1-8
HIMNO A LA REVELACIÓN DE LA LEY
El amor de
Dios consiste en
guardar sus mandamientos.
(1Jn 5,
3)
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del
Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo
corazón;
el que, sin cometer iniquidad,
anda por sus senderos.
Tú promulgas tus decretos
para que se observen
exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus
consignas;
entonces no sentiré vergüenza
al mirar tus mandatos.
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos
mandamientos.
Quiero guardar tus leyes exactamente,
tú no me
abandones.
Ant. 1: Dichoso el que anda por los senderos del Señor.
Ant. 2: Se alegra mi corazón con tu auxilio.
Salmo 12
SÚPLICA DEL JUSTO EN SUS DIFICULTADES
COTIDIANAS
El Dios de la
esperanza os colme
de todo gozo. (Rm 15, 13)
¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome?
Hasta cuándo me
esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar preocupado,
con el corazón
apenado todo el día?
¿Hasta cuándo va a triunfar mí enemigo?
Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: «Lo he
vencido»,
ni se alegre, mi adversario de mi fracaso.
Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu
auxilio,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Ant. 2: Se alegra mi corazón con tu auxilio.
Ant. 3: Dios lo incluyó todo bajo el dominio del pecado para poder compadecerse de todos.
Salmo 13
CORRUPCIÓN Y NECEDAD DEL IMPÍO
Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. (Rm 5, 20)
Dice el necio para sí:
«No hay Dios.»
Se han corrompido,
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
El Señor observa desde el cielo
a los hijos de Adán,
para ver
si hay alguno sensato
que busque a Dios.
Todos se extravían ,
igualmente obstinados,
no hay uno que
obre bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto,
porque Dios está con los
justos.
Podéis burlaros de los planes del desvalido,
pero el Señor es su
refugio.
¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel!
Cuando el Señor
cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.
Ant. 3: Dios lo incluyó todo bajo el dominio del pecado para poder compadecerse de todos.
LECTURA BREVE
Tercia Jr 17,7-8
Bendito quien confía en el Señor, y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.
V. El Señor no niega sus bienes a los de conducta
intachable.
R. Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en
ti.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que a la hora de tercia enviaste tu Espíritu Paráclito a los apóstoles, derrama también sobre nosotros ese Espíritu de amor para que demos siempre fiel testimonio ante los hombres de aquel amor que es el distintivo de los discípulos de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Sexta Pr 3, 13-15
Dichoso el que encuentra sabiduría, el que alcanza inteligencia: adquirirla vale más que la plata y su renta más que el oro, es más valiosa que las perlas ni se le comparan las joyas.
V. Te gusta un corazón sincero.
R. En mi interior me
inculcas sabiduría.
Oremos:
Dios nuestro, que revelaste a Pedro tu pian de salvar a todas las naciones, danos tu gracia para que todas nuestras acciones sean agradables a tus ojos y útiles a tu designio de amor y salvación universal. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Jb 5, 17-18
Dichoso el hombre al que corrige Dios: no rechaces el escarmiento del Todopoderoso, porque él hiere y venda la herida, golpea y cura con su mano.
V. Trata con misericordia a tu siervo.
R. Enséñame tus
leyes.
Oremos:
Dios nuestro, que enviaste un ángel al centurión Cornelio para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a la Iglesia de tu Hijo, podamos llegar a ti. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en
vela
junto a tu cuerpo;
la noche entera,
la pasamos queriendo
mover
la piedra.
Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.
No supieron contarlo
los centinelas,
nadie supo la hora
ni
la manera;
antes del día,
se cubrieron de gloria
tus cinco
heridas.
Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.
Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el
suyo
vivo y despierto;
la fe velando,
para verte de
noche
resucitando.
Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Salmo 19
ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY
Cuantos
invoquen el nombre del
Señor se salvarán. (Hch 2, 21)
Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el
nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te
apoye desde el monte Sión;
Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus
sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus
planes.
Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios
alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.
Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que
lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano
victoriosa.
Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros
invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.
Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en
pie.
Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te
invocamos.
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Salmo 20, 2-8. 14
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL
REY
El Señor
resucitado recibió la vida,
años que se prolongan sin término.
(S.
Ireneo)
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu
victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que
pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su
cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años
que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y
majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu
presencia:
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo
no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos
cantaremos tu poder.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo
que no existía
fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE 1Jn 3, 1a. 2
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!. Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
RESPONSORIO BREVE
V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el
cielo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Más estable que el
cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu palabra, Señor, es
eterna, más estable que el cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
PRECES
Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, su pueblo adquirido, y supliquémosle diciendo:
Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.
Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones
y de los que las gobiernan:
que todos los hombres sean
fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.
Tú que al subir al cielo llevaste contigo una gran multitud de
cautivos,
devuelve la libertad de los hijos de Dios a
nuestros hermanos que sufren esclavitud en el cuerpo o en el
espíritu.
Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus
esperanzas
y que sepan responder a tus llamadas en el
transcurso de su vida.
Que los niños imiten tu ejemplo
y crezcan
siempre en sabiduría y en gracia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acoge a los difuntos en tu reino,
donde
también nosotros esperamos reinar un día contigo.
Con el gozo de sabemos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Te damos gracias, Señor Dios todopoderoso, porque has permitido que lleguemos a esta noche; te pedimos aceptes con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant.: No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.
Salmo 142, 1-11
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA
ANGUSTIA
El hombre no
se justifica por cumplir
la ley, sino por creer en Cristo Jesús.
(Ga 2,
16)
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
Ant.: No me escondas tu rostro, ya que confío en ti.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 8-9
Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2,
29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Ilumina, Señor, nuestra noche y concédenos un descanso tranquilo; que mañana nos levantemos en tu nombre y podamos contemplar, con salud y gozo, el clarear del nuevo día. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra
deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de
los cielos.
Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres
ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara
nuestras fuerzas;
en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo
eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
invitatorio de la
tierra y del cielo juntamente.
Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo,
nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu
nombre por los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Salmo 17, 2-30
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)
I
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi
alcázar, mi libertador.
Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,
mi fuerza
salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de
mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me
aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de
la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su
templo él escuchó mi voz
y mi grito llegó a sus oídos.
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
II
Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de
los montes,
sacudidos por su cólera;
de su rostro se alzaba una
humareda,
de su boca un fuego voraz,
y lanzaba carbones
ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus
pies;
volaba sobre un querubín
cerniéndose sobre las alas del
viento,
envuelto en un manto de oscuridad:
como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes
espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y
centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su
voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los
enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del
orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,
al soplo de tu
ira.
Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,
me sacó de las aguas
caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes
que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me
sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
III
El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis
manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi
Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus
preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor
retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres
íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres
sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos
soberbios.
Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis
tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega;
fiado en mi Dios, asalto
la muralla.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
V. Todos quedaban maravillados.
R. De las palabras que
salían de la boca de Dios.
Lecturas y Oración:
[01][05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
«Que
el pan no venga a tu mesa
sin el sudor de tu frente.
Ni el sol se te da de balde,
ni el aire por ser quien eres:
las cosas son herramientas
y buscan quien las maneje.
El mar les pone corazas
de sal amarga a los peces;
el hondo
sol campesino
madura a fuego las mieses.
La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente;
y
en el rumor de la nube
combaten el rayo y la nieve.
A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse
en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.
No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece:
a
fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril.» Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Salmo 35
DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS
El que me
sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8,
12)
El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia.»
Porque se hace la
ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.
Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser
sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal
camino,
no rechaza la maldad.
Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las
nubes,
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como
el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu
misericordia, oh Dios!
los humanos se acogen a la sombra de tus
alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del
torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos
hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia
con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no
me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden
levantar.
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Ant. 2: Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.
Cántico
Jdt 16, 2-3. 15-19
HIMNO A DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU
PUEBLO
Cantaban un cántico nuevo. (Ap 5, 9)
¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con
cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e
invocad su nombre!
Porque el Señor
es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.
Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y
glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.
Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste, y
existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu
voz.
Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu
presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus
fieles.
Ant. 2: Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
Salmo 46
ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL
Está sentado
a la derecha del Padre
y su reino no tendrá fin.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de
júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la
tierra.
Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones,
él
nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de
trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey,
tocad.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios
reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo de Dios
de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es
excelso.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
LECTURA BREVE Tb 4, 16-17.19-20
No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan. Da de tu pan al hambriento y de tus vestidos al desnudo. Busca el consejo de los prudentes. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos.
RESPONSORIO BREVE
V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi
corazón a tus preceptos.
V. Dame vida con tu palabra.
R. Inclina, Señor, mi
corazón a tus preceptos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi
corazón a tus preceptos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.
PRECES
Demos gracias a Cristo y alabémoslo porque ha querido santificarnos y llamarnos hermanos suyos; digámosle, pues, confiados,
Santifica, Señor, a tus hermanos.
Concédenos, Señor, consagrar el principio de este día en honor de
tu resurrección
y haz que todos los trabajos que
realicemos durante esta jornada te sean agradables.
Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros
hermanos,
sobre todo en los tristes, en los más pobres y
en los que son menos útiles a los ojos del mundo.
Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación
nos das el nuevo día, signo de tu amor,
renuévanos hoy y
siempre para gloria de tu nombre.
Haz que durante este día estemos en paz con todo el
mundo
y que a nadie devolvamos mal por mal.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tal como Cristo nos enseñó, terminemos nuestra oración diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, salvador nuestro, danos tu ayuda para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así, los que de ti hemos nacido en el bautismo, seremos tus testigos entre los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.
Salmo 118, 9-16
¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus
palabras.
Te busco, de todo corazón,
no consientas
que me desvíe de
tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré
contra ti.
Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van
enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus
preceptos,
más que todas las riquezas.
Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es
mi delicia,
no olvidaré tus palabras.
Ant. 1: Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes.
Ant. 2: Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.
Salmo 16
DIOS, ESPERANZA DEL INOCENTE PERSEGUIDO
En los días
de su vida mortal
presentó oraciones y súplicas
y fue escuchado. (Hb 5,
7)
Señor, escucha mí apelación,
atiende a mis clamores,
presta
oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la
sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me
pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres;
según tus
mandatos yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron
firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y
escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que
salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas
escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me
cerca.
Ant. 2: Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, Señor.
Ant. 3: Levántate, Señor, y líbrame.
II
Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca arrogante;
ya me
rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
como un león ávido de
presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.
Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que tu espada me
libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este
mundo: sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se
saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me
saciaré de tu semblante.
Ant. 3: Levántate, Señor, y líbrame.
LECTURA BREVE
Tercia 1Pe 1, 13-14
Con ánimo dispuesto y vigilante poned vuestra esperanza en la gracia que os llegará cuando Jesucristo se manifieste. Como hijos obedientes no os amoldéis a las pasiones que teníais cuando estabais en vuestra ignorancia.
V. Enséñame, Señor, tus caminos.
R. Instrúyeme en tus
sendas.
Oremos:
Señor, Padre santo, Dios fiel, tú que enviaste el Espíritu Santo prometido para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado: ayúdanos a ser, en medio de nuestros hermanos, fermento de unidad y de paz. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1Pe 1, 15-16
Como es santo el que os llamó, sed también santos en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Sed santos, porque yo soy santo.»
V. Que tus sacerdotes se vistan de justicia.
R. Que tus fieles te aclamen
con júbilo.
Oremos:
Dios todopoderoso y lleno de amor, que a la mitad de nuestra jornada concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido el trabajo empezado, remedia nuestras deficiencias, y haz que nuestras obras te sean agradables. Por Cristo nuestro Señor.
Nona St 4, 7-8a. 10
Vivid sometidos a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Humillaos en la presencia del Señor y él os ensalzará.
V. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles.
R. En los que esperan en su
misericordia.
Oremos:
Señor Jesucristo, que por la salvación de los hombres extendiste tus brazos en la cruz: haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Hora de la tarde
fin de las labores,
Amo de las
viñas,
paga los trabajos
de tus viñadores.
Al romper el día
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del
alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de
gloria
no hay trabajo grande.
Das al de la tarde
lo que al mañanero.
Son tuyas las
horas
y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la
viña,
cuida los sarmientos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Salmo 26
CONFIANZA ANTE EL PELIGRO
Si Dios está
con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?,
¿quién podrá apartarnos
del amor de Cristo? (Rm 8, 31. 35)
I
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor
es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla
si
me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del
Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me
esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en
su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para
el Señor.
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Algunos,
poniéndose de pie,
daban testimonio contra Jesús.
(Mc 14,
57)
II
Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré,
Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no
me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque
tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan
contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE St 1, 22. 25
Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en el estudio de la ley perfecta (la que hace libre) y es constante no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla.
RESPONSORIO BREVE
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten
misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten
misericordia de mí.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
PRECES
Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle:
Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia: guárdala de todo
mal
y haz que crezca en tu amor.
Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios
verdadero,
y a Jesucristo como el Salvador que tú has
enviado.
A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus
bienes
y que tu bondad les dé la vida eterna.
Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus
dificultades
y haz que todos los hombres reconozcan su
dignidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
En tu misericordia acoge a los que hoy han
muerto
y dales posesión de tu reino.
Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable, da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant. 1: Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Salmo 30, 2-6
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE GRACIAS
Padre, en tus
manos encomiendo
mi espíritu. (Lc 23, 46)
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que
eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte
donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han
tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me
librarás.
Ant. 1: Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.
Ant. 2: Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a
su pueblo de
los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2: Desde lo hondo a ti grito, Señor.
LECTURA BREVE Ef 4, 26-27
No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no es sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2,
29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Señor Jesucristo, tú que eres manso y humilde de corazón ofreces a los que vienen a ti en yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones del día que hemos terminado: que podamos descansar durante la noche para que así, renovado nuestro cuerpo y nuestro espíritu, perseveremos constantes en tu servicio, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del
Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su
amor.
Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de
verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su
amor.
La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del
amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran
don.
Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con
Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su
sol.
Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo
intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran
amor. Amén.
SALMODIA
Ant.1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17, 31-51
EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR
Si Dios está
con nosotros,
¿quién estará contra nosotros?
(Rm 8,
31)
IV
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del
Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro
Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
él me da pies de ciervo
y me coloca en las alturas;
él
adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la
ballesta.
Ant.1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me
sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis
pasos
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo;
y no me volvía sin
haberlo aniquilado:
los derroté y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis
pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me
resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis
adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero
no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los
pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de
naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me
obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus
baluartes.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
VI
Viva el Señor, bendita sea mi roca,
sea ensalzado mi Dios y
Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los
pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que
resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en
honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia
de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
V. Ábreme, Señor, los ojos.
R. Y contemplaré las
maravillas de tu voluntad
Lecturas y Oración:
[01][05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Crece la luz bajo tu hermosa mano,
Padre celeste, y suben
los
hombres matutinos al encuentro
de Cristo primogénito.
El hizo amanecer ante tus ojos
y enalteció la aurora,
cuando
aún no estaba el hombre sobre el mundo
para poder cantarla.
El es principio y fin del universo,
y el tiempo, en su
caída,
se acoge al que es la fuerza de las cosas
y en él
rejuvenece.
El es quien nos reanima y fortalece,
y hace posible el
himno
que, ante las maravillas de tus manos,
cantamos
jubilosos.
He aquí la nueva luz que asciende y busca
su cuerpo
misterioso;
he aquí, en la claridad de la mañana,
el signo de tu
rostro.
Envía, Padre eterno, sobre el mundo
el soplo de tu
Hijo,
potencia de tu diestra y primogénito
de todos los que mueren.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo
canta la pasión
del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus
dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las
naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos,
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Cántico
Jr 31, 10-14
FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO
Jesús iba a
morir... para reunir
a los hijos de Dios dispersos.
(Jn 11, 51.
52)
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas
remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor
a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más
fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los
bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de
ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a
desfallecer.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los
jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y
aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes
con manjares
sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.+
Salmo 47
HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN
Me transportó
en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén. (Ap
21, 10)
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de
nuestro Dios,
+ su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la
tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre
sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al
verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un
viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de
los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para
siempre.
¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu
templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la
tierra;
tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se
alegra
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión:
contando sus torreones;
fijaos
en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor,
nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Is 66, 1-2
Así dice el Señor: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme?; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío -oráculo del Señor-. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»
RESPONSORIO BREVE
V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
R. Te invoco de todo
corazón, respóndeme, Señor.
V. Guardaré tus leyes.
R. Respóndeme,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te invoco de todo
corazón, respóndeme, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.
PRECES
Demos gracias a Cristo que nos ha dado la luz del día y supliquémosle diciendo:
Bendícenos y santifícanos, Señor.
Tú que te entregaste como víctima por nuestros
pecados,
acepta los deseos y las acciones de este
día.
Tú que nos alegras con la claridad del nuevo
día,
sé tú mismo el lucero brillante de nuestros
corazones.
Haz que seamos bondadosos y comprensivos con los que nos
rodean
para que logremos así ser imágenes de tu bondad.
En la mañana haznos escuchar tu gracia
y que
tu gozo sea hoy nuestra fortaleza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Fieles a la recomendación del Salvador, digamos llenos de confianza filial. Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, humildemente acudimos a ti, al empezar el día, a media jornada y al atardecer, para pedirte que, alejando de nosotros las tinieblas del pecado, nos hagas alcanzar la luz verdadera que es Cristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Ábreme los ojos. Señor, y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
Salmo 118, 17-24
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme
los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad;
soy un forastero en
la tierra:
no me ocultes tus promesas.
Mi alma se consume, deseando
continuamente tus
mandamientos;
reprendes a los soberbios,
infelices los que se apartan de
tus mandatos;
aleja de mí las afrentas y el desprecio,
porque observo tus
preceptos.
Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí,
tu siervo medita
tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis
consejeros.
Ant. 1: Ábreme los ojos. Señor, y contemplaré las maravillas de tu voluntad.
Ant. 2: Haz, Señor, que camine con lealtad.
Salmo 24
ORACIÓN POR TODA CLASE DE NECESIDADES
La esperanza no defrauda (R 5, 5)
I
A ti, Señor, levanto mi alma;
Dios mío, en ti confío, no quede
yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en
ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los
traidores.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz
que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y
todo el día te estoy esperando.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son
eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi
juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad,
Señor.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los
pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a
los humildes.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que
guardan su alianza y sus mandatos.
Por el honor de tu nombre,
Señor,
perdona mis culpas, que son muchas.
Ant. 2: Haz, Señor, que camine con lealtad.
Ant. 3: Mírame, ¡oh Dios!, y sácame de mis tribulaciones, que estoy solo y afligido.
II
Hay alguien que tema al Señor?
Él le enseñará el camino
escogido:
su alma vivirá feliz,
su descendencia poseerá la
tierra.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su
alianza.
Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él saca mis pies de la
red.
Mírame, ¡oh Dios!, y ten piedad de mí,
que estoy solo y
afligido.
Ensancha mi corazón oprimido y
sácame de mis
tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis
pecados,
mira cuántos son mis enemigos,
que me detestan con odio
cruel.
Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber
acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en
ti.
Salva, ¡oh Dios!, a Israel
de todos sus peligros.
Ant. 3: Mírame, ¡oh Dios!, y sácame de mis tribulaciones, que estoy solo y afligido.
LECTURA BREVE
Tercia Am 4, 13
El Señor formó las montañas, creó el viento, descubre al hombre su pensamiento, hace la aurora y la oscuridad, camina sobre el dorso de la tierra. Su nombre es el Señor de los ejércitos.
V. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor.
R. Ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Oremos:
Señor Dios, que a la hora de tercia enviaste al Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en oración, concédenos también a nosotros participar de los dones de ese mismo Espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Am 5, 8
El Señor creó las Pléyades y Orión, convierte la sombra en aurora, oscurece el día en noche; convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra. Su nombre es el Señor.
V. Honor y majestad lo preceden.
R. Fuerza y esplendor están
en su templo.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas, haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos siempre por tus sendas con el corazón jubiloso. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Am 9, 6
El Señor construye en el cielo su morada, cimenta sobre la tierra su bóveda; convoca las aguas del mar y las derrama sobre la superficie de la tierra. Su nombre es él Señor.
V. El cielo proclama la gloria de Dios.
R. El firmamento pregona la
obra de sus manos.
Oremos:
Contempla, Señor, a tu familia en oración, y haz que imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo no decaiga nunca ante la adversidad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Vengo, Señor, cansado,
¡cuánta fatiga
van cargando mis
hombros
al fin del día!
Dame tu fuerza
y una caricia tuya
para
mis penas.
Salí por la mañana
entre los hombres,
¡y encontré tantos
ricos
que estaban pobres!
La tierra llora,
porque sin ti la vida
es
poca cosa.
¡Tantos hombres maltrechos,
sin ilusiones!;
en ti buscan
asilo
sus manos torpes.
Tu amor amigo,
todo tu santo fuego,
para su
frío.
Yo roturé la tierra
y puse trigo;
tú diste el
crecimiento
para tus hijos.
Así, en la tarde,
con el cansancio a
cuestas,
te alabo, Padre.
Quiero todos los días
salir contigo,
y volver a la
tarde
siendo tu amigo.
Volver a casa
y extenderte las manos,
dándote
gracias. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 29
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN
PELIGRO DE MUERTE
Cristo,
después de su gloriosa resurrección,
da gracias al Padre.
(Casiodoro)
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que
mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste
mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre
santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer
nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor,
me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé
desconcertado.
A ti Señor llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi
muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu
lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has
vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te
daré gracias por siempre.
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Salmo 31
ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO
David
proclama dichoso al hombre a quien Dios confiere
la justificación haciendo
caso omiso de las obras.
(Rm 4, 6)
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han
sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el
delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el
día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había
vuelto
un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse:
«Confesaré al Señor, mi culpa»,
y tú perdonaste, mi culpa y mi
pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la
desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos
de liberación.
Te instruiré y te enseñaré
el camino que has de
seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que
domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el
Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de
corazón sincero.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE 1Pe 1, 6-9
Saltad de júbilo, aunque de momento tengáis que sufrir un poco en diversas pruebas. Así la pureza de vuestra fe resultará más preciosa que el oro (que, aun después de acrisolado por el fuego, perece) y será para vuestra alabanza y gloria y honor en el día de la manifestación de Jesucristo. A él no lo habéis visto, y lo amáis; en él creéis ahora, aunque no lo veis; y os regocijaréis con un gozo inefable y radiante, al recibir el fruto de vuestra fe, la salud de vuestras almas.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
R. Nos alimentó el Señor con
flor de harina.
V. Nos sació con miel silvestre.
R. Con flor de harina.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nos alimentó el Señor con
flor de harina.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
PRECES
Invoquemos a Dios, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y digámosle:
Escucha, Señor, nuestra oración.
Dios de amor que has hecho alianza con tu
pueblo,
haz que recordemos siempre tus
maravillas.
Que los sacerdotes, Señor, crezcan en la
caridad
y que los fieles vivan en la unidad del Espíritu y
en el vínculo de la paz.
Que el mundo prospere y avance según tus
designios
y que los que lo construyen no trabajen en
vano.
Envía, Señor, operarios a tu mies
para que tu
nombre sea conocido en el mundo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
A nuestros familiares y bienhechores difuntos dales un lugar entre
los santos
y haz que nosotros un día nos encontremos con
ellos en tu reino.
Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Tú, Señor, que iluminas la noche y haces que después de las tinieblas amanezca nuevamente la luz, haz que, durante la noche que ahora comienza, nos veamos exentos de toda culpa, y que, al clarear el nuevo día, podamos reunirnos otra vez en tu presencia para darte gracias nuevamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con algunas de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant.: Mi carne descansa serena.
Salmo 15
CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA
RESURRECCIÓN
Dios resucitó
a Jesús, rompiendo
las ataduras de la muerte.
(Hch 2,
24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: “Tú
eres mi bien.”
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus
libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu
mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye
internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no
vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi
carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu
presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant.: Mi carne descansa serena.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23
Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2,
29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestra fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Bendición
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del
antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón
soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los
cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del
oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del
regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor,
que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se anuncia
donde acechó
el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
SÚPLICA CONTRA LOS
PERSEGUIDORES INJUSTOS
Se
reunieron... y se pusieron de acuerdo para detener
a Jesús con engaño y
matarlo. (Mt 26, 3-4)
I
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que
me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi
auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo
mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del
poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni
sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.
Ant.1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Ant. 2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
II
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me
mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste,
cabizbajo
y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra
mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de
mí,
rechinando los dientes de odio.
Ant.2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
III
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que
rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la
multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no se hagan
guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles;
Señor, no te quedes a
distancia;
despierta, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi
causa.
Júzgame tú según tu justicia.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria;
que
repitan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean la paz a tu
siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te
alabaré.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
V. Hijo mío, conserva mis palabras.
R. Conserva mis mandatos y
vivirás.
Lecturas y Oración:
[01][05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Edificaste una torre
para tu huerta florida;
un lagar para tu
vino
y, para el vino, una viña,
Y la viña no dio uvas,
ni el lagar buena bebida:
sólo racimos
amargos
y zumos de amarga tinta.
Edificaste una torre,
Señor, para tu guarida;
un huerto de
dulces frutos,
una noria de aguas limpias,
un blanco silencio de
horas
y un verde beso de brisas.
Y esta casa que es tu torre,
este mi cuerpo de arcilla,
esta
sangre que es tu sangre
y esta herida que es tu herida
te dieron frutos
amargos,
amargas uvas y espinas.
¡Rompe, Señor, tu silencio,
rompe tu silencio y grita!
Que mi
lagar enrojezca
cuando tu planta lo pise,
y que tu mesa se endulce
con
el vino de tu viña. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Cántico
Is 45, 15-25
QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR
Al nombre de
Jesús
toda rodilla se doble. (Flp 2,10)
Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el
Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van
avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a
Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se
sonrojen
nunca jamás.
Así dice el Señor, creador del cielo
-él es Dios-,
él modeló
la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó
habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»
No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la
estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»
Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es
justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las
naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un
dios que no puede salvar.
Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién
anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo,
el Señor?
-No hay otro Dios fuera de mí-.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno
más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy
Dios y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una
palabra irrevocable:
«Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda
lengua»,
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder.»
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra
él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
LECTURA BREVE Ef 4, 29-32
No salga de vuestra boca palabra desedificante, sino la que sirva para la necesaria edificación, comunicando la gracia a los oyentes. Y no provoquéis más al Santo Espíritu de Dios, con el cual fuisteis marcados para el día de la redención. Desterrad de entre vosotros todo exacerbamiento, animosidad, ira, pendencia, insulto y toda clase de maldad. Sed, por el contrario, bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo.
RESPONSORIO BREVE
V. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
R. En la mañana hazme
escuchar tu gracia.
V. Indícame el camino que he de seguir.
R. Hazme escuchar tu
gracia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la mañana hazme
escuchar tu gracia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.
PRECES
Adoremos a Cristo, que salvó al mundo con su cruz, y supliquémosle diciendo:
Señor, ten misericordia de nosotros.
Señor Jesucristo, cuya claridad es nuestro sol y nuestro
día,
haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros
todo sentimiento malo.
Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y
obras,
a fin de que nuestro día sea agradable ante tus
ojos.
Aparta de nuestros pecados tu vista,
y borra
en nosotros toda culpa.
Por tu cruz y tu resurrección,
llénanos del
gozo del Espíritu Santo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios misericordioso, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tu palabra: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado; que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Correré por el camino de tus mandatos, cuando me ensanches el corazón.
Salmo 118, 25-32
Mi alma está pegada al polvo:
reanímame con tus palabras;
te
expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el
camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.
Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus
promesas;
apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu
voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Me apegué
a tus preceptos,
Señor, no me defraudes;
correré por el camino de tus
mandatos
cuando me ensanches el corazón.
Ant. 1: Correré por el camino de tus mandatos, cuando me ensanches el corazón.
Ant. 2: Confiando en el Señor, no me he desviado.
Salmo 25
ORACIÓN CONFIADA DEL INOCENTE
Nos eligió
para que fuésemos
consagrados e irreprochables
ante él por el amor. (Ef 1,
4)
Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia,
confiando en
el Señor no me he desviado.
Examíname, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi
corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu
verdad.
No me siento con gente falsa,
no me junto con
mentirosos;
detesto las bandas de malhechores,
no tomo asiento con los
impíos.
Lavo en la inocencia mis manos,
y rodeo tu altar,
Señor,
proclamando tu alabanza,
enumerando tus maravillas.
Señor, yo amo la belleza de tu casa,
el lugar donde reside tu
gloria.
No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los
sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena
de sobornos.
Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten
misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea
bendeciré al Señor.
Ant. 2: Confiando en el Señor, no me he desviado.
Ant. 3: En el Señor confía mi corazón, él me socorrió.
Salmo 27, 1-3. 6-9
SÚPLICA Y ACCIÓN DE GRACIAS
Padre, te doy
gracias porque
me has escuchado. (Jn 11, 41)
A ti, Señor, te invoco;
Roca mía, no seas sordo a mi
voz;
que, si no me escuchas, seré igual
que los que bajan a la
fosa.
Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo
las manos
hacia tu santuario.
No me arrebates con los malvados
ni con los malhechores,
que
hablan de paz con el prójimo,
pero llevan la maldad en el corazón.
Bendito el Señor, que escuchó
mi voz suplicante;
el Señor es
mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón
se alegra
y le canta agradecido.
El Señor es fuerza para su pueblo,
apoyo y salvación para su
Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,
sé su pastor y guíalos
siempre.
Ant. 3: En el Señor confía mi corazón, él me socorrió.
LECTURA BREVE
Tercia Flp 2, 2b-4
Manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por envidia ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
V. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad.
R. Para los que guardan su
alianza y sus mandatos.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que en la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo; ayúdanos a llorar nuestros pecados y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Sexta 2Co 13, 4
Aunque por su condición de debilidad humana Cristo fue crucificado, ahora tiene vida por la omnipotencia de Dios. Y nosotros, aunque débiles ahora con su debilidad, por la omnipotencia de Dios tendremos vida con él.
V. Mi alma está pegada al polvo.
R. Reanímame, Señor, con tus
palabras.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación mientras el mundo vivía sumergido en las tinieblas; concédenos que tu luz nos ilumine siempre para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Nona Col 3, 12-13
Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado; haced vosotros lo mismo.
V. El Señor es compasivo y misericordioso.
R. Lento a la ira y rico en
clemencia.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos mientras culpas, y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Calor de Dios en sangre redentora,
y un río de piedad en tu
costado;
bajo tu cruz quédeme arrodillado,
con ansia y gratitud siempre
deudora.
Conózcate, oh Cristo, en esta hora
de tu perdón; mi beso
apasionado,
de ardientes labios en tu pie clavado,
sea flecha de amor y
paz de aurora.
Conózcame en tu vía dolorosa
y conozca, Señor, en los
fulgores
de tus siete palabras, mi caída;
que en esta cruz pujante y misteriosa
pongo, sobre el amor de
mis amores,
el amor entrañable de mi vida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Salmo 40
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Uno de
vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo.
(Mc 14,
18)
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo
pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso
en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los
dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado
contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere y se acaba
su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala
intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos
siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no
levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de
mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en
tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén,
amén.
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 45
DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Le pondrán
por nombre Emmanuel,
que significa «Dios-con-nosotros».
(Mt 1,
23)
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en
el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se
desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su
furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo
consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al
despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su
trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la
tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los
arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos,
más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE Rm 15, 1-3
Los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, sin complacernos a nosotros mismos. Cada uno cuide de complacer al prójimo para su bien, para su edificación; que Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: «Sobre mí cayeron los ultrajes de quienes te ultrajaron.»
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su
sangre.
R.
Cristo nos
ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre
suyo.
R. Por la virtud de su sangre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha
absuelto por la virtud de su sangre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.
PRECES
Bendigamos a Dios que escucha con amor la oración de los humildes y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la
Iglesia que sufren:
acuérdate que por ellos, Cristo,
cabeza de la Iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio
vespertino.
Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé
la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
y haz que todos
nos preocupemos de los que sufren.
Concede a tus hijos la fuerza necesaria
para
resistir las tentaciones del Maligno.
Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra
muerte:
que seamos fieles hasta el fin y dejemos este
mundo en tu paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Conduce a los difuntos a la luz donde tú
habitas
para que puedan contemplarte
eternamente.
Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que los que hemos sido aleccionados con los ejemplos de la pasión de tu Hijo estemos siempre dispuestos a cargar con su yugo llevadero y con su carga ligera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
EXAMEN DE CONCIENCIA
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
HIMNO
Cuando
el sol, Señor, se apaga
Cuando
la luz del sol es ya poniente
Cristo,
Señor de la noche
Se
inclina ya mi frente
Cuando
acabamos el día
SALMODIA
Ant.: Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia. +
Salmo 87
ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Ésta es
vuestra hora,
la del poder de las tinieblas.
(Lc 22,
53)
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu
presencia;
+ llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi
clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al
borde del abismo;
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un
inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el
sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de
tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del
fondo;
tú cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para
ellos:
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de
pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia
ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para
darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el
reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu
justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi
súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo,
me doblo bajo el peso de
tus terrores,
pasó sobre mí tu incendio,
tus espantos me han
consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a
una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las
tinieblas.
Ant.: Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia.
LECTURA BREVE Jr 14, 9
Tú estás en medio de nosotros, Señor, tu nombre ha sido invocado sobre nosotros: no nos abandones, Señor Dios nuestro.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi
espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de
Simeón Lc 2,
29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en
paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado
ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo
Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Señor, Dios todopoderoso: ya que con nuestro descanso vamos a imitar a tu Hijo que reposó en el sepulcro, te pedimos que, al levantarnos mañana, lo imitemos también resucitando a una vida nueva. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa
muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN
Madre
del Redentor
Salve,
Reina de los cielos
Dios
te salve, Reina
Bajo
tu amparo
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Señor, tú que llamaste
del fondo del no ser todos los
seres,
prodigios del cincel de tu palabra,
imágenes de ti
resplandecientes;
Señor, tú que creaste
la bella nave azul en que navegan
los
hijos de los hombres, entre espacios
repletos de misterio y luz de
estrellas;
Señor, tú que nos diste
la inmensa dignidad de ser tus
hijos,
no dejes que el pecado y que la muerte
destruyan en el hombre el
ser divino.
Señor, tú que salvaste
al hombre de caer en el
vacío,
recréanos de nuevo en tu Palabra
y llámanos de nuevo al
paraíso.
Oh Padre, tú que enviaste
al mundo de los hombres a tu
Hijo,
no dejes que se apague en nuestras almas
la luz esplendorosa de tu
Espíritu. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Salmo 130
COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN BRAZOS DE
DIOS
Aprended de
mí que soy manso y
humilde de corazón. (Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis
deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Ant.1: Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Ant. 2: Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.
Salmo 131
PROMESAS A LA CASA DE DAVID
El Señor Dios
le dará el trono
de David, su padre. (Lc 1, 32)
I
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al
Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi
descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que
encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de
Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de
Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus
pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu
poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te
aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Ant. 2: Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.
Ant. 3: El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les
enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu
trono.»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en
ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la
deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de
pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con
vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi
Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi
diadema.»
Ant. 3: El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»
V. Venid a ver las obras del Señor.
R. Las maravillas que hace
en la tierra.
Lecturas y Oración:
[01][05][09][13][17][21][25][29][33]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la
noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos
llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las
cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra,
tú pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su
trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la
encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas
manos tus manos poderosas,
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven,
en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el
sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a
la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico
Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18
HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR
ROJO
Los que
habían vencido a la bestia
cantaban el cántico de Moisés,
el siervo de
Dios. (Ap 15, 2. 3)
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha
arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi
salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo
ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «Yahvé».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a
sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se
alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el
botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi
mano.»
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo
en las aguas formidables.
¿Quién como tú Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú,
terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de
maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con
misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa
morada.
Lo introduces y lo plantas
en el monte de tu heredad,
lugar
del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones. +
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a
Dios por su misericordia.
(Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor todas las naciones,
+ aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones.
LECTURA BREVE 2 Pe 1, 10-11
Hermanos, poned más empeño todavía en consolidar vuestra vocación y elección. Si hacéis así, nunca jamás tropezaréis; de este modo se os concederá generosamente la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.
R. A ti grito, Señor, tú
eres mi refugio.
V. Mi heredad en el país de la vida.
R. Tú eres mi
refugio.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti grito, Señor, tú
eres mi refugio.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.
PRECES
Bendigamos a Cristo que para ser ante Dios el pontífice misericordioso y fiel de los hombres se hizo en todo semejante a nosotros, y supliquémosle diciendo:
Muéstranos, Señor, los tesoros de tu amor.
Señor, sol de justicia, que nos iluminaste en el
bautismo,
te consagramos este nuevo día.
Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra
jornada
y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras
acciones.
Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu
palabra,
encamina hoy nuestros pasos para que obremos
también como ella según tu voluntad.
Haz que mientras vivimos aún en este mundo que pasa anhelemos la
vida eterna
y por la fe, la esperanza y el amor vivamos ya
contigo en tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con la misma confianza que tienen los hijos con su padre, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Salmo 118, 33-40
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y lo seguiré
puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo
corazón;
guíame por la senda de tus mandatos
porque ella es mi
gozo.
Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés;
aparta
mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra;
cumple a tu siervo la
promesa
que hiciste a tus fieles.
Aparta de mí la afrenta que temo,
porque tus mandamientos son
amables;
mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu
justicia.
Ant. 1: Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
Ant. 2: Los que buscan al Señor no carecen de nada.
Salmo 33
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
Habéis
saboreado lo bueno
que es el Señor. (1Pe 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y la salva de
sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
Ant. 2: Los que buscan al Señor no carecen de nada.
Ant. 3: Busca la paz y corre tras ella.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?.
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán
castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Ant. 3: Busca la paz y corre tras ella.
LECTURA BREVE
Tercia 1R 8, 60-61
Sepan todos los pueblos de la tierra que el Señor es Dios y no hay otro. Que vuestro corazón sea todo para el Señor, nuestro Dios, como lo es hoy, para seguir sus leyes y guardar sus mandamientos.
V. Señor, enséñame tus caminos.
R. Instrúyeme en tus
sendas.
Oremos:
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre en tu alabanza. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 17, 9-10
Nada más falso y enfermo que el corazón, ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas; para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones.
V. Absuélveme, Señor, de lo que se me oculta.
R. Preserva a tu siervo de
la arrogancia.
Oremos:
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Sb 7, 27a; 8, 1
La sabiduría de Dios, aún siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, todo lo renueva. Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera todo el universo.
V. Qué magníficas son tus obras, Señor.
R. Qué profundos tus
designios.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por la intercesión de la santísima Virgen María, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi
auxilio
R.
Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su
sangre
como varón que pisa los racimos?
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su
resurrección.
¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio
de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su
resurrección.
Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le
venció la fosa
porque el Señor sostuvo a su elegido.
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su
resurrección.
Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al
que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos.
Éste es Cristo, el Señor,
que venció nuestra muerte
con su
resurrección. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya. +
Salmo 118, 105-112
HIMNO A LA LEY DIVINA
Éste es mi
mandamiento, que os
améis unos a otros. (Jn 15, 12)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
+ lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los
malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi
corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Ant. 1: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Aleluya.
Ant. 2: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Salmo 15
CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA
RESURRECCIÓN
Dios resucitó
a Jesús, rompiendo
las ataduras de la muerte.
(Hch 2,
24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú
eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus
libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye
internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no
vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi
carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu
presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. 2: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya.
Ant. 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
Cántico
Flp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se
doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
LECTURA BREVE Col 1, 3-6a
Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol
hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del
Señor.
V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. De la salida del sol
hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del
Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [02][06][10][14][18][22][26][30]
PRECES
Demos gracias al Señor que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y recordando su amor para con nosotros supliquémosle diciendo:
Escúchanos, Señor, que confiamos en ti.
Padre lleno de amor, te pedimos por el papa N. y por nuestro obispo
N.
protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia.
Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión
de tu Hijo,
para que así tengan también parte en su
consuelo.
Mira con piedad a los que no tienen techo donde
cobijarse
y haz que encuentren pronto el hogar que
desean.
Dígnate dar y conservar los frutos de la
tierra
para que a nadie falte el pan de cada
día.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor, ten piedad de los difuntos
y ábreles
la puerta de tu mansión eterna.
Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
[02][06][10][14][18][22][26][30]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, bendice a tu Dios. Aleluya.
HIMNO
Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del
amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el
Señor.
Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es
libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última
verdad.
Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su
final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él
está.
Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y
vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del
Señor, que os salvará.
Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su
Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
Salmo 103
HIMNO AL DIOS CREADOR
El que es de
Cristo es una creatura
nueva: lo antiguo ha pasado,
lo nuevo
ha comenzado. (2Co 5, 17)
I
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te
vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre
las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del
viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de
ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará
jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre
las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se
precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual
al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no
volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los
montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su
sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye
su canto.
Ant.1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
Ant. 2: El Señor saca pan de los campos y alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
II
Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu
acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los
que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y
aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano
que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la
cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de
erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones
las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los
cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus
guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el
atardecer.
Ant. 2: El Señor saca pan de los campos y vino para alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
Ant. 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Aleluya.
III
¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con
sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin
número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el
Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se
la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y
expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y
repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus
obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes,
humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras
exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el
Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no
existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Ant. 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Aleluya.
V. Dichosos vuestros ojos porque ven.
R. Y vuestros oídos porque
oyen.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30]
En los días dentro de la octava de Pascua, en las solemnidades y en las fiestas, después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno:
La oración conclusiva como en las Laudes
[02][06][10][14][18][22][26][30]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Cristo, el Señor,
como la primavera,
como una nueva
aurora,
resucitó.
Cristo, nuestra Pascua,
es nuestro rescate,
nuestra
salvación.
Es grano en la tierra,
muerto y florecido,
tierno pan de
amor.
Se rompió el sepulcro,
se movió la roca,
y el fruto
brotó.
Dueño de la muerte,
en el árbol grita
su
resurrección.
Humilde en la tierra,
Señor de los cielos,
su cielo nos
dio.
Ábranse de gozo
las puertas del Hombre,
que al hombre
salvó.
Gloria para siempre
al Cordero humilde
que nos redimió.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.
Ant. 2: Cantemos un himno al Señor nuestro Dios. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador
... es bendito por
los siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Cantemos un himno al Señor nuestro Dios. Aleluya.
Ant. 3: Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con
el espíritu, salmodiad
con toda vuestra mente, es decir,
glorificad a Dios
con el cuerpo
y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.
LECTURA BREVE Ez 36, 25-27
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
RESPONSORIO BREVE
V. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.
R. Te damos gracias, ¡oh
Dios!, invocando tu nombre.
V. Pregonando tus maravillas.
R. Invocando tu
nombre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te damos gracias, ¡oh
Dios!, invocando tu nombre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [02][06][10][14][18][22][26][30]
PRECES
Invoquemos, hermanos, a nuestro Salvador, que ha venido al mundo para ser "Dios-con-nosotros", y digámosle confiadamente:
Señor Jesús, rey de la gloria, sé tú nuestra luz y nuestro gozo.
Señor Jesús, sol que naces de lo alto y primicia de la humanidad
resucitada,
haz que siguiéndote a ti no caminemos nunca
en sombras de muerte, sino que tengamos siempre la luz de la vida.
Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las creaturas están llenas
de tus perfecciones,
para que así, en todas ellas, sepamos
contemplarte a ti.
No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el
mal,
antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a
fuerza de bien.
Tú que bautizado por Juan en el Jordán, fuiste ungido con el
Espíritu Santo,
asístenos durante este día para que
actuemos movidos por este mismo Espíritu.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
[02][06][10][14][18][22][26][30]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: En verdes praderas me hace recostar el Señor. Aleluya.
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Ant. 1: En verdes praderas me hace recostar el Señor. Aleluya.
Ant. 2: Grande es en Israel la fama del Señor. Aleluya.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre
venir sobre las nubes del cielo.
(Mt 24,
30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
Ant. 2: Grande es en Israel la fama del Señor. Aleluya.
Ant. 3: La tierra teme sobrecogida, cuando Dios se pone en pie para juzgar. Aleluya.
II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
Ant. 3: La tierra teme sobrecogida, cuando Dios se pone en pie para juzgar. Aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia Rm 5, 1-2. 5
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el, acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios; y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
V. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
R. Anunciaré: tu fidelidad
por todas: las edades.
Oración
[02][06][10][14][18][22][26][30]
Sexta Rm 8, 26
De la misma manera, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues no sabemos pedir como conviene; y el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras.
V. Que llegue mi clamor a tu presencia; Señor.
R. Con tus palabras dame
inteligencia.
Oración
[02][06][10][14][18][22][26][30]
Nona 2Co 1, 21-22
Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.
V. El Señor es mi luz y mi salvación.
R. El Señor es la defensa de
mi vida.
Oración
[02][06][10][14][18][22][26][30]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
¿Dónde está muerte, tu victoria?
¿Dónde está muerte, tu
aguijón?
Todo es destello de su gloria,
clara luz,
resurrección.
Fiesta es la lucha terminada,
vida es la muerte del
Señor,
día la noche engalanada,
gloria eterna de su amor.
Fuente perenne de la vida,
luz siempre viva de su don,
Cristo
es ya vida siempre unida
a toda vida en aflicción.
Cuando la noche se avecina,
noche del hombre y su
ilusión,
Cristo es ya luz que lo ilumina,
sol de su vida y
corazón.
Demos al Padre la alabanza,
por Jesucristo, Hijo y
Señor,
denos su Espíritu esperanza
viva y eterna de su amor.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Cristo sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno,
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Cristo sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.
Ant. 2: Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.
Salmo 113 B
HIMNO AL DIOS VERDADERO
Os
convertisteis de los ídolos a
Dios para consagraros al Dios
vivo y
verdadero. (1Ts 1, 9)
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la
gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las
naciones:
«Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus
ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:
tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen
orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene
voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en
ellos.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La
casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles
del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros
y nos bendiga,
bendiga a
la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del
Señor,
pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros
hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los
hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al
silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por
siempre.
Ant. 2: Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.
Ant. 3: Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R Aleluya.)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya.)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de
todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3: Alabad al Señor sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
LECTURA BREVE 2Ts 2, 13-14
Nosotros debemos dar continuamente gracias a Dios por vosotros, hermanos, a quienes tanto ama el Señor. Dios os eligió desde toda la eternidad para daros la salud por la santificación que obra el Espíritu y por la fe en la verdad. Con tal fin os convocó por medio del mensaje de la salud, anunciado por nosotros, para daros la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO BREVE
V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y
poderoso.
V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y
poderoso.
V. Gloria, al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y
poderoso.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [02][06][10][14][18][22][26][30]
PRECES
Demos gloria y honor a
Cristo, que puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a
Dios, porque vive para interceder en su favor, y digámosle con plena
confianza:
Acuérdate, Señor, de tu pueblo.
Señor Jesús, sol de justicia que iluminas nuestras vidas, al llegar
al umbral de la noche te pedimos por todos los hombres,
que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz.
Guarda, Señor, la alianza sellada con tu
sangre
y santifica a tu Iglesia para que sea siempre
inmaculada y santa.
Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
que
tú elegiste como morada de tu gloria.
Que los que están en camino tengan un viaje
feliz
y regresen a sus hogares con salud y
alegría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acoge, Señor, a tus hijos difuntos
y
concédeles tu perdón y la vida eterna.
Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
[02][06][10][14][18][22][26][30]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos.
HIMNO
En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes
del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu
Palabra.
Desde tu seno, Padre,
era sonrisa su mirada,
era ternura su
sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.
Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el
arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los
pájaros,
porque habló tu Palabra.
Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y
desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de
fuego,
en el principio, tu Palabra.
Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu
fragancia;
danos palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra.
Amén.
SALMODIA
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Salmo 30, 2-17. 20-25
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE
GRACIAS
Padre, en tus
manos encomiendo
mi espíritu. (Lc 23, 46)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que
eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte
donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han
tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me
librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en
el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en
peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en
un camino ancho.
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
II
Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis
ojos,
mi garganta y mis entrañas.
Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi
vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis
vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de
mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro
inútil.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran
contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En
tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz
brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
III
¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y
concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras
humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas
pendencieras.
Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de
misericordia
en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»
pero
tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.
Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y
a los soberbios les paga con creces.
Sed fuertes y valientes de corazón
los que esperáis en el
Señor.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
V. Enséñame, Señor, a caminar con lealtad.
R. Porque tú eres mi Dios y
Salvador.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30][34]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Alfarero del hombre, mano trabajadora
que, de los hondos limos
iniciales,
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto los
primeros animales.
De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y
tierra amanecida.
De mañana te encuentro, vigor, origen, meta
de los
profundos ríos de la vida.
El árbol toma cuerpo, y el agua melodía;
tus manos son recientes
en la rosa;
se espesa la abundancia del mundo a mediodía
y estás de
corazón en cada cosa.
No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro,
ni
soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia; vivir es este
encuentro:
tú, por la luz; el hombre, por la muerte.
¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte
dejar tanta
hermosura en tanta guerra!
Que el hombre no te obligue, Señor, a
arrepentirte
de haberle dado un día las llaves de la tierra.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Salmo 41
DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL
TEMPLO
El que tenga
sed y quiera, que venga
a beber el agua de la vida (Ap 22,
17)
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te
busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me
repiten:
“¿Dónde está tu Dios?”
Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de
tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de
Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la
fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío.”
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el
Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes
y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la
alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿por qué voy
andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo
el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Cántico
Sir 36, 1-7. 13-16
SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE
JERUSALÉN
Ésta es la
vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado
Jesucristo. (Jn 17, 3)
Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las
naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu
poder.
Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu
gloria castigándolos a ellos,
para que sepan, como nosotros lo
sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.
Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano,
robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como
antiguamente.
Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien
nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén,
lugar de tu reposo.
Llena a Sión de tu majestad
y al templo, de tu
gloria.
Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO
Nos visitará
el sol que nace de lo alto... para guiar
nuestros pasos por el camino de la
paz. (Lc 1,78-79)
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la
obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche
se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a
toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su
lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su
alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro
extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
LECTURA BREVE Jr 15, 16
Cuando encontraba palabras tuyas las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, ¡Señor, Dios de los ejércitos!
RESPONSORIO BREVE
V. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los
buenos.
R.
Aclamad,
justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V. Cantadle un cántico nuevo.
R. Que merece la alabanza de
los buenos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.
PRECES
Demos gracias a nuestro Salvador que ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, y digámosle:
Consérvanos, Señor, en tu servicio.
Señor Jesús, sacerdote eterno, que has querido que tu pueblo
participara de tu sacerdocio:
haz que ofrezcamos siempre
sacrificios espirituales, agradables al Padre.
Danos, Señor, la abundancia de los frutos del Espíritu
Santo:
comprensión, bondad, amabilidad.
Que la luz de la fe ilumine este nuevo día
y
que durante el mismo caminemos por las sendas del amor.
Haz que busquemos siempre el bien de nuestros
hermanos
y les ayudemos a progresar en su
salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día: danos tu ayuda para que no caigamos hoy en pecado, sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!
Salmo 118, 41-48
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu
promesa:
así responderé a los que me injurian,
que confío en tu
palabra;
no quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en
tus mandamientos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás;
andaré por
un camino ancho,
buscando tus decretos;
comentaré tus preceptos ante los
reyes,
y no me avergonzaré.
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo;
levantaré mis
manos hacia ti
recitando tus mandatos.
Ant. 1: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!
Ant. 2: Mi alimento es hacer la voluntad del Padre.
Salmo 39, 2-14. 17-18
ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN DE
AUXILIO
No quieres
sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo.
(Hb 10,
5)
I
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi
grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis
pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro
Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el
Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie se te puede comparar:
intento proclamarlas,
decirlas,
pero superan todo número.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste
el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí
estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
Ant. 2: Mi alimento es hacer la voluntad del Padre.
Ant. 3: Yo soy pobre, pero el Señor cuida de mí.
II
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he
cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he proclamado tu
fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante
la gran asamblea.
Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu
lealtad me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin
cuento.
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que
los cabellos de mi cabeza,
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre
y desdichado,
pero el Señor cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi
liberación: Dios mío, no tardes.
Ant. 3: Yo soy pobre, pero el Señor cuida de mí.
LECTURA BREVE
Tercia Jr 31, 33
Así será la alianza que haré con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
V. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
R. No me arrojes lejos de tu
rostro.
Oremos:
Padre óptimo, Dios nuestro, tú has querido que los hombres trabajemos de tal modo, que, cooperando unos con otros, alcancemos éxitos cada vez mejor logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos, sintiéndonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por- Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 32, 40
Haré con ellos alianza eterna y no cesaré de hacerles bien. Pondré en sus corazones mi temor para que no se aparten de mí.
V. De Dios viene mi salvación y mi gloria.
R. Él es mi
refugio.
Oremos:
Señor, tú eres el dueño de, la viña y de los sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores: ayúdanos a soportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejamos nunca de tus planes. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ez 34, 31
Dice el Señor Dios: «Vosotros sois rebaño mío, ovejas de mi grey; y yo soy vuestro Dios.»
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. En verdes praderas me
hace recostar.
Oremos
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en esta misma hora en que los apóstoles subían al templo para la, oración de la tarde: concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos lo invocan. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Presentemos a Dios nuestras tareas,
levantemos orantes nuestras
manos,
porque hemos realizado nuestras vidas
por el trabajo.
Cuando la tarde pide ya descanso
y Dios está más cerca de
nosotros,
es hora de encontrarnos en sus manos,
llenos de gozo.
En vano trabajamos la jornada,
hemos corrido en vano hora tras
hora,
si la esperanza no enciende sus rayos
en nuestra sombra.
Hemos topado a Dios en el bullicio,
Dios se cansó conmigo en el
trabajo;
es hora de buscar a Dios adentro,
enamorado.
La tarde es un trisagio de alabanza,
la tarde tiene fuego del
Espíritu:
adoremos al Padre en nuestras obras,
adoremos al Hijo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a
recibirlo! (Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.
Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
LECTURA BREVE 1Ts 2, 13
Nosotros continuamente damos gracias a Dios; porque habiendo recibido la palabra de Dios predicada por nosotros, la acogisteis, no como palabra humana, sino -como es en realidad- como palabra de Dios, que ejerce su acción en vosotros, los creyentes.
RESPONSORIO BREVE
V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi
oración.
V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi
oración.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi
oración.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.
PRECES
Alabemos a Cristo, que ama a la Iglesia y le da alimento y calor, y roguémosle confiados diciendo:
Atiende, Señor, los deseos de tu pueblo.
Haz, Señor, que todos los hombres se salven
y
lleguen al conocimiento de la verdad.
Guarda con tu protección al papa N. y a nuestro obispo
N.,
ayúdalos con el poder de tu brazo.
Ten compasión de los que no encuentran
trabajo
y haz que consigan un empleo digno y
estable.
Señor, sé refugio de los oprimidos
y
protégelos en todas sus necesidades.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Te pedimos por el eterno descanso de los que durante su vida
ejercieron el ministerio para el bien de tu Iglesia:
que
también te celebren eternamente en tu reino.
Fieles a la recomendación del Salvador nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que has querido asistirnos en el trabajo que nosotros, tus siervos inútiles, hemos realizado hoy, te pedimos que, al llegar al término de este día, acojas benignamente nuestro sacrificio vespertino de acción de gracias y recibas con bondad la alabanza que te dirigimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.
HIMNO
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra!
Penetra como
fuego
y divide la entraña.
¡Nada como tu voz,
es terrible tu espada!
¡Nada como tu
aliento,
es dulce tu palabra!
Tenemos que vivir
encendida la lámpara,
que para virgen
necia
no es posible la entrada.
No basta con gritar
sólo palabras
vanas,
ni tocar a la puerta
cuando ya está cerrada.
Espada de dos filos
que me cercena el alma,
que hiere a
sangre y fuego
esta carne mimada,
que mata los ardores
para encender la
gracia.
Vivir de tus incendios,
luchar por tus batallas,
rumor de tus
sandalias.
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra! Amén.
SALMODIA
Ant.1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Salmo 36
LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD
Dichosos los
sufridos, porque ellos
heredarán la tierra. (Mt 5,4)
I
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el
mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se
agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la
lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu
corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él
actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el
mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el
hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que
obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en
el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio:
ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz
abundante.
Ant.1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
II
El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra
él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para
abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada
les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la
opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo
sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará
siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se
saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se
marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y
perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son
excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus
caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la
mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo
abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da
prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal -y haz el bien,
y siempre tendrás una
casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus
fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se
extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre
jamás.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
II
La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el
derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no
vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el
Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el
juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la
tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro
frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo
encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la
paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados
quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el
peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los
salva,
porque se acogen a él.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
V. Enséñame, Señor, a gustar y a comprender.
R. Porque me fío de tus
mandatos.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30][34]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has
detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.
Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la
mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.
Y sacaremos con gozo
del manantial de la vida
las aguas que
dan al hombre
la fuerza que resucita.
Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de
Dios es grande!
¡Su caridad infinita!
¡Que alabe al Señor la tierra!
Cantemos sus maravillas.
¡Qué
grande en medio del pueblo
el Dios que nos justifica!» Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido
al mundo como luz.
(Jn 12, 46)
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Ant. 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
Ant. 2: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
Cántico
Is 38, 10-14.17-20
ANGUSTIAS DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA
CURACIÓN
Yo soy el que
vive y estaba muerto...
y tengo las llaves de la muerte.
(Ap 1, 17.
18)
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las
puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los
vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del
mundo.
Levantan y enrollan mi vida
como un tienda de pastores.
Como
un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»
Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me
quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.
Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis
ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por
mí!
Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió
paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a
todos mis pecados.
El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan
en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El
padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días
en la casa del Señor.
Ant. 2: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
Ant. 3: ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión. +
Salmo 64
SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS
Cuando se
habla de Sión debe
entenderse del reino
eterno.
(Orígenes)
¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión,
+ y a ti se te cumplen los
votos,
porque tú escuchas las súplicas.
A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros
delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.
Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus
atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados
de tu templo.
Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, Salvador
nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano
remoto;
tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú
que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto
de los pueblos.
Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus
signos
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de
júbilo.
Tú cuidas de la tierra, la riegas
la enriqueces sin
medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los
trigales;
riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja
mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
las
rodadas de tu carro rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
las colinas se orlan de
alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
los valles se visten de
mieses,
que aclaman y cantan.
Ant. 3: ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión.
LECTURA BREVE 1 Ts 5, 4-5
No viváis, hermanos, en tinieblas para que el día del Señor no os sorprenda como ladrón; porque todos sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas.
RESPONSORIO BREVE
V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor;
espero en tu palabra.
V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu
palabra.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor;
espero en tu palabra.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.
PRECES
Bendigamos a nuestro Salvador, que con su resurrección ha iluminado el mundo, y digámosle suplicantes:
Haz, Señor, que caminemos por tu senda.
Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal en memoria de tu
santa resurrección,
te pedimos que la esperanza de
participar de tu gloria ilumine todo nuestro día.
Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra
jornada:
dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicias
de nuestro día.
Concédenos crecer hoy en tu amor,
a fin de
que todo concurra para nuestro bien y el de nuestros hermanos.
Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una
luz ante los hombres,
para que todos den gloria al Padre
que está en los cielos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros: Padre nuestro.
Oración
Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación: concédenos la abundancia de tu gracia para que preparemos, delante de ti, sendas de justicia y de paz. Tú que vives y reinas.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: En tierra extranjera guardé tus decretos.
Salmo 118, 49-56
Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi
esperanza;
éste es mi consuelo en la aflicción:
que tu promesa me da
vida;
los insolentes me insultan sin parar,
pero yo no me aparto de tus
mandatos.
Recordando tus antiguos mandamientos,
Señor, quedé
consolado;
sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu
voluntad;
tus leyes eran mi canción
en tierra extranjera.
De noche pronuncio tu nombre,
Señor, y velando, tus
preceptos;
esto es lo que a mí me toca:
guardar tus decretos.
Ant. 1: En tierra extranjera guardé tus decretos.
Ant. 2: El Señor cambiará la suerte de su pueblo y gozará Israel.
Salmo 52
NECEDAD DE LOS PECADORES
Todos pecaron
y se hallan privados
de la gloria de Dios. (Rm 3, 23)
Dice el necio para si:
«No hay Dios.»
Se han corrompido
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
Dios observa desde el cielo
a los hijos de Adán
para ver si
hay alguno sensato
que busque a Dios
Todos se estravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre
bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto
porque Dios esparce los huesos del
agresor,
y serán derrotados,
porque Dios los rechaza.
¡Ojalá venga desde Sión
la salvación de lsrael!
Cuando el
Señor cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará
Israel.
Ant. 2: El Señor cambiará la suerte de su pueblo y gozará Israel.
Ant. 3: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.
Salmo 53, 3-6. 8-9
PETICIÓN DE AUXILIO
El profeta
pide verse libre de sus enemigos
por el nombre del Señor.
(Casiano)
Oh Dios!, sálvame por tu nombre,
sal por mi con tu poder.
¡Oh
Dios!, escucha mí súplica,
atiende a mis palabras:
porque unos insolentes se alzan contra mi,
y hombres violentos
me persiguen a muerte
sin tener presente a Dios.
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
te ofreceré un sacrificio voluntario
dando gracias a tu nombre,
que es bueno;
porque me libraste del peligro
y he visto la derrota de mis
enemigos.
Ant. 3: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.
LECTURA BREVE
Tercia 1Co 12, 4-6
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
V. La salvación está cerca de los fieles.
R. Y la gloria habitará en
nuestra tierra.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que a la hora de tercia enviaste tu Espíritu Paráclito a los apóstoles, derrama también sobre nosotros ese Espíritu de amor para que demos siempre fiel testimonio ante los hombres de aquel amor que es el distintivo de los discípulos de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Sexta 1Co 12, 12-13
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
V. Padre santo, guárdanos en tu nombre.
R. Para que seamos
perfectamente uno.
Oremos:
Dios nuestro, que revelaste a Pedro tu plan de salvar a todas las naciones, danos tu gracia para que todas nuestras acciones sean agradables a tus ojos y útiles a tu designio de amor y salvación universal. Por Cristo nuestro Señor.
Nona 1Co 12, 24b.25-26
Dios quiso que no hubiera divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.
V. Señor Dios nuestro, reúnenos de entre los
gentiles.
R. Daremos gracias a tu santo nombre.
Oremos:
Dios nuestro, que enviaste un ángel al centurión Cornelio para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a la Iglesia de tu Hijo, podamos llegar a ti. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Mentes cansadas,
manos encallecidas,
labriegos al fin de la
jornada,
jornaleros de tu viña,
venimos, Padre,
atardecidos de
cansancio,
agradecidos por la lucha,
a recibir tu denario.
Llenos de polvo,
el alma hecha jirones,
romeros al filo de la
tarde,
peregrinos de tus montes,
venimos, Padre,
heridos por los
desengaños,
contentos por servir a tu mesa,
a recibir tu
denario.
Hartos de todo,
llenos de nada,
sedientos al brocal de tus
pozos
y hambrientos de tu casa,
venimos, Padre
el corazón entre tus
brazos,
la frente humilde de delitos,
a recibir tu denario.
Amén.
SALMODIA
Ant.1: No podéis servir a Dios y al dinero.
Salmo 48
VANIDAD DE LAS RIQUEZAS
Es muy
difícil que un rico entre en el
reino de los cielos. (Mt 19,
23)
I
Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;
mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis
reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de
la cítara.
¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y
me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus
inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un
rescate?
Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.
Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y
necios,
y legan sus riquezas a extraños.
El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.
El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los
animales.
Ant.1: No podéis servir a Dios y al dinero.
Ant. 2: «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.
II
Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres
satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y
bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su
casa.
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de
su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con
él.
Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la
luz.
El hombre rico e inconsciente
es como un animal que
perece.
Ant. 2: «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
LECTURA BREVE Rm 3, 23-25a
Todos pecaron y se hallan privados de la gloria de Dios; son justificados gratuitamente, mediante la gracia de Cristo, en virtud de la redención realizada en él, a quién Dios ha propuesto como instrumento de propiciación.
RESPONSORIO BREVE
V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu
presencia, Señor.
V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu
presencia, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque eres poderoso y tu nombre es santo.
PRECES
Alabemos a Cristo, pastor y obispo de nuestras vidas, que vela siempre con amor por su pueblo, y digámosle suplicantes:
Protege, Señor, a tu pueblo.
Pastor eterno, protege a nuestro obispo N.
y a
todos los pastores de la Iglesia.
Mira con bondad a los que sufren persecución,
y líbralos de todas sus angustias.
Compadécete de los pobres y necesitados
y da
pan a los hambrientos.
Ilumina a los que tienen la misión de gobernar a los
pueblos
y dales sabiduría y prudencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
No olvides, Señor, a los difuntos redimidos por tu
sangre
y admítelos en el festín de las bodas
eternas.
Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, Señor del día y de la noche, humildemente te pedimos que la luz de Cristo, verdadero sol de justicia, ilumine siempre nuestras vidas para que así merezcamos gozar un día de aquella luz en la que tú habitas eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.
HIMNO
Pues busco, debo encontrar;
pues llamo, débenme abrir;
pues
pido, me deben dar;
pues amo, débeme amar
aquel que me hizo
vivir.
¿Calla? Un día me hablará.
¿Pasa? No lejos irá.
¿Me pone a
prueba? Soy fiel.
¿Pasa? No lejos irá:
pues tiene alas mi alma, y
va
volando detrás de él.
Es poderoso, mas no
podrá mi amor esquivar;
invisible se
volvió,
mas ojos de lince yo
tengo y le habré de mirar.
Alma, sigue hasta el final
en pos del Bien de los bienes,
y
consuélate en tu mal
pensando con fe total:
¿Le buscas? ¡Es que lo tienes!
Amén.
SALMODIA
Ant.1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Salmo 38
SÚPLICA DE UN ENFERMO
La creación
fue sometida a la frustración...,
pero con la esperanza de verse
liberada. (Rm 8, 20)
I
Yo me dije: vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la
lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté
presente.
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi
herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me
requemaba,
hasta que solté la lengua.
Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis
años,
para que comprenda lo caduco que soy.
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el
hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como pura sombra,
por un
soplo se afana,
atesora sin saber para quién.
Ant.1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
II
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi
confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los
necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha
hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me
acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla
roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas
sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis
padres.
Aplaca tu ira, dame respiro,
antes de que pase y no
exista.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
Salmo 51
CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES
El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)
¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el
piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias
tu lengua es
navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres
las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de
tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
«Mirad al
valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas
riquezas,
se insolentó en sus crímenes.»
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en su
misericordia
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré
delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.»
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
V. Mi alma espera en el Señor.
R. Espera en su
palabra.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30][34]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Nacidos de la luz, hijos del día,
vamos hacia el Señor de la
mañana.
Su claridad disipa nuestras sombras
y alegra y regocija nuestras
almas.
Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
nos libre para siempre
del pecado,
y podamos así gozar la herencia
que nos legó en su Hijo muy
amado.
Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo
Jesucristo,
y al Don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los
siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Salmo 76
RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL
Nos aprietan
por todos lados, pero
no nos aplastan. (2Co 4, 8)
Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me
oiga.
En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos
sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios,
gimo,
y meditando me siento desfallecer.
Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja
hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche
lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:
¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a
favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para
siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera
cierra sus entrañas?
Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del
Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos
portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.
Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como
nuestro Dios?
Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los
pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de
José.
Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se
estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los
nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.
Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el
orbe,
la tierra retembló estremecida.
Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas
caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:
mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de
Moisés y de Aarón.
Ant. 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Ant. 2: Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.
Cántico
1Sa 2, 1-10
ALEGRÍA DE LOS HUMILDES EN DIOS
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los
colma
de bienes. (Lc 1, 52-53)
Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por
Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No
hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.
No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca
arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las
acciones.
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se
ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los
hambrientos
no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete
hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.
El Señor de la muerte y la vida,
hunde en el abismo y
levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de
gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó
el orbe.
Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen
en las tinieblas
porque el hombre no triunfa por su fuerza.
El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el
cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su
Rey,
exalta el poder de su Ungido.
Ant. 2: Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.
Ant. 3: El Señor reina, la tierra goza. +
Salmo 96
EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS
DIOSES
Este salmo
canta la salvación
del mundo y la conversión
de todos los pueblos. (S.
Atanasio)
El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas
innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su
trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se
estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la
tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan
su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo
en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión y se alegra,
se regocijan las ciudades de
Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la
tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus
fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de
corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo
nombre.
Ant. 3: El Señor reina, la tierra goza.
LECTURA BREVE Rm 8, 35. 37
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Bendigo al Señor en todo
momento.
V. Su alabanza está siempre en mi boca.
R. En todo
momento.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendigo al Señor en todo
momento.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.
PRECES
Oremos a nuestro Señor Jesucristo, que prometió estar con nosotros todos los días hasta del fin del mundo, y digámosle confiados:
Escúchanos, Señor.
Quédate con nosotros, Señor, durante todo el
día:
que la luz de tu gracia no conozca nunca el anochecer
en nuestras vidas.
Que el trabajo de este día sea como una oblación sin
defecto,
y que sea agradable a tus ojos.
Que en todas nuestras palabras y acciones seamos hoy luz del
mundo
y sal de la tierra para cuantos nos
traten.
Que la gracia del Espíritu Santo habite en nuestros corazones y
resplandezca en nuestras obras
para que así permanezcamos
en tu amor y en tu alabanza
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración diciendo juntos la palabras del Señor y pidiendo al Padre que nos libre de todo mal: Padre nuestro.
Oración
Envía, Señor, a nuestros corazones la abundancia de tu luz, para que, avanzando siempre por el camino de tus mandatos, nos veamos libres de todo error. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos.
Salmo 118, 57-64
El Señor es mi herencia;
he resuelto guardar tus palabras;
de
todo corazón busco tu favor:
ten piedad de mí según tu promesa;
he
examinado mi camino,
para enderezar mis pies a tus preceptos.
Con diligencia, sin tardanza,
observo tus mandatos;
los lazos
de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu voluntad;
a media noche me
levanto para darte gracias
por tus justos mandamientos.
Me junto con tus fieles,
que guardan tus decretos
Señor, de
tu bondad está llena la tierra;
enséñame tus leyes.
Ant. 1: He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos.
Ant. 2: Me asalta el temor y el terror: hazme caso y respóndeme, Señor.
Salmo 54, 2-15.17-24
ORACIÓN ANTE LA TRAICIÓN DE UN
AMIGO
Jesús empezó
a sentir terror
y angustia. (Mc 14,33)
I
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi
súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del
malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se estremece mi corazón,
me sobrecoge mi pavor mortal,
me
asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y
posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que
devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la
ronda sobre las murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella,
calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
Ant. 2: Me asalta el temor y el terror: hazme caso y respóndeme, Señor.
Ant. 3: Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.
II
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario
se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me
unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio por la casa de
Dios.
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en
la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que
me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde
siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su
boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son
más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no
permitirá jamás que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los
traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo
confío en ti.
Ant. 3: Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.
LECTURA BREVE
Tercia Dt 1, 16-17a
Yo di a vuestros jefes estas normas: «Vosotros escucharéis los pleitos de vuestros hermanos y juzgaréis con justicia las causas que surjan entre un hombre con su hermano o un extranjero. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual al pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de Dios.»
V. El Señor es justo y ama la justicia.
R. Los buenos verán su
rostro.
Oremos:
Señor, Padre santo, Dios fiel, tú que enviaste el Espíritu Santo prometido para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado: ayúdanos a ser, en medio de nuestros hermanos, fermento de unidad y de paz. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 55, 8-9
Mis planes no son vuestros. planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.
V. Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
R. El poder y la fidelidad
te rodean.
Oremos:
Dios todopoderoso y lleno de amor, que a la mitad de nuestra jornada concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido el trabajo empezado, remedia nuestras deficiencias, y haz que nuestras obras te sean agradables. Por Cristo nuestro Señor.
Nona 1S 16,-7b
La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón.
V. Señor, sondéame y conoce mi corazón.
R. Guíame por el camino
eterno.
Oremos:
Señor Jesucristo, que por la salvación de los hombres extendiste tus brazos en la cruz: haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, tú eres santo: yo adoro, yo creo;
tu cielo es un libro
de páginas bellas,
do en noches tranquilas mi símbolo leo,
que escribe
tu mano con signos de estrellas.
En vano con sombras el caos se cierra:
tú miras al caos, la luz
nace entonces;
tú mides las aguas que ciñen la tierra,
tú mides los
siglos que muerden los bronces.
El mar a la tierra pregunta tu nombre,
la tierra a las aves que
tienden su vuelo;
las aves lo ignoran; preguntan al hombre,
y el hombre
lo ignora; pregúntanlo al cielo.
El mar con sus ecos ha siglos que ensaya
formar ese nombre, y
el mar no penetra
misterios tan hondos, muriendo en la playa,
sin que
oigan los siglos o sílaba o letra.
Señor, tú eres santo: yo te amo, yo espero;
tus dulces bondades
cautivan el alma;
mi pecho gastaron con diente de acero
los gustos del
mundo vacíos de calma.
Concede a mis penas la luz de bonanza,
la paz a mis noches, la
paz a mis días;
tu amor a mi pecho, tu fe y tu esperanza,
que es bálsamo
puro que al ánima envías. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.
Salmo 61
DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO
Que el Dios
de la esperanza os colme
de todo gozo y paz. (Rm 15,
13)
Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para
derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?
Sólo piensan en derribarme de mi altura
y se complacen en la
mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.
Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.
Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.
No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.
Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he
escuchado:
«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú
pagas a cada uno
según sus obras.»
Ant. 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.
Ant. 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta Salvación de Dios
ha sido enviada a los gentiles
(Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él
quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 5b-7
Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a
las niñas de tus ojos.
V. A la sombra de tus alas escóndenos.
R. Como a las niñas de tus
ojos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a
las niñas de tus ojos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.
PRECES
Aclamemos, hermanos, a Dios, nuestro salvador, que se complace en enriquecernos con sus dones, y digámosle con fe:
Muéstranos, Señor, tu amor y danos tu paz.
Dios eterno, mil años en tu presencia son como un ayer que
pasó;
ayúdanos a recordar siempre que nuestra vida es como
una hierba que se renueva por la mañana y se seca por la tarde.
Alimenta a tu pueblo con el maná para que no perezca de
hambre
y dale el agua viva para que nunca más tenga
sed.
Que tus fieles busquen y saboreen los bienes de
arriba
y te glorifiquen también con su
descanso.
Concede, Señor, buen tiempo a las cosechas,
para que la tierra dé fruto abundante.
O bien, en lugar de la petición precedente.
Líbranos, Señor, de todo peligro
y bendice
nuestros hogares (nuestra comunidad).
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Que los difuntos puedan contemplar tu faz
y
que nosotros tengamos un día parte en su felicidad.
Confiemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre, terminando nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, tu nombre es santo y tu misericordia llega a tus fieles de generación en generación; atiende, pues, las súplicas de tu pueblo y haz que pueda cantar eternamente tus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
HIMNO
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
A la voz de tu
aliento
se estremeció la nada:
la hermosura brilló
y amaneció la
gracia.
Señor, ¿a quién iremos,
si tu voz no nos habla?
Nos hablas en las voces
de tu voz semejanza:
en los goces
pequeños
y en las angustias largas.
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
En los silencios íntimos
donde se siente el alma,
tu clara
voz creadora
despierta la nostalgia.
¿A quién iremos, Verbo,
entre tantas palabras?
Al golpe de la vida,
perdemos la esperanza;
hemos roto el
camino
y el roce de tu planta.
¿A dónde iremos, dinos,
Señor, si no nos hablas?
¡Verbo del Padre, Verbo
de todas las mañanas,
de las tardes
serenas,
de las noches cansadas!
¿A dónde iremos, Verbo,
si tú eres la Palabra? Amén.
SALMODIA
Ant.1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente
por aquel que nos ha amado.
(Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant.1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Ant. 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
II
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales,
Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
Ant. 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
V. Señor, ¿a quién vamos a ir?
R. Tú tienes palabras de
vida eterna.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30][34]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para
anunciar la Buena Nueva,
para sanar las almas.
Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus
palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bendice y que
ama.
Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para
gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del
sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus
dedos,
haz lo que quieras conmigo.
Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para
amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me
quieres para abolir las guerras
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer
temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22,20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre,
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Ant. 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Ant. 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.
Cántico
Is 12, 1-6
ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO
El que tenga
sed que venga a
mí y que beba. (Jn 7, 37)
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero
ha cesado tu ira
y me has consolado.
Él es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi
fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con
gozo
de las fuentes de la salvación.
Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su
nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es
excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la
tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de
ti
el Santo de Israel!»
Ant. 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.
Ant. 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza. +
Salmo 80
SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
Mirad que no
tenga nadie un corazón
malo e incrédulo. (Hb 3, 12)
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
+ dad vítores al Dios de
Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las
arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es
nuestra fiesta;
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre
los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me
escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la
boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus
antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus
adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría
fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel
silvestre.
Ant. 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
LECTURA BREVE Rm 14, 17-19
El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo, pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y acepto a los hombres. Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificación.
RESPONSORIO BREVE
V. Velando medito en ti, Señor.
R. Velando medito en ti,
Señor.
V. Porque fuiste mi auxilio.
R. Medito en ti,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en ti,
Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados.
PRECES
Bendigamos a Dios, nuestro Padre, que mira siempre con amor a sus hijos y nunca desatiende sus súplicas, y digámosle con humildad:
Ilumínanos, Señor.
Te damos gracias, Señor, porque nos has iluminado con la luz de
Jesucristo;
que esta claridad ilumine hoy todos nuestros
actos.
Que tu sabiduría nos dirija en nuestra
jornada;
así andaremos por sendas de vida
nueva.
Ayúdanos a superar con fortaleza las
adversidades
y haz que te sirvamos con generosidad de
espíritu.
Dirige y santifica los pensamientos, palabras y obras de nuestro
día
y danos un espíritu dócil a tus
inspiraciones.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos ahora, todos juntos, nuestra oración al Padre y digámosle: Padre nuestro.
Oración
A ti, Señor, que eres la luz verdadera y la fuente misma de toda luz, te pedimos humildemente que meditando fielmente tu palabra vivamos siempre en la claridad de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.
Salmo 118, 65-72
Has dado bienes a tu siervo,
Señor, conforme a tus
palabras;
enséñame a gustar y a comprender,
porque me fío de tus
mandatos;
antes de sufrir yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tu
promesa.
Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus leyes;
los
insolentes urden engaños contra mí,
pero, yo custodio tus leyes;
tienen,
el corazón espeso como grasa,
pero mi delicia es tu voluntad,
Me estuvo bien el sufrir,
así aprendí tus mandamientos;
más
estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y
plata.
Ant. 1: Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.
Ant. 2: En Dios confío y no temo lo que pueda hacerme un mortal.
Salmo 55, 2-7b. 9-14
CONFIANZA EN LA PALABRA DE DIOS
En este salmo
aparece Cristo
en su pasión. (S. Jerónimo)
Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan
todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en
masa.
Levántame en el día terrible,
yo confío en ti.
En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué
podrá hacerme un mortal?
Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi
daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi
vida.
Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu
odre, Dios mío.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que
eres mi Dios..
En Dios, cuya promesa alabo;
en el Señor, cuya promesa
alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?
Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción
de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la
caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la
vida.
Ant. 2: En Dios confío y no temo lo que pueda hacerme un mortal.
Ant. 3: Tu bondad, Señor, es más grande que los cielos.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo canta la pasión del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la
calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde
el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes
son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias, ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Ant. 3: Tu bondad, Señor, es más grande que los cielos.
LECTURA BREVE
Tercia Ga 5, 13-14
Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que
se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Pues
toda la ley se concentra en esta frase: amarás al prójimo como a
ti
mismo.
V. Correré, Señor, por el camino de tus mandatos.
R. Cuando me ensanches el
corazón.
Oremos:
Señor Dios, que a la hora de tercia enviaste al Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en oración, concédenos también a nosotros participar de los dones de ese mismo Espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Ga 5, 16-17
Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne desea contra, el espíritu, y el espíritu contra la carne, como que son entre sí antagónicos, de forma que no hacéis lo que quisierais.
V. Tú eres bueno, Señor, y haces el bien.
R. Instrúyeme en tus
leyes.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas, haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos siempre por tus sendas con el corazón jubiloso. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ga 5, 22. 23a.25
El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.
V. Indícame, Señor, el camino que he de seguir.
R. Tu espíritu que es bueno
me guíe por tierra llana.
Oremos:
Contempla, Señor, a tu familia en oración, y haz que imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo no decaiga nunca ante la adversidad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Cuando la luz se hace vaga
y está cayendo la tarde,
venimos a
ti, Señor,
para cantar tus bondades.
Los pájaros se despiden
piadosamente en los árboles,
y buscan
calor de nido
y blandura de plumajes.
Así vuelven fatigados
los hombres a sus hogares,
cargando sus
ilusiones
o escondiendo su maldades.
Quieren olvidar la máquina,
olvidar sus vanidades;
descansar
de tanto ruido
y morir a sus pesares.
Ya todo pide silencio,
se anuncia la noche amable:
convierte,
Padre, sus penas
en abundancia de panes.
Alivie tu mano pródiga,
tu mano buena de Padre,
el cansancio
de sus cuerpos,
sus codicias y sus males. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Salmo 71
PODER REAL DEL MESÍAS
Abriendo sus
cofres le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. (Mt 2,
11)
I
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de
reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con
rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y
quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en
edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la
tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la
luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la
tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos
muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen
tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que
se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le
sirvan.
Ant. 1: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Ant. 2: Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.
II
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía
protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de
los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa
a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el
pobre
y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de
los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del
campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él
sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas
de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace
maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la
tierra.
¡Amén, amén!
Ant. 2: Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Cántico Ap
11,17-18; 12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE 1Pe 1, 22-23
Por la obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor fraternal no fingido; amaos, pues, con intensidad y muy cordialmente unos a otros, como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor,
nada me falta.
V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor,
nada me falta.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: A los que tienen hambre de ser justos el Señor les colma de bienes.
PRECES
Elevemos a Dios nuestros corazones agradecidos porque ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales y digámosle con fe:
Bendice, Señor, a tu pueblo.
Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa
N. y a nuestro obispo
N.,
que
tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.
Protege, Señor, a nuestros pueblos y ciudades
y aleja de ellos todo mal.
Multiplica como renuevos de olivo alrededor de tu mesa hijos que se
consagren a tu reino,
siguiendo a Jesucristo en pobreza,
castidad y obediencia.
Conserva el propósito de aquellas de tus hijas que han consagrado a
ti su virginidad,
para que, en la integridad de su cuerpo
y de su espíritu, sigan al Cordero dondequiera que vaya.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Da la paz a los difuntos
y permítenos
encontrarlos nuevamente un día en tú reino.
Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos con confianza a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Al ofrecerte, Señor, nuestro sacrificio vespertino de alabanza, te pedimos humildemente que, meditando día y noche en tu palabra, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
El Señor es bueno, bendecid su nombre.
HIMNO
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus
hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la
mies!
Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se
rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.
Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus
pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.
Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus
colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué
dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
SALMODIA
Ant.1: Señor, no me castigues con cólera.
Salmo 37
ORACIÓN DE UN PECADOR EN PELIGRO DE MUERTE
Todos sus
conocidos se mantenían
a distancia. (Lc 23, 49)
I
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen
descanso mis huesos
a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis
fuerzas.
Ant. 1: Señor, no me castigues con cólera.
Ant. 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia.
II
Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi
insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino
sombrío;
tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi
carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un
león.
Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te
ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las
fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan
a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi
daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.
Ant. 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia.
Ant. 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.
III
Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la
boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios
mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi
pie, no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de
mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me
aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan
cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven
aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.
Ant. 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.
V. Mis ojos se consumen aguardando tu salvación.
R. Y tu promesa de
justicia.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30][34]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Te doy gracias, Señor.
¡Tanto estabas enojado conmigo!
Tú
eres un Dios de amor,
y ahora soy tu amigo,
te busco a cada instante y te
persigo.
Eres tú mi consuelo,
tú eres el Dios que salva y da la
vida;
eres todo el anhelo
de esta alma que va herida,
ansiándote sin
tasa ni medida.
En mi tierra desierta,
tú de la salvación eres la
fuente;
eres el agua cierta
que se vuelve torrente,
y el corazón arrasa
dulcemente.
¡Quiero escuchar tu canto!
¡Que tu Palabra abrase mi
basura
con alegría y llanto!
¡Que mi vida futura
espejo sea sin fin de
tu hermosura! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(Cf.
Ef 4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.
Ant. 2: En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.
Cántico
Ha 3, 2-4.13a.15-19
JUICIO DE DIOS
Levantaos,
alzad la cabeza, se acerca
vuestra liberación. (Lc 21,
28)
¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio
de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el
terremoto acuérdate de la misericordia.
El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su
resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo
es como el día,
su mano destella velando su poder.
Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el
mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.
Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron
mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas
al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo
que nos oprime.
Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen
fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan
cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el
establo,
yo exultaré con el Señor,
me glorificaré en Dios mi
salvador.
El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y
me hace caminar por las alturas.
Ant. 2: En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.
Ant. 3: Glorifica al Señor, Jerusalén. +
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Glorifica al Señor, Jerusalén.
LECTURA BREVE Ef 2, 13-16
Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos, judíos y gentiles, una sola cosa, derribando con su cuerpo el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear en él un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en él al odio.
RESPONSORIO BREVE
V. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por
mí.
R. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.
V. Desde el cielo me enviará la salvación.
R. El Dios que hace tanto por
mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto.
PRECES
Adoremos a Cristo, que se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha para purificar nuestras conciencias de las obras muertas, y digámosle con fe:
En tu voluntad, Señor, encontramos nuestra paz.
Tú que nos has dado la luz del nuevo día,
concédenos también caminar durante sus horas por sendas de vida
nueva.
Tú que todo lo has creado con tu poder y con tu providencia lo
conservas,
ayúdanos a descubrirte presente en todas tus
creaturas.
Tú que has sellado con tu sangre una alianza nueva y
eterna,
haz que, obedeciendo siempre tus mandatos,
permanezcamos fieles a esa alianza.
Tú que colgado en la cruz quisiste que de tu costado manara sangre
y agua,
purifica con esta agua nuestros pecados y alegra
con este manantial a la ciudad de Dios.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos, al Padre como nos enseñó Jesucristo: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios todopoderoso, te pedimos nos concedas que del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina así también las podamos cantar plenamente en la asamblea de tus santos por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Que tu bondad me consuele según tu promesa.
Salmo 118, 73-80
Tus manos me hicieron y me formaron:
instrúyeme para que aprenda
tus mandatos;
tus fieles verán con alegría
que he esperado en tu
palabra;
reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,
que con razón
me hiciste sufrir.
Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu
siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu
voluntad;
que se avergüencen los insolentes del daño que me hacen;
yo
meditaré tus decretos.
Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos;
sea
mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.
Ant. 1: Que tu bondad me consuele según tu promesa.
Ant. 2: Protégeme de mis enemigos, Dios mío.
Salmo 58, 2-6a.10-11.17-18
ORACIÓN PIDIENDO LA PROTECCIÓN DE
DIOS ANTE SUS ENEMIGOS
Estas
súplicas expresan la confianza
del Salvador ante su Padre.
(Eusebio de
Cesarea)
Líbrame de mi enemigo, Dios mío;
protégeme de mis
agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres
sanguinarios.
Mira que me están acechando,
y me acosan los poderosos:
sin
que yo haya pecado mi faltado,
Señor, sin culpa mía, avanzan para
acometerme.
Despierta, ven a mi encuentro, mira:
tú, el Señor de los
ejércitos,
el Dios de Israel.
Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, ¡oh Dios!, eres mi
alcázar.
Que tu favor se adelante, ¡oh Dios!,
y me haga ver la derrota
del enemigo.
Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu
misericordia;
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el
peligro.
Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, ¡oh Dios!, eres mi
alcázar.
Ant. 2: Protégeme de mis enemigos, Dios mío.
Ant. 3: Dichoso el hombre a quien corrige Dios, porque él hiere y venda la herida.
Salmo 59
ORACIÓN DESPUÉS DE UNA CALAMIDAD
En el mundo
tendréis luchas, pero tened valor:
Yo he vencido al mundo. (Jn
16,33)
¡Oh Dios!, nos rechazaste y rompiste muestras filas;
estabas
airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus
grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino
de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de
los arcos.
Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos
responda.
Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé
Siquém,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraím es yelmo de mi
cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi
sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»
Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a
Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras
tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es
inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros
enemigos.
Ant. 3: Dichoso el hombre a quien corrige Dios, porque él hiere y venda la herida.
LECTURA BREVE
Tercia Dt 1, 31b
Tu Dios te ha llevado, como un hombre lleva a su hijo, mientras ha durado tu camino.
V. Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.
R. Que no quede frustrada mi
esperanza.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que en la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo; ayúdanos a llorar nuestros pecados y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Sexta Ba 4, 28-29
Como os inclinasteis a apartaros de Dios, así convertidos lo buscaréis diez veces más, pues el que trajo sobre vosotros el castigo, os traerá con la redención la eterna alegría.
V. Del Señor viene la misericordia.
R. Y la redención
copiosa.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación mientras el mundo vivía sumergido en las tinieblas; concédenos que tu luz nos ilumine siempre para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Nona Sb 1,13-15
Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creo para que subsistiera; las creaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del abismo sobre la tierra, porque la justicia es inmortal.
V. Arrancó el Señor mi alma de la muerte.
R. Caminaré en presencia del
Señor en el país de la vida.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Oh Cristo, tú no tienes
la lóbrega mirada de la muerte;
tus
ojos no se cierran:
son agua limpia donde puedo verme.
Oh Cristo, tú no puedes
cicatrizar la llaga del costado:
un
corazón tras ella
noches y días me estará esperando.
Oh Cristo, tú conoces
la intimidad oculta de mi vida;
tú
sabes mis secretos:
te los voy confesando día a día.
Oh Cristo, tú aleteas
con los brazos unidos al madero;
¡oh
valor que convida
a levantarse puro sobre el suelo!
Oh Cristo, tú sonríes
cuando te hieren sordas las espinas:
si mi cabeza hierve,
haz, Señor, que te mire y te sonría.
Oh Cristo, tú que esperas
mi último beso darte ante la tumba,
también mi joven beso
descansa en ti de la incesante lucha.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant. 1: Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Ant. 2: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 120
EL GUARDIÁN DEL PUEBLO
No tendrán
hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno (Ap 7,
16)
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el
auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el
sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor
guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Ant. 2: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico
Ap 15,3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios
omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE 1Co 2, 7-10a
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria, que no conoció ninguno de los príncipes de este siglo; pues si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Pero, según está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.» Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a
Dios.
R.
Cristo murió
por nuestros pecados, para llevarnos a Dios.
V. Muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu.
R. Para llevarnos a
Dios.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros
pecados, para llevarnos a Dios.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Acuérdate, Señor, de tu misericordia como lo habías prometido a nuestros padres.
PRECES
Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y enjugaba con amor las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:
Señor ten piedad.
Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y desconsolados,
pon ahora tus ojos en los sufrimientos de los pobres.
y
consuela a los deprimidos.
Escucha los gemidos de los agonizantes
y
envíales tus ángeles para que los consuelen y conforten.
Que los emigrantes sientan el consuelo de tu amor en el destierro,
que puedan regresar a su patria
y que un día alcancen
también la patria eterna.
Que los pecadores escuchando tu voz se
conviertan,
y encuentren en tu Iglesia el perdón y la
paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Perdona las faltas de los que han muerto
y
dales la plenitud de tu salvación.
Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza: Padre Nuestro.
Oración
Dios nuestro, que con el escándalo de la cruz has manifestado de una manera admirable tu sabiduría escondida, concédenos contemplar, con tal plenitud de fe, la gloria de la pasión de tu Hijo, que encontremos siempre nuestra gloria en su cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.
HIMNO
A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi
sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del
espino.
Descansa aquí conmigo del camino,
que en Emaús hay trigo en el
granero,
hay un poco de vino y un alero
que cobije tu sueño,
Peregrino.
Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor,
enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.
Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo
latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Salmo 135
HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL
ÉXODO
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su
misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su
misericordia.
El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su
misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su
misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Ant. 2: Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
II
El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su
misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su
misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su
misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su
misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su
misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 2: Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
Ant. 3: Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.
III
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su
misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su
misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su
misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su
misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su
misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su
misericordia.
En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su
misericordia.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna
su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su
misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 3: Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.
V. Señor, enséñame tus caminos.
R. Instrúyeme en tus
sendas.
Lecturas y Oración:
[02][06][10][14][18][22][26][30][34]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Señor, yo sé que en la mañana pura
de este mundo, tu diestra
generosa
hizo la luz antes que toda cosa,
porque todo tuviera su
figura.
Yo sé que te refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la
rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos de la
altura.
Por eso te celebro yo en el frío
pensar exacto a la verdad
sujeto,
y en la ribera sin temblor del río;
por eso yo te adoro, mudo y quieto,
y por eso, Señor, el dolor
mío
para llegar hasta ti se hizo soneto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo.
(S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con
aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán
su derrota.
El justo crecerá como una palmera
se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Ant. 2: Dad gloria a nuestro Dios.
Cántico
Dt 32, 1-12
BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO
¡Cuántas
veces he querido agrupar a tus hijos
como la gallina cobija a los polluelos
bajo las alas!
(Mt 23, 37)
Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a
proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son
justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.
Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y
pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te
constituyó?
Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo
dirán:
Cuando el Altísimo daba
a cada pueblo su heredad,
y
distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su
pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.
Lo encontró en una tierra desierta
en una soledad poblada de
aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de su
ojos.
Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los
polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus
plumas.
El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con
él.
Ant. 2: Dad gloria a nuestro Dios.
Ant. 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio a
la Iglesia como cabeza, sobre todo.
( Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre las cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre los obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
LECTURA BREVE Rm 12,14-16a
Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir entre vosotros, sin apetecer grandezas; atraídos más bien por lo humilde.
RESPONSORIO BREVE
V. Te aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para
ti.
R. Te aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para
ti.
V. Mi lengua recitará tu auxilio.
R. Cuando salmodie para
ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te aclamarán mis labios,
Señor, cuando salmodie para ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Guía nuestros pasos, Dios de Israel, por el camino de la paz.
PRECES
Celebremos la sabiduría y la bondad de Cristo, que ha querido ser amado y servido en los hermanos, especialmente en los que sufren, y supliquémosle insistentemente diciendo:
Señor, acrecienta nuestro amor.
Al recordar esta mañana tu santa resurrección,
te pedimos, Señor, que extiendas los beneficios de tu
redención a todos los hombres.
Que todo el día de hoy sepamos dar buen testimonio del nombre
cristiano
y ofrezcamos nuestra jornada como un culto
espiritual agradable al Padre.
Enséñanos, Señor, a descubrir tu imagen en todos
hombres
y a saberte servir a ti en cada uno de
ellos.
Cristo, Señor nuestro, vid verdadera de la que nosotros somos
sarmientos,
haz que permanezcamos en ti y demos fruto
abundante para que con ello
sea glorificado nuestro Padre
que está en el cielo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Que nuestra voz, Señor, nuestro espíritu y toda nuestra vida sean una continua alabanza en tu honor, y ya que toda nuestra existencia es un don gratuito de tu liberalidad, haz que también cada una de nuestras acciones te esté plenamente dedicada. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán», dice el Señor.
Salmo 118, 81-88
Me consumo ansiando tu salvación,
y espero en tu palabra;
mis
ojos se consumen ansiando tus promesas,
mientras digo: ¿cuándo me
consolarás?
Estoy como un odre puesto al humo,
pero no olvido tus
leyes.
¿Cuántos serán los días de tu siervo?
¿Cuándo harás justicia de
mis perseguidores.
Me han cavado fosas los insolentes,
ignorando tu
voluntad;
todos tus mandatos son leales,
sin razón me persiguen,
protégeme.
Casi dieron conmigo en la tumba,
pero yo no abandoné tus
decretos;
por tu bondad dame vida,
para que observe los preceptos de tu
boca.
Ant. 1: «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán», dice el Señor.
Ant. 2: Tú eres, Señor, mi refugio y mi bastión contra el enemigo.
Salmo 60
ORACIÓN DE UN DESTERRADO
Oración del
justo que espera
la vida eterna. (S. Hilario)
Dios mío, escucha mi clamor,
atiende a mi súplica;
te invoco
desde el confín de la tierra
con el corazón abatido:
llévame a una roca inaccesible,
porque tú eres mi refugio
y
mi bastión contra el enemigo.
Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus
alas;
porque tú, ¡oh Dios!, escucharás mis deseos
y me darás la heredad de
los que veneran tu nombre.
Añade días a los días del rey,
que sus años alcancen varias
generaciones;
que reine siempre en presencia de Dios,
que tu gracia y tu
lealtad le hagan guardia.
Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día
tras día.
Ant. 2: Tú eres, Señor, mi refugio y mi bastión contra el enemigo.
Ant. 3: Protege mi vida, Señor, del terrible enemigo.
Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS
Este salmo se
aplica especialmente
a la pasión del Señor. (S.
Agustín)
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del
terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de
los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras
venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa
y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen:
«¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus
invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de
heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la
cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita
sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se
felicitan los rectos de corazón.
Ant. 3: Protege mi vida, Señor, del terrible enemigo.
LECTURA BREVE
Tercia Dt 8, 5b-6
El Señor, tu Dios, te ha educado como un padre educa a su hijo; para que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, sigas sus caminos y lo temas.
V. La voluntad del Señor es pura y eternamente
estable.
R. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente
justos.
Oremos:
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre en tu alabanza. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1R 2, 2b-3
Esfuérzate y sé hombre. Sé fiel al Señor tu Dios marchando por sus caminos, guardando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, como están escritos en la ley de Moisés, para que seas afortunado en cuanto hicieras y dondequiera que vayas.
V. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.
R. Porque ella es mi
gozo.
Oremos:
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Jr 6, 16
Poneos en los caminos y mirad, preguntad a las sendas antiguas: «¿Es éste el buen camino?» Caminad por él, y hallaréis reposo para vuestra alma.
V. Tus preceptos son mi herencia perpetua.
R. La alegría de mi
corazón.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por intercesión de la santísima Virgen María, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Luz mensajera de gozo,
hermosura de la tarde,
llama de la
santa gloria,
Jesús, luz de los mortales.
Te saludamos, Señor,
oh luz del mundo que traes
en tu rostro
sin pecado
pura la divina imagen.
Cuando el día se oscurece,
buscando la luz amable
nuestras
miradas te siguen
a ti, lumbre inapagable.
Salve, Cristo venturoso,
Hijo y Verbo en nuestra
carne,
brilla en tu frente el Espíritu
das el corazón del
Padre.
Es justo juntar las voces
en el descanso del viaje,
y el
himno del universo
a ti, Dios nuestro, cantarte.
Oh Cristo que glorificas
con tu vida nuestra sangre,
acepta
la sinfonía
de nuestras voces filiales. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1: De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
Ant. 2: Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2: Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre, Señor.
Ant. 3: El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla
se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: El Señor Jesús se rebajó; por eso Dios lo levantó sobre todo, por los siglos de los siglos.
LECTURA BREVE Hb 13,20-21
El Dios de la paz, que sacó de entre los muertos, por la sangre de la alianza eterna, al gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, os haga perfectos en todo bien, para hacer su voluntad, cumpliendo en vosotros lo que es grato en su presencia por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
V. Cuántas son tus obras, Señor.
R. Cuántas son tus obras,
Señor.
V. Y todas las hiciste con sabiduría.
R. Tus obras,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cuántas son tus obras,
Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [03][07][11][15][19][23][27][31]
PRECES
Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor, digámosle con fe:
Escúchanos, Señor.
Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos recibido
proceden de tu bondad; haz que no sean estériles, sino que den
fruto,
encontrando un corazón noble de nuestra
parte.
Dios nuestro, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los
que dan testimonio de ti en el mundo,
y enciende en ellos
el fuego de tu Espíritu.
Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus
hermanos,
y que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez
más humano.
A ti, que eres el médico de las almas y de los
cuerpos,
te pedimos que alivies a los enfermos y des la
paz a los agonizantes, visitándolos con tu bondad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dígnate agregar a los difuntos al número de tus
escogidos,
cuyos nombres están inscritos en el libro de la
vida.
Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la roca que nos salva. Aleluya. +
HIMNO
Primicias son del sol de su Palabra
las luces fulgurantes de
este día;
despierte el corazón, que es Dios quien llama,
y su presencia es
la que ilumina.
Jesús es el que viene y el que pasa
en Pascua permanente entre
los hombres,
resuena en cada hermano su palabra,
revive en cada vida sus
amores.
Abrid el corazón, es él quien llama
con voces apremiantes de
ternura;
venid: habla, Señor, que tu palabra
es vida y salvación de quien
la escucha.
El día del Señor, eterna Pascua,
que nuestro corazón inquieto
espera,
en ágape de amor ya nos alcanza,
solemne memorial en toda
fiesta.
Honor y gloria al Padre que nos ama,
y al Hijo que preside esta
asamblea,
cenáculo de amor le sea el alma,
su Espíritu por siempre sea en
ella. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Día tras día te bendeciré, Señor. Aleluya.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y el que era, el Santo. (Ap 16,
5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Ant.1: Día tras día te bendeciré, Señor. Aleluya.
Ant. 2: Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo. Aleluya.
II
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 2: Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo. Aleluya.
Ant. 3: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Aleluya.
III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 3: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Aleluya.
V. Hijo mío, haz caso a mis palabras.
R. Presta oído a mis
consejos.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
En los días dentro de la octava de Pascua, en las solemnidades y en las fiestas, después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno:
La oración conclusiva como en las Laudes
[03][07][11][15][19][23][27][31.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera celebración del día:
V. Señor,
abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo contrario:
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Las sombras oscuras huyen,
ya va pasando la noche;
y el sol,
con su luz de fuego,
nos disipa los temores.
Ya se apagan las estrellas
y se han encendido soles;
el rocío
cae de los cielos
en el cáliz de las flores.
Las creaturas van vistiendo
sus galas y sus colores,
porque
al nacer nuevo día
hacen nuevas las canciones.
¡Lucero, Cristo, del alba,
que paces entre
esplendores,
apacienta nuestras vidas
ya sin sombras y sin
noches!
¡Hermoso Cristo, el Cordero,
entre collados y montes!
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.
Salmo 92
GLORIA DEL DIOS CREADOR
Reina el
Señor, nuestro Dios, dueño de todo;
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
(Ap 19,6.7)
El Señor reina vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido
de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan
los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el
oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de
tu casa,
Señor, por días sin término.
Ant. 1: El Señor es admirable en el cielo. Aleluya.
Ant. 2: Tú, Señor, eres alabado y ensalzado por los siglos. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos todos
(Ap 19,5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al
Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Tú, Señor, eres alabado y ensalzado por los siglos. Aleluya.
Ant. 3: Alabad al Señor en el cielo. Aleluya. +
Salmo 148
ALABANZA DEL DIOS CREADOR
Al que se
sienta en el trono y al
Cordero la alabanza, el honor,
la gloria y el
poder por los
siglos de los siglos. (Ap 5,13)
Alabad al Señor en el cielo,
+ alabad al Señor en lo
alto.
Alabadlo todos sus ángeles,
alabadlo todos sus
ejércitos.
Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes,
y aguas que cuelgan en el
cielo.
Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y
existieron.
Les dio consistencia perpetua
y una ley que no
pasará.
Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del
mar.
Rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus
órdenes.
Montes y todas las sierras,
árboles frutales y
cedros.
Fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que
vuelan.
Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del
mundo.
Los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los
niños.
Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de
su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo
escogido.
Ant. 3: Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.
LECTURA BREVE Ez 37,12b-14
Así dice el Señor: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que yo soy el Señor: os infundiré mi espíritu y viviréis, os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo,
ten piedad de nosotros.
V. Tú que estás sentado a la derecha del Padre.
R. Ten piedad de
nosotros.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo,
ten piedad de nosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [03][07][11][15][19][23][27][31]
PRECES
Invoquemos a Dios Padre que envió al Espíritu Santo, para que con su luz santísima penetrara las almas de sus fieles, y digámosle:
Ilumina, Señor, a tu pueblo.
Te bendecimos, Señor, a ti que eres nuestra
luz,
y te pedimos que este domingo que ahora empezamos
transcurra todo él consagrado a tu alabanza.
Tú, que por la resurrección de tu Hijo quisiste iluminar el
mundo,
haz que tu Iglesia difunda entre todos los hombres
la alegría pascual.
Tú, que por el Espíritu de la verdad adoctrinaste a los discípulos
de tu Hijo,
envía este mismo Espíritu a tu Iglesia para
que permanezca siempre fiel a ti.
Tú, que eres luz para todos los hombres, acuérdate de los que viven
aún en las tinieblas
y abre los ojos de su mente para que
te reconozcan a ti, único Dios verdadero.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios; por esto nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos,
y que se ha convertido en
piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Ant. 1: En el peligro grité al Señor, y me escuchó. Aleluya.
Ant. 2: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. Aleluya.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del
Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la
muerte.
Ant. 2: La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. Aleluya.
Ant. 3: El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quién lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Este es el día en que actuó el Señor,
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 3: El Señor es Dios, él nos ilumina. Aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia Rm 8, 15-16
No habéis recibido espíritu de esclavitud, para recaer otra vez en el temor, sino que habéis recibido espíritu de adopción filial, por el que clamamos: «¡Padre!». Este mismo Espíritu se une a nosotros para testificar que somos hijos de Dios.
V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la
luz.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[03][07][11][15][19][23][27][31]
Sexta Rm 8, 22-23
La creación entera, como bien lo sabemos, va suspirando y gimiendo toda ella, hasta el momento presente, como con dolores de parto. Y no es ella sola, también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, suspiramos en nuestro interior, anhelando la redención de nuestro cuerpo.
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. El rescata tu vida de la
fosa.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[03][07][11][15][19][23][27][31]
Nona 2Tm 1, 9
Dios nos ha salvado y nos ha llamado con santa llamada, no según nuestras obras, sino según su propio propósito y su gracia, que nos dio con Cristo Jesús antes de los tiempos eternos.
V. El Señor los condujo seguros, sin alarmas.
R. Los hizo entrar por las
santas fronteras.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Santa Unidad y Trinidad beata:
con los destellos de tu brillo
eterno,
infunde amor en nuestros corazones,
mientras se va alejando el sol
de fuego.
Por la mañana te cantamos loas
y por la tarde te elevamos
ruegos,
pidiéndote que estemos algún día
entre los que te alaban en el
cielo.
Glorificados sean por los siglos
de los siglos el Padre y su
Unigénito,
y que glorificado con entrambos
sea por tiempo igual el
Paracleto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha”. Aleluya. +
Salmo 109, 1-5. 7
MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1 Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
“Siéntate a mi
derecha,
+ y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.”
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
“Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.”
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
“Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.”
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Oráculo del Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha”. Aleluya.
Ant. 2: El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. Aleluya.
Salmo 110
GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR
Grandes y
maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente. (Ap
15,3)
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos,
en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para
los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por
siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y
clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su
alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de
los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus
preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de
cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su
alianza,
su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen
juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por
siempre.
Ant. 2: El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. Aleluya.
Ant. 3: Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de
todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya ).
Ant. 3: Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.
LECTURA BREVE 1 Pe 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la
bóveda del cielo.
V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del
cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la
bóveda del cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [03][07][11][15][19][23][27][31]
PRECES
Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó el mundo, lo redimió de forma más admirable aún y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle:
Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.
Señor, tú que en el universo, obra de tus manos, nos revelas tu
poder,
haz que sepamos ver tu providencia en los
acontecimientos del mundo.
Tú, que por la victoria de tu Hijo en la cruz anunciaste la paz al
mundo,
líbranos de todo desaliento y de todo
temor.
A todos los que aman la justicia y trabajan por
conseguirla,
concédeles que cooperen con sinceridad y
concordia en la edificación de un mundo mejor.
Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos, libra a los
cautivos, da pan a los hambrientos,
y fortalece a los
débiles, para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú, que al tercer día resucitaste a tu Hijo gloriosamente del
sepulcro.
haz que nuestros hermanos difuntos lleguen
también a la plenitud de la vida.
Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Entremos a la presencia del Señor dándole gracias.
HIMNO
Dios de la tierra y del cielo,
que, por dejarlas más
claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú
que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río
sobre las tierras
de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado
no lleve
al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazlo en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágalo tu
claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu
verdad. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Salmo 49
LA VERDADERA RELIGIOSIDAD
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
I
El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de
oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene
nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo
alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:
«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un
sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a
juzgar.
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
II
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar
testimonio contra ti;
-yo, el Señor, tu Dios-
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus
holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito
de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en
mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se
agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo
llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de
cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al
Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás
gloria.»
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
III
Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te
echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los
adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el
engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu
madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te
acusaré, te lo echaré en cara.»
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin
remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que
sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
V. Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte.
R. Yo, el Señor, tu
Dios.
V. Hijo mío, haz caso a mis palabras.
R. Presta oído a mis
consejos.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Eres la luz y siembras claridades;
abres los anchos cielos que
sostienen,
como un pilar, los brazos de tu Padre.
Arrebatada en rojos torbellinos,
el alba apaga estrellas
lejanísimas;
la tierra se estremece de rocío.
Mientras la noche cede y se disuelve,
la estrella matinal, signo
de Cristo,
levanta el nuevo día y lo establece.
Eres la luz total, Día del Día,
el Uno en todo, el Trino todo en
Uno:
¡gloria a tu misteriosa teofanía! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Salmo 83
AÑORANZA DEL TEMPLO
No tenemos
aquí ciudad permanente,
sino que vamos buscando la futura.
(Hb 13,
14)
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi
alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi
carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un
nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los
ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote
siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su
peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en
oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan
de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de
Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu
Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el
umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la
gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta
intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en
ti!
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Cántico
Is 2, 2-5
EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES
Todas las
naciones vendrán y
se postrarán en tu acatamiento
(Ap 15,
4)
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del
Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos
numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios
de Jacob:
Él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus
sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del
Señor.»
Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos
numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No
alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la
guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la luz del Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
Salmo 95
EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO
Cantaban un
cántico nuevo ante el trono,
en presencia del Cordero. (Cf. Ap 14,
3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la
tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su
victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las
naciones;
porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más
temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el
Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor
están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y
el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus
atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su
presencia la tierra toda,
decid a los pueblos: “El Señor es rey,
él
afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos
rectamente.”
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo
llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del
bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la
tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
fidelidad.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
LECTURA BREVE St 2, 12-13
Hablad y actuad como quienes han de ser juzgados por una ley de libertad. Pues habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendito el Señor ahora y por siempre.
R. Bendito el Señor ahora y
por siempre.
V. Sólo él hizo maravillas.
R. Ahora y por
siempre.
V. Gloria la Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito el Señor ahora y
por siempre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Bendito sea el Señor, Dios nuestro.
PRECES
Invoquemos a Dios, que puso en el mundo a los hombres para que trabajasen concordes para su gloria, y digámosle:
Haz, Señor, que te glorifiquemos.
Te bendecimos, Señor, creador del universo, porque has conservado
nuestra vida hasta el día de hoy;
haz que en toda nuestra
jornada te alabemos y te bendigamos.
Míranos benigno, Señor, ahora que vamos a comenzar nuestra labor
cotidiana;
haz que, obrando conforme a tu voluntad,
cooperemos en tu obra.
Que nuestro trabajo de hoy sea provechoso para nuestros
hermanos,
y así todos juntos edifiquemos en mundo grato a
tus ojos.
A nosotros y a todos los que hoy entrarán en contacto con
nosotros,
concédenos el gozo y la paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Llenos de alegría por nuestra condición de hijos de Dios, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, rey de cielos y tierra, dirige y santifica en este día nuestros cuerpos y nuestros corazones, nuestros sentidos, palabras y acciones, según tu ley y tus mandatos; para que, con tu auxilio, podamos ofrecerte hoy en todas nuestras actividades un sacrificio de alabanza grato a tus ojos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Yo consulto, Señor, tus leyes, porque con ellas me diste vida.
Salmo 118, 89-96
CONTEMPLACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN LA
LEY
Os doy el
mandato nuevo:
que os améis mutuamente
como yo os he amado.
(Jn 13,
34)
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo;
tu
fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y
permanece;
por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu
servicio.
Si tu voluntad no fuera mi delicia,
ya habría perecido en mi
desgracia;
jamás olvidaré tus decretos,
pues con ellos me diste
vida;
soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus leyes.
Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus
preceptos;
he visto el límite de todo, lo perfecto:
tu mandato se dilata
sin término.
Ant. 1: Yo consulto, Señor, tus leyes, porque con ellas me diste vida.
Ant. 2: Tú, Señor, fuiste mi esperanza desde mi juventud.
Salmo 70
TÚ, SEÑOR, FUISTE MI ESPERANZA DESDE MI
JUVENTUD
Que la
esperanza os tenga alegres;
estad firmes en la tribulación.
(Rm 12,
12)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú
que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y
sálvame.
Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque
mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y
violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me
sostenías,
siempre he confiado en ti.
Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eras mi fuerte
refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el
día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas,
no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida
celebran consejo;
dicen: «Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie
lo defiende.»
Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a
socorrerme.
Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi
vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza,
los que buscan mi
daño.
Ant. 2: Tú, Señor, fuiste mi esperanza desde mi juventud.
Ant. 3: En la vejez y en las canas, no me abandones, Dios mío.
II
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi
boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Proclamaré tus
proezas, Señor mío,
narraré tu victoria, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato
tus maravillas;
ahora, en la vejez y las canas,
no me abandones, Dios
mío,
hasta que describa tu brazo
a la nueva generación,
tus
proezas y tus victorias excelsas,
las hazañas que realizaste:
Dios mío,
¿quién como tú?
Me hiciste pasar por peligros
muchos y graves:
de nuevo me
darás la vida,
me harás subir de lo hondo de la tierra;
acrecerás mi dignidad,
de nuevo me consolarás;
y yo te daré
gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel;
te aclamarán mis
labios,
Señor, mi alma, que tú redimiste;
y mi lengua todo el día
recitará tu auxilio,
porque quedaron
derrotados y afrentados
los que buscaban mi daño.
Ant. 3: En la vejez y en las canas, no me abandones, Dios mío.
LECTURA BREVE
Tercia 2Co 13, 11
Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, alentaos unos a otros, tened un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
V. Los ojos del Señor miran a los justos.
R. Sus oídos escuchan sus
gritos.
Oremos:
Padre óptimo, Dios nuestro, tú has querido que los hombres trabajemos de tal modo, que, cooperando unos con otros, alcancemos éxitos cada vez mejor logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos, sintiéndonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Rm 6, 22
Ahora, libertados del dominio del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis como fruto la santidad, y como desenlace la vida eterna.
V. Tú, Señor, vas a devolvernos la vida.
R. Para que tu pueblo se
alegre contigo.
Oremos:
Señor, tú eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores: ayúdanos a soportar el peso del día y el calor de la jornada sin, quejarnos nunca de, tus planes. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Col 1, 21-22
A vosotros, que antes estabais enajenados y enemigos en vuestra mente por las obras malas, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne mediante la muerte, presentándoos ante él como santos sin mancha y sin falta.
V. Tañed para el Señor, fieles suyos.
R. Dad gracias a su nombre
santo.
Oremos:
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en esta misma hora en que los apóstoles subían al templo para la oración de la tarde: concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos lo invocan. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Languidece, Señor, la luz del día
que alumbra la tarea de los
hombres;
mantén, Señor, mi lámpara encendida,
claridad de mis días y mis
noches.
Confío en ti, Señor, alcázar mío,
me guíen en la noche tus
estrellas,
alejas con su luz mis enemigos,
yo sé que mientras duermo no me
dejas.
Dichosos los que viven en tu casa
gozando de tu amor ya para
siempre,
dichosos los que llevan la esperanza
de llegar a tu casa para
verte.
Que sea de tu Día luz y prenda
este día en el trabajo ya
vivido,
recibe amablemente mi tarea,
protégeme en la noche del
camino.
Acoge, Padre nuestro, la alabanza
de nuestro sacrificio
vespertino,
que todo de tu amor es don y gracia
en el Hijo Señor y el
Santo Espíritu. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Salmo 122
EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos...
se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de nosotros,
Hijo de David.»
(Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos en las mano, de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su
señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su
misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estarnos saciados de
desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los
satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Ant. 2: Nuestro auxilio es nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 123
NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo
a Pablo: «No temas...
que yo estoy contigo.»
(Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga
Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos
asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira
contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta
el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas
espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus
dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de las trampa del
cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
Ant. 2: Nuestro auxilio es nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
Con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura
iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde
en alabanza suya,
por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de
su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE St 4, 11-13a
No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano, o juzga a un hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley. Y si juzgas a la ley no eres cumplidor de la ley, sino su juez. Uno es el legislador y juez: el que puede salvar o perder. Pero tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?
RESPONSORIO BREVE
V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado
contra ti.
V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra
ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, porque he pecado
contra ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Proclama mi alma la
grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.
PRECES
Cristo quiere que todos los hombres alcancen la salvación. Digámosle, pues, confiadamente:
Atrae, Señor, a todos hacia ti.
Te bendecimos, Señor, porque nos has redimido con tu preciosa
sangre de la esclavitud del pecado;
haz que participemos
en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Ayuda con tu gracia a nuestro obispo N. y a todos los obispos de
la Iglesia,
para que con gozo y fervor sirvan a tu
pueblo.
Que todos los que consagran su vida a la investigación de la verdad
logren encontrarla
y que, habiéndola encontrado, se
esfuercen por difundirla entre sus hermanos.
Atiende, Señor, a los huérfanos, a las viudas y a los que viven
abandonados;
ayúdalos en sus necesidades para que
experimenten tu solicitud hacia ellos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acoge a nuestros hermanos difuntos en la ciudad santa de la
Jerusalén celestial,
allí donde tú, con el Padre y el
Espíritu Santo, serás todo en todos.
Adoctrinados por el mismo Señor, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que con razón eres llamado luz indeficiente, ilumina nuestro espíritu en esta hora vespertina, y dígnate perdonar benignamente nuestras faltas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Al Señor, al gran Rey, venid, adorémosle.
HIMNO
Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio
salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi
Señor.»
No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el
desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el
dolor.
Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de
oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu
Dios.»
Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin
temor;
concédenos la gracia de tú Espíritu
que nos lleve al encuentro del
Señor. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Salmo 67
ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR
Subiendo a la
altura, llevó cautivos
y dio dones a los hombres. (Ef 4,
8)
I
Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,
huyen de su
presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la
cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de
Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que
avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su
presencia.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa
morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los
enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.
¡Oh Dios!, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por
el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del
Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.
Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia
copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la
tierra
que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres.
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
II
El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre
noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres
reparten el botín.
Mientras reposabais en los apriscos,
las alas de la paloma se
cubrieron de plata,
el oro destellaba en su plumaje.
Mientras el
Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte
Umbrío.»
Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son
escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte
escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?
Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al
santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de
hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una
morada.
Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es
nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos
hace escapar de la muerte.
Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los
malvados contumaces.
Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré
desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo,
y los
perros la lamerán con sus lenguas.»
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
III
Aparece tu cortejo, ¡oh Dios!,
el cortejo de mi Dios, de mi
Rey,
hacia el santuario.
Al frente marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de
arpa;
en medio las muchachas van tocando panderos.
«En el bullicio de la fiesta bendecid a Dios,
al Señor, estirpe
de Israel.»
Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con
sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de
Neftalí.
¡Oh Dios!, despliega tu poder,
tu poder, ¡oh Dios!, que actúa en
favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su
tributo.
Reprime a la Fiera del Cañaveral,
al tropel de los toros,
a
los Novillos de los pueblos.
Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones
belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a
Dios.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que
avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz
poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las
nubes.
Desde el santuario Dios impone reverencia:
es el Dios de
Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.
¡Dios sea bendito!
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
V. Voy a escuchar lo que dice el Señor.
R. Dios anuncia la paz a su
pueblo.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Gracias, Señor, por el día,
por tu mensaje de amor
que nos
das en cada flor;
por esta luz de alegría,
te doy las gracias,
Señor.
Gracias, Señor, por la espina
que encontraré en el
sendero,
donde marcho pregonero
de tu esperanza divina;
gracias, por
ser compañero.
Gracias, Señor, porque dejas
que abrase tu amor mi
ser;
porque haces aparecer
tus flores a mis abejas,
tan sedientas de
beber.
Gracias por este camino,
donde caigo y me levanto,
donde te
entrego mi canto
mientras marcho peregrino,
Señor, a tu monte
santo.
Gracias, Señor, por la luz
que ilumina mi existir;
por este
dulce dormir
que me devuelve a tu cruz.
¡Gracias, Señor, por vivir!
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
Salmo 84
NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA
Dios bendijo
a nuestra tierra
cuando le envió el
Salvador.
(Orígenes)
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte
de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus
pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu
ira.
Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra
nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en
edad?
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre
contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu
salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a
su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará
en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la
justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el
cielo;
el Señor dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus
pasos.
Ant. 1: Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
Ant. 2: Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.
Cántico
Is 26, 1-4. 7-9. 12
HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO
La muralla de
la ciudad se asienta
sobre doce piedras. (Ap 21, 14)
Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y
baluartes:
Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la
lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en
ti.
Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca
perpetua:
La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del
justo;
en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre
y tu recuerdo.
Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga
por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los
habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras
empresas
nos las realizas tú.
Ant. 2: Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.
Ant. 3: Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta salvación de
Dios ha sido enviada a los
gentiles. (Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 3: Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
LECTURA BREVE 1 Jn 4, 14-15
Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.
R. Dios mío, mi escudo y
peña en que me amparo.
V. Mi alcázar, mi libertador.
R. En que me
amparo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Dios mío, mi escudo y
peña en que me amparo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Nos ha suscitado el Señor una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus santos profetas.
PRECES
Adoremos a Cristo, que con su sangre ha adquirido el pueblo de la nueva alianza, y digámosle suplicantes:
Acuérdate, Señor, de tu pueblo.
Rey y redentor nuestro, escucha la alabanza que te dirige tu
Iglesia en el comienzo de este día,
y haz que no deje
nunca de glorificarte.
Que nunca, Señor, quedemos confundidos
los
que en ti ponemos nuestra fe y nuestra esperanza.
Mira compasivo nuestra debilidad y ven en ayuda
nuestra,
ya que sin ti nada podemos hacer.
Acuérdate de los pobres y desvalidos;
que
este día que comienza les traiga solaz y alegría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, de quien dimana la bondad y hermosura de todo lo creado; haz que comencemos este día con ánimo alegre, y que realicemos nuestras obras movidos por el amor a ti y a los hermanos. Por Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Amar es cumplir la ley entera.
Salmo 118, 97-104
¡Cuánto amo tu voluntad!
todo el día la estoy meditando;
tu
mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña;
soy más
docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus
leyes;
aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me
aparto de tus mandamientos,
porque tú :me has instruido.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la
boca!
Considero tus decretos,
y odio el camino de la mentira.
Ant. 1: Amar es cumplir la ley entera.
Ant. 2: Acuérdate, Señor, de la comunidad que adquiriste desde antiguo.
Salmo 73
LAMENTACIÓN ANTE EL TEMPLO DEVASTADO
No tengáis
miedo a los que matan
el cuerpo. (Mt 10, 28)
I
¿Por qué, ¡oh Dios!, nos tienes siempre abandonados,
y está
ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la
tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu
morada.
Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha
arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu
asamblea,
levantaron sus propios estandartes.
En la entrada superior
abatieron a hachazos el
entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las
esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la
morada de tu nombre.
Pensaban: «Acabaremos con ellos»,
e incendiaron todos
los templos del país.
Ya no vemos nuestros signos,
ni hay profeta: nadie entre
nosotros sabe hasta cuándo.
¿Hasta cuándo, Dios mío, nos va a afrentar el enemigo?
¿No
cesará de despreciar tu nombre el adversario?
¿Por qué retraes tu mano
izquierda
y tienes tu derecha escondida en el pecho?
Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre,
tú ganaste la
victoria en medio de la tierra.
Ant. 2: Acuérdate, Señor, de la comunidad que adquiriste desde antiguo.
Ant. 3: Levántate, Señor, defiende tu causa.
II
Tú hendiste con fuerza el mar,
rompiste la cabeza del dragón
marino;
tú aplastaste la cabeza del Leviatán
se la echaste en pasto a
las bestias del mar;
tú alumbraste manantiales y torrentes,
tú secaste
ríos inagotables.
Tuyo es el día, tuya la noche,
tú colocaste la luna y el
sol;
tú plantaste los linderos del orbe,
tú formaste el verano y el
invierno.
Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja,
que un pueblo
insensato desprecia tu nombre;
no entregues a los buitres la vida de tu
tórtola,
ni olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de
violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos
alaben tu nombre.
Levántate, ¡oh Dios!, defiende tu causa:
recuerda los ultrajes
continuos del insensato;
no olvides las voces de tus enemigos,
el tumulto
creciente de los rebeldes contra ti.
Ant. 3: Levántate, Señor, defiende tu causa.
LECTURA BREVE
Tercia Jr 22, 3
Haced justicia y derecho, librad al oprimido de la mano del opresor; no abuséis del forastero, del huérfano y de la viuda; no derraméis sangre inocente en este lugar.
V. El Señor juzgará el orbe con justicia.
R. Y regirá las naciones con
rectitud.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que a la hora de tercia enviaste tu Espíritu Paráclito a los apóstoles, derrama también sobre nosotros ese Espíritu de amor para que demos siempre fiel testimonio ante los hombres de aquel amor que es el distintivo de los discípulos de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Sexta Dt 15, 7-8
Si hay entre los tuyos un pobre, un hermano, en una ciudad tuya, en esa tierra tuya que va a darte el Señor, tu Dios, no endurezcas el corazón ni cierres la mano a tu hermano pobre.
V. Señor, tú escuchas los deseos de los humildes.
R. Les prestas oído y los
animas.
Oremos:
Dios nuestro, que revelaste a Pedro tu plan de salvar a todas las naciones, danos tu gracia para que todas nuestras acciones sean agradables a tus ojos y útiles a tu designio de amor y salvación universal. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Pr 22, 22-23
No robes al pobre porque es pobre, no oprimas al desgraciado en el tribunal, porque el Señor defenderá su causa y pondrá zancadillas a los que se las ponían.
V. Librará al pobre que clamaba.
R. Y salvará la vida de los
pobres.
Oremos:
Dios nuestro, que enviaste un ángel al centurión Cornelio para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a la Iglesia de tu Hijo, podamos llegar a ti. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Como el niño que no sabe dormirse
sin cogerse a la mano de su
madre,
así mi corazón viene a ponerse
sobre tus manos, al caer la
tarde.
Como el niño que sabe que alguien vela
su sueño de inocencia y
esperanza,
así descansará mi alma segura
sabiendo que eres tú quien nos
aguarda.
Tú endulzarás mi última amargura,
tú aliviarás el último
cansancio,
tú cuidarás los sueños de la noche,
tú borrarás las huellas de
mi llanto.
Tú nos darás mañana nuevamente
la antorcha de la luz y la
alegría,
y, por las horas que te traigo muertas,
tú me darás una mañana
viva. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor rodea a su pueblo.
Salmo 124
EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO
La paz de
Dios sobre Israel.
(Ga 6,16)
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla,
está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los
justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de
corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el
Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Ant. 1: El Señor rodea a su pueblo.
Ant. 2: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Salmo 130
COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN LOS BRAZOS DE
DIOS
Aprended de
mí que soy manso
y humilde de corazón.
(Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis
deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Ant. 2: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE Rm 12, 9-12
Que vuestra caridad sea sincera. Aborreced el mal y aplicaos al bien. En punto a caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros. En cuanto a la mutua estima, tened por más dignos a los demás. Nada de pereza en vuestro celo, sirviendo con fervor de espíritu al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
RESPONSORIO BREVE
V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el
cielo.
R.
Tu palabra,
Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Más estable que el
cielo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu palabra, Señor, es
eterna, más estable que el cielo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
PRECES
Invoquemos a Dios, esperanza de su pueblo, diciendo:
Escúchanos, Señor.
Te damos gracias, Señor, porque hemos sido enriquecidos en todo por
Cristo, tu Hijo;
haz que por él crezcamos en todo
conocimiento.
En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que
gobiernan;
dales, pues, acierto en sus decisiones para que
te sean gratos en su pensar y obrar.
Tú, que a los artistas concedes inspiración para plasmar la belleza
que de ti procede,
haz que con sus obras aumente el gozo y
la esperanza de los hombres.
Tú, que no permites que seamos tentados por encima de nuestras
fuerzas,
da fortaleza a los débiles, levanta a los
caídos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú, que nos has prometido la resurrección en el último
día,
no te olvides de tus hijos que ya han dejado el
cuerpo mortal.
Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común: Padre nuestro.
Oración
Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Adoremos a Dios, porque él nos ha creado.
HIMNO
Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra
deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de
los cielos.
Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres
ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara
nuestras fuerzas;
en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo
eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del
cielo juntamente.
Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo,
nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu
nombre por los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Salmo 88, 2-38
HIMNO AL DIOS FIEL A LAS PROMESAS HECHAS A
DAVID
Según lo
prometido, Dios sacó de la descendencia
de David un Salvador, Jesús.
(Hch 13, 22-23)
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu
fidelidad por todas las edades.
Pues dijiste: «Cimentado está por siempre mi
amor,
asentada más que el cielo mi lealtad.»
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi
siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las
edades.»
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la
asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién
como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y
terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El
poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del
oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató
al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y
cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón
aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu
derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad
te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, ¡oh Señor!, a la
luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su
orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas
nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel
nuestro rey.
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
II
Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a
un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.»
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo
sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga
valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante
él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre
crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta
el Gran Río.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca
salvadora»
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la
tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será
estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el
cielo.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
III
Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis
mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis
mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus
culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no
violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con
David:
«Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi
presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme
que el cielo.»
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
V. La explicación de tus palabras ilumina.
R. Da inteligencia los
ignorantes.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
¡Detente, aurora de este nuevo día,
refleja en mis pupilas tu
paisaje!
Mensajera de amor, es tu equipaje
la hermosura hecha luz y
profecía.
¡Detente, aurora, dulce epifanía,
rostro de Dios, qué bello es
tu mensaje!
Queme tu amor mi amor que va de viaje
en lucha, y en trabajo y
alegría.
Avanzamos, corremos fatigados,
mañana tras mañana
enfebrecidos
por la carga de todos los pecados.
Arrópanos, Señor, con la esperanza;
endereza, Señor, los pies
perdidos,
y recibe esta aurora de alabanza. Amén
SALMODIA
Ant. 1: Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES
Bendito sea
Dios, que nos consuela
en todas nuestras luchas (2Co
1,3.4)
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que
confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando
todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia
ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración
atiende a la voz de mi
súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes
igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia,
Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios.»
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén
mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre
por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del
abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de
insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la
cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una
señal propicia,
la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú,
Señor, me ayudas y consuelas.
Ant. 1: Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Ant. 2: Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Cántico
Is 33, 13-16
DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA
La promesa
vale para vosotros y para vuestros hijos
y para todos los que llame el Señor
Dios nuestro,
aunque estén lejos. (Hch 2, 39)
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced
mi fuerza.
Temen en Sión los pecadores,
y un temblor se apodera de los
perversos:
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de
nosotros habitará una hoguera perpetua?»
El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el
lucro de la opresión;
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa
su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la
maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho
rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.
Ant. 2: Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Ant. 3: Aclamad al Rey y Señor.
Salmo 97
EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR
Este salmo
canta la primera venida del Señor
y la conversión de los paganos. (S.
Atanasio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho
maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su
justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa
de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro
Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con
clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la
habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para
regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
rectitud.
Ant. 3: Aclamad al Rey y Señor.
LECTURA BREVE Jb 1, 21; 2, 10b
Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?
RESPONSORIO BREVE
V. Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
R. Inclina, Señor, mi corazón
a tus preceptos.
V. Dame vida con tu palabra.
R. Inclina, Señor, mi corazón
a tus preceptos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Inclina, Señor, mi corazón
a tus preceptos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Realiza, Señor, con nosotros la misericordia y recuerda tu santa alianza.
PRECES
Invoquemos a Cristo, que se entregó a sí mismo por la Iglesia, y le da alimento y calor, diciendo:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Bendito seas, Señor, Pastor de la Iglesia, que nos vuelves a dar
hoy la luz y la vida;
haz que sepamos agradecerte este
magnífico don.
Mira con amor a tu grey, que has congregado en tu
nombre:
haz que no se pierda ni uno solo de los que el
Padre te ha dado.
Guía a tu Iglesia por el camino de tus
mandatos,
y haz que el Espíritu Santo la conserve en la
fidelidad.
Que tus fieles, Señor, cobren nueva vida participando en la mesa de
tu pan y de tu palabra,
para que, con la fuerza de este
alimento, te sigan con alegría.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que nos has creado con tu sabiduría y nos gobiernas con tu providencia, infunde en nuestras almas la claridad de tu luz, y haz que nuestra vida y nuestras acciones estén del todo consagradas a ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: «El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida», dice el Señor.
Salmo 118, 105-112
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo
juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan
afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus.
mandatos;
mi vida está stá siempre en peligro,
pero no olvido tu
voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié dé tus
decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi
corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Ant. 1: «El que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida», dice el Señor.
Ant. 2: Yo soy pobre y desdichado: Dios mío, socórreme.
Salmo 69
DIOS MÍO, VEN EN MI AUXILIO
¡Señor,
sálvanos, que perecemos!
(Mt 8, 25)
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a
muerte;,
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se
retiren avergonzados,
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan
siempre: «Dios es grande»
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desdichado.
Dios mío, socórreme,
que tú eres
mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!
Ant. 2: Yo soy pobre y desdichado: Dios mío, socórreme.
Ant. 3: No juzgará por apariencias, sino con justicia y equidad.
Salmo 74
EL SEÑOR, JUEZ SUPREMO
Derriba del
trono a los poderosos y
enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Te damos gracias, ¡oh Dios!, te damos gracias,
invocando tu
nombre, pregonando tus maravillas.
«Cuando elija la ocasión,
yo juzgaré rectamente.
Aunque
tiemble la tierra con sus habitantes,
yo he afianzado sus
columnas.»
Digo a los jactanciosos; no os jactéis;
a los malvados: no
alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no digáis
insolencias contra la Roca.
La justicia no vendrá
ni del oriente ni del occidente,
ni del
desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno humilla a otro
ensalza.
El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso lleno de vino
drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados de la
tierra.
Y yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré para el Dios de
Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el poder del
justo.
Ant. 3: No juzgará por apariencias, sino con justicia y equidad.
LECTURA BREVE
Tercia 1Co 13, 4-7
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin. límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
V. Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan.
R. Y digan: «Grande es el
Señor»
los que desean tu salvación.
Oremos:
Señor; Padre santo, Dios fiel, tú que enviaste el Espíritu Santo prometido para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado: ayúdanos a ser, en medio de nuestros hermanos, fermento de unidad y de paz. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1Co 13, 8-9.13
El amor no pasa nunca. El don de predicar se acabará. El don de lenguas enmudecerá. El saber se acabará. Mi conocer es por ahora inmaduro; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: éstas tres. La más grande es el amor.
V. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de
ti.
Oremos:
Dios todopoderoso y lleno de amor, que a la mitad de nuestra jornada concedes un descanso a nuestra fatiga, contempla complacido el trabajo empezado, remedia nuestras deficiencias, y haz que nuestras obras te sean agradables. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Col 3,14-15
Por encima de todo, procurad el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
V. Los sufridos poseen la tierra.
R. Y disfrutan de paz
abundante.
Oremos:
Señor Jesucristo, que por la salvación de los hombres extendiste tus brazos en la cruz: haz que todas nuestras acciones te sean agradables y, sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su
jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo
vengo.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día
acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz,
mirarte puedo.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso
del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti
yo quiero.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu
esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto
espero.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan
amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu
encuentro. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 1: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Ant. 2: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde de la ciudad.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde de la ciudad.
Ant. 3: Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él
fueron creadas todas las
cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él
quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE Ef 3, 20-21
A aquel que tiene sumo poder para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten
misericordia de mí,
V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de
mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten
misericordia de mí.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
PRECES
Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:
Que tu pueblo, Señor, te alabe.
Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias
para la salvación;
haz que sepamos corresponder y así
logremos la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en
la verdad
y vivan unidos por la caridad.
Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso
trabajar con sus propias manos:
acuérdate de los
trabajadores que ganan el pan el sudor de su rostro.
Acuérdate también de todos los que viven entregados servicio de los
demás:
que no se dejen vencer por el desaliento ante la
incomprensión de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
y
líbralos del poder del Maligno.
Llenos de fe invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y vivamos confiados en tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
HIMNO
Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del
Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su
amor.
Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de
verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su
amor.
La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del
amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran
don.
Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con
Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su
sol.
Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo
intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran
amor. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Salmo 88, 39-53
LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE
DAVID
Nos ha
suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David. (Lc 1,
69)
IV
Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y
desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el
suelo su corona;
has derribado sus murallas
v derrocado sus fortalezas;
todo
viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;
has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a
sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has
confortado en la pelea;
has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has
acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
V
¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido
y arderá como un fuego
tu cólera?
Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has
creado a los humanos.
¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién sustraerá su vida a la
garra del abismo?
¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu
fidelidad juraste a David?
Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que
aguantar de las naciones,
de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo
afrentan las huellas de tu Ungido.
Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la
luz.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Señor, cuando florece un nuevo día
en el jardín del
tiempo,
no dejes que la espiga del pecado
vierta en él su
veneno.
El trabajo del hombre rompe el surco
en el campo moreno;
en
frutos de bondad y de justicia
convierte sus deseos.
Alivia sus dolores con la hartura
de tu propio alimento;
y
que vuelvan al fuego de tu casa
cansados y contentos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86
HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS
PUEBLOS
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre.
(Ga 4, 26)
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las
puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a
Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han
nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el
Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha
nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en
ti.»
Ant. 1: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Ant. 2: El Señor llega con poder y su recompensa lo precede.
Cántico
Is 40, 10-17
EL BUEN PASTOR ES EL DIOS
ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO
Mira, llego
en seguida y traigo
conmigo mi salario. (Ap 22, 12)
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo
manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo
precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo
reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las
madres.
¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el
cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?
¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las
colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su
proyecto?
¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el
camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método
inteligente?
Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el
polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no
basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.
En su presencia, las naciones todas,
como si no
existieran,
son ante él como nada y vacío.
Ant. 2: El Señor llega con poder y su recompensa lo precede.
Ant. 3: Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.
Salmo 98
SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS
Tú, Señor,
que estás sentado sobre querubines,
restauraste el mundo caído, cuando te
hiciste
semejante a nosotros. (S. Atanasio)
El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines,
vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los
pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.
Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la
rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en
Jacob.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante el estrado de sus
pies:
Él es santo.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su
nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la
columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
Señor Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un
Dios de perdón
y un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte
santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Ant. 3: Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.
LECTURA BREVE 1Pe 4, 10-11
Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que toma la palabra que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, Señor nuestro, cuya es la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
R. Te invoco de todo corazón,
respóndeme, Señor.
V. Guardaré tus leyes.
R. Respóndeme,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te invoco de todo corazón,
respóndeme, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.
PRECES
Demos gracias al Señor, que guía y alimenta con amor a su pueblo, y digámosle:
Te glorificamos por siempre, Señor.
Señor, rey del universo, te alabamos por el amor que nos
tienes,
porque de manera admirable nos creaste y más
admirablemente aún nos redimiste.
Al comenzar este nuevo día, pon en nuestros corazones el anhelo de
servirte,
para que te glorifiquemos en todos nuestros
pensamientos y acciones.
Purifica nuestros corazones de todo mal
deseo,
y haz que estemos siempre atentos a tu
voluntad.
Danos un corazón abierto a las necesidades de nuestros
hermanos,
para que a nadie falte la ayuda de nuestro
amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tiniebla y en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha visitado el sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.
Salmo 118, 113-120
Detesto a los inconstantes
y amo tu voluntad;
tú eres mi
refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí los
perversos,
y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sostenme con tu promesa y viviré,
que no quede frustrada mi
esperanza;
dame apoyo y estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin
cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son
engaño.
Tienes por escoria a los malvados,
por eso amo tus
preceptos;
mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus
mandamientos.
Ant. 1: Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré.
Ant. 2: Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Salmo 78, 1-5. 8-11.13
LAMENTACIÓN ANTE LA DESTRUCCIÓN DE
JERUSALÉN
¡Si al menos
tú comprendieras
en este día lo que conduce a la paz!
(Lc 19,
42)
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado
tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del
cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra,
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie
la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla
de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Va a
arder como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros
padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos
agotados.
Socórrenos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu
nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu
nombre.
¿Por qué han de decir los gentiles:.
«Dónde está su
Dios»?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre
de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo
poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te
daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas
de generación en
generación.
Ant. 2: Socórrenos, Dios salvador nuestro, y perdona nuestros pecados.
Ant. 3: Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Ant. 3: Dios de los ejércitos, mira desde el cielo y ven a visitar tu viña.
LECTURA BREVE
Tercia Sb 19, 20b
En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y lo glorificaste, y no te desdeñaste de asistirlo en todo tiempo y en todo lugar.
V. Tú, oh Dios, haciendo maravillas.
R. Mostraste tu poder a los
pueblos.
Oremos:
Señor Dios, que a la hora de tercia enviaste al Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en oración, concédenos también a nosotros participar de los dones de ese mismo Espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Dt 4, 7
¿Cuál de las naciones grandes tiene unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
V. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
R. Y escucha sus
gritos.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas, haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos siempre por tus sendas con el corazón jubiloso. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Est 10, 9
Mi pueblo es Israel, que clamó a Dios y fue salvado. Salvó el Señor a su pueblo y nos liberó de todos estos males; obró Dios grandes señales y prodigios como nunca los hubo en los demás pueblos.
V. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.
R. Y fuiste mi
salvación.
Oremos:
Contempla, Señor, a tu familia en oración, y haz que imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo no decaiga nunca ante la adversidad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Enfría, Señor, mi boca;
Señor, reduce mi brasa;
dame, como te
lo pido,
concordia de cuerpo y alma.
Frente al perverso oleaje,
ponme costado de gracia;
dame,
como te demando,
concordia de cuerpo y alma.
Señor, mitiga mi angustia;
remite, Señor, mi ansia;
dame,
como te la clamo,
concordia de cuerpo y alma.
No dejes que los sentidos
me rindan en la batalla;
Señor,
Señor, no me niegues
concordia de cuerpo y alma. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.
Salmo 131
PROMESAS A LA CASA DE DAVID
El Señor Dios
le dará el trono
de David, su Padre. (Lc 1, 32)
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al
Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi
descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que
encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de
Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de
Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus
pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu
poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te
aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Ant. 1: Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.
Ant. 2: El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les
enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre, tu trono
»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en
ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la
deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de
pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con
vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi
Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi
diadema.»
Ant. 2: El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap
11,17-18;12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te darnos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE 1Pe 3, 8-9
Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque vuestra vocación mira a esto: a heredar una bendición.
RESPONSORIO BREVE
V. Nos alimentó el Señor con flor de harina.
R. Nos alimentó el Señor con
flor de harina.
V. Nos sació con miel silvestre.
R. Con flor de
harina.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nos alimentó el Señor con
flor de harina.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
PRECES
Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:
Señor, refugio nuestro, escúchanos.
Bendito seas, Señor, que nos has llamado a tu santa
Iglesia;
haz que seamos fieles a esta dignación de tu
amor.
Tú que has encomendado al papa N. la preocupación por todas
las Iglesias,
concédele una fe inquebrantable, una
esperanza viva y una caridad solícita.
Da a los pecadores la conversión, a los que caen,
fortaleza,
y concede a todos la penitencia y la
salvación.
Tú que permitiste que tu Hijo habitara en un país
extranjero,
acuérdate de los que viven lejos de su familia
y de su patria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
A todos los difuntos que esperaron en ti,
concédeles el descanso eterno.
Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos con plena confianza a Dios nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, en él hayamos cometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
HIMNO
Delante de tus ojos
ya no enrojecemos
a causa del
antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón
soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de los pueblos
nos guardas como un resto,
para
cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los
cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del
oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del
regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor,
que es justo,
revoca sus decretos:
la salvación se anuncia
donde acechó
el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68, 2-22. 30-37
LAMENTACIÓN Y PLEGARIA DE UN FIEL
DESOLADO
Le dieron a
beber vino
mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
I
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy
hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la
hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me
nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin
razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es
que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis
delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti,
Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de
Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi
rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos
de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque
te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de
saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me
cantan burlas.
Ant.1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
II
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu
favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me
ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me
aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el
torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran
compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en
peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás
viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me
acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero
compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me
echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
III
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me
levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con
acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo
con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus
cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en
ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y
las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que
aman su nombre vivirán en ella.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
V. El Señor nos instruirá en sus caminos.
R. Y marcharemos por sus
sendas.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Creador sempiterno de las cosas,
que gobiernas las noches y los
días,
y, alternando la luz y las tinieblas,
alivias el cansancio de la
vida.
Pon tus ojos, Señor en quien vacila,
que a todos corrija tu
mirada:
con ella sostendrás a quien tropieza
y harás que pague su delito
en lágrimas.
Alumbra con tu luz nuestros sentidos,
desvanece el sopor de
nuestras mentes,
y sé el primero a quien, agradecidas,
se eleven nuestras
voces cuando suenen.
Glorificado sea el Padre eterno,
así como su Hijo
Jesucristo,
y así como el Espíritu Paráclito,
ahora y por los siglos de
los siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición
humana. (cf. Ef.
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Cántico Jer 14,17-21
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO
EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE
GUERRA
Está cerca el
reino de Dios.
Convertíos y creed la Buena Noticia.
(Mc 1,
15)
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por
la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes
dolores.
Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin
sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta
de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay
bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.
Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros
padres,
porque pecamos contra ti.
No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono
glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar
un canto de victoria.
(S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
LECTURA BREVE 2Co 12, 9b-10
Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
RESPONSORIO BREVE
V. En la mañana hazme escuchar tu gracia.
R. En la mañana hazme
escuchar tu gracia.
V. Indícame el camino que he de seguir.
R. Hazme escuchar tu
gracia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la mañana hazme
escuchar tu gracia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Señor ha visitado y redimido a su pueblo.
PRECES
Invoquemos a Cristo, que nació, murió y resucitó por su pueblo, diciendo:
Salva, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.
Te bendecimos, Señor, a ti que por nosotros aceptaste el suplicio
de la cruz:
mira con bondad a tu familia santa, redimida
con tu sangre.
Tú que prometiste a los que en ti creyeran que manarían de su
interior torrentes de agua viva,
derrama tu Espíritu sobre
todos los hombres.
Tú que enviaste a los discípulos a predicar el
Evangelio,
haz que los cristianos anuncien tu palabra con
fidelidad.
A los enfermos y a todos los que has asociado a los sufrimientos de
tu pasión,
concédeles fortaleza y paciencia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Ilumina, Señor, nuestros corazones y fortalece nuestras voluntades, para que sigamos siempre el camino de tus mandatos, reconociéndote como nuestro guía y maestro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Bendición
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Lo vimos sin aspecto atrayente, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos.
Salmo 21
EL SIERVO DE DIOS SUFRIENTE ORA Y DIOS LE
RESPONDE
A media
tarde, Jesús gritó:
«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
(Mt 27,
46)
I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis
gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me
haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de
Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a
salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y no los
defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente,
desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la
cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo
quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los
pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre
materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y
nadie me socorre.
Ant. 1: Lo vimos sin aspecto atrayente, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos.
Ant. 2: Se repartieron la ropa de Jesús, echándola a suerte.
II
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de
Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y
rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi
corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al
paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis
huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a
suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme.
Líbrame a mí, de la espada,
y a mi única vida, de la garra del
mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre, de los cuernos del
búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
Ant. 2: Se repartieron la ropa de Jesús, echándola a suerte.
Ant. 3: En su presencia se postrarán las familias de los pueblos.
III
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob,
glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.
Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre
desgraciado;
no le ha escondido su rostro:
cuando pidió auxilio, lo
escuchó.
Él es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos
delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al
Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del
orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante
él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan
al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del
Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de
nacer;
todo lo que hizo el Señor.
Ant. 3: En su presencia se postrarán las familias de los pueblos.
LECTURA BREVE
Tercia Rm 1, 16b-17
El Evangelio es poder de Dios para salvación de todo el que crea. Pues la justicia de Dios se revela en él de fe a fe, según está escrito: «El justo vivirá. de la fe.»
V. Con Dios se alegra nuestro corazón.
R. En su santo nombre
confiamos.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que en la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo; ayúdanos a llorar nuestros pecados y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Sexta Rm 3, 21-22a
Ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, recibiendo testimonio de la ley y de los profetas; justicia de Dios por la fe en Jesucristo para todos los que creen en él.
V. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el
corazón.
R. La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación mientras el mundo vivía sumergido en las tinieblas; concédenos que tu luz nos ilumine siempre para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Nona Ef 2, 8-9
Estáis salvados por la gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
V. Conozca la tierra, Señor, tus caminos.
R. Todos los pueblos tu
salvación.
Oremos:
Señor Jesucristo, tu que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Yo he sentido, Señor, tu voz amante,
en el misterio de las
noches bellas,
y en el suave temblor de las estrellas
la armonía gocé de
tu semblante.
No me llegó tu acento amenazante
entre el fragor de trueno y de
centellas;
al ánima llamaron tus querellas
como el tenue vagido de un
infante.
¿Por qué no obedecí cuando te oía?
¿Quién me hizo abandonar tu
franca vía
y hundirme en las tinieblas del vacío?
Haz, mi dulce Señor, que en la serena
noche vuelva a escuchar tu
cantilena;
¡ya no seré cobarde, Padre mío! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.
Salmo 134
HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1Pe 2,
9)
I
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra
el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 1: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.
Ant. 2: Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.
II
Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en
edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus
siervos.
Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos
humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo
mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al
Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al
Señor.
Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.
Ant. 2: Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios
omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE St 1, 24
Hermanos míos, si estáis sometidos a tentaciones diversas, consideradlo como una alegría, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce constancia. Pero haced que la constancia dé un resultado perfecto, para que seáis perfectos e íntegros, sin defectos en nada.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su
sangre.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su
sangre.
V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre
suyo.
R. Por la virtud de su sangre.
V. Gloria al Padre, v al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha
absuelto por la virtud de su sangre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.
PRECES
Invoquemos al Hijo de Dios, a quien el Padre entregó por nuestras faltas y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo:
Señor, ten piedad.
Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que
se confiesen culpables
y en tu bondad otórganos el perdón
y la paz.
Tú, que por medio del Apóstol nos has enseñado que donde se
multiplicó el pecado sobreabundó mucho más la gracia,
perdona con largueza nuestros muchos pecados.
Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia
infinita;
vuélvete a nosotros para que podamos
convertirnos a ti.
Salva a tu pueblo de sus pecados, Señor,
y sé
benévolo con nosotros.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú, que abriste las puertas del paraíso al buen
ladrón,
ábrelas también para nuestros hermanos
difuntos.
Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor, Padre santo, que quisiste que tu Hijo fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en los padecimientos de Cristo, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.
HIMNO
Señor, tu que llamaste
del fondo del no ser todos los
seres,
prodigios del cincel de tu palabra,
imágenes de ti
resplandecientes;
Señor, tú que creaste
la bella nave azul en que navegan
los
hijos de los hombres, entre espacios
repletos de misterio y luz de
estrellas;
Señor, tú que nos diste
la inmensa dignidad de ser tus
hijos,
no dejes que el pecado y que la muerte
destruyan en el hombre el
ser divino.
Señor, tú que salvaste
al hombre de caer en el
vacío,
recréanos de nuevo en tu Palabra
y llámanos de nuevo al
paraíso.
Oh Padre, tú que enviaste
al mundo de los hombres a tu
Hijo,
no dejes que se apague en nuestras almas
la luz esplendorosa de tu
Espíritu. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Salmo 106
ACCIÓN DE GRACIAS: DIOS SALVA A SU PUEBLO DE LAS
CRISIS POR LAS QUE PASA A TRAVÉS DE LA HISTORIA
Envió su
palabra a los israelitas, anunciando la paz
que traería Jesucristo.
(Hch 10, 36)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató
de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur,
oriente y occidente.
Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de
ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la
vida;
pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad
habitada.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que
hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos
los colmó de bienes.
Yacían en oscuridad y tinieblas,
cautivos de hierros y
miserias;
por haberse rebelado contra los mandamientos,
despreciando el
plan del Altísimo.
Él humilló su corazón con trabajos,
sucumbían y nadie los
socorría.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Los sacó de las sombrías tinieblas,
arrancó sus cadenas.
Den
gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los
hombres.
Destrozó las puertas de bronce,
quebró los cerrojos de
hierro.
Estaban enfermos, por sus maldades,
por sus culpas eran
afligidos;
aborrecían todos los manjares,
y ya tocaban las puertas de la
muerte.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Envió su palabra, para curarlos,
para salvarlos de la
perdición.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas
que hace con los hombres.
Ofrézcanle sacrificios de alabanza,
y cuenten
con entusiasmo sus acciones.
Ant.1: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Ant. 2: Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
II
Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas
inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el
océano.
Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a
lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
su vida se marchitaba por el
mareo,
rodaban, se tambaleaban como ebrios,
y no les valía su
pericia.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del
mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado
puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que
hace con los hombres.
Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de
los ancianos.
Ant. 2: Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
Ant. 3: Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
III
El transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en
aridez;
la tierra fértil en marismas,
por la depravación de sus
habitantes.
Transforma el desierto en estanques,
el erial en manantiales de
agua.
Coloca allí a los hambrientos,
y fundan una ciudad para
habitar.
Siembran campos, plantan huertos,
recogen cosechas.
Los
bendice, y se multiplican,
y no les escatima el ganado.
Si menguan, abatidos por el peso
de infortunios y
desgracias,
el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes
y los
descarría por una soledad sin caminos
levanta a los pobres de la miseria
y
multiplica sus familias como rebaños.
Los rectos lo ven y se alegran,
a la maldad se le tapa la
boca.
El que sea sabio, que recoja estos hechos
y comprenda la
misericordia del Señor.
Ant. 3: Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
V. Tu fidelidad, Señor, llega hasta las nubes.
R. Tus sentencias son como
el océano inmenso.
Lecturas y Oración:
[03][07][11][15][19][23][27][31]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Cantemos al Señor con indecible gozo,
él guarde la esperanza de
nuestro corazón,
dejemos la inquietud posar entre sus manos,
abramos
nuestro espíritu a su infinito amor.
Dichoso será aquel que siempre en él confía
en horas angustiosas
de lucha y de aflicción,
confiad en el Señor si andáis
atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.
Los justos saben bien que Dios siempre nos ama,
en penas y
alegrías su paz fue su bastión,
la fuerza del Señor fue gloria en sus
batallas,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.
Envíanos, Señor, tu luz esplendorosa
si el alma se acongoja en
noche y turbación,
qué luz, qué dulce paz en Dios el hombre
encuentra;
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.
Recibe, Padre santo, el ruego y la alabanza,
que a ti, por
Jesucristo y por el Consolador,
dirige en comunión tu amada y santa
Iglesia;
abramos nuestro espíritu a su infinito amor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la
aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables.
Ant. 2: Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.
Ant. 2: Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos.
Ant. 3: La fidelidad del Señor dura por siempre.
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a Dios
por su misericordia. (Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: La fidelidad del Señor dura por siempre.
LECTURA BREVE FIp 2, 14-15
Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación mala y perversa, entre la cual aparecéis como antorchas en el mundo.
RESPONSORIO BREVE
V. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio.
R. A ti grito, Señor, tú
eres mi refugio.
V. Mi heredad en el país de la vida.
R. Tú eres mi
refugio.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti grito, Señor, tú
eres mi refugio.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.
PRECES
Invoquemos a Dios por intercesión de María, a quien el Señor colocó por encima de todas las creaturas celestiales y terrenas, diciendo:
Contempla, Señor, a la Madre de tu Hijo y escúchanos.
Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María
como madre y ejemplo;
santifícanos por su
intercesión.
Tú que hiciste que María meditara tus palabras, guardándolas en su
corazón, y fuera siempre fidelísima hija tuya,
por su
intercesión haz que también nosotros seamos de verdad hijos tuyos y discípulos
de tu Hijo.
Tú que quisiste que María concibiera por obra del Espíritu
Santo,
por intercesión de María otórganos los frutos de
este mismo Espíritu.
Tú que diste fuerza a María para permanecer junto a la cruz y la
llenaste de alegría con la resurrección de tu Hijo,
por
intercesión de María confórtanos en la tribulación y reanima nuestra
esperanza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios misericordioso, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dure nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos constantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Da fianza, Señor, en favor de tu siervo.
Salmo 118, 121-128
Practico la justicia y el derecho,
no me entregues a mis
opresores;
da fianza en favor de tu siervo,
que no me opriman los
insolentes;
mis ojos se consumen aguardando
tu salvación y tu promesa de
justicia.
Trata con misericordia a tu siervo,
enséñame tus leyes;
yo
soy tu siervo: dame inteligencia,
y conoceré tus preceptos;
es hora de que
actúes, Señor:
han quebrantado tu voluntad.
Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio
tus decretos
y detesto el camino de la mentira.
Ant. 1: Da fianza, Señor, en favor de tu siervo.
Ant. 2: Contemplad al Señor y quedaréis radiantes.
Salmo 33
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
Habéis
saboreado lo bueno que es
el Señor. (1Pe 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de
sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
Ant. 2: Contemplad al Señor y quedaréis radiantes.
Ant. 3: El Señor está cerca de los atribulados.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán
castigados:
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Ant. 3: El Señor está cerca de los atribulados.
LECTURA BREVE
Tercia 1S 15,22
¿Acaso se complace el Señor en los holocaustos y sacrificios, como en la obediencia a la palabra del Señor? Mejor es obedecer que sacrificar; mejor la docilidad que la grasa de los carneros.
V. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra.
R. Al que sigue buen
camino
le haré ver la salvación de Dios.
Oremos:
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre en tu alabanza. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Ga 5, 26; 6, 2
No busquemos la vanagloria, provocándonos y teniéndonos envidia mutuamente. Ayudaos a llevar mutuamente vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo.
V. Ved qué paz y qué alegría, convivir los hermanos
unidos.
R. Allí manda el Señor la bendición.
Oremos:
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Mi 6, 8
Se te ha dado a conocer, oh hombre, lo que es bueno, lo que Dios desea de ti: simplemente que practiques la justicia, que ames la misericordia, y que camines humildemente con tu Dios.
V. Mi alegría es el camino de tus preceptos.
R. Señor, no olvidaré tus
palabras.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por intercesión de la santísima Virgen María, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él
hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin
pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.
Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio
con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la
conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.
Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que
hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de
la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Desead la paz a Jerusalén.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1: Desead la paz a Jerusalén.
Ant. 2: Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a
su pueblo de
los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2: Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.
Ant. 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
Cántico
Flp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se
doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
LECTURA BREVE 2Pe 1, 19-20
Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del
Señor.
R.
De la salida
del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. De la salida del sol hasta
su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [04][08][12][16][20][24][28][32]
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:
Míranos y escúchanos, Señor.
Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos
purificaste con tu sangre
no permitas que olvidemos nunca
tus beneficios
Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu
Evangelio
sean siempre fieles y celosos dispensadores de
los misterios del reino.
Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que
gobiernan las naciones
para que cuiden con interés de los
pobres y postergados.
Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por
causa de su raza, color, condición social, lengua o
religión
y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten
sus derechos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu
felicidad
con María y con todos tus santos.
Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios: por eso nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, bendice a tu Dios. Aleluya.
HIMNO
Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del
amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el
Señor.
Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es
libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última
verdad.
Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su
final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él
está.
Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y
vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del
Señor, que os salvará.
Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su
Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón.
Amén.
SALMODIA
Ant.1: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren ante Cristo
que como hombre sube al cielo. (S.
Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los
ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en
los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición
del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas
antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas
antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
El es el Rey de la gloria.
Ant.1: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Ant. 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.
Salmo 65
HIMNO PARA UN SACRIFICO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Este salmo
habla de la resurrección de Cristo
y de la conversión de los gentiles.
(Hesiquio)
I
Aclama al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su
nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras,
por tu inmenso
poder tus enemigos se rinden!
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu
honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de
los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el
río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna
eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los
rebeldes.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus
alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran
nuestros pies.
¡Oh Dios!, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la
plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un
fardo:
sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por
agua,
pero nos has dado respiro.
Ant. 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.
Ant. 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.
II
Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis
votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el
peligro.
Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré
bueyes y cabras
.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que
ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría
escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su
favor.
Ant. 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.
V. La palabra de Dios es viva y eficaz.
R. Más penetrante que espada
de doble filo.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
En los días dentro de la octava de Pascua, en las solemnidades y en las fiestas, después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno:
La oración conclusiva como en las Laudes
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera Pascua del
Señor;
la sangre del pasado es sólo un signo,
la mera imagen de la gran
unción.
En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos
paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza
tú sellaste.
Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu
Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de
tu cielo.
Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres
con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace
la canción.
Cristo, Rey eterno, te pedirnos
que guardes con tus manos a tu
Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las
tinieblas. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos,
y que se ha convertido en
piedra angular. (Hch 4, 11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia,
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
Pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor
os bendecimos desde la
casa del Señor!
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Ant. 2: Aleluya. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Cántico
Dn 3 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador...
es bendito por los
siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú que sentado sobre querubines
sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Aleluya. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Ant. 3: Todo ser que alienta, alabe al Señor Aleluya.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con
el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente,
es decir, glorificad a Dios
con el cuerpo y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Todo ser que alienta, alabe al Señor Aleluya.
LECTURA BREVE 2Tm 2, 8. 11-13
Acuérdate de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos. Verdadera es la sentencia que dice: Si hemos muerto con él, viviremos también con él. Si tenemos constancia en el sufrir, reinaremos también con él; si rehusamos reconocerle, también él nos rechazará; si le somos infieles, él permanece fiel; no puede él desmentirse a sí mismo.
RESPONSORIO BREVE
V. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.
R. Te damos gracias, ¡oh
Dios!, invocando tu nombre.
V. Pregonando tus maravillas.
R. Invocando tu
nombre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te damos gracias, ¡oh
Dios!, invocando tu nombre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [04][08][12][16][20][24][28][32]
PRECES
Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; invoquémosle, pues, diciendo:
Te bendecimos y en ti confiamos, Señor.
Te alabamos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a
nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la
verdad;
haz que te sirvamos con santidad y
justicia.
Vuélvete hacia nosotros, Señor, tú que has querido abrirnos la
puerta de tu misericordia,
y haz que nunca nos apartemos
del camino que lleva a la vida.
Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu
amor,
haz que este día transcurra lleno de gozo
espiritual.
Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de
alabanza,
para que en toda ocasión te demos
gracias.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Semanas
I - XVII
SALMODIA
Ant. 1: El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Ant. 1: El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.
Ant. 2: Vendrá el Señor y será glorificado y enaltecido en la asamblea de sus santos. Aleluya.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre venir
sobre las nubes del cielo. (Mt 24, 30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
Ant. 2: Vendrá el Señor y será glorificado y enaltecido en la asamblea de sus santos. Aleluya.
Ant. 3: Haced votos y traed tributos al Señor, vuestro Dios. Aleluya.
II
Tú eres terrible:
¿quién resiste frente a ti al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
Ant. 3: Haced votos y traed tributos al Señor, vuestro Dios. Aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia 1Co 6, 19-20
¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros. Lo habéis recibido dé Dios, y por lo tanto no os pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a precio. En verdad glorificad a Dios con vuestro cuerpo.
V. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor.
R. Mi corazón y mi carne se
alegran con el Dios vivo.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[04][08][12][16][20][24][28][32]
Sexta Dt 10,12
¿Qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.
V. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
R. El que procede
honradamente y tiene intenciones leales.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[04][08][12][16][20][24][28][32]
Nona Ct 8, 6b-7
El amor es fuerte como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarlo los ríos.
V. Yo te amo, Senor, tú eres mi fortaleza.
R. Mi escudo, mi fuerza
salvadora.
La oración conclusiva como en las Laudes.
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Hacedor de la luz: tú que creaste
la que brilla en los días de
este suelo,
y que, mediante sus primeros rayos,
diste principio al
universo entero.
Tú que nos ordenaste llamar día
al tiempo entre la aurora y el
ocaso,
ahora que la noche se aproxima
oye nuestra oración y nuestro
llanto.
Que cargados con todas nuestras culpas
no perdamos el don de la
otra vida,
al no pensar en nada duradero
y al continuar pecando
todavía.
Haz que, evitando todo lo dañoso
y a cubierto de todo lo
perverso,
empujemos las puertas celestiales
y arrebatemos el eterno
premio.
Escucha nuestra voz, piadoso Padre,
que, junto con tu Hijo
Jesucristo
y con el Santo Espíritu Paráclito,
reinas y reinarás en todo
siglo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y
haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.
Ant. 2: Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.
Salmo 111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como
hijos de la luz;
toda bondad, justicia y verdad
son fruto de la
luz. (Ef 5, 8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será
bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es
constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus
asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el
Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus
enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin
falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta
consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2: Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.
Ant. 3: Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya.)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya.)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de
todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3: Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.
LECTURA BREVE Hb 12, 22-24
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
RESPONSORIO BREVE
V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y
poderoso.
V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y
poderoso.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y
poderoso.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: [04][08][12][16][20][24][28][32]
PRECES
Alegrándonos en el Señor, de quien vienen todos los dones, digámosle:
Escucha, Señor, nuestra oración.
Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu
nombre fuese glorificado desde donde sale el sol hasta el
ocaso,
fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los
pueblos.
Haz que seamos dóciles a la predicación de los
apóstoles,
y sumisos a la fe verdadera.
Tú que amas la justicia,
haz justicia a los
oprimidos.
Libera a los cautivos, abre los ojos al
ciego,
endereza a los que ya se doblan, guarda a los
peregrinos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz que nuestros hermanos que duermen ya el sueño de la
paz
lleguen, por tu Hijo, a la santa
resurrección.
Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada: Padre nuestro.
Oración
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos.
HIMNO
En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes
del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu
Palabra.
Desde tu seno, Padre,
era sonrisa su mirada,
era ternura su
sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.
Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el
arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los
pájaros,
porque habló tu Palabra.
Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y
desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de
fuego,
en el principio, tu Palabra.
Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu
fragancia;
danos palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra.
Amén.
SALMODIA
Ant.1: Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.
Salmo 72
POR QUÉ SUFRE EL JUSTO
¡Dichoso el
que no se siente
defraudado por mí! (Mt 11, 6)
I
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de
corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis
pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los
malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y engreídos;
no
pasan las fatigas humanas
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de
violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de
malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la
opresión.
Su boca se atreve con el cielo,
y su lengua recorre la
tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus
palabras.
Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el
Altísimo?»
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan
riquezas.
Ant.1: Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.
Ant. 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la
inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada
mañana?
Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,
renegaría de la estirpe
de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy
difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de
ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la
ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de
espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus
sombras.
Ant. 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Ant. 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era
un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú tomas mi mano derecha,
me
guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?;
y contigo, ¿qué me importa la
tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi herencia
eterna.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que
te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi
refugio,
y proclamar todas tus acciones
en las puertas de Sión.
Ant. 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
V. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.
R. Más que miel en la
boca.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Señor, cómo quisiera
en cada aurora aprisionar el día,
y ser
tu primavera
en gracia y alegría,
y crecer en tu amor más
todavía.
En cada madrugada
abrir mi pobre casa, abrir la puerta,
el
alma enamorada,
el corazón alerta,
y conmigo tu mano siempre
abierta.
Ya despierta la vida
con su canción de ruidos inhumanos;
y tu
amor me convida
a levantar mis manos
y a acariciarte en todos mis
hermanos.
Hoy elevo mi canto
con toda la ternura de mi boca,
al que es
tres veces santo,
a ti que eres mi Roca
y en quien mi vida toda desemboca.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 1: Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.
Ant. 2: Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.
Cántico
Is 42, 10-16
CÁNTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR
Cantaban un
cántico nuevo ante
el trono de Dios. (Ap 14, 3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el
confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las islas y sus
habitantes;
alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita
Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las
montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las
islas.
El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un
guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al
enemigo.
«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba y aguantaba;
mas
ahora grito como la mujer cuando da a luz,
jadeo y resuello.
Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré
los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por
el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran.
Ante ellos
convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»
Ant. 2: Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.
Ant. 3: Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.
Salmo 134,1-12
HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1 Pe
2,9)
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti,
Egipto
contra el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 3: Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.
LECTURA BREVE Jdt 8, 21b-23
Recordad que Dios ha querido probarnos como a nuestros padres. Recordad lo que hizo con Abraham, las pruebas por que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob. Como les puso a ellos en el crisol para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros, los que nos acercamos a él, no para castigarnos, sino para amonestarnos.
RESPONSORIO BREVE
V. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los
buenos.
R.
Aclamad,
justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
V. Cantadle un cántico nuevo.
R. Que merece la alabanza de
los buenos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Aclamad, justos, al
Señor, que merece la alabanza de los buenos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.
PRECES
Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él diciendo:
Escúchanos, Señor.
Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos
amaste;
continúa mostrándote con nosotros rico en
misericordia.
Tú que con el Padre sigues actuando siempre en el
mundo.
Renueva todas las cosas con la fuerza de tu
Espíritu.
Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos
para que podamos contemplar hoy tus maravillas.
Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
haz que
seamos buenos administradores de tu multiforme gracia a favor de nuestros
hermanos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu ayuda, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Asegura, Señor, mis pasos con tu promesa.
Salmo 118, 129-136
MEDITACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN SU
LEY
Amar es
cumplir la ley entera.
(Rm 13, 10)
Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la
explicación de. tus palabras ilumina,
da inteligencia a los
ignorantes;
abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que
aman tu nombre;
asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna mandad me
domine;
líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus
decretos..
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus
leyes;
arroyos de lágrimas bajan de mis ojos
por los que no cumplen tu
voluntad.
Ant. 1: Asegura, Señor, mis pasos con tu promesa.
Ant. 2: Uno solo es el legislador y juez; tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?
Salmo 81
INVECTIVAS CONTRA LOS JUECES INICUOS
No juzguéis
antes de tiempo;
dejad que venga el Señor. (1Co 4, 5)
Dios se levanta en la asamblea divina,
rodeado de ángeles
juzga:
«¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta,
poniéndoos de parte del
culpable?
Proteged al desvalido y al huérfano,
haced justicia al humilde y
al necesitado,
defended al, pobre y al indigente,
sacándolos de las manos
del culpable.»
Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras,
mientras
vacilan los cimientos del orbe.
Yo declaro: «Aunque seáis dioses,
e hijos del Altísimo
todos,
moriréis como cualquier hombre,
caeréis, príncipes, como uno de
tantos.»
Levántate, ¡oh Dios!, y juzga la tierra,
porque tú eres él
dueño de todos los pueblos.
Ant. 2: Uno solo es el legislador y juez; tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?
Ant. 3: Llamé al Señor, y él me respondió.
Salmo 119
DESEO DE LA PAZ
Estad firmes
en la tribulación,
sed asiduos en la oración.
(Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame,
Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a mandar Dios,
lengua traidora?
Flechas de
arquero,
afiladas con ascuas de retama.
¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado
llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: «Paz»,
ellos
dicen: «Guerra».
Ant. 3: Llamé al Señor, y él me respondió.
LECTURA BREVE
Tercia Lv 20, 26
Sed para mí santos, porque yo, el Señor, soy santo, y os he separado de entre los pueblos para que seáis míos.
V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor.
R. El pueblo que él se
escogió como heredad.
Oremos:
Padre óptimo, Dios nuestro, tú has querido que los hombres trabajemos de tal modo, que, cooperando unos con otros, alcancemos éxitos cada vez mejor logrados; ayúdanos, pues, a vivir en medio de nuestros trabajos, sintiéndonos siempre hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Sb 15, 1.3
Tú, Dios nuestro, eres bueno, leal y paciente, y con misericordia gobiernas todas las cosas. La perfecta justicia consiste en conocerte a ti, y reconocer tu poder es la raíz de la inmortalidad.
V. Tú, Señor, eres Dios clemente y misericordioso.
R. Lento a la cólera, rico
en piedad y leal.
Oremos:
Señor, tú eres el dueño de la viña y de los sembrados, tú el que repartes las tareas y distribuyes el justo salario a los trabajadores: ayúdanos a soportar el peso del día y el calor de la jornada sin quejarnos nunca de tus planes. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ba 4, 21b-22
Hijos, clamad al Señor: él os librará de la tiranía y de la mano de vuestros enemigos. Yo espero del Eterno vuestra salvación, del Santo me ha venido la alegría, por la misericordia que llegará pronto a vosotros de parte del Eterno, vuestro Salvador.
V. Recuerda, Señor, tu ternura.
R. Y tu misericordia, que
son eternas.
Oremos:
Tú nos has convocado, Señor, en tu presencia en esta misma hora en que los apóstoles subían al templo para la oración de la tarde: concédenos que las súplicas que ahora te dirigimos en nombre de Jesús, tu Hijo, alcancen la salvación a cuantos lo invocan. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Ya no temo, Señor, la tristeza,
ya no temo, Señor, la
soledad;
porque eres, Señor, mi alegría,
tengo siempre tu
amistad.
Ya no temo, Señor, a la noche,
ya no temo, Señor, la
oscuridad;
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, tú eres
luz.
Ya no temo, Señor, los fracasos,
ya no temo, Señor, la
ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida,
tú lo tienes, tú lo
das.
Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la
inmensidad;
porque eres, Señor, el camino
y la vida, la verdad.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Salmo 135
HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL
ÉXODO
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su
misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su
misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su
misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su
misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Ant. 2: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
II
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su
misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su
misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su
misericordia,
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su
misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su
misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su
misericordia.
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su
misericordia.
Él hirió a reyes famosos :
porque es eterna su
misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su
misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su
misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su
misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su
misericordia.
En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su
misericordia.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna
su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su
misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 2: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
LECTURA BREVE 1 Ts 3, 12-13
Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
RESPONSORIO BREVE
V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi
oración.
V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi
oración.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi
oración.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.
PRECES
Llenos de confianza en el Señor Jesús que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémosle diciendo:
Escúchanos, Señor, Dios nuestro.
Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz; ilumina a tu
Iglesia
para que proclame a todas las naciones el gran
misterio de piedad manifestado en tu encarnación.
Guarda a los sacerdotes y ministros de la
Iglesia,
y haz que con su palabra y su ejemplo edifiquen
tu pueblo santo.
Tú que, por tu sangre, pacificaste el mundo,
aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.
Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del
matrimonio,
para que su unión sea efectivamente signo del
misterio de la Iglesia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus
faltas,
para que sean contados entre tus
elegidos.
Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre, con la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro.
Oración
Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque el día ya se acaba; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Al Señor, al Dios grande, venid, adorémosle.
HIMNO
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra!
Penetra como
fuego
y divide la entraña.
¡Nada como tu voz,
es terrible tu espada!
¡Nada como tu
aliento,
es dulce tu palabra!
Tenemos que vivir
encendida la lámpara,
que para virgen
necia
no es posible la entrada.
No basta con gritar
sólo palabras
vanas,
ni tocar a la puerta
cuando ya está cerrada.
Espada de dos filos
que me cercena el alma,
que hiere a
sangre y fuego
esta carne mimada,
que mata los ardores
para encender la
gracia.
Vivir de tus incendios,
luchar por tus batallas,
rumor de tus
sandalias.
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra! Amén.
SALMODIA
Ant.1: Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Salmo 101
DESEOS Y SÚPLICAS DE UN DESTERRADO
Dios nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 4)
I
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no
me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia
mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida.
Que mis días se desvanecen como humo,
mis huesos queman como
brasas;
mi corazón está agostado como hierba,
me olvido de comer mi
pan;
con la violencia de mis quejidos,
se me pega la piel a los
huesos.
Estoy como lechuza en la estepa,
como búho entre
ruinas;
estoy desvelado, gimiendo,
como pájaro sin pareja en el
tejado.
Mis enemigos me insultan sin descanso;
furiosos contra mí, me
maldicen.
En vez de pan, como ceniza,
mezclo mi bebida con llanto,
por
tu cólera y tu indignación,
porque me alzaste en vilo y me tiraste;
mis
días son una sombra que se alarga,
me voy secando como la hierba.
Ant.1: Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Ant. 2: Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
II
Tú, en cambio, permaneces para siempre,
y tu nombre de
generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es
hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus
ruinas:
los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu
gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y
se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus
peticiones,
quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que
será creado alabará al Señor:
Que el Señor ha mirado
desde su excelso santuario,
desde el
cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los
cautivos
y librar a los condenados a muerte,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en
Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar
culto al Señor.
Ant. 2: Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Ant. 3: Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
III
El agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: «Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis
días.»
Tus años duran por todas las generaciones:
al principio
cimentaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos.
Ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la
ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el
mismo,
tus años no se acabarán.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu
presencia.
Ant. 3: Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
V. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza.
R. Inclina el oído a las
palabras de mi boca.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Estate, Señor, conmigo
siempre, sin jamás partirte,
y cuando
decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás
me
causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo,
de si tú sin mí te
vas.
Llévame, en tu compañía,
donde tú vayas, Jesús,
porque bien
sé que eres tú
la vida del alma mía;
si tú vida no me das,
yo sé que
vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te
vas.
Por eso, más que a la muerte
temo, Señor, tu partida,
y
quiero perder la vida
mil veces más que perderte;
pues la inmortal que tú
das,
sé que alcanzarla no puedo,
cuando yo sin ti me quedo,
cuando tú
sin mí te vas. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.
Salmo 100
PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO
Si me amáis, guardaréis mis mandatos. (Jn 14, 15)
Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música,
Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿Cuándo vendrás a mí?
Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré
mis ojos
en intenciones viles.
Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí
el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.
Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos
engreídos, corazones arrogantes
no los soportaré.
Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán
conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ése me servirá.
No habitará en mi casa
quien comete fraudes;
el que dice
mentiras
no durará en mi presencia.
Cada mañana haré callar
a los hombres malvados,
para excluir
de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.
Ant.1: Para ti es mi música, Señor; voy a explicar el camino perfecto.
Ant. 2: No nos desampares, Señor, para siempre.
Cántico
Dn 3, 26-27. 29. 34-41
ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO
Arrepentíos y
convertíos, para que
se borren vuestros pecados.
(Hch 3,
19)
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza
y glorioso es tu nombre.
Porque eres justo
en cuanto has hecho con nosotros
y todas
tus obras son verdad,
y rectos tus caminos,
y justos todos tus
juicios.
Hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo
hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para
siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu
misericordia.
Por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu
consagrado,
a quienes prometiste
multiplicar su descendencia
como las
estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los
pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros
pecados.
En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni
jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un
sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito,
y nuestro espíritu
humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos
cebados;
que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu
presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu
rostro.
Ant. 2: No nos desampares, Señor, para siempre.
Ant. 3: Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.
Salmo 143, 1-10
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Todo lo puedo
en aquel que
me conforta. (Flp 4, 13)
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a
salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos
de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus
días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice
falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de
diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David,
tu siervo.
Ant. 3: Te cantaré, Dios mío, un cántico nuevo.
LECTURA BREVE Is 55, 1
Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar: vino y leche de balde.
RESPONSORIO BREVE
V. Escucha mi voz, Señor; espero en tu palabra.
R. Escucha mi voz, Señor;
espero en tu palabra.
V. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
R. Espero en tu
palabra.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Escucha mi voz, Señor;
espero en tu palabra.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: De la mano de nuestros enemigos, líbranos, Señor.
PRECES
Dios nos otorga el gozo de poder alabarlo en este comienzo del día, reavivando con ello nuestra esperanza. Invoquémosle, pues, diciendo;
Por el honor de tu nombre escúchanos, Señor.
Dios y Padre de nuestro Salvador Jesucristo,
te damos gracias porque, por mediación de tu Hijo, nos has dado el conocimiento
y la inmortalidad.
Danos, Señor, un corazón humilde
para que
vivamos sujetos unos a otros en el temor de Cristo.
Infunde tu Espíritu en nosotros, tus siervos,
para que nuestro amor fraterno sea sin fingimiento.
Tú que has dispuesto que el hombre dominara el mundo con su
esfuerzo,
haz que nuestro trabajo te glorifique y
santifique a nuestros hermanos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que Dios nos muestra siempre su amor de Padre, velando amorosamente por nosotros, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Aumenta, Señor, nuestra fe, para que esta alabanza, que brota de nuestro corazón vaya siempre acompañada de frutos de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.
Salmo 118, 137-144
Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos;
has prescrito
leyes justas sumamente estables;
me consume el celo,
porque mis enemigos
olvidan tus palabras.
Tu promesa es acrisolada, y tu siervo la ama;
soy pequeño
despreciable,
pero no olvido tus decretos;
tu justicia es justicia
eterna,
tu voluntad es verdadera.
Me asaltan angustias y aprietos,
tus mandatos son mi
delicia;
la justicia de tus preceptos es eterna,
dame inteligencia y
tendré vida.
Ant. 1: Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.
Ant. 2: Llegue, Señor, hasta ti mi súplica.
Salmo 87
ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Ésta es
vuestra hora,
la del poder de las tinieblas.
(Lc 22,
53)
I
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu
presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi
clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al
borde del abismo,
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un
inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el
sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de
tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del
fondo;
tú cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
Ant. 2: Llegue, Señor, hasta ti mi súplica.
Ant. 3: Todo el día te estoy invocando, Señor, no me escondas tu rosotro.
II
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para
ellos,
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de
pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia
ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para
darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el
reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu
justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi
súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo.
Me doblo bajo el peso de
tus terrores,
pasó sobré mí tu incendio,
tus espantos me han
consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a
una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las
tinieblas.
Ant. 3: Todo el día te estoy invocando, Señor, no me escondas tu rostro.
LECTURA BREVE
Tercia 1Jn 3,17-18
Si un rico en bienes de fortuna ve a su hermano pasar necesidad y, hombre sin entrañas, le niega su socorro, ¿cómo es posible que more en él el amor de Dios? Hijitos míos, no amemos con palabras ni con la lengua, sino con las obras y de verdad.
V. Dichoso el que se apiada y presta.
R. El recuerdo del justo
será perpetuo.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que a la hora de tercia enviaste tu Espíritu Parádito a los apóstoles, derrama también sobre nosotros ese Espíritu de amor para que demos siempre fiel testimonio ante los hombres de aquel amor que es el distintivo de los discípulos de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Sexta Dt 30,11.14
El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; el mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.
V. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor.
R. Luz en mi
sendero.
Oremos:
Dios nuestro, que revelaste a Pedro tu plan de salvar a todas las naciones, danos tu gracia para que todas nuestras acciones sean agradables a tus ojos y útiles a tu designio de amor y salvación universal. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Is 55, 10-11
Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía; sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.
V. El Señor envía su mensaje a la tierra.
R. Su palabra corre
veloz.
Oremos:
Dios nuestro, que enviaste un ángel al centurión Cornelio para que le revelara el camino de la salvación, ayúdanos a trabajar cada día con mayor entrega en la salvación de los hombres, para que, junto con todos nuestros hermanos, incorporados a la Iglesia de tu. Hijo, podamos llegar a ti. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Tú que eres, Cristo, el esplendor y el día,
y de la noche
ahuyentas las tinieblas,
Luz de Luz que a tus fieles
cual luz te
manifiestas,
te pedimos, Señor, humildemente
esta noche que estés de
centinela,
en ti hallemos reposo
y la paz nos concedas.
Si se entregan al sueño nuestros ojos,
en ti vigile el corazón
alerta,
y rogamos tus hijos,
Señor, que nos protejas.
Defensor nuestro, míranos, rechaza
al enemigo cruel que nos
acecha
y, a quienes redimiste
con tu sangre, gobierna.
A ti, Cristo, Señor del universo,
y a ti, Padre, alabanza
dondequiera,
y al Amor, por los siglos loores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Salmo 136, 1-6
JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA
Este
destierro y esclavitud material hay que tomarlo
como símbolo de la
esclavitud espiritual. (S. Hilario)
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con
nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras
cítaras.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros
opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»
¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me
olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;
que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de
ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
Ant. 1: Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.
Ant. 2: Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.
Salmo 137
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY
Los reyes de
la tierra irán a llevar su
esplendor a la ciudad santa.
(cf. Ap 21,
24)
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles
tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu
nombre;
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu
fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi
alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el
oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del
Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al
soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes
tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia
es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
Ant. 2: Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
LECTURA BREVE Col 3, 16
Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dad gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
RESPONSORIO BREVE
V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu
presencia, Señor.
V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu
presencia, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.
PRECES
Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:
Señor, escúchanos.
Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos tus fieles, a quienes
has llamado a la luz de tu verdad,
que tengan siempre
fidelidad y constancia.
Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu
querer,
y que sus decisiones vayan encaminadas a la
consecución de la paz.
Tú que con cinco panes saciaste a la
multitud,
enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los
hambrientos.
Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden
sólo del bienestar de su nación,
sino que piensen también
en los otros pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cuando vengas en tu día a ser glorificado en los
santos,
da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y
la vida feliz.
Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús, y oremos al Padre diciendo: Padre nuestro.
Oración
Puestos en oración ante ti, Señor, implorarnos tu clemencia y te pedimos que nuestras palabras concuerden siempre con los sentimientos de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.
HIMNO
Pues busco, debo encontrar;
pues llamo, débenme abrir;
pues
pido, me deben dar;
pues amo, débeme amar
aquel que me hizo
vivir.
¿Calla? Un día me hablará.
¿Pasa? No lejos irá.
¿Me pone a
prueba? Soy fiel.
¿Pasa? No lejos irá:
pues tiene alas mi alma, y
va
volando detrás de él.
Es poderoso, mas no
podrá mi amor esquivar;
invisible se
volvió,
mas ojos de lince yo
tengo y le habré de mirar.
Alma, sigue hasta el final
en pos del Bien de los bienes,
y
consuélate en tu mal
pensando con fe total:
¿Le buscas? ¡Es que lo tienes!
Amén.
SALMODIA
Ant.1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Salmo 102
HIMNO A LA MISERICORDIA DE DIOS
Por la
entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo
alto. (Lc 1, 78)
I
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo
nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus
beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él
rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de
bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los
oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de
Israel.
Ant.1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
II
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en
clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos
trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras
culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad
sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros
nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor
ternura por sus fieles;
porque él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda
de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor
del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a
verla.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
III
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de
hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus
mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el
universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus
órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus
deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su
imperio.
Bendice, alma mía, al Señor.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
V. Ábreme los ojos, Señor.
R. Y contemplaré las
maravillas de tu voluntad.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Al retornar este día,
con voz alegre y canora,
celebrando al
Redentor,
cantemos de Dios la gloria.
Por Cristo, el Creador inmenso
hizo la noche y la aurora,
con inmóvil ley fijando
la sucesión de las horas.
La luz eterna eres tú,
la antigua ley perfeccionas,
y no
conoces crepúsculo,
y no te apagan las sombras.
Concédenos, Padre eterno,
que vivamos hoy con loa,
con que
agrademos a Cristo,
si tu Espíritu nos colma. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme. +
Salmo 107
ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO
Porque Cristo
se ha elevado sobre el cielo, su gloria
se anuncia sobre toda la tierra.
(Arnobio)
Dios mío, mi corazón está firme,
+ para ti cantaré y tocaré,
gloria mía.
Despertad, cítara y arpa,
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor,
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos
responda.
Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es
yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme,
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»
Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a
Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras
tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil;
con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
Ant. 1: Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.
Ant. 2: El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
Cántico
Is 61, 10-62, 5
ALEGRÍA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN
Vi la ciudad
santa, la nueva Jerusalén...
arreglada como una novia
que se adorna para
su esposo. ( cf. Ap 21, 2)
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi
Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto
de triunfo,
como a un novio que se pone la corona,
o a una novia que se
adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus
semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos, ante todos
los pueblos.
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no
descansaré,
hasta que despunte la aurora de su justicia
y su salvación
llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te
pondrán un nombre nuevo
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la
palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»
ni a tu tierra, «Devastada»
a
ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra, «Desposada»,
porque el Señor
te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te
construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará
tu Dios contigo.
Ant. 2: El Señor me ha revestido de justicia y santidad.
Ant. 3: Alabaré al Señor mientras viva.
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 3: Alabaré al Señor mientras viva.
LECTURA BREVE Dt 4, 39-40a
Has de reconocer hoy y recordar que el Señor es Dios, en lo alto del cielo y abajo en la tierra, y que no hay otro. Guarda los mandatos y preceptos que te voy a dar hoy.
RESPONSORIO BREVE
V. Bendigo al Señor en todo momento.
R. Bendigo al Señor en todo
momento.
V. Su alabanza está siempre en mi boca.
R. En todo
momento.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendigo al Señor en todo
momento.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sirvamos al Señor con santidad todos nuestros días.
PRECES
Cristo, reflejo de la gloria del Padre, nos ilumina su palabra; acudamos pues a él diciendo:
Rey de la gloria, escúchanos.
Te bendecimos, Señor, autor y consumador de nuestra
fe,
porque de las tinieblas nos has trasladado a tu luz
admirable.
Tú que abriste los ojos de los ciegos y diste oído a oído a los
sordos,
aumenta nuestra fe.
Haz, Señor, que permanezcamos siempre en tu
amor,
y que este amor nos guarde fraternalmente
unidos.
Ayúdanos para que resistamos a la tentación, aguantemos en la
tribulación
y te demos gracias en la
prosperidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dejemos que el Espíritu de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones, se una a nuestro espíritu, para clamar: Padre nuestro.
Oración
Recuerda, Señor, tu santa alianza consagrada con el nuevo sacramento de la sangre del Cordero, para que tu pueblo obtenga el perdón de sus pecados y un aumento constante de salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: A ti grito, Señor, espero tus palabras.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito, sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la
aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: A ti grito, Señor, espero tus palabras.
Ant. 2: El Señor sabe que los pensamientos del hombre son insubstanciales.
Salmo 93
INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS
CONTRA LOS OPRESORES
El vengador
de todo esto es el Señor. Dios no nos ha llamado
a una vida impura, sino
sagrada (1Ts 4, 6. 7).
I
Dios de la venganza, Señor,
Dios de la venganza,
resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los
soberbios.
¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,
hasta cuándo triunfarán los
culpables?
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,
se jactan los
malhechores;
trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad,
asesinan
a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos, y comentan:
"Dios no lo
ve, el Dios de Jacob no se entera."
Enteraos los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo
discurriréis?
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;
el que formó el ojo,
¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;
el que instruye
al hombre, ¿no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del
hombre
son insustanciales.
Ant. 2: El Señor sabe que los pensamientos del hombre son insubstanciales.
Ant. 3: El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
II
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que en enseñas tu
ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la
fosa.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su
heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de
corazón.
¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,
quién se coloca
a mi lado
frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera
auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia Señor, me
sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi
delicia.
¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo
que dicta injusticias
en hombre de la ley?
Aunque atenten contra la vida del justo
y condenen a muerte al
inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de
refugio.
Él les pagará su iniquidad,
los destruirá por sus
iniquidades,
los destruirá el Señor nuestro Dios.
Ant. 3: El Señor será mi alcázar y mi roca de refugio.
LECTURA BREVE
Tercia 1Co 10, 24.31
Ninguno procure lo propio, sino lo del otro. Tanto si coméis como si bebéis o hacéis cualquier cosa, hacedlo a gloria de Dios
V. Es bueno dar gracias al Señor.
R. Y tañer para tu nombre,
oh Altísimo.
Oremos:
Señor, Padre santo, Dios fiel, tú qué enviaste el Espíritu Santo prometido para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado: ayúdanos a ser, en medio de nuestros hermanos, fermento de unidad y de paz. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Col 3,17
Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.
V. Te ofreceré un sacrificio de alabanza.
R. Invocando tu nombre,
Señor.
Oremos:
Dios todopoderoso y lleno de amor, que a la mitad de nuestra jornada concedes un descanso a nuestra, fatiga, contempla complacido el trabajo empezado, remedia nuestras deficiencias, y haz que nuestras obras te sean agradables. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Col 3, 23.24
Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, corno para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo bien que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.
V. El Señor es mi heredad y mi copa.
R. Mi suerte está en tu
mano.
Oremos:
Señor Jesucristo, que por la salvación de los hombres extendiste tus brazos en la cruz: haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Te bendecimos, Cristo, en esta noche:
Verbo de Dios y Luz de
Luz eterna,
emisor del Espíritu Paráclito;
te bendecimos porque nos
revelas
la triple luz de una indivisa gloria
y libras nuestras almas de
tinieblas.
A la noche y al día has ordenado
que se releven siempre en paz
fraterna;
la noche compasiva pone término
a nuestras aflicciones y
tareas,
y, para comenzar el nuevo surco,
el día alegremente nos
despierta.
Da un sueño muy ligero a nuestros párpados,
que nuestra voz no
permanezca
muda por mucho tiempo en tu alabanza;
mientras dormimos se
mantenga en vela
toda tu creación, cantando salmos
en compañía de la
turba angélica.
Y, mientras duerme nuestro humilde cuerpo,
nuestro espíritu
cante a su manera:
“Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu,
en el día
sin noche donde reinan;
al Uno y Trino, honor, poder, victoria,
por
edades y edades sempiternas.” Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Salmo 138, 1-18. 23-24
TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE
DIOS
¿Quién ha
conocido jamás la mente del Señor?
¿Quién ha sido su consejero?
(Rm 11,
34)
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o
me levanto
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi
descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes
toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me
sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu
mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo,
allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín
del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta
mí.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se
haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es
clara como el día.
Ant. 1: Señor, tu saber me sobrepasa.
Ant. 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
II
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son
admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías
mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo
profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en
tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el
primero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué
inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si
los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce
mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino
eterno.
Ant. 2: Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir,
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él,
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera
toda la plenitud.
Y
por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la
sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la
tierra.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
LECTURA BREVE 1Jn 2, 3-6
Sabemos que hemos llegado a conocer a Cristo si guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, miente; y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra posee el perfecto amor de Dios. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que está siempre en él debe andar de continuo como él anduvo.
RESPONSORIO BREVE
V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a
las niñas de tus ojos.
V. A la sombra de tus alas escóndenos.
R. Como a las niñas de tus
ojos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a
las niñas de tus ojos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.
PRECES
Invoquemos a Dios, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos y digámosle:
Que se alegren los que se acogen a ti, Señor.
Acuérdate, Señor, que enviaste a tu Hijo al mundo, no para
condenarlo, sino para salvarlo;
que su muerte gloriosa nos
traiga la salvación.
Tú que constituiste a tus sacerdotes servidores de Cristo y
administradores de tus misterios,
concédeles un corazón
fiel, ciencia abundante y caridad intensa.
Tú que desde el principio creaste hombre y
mujer,
guarda a todas las familias unidas en el verdadero
amor.
Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de
los cielos,
sigan con fidelidad a tu Hijo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar los
pecadores,
concede a todos los difuntos el perdón de sus
faltas.
Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración: Padre nuestro.
Oración
Acuérdate, Señor, de tu misericordia, y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
HIMNO
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
A la voz de tu
aliento
se estremeció la nada:
la hermosura brilló
y amaneció la
gracia.
Señor, ¿a quién iremos,
si tu voz no nos habla?
Nos hablas en las voces
de tu voz semejanza:
en los goces
pequeños
y en las angustias largas.
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
En los silencios íntimos
donde se siente el alma,
tu clara
voz creadora
despierta la nostalgia.
¿A quién iremos, Verbo,
entre tantas palabras?
Al golpe de la vida,
perdemos la esperanza;
hemos roto el
camino
y el roce de tu planta.
¿A dónde iremos, dinos,
Señor, si no nos hablas?
¡Verbo del Padre, Verbo
de todas las mañanas,
de las tardes
serenas,
de las noches cansadas!
¿A dónde iremos, Verbo,
si tú eres la Palabra? Amén.
SALMODIA
Ant.1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente por aquel
que nos ha amado. (Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles,
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant.1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
II
Ahora, en cambio,
nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no
sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
V. Haz brillar tu rostro, Señor, sobre tu siervo.
R. Enséñame tus
leyes.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Oh Dios, autor de la luz,
de los cielos la lumbrera,
que el
universo sostienes
abriendo tu mano diestra.
La aurora, con mar de grana,
cubriendo está las
estrellas,
bautizando humedecida
con el rocío la tierra.
Auséntanse ya las sombras,
al orbe la noche deja,
y al nuevo
día el lucero,
de Cristo imagen, despierta.
Tú, Día de Día, oh Dios,
y Luz de Luz, de potencia
soberana,
oh Trinidad,
doquier Poderoso reinas.
Oh Salvador, ante ti
inclinamos la cabeza,
y ante el Padre y
el Espíritu,
dándote gloria perpetua. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Salmo 142, 1-11
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA
ANGUSTIA
El hombre no
se justifica por
cumplir la ley, sino por creer
en Cristo Jesús. (Ga 2,
16)
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
Ant. 1: En la mañana, Señor, hazme escuchar tu gracia.
Ant. 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.
Cántico
Is 66, 10-14a
CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre. (Ga 4,26)
Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la
amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
a su
pecho seréis alimentados
y os saciaréis de sus consuelos
y apuraréis las
delicias
de sus pechos abundantes.
Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella
como un
río la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las
naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las
acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré
yo
y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos
florecerán como un prado.»
Ant. 2: El Señor hará derivar hacia Jerusalén como un río la paz.
Ant. 3: Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
Salmo 146
PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Señor, Dios
eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza.
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una
alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de
Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su
nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene
medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los
malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para
nuestro Dios,
cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la
tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al
hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que
graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los músculos del
hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su
misericordia.
Ant. 3: Nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
LECTURA BREVE Rm 8, 18-21
Considero que los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Velando medito en ti, Señor.
R. Velando medito en ti,
Señor.
V. Porque fuiste mi auxilio.
R. Medito en ti,
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en ti,
Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Anuncia, Señor, la salvación a tu pueblo y perdónanos nuestros pecados.
PRECES
Invoquemos a Dios, de quien viene la salvación para su pueblo, diciendo:
Tú, que eres nuestra vida, escúchanos, Señor.
Bendito seas, Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en tu
gran misericordia nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,
por la resurrección de Jesucristo de entre los
muertos.
Tú que, en Cristo, renovaste al hombre, creado a imagen
tuya,
haz que reproduzcamos la imagen de tu
Hijo.
Derrama en nuestros corazones, lastimados por el odio y la
envidia,
tu Espíritu de amor.
Concede hoy trabajo a quienes lo buscan, pan a los hambrientos,
alegría a los tristes,
a todos la gracia y la
salvación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Por Jesús hemos sido hechos hijos de Dios, por esto nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, acoger siempre el anuncio de salvación para que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos te sirvamos, con santidad y justicia, todos nuestros días. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice el Señor.
Salmo 118, 153-160
Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu
voluntad;
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la
justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame
vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de
tus preceptos;
viendo a los renegados sentía indignación,
porque no
guardan tus mandatos.
Mira cómo amo tus decretos, Señor,
por tu misericordia dame
vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son
eternos.
Ant. 1: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice el Señor.
Ant. 2: Que el Señor te bendiga y veas la paz todos los días de tu vida.
Salmo 127
PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor
te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá
bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta
es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de
Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus
hijos.
¡Paz a Israel!
Ant. 2: Que el Señor te bendiga y veas la paz todos los días de tu vida.
Ant. 3: El Señor peleará a tu favor.
Salmo 128
ESPERANZA DE UN PUEBLO OPRIMIDO
La Iglesia
habla de los sufrimientos
que tiene que tolerar. (S.
Agustín)
¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
-que lo diga
Israel-,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron
conmigo!
Sobre mis espaldas metieron el arado
y alargaron los
surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los
malvados.
Retrocedan, avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la
hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
que no llena la mano del segador
ni la brazada del que
agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»
Os bendecimos en el nombre del Señor.
Ant. 3: El Señor peleará a tu favor.
LECTURA BREVE
Tercia 1Jn 3, 23-24
Éste es el mandamiento de Dios: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos mutuamente conforme al mandamiento que nos dio. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. Y conocemos que permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado.
V. Tú, Señor, apoyas al inocente.
R. Tú, el Dios justo,
sondeas el corazón y las entrañas.
Oremos:
Señor Dios, que a la hora de tercia enviaste al Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en oración, concédenos también a nosotros participar de los dones de ese mismo Espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Sb 1, 1-2
Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadlo. Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifiesta a los que no desconfían de él.
V. Confía en el Señor y haz el bien.
R. Habita tu tierra y
practica la lealtad.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, ante ti no existe ni la oscuridad ni las tinieblas, haz, pues, brillar sobre nosotros la claridad de tu luz, para que, guardando tus preceptos, caminemos siempre por tus sendas con el corazón jubiloso. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Hb 12, lb-2
Después de habernos despojado de todo el peso y del equipaje que nos distraía, corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada. Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia; y está sentado a la diestra del trono de Dios.
V. Mi alma espera en el Señor.
R. Espera en su
palabra.
Oremos:
Contempla, Señor, a tu familia en oración, y haz que imitando los ejemplos de paciencia de tu Hijo no decaiga nunca ante la adversidad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Porque es tarde, Dios mío,
porque anochece ya
y se nubla el
camino,
porque temo perder
las huellas que he seguido,
no me dejes
tan solo
y quédate conmigo.
Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro,
y escudriñé
curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate
conmigo.
Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven,
siéntate a mi mesa,
dígnate ser mi amigo.
¡Qué aprisa cae la tarde
...!
¡Quédate conmigo! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.
Salmo 143
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Su brazo se
adiestró en la pelea,
cuando venció al mundo; dijo, en efecto:
«Yo he
vencido al mundo.» (S. Hilario)
I
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los
hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Ant. 1: Tú eres, Señor, mi bienhechor, y mi refugio donde me pongo a salvo.
Ant. 2: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
II
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa
de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a
David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de
extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en
falso.
Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un
templo.
Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y
nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni
alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios
es el Señor.
Ant. 2: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Cántico
Ap 11,17-18;12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Col 1, 23
Perseverad firmemente fundados e inconmovibles en la fe y no os apartéis de la esperanza del Evangelio que habéis oído, que ha sido predicado a toda creatura bajo los cielos.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor,
nada me falta.
V. En verde praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor,
nada me falta.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.
PRECES
Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:
Señor, danos tu luz, la salvación y la paz.
Luz indeficiente y palabra eterna del Padre, tú que has venido a
salvar a los hombres,
ilumina a los catecúmenos de la
Iglesia con la luz de tu verdad.
No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
pues de ti procede el perdón.
Señor, tú que has querido que la inteligencia del hombre
investigara los secretos de la naturaleza,
haz que la
ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los
hombres.
Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio
de sus hermanos;
que con libertad de espíritu y sin
desánimo puedan realizar su ideal.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor, tú que abres y nadie puede cerrar, ilumina a nuestros
difuntos que yacen en tiniebla y en sombra de muerte,
y
ábreles las puertas de tu reino.
Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
El Señor es bueno, bendecid su nombre.
HIMNO
¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus
hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la
mies!
Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se
rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.
Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus
pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.
Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus
colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué
dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.
SALMODIA
Ant.1: Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Salmo 54, 2-15. 17-24
ORACIÓN ANTE LA TRAICIÓN DE UN
AMIGO
Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)
I
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi
súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del
malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se estremece mi corazón,
me sobrecoge un pavor mortal,
me
asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y
posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que
devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Ant.1: Dios mío, no te cierres a mi súplica, pues me turba la voz del enemigo.
Ant. 2: El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
II
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la
ronda
sobre las murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella,
calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario
se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me
unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio
por la casa de
Dios.
Ant. 2: El Señor nos librará del poder de nuestro enemigo y adversario.
Ant. 3: Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
III
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en
la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que
me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde
siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su
boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son
más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no
permitirá jamás
que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los
traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo
confío en ti.
Ant. 3: Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
V. Hijo mío, haz caso de mi sabiduría.
R. Presta oído a mi
inteligencia.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Por el dolor creyente que brota del pecado,
por no haberte
querido de todo corazón,
por haberte, Dios mío, tantas veces negado,
con
súplicas te pido, de rodillas, perdón.
Por haberte perdido, por no haberte encontrado,
porque es como
un desierto nevado mi oración;
porque es como una hiedra sobre el árbol
cortado
el recuerdo que brota cargado de ilusión,
porque es como la hiedra, déjame que te abrace,
primero
amargamente, lleno de flor después,
y que a ti, viejo tronco, poco a poco me
enlace,
y que mi vieja sombra se derrame a tus pies. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición
humana. (cf. Ef.
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un
holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un
corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.
Ant. 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Cántico
Tb 13, 10-15. 17-19
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO
Me enseñó la
ciudad santa,
Jerusalén, que traía la gloria
de Dios. (Ap 21,
10-11)
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén,
la ciudad del Santo;
por las obras de tus hijos te
azotará,
pero de nuevo se compadecerá
de los hijos de los
justos.
Confiesa dignamente al Señor
y bendice al rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti
edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos
y muestre en ti su amor hacia los
desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.
Brillarás cual luz de lámpara
y todos los confines de la tierra
vendrán a ti.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
al nombre del Señor,
nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el rey del
cielo.
Las generaciones de las generaciones
exultarán en ti.
Y
benditos para siempre todos los que te aman.
Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán
congregados,
y al Señor de los justos bendecirán.
Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos
cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán
contemplando toda tu gloria,
y se regocijarán para siempre.
Bendice, alma mía, a Dios, rey grande,
porque Jerusalén con
zafiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.
Ant. 2: Alégrate, Jerusalén, porque en ti serán congregados todos los pueblos.
Ant. 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada,
la esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que
ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro
de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Sión, alaba a tu Dios, que envía su mensaje a la tierra.
LECTURA BREVE Ga.2,19b-20
Estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.
RESPONSORIO BREVE
V. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por
mí.
R.
Invoco al
Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí.
V. Desde el cielo me enviará la salvación.
R. El Dios que hace tanto por
mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto.
PRECES
Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todos los que ha creado y redimido con la sangre de su Hijo, invoquémosle diciendo:
Escucha, Señor, y ten piedad.
Dios misericordioso, asegura nuestros pasos en el camino de la
verdadera santidad,
y haz que busquemos siempre cuanto hay
de verdadero, noble y justo.
No nos abandones para siempre, por amor de tu
nombre
no olvides tu alianza con nosotros.
Con alma contrita y espíritu humillado te seamos
aceptos,
porque no hay confusión para los que en ti
confían.
Tú que has querido que participáramos en la misión profética de
Cristo,
haz que proclamemos ante el mundo tus
maravillas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijámonos al Padre, con las mismas palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Señor, tu gracia abundante, para que nos ayude a seguir el camino de tus mandatos, y así gocemos de tu consuelo en esta vida y alcancemos la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Salmo 118, 161-168
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba
tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico
botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.
Siete veces al día te alabo
por tus justos
mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace
tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.
Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo
tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos.
Ant. 1: Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes.
Ant. 2: El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Salmo 132
FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
Amémonos unos
a otros,
ya que el amor es de Dios.
(1Jn 4, 7).
Ved qué paz y qué alegría,
convivir los hermanos
unidos.
Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la
barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su
ornamento.
Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte
Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para
siempre.
Ant. 2: El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.
Ant. 3: Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
Salmo 139, 1-9. 13-14
TÚ ERES MI REFUGIO
El Hijo del
hombre va a ser entregado
en manos de los pecadores.
(Mt 26,
45)
Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre
violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan
contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en
los labios.
Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres
violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden
trampas,
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan
lazos.
Pero yo digo al Señor: "Tú eres mi Dios";
Señor, atiende a mis
gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el
día de la batalla.
Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus
proyectos.
Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el
derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán
en tu presencia.
Ant. 3: Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
LECTURA BREVE
Tercia Rm 12, 17a.19b-20a.21
No devolváis a nadie mal por mal. Dice la Escritura: «Es mía la venganza; mía la recompensa; palabra, del Señor.» Pero también dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber:» No te dejes vencer del mal, sino vence el mal con el bien.
V. La misericordia del Señor dura siempre.
R. Su justicia para los que
guardan su alianza.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que efl la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo; ayúdanos a llorar nuestros pecados y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Sexta 1Jn 3, 6
En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
V. Dad gracias al Señor porque es bueno.
R. Porque es eterna su
misericordia.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación mientras el mundo vivía sumergido en las tinieblas; concédenos que tu luz nos ilumine siempre para que, guiados por. ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Nona 1Jn 4, 9-11
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios: nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
V. Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo.
R. Mira el rostro de tu
Ungido.
Oremos:
Señor Jesucristo, tú que, crucificado a la hora de nona, diste al ladrón arrepentido el reino eterno; míranos a nosotros, que como él confesamos nuestras culpas, Y concédenos poder entrar, también como él, después de la muerte, en tu paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Eres la luz y siembras claridades,
eres amor y siembras
armonía
desde tu eternidad de eternidades.
Por tu roja frescura de alegría,
la tierra se estremece de
rocío,
Hijo eterno del Padre y de María.
En el cielo del hombre, oscuro y frío,
eres la luz total, fuego
del fuego,
que aplaca las pasiones y el hastío.
Entro en tus esplendores, Cristo, ciego;
mientras corre la vida
paso a paso,
pongo mis horas grises en tu brazo,
y a ti, Señor, mi corazón
entrego. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y que era, el Santo. (Ap 16, 5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant.1: Día tras día te bendeciré, Señor, y explicaré tus proezas.
Ant. 2: Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.
II
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 2: Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE Rm 8, 1-2
No hay ya condenación alguna para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús me libró de la ley del pecado y de la muerte.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a
Dios.
R. Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a
Dios.
V. Muerto en la carne, pero vivificado en el
espíritu.
R. Para llevarnos a Dios.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo murió por nuestros
pecados, para llevarnos a Dios.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Acuérdate, Señor, de la misericordia, como lo habías prometido a nuestros padres.
PRECES
Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:
Confirma, Señor, lo que has realizado en nosotros.
Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al
pecado.
Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al
mal,
por tu misericordia obtengamos el perdón.
Señor, a quien ofende el pecado y aplaca la
penitencia,
aparta de nosotros el castigo merecido por
nuestros pecados.
Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los
hombros la oveja descarriada,
no apartes de nosotros tu
misericordia.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti
confiaron.
Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como víctima viva. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.
HIMNO
A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi
sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del
espino.
Descansa aquí conmigo del camino,
que en Emaús hay trigo en el
granero,
hay un poco de vino y un alero
que cobije tu sueño,
Peregrino.
Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor,
enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.
Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo
latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor convoca cielo y tierra, para juzgar a su pueblo.
Salmo 49
LA VERDADERA RELIGIOSIDAD
No he venido
a abolir la ley,
sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
I
El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de
oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene
nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo
alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:
«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un
sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a
juzgar.
Ant.1: El Señor convoca cielo y tierra, para juzgar a su pueblo.
Ant. 2: Invócame el día del peligro y yo te libraré.
II
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar
testimonio contra ti;
-yo, el Señor, tu Dios-.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus
holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito
de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en
mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se
agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo
llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de
cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al
Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás
gloria.»
Ant. 2: Invócame el día del peligro y yo te libraré.
Ant. 3: El sacrificio de acción de gracias me honra.
III
Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te
echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los
adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el
engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu
madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te
acusaré, te lo echaré en cara.»
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin
remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra,
al que
sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Ant. 3: El sacrificio de acción de gracias me honra.
V. No dejamos de orar y pedir por vosotros.
R. Para que lleguéis al
pleno conocimiento de la voluntad de Dios.
Lecturas y Oración:
[04][08][12][16][20][24][28][32]
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Dador de luz espléndido,
a cuya luz serena,
pasada ya la
noche,
el día se despliega.
Mensajero de luz
que de luz centellea,
no es del alba el
lucero:
eres tú, Luz de veras,
más brillante que el sol,
todo luz y
pureza;
enciende nuestro pecho,
alumbra el alma nuestra.
Ven, Autor de la vida,
prez de la luz paterna,
sin cuya
gracia el cuerpo
se sobresalta y tiembla.
A Cristo, rey piadoso,
y al Padre gloria eterna,
y por todos
los siglos
al Espíritu sea. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo. (S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres
excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
me unges con aceite
nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su
derrota.
El justo crecerá como una palmera
y se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y proclamar por la mañana tu misericordia.
Ant. 2: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
Cántico
Ez 36, 24-28
DIOS RENOVARÁ A SU PUEBLO
Ellos serán
su pueblo y Dios
estará con ellos. (Ap 21, 3)
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los
países,
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de
todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un
corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra
carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis
preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros
seréis mi pueblo
y yo seré vuestro Dios.
Ant. 2: Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.
Ant. 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza.
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio
a la Iglesia como cabeza,
y sobre todo. (Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado una alabanza.
LECTURA BREVE 2Pe 3, 13-15a
Nosotros conforme a la promesa del Señor esperamos cielos nuevos y tierra nueva, en los que tiene su morada la santidad. Por eso, carísimos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad con toda diligencia que él os encuentre en paz, sin mancha e irreprensibles. Considerad esta paciente espera de nuestro Señor como una oportunidad para alcanzar la salud.
RESPONSORIO BREVE
V. Te aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para
ti.
R.
Te aclamarán
mis labios, Señor, cuando salmodie para ti.
V. Mi lengua recitará tu auxilio.
R. Cuando salmodie para
ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te aclamarán mis labios,
Señor, cuando salmodie para ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Guía nuestros pasos, Dios de Israel, por el camino de la paz.
PRECES
Adoremos a Dios, que por su Hijo ha dado vida y esperanza al mundo, y supliquémosle diciendo:
Escúchanos, Señor.
Señor, Padre de todos, tú que nos has hecho llegar al comienzo de
este día,
haz que toda nuestra vida unida a la de Cristo
sea alabanza de tu gloria.
Que vivamos siempre arraigados en la fe, esperanza y
caridad,
que tú mismo has infundido en nuestras
almas.
Haz que nuestros ojos estén siempre levantados hacia
ti,
para que respondamos con presteza a tus
llamadas.
Defiéndenos de los engaños y seducciones del
mal,
y presérvenos de todo pecado.
Se puede añadir algunas intenciones libres.
Contentos por sabernos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, luz esplendente y día sin ocaso, al volver a comenzar un nuevo día te pedimos que nos visites con el esplendor de tu luz y disipes así las tinieblas de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Que tu mano, Señor, me auxilie, ya que prefiero tus decretos.
Salmo 118, 169-176
Que llegue mi clamor a tu Presencia,
Señor, con tus palabras,
dame inteligencia;
que mi súplica entre en tu presencia,
líbrame según tu
promesa;
de mis labios brota la alabanza,
porque me enseñaste tus
leyes.
Mi lengua canta tu fidelidad,
porque todos tus preceptos son
justos:
que tu mano me auxilie,
ya que prefiero tus decretos;
ansío tu
salvación, Señor,
tu voluntad es mi delicia.
Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me
auxilien:
me extravié como oveja perdida:
busca a tu siervo, que no olvida
tus mandatos.
Ant. 1: Que tu mano, Señor, me auxilie, ya que prefiero tus decretos.
Ant. 2: Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a recibirlo!
(Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles
te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu
encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de
Ofir.
Ant. 2: Tu trono, ¡oh Dios!, permanece para siempre.
Ant. 3: Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
"A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra."
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Ant. 3: Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
LECTURA BREVE
Tercia Dn 6, 26b-27
Teman y tiemblen ante Dios: É1 es el Dios vivo que subsiste por siempre, su reino no será destruido y su imperio durará hasta el fin. El que salva y libera obra señales y milagros.
V. Rendíos, reconoced que yo soy Dios.
R. Más alto que los pueblos,
más alto que la tierra.
Oremos:
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre en tu alabanza. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Rm 15, 5-7
El Dios que es fuente de esa paciencia y de ese ánimo os conceda tener un mismo sentir entre vosotros según la mente de Cristo Jesús. Así con un mismo corazón y una misma boca daréis gloria al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso acogeos amigablemente unos a otros, como Cristo os acogió para gloria de Dios.
V. El Señor ama a su pueblo.
R. Y adorna con la victoria
a los humildes.
Oremos:
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Flp 4, 8.9b
Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta, hermanos. Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey.
R. Bendeciré tu nombre por
siempre jamás.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por intercesión de la santísima Virgen María, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
Salmo 94
INVITACIÓN A LA
ALABANZA DIVINA
Animaos unos
a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb
3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos
salva; +
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con
cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los
dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres
de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que
modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador
nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que
él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en
Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me
pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."
Si para el Invitatorio se escoge el salmo 99, el 66 o el 23, y el salmo escogido formara ya parte de la salmodia del día, se diría entonces en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE
ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un canto de victoria.
(S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios
con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna,
su fidelidad por
todas las edades.»
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS
ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta salvación de Dios ha sido enviada
a los gentiles. (Hch
28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe.
Salmo 23
ENTRADA
SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren ante Cristo
que como hombre sube al cielo. (S. Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en
los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición
del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
TERCIA
Ven, Espíritu Santo, luz y gozo,.
Amor, que en tus incendios nos
abrasas:
renueva el alma de este pueblo tuyo
que por mis labios canta tu
alabanza.
En sus fatigas diarias; sé descanso;
en su lucha tenaz, vigor y
gracia:
haz germinar la caridad del Padre,
que engendra flores y que quema
zarzas.
Ven, Amor, que iluminas el camino,
compañero divino de las
almas:
ven con tu viento a sacudir al mundo
y a abrir nuevos senderos de
esperanza. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor
santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos
has dado.
Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor
que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza
que aligera.
En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos
concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien
nada puede. Amén.
SEXTA
En los domingos:
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres, Señor Jesús, luz
y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran ya la fiesta de
la Vida.
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y de vivir
eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en ti cosecha
para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de tu radiante luz llena
este día,
camino de alegría y de esperanza,
cabal acontecer de nueva
vida.
Concédenos, oh Padre omnipotente,
por tu Hijo Jesucristo,
hermano nuestro,
vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo de esta.
tierra un cielo nuevo. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
Te está cantando el martillo
y rueda en tu honor la
rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios de esta
dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre
más cada día!
Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el
mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se
esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está -sin mortaja-
en
donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.
O bien, tanto en los domingos como en las ferias:
Este mundo del hombre, en que él se afana
tras la felicidad que
tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz temprana
y de radiante sol al
mediodía.
Así el poder de tu presencia encierra
el secreto más hondo de
esta vida;
un nuevo cielo y una nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin
medida.
Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir
gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu victoria
inunden nuestra vida
eternamente. Amén.
NONA
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna
roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te
invoca.
Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz
háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de
santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se
avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina.
Amén.
O bien:
Oh Jesús, que en tu cruz has demostrado
tu gran amor, tu gran
misericordia,
y tu fuerza nos das para seguirte
por el mismo camino hacia
la gloria.
Que fielmente cumplamos en tu Iglesia
nuestra parte en tu obra
salvadora,
y, al llegar a la tarde de la vida,
en gozo eterno el Padre nos
acoja.
Gracias, Padre, a ti porque nos llamas,
a Jesús, que en su
sangre nos redime,
y al Espíritu, luz y guía
de este pueblo que al cielo
se dirige. Amén.
TERCIA
Ven del seno de Dios, oh Santo Espíritu,
a visitar las mentes de
tus fieles;
y haz que los corazones que creaste
se llenen con tus dádivas
celestes.
Ilumine tu luz nuestros sentidos,
encienda el fuego de tu amor
los pechos;
Espíritu de Cristo, fortalece
este barro mortal de nuestros
corazones.
Danos, Amor, tu amor y la alegría
de conocer al Padre y a su
Hijo,
de poseerte a ti que eres de entreambos
eternamente el inefable
Espíritu. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor
santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos
has dado.
Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor
que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza
que aligera.
En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos
concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien
nada puede. Amén.
SEXTA
En los domingos:
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres, Señor Jesús, luz
y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran ya la fiesta de
la Vida.
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y de vivir
eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en ti cosecha
para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de tu radiante luz llena
este día,
camino de alegría y de esperanza,
cabal acontecer de nueva
vida.
Concédenos, oh Padre omnipotente,
por tu Hijo Jesucristo,
hermano nuestro,
vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo de esta.
tierra un cielo nuevo. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
El pan de cada día
dánoslo hoy, Señor, a manos
llenas;
convierte en alegría
nuestras labores buenas
y acaricia el
dolor de nuestras penas.
¡Horas de tedio largas
sin la presencia buena de tus
manos!
¡Ay, las horas amargas
nos vuelven inhumanos,
si no abrimos el
alma a los hermanos!
Santifica el momento
de este ruido tenaz, de esta
fatiga.
Busquemos el aliento de tu presencia amiga
que acreciente el
esfuerzo y nos bendiga. Amén.
O bien, tanto en los domingos como en las ferias:
Este mundo del hombre, en que él se afana
tras la felicidad que
tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz temprana
y de radiante sol al
mediodía.
Así el poder de tu presencia encierra
el secreto más hondo de
esta vida;
un nuevo cielo y una nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin
medida.
Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir
gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu victoria
inunden nuestra vida
eternamente. Amén.
NONA
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna
roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te
invoca.
Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz
háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de
santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se
avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina.
Amén.
O bien:
Danos, Señor, la firme voluntad,
compañera y sostén de la
virtud,
que sabe en la fatiga hallar quietud
y en medio de las sombras
claridad:
La que trueca en tesón la veleidad,
y el ocio en perennal
solicitud,
y las ásperas fiebres en salud
y los torpes engaños en
verdad.
Y así conseguirá mi corazón
que los favores que a tu amor
debí
le ofrezcan algún fruto en galardón.
Y aún tú, Señor, conseguirás así
que no llegue a romper mi
confusión
la imagen tuya que pusiste en mí. Amén.
Cuando el sol, Señor, se
apaga,
y las sombras todo llenan,
ilumina nuestras almas
con la luz de
tu presencia.
Que en las horas de la noche
nos defiendas con tu brazo;
y a
la sombra de tus alas
veles Tú nuestro descanso.
Gloria a ti, oh Padre bueno,
y a tu Hijo Jesucristo,
y al
Espíritu divino
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien:
Cuando la luz del sol es
ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda,
amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que
fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo
engrandece.
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e
ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y
camina.
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre
nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu
gran día. Amén.
O bien:
Cristo, Señor de la
noche,
que disipas las tinieblas:
mientras los cuerpos reposan,
se tú
nuestro centinela.
Después de tanta fatiga,
después de tanta dureza,
acógenos en
tus brazos
y danos noche serena.
Si nuestros ojos se duermen,
que el alma esté siempre en
vela;
en paz cierra nuestros párpados
para que cesen las penas.
Y que al despuntar el alba,
otra vez con fuerzas nuevas,
te
demos gracias, oh Cristo,
por la vida que comienza. Amén.
O bien:
Se inclina ya mi
frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del
descanso.
Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor
enciende
su lámpara velando.
Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria
dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.
O bien:
Cuando acabamos el
día
te suplicamos, Señor,
nos hagas de centinela
y otorgues tu
protección.
Que te sintamos: contigo
sueñe nuestro corazón
para cantar
tus loores
de nuevo al salir el sol.
Danos vida saludable,
alienta nuestro calor,
tu claridad
ilumine
la oscuridad que llegó.
Dánoslo, Padre piadoso,
por Jesucristo, el Señor,
que reina
con el Espíritu
Santo vivificador. Amén.
Madre del Redentor, virgen
fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella de mar,
ven a
librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo
Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros,
pecadores.
Salve, Reina de los
cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso
a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve,
agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
Dios te salve, Reina y
Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te
salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos,
gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos
misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto
bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
Bajo tu amparo nos
acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te
dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh
Virgen gloriosa y bendita.
El primer domingo queda suplido por la fiesta del Bautismo del
Señor. En las ferias siguientes a este domingo se usan los salmos de la semana I
del Salterio.
En vez de las antífonas para los cánticos evangélicos de María
y de Zacarías que figuran en el siguiente formulario, pueden usarse las
antífonas de libre elección que se hallan en el Apéndice III.
Domingo II
Semana II del
Salterio
I Vísperas
Año A: Éste es el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo. Aleluya.
Año B: Al oír las palabras de
Juan Bautista, dos de los discípulos siguieron al Señor.
Año C: ¡Oh boda feliz de Caná de
Galilea, en la que estaba invitado Jesús, con María, su madre!
Laudes
Año A. El Espíritu Santo bajó
del cielo como una paloma y se posó sobre Jesús.
Año B: «Maestro, ¿dónde vives?»
Jesús les contestó: «Venid y lo veréis.»
Año C: Jesús, a petición de
María, su madre, cambió el agua en el vino de la nueva Alianza.
II
Vísperas
Año A: Juan, testigo de la luz, dice: «Jesús es el Hijo de
Dios.»
Año
B: Andrés
dijo a Simón Pedro: «Hemos dado con el Mesías.» Y lo presentó a
Jesús.
Año
C: En Caná de
Galilea dio Jesús la primera señal por la que reveló su gloria.
Oración
Dios todopoderoso y
eterno, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente las
súplicas de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
III
Semana III del Salterio
I Vísperas
Año A: Iba Jesús proclamando la
Buena Noticia del reino y sanaba todas las enfermedades de la
gente.
Año
B: «Se ha
cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios», dice el
Señor.
Año
C: El sábado,
según su costumbre, Jesús entró en la sinagoga a leer las palabras de los
profetas.
Laudes
Año A: «Arrepentíos -dice el
Señor-, porque se acerca el reino de Dios.»
Año B: «Convertíos y creed la
Buena Noticia», dice el Señor.
Año C: El Espíritu del Señor
está sobre mí, me envió a evangelizar a los pobres.
II
Vísperas
Año A: Dejando al momento las redes, los discípulos siguieron a
Jesús.
Año
B: «Venid en
pos de mí -dice el Señor-, y os haré pescadores de hombres.»
Año C: Hoy tiene su cumplimiento
ante vuestros ojos lo que habéis oído contar de mí en las palabras de la
Escritura.
Oración
Dios todopoderoso y
eterno, dirige nuestras acciones según tu voluntad, para que, invocando el
nombre de tu Hijo, abundemos en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo IV
Semana IV del
Salterio
I Vísperas
Año A: Sentado Jesús en lo alto,
sobre la montaña, enseñaba al pueblo, y sus discípulos lo
rodeaban.
Año B: Estaban todos admirados de la doctrina de Jesús, pues les enseñaba
como quien tiene autoridad.
Año C: Todos se maravillaban de
las palabras que salían de la boca de Dios.
Laudes
Año A: Dichosos los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios.
Año B: Jesús de Nazaret, el
Santo de Dios, ha visitado a su pueblo y lo ha redimido.
Año C: Jesús, hablando en
Nazaret, donde se había criado, dijo: «Tened por cierto que ningún profeta es
bien recibido en su patria.»
II
Vísperas
Año A: Dichosos los que obran la paz, porque ellos serán llamados hijos de
Dios.
Año B:
La fama de
Jesús se extendió rápidamente por todas partes en el país de Galilea, y todos
glorificaban a Dios.
Año C: Querían matar a Jesús, pero él, atravesando por medio de ellos,
siguió su camino.
Oración
Concédenos, Señor,
Dios nuestro, venerarte con toda el alma y amar a todos los hombres con afecto
espiritual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo V
Semana I del
Salterio
I Vísperas
Año A: Sed como la luz que
alumbra a todos los que están en la casa.
Año B: Llegada la tarde, después
de haberse puesto ya el sol, le presentaron a Jesús todos los enfermos y
poseídos por el demonio, y él los curó.
Año C: La gente se agolpaba
sobre Jesús, para escuchar la palabra de Dios.
Laudes
Año A: Vosotros sois la luz del
mundo; alumbre vuestra luz a los hombres para que, viendo vuestras buenas obras,
den gloria a vuestro Padre celestial.
Año B: Se levantó Jesús muy de
mañana y fue a un lugar solitario, donde se puso a hacer
oración.
Año
C: Maestro,
toda la noche hemos estado trabajando y no hemos recogido nada, pero, ya que tú
lo mandas, voy a echar la red.
II
Vísperas
Año A: Vosotros, mis discípulos, sois la sal de la tierra y la luz del
mundo.
Año
B: Para eso
he venido, para traer a todos el mensaje de la salvación.
Año C: «Apártate de mí, Señor,
que soy un hombre pecador.»«Ten ánimo, Simón. De hoy en adelante vas a ser
pescador de hombres.»
Oración
Señor, protege a tu
Pueblo con tu amor siempre fiel y, ya que sólo en ti hemos puesto nuestra
esperanza, defiéndenos siempre con tu poder. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo VI
Semana II del
Salterio
I Vísperas
Año A: Si vuestra virtud no es
superior a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los
cielos.
Año
B: Jesús tocó
con la mano al leproso y al instante desapareció la lepra.
Año C: Dichosos vosotros, los
pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora padecéis
hambre, porque seréis saciados.
Laudes
Año A: Si al llevar tu ofrenda
al altar no estás en paz con el hermano, ve primero a reconciliarte con él;
luego, presenta tu ofrenda.
Año B: «Señor, si tú quieres,
puedes curarme.» Respondió Jesús: «Quiero, queda limpio.»
Año C: Dichosos los que ahora
lloráis, porque reiréis.
II
Vísperas
Año A: Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los
cielos.
Año
B: El leproso
curado proclamaba ante todo el mundo las maravillas del Señor.
Año C: Dichosos seréis cuando
los hombres os aborrezcan, a causa del Hijo del hombre; alegraos entonces y
saltad de gozo, porque será grande en el cielo vuestra recompensa.
Oración
Oh Dios, has prometido
permanecer con los rectos y sinceros de corazón; concédenos vivir de tal manera
que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo
VII
Semana III del Salterio
I Vísperas
Año A: Amad a vuestros enemigos
y orad por los que os persiguen; así seréis hijos verdaderos del
Padre.
Año
B: Trajeron a
Jesús un paralítico. Al ver Jesús la fe de aquellos hombres, dijo: «Hijo mío,
quedan perdonados tus pecados.»
Año C: A vosotros que me estáis
escuchando, yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os
aborrecen.
Laudes
Año A: Dios, vuestro Padre, hace
salir su sol sobre malos y buenos.
Año B: El Hijo del hombre tiene
poder en la tierra para perdonar los pecados. Aleluya.
Año C: «Como queréis que los
demás hagan con vosotros, hacedIo igualmente con ellos», dice el
Señor.
II
Vísperas
Año A: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es
perfecto.
Año B: El paralítico ha sido curado por Cristo; toma la camilla en que
yacía y vuelve a su casa, mientras todo el pueblo glorifica a
Dios.
Año C:
«Perdonad y
Dios os perdonará. Dad y Dios os dará», dice el Señor.
Oración
Concédenos, Dios
todopoderoso, que la constante meditación de tu doctrina nos impulse a hablar y
a actuar siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo
VIII
Semana IV del Salterio
I Vísperas
Año A: Buscad primero el reino
de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura.
Aleluya.
Año
B: «Nadie
echa vino nuevo en odres viejos; el vino nuevo debe ponerse en odres nuevos»,
dice el Señor.
Año C: No es el discípulo más que el maestro; el que llegue a ser como el
maestro será perfecto.
Laudes
Año A: No podéis servir a Dios y
al dinero; Dios es el único Señor.
Año B: Cristo, Esposo y Señor de
la Iglesia, quédate siempre con nosotros.
Año C: Un árbol bueno no puede
dar frutos malos, ni un árbol malo puede dar frutos buenos.
II
Vísperas
Año A: Dios Padre que alimenta a las aves del cielo y hace crecer los
lirios del campo, ¿no hará mucho más por vosotros, sus hijos?
Año B: En los días de tristeza,
mientras el Esposo está lejos, no perdáis la esperanza: Cristo
volverá.
Año
C: El hombre
bueno saca cosas buenas del tesoro de bondad que tiene en su corazón.
Oración
Dirige, Señor, la
marcha del mundo, según tu voluntad, por los caminos de la paz, y que tu Iglesia
se regocije con la alegría de tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo IX
Semana I del
Salterio
I Vísperas
Año A: No todo el que me dice:
«¡Señor, Señor!» entrará en el reino de los cielos, sino el que cumpla la
voluntad de mi Padre celestial.
Año B: Jesús, apenado por la
dureza de corazón de los fariseos, les dijo: «El sábado se ha hecho para el
hombre, no el hombre para el sábado.»
Año C: Jesús, a petición de los
ancianos, se fue a casa del centurión para curar a su criado.
Laudes
Año A: «El que, después de haber
escuchado estas palabras que acabo de decir, no las pone por obra -dice el
Señor- será como el necio, que construyó su casa sobre arena.»
Año B: ¿No es más apropiado para
un sábado hacer el bien y salvar una vida?
Año C: Señor, yo no soy digno de
que entres en mi casa; pero basta que digas una palabra y mi criado quedará
sano.
II
Vísperas
Año A: Todo el que escucha éstas mis palabras Y las pone por obra será
como el varón inteligente, que construyó su casa sobre roca.
Año B: Jesús dice: «El Hijo del
hombre es dueño también del sábado.»
Año C: «Ni siquiera en Israel he
encontrado una fe tan grande», dice el Señor.
Oración
Señor Dios, cuya
providencia no se equivoca en sus designios, te pedimos humildemente que apartes
de nosotros todo lo que pueda causarnos algún daño, y nos concedas lo que pueda
sernos de provecho. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo X
Semana II del
Salterio
I Vísperas
Año A: Jesús, al pasar, llamó a
Mateo, el publicano; él se levantó y siguió al Señor.
Año B: «Si en una familia anida
la discordia, no puede durar mucho tiempo», dice el Señor.
Año C: A la entrada de la ciudad
de Naírn, Jesús confortó a una madre viuda, diciéndole: «Mujer, no
llores.»
Laudes
Año A: Muchos publicanos y
pecadores se sentaron a la mesa con Jesús.
Año B: Todo será perdonado; pero
el que blasfeme contra el Espíritu Santo no obtendrá jamás
perdón.
Año
C: Jesús dijo
al joven que estaba muerto: «Levántate.» Y lo llevó a su madre.
II
Vísperas
Año A: Yo quiero misericordia y no sacrificios, pues no he venido a llamar
a los justos, sino a los pecadores.
Año B: El que hace la voluntad
de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre.
Año C: Un gran profeta ha
surgido entre nosotros: Dios ha visitado a su pueblo.
Oración
Dios nuestro, de quien
todo bien procede, concédenos seguir siempre tus inspiraciones, para que
tratemos de hacer continuamente lo que es recto y, con tu ayuda, lo llevemos
siempre a cabo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo XI
Semana III del
Salterio
I Vísperas
Año A: A la vista de las
multitudes, Jesús se movió a compasión, porque estaban extenuados y abatidos,
como ovejas sin pastor.
Año B: Jesús anunciaba el reino de Dios con muchas
parábolas.
Año C: Una mujer pecadora bañaba con sus lágrimas los pies del Señor y
derramaba perfume sobre ellos.
Laudes
Año A: Señor, envía más
trabajadores a tu mies.
Año B: Sucede con el reino de Dios como con un hombre que siembra la
semilla en la tierra. Ya duerma, ya vele todo el día, el grano germina y va
creciendo.
Año C: Mujer, quedan perdonados tus pecados, porque has amado
mucho.
II
Vísperas
Año A: Predicad el reino, curad a los enfermos, arrojad a los demonios;
dad gratuitamente lo que de gracia habéis recibido.
Año B: La pequeña semilla se
transforma en un árbol, y ofrece cobijo a las aves del cielo.
Año C: Dijo Jesús a aquella
mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»
Oración
Oh Dios, fuerza de los
que en ti esperan, escucha nuestras súplicas y, puesto que el hombre es frágil y
sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia, para observar tus
mandamientos y agradarte con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XII
Semana IV del Salterio
I Vísperas
Año A: A todo aquel que me
reconozca ante los hombres, lo reconoceré yo también ante mi
Padre.
Año
B: En medio
de la tempestad, Jesús dormía. Los discípulos gritaron: «¡Señor, sálvanos, que
perecemos! »
Año C: El Señor preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» «Tú eres
el ungido de Dios.»
Laudes
Año A: «Lo que os confío al
oído, pregonadlo de lo alto de los terrados», dice el Señor.
Año B: Se levantó el Señor e
increpó al viento y al mar. y sobrevino gran bonanza.
Año C: El Hijo del hombre tiene
que sufrir mucho: tiene que ser condenado y muerto, pero al tercer día
resucitará.
II
Vísperas
Año A: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el
alma.
Año
B: Los
discípulos se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el
mar lo obedecen! »
Año C: Si alguno quiere venir en pos de mí, renúnciese a sí mismo, tome
cada día su cruz y sígame.
Oración
Concédenos vivir
siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás dejas de
dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XIII
Semana I del Salterio
I Vísperas
Año A: El que a vosotros recibe a
mí me recibe, y recibe también a aquel que me ha enviado.
Año B: Una mujer enferma tocó el
vestido de Jesús y, al instante, notó en su cuerpo que estaba
curada.
Año
C: Con ánimo
decidido, Jesús subía a Jerusalén, al encuentro de su pasión.
Laudes
Año A: «El que no toma su cruz y
sigue en pos de mí no es digno de mí», dice el Señor.
Año B: Hija mía, tu fe te ha
curado; vete en paz.
Año C: Las raposas tienen sus cuevas, y los pájaros del cielo sus nidos;
pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza.
II
Vísperas
Año A: Quien quiera conservar su vida la perderá, quien por mi causa la
perdiere la encontrará.
Año B: Entrando en la casa Jesús dijo: «La niña no está muerta; está
durmiendo.» La tomó de la mano y exclamó: «Niña, yo te lo mando,
levántate.»
Año C: Nadie que pone la mano en el arado y mira atrás es apto para el
reino de Dios.
Oración
Dios nuestro, que
quisiste hacernos hijos de la luz por la adopción de la gracia, concédenos que
no seamos envueltos por las tinieblas del error, sino que permanezcamos siempre
en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XIV
Semana II del Salterio
I Vísperas
Año A: Tomad sobre vosotros mi
yugo, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.
Año B: Jesús recorría las aldeas
y predicaba en las sinagogas.
Año C: La mies es mucha y los
operarios son pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe trabajadores a
ella.
Laudes
Año A: Yo te bendigo, oh Padre,
Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y
prudentes y las has descubierto a los pequeños.
Año B: Muchos quedaban admirados
de Cristo y se preguntaban: «¿De dónde le viene tanta
sabíduría?»
Año C: En cualquier casa donde entréis, decid: «La paz sea en esta casa»
y que vuestra paz los inunde.
II
Vísperas
Año A: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os
daré descanso.
Año B: Jesús vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Pero a
cuantos lo recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de
Dios.
Año
C: Los
discípulos llegaron llenos de gozo porque los demonios se les sometían. Jesús
les dijo: «Alegraos más bien porque vuestros nombres están inscritos en el
cielo.»
Oración
Oh Dios, que por medio
de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, conserva a tus
fieles en continua alegría y concede los gozos del cielo a quienes has librado
de la muerte eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo XV
Semana III del
Salterio
I Vísperas
Año A: Jesús subió a una barca,
y con muchas parábolas enseñaba a la gente.
Año B: Llamó Jesús junto a sí a
los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos a anunciar la
salvación.
Año C: Así está escrito en la ley: «Amarás al Senor tu Dios con todo tu
corazón, y a tu prójimo como a ti mismo.»
Laudes
Año A: La semilla es la palabra
de Dios, el sembrador es Cristo; todo el que lo escuche vivirá
eternamente.
Año B: Enviados por el Señor, los discípulos arrojaban a los demonios,
ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
Año C: El buen samaritano se
acercó al herido y le curó las llagas.
II
Vísperas
Año A: Jesús dijo a sus discípulos: «A vosotros ha concedido Dios conocer
los misterios del reino de los cielos.»
Año B: Los discípulos, sin llevar
pan, ni alforja, ni dinero, predicaban a la gente para que se
convirtiesen.
Año C: Ten cuidado del prójimo, y yo te abonaré a mi vuelta lo que hayas
gastado en su favor.
Oración
Señor Dios, que
muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver
al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de todo lo que
sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese nombre significa.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XVI
Semana IV del Salterio
I Vísperas
Año A: Abriré mis labios para
hablar en parábolas; declararé cosas que han estado ocultas desde la creación
del mundo.
Año B: «Venid conmigo a retiraros a un lugar apartado y descansad un
poco», dice el Señor.
Año C: Entró Jesús en una aldea, y Marta le hospedó en su casa y le
servía.
Laudes
Año A: El reino de los cielos se
parece a la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina, hasta que
se fermenta toda la masa.
Año B: Volvieron a reunirse los apóstoles con Jesús y le refirieron todo
lo que habían hecho y enseñado.
Año C: Una hermana de Marta,
llamada María, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras.
II
Vísperas
Año A: Al fin de los tiempos, el Hijo del hombre separará el trigo de la
cizaña; entonces los santos brillarán como el sol en el reino de su
Padre.
Año
B: Desde
todas las aldeas, se dirigieron hacia Jesús; y él se movió a compasión, porque
estaban como ovejas sin pastor.
Año C: Sólo una cosa es
necesaria; María ha escogido la mejor parte, y no se la quitarán
nunca.
Oración
Mira con misericordia
a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros, para que,
fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perseveremos en el fiel
cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo XVII
Semana I del Salterio
I Vísperas
Año A: Un letrado que entiende
del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo
nuevo y lo antiguo.
Año B: Jesús, viendo que venía a él una gran multitud, preguntó a Felipe:
«¿Dónde compraremos panes, para que coma toda esta gente?»
Año C: Estaba Jesús un día
haciendo oración y, después que terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor,
enséñanos a orar.»
Laudes
Año A: Sucede con el reino de
los cielos como con una red que se echa en el mar; una vez llena, separan los
peces buenos y tiran los malos.
Año B: Un muchacho ofreció cinco
panes de cebada y dos peces. Jesús dijo la acción de gracias y los repartió,
dándoles cuanto querían.
Año C: Si vosotros, siendo malos como sois, sabéis dar cosas buenas a
vuestros hijos, ¿con cuánta mayor razón dará vuestro Padre desde el cielo el
Espíritu Santo a quienes se lo pidan?
II
Vísperas
Año A: El reino de los cielos es una perla fina: el que la encuentra
vende todo lo que tiene y la compra.
Año B: La gente, al ver la señal
que Jesús había hecho, comenzó a decir: «Éste es, sin duda, el profeta que iba a
venir al mundo.»
Año C: Pedid y recibiréis; buscad y hallaréis; llamad y se os
abrirá.
Oración
Oh Dios, protector de
los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; aumenta los signos de tu
misericordia sobre nosotros, para que, bajo tu dirección, de tal modo nos
sirvamos de las cosas pasajeras que por ellas alcancemos con mayor plenitud las
eternas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XVIII
Semana II del Salterio
I Vísperas
Año A: Venid, comprad sin pagar,
y comed un pan que satisface para siempre.
Año B: Dios hizo llover maná para
el pueblo, les dio pan del ciclo. Aleluya.
Año C: No os afanéis por los
bienes de la tierra; su abundancia no es bastante para salvar la
vida.
Laudes
Año A: Jesús multiplicó los
panes, y comieron todos hasta quedar satisfechos.
Año B: Yo soy el pan de vida; el
que venga a mí no tendrá más hambre, y el que crea en mí jamás tendrá
sed.
Año
C: Si habéis
sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba. Aleluya.
II
Vísperas
Año A: Conmovido por la gente que lo seguía y escuchaba su palabra, Jesús
les dio pan en abundancia.
Año B: Trabajad no por el
alimento perecedero, sino por el alimento que permanece y que da vida
eterna.
Año
C: Si en
verdad deseáis llegar a ser ricos, amad las riquezas verdaderas.
Oración
Señor, danos tu
misericordia y atiende a las súplicas de tus hijos; concede la tranquilidad y la
paz a los que nos gloriamos de tenerte como creador y como guía, y consérvalas
en nosotros para siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo
XIX
Semana III del Salterio
I Vísperas
Año A: Jesús subió a un monte
apartado a orar y, llegada la noche, permaneció allí solo.
Año B: Con la fuerza de aquella
comida, Elías caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de
Dios.
Año
C: Estad
alerta como los siervos que están esperando a su amo.
Laudes
Año A: De madrugada, Jesús,
caminando por encima del mar, vino hacia sus discípulos y les dijo: «Tened
valor, que soy yo; no tengáis miedo.»
Año B: El pan que yo voy a dar es
mi carne ofrecida por la vida del mundo.
Año C: Donde está tu tesoro, allí
está tu corazón.
II
Vísperas
Año A: Jesús extendió la mano para salvar a Pedro del agua, y le dijo:
«Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?»
Año B: Yo os lo aseguro con toda
verdad: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.
Año C: Dichosos aquellos
siervos, a quienes el amo a su llegada encuentra velando; os aseguro que los
hará sentar a la mesa y se prestará a servirles.
Oración
Dios todopoderoso y
eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre, intensifica en
nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en
posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu hijo.
Domingo XX
Semana IV del
Salterio
I Vísperas
Año A: Mi casa es casa de
oración y así la llamarán todos los pueblos; a ella los traeré y en ella los
alegraré.
Año B: Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; seguid
el camino de la prudencia.
Año C: Sabéis juzgar el aspecto
del cielo, ¿y no sois capaces de juzgar las señales de los tiempos
mesiánicos?
Laudes
Año A: Dios encerró a todos los
hombres en la desobediencia, a fin de hacer misericordia con
todos.
Año
B: El que
come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.
Año C: Jesús quiso recibir el
bautismo del sufrimiento y beber el cáliz de la pasión.
II
Vísperas
Año A: Mujer, grande es tu fe; que se cumpla lo que
deseas.
Año
B: Yo soy el
pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre.
Aleluya.
Año
C: He venido
a traer fuego al mundo, y ¡cuánto deseo que esté ya ardiendo!
Oración
Oh Dios, que has
preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde el amor de tu nombre
en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas,
consigamos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo
XXI
Semana I del Salterio
I Vísperas
Año A: Pondré en el hombro de mi
siervo la llave de mi casa: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre
nadie lo abrirá.
Año B: El Hijo del hombre ha subido al cielo, de donde había bajado; pan
que da vida al mundo.
Año C: «Yo vendré para reunir a los pueblos de toda lengua: acudirán para
ver mi gloria», dice el Señor.
Laudes
Año A: «Tú eres el Mesías, el
Hijo del Dios vivo.» «Bienaventurado eres tú, Simón: mi Padre te lo ha
revelado.»
Año B: El espíritu es el que da vida; la carne no vale nada. Las palabras
que acabo de deciros son espíritu y son vida.
Año C: «Procurad entrar por la
puerta estrecha -dice el Señor-, es la puerta de la vida.»
II
Vísperas
Año A: Yo te daré las llaves del reino de los cielos, Simón Pedro: todo lo
que atares sobre la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatares sobre
la tierra será desatado en el cielo.
Año B: Señor, ¿a quién vamos a
ir? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros hemos creído y sabemos que tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios. Aleluya.
Año C: Vendrán muchos del
oriente y del occidente a sentarse con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los
cielos.
Oración
Señor Dios, que unes
en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar
lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de la inestabilidad
de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo
de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor, Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXII
Semana II del Salterio
I Vísperas
Año A: El Hijo del hombre vendrá
revestido de la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su
conducta.
Año B: Cumplid los preceptos del Señor, porque ellos son vuestra
sabiduría y vuestra prudencia a los ojos de los pueblos.
Año C: Hazte pequeño en las
grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque él revela sus secretos
a los humildes.
Laudes
Año A: Presentad vuestros
cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto
razonable.
Año B: Recibid con docilidad la palabra de Dios que ha sido sembrada en
vosotros, y que tiene poder para salvar vuestras almas.
Año C: Invita a tu mesa a los
pobres que no tienen con qué pagarte; porque Dios te lo recompensará en la
resurrección de los justos.
II
Vísperas
Año A: ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si arruina su
vida?
Año B:
Escuchad y
comprended las tradiciones que el Señor os ha dado.
Año C: Cuando te inviten a una
boda, ve a ponerte en el último puesto; el que te invitó te pondrá junto a sí, y
será esto para ti un honor ante todos los comensales.
Oración
Oh Dios todopoderoso,
de quien procede todo don perfecto, infunde en nuestros corazones el amor de tu
nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, aumentes el bien en
nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo
XXIII
Semana III del Salterio
I Vísperas
Año A: Si tu hermano comete un
pecado, ve y corrígele a solas. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano para
Dios.
Año
B: Los oídos
de los sordos se abrirán y la lengua del mudo cantará: es Dios mismo quien nos
viene a salvar. Aleluya.
Año C: ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das la sabiduría enviando
tu Santo Espíritu desde el cielo?
Laudes
Año A: El único deber vuestro ha
de ser amaros los unos a los otros. Porque quien ama al prójimo ya ha cumplido
la ley.
Año
B: Abre,
Señor, nuestro corazón para que comprendamos tus palabras; abre nuestros labios
y proclamaremos tu alabanza.
Año C: Dice el Señor: El que no
renuncia a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.
II
Vísperas
Año A: «Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos», dice el Señor.
Año B: Todo lo ha hecho bien, ha
hecho oír a los sordos y hablar a los mudos. Aleluya.
Año C: «El que no carga su cruz
para venir en pos de mí no puede ser mi discípulo», dice el Señor.
Oración
Dios nuestro, que nos
has enviado la redención y concedido la filiación adoptiva, protege con bondad a
los hijos que tanto amas, y concédenos, por nuestra fe en Cristo, la verdadera
libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXIV
Semana IV del Salterio
I Vísperas
Año A: Recuerda la alianza del
Señor, y perdona las ofensas de tu prójimo.
Año B: Nuestra gloria es la cruz
de nuestro Señor Jesucristo.
Año C: Haced fiesta y alegraos:
tu hermano había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos
hallado.
Laudes
Año A: El Padre celestial os
perdonará, si vosotros perdonáis de corazón a vuestro hermano.
Año B: El que quiera venir en
pos de mí, renúnciese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
Año C: Sentencia verdadera y
digna de universal adhesión es ésta: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a
los pecadores. Aleluya.
II
Vísperas
Año A: «No debes perdonar hasta siete veces, sino hasta setenta veces
siete», dice el Señor.
Año B: «El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará», dice
el Señor.
Año C: Hay gran alegría entre los ángeles de Dios, por un solo pecador
que se arrepiente.
Oración
Señor Dios, creador y
soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos de bondad y haz que te
sirvamos con todo el corazón, para que experimentemos los efectos de tu
misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXV
Semana I del Salterio
I Vísperas
Año A: «Como el cielo es más
alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros», dice el
Señor.
Año
B: Todo el
que acoge a uno de estos niños por amor a mí me acoge a mí en persona y a aquel
que me ha enviado.
Año C: Granjeaos amigos con estas riquezas de pecado; para que, cuando
vengan ellas a faltar, haya quien os reciba en las moradas eternas.
Laudes
Año A: El rico hacendado sale
muy de mañana a contratar jornaleros para su viña.
Año B: El Hijo del hombre tenía
que sufrir y resucitar para salvar al mundo.
Año C: Sed fieles en lo poco, y
Dios os confiará las riquezas verdaderas.
II
Vísperas
Año A: «Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo», dice
el Señor.
Año B: «El mayor de entre vosotros hágase el servidor de todos -dice el
Señor-, pues el que se humilla será levantado.» Aleluya.
Año C: Nadie puede servir a dos
señores; no podéis servir a Dios y al dinero.
Oración
Oh Dios, has hecho del
amor a ti y a los hermanos la plenitud de la ley; concédenos cumplir tus
mandamientos y llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Domingo
XXVI
Semana II del Salterio
I Vísperas
Año A: «Si el malvado recapacita
y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá», dice el
Señor.
Año
B: ¡Ojalá que
todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del
Señor!
Año
C: Si no
quieren hacer caso a Moisés y a los profetas, tampoco se dejarán convencer
aunque resucite un muerto.
Laudes
Año A: Todo el que hace la
voluntad del Padre es verdadero hijo de Dios. Aleluya.
Año B: «El que no está contra
nosotros está a nuestro favor», dice el Señor.
Año C: Dichosos los pobres de
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
II
Vísperas
Año A: No todo el que me diga: «Señor, Señor», entrará en el reino de los
cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial.
Aleluya.
Año
B: «Todo
aquel que os dé a beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, yo
os aseguro que de ninguna manera perderá su recompensa», dice el
Señor.
Año
C: Hijo,
recuerda que ya recibiste tus bienes durante tu vida; Lázaro, en cambio, recibió
males. Ahora él recibe aquí consuelo, y tú tormento.
Oración
Señor Dios, que
manifiestas tu poder de una manera admirable sobre todo cuando perdonas y
ejerces tu misericordia, infunde constantemente tu gracia en nosotros, para que,
tendiendo hacia lo que nos prometes, consigamos los bienes celestiales. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXVII
Semana III del Salterio
I Vísperas
Año A: La viña del Señor de los
ejércitos es la casa de Israel. Aleluya.
Año B: El hombre se unirá a su
mujer y serán los dos una sola carne. ¡Gran misterio es éste! Y yo lo refiero a
Cristo y a la Iglesia.
Año C: He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta, pero el justo
vivirá por su fe.
Laudes
Año A: La piedra que rechazaron
los constructores vino a convertirse en piedra angular para el nuevo templo de
Dios.
Año
B: Quien no
recibe la doctrina del reino de Dios con las disposiciones de un niño no puede
entrar en la casa del Padre.
Año C: Conserva el precioso
depósito de la fe, bajo la acción del Espíritu Santo que mora en nosotros.
Aleluya.
II
Vísperas
Año A: A los malvados les dará una muerte afrentosa, y arrendará su viña
a otros víñadores que le entreguen los frutos a su tiempo.
Año B: Dejad que los niños vengan
a mí, porque de los que son como ellos es el reino de los
cielos.
Año
C: Somos
solamente tus siervos, Señor; no hemos hecho más que lo que teníamos que
hacer.
Oración
Dios todopoderoso y
eterno, que con la magnificencia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los
deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que
libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no
nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXVIII
Semana IV del Salterio
I Vísperas
Año A: Dios ha preparado para
todos los pueblos un festín. Aleluya.
Año B: ¡Qué difícilmente
entrarán en el reino de Dios los que poseen riquezas!
Año C: ¿No ha vuelto ninguno a
dar gloria a Dios, sino este extranjero? Levántate y vete; tu fe te ha
salvado.
Laudes
Año A: Salid a las encrucijadas,
y a todos cuantos encontréis invitadlos a las bodas.
Año B: Invoqué y vino a mí un
espíritu de sabiduría; todos los bienes me vinieron con ella.
Año C: Si tenemos constancia en
el sufrir, reinaremos con Cristo; si le somos infieles, él permanece
fiel.
II
Vísperas
Año A: A la hora de la cena el Señor llama a todos los invitados: «Venid,
que ya está todo preparado.» Aleluya.
Año B: Vosotros, que lo habéis
dejado todo y me habéis seguido, recibiréis el ciento por uno y poseeréis la
vida eterna.
Año C: Uno de los leprosos curados por Jesús volvió sobre sus pasos,
glorificando a Dios a grandes voces.
Oración
Te pedimos, Señor, que
tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos
a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXIX
Semana I del Salterio
I Vísperas
Año A: De oriente a occidente no
hay otro dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro.
Año B: «Vosotros beberéis el
cáliz que yo he de beber y recibiréis el bautismo que yo he de recibir», dice el
Señor.
Año
C: Moisés
sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Laudes
Año A: Jesús, maestro, tú enseñas
con veracidad la manera de vivir según Dios. Aleluya.
Año B: El que quiera ser el
mayor, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que sea esclavo
de todos.
Año C: Dios hará justicia a sus elegidos que claman a él día y
noche.
II
Vísperas
Año A: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
Aleluya.
Año
B: El Hijo
del hombre ha venido a servir y a dar su vida en rescate por las
multitudes.
Año C: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la
tierra?
Oración
Dios todopoderoso y
eterno, haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y que te sirvamos
con un corazón sincero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXX
Semana II del Salterio
I Vísperas
Año A: La caridad no hace nada
malo al prójimo; así que amar es cumplir la ley entera.
Año B: El Señor salva a su
pueblo, conduce al ciego y al cojo por un camino llano. Aleluya.
Año C: El Señor recibe
benévolamente a los que le honran; los gritos del pobre atraviesan las
nubes.
Laudes
Año A: Amarás al prójimo como a
ti mismo.
Año B: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Señor, que
vea!
Año
C: El
publicano, quedándose a cierta distancia y sin levantar los ojos, se daba golpes
de pecho e iba repitiendo: «¡Dios mío, ten compasión de mí, que soy un
pecador!»
II
Vísperas
Año A: El principal mandamiento es éste: Amarás al Señor, tu Dios, con
todo tu corazón. Aleluya.
Año B: Jesús dijo al ciego: «Anda, tu fe te ha salvado.» Al instante
recobró la vista y fue siguiéndolo.
Año C: El publicano bajó a su
casa justificado, porque todo aquel que se exalta será humillado, y el que se
humilla será exaltado.
Oración
Dios todopoderoso y
eterno, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, y para que
alcancemos lo que nos prometes haz que amemos lo que nos mandas. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXXI
Semana III del Salterio
I Vísperas
Año A: El que se exalta será
humillado, y el que se humilla será exaltado.
Año B: El Señor, Dios nuestro,
es el único. Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón sus
mandamientos.
Año C: Amas a todos los seres, Señor, y nada de lo que hiciste aborreces;
para que todos se aparten del mal y crean en ti, Dios nuestro.
Laudes
Año A: Uno solo es vuestro Padre:
el Dios de cielo y tierra.
Año B: Amar al prójimo como a sí
mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Año C: Zaqueo, muy contento,
recibió a Jesús en su casa. A esta casa hoy ha llegado la salvación.
II
Vísperas
Año A: Uno solo es vuestro maestro, el que está en el cielo: Cristo, el
Señor.
Año
B: Ama al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ama a tu prójimo como a ti mismo. No existe
otro mandamiento mayor que estos dos.
Año C: El Hijo del hombre ha
venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Oración
Señor de poder y de
misericordia, cuyo favor hace digno y agradable el servicio de tus fieles,
concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXXII
Semana IV del Salterio
I Vísperas
Año A: Aunque el esposo tarde,
velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Año B: Esta mujer ha dado todo su
sustento al Señor: y no le falta lo necesario para vivir.
Año C: Vale la pena morir a manos
de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará.
Laudes
Año A: Saldremos al encuentro
del Señor, y así estaremos siempre con él.
Año B: Nos tienen como gente
triste, aunque estamos siempre alegres; por mendigos, aún cuando enriquecemos a
muchos; o por gente que nada tiene, cuando en realidad todo lo poseemos:
poseemos al Señor de cielo y tierra.
Año C: El que alcance a ser digno
de tener parte en el otro mundo es hijo de la resurrección e hijo de
Dios.
II
Vísperas
Año A: A medianoche se oyó una voz que decía: «Mirad, el Esposo viene,
salid a su encuentro.»
Año B: Esta pobre viuda ha dado más que todos, porque de su misma pobreza
ha dado todo lo que tenía.
Año C: Dios no es un Dios de
muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. Aleluya.
Oración
Dios omnipotente y
misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, con el alma y el
cuerpo bien dispuestos, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
Domingo
XXXIII
Semana I del Salterio
I Vísperas
Año A: «Al que tiene se le dará,
y tendrá abundante, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene», dice
el Señor.
Año B: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no
pasarán.
Año
C: «A los que
respetan mi nombre los alumbraré con el sol de la justicia», dice el
Señor.
Laudes
Año A: Nosotros somos hijos de la
luz e hijos del día; por eso, estemos alerta en espera del
Señor.
Año
B: Los justos
brillarán como el fulgor del firmamento por toda la eternidad.
Año C: Por mi causa os
perseguirán; eso os dará ocasión de profesar vuestra fe: yo os daré palabras y
sabiduría a las que no podrá hacer frente ningún adversario vuestro.
II
Vísperas
Año A: Muy bien, siervo bueno, ya que has sido fiel en lo poco, entra a
participar en el gozo de tu Señor.
Año B: Verán venir al Hijo del
hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad.
Año C: «Con vuestra
perseverancia salvaréis vuestras vidas», dice el Señor.
Oración
Señor, Dios nuestro,
concédenos alegrarnos siempre en tu servicio, porque la profunda y verdadera
alegría está en ser fiel a ti, autor de todo bien. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
Solemnidad
I VÍSPERAS
HIMNO
Oh príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, rey de las
naciones:
te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los
corazones.
En la tierra te adoran los mortales
y los santos te alaban en el
cielo,
unidos a sus voces te aclamamos
proclamándote rey del
universo.
Oh Jesucristo, príncipe pacífico:
somete a los espíritus
rebeldes,
y haz que encuentren el rumbo los perdidos
y que en un solo
aprisco se congreguen.
Para eso pendes de una cruz sangrienta,
y abres en ella tus
divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón
atravesado.
Para eso estás oculto en los altares
tras las imágenes del pan y
el vino;
para eso viertes de tu pecho abierto
sangre de salvación para tus
hijos.
Por regir con amor el universo,
glorificado seas,
Jesucristo,
y que contigo y con tu eterno Padre
también reciba gloria el
Santo Espíritu. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Será llamado Príncipe de la paz, y su trono estará firmemente asentado para siempre.
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Será llamado Príncipe de la paz, y su trono estará firmemente asentado para siempre.
Ant. 2. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y lo obedecerán.
Salmo 116
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 2. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y lo obedecerán.
Ant. 3. A Cristo se le ha otorgado el imperio, el honor y la realeza: todos los pueblos, naciones y lenguas por siempre lo servirán.
Cántico Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo
que no existía
fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3. A Cristo se le ha otorgado el imperio, el honor y la realeza: todos los pueblos, naciones y lenguas por siempre lo servirán.
LECTURA BREVE Ef 1,20-23
Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y lo constituyó a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista no sólo en el mundo presente, sino también en el futuro. Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, que es su cuerpo, como cabeza, sobre todo, es decir, como plenitud de aquel que lo llena todo en todo.
RESPONSORIO BREVE
V. Tuya es la grandeza y el poder, tuyo, Señor, es el
reino.
R.
Tuya es la
grandeza y el poder, tuyo, Señor, es el reino.
V. Tú gobiernas todo el universo.
R. Tuyo, Señor, es el
reino.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tuya es la grandeza y el
poder, tuyo, Señor, es el reino.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Aleluya.
PRECES
Hermanos, adoremos a Cristo Rey, el cual existe antes que todas las cosas, y en quien todas las cosas tienen su razón de ser. Elevemos a él nuestra voz, clamando:
Que venga tu reino, Señor.
Cristo, nuestro rey y pastor, congrega a tus ovejas de todos los
puntos de la tierra
y apaciéntalas en verdes praderas de
pastos abundantes.
Cristo, nuestro salvador y nuestro guía, reúne a todos los hombres
dentro de tu pueblo santo: sana a los enfermos, busca a los extraviados,
conserva a los fuertes,
haz volver a los que se han
alejado, congrega a los dispersos, alienta a los desanimados.
Juez eterno, cuando pongas tu reino en manos de tu Padre, colócanos
a tu derecha
y haz que poseamos el reino que nos ha sido
preparado desde la creación del mundo.
Príncipe de la paz, quebranta las armas
homicidas
e infunde en todas las naciones el amor a la
paz.
Heredero universal de todas las naciones, haz entrar a la humanidad
con todos sus bienes al reino de tu Iglesia que tu Padre te ha
dado,
para que todos, unidos en el Espíritu Santo, te
reconozcan como su cabeza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, primogénito de entre los muertos y primicia de los que
duermen,
admite a los fieles difuntos a la gloria de tu
resurrección.
Con la confianza que nos da el ser participantes de la realeza de Cristo y coherederos de su reino, elevemos nuestra voz al Padre celestial: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas
en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura, libertada de toda
esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
¡Qué hermoso el Rey en la campaña!
Iba vestido de verdad,
y
era su espada de conquista
el fuerte amor que vence al mal.
¡Qué hermosa aquella estirpe suya,
desde el divino
manantial!
Es rey de la casa de David,
nacido en cuna virginal.
Murió en la cruz ajusticiado
por rey del pueblo de
Abraham.
¡Éste es el Rey del universo!;
si Dios lo ha escrito, escrito
está.
Rey que desarmas las conciencias,
rey vencedor de
Satanás,
sobre las ruinas del pecado
tú solo creas vida y paz.
Oh Jesucristo, mi Señor,
rey poderoso que vendrás,
a tus
hermanos pecadores
mira con rostro familiar.
¡Bendito el Rey crucificado,
el Rey de reyes inmortal,
desde
la altura de tu Padre
reina con cetro de piedad! Amén.
SALMODIA
Ant. 1. He aquí un varón cuyo nombre es Germen, se sentará en su trono para reinar y proclamará la paz a las naciones.
Salmo 62, 2-9
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está
sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada,
sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu
gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán
jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque
fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo:
mi alma
está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1. He aquí un varón cuyo nombre es Germen, se sentará en su trono para reinar y proclamará la paz a las naciones.
Ant. 2. Se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.
Cántico Dn 3, 57-88. 56
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos,
bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid
al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2. Se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.
Ant. 3. Dios le otorgó el imperio, el honor y la realeza, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servirán.
Salmo 149
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la
asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos
de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los
humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las
manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las
naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas
de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus
fieles.
Ant. 3. Dios le otorgó el imperio, el honor y la realeza, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo servirán.
LECTURA BREVE Ef 4, 15-16
Realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren y actuando a la medida de cada parte, se procura su propio crecimiento, para construcción de sí mismo en el amor.
RESPONSORIO BREVE
V. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu
reinado.
R. Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu
reinado.
V. Y que hablen de tus hazañas.
R. Que proclamen la gloria
de tu reinado.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Que tus fieles, Señor,
proclamen la gloria de tu reinado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Cristo es el primogénito de entre los muertos y el Príncipe de los reyes de la tierra; él ha hecho de nosotros un reino para Dios, su Padre. Aleluya.
PRECES
Hermanos, adoremos a Cristo Rey, el cual existe antes que todas las cosas y en quien todas las cosas tienen su razón de ser. bevernos a él nuestra voz, clamando:
Que venga tu reino, Señor.
Cristo, salvador nuestro, tú que eres nuestro Dios y Señor, nuestro
rey y pastor,
conduce a tu pueblo a los pastos de
vida.
Buen Pastor, que diste la vida por tus
ovejas,
si tú nos guías en nuestra vida, nada nos
faltará.
Redentor nuestro, que fuiste constituido rey sobre toda la
tierra,
haz que todos los hombres re reconozcan como
cabeza de toda la creación.
Rey del universo, que viniste al mundo para dar testimonio de la
verdad,
haz que todos proclamemos tu absoluta primacía en
todo.
Tú que eres nuestro maestro y modelo, y que nos has admitido a tu
reino,
concédenos llevar desde hoy ante tus ojos una vida
santa, sin mancha y sin culpa.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos fervientemente al Padre celestial la llegada del reino de su Hijo a cada uno de los hombres, nuestros hermanos: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas
en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura, libertada de toda
esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es nuestro juez y legislador, el Señor es nuestro rey: él nos salvará.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Ant. 1: El Señor es nuestro juez y legislador, el Señor es nuestro rey: él nos salvará.
Ant. 2: Brotarán aguas de vida de Jerusalén, y el Señor reinará sobre todo el orbe.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ant. 2: Brotarán aguas de vida de Jerusalén, y el Señor reinará sobre todo el orbe.
Ant. 3: Se dilatará su principado con una paz sin límites.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 3: Se dilatará su principado con una paz sin límites.
LECTURA BREVE
Tercia Col 1, 12-13
Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido.
V. El Señor se sienta como rey eterno.
R. El Señor bendice a su
pueblo con la paz.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas
las cosas en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura,
libertada de toda esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Sexta Col 1, 16b-18
Todo fue creado por él y para él; él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
V. Tocad para nuestro rey.
R. Porque él es el rey del
mundo.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas
las cosas en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura,
libertada de toda esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Nona Col 1, 19-20
En él quiso Dios que residiera toda plenitud; y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas: haciendo la paz por la sangre de su cruz con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
V. Aclamad al Rey y Señor.
R. Porque llega para regir
la tierra.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas
las cosas en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura,
libertada de toda esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
HIMNO
Oh príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, rey de las
naciones:
te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los
corazones.
En la tierra te adoran los mortales
y los santos te alaban en el
cielo,
unidos a sus voces te aclamamos
proclamándote rey del
universo.
Oh Jesucristo, príncipe pacífico:
somete a los espíritus
rebeldes,
y haz que encuentren el rumbo los perdidos
y que en un solo
aprisco se congreguen.
Para eso pendes de una cruz sangrienta,
y abres en ella tus
divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón
atravesado.
Para eso estás oculto en los altares
tras las imágenes del pan y
el vino;
para eso viertes de tu pecho abierto
sangre de salvación para tus
hijos.
Por regir con amor el universo,
glorificado seas,
Jesucristo,
y que contigo y con tu eterno Padre
también reciba gloria el
Santo Espíritu. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Se sentará sobre el trono de David para reinar eternamente. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1. Se sentará sobre el trono de David para reinar eternamente. Aleluya.
Ant. 2. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.
Salmo 144
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 2. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad.
Ant. 3. Lleva escrito sobre su manto y en su estandarte este nombre: «Rey de reyes y Señor de señores.» A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico Ap. 19,1-2. 5-7
Aleluya. La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Porque reina el Señor,
nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3. Lleva escrito sobre su manto y en su estandarte este nombre: «Rey de reyes y Señor de señores.» A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
LECTURA BREVE 1Co 15, 25-28
Cristo debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todas las cosas bajo sus pies. Mas cuando él dice que «todo está sometido», es evidente que se excluye a aquel que ha sometido a él todas las cosas. Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
RESPONSORIO BREVE
V. Tu trono, Señor, permanece para siempre.
R. Tu trono, Señor, permanece
para siempre.
V. Tu cetro real es cetro de rectitud.
R. Permanece para
siempre.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu trono, Señor,
permanece para siempre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «Me ha sido dado poder en el cielo y en la tierra», dice el Señor.
PRECES
Hermanos, adoremos a Cristo Rey, el cual existe antes que todas las cosas, y en quien todas las cosas tienen su razón de ser. Elevemos a él nuestra voz, clamando:
Que venga tu reino, Señor.
Cristo, nuestro rey y pastor, congrega a tus ovejas de todos los
puntos de la tierra
y apaciéntalas en verdes praderas de
pastos abundantes.
Cristo, nuestro salvador y nuestro guía, reúne a todos los hombres
dentro de tu pueblo santo: sana a los enfermos, busca a los extraviados,
conserva a los fuertes,
haz volver a los que se han
alejado, congrega a los dispersos, alienta a los desanimados.
Juez eterno, cuando pongas tu reino en manos de tu Padre, colócanos
a tu derecha
y haz que poseamos el reino que nos ha sido
preparado desde la creación del mundo.
Príncipe de la paz, quebranta las armas
homicidas
e infunde en todas las naciones el amor a la
paz.
Heredero universal de todas las naciones, haz entrar a la humanidad
con todos sus bienes al reino de tu Iglesia que tu Padre te ha
dado,
para que todos, unidos en el Espíritu Santo, te
reconozcan como su cabeza.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, primogénito de entre los muertos y primicia de los que
duermen,
admite a los fieles difuntos a la gloria de tu
resurrección.
Con la confianza que nos da el ser participantes de la realeza de Cristo y coherederos de su reino, elevemos nuestra voz al Padre celestial: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas
en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura, libertada de toda
esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
En esta última semana del ciclo litúrgico se usan los salmos de la semana II del Salterio y para subrayar el matiz escatológico de estos días, es recomendable sustituir los himnos que figuran en el Salterio por los siguientes:
HIMNO
Anunciaron ira divina,
que el cielo y la tierra calcina,
los
profetas del Señor.
Yo temo al juicio severo,
al examen justiciero
del divino
Redentor.
La trompeta, con sus sones,
llama a todas las naciones,
las
convoca al tribunal.
Todos tiemblan por su suerte,
al retornar de la muerte
para
el juicio universal.
Un libro será llevado,
donde figura anotado
todo lo que hay
que juzgar.
Todo quedará patente
cuando en el trono se siente
el Rey del
juicio final.
Oh Dios santo, el uno y trino,
llévanos por tu camino
a la
patria celestial. Amén.
HIMNO
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y
despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo
se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de
acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro
parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es
ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente
daremos lo no
venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de
durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues
que todo ha de pasar
por tal manera. Amén.
HIMNO
¿Qué diré yo, miserable,
quién me será favorable
si el justo
tiene temor?
Rey sublime y majestuoso,
si a todos salvas piadoso,
sálvame
por tu bondad.
Recuerda, Dios que mi vida
fue causa de tú venida;
aquel día,
ten piedad.
Por buscarme, te has cansado;
por salvarme, te han
clavado;
¿será vana tu pasión?
Justo juez, Por tu clemencia,
haz que logre tu
indulgencia,
haz que alcance tu perdón.
De mis ojos brota el llanto,
de mis culpas yo me espanto;
oh
Señor, perdón, piedad.
Oh Dios santo, el uno y trino,
llévanos por tu camino
a la
Patria celestial. Amén.
HIMNO
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la
mar,
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos
a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros
medianos
y más chicos;
y, llegados, son iguales
los
que viven por sus manos
y los ricos.
Dejo las invocaciones
de los famosos
poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que
traen hierbas secretas
sus sabores.
Aquél sólo me encomiendo,
aquél sólo invoco
yo
de verdad,
que, en este mundo viviendo,
el mundo
no conoció
su deidad. Amén.
HIMNO
Si salvaste a Magdalena
y al ladrón de eterna pena,
tú serás
mi salvador.
De tu amor yo no soy digno,
mas tú, Señor, sé benigno,
no
arda yo en fuego eternal.
Líbrame de todo daño,
admíteme en tu rebaño,
a tu diestra,
sacro Rey.
Librado ya del averno,
sé mi guía al gozo eterno,
a tu dulce
corazón.
Puesto, Jesús, yo de hinojos,
con lágrimas en los ojos,
te
pido la salvación.
Cuando el reo vaya al juicio,
por tu muerte, sé propicio,
por
tu vida, Salvador.
Oh Dios santo, el uno y trino,
llévanos por tu camino
a la
patria celestial. Amén.
HIMNO
Este mundo es el camino
para el otro, que es
morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para
andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando
nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al
tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.
Este mundo bueno fue
si bien usásemos de
él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para
ganar aquel
que atendemos;
y aun aquel Hijo de
Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá
entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.
Amén.
Señor, Dios eterno,
alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te
aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin
cesar:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo;
llenos
están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor,
te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los
mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra
del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de
esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas
de la gloria.
Tú vives ahora, inmortal y glorioso,
en el reino del
Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues,
amigo y defensor de los hombres que
salvaste.
y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y
elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice a tu heredad.
Sé su pastor, y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre
jamás.
Dígnate, Señor, guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de
nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
Te Deum laudamus; * te Dominum confitemur.
Te æternum
Patrem, * omnis terra veneratur.
Tibi omnes angeli, *
tibi cæli et universæ potestates;
tibi cherubim
et seraphim *
incessabili voce
proclamant:
Sanctus, * Sanctus, * Sanctus *
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt cæli et terra * maiestatis gloriæ
tuæ.
Te gloriosus * Apostolorum chorus,
te prophetarum *
laudabilis numerus,
te martyrum candidatus * laudat exercitus.
Te per
orbem terrarum * sancta confitetur Ecclesia,
Patrem * immensæ
maiestatis;
venerandum tuum verum * et unicum Filium;
Sanctum quoque *
Paraclitum Spiritum.
Tu rex gloriæ, * Christe.
Tu Patris * sempiternus es
Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem, *
non horruisti Virginis uterum.
Tu, devicto mortis aculeo,
*
aperuisti credentibus regna cælorum.
Tu ad
dexteram Dei sedes * in gloria Patris.
Iudex crederis * esse venturus.
Te
ergo quæsumus, tuis famulis subveni, *
quos pretioso
sanguine redemisti.
Æterna fac cum sanctis tuis * in gloria
numerari.
Hæc última pars hymni ad libitum omitti potest.
Salvum fac populum tuum, Domine, *
et benedic hæreditati tuæ.
Et rege eos, * et extolle illos usque in
æternum.
Per singulos dies * benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in
sæculum, *
et in sæculum sæculi.
Dignare, Domine,
die isto *
sine peccato nos custodire.
Miserere
nostri, Domine, * miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
*
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine,
speravi, *
non confundar in æternum.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el
Poderoso
ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su
misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de
corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide
vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham
y su
descendencia por siempre.
Magnificat *
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus *
in Deo salvatore meo,
quia respexit humilitatem
ancillæ suæ,
*
ecce enim ex hoc beatam me
dicent
omnes
generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
*
et sanctum nomen eius,
et misericordia eius in
progenies et progenies *
timentibus eum.
Fecit potentiam in bracchio suo,
*
dispersit superbos mente cordis sui;
deposuit
potentes de sede *
et exaltavit
humiles;
esurientes implevit bonis *
et divites
dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum,
*
recordatus misericordiæ,
sicut
locutus est ad patres nostros, *
Abraham en semini
eius in sæcula.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y
redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa
de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de
sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la
mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que
tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que
juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de
los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su
presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás
delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la
salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el
sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en
sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la
paz.
Benedictus Dominus Deus Israel, *
quia visitavit et fecit redemptionem plebi suæ
et erexit cornu salutis nobis *
in domo
David pueri sui,
sicut locutus est per os sanctorum, *
qui a sæculo sunt, prophetarum eius,
salutem ex
inimicis nostris *
et de manu omnium, qui oderunt
nos;
ad faciendam misericordiam
cum patribus nostris
*
et memorari testamenti sui sancti,
iusiurandum,
quod iuravit ad Abraham
patrem nostrum, *
daturum se nobis,
ut sine timore, de manu
inimicorum liberati, *
serviamus illi
in
sanctitate et iustitia coram ipso *
omnibus diebus
nostris.
Et tu, puer, propheta Altissimi vocaberis: *
præibis enim ante faciem Domini
parare vias
eius,
ad dandam scientiam salutis plebi eius *
in remissionem peccatorum eorum,
per viscera misericordiæ Dei nostri, *
in quibus visitabit nos oriens ex
alto,
illuminare his, qui in tenebris
et in umbra mortis
sedent *
ad dirigendos pedes nostros in viam
pacis.
Serie I
Salmo 119
DESEO DE LA
PAZ
Estad firmes en la tribulación,
sed asiduos en la oración. (Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé
al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a
mandar Dios, lengua traidora?
Flechas de arquero,
afiladas con ascuas de
retama.
¡Ay de mí, desterrado
en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo con los que odian
la paz;
cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra».
Salmo 120
EL GUARDIÁN
DE ISRAEL
No tendrán hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno
(Ap 7, 16)
Levanto mis ojos a los
montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que
resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El Señor te guarda a
su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la
luna de noche.
El Señor te guarda de
todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Salmo 121
LA CIUDAD
SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo,
Jerusalén
del cielo. (Hb 12, 22)
¡Qué alegría cuando me
dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del
Señor,
según la costumbre de
Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de
justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a
Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y
compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor,
nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Salmo 122
EL SEÑOR,
ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos. . . se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de
nosotros,
Hijo de David. » (Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de
la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos en
el Señor,
Dios nuestro, esperando su misericordia.
Misericordia, Señor,
misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está
saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los
orgullosos.
Salmo 123
NUESTRO
AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo a Pablo: «No temas. .
que yo estoy contigo.» (Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían
tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado
las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado
hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que
no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida
como
un pájaro de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el
nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 124
EL SEÑOR
VELA POR SU PUEBLO
La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6,16)
Los que confían en el
Señor
son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada
de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
No pesará el cetro de
los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos
extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes
a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas
tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Salmo 125
DIOS,
ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió
la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles
decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande
con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie
nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con
lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Salmo 126
EL ESFUERZO
HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no
construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no
guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que
madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros
sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el
Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son
saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que
llena con ellas su aljaba:
no quedará derrotado
cuando litigue con su
adversario en la plaza.
Salmo 127
PAZ
DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme
al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de
tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como
renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición
del
hombre que teme al Señor.
Que el Señor te
bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días
de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!