Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
Julio
Agosto
Setiembre
Octubre
Noviembre
Diciembre
01 -
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
02
- Santos Basilio Magno y Gregorio de Nacianzo, obispos y doctores de la
Iglesia
06 - EPIFANÍA DEL SEÑOR
07
- San Raimundo de Peñafort, presbítero
13
- San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia
17
- San Antonio, abad
20
- San Fabián, papa y mártir;
San
Sebastián, mártir
21
- Santa Inés, virgen y mártir
22
- San Vicente, diácono y mártir;
Beata Laura Vicuña,
virgen
24
- María, Reina de la paz;
San
Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia
25
- La conversión de San Pablo, apóstol
26
- Santos Timoteo y Tito, obispos
27
- Santa Ángela de Merici, virgen
28
- Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia
31
- San Juan Bosco, presbítero
02
- La Presentación del Señor
03
- San Blas, obispo y mártir San
Oscar, obispo
05
- Santa Águeda, virgen y mártir
06
- Santos Pablo Miki y compañeros, mártires
08
- San Jerónimo Emiliano;
Santa
Josefina Bakhita, virgen
10
- Santa Escolástica, virgen
11
- Nuestra Señora de Lourdes
14
- Santos Cirilo, monje y Metodio, obispo
17
- Los siete santos Fundadores de la Orden de los Siervos de santa
María Virgen
21
- San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia
22
- La Cátedra de san Pedro, apóstol
23
- San Policarpo, obispo y mártir
04
- San Casimiro
07
- Santas Perpetua y Felícitas, mártires
08
- San Juan de Dios, religioso
09
- Santa Francisca Romana, religiosa
17
- San Patricio, obispo
18
- San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la Iglesia
19
- SAN JOSÉ, ESPOSO DE SANTA MARÍA VIRGEN
25
- LA
ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
02
- San Francisco de Paula, ermitaño
04
- San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia
05
- San Vicente Ferrer, presbítero
07
- San Juan Bautista de la Salle, presbítero
11
- San Estanislao, obispo y mártir
13
- San Martín I, papa y mártir
21
- San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia
23
- San Jorge, mártir;
San
Adalberto, obispo y mártir
24
- San Fidel de Sigmaringen, presbítero y mártir
25
- San Marcos, evangelista
27
- Santo Toribio de Mogrovejo, obispo
28
-
San Pedro Chanel, presbítero y mártir;
San
Luis María Grignion de Montfort, presbítero
29
- Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia
30
- San Pío V, papa
01
- San José Obrero
02
- San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia
03
- Santos Felipe y Santiago, apóstoles
08
- NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, Patrona de la República Argentina
12
- Santos Nereo y Aquileo, mártires;
San
Pancracio, mártir
13
- Nuestra Señora de Fátima
14
- San Matías, apóstol
15
- San Isidro labrador
18
- San Juan I, papa y mártir
20
- San Bernardino de Siena, presbítero
21
- San Cristóbal Magallanes, presbítero, y compañeros,
mártires
22
- Santa Rita de Cascia, religiosa
24
- María, Auxilio de los cristianos
25
- San Beda el venerable, presbítero y doctor de la Iglesia;
San
Gregorio VII, papa;
Santa
María Magdalena de Pazzi, virgen
26
- San Felipe Neri, presbítero
27
- San Agustín de Cantorbery, obispo
31
- La Visitación de la Santísima Virgen María
01
- San Justino, mártir
02
- Santos Marcelino y Pedro, mártires
03
- Santos Carlos Lwanga y compañeros, mártires
05
- San Bonifacio, obispo y mártir
06
- San Norberto, obispo
09
- San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia
11
- San Bernabé, apóstol
13
- San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia
19
- San Romualdo, abad
21
- San Luis Gonzaga, religioso
22
- San Paulino de Nola, obispo;
Santos
Juan Fisher, obispo, y Tomás Moro, mártires
24
- EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA
27
- San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la
Iglesia
28
- San Ireneo, obispo y mártir
29
- SANTOS PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES
30
- Primeros
mártires de la Iglesia de Roma
Lunes después de Pentecostés: María, Madre de la Iglesia
Sábado posterior al Sagrado Corazón: El Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María
03
- Santo Tomás, apóstol
04
- Santa Isabel de Portugal
05
- San Antonio María Zaccarías, presbítero
06
- Santa María Goretti, virgen y mártir
09
- Nuestra Señora de Itatí
10
- San Agustín Zhao Rong, presbítero, y compañeros,
mártires
11
- San Benito, abad
13
- San Enrique
14
- San Camilo de Lelis, presbítero
15
- San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia
16
- Nuestra Señora del Carmen
20
- San Apolinar, obispo y mártir
21
- San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la
Iglesia
22
- Santa María Magdalena
23
- Santa Brígida, religiosa;
San
Charbel Makhlüf,
presbítero
San
Francisco Solano, presbítero
25
- Santiago, apóstol
26
- Santos Joaquín y Ana, padres de la Santísima Virgen María
29
- Santa Marta
30
- San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia
31
- San Ignacio de Loyola, presbítero
01
- San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia
02
- San Eusebio de Vercelli, obispo;
San
Pedro Julián Eymard, presbítero
04
- San Juan María Vianney, presbítero
05
- Dedicación de la Basílica de Santa María
06
- La Transfiguración del Señor
07
- Santos Sixto II, papa, y compañeros, mártires;
San
Cayetano, presbítero
08
- Santo Domingo, presbítero
09
- Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir
10
- San Lorenzo, diácono y mártir
11
- Santa Clara, virgen
12
- Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa
13
- Santos Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero
14
- San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir
15
- LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
16
- San Roque;
San
Esteban de Hungría
19
- San Juan Eudes, presbítero
20
- San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia
21
- San Pío X, papa
22
- La Santísima Virgen María, Reina
24
- San Bartolomé, apóstol
25
- San
Luis;
San
José de Calasanz, presbítero
27
- Santa Mónica
28
- San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia
29
- El martirio de san Juan Bautista
30
- Santa Rosa de Lima, virgen
03
- San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia
08
- La Natividad de la Santísima Virgen María
09
- San Pedro Claver, presbítero
13
- San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
14
- La Exaltación de la Santa Cruz
15
- Nuestra Señora de los Dolores
16
- Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires
17
- San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia
19
- San Jenaro, obispo y mártir
20
- Santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang y
compañeros, mártires
21
- San Mateo, apóstol y evangelista
26
- Santos Cosme y Damián, mártires
27
- San Vicente de Paúl, presbítero
28
- San Wenceslao, mártir;
San
Lorenzo Ruiz y compañeros, mártires
29
- Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
30
- San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia
01
- Santa Teresa del Niño Jesús, virgen
02
- Santos Ángeles Custodios
04
- San Francisco de Asís
06
- San Bruno, presbítero
07
- Nuestra Señora del Rosario
09
- Santos Dionisio, obispo, y compañeros, mártires;
San
Juan Leonardi, presbítero;
San
Héctor Valdivielso Sáez, mártir
14
- San Calixto I, papa y mártir
15
- Santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia
16
- Santa Eduviges, religiosa;
Santa
Margarita María Alacoque, virgen
17
- San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir
18
- San Lucas, evangelista
19
- San Juan de Brébeuf e Isaac Jogues, y compañeros,
mártires
San
Pablo de la Cruz, presbítero
23
- San Juan de Capistrano, presbítero
24
- San Antonio María Claret, obispo
28
- Santos Simón y Judas, apóstoles
01
- TODOS LOS SANTOS
02
- Conmemoración de todos los fieles difuntos
03
- San Martín de Porres, religioso
04
- San Carlos Borromeo, obispo
09
- Dedicación de la basílica de Letrán
10
- San León Magno, papa y doctor de la Iglesia
11
- San Martín de Tours, obispo
12
- San Josafat, obispo y mártir
15
- San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia
16
- Santa Margarita de Escocia;
Santa
Gertrudis, virgen
17
- Santa Isabel de
Hungría
Santos
mártires rioplatenses
18
- Dedicación de las basílicas de San Pedro y San Pablo,
apóstoles
21
- La Presentación de la Santísima Virgen María
22
- Santa Cecilia, virgen y mártir
23
- San Clemente I, papa y mártir;
San
Columbano, abad
24
- San Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros,
mártires
25
- Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir
30
- San Andrés, apóstol
03
- San Francisco Javier, presbítero
04
- San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia
06
- San Nicolás, obispo
07
- San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia
08
- LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
09
- San Juan Diego
11
- San Dámaso I, papa
12
- Nuestra Señora de Guadalupe
13
- Santa Lucía, virgen y mártir
14
- San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia
21
- San Pedro Canisio, presbítero y doctor de la Iglesia
23
- San Juan de Kanty, presbítero
25 - LA NATIVIDAD
DEL SEÑOR
26 - San Esteban, protomártir
27 - San Juan,
apóstol y evangelista
28 - Los Santos Inocentes, mártires
29
- Santo Tomás Becket, obispo y mártir
31
- San Silvestre I, papa
DÍA 2 DE
ENERO
SANTOS BASILIO MAGNO y
GREGORIO DE NACIANZO,
obispos y
doctores de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo, o del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo
(Sermón 43, en alabanza de Basilio Magno, 15. 16-17. 19-21: PG 36, 514-523)
COMO SI UNA MISMA ALMA SUSTENTASE DOS CUERPOS
Nos habíamos encontrado en Atenas, como la corriente de un mismo río que, desde el manantial patrio, nos había dispersado por las diversas regiones, arrastrados por el afán de aprender, y que, de nuevo, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, volvió a unirnos, sin duda porque así lo dispuso Dios.
En aquellas circunstancias, no me contentaba yo sólo con venerar y seguir a mi gran amigo Basilio, al advertir en él la gravedad de sus costumbres y la madurez y seriedad de sus palabras, sino que trataba de persuadir a los demás, que todavía no lo conocían, a que le tuviesen esta misma admiración. En seguida empezó a ser tenido en gran estima por quienes conocían su fama y lo habían oído.
En consecuencia, ¿qué sucedió? Que fue casi el único, entre todos los estudiantes que se encontraban en Atenas, que sobrepasaba el nivel común, y el único que había conseguido un honor mayor que el que parece corresponder a un principiante. Este fue el preludio de nuestra amistad; ésta la chispa de nuestra intimidad, así fue como el mutuo amor prendió en nosotros.
Con el paso del tiempo, nos confesamos mutuamente nuestras ilusiones y que nuestro más profundo deseo era alcanzar la filosofía, y, ya para entonces, éramos el uno para el otro todo lo compañeros y amigos que nos era posible ser, de acuerdo siempre, aspirando a idénticos bienes y cultivando cada día más ferviente y más íntimamente nuestro recíproco deseo.
Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y, sin embargo, carecíamos de envidia; en cambio, teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía; cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia.
Parecía que teníamos una misma alma que sustentaba dos cuerpos. Y, si no hay que dar crédito en absoluto a quienes dicen que todo se encuentra en todas las cosas, a nosotros hay que hacernos caso si decimos que cada uno se encontraba en el otro y junto al otro.
Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ése fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño por la virtud; y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido.
Y, así como otros tienen sobrenombres, o bien recibidos de sus padres, o bien suyos propios, o sea, adquiridos con los esfuerzos y orientación de su misma vida, para nosotros era maravilloso ser cristianos, y glorioso recibir este nombre.
Responsorio Dn 2, 21-22; 1 Co 12, 11
R. El Señor da sabiduría a los sabios y ciencia a los que
saben discernir: * él revela honduras y secretos, y la luz mora junto a él.
V. Y todos
estos dones son obra de un mismo y único Espíritu, que distribuye a cada uno
según le place.
R. Él revela honduras y secretos, y la luz mora junto a él.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.
Vísperas: Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos.
Oración
Señor Dios, que has iluminado a la Iglesia con los ejemplos y las enseñanzas de san Basilio Magno y san Gregorio de Nacianzo, haz que busquemos humildemente tu verdad y que, viviendo según esta verdad, crezcamos en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
3 de enero
SANTO NOMBRE DE JESÚS
Todo del Oficio de la feria correspondiente, excepto lo siguiente:
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero
(Sermón 49, art. 1: Opera omnia 4, 495ss.)
EL NOMBRE DE JESÚS, EL GRAN FUNDAMENTO DE LA FE
Este es aquel santísimo nombre que fue tan deseado por los antiguos patriarcas, anhelado en tantas angustias, prolongado en tantas enfermedades, invocado en tantos suspiros, suplicado en tantas lágrimas, pero donado misericordiosamente en el tiempo de la gracia. Te suplico que ocultes el nombre del poder, que no se escuche el nombre de la venganza, que se mantenga el nombre de la justicia. Danos el nombre de la misericordia, suene el nombre de Jesús en mis oídos, porque entonces tu voz es dulce, y tu rostro, hermoso.
Así pues, el gran fundamento de la fe es el nombre de Jesús, que hace hijos de Dios. En efecto, la fe de la religión católica consiste en el conocimiento y la luz de Jesucristo, que es la luz del alma, la puerta de la vida, el fundamento de la salvación eterna. Si alguien carece de ella o la ha abandonado, camina sin luz por las tinieblas de la noche, y avanza raudo por los peligros con los ojos cerrados y, por mucho que brille la excelencia de la razón, sigue a un guía ciego mientras siga a su propio intelecto para comprender los misterios celestes, o intenta construir una casa olvidándose de los cimientos, o quiere entrar por el tejado dejando de lado la puerta. Por tanto, Jesús es ese fundamento, luz y puerta, que, habiendo de mostrar el camino a los que andaban perdidos, se manifestó a todos como la luz de la fe, por la que el Dios es conocido puede ser deseado y, suplicado, puede ser creído y, creído, puede ser encontrado.
Este fundamento sustenta la Iglesia, que se edifica en el nombre de Jesús. El nombre de Jesús es esplendor de los predicadores, porque con un luminoso esplendor hace anunciar y oír su palabra. ¿Cómo piensas que la luz de la fe se extendió por todo el orbe tanto, tan rápida y encendidamente, a no ser porque Jesús es predicado? ¿No nos llamó Dios a su luz admirable por la luz y sabor de ese nombre? Porque hemos sido iluminados y hemos visto la luz en esa luz, dice Pablo con razón: “En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz”.
¡Oh nombre glorioso, nombre grato, nombre amoroso y virtuoso! Por tu medio son perdonados los delitos, por tu medio son vencidos los enemigos, por tu medio son librados los débiles, por tu medio son confortados y alegrados los que sufren en las adversidades. Tú, honor de los creyentes; tú, doctor de los predicadores; tú, fortalecedor de los que obran; tú, sustentador de los vacilantes. Con tu ardiente fervor y calor, se inflaman los deseos, se alcanzan las ayudas suplicadas, se embriagan las almas al contemplarte y, por tu medio, son glorificados todos los que han alcanzado el triunfo en la gloria celeste. Dulcísimo Jesús, haznos reinar juntamente con ellos por medio de tu santísimo nombre.
Responsorio Cf. Sal 5, 12; 88, 16b-17a
R. Que se alegren, Señor, los que se acogen en ti, con júbilo
eterno; protégelos, para que se llenen de gozo. * Los que aman tu nombre.
V. Caminarán, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su
gozo cada día.
R. Los que aman tu nombre.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Se entregó para liberar al pueblo y adquirirse un nombre eterno.
Vísperas: Le pondrás por nombre Jesús, pues salvará a su pueblo de sus pecados.
Oración
Oh Dios, que fundaste la salvación del género humano en la encarnación de tu Palabra, concede a tu pueblo la misericordia que implora, para que todos sepan que no ha de ser invocado otro Nombre que el de tu Unigénito. Él, que vive y reina contigo.
DÍA 7 DE ENERO
SAN RAIMUNDO DE
PEÑAFORT,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De una carta de san Raimundo de Peñafort, presbítero
(Monumenta Ordinis Praedicatorum Historica 6, 2, Roma 1901, pp. 84-85)
QUE EL DIOS DEL AMOR Y DE LA PAZ PURIFIQUE VUESTROS CORAZONES
Si todos los que quieren vivir religiosamente en Cristo Jesús han de sufrir persecuciones, como afirma aquel apóstol que es llamado el predicador de la verdad, no engañando, sino diciendo la verdad, a mí me parece que de esta norma general no se exceptúa sino aquel que no quiere llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa.
Pero vosotros de ninguna forma debéis de ser contados entre el número de éstos, cuyas casas se encuentran pacificadas, tranquilas y seguras, sobre los que no actúa la vara del Señor, que se satisfacen con su vida y que al instante serán arrojados al infierno.
Vuestra pureza y vida religiosa merecen y exigen, ya que sois aceptos y agradables a Dios, ser purificadas hasta la más absoluta sinceridad por reiteradas pruebas. Y, si se duplica e incluso triplica la espada sobre vosotros, esto mismo hay que considerarlo como pleno gozo y signo de amor.
La espada de doble filo está constituida, por fuera, por las luchas y, por dentro, por los temores; esta espada se duplica o triplica, por dentro, cuando el maligno inquieta los corazones con engaños y seducciones. Pero vosotros conocéis bastante bien estos ataques del enemigo, pues de lo contrario no hubiera sido posible conseguir la serenidad de la paz y la tranquilidad interior.
Por fuera, se duplica o triplica la espada cuando, sin motivo, surge una persecución eclesiástica sobre asuntos espirituales; las heridas producidas por los amigos son las más graves.
Ésta es la bienaventurada y deseable cruz de Cristo que el valeroso Andrés recibió con gozo, y que, según las palabras del apóstol Pablo, llamado instrumento de elección, es lo único en que debemos gloriarnos.
Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos, y fue contado entre los malhechores. Y vosotros, bebiendo el excelso cáliz de Jesucristo, dad gracias al Señor, dador de todos los bienes.
Que el mismo Dios del amor y de la paz pacifique vuestros corazones y apresure vuestro camino, para que, protegidos por su rostro, os veáis libres mientras tanto de las asechanzas de los hombres, hasta que os introduzca y os trasplante en aquella plenitud donde os sentaréis eternamente en la hermosura de la paz, en los tabernáculos de la confianza y en el descanso de la abundancia.
Responsorio
R. Con la luz de su doctrina iluminó a los que vivían entre
tinieblas, * y
con el fuego de su amor redimió a los cautivos de su miseria y sus cadenas.
V. Sacó a
los pecadores del camino de la perdición, libró a los indigentes de la mano del
poderoso.
R. Y con el fuego de su amor redimió a los cautivos de su
miseria y sus cadenas.
Oración
Señor Dios nuestro, tú que hiciste admirable a san Raimundo de Peñafort, presbítero, por su gran misericordia para con los pecadores y los cautivos, concédenos, por su intercesión, que, libres de la esclavitud del pecado, podamos servirte con libertad filial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE ENERO
SAN HILARIO,
obispo y doctor de
la Iglesia
Del Común
de pastores o del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Hilario, obispo, sobre la Trinidad
(Libro 1, 37-38: PL 10, 48-49)
TE SERVIRÉ PREDICÁNDOTE
Yo tengo plena conciencia de que es a ti, Dios Padre omnipotente, a quien debo ofrecer la obra principal de mi vida, de tal suerte que todas mis palabras y pensamientos hablen de ti.
Y el mayor premio que puede reportarme esta facultad de hablar, que tú me has concedido, es el de servirte predicándote a ti y demostrando al mundo, que lo ignora, o a los herejes, que lo niegan, lo que tú eres en realidad: Padre; Padre, a saber, del Dios unigénito.
Y, aunque es ésta mi única intención, es necesario para ello invocar el auxilio de tu misericordia, para que hinches con el soplo de tu Espíritu las velas de nuestra fe y nuestra confesión, extendidas para ir hacia ti, y nos impulses así en el camino de la predicación que hemos emprendido. Porque merece toda confianza aquel que nos ha prometido: Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.
Somos pobres y, por esto, pedimos que remedies nuestra indigencia; nosotros ponemos nuestro esfuerzo tenaz en penetrar las palabras de tus profetas y apóstoles y llamamos con insistencia para que se nos abran las puertas de la comprensión de tus misterios; pero el darnos lo que pedimos, el hacerte encontradizo cuando te buscamos y el abrir cuando llamamos, eso depende de ti.
Cuando se trata de comprender las cosas que se refieren a ti, nos vemos como frenados por la pereza y torpeza inherentes a nuestra naturaleza y nos sentimos limitados por nuestra inevitable ignorancia y debilidad; pero el estudio de tus enseñanzas nos dispone para captar el sentido de las cosas divinas, y la sumisión de nuestra fe nos hace superar nuestras culpas naturales.
Confiamos, pues, que tú harás progresar nuestro tímido esfuerzo inicial y que, a medida que vayamos progresando, lo afianzarás, y que nos llamarás a compartir el espíritu de los profetas y apóstoles; de este modo, entenderemos sus palabras en el mismo sentido en que ellos las pronunciaron y penetraremos en el verdadero significado de su mensaje.
Nos disponemos a hablar de lo que ellos anunciaron de un modo velado: que tú, el Dios eterno, eres el Padre del Dios eterno unigénito, que tú eres el único no engendrado y que el Señor Jesucristo es el único engendrado por ti desde toda la eternidad, sin negar, por esto, la unicidad divina, ni dejar de proclamar que el Hijo ha sido engendrado por ti, que eres un solo Dios, confesando, al mismo tiempo, que el que ha nacido de ti, Padre, Dios verdadero, es también Dios verdadero como tú.
Otórganos, pues, un modo de expresión adecuado y digno, ilumina nuestra inteligencia, haz que no nos apartemos de la verdad de la fe; haz también que nuestras palabras sean expresión de nuestra fe, es decir, que nosotros, que por los profetas y apóstoles te conocemos a ti, Dios Padre, y al único Señor Jesucristo, y que argumentamos ahora contra los herejes que esto niegan, podamos también celebrarte a ti como Dios en el que no hay unicidad de persona y confesar a tu Hijo, en todo igual a ti.
Responsorio 1 Jn 4, 2-3. 6. 15
R. Todo espíritu que reconozca a Jesucristo, que ha venido en
la carne, es de Dios; pero el espíritu que no reconozca a Jesús no es de Dios.
* En eso
distinguimos al espíritu de la verdad y al espíritu del error.
V. Quien confiese
que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios.
R. En eso
distinguimos al espíritu de la verdad y al espíritu del error.
Oración
Señor, Padre todopoderoso, haz que tu pueblo penetre en el conocimiento de la divinidad de Jesucristo y la proclame con aquella misma valentía el obispo san Hilario la defendió durante toda su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE
ENERO
SAN ANTONIO, abad
Memoria
Del común de
santos varones: para
los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA De la Vida de san Antonio, escrita por san Atanasio, obispo
(Caps. 2-4: PG 26, 842-846)
LA VOCACIÓN DE SAN ANTONIO
Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.
Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior cómo los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de la venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:
«Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego vente conmigo.»
Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y como si aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.
Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio:
«No os agobiéis por el mañana.»
Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase en su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.
Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.
Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llegó un momento en que su memoria suplía los libros.
Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.
Responsorio Mt 19, 21; Lc 14, 33
R. Si quieres ser perfecto, ve a vender lo que tienes, dalo a
los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; * luego ven y sígueme.
V. El
que no renuncia a todos sus bienes no puede ser mi discípulo.
R. Luego ven y
sígueme.
Oración
Señor, tú que inspiraste a san Antonio abad el deseo de retirarse al desierto para servirte allí con una vida admirable, haz que, por su intercesión, tengamos la fuerza de renunciar a todo lo que nos separe de ti y sepamos amarte por encima de todo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 20 DE ENERO
SAN FABIÁN, Papa y
Mártir
Del común
de mártires: para un mártir, o del común
de pastores.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir, y de la Iglesia de Roma, sobre el martirio de san Fabián, papa
(Cartas 9,1; 8, 2-3: CSEL 3, 488-489. 487-488)
FABIÁN NOS DA EJEMPLO DE FE Y DE FORTALEZA
San Cipriano, al enterarse con certeza de la muerte del papa Fabián, envió esta carta a los presbíteros y diáconos de Roma:
«Hermanos muy amados: Circulaba entre nosotros un rumor no confirmado acerca de la muerte de mi excelente compañero en el episcopado, y estábamos en la incertidumbre, hasta que llegó a nosotros la carta que habéis mandado por manos del subdiácono Cremencio; gracias a ella, he tenido un detallado conocimiento del glorioso martirio de vuestro obispo y me he alegrado en gran manera al ver cómo su ministerio intachable ha culminado en una santa muerte.
Por esto, os felicito sinceramente por rendir a su memoria un testimonio tan unánime y esclarecido, ya que, por medio de vosotros, hemos conocido el recuerdo glorioso que guardáis de vuestro pastor, que a nosotros nos da ejemplo de fe y de fortaleza.
En efecto, así como la caída de un pastor es un ejemplo pernicioso que induce a sus fieles a seguir el mismo camino, así también es sumamente provechoso y saludable el testimonio de firmeza en la fe que da un obispo.»
La Iglesia de Roma, según parece, antes de que recibiera esta carta, había mandado otra a la Iglesia de Cartago, en la que daba testimonio de su fidelidad en medio de la persecución, con estas palabras:
«La Iglesia se mantiene firme en la fe, aunque algunos atenazados por el miedo —ya sea porque eran personas distinguidas, ya porque, al ser apresados, se dejaron vencer por el temor de los hombres—, han apostatado; a estos tales no los hemos abandonado ni dejado solos, sino que los hemos animado y los exhortamos a que se arrepientan, para que obtengan el perdón de aquel que puede dárselo, no fuera a suceder que, al sentirse abandonados, su ruina fuera aún mayor.
Ved, pues, hermanos, que vosotros debéis obrar también de igual manera, y así los que antes han caído, al ser ahora fortalecidos por vuestras exhortaciones, si vuelven a ser apresados, darán testimonio de su fe y podrán reparar el error pasado. Igualmente debéis poner en práctica esto que os decimos a continuación: si aquellos que han sucumbido en la prueba se ponen enfermos y se arrepienten de lo que hicieron y desean la comunión, debéis atender a su deseo. También las viudas y necesitados que no pueden valerse por sí mismos, los encarcelados, los que han sido arrojados de sus casas deben hallar quien los ayude; asimismo los catecúmenos, si les sorprende la enfermedad, no han de verse defraudados en su esperanza de ayuda.
Os mandan saludos los hermanos que están en prisión, los presbíteros y toda la Iglesia, la cual vela con gran solicitud por todos los que invocan el nombre del Señor. Y también os pedimos que, por vuestra parte, os acordéis de nosotros.»
Responsorio Flp 1, 23; 3, 8; 1, 21; 2, 17
R. Ansío partir para estar con Cristo; por él lo perdí todo, y
todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo. * Pues para mí la vida
es Cristo, y la muerte una ganancia.
V.
Y si mi sangre fuese derramada como libación
sobre el sacrificio y ofrenda de vuestra fe, yo me alegraría y me congratularía
con todos vosotros.
R. Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia.
Oración
Señor Dios, gloria de aquellos que has escogido para tu servicio, te pedimos que, por la intercesión del papa y mártir san Fabián, nos concedas progresar continuamente en la misma fe que él vivió y en el deseo de servirte cada día con mayor entrega. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 20 DE ENERO
SAN SEBASTIÁN,
mártir
Del Común
de mártires: para un mártir.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho
(Cap. 20, 43-45. 48: CSEL 62, 466-468)
TESTIMONIO FIEL DE CRISTO
Hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. Muchas son las persecuciones, muchas las pruebas; por tanto muchas serán las coronas, ya que muchos son los combates. Te es beneficioso el que haya muchos perseguidores, ya que entre esta gran variedad de persecuciones hallarás más fácilmente el modo de ser coronado.
Pongamos como ejemplo al mártir san Sebastián, cuyo día natalicio celebramos hoy.
Este santo nació en Milán. Quizá ya se había marchado de allí el perseguidor, o no había llegado aún a aquella región, o la persecución era más leve. El caso es que Sebastián vio que allí el combate era inexistente o muy tenue.
Marchó, pues, a Roma, donde recrudecía la persecución por causa de la fe; allí sufrió el martirio, allí recibió la corona consiguiente. De este modo, allí, donde había llegado como transeúnte, estableció el domicilio de la eternidad permanente. Si sólo hubiese habido un perseguidor, ciertamente este mártir no hubiese sido coronado.
Pero, además de los perseguidores que se ven, hay otros que no se ven, peores y mucho más numerosos.
Del mismo modo que un solo perseguidor, el emperador, enviaba a muchos sus decretos de persecución y había así diversos perseguidores en cada una de las ciudades y provincias, así también el diablo se sirve de muchos ministros suyos que provocan persecuciones, no sólo exteriores, sino también interiores, en el alma de cada uno.
Acerca de estas persecuciones, dice la Escritura: Todo el que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido. Se refiere a todos, a nadie exceptúa. ¿Quién podría considerarse exceptuado, si el mismo Señor soportó la prueba de la persecución?
¡Cuántos son los que practican cada día este martirio oculto y confiesan al Señor Jesús! También el Apóstol sabe de este martirio y de este testimonio fiel de Cristo, pues dice: Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia.
Responsorio
R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor,
sin temer las amenazas de los enemigos; *
estaba cimentado sobre roca firme.
V. Él
tuvo en menos la vida del mundo y llegó hasta el reino celestial.
R. Estaba cimentado
sobre roca firme.
Oración
Señor, danos el espíritu de fortaleza, para que, siguiendo el ejemplo del mártir san Sebastián, aprendamos a obedecerte a ti antes que a los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE ENERO
SANTA INÉS,
virgen y
mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de vírgenes.
Oficio de lectura
HIMNO
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires santos.
Rosales en flor
de
Cristo el olor,
mártires santos.
Palabras en luz
de
Cristo Jesús,
mártires santos.
Corona inmortal
del Cristo total,
mártires santos. Amén.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes
(Libro 1, Caps. 2. 5. 7-9: PL 16 [edición 1845],189-191)
NO TENÍA AÚN EDAD DE SER CONDENADA, PERO ESTABA YA MADURA PARA LA VICTORIA
Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.
¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y, si distraídamente se pinchan con una aguja, se ponen a llorar como si se tratara de una herida.
Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.
¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.
Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe
de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales. El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:
«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero.»
Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; cómo temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.
Responsorio
R. Celebremos la festividad de santa Inés, recordemos su
glorioso martirio: * en su juventud afrontó la muerte y encontró la vida.
V. Pues amó únicamente al Autor de la vida.
R. En su juventud
afrontó la muerte y encontró la vida.
HIMNO
Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del
mártir, ofrecida
como prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la
fe vivida.
Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje
para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que,
en vida y muerte, el justo en Cristo halla.
Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo
y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que en la alegría
de servir al
Señor es consumado.
Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor
Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos
has dado. Amén.
Ant. 1. Mi Señor Jesucristo ha puesto en mi dedo un anillo nupcial y sobre mi cabeza ha colocado una corona de esposa.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Estoy desposada con aquel a quien sirven los ángeles y cuya belleza admiran el sol y la luna.
Ant. 3. Alegraos conmigo y felicitadme, porque he obtenido un trono resplandeciente en la asamblea de los santos.
LECTURA BREVE 2Co 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo.
RESPONSORIO BREVE
V. Dios la socorre al despuntar la aurora. R. Dios la socorre. V. Teniendo a Dios en medio no vacila. R. Al despuntar la aurora. V. Gloria. R. Dios la socorre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Al que deseé ya lo contemplo, al que esperaba ya lo poseo; en el cielo estoy unida con aquel a quien tan ardientemente amé cuando estaba en la tierra.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle, diciendo: Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe, * concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre, * concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos, * concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero, * concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que te has complacido en elegir lo débil a los ojos del mundo para confundir a los que se creían fuertes, concede a quienes estamos celebrando el martirio de santa Inés imitar la heroica firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Dichosa tú, que, entre todas,
fuiste por Dios
sorprendida
con tu lámpara encendida
para el banquete de bodas.
Con el abrazo inocente
de un hondo pacto
amoroso,
vienes a unirte al Esposo
por virgen y por prudente.
Enséñanos a vivir,
ayúdenos tu
oración,
danos en la tentación
la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad
por esta limpia
victoria,
y gloria por esta gloria
que alegra a la humanidad. Amén.
Ant. 1. La virgen de Cristo no temió las amenazas ni se dejó seducir con los halagos.
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant. 1. La virgen de Cristo no temió las amenazas ni se dejó seducir con los halagos.
Ant. 2. A él solo guardo fidelidad; a él solo me entrego con todo mi ser.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. A él solo guardo fidelidad; a él solo me entrego con todo mi ser.
Ant. 3. Te bendigo, Padre de mi Señor Jesucristo, porque has querido que tu sierva alcanzara la victoria por medio de tu Hijo.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3. Te bendigo, Padre de mi Señor Jesucristo, porque has querido que tu sierva alcanzara la victoria por medio de tu Hijo.
LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Dios la eligió, y la predestinó. R. Dios la eligió. V. La hizo morar en su templo santo. R. Y la predestinó. V. Gloria. R. Dios la eligió.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Inés, con las manos extendidas, oraba, diciendo: «Ayúdame, Padre santo; estoy acercándome a ti, a quien tanto he amado, a quien siempre he deseado y buscado.»
PRECES
Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes, a causa del reino de Dios, y supliquémosle diciendo: Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.
Señor Jesucristo, tú que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia sin mancha ni arruga, * haz que sea siempre santa e inmaculada.
Señor Jesucristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas, * no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.
Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó siempre fidelidad intacta, * concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.
Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la fiesta de santa N., virgen, * concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas, * admite también a nuestros hermanos difuntos en el convite festivo de tu reino.
Oremos con Jesús, diciendo a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que te has complacido en elegir lo débil a los ojos del mundo para confundir a los que se creían fuertes, concede a quienes estamos celebrando el martirio de santa Inés imitar la heroica firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE
ENERO
SAN VICENTE,
diácono y mártir
Del
Común
de mártires: para un mártir.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 276,1-2: PL 38,1256)
VICENTE VENCIÓ EN AQUEL POR QUIEN HABÍA SIDO VENCIDO EL MUNDO
A vosotros se os ha concedido la gracia —dice el Apóstol— de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él.
Una y otra gracia había recibido el diácono Vicente, las había recibido y, por esto, las tenía. Si no las hubiese recibido, ¿cómo hubiera podido tenerlas? En sus palabras tenía la fe, en sus sufrimientos la paciencia.
Nadie confíe en sí mismo al hablar; nadie confíe en sus propias fuerzas al sufrir la prueba, ya que, si hablamos con rectitud y prudencia, nuestra sabiduría proviene de Dios y, si sufrimos los males con fortaleza, nuestra paciencia es también don suyo.
Recordad qué advertencias da a los suyos Cristo, el Señor, en el Evangelio; recordad que el Rey de los mártires es quien equipa a sus huestes con las armas espirituales, quien les enseña el modo de luchar, quien les suministra su ayuda, quien les promete el remedio, quien, habiendo dicho a sus discípulos: En el mundo tendréis luchas, añade inmediatamente, para consolarlos y ayudarlos a vencer el temor: Pero tened valor: yo he vencido al mundo.
¿Por qué admirarnos, pues, amadísimos hermanos, de que Vicente venciera en aquel por quien había sido vencido el mundo? En el mundo —dice— tendréis luchas; se lo dice para que estas luchas no los abrumen, para que en el combate no sean vencidos. De dos maneras ataca el mundo a los soldados de Cristo: los halaga para seducirlos, los atemoriza para doblegarlos. No dejemos que nos domine el propio placer, no dejemos que nos atemorice la ajena crueldad, y habremos vencido al mundo.
En uno y otro ataque sale al encuentro Cristo, para que el cristiano no sea vencido. La constancia en el sufrimiento que contemplamos en el martirio que hoy conmemoramos es humanamente incomprensible, pero la vemos como algo natural si en este martirio reconocemos el poder divino.
Era tan grande la crueldad que se ejercitaba en el cuerpo del mártir y tan grande la tranquilidad con que él hablaba, era tan grande la dureza con que eran tratados sus miembros y tan grande la seguridad con que sonaban sus palabras, que parecía como si el Vicente que hablaba no fuera el mismo que sufría el tormento.
Es que, en realidad, hermanos, así era: era otro el que hablaba. Así lo había prometido Cristo a sus testigos, en el Evangelio, al prepararlos para semejante lucha. Había dicho, en efecto: No os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Era, pues, el cuerpo de Vicente el que sufría, pero era el Espíritu quien hablaba, y, por estas palabras del Espíritu, no sólo era redargüida la impiedad, sino también confortada la debilidad.
Responsorio Jb 23, 10b-11; Flp 3, 8. 10
R. Me ha probado el Señor como el oro en el crisol;
* mis pies
pisaban sus huellas, seguían su camino sin desviarse.
V. Lo perdí todo a
fin de tener una íntima experiencia de Cristo y de la comunión con sus
padecimientos.
R. Mis pies pisaban sus huellas, seguían su camino sin
desviarse.
O bien:
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 274, sobre el martirio de san Vicente: PL 38, 1252.1253)
VICENTE, POR SU FE, FUE VENCEDOR EN TODO
Hemos contemplado un gran espectáculo con los ojos de la fe al mártir san Vicente, vencedor en todo. Venció en las palabras y venció en los tormentos, venció en la confesión y venció en la tribulación, venció abrasado por el fuego y venció al ser arrojado a las olas, venció, finalmente, al ser atormentado y venció al morir por la fe.
Cuando su carne, en la cual estaba el trofeo de Cristo vencedor, era arrojada desde la nave al mar, Vicente decía calladamente:
«Nos derriban, pero no nos rematan.»
¿Quién dio esta paciencia a su soldado, sino aquel que antes derramó la propia sangre por él? A quien se dice en el salmo: Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. Un gran combate comporta una gran gloria, no humana ni temporal, sino divina y eterna. Lucha la fe, y cuando lucha la fe nada se consigue con la victoria sobre la carne. Porque, aunque sea desgarrado y despedazado, ¿cómo puede perecer el que ha sido redimido por la sangre de Cristo?
Responsorio Jb 23, 10b-11; Flp 3, 8. 10
R. Me ha probado el Señor como el oro en el crisol;
* mis pies
pisaban sus huellas, seguían su camino sin desviarse.
V. Lo perdí todo a
fin de tener una íntima experiencia de Cristo y de la comunión con sus
padecimientos.
R. Mis pies pisaban sus huellas, seguían su camino sin
desviarse.
Oración
Señor Dios, fuente y origen de todos los dones, infunde en nuestros corazones el fuego de tu Espíritu, para que nos sintamos llenos de aquella misma fuerza de amor que hizo a san Vicente invencible en medio de sus tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 22 DE ENERO
BEATA
LAURA VICUÑA, virgen
Del Común de
vírgenes.
Oración
Oh Dios, que en la beata Laura uniste de un modo admirable la fortaleza del espíritu y el candor de la inocencia, haz que por su intercesión superemos las dificultades de la vida alcanzando las promesas de los bienaventurados limpios de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 24 DE
ENERO
MARÍA, REINA DE LA PAZ
Memoria
Del Común de la Santísima Virgen María.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes:
Tú,
Virgen María, nos has dado el autor de nuestro paz; por ti ha venido la paz al
mundo.
Vísperas:
Oh
Reina de la paz, santa Madre de Dios, intercede por nosotros, aleja del mundo
toda discordia y haz que los hijos de Dios, dispersos y divididos por el pecado,
sean congregados en la unidad.
Oración
Abre, Señor, a tus servidores la riqueza de tu gracia y, ya que la maternidad de la Virgen María fue para nosotros el comienzo de la salvación, concédenos que esta celebración acreciente nuestra paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 24 DE
ENERO
SAN FRANCISCO DE SALES,
obispo y doctor de la
Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo y del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De la Introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales, obispo
(Parte 1, cap. 3)
LA DEVOCIÓN SE HA DE EJERCITAR DE DIVERSAS MANERAS
En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.
La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.
Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?
Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.
La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.
Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto. Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de la familia, que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero, que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones, de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.
Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias; hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa, monástica y religiosa no puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de
este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar. Así pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.
Responsorio Ef 4, 32-5, 1; Mt 11, 29
R. Sed bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonaos
mutuamente como también Dios os ha perdonado en Cristo; * sed imitadores de
Dios, como hijos amados que sois.
V.
Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí
que soy manso y humilde de corazón.
R.
Sed imitadores de Dios, como hijos amados que
sois.
Oración
Señor Dios nuestro, que quisiste que el obispo san Francisco de Sales se hiciera todo para todos, para ganarlos a todos, haz que, iluminados por su ejemplo, también nosotros sepamos manifestar la dulzura de tu amor en el servicio de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 25 DE
ENERO
LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO, apóstol
Fiesta
Ant. Aclamemos al Señor, en esta fiesta de la conversión del Maestro de los gentiles.
HIMNO
¿Quién es este viajero
al que el Señor acecha en el camino
y con su luz derriba por el suelo?
¿Quién es este
violento
al que el Señor elige de entre todos
para mostrar la fuerza de
su verbo?
Contra Jesús, se
dirigía a Damasco,
y después, por Jesús, recorrerá la tierra,
predicándolo.
Cumplir con la ley era su orgullo;
la gracia del
Espíritu después,
timbre de gloria, único.
Para él sólo tendrá
significado
conocer a Jesús,
y a este Señor Jesús, ¡crucificado!
Compartirá las pruebas del Señor
y así compartirá también
la gloria
de la resurrección. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. «Señor, ¿quién eres?» «Yo soy Jesús a quien tú persigues; dura cosa será para ti dar coces contra el aguijón.»
Los salmos se toman del Común de apóstoles .
Ant. 2. Ananías, vete enseguida y pregunta por Saulo, el cual está orando; éste es un instrumento que me he escogido yo para que lleve mi nombre a los gentiles, a los reyes y a los hijos de Israel.
Ant. 3. Saulo comenzó a predicar en las sinagogas a los judíos, afirmando que Jesús era el Cristo.
V. El Señor es clemente y misericordioso.
R. Lento a la
cólera y rico en piedad.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1, 11-24
DIOS ME REVELÓ A SU HIJO PARA QUE LO ANUNCIARA
Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es cosa humana; y no lo recibí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
Habéis oído hablar de cómo me portaba yo en otro tiempo en el judaísmo, cómo perseguía encarnizadamente a la iglesia de Dios y la devastaba; cómo, en el celo por el judaísmo, iba más allá que muchos compatriotas de mi edad y me mostraba celoso partidario de las tradiciones paternas.
Pero, cuando aquel que me eligió desde el seno de mi madre me llamó por su gracia y tuvo a bien revelarme a su Hijo para que lo anunciara a los gentiles, enseguida, sin pedir consejo a hombre alguno y sin subir a Jerusalén para hablar con los que eran apóstoles antes que yo, partí hacia Arabia, de donde luego volví a Damasco. Tres años más tarde, subí a Jerusalén a visitar a Cefas, y estuve con él quince días. No vi a ninguno otro de los apóstoles, fuera de Santiago, el hermano del Señor.
Por el Dios que me está viendo, que no miento en lo que os escribo.
Después vine a las regiones de Siria y de Cilicia, pero las Iglesias de Judea, que están en Cristo, no me conocían personalmente. Sólo oían decir: «El que antaño nos perseguía ahora va anunciando la Buena Nueva de la fe, que en otro tiempo quería destruir.» Y glorificaban a Dios, reconociendo su obra en mí.
Responsorio Ga 1, 11-12; 2 Co 11, 10. cf. 7
R. El Evangelio anunciado por mí no es cosa humana;
* y no lo
recibí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
V. Por la verdad de
Cristo que en mí reside: yo os he anunciado el Evangelio de Dios.
R. Y no lo recibí
de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(Homilía 2 sobre las alabanzas de san Pablo: PG 50, 477-480)
PABLO LO SUFRIÓ TODO POR AMOR A CRISTO
Qué es el hombre, cuán grande su nobleza y cuánta su capacidad de virtud lo podemos colegir sobre todo de la persona de Pablo. Cada día se levantaba con una mayor elevación y fervor de espíritu y, frente a los peligros que lo acechaban, era cada vez mayor su empuje, como lo atestiguan sus propias palabras: Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante; y, al presentir la inminencia de su muerte, invitaba a los demás a compartir su gozo, diciendo: Estad alegres y asociaos a mi alegría; y, al pensar en sus peligros y oprobios, se alegra también y dice, escribiendo a los corintios: Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos y de las persecuciones; incluso llama a estas cosas armas de justicia, significando con ello que le sirven de gran provecho.
Y así, en medio de las asechanzas de sus enemigos, habla en tono triunfal de las victorias alcanzadas sobre los ataques de sus perseguidores y, habiendo sufrido en todas partes azotes, injurias y maldiciones, como quien vuelve victorioso de la batalla, colmado de trofeos, da gracias a Dios, diciendo: Doy gracias a Dios, que siempre nos asocia a la victoria de Cristo. Imbuido de estos sentimientos, se lanzaba a las contradicciones e injurias, que le acarreaba su predicación, con un ardor superior al que nosotros empleamos en la consecución de los honores, deseando la muerte más que nosotros deseamos la vida, la pobreza más que nosotros la riqueza, y el trabajo mucho más que otros apetecen el descanso que lo sigue. La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenía sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era agradar siempre a Dios.
Y, lo que era para él lo más importante de todo, gozaba del amor de Cristo; con esto se consideraba el más dichoso de todos, sin esto le era indiferente asociarse a los poderosos y a los príncipes; prefería ser, con este amor, el último de todos, incluso del número de los condenados, que formar parte, sin él, de los más encumbrados y honorables.
Para él, el tormento más grande y extraordinario era el verse privado de este amor: para él, su privación significaba el infierno, el único sufrimiento, el suplicio infinito e intolerable.
Gozar del amor de Cristo representaba para él la vida, el mundo, la compañía de los ángeles, los bienes presentes y futuros, el reino, las promesas, el conjunto de todo bien; sin este amor, nada catalogaba como triste o alegre. Las cosas de este mundo no las consideraba, en sí mismas, ni duras ni suaves.
Las realidades presentes las despreciaba como hierba ya podrida. A los mismos gobernantes y al pueblo enfurecido contra él les daba el mismo valor que a un insignificante mosquito.
Consideraba como un juego de niños la muerte y la más variada clase de tormentos y suplicios, con tal de poder sufrir algo por Cristo.
Responsorio 1 Tm 1, 13-14; 1 Co 15, 9
R. Fui acogido por Dios con toda misericordia, porque obré por
ignorancia en el tiempo de mi incredulidad. * Y en verdad que
sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, juntamente con la fe y la caridad
de Cristo Jesús.
V. Soy indigno del nombre de apóstol, pues perseguí a la
Iglesia de Dios.
R. Y en verdad que sobreabundó en mí la gracia de nuestro
Señor, juntamente con la fe y la caridad de Cristo Jesús.
Después del segundo Responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Con presunción de bélico soldado,
galán sale
feroz, Pablo, atrevido,
que, si ahora en la cuenta no ha caído,
caerá muy
presto del primer estado.
¿Adónde, Pablo, de soberbia armado,
para
quedar con una voz vencido?
Seguid las letras, ¿dónde vais perdido?,
que
habéis de ser doctor del mayor grado.
Aunque valor vuestra persona encierra,
no es
bien que nadie contra Dios presuma:
que dará con los ojos por la tierra.
La Iglesia espera vuestra docta suma:
mirad
que no sois vos para la guerra,
dejad las armas y tomad la pluma. Amén.
Ant. 1. Sé en quien he puesto mi fe, y estoy seguro de que es poderoso para guardar hasta el último día lo que yo le he confiado.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Pablo, te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder.
Ant. 3. La gracia de Dios no quedó infecunda en mí, sino que su gracia permanece siempre en mí.
LECTURA BREVE Hch 26, 16b-18
Me he dejado ver de ti para hacerte siervo mío y testigo de la visión en que me has visto y de otras que te manifestaré. Yo te sacaré de todos los peligros que te vengan de tu nación y de los gentiles. A éstos te envío ahora para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, del poder de Satanás a Dios; para que por la fe en mí reciban el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los justos.
RESPONSORIO BREVE
V. Tú eres un instrumento escogido, apóstol san Pablo. R. Tú eres. V. Predicador de la verdad en todo el mundo. R. Apóstol san Pablo. V. Gloria. R. Tú eres.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Celebremos la conversión del apóstol san Pablo, que de perseguidor pasó a ser un instrumento escogido.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que has iluminado al mundo entero con la palabra del apóstol san Pablo, haz que quienes recordamos hoy su conversión, imitando sus ejemplos, anunciemos el Evangelio al mundo y seamos así testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Tan cerca, Saulo, de nosotros,
de nuestras
mordeduras,
de nuestros viejos odios
y de nuestras ternuras.
Cerca de nuestras ansias,
lejos de nuestros
pasos,
de nuestras veleidades
y de nuestros fracasos.
Dinos que Cristo en cruz
es todo: pena y
gozo,
tu enseñanza y tu gloria,
tu lucha y tu reposo.
Que al corazón que a toda
decisión está
listo,
todo es estiércol, todo,
para ganar a Cristo. Amén.
Ant. 1. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Ant. 2. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien dio el crecimiento.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien dio el crecimiento.
Ant. 3. Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA BREVE 1Co 15, 9-10
Yo soy el menor de los apóstoles, indigno del nombre de apóstol, pues perseguí a la Iglesia de Dios. Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia que él me concedió no quedó infecunda en mí. He trabajado con más afán que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.
RESPONSORIO BREVE
V. Te doy gracias, Señor, de todo corazón. R. Te doy gracias. V. Tañeré en honor de tu nombre entre las naciones. R. De todo corazón. V. Gloria. R. Te doy gracias.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Apóstol san Pablo, predicador de la verdad y maestro
de los gentiles, intercede por nosotros ante Dios que te eligió.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que has iluminado al mundo entero con la palabra del apóstol san Pablo, haz que quienes recordamos hoy su conversión, imitando sus ejemplos, anunciemos el Evangelio al mundo y seamos así testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 26 DE
ENERO
SANTOS TIMOTEO y TITO, obispos
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(Homilía 2 sobre las alabanzas de san Pablo: PG 50, 480-484)
HE COMBATIDO BIEN MI COMBATE
Pablo, encerrado en la cárcel, habitaba ya en el cielo, y recibía los azotes y heridas con un agrado superior al de los que conquistan el premio en los juegos; amaba los sufrimientos no menos que el premio, ya que éstos mismos sufrimientos, para él, equivalían al premio; por esto, los consideraba como una gracia. Sopesemos bien lo que esto significa. El premio consistía ciertamente en partir para estar con Cristo; en cambio, quedarse en esta vida significaba el combate; sin embargo, el mismo anhelo de estar con Cristo lo movía a diferir el premio, llevado del deseo del combate, ya que lo juzgaba más necesario.
Comparando las dos cosas, el estar separado de Cristo representaba para él el combate y el sufrimiento, más aún, el máximo combate y el máximo sufrimiento. Por el contrario, estar con Cristo representaba el premio sin comparación; con todo, Pablo, por amor a Cristo, prefiere el combate al premio.
Alguien quizá dirá que todas estas dificultades él las tenía por suaves, por su amor a Cristo. También yo lo admito, ya que todas aquellas cosas, que para nosotros son causa de tristeza, en él engendraban el máximo deleite. Y para qué recordar las dificultades y tribulaciones? Su gran aflicción le hacía exclamar: ¿Quién enferma sin que yo enferme? ¿quién cae sin que a mi me dé fiebre?
Os ruego que no sólo admiréis, sino que también imitéis este magnífico ejemplo de virtud: así podremos ser partícipes de su corona.
Y, si alguien se admira de esto que hemos dicho, a saber, que el que posea unos méritos similares a los de Pablo obtendrá una corona semejante a la suya, que atienda a las palabras del mismo Apóstol: He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mi, sino a todos los que tienen amor a su venida. ¿Te das cuenta de cómo nos invita a todos a tener parte en su misma gloria?
Así pues, ya que a todos nos aguarda una misma corona de gloria, procuremos hacernos dignos de los bienes que tenemos prometidos.
Y no sólo debemos considerar en el Apóstol la magnitud y excelencia de sus virtudes y su pronta y robusta disposición de ánimo, por las que mereció llegar a un premio tan grande, sino que hemos de pensar también que su naturaleza era en todo igual a la nuestra; de este modo, las cosas más arduas nos parecerán fáciles y llevaderas y, esforzándonos en este breve tiempo de nuestra vida, alcanzaremos aquella corona incorruptible e inmortal, por la gracia y la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el imperio ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio 1 Tm 6,
11-12; Tt 2, 1
R. Como hombre de Dios que
eres, corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de
la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura. * Combate el buen
combate de la fe, conquista la vida eterna.
V. Enseña lo que es
conforme a la sana doctrina.
R.
Combate el buen combate de la fe, conquista la
vida eterna.
La oración como en las Laudes.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella, persuade, reprende, exhorta, armado de toda paciencia y doctrina.
Vísperas: Vivamos con justicia y religiosidad, aguardando la feliz esperanza y la manifestación del Señor.
Oración
Señor Dios nuestro, que concediste a los santos Timoteo y Tito vivir de manera semejante a los apóstoles, haz que, ayudados por su intercesión, vivamos en este mundo justa y piadosamente y alcancemos después tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 27 DE
ENERO
SANTA ÁNGELA DE MERICI, virgen
Del
Común
de vírgenes o del Común de santas mujeres: para los santos
educadores.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del Testamento espiritual de santa Ángela de Mérici, virgen
LO DISPUSO TODO CON SUAVIDAD
Queridísimas madres y hermanas en Cristo Jesús: En primer lugar, poned todo vuestro empeño, con la ayuda de Dios, en concebir el propósito de no aceptar el cuidado y dirección de los demás, si no es movidas únicamente por el amor de Dios y el celo de las almas.
Sólo si se apoya en esta doble caridad, podrá producir buenos y saludables frutos vuestro cuidado y dirección, ya que, como afirma nuestro Salvador: Un árbol sano no puede dar frutos malos.
El árbol sano, dice, esto es, el corazón bueno y el ánimo encendido en caridad, no puede sino producir obras buenas y santas; por esto, decía san Agustín: «Ama, y haz lo que quieras»; es decir, con tal de que tengas amor y caridad, haz lo que quieras, que es como si dijera: «La caridad no puede pecar.»
Os ruego también que tengáis un conocimiento personal de cada una de vuestras hijas; y que llevéis grabado en vuestros corazones no sólo el nombre de cada una, sino también su peculiar estado y condición. Ello no os será difícil si las amáis de verdad.
Las madres en el orden natural, aunque tuvieran mil hijos, llevarían siempre grabados en el corazón a cada uno de ellos, y jamás se olvidarían de ninguno, porque su amor es sobremanera auténtico. Incluso parece que, cuantos más hijos tienen, más aumenta su amor y el cuidado de cada uno de ellos. Con más motivo, las madres espirituales pueden y deben comportarse de este modo, ya que el amor espiritual es más poderoso que el amor que procede del parentesco de sangre.
Por lo cual, queridísimas madres, si amáis a estas vuestras hijas con una caridad viva y sincera, por fuerza las llevaréis a todas y cada una de ellas grabadas en vuestra memoria y en vuestro corazón.
También os ruego que procuréis atraerlas con amor, mesura y caridad, no con soberbia ni aspereza, teniendo con ellas la amabilidad conveniente, según aquellas palabras de nuestro Señor: Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, imitando a Dios, del cual leemos: Lo dispuso todo con suavidad. Y también dice Jesús: Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Del mismo modo, vosotras tratadlas siempre a todas con suavidad, evitando principalmente el imponer con violencia vuestra autoridad: Dios, en efecto, nos ha dado a todos la libertad y, por esto, no obliga a nadie, sino que se limita a señalar, llamar, persuadir. Algunas veces, no obstante, será necesario actuar con autoridad y severidad, cuando razonablemente lo exijan las circunstancias y necesidades personales; pero, aun en este caso, lo único que debe movernos es la caridad y el celo de las almas.
Responsorio Ef 5, 8-9; Mt 5, 14. 16
R. Sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz.
* Toda
bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
V. Vosotros sois la
luz del mundo. Alumbre vuestra luz a los hombres.
R. Toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz.
Oración
Señor, Padre misericordioso, que en la virgen santa Ángela de Merici has querido darnos un modelo de amor y de prudencia, haz que, iluminados por su ejemplo y ayudados por su intercesión, seamos siempre fieles al Evangelio y demos testimonio de él ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 28 DE
ENERO
SANTO TOMÁS DE AQUINO,
presbítero y doctor de la
Iglesia
Memoria
Del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero
(Conferencia 6 sobre el Credo)
EN LA CRUZ HALLAMOS EL EJEMPLO DE TODAS LAS VIRTUDES
¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.
Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.
La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.
Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.
Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia.
Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.
Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Si por la desobediencia de uno —es decir, de Adán— todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.
Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.
No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se repartieron mis ropas; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.
Responsorio Sb 7, 7-8; 9, 17
R. Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué Y vino a mí
un espíritu de sabiduría. * La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación
tuve en nada la riqueza.
V. Señor, ¿quién hubiera conocido tu voluntad, si tú no le
hubieses dado la sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu Espíritu
Santo?
R. La preferí a los cetros y a los tronos, y en su comparación
tuve en nada la riqueza.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Bendito sea el Señor, por cuyo amor santo Tomás estudió con esfuerzo, oró asiduamente y trabajó sin desfallecer.
Vísperas: Dios le concedió una sabiduría e inteligencia extraordinarias, en las que profundizó portentosamente y comunicó luego con generosidad.
Oración
Señor Dios nuestro, que hiciste admirable a santo Tomás de Aquino por su sed de santidad y por su amor a las ciencias sagradas, te pedimos que nos des su luz para entender sus enseñanzas y fuerza para imitar su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 31 DE
ENERO
SAN JUAN BOSCO, presbítero
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común de santos varones: para
los santos educadores.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Juan Bosco, presbítero
(Epistolario, Turín 1959, 4 201-203)
TRABAJÉ SIEMPRE POR AMOR
Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene, ante todo, que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo; sino toda la Congregación salesiana.
¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.
Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia lo llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.
Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.
Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.
Este era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.
Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.
Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.
En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.
Responsorio Mc 10, 13-14; Mt 18, 5
R. Le presentaban a Jesús unos niños para que les impusiera
las manos; pero los discípulos trataban de apartarlos. Jesús, al verlo, les
dijo: * «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo estorbéis,
porque el reino de Dios es de los que son como ellos.»
V. El que reciba a
un niño como éstos en mi nombre a mí me recibe.
R. Dejad que los
niños vengan a mí y no se lo estorbéis, porque el reino de Dios es de los que
son como ellos.
Oración
Señor Dios nuestro, que has dado a la Iglesia, en el presbítero san Juan Bosco, un padre y un maestro de la juventud, concédenos que, movidos por un amor semejante al suyo, nos entreguemos a tu servicio, trabajando por la salvación de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE
FEBRERO
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Fiesta
I Vísperas
Las I Vísperas sólo se celebran cuando la fiesta de la Presentación del Señor cae en domingo.
HIMNO
De una Virgen hermosa
celos tiene el
sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.
Cuando del oriente
salió el sol dorado,
y
otro Sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona
bella,
y a los pies de la Estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus
brazos
otro Sol mayor.
«Hermosa María
-dice el sol, vencido-
de
vos ha nacido
el Sol que podía
dar al mundo el día
que ha
deseado.»
Esto dijo, humillado,
a María el sol,
porque vio en sus
brazos
otro Sol mayor.
Al Padre y al Hijo
gloria y bendición,
y al
Espíritu Santo
por los siglos honor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Sus padres llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor.
Ant. 2. Adorna tu tálamo, oh Sión, y recibe a Cristo, tu rey.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Adorna tu tálamo, oh Sión, y recibe a Cristo, tu rey.
Ant. 3. Dichoso eres, Simeón, porque recibiste en tus brazos a Cristo el Señor, salvador de su pueblo.
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla
se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3. Dichoso eres, Simeón, porque recibiste en tus brazos a Cristo el Señor, salvador de su pueblo.
LECTURA BREVE Hb 10, 5-7
Cristo, al entrar en este mundo, dice: «No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo, no te complaciste en holocaustos ni en sacrificios por el pecado; entonces yo exclamé: "Ya estoy aquí, oh Dios, para cumplir tu voluntad" -pues así está escrito de mí en el rollo de la ley-.»
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor revela su salvación. R. El Señor. V. Que presentó ante todos los pueblos. R. Su salvación. V. Gloria. R. El Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El anciano llevaba al niño, pero era el niño quien guiaba al anciano; la Virgen lo dio a luz, permaneciendo virgen después del parto; y adoró a quien ella misma había engendrado.
PRECES
Adoremos a Cristo, nuestro salvador presentado en el templo, y supliquémosle, diciendo: Que nuestros ojos vean tu salvación.
Cristo salvador, tú que eres la luz para alumbrar las naciones, * ilumina a los que aún te desconocen y haz que crean en ti, Dios verdadero.
Redentor nuestro y gloria de tu pueblo Israel, * haz que tu Iglesia sea la luz de las naciones.
Señor Jesucristo, deseado de todos los pueblos y contemplado por los ojos del justo Simeón, * haz que todos los hombres puedan alcanzar tu salvación.
Señor, que dispusiste que, al ser tú presentado en el templo, el justo Simeón anunciara a tu madre que una espada atravesaría su alma, * fortifica a quienes sufren tribulaciones a causa de tu servicio.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, felicidad de los santos, a quien Simeón pudo contemplar antes de la muerte como tanto había deseado, * haz que los difuntos que desean contemplar tu rostro se sacien de tu visión.
Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue al mundo: Padre nuestro.
Oración:
Dios todopoderoso y eterno, en este día en que tu Hijo único fue presentado en el templo con un cuerpo como el nuestro, te pedimos nos concedas a nosotros poder ser presentados ante ti, plenamente renovados en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. Mirad, el Señor llega a su templo santo, venid, adorémosle.
HIMNO
Criaturas, alegraos,
pues la salud nos llega:
el Redentor del hombre,
Señor de cielo y
tierra.
María, toda gracia,
abre a Cristo la puerta:
pasa el Rey, y cerrada
eternamente queda.
La Madre es todo gozo,
el hombre es todo espera,
y Cristo presentado
de gracia al mundo
llena.
Honor y gloria a
Cristo,
a quien el Padre engendra,
y por el Santo Espíritu
da a luz
una doncella. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten.
Salmo 2
EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Verdaderamente se aliaron contra tu santo siervo
Jesús, tu Ungido.
(Hch 4, 27)
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un
fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de
ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he
establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres
mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las
naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro
de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la
tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea
que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su
ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. Éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten.
Ant. 2. ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor aparecerá sobre ti!
Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO
Nos visitará
el sol que nace de lo alto... para guiar
nuestros pasos por el camino de la
paz. (Lc 1,78-79)
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la
obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche
se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a
toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su
lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su
alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro
extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor aparecerá sobre ti!
Ant. 3. Goza, alégrate, nueva Sión, mira a tu Rey, que viene humilde a salvar a su pueblo.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a recibirlo!
(Mt 25, 6)
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles
te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu
encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de
Ofir.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
"A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra."
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Ant. Goza, alégrate, nueva Sión, mira a tu Rey, que viene humilde a salvar a su pueblo.
V. Oh Dios, meditamos tu misericordia.
R. En medio de tu
pueblo.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo 13, 1-3a. 11-16
CONSAGRACIÓN DEL PRIMOGÉNITO
En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: «Conságrame todo primogénito israelita; el primer parto, lo mismo de hombres que de ganados, me pertenece.» Dijo, pues, Moisés al pueblo: «Cuando el Señor te introduzca en la tierra de los cananeos, como juró a ti y a tus padres, y te la haya entregado, dedicarás al Señor todos los primogénitos. El primer parto de tus animales, si es macho, pertenece también al Señor. La primera cría de asno la rescatarás con un cordero; si no la rescatas la desnucarás. Pero los primogénitos de entre tus hijos los rescatarás siempre.
Y cuando mañana tu hijo te pregunte: "¿Qué significa esto?", le responderás: "Con mano fuerte el Señor nos sacó de Egipto, de la esclavitud. El Faraón se había obstinado en no dejarnos salir; entonces el Señor dio muerte a todos los primogénitos de Egipto, lo mismo de hombres que de animales. Por eso yo sacrifico al Señor todo primogénito macho de los animales. Pero los primogénitos de los hombres los rescato."
Este rito será para ti como señal sobre tu brazo y como recordatorio ante tus ojos, de que con mano fuerte te sacó de Egipto el Señor.»
Responsorio
R.
Adorna tu tálamo, oh Sión, y recibe a Cristo,
tu rey: * a quien la Virgen concibió y dio a luz, permaneciendo
virgen después del parto; ella adoró a quien había engendrado.
V. Simeón tomó al
Niño en sus brazos y, dando gracias, bendijo al Señor.
R. A quien la
Virgen concibió y dio a luz, permaneciendo virgen después del parto; ella adoró
a quien había engendrado.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Sofronio, obispo
(Sermón 3, Sobre el Hypapanté, 6. 7: PG 87, 3, 3291-3293)
ACOJAMOS LA LUZ CLARA Y ETERNA
Corramos todos al encuentro del Señor, los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz.
Llevamos en nuestras manos cirios encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a nosotros —el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna—, ya, sobre todo, para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro de Cristo.
En efecto, del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel que es la luz verdadera.
Sí, ciertamente, porque la luz ha venido al mundo, para, librarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por esto, avanzamos en procesión con cirios en las manos; por esto, acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.
Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo alumbra a todo hombre. Dejemos, hermanos, que esta luz nos penetre y nos transforme.
Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.
También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.
También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y, de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo que vamos celebrando, año tras año, porque no queremos olvidarlo.
Responsorio Ez 43,
4-5; Cf. Lc 2, 27
R. La gloria del Señor
entró en el templo por la puerta oriental, * y llenó el templo la
gloria del Señor.
V. Llevaron sus padres al niño Jesús al templo.
R. Y llenó el
templo la gloria del Señor.
HIMNO Te Deum
Oración
Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia. Por Jesucristo nuestro Señor.
HIMNO
Estás aquí, Señor, bien lo proclaman
los
justos que de siempre han esperado
estar cerca de ti, porque te aman
y
luchan por el mundo que has salvado.
Estás aquí, mi Dios, humilde
hermano,
presencia ante mis ojos revelada,
Salvador eternas del pueblo
humano,
Luz de la Luz que brilla en tu mirada.
Bienvenido, Mesías esperado;
que deje el
corazón toda amargura
porque Dios, siendo Dios, nos ha salvado
en locura
de amor y de ternura.
Demos gracias al Padre que ha querido
darnos
el Hijo eterno y bien amado,
todo el pueblo de Dios le cante unido
al
Fuego del amor que lo ha engendrado. Amén.
Ant. 1. Simeón, hombre recto y piadoso, esperaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo moraba en él.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Simeón tomó al Niño en sus brazos y, dando gracias, bendijo, a Dios.
Ant. 3. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
LECTURA BREVE Ml 3, 1
Mirad, yo os envío a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí y pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis.
RESPONSORIO BREVE
V. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R. Postraos. V. Aclamad la gloria y el poder del Señor. R. En el atrio sagrado. V. Gloria. R. Postraos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Cuando entraban sus padres con el niño Jesús, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios.
PRECES
Adoremos a Cristo, nuestro salvador presentado en el templo, y supliquémosle, diciendo: Que nuestros ojos vean tu salvación.
Señor Jesús, tú que quisiste ser presentado al Padre en el templo, según estaba prescrito por la ley, * enséñanos a ofrecernos contigo al Padre en el sacrificio de tu Iglesia.
Consolador de Israel, a cuyo encuentro en el templo acudió el justo Simeón, * haz que también nosotros salgamos a tu encuentro, acogiéndote en cada uno de nuestros hermanos.
Esperando de las naciones, de quien la profetisa Ana habló a todos los que esperaban la redención de Israel, * haz que también nosotros hablemos dignamente de ti y anunciemos tu nombre a nuestros hermanos.
Piedra angular del reino de Dios, que has sido predestinado como signo de contradicción, * haz que los hombres encuentren en ti, por la fe y el amor, su resurrección y no su ruina,
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue al mundo: Padre Nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, en este día en que tu Hijo único fue presentado en el templo con un cuerpo como el nuestro, te pedimos nos concedas a nosotros poder ser presentados ante ti, plenamente renovados en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
De una Virgen hermosa
celos tiene el
sol,
porque vio en sus brazos
otro Sol mayor.
Cuando del oriente
salió el sol dorado,
y
otro Sol helado
miró tan ardiente,
quitó de la frente
la corona
bella,
y a los pies de la Estrella
su lumbre adoró,
porque vio en sus
brazos
otro Sol mayor.
«Hermosa María
-dice el sol, vencido-
de
vos ha nacido
el Sol que podía
dar al mundo el día
que ha
deseado.»
Esto dijo, humillado,
a María el sol,
porque vio en sus
brazos
otro Sol mayor.
Al Padre y al Hijo
gloria y bendición,
y al
Espíritu Santo
por los siglos honor. Amén.
SALMODIA
Ant.
1. El Espíritu Santo había revelado a Simeón que no moriría sin haber
visto antes al Ungido del Señor.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1. El Espíritu Santo había revelado a Simeón que no moriría sin haber visto antes al Ungido del Señor.
Ant. 2. Ofrecieron por él al Señor un par de tórtolas o de pichones.
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a
su pueblo de
los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2. Ofrecieron por él al Señor un par de tórtolas o de pichones.
Ant. 3. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él
quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.
LECTURA BREVE Hb 4, 15-16
No tenemos un sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, al contrario, él mismo pasó por todas las pruebas a semejanza nuestra, fuera del pecado. Acerquémonos, pues, con seguridad y confianza a este trono de la gracia. Aquí alcanzaremos misericordia y hallaremos gracia para ser socorridos en el momento oportuno.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor revela su salvación. R. El Señor. V. Que presentó ante todos los pueblos. R. Su salvación. V. Gloria. R. El Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Hoy la Virgen María presentó al niño Jesús en el templo, y Simeón, lleno del Espíritu Santo, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios.
PRECES
Adoremos a Cristo, nuestro salvador presentado en el templo, y supliquémosle, diciendo: Que nuestros ojos vean tu salvación.
Cristo salvador, tú que eres la luz para alumbrar las naciones, * ilumina a los que aún te desconocen y haz que crean en ti, Dios verdadero.
Redentor nuestro y gloria de tu pueblo Israel, * haz que tu Iglesia sea la luz de las naciones.
Señor Jesucristo, deseado de todos los pueblos y contemplado por los ojos del justo Simeón, * haz que todos los hombres puedan alcanzar tu salvación.
Señor, que dispusiste que, al ser tú presentado en el templo, el justo Simeón anunciara a tu madre que una espada atravesaría su alma, * fortifica a quienes sufren tribulaciones a causa de tu servicio.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, felicidad de los santos, a quien Simeón pudo contemplar antes de la muerte como tanto había deseado, * haz que los difuntos que desean contemplar tu rostro se sacien de tu visión.
Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue al mundo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, en este día en que tu Hijo único fue presentado en el templo con un cuerpo como el nuestro, te pedimos nos concedas a nosotros poder ser presentados ante ti, plenamente renovados en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 3 DE
FEBRERO
SAN BLAS, obispo y mártir
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón Güelferbitano 32, Sobre la ordenación episcopal: PLS 2, 639-640)
SUFRE POR MIS OVEJAS
El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Tal es el modo como el Señor se puso a nuestro servicio, y como quiere que nosotros nos pongamos al servicio de los demás. Dio su vida en rescate por muchos: así es como nos redimió.
¿Quién de nosotros es capaz de redimir a otro? Fue su sangre y su muerte lo que nos redimió de la muerte, fue su abajamiento lo que nos levantó de nuestra postración; pero también nosotros debemos poner nuestra pequeña parte en favor de sus miembros, ya que hemos sido hechos miembros suyos: él es la cabeza, nosotros su cuerpo.
El Señor había dicho: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Por esto, el apóstol Juan nos exhorta a imitar su ejemplo, con estas palabras: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
Y el mismo Señor, después de su resurrección, dijo a Pedro: ¿Me quieres? El respondió: Te quiero. Por tres veces se repitió la misma pregunta y respuesta, y las tres veces dijo el Señor: Apacienta mis ovejas.
«¿Cómo podrás demostrar que me quieres, sino apacentando mis ovejas? ¿Qué vas a darme con tu amor, si todo lo esperas de mí? Aquí tienes lo que has de hacer para quererme: apacienta mis ovejas.»
Por tres veces se repiten las mismas palabras: «Me quieres?» «Te quiero.» «Apacienta mis ovejas.» Tres veces lo había negado por temor; tres veces le hace profesión de amor.
Finalmente, después que el Señor ha encomendado por tercera vez sus ovejas a Pedro, al responderle éste con su profesión de amor, con la que condenaba y borraba su pasado temor, añade el Señor a continuación: «Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Le anunciaba por adelantado la cruz, le predecía su martirio.
El Señor, pues, va más allá de lo que había dicho: Apacienta mis ovejas, ya que añade equivalentemente: «Sufre por mis ovejas.»
Responsorio Flp 1, 20; Sal 68, 21
R. En ningún caso he de fracasar; * con toda seguridad,
Cristo será enaltecido en mí, ya sea por mi vida o ya sea por mi muerte.
V. La
afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
R. Con toda
seguridad, Cristo será enaltecido en mí, ya sea por mi vida o ya sea por mi
muerte.
Oración
Escucha, Señor, a tu familia, reunida hoy para recordar al mártir san Blas, y concédele la paz en la vida presente y la felicidad en la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 3 DE
FEBRERO
SAN OSCAR, obispo
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
Del Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 23-24)
HAY QUE ANUNCIAR, CON TODA LIBERTAD, EL MISTERIO DE CRISTO
Aunque a todo discípulo de Cristo incumbe el deber de propagar la fe según su condición, Cristo, el Señor, de entre los discípulos, llama siempre a los que le parece bien, para tenerlos en su compañía y para enviarlos a predicar a las naciones.
Por lo cual, por medio del Espíritu Santo, que distribuye sus carismas según le place para común utilidad, inspira la vocación misionera en el corazón de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos que reciben como misión propia el deber de la evangelización, que pertenece a toda la Iglesia.
Son marcados con una vocación especial aquellos que, dotados de un carácter natural conveniente, idóneos por sus buenas dotes e ingenio, están dispuestos a emprender la obra misional, sean nativos del lugar o extranjeros: sacerdotes, religiosos o seglares. Enviados por la autoridad legítima, se dirigen con fe y obediencia a los que están lejos de Cristo, separados para el ministerio a que han sido destinados, como servidores del Evangelio, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios.
El hombre debe responder al llamamiento de Dios de tal modo que, no asintiendo a la carne ni a la sangre, se entregue totalmente a la obra del Evangelio. Pero no puede dar esta respuesta si no lo inspira y alienta el Espíritu Santo.
El enviado entra en la vida y en la misión de aquel que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo. Por eso, debe estar dispuesto a perseverar toda su vida en la vocación, a renunciarse a sí mismo y a hacerse todo para todos.
El que anuncia el Evangelio entre los paganos anuncie, con toda libertad, el misterio de Cristo, de quien es embajador, de suerte que, con su fuerza, se atreva a hablar como conviene, sin avergonzarse del escándalo de la cruz. Siguiendo las huellas de su Maestro, manso y humilde de corazón, manifieste que su yugo es llevadero y su carga ligera.
Dé testimonio de su Señor con una vida enteramente evangélica, con mucha constancia, con longanimidad, con benignidad, con caridad sincera, y, si es necesario, hasta el derramamiento de su propia sangre.
Dios le concederá valor y fortaleza para que vea qué abundancia de gozo se encierra en la experiencia intensa de la tribulación y de la absoluta pobreza.
Responsorio 1 Co 9, 16. 22
R. Anunciar el Evangelio no es para mí un motivo para que
pueda gloriarme, pues es una obligación que pesa sobre mí. * Y ¡ay de mí si no
anunciara la Buena Nueva!
V.
Me he hecho todo para todos, para salvarlos a
todos.
R. Y ¡ay de mí si no anunciara la Buena Nueva!
Oración
Señor Dios nuestro, que enviaste al obispo san Oscar a anunciar el Evangelio a los pueblos del norte de Europa, concédenos, por su intercesión, vivir siempre iluminados por la luz de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 5 DE
FEBRERO
SANTA ÁGUEDA, virgen y mártir
Memoria (En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de vírgenes.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del sermón de san Metodio de Sicilia, obispo, sobre santa Águeda
(Analecta Bollandiana 68, 76-78)
SU BONDAD PROVENÍA DEL MISMO DIOS, FUENTE DE TODO BIEN.
Hermanos, como sabéis, la conmemoración anual de esta santa mártir nos reúne en este lugar para celebrar principalmente su glorioso martirio, que pertenece ya al pasado, pero que es también actual, ya que también ahora continúa su victorioso combate por medio de los milagros divinos por los que es coronada de nuevo todos los días y recibe una incomparable gloria.
Es una virgen, porque nació del Verbo inmortal (quien también por mi causa gustó de la muerte en su carne) e indiviso Hijo de Dios, como afirma el teólogo Juan: A cuantos le recibieron, les da poder para ser hijos de Dios.
Esta mujer virgen, la que hoy os ha invitado a nuestro convite sagrado, es la mujer desposada con un solo esposo, Cristo, para decirlo con el mismo simbolismo nupcial que emplea el apóstol Pablo.
Una virgen que, con la lámpara siempre encendida, enrojecía y embellecía sus labios, mejillas y lengua con la púrpura de la sangre del verdadero y divino Cordero, y que no dejaba de recordar y meditar continuamente la muerte de su ardiente enamorado, como si la tuviera presente ante sus ojos.
De este modo, su mística vestidura es un testimonio que habla por sí mismo a todas las generaciones futuras, ya que lleva en sí la marca indeleble de la sangre de Cristo, de la que está impregnada, como también la blancura resplandeciente de su virginidad.
Águeda hizo honor a su nombre, que significa «buena»; ella fue en verdad buena por su identificación con el mismo Dios; fue buena para su divino Esposo y lo es también para nosotros, ya que su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien.
En efecto, ¿cuál es la causa suprema de toda bondad, sino aquel que es el sumo bien?Por esto, difícilmente hallaríamos algo que mereciera, como Águeda, nuestros elogios y alabanzas.
Águeda, buena de nombre y por sus hechos; Águeda, cuyo nombre indica de antemano la bondad de sus obras maravillosas, y, cuyas obras corresponden a la bondadde su nombre; Águeda, cuyo solo nombre es un estímulo para que todos acudan a ella, y que nos enseña también con su ejemplo a que todos pongamos el máximo empeño en llegar sin demora al bien verdadero, que es solo Dios.
Responsorio
R. Con la ayuda del Señor, le seré siempre fiel, cantando sus
alabanzas; * él me ha salvado y me ha dado la paz.
V. El Señor ha
conservado a su sierva libre de toda mancha y me ha unido a él, movido por su
misericordia.
R. Él me ha salvado y me ha dado la paz.
La oración conclusiva como en las Laudes.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Contenta y alegre, se dirigía Águeda a la cárcel, como invitada a bodas, y encomendaba al Señor su combate, con oración ferviente.
Vísperas: Señor Jesús, maestro bueno, te doy gracias por que me has hecho vencer los tormentos de mis verdugos; haz, Señor, que llegue felizmente a la felicidad de tu reino eterno.
Oración
Que nos alcancen tu perdón, Señor, las súplicas de santa Águeda, ella que tanto te agradó por el resplandor de su virginidad y por la fortaleza de su martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 6 DE
FEBRERO
SANTOS PABLO MIKI y COMPAÑEROS,
mártires
Memoria (en Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De la Historia del martirio de san Pablo Miki y compañeros, escrita por un contemporáneo
(Cap. 14,109-110: Acta Sanctorum Februarii,1, 769)
SERÉIS MIS TESTIGOS
Clavados en la cruz, era admirable ver la constancia de todos, a la que les exhortaban el padre Pasio y el padre Rodríguez. El Padre Comisario estaba casi rígido, los ojos fijos en el cielo. El hermano Martín daba gracias a la bondad divina entonando algunos salmos y añadiendo el verso: A tus manos, Señor. También el hermano Francisco Blanco daba gracias a Dios con voz clara. El hermano Gonzalo recitaba también en alta voz la oración dominical y la salutación angélica.
Pablo Miki, nuestro hermano, al verse en el púlpito más honorable de los que hasta entonces había ocupado, declaró en primer lugar a los circunstantes que era japonés y jesuita, y que moría por anunciar el Evangelio, dando gracias a Dios por haberle hecho beneficio tan inestimable. Después añadió estas palabras:
«Al llegar este momento no creer ninguno de vosotros que me voy a apartar de la verdad. Pues bien, os aseguro que no hay más camino de salvación que el de los cristianos. Y como quiera que el cristianismo me enseña a perdonar a mis enemigos y a cuantos me han ofendido, perdono sinceramente al rey y a los causantes de mi muerte, y les pido que reciban el bautismo.»
Y, volviendo la mirada a los compañeros, comenzó a animarles para el trance supremo. Los rostros de todos tenían un aspecto alegre, pero el de Luis era singular. Un cristiano le gritó que estaría en seguida en el paraíso. Luis hizo un gesto con sus dedos y con todo su cuerpo, atrayendo las miradas de todos.
Antonio, que estaba al lado de Luis, fijos los ojos en el cielo, y después de invocar los nombres de Jesús y María, entonó el salmo: Alabad, siervos del Señor, que había aprendido en la catequesis de Nagasaki, pues en ella se les hace aprender a los niños ciertos salmos.
Otros repetían: «¡Jesús!, ¡María!», con rostro sereno. Algunos exhortaban a los circunstantes a llevar una vida digna de cristianos. Con éstas y semejantes acciones mostraban su prontitud para morir.
Entonces los verdugos desenvainaron cuatro lanzas como las que se usan en Japón. Al verlas, los fieles exclamaron: «¡Jesús!, ¡María!», y se echaron a llorar con gemidos que llegaban al cielo. Los verdugos remataron en pocos instantes a cada uno de los mártires.
Responsorio Cf. Ga 6, 14: Flp 1, 29
R. Líbrenos Dios de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro
Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, vida y resurrección;
* por él
hemos sido salvados y liberados.
V.
Dios os ha dado la gracia de creer en
Jesucristo y aun de padecer por él.
R.
Por él hemos sido salvados y liberados.
Oración
Señor Dios, fortaleza de los mártires, que quisiste que san Pablo Miki y sus compañeros alcanzaran la vida eterna, muriendo en cruz por confesar la fe verdadera, concédenos, por su intercesión, proclamar con valentía nuestra fe hasta derramar por ella, si es preciso, nuestra propia sangre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 8 DE
FEBRERO
SAN JERÓNIMO EMILIANO
(En
Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de santos varones: para los santos educadores.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Jerónimo Emiliani a sus hermanos de religión
(Venecia, 21 de junio de 1535)
SÓLO EN EL SEÑOR DEBEMOS CONFIAR
Hermanos dilectísimos en Cristo e hijos de la Sociedad de los Siervos de los pobres:
Os saluda vuestro humilde padre, y os exhorta a que perseveréis en el amor de Cristo y en la fiel observancia de la ley cristiana, tal como os lo demostré de palabra y obra cuando estaba con vosotros, a fin de que el Señor sea glorificado por mi en vosotros.
Nuestro fin es Dios, fuente de todo bien, y, como decimos en nuestra oración, sólo en él debemos confiar, y no en otros. Nuestro Señor, que es benigno, queriendo aumentar vuestra fe (sin la cual, como dice el Evangelio, Cristo no pudo hacer muchos milagros) y escuchar vuestra oración, determinó que vivierais pobres, enfermos, afligidos, cansados y abandonados de todos, y que os vieseis incluso privados de mi presencia corporal, aunque no de la presencia espiritual de este vuestro pobre padre, que tanto os ama.
Sólo Dios sabe por qué obra así con vosotros; pero podemos sospechar tres razones:
La primera, que nuestro Señor os quiere contar entre sus hijos queridos, con tal que perseveréis en sus caminos; esto es lo que suele hacer con sus amigos para santificarlos.
La otra razón es que pretende haceros confiar exclusivamente en él. Dios, como os he dicho, no realiza sus obras en aquellos que se resisten a depositar en él totalmente su fe y su esperanza; en cambio, infunde la plenitud de su caridad en aquellos que están llenos de fe y esperanza, y realiza grandes obras en ellos. Por eso, si tenéis auténtica fe y esperanza, hará con vosotros grandes cosas, él, que exalta a los humildes. Al hacer que me haya alejado de vosotros, y al alejar también a cualquier otro que goce de vuestro favor, Dios os da a elegir entre dos cosas: apartaros de la fe, volviendo a las cosas del mundo, o permanecer fuertes en la fe y obtener así su aprobación.
He aquí pues, la tercera razón: Dios quiere probaros como al oro en el crisol. El fuego va consumiendo la ganga del oro, pero el oro bueno permanece y aumenta su valor: De igual modo se comporta Dios con su siervo bueno que espera y persevera en la tribulación. El Señor lo levanta y le devuelve, ya en este mundo, el ciento por uno de todo lo que dejó por amor suyo, y después le da la vida eterna.
Así es como se comporta Dios con todos sus santos. Así hizo con el pueblo de Israel después de que pasó tantas tribulaciones en Egipto: lo condujo por el desierto entre prodigios, lo alimentó con el maná y sobre todo le dio la tierra prometida. Si vosotros perseveráis constantes en la fe en medio de las tentaciones, Dios os dará paz y descanso temporal en este mundo, y sosiego imperecedero en el otro.
Responsorio 1 Pe 3, 8. 9; Rm 12, 10-11
R. Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con
afecto fraternal, con ternura, con humildad; * porque vuestra
vocación mira a esto: a heredar una bendición.
V. En cuanto a
caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros; en cuanto a la mutua
estima, tened por más dignos a los demás; nada de pereza en vuestro celo,
sirviendo con fervor de espíritu al Señor.
R. Porque vuestra
vocación mira a esto: a heredar una bendición.
Oración
Dios, Padre bondadoso, que hiciste a san Jerónimo protector y padre de huérfanos, concédenos, por su intercesión y méritos, conservar con fidelidad el espíritu de adopción por el que nos llamamos y somos hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 8 DE
FEBRERO
SANTA JOSEFINA BAKHITA, virgen
Del
común de vírgenes
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 53, 1-6: Revue bénédictine 104, 1994, 21-24)
BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS
No hay que esquivar el combate si se ama el premio. Con la confianza de la recompensa inflámese el ánimo para actuar con alegría. Lo que queremos, lo que deseamos, lo que suplicamos, vendrá después, pero haz enseguida lo que se nos ordena hacer ahora a causa de lo que vendrá después.
Comienza a recordar las palabras de Dios, no sólo los mandamientos del Evangelio sino también los dones. Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos. El Reino de los cielos será tuyo después; ahora sé pobre de espíritu. ¿Quieres que después sea tuyo el Reino de los cielos? Mira de quién eres ahora. Sé pobre de espíritu. Quizás me preguntes en qué consiste ser pobre de espíritu. El orgulloso no es pobre de espíritu; por tanto, el humilde es pobre de espíritu. El Reino de los cielos está en lo alto, pero el que se humilla será ensalzado.
Escucha lo siguiente: Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra en herencia. ¿Quieres poseer ya la tierra? Procura no ser poseído por la tierra. La poseerás si eres manso; serás poseído si no eres manso. Cuando escuches el premio propuesto, la posesión de la tierra, no agrandes el bolsillo de la avaricia por la que quieres poseer ahora la tierra, excluyendo incluso a toda costa a tu vecino. ¡Que no te engañe esa manera de pensar! Poseerás verdaderamente la tierra cuando permanezcas unido al que hizo cielo y tierra. Ser manso consiste en no resistirte a tu Dios de modo que, cuando hagas el bien,sea Él mismo quien te agrade, no tú a ti mismo; pero, cuando sufras males justamente, no sea Él quien te desagrade, sino tú a ti mismo. No es poca cosa que, desagradándote a ti,le agrades a Él, pues le desagradarás si te agradas a ti.
Que se abra paso la tarea y el don: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados. Quieres ser saciado. ¿De qué? Si tu cuerpo desea ser saciado, una vez que hayas digerido esa saciedad, volverás a padecer hambre. Jesucristo dice: Quien beba de esta agua, volverá a tener sed. El medicamento aplicado a la herida, si la ha sanado, ya no duele; lo que se aplica contra el hambre, el alimento, se aplica de tal manera que sus efectos duran poco. Pasada la saciedad, vuelve el hambre. Cada día acude el remedio de la saciedad, pero no se sana la herida de la debilidad. Así pues, tengamos hambre y sed de justicia para que seamos saciados por la justicia misma, de la que ahora tenemos hambre y sed.
Seremos saciados de lo que estamos hambrientos y sedientos. Tenga hambre y sed nuestro hombre interior, porque tiene su alimento y bebida adecuados. Jesucristo dice: Yo soy el pan que ha bajado del cielo. Tienes el pan del hambriento; desea también la bebida del sediento, porque en ti está la fuente de la vida.
Escucha lo que sigue: Bienaventurados los limpios de corazón, es decir los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Este es el fin de nuestro amor: el fin por el que somos perfeccionados, no por el que somos consumidos. El alimento tiene un fin, el vestido tiene un fin; el pan porque se consume al comerlo; el vestido porque se perfecciona al tejerlo.
Uno y otro tienen un fin: pero un fin concierne a la consunción, y el otro a la perfección. Lo que hacemos, aunque sólo lo que hacemos bien, lo que construimos, lo que con ardor anhelamos de forma loable, lo que deseamos irreprochablemente, lo dejaremos de buscar cuando llegue la visión de Dios. ¿Qué busca el que está junto a Dios? ¿O qué bastará a quien no le basta Dios?
Queremos ver a Dios, buscamos ver a Dios, ardemos por ver a Dios. ¿Quién no? Pero observa lo que se dijo: Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Prepárate para verlo. Me serviré del ejemplo del cuerpo: ¿por qué deseas la salida del sol cuando tienes los ojos enfermos? Si los ojos están sanos, la luz será también un gozo; si los ojos no están sanos, la luz será un tormento. No se te dejará ver con el corazón impuro lo que sólo se puede ver con el corazón puro. Serás alejado, serás apartado, no verás.
Responsorio Cf. Mt 11, 29-30; 11, 28
R. Tomad mi yugo sobre vosotros, dice el Señor, y aprended de
mí que soy manso y humilde de corazón; *
Pues mi yugo es suave y mi carga ligera.
V. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo
os aliviaré.
R. Pues mi yugo es suave y mi carga ligera.
Oración
Señor Dios, que otorgaste a santa Josefina una especial dignidad como hija tuya y esposa de Cristo, por su obediente entrega, concédenos que, movidos por su ejemplo, acompañemos a Jesús crucificado en los hermanos con amor constante y misericordia perseverante. Por el mismo Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 10 DE
FEBRERO
SANTA ESCOLÁSTICA, virgen
Memoria
(En Cuaresma, conmemoración)
Del
Común de vírgenes.
SEGUNDA LECTURA
De los libros de los Diálogos de san Gregorio Magno, papa
(Libro 2, 33: PL 66,194-196)
PUDO MÁS PORQUE AMÓ MÁS
Escolástica, hermana de Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. El varón de Dios se encontraba con ella fuera de las puertas del convento, en las posesiones del monasterio.
Cierto día, vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.
Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo:
«Te ruego que no me dejes esta noche y que sigamos hablando de las delicias del cielo hasta mañana.»
A lo que respondió Benito:
«Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento.»
Pero aquella santa, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.
Al levantar la cabeza, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni Benito ni los hermanos que le acompañaban pudieron salir de aquel lugar.
Comenzó entonces el varón de Dios a lamentarse y entristecerse, diciendo:
«Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas de hacer?»
Respondió ella:
«Te lo pedí y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, y me escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio.»
Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que quedarse allí. Así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.
No es de extrañar que al fin la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y, por esto, pudo más porque amó más.
A los tres días, Benito, mirando al cielo, vio como el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Él, congratulándose de su gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.
Así ocurrió que estas dos almas, siempre unidas en Dios, no vieron tampoco sus cuerpos separados ni siquiera en la sepultura.
Responsorio
R. Cuando aquella santa virgen suplicó a Dios que su hermano
no partiese, * consiguió mucho del Señor, porque había amado mucho.
V. Ved
qué paz y qué alegría, convivir los hermanos unidos.
R. Consiguió mucho
del Señor, porque había amado mucho.
La oración conclusiva como en las Laudes.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Ésta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.
Vísperas: Ven, esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te trae preparada.
Oración
Al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, te pedimos, Señor, que, siguiendo su ejemplo, te sirvamos con un amor puro y experimentemos las delicias de tu amistad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE
FEBRERO
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(En
Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de la Santísima Virgen María.
SEGUNDA LECTURA
De una carta de santa María Bernarda Soubirous, virgen
(Carta al padre Gondrand, año 1861: cf. A. Ravier, Les ècrits de sainte Bernadette Soubirous, París 1961, pp. 53-59)
LA SEÑORA ME HABLÓ
Cierto día fui a la orilla del río Gave a recoger leña con otras dos niñas. En seguida oí como un ruido. Miré a la pradera; pero los árboles no se movían. Alcé entonces la cabeza hacia la gruta y vi a una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul celeste y sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario.
Creyendo engañarme, me restregué los ojos. Metí la mano en el bolsillo para buscar mi rosario. Quise hacer la señal de la cruz, pero fui incapaz de llevar la mano a la frente. Cuando la Señora hizo la señal de la cruz, lo intenté yo también y, aunque me temblaba la mano, conseguí hacerla. Comencé a rezar el rosario, mientras la Señora iba desgranando sus cuentas, aunque sin despegar los labios. Al acabar el rosario, la visión se desvaneció.
Pregunté entonces a las dos niñas si habían visto algo. Ellas lo negaron y me preguntaron si es que tenía que hacerles algún descubrimiento. Les dije que había visto a una mujer vestida de blanco, pero que no sabía de quién se trataba. Les pedí que no lo contaran. Ellas me recomendaron que no volviese más por allí, a lo que me opuse. El Domingo volví, pues sentía internamente que me impulsaban...
Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez, y me preguntó si querría ir durante quince días. Le dije que sí, y ella añadió que debía avisar a los sacerdotes para que edificaran allí una capilla. Luego me ordenó que bebiera de la fuente. Como no veía ninguna fuente, me fui hacia el río Gave, pero ella me indicó que no hablaba de ese río, y señaló con el dedo la fuente. Me acerqué, y no había más que un poco de agua entre el barro. Metí la mano, y apenas podía sacar nada, por lo que comencé a escarbar y al final pude sacar algo de agua; por tres veces la arrojé y a la cuarta pude beber. Después desapareció la visión y yo me marché.
Volví a ir allí durante quince días. La Señora se me apareció como de costumbre, menos un Lunes y un Viernes. Siempre me decía que advirtiera a los sacerdotes que debían edificarle una capilla, me mandaba lavarme en la fuente y rogar por la conversión de los pecadores. Le pregunté varias veces quién era, a lo que me respondía con una leve sonrisa. Por fin, levantando los brazos y los ojos al cielo, me dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción.»
En aquellos días me reveló también tres secretos, prohibiéndome absolutamente que los comunicase a nadie; lo que he cumplido fielmente hasta ahora.
Responsorio Lc 1, 46. 49. 48
R. Proclama mi alma la grandeza del Señor, * porque el Poderoso ha
hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
V. Desde ahora me
felicitarán todas las generaciones.
R.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
mí: su nombre es santo.
ANTÍFONAS DEL
CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: De ti, Virgen María, luminosa aurora de nuestra salvación, surgió el Sol de justicia que nació de lo alto para visitarnos.
Vísperas: Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
Oración
Ven en ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordar hoy a la inmaculada Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 14 DE
FEBRERO
SANTOS CIRILO, monje, y METODIO, obispo
Memoria
(En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida eslava de Constantino Cirilo
(Cap. 18: Denkschriften der kaiserl. Akademie der Wissei schaften 19, Viena 1870, p. 246)
ACRECIENTA TU IGLESIA Y REÚNE A TODOS SUS MIEMBROS EN LA UNIDAD
Cargado de trabajos, Constantino Cirilo cayó enfermo; estuvo muchos días con fiebre y un día tuvo una visión de Dios y empezó a cantar así:
«Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa Señor"; se regocijan mi corazón y mi espíritu.»
Revestido de sus ornamentos, se pasó todo aquel día lleno de contento, diciendo: «Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí y existiré para siempre. Amen.»
Al día siguiente se vistió con el santo hábito monástico y, como quien añade luz a la luz, se impuso el nombre de Cirilo. Permaneció con este hábito durante cincuenta días.
Llegada la hora de recibir el merecido descanso y emigrar a las moradas eternas, levantó las manos hacia Dios, diciendo entre sollozos:
«Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno.
Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado. Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén."
Y, besando a todos con el ósculo santo; dijo:
«Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos.»
Y con esto se durmió en el Señor. Tenía cuarenta y dos años de edad.
El papa ordenó que todos los griegos residentes en Roma, así como los romanos, asistieran con cirios al funeral de aquel santo varón, y que lo hicieran como si del mismo papa se tratase.
Responsorio Sal 88,
20. 21-22; Jr 3, 15 R. Un día hablaste en
visión a tus amigos: «He levantado a un elegido sobre el pueblo. Encontré a
David, mi siervo; * lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano esté
siempre con él.»
V. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacentarán
con ciencia y con sabiduría.
R.
Lo he ungido con óleo sagrado; para que mi
mano esté siempre con él.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Sirvieron al Señor con santidad y justicia todos los días de su vida.
Vísperas: Éstos son los santos gloriosos que llegaron a ser amigos de Dios y fueron pregoneros insignes de la palabra divina.
Oración
Tú, Señor, que por medio de los santos hermanos Cirilo y Metodio iluminaste con la luz del Evangelio a las naciones eslavas, haz que nosotros, unidos en la confesión de la fe verdadera, demos al mundo, por nuestra unidad, testimonio del nombre cristiano. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE
FEBRERO
LOS SIETE SANTOS FUNDADORES
DE LA ORDEN DE LOS SIERVOS
DE
SANTA MARÍA VIRGEN
(En Cuaresma,
conmemoración)
Del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De la tradición sobre el origen de la Orden de los Siervos de la Virgen María.
(Monumenta Ordinis Servorum Beatae Maríae Virginis, 1, 3. 5. 6. 9.11: pp. 71 ss.)
HAGAMOS EL ELOGIO DE LOS HOMBRES ILUSTRES
Siete fueron los varones, dignos de reverencia y honor, que reunió nuestra Señora como siete estrellas, para dar comienzo, por la concordia de su cuerpo y de su espíritu, a la Orden de sus siervos.
Cuando yo entré en la Orden sólo vivía uno de aquellos, que se llamaba hermano Alejo. Nuestra Señora tuvo a bien mantenerlo en vida hasta nuestros días para que nos contara los orígenes de la Orden. La vida de este hermano Alejo era, como pude ver con mis propios ojos, una vida tan edificante que no sólo movía con su ejemplo a todos los que con él vivían, sino que constituía la mejor garantía a favor de su espíritu, del de sus compañeros y de nuestra Orden.
Su estado de vida, antes de que vivieran en comunidad, constaba de cuatro puntos. El primero, referente a su condición ante la Iglesia. Unos habían hecho voto de virginidad o castidad perpetua, otros estaban casados y otros viudos. Referente a su actividad pública, eran comerciantes. Pero en cuanto encontraron la perla preciosa, es decir, nuestra Orden, no solamente dieron a los pobres todo lo que poseían, sino que se entregaron con gran alegría al servicio de Dios y de la Señora.
El tercer punto se refiere a su devoción a la Virgen. En Florencia existía una antiquísima congregación que, debido a su antigüedad, su santidad y número de miembros, se llamaba «Sociedad mayor de nuestra Señora». De esta sociedad procedían aquellos siete varones, tan amantes de nuestra Señora.
Por último, me referiré a su espíritu de perfección. Amaban a Dios sobre todas las cosas, a él dirigían, como pide el debido orden, todo cuanto hacían y le honraban con sus pensamientos, palabras y obras.
Una vez que tomaron la decisión de vivir en comunidad, y confirmado su propósito por inspiración divina, ya que nuestra Señora les impulsaba especialmente a este género de vida, fueron arreglando la situación de sus familias, dejándoles lo necesario y repartiendo lo demás entre los pobres. Después buscaron a varones prudentes, honestos y ejemplares y les participaron su propósito.
Subieron al monte Senario, edificaron en lo alto una casita y se fueron a vivir allí. Comenzaron a pensar que no sólo estaban allí para conseguir su santidad, sino que también debían admitir a otros miembros para acrecentar la nueva Orden que nuestra Señora había comenzado con ellos. Dispuestos a recibir a más hermanos, admitieron a algunos de ellos y así fundaron nuestra Orden. Nuestra Señora fue la principal artífice en la edificación de la Orden, fundada sobre la humildad de nuestros hermanos, construida sobre su caridad y conservada por su pobreza.
Responsorio Hch 4, 32; 2, 46b-47a
R. La multitud de los creyentes no era sino un solo corazón y
una sola alma. * Nadie tenía como propio lo que poseía, sino que todo lo
tenían en común.
V. Tomaban juntos el alimento con alegría y sencillez de
corazón, alababan a Dios y gozaban de la simpatía general del pueblo.
R. Nadie tenía como propio lo que poseía, sino que todo lo
tenían en común.
Oración
Señor, infunde en nosotros el espíritu de amor que llevó a estos santos hermanos a venerar con la mayor devoción a la Madre de Dios, y les impulsó a conducir a tu pueblo al conocimiento y al amor de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.
Laudes
Ant. Ved qué paz y qué alegría, convivir los hermanos unidos.
Oración
Infunde, Señor, en nuestros corazones aquel espíritu de piedad que impulsó a los santos fundadores de la Orden de los servitas a venerar filialmente a la Madre de tu Hijo y a reanimar la fe del pueblo cristiano. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE
FEBRERO
SAN PEDRO DAMIÁN,
obispo y doctor de la Iglesia
(En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de pastores: para un santo obispo, y del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Pedro Damiani, obispo
(Libro 8, 6: PL 144, 473-476)
TRAS LA TRISTEZA, ESPERA CON ALEGRÍA EL GOZO
Me has pedido, dilectísimo hermano, que te transmita por carta unas palabras de consuelo capaces de endulzar tu corazón, amargado por tantos sufrimientos como te afligen.
Pero si tu inteligencia está despierta, a mano tienes el consuelo que necesitas, pues la misma palabra divina te instruye como a hijo, destinado a obtener la herencia. Medita en aquellas palabras: Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente.
Donde está el temor está la justicia. La prueba que para nosotros supone cualquier adversidad no es un castigo de esclavos, sino una corrección paterna.
Por esto Job, en medio de sus calamidades, si bien dice: Que Dios se digne triturarme y cortar de un tirón la trama de mi vida, añade a continuación: Sería un consuelo para mi; aun torturado sin piedad, saltaría de gozo.
Para los elegidos de Dios, sus mismas pruebas son un consuelo, pues en virtud de estos sufrimientos momentáneos dan grandes pasos por el camino de la esperanza hasta alcanzar la felicidad del cielo.
Lo mismo hacen el martillo y la lima con el oro, quitándole la escoria para que brille más. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación. Por esto dice también Santiago: Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas.
Con razón deben alegrarse quienes sufren por sus malas obras una pena temporal, y, en cambio, obtienen por sus obras buenas los premios sempiternos del cielo:
Todo ello significa que no deben deprimir tu espíritu los sufrimientos que padeces y las correcciones con que te aflige la disciplina celestial; no murmures ni te lamentes, no te consumas en la tristeza o la pusilanimidad. Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría, en tu boca la acción de gracias.
Alabanza merece la dispensación divina, que aflige temporalmente a los suyos para librarlos del castigo eterno, que derriba para exaltar, corta para curar y deprime para elevar.
Robustece tu espíritu con éstos y otros testimonios de la Escritura y, tras la tristeza, espera con alegría el gozo que vendrá .
Que la esperanza te levante ese gozo, que la caridad encienda tu fervor. As¡ tu mente, bien saciada, será capaz de olvidar los sufrimientos exteriores y progresar en la posesión de los bienes que contempla en su interior.
Responsorio Sir 31, 8. 11. 10
R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte
por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. Pudo desviarse y
no se desvió, hacer el mal y no lo hizo.
R. Su dicha será
consolidada por el Señor.
Oración
Concédenos, Dios todopoderoso, seguir las exhortaciones y los ejemplos del santo obispo Pedro Damián, para que, sin anteponer nada al amor de Cristo nos esforcemos en servir siempre a tu Iglesia y así merezcamos gozar un día de la felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, ti Hijo.
DÍA 22 DE
FEBRERO
LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO, apóstol
Fiesta
invitatorio
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.
HIMNO
Dichoso Pedro, fiel
pastor,
recibe las preces nuestras;
rompe las cadenas de nuestras
culpas,
tú que recibiste poder
de abrir los cielos y la tierra.
Al Uno y Trino
sempiterna gloria,
honor, poder y jubilosos himnos,
porque él mantiene
en unidad al mundo,
por todo el curso de incontables siglos. Amén.
Ant. 1. Dijo Pedro: «Dios resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis y lo exaltó en su gloria.»
Los salmos se toman del Común de apóstoles.
Ant. 2. El Señor ha enviado a su ángel y me ha librado de las garras de Herodes.
Ant. 3. Una nube brillante los envolvió y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo muy amado.»
V. Señor, ¿a quién vamos a ir?
R. Tú tienes
palabras de vida eterna.
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los apóstoles 11, 1-18
PEDRO NARRA LA CONVERSIÓN DE LOS GENTILES
Por aquellos días, los apóstoles y los hermanos que había en Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. Y, cuando Pedro subió a Jerusalén, los convertidos del judaísmo discutían con él y le reprochaban el que hubiese entrado en casa de hombres incircuncisos y hubiese comido con ellos. Pedro, entonces, comenzó a exponerles punto por punto lo sucedido:
«Estaba yo haciendo oración en la ciudad de Joppe, cuando tuve en éxtasis una visión: vi algo así como un mantel inmenso, suspendido por las cuatro puntas, que iba bajando del cielo y llegaba hasta mí. Lo miré atentamente y vi dentro de él cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y aves del cielo. Y oí una voz que me decía: "Levántate, Pedro, mata y come." Pero yo respondí: "De ninguna manera, Señor, pues jamás ha entrado en mi boca nada profano ni impuro." De nuevo me habló la voz venida del cielo: "Lo que Dios ha purificado no lo llames tú impuro." Se repitió esto por tres veces y, finalmente, todo fue recogido de nuevo hacia el cielo.
En aquel mismo momento, en la casa donde yo estaba, se presentaron tres hombres que habían sido enviados en mi busca desde Cesarea. El Espíritu me mandó acompañarlos sin vacilación alguna. Fueron también conmigo estos seis hermanos y entramos todos enla casa del hombre que me había llamado. Él nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo: "Manda a buscar en Joppe a Simón, que tiene el sobrenombre de Pedro. Él te dirá lo que tienes que hacer para que tú y toda tu casa alcancéis la salvación.
Apenas había comenzado yo a hablar algunas palabras, cuando descendió sobre ellos el Espíritu Santo, como había descendido sobre nosotros en un principio. Entonces me acordé de aquellas palabras que dijo el Señor: "Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo." Así pues, si Dios les había concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo, para oponerme a Dios?»
Ante estas palabras se tranquilizaron y glorificaron a Dios, diciendo:
«Así, pues, Dios ha concedido también a los demás pueblos la conversión que conduce a la vida.»
Responsorio Lc 22, 32; Mt 16, 17b
R. Pedro, yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca;
* y tú,
una vez convertido, confirma a tus hermanos.
V. Esto no te lo ha
revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
R. Y
tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 4 en el aniversario de su consagración episcopal, 2-3: PL 54,149-151)
LA IGLESIA DE CRISTO SE LEVANTA SOBRE LA FIRMEZA DE LA FE DE PEDRO
De todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y de todos los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente por Cristo. La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.
El Señor pregunta a sus apóstoles que es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.
Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado»; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único.
Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro: yo, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo.»
Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza —quiere decir— construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro.»
El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y, del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.
Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos da la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno lo que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de los pastores de la Iglesia.
Responsorio
R. Simón Pedro, antes que te llamara de tu nave, yo te
conocía, y te constituí como príncipe de mi pueblo; * yo te he entregado
las llaves del reino de los cielos.
V.
Todo lo que atares sobre la tierra será atado
en el cielo, y todo lo que desatares sobre la tierra será desatado en el cielo.
R. Yo
te he entregado las llaves del reino de los cielos.
Después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum .
Oración
No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Tú, Cefas, eres Pedro y eres roca,
eres
maestro fiel y gobernante
de la barca divina en que viajamos
de esta
sombra a la aurora rutilante.
Eres piedra angular en que se basa
el templo
espiritual de Dios viviente;
tu humilde llanto canceló la culpa
de tu
culpable labio irreverente.
Demos gracias al Padre y a su Hijo,
y al
Espíritu, fuego sempiterno,
porque la Iglesia no será vencida
por la
fuerza terrible del infierno. Amén.
Ant. 1. El Señor dijo a Simón: «Ten ánimo, de hoy en adelante vas a ser pescador de hombres.»
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Ant. 3. El Señor dijo a Pedro: «Yo te daré las llaves del reino de los cielos.»
LECTURA BREVE Hch 15, 7b-9
Dios determinó que por mi boca escuchasen los gentiles la doctrina del Evangelio y llegasen a la fe. Dios, que conoce los corazones, se ha declarado a favor de ellos, al darles el Espíritu Santo, igual que a nosotros; y no ha establecido diferencia alguna entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones por la fe.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Sobre toda la tierra. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dijo el Señor a Simón Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.»
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Lo que en la tierra Pedro quiera atar
será con
fuerza atado allá, en el cielo;
lo que en la tierra mande desatar
será
soltado en el celeste reino.
Al fin del tiempo, al mundo juzgará.
Al Padre, gloria eterna por los siglos,
al
Hijo, el Unigénito, alabanzas,
honor también al celestial Espíritu;
a ti,
Dios Uno y Trino, nuestras almas
te alaben por la siglos infinitos. Amén
Ant. 1. «Pedro, ¿me amas? »«Sí, Señor, tú sabes que te amo.»«Apacienta mis ovejas.»
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. «Pedro, ¿me amas? »«Sí, Señor, tú sabes que te amo.»«Apacienta mis ovejas.»
Ant. 2. Mientras Pedro estaba detenido en la cárcel, la Iglesia oraba incesantemente por él.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Mientras Pedro estaba detenido en la cárcel, la Iglesia oraba incesantemente por él.
Ant. 3. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
LECTURA BREVE 1Pe 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda manifestarse en el momento final.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE
FEBRERO
SAN POLICARPO, obispo y mártir
Memoria
(En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de san Policarpo
(Caps. 13, 2-5, 2: Funk 1, 297-299)
COMO UN SACRIFICIO ENJUNDIOSO Y AGRADABLE
Preparada la hoguera, Policarpo se quitó todos sus vestidos, se desató el ceñidor e intentaba también descalzarse, cosa que antes no acostumbraba a hacer, ya que todos los fieles competían entre sí por ser los primeros en tocar su cuerpo; pues, debido a sus buenas costumbres, aun antes de alcanzar la palma del martirio, estaba adornado con todas las virtudes.
Policarpo se encontraba en el lugar del tormento rodeado de todos los instrumentos necesarios para quemar a un reo. Pero, cuando le quisieron sujetar con los clavos, les dijo:
«Dejadme así, pues quien me da fuerza para soportar el fuego me concederá también permanecer inmóvil en medio de la hoguera sin la sujeción de los clavos.»
Por tanto, no le sujetaron con los clavos, sino que lo ataron.
Ligadas las manos a la espalda como si fuera una víctima insigne seleccionada de entre el numeroso rebaño para el sacrificio, como ofrenda agradable a Dios, mirando al cielo, dijo:
«Señor, Dios todopoderoso, Padre de nuestro amado y bendito Jesucristo, Hijo tuyo, por quien te hemos conocido; Dios de los ángeles, de los arcángeles, de toda criatura y de todos los justos que viven en tu presencia: te bendigo, porque en este día y en esta hora me has concedido ser contado entre el número de tus mártires, participar del cáliz de Cristo y, por el Espíritu Santo, ser destinado a la resurrección de la vida eterna en la incorruptibilidad del alma y del cuerpo. ¡Ojalá que sea yo también contado entre el número de tus santos como un sacrificio enjundioso y agradable, tal como lo dispusiste de antemano, me lo diste a conocer y ahora lo cumples, oh Dios veraz e ignorante de la mentira!
Por esto te alabo, te bendigo y te glorifico en todas las cosas por medio de tu Hijo amado Jesucristo, eterno y celestial Pontífice. Por él a ti, en unión con él mismo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y en el futuro, por los siglos de los siglos. Amén.»
Una vez que acabó su oración y hubo pronunciado su «Amén», los verdugos encendieron el fuego.
Cuando la hoguera se inflamó, vimos un milagro; nosotros fuimos escogidos para contemplarlo, con el fin de que lo narrásemos a la posteridad. El fuego tomó la forma de una bóveda, como la vela de una nave henchida por el viento, rodeando el cuerpo del mártir que, colocado en medio, no parecía un cuerpo que está abrasándose, sino como un pan que está cociéndose, o como el oro o la plata que resplandecen en la fundición. Finalmente, nos embriagó un olor exquisito, como si se estuviera quemando incienso o algún otro preciado aroma.
Responsorio Ap 2, 8-9. 10
R. Al ángel de la Iglesia de Esmirna escribe: «Esto dice el
primero y el último, el que estaba muerto y revivió: Conozco tu tribulación y tu
pobreza; aunque eres rico. * Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la
vida.»
V. No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a
algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados.
R. Mantente fiel
hasta la muerte y te daré la corona de la vida.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Hace ochenta y seis años que sirvo a Cristo, y nunca he recibido de él más que bienes; ¿cómo podría ahora maldecir a mi rey y salvador?
Vísperas: Señor Dios todopoderoso: te bendigo porque me has hecho digno de ser agregado al número de los mártires y me has concedido tener parte en el cáliz de tu Ungido.
Oración
Dios y Señor de todo lo creado, que quisiste que san Policarpo fuera contado entre tus mártires, concédenos, por su intercesión, participar con él en la pasión de Cristo, para poder así resucitar, también con él, a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 4 DE
MARZO
SAN CASIMIRO
Memoria (En Cuaresma,
conmemoración)
Del Común
de santos varones.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de san Casimiro, escrita por un autor casi contemporáneo
(Caps. 2-3: Acta Sanctorum Martii 1, 347-348)
INVIRTIÓ SU TESORO SEGÚN EL MANDATO DEL ALTÍSIMO
La sorprendente, sincera y no engañosa caridad de Casimiro, por la que amaba ardientemente al Dios todopoderoso en el Espíritu, impregnaba de tal forma su corazón, que brotaba espontáneamente hacia su prójimo. No había cosa más agradable y más deseable para él que repartir sus bienes y entregarse a sí mismo a los pobres de Cristo, a los peregrinos, enfermos, cautivos y atribulados.
Para las viudas y huérfanos y necesitados era no solamente un defensor y un protector, sino que se portaba con ellos como si fuera su padre, su hijo o su hermano.
Tendríamos que escribir una larga historia si hubiésemos de contar uno por uno sus actos de amor a Dios y sus obras de caridad con el prójimo.
Es poco menos que imposible describir su gran amor por la justicia, su templanza, su prudencia, su fortaleza y constancia, precisamente en esa edad en la que los hombres suelen sentir mayor inclinación al mal.
A cada paso exhortaba a su padre, el rey, a respetar la justicia en el gobierno de la nación y en el de los pueblos que le estaban sometidos. Y, si alguna vez el rey por debilidad o negligencia incurría en algún error, no dudaba en reprochárselo con modestia.
Tomaba como suyas las causas de los pobres y miserables, por lo que la gente le llamaba «defensor de los pobres». A pesar de su dignidad de príncipe y de su nobleza de sangre, no tenía dificultad en tratar con cualquier persona por humilde y despreciable que pareciera.
Siempre fue su deseo ser contado más bien entre los pobres de espíritu, de quienes es el reino de los cielos, que entre los personajes famosos y poderosos de este mundo. No tuvo ambición del dominio terreno ni quiso nunca recibir la corona que el padre le ofrecía, por temor de que su alma se viera herida por el aguijón de las riquezas, que nuestro Señor Jesucristo llamó espinas, o sufriera el contagio de las cosas terrenas.
Personas de gran autoridad, algunas de las cuales viven aún y que conocían hasta el fondo su comportamiento, aseguran que permaneció virgen hasta el fin de sus días.
Responsorio Sir 29, 14; 1 Tm 6, 11
R. Dispón de tus tesoros según el mandato del Altísimo,
* y te
aprovecharán más que el oro.
V.
Corre al alcance de la justicia, de la piedad,
de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura.
R. Y
te aprovecharán más que el oro.
Oración
Señor Dios todopoderoso, a quien conocer es vivir y a quien servir es reinar, concédenos, por intercesión de san Casimiro, servirte con santidad y justicia todos los días de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 7 DE
MARZO
SANTAS PERPETUA Y FELICITAS, Mártires
Memoria (en Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De la Historia del martirio de los santos mártires cartagineses
(Caps. 18. 20-21: edición van Beek, Nimega 1936, pp. 42. 46-52)
LLAMADOS Y ELEGIDOS PARA GLORIA DEL SEÑOR
Brilló por fin el día de la victoria de los mártires y marchaban de la cárcel al anfiteatro, como si fueran al cielo, con el rostro resplandeciente de alegría, y sobrecogidos no por el temor, sino por el gozo.
La primera en ser lanzada en alto fue Perpetua y cayó de espaldas. Se levantó, y como viera a Felicidad tendida en el suelo, se acercó, le dio la mano y la levantó. Ambas juntas se mantuvieron de pie y, doblegada la crueldad del pueblo, fueron llevadas a la puerta llamada Sanavivaria. Allí Perpetua fue recibida por un tal Rústico, que por entonces era catecúmeno, y que la acompañaba. Ella, como si despertara de un sueño (tan fuera de sí había estado su espíritu), comenzó a mirar alrededor suyo y, asombrando a todos, dijo:
«¿Cuándo nos arrojarán esa vaca, no sé cuál?»
Como le dijeran que ya se la habían arrojado, no quiso creerlo hasta que comprobó en su cuerpo y en su vestido las marcas de la embestida. Después, haciendo venir a su hermano, también catecúmeno, dijo:
«Permaneced firmes en la fe, amaos los unos a los otros y no os escandalicéis de nuestros padecimientos.»
Del mismo modo Saturo, junto a la otra puerta, exhortaba al soldado Prudente, diciéndole:
«En resumen, como presentía y predije, hasta ahora no he sentido ninguna de las bestias. Ahora créeme de todo corazón: cuando salga de nuevo, seré abatido por una única dentellada de leopardo.»
Cuando el espectáculo se acercaba a su fin, fue arrojado a un leopardo y de una dentellada quedó tan cubierto de sangre, que el pueblo, cuando el leopardo intentaba morderle de nuevo, como dando testimonio de aquel segundo bautismo, gritaba:
«Salvo, el que está lavado; salvo, el que está lavado.» Y ciertamente estaba salvado por haber sido lavado de esta forma.
Entonces Saturo dijo al soldado Prudente:
«Adiós, y acuérdate de la fe y de mí; que estos padecimientos no te turben, sino que te confirmen.»
Luego le pidió un anillo que llevaba al dedo y, empapándolo en su sangre, se lo entregó como si fuera su herencia, dejándoselo como prenda y recuerdo de su sangre. Después, exánime, cayó en tierra, donde se encontraban todos los demás que iban a ser degollados en el lugar acostumbrado.
Pero el pueblo exigió que fueran llevados al centro del anfiteatro para ayudar, con sus ojos homicidas, a la espada que iba a atravesar sus cuerpos. Ellos se levantaron y se colocaron allí donde el pueblo quería, y se besaron unos a otros para sellar el martirio con el rito solemne de la paz.
Todos, inmóviles y en silencio, recibieron el golpe de la espada; especialmente Saturo, que había subido el primero, pues ayudaba a Perpetua, fue el primero en entregar su espíritu.
Perpetua dio un salto al recibir el golpe de la espada entre los huesos, sin duda para que sufriera algún dolor. Y ella misma trajo la mano titubeante del gladiador inexperto hasta su misma garganta. Quizás una mujer de este temple, que era temida por el mismo espíritu inmundo, no hubiera podido ser muerta de otra forma, si ella misma no lo hubiese querido.
¡Oh valerosos y felices mártires! ¡Oh, vosotros, que de verdad habéis sido llamados y elegidos para gloria de nuestro Señor Jesucristo!
Responsorio Rm 8, 34-35. 37
R. Cristo Jesús está a la diestra de Dios intercediendo por
nosotros. * ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción,
la angustia, el hambre, la desnudez, el peligro, la persecución, la espada?
V. En
todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.
R. ¿Quién podrá
apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción, la angustia, el hambre, la
desnudez, el peligro, la persecución, la espada?
Oración
Dios todopoderoso, que con la fuerza de tu amor hiciste a las santas mártires Perpetua y Felicitas intrépidas ante el perseguidor e invencibles ante los tormentos de la muerte, concédenos, por su intercesión, perseverar firmes en la fe y crecer siempre en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 8 DE
MARZO
SAN JUAN DE DIOS, religioso
(En
Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de santos varones: para los santos religiosos, o para los santos que se
distinguieron por el ejercicio de las obras de misericordia.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Juan de Dios, religioso
(Archivo general de la Orden Hospitalaria, Cuaderno: De las cartas..., ff. 23v-24r, 27rv: O. Marcos, Cartas y escritos de nuestro glorioso padre san Juan de Dios, Madrid 1935, pp. 18-19. 48-50)
JESUCRISTO ES FIEL, LO PROVEE TODO
Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos: pues que, dando nosotros, por su amor, a los pobres lo que él mismo nos da, nos promete ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh bienaventurado logro y ganancia! ¿Quién no da lo que tiene a este bendito mercader, pues hace con nosotros tan buena mercancía y nos ruega, los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados y hagamos caridad primero a nuestras ánimas y después a los prójimos? Porque, así como el agua mata al fuego, así la caridad al pecado.
Son tantos los pobres que aquí se llegan, que yo mismo muchas veces estoy espantado cómo se pueden sustentar, mas Jesucristo lo provee todo y les da de comer. Como la ciudad es grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que se llegan a esta casa de Dios. Entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez. Como esta casa es general, reciben en ella generalmente de todas enfermedades y suerte de gentes, así que aquí hay tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralíticos, tiñosos, y otros muy viejos y muy niños, y, sin estos, otros muchos peregrinos y viandantes, que aquí se allegan, y les dan fuego y agua, sal y vasijas para guisar de comer. Para todo esto no hay renta, mas Jesucristo lo provee todo.
De esta manera, estoy aquí empeñado y cautivo por solo Jesucristo. Viéndome tan empeñado, muchas veces no salgo de casa por las deudas que debo, y viendo padecer tantos pobres, mis hermanos y prójimos, y con tantas necesidades, así al cuerpo como al ánima, como no los puedo socorrer, estoy muy triste, mas empero confío en Jesucristo; que él me desempeñará, pues él sabe mi corazón. Y, así, digo que maldito el hombre que fía de los hombres, sino de solo Jesucristo; de los hombres has de ser desamparado, que quieras o no; mas Jesucristo es fiel y durable, y pues que Jesucristo lo provee todo, a él sean dadas las gracias por siempre jamás. Amén.
Responsorio Is 58, 7-8
R. Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los
pobres que no tienen techo; *
entonces brillará tu luz como la aurora, y tu
justicia te abrirá camino.
V.
Cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no
desprecies a tu semejante.
R.
Entonces brillará tu luz como la aurora, y tu
justicia te abrirá camino.
Oración
Padre de misericordia, que concediste a san Juan de Dios un gran amor y compasión hasta los pobres y los enfermos, haz que también nosotros sirvamos a nuestros hermanos con espíritu de caridad y merezcamos, por ello, ser colocados a tu derecha en el día del retorno de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 9 DE
MARZO
SANTA FRANCISCA ROMANA, religiosa
(En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de santas mujeres: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de santa Francisca Romana, escrita por María Magdalena Anguillaria, superiora de las Oblatas de Tor de' Specchi
(Caps. 6-7: Acta Sanctorum Martii 2, *188—*189)
LA PACIENCIA Y CARIDAD DE SANTA FRANCISCA
Dios probó la paciencia de Francisca no sólo en su fortuna, sino también en su mismo cuerpo, haciéndola experimentar largas y graves enfermedades, como se ha dicho antes y se dirá luego. Sin embargo, no se pudo observar en ella ningún acto de impaciencia, ni mostró el menor signo de desagrado por la torpeza con que a veces la atendían.
Francisca manifestó su entereza en la muerte prematura de sus hijos, a los que amaba tiernamente; siempre aceptó con serenidad la voluntad de Dios, dando gracias por todo lo que le acontecía. Con la misma paciencia soportaba a los que la criticaban, calumniaban y hablaban mal de su forma de vivir. Nunca se adivinó en ella ni el más leve indicio de aversión respecto de aquellas personas que hablaban mal de ella y de sus asuntos; al contrario, devolviendo bien por mal, rogaba a Dios continuamente por dichas personas.
Y ya que Dios no la había elegido para que se preocupara exclusivamente de su santificación, sino para que emplease los dones que él le había concedido para la salud espiritual y corporal del prójimo, la había dotado de tal bondad que, a quien le acontecía ponerse en contacto con ella, se sentía inmediatamente cautivado por su amor y su estima, y se hacía dócil a todas sus indicaciones. Es que, por el poder de Dios, sus palabras poseían tal eficacia que con una breve exhortación consolaba a los afligidos y desconsolados; tranquilizaba a los desasosegados, calmaba a los iracundos, reconciliaba a los enemigos, extinguía odios y rencores inveterados, en una palabra, moderaba las pasiones de los hombres y las orientaba hacia su recto fin.
Por esto todo el mundo recurría a Francisca como a un asilo seguro, y todos encontraban consuelo, aunque reprendía severamente a los pecadores y censuraba sin timidez a los que habían ofendido o eran ingratos a Dios.
Francisca, entre las diversas enfermedades mortales y pestes que abundaban en Roma, despreciando todo peligro de contagio, ejercitaba su misericordia con todos los desgraciados y todos los que necesitaban ayuda de los demás. Fácilmente los encontraba; en primer lugar les incitaba a la expiación uniendo sus padecimientos a los de Cristo, después les atendía con todo cuidado, exhortándoles amorosamente a que aceptasen gustosos todas las incomodidades como venidas de la mano de Dios, y a que las soportasen por el amor de aquel que había sufrido tanto por ellos.
Francisca no se contentaba con atender a los enfermos que podía recoger en su casa, sino que los buscaba en sus chozas y hospitales públicos. Allí calmaba su sed, arreglaba sus camas y curaba sus úlceras con tanto mayor cuidado cuanto más fétidas o repugnantes eran.
Acostumbraba también a ir al hospital de Camposanto y allí distribuía entre los más necesitados alimentos y delicados manjares. Cuando volvía a casa, llevaba consigo los harapos y los paños sucios y los lavaba cuidadosamente y planchaba con esmero, colocándolos entre aromas, como si fueran a servir para su mismo Señor.
Durante treinta años desempeñó Francisca este servicio a los enfermos, es decir, mientras vivió en casa de su marido, y también durante este tiempo realizaba frecuentes visitas a los hospitales de Santa María, de Santa Cecilia en el Trastevere, del Espíritu Santo y de Camposanto. Y, como durante este tiempo en el que abundaban las enfermedades contagiosas, era muy difícil encontrar no sólo médicos que curasen los cuerpos, sino también sacerdotes que se preocupasen de lo necesario para el alma, ella misma los buscaba y los llevaba a los enfermos que ya estaban preparados para recibir la penitencia y la eucaristía. Para poder actuar con más libertad, ella misma retribuía de su propio peculio a aquellos sacerdotes que atendían en los hospitales a los enfermos que ella les indicaba.
Responsorio Rt 3, 10. 11; Jdt 13, 25
R. Bendita seas del Señor; * todo el pueblo sabe
que eres una mujer virtuosa.
V.
El Señor ha glorificado tanto tu nombre, que
tu alabanza no se apartará de la boca de los hombres.
R. Todo el pueblo
sabe que eres una mujer virtuosa.
Oración
Tú, Señor, que nos has dado en santa Francisca Romana un modelo, tanto de vida matrimonial como de vida monástica, haz que sepamos reconocerte y seguirte en todas las circunstancias de nuestra vida, perseverando siempre en tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE
MARZO
SAN PATRICIO, obispo
Para la
conmemoración
SEGUNDA LECTURA
De la Confesión de san Patricio, obispo
(Caps. 14-16: PL 53, 808-809)
MUCHOS PUEBLOS RENACIERON A DIOS POR MÍ
Sin cesar doy gracias a Dios que me mantuvo fiel en el día de la prueba. Gracias a él puedo hoy ofrecer con toda confianza a Cristo, quien me liberó de todas mis tribulaciones, el sacrificio de mi propia alma como víctima viva, y puedo decir: ¿Quién soy yo, y cuál es la excelencia de mi vocación, Señor, que me has revestido de tanta gracia divina? Tú me has concedido exultar de gozo entre los gentiles y proclamar por todas partes tu nombre, lo mismo en la prosperidad que en la adversidad. Tú me has hecho comprender que cuanto me sucede, lo mismo bueno que malo, he de recibirlo con idéntica disposición, dando gracias a Dios que me otorgó esta fe inconmovible y que constantemente me escucha. Tú has concedido a este ignorante el poder realizar en estos tiempos esta obra tan piadosa y maravillosa, imitando a aquellos de los que el Señor predijo que anunciarían su Evangelio para que llegue a oídos de todos los pueblos. ¿De dónde me vino después este don tan grande y tan saludable: conocer y amar a Dios, perder a mi patria y a mis padres y llegar a esta gente de Irlanda, para predicarles el Evangelio, sufrir ultrajes de parte de los incrédulos, ser despreciado como extranjero, sufrir innumerables persecuciones hasta ser encarcelado y verme privado de mi condición de hombre libre, por el bien de los demás?
Si Dios me juzga digno de ello, estoy dispuesto a dar mi vida gustoso y sin vacilar por su nombre, gastándola hasta la muerte. Mucho es lo que debo a Dios, que me concedió gracia tan grande de que muchos pueblos renacieron a Dios por mí. Y después les dio crecimiento y perfección. Y también porque pude ordenar en todos aquellos lugares a los ministros para el servicio del pueblo recién convertido; pueblo que Dios había llamado desde los confines de la tierra, como lo había prometido por los profetas: A ti vendrán los paganos, de los extremos del orbe, diciendo: «Qué engañoso es el legado de nuestros padres, qué vaciedad sin provecho.» Y también: Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.
Allí quiero esperar el cumplimiento de su promesa infalible, como afirma en el Evangelio: Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob. Como lo afirma nuestra fe, los creyentes vendrán de todas partes del mundo.
Responsorio Rm 15, 15-16; 1, 9
R. Me ha sido otorgada por Dios la gracia de ser ministro de
Cristo Jesús para los gentiles, ejerciendo la sagrada tarea de anunciar la Buena
Nueva de Dios, * a fin de que el ofrecimiento que se hace de los gentiles a
Dios sea aceptado y santificado en el Espíritu Santo.
V. Sirvo a Dios con
toda mi alma, anunciando el mensaje evangélico de su Hijo.
R. A fin de que el
ofrecimiento que se hace de los gentiles a Dios sea aceptado y santificado en el
Espíritu Santo.
La oración conclusiva como en las Laudes.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Id y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Vísperas: Vendrán muchos del oriente y del occidente a sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el banquete del reino de los cielos.
Oración
Dios todopoderoso, que para dar a conocer tu nombre a los pueblo de Irlanda escogiste al obispo san Patricio, haz que, por su intercesión y sus méritos, los cristianos descubran el sentido misional de la fe y anuncien a los hombres las maravillas de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 18 DE
MARZO
SAN CIRILO DE JERUSALÉN
obispo y doctor de la
Iglesia
Para la conmemoración
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
(Catequesis 3 1-3: PG 33, 426-430)
PREPARAD LIMPIOS LOS VASOS PARA RECIBIR AL ESPÍRITU SANTO
Alégrese el cielo, goce la tierra, por estos que van a ser rociados con el hisopo y purificados con el hisopo espiritual, por el poder de aquel que en su pasión bebió desde la cruz por medio de la caña de hisopo. Alégrense las virtudes de los cielos; y prepárense las almas que van a desposarse con el Esposo. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor.»
Comportaos, pues, rectamente, oh hijos de la justicia, recordando la exhortación de Juan: Allanad sus senderos: Retirad todos los estorbos e impedimentos para llegar directamente a la vida eterna. Por la fe sincera, preparad limpios los vasos de vuestra alma para recibir al Espíritu Santo. Comenzad por lavar vuestros vestidos con la penitencia, a fin de que os encuentren limpios, ya que habéis sido llamados al tálamo del Esposo.
El Esposo llama a todos sin distinción, pues su gracia es liberal y abundante; sus pregoneros reúnen a todos a grandes voces, pero luego él segrega a aquellos que no son dignos de entrar a las bodas, figura del bautismo.
Que ninguno de los inscritos tenga que oír aquella voz: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?
Ojalá que todos escuchéis aquellas palabras: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.
Hasta ahora os habéis quedado fuera de la puerta, pero deseo que todos podáis decir: El rey me introdujo en su cámara. Me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Que vuestra alma se encuentre sin mancha ni arruga, ni nada por el estilo; no digo antes de recibir la infusión de la gracia (¿para qué, entonces, habríais sido llamados a la remisión de los pecados?), pero sí que, cuando la gracia se os infunda, vuestra conciencia, estando libre de toda falta, concurra al efecto de la gracia.
El bautismo es algo sumamente valioso y debéis acercaros a él con la mejor preparación. Que cada uno se coloque ante la presencia de Dios, rodeado de todas las miradas de los ejércitos celestiales. El Espíritu Santo sellará vuestras almas, pues habéis sido elegidos para militar al servicio del gran rey.
Preparaos, pues, y disponeos para ello, no tanto con la blancura inmaculada de vuestra túnica, cuanto con un espíritu verdaderamente fervoroso.
Responsorio Ml 2, 6; Sal 88, 22
R. «Una doctrina auténtica llevaba en su boca, y en sus labios
no se hallaba maldad; * en paz y rectitud andaba conmigo», dice el Señor.
V. Mi
mano estuvo siempre con él y mi brazo lo hizo valeroso.
R. «En paz y
rectitud andaba conmigo», dice el Señor.
Laudes
Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.
Oración
Señor Dios nuestro, que te serviste de san Cirilo, obispo de Jerusalén, para que tu Iglesia comprendiera más profundamente el sentido de los sacramentos de salvación, concédenos, por sus plegarias, un conocimiento tan profundo de los misterios de tu Hijo que nos haga tener vida abundante. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 19 DE
MARZO
SAN JOSÉ,
esposo de santa María Virgen
Solemnidad
HIMNO
Cante tu gloria célica armonía,
tú que
compartes con la siempre pura
la misteriosa genealogía
de la
Escritura.
Esposo virgen de la Virgen Madre,
en quien
Dios mismo declinó su oficio;
réplica humilde del eterno Padre,
padre
nutricio.
Último anillo de las profecías,
¡oh patriarca
de la nueva alianza!,
entre tus brazos se acunó el Mesías,
nuestra
esperanza.
Guarda a la Iglesia de quien fue figura
la
inmaculada y maternal María;
guárdala intacta, firme y con ternura
de
eucaristía.
Gloria a Dios Padre que en tu amor
descuida,
gloria a Dios Hijo que te fue confiado,
gloria al Espíritu que
alentó tu vida
para el Amado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es el Mesías. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es el Mesías. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Fue enviado de parte de Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José. (T. P. Aleluya. )
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 2. Fue enviado de parte de Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José. (T. P. Aleluya. )
Ant. 3. Estando desposada María, madre de Jesús, con José, antes de que empezarán a vivir juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Estando desposada María, madre de Jesús, con José, antes de que empezarán a vivir juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Col 3,23-24
Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo bien que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.
RESPONSORIO BREVE
Tiempo de
Cuaresma:
V. El justo florecerá como un lirio. R. El justo. V. Y se
alegrará eternamente ante el Señor. R. Como un
lirio. V. Gloria. R.
El justo.
Tiempo pascual:
V.
El justo florecerá como un lirio. Aleluya, aleluya. R. El justo. V. Y se
alegrará eternamente ante el Señor. R. Aleluya,
aleluya. V. Gloria. R.
El justo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Éste es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Acudamos suplicantes a Dios Padre todopoderoso, de quien procede toda la familia del cielo y de la tierra, y digámosle suplicantes: Padre nuestro que estás en los cielos, escúchanos.
Padre santo, tú que en la aurora del nuevo Testamento revelaste a José el misterio mantenido en silencio desde el origen de los siglos, * ayúdanos conocer cada vez mejor a tu Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Padre celestial, tú que alimentas las aves del cielo y vistes la hierba del campo, * concede a todos lo hombres el pan de cada día para su cuerpo y el alimento de la eucaristía para su espíritu.
Creador del universo, tú que entregaste al hombre la obra de tus manos, * haz que los trabajadores puedan disfrutar de manera digna del fruto de su trabajo.
Señor, tú que eres la fuente de toda la justicia y deseas que todos seamos justos, * por intercesión de san José, ayúdanos a agradarte en todo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz, Señor, que los moribundos y los que ya han muerto, * obtengan tu misericordia eterna, por medio de tu Hijo, de María y de san José.
Porque somos miembros de la familia de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que, en los albores del nuevo Testamento, encomendaste a san José los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la salvación de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. Adoremos a Cristo, el Señor, en esta solemnidad de san José. (T. P. Aleluya.)
HIMNO
Custodio providente y fiel del Hijo,
amor
junto al Amor doquier presente,
silencio del que ve la gloria inmensa
de
Dios omnipotente.
Esposo enamorado de la Virgen,
la mente ante
el misterio reclinabas,
rosal inmaculado que florece,
es obra del Señor a
quien amabas.
Callada voluntad en Dios perdida,
amor hecho
mirada de confianza,
fiel en el trabajo y en la prueba,
provéenos de amor
y de esperanza.
Protege la asamblea de los justos,
reunidos en
la fe, cuerpo de Cristo;
sé padre que nos lleve a nuestro Padre,
amor del
gran Amor que nos da el Hijo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Un ángel del Señor se apareció en sueños a José, y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa; dará a luz un Hijo y le llamarás Jesús.» (T. P. Aleluya.)
Salmo 20, 2-8.
14
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY
El Señor resucitado
recibió, la vida,
años que se prolongan sir término. (S.
Ireneo)
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y
cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no
le has negado lo que pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y
has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que
se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has
vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas
de gozo en tu presencia:
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia
del Altísimo no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de
instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 1: Un ángel del Señor se apareció en sueños a José, y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa; dará a luz un Hijo y le llamarás Jesús.» (T. P. Aleluya. )
Ant. 2: Al despertar José del sueño, hizo como le había ordenado el ángel del Señor y llevó a María como esposa a su casa. (T. P. Aleluya.)
Salmo 91
ALABANZA A
DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA DIRIGE LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo canta las
maravillas
realizadas en Cristo. (S. Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu
nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi
júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué
profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y
florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los
siglos.
Ant. 2: Al despertar José del sueño, hizo como le había ordenado el ángel del Señor y llevó a María como esposa a su casa. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: José subió de la ciudad de Nazaret a la ciudad de David que se llama Belén, para empadronarse con María. (T. P. Aleluya.)
II
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los
malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
me
unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos
escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera
y se alzará
como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los
atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará
lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no
existe la maldad.
Ant. 3: José subió de la ciudad de Nazaret a la ciudad de David que se llama Belén, para empadronarse con María. (T. P. Aleluya.)
V. El justo
florecerá como un lirio. (T. P. Aleluya.)
R. Y se alegrará eternamente ante el Señor. (T. P. Aleluya.)
PRIMERA LECTURA
De la carta a los Hebreos 11, 1-16
LA FE DE LOS ANTIGUOS PADRES
Hermanos: La fe es la firme seguridad de los bienes que se esperan, la plena convicción de las realidades que no se ven. A causa de ella fueron alabados nuestros mayores. Por la fe sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible ha tenido su origen en una causa invisible.
Por la fe ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que el de Caín; por ella fue proclamado justo, dando Dios mismo testimonio a favor de sus ofrendas, y por la fe continúa hablando aun después de su muerte.
Por la fe fue trasladado Henoc sin experimentar la muerte: «No fue hallado más, porque Dios se lo llevó.» Pero antes de ser trasladado se da testimonio en su favor de que «había sido grato a Dios». Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que es remunerador de los que lo buscan.
Por la fe, movido de religioso temor, Noé fabrico el arca para salvar a su familia, advertido por Dios de lo que aún no se veía venir; e, igualmente por la fe, condenó al mundo y se hizo heredero de la justificación que se alcanza por la fe.
Por la fe obedeció Abraham al ser llamado por Dios, saliendo hacia la tierra que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe peregrinó por la tierra prometida, como en tierra extraña, habitando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas, pues esperaba entrar en esa ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es el mismo Dios.
Por la fe la misma Sara, a pesar de su avanzada edad, recibió el poder de ser madre, pues tuvo fe en aquel que se lo había prometido. Y, por esto mismo, de un solo hombre, ya incapaz de transmitir la vida, nacieron hijos, «numerosos como las estrellas del cielo, incontables como las arenas del mar».
En la fe murieron todos ellos, sin haber alcanzado la realización de las promesas, pero las vieron desde lejos y las saludaron, reconociendo que eran «forasteros y peregrinos sobre la tierra». En verdad que quienes así se expresan dan a entender claramente que van en busca de una patria, pues, si hubiesen pensado en aquella de la que habían salido, ocasiones tuvieron para volver a ella. Pero ellos aspiraban a una patria mejor, es decir, a la celestial. Por eso Dios no se desdeña de llamarse su Dios, pues les tenía ya preparada una ciudad.
Responsorio Rm 4, 20. 22; St 2,
R. No lo hizo
vacilar la incredulidad ante la promesa de Dios, sino que, fortalecido por la
fe, dio gloria a Dios; * por lo cual Dios se lo
tomó como justificación. (T. P. Aleluya.)
V. La fe cooperaba con sus obras, y por sus obras
su fe alcanzó la plenitud.
R. Por lo cual
Dios se lo tomó como justificación. (T. P.
Aleluya.)
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero
(Sermón 2, Sobre san José: Opera 7, 16. 27-30)
FIEL CUIDADOR Y GUARDIÁN
Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida, y que la adornan con profusión.
Ello se realizó de un modo eminente en la persona de san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los ángeles, que fue elegido por el Padre eterno como fiel cuidador y guardián de sus más preciados tesoros, a saber, de su Hijo y de su esposa; cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el Señor le dice: Bien, siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
Si miramos la relación que tiene José con toda la Iglesia, ¿no es éste el hombre especialmente elegido, por el cual y bajo el cual Cristo fue introducido en el mundo de un modo regular y honesto? Por tanto, si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a san José, después de ella, una especial gratitud y reverencia.
Él, en efecto, cierra el antiguo Testamento, ya que en él la dignidad patriarcal y profética alcanza el fruto prometido. Además, él es el único que poseyó corporalmente lo que la condescendencia divina había prometido a los patriarcas y a los profetas.
Hemos de suponer, sin duda alguna, que aquella misma familiaridad, respeto y altísima dignidad que Cristo tributó a José mientras vivía aquí en la tierra, como un hijo con su padre, no se la ha negado en el cielo; al contrario, la ha colmado y consumado.
Por esto, no sin razón añade el Señor: Pasa al banquete de tu Señor. Pues, aunque el gozo festivo de la felicidad eterna entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decide: Pasa al banquete, para insinuar de un modo misterioso que este gozo festivo no sólo se halla dentro de él, sino que lo rodea y absorbe por todas partes, y que está sumergido en él como en un abismo infinito.
Acuérdate, pues, de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tus oraciones ante tu Hijo; haz también que sea propicia a nosotros la santísima Virgen, tu esposa, que es madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por siglos infinitos. Amén.
Responsorio
R. Dios me
constituyó como padre del rey y como señor de toda su casa; * me elevó para hacer llegar la salvación a muchos
pueblos. (T. P. Aleluya.)
V. El Señor ha sido el auxilio y refugio que me
ha salvado.
R. Me elevó para hacer llegar la
salvación a muchos pueblos. (T. P. Aleluya.)
Después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
Oración
Dios todopoderoso, que, en los albores del nuevo Testamento, encomendaste a san José los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la salvación de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Escuchen qué cosa y cosa
tan maravillosa,
aquesta:
un padre que no ha engendrado
a un Hijo, a quien otro
engendra.
Un hombre que da alimentos
al mismo que lo
alimenta;
cría al que lo crió, y al mismo
sustenta que lo sustenta.
Manda a su propio Señor
y a su Hijo Dios
respeta;
tiene por ama a una esclava,
y por esposa a una reina.
Celos tuvo confianza,
seguridad y
sospechas,
riesgos y seguridades
necesidad y riquezas.
Tuvo en fin, todas las cosas
que pueden
pensarse buenas;
y es fin, de María esposo
y, de Dios, padre en la tierra.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Los pastores vinieron presurosos y encontraron a María y a José, y al niño acostado en un pesebre. (T. P. Aleluya. )
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. José y María, la madre de Jesús, estaban maravillados de lo que se decía de él, y Simeón los bendijo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Se levantó José y tomó de noche al niño y a su madre, y partió para Egipto, y allí permaneció hasta la muerte de Herodes. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 2S 7,28-29
Mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo.
RESPONSORIO BREVE
Tiempo de
Cuaresma:
V. Lo nombró administrador de su casa. R. Lo nombró. V. Señor
de todas sus posesiones. R. Administrador de su
casa. V. Gloria. R.
Lo nombró.
Tiempo pascual:
V.
Lo nombró administrador de su casa. Aleluya, aleluya. R. Lo nombró. V. Señor
de todas sus posesiones. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria. R. Lo
nombró.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. José se estableció en una ciudad llamada Nazaret; así se cumplió lo que de Cristo habían anunciado los profetas: que sería llamado Nazareno. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Acudamos suplicantes al Señor, el único que puede hacernos justos, y digámosle suplicantes: Con tu justicia, Señor, danos vida.
Tú, Señor que llamaste a nuestros padres en la fe para que caminasen en tu presencia con un corazón sincero, * haz que también nosotros, siguiendo sus huellas, seamos santos ante tus ojos.
Tú que elegiste a José, varón justo, para que cuidara de tu Hijo durante su niñez y adolescencia, * haz que también nosotros nos consagremos al servicio del cuerpo de Cristo,
Tú que entregaste la tierra a los hombres para que la llenaran y la sometieran, * ayúdanos a trabajar con empeño en nuestro mundo, pero teniendo siempre nuestros ojos puestos en tu gloria.
No te olvides, Padre del universo, de la obra de tus manos * y haz que todos los hombres, mediante su trabajo honesto, tengan una vida digna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque somos miembros de la familia de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que, en los albores del nuevo Testamento, encomendaste a san José los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la salvación de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Tercia
Amigo de los hombres, Jesucristo,
tú solo das
sentido a nuestra historia,
y, con los ojos fijos al futuro,
la Iglesia
vive fiel a tu memoria.
Este tiempo de ayuno te presenta
de nosotros
la parte más oscura,
y tus manos clavadas al madero
nos devuelven tu paz y
tu ternura.
A lo largo del día no nos dejes,
no nos falte
la luz de tu mirada:
llena de amor los pasos que caminan
de este mundo a
la luz de tu alborada. Amén.
O bien:
Como el fuego calcina
la madera
reseca,
cuando el pecado nos domina,
Espíritu de Dios,
purifícanos.
Como el río derrama
por la tierra sus
aguas
y hay flor y fruto en la rama,
Espíritu de Dios,
vivifícanos.
Como tu fuerte viento
hizo en el mar
camino,
cuando haya duda y desaliento,
Espíritu de Dios,
ayúdanos.
Luz, Amor, Viento, Fuego,
los caminos de
éxodo
enseña al hombre pobre y ciego.
Espíritu de Dios,
condúcenos. Amén.
Sexta
Jesús, contigo iremos al desierto
en medio de
la villa populosa,
y tú nos brindarás el pan sabroso
que alimentó tu alma
silenciosa
Contigo pasaremos el mar Rojo,
beberemos el
agua de la roca;
tú serás el pastor y, en la montaña,
tú serás nuestra
gracia esplendorosa.
Contigo humildemente hasta el
Calvario,
contigo por la vía dolorosa,
y al final, oh Jesús, por tu
promesa,
contigo viviremos en tu gloria. Amén.
O bien:
Por el pecado primero
entró la muerte a la
vida,
y la muerte fue vencida
por la vida del Cordero.
El Padre lo hizo pecado
para salvar al
caído;
el que nunca había sufrido
se quiso crucificado.
La humanidad pecadora
está bien
representada,
mas la culpa fue lavada
por la sangre redentora. Amén.
Nona
Ojos de aquel publicano
hasta la tierra
caídos,
el Dios de la luz os mira,
miradle con regocijo.
Mano que pide clemencia
hiriendo el pecho
contrito,
el Señor te abre la puerta
de su pecho compasivo.
Lengua que en bajo murmullo,
dices tu dolor
sentido,
el Juez que sabe juzgar
ha escuchado complacido.
Padre del octavo día,
glorioso siendo
propicio,
perdónanos, purifícanos,
por el honor de tu Hijo. Amén.
O bien:
Cada tarde se nos van los días,
y cada
tarde el tiempo pasa;
se acaba nuestra vida cada tarde
y miramos la muerte
más cercana.
Déjame todavía gozar el milagro
de tu luz, de
tu sol, de tus albas;
déjame gozar el milagro de sentirme vivo
y de nacer
para ti cada mañana.
Déjame, Señor, gozar de tu milagro
al llegar
una vez más la tarde mansa,
porque tú eres el Dios de nuestras horas,
el
Dios oculto de nuestra esperanza. Amén.
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los
padres de Jesús solían ir todos los años a Jerusalén para la fiesta de la
Pascua. (T. P. Aleluya.)
Sexta: Cuando ya
volvían a su casa, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres se
diesen cuenta de ello. (T. P. Aleluya.)
Nona: Al no dar con Jesús, sus padres se
volvieron a Jerusalén, sin dejar de buscarlo. (T.
P. Aleluya.)
Los salmos se toman de la salmodia complementaria
LECTURA BREVE
Tercia Pr 2, 7-8
Dios reserva su auxilio para los rectos, es un escudo para los que proceden con honradez, cuida a los justos y guarda el sendero de sus amigos.
V. Lo nombró
administrador de toda su casa. (T. P.
Aleluya.)
R.
Señor de todas sus posesiones. (T. P.
Aleluya.)
Sexta Sb 10, 10
La Sabiduría guió al justo por caminos seguros cuando tuvo que huir y le descubrió el reino de Dios; le dio éxito en sus trabajos y multiplicó el fruto de sus fatigas.
V. En su casa
habrá riquezas y abundancia. (T. P.
Aleluya.)
R.
Su caridad es constante, sin falta. (T. P.
Aleluya.)
Nona Sir 2, 18-19
Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras; los que lo aman siguen sus caminos. Los que temen ofenderlo buscan lo que es de su agrado; los que lo aman cumplen su ley.
V. Tu victoria ha
engrandecido su fama. (T. P. Aleluya.)
R. Lo has vestido
de honor y majestad. (T. P. Aleluya.)
Oremos:
Dios
todopoderoso, que, en los albores del nuevo Testamento, encomendaste a san José
los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la
intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la
salvación de los hombres. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
HIMNO
¡Oh qué dichoso este día
en que José, dulce
suerte,
entre Jesús y María
rinde tributo a la muerte!
Tuvo en la tierra su cielo;
por un favor nunca
visto,
con la Virgen, su consuelo
fue vivir sirviendo a Cristo.
Ya con suprema leticia
los justos lo
aclamarán,
lleva la buena noticia
hasta el seno de Abraham.
Si fue grande la agonía
que sufrió en la
encarnación,
será inmensa la alegría
que tendrá en resurrección.
Quiera Dios que en nuestro trance
no nos falte
su favor,
y piadoso nos alcance
ver benigno al Redentor.
Que en Jesús, José y María,
gloria de la
humanidad,
resplandezca tu armonía,
¡oh indivisa trinidad! Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Hallaron a Jesús en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 14
¿QUIÉN ES
JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis acercado al
monte de Sión,
ciudad del Dios vivo. (Hb 12,22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y
habitar en tu monte santo?
El que procede honradamente
y practica la
justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su
lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al
vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen
al Señor,
el que no retracta lo que juró aun en daño
propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el
inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. Hallaron a Jesús en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Su madre le dijo a Jesús: «Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.»
Salmo 111
FELICIDAD
DEL JUSTO
Caminad como hijos de
la luz; toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef
5,8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del
justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el
que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo
será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea
derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. Su madre le dijo a Jesús: «Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.»
Ant. 3. Jesús bajó a Nazaret con sus padres, y vivía sumiso a ellos. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 15,3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor,
Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu
nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron
manifiestos.
Ant. 3. Jesús bajó a Nazaret con sus padres, y vivía sumiso a ellos. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Col 3,23-24
Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo bien que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.
RESPONSORIO BREVE
Tiempo de
Cuaresma:
V. El justo florecerá como un lirio. R. El justo. V. Y se
alegrará eternamente ante el Señor. R. Como un
lirio. V. Gloria. R.
El justo.
Tiempo pascual:
V.
El justo florecerá como un lirio. Aleluya, aleluya. R. El justo. V. Y se
alegrará eternamente ante el Señor. R. Aleluya,
aleluya. V. Gloria. R.
El justo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Jesús tenía unos treinta años y era considerado hijo de José. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Acudamos suplicantes a Dios Padre todopoderoso, de quien procede toda la familia del cielo y de la tierra, y digámosle suplicantes: Padre nuestro que estás en los cielos, escúchanos.
Padre santo, tú que en la aurora del nuevo Testamento revelaste a José el misterio mantenido en silencio desde el origen de los siglos, * ayúdanos conocer cada vez mejor a tu Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Padre celestial, tú que alimentas las aves del cielo y vistes la hierba del campo, * concede a todos lo hombres el pan de cada día para su cuerpo y el alimento de la eucaristía para su espíritu.
Creador del universo, tú que entregaste al hombre la obra de tus manos, * haz que los trabajadores puedan disfrutar de manera digna del fruto de su trabajo.
Señor, tú que eres la fuente de toda la justicia y deseas que todos seamos justos, * por intercesión de san José, ayúdanos a agradarte en todo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz, Señor, que los moribundos y los que ya han muerto, * obtengan tu misericordia eterna, por medio de tu Hijo, de María y de san José.
Porque somos miembros de la familia de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que, en los albores del nuevo Testamento, encomendaste a san José los misterios de nuestra salvación, haz que ahora tu Iglesia, sostenida por la intercesión del esposo de María, lleve a su pleno cumplimiento la obra de la salvación de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 25 DE
MARZO
LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Solemnidad
HIMNO
Hoy es del divino amor
la encarnación
amorosa,
fineza que es tan costosa
que a las demás da valor.
¿Qué bien al mundo no ha dado
la encarnación
amorosa,
si aun la culpa fue dichosa
por haberla ocasionado?
Ni ella sola ser podía
causa, que, si se
repara,
para que Dios encarnara
bastaba sólo María.
Aunque de ser encarnado
pudo ser doble el
motivo:
de todos por compasivo,
de ella por enamorado.
Y así, al bajar este día
al suelo por varios
modos
fue por la culpa de todos
y la gracia de María. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago; sobre él se posará el Espíritu del Señor. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago; sobre él se posará el Espíritu del Señor. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará para siempre. (T. P. Aleluya.)
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará para siempre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. El que era la Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, hoy se ha anonadado a sí mismo, haciéndose carne por nosotros. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla
se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3. El que era la Palabra substancial del Padre, engendrado antes del tiempo, hoy se ha anonadado a sí mismo, haciéndose carne por nosotros. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 1Jn 1,1-3a
Lo que existía desde un principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida (porque la vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado): lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, a fin de que viváis en comunión con nosotros.
RESPONSORIO BREVE
Tiempo de
Cuaresma:
V. Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una
estrella de la casa de Jacob. R. Ha brotado.
V. La Virgen ha dado a luz al Salvador. R. Ha salido una estrella de la casa de Jacob. V. Gloria. R. Ha
brotado.
Tiempo pascual:
V.
Ha brotado un renuevo del tronco de Jesé, ha salido una estrella de la
casa de Jacob. Aleluya, aleluya. R. Ha brotado.
V. La Virgen ha dado a luz al Salvador. R. Aleluya, aleluya. V.
Gloria. R. Ha brotado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Espíritu Santo descenderá sobre ti, María, y el poder del Altísimo te envolverá como una nube. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Acudamos a Dios Padre, que por medio del ángel anunció hoy a María su designio de salvarnos, y digámosle confiados: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros.
Tú que elegiste a la Virgen María para madre de tu Hijo, * ten piedad de todos los que esperamos la redención de Jesucristo.
Tú que por boca de Gabriel anunciaste a María el gozo y la paz, * concede a todo el mundo la alegría de la salvación y el don de una paz verdadera.
Tú que por la aceptación de María y por obra del Espíritu Santo hiciste que tu Verbo habitara entre nosotros, * haz que nosotros recibamos siempre a Cristo como lo recibió María.
Tú que enalteces a los humildes y a los pobres lo colmas de bienes, * conforta a los que se sienten abatidos, socorre a los necesitados y ayuda a los moribundos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que eres el único que realizas maravillas y el Dios para quien nada hay imposible, * resucita a los muertos en el último día.
Ya que Cristo al hacerse hombre nos ha hermanado a todos, digamos a nuestro Padre común: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios nuestro, que quisiste que tu Verbo se hiciera hombre en el seno de la Virgen María, concede a quienes proclamamos que nuestro Redentor es realmente Dios y hombre que lleguemos a ser partícipes de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant.: Adoremos al que es la Palabra y se ha hecho carne por nosotros. (T. P. Aleluya.)
HIMNO
¿Por qué bajaste a nosotros?
¿Por qué nos
salvas, oh Cristo?
Desde el antiguo pecado,
desde el antiguo
castigo,
llevamos la vida triste,
tenemos roto el camino.
Desde la serpiente artera,
desde el orgullo
maldito,
la frente sólo sudores
y el campo da sólo espinos.
¿Por qué bajaste a nosotros?
¿Por qué nos
salvas, oh Cristo?
En este mundo de vida
la muerte lanza su grito.
El Padre escuchó el lamento
desgarrador e
infinito,
y en su locura de amor,
nos envió a su propio Hijo.
Tomó nuestra pobre carne,
se convirtió en
nuestro amigo,
para matar en su cuerpo
la grandeza del delito.
¿Por qué bajaste a nosotros?
¿Por qué nos
salvas, oh Cristo,
si tú nos lo diste todo
y nosotros lo
perdimos?
Sabemos que por tu sangre
compraste un fruto perdido:
hombres
de todas las razas
y de todos los caminos,
e hiciste de ellos un
reino
de sacerdotes, oh Cristo.
Tómanos entre tus brazos,
que entre llantos y
gemidos
tus creaturas esperamos
volver a tu paraíso.
¡Entréganos a tu Padre,
santo y eterno
Principio! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. (T. P. Aleluya.)
Salmo 2
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los
pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se
burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su
cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha
dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en
posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de
hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los
que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje
temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de
pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. 1: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: Al entrar en este mundo, dice: «Me has preparado un cuerpo; ya estoy aquí, oh Dios, para cumplir tu voluntad.» (T. P. Aleluya.)
Salmo 18 A
El cielo proclama la gloria de Dios,
el
firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el
mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que
resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale
como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su
camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita
llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 2: Al entrar en este mundo, dice: «Me has preparado un cuerpo; ya estoy aquí, oh Dios, para cumplir tu voluntad.» (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. (T. P. Aleluya.)
Salmo 44
Me brota del corazón un poema bello,
recito
mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus
labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu
gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu
diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para
siempre;
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y
odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de
júbilo entre todos tus compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus
vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a
tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida
tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate
ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los
pueblos más ricos buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de
perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la
siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en
el palacio real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que
nombrarás príncipes por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por
generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de
los siglos.
Ant. 3: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. (T. P. Aleluya.)
V. La Palabra se
hizo carne. (T. P. Aleluya.)
R. Y puso su morada entre nosotros. (T. P. Aleluya.)
PRIMERA LECTURA
Del primer libro de las Crónicas 17, l5
PROFECÍA SOBRE EL HIJO DE DAVID
En aquellos días, morando ya David en su casa, dijo a Natán, profeta:
«Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras eI arca de la alianza del Señor está bajo pieles.» Respondió Natán a David:
«Haz todo cuanto tienes en tu corazón, porque Dios está contigo.»
Pero aquella misma noche vino la palabra de Dios a Natán en estos términos:
«Vete y di a mi siervo David:
"Así dice el Señor: No serás tú quien me edifique casa para que habite yo en ella. Pues no he habitado en casa alguna desde el día en que hice subir a los hijos de Israel hasta el día de hoy; sino que he andado de tienda en tienda y de morada en morada. En todo el tiempo que he ido de un lado para otro con todo Israel, ¿he dicho acaso a alguno de los jueces de Israel, a los que mandé me apacentaran a mi pueblo: 'Por qué no me edificáis una casa de cedro'?"
Di, pues, esto a mi siervo David:
"Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te he sacado del campo, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo Israel. He estado contigo en todas tus empresas, he eliminado a todos tus enemigos de delante de ti Y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los grandes de la tierra. Fijaré un lugar a mi pueblo Israel, y lo plantaré allí para que more en él; no será ya perturbado, y los malhechores no seguirán oprimiéndolo como al principio, y como en los días en que instituí Jueces sobre mi pueblo Israel. Someteré a todos tus enemigos. Yo te haré grande y el Señor te edificará una casa. Cuando se cumplan tus días para ir con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré su reino. Él me edificará una casa y yo afirmaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo, y no apartaré de tí mi amor, como lo aparté de aquel que fue antes de ti. Yo lo estableceré en mi casa y en mi reino para siempre, y su trono estará firme eternamente."»
Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, habló Natán a David.
Responsorio Cf. Lc 1, 26-32
R. Fue enviado el
ángel Gabriel a una virgen desposada con un hombre llamado José, para anunciarle
el mensaje; y se turbó la Virgen ante su resplandor. «No temas, María, porque
has hallado gracia a los ojos de Dios: *
concebirás y darás a luz un hijo, el cual será llamado Hijo del Altísimo.» (T. P. Aleluya.)
V.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
R. Concebirás y darás a luz un hijo, el cual será
llamado Hijo del Altísimo. (T. P. Aleluya.)
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas de san León Magno, papa
(Carta 28, a Flaviano, 3-4: PL 54, 763-767)
EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN
La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez mortal e inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.
El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.
Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nuestros pecados.
Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo -por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales- fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.
Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.
En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible, el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.
El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.
Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.
En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.
La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.
Responsorio Cf. Lc 1, 31. 42
R. Recibe la
palabra, Virgen María, que el Señor te anuncia por medio del ángel: concebirás y
darás a luz al Dios hecho hombre, * para que te
llamen bendita entre las mujeres. (T. P.
Aleluya.)
V. Darás a luz un hijo sin perder
tu virginidad, concebirás en tu seno y serás madre siempre intacta.
R. Para que te llamen bendita entre las mujeres.
(T. P. Aleluya.)
Después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
Oración
Señor Dios nuestro, que quisiste que tu Verbo se hiciera hombre en el seno de la Virgen María, concede a quienes proclamamos que nuestro Redentor es realmente Dios y hombre que lleguemos a ser partícipes de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Que hoy bajó Dios a la tierra
es cierto; pero
más cierto
es que, bajando a María,
bajó Dios a mejor cielo.
Conveniencia fue de todos
este divino
misterio,
pues el hombre, de fortuna,
y Dios mejoró de asiento.
Su sangre le dio María
a logro, porque a su
tiempo
la que reciben encarnando
restituya redimiendo.
Un arcángel a pedir
bajó su
consentimiento,
guardándole, en ser rogada,
de reina sus privilegios.
¡Oh grandeza de María,
que cuando usa el Padre
eterno
de dominio con su Hijo,
use con ella de ruego!
A estrecha cárcel reduce
de su grandeza lo
inmenso
y en breve morada cabe
quien sólo cabe en sí mismo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Fue enviado el ángel Gabriel a una virgen desposada con un hombre llamado José. (T. P. Aleluya.)
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Con su consentimiento la Virgen concibió y permaneciendo virgen, dio a luz al Salvador. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Flp 2,6-7
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo
pascual:
V. El Señor la eligió y la predestinó. R. El Señor. V. La
hizo morar en su templo santo. R. Y la
predestinó. V. Gloria. R. El Señor.
Tiempo
pascual:
V. El Señor la eligió y la predestinó. Aleluya, aleluya.
R. El Señor. V.
La hizo morar en su templo santo. R. Aleluya,
aleluya. V. Gloria. R. El Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por el gran amor con que Dios nos amó nos envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Al celebrar en este día de la Anunciación los comienzos de la salvación de los hombres, llenos de alegría, oremos, diciendo: Que la santa Madre de Dios interceda por nosotros.
Señor, haz que recibamos nuestro Salvador * con la misma alegría con que María recibió alegre el anuncio del ángel.
Tú que miraste la humillación de tu esclava, * acuérdate también de nosotros y socórrenos.
Que sepamos conformarnos siempre a tu voluntad, * como María, la nueva Eva, se sometió siempre a tu palabra.
Que santa María socorra a los pobres, levante a los decaídos, consuele a los tristes, * interceda por las vírgenes, por las madres y esposas, y por todas las jóvenes y niñas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios nuestro, que quisiste que tu Verbo se hiciera hombre en el seno de la Virgen María, concede a quienes proclamamos que nuestro Redentor es realmente Dios y hombre que lleguemos a ser partícipes de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Tercia
Amigo de los hombres, Jesucristo,
tú solo das
sentido a nuestra historia,
y, con los ojos fijos al futuro,
la Iglesia
vive fiel a tu memoria.
Este tiempo de ayuno te presenta
de nosotros
la parte más oscura,
y tus manos clavadas al madero
nos devuelven tu paz y
tu ternura.
A lo largo del día no nos dejes,
no nos falte
la luz de tu mirada:
llena de amor los pasos que caminan
de este mundo a
la luz de tu alborada. Amén.
O bien:
Como el fuego calcina
la madera
reseca,
cuando el pecado nos domina,
Espíritu de Dios,
purifícanos.
Como el río derrama
por la tierra sus
aguas
y hay flor y fruto en la rama,
Espíritu de Dios,
vivifícanos.
Como tu fuerte viento
hizo en el mar
camino,
cuando haya duda y desaliento,
Espíritu de Dios,
ayúdanos.
Luz, Amor, Viento, Fuego,
los caminos de
éxodo
enseña al hombre pobre y ciego.
Espíritu de Dios,
condúcenos. Amén.
Sexta
Jesús, contigo iremos al desierto
en medio de
la villa populosa,
y tú nos brindarás el pan sabroso
que alimentó tu alma
silenciosa
Contigo pasaremos el mar Rojo,
beberemos el
agua de la roca;
tú serás el pastor y, en la montaña,
tú serás nuestra
gracia esplendorosa.
Contigo humildemente hasta el
Calvario,
contigo por la vía dolorosa,
y al final, oh Jesús, por tu
promesa,
contigo viviremos en tu gloria. Amén.
O bien:
Por el pecado primero
entró la muerte a la
vida,
y la muerte fue vencida
por la vida del Cordero.
El Padre lo hizo pecado
para salvar al
caído;
el que nunca había sufrido
se quiso crucificado.
La humanidad pecadora
está bien
representada,
mas la culpa fue lavada
por la sangre redentora. Amén.
Nona
Ojos de aquel publicano
hasta la tierra
caídos,
el Dios de la luz os mira,
miradle con regocijo.
Mano que pide clemencia
hiriendo el pecho
contrito,
el Señor te abre la puerta
de su pecho compasivo.
Lengua que en bajo murmullo,
dices tu dolor
sentido,
el Juez que sabe juzgar
ha escuchado complacido.
Padre del octavo día,
glorioso siendo
propicio,
perdónanos, purifícanos,
por el honor de tu Hijo. Amén.
O bien:
Cada tarde se nos van los días,
y cada
tarde el tiempo pasa;
se acaba nuestra vida cada tarde
y miramos la muerte
más cercana.
Déjame todavía gozar el milagro
de tu luz, de
tu sol, de tus albas;
déjame gozar el milagro de sentirme vivo
y de nacer
para ti cada mañana.
Déjame, Señor, gozar de tu milagro
al llegar
una vez más la tarde mansa,
porque tú eres el Dios de nuestras horas,
el
Dios oculto de nuestra esperanza. Amén.
SALMODIA
Tercia: Del
tronco de Jesé brotó la Virgen María, y en su tálamo penetró el Espíritu de
Dios. (T. P. Aleluya.)
Sexta: Mirad: la
Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. (T. P. Aleluya.)
Nona: Se mostrará
grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz. (T. P. Aleluya.)
Los salmos se toman de la salmodia complementaria
LECTURA BREVE
Tercia Ef 1, 9b-10
Éste es al plan que Dios había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: hacer que todas las cosas tenga a Cristo por cabeza, las del cielo y las de la tierra.
V. El ángel del
Señor anunció a María. (T. P. Aleluya.)
R. Y concibió por
obra del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)
Sexta 1Jn 4, 10
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación de nuestros pecados.
V. Aquí está la
esclava del Señor. (T. P. Aleluya.)
R. Hágase en mí
según tu palabra. (T. P. Aleluya.)
Nona 1Tm 2, 5-6a
Hay un solo Dios, y único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, el cual se entregó a si mismo como precio de rescate por todos.
V. La Palabra se
hizo carne. (T. P. Aleluya.)
R. Y puso su morada entre nosotros. (T. P. Aleluya.)
Oremos:
Señor
Dios nuestro, que quisiste que tu Verbo se hiciera hombre en el seno de la
Virgen María, concede a quienes proclamamos que nuestro Redentor es
realmente Dios y hombre que lleguemos a ser partícipes de su naturaleza divina.
Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
HIMNO
Hoy es del divino amor
la encarnación
amorosa,
fineza que es tan costosa
que a las demás da valor.
¿Qué bien al mundo no ha dado
la encarnación
amorosa,
si aun la culpa fue dichosa
por haberla ocasionado?
Ni ella sola ser podía
causa, que, si se
repara,
para que Dios encarnara
bastaba sólo María.
Aunque de ser encarnado
pudo ser doble el
motivo:
de todos por compasivo,
de ella por enamorado.
Y así, al bajar este día
al suelo por varios
modos
fue por la culpa de todos
y la gracia de María. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1. El ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y se llamará Hijo del Altísimo. (T. P. Aleluya.)
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a
su pueblo de
los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2. No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y se llamará Hijo del Altísimo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él
quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 1Jn 1,1-3a
Lo que existía desde un principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y lo que tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida (porque la vida se ha manifestado, y nosotros hemos visto y testificamos y os anunciamos esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha manifestado): lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, a fin de que viváis en comunión con nosotros.
RESPONSORIO BREVE
Tiempo de
Cuaresma:
V. La Palabra se hizo carne, y puso su morada entre
nosotros. R. La Palabra. V. Ya al principio estaba con Dios. R. Y puso su morada entre nosotros. V. Gloria. R. La
Palabra.
Tiempo pascual:
V.
La Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros. Aleluya,
aleluya. R. La Palabra. V. Ya al principio estaba con Dios. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. La
Palabra.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El ángel Gabriel saludó a María, diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.» (T. P. Aleluya.)
PRECES
Acudamos a Dios Padre, que por medio del ángel anunció hoy a María su designio de salvarnos, y digámosle confiados: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros.
Tú que elegiste a la Virgen María para madre de tu Hijo, * ten piedad de todos los que esperamos la redención de Jesucristo.
Tú que por boca de Gabriel anunciaste a María el gozo y la paz, * concede a todo el mundo la alegría de la salvación y el don de una paz verdadera.
Tú que por la aceptación de María y por obra del Espíritu Santo hiciste que tu Verbo habitara entre nosotros, * haz que nosotros recibamos siempre a Cristo como lo recibió María.
Tú que enalteces a los humildes y a los pobres lo colmas de bienes, * conforta a los que se sienten abatidos, socorre a los necesitados y ayuda a los moribundos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que eres el único que realizas maravillas y el Dios para quien nada hay imposible, * resucita a los muertos en el último día.
Ya que Cristo al hacerse hombre nos ha hermanado a todos, digamos a nuestro Padre común: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios nuestro, que quisiste que tu Verbo se hiciera hombre en el seno de la Virgen María, concede a quienes proclamamos que nuestro Redentor es realmente Dios y hombre que lleguemos a ser partícipes de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE
ABRIL
SAN FRANCISCO DE PAULA, ermitaño
(En
Cuaresma, conmemoración)
Del común
de santos varones: para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Francisco de Paula
(Carta del año 1486: A. Galuzzi, Origini dell'Ordine dei Minimi, Roma 1967, pp.121-122)
CONVERTÍOS CON SINCERIDAD
Que nuestro Señor Jesucristo, que remunera con suma esplendidez, os dé la recompensa de vuestras fatigas.
Huid del mal, rechazad los peligros. Nosotros, y todos nuestros hermanos, aunque indignos, pedimos constantemente a Dios Padre, a su Hijo Jesucristo y a la Virgen María que estén siempre a vuestro lado para salvación de vuestras almas y vuestros cuerpos.
Hermanos, os exhorto vehementemente a que os preocupéis con prudencia y diligencia de la salvación de vuestras almas. La muerte es segura y la vida es breve y se desvanece como el humo.
Centrad vuestro pensamiento en la pasión de nuestro Señor Jesucristo, que, por el amor que nos tenía, bajó del cielo para redimirnos; que por nosotros sufrió toda clase de tormentos de alma y cuerpo, y tampoco evitó suplicio alguno. Con ello nos dejó un ejemplo soberano de paciencia y amor. Debemos, pues, tener paciencia en las adversidades.
Deponed toda clase de odio y de enemistades; tened buen cuidado de que no salgan de vuestra boca palabras duras y, si alguna vez salen, no seáis perezosos en pronunciar aquellas palabras que sean el remedio saludable para las heridas que ocasionaron vuestros labios: por tanto, perdonaos mutuamente y olvidad para siempre la injuria que se os ha hecho.
El recuerdo del mal recibido es una injuria, complemento de la cólera, conservación del pecado, odio a la justicia, flecha oxidada, veneno del alma, destrucción del bien obrar, gusano de la mente, motivo de distracciones en la oración, anulación de las peticiones que hacemos a Dios, enajenación de la caridad, espina clavada en el alma, iniquidad que nunca duerme, pecado que nunca se acaba y muerte cotidiana.
Amad la paz, que es el mayor tesoro que se puede desear. Ya sabéis que nuestros pecados provocan la ira de Dios; arrepentíos para que os perdone por su misericordia. Lo que ocultamos a los hombres es manifiesto a Dios; convertíos, pues, con sinceridad. Vivid de tal manera que obtengáis la bendición del Señor, y la paz de Dios, nuestro Padre, esté siempre con vosotros.
Responsorio 2 Co 4, 11. 16
R. Aun viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte
por Jesús, * para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra
vida mortal. (T. P. Aleluya.)
V.
Aunque nuestra condición física se vaya
deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día.
R. Para que también
la vida de Jesús se manifieste en nuestra vida mortal. (T. P.
Aleluya.)
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo. (T. P. Aleluya.)
Vísperas: Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable. (T. P. Aleluya.)
Oración
Señor, tú que te complaces en enaltecer siempre a los humildes, quisiste que san Francisco de Paula brillará con la gloria de una gran santidad; haz que nosotros sepamos seguir sus ejemplos de humildad y que, ayudados por su intercesión, tengamos parte con él en la herencia prometida a los mansos y humildes de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 4 DE
ABRIL
SAN ISIDORO,
obispo y doctor de la Iglesia
(En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de pastores o del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Isidoro, obispo, sobre los oficios eclesiásticos
(Cap. 5,1. 2: PL 83, 785)
EL OBISPO DEBE TENER SU PUERTA ABIERTA A TODO EL QUE LLEGUE
Es preciso que el obispo sobresalga en el conocimiento de las sagradas Escrituras, porque, si solamente puede presentar una vida santa, para sí exclusivamente aprovecha; pero, si es eminente en ciencia y pedagogía, podrá enseñar a los demás y refutar a los contestatarios, quienes, si no se les va a la mano y se les desenmascara, fácilmente seducen a los incautos.
El lenguaje del obispo debe ser limpio, sencillo, abierto, lleno de gravedad y corrección, dulce y suave. Su principal deber es estudiar la santa Biblia, repasar los cánones, seguir el ejemplo de los santos, moderarse en el sueño, comer poco y orar mucho, mantener la paz con los hermanos, a nadie tener en menos, no condenar a ninguno si no estuviere convicto, no excomulgar sino a los incorregibles.
Sobresalga tanto en la humildad como en la autoridad, para que, ni por apocamiento queden por corregir los desmanes, ni por exceso de autoridad atemorice a los súbditos. Esfuércese en abundar en la caridad, sin la cual toda virtud es nada. Ocúpese con particular diligencia del cuidado de los pobres, alimente a los hambrientos, vista al desnudo, acoja al peregrino, redima al cautivo, sea amparo de viudas y huérfanos.
Debe dar tales pruebas de hospitalidad que a todo el mundo abra sus puertas con caridad y benignidad. Si todo fiel cristiano debe procurar que Cristo le diga: Fui forastero y me hospedasteis, cuánto más el obispo, cuya residencia es la casa de todos. Un seglar cumple con el deber de hospitalidad abriendo su casa a algún que otro peregrino. El obispo, si no tiene su puerta abierta a todo el que llegue, es un hombre sin corazón.
Responsorio Mt 13, 52; Pr 14, 33
R. Un letrado que entiende del reino de los cielos
* es como
un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. (T. P.
Aleluya.)
V. En corazón sensato habita la sabiduría, aun en medio de
necios se da a conocer.
R. Es como un padre de familia que va sacando del arca lo
nuevo y lo antiguo. (T. P. Aleluya.)
Oración
Escucha, Señor, las súplicas que te dirigimos al celebrar hoy la festividad de san Isidoro de Sevilla; haz que tu Iglesia, que tuvo en este santo obispo un maestro insigne de vida espiritual, encuentre ahora en él un poderoso intercesor ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 5 DE
ABRIL
SAN VICENTE FERRER, presbítero
(En
Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de pastores: para un santo presbítero.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Vicente Ferrer, presbítero, sobre la vida espiritual
(Cap. 13: edición Garganta-Forcada, pp. 513-514)
DEL MODO DE PREDICAR
En la predicación y exhortación debes usar un lenguaje sencillo y un estilo familiar, bajando a los detalles concretos. Utiliza ejemplos, todos los que puedas, para que cualquier pecador se vea retratado en la exposición que haces de su pecado; pero de tal manera que no des la impresión de soberbia o indignación, sino que lo haces llevado de la caridad y espíritu paternal, como un padre que se compadece de sus hijos cuando los ve en pecado o gravemente enfermos o que han caído en un hoyo, esforzándose por sacarlos del peligro y acariciándoles como una madre. Hazlo alegrándote del bien que obtendrán los pecadores y del cielo que les espera si se convierten.
Este modo de hablar suele ser de gran utilidad para el auditorio. Hablar en abstracto de las virtudes y los vicios no produce impacto en los oyentes.
En el confesionario debes mostrar igualmente sentimientos de caridad, lo mismo si tienes que animar a los pusilánimes que si tienes que amenazar a los contumaces; el pecador ha de sentir siempre que tus palabras proceden exclusivamente de tu caridad. Las palabras caritativas han de preceder siempre a las recomendaciones punzantes.
Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad, suma de todas las virtudes y la mejor garantía de éxito en tus actividades.
Responsorio 2 Tm 4, 2; Hch 26, 20
R. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella,
persuade, reprende, exhorta, * armado de toda paciencia y doctrina. (T. P.
Aleluya.)
V. He predicado a los pueblos que se arrepientan y se
conviertan a Dios.
R. Armado de toda paciencia y doctrina. (T. P.
Aleluya.)
Oración
Señor Dios todopoderoso, que suscitaste a san Vicente Ferrer como predicador infatigable del Evangelio, para que anunciara con insistencia la venida de Jesucristo, juez universal, haz que nosotros anhelemos la venida de tu Hijo, para que, cuando venga, podamos contemplarlo en su reino glorioso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 7 DE
ABRIL
SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE,
presbítero
(En Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de santos varones: para los santos educadores.
SEGUNDA LECTURA
De las Meditaciones de san Juan Bautista de la Salle, presbítero
(Meditación 201)
EL AMOR DE CRISTO NOS APREMIA
Caed en la cuenta de lo que dice el apóstol Pablo, esto es, que Dios puso en su Iglesia apóstoles, profetas y doctores, y observaréis que es él quien os puso en vuestro oficio. Pablo es también quien os vuelve a dar testimonio, cuando dice que hay diversos ministerios y diversas operaciones y que es el mismo Espíritu quien se manifiesta en todas ellas para la utilidad común, es decir, para el bien de la Iglesia.
No dudéis entonces de que la gracia que se os ha concedido de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio y de educar su espíritu religioso es un gran don de Dios, que es quien os ha llamado a este oficio.
Por tanto, los niños, que han sido entregados a vuestro cuidado, han de ver que sois ministros de Dios porque ejercéis vuestro oficio con una caridad sincera y una fraternal diligencia. El pensar que sois no sólo ministros de Dios, sino también de Cristo y de la Iglesia, os debe ayudar a cumplir con vuestra obligación.
Esto es lo que dice san Pablo cuando exhorta a que todos los que anuncian el Evangelio sean considerados como ministros de Cristo y que escriban la carta que Cristo dicta, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón de los niños. Por esto, el amor de Dios debe apremiaros, puesto que Jesucristo murió por todos para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó. Que vuestros discípulos, estimulados por vuestra diligencia y solicitud, sientan que es Dios mismo quien les exhorta por vuestro medio, ya que actuáis como embajadores de Cristo.
Es necesario que manifestéis a la Iglesia el amor que por ella sentís y le deis pruebas de vuestra diligencia, pues trabajáis en unión con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Que vuestra actuación haga ver que amáis a los que Dios os encomendó con el mismo amor con que Cristo amó a su Iglesia.
Esforzaos porque los niños lleguen efectivamente a formar parte de este templo, de tal modo que sean dignos de presentarse un día ante el tribunal de Jesucristo gloriosamente, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo, y puedan así manifestar a los siglos venideros las abundantes riquezas de la gracia que Dios os otorgó para educar y enseñar, y a ellos para aprender, todo con vistas a la herencia del reino de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.
Responsorio Mc 10, 13-14. 16
R. Le presentaban a Jesús unos niños para que les impusiera
las manos; pero los discípulos trataban de apartarlos. Jesús, al verlo, les
dijo: * «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo estorbéis,
porque el reino de Dios es de los que son como ellos.» (T. P. Aleluya.)
V.
Y tomándolos en sus brazos los bendecía,
imponiendo su mano sobre ellos.
R.
Dejad que los niños vengan a mí y no se lo
estorbéis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos. (T. P.
Aleluya.)
Oración
Señor, Dios nuestro, que elegiste a san Juan Bautista de la Salle para educar cristianamente a la juventud, suscita en tu Iglesia educadores que se consagren por entero a la formación humana y cristiana de los jóvenes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE
ABRIL
SAN ESTANISLAO, obispo y mártir
Memoria (en Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo papa.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir
(Carta 58, 8-9.11: CSEL 3, 663-666)
LA LUCHA POR LA FE
Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe. Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
Revistámonos de fuerza, hermanos amadísimos, y preparémonos para la lucha con un espíritu incorrupto, con una fe sincera, con una total entrega. Que el ejército de Dios marche a la guerra que se nos declara.
El Apóstol nos indica cómo debemos revestirnos y prepararnos, cuando dice: Abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar el Evangelio de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del Malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la Palabra de Dios.
Que estas armas espirituales y celestes nos revistan y nos protejan para que en el día de la prueba podamos resistir las asechanzas del demonio y podamos vencerlo.
Pongámonos por coraza la justicia para que el pecho esté protegido y defendido contra los dardos del Enemigo; calzados y armados los pies con el celo por el Evangelio para que, cuando la serpiente sea pisoteada y hollada por nosotros, no pueda mordernos y derribarnos.
Tengamos fuertemente embrazado el escudo de la fe para que, protegidos por él, podamos repeler los dardos del Enemigo.
Tomemos también el casco espiritual para que, protegidos nuestros oídos, no escuchemos los edictos idolátricos, y, protegidos nuestros ojos, no veamos los ídolos detestables. Que el casco proteja también nuestra frente para que se conserve incólume la señal de Dios, y nuestra boca para que la lengua victoriosa confiese a su Señor, Cristo.
Armemos la diestra con la espada espiritual para que rechace con decisión los sacrificios sacrílegos y, acordándose de la eucaristía, en la que recibe el cuerpo del Señor, se una a él para poder después recibir de manos del Señor el premio de la corona eterna.
Que estas verdades, hermanos amadísimos, queden esculpidas en vuestros corazones. Si meditamos de verdad en estas cosas, cuando llegue el día de la persecución, el soldado de Cristo, instruido por sus preceptos y advertencias, no sólo no temerá el combate, sino que se encontrará preparado para el triunfo.
Responsorio
R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor,
sin temer las amenazas de los enemigos; *
pues estaba cimentado sobre roca firme.
(T. P.
Aleluya.)
V. Él tuvo en menos la vida del mundo y llegó hasta el reino
celestial.
R. Pues estaba cimentado sobre roca firme. (T. P.
Aleluya.)
Oración
Señor, tú que concediste al santo obispo Estanislao la valentía de derramar su sangre para confesar tu nombre, haz que también nosotros permanezcamos firmes en la fe, hasta morir, si es necesario, por conservarla. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE
ABRIL
SAN MARTÍN I, papa y mártir
(En
Cuaresma, conmemoración)
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Martín primero, papa
(Carta 17: PL 87, 203-204)
EL SEÑOR ESTÁ CERCA, ¿POR QUÉ ME VOY A PREOCUPAR?
Es un deseo nuestro constante el consolaros por carta, aliviando de algún modo la preocupación que sentís por nuestra situación, vosotros y todos los santos y hermanos que se interesan por nosotros en el Señor. Ved que ahora os escribimos desde nuestro cautiverio. Os digo la verdad en el nombre de Cristo, nuestro Dios.
Apartados de cualquier turbación mundana y depuestos por nuestros pecados, hemos llegado casi a vernos privados de nuestra propia vida. Ya que todos los habitantes de estas regiones son paganos y siguen las costumbres paganas, y no se da entre ellos esa caridad que es connatural al hombre, que se da incluso entre los propios bárbaros, y que se manifiesta por una magnánima compasión.
Me ha sorprendido y me sigue sorprendiendo todavía la insensibilidad y falta de compasión de todos aquellos que en cierto modo me pertenecíais, y también la de mis amigos y conocidos, quienes, cuando me he visto arrastrado por esta desgracia, ni siquiera se acuerdan de mí, ni tampoco se preocupan de si todavía me encuentro sobre la tierra o de si estoy fuera de ella.
¿Creéis que tenemos miedo de presentarnos ante el tribunal de Cristo y que allí nos acusen y pidan cuentas hombres formados de nuestro mismo barro? ¿Por qué tienen los hombres tanto miedo de cumplir los mandamientos de Dios y temen precisamente donde no hay nada que temer? ¿O es que estoy endemoniado? ¿Tan perjudicial he sido para la Iglesia y contrario a ellos?
El Dios que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, confirme sus corazones, por intercesión de san Pedro, en la fe ortodoxa, y la robustezca contra cualquier hereje o adversario de la Iglesia y los guarde incólumes, sobre todo al pastor que ahora aparece como presidiéndolos, para que no se aparten, ni se desvíen, ni abandonen lo más mínimo de todo lo que profesaron por escrito ante Dios y ante sus ángeles, y puedan así recibir, juntamente conmigo, la corona de justicia de la fe ortodoxa, de manos del Señor y Salvador nuestro, Jesucristo.
De mi cuerpo ya se ocupará el Señor como él quiera, ya sea en continuas tribulaciones, ya sea en leve reposo. El Señor está cerca, ¿por qué me voy a preocupar? Espero que por su misericordia no retrasará mucho el fin de mi carrera.
Saludad en el nombre del Señor a toda la familia y a todos los que se han sentido solidarios conmigo durante mi cautiverio. Que el Dios excelso os proteja, por su poder, de toda tentación y os dé la salvación en su reino.
Responsorio 2 Tm 4, 7-8; Flp 3, 8. 10
R. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he
mantenido la fe. * Ahora me aguarda la corona merecida. (T. P.
Aleluya.)
V. Lo perdí todo a fin de tener una íntima experiencia de
Cristo y de la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.
R. Ahora me aguarda la corona merecida. (T. P.
Aleluya.)
Oración
Señor Dios todopoderoso, tú que otorgaste a san Martín, papa y mártir, la gracia de no sucumbir ante las amenazas y torturas, concédenos a nosotros la fortaleza que nos es necesaria para afrontar las luchas y adversidades de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE
ABRIL
SAN ANSELMO,
obispo y doctor de la Iglesia
Del Común
de pastores: para un santo obispo y del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del libro Proslógion de san Anselmo, obispo
(Caps. 14. 16. 26: Opera omnia, edición Schmitt, Seckau [Austria] 1938,1,111-113.121-122)
QUE TE CONOZCA Y TE AME PARA QUE ENCUENTRE EN TI MI ALEGRÍA
¿Has encontrado, alma mía, lo que buscabas? Buscabas a Dios, y has encontrado que él está por encima de todas las cosas, que nada mejor que él se puede imaginar, y que él es la vida, la luz, la sabiduría, la bondad, la bienaventuranza eterna y la eternidad dichosa; él está por todas partes y siempre.
Señor Dios mío, creador y restaurador de mi ser, di a mi alma deseosa que eres otro del que ella ha visto para que vea limpiamente lo que desea. Intenta ver más, pero no ve nada más de lo que ha visto, sino tinieblas. En verdad no ve tinieblas; puesto que en ti no existen, pero ve que no puede ver más por sus propias tinieblas.
De verdad, Señor, que esta luz en la que habitas es inaccesible, pues no existe nadie que pueda penetrar esta luz para contemplarte. Yo no la veo, pues es excesiva para mí, y, sin embargo, todo lo que veo lo veo por ella, del mismo modo que el ojo débil, lo que ve, lo ve por la luz del sol, aunque no pueda mirarlo directamente.
¡Mi entendimiento no puede alcanzar esa luz!; es demasiado resplandeciente para comprenderla, y tampoco los ojos de mi alma soportan el mirarla por mucho tiempo. Su fulgor la deslumbra, su sublimidad la supera, su inmensidad la anonada, su amplitud la ofusca.
¡Oh luz suprema e inaccesible! ¡Oh verdad íntegra y feliz, qué lejos estás de mí que estoy tan cerca de ti! ¡Qué lejos estás de mi presencia, mientras yo siempre estoy en la tuya!
En todas partes estás presente e íntegra, y yo no te veo. Me muevo y existo en ti, y, sin embargo, no puedo alcanzarte. Estás dentro y alrededor de mí y no te siento.
Te ruego, Señor, que te conozca y te ame para que encuentre en ti mi alegría. Y si en esta vida no puedo alcanzar la plenitud, que al menos crezca de día en día hasta que llegue a aquella plenitud. Que en esta vida se haga más profundo mi conocimiento de ti, para que allí sea completo; que tu amor crezca en mí para que allí sea perfecto, y que mi alegría, grande en esperanza, sea completa en la posesión.
Señor, por medio de tu Hijo nos ordenas e incluso nos aconsejas que pidamos, y prometes que recibiremos, para que nuestro gozo sea perfecto. Yo te pido, Señor, como nos aconsejas por medio de nuestro admirable consejero, que reciba lo que prometes por tu fidelidad, para que mi gozo sea perfecto. Yo te pido, Dios veraz, que reciba, para que mi gozo sea perfecto.
Entre tanto, que esto sea lo que medite mi mente, proclame mi lengua, ame mi corazón y hable mi boca. Que sea el hambre de mi alma, y la sed de mi cuerpo: que todo mi ser lo desee, hasta que entre en el gozo del Señor, que es Dios trino y uno, bendito en todos los siglos. Amén.
Responsorio
R. Anselmo, doctor insigne, formado bajo la enseñanza de
Lanfranco, después de haber sido un padre bondadoso para los monjes, fue llamado
a la dignidad episcopal, * y luchó valerosamente por la libertad de la santa Iglesia.
Aleluya.
V. Afirmó siempre con voz invencible que la Iglesia no era
esclava de nadie, sino la esposa libre de Jesucristo.
R. Y luchó
valerosamente por la libertad de la santa Iglesia. Aleluya.
Oración
Señor, tu que concediste al obispo san Anselmo el don de la sabiduría, para que pudiera penetrar tus insondables misterios y los supiera enseñar a tu pueblo, haz que la luz de la fe venga en ayuda de nuestra inteligencia, para que las verdades que tú nos has revelado colmen nuestros anhelos de saber. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE
ABRIL
SAN JORGE, mártir
Del Común
de mártires: para un mártir.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Pedro Damiani, obispo
(Sermón 3, Sobre san Jorge: PL 144, 567-571)
PROTEGIDO INEXPUGNABLEMENTE CON EL ESTANDARTE DE LA CRUZ
La festividad de hoy, queridos hermanos, duplica la alegría de la gloria pascual, y es como una piedra preciosa que da un nuevo esplendor al oro en que se incrusta.
Jorge fue trasladado de una milicia a otra, pues dejó su cargo en el ejército, cambiándolo por la profesión de la milicia cristiana y, con la valentía propia de un soldado; repartió primero sus bienes entre los pobres, despreciando el fardo de los bienes del mundo, y así, libre y dispuesto, se puso la coraza de la fe y, cuando el combate se hallaba en todo su fragor, entró en él como un valeroso soldado de Cristo.
Esta actitud nos enseña claramente que no se puede pelear por la fe con firmeza y decisión si no se han dejado primero los bienes terrenos.
San Jorge, encendido en fuego del Espíritu Santo y protegiéndose inexpugnablemente con el estandarte de la cruz, peleó de tal modo con aquel rey inicuo, que, al vencer a este delegado de Satanás, venció al príncipe de la iniquidad y dio ánimos a los soldados de Cristo para combatir con valentía.
Junto al mártir estaba el Árbitro invisible y supremo que, según sus designios, permitía a los impíos que le atormentaran. Si es verdad que entregaba su cuerpo en manos de los verdugos, guardaba su alma bajo su constante protección, escondiéndola en el baluarte inexpugnable de la fe.
Hermanos carísimos: no debemos limitarnos a admirar a este combatiente de la milicia celeste, sino que debemos imitarle.
Que nuestro espíritu se eleve hacia el premio de la gloria celestial, de modo que, centrado nuestro corazón en su contemplación, no nos dejemos doblegar, tanto si el mundo seductor se burla de nosotros como si con sus amenazas quiere atemorizarnos.
Purifiquémonos, pues, de cualquier impureza de cuerpo o espíritu, siguiendo el mandato de Pablo, para poder entrar al fin en ese templo de la bienaventuranza al que se dirige ahora nuestra intención.
El que dentro de este templo que es la Iglesia quiere ofrecerse a Dios en sacrificio necesita, una vez que haya sido purificado por el bautismo, revestirse luego de las diversas virtudes, como está escrito: Que tus sacerdotes se vistan de justicia; en efecto, quien renace en Cristo como hombre nuevo por el bautismo no debe volver a ponerse la mortaja del hombre viejo, sino la vestidura del hombre nuevo, viviendo con una conducta renovada.
Así es como, limpios de las manchas del antiguo pecado y resplandecientes por el brillo de la nueva conducta, celebramos dignamente el misterio pascual e imitamos realmente el ejemplo de los santos mártires.
Responsorio
R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor,
sin temer las amenazas de los enemigos; *
pues estaba cimentado sobre roca firme.
Aleluya.
V. Él tuvo en menos la vida del mundo y llegó hasta el reino
celestial.
R. Pues estaba cimentado sobre roca firme. Aleluya.
Oración
Señor, tú que hiciste fiel imitador de la pasión de tu Hijo al glorioso mártir san Jorge, muestra, por su intercesión, el poder de tu fuerza a quienes confesamos la propia debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 23 DE
ABRIL
SAN ADALBERTO,
obispo y mártir
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo obispo.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la vida del Santo escrita por un autor contemporáneo (Acta Sanctorum, Aprilis, III, pp. 186-187).
SE ABRAZÓ A LA CRUZ CON TODO SU CUERPO
El jefe del poblado por la tarde se llevó a su mansión a Adalberto, el héroe por la causa de Dios.
De todas partes se reunió la multitud ociosa con gritos de indignación y muestras de hostilidad, a la expectativa de lo que el jefe iba a hacer con él. El santo, por su parte, a las preguntas de quién era, de dónde venía y por qué estaba allí, con voz afable, respondió:
—"Nací en Bohemia y me llamo Adalberto, soy monje y hace tiempo fui consagrado obispo; ahora, mi tarea es ser apóstol vuestro. El motivo de mi viaje es vuestra salvación, que os apartéis de esos ídolos sordos y mudos y reconozcáis a vuestro Creador, el único Dios, fuera del cual no hay otro; que creáis en Él para tener la vida y para que podáis recibir en premio el gozo celestial en las moradas eternas".
Así habló san Adalberto, pero ellos, ya de antemano enfurecidos, proferían a gritos palabras injuriosas contra él y le amenazaban de muerte.
Al fin los paganos furiosos se abalanzaron sobre Adalberto y sus compañeros con violencia y los apresaron a todos. San Adalberto, que estaba en pie frente a Gaudencio y otro hermano, les dijo:
—"No os pongáis tristes. Sabéis bien que sufrimos esto por el nombre del Señor; su poderío está por encima de todo poder, su atractivo es superior a toda hermosura, su fuerza es indescriptible, su amor de Padre no tiene par. ¿Habrá, pues, actitud más valiente y más digna que entregar esta vida tan querida por el querido Jesús"?
En esto, un tal Siggo, lleno de pasión, salió de entre la turba enfurecida y lanzó con todas sus fuerzas un gran dardo con el que atravesó a Adalberto las entrañas. Después todos se lanzan sobre él y añadiendo heridas a heridas, sacian su furor. Le brota sangre delas heridas que tiene por todas partes. Él ora en pie con ojos y manos levantados hacia el cielo. Le quitan los dardos y quedan abiertas siete grandes heridas; la sangre mana abundante como un río de púrpura. El mártir, desatado ya, extiende las manos formando la cruz y ruega con humilde insistencia al Señor por su salvación y la de sus perseguidores.
Así es cómo escapó de esta cárcel un alma elegida, así como quedó su cuerpo, digno de todo honor, tendido sobre la tierra formando una cruz. Así es como, después de entregar generosamente su sangre y con ella la vida, ya en placentero hogar, goza por fin para siempre de Cristo a quien tanto amó.
Responsorio 1 Ts 2, 8; Gal 4, 19
R. Deseábamos entregaros, no sólo el evangelio de Dios, sino
hasta nuestras propias personas. *
Os habíais ganado nuestro amor.
V. Hijos míos, otra
vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros.
R. Os
habíais ganado nuestro amor.
Oración
Oh Dios, que coronaste con el triunfo del martirio a san Adalberto, obispo, abrasado en el celo por la salvación de las almas, concédenos, por su intercesión, que a los pastores no les falte la obediencia de los fieles, y a los fieles no les falte el cuidado de los pastores. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 24 DE
ABRIL
SAN FIDEL DE SIGMARINGEN,
presbítero y mártir
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo presbítero.
SEGUNDA LECTURA
Elogio de san Fidel, presbítero y mártir
HOMBRE FIEL POR SU NOMBRE Y POR SU VIDA
El papa Benedicto catorce celebró la figura de san Fidel, defensor de la fe católica, con estas palabras:
«Desplegando la plenitud de su caridad al socorro material de sus prójimos, acogía paternalmente a todos los pobres y los sustentaba haciendo colectas en favor suyo por todas partes.
Remediaba la indigencia de los huérfanos y las viudas con las limosnas de los ricos; socorría a los presos con toda clase de ayudas materiales y espirituales, visitaba a los enfermos y los reconciliaba con Dios, preparándoles para el último combate.
Su actividad más meritoria fue la que desplegó con ocasión de la peste que se declaró en el ejército austríaco, exponiéndose constantemente a las enfermedades y a la muerte.»
Junto con esta caridad, Fidel —hombre fiel por su nombre y por su vida— sobresalió en la defensa de la fe católica que predicó incansablemente. Pocos días antes de morir y confirmar esa fe con su propia sangre, en su último sermón dejó lo que podríamos llamar su testamento:
«¡Oh fe católica, qué estable y firme eres, qué bien arraigada, qué bien cimentada estás sobre roca inconmovible! El cielo y la tierra pasarán, pero tú nunca podrás pasar. El orbe entero te contradijo desde un principio, pero con tu poder triunfaste de todos.
Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe, que sometió al imperio de Cristo a los reyes más poderosos y puso a las naciones a su servicio.
¿Qué otra cosa, sino la fe, y principalmente la fe en la resurrección, hizo a los apóstoles y mártires soportar sus dificultades y sufrimientos?
¿Qué fue lo que hizo a los anacoretas despreciar los placeres y los honores y vivir en el celibato y la soledad, sino la fe viva?
¿Qué es lo que hoy lleva a los verdaderos cristianos a despreciar los placeres, resistir a la seducción y soportar rudos sufrimientos?
La fe viva, activa en la práctica del amor, es la que hace dejar los bienes presentes por la esperanza de los futuros y trocar los primeros por los segundos.»
Responsorio 2 Tm 4, 7-8; Flp 3, 8. 10
R. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he
mantenido la fe. * Ahora me aguarda la corona merecida. Aleluya.
V. Lo perdí todo a
fin de tener una íntima experiencia de Cristo y de la comunión con sus
padecimientos, muriendo su misma muerte.
R. Ahora me aguarda
la corona merecida. Aleluya.
Oración
Señor Dios nuestro, que coronaste con la gloria del martirio a san Fidel de Sigmaringen, cuando, inflamado en tu amor, trabajaba por la propagación de la fe, concédenos, por su intercesión, que, arraigados y fundamentados también nosotros en la caridad, experimentemos el poder de la resurrección de Cristo y tengamos parte en su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 25 DE
ABRIL
SAN MARCOS, evangelista
Fiesta
Ant.: Venid, adoremos al Señor, que nos habla por medio del Evangelio. Aleluya.
HIMNO
Mensajeros de Dios
dadnos la
Nueva;
mensajeros de paz,
sea paz nuestra.
Mensajeros de luz,
sea luz
nuestra;
mensajeros de fe,
sea fe nuestra.
Mensajeros del Rey,
sea rey
nuestro;
mensajeros de amor,
sea amor nuestro. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Aleluya.
Salmo 18 A
El cielo proclama la gloria de Dios,
el
firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el
mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que
resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale
como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su
camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita
llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 1:A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Aleluya.
Ant. 2: Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones. Aleluya.
Salmo 63
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi
lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de
los perversos
y del motín de los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan
como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para
herido por sorpresa y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder
trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus
invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por
sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los
que lo ven menean la cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra
de Dios
y medita sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en
él,
y se felicitan los rectos de corazón.
Ant. 2:Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones. Aleluya.
Ant.3: Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria. Aleluya.
Salmo 96
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las
islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho
sostienen su trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en tomo a
los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra
se estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño
de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos
contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que
ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las
ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la
tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege
la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría
para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su
santo nombre.
Ant. 3:Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria. Aleluya.
V. El Señor pronuncia un oráculo. Aleluya.
R. Millares pregonan la alegre noticia. Aleluya.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1, 1-6
DIVERSIDAD DE DONES EN UN MISMO CUERPO
Hermanos: Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo. Por eso dice: «Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres.» ¿Qué quiere decir «subió» sino que antes bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenado todo.
Él mismo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren y actuando a la medida de cada parte, se procura su propio crecimiento para construcción de sí mismo en el amor.
Responsorio 2Pe 1, 21; Pr 2, 6
R. Nunca fue
proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, * llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de
parte de Dios. Aleluya.
V. El Señor es quien
da sabiduría, de su boca procede , la prudencia.
R. Llevados del Espíritu Santo, hablaron los
hombres de parte de Dios. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo; Contra las herejías
(Libro 1, 10, 1-3: PG 7, 550.554)
LA PREDICACIÓN DE LA VERDAD
La Iglesia, esparcida por el orbe hasta los confines de la tierra, ha recibido de los apóstoles y de los discípulos de los mismos aquella fe cuyo objeto es: un solo Dios, Padre todopoderoso, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él; y un solo Hijo de Dios, Jesucristo, que por nuestra salvación se hizo hombre; y el Espíritu Santo, que, por boca de los profetas, anunció de antemano los designios de Dios; y la venida al mundo, la encarnación en el seno de María, la pasión y resurrección de entre los muertos, la ascensión corporal del amado Jesucristo, Señor nuestro, así como su futura venido desde el cielo, en la gloria del Padre, para recapitular todas las cosas y resucitar corporalmente a todo el género humano, para que, según ha dispuesto el Padre invisible, ante Cristo Jesús, nuestro Señor y Dios, salvador y rey, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua lo proclame, y él juzgue a todos con justicia.
La Iglesia, habiendo recibido, como hemos dicho, esta predicación y esta fe, aunque esparcida por todo el mundo, la guarda con diligencia, como si todos sus hijos habitaran en una misma casa; y toda ella cree estas mismas verdades, como quien tiene una sola alma y un solo corazón, y, en consecuencia, las predica, las enseña y las transmite, como quien tiene una sola boca. Porque, si bien en el mundo hay diversidad de lenguajes, el contenido de la tradición es uno e idéntico para todos.
Y lo mismo creen y transmiten las Iglesias fundadas en Germania, así como las de los iberos, las de los celtas, las del Oriente, las de Egipto, las de Libia y las que se hallan en el centro del mundo; pues, del mismo modo que el sol, creatura de Dios, es uno e idéntico en todo el mundo, así también la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los hombres que quieren llegar al conocimiento de la verdad.
Y ni el que posee dotes oratorias, entre los que presiden las Iglesias, enseñará algo diverso a lo que hemos dicho (ya que nadie está por encima de su maestro), ni el que está privado de estas dotes aminorará por ello el contenido de la tradición. En efecto, siendo la fe única e idéntica para todos, ni la amplía el que es capaz de hablar mucho sobre ella, ni la aminora el que no es capaz de tanto.
Responsorio 1Co 1, 17 18. 11
R. Cristo me
envió a evangelizar, y no con sabiduría de palabras, a fin de no quitar eficacia
a la cruz de Cristo. * Pues el mensaje de la
cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están
en vías de salvación es fuerza de Dios. Aleluya.
V. Como en la sabiduría de Dios, el mundo no lo
conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la
predicación, para salvar a los creyentes.
R.
Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición;
pero para los que están en vías de salvación es fuerza de Dios. Aleluya.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
Oración
Señor, tú que diste a san Marcos el carisma de anunciar el Evangelio, haz que sepamos aprovecharnos de sus escritos y por ellos aprendamos a seguir fielmente a Jesucristo. Que vive y reina contigo.
HIMNO
Con el gozo pascual
el sol de nuevo
brilla
cuando ven los apóstoles
que Jesús resucita.
En la carne de Cristo
ven claras las
heridas
y paladinamente
que está vivo predican.
Cristo, rey clementísimo,
nuestras almas
habita
para que te celebremos
por siempre en nuestra vida.
Sé, Jesús, de las almas
la pascual
alegría,
que, en gracia renacidos,
tu triunfo nos anima.
A ti, Jesús, la gloria,
que, la muerte
vencida,
abres por los apóstoles
nuevas sendas de vida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Los santos evangelistas se entregaron de lleno a indagar la sabiduría de sus predecesores y, con sus escritos, confirmaron las explicaciones de los profetas. Aleluya.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Dios nos convocó por medio del mensaje de la salud, para darnos la posesión de la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.
Ant. 3. Muchos alabarán su inteligencia, su fama vivirá por generaciones. Aleluya.
LECTURA BREVE 1Co 15, 1-2a. 3-4
Hermanos, os quiero traer a la memoria el mensaje evangélico que os prediqué; el que abrazasteis, el mismo en que os mantenéis firmes todavía y por el que estáis en camino de salvación. En primer lugar os comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras.
RESPONSORIO BREVE
V. Proclamaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya. R. Proclamaron. V. Y las maravillas que realizó. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Proclamaron.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. La gracia de Cristo ha constituido, a unos, evangelistas y, a otros, doctores, y los ha enviado al pueblo creyente como ministros de la fe. Aleluya.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, luz del mundo por el Evangelio, y, poniendo en sus manos nuestras vidas, digámosle: Guía, Señor a tu Iglesia con la fuerza del Evangelio.
Tú que has mostrado familiarmente tu divinidad en medio de los hombres, * no dejes de resplandecer hoy en tu Iglesia con múltiples signos de tu gloria.
Tú que te acercas a nosotros por las palabras vivas de los evangelistas, * danos durante este día el gozo de tu presencia.
Tú que por la cruz y la resurrección has manifestado la soberanía del amor del Padre, * acoge el trabajo y el dolor de los hombres y transfórmalos en ofrenda de salvación.
Tú que en la naciente Iglesia escogiste a Marcos como evangelizador y evangelista, * haz que nosotros seamos hoy con nuestras palabras y ejemplos testigos del Evangelio.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos llenos de confianza la oración que Jesús enseñó a los apóstoles.
Oración
Señor, tú que diste a san Marcos el carisma de anunciar el Evangelio, haz que sepamos aprovecharnos de sus escritos y por ellos aprendamos a seguir fielmente a Jesucristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven
en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Tercia
Al Señor confesamos, ¡aleluya!
en la hora de
tercia a la mañana
se llenaron los suyos de esperanza,
y lejos de la noche
y de la duda
salieron con la llama y la palabra.
Al Señor adoramos, ¡aleluya!
Han marcado sus
pies nuestros caminos,
marcó su nombre el nombre de los siglos,
y en la
tierra su voz cual voz ninguna
convoca seguidores y testigos.
Al Señor esperamos, ¡aleluya!
y ahora
celebramos al Viviente,
a Jesús victorioso de la muerte;
acéptanos, oh
Cristo, cual liturgia
de gloria que ganaste ya ti vuelve. Amén.
O bien:
Espíritu de Dios, la tierra llenas,
las mentes
de los hombres las bañas en tu luz,
tú que eres Luz de Dios, divino
fuego,
infunde en todo hombre la fuerza de la cruz.
Sé luz resplandeciente en las tinieblas
de
quienes el pecado sumió en la obscuridad,
reúne en la asamblea de los
hijos
los justos que te amaron, los muertos por la paz.
Acaba en plenitud al Cristo vivo,
confirma en
el creyente la gracia y el perdón,
reúnelos a todos en la
Iglesia,
testigos jubilosos de la resurrección. Amén.
Sexta
Verbo de Dios, el sol de mediodía,
amable
mensajero de tu rostro,
fecunda nuestra tierra y la hermosea
como fuente
de luz, de vida y gozo.
Más hermoso tu cuerpo, que es pleroma
del
infinito amor jamás gastado;
y de ese mar sin fondo ni ribera
la Iglesia
es tu pleroma continuado.
Verbo de Dios, que reinas sin fatiga,
que
emerges victorioso del trabajo,
reina dichoso tú que nos esperas
mientras
nosotros vamos caminando. Amén.
O bien:
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres,
Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran
ya la fiesta de la Vida
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y
de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en ti
cosecha para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador. nuestro,
de tu
radiante luz llena este día,
camino de alegría y de esperanza,
cabal
acontecer de nueva vida.
Concédenos, oh Padre omnipotente,
por tu Hijo
Jesucristo, hermano nuestro,
vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo
de esta tierra un cielo nuevo. Amén.
Nona
Reina el Señor allí donde ninguno
ciñe corona
que haya alado el mundo;
reina el Señor allí donde la vida
sin lágrimas es
río de delicias.
Reina el Señor, el compasivo siervo,
que en
sus hombros cargó nuestro madero;
vive el muerto en la cruz, sepultado
y
con hierro sellado y custodiado.
Cruzó el oscuro valle de la muerte
hasta bajar
a tumba de rebeldes;
fingía que era suya nuestra pena,
y en silencio
escuchó nuestra sentencia.
Pero reina el Señor, la tierra goza,
y ya se
escuchan los cánticos de boda.
¡Gloria al Señor Jesús resucitado,
nuestra
esperanza y triunfo deseado! Amén.
O bien:
Salvador del mundo,
Señor de los
ángeles:
por tu cruz gloriosa
la muerte venciste.
Oh Señor, consérvanos
los dones
amables
que, con sufrimientos,
tú nos mereciste.
Y a quienes a precio
de dolor
salvaste,
llévalos al cielo
para que te alaben.
Llévalos a todos,
Señor, suplicámoste,
pues
que nos hiciste
reino de tu Padre. Amén.
SALMODIA
Ant.: Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 118, 105-112
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en
mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos
mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor, los votos que
pronuncio,
enséñame tus. mandatos;
mi vida está stá siempre en
peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un
lazo,
pero no me desvié dé tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la
alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Salmo 69
DIOS MÍO,
VEN EN MI AUXILIO
¡Señor, sálvanos, que perecemos! (Mt 8, 25)
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa
en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me
persiguen a muerte;,
vuelvan la espalda afrentados
los que traman
mi daño;
que se retiren avergonzados,
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te
buscan;
y digan siempre: «Dios es grande»
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desdichado.
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y
mi liberación.
¡Señor, no tardes!
Salmo 74
EL SEÑOR,
JUEZ SUPREMO
Derriba del trono a los
poderosos y
enaltece a los humildes. (Lc 1, 52)
Te damos gracias, ¡oh Dios!, te damos
gracias,
invocando tu nombre, pregonando tus maravillas.
«Cuando elija la ocasión,
yo juzgaré
rectamente.
Aunque tiemble la tierra con sus
habitantes,
yo he afianzado sus columnas.»
Digo a los jactanciosos; no os jactéis;
a los
malvados: no alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no
digáis insolencias contra la Roca.
La justicia no vendrá
ni del oriente ni del
occidente,
ni del desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno
humilla a otro ensalza.
El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso
lleno de vino drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados
de la tierra.
Y yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré
para el Dios de Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el
poder del justo.
Ant.: Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia Rm 1, 16-17
No me avergüenzo del Evangelio; es, en verdad, poder de Dios para salvación de todo el que crea, primero de los judíos y luego de los gentiles. Pues la justicia de Dios se revela en él de fe a fe, según está escrito: "El justo vivirá por la fe."
V. A toda la
tierra alcanza su pregón. Aleluya.
R. Y hasta
los límites del orbe su lenguaje. Aleluya.
Sexta 1Ts 2, 2b-4
Confiados en nuestro Dios, tuvimos la valentía de predicaros el Evangelio de Dios entre frecuentes luchas. Nuestra exhortación no procede del error, ni de la impureza ni del engaño, sino que así como hemos sido juzgados aptos por Dios para confiaros el Evangelio, así lo predicamos, no buscando agradar a los hombres, sino a Dios.
V. Guardaron los
preceptos del Señor. Aleluya.
R. Las normas y
mandatos que les ordenó. Aleluya.
Nona 2Tm 1, 8b-9
Comparte valientemente conmigo los sufrimientos por la causa del Evangelio, apoyado en el poder de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con santa llamada, no según nuestras obras, sino según su propio propósito y su gracia, que nos dio con Cristo Jesús.
V. Estad alegres,
dice el Señor. Aleluya.
R. Porque vuestros
nombres están inscritos en el cielo. Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que diste a san Marcos el
carisma de anunciar el Evangelio, haz que sepamos aprovecharnos de sus escritos
y por ellos aprendamos a seguir fielmente a Jesucristo. Que vive y reina
contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
HIMNO
Tristes estaban los apóstoles
tras sepultar a
Cristo
que a muerte despiadada,
lo sentenciaron los impíos.
Con dulces palabras, un ángel
a las mujeres
dijo
que en Galilea el Señor
habría muy pronto de ser visto.
Mientras corrían presurosas
a hablar a
los discípulos,
lo ven, besan sus pies,
pues se les aparece vivo.
Cuando lo saben los apóstoles
acuden
velocísimos
a ver en Galilea
el rostro agradable de Cristo.
Sé, Jesús, de las almas júbilo
y pascual
regocijo,
a sus triunfos asócianos,
que en la gracia hemos renacido.
Tribútese, oh Jesús, la gloria
a ti, que, ya
vencido
el reino de la muerte,
nos abre lúcido el camino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio en virtud de la gracia que Dios me ha dado. Aleluya.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio en virtud de la gracia que Dios me ha dado. Aleluya.
Ant. 2. Todo lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo. Aleluya.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Todo lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo. Aleluya.
Ant. 3. Dios me ha concedido la gracia de evangelizar a los gentiles las insondables riquezas de Cristo. Aleluya.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Dios me ha concedido la gracia de evangelizar a los gentiles las insondables riquezas de Cristo. Aleluya.
LECTURA BREVE Col 1, 3b-6a
Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. La palabra del Señor permanece eternamente; y ésta es la palabra: la Buena Noticia anunciada a vosotros. Aleluya.
PRECES
Invoquemos a Dios, fuente de toda luz, que por medio del Evangelio de su Hijo nos ha llamado a la fe verdadera, y oremos por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que sacaste de entre los muertos a Jesús, gran pastor de las ovejas, * haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que diste a san Marcos el carisma de anunciar el Evangelio, haz que sepamos aprovecharnos de sus escritos y por ellos aprendamos a seguir fielmente a Jesucristo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
DÍA 27 DE
ABRIL
SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO, obispo
Patrono del
Episcopado
Latinoamericano
Fiesta
Del Común
de Pastores
Ant.: Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo. Aleluya.
HIMNO
Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo,
el buen Pastor que al mundo vino,
glorioso va delante del rebaño,
guiando
su marchar por buen camino.
Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la
verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu
de Dios, que a todos ama.
Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos
cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único
Pastor siervos amados.
La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de la
verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del
Señor que nos es dada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos. Aleluya.
Salmo 20, 2-8. 14
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y
cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no
le has negado lo que pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecido con el éxito,
y has
puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que
se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has
vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas
de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia
del Altísimo no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de
instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 1: Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos. Aleluya.
Ant. 2: Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. Aleluya.
Salmo 91
I
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu
nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi
júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué
profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y
florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los
siglos.
Ant. 2: Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita. Aleluya.
Ant. 3: Siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor. Aleluya.
II
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los
malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y
me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos
escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera
y se alzará
como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los
atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará
lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no
existe la maldad.
Ant. 3: Siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor. Aleluya.
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los apóstoles 20, 17-36
EXHORTACIÓN DE PABLO A LOS PASTORES DE LA IGLESIA DE ÉFESO
En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron les dijo:
«Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que he predicado y enseñado en' público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se convirtieran y crean en nuestro Señor Jesús.
Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada, os he anunciado enteramente el plan de Dios.
Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo. Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra que es gracia, y tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos.
A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: "Más dichoso es el que da que el que recibe."»
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y Pablo rezó.
Responsorio Hch 20, 28; 1Co 4, 2
R. Tened cuidado
del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, * como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió
con la sangre de su Hijo. Aleluya.
V. En un
administrador lo que se busca es que sea fiel.
R. Como pastores de la Iglesia de Dios, que él
adquirió con la sangre de su Hijo. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
Del Decreto Christus Dominus, sobre el deber pastoral de los obispos en la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo. (nn. 12-13.16)
DISPONIBLES PARA TODA OBRA BUENA
Los obispos, en el ejercicio de su deber de enseñar, anuncien a los hombres el Evangelio de Cristo, deber que sobresale entre los principales de los obispos, llamándolos a la fe con la fortaleza del Espíritu o confirmándolos en la fe viva. Propónganles el misterio integro de Cristo, es decir, aquellas verdades cuyo desconocimiento es ignorancia de Cristo, e igualmente el camino que se ha revelado para la glorificación de Dios y por ello mismo para la consecución de la felicidad eterna.
Muéstrenles, asimismo, que las mismas cosas terrenas y las instituciones humanas, por la determinación de Dios Creador, se ordenan también a la salvación de los hombres y, por consiguiente, pueden contribuir mucho a la edificación del Cuerpo de Cristo.
Enséñenles, por consiguiente, cuánto hay que apreciar la persona humana, con su libertad y la misma vida del cuerpo, según la doctrina de la Iglesia; la familia y su unidad y estabilidad, la procreación y educación de los hijos; la sociedad civil, con sus leyes y profesiones; el trabajo y el descanso, las artes y los inventos técnicos; la pobreza y la abundancia, y expónganles, finalmente, los principios con los que hay que resolver los gravísimos problemas acerca de la posesión de los bienes materiales, de su incremento y recta distribución, acerca de la paz y de las guerras y de la vida hermanada de todos pueblos.
Expliquen la doctrina cristiana con métodos acomodados a las necesidades de los tiempos, es decir, que respondan a las dificultades y problemas que más preocupan y angustian a los hombres; defiendan también esta doctrina enseñando a los fieles a defenderla y propagarla. Demuestren en su enseñanza la materna solicitud de la Iglesia para con todos los hombres, sean fieles o infieles, teniendo un cuidado especial de los pobres y de los débiles, a los que el Señor les envió a evangelizar.
Siendo propio de la Iglesia el establecer diálogo con la sociedad humana dentro de la que vive, los obispos tienen, ante todo, el deber de llegar a los hombres, buscar y promover el diálogo con ellos. Diálogos de salvación, que, como siempre hace la verdad, han de llevarse a cabo con caridad, comprensión y amor; conviene que se distingan siempre por la claridad de su conversación, al mismo tiempo que por la humildad y la delicadeza, llenos siempre de prudencia y de confianza, puesto que han surgido para favorecer la amistad y acercar las almas.
Esfuércense en aprovechar la variedad de medios que hay en estos tiempos para anunciar la doctrina cristiana, sobre todo la predicación y la formación catequética, que ocupa siempre el primer lugar; la exposición de la doctrina en las escuelas, universidades, conferencias y asambleas de todo género, con declaraciones públicas, hechas con ocasión de algunos sucesos; con la prensa y demás medios de comunicación social, que es necesario usar para anunciar el Evangelio de Cristo.
En el ejercicio de su ministerio de padre y pastor, compórtense los obispos en medio de los suyos como los que sirven, pastores buenos que conocen a sus ovejas y son conocidos por ellas, verdaderos padres, que se distinguen por el espíritu de amor y preocupación para con todos, y a cuya autoridad, confiada por Dios, todos se someten gustosa mente. Congreguen y formen a toda la familia de su grey, de modo que todos, conscientes (le sus deberes, vivan y obren en unión de caridad.
Para realizar esto eficazmente los obispos, «dispuestos para toda buena obra» y «soportándose todo por el amor de los elegidos», ordenen su vida de forma que responda a las necesidades de los tiempos.
Traten siempre con caridad especial a los sacerdotes, puesto que reciben parte de sus obligaciones y cuidados y los realizan celosamente con el trabajo diario, considerándolos siempre como hijos y amigos, y, por tanto, estén siempre dispuestos a oírlos, y tratando confidencialmente con ellos, procuren promover la labor pastoral integra de toda la diócesis.
Vivan preocupados de su condición espiritual, intelectual y material, para que ellos puedan vivir santa y piadosamente, cumpliendo su ministerio con fidelidad y éxito. Por lo cual han de fomentar las instituciones y establecer reuniones especiales, de las que los sacerdotes participen algunas veces, bien para practicar algunos ejercicios espirituales más prolongados para la renovación de la vida, o bien para adquirir un conocimiento más profundo de las disciplinas eclesiásticas, sobre todo de la Sagrada Escritura y de la Teología, de las cuestiones sociales de mayor importancia, de los nuevos métodos de acción pastoral.
Ayuden con activa misericordia a los sacerdotes que vean en cualquier peligro o que hubieran faltado en algo.
Para procurar mejor el bien de los fieles, según la condición de cada uno, esfuércense en conocer bien sus necesidades, las condiciones sociales en que viven, usando de medios oportunos, sobre todo de investigación social.
Muéstrense interesados por todos, cualquiera que sea su edad, condición, nacionalidad, ya sean naturales del país, ya advenedizos, ya forasteros. En la aplicación de este cuidado pastoral por sus fieles guarden el papel reservado a ellos en las cosas de la Iglesia, reconociendo también la obligación y el derecho que ellos tienen de colaborar en la edificación del Cuerpo Místico de Cristo.
Extiendan su amor a los hermanos separados, recomendando también a los fieles que se comporten con ellos con gran humildad y caridad, fomentando igualmente el ecumenismo. tal como la Iglesia lo entiende.
Amen también a los no bautizados, para que germine en ellos la caridad de Jesucristo, de quien los obispos deben ser testigos.
Responsorio 1Pe 5,2.3-4; Hch 20,28
R. Sean pastores
del rebaño de Dios, convirtiéndose en modelos del rebaño, * y cuando aparezca el supremo Pastor, recibirán la
corona de gloria que no se marchita.
V. Velen
por el rebaño que el Espíritu Santo les ha encargado guardar, como pastores de
la Iglesia de Dios. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibirán la corona de
gloria que no se marchita.
Oración
Señor, tú que colocaste a santo Toribio en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
HIMNO
Cristo, Cabeza, Rey de los pastores,
el pueblo
entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos
sagrados.
Con abundancia de sagrado crisma,
la unción
profunda de tu Santo Espíritu
lo armó guerrero y lo nombró en la
Iglesia
jefe del pueblo.
Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el
ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de
todos.
Tú que coronas sus merecimientos,
danos la
gracia de imitar su vida
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su
gloria. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Aleluya.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2: Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre. Aleluya.
Ant. 3: La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. Aleluya.
LECTURA BREVE Hb 13, 7-9a
Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre tus
murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya, aleluya.
R. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado
centinelas. Aleluya, aleluya.
V. Ni de día ni
de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
R.
Aleluya, aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. Aleluya,
aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros. Aleluya.
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo: Apacienta a tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor, * haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo, * no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas, * haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos, * haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que colocaste a santo Toribio en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Tercia
Al Señor confesamos, ¡aleluya!
en la hora de
tercia a la mañana
se llenaron los suyos de esperanza,
y lejos de la noche
y de la duda
salieron con la llama y la palabra.
Al Señor adoramos, ¡aleluya!
Han marcado sus
pies nuestros caminos,
marcó su nombre el nombre de los siglos,
y en la
tierra su voz cual voz ninguna
convoca seguidores y testigos.
Al Señor esperamos, ¡aleluya!
y ahora
celebramos al Viviente,
a Jesús victorioso de la muerte;
acéptanos, oh
Cristo, cual liturgia
de gloria que ganaste ya ti vuelve. Amén.
O bien:
Espíritu de Dios, la tierra llenas,
las mentes
de los hombres las bañas en tu luz,
tú que eres Luz de Dios, divino
fuego,
infunde en todo hombre la fuerza de la cruz.
Sé luz resplandeciente en las tinieblas
de
quienes el pecado sumió en la obscuridad,
reúne en la asamblea de los
hijos
los justos que te amaron, los muertos por la paz.
Acaba en plenitud al Cristo vivo,
confirma en
el creyente la gracia y el perdón,
reúnelos a todos en la
Iglesia,
testigos jubilosos de la resurrección. Amén.
Sexta
Verbo de Dios, el sol de mediodía,
amable
mensajero de tu rostro,
fecunda nuestra tierra y la hermosea
como fuente
de luz, de vida y gozo.
Más hermoso tu cuerpo, que es pleroma
del
infinito amor jamás gastado;
y de ese mar sin fondo ni ribera
la Iglesia
es tu pleroma continuado.
Verbo de Dios, que reinas sin fatiga,
que
emerges victorioso del trabajo,
reina dichoso tú que nos esperas
mientras
nosotros vamos caminando. Amén.
O bien:
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres,
Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran
ya la fiesta de la Vida
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y
de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en ti
cosecha para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador. nuestro,
de tu
radiante luz llena este día,
camino de alegría y de esperanza,
cabal
acontecer de nueva vida.
Concédenos, oh Padre omnipotente,
por tu Hijo
Jesucristo, hermano nuestro,
vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo
de esta tierra un cielo nuevo. Amén.
Nona
Reina el Señor allí donde ninguno
ciñe corona
que haya alado el mundo;
reina el Señor allí donde la vida
sin lágrimas es
río de delicias.
Reina el Señor, el compasivo siervo,
que en
sus hombros cargó nuestro madero;
vive el muerto en la cruz, sepultado
y
con hierro sellado y custodiado.
Cruzó el oscuro valle de la muerte
hasta bajar
a tumba de rebeldes;
fingía que era suya nuestra pena,
y en silencio
escuchó nuestra sentencia.
Pero reina el Señor, la tierra goza,
y ya se
escuchan los cánticos de boda.
¡Gloria al Señor Jesús resucitado,
nuestra
esperanza y triunfo deseado! Amén.
O bien:
Salvador del mundo,
Señor de los
ángeles:
por tu cruz gloriosa
la muerte venciste.
Oh Señor, consérvanos
los dones
amables
que, con sufrimientos,
tú nos mereciste.
Y a quienes a precio
de dolor
salvaste,
llévalos al cielo
para que te alaben.
Llévalos a todos,
Señor, suplicámoste,
pues
que nos hiciste
reino de tu Padre. Amén.
SALMODIA
Tercia: Padre, como tú me enviaste al mundo, así también los envío yo al mundo. Aleluya.
Sexta: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado. Aleluya.
Nona: Somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificación de Dios. Aleluya.
Salmo 21
EL SIERVO DE
DIOS SUFRIENTE ORA Y DIOS LE RESPONDE
A media tarde, Jesús
gritó:
«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
(Mt 27, 46)
I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?;
a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de
noche, y no me haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de
Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y
los ponías a salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y
no los defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza
de la gente, desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen
visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo
libre si tanto lo quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías
confiado en los pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde
el vientre materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está
cerca
y nadie me socorre.
II
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan
toros de Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y
rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos
descoyuntados;
mi corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua
se me pega al paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca
una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar
mis huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi
ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza
mía, ven corriendo a ayudarme.
Líbrame a mí, de la espada,
y a mi única vida,
de la garra del mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre,
de los cuernos del búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la
asamblea te alabaré.
III
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob,
glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.
Porque no ha sentido desprecio ni
repugnancia
hacia el pobre desgraciado;
no le ha escondido su
rostro:
cuando pidió auxilio, lo escuchó.
Él es mi alabanza en la gran
asamblea,
cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta
saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por
siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los
confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los
pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a
los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la
tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le
servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia
al pueblo que ha de nacer;
todo lo que hizo el Señor.
Tercia: Padre, como tú me enviaste al mundo, así también los envío yo al mundo. Aleluya.
Sexta: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado. Aleluya.
Nona: Somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificación de Dios. Aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia 1Tm 4, 16
Vigílate a ti mismo y a tu enseñanza; sé constante en ello; obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
V. Escogió el
Señor a su siervo. Aleluya.
R. Para pastorear
a Jacob, su heredad. Aleluya.
Sexta 1Tm 1, 12
Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio.
V. No me
avergüenzo del Evangelio. Aleluya.
R. Que es
una fuerza de Dios para la salvación. Aleluya.
Nona 1Tm 3, 13
Los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jesús.
V. Si el Señor no
construye la casa. Aleluya.
R. En vano se
cansan los albañiles. Aleluya.
Oremos:
Señor, tú que colocaste a santo
Toribio en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de
la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su
intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos
así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven
en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz
del Pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor
de su rebaño.
Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz
del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la
entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su fiel
presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es
providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda
siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos
aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Soy ministro del Evangelio por don de la gracia de Dios. Aleluya.
Salmo 14
¿QUIÉN ES
JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis acercado al
monte de Sión,
ciudad del Dios vivo. (Hb 12, 22)
Señor, ¿quién puede hospedarse
en tu tienda
y habitar en tu monte santo?
El que procede
honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y
no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su
prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y
honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que
juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta
soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1: Soy ministro del Evangelio por don de la gracia de Dios. Aleluya.
Ant. 2: Administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. Aleluya.
Salmo
111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como hijos de
la luz; toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5,
8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será
perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que
vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2: Administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. Aleluya.
Ant. 3: Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Aleluya.
Cántico Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS
VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor,
Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu
nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y
se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron
manifiestos.
Ant. 3: Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. Aleluya.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 1-4
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
RESPONSORIO BREVE
V. Éste es el que
ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. Aleluya, aleluya.
R. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora
mucho por su pueblo. Aleluya, aleluya.
V. El que entregó
su vida por sus hermanos.
R. Aleluya,
aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Éste es el administrador fiel y prudente, a quien su señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas. Aleluya.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo: Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,* haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,* purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, * salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que colocaste a santo Toribio en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
DÍA 28 DE
ABRIL
SAN PEDRO CHANEL,
presbítero y mártir
Del Común de mártires: para un mártir.
SEGUNDA LECTURA
Elogio de san Pedro Chanel, presbítero y mártir
LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES ES SEMILLA DE CRISTIANOS
Pedro, nada más abrazar la vida religiosa en la Compañía de María, pidió ser enviado a las misiones de Oceanía y desembarcó en la isla Futuna, en el océano Pacífico, en la que aún no había sido anunciado el nombre de Cristo. El hermano lego que le asistía contaba su vida misionera con estas palabras:
«Después de sus trabajos misionales, bajo un sol abrasador y pasando hambre, volvía a casa sudoroso y rendido de cansancio, pero con gran alegría y entereza de ánimo, como si viniera de un lugar de recreo, y esto no una vez, sino casi todos los días.
No solía negar nada a los indígenas, ni siquiera a los que le perseguían, excusándolos siempre y acogiéndolos por rudos e incómodos que fueran. Era de una dulzura de trato sin par y con todos.»
No es extraño que los indígenas le llamaran «hombre de gran corazón». Él decía muchas veces al hermano:
«En esta misión tan difícil es preciso que seamos santos.»
Lentamente fue predicando el Evangelio de Cristo, pero con escaso fruto, prosiguiendo con admirable constancia su labor misionera y humanitaria, confiado siempre en la frase de Cristo: Uno siembra y otro siega, y pidiendo siempre la ayuda de la Virgen, de la que fue extraordinario devoto.
Su predicación de la verdad cristiana implicaba la abolición del culto a los espíritus, fomentado por los notables de la isla en beneficio propio. Por ello le asesinaron cruelmente, con la esperanza de acabar con las semillas de la religión cristiana.
La víspera de su martirio había dicho el mártir:
«No importa que yo muera; la religión de Cristo está ya tan arraigada en esta isla que no se extinguirá con mi muerte.»
La sangre del mártir fue fructífera. Pocos años después de su muerte se convirtieron los habitantes de aquella isla y de otras de Oceanía, donde florecen ahora pujantes Iglesias cristianas, que veneran a Pedro Chanel como su protomártir.
Responsorio Lc 10, 2; Hch 1, 8
R. La mies es mucha, pero los operarios son pocos;
* rogad al
Señor que envíe trabajadores a su mies. Aleluya.
V. Recibiréis la
fortaleza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros; y seréis mis
testigos hasta los últimos confines de la tierra.
R. Rogad al Señor
que envíe trabajadores a su mies. Aleluya.
Oración
Dios todopoderoso, que coronaste con la gloria del martirio a san Pedro Chanel, cuando trabajaba por acrecentar tu Iglesia con la evangelización de pueblos lejanos, haz que, en estos días de alegría pascual, nuestras celebraciones en honor de Cristo muerto y resucitado nos conviertan en testigos de la nueva vida que brota de este misterio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 28 DE
ABRIL
SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de santos varones.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado "De la verdadera devoción a la Santísima Virgen", por San Luis M. Griñón de Montfort, presbítero.
(nn. 120-121.125-126: oeuvres completes, Seuil, Paris 1966, 562-563.566-567). (cf. Obras completas, BAC, n. 451).
TODO TUYO
Siendo así que la cumbre de nuestra perfección consiste en estar identificados, unidos y consagrados a Jesucristo, la mejor devoción es, sin duda, la que más perfectamente nos identifica con Cristo, nos une y nos consagra a él. Y pues María es entre todas las criaturas la más plenamente conforme con su Hijo, de ahí que entre todas las devociones, la que más consagra e identifica a una persona con nuestro Señor es la devoción a la Santísima Virgen, su Madre; y cuanto más se consagre la persona a María, más consagrada estará a Jesucristo.
Por tanto, la consagración perfecta a Jesucristo no es sino la suma y plena consagración de sí mismo a la Santísima Virgen. Y ésta es la devoción que enseño.
Esta forma de devoción se puede llamar muy bien una perfecta renovación de los votos y promesas del bautismo. Pues en ella, el fiel cristiano se entrega todo entero a la Santísima Virgen, y así, por María es todo de Cristo.
De donde resulta que una persona, a la vez queda consagrada a la Santísima Virgen y a Jesucristo: a la Virgen María porque es el camino más apto que el mismo Jesús escogió para unirse a nosotros y unirnos a él; y a Jesús, el Señor, nuestro fin último, es al que debemos todo cuanto somos como a nuestro Redentor y nuestro Dios.
Además, hay que tener en cuenta que toda persona cuando recibe el Bautismo, por sus propias palabras o las del padrino o madrina renuncia solemnemente a Satanás, a sus tentaciones y sus obras, y escoge a Jesucristo como su Maestro y supremo Señor, dispuesto a obedecerle como esclavo de amor. Pues bien, esto es lo que se realiza en la presente devoción. El cristiano renuncia al demonio, al mundo, al pecado y a sí mismo, y se entrega todo entero a Jesucristo por manos de María.
En el Bautismo, no se da uno —al menos expresamente— a Jesucristo por manos de María, ni se hace al Señor entrega del mérito de las buenas obras. Y después del Bautismo, queda todavía el cristiano totalmente libre para aplicar estos méritos a los demás o retenerlos en favor propio. En cambio, con esta devoción el fiel cristiano explícitamente se da a nuestro Señor por manos de María y le entrega totalmente el valor de sus buenas obras.
Responsorio Sal 115, 16-18
R. Señor, yo soy tu siervo e hijo de tu esclava. * Te ofreceré un
sacrificio de alabanza, aleluya.
V.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de
todo el pueblo.
R. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, aleluya.
Oración
Dios de sabiduría eterna, que hiciste de san Luis María, presbítero, un destacado testigo y maestro de la plena entrega a Cristo, tu Hijo, por manos de su santa Madre, haz que nosotros, siguiendo este camino espiritual, contribuyamos a la extensión de tu reino en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 29 DE
ABRIL
SANTA CATALINA DE SIENA,
virgen y doctora de la
Iglesia
Memoria
Del Común
de vírgenes.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, sobre la divina providencia
(Cap. 167, Acción de gracias a la Santísima Trinidad: edición latina, Ingolstadt 1583, ff. 290v-291)
GUSTÉ Y VI
¡Oh Deidad eterna, oh eterna Trinidad, que por la unión de la naturaleza divina diste tanto valor a la sangre de tu Hijo unigénito! Tú, Trinidad eterna, eres como un mar profundo en el que cuanto más busco, más encuentro, y cuanto más encuentro, más te busco. Tú sacias al alma de una manera en cierto modo insaciable, pues en tu insondable profundidad sacias al alma de tal forma que siempre queda hambrienta y sedienta de ti, Trinidad eterna, con el deseo ansioso de verte a ti, la luz, en tu misma luz.
Con la luz de la inteligencia gusté y vi en tu luz tu abismo, eterna Trinidad, y la hermosura de tu criatura, pues, revistiéndome yo misma de ti, vi que sería imagen tuya, ya que tú, Padre eterno, me haces partícipe de tu poder y de tu sabiduría, sabiduría que es propia de tu Hijo unigénito. Y el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, me ha dado la voluntad que me hace capaz para el amor.
Tú, Trinidad eterna, eres el Hacedor y yo la hechura, por lo que, iluminada por ti, conocí, en la recreación que de mí hiciste por medio de la sangre de tu Hijo unigénito, que estás amoroso de la belleza de tu hechura.
¡Oh abismo, oh Trinidad eterna, oh Deidad, oh mar profundo!: ¿podías darme algo más preciado que tú mismo? Tú eres el fuego que siempre arde sin consumir; tú eres el que consumes con tu calor los amores egoístas del alma. Tú eres también el fuego que disipa toda frialdad; tú iluminas las mentes con tu luz, en la que me has hecho conocer tu verdad.
En el espejo de esta luz te conozco a ti, bien sumo, bien sobre todo bien; bien dichoso, bien incomprensible; bien inestimable, belleza sobre toda belleza, sabiduría sobre toda sabiduría; pues tú mismo eres la sabiduría, tú, el pan de los ángeles, que por ardiente amor te has entregado a los hombres.
Tú, el vestido que cubre mi desnudez; tú nos alimentas a nosotros, que estábamos hambrientos, con tu dulzura, tú que eres la dulzura sin amargor, ¡oh Trinidad eterna!'
Responsorio Cf. Ct 5, 2
R. Ábreme, hermana mía, que has llegado a ser coheredera de mi
reino; amada mía, que has llegado a conocer los profundos misterios de mi
verdad; * tú has sido enriquecida con la donación de mi Espíritu, tú
has sido purificada de toda mancha con mi sangre. Aleluya.
V. Sal del reposo
de la contemplación y consagra tu vida a dar testimonio de mi verdad.
R. Tú
has sido enriquecida con la donación de mi Espíritu, tú has sido purificada de
toda mancha con mi sangre. Aleluya.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: La virgen santa Catalina no cesaba de suplicar al Señor que se dignara dar nuevamente la paz a la santa Iglesia. Aleluya.
Vísperas: Siempre y en todo lugar, santa Catalina buscaba a Dios, y lo encontraba y poseía, uniéndose al Señor por medio de la caridad y del amor. Aleluya.
Oración
Señor Dios nuestro, que diste a santa Catalina de Siena el don de entregarse con amor a la contemplación de la pasión de Cristo y al servicio de la Iglesia, haz que, por su intercesión, el pueblo cristiano viva siempre unido al misterio de Cristo, para que pueda rebosar de gozo cuando su manifieste su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 30 DE
ABRIL
SAN PÍO V, papa
Del Común
de pastores: para un santo papa.
SEGUNDA LECTURA
De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 124, 5: CCL 36, 684-685)
LA IGLESIA ESTÁ FUNDADA SOBRE LA PIEDRA QUE CONFESÓ PEDRO
Dios, además de otros consuelos, que no cesa de conceder al género humano, cuando llegó la plenitud de los tiempos, es decir, en el momento que él tenía determinado, envió a su Hijo unigénito, por quien creó todas las cosas, para que permaneciendo Dios se hiciera hombre y fuese el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús.
Y ello para que cuantos creyeran en él, limpios por el bautismo de todo pecado, fuesen liberados de la condenación eterna y viviesen de la fe, esperanza y caridad, peregrinando en este mundo y caminando, en medio de penosas tentaciones y peligros, ayudados por los consuelos espirituales y corporales de Dios, hacia su encuentro, siguiendo el camino que es el mismo Cristo.
Y a los que caminan en Cristo, aunque no se encuentran sin pecados, que nacen de la fragilidad de esta vida, les concedió el remedio saludable de la limosna como apoyo de aquella oración en la que él mismo nos enseñó a decir: Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Esto es lo que hace la Iglesia, dichosa por su esperanza, mientras dura esta vida llena de dificultades. El apóstol Pedro, por la primacía de su apostolado, representaba de forma figurada la totalidad de la Iglesia.
Pues Pedro, por lo que se refiere a sus propiedades personales, era un hombre por naturaleza, un cristiano por la gracia, un apóstol, y el primero de ellos, por una gracia mayor; pero, cuando se le dice: Te daré las llaves del reino de los cielos, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo, representaba a toda la Iglesia, que en este mundo es batida por diversas tentaciones, como si fuesen lluvias, ríos, tempestades, pero que no cae, porque está fundamentada sobre la piedra, término de donde le viene el nombre a Pedro.
Y el Señor dice: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, porque Pedro había dicho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. «Sobre esta piedra que tú has confesado edificaré mi Iglesia.» Porque la piedra era Cristo, él es el cimiento sobre el cual el mismo Pedro ha sido edificado, pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
La Iglesia, que está fundamentada en Cristo, ha recibido en la persona de Pedro las llaves del reino de los cielos, es decir, el poder de atar y desatar los pecados. La Iglesia, amando y siguiendo a Cristo, se libra de los males. Pero a Cristo le siguen más de cerca aquellos que luchan por la verdad hasta la muerte.
Responsorio Ez 3, 21; 1 Tm 4, 16
R. Si tú pones en guardia al justo para que no peque, y en
efecto no peca, ciertamente conservará la vida; * y tú habrás salvado
la vida también. Aleluya.
V.
Vigílate a ti mismo y a tu enseñanza; obrando
así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
R. Y tú habrás
salvado la vida también. Aleluya.
Oración
Señor, tú que escogiste providencialmente al papa san Pío quinto, para defender la fe y restaurar la liturgia, concédenos, por su intercesión, participar siempre en tus santos misterios con fe viva y con amor fecundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
En los lugares donde esta memoria quiera celebrarse de una manera más propia, los elementos que aquí no se indican pueden tomarse del día 19 de marzo.
Ant. Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que quiso ser tenido como hijo del carpintero. Aleluya.
HIMNO
A ti, José, patriarca
y artesano,
que habitas pobre y escondida casa,
con voz alegre y corazón
humilde
nuestra voz canta.
De regia estirpe, en
posición modesta,
sufres paciente, resignado callas,
mientras sustentas,
con trabajo duro,
dos vidas santas.
Fiel artesano y
ejemplar modelo,
das a los hombres pruebas bien preclaras
de honra al
trabajo, y de hacer la vida
santificada.
Sé compasivo con tus
fieles siervos,
refrena torpes, sórdidas ganancias;
que crezca Cristo
místico en los ámbitos
de toda patria.
Dios uno y trino, que
eres a la vez
Padre de todos y de todos alma,
haz que imitemos de José
la vida
y muerte santa. Amén.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo (Núms. 33-34)
SOBRE LA ACTIVIDAD HUMANA EN TODO EL MUNDO
Con su trabajo y su ingenio el hombre se ha esforzado siempre por mejorar su vida; pero hoy, gracias a la ayuda de la ciencia y de la técnica, ha desarrollado y sigue desarrollando su dominio sobre casi toda la naturaleza y, gracias sobre todo a las múltiples relaciones de todo tipo establecidas entre las naciones, la familia humana se va reconociendo y constituyendo progresivamente como una única comunidad en todo el mundo. De donde resulta que muchos bienes que el hombre esperaba alcanzar de las fuerzas superiores, hoy se los procura con su propio trabajo. Ante este inmenso esfuerzo, que abarca ya a todo el género humano, el hombre no deja de plantearse numerosas preguntas: ¿Cuál es el sentido y el valor de esa actividad? ¿Cómo deben ser utilizados todos estos bienes? Los esfuerzos individuales y colectivos ¿qué fin intentan conseguir?
La Iglesia, que guarda el depósito de la palabra de Dios, de la que se deducen los principios en el orden moral y religioso, aunque no tenga una respuesta preparada para cada pregunta, intenta unir la luz de la revelación con el saber humano para iluminar el nuevo camino emprendido por la humanidad.
Para los creyentes es cierto que la actividad humana individual o colectiva o el ingente esfuerzo realizado por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios.
Pues el hombre, creado a imagen de Dios, recibió el mandato de que, sometiendo a su dominio la tierra y todo cuanto ella contiene, gobernase el mundo con justicia y santidad, y de que, reconociendo a Dios como creador de todas las cosas, dirija su persona y todas las cosas a Dios, para que, sometidas todas las cosas al hombre, el nombre de Dios sea admirable en todo el mundo.
Esta verdad tiene su vigencia también en los trabajos más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y sus familias, disponen su trabajo de tal forma que resulte beneficioso para la sociedad, con toda razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen con su trabajo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.
Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están por el contrario convencidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio.
Cuanto más aumenta el poder del hombre, tanto más grande es su responsabilidad, tanto individual como colectiva.
De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo, ni los lleva a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que más bien les impone esta colaboración como un deber.
Responsorio Cf. Gn 2, 15
R. El Señor Dios colocó al hombre, a quien había creado,en el
jardín de Edén * para que lo guardara y lo cultivara. Aleluya.
V. Ésta fue la
condición del hombre desde el principio.
R. Para que lo
guardara y lo cultivara. Aleluya.
HIMNO
Llamando a trabajo al mundo
la aurora de la
mañana,
saluda al son del martillo
la casa nazaretana.
Salve, padre de familia,
de cuyas manos
sudadas
el Artífice divino
copió labor artesana.
Reinando en la cumbre del cielo
junto a tu
esposa sin mácula,
oye a tus fieles devotos
sumergidos en desgracias.
Quita violencias y engaños
y hurtos al pobre
en ganancias,
baste a todos el vivir
con una sencilla holganza.
Por ti, José, Dios altísimo
dirija nuestras
pisadas
en paz y santa alegría
por las sendas de la Patria. Amén
SALMODIA
Ant. 1. Los pastores vinieron presurosos y encontraron a María y a José, y al niño acostado en un pesebre. (T. P. Aleluya. )
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. José y María, la madre de Jesús, estaban maravillados de lo que se decía de él, y Simeón los bendijo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Se levantó José y tomó de noche al niño y a su madre, y partió para Egipto, y allí permaneció hasta la muerte de Herodes. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 2S 7,28-29
Mi Señor, tú eres el Dios verdadero, tus palabras son de fiar, y has hecho esta promesa a tu siervo. Dígnate, pues, bendecir a la casa de tu siervo, para que esté siempre en tu presencia; ya que tú, mi Señor, lo has dicho, sea siempre bendita la casa de tu siervo.
RESPONSORIO BREVE
V. Lo nombró administrador de su casa. Aleluya, aleluya. R. Lo nombró. V. Señor de todas sus posesiones. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Lo nombró.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por medio del honrado desempeño del oficio de carpintero, José ha venido a ser el modelo admirable de todos los trabajadores. Aleluya.
PRECES
Acudamos suplicantes al Señor, el único que puede hacernos justos, y digámosle suplicantes: Con tu justicia, Señor, danos vida.
Tú, Señor que llamaste a nuestros padres en la fe para que caminasen en tu presencia con un corazón sincero, * haz que también nosotros, siguiendo sus huellas, seamos santos ante tus ojos.
Tú que elegiste a José, varón justo, para que cuidara de tu Hijo durante su niñez y adolescencia, * haz que también nosotros nos consagremos al servicio del cuerpo de Cristo,
Tú que entregaste la tierra a los hombres para que la llenaran y la sometieran, * ayúdanos a trabajar con empeño en nuestro mundo, pero teniendo siempre nuestros ojos puestos en tu gloria.
No te olvides, Padre del universo, de la obra de tus manos * y haz que todos los hombres, mediante su trabajo honesto, tengan una vida digna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque somos miembros de la familia de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, creador del universo, que has establecido que el hombre coopere con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra, haz que, guiados por el ejemplo de san José y ayudados por sus plegarias, realicemos las tareas que nos asignas y alcancemos la recompensa que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Que te alaben los célicos ejércitos
y que te
canten los cristianos todos,
oh preclaro José, que fuiste dado
a la Virgen
en casto matrimonio.
Al advertir su gravidez te asombras,
y la duda
te angustia en lo más íntimo,
que un ángel del cielo te revela
que el niño
concebido es del Espíritu.
Tú estrechas al Señor en cuanto nace;
después
huyes con él a tierra egipcia;
luego en Jerusalén notas su falta,
y al
encontrarlo lloras de alegría.
Más feliz que los otros elegidos,
que sólo ven
a Dios después de muertos,
tú, por un privilegio misterioso,
desde esta
misma vida puedes verlo.
Por este santo, Trinidad Santísima,
déjanos
escalar el cielo santo,
y nuestra gratitud demostraremos
con el fervor de
un sempiterno canto. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Hallaron a Jesús en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. Hallaron a Jesús en el templo, sentado en medio de los doctores, escuchándolos y haciéndoles preguntas. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Su madre le dijo a Jesús: «Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.»
Salmo 111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como
hijos de la luz;
toda bondad, justicia y verdad
son fruto de la
luz. (Ef 5, 8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será
bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es
constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus
asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el
Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus
enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin
falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta
consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. Su madre le dijo a Jesús: «Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia.»
Ant. 3. Jesús bajó a Nazaret con sus padres, y vivía sumiso a ellos. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 15,3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor,
Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu
nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron
manifiestos.
Ant. 3. Jesús bajó a Nazaret con sus padres, y vivía sumiso a ellos. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Col 3,23-24
Lo que hacéis, hacedlo con toda el alma, como para servir al Señor y no a los hombres: sabiendo bien que recibiréis del Señor en recompensa la herencia. Servid a Cristo Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. El justo florecerá como un lirio. Aleluya, aleluya. R. El justo. V. Y se alegrará eternamente ante el Señor. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. El justo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Cristo, el Señor, quiso ser tenido como hijo del carpintero. Aleluya.
PRECES
Acudamos suplicantes a Dios Padre todopoderoso, de quien procede toda la familia del cielo y de la tierra, y digámosle suplicantes: Padre nuestro que estás en los cielos, escúchanos.
Padre santo, tú que en la aurora del nuevo Testamento revelaste a José el misterio mantenido en silencio desde el origen de los siglos, * ayúdanos conocer cada vez mejor a tu Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Padre celestial, tú que alimentas las aves del cielo y vistes la hierba del campo, * concede a todos lo hombres el pan de cada día para su cuerpo y el alimento de la eucaristía para su espíritu.
Creador del universo, tú que entregaste al hombre la obra de tus manos, * haz que los trabajadores puedan disfrutar de manera digna del fruto de su trabajo.
Señor, tú que eres la fuente de toda la justicia y deseas que todos seamos justos, * por intercesión de san José, ayúdanos a agradarte en todo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Haz, Señor, que los moribundos y los que ya han muerto, * obtengan tu misericordia eterna, por medio de tu Hijo, de María y de san José.
Porque somos miembros de la familia de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, creador del universo, que has establecido que el hombre coopere con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra, haz que, guiados por el ejemplo de san José y ayudados por sus plegarias, realicemos las tareas que nos asignas y alcancemos la recompensa que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE
MAYO
SAN ATANASIO,
obispo y doctor de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo, del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Atanasio, obispo
(Sermón sobre la encarnación del Verbo, 8-9: PG 25,110-111)
DE LA ENCARNACIÓN DEL VERBO
El Verbo de Dios, incorpóreo, incorruptible e inmaterial vino a nuestro mundo, aunque tampoco antes se hallaba lejos, pues nunca parte alguna del universo se hallaba vacía de él, sino que lo llenaba todo en todas partes, ya que está junto a su Padre.
Pero él vino por su benignidad hacia nosotros, y en cuanto se nos hizo visible. Tuvo piedad de nuestra raza y de nuestra debilidad y, compadecido de nuestra corrupción, no soportó que la muerte nos dominase, para que no pereciese lo que había sido creado, con lo que hubiera resultado inútil la obra de su Padre al crear al hombre, y por esto tomó para sí un cuerpo como el nuestro, ya que no se contentó con habitar en un cuerpo ni tampoco en hacerse simplemente visible. En efecto, si tan solo hubiese pretendido hacerse visible, hubiera podido ciertamente asumir un cuerpo más excelente; pero él tomó nuestro mismo cuerpo.
En el seno de la Virgen, se construyó un templo, es decir, su cuerpo, y lo hizo su propio instrumento, en el que había de darse a conocer y habitar; de este modo, habiendo tomado un cuerpo semejante al de cualquiera de nosotros, ya que todos estaban sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó a la muerte por todos, ofreciéndolo al Padre con un amor sin límites; con ello, al morir en su persona todos los hombres, quedó sin vigor la ley de la corrupción que afectaba a todos, ya que agotó toda la eficacia de la muerte en el cuerpo del Señor; y así ya no le quedó fuerza alguna para ensañarse con los demás hombres, semejantes a él; con ello, también hizo de nuevo incorruptibles a los hombres, que habían caído en la corrupción, y los llamó de muerte a vida, consumiendo totalmente en ellos la muerte, con el cuerpo que había asumido y con el poder de su resurrección, del mismo modo que la paja es consumida por el fuego.
Por esta razón, asumió un cuerpo mortal: para que este cuerpo, unido al Verbo que está por encima de todo, satisficiera por todos la deuda contraída con la muerte; para que, por el hecho de habitar el Verbo en él, no sucumbiera a la corrupción; y, finalmente, para que, en adelante, por el poder de la resurrección, se vieran ya todos libres de la corrupción.
De ahí que el cuerpo que él había tomado, al entregarlo a la muerte como una hostia y víctima limpia de toda mancha, alejó al momento la muerte de todos los hombres, a los que él se había asemejado, ya que se ofreció en lugar de ellos.
De este modo, el Verbo de Dios, superior a todo lo que existe, ofreciendo en sacrificio su cuerpo, templo e instrumento de su divinidad, pagó con su muerte la deuda que habíamos contraído, y, así, el Hijo de Dios, inmune a la corrupción, por la promesa de la resurrección, hizo partícipes de esta misma inmunidad a todos los hombres, con los que se había hecho una misma cosa por su cuerpo semejante al de ellos.
Es verdad, pues, que la corrupción de la muerte no tiene ya poder alguno sobre los hombres, gracias al Verbo, que habita entre ellos por su encarnación.
Responsorio Jr 15, 19. 20; 2 Pe 2, 1
R. Serás como mi boca, te pondré frente a este pueblo como
muralla de bronce inexpugnable; *
lucharán contra ti, mas no podrán vencerte,
pues yo estoy contigo. Aleluya.
V.
Habrá falsos maestros que introducirán sectas
perniciosas, y llegarán hasta a negar al Señor que los rescató.
R. Lucharán contra
ti, mas no podrán vencerte, pues yo estoy contigo. Aleluya.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que suscitaste a san Atanasio como preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, haz que nosotros, iluminados por sus enseñanzas y ayudados por sus ejemplos, crezcamos en tu conocimiento y en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 3 DE
MAYO
SANTOS FELIPE Y SANTIAGO,
apóstoles
Fiesta
Del Común de apóstoles .
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de Tertuliano, presbítero, sobre la prescripción de los herejes
(Caps. 20,1-9; 21, 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204)
LA PREDICACIÓN APOSTÓLICA
Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.
Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los apóstoles —palabra que significa «enviados»—, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doce (apoyados para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.
De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.
Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua fraternidad y hospitalidad. Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.
El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.
El Señor había dicho en cierta ocasión: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; pero añadió a continuación: Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de la verdad les daría el conocimiento de la verdad plena. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.
Responsorio Jn 12, 21-22; Rm 9, 26
R. Se acercaron a Felipe algunos gentiles y le hicieron este
ruego: «Señor, queremos ver a Jesús.» *
Felipe fue a decírselo a Andrés; y en seguida
Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Aleluya.
V. Ahí donde se
dijo: «No sois mi pueblo», serán llamados «hijos del Dios vivo».
R. Felipe fue a
decírselo a Andrés; y en seguida Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Aleluya.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Con el gozo pascual
el sol de nuevo
brilla
cuando ven los apóstoles
que Jesús resucita.
En la carne de Cristo
ven claras las
heridas
y paladinamente
que está vivo predican.
Cristo, rey clementísimo,
nuestras almas
habita
para que te celebremos
por siempre en nuestra vida.
Sé, Jesús, de las almas
la pascual
alegría,
que, en gracia renacidos,
tu triunfo nos anima.
A ti, Jesús, la gloria,
que, la muerte
vencida,
abres por los apósotles
nuevas sendas de vida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Señor, muéstranos al Padre, y eso nos bastará. Aleluya.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y ¿no me acabas de conocer? Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.
Ant. 3. No se aflija vuestro corazón: tened fe viva en Dios y tenedla también en mí; en la casa de mi Padre hay muchas moradas. Aleluya.
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Felipe se encontró con Natanael, y le dijo: «Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas: a Jesús de Nazaret, el hijo de José.» Aleluya.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que nos alegras todos los años con esta fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, concédenos, por su intercesión, que, viviendo ahora íntimamente unidos a la muerte y resurrección de tu Hijo, podamos, en la eternidad, contemplar la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Tristes estaban los apóstoles
tras sepultar a
Cristo
que a muerte despiadada,
lo sentenciaron los impíos.
Con dulces palabras, un ángel
a las mujeres
dijo
que en Galilea el Señor
habría muy pronto de ser visto.
Mientras corrían presurosas
a hablar a
los discípulos,
lo ven, besan sus pies,
pues se les aparece vivo.
Cuando lo saben los apóstoles
acuden
velocísimos
a ver en Galilea
el rostro agradable de Cristo.
Sé, Jesús, de las almas júbilo
y pascual
regocijo,
a sus triunfos asócianos,
que en la gracia hemos renacido.
Tribútese, oh Jesús, la gloria
a ti, que, ya
vencido
el reino de la muerte,
nos abre lúcido el camino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.
Ant. 2. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.
Ant. 3. Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Aleluya.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Aleluya.
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Aleluya.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que nos alegras todos los años con esta fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, concédenos, por su intercesión, que, viviendo ahora íntimamente unidos a la muerte y resurrección de tu Hijo, podamos, en la eternidad, contemplar la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 8 DE
MAYO
NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN,
Patrona de la República
Argentina
Solemnidad
HIMNO
Excelsa Reina de vírgenes,
de Dios Madre
virginal,
puerta y dulzura del cielo,
esperanza del mortal.
Cándida flor entre espinas,
paloma de luz
solar,
nacida de nuestra estirpe
donas medicina al mal.
Alcázar inexpugnable,
fúlgida estrella del
mar,
desbarata los ardides,
guíenos tu claridad.
Sola inmaculada brillas
sin mancha
original,
y triunfas de la serpiente
y su veneno letal.
Disipa sombras de errores,
aleja escollo
fatal,
y el que fluctúa extraviado
halle en ti seguridad.
Se tribute excelsa gloria
a la augusta
Trinidad
que te embelleció de gracias
y santidad singular. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Como aurora naciente, Virgen Madre de Dios, anunciaste la alegría a nuestro pueblo. Aleluya.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Como aurora naciente, Virgen Madre de Dios, anunciaste la alegría a nuestro pueblo. Aleluya.
Ant. 2. He elegido y santificado este lugar, para que en él permanezca mi nombre para siempre y estén fijos en él mis ojos y mi corazón. Aleluya.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. He elegido y santificado este lugar, para que en él permanezca mi nombre para siempre y estén fijos en él mis ojos y mi corazón. Aleluya.
Ant. 3. Reconozcan, Señor, que aquí está tu mano, que eres tú quien lo ha hecho. Aleluya.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Reconozcan, Señor, que aquí está tu mano, que eres tú quien lo ha hecho. Aleluya.
LECTURA BREVE Ga 4,4-5
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
RESPONSORIO BREVE
V. Se levantaron sus hijos, y la proclamaron bienaventurada. Aleluya, aleluya. R. Se levantaron sus hijos. V. Ella abrió sus labios con sabiduría y su lengua pronunció palabras de amor. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Se levantaron sus hijos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dijo la madre de Jesús a los servidores: «Haced lo que él os diga.» Aleluya.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación, salud a los enfermos, socorro a los desamparados, unidad a los hogares * y casa a los sin techo.
Tú que hiciste de María la madre de misericordia, * haz que cuantos viven en peligros o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que en tu madre, nuestra Señora de Luján, abriste en nuestra patria una fuente de bendición, mira benigno a nuestras autoridades y pueblo, * y haz que la Iglesia crezca y se dilate en la verdadera fe y caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que nuestros queridos muertos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento de verdad y de pan: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira con bondad la fidelidad de tu pueblo y concédenos que, por los méritos e intercesión de la santísima Virgen María, obtengamos los dones de tu gracia en la vida presente y la salvación eterna en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Cristo el Señor,
como la primavera,
como
una nueva aurora,
resucitó.
Cristo, nuestra Pascua,
es nuestro
rescate,
nuestra salvación.
Es grano en la tierra,
muerto y
florecido,
tierno pan de amor.
Se rompió el sepulcro,
se movió la roca,
y
el fruto brotó.
Dueño de la muerte,
en el árbol grita
su
resurrección.
Humilde en la tierra,
Señor de los
cielos,
su cielo nos dió.
Ábranse de gozo
las puertas del Hombre
que
al hombre salvó.
Gloria para siempre
al Cordero humilde
que
nos redimió. Amén.
SALMODIA
Ant.1: Sálvame, Señor, por tu misericordia. Aleluya.
Salmo 6
ORACIÓN DEL
AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS
Ahora mi alma está
agitada...
Padre, líbrame de esta hora. (Jn 12, 27)
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues
con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos
dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por
tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el
abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre
el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por
tantas contradicciones.
Apartaos de mí los malvados,
porque el Señor
ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha
aceptado mi oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que
avergonzados huyan al momento.
Ant.1: Sálvame, Señor, por tu misericordia. Aleluya.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro. Aleluya.
Salmo 9 A
ACCIÓN DE
GRACIAS POR LA VICTORIA
De nuevo vendrá con
gloria
para juzgar a vivos y muertos.
Te doy gracias, Señor, de todo
corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo
y
toco en honor de tu nombre, ¡oh Altísimo!
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y
perecieron ante tu rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho
sentado en tu
trono como juez justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al
impío
y borraste para siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina
perpetua,
arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que
ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las
naciones con rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en
los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu
nombre,
porque no abandonas a los que te buscan.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro. Aleluya.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión. Aleluya.
II
Tañed en honor del Señor, que reside en
Sión;
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él
recuerda,
y no olvida los gritos de los humildes.
Piedad, Señor; mira cómo me afligen mis
enemigos;
levántame del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus
alabanzas
y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido en la fosa que
hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor
apareció para hacer justicia,
y se enredó el malvado en sus propias
acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos
que olvidan a Dios.
El no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del
humilde perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no
triunfe:
sean juzgados los gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles
terror,
y aprendan los pueblos que no son más que hombres.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión. Aleluya.
V. Mi corazón y
mi carne. Aleluya.
R. Se alegran por el Dios
vivo. Aleluya.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 19, 11-21
TRIUNFO DE LA PALABRA DE DIOS
Yo, Juan, vi el cielo abierto
y un caballo blanco. El que lo montaba se llamaba Fiel y Veraz; él juzga y
combate con justicia. Sus ojos eran como llama de fuego, llevaba en su cabeza
muchas diademas y tenía escrito un nombre que nadie conoce fuera de él. Vestía
un manto teñido de sangre, y se le llamaba «Palabra de Dios». Lo seguían los
ejércitos del cielo sobre caballos blancos, vestidos de lino puro
resplandeciente. De su boca salía una espada aguda para herir con ella a las
naciones. Él las regirá con vara de hierro y pisará el lagar del vino de la
terrible cólera del Dios omnipotente. Llevaba sobre el manto y sobre el muslo
escrito un nombre: «Rey de reyes y Señor de señores».
Vi
luego un ángel de pie sobre el sol, que gritó con voz poderosa, dirigiéndose a
todas las aves que vuelan por lo más alto de los cielos:
«Venid, congregaos para el gran festín que Dios prepara. Comeréis carne de
reyes, carne de generales, carne de esforzados guerreros, carne de caballos y de
sus jinetes y carne de toda clase de gente, libres y esclavos, pequeños y
grandes.»
Y vi entonces a la Bestia y a los reyes de la
tierra y a sus ejércitos, congregados para presentar batalla contra el que
montaba el caballo y contra su ejército. Fue apresada la Bestia y, con ella, el
falso profeta que había obrado prodigios en su presencia y había llevado al
error a cuantos habían recibido la marca de la Bestia y a cuantos habían adorado
su estatua. Los dos fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde en azufre.
Los demás fueron muero /tos por la espada del que montaba el caballo. espada que
salía de su boca, y todas las aves se hartaron de sus carnes.
Responsorio Ap 19, 13. 15. 16
R. Vestía un
manto teñido de sangre, y se le llamaba «Palabra de Dios»; * él pisará el lagar del vino de la terrible cólera
del Dios omnipotente. Aleluya.
V. Llevaba
sobre el manto y sobre el muslo escrito un nombre: «Rey de reyes y Señor de
señores.»
R. Él pisará el lagar del vino de
la terrible cólera del Dios omnipotente. Aleluya.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nisa, obispo
(Disertación 1 Sobre la resurrección de Cristo: PG 46. 603.606.626.627)
EL PRIMOGÉNITO DE LA NUEVA CREACIÓN
Ha llegado el reino de la vida
y ha sido destruido el imperio de la muerte. Ha hecho su aparición un nuevo
nacimiento, una vida nueva, un nuevo modo de vida, una transformación de nuestra
misma naturaleza. ¿Cuál es este nuevo nacimiento? El de los que nacen no de
la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo
Dios.
Sin duda te preguntarás: -¿Cómo puede ser esto?-
Pon atención, que te lo vaya explicar en pocas palabras. Este nuevo germen de
vida es concebido por la fe, es dado a luz por la regeneración bautismal, tiene
por nodriza a la Iglesia, que lo amamanta con su doctrina y enseñanzas, y su
alimento es el pan celestial; la madurez de su edad es una conducta perfecta, su
matrimonio es la unión con la Sabiduría, sus hijos son la esperanza, su casa es
el reino y su herencia y sus riquezas son las delicias del paraíso; su fin no es
la muerte, sino aquella vida feliz y eterna, preparada para los que se hacen
dignos de ella.
Éste es el día en que actuó el
Señor, día en gran manera distinto de los días establecidos desde la
creación del mundo, que son medidos por el paso del tiempo. Este otro día es el
principio de una segunda creación. En este día, efectivamente, Dios hace un
cielo nuevo y una tierra nueva, según palabras del profeta. ¿Qué cielo? El
firmamento de la fe en Cristo. ¿Qué tierra? El corazón bueno de que habla el
Señor, la tierra que absorbe la lluvia, que cae sobre ella, y produce fruto
multiplicado.
El sol de esta nueva creación es una vida
pura; las estrellas son las virtudes; el aire es una conducta digna; el mar es
el abismo de riqueza de la sabiduría y ciencia; las hierbas y el follaje
son la recta doctrina y las enseñanzas divinas, que son el alimento con que se
apacienta la grey divina, es decir, el pueblo de Dios; los árboles frutales son
la observancia de los mandamientos.
Éste es el día en que
es creado el hombre verdadero a imagen y semejanza de Dios. ¿No es todo un mundo
el que es inaugurado para ti por este día en que actuó el Señor? A este
mundo se refiere el profeta, cuando habla de un día y una noche que no tienen
semejante.
Pero aún no hemos explicado lo más destacado de
este día de gracia. Él ha destruido los dolores de la muerte, él ha engendrado
al primogénito de entre los muertos.
Cristo dice: Subo
a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. ¡Oh mensaje lleno
de felicidad y de hermosura! El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo
único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre
verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma
raza.
Responsorio 1Co 15, 21-22; 2Pe 3, 13
R. Por un hombre
hubo muerte y por otro hombre hay resurrección de los muertos; * y lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos
serán llamados de nuevo a la vida. Aleluya.
V. Nosotros, conforme a la promesa del Señor,
esperamos cielos nuevos y tierra nueva.
R. y
lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la
vida. Aleluya.
HIMNO Te Deum
La oración conclusiva como en las Laudes.
CONCLUSIÓN
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
HIMNO
Salve divina María,
de la luz intacta
Madre.
Salve, pues tienes por Hijo
al mismo Verbo del
Padre.
Todas las generaciones
te bendicen a
porfía,
y de un siglo a otro
repiten: «¡Ave María!»
Como Hija, Madre y Esposa
Dios te ha tenido
consigo.
Cuán feliz eres, María,
porque el Señor es
contigo.
Por milagro sin ejemplo
siendo Madre, Virgen
eres.
Salve, mil veces bendita
entre todas las
mujeres.
También para siempre sea
con gloria eterna
ensalzado
Jesús, el fruto bendito
de tu vientre inmaculado. Amén.
Ant. 1. ¿Quién es esa que surge como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, imponente como escuadrón a banderas desplegadas? Aleluya.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el honor de nuestro pueblo. Aleluya.
Ant. 3. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Aleluya.
LECTURA BREVE Cf. Sir 50,5-10
¡Qué majestuosa cuando salía detrás del velo! Como estrella matutina en medio de las nubes, como la luna en los días de plenilunio, como el sol cuando brilla sobre el templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria, como flor de rosal en primavera, como lirio junto a un manantial, como vaso de oro macizo adornado con piedras preciosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Aleluya, aleluya. R. Alégrate, María. V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Alégrate, María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. He elegido y santificado este lugar, para que en él permanezca mi nombre para siempre y estén fijos en él mis ojos y mi corazón. Aleluya.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas a Cristo, el Salvador del mundo, que quiso darnos todos los bienes por mediación de María, y digámosle: Escucha, Señor, nuestras plegarias.
Bendito seas, Señor, que en tu inmensa bondad quisiste que tu Madre pusiera su trono en nuestras pampas, a orillas del río Luján, * mira a tu pueblo que clama a ti y concédele los dones de la prosperidad y la paz.
Bendito seas, Señor, que quisiste mostrar tus favores primero a los humildes y sencillos, * alivia a los necesitados, da pan a los hambrientos, consuelo a los afligidos, salud a los enfermos.
Bendito seas, Señor, que quisiste darnos un ejemplo de fidelidad y piedad en la persona del negro Manuel, * haz que imitemos su sencillez y sepamos ser serviciales con nuestros hermanos.
Bendito seas, Señor, que por María abriste en Luján una fuente de gracia y bendición, * mira a tu Iglesia, a nuestro santo padre, el papa N., a nuestros obispos, sacerdotes, gobernantes y pueblo, y conserva a todos en la unidad de la fe y de la caridad.
Bendito seas, Señor, que constituiste a tu Madre señora y protectora de nuestra Patria, * que su patrocinio nos alcance en la tierra los bienes que necesitamos y que un día gocemos de las alegrías eternas del cielo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Unidos fraternalmente bajo la protección maternal de María, digamos a Dios con profunda confianza filial: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira con bondad la fidelidad de tu pueblo y concédenos que, por los méritos e intercesión de la Santísima Virgen María, obtengamos los dones de tu gracia en la vida presente y la salvación eterna en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Excelsa Reina de vírgenes,
de Dios Madre
virginal,
puerta y dulzura del cielo,
esperanza del mortal.
Cándida flor entre espinas,
paloma de luz
solar,
nacida de nuestra estirpe
donas medicina al mal.
Alcázar inexpugnable,
fúlgida estrella del
mar,
desbarata los ardides,
guíenos tu claridad.
Sola inmaculada brillas
sin mancha
original,
y triunfas de la serpiente
y su veneno letal.
Disipa sombras de errores,
aleja escollo
fatal,
y el que fluctúa extraviado
halle en ti seguridad.
Se tribute excelsa gloria
a la augusta
Trinidad
que te embelleció de gracias
y santidad singular. Amén.
Ant. 1. Toda hermosa eres, María, y en ti no se encuentra la mancha original. Aleluya.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. Toda hermosa eres, María, y en ti no se encuentra la mancha original. Aleluya.
Ant. 2. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.
Ant. 3. El gorrión ha encontrado una casa, y la tórtola ha hallado un nido para colocar a sus polluelos. Aleluya.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El gorrión ha encontrado una casa, y la tórtola ha hallado un nido para colocar a sus polluelos. Aleluya.
LECTURA BREVE Ap 21,2-3
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres, y acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos.»
RESPONSORIO BREVE
V. Se levantaron sus hijos, y la proclamaron bienaventurada. Aleluya, aleluya. R. Se levantaron sus hijos. V. Porque el Señor obró en ella maravillas. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Se levantaron sus hijos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Las aguas torrenciales no han podido apagar el amor, ni los ríos extinguirlo. Aleluya.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, socorro a los desamparados, unidad a los hogares * y casa a los sin techo.
Tú que hiciste de María la madre, de misericordia, * haz que cuantos viven en peligros o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que en tu madre, nuestra Señora de Luján, abriste en nuestra patria una fuente de bendición, mira benigno a nuestras autoridades y pueblo, * y haz que la Iglesia crezca y se dilate en la verdadera fe y caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que nuestros queridos muertos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento de verdad y de pan: Padre nuestro.
Oración
Señor, mira con bondad la fidelidad de tu pueblo y concédenos que, por los méritos e intercesión de la santísima Virgen María, obtengamos los dones de tu gracia en la vida presente y la salvación eterna en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 12 DE
MAYO
SANTOS NEREO Y AQUILEO,
mártires
Del Común
de mártires: para varios mártires.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(SALMO 61, 4: CCL 39, 773-775)
LA PASIÓN DE CRISTO NO SE LIMITA ÚNICAMENTE A CRISTO
Jesucristo, salvador del cuerpo, y los miembros de este cuerpo forman como un solo hombre, del cual él es la cabeza, nosotros los miembros; uno y otros estamos unidos en una sola carne, una sola voz, unos mismos sufrimientos; y, cuando haya pasado el tiempo de la iniquidad, estaremos también unidos en un solo descanso. Así, pues, la pasión de Cristo no se limita únicamente a Cristo; aunque también la pasión de Cristo se halla únicamente en Cristo.
Porque, si piensas en Cristo como cabeza y cuerpo, entonces sus sufrimientos no se dieron en nadie más que en Cristo; pero, si por Cristo entiendes sólo la cabeza, entonces sus sufrimientos no pertenecen a Cristo solamente. Porque, si sólo le perteneciesen a él, más aún, sólo a la cabeza, ¿con qué razón dice uno de sus miembros, el apóstol Pablo: Así completo en mi carne los dolores de Cristo?
Conque si te cuentas entre los miembros de Cristo, quienquiera que seas el que esto oigas, y también aunque no lo oigas ahora (de algún modo lo oyes, si eres miembro de Cristo); cualquier cosa que tengas que sufrir por parte de quienes no son miembros de Cristo, era algo que faltaba a los sufrimientos de Cristo.
Y por eso se dice que faltaba; porque estás completando una medida, no desbordándola; lo que sufres es sólo lo que te correspondía como contribución de sufrimiento a la totalidad de la pasión de Cristo, que padeció como cabeza nuestra y sufre en sus miembros, es decir, en nosotros mismos.
Cada uno de nosotros aportamos a esta especie de común república nuestra lo que debemos de acuerdo con nuestra capacidad, y en proporción a las fuerzas que poseemos, contribuimos con una especie de canon de sufrimientos. No habrá liquidación definitiva de todos los padecimientos hasta que haya llegado el fin del tiempo.
No se os ocurra, por tanto, hermanos, pensar que todos aquellos justos que padecieron persecución de parte de los inicuos, incluso aquellos que vinieron enviados antes de la aparición del Señor, para anunciar su llegada, no pertenecieron a los miembros de Cristo. Es imposible que no pertenezca a los miembros de Cristo, quien pertenece a la ciudad que tiene a Cristo por rey.
Efectivamente, toda aquella ciudad está hablando, desde la sangre del justo Abel, hasta la sangre de Zacarías. Y a partir de entonces, desde la sangre de Juan, a través de la de los apóstoles, de la de los mártires, de la de los fieles de Cristo, una sola ciudad es la que habla.
Responsorio Ap 21, 4; 7, 16
R. Les enjugará Dios todas las lágrimas de sus ojos y no habrá
ya muerte ni desdichas, ni lamento ni aflicciones, * pues el primer mundo
habrá desaparecido. Aleluya.
V.
Ya no tendrán hambre ni sed; ya no los
molestará el sol ni calor alguno.
R.
Pues el primer mundo habrá desaparecido.
Aleluya.
Oración
Señor, ya que nos has dado a conocer el valiente testimonio que dieron de tu Hijo los santos Nereo y Aquileo, haz que sintamos también en nuestra vida la fraternal intercesión de estos santos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 12 DE
MAYO
SAN PANCRACIO,
mártir
Del Común
de mártires: para un mártir.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 17 sobre el salmo 90: Tú que habitas, 4, 6: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966), 489-491)
CON ÉL ESTARÉ EN LA TRIBULACIÓN
Con él estaré en la tribulación, dice Dios, ¿y yo buscaré otra cosa que la tribulación? Para mí lo bueno es estar junto a Dios, y no sólo esto, sino también hacer del Señor mi refugio, porque él mismo dice: Lo defenderé, lo glorificaré.
Con él estaré en la tribulación. Gozaba —dice— con los hijos de los hombres. Se llama Emmanuel, que significa «Dios—con—nosotros». Desciende del cielo para estar cerca de quienes sienten su corazón agitado por la tribulación, para estar con nosotros en nuestra tribulación. Llegará también el tiempo en el que seremos arrebatados en la nube, al encuentro del Señor, en el aire, y así estaremos siempre con el Señor, a condición de que procuremos tener ahora con nosotros y que sea nuestro compañero de viaje aquel que nos ha de dar entrada en nuestra patria definitiva, o, por decirlo mejor, aquel que entonces será nuestra patria, si ahora es nuestro camino.
Para mí, Señor, es mejor sufrir las tribulaciones contigo que reinar sin ti, que vivir regaladamente sin ti, y que gloriarme sin ti. Es mejor para mí, Señor, unirme más íntimamente a ti en la tribulación, tenerte conmigo en la hoguera que estar sin ti, incluso en el cielo: ¿Qué me importa el cielo sin ti? y contigo ¿qué me importa la tierra? La plata en el horno, el horno en el crisol, el corazón lo prueba el Señor. Allí, allí estás tú, Señor, con ellos, estás en medio de los congregados en tu nombre, como en otro tiempo estabas con los tres jóvenes en el horno.
¿Por qué tememos, por qué dudamos, por qué rehuimos este fuego abrasador? El fuego quema, pero el Señor está con nosotros en la tribulación. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Igualmente, si él nos libera, ¿quién podrá arrebatarnos de sus manos? ¿Quién podrá arrancarnos de ellas? Finalmente, si él nos glorifica, ¿quién podrá privarnos de la gloria? Si él nos glorifica, ¿quién nos humillará?
Lo saciaré de largos días. Como si dijera abiertamente: «Sé qué es lo que desea, de qué tiene sed, qué es lo que le gusta. No le gusta ni el oro ni la plata, ni el placer, ni la curiosidad, ni tampoco honor alguno de este mundo. Todo esto lo estima pérdida, todo esto lo desprecia y lo estima como basura. Se tiene a sí mismo en nada y no tolera ocuparse de esas cosas que sabe que no pueden llenarle. No ignora a imagen de quién está hecho, de qué grandeza es capaz, ni soporta crecer en lo pequeño para menguar en lo grande.
Así, pues, lo saciaré de largos días, ya que no puede satisfacerlo sino la luz verdadera, ni llenarlo sino la eterna, pues ni aquellos largos días tienen fin, ni aquella claridad ocaso, ni aquella saciedad cansancio.
Responsorio
R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor,
sin temer las amenazas de los enemigos; *
estaba cimentado sobre roca firme. Aleluya.
V. Él
tuvo en menos la vida del mundo y llegó hasta el reino celestial.
R. Estaba cimentado
sobre roca firme. Aleluya.
Oración
Que tu Iglesia, Señor, se alegre al recordar hoy al mártir san Pancracio y que, por su intercesión, vea alejado todo peligro y pueda consagrarse a tu servicio con la verdadera paz del espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE
MAYO
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Del Común de
la Santísima Virgen María
Todo del Común de Santa María Virgen , excepto lo siguiente:
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Efrén, diácono
(Sermón 3 de diversis: Opera omnia, III syr. et lat., Roma 1743, 607)
MARÍA SOLA ABRAZA AL QUE TODO EL UNIVERSO NO ABARCA
María fue hecha cielo en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes para que fuese instrumento de nuestra salvación.
En ella encontraron su culmen los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba en tinieblas.
María puede ser denominada de forma adecuada con diversos títulos. Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin cuerpo, salió revestido de un cuerpo.
Ella es el nuevo cielo místico, en el que el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando ostensiblemente una forma y semejanza terrena.
Ella es la vid que da como fruto un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol.
Ella es la fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios, jamás sentirá sed.
Amadísimos, se equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado con otro día de la creación. En el inicio fue creada la tierra; por medio de ella es renovada. En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad.
En el inicio, la muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres, pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida. En el inicio, la serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida.
El que se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer; Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por escabel de sus pies, la pisa con pies de niño.
Responsorio
R. Saltó el corazón de la Virgen: ante el anuncio del ángel
concibió el misterio divino; entonces acogió en su virginal seno al más bello
entre los hijos de los hombres * y la bendita por siempre nos dio a Dios hecho hombre.
V. La
morada de su seno puro se convirtió inmediatamente en templo de Dios: por el
poder de la palabra, la Virgen intacta concibió al Hijo.
R. Y la bendita por
siempre nos dio a Dios hecho hombre.
Oración
Señor Dios, que nos diste a la Madre de tu Hijo como Madre nuestra, concédenos que perseveremos en la oración por la salvación del mundo y procuremos promover pacientemente el Reino de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
DÍA 14 DE
MAYO
SAN MATÍAS, apóstol
Fiesta
Del Común de apóstoles .
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el libro de los Hechos de los apóstoles
(Homilía 3,1. 2. 3: PG 60, 33-36. 38)
MUÉSTRANOS, SEÑOR, A CUÁL HAS ELEGIDO
Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo. Pedro, a quien se había encomendado el rebaño de Cristo, es el primero en hablar, llevado de su fervor y de su primacía dentro del grupo: Hermanos, tenemos que elegir de entre nosotros. Acepta el parecer de los reunidos, y al mismo tiempo honra a los que son elegidos, e impide la envidia que se podía insinuar.
¿No tenía Pedro facultad para elegir a quienes quisiera? La tenía, sin duda, pero se abstiene de usarla, para no dar la impresión de que obra por favoritismo. Por otra parte, Pedro aún no había recibido el Espíritu Santo. Propusieron —dice el texto sagrado— dos nombres: José apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. No es Pedro quien propone los candidatos, sino todos los asistentes. Lo que sí hace Pedro es recordar la profecía, dando a entender que la elección no es cosa suya. Su oficio es el de intérprete, no el de quien impone un precepto.
Hace falta, por tanto, que uno de los que nos acompañaron. Fijaos qué interés tiene en que los candidatos sean testigos oculares, aunque aún no hubiera venido el Espíritu.
Uno de los que nos acompañaron —precisa— mientras convivió con nosotros el Señor, Jesús. Se refiere a los que han convivido con él, y no a los que sólo han sido discípulos suyos. Es sabido, en efecto, que eran muchos los que lo seguían desde el principio. Y, así, vemos que dice el Evangelio: Era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús.
Y prosigue: Mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba. Con razón señala este punto de partida, ya que los hechos anteriores nadie los conocía por experiencia, sino que los enseñó el Espíritu Santo.
Luego continúa diciendo: Hasta el día de su ascensión, y: Como testigo de la resurrección de Jesús. No dice: «Testigo de las demás cosas», sino: Testigo de la resurrección de Jesús. Pues merecía mayor fe quien podía decir: «El que comía, bebía y fue crucificado, este mismo ha resucitado.» No era necesario ser testigo del período anterior ni del siguiente, ni de los milagros, sino sólo de la resurrección. Pues aquellos otros hechos habían sido públicos y manifiestos, en cambio, la resurrección se había verificado en secreto y sólo estos testigos la conocían.
Todos rezan, diciendo: Señor, tú penetras el corazón de todos, muéstranos. «Tú, no nosotros.» Llaman con razón al que penetra todos los corazones, pues él solo era quien había de hacer la elección. Le exponen su petición con toda confianza, dada la necesidad de la elección. No dicen: «Elige», sino muéstranos a cuál has elegido, pues saben que todo ha sido prefijado por Dios. Echaron suertes: No se creían dignos de hacer por sí mismos la elección, y por eso prefieren atenerse a una señal.
Responsorio Hch 1, 24-26
R. Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, * muéstranos a quién
has elegido para ocupar el puesto en el ministerio del apostolado. Aleluya.
V. Echaron suertes entre ellos, y la suerte cayó sobre Matías;
así quedó agregado a los once apóstoles.
R. Muéstranos a
quién has elegido para ocupar el puesto en el ministerio del apostolado.
Aleluya.
HIMNO Te Deum .
Oración como en las Laudes.
HIMNO
Con el gozo pascual
el sol de nuevo
brilla
cuando ven los apóstoles
que Jesús resucita.
En la carne de Cristo
ven claras las
heridas
y paladinamente
que está vivo predican.
Cristo, rey clementísimo,
nuestras almas
habita
para que te celebremos
por siempre en nuestra vida.
Sé, Jesús, de las almas
la pascual
alegría,
que, en gracia renacidos,
tu triunfo nos anima.
A ti, Jesús, la gloria,
que, la muerte
vencida,
abres por los apóstoles
nuevas sendas de vida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. (T. P. Aleluya.)
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Hay aquí entre nosotros hombres que han andado en nuestra compañía todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor; es, pues, preciso que elijamos a uno de ellos para que, junto con nosotros, dé testimonio de la verdad de la resurrección. Aleluya.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, tú que, para completar el número de los doce apóstoles, elegiste a san Matías, concédenos, por la intercesión de este apóstol, a nosotros, que hemos recibido el don de tu amistad, poder ser contados un día entre tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Tristes estaban los apóstoles
tras sepultar a
Cristo
que a muerte despiadada,
lo sentenciaron los impíos.
Con dulces palabras, un ángel
a las mujeres
dijo
que en Galilea el Señor
habría muy pronto de ser visto.
Mientras corrían presurosas
a hablar a
los discípulos,
lo ven, besan sus pies,
pues se les aparece vivo.
Cuando lo saben los apóstoles
acuden
velocísimos
a ver en Galilea
el rostro agradable de Cristo.
Sé, Jesús, de las almas júbilo
y pascual
regocijo,
a sus triunfos asócianos,
que en la gracia hemos renacido.
Tribútese, oh Jesús, la gloria
a ti, que, ya
vencido
el reino de la muerte,
nos abre lúcido el camino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. (T. P. Aleluya.)
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. Aleluya.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, tú que, para completar el número de los doce apóstoles, elegiste a san Matías, concédenos, por la intercesión de este apóstol, a nosotros, que hemos recibido el don de tu amistad, poder ser contados un día entre tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 15 DE
MAYO
SAN ISIDRO LABRADOR
Memoria
Del Común
de santos varones.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón Morin 11, sobre las bienaventuranzas)
SEMBRAD SIEMPRE BUENAS OBRAS
Sed ricos en buenas obras, dice el Señor. Éstas son las riquezas que debéis ostentar,que debéis sembrar. Éstas son las obras a las que se refiere el Apóstol, cuando dice que no debemos cansarnos de hacer el bien, pues a su debido tiempo recogeremos. Sembrad, aunque no veáis todavía lo que habéis de recoger. Tened fe y seguid sembrando. ¿Acaso el labrador, cuando siembra, contempla ya la cosecha? El trigo de tantos sudores, guardado en el granero, lo saca y lo siembra. Confía sus granos a la tierra. Y vosotros, ¿no confiáis vuestras obras al que hizo el cielo y la tierra?
Fijaos en los que tienen hambre, en los que están desnudos, en los necesitados de todo, en los peregrinos, en los que están presos. Todos éstos serán los que os ayudarán a sembrar vuestras obras en el cielo... La cabeza, Cristo, está en el cielo, pero tiene en la tierra sus miembros. Que el miembro de Cristo dé al miembro de Cristo; que el que tiene dé al que necesita. Miembro eres tú de Cristo y tienes que dar, miembro es él de Cristo y tiene que recibir. Los dos vais por el mismo camino, ambos sois compañeros de ruta. El pobre camina agobiado; tú, rico, vas cargado. Dale parte de tu carga. Dale, al que necesita, parte de lo que a ti te pesa. Tú te alivias y a tu compañero le ayudas.
O bien:
De la bula Rationi congruit de Benedicto XIII
(4 junio 1724)
FUE GRANDE LA CARIDAD DE ISIDRO HACIA LOS DEMÁS
En Mantua Carpetana, sede de los reyes de España, llamada comúnmente Madrid, perteneciente a la diócesis de Toledo, nacido de humildes pero piadosos y católicos padres, floreció Isidro en el siglo XII.
Desde su infancia practicó Isidro las virtudes cristianas con tal grado de perfección que en su edad adulta prefirió vivir de la agricultura, por parecerle el oficio más humilde, más penoso y más apto y seguro para la salvación de su alma.
Toda su vida la desempeñó de manera que no fuera obstáculo, ni un solo día, para sus prácticas piadosas y vida religiosa. Nunca fue a labrar sin haber asistido primero al santo sacrificio de la misa, y haber implorado el auxilio de Dios y de la bienaventurada Virgen María.
En muchas ocasiones se vio protegido por el favor del cielo, en particular cuando fue acusado ante el amo de la tierra que cultivaba, de parecer negligente en su trabajo por su excesiva dedicación a las prácticas de piedad. El amo, lleno de cólera, marchó al campo que suponía abandonado, para castigar a Isidro. A su llegada, le vio arar con su yunta de bueyes, entre dos más, guiadas por otros tantos jóvenes, vestidos de blanco, que desaparecieron nada más aproximarse a Isidro. Comprendió entonces el dueño lo que muchas veces le había asegurado Isidro: que no eran horas perdidas las empleadas en el divino servicio.
Fue tan grande la caridad de Isidro hacia los demás que, aun siendo pobre, se privaba a sí mismo de lo necesario, para entregárselo a los necesitados.
Un buen día se acercó un mendigo a pedirle limosna. Muy apenado Isidro por no tener con qué socorrerle, porfió a su piadosísima mujer para que le diera alimentos. Ella, ante la insistencia de Isidro, aun sabiendo que la olla estaba vacía, por obedecerle, la registró una y otra vez. La encontró, al cabo, repleta de comida. De ella pudo extraer alimentos en abundancia y saciar el hambre de aquel mendigo.
Tan grande fue la confianza de este buen hombre en Dios, que en todos los asuntos, aun siendo grandes y difíciles, se mantenía seguro y esperanzado.
Dios puso de manifiesto los méritos y santidad de san Isidro con otros muchos y grandes milagros, hechos durante su vida.
Responsorio
R. Éste sí que realizó ante Dios obras realmente maravillosas,
y alabó al Señor de todo corazón. *
Que él interceda por los pecados de todos los
pueblos.
V. Éste fue un hombre paciente, que tributó a Dios un culto
verdadero, se abstuvo de todo mal y se mantuvo en la inocencia.
R. Que él interceda
por los pecados de todos los pueblos.
Oración
Señor, Dios nuestro, que en la humildad y sencillez de san Isidro Labrador nos dejaste un ejemplo de vida escondida en ti, con Cristo, concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea, al mismo tiempo, una plegaria de alabanza a tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 18 DE
MAYO
SAN JUAN I, papa y mártir
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Juan de Ávila, presbítero
(Carta 58, a unos amigos suyos: BAC 313, Obras completas del santo maestro Juan deÁvila, 5, pp. 298-299)
PORQUE LA VIDA DE JESUCRISTO SEA MANIFIESTA EN NOSOTROS
Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestra tribulación, de manera que podamos nosotros consolar a los que en toda angustia están; y esto por la consolación, con la cual Dios nos consuela. Porque, así como las tribulaciones de Cristo abundan en nosotros, así por Cristo es abundante nuestra consolación.
Palabras son éstas del apóstol san Pablo. Tres veces fue azotado con varas, y cinco con azotes, y una vez apedreado hasta que fue dejado por muerto, y perseguido de todo linaje de hombres, y atormentado con todo género de trabajos y penas, y esto no pocas veces; mas como él en otra parte dice: Nosotros siempre somos traídos a la muerte por amor de Jesucristo, porque la vida de Jesucristo sea manifiesta en nosotros.
Y, con todas estas tribulaciones, no sólo no murmura ni se queja de Dios, como los flacos suelen hacer; no se entristece, como los amadores de su honra o regalo; no importuna a Dios que se las quite, como los que no le conocen, y por eso no las quieren por compañeras; no las tiene por pequeña merced, como los que las desean poco, mas, toda la ignorancia y flaqueza dejada atrás, bendice en ellas y da gracias por ellas al Dador de ellas, como por una señalada merced, teniéndose por dichoso de padecer algo por la honra de aquel que sufrió tantas deshonras por sacarnos de la deshonra en que estábamos sirviendo a la vileza de los pecados, y nos hermoseó y honró con su espíritu y adopción de hijos de Dios, y nos dio arras y prenda de gozar en el cielo de él y por él.
¡Oh hermanos míos, muy mucho amados! Dios quiere abrir vuestros ojos para considerar cuántas mercedes nos hace en lo que el mundo piensa que son disfavores, y cuán honrados somos en ser deshonrados por buscar la honra de Dios, y cuán alta honra nos está guardada por el abatimiento presente, y cuán blandos, amorosos y dulces brazos nos tiene Dios abiertos para recibir a los heridos en la guerra por él; que, sin duda, exceden sin comparación en placer a toda hiel que los trabajos aquí puedan dar. Y, si algún seso hay en nosotros, mucho deseo tenemos de estos abrazos; porque, ¿quién no desea al que todo es amable y deseable, sino quien no sabe qué cosa es desear?
Pues tened por cierto que si aquellas fiestas os agradan y las deseáis ver y gozar, que no hay otro más seguro camino que el padecer. Esta es la senda por donde fue Cristo y todos los suyos, que él llama estrecha; empero lleva a la vida; y nos dejó esta enseñanza, que si quisiéramos ir donde está él, que fuésemos por el camino por donde fue él; porque no es razón que, yendo el Hijo de Dios por camino de deshonras, vayan los hijos de los hombres por camino de honras, pues que no es mejor el discípulo que el Maestro, ni el esclavo que el Señor.
Ni plega a Dios que nuestra ánima en otra parte descanse, ni otra vida en este mundo escoja, sino trabajar en la cruz del Señor. Aunque no sé si digo bien en llamar trabajos a los de la cruz, porque a mí me parece que son descansos en cama florida y llena de rosas.
Responsorio 2 Co 4, 11. 16
R. Aún viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte
por Jesús, * para que también la vida de Jesús se manifieste en esta
nuestra vida mortal. Aleluya.
V.
Aunque nuestra condición física se vaya
deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día.
R. Para que también
la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal. Aleluya.
Oración
Señor Dios nuestro, remunerador de los que creen en ti, escucha las plegarias que tu pueblo te dirige en este día del martirio del papa Juan primero, y haz que sepamos imitar la invicta firmeza de la fe de quien coronó su servicio apostólico mediante el testimonio de su martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 20 DE
MAYO
SAN BERNARDINO DE SIENA,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero
(Sermón 49, sobre el glorioso nombre de Jesucristo, cap. 2: Opera omnia 4, 505-506)
EL NOMBRE DE JESÚS, LUZ DE LOS PREDICADORES
El nombre de Jesús es la luz de los predicadores, pues es su resplandor el que hace anunciar y oír su palabra. ¿Por qué crees que se extendió tan rápidamente y con tanta fuerza la fe por el mundo entero, sino por la predicación del nombre de Jesús? ¿No ha sido por esta luz y por el gusto de este nombre como nos llamó Dios a su luz maravillosa? Iluminados todos y viendo ya la luz en esta luz, puede decirnos el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz.
Es preciso predicar este nombre para que resplandezca y no quede oculto. Pero no debe ser predicado con el corazón impuro o la boca manchada, sino que hay que guardarlo y exponerlo en un vaso elegido.
Por esto dice el Señor, refiriéndose al Apóstol: Ese hombre es un vaso elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos, reyes, y a los israelitas. Un vaso —dice— elegido por mí, como aquellos vasos elegidos en que se expone a la venta una bebida de agradable sabor, para que el brillo y esplendor del recipiente invite a beber de ella; para dar a conocer —dice— mi nombre.
Pues igual que con el fuego se limpian los campos, se consumen los hierbajos, las zarzas y las espinas inútiles, e igual también que cuando sale el sol y, disipadas las tinieblas, huyen los ladrones, los atracadores y los que andan errantes por la noche, así también cuando hablaba Pablo a la gente era como el fragor de un trueno, o como un incendio crepitante, o como el sol que de pronto brilla con más claridad, y consumía la incredulidad, lucía la verdad y desaparecía el error como la cera que se derrite en el fuego.
Pablo hablaba del nombre de Jesús en sus cartas, en sus milagros y ejemplos. Alababa y bendecía el nombre de Jesús.
El Apóstol llevaba este nombre, como una luz, a pueblos, reyes y a los israelitas, y con él iluminaba las naciones, proclamando por doquier aquellas palabras: La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Mostraba a todos la lámpara que arde y que ilumina sobre el candelero, anunciando en todo lugar a Jesús, y éste crucificado.
Por eso la Iglesia, esposa de Cristo, basándose en su testimonio, salta de júbilo con el Profeta, diciendo: Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, es decir, siempre. El Profeta exhorta igualmente en este sentido: Cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación, es decir, Jesús, el Salvador que él ha enviado.
Responsorio Sir 51, 15; Sal 9, 3
R. Alabaré siempre tu nombre * y te llamaré en mi
súplica. Aleluya.
V. Me alegro y exulto contigo y toco en honor de tu nombre,
¡oh Altísimo!
R. Y te llamaré en mi súplica. Aleluya.
Oración
Señor Dios, tú que diste a san Bernardino de Siena un amor admirable al santo nombre de Jesús, concédenos también a nosotros, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre inflamados de este mismo espíritu de amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE
MAYO
SAN CRISTÓBAL MAGALLANES, presbítero
Y COMPAÑEROS,
mártires
Del Común
de varios mártires
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo
(Sermón 225, 1-2: CCL 104, 888-889)
EL QUE DÉ TESTIMONIO DE LA VERDAD SERÁ MÁRTIR DE CRISTO
Queridísimos hermanos, cada vez que celebramos las fiestas de los mártires, debemos pensar que militamos bajo el mismo Rey bajo el que también ellos merecieron luchar y vencer.
Debemos pensar que hemos sido salvados por el mismo bautismo por el que ellos también fueron salvados, que gozamos y somos fortalecidos con los mismos sacramentos que ellos merecieron recibir, que llevamos en la frente el sello del Emperador que ellos también llevaron felizmente.
Por ello, cada vez que celebramos el aniversario de los santos mártires, los bienaventurados mártires deben reconocer en nosotros algo de sus virtudes, para que les agrade suplicar para nosotros la misericordia de Dios. En efecto, todos aman lo que les es semejante. Por tanto, si lo semejante se une a lo semejante, lo desemejante se aleja mucho. Nuestro particular bienaventurado,
cuya festividad deseamos celebrar con gozo, fue sobrio, ¿cómo se le podrá unir el que se da a la bebida? ¿Qué unión puede tener el humilde con el soberbio, el generoso con el envidioso, el espléndido con el avaro, el pacífico con el iracundo?
El bienaventurado mártir fue, sin duda, casto: ¿cómo podrá unirse al adúltero? Queridísimos hermanos, si los gloriosos mártires repartieron lo suyo con los pobres, ¿cómo podrán ser amigos de los que roban lo ajeno? Los santos mártires se afanaban en amar a los enemigos, ¿cómo tendrán parte con los que, a veces, ni siquiera se esfuerzan en el amor recíproco entre amigos?
Queridísimos hermanos, no nos contraríe imitar, en la medida de nuestras fuerzas, a los santos mártires para que, por sus méritos y oraciones, merezcamos ser absueltos de todos los pecados.
Alguno dirá: ¿quién puede imitar a los santos mártires? Con la ayuda de Dios podemos y debemos imitarlos en muchas cosas, si no en todo.
¿No puedes soportar el fuego? Puedes evitar la lujuria. ¿No puedes soportar la pezuña desgarradora? Rechaza la avaricia que conduce a negocios perversos y a ganancias malvadas. Si te vence lo fácil, ¿cómo no te destrozará lo difícil? La paz tiene también sus mártires: pues, en buena medida, participa del martirio el que vence a la ira, el que rehúye la envidia como si fuera un veneno viperino, el que rechaza la soberbia, el que expulsa del corazón el odio, el que refrena los deseos superfluos de la gula, el que no se entrega a la embriaguez.
Cada vez que y en cualquier lugar que trabajes por una causa justa, si das testimonio de ella, serás mártir. Puesto que Cristo es la justicia y la verdad, en cualquier lugar donde trabajes por la justicia o por la verdad o por la castidad, si las defiendes con todas tus fuerzas, recibirás la recompensa de los mártires.
Y como la palabra mártir significa testigo, quien da testimonio en favor de la verdad será indudablemente mártir de Cristo, que es la verdad.
Responsorio Flp 1, 21; Ga 6, 14
R. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.
* Dios me
libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
V. En la cual el
mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
R. Dios me libre de
gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Oración
Dios eterno y omnipotente, que inspiraste en el presbítero san Cristóbal y sus compañeros la fidelidad al Reino de Cristo hasta el martirio; por su intercesión, concédenos que, perseverantes en la confesión de la verdadera fe, permanezcamos siempre fieles a los mandatos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE MAYO
SANTA RITA DE CASIA, religiosa
Del Común de santas mujeres : para los santos religiosos .
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 81, 4: CCL 36, 531-532)
LAS PALABRAS DE JESUCRISTO PERMANECEN EN NOSOTROS
Jesucristo dice: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que queráis y os sucederá. Si permanecen en Cristo, ¿qué pueden querer sino lo que conviene a Cristo? Si permanecen en el Salvador, ¿qué pueden querer sino lo que no es ajeno a la salvación? Unas cosas las queremos porque estamos en Cristo, y otras cosas las queremos porque todavía estamos en este mundo. Por permanecer en este mundo, algunas veces se nos desliza la petición de algo cuya inconveniencia desconocemos. Pero no sucede esto en nosotros si permanecemos en Cristo que, cuando le pedimos, no hace sino lo que nos conviene.
Así, pues, permaneciendo en Él cuando sus palabras permanecen en nosotros, pediremos lo que queramos y nos sucederá. Porque si lo pedimos y no sucede, no hemospedido lo que permanece en Él ni lo que encierran sus palabras que permanecen ennosotros, sino que encierran la pasión y la debilidad de la carne que no está en Él y en la que no permanecen sus palabras.
Con sus palabras concuerda la oración que Él mismo nos enseñó y en la que decimos: Padre nuestro que estás en los cielos. En nuestras peticiones no nos apartemos de las palabras y el sentido de esta oración, y lo que pidamos sucederá.
Sólo entonces, cuando hagamos lo que mandó y amemos lo que prometió, se debe decir que sus palabras permanecen en nosotros; cuando sus palabras permanecen en la memoria pero no se encuentran en la manera de vivir, el sarmiento no cuenta para la vid, porque no recibe la vida de la raíz. A esta diferencia se puede aplicar lo que se dice en la Escritura: En la memoria guardan sus mandamientos para cumplirlos. Muchos los guardan en la memoria para despreciarlos o incluso para ridiculizarlos y atacarlos. Las palabras de Cristo no permanecen en quienes de algún modo tienen contacto con ellas, pero no están adheridos a ellas; por lo tanto, no les resultarán beneficiosas, sino que serán usadas como testimonio en su contra. Y porque están en ellos de modo tal que no permanecen en ellos, las tienen para ser condenados por ellas.
Responsorio Cf. Si 4, 17a.c
R. Guarda tu pie cuando entres en la casa de Dios.
* Y
acércate para escucharlo.
V.
La obediencia es mejor que las víctimas de los
necios.
R. Y acércate para escucharlo.
Oración
Te pedimos, Señor, que nos concedas la sabiduría y la fortaleza de la cruz, con las que te dignaste enriquecer a santa Rita, para que, compartiendo las tribulaciones de la pasión de Cristo, podamos participar más íntimamente en su misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 24 DE MAYO
SANTA MARÍA, AUXILIO DE LOS
CRISTIANOS
Familia Salesiana: Solemnidad.
Memoria libre.
Del Común de Santa María Virgen .
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de San Bernardo Abad.
(Hom. 11 super Missus est, 17: PL 183, 7013-71A)
MIRA A MARÍA, ESTRELLA DEL MAR
María es llamada estrella del mar. Efectivamente, con sumo acierto se la compara a una estrella, porque así como el astro sin alterar su naturaleza difunde sus rayos, así, sin menoscabar su cuerpo, la Virgen dio a luz al Hijo de Dios. Y como el rayo no quita a la estrella su esplendor, el Hijo no mengua en la Virgen su integridad. Ella es, pues, la noble estrella de la Casa de Jacob: su luz ilumina todo el mundo, su fulgor resplandece en los cielos y penetra en los abismos; colma también la tierra y esclareciendo las almas más que los cuerpos, facilita la conquista de las virtudes y destruye los vicios. Ella, además, es la fulgente y sublime estrella que, necesariamente elevada sobre el vasto y espacioso mar de la vida, resplandece por sus méritos e ilumina con sus ejemplos.
Tú, quienquiera que seas, si entre las olas del mar de este mundo te sientes arrastrado por violentas borrascas que te impiden alcanzar la orilla y quieres salvarte de la tempestad, no quites tus ojos del resplandor de esta estrella. Si te vieras envuelto por el huracán de las tentaciones y te sintieras golpeado entre los escollos de la tribulación, mira la estrella, invoca a María. Si fueras alcanzado por las ondas de la soberbia, de la ambición, de la calumnia, de la envidia, mira la estrella, invoca a María. Si la ira, la avaricia o la seducción de la carne golpean la navecilla de tu voluntad, mira la estrella, invoca a María. Si, conturbado por la gravedad de los pecados, confundido por la propia indignidad o sobrecogido por el temor del juicio, comenzaras a sumergirte en el abismo de la tristeza o desesperación, piensa en María, invoca a María. En los peligros, en las dificultades, en las dudas, piensa en María, invoca a María. Su nombre esté siempre en tus labios, su amor colme tu corazón y, para asegurarte la eficacia de su plegaria, no olvides los ejemplos de su vida. Siguiéndola no te desviarás del recto sendero; invocándola no podrás desesperar; pensando en Ella no errarás. Si Ella te sostiene, no caerás; si te protege, nada podrás temer; si Ella te guía, no sentirás el cansancio del camino; si Ella te ampara, llegarás a la meta.
Responsorio
R. Bendita tú, Madre de Cristo; has engendrado al que es tu
Señor. Fulgente estrella del mar, guía y salva a tus fieles. * Tú, ensalzada por los
coros de los ángeles. (T. P. Aleluya.)
V.
Ruega por nosotros, dulce Virgen María.
R. Tú,
ensalzada por los coros de los ángeles. (T.
P. Aleluya.)
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Alégrate, Virgen Madre: contigo el Señor nos ha librado de los enemigos y nos ha revelado su amor. (T. P. Aleluya.)
Vísperas: A ti acudimos, Santa Madre de Dios; por ti nos ha llegado el auxilio del Señor. (T. P. Aleluya.)
Oración
Oh Dios, que hiciste a la Virgen María madre y auxilio de los cristianos: fortalece a tu Iglesia con su intercesión, para que pueda soportar con paciencia y vencer con amor las opresiones interiores y externas, y así manifestar abiertamente a los hombres el misterio de Cristo. Él que vive y reina contigo.
DÍA 25 DE MAYO
SAN BEDA EL VENERABLE, presbítero y
doctor de la Iglesia
Del Común de pastores o de doctores de la Iglesia .
SEGUNDA LECTURA
De la carta de Cutberto sobre la muerte de san Beda el Venerable
(Núms. 4-6: PL 90, 64-66)
DESEO VER A CRISTO
El martes, antes de la fiesta de la Ascensión, la enfermedad de Beda se agravó; su respiración era fatigosa y los pies se le hinchaban. Sin embargo, durante todo aquel día siguió sus lecciones y el dictado de sus escritos con ánimo alegre. Dijo, entre otras cosas:
«Aprended de prisa porque no sé cuánto tiempo viviré aún, ni si el Creador me llevará consigo en seguida.»
Nosotros teníamos la impresión de que tenía noticia clara de su muerte; prueba de ello es que se pasó toda la noche velando y en acción de gracias.
Al amanecer del miércoles, nos mandó que escribiéramos lo que teníamos comenzado; lo hicimos hasta la hora de Tercia. A la hora de Tercia tuvimos la procesión con las reliquias de los santos, como es costumbre ese día. Uno de los nuestros, que estaba con Beda, le dijo:
«Maestro, falta aún un capítulo del libro que últimamente dictabas; ¿te resultaría muy difícil seguir contestando a nuestras preguntas?»
A lo que respondió:
«No hay dificultad. Toma la pluma y ponte a escribir en seguida.»
Así lo hizo él. Pero a la hora de Nona me dijo:
«Tengo en mi baúl unos cuantos objetos de cierto valor, a saber; pimienta, pañuelos e incienso; ve corriendo y avisa a los presbíteros del monasterio para repartir entre ellos estos regalos que Dios me ha hecho.»
Ellos vinieron, y Beda les dirigió la palabra, rogando a todos y cada uno que celebraran misas por él y recitaran oraciones por su alma, lo que prometieron todos de buena gana.
Se les caían las lágrimas, sobre todo cuando Beda dijo que ya no verían por más tiempo su rostro en este mundo. Pero se alegraron cuando dijo:
«Hora es ya de que vuelva a mi Creador (si así le agrada), a quien me creó cuando yo no era y me formó de la nada. He vivido mucho tiempo, y el piadoso juez ha tenido especial providencia de mi vida; es inminente el momento de mi partida, pues deseo partir para estar con Cristo; mi alma desea ver en todo su esplendor a mi rey, Cristo.»
Y dijo más cosas edificantes, continuando con su alegría de siempre hasta el atardecer.
Wiberto, de quien ya hemos hablado, se atrevió aún a decirle:
«Querido maestro, queda aún por escribir una frase.»
Contestó Beda:
«Pues escribe en seguida.»
Al poco tiempo dijo el muchacho:
«Ya está.»
Y Beda contestó de nuevo:
«Bien dices, está cumplido. Ahora haz el favor de colocarme la cabeza de manera que pueda sentarme mirando a la capilla en que solía orar; pues también ahora quiero invocar a mi Padre.»
Y así, tendido sobre el suelo de su celda, comenzó a recitar:
«Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.»
Al nombrar al Espíritu Santo exhaló el último suspiro, y, sin duda, emigró a las delicias del cielo, como merecía, por su constancia en las alabanzas divinas.
Responsorio S. Beda, Historia de los anglos; Mt 5, 19
R. Pasé todo el tiempo de mi vida en el monasterio, entregado
a la meditación de las sagradas Escrituras, a la observancia de la vida
religiosa y a la tarea cotidiana de cantar con la Iglesia las alabanzas de Dios.
* Tuve
siempre mi delicia en aprender, en enseñar y en escribir. Aleluya.
V. Quien cumpla y
enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos.
R. Tuve siempre mi
delicia en aprender, en enseñar y en escribir. Aleluya.
Oración
Señor Dios, que has iluminado a tu Iglesia con la sabiduría de san Beda el Venerable, concede a tus siervos la gracia de ser constantemente orientados por las enseñanzas de tu santo presbítero y ayudados por sus méritos. Por nuestro Señor Jesucristo.
El mismo día 25 de mayo
SAN GREGORIO VII, papa
Del Común de pastores : para un santo papa.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Gregorio séptimo, papa
(Carta 64 extra Registrum: PL 148, 709-710)
UNA IGLESIA LIBRE, CASTA Y CATÓLICA
Os rogamos encarecidamente en el Señor Jesús, que nos redimió con su muerte, que procuréis enteraros del por qué y el cómo de las tribulaciones y sufrimientos que sufrimos de parte de los enemigos de la religión cristiana.
Desde que, por disposición divina, la santa madre Iglesia me elevó, a pesar de mi indignidad y —testigo me es Dios— contra mi voluntad, a la Sede Apostólica, he procurado por todos los medios que la santa Iglesia, esposa de Dios, señora y madre nuestra, vuelva a ser libre, casta y católica, como corresponde a su condición. Era de esperar que el antiguo enemigo, a la vista de estos planes, armase contra nosotros a sus miembros para que fracasáramos.
Por eso se atrevió a hacernos, a nos y a la Sede Apostólica, un daño como no había hecho desde los tiempos de Constantino el Grande. No tiene nada de extraño; puesto que, cuanto más avanzan los tiempos, más se afana por extinguir la religión cristiana.
Y ahora, hermanos míos carísimos, escuchad con atención lo que os digo. Todos los que en el mundo entero llevan el nombre de cristianos y conocen verdaderamente la fe cristiana saben y creen que san Pedro, príncipe de los apóstoles, es el padre de todos los cristianos y el primer pastor después de Cristo, y que la santa Iglesia romana es madre y maestra de todas las Iglesias.
Si, pues, creéis esto y lo retenéis sin vacilar, os ruego y ordeno, como hermano e indigno maestro vuestro, por amor de Dios todopoderoso, que ayudéis y socorráis a los que, como hemos dicho, son padre y madre vuestros, si queréis obtener el perdón de los pecados y conseguir bendición y gracia en este siglo y en el venidero.
El Dios omnipotente, de quien procede todo bien, ilumine siempre vuestra mente y la fecunde con su amor y el del prójimo, de modo que los que hemos llamado padre y madre vuestros vengan a ser vuestros deudores y lleguéis a su compañía sin temor. Amén.
Responsorio Sir 45, 3; Sal 77, 70. 71
R. El Señor lo mostró poderoso ante el rey; le dio
mandamientos para su pueblo. * Y le mostró algo de su gloria. Aleluya.
V. Escogió Dios a
David su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
R. Y le mostró algo
de su gloria. Aleluya.
Oración
Señor, concede a tu Iglesia el espíritu de fortaleza y la sed de justicia con que has esclarecido al papa san Gregorio séptimo, y haz que, por su intercesión, sepa tu Iglesia rechazar siempre el mal y ejercer con entera libertad su misión salvadora en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.
El mismo día 25 de mayo
SANTA MARÍA MAGDALENA DE
PAZZI, virgen
Del Común de vírgenes o de santas mujeres : para los santos religiosos .
SEGUNDA LECTURA
Del libro de las revelaciones y del libro de la prueba, de santa María Magdalena de Pazzi, virgen
(Manuscritos III, 186. 264; IV, 716: Opere di santa María Magdalena de' Pazzi, Florencia 1965, 4, pp. 200. 269; 6, p.194)
VEN, ESPÍRITU SANTO
Realmente eres admirable, Verbo de Dios, haciendo que el Espíritu Santo te infunda en el alma de tal modo que ésta se una con Dios, le guste y no halle su consuelo más que en él.
El Espíritu Santo viene al alma, sellado con el sello de la sangre del Verbo o Cordero inmolado; más aún, la misma sangre le incita a venir, aunque el propio Espíritu se pone en movimiento y tiene ya ese deseo.
Este Espíritu, que se pone en movimiento y es consustancial al Padre y al Verbo, sale de la esencia del Padre y del beneplácito del Verbo, y viene al alma como una fuente en que ésta se sumerge. A la manera que dos ríos confluyen y se entremezclan y el más pequeño pierde su propio nombre y asume el del más grande, también actúa así este divino Espíritu al venir al alma y hacerse una sola cosa con ella. Pero, para ello, es necesario que el alma, que es la más pequeña, pierda su nombre, dejándolo al Espíritu; esto lo conseguirá si se transforma en el Espíritu hasta hacerse una sola cosa con él.
Este Espíritu, además, dispensador de los tesoros del seno del Padre y custodio de los designios del Padre y el Hijo, se infunde en el ánimo con tal suavidad que su irrupción resulta imperceptible, y pocos estiman su valor.
Con su peso y su ligereza se traslada a todos aquellos lugares que encuentra dispuestos a recibirle. Se le escucha en su habla abundante y en su gran silencio; penetra en todos los corazones por el ímpetu del amor, inmóvil y movilísimo al mismo tiempo.
No te quedas, Espíritu Santo, en el Padre inmóvil y en el Verbo y, sin embargo, permaneces siempre en el Padre y en el Verbo, en ti mismo y en todos los espíritus bienaventurados, y en todas las criaturas. Eres necesario a la criatura por razón de la sangre del Verbo unigénito, quien, debido a la vehemencia de su amor, se hizo necesario a sus criaturas. Descansas en las criaturas que se disponen a recibir con pureza la comunicación de tus dones y tu propia semejanza. Descansas en aquellos que reciben los efectos de la sangre del Verbo y se hacen digna morada tuya.
Ven, Espíritu Santo. Que venga la unión del Padre, el beneplácito del Verbo. Tú, Espíritu de la verdad, eres el premio de los santos, el refrigerio de las almas, la luz en las tinieblas, la riqueza de los pobres, el tesoro de los amantes, la hartura de los hambrientos; el consuelo de los peregrinos; eres, por fin, aquel en el que se contienen todos los tesoros.
Ven, tú, el que, descendiendo sobre María, hiciste que el Verbo tomara carne; realiza en nosotros por la gracia lo mismo que realizaste en ella por la gracia y la naturaleza.
Ven, tú, alimento de los pensamientos castos, fuente de toda misericordia, cúmulo de toda pureza.
Ven, y llévate de nosotros todo aquello que nos impide el ser llevados por ti.
Responsorio 1 Co 2, 9-10
R. Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del
hombre * lo que Dios ha preparado para los que le aman. Aleluya.
V. Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu.
R. Lo
que Dios ha preparado para los que le aman. Aleluya.
Oración
Señor Dios, tú, que amas la virginidad, has enriquecido con dones celestiales a tu virgen santa María Magdalena de Pazzi, cuyo corazón se abrasaba en tu amor; concede a cuantos celebramos hoy su fiesta imitar los ejemplos de su caridad y su pureza. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 26 DE MAYO
SAN FELIPE NERI, presbítero
Memoria
Del Común de pastores , o de santos varones : para los santos religiosos .
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 171,1-3. 5: PL 38, 933-935)
ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR
El Apóstol nos manda alegrarnos, pero en el Señor, no en el mundo. Pues, como afirma la Escritura: El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. Pues del mismo modo que un hombre no puede servir a dos señores, tampoco puede alegrarse en el mundo y en el Señor.
Que el gozo en el Señor sea el triunfador, mientras se extingue el gozo en el mundo. El gozo en el Señor siempre debe ir creciendo, mientras que el gozo en el mundo ha de ir disminuyendo hasta que se acabe. No afirmamos esto como si no debiéramos alegrarnos mientras estamos en este mundo, sino en el sentido de que debemos alegrarnos en el Señor también cuando estamos en este mundo.
Pero alguno puede decir: «Estoy en el mundo, por tanto, si me alegro, me alegro allí donde estoy.» ¿Pero es que por estar en el mundo no estás en el Señor? Escucha al apóstol Pablo cuando habla a los atenienses, según refieren los Hechos de los apóstoles, y afirma de Dios, Señor y creador nuestro: En él vivimos, nos movemos y existimos. El que está en todas partes, ¿en dónde no está? ¿Acaso no nos exhortaba precisamente a esto? El Señor está cerca; nada os preocupe.
Gran cosa es ésta: el mismo que asciende sobre todos los cielos está cercano a quienes se encuentran en la tierra. ¿Quién es éste, lejano y próximo, sino aquel que por su benignidad se ha hecho próximo a nosotros?
Aquel hombre que cayó en manos de unos bandidos, que fue abandonado medio muerto, que fue desatendido por el sacerdote y el levita y que fue recogido, curado y atendido por un samaritano que iba de paso, representa a todo el género humano. Así, pues, como el Justo e Inmortal estuviese lejos de nosotros, los pecadores y mortales, bajó hasta nosotros para hacerse cercano quien estaba lejos.
No nos trata como merecen nuestros pecados, pues somos hijos. ¿Cómo lo probamos? El Hijo unigénito murió por nosotros para no ser el único hijo. No quiso ser único quien, único, murió por todos. El Hijo único de Dios ha hecho muchos hijos de Dios. Compró a sus hermanos con su sangre, quiso ser reprobado para acoger a los réprobos, vendido para redimirnos, deshonrado para honrarnos, muerto para vivificarnos.
Por tanto, hermanos, estad alegres en el Señor, no en el mundo: es decir, alegraos en la verdad, no en la iniquidad; alegraos con la esperanza de la eternidad, no con las flores de la vanidad. Alegraos de tal forma que, sea cual sea la situación en la que os encontréis, tengáis presente que el Señor está cerca; nada os preocupe.
Responsorio 2 Co 13,
11; Rm 15, 13 R. Hermanos, alegraos, trabajad
por vuestra perfección, alentaos unos a otros, tened un mismo sentir y vivid en
paz; * y
el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Aleluya.
V. El Dios de la
esperanza os colme de todo gozo y paz en la práctica de vuestra fe.
R. Y el Dios del
amor y de la paz estará con vosotros. Aleluya.
Oración
Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda en aquel mismo fuego con que abrasó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 27 DE MAYO
SAN AGUSTÍN DE CANTORBERY, obispo
Del Común de pastores .
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Gregorio Magno, papa
(Libro 9, 36: MGH, Epistolae 2, 305-306)
LOS INGLESES HAN SIDO REVESTIDOS POR LA LUZ DE LA SANTA FE
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor, porque el grano de trigo caído en tierra murió, para no reinar él solo en el cielo; por su muerte vivimos, su debilidad nos conforta, su pasión nos libera de la nuestra, su amor nos hace buscar en las Islas Británicas hermanos a quienes no conocemos, y su don nos hace encontrar a quienes buscábamos sin conocerlos.
¿Quién será capaz de relatar la alegría nacida en el corazón de todos los fieles al tener noticias de que los ingleses, por obra de la gracia de Dios y con tu colaboración, expulsadas las tinieblas de sus errores, han sido revestidos por la luz de la santa fe; de que con espíritu fidelísimo pisotean los ídolos a los que antes estaban sometidos por un temor tirano; de que con puro corazón se someten al Dios omnipotente; de que abandonando sus malas acciones siguen las normas de la predicación; de que se someten a los preceptos divinos y se eleva su inteligencia; de que se humillan en oración hasta la tierra para que su mente no quede en la tierra? ¿Quién ha podido realizar todo esto sino aquel que dijo: Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo?
Para demostrar que no es la sabiduría humana, sino su propio poder el que convierte al mundo, eligió Dios como predicadores suyos a hombres incultos, y lo mismo ha hecho en Inglaterra, realizando obras grandes por medio de instrumentos débiles. Ante este don divino hay, hermano carísimo, mucho de qué alegrarse y mucho de qué temer.
Sé bien que el Dios todopoderoso, por tu amor, ha realizado grandes milagros entre esta gente que ha querido hacerse suya. Por ello, es preciso que este don del cielo sea para ti al mismo tiempo causa de gozo en el temor y de temor en el gozo. De gozo, ciertamente, pues ves cómo el alma de los ingleses es atraída a la gracia interior por obra de los milagros exteriores; de temor, también, para que tu debilidad no caiga en el orgullo al ver los milagros que se producen, y no vaya a suceder que, mientras se te rinde un honor externo, la vanagloria te pierda en tu interior.
Debemos recordar que, cuando los discípulos regresaban gozosos de su misión y dijeron al Señor: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre, él les contestó: No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.
Responsorio Flp 3, 17; 4, 9; 1 Co 1, 10
R. Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que caminan
según el modelo que tenéis en nosotros; *
seguid practicando lo que habéis aprendido y
recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con
vosotros. Aleluya.
V. Os exhorto por el nombre de nuestro Señor Jesucristo a que
tengáis todos unión y concordia.
R.
Seguid practicando lo que habéis aprendido y
recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con
vosotros. Aleluya.
Oración
Señor Dios, que por la predicación de tu obispo san Agustín de Cantorbery llevaste a los pueblos de Inglaterra la luz del Evangelio, concédenos que el fruto de su trabajo apostólico perdure en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 31 DE MAYO
La Visitación de la Santísima Virgen
María
Fiesta
Ant.: Aclamemos al Señor en esta fiesta de la Visitación de María Virgen. Aleluya.
HIMNO
María subió a la
montaña,
y en ella subió el Señor;
supo el Señor el misterio,
y Juan
exultó a su voz.
El lucero aún no
nacía
ni había aparecido el Sol;
no hablaba aún la Palabra
y el
pregonero exultó.
Los vecinos,
asombrados
y mudos de admiración,
vieron llegar por María
la Buena
Nueva de Dios. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: María ha recibido la salvación del Señor y la misericordia de Dios, su salvador. (T. P. Aleluya.)
Salmo 23
Del Señor es la tierra
y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los
mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede. subir al
monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos
inocentes
y puro corazón
que no confía en los ídolos
ni jura contra el
prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará
justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que
busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los
dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la
gloria.
¿Quién es ese Rey de
la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la
guerra.
¡Portones!, alzad los
dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la
gloria.
¿Quién es ese Rey de
la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la
gloria.
Ant. 1: María ha recibido la salvación del Señor y la misericordia de Dios, su salvador. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: El Altísimo consagra su morada (T. P. Aleluya.)
Salmo 45
Dios es nuestro
refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos
aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen
sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los
ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las
acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en
medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se
amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la
tierra.
El Señor de los
ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras
del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra
hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende
fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced
que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la
tierra.»
El Señor de los
ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 2: El Altísimo consagra su morada. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María! (T. P. Aleluya.)
Salmo 86
Él la ha cimentado
sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las
moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan
glorioso para ti, ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis
fieles;
filisteos, tirios y etíopes han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno
por uno todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha
fundado.»
El Señor escribirá en
el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.» y cantarán mientras
danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»
Ant. 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María! (T. P. Aleluya.)
V. María conservaba todas estas cosas. (T. P. Aleluya.)
R. Meditándolas en su
corazón. (T. P. Aleluya.)
PRIMERA LECTURA
Del libro del Cantar de los cantares Ct 2, 8-14; 8, 6-7
LA LLEGADA DEL AMADO
¡Escucho una voz...! Es mi amado que ya llega, saltando sobre los montes,
brincando por las colinas. Es mi amado semejante a un venado, a un ágil
cervatillo. Vedle aquí ya apostado detrás de nuestra cerca, mirando por las
ventanas, atisbando por las rejas. Empieza a hablar mi amado y me
dice:
«Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven. Porque,
mira, ya ha pasado el invierno, ya han cesado las lluvias y se han ido. Brotan
flores en los campos, el tiempo de canciones ha llegado, ya el arrullo de la
tórtola se ha escuchado en nuestra tierra. Apuntan ya los higos en la higuera, y
las viñas en flor exhalan sus perfumes. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y
ven! Paloma mía que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del
barranco, déjame escuchar tu voz, permíteme ver tu rostro, porque es muy dulce
tu hablar y gracioso tu semblante.
Ponme como un sello
sobre tu brazo, como un sello sobre tu corazón, porque el amor es fuerte como la
muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada
divina. Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarla los ríos.
Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría
despreciable.
Responsorio Lc 1, 41b-43. 44
R. Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó: «Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; * ¿cómo he merecido yo que
la madre de mi Señor venga a mi casa?»
V. Tan pronto como
llegaron a mis oídos las palabras de tu saludo, dio luego el niño en mi seno
saltos de alegría.
R. ¿Cómo he merecido yo que la madre de mi Señor venga a mi
casa?
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Libro 1. 4; CCL 122. 25-26. 30)
MARÍA PROCLAMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR POR LAS OBRAS QUE HA HECHO EN ELLA
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi
salvador. Con estas palabras, María reconoce en primer lugar los dones.
singulares que le han sido concedidos, pero alude también a los beneficios
comunes con que Dios no deja nunca de favorecer al género
humano.
Proclama la grandeza del Señor el alma de aquel
que consagra todos sus afectos interiores a la alabanza y al servicio de Dios y,
con la observancia de los preceptos divinos, demuestra que nunca echa en olvido
las proezas de la majestad de Dios.
Se alegra en Dios su
salvador el espíritu de aquel cuyo deleite consiste únicamente en el recuerdo de
su creador, de quien espera la salvación eterna.
Estas
palabras, aunque son aplicables a todos los santos, hallan su lugar más adecuado
en los labios de la Madre de Dios, ya que ella, por un privilegio único, ardía
en amor espiritual hacia aquel que llevaba corporalmente en su
seno.
Ella con razón pudo alegrarse, más que cualquier
otro santo, en Jesús, su salvador, ya que sabía que aquel mismo al que reconocía
como eterno autor de la salvación había de nacer de su carne, engendrado en el
tiempo, y había de ser, en una misma y úrica persona, su verdadero hijo y
Señor.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
mí: su nombre es santo. No se atribuye nada a sus méritos, sino que toda su
grandeza la refiere a la libre donación de aquel que es por esencia poderoso y
grande, y que tiene por norma levantar a sus fieles de su pequeñez y debilidad
para hacerlos grandes y fuertes.
Muy acertadamente añade:
Su nombre es santo, para que los que entonces la oían y todos aquellos a
los que habían de llegar sus palabras comprendieran que la fe y el recurso a
este nombre había de procurarles, también a ellos, una participación en la
santidad eterna y en la verdadera salvación, conforme al oráculo profético que
afirma: Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará, ya que este
nombre se identifica con aquel del que antes ha dicho: Se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador.
Por esto se introdujo en la
Iglesia la hermosa y saludable costumbre de cantar diariamente este cántico de
María en la salmodia de la alabanza vespertina, ya que así el recuerdo frecuente
de la encarnación del Señor enardece la devoción de los fieles y la meditación
repetida de los ejemplos de la Madre de Dios los corrobora en la solidez de la
virtud. Vello precisamente en la hora de Vísperas, para que nuestra mente,
fatigada y tensa por el trabajo y las múltiples preocupaciones del día, al
llegar el tiempo del reposo, vuelva a encontrar el recogimiento y la paz del
espíritu.
Responsorio Lc 1,45.46; Sal 65, 16
R. «Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el
Señor se cumplirá.» Y dijo María: * «Proclama mi alma la grandeza del Señor.»
V. Venid a escuchar, os
contaré lo que Dios ha hecho conmigo.
R. Proclama mi alma la
grandeza del Señor.
HIMNO FINAL
Después del segundo responsorio. se dice el himno Te Deum.
La oración conclusiva como en las Laudes.
HIMNO
La Virgen santa,
grávida del Verbo,
en alas del Espíritu camina;
la Madre que llevaba la
Palabra,
de amor movida, sale de visita.
Y sienten las montañas
silenciosas,
y el mundo entero en sus entrañas vivas,
que al paso de la
Virgen ha llegado
el anunciado gozo del Mesías.
Alborozado Juan por su
Señor,
en el seno, feliz se regocija,
y por nosotros rinde el
homenaje.
y al Hijo santo da la bienvenida.
Bendito en la morada
sempiterna
aquel que tú llevaste, Peregrina,
aquel que, con el Padre y el
Espíritu,
al bendecirte a ti nos bendecía. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá. Aleluya.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2: Así que Isabel oyó el saludo de María, su criatura saltó de gozo en su seno y ella quedó llena del Espíritu Santo. Aleluya.
Ant. 3: Dichosa tú, María, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.
LECTURA BREVE Jl 2, 27-28a
Sabréis que estoy en medio de Israel, yo, el Señor Dios vuestro, el Único. ¡Mi pueblo no será confundido jamás! Después de eso, derramaré mi Espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor la eligió y la predestinó.
R. El Señor la eligió y la
predestinó.
V. La hizo morar en su templo santo.
R. Y la
predestinó.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
El Señor la eligió y la predestinó.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Así que Isabel oyó el saludo de María, en alta voz exclamó: “¿Cómo he merecido yo que la madre de mi Señor venga a mi casa?”.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a
quien María Virgen precedía cual aurora
luciente,
haz que vivamos siempre
iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del
Padre, tú que elegiste a María como arca de tu
morada,
líbranos de toda ocasión de
pecado.
Salvador del mundo,
que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu
cruz,
por su intercesión concédenos
compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que
colgado en la cruz entregaste María a Juan como
madre,
haz que nosotros vivamos también
como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, tú que, cuando María llevaba en su seno a tu Hijo, le inspiraste que visitara a su prima santa Isabel, haz que nosotros seamos siempre dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu, para que, con María, podamos proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Se dice el himno propio de la Hora
SALMODIA
Ant. 1: Aleluya, aleluya, aleluya.
Salmo 118, 49-56
Recuerda la palabra
que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi esperanza;
éste es mi consuelo
en la aflicción:
que tu promesa me da vida;
los insolentes me insultan sin
parar,
pero yo no me aparto de tus mandatos.
Recordando tus
antiguos mandamientos,
Señor, quedé consolado;
sentí indignación ante los
malvados,
que abandonan tu voluntad;
tus leyes eran mi canción
en
tierra extranjera.
De noche pronuncio tu
nombre,
Señor, y velando, tus preceptos;
esto es lo que a mí me
toca:
guardar tus decretos.
Salmo 52
NECEDAD DE
LOS PECADORES
Todos pecaron y se hallan privados
de la gloria de Dios. (Rm 3,
23)
Dice el necio para
si:
«No hay Dios.»
Se han corrompido cometiendo abominaciones,
no hay
quien obre bien.
Dios observa desde el
cielo
a los hijos de Adán
para ver si hay alguno sensato
que busque a
Dios
Todos se
estravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre bien,
ni uno
solo.
Pero ¿no aprenderán
los malhechores
que devoran a mi pueblo como pan
y no invocan al
Señor?
Pues temblarán de
espanto
porque Dios esparce los huesos del agresor,
y serán
derrotados,
porque Dios los rechaza.
¡Ojalá venga desde
Sión
la salvación de Israel!
Cuando el Señor cambie la suerte de su
pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.
Salmo 53, 3-6.
8-9
PETICIÓN DE AUXILIO
El profeta pide verse libre de sus enemigos
por el nombre del Señor.
(Casiano)
Oh Dios!, sálvame por
tu nombre,
sal por mi con tu poder.
¡Oh Dios!, escucha mí
súplica,
atiende a mis palabras:
porque unos insolentes
se alzan contra mi,
y hombres violentos me persiguen a muerte
sin tener
presente a Dios.
pero Dios es mi
auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
te ofreceré un
sacrificio voluntario
dando gracias a tu nombre, que es bueno;
porque me
libraste del peligro
y he visto la derrota de mis enemigos.
Ant.: Aleluya, aleluya, aleluya.
LECTURA BREVE
Tercia Jdt 13, 31
Bendita seas en todas las tiendas de Judá y en todas las naciones. Cuantos oigan tu nombre quedarán asombrados.
V. Dichosos los que escuchan la palabra de
Dios.
R. Y
la cumplen.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Sexta Tb 12, 6
Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, pues él os ha mostrado su misericordia.
V. Dichoso el seno de santa María Virgen.
R. Qu llevó al Hijo del
eterno Padre.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Nona Sb 7, 27-28
La sabiduría, sin salir de si misma, todo lo renueva; en todas las edades entra en las almas santas y forma en ellas amigos de Dios y profetas, porque Dios no ama sino a quien vive con la sabiduría.
V. Bendita tú entre las mujeres.
R. Y bendito el fruto de tu
vientre.
La oración conclusiva como en las Laudes.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Una mujer creyente de
Israel
es para siempre madre de la vida;
bendita por su fe la nueva
Eva,
morada santa donde Dios habita.
Lo mismo que Isabel,
la santa Iglesia
hoy a su madre alaba y felicita:
”¡Bendita seas, Dios
está contigo,
llena de gracia al par, Virgen María!
Y bendito en la morada
sempiterna
aquel que tú llevaste, Peregrina,
aquel que, con el Padre y el
Espíritu,
al bendecirte a ti nos bendecía.” Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Entró María en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aleluya.
Salmo 121
¡Qué alegría cuando me
dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros
pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está
fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus
del Señor,
según la costumbre de
Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de
justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a
Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus
muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y
compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro
Dios,
te deseo todo bien.
Ant. 1: Entró María en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aleluya.
Ant. 2: Tan pronto como llegaron a mis oídos las palabras de tu saludo, dio luego el niño en mi seno saltos de alegría. Aleluya.
Salmo 126
Si el Señor no
construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda
la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el
Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son
saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que
llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su
adversario en la plaza.
Ant. 2: Tan pronto como llegaron a mis oídos las palabras de tu saludo, dio luego el niño en mi seno saltos de alegría. Aleluya.
Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Aleluya.
Cántico Ef 1, 3-10
Bendito sea
Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la
persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la
persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos
consagrados
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en
la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para
que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su
querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su
sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con
nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que
había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento
culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las
del cielo y las de la tierra.
Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Aleluya.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 5-7
Sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
R.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu
vientre.
R.
El Señor está contigo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava. Aleluya.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Que la llena de gracia interceda por nosotros.
O bien:
Mira a la llena de gracia y
escúchanos.
Tú que nos diste a
María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los
tristes, perdón a los pecadores
y a todos abundancia de
salud y de paz.
Haz, Señor, que tu
Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de
Jesús.
Tú que hiciste de
María la madre de misericordia,
haz que los que viven en
peligro o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que encomendaste a
María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de
José,
haz que por su intercesión todas las madres fomenten
en sus hogares el amor y la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a
María como reina del cielo,
haz que los difuntos puedan
alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, tú que, cuando María llevaba en su seno a tu Hijo, le inspiraste que visitara a su prima santa Isabel, haz que nosotros seamos siempre dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu, para que, con María, podamos proclamar eternamente tu grandeza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
DÍA 1 DE JUNIO
SAN JUSTINO,
mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir.
SEGUNDA LECTURA
De las Actas del martirio de san Justino y compañeros
(Caps. 1-5: cf. PG 6,1366-1371)
SIGO LAS VERDADERAS DOCTRINAS DE LOS CRISTIANOS
Apresados los santos, fueron conducidos ante el prefecto de Roma, de nombre Rústico. Llegados ante el tribunal, el prefecto Rústico dijo a Justino: «Ante todo cree en los dioses y obedece a los emperadores.»
Justino contestó:
«El hecho de que obedezcamos los preceptos de nuestro Salvador Jesucristo no puede ser objeto ni de acusación ni de detención.»
Rústico replicó:
«¿Qué doctrinas profesas?»
Justino dijo:
«Me he esforzado por conocer todas las doctrinas, y sigo las verdaderas doctrinas de los cristianos aunque desagrade a aquellos que son presa de sus errores.»
Rústico replicó:
«¿Estas doctrinas te agradan a ti, desgraciado?»
Justino contestó:
«Sí, porque profeso la verdadera doctrina siguiendo a los cristianos.»
Rústico preguntó:
«¿Qué doctrinas son ésas?»
Justino contestó:
«Adoramos al Dios de los cristianos, que es uno, y creador y artífice de todo el universo, de las cosas visibles e invisibles; creemos en nuestro Señor Jesucristo como Hijo de Dios, anunciado por los profetas como el que había de venir al género humano, mensajero de salvación y maestro de insignes discípulos. Yo soy un hombre indigno para poder hablar adecuadamente de su infinita divinidad; reconozco que para hablar de él es necesaria la virtud profética, pues fue profetizado, como te dije, que éste, de quien he hablado, es el Hijo de Dios. Yo sé que los profetas que vaticinaron su venida a los hombres recibían su inspiración del cielo.»
Rústico preguntó:
«¿Luego tú eres cristiano?»
Justino respondió:
«Sí, soy cristiano.»
El prefecto dijo a Justino:
«Escucha, tú que te las das de saber y conocer las verdaderas doctrinas; si después de azotado mando que te corten la cabeza, ¿crees que subirás al cielo?»
Justino contestó:
«Espero que entraré en la casa del Señor si soporto todo lo que tú dices; pues sé que a todos los que vivan rectamente les está reservada la recompensa divina hasta el fin de los siglos.»
El prefecto Rústico preguntó:
«Así, pues, ¿te imaginas que cuando subas al cielo recibirás la justa recompensa?»
Justino contestó:
«No me lo imagino, sino que lo sé y estoy cierto.»
El prefecto Rústico dijo:
«Vamos al asunto que nos interesa y nos apremia. Poneos de acuerdo y sacrificad a los dioses.»
Justino respondió:
«Nadie, a no ser por un extravío de su razón, pasa de la piedad a la impiedad.»
Rústico replicó:
«Si no hacéis lo que os mandamos, seréis torturados sin misericordia.»
Justino contestó:
«Es nuestro deseo más ardiente el sufrir por amor de nuestro Señor Jesucristo, para ser salvados. Este sufrimiento nos dará la salvación y la confianza ante el tribunal de nuestro Señor y Salvador, que será universal y más terrible que éste.»
Igualmente, los otros mártires dijeron:
«Haz lo que quieras; somos cristianos y no sacrificaremos a los ídolos.»
El prefecto Rústico pronunció la sentencia, diciendo:
«Por no haber querido sacrificar a los dioses ni obedecer la orden del emperador, que sean azotados y conducidos al suplicio, para sufrir la pena capital de acuerdo con las leyes.»
Los santos mártires, glorificando a Dios, fueron conducidos al lugar acostumbrado; allí fueron decapitados y consumaron su martirio en la confesión de nuestro Señor Jesucristo.
Responsorio Cf. Hch 20, 20. 21. 24; Rm 1, 16
R. No he ahorrado medio alguno al insistiros a creer en
nuestro Señor Jesús; * a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar
mí carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del
Evangelio, que es la gracia de Dios. Aleluya.
V. No me avergüenzo
del Evangelio; es, en verdad, poder de Dios para salvación de todo el que crea,
primero de los judíos y luego de los gentiles.
R. A mí no me
importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo
que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
Aleluya.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Al ofrecer nuestro sacrificio, alabamos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. (T. P. Aleluya.)
Vísperas: Un fuego ardiente se apoderó de mi espíritu y el intenso amor de los profetas y de aquellos hombres que son amigos de Cristo invadió mi alma. (T. P. Aleluya.)
Oración
Dios nuestro, que enseñaste a san Justino a descubrir en la locura de la cruz la incomparable sabiduría de Jesucristo, concédenos, por la intercesión de este mártir, la gracia de alejar los errores que nos cercan y de mantenernos siempre firmes en la fe por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE JUNIO
SANTOS MARCELINO y
PEDRO,
mártires
Del Común de mártires.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la Exhortación al martirio, de Orígenes, presbítero
(Núms. 41-42: PG 11, 618-619)
LOS QUE SON COMPAÑEROS DE CRISTO EN EL SUFRIR TAMBIÉN LO SON EN EL BUEN ÁNIMO
Si hemos pasado de la muerte a la vida, al pasar de la infidelidad a la fe, no nos extrañemos de que el mundo nos odie. Pues quien no ha pasado aún de la muerte a la vida, sino que permanece en la muerte, no puede amar a quienes salieron de las tinieblas y han entrado, por así decirlo, en esta mansión de la luz edificada con piedras vivas.
Jesús dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida, no digo por él, sino por nosotros mismos y, me atrevería a decirlo, por aquellos que van a sentirse alentados por nuestro martirio.
Nos ha llegado, oh cristiano, el tiempo de gloriarnos. Pues dice la Escritura: Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo; aceptemos, pues, con gran gozo los padecimientos de Cristo, y que se multipliquen en nosotros, si realmente apetecemos un abundante consuelo, como lo obtendrán todos aquellos que lloran. Pero este consuelo seguramente superará a los sufrimientos, ya que, si hubiera una exacta proporción, no estaría escrito: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, rebosa en proporción nuestro ánimo.
Los que se hacen solidarios de Cristo en sus padecimientos participarán también, de acuerdo con su grado de participación, en sus consuelos. Tal es el pensamiento de Pablo, que afirma con toda confianza: Si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo.
Dice también Dios por el Profeta: En el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado. ¿Qué tiempo puede ofrecerse más aceptable que el momento en el que, por nuestra fe en Dios por Cristo, somos escoltados solemnemente al martirio, pero como triunfadores, no como vencidos?
Los mártires de Cristo, con su poder, derrotan a los principados y potestades y triunfan sobre ellos, para que, al ser solidarios de sus sufrimientos, tengan también parte en lo que él consiguió por medio de su fortaleza en los sufrimientos.
Por tanto, el día de salvación no es otro que aquel en que de este modo salís de este mundo.
Pero, os lo ruego: Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca deis a nadie motivo de escándalo; al contrario; continuamente dad prueba de que sois ministros de Dios con lo mucho que pasáis, diciendo: Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Tú eres mi confianza.
Responsorio Ef 6, 12. 14. 13
R. Nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino
contra los principados y potestades, contra los espíritus del mal. * Tened, pues, ceñida
vuestra cintura con la verdad. Aleluya.
V. Echad mano de la
armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, vencidos todos los
enemigos, quedar dueños del campo.
R.
Tened, pues, ceñida vuestra cintura con la
verdad. Aleluya.
Oración
Señor, que en el glorioso martirio de los santos Marcelino y Pedro nos has dado un modelo de firmeza y un apoyo para nuestra debilidad, concédenos que el ejemplar de su fe nos ilumine para mejorar nuestra vida y que nos conforte siempre su continua intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 3 DE JUNIO
SANTOS CARLOS LWANGA Y
COMPAÑEROS,
mártires
Memoria
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De la homilía pronunciada por el papa Pablo sexto en la canonización de los mártires de Uganda
(AAS 56 (1964), 905-906)
LA GLORIA DE LOS MÁRTIRES, SIGNO DE REGENERACIÓN
Estos mártires africanos vienen a añadir a este catálogo de vencedores, que es el martirologio, una página trágica y magnífica, verdaderamente digna de sumarse a aquellasmaravillosas de la antigua África, que nosotros, modernos hombres de poca fe, creíamos que no podrían tener jamás adecuada continuación.
¿Quién podría suponer, por ejemplo, que a las emocionantísimas historias de losmártires escilitanos, de los cartagineses, de los mártires de la «blanca multitud» de Útica, de quienes san Agustín y Prudencio nos han dejado el recuerdo, de los mártires de Egipto, cuyo elogio trazó san Juan Crisóstomo, de los mártires de la persecución de los vándalos, hubieran venido a añadirse nuevos episodios no menos heroicos, no menos espléndidos, en nuestros días?
¿Quién podía prever que, a las grandes figuras históricas de los santos mártires y confesores africanos, como Cipriano, Felicidad y Perpetua, y al gran Agustín, habríamos de asociar un día los nombres queridos de Carlos Luanga y de Matías Mulumba Kalemba, con sus veinte compañeros? Y no queremos olvidar tampoco a aquellos otros que, perteneciendo a la confesión anglicana, afrontaron la muerte por el nombre de Cristo.
Estos mártires africanos abren una nueva época, quiera Dios que no sea de persecuciones y de luchas religiosas, sino de regeneración cristiana y civil.
El África, bañada por la sangre de estos mártires, los primeros de la nueva era —y Dios quiera que sean los últimos, pues tan precioso y tan grande fue su holocausto—, resurge libre y dueña de sí misma.
La tragedia que los devoró fue tan inaudita y expresiva que ofrece elementos representativos suficientes para la formación moral de un pueblo nuevo, para la fundación de una nueva tradición espiritual, para simbolizar y promover el paso desde una civilización primitiva —no desprovista de magníficos valores humanos, pero contaminada y enferma, como esclava de sí misma— hacia una civilización abierta a las expresiones superiores del espíritu y a las formas superiores de la vida social.
Responsorio S.
Cipriano, Carta 58 R. Dios nos contempla,
Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe. * Qué dignidad tan
grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados
por Cristo. Aleluya.
V. Revistámonos de fuerza y preparémonos para la lucha con un
espíritu indoblegable, con una fe sincera, con una total entrega.
R. Qué dignidad tan
grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados
por Cristo. Aleluya.
Oración
Señor Dios, que has querido que la sangre de los mártires sea semilla de nuevos cristianos, haz que el campo de tu Iglesia, regado con la sangre de san Carlos Lwanga y de sus compañeros mártires, produzca abundante cosecha para tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 5
DE JUNIO
SAN BONIFACIO, obispo y mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Bonifacio, obispo y mártir
(Carta 78: MGH, Epistolae, 3, 352. 354)
PASTOR SOLÍCITO QUE VELA SOBRE LA GREY DE CRISTO
La Iglesia, que es como una barca que navega por el mar de este mundo y que se ve sacudida por las diversas olas de las tentaciones, no ha de dejarse a la deriva, sino que debe ser gobernada.
En la primitiva Iglesia tenemos el ejemplo de Clemente y Cornelio y muchos otros en la ciudad de Roma, Cipriano en Cartago, Atanasio en Alejandría, los cuales, bajo el reinado de los emperadores paganos, gobernaban la nave de Cristo, su amada esposa, que es la Iglesia, con sus enseñanzas, con su protección, con sus trabajos y sufrimientos hasta derramar su sangre.
Al pensar en éstos y otros semejantes, me estremezco y me asalta el temor y el terror, me cubre el espanto por mis pecados, y de buena gana abandonaría el gobierno de la Iglesia que me ha sido confiado, si para ello encontrara apoyo en el ejemplo de los Padres o en la sagrada Escritura.
Mas, puesto que las cosas son así y la verdad puede ser impugnada, pero no vencida ni engañada, nuestra mente fatigada se refugia en aquellas palabras de Salomón: Confía en el Señor con toda el alma, no te fíes de tu propia inteligencia; en todos tus caminos piensa en él y él allanará tus sendas. Y en otro lugar: El nombre del Señor es un torreón de fortaleza: a él se acoge el honrado; y es inaccesible. Mantengámonos en la justicia y preparemos nuestras almas para la prueba; sepamos aguantar hasta el tiempo que Dios quiera y digámosle: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tengamos confianza en él, que es quien nos ha impuesto esta carga. Lo que no podamos llevar por nosotros mismos, llevémoslo con la fuerza de aquel que es todopoderoso y que ha dicho: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Mantengámonos firmes en la lucha en el día del Señor, ya que han venido sobre nosotros días de angustia y aflicción. Muramos, si así lo quiere Dios, por las santas leyes de nuestros padres, para que merezcamos como ellos conseguir la herencia eterna.
No seamos perros mudos, no seamos centinelas silenciosos, no seamos mercenarios que huyen del lobo, sino pastores solícitos que vigilan sobre el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, a los hombres de toda condición y de toda edad, en la medida en que Dios nos dé fuerzas, a tiempo y a destiempo, tal como lo escribió san Gregorio en su libro de los pastores de la Iglesia.
Responsorio 1 Ts 2, 8; Ga 4, 19
R. Queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso
nuestro propio ser, * porque habíais llegado a sernos muy queridos. Aleluya.
V. ¡Hijos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto,
hasta ver a Cristo formado en vosotros.
R. Porque habíais
llegado a sernos muy queridos. Aleluya.
Oración
Señor, que la intercesión de tu mártir san Bonifacio nos ayude a mantener con firmeza y a proclamar con nuestras obras aquella misma fe que él predicó con su palabra y testimonió con su sangre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 6 DE JUNIO
SAN NORBERTO,
obispo
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de san Norberto, obispo
(Las palabras entre comillas están sacadas de la Vida de san Norberto, escrita por un canónigo regular premonstratense, como él: PL 170, 1262. 1269. 1294. 1295; y de la carta apostólica del papa Inocencio II a san Norberto, II nonas de junio de 1133, «sub plumbo datae»: Acta Sanctorum 21, Apéndice, p. 50)
GRANDE ENTRE LOS GRANDES Y EXIGUO ENTRE LOS PEQUEÑOS
Norberto es contado, con toda razón, entre los que más eficazmente contribuyeron a la reforma gregoriana; él, en efecto, quiso antes que nada formar un clero entregado a una vida genuinamente evangélica y a la vez apostólica, casto y pobre, que aceptara «a la vez la vestidura y el ornato del hombre nuevo: lo primero en el hábito religioso, lo segundo en la dignidad de su sacerdocio.», y que se preocupara de «seguir las enseñanzas de la sagrada Escritura y de tener a Cristo por guía». Acostumbraba recomendar a este clero tres cosas: «En el altar y en los divinos oficios, decoro; en el capítulo, enmienda de las desviaciones y negligencias; con respecto a los pobres atenciones y hospitalidad.»
A los sacerdotes, que en la comunidad hacían las veces de los apóstoles, les agregó tal multitud de fieles laicos y de mujeres, a imitación de la Iglesia primitiva, que muchos aseguraban que nadie, desde el tiempo de los apóstoles, había podido adquirir para Cristo, en tan breve espacio de tiempo y con la formación que él les daba semejante cantidad de personas que procurasen seguir una vida de perfección.
Cuando lo nombraron arzobispo, encomendó a sus hermanos de religión la evangelización de los vendos; además, se esforzó en la reforma del clero de su diócesis a pesar de la turbación y conmoción que esto causó en el pueblo.
Finalmente, su principal preocupación fue consolidar y aumentar la armonía entre la Santa Sede y el Imperio, guardando, sin embargo, intacta la libertad en cuanto a los nombramientos eclesiásticos, lo que le valió estas palabras que le escribió el papa Inocencio segundo: «La Santa Sede se felicita de todo corazón de tener un hijo tan devoto como tú»; el emperador, por su parte, lo nombró gran canciller del Imperio.
Todo esto lo hizo movido por la fuerza que le daba su fe: «En Norberto —decían— destaca la fe, como en Bernardo de Claraval la caridad»; también se distinguió por la amabilidad de su trato, «ya que, grande entre los grandes y exiguo entre los pequeños, con todos se mostraba afable»; asimismo era notable su elocuencia: «Palabra de Dios llena de fuego, que quemaba los vicios, estimulaba las virtudes, enriquecía con su sabiduría a las almas bien dispuestas», ya que su valiente predicación era fruto de una meditación asidua y contemplativa de las cosas divinas.
Responsorio 2 Tm 4, 2. 5; Hch 20, 28
R. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella,
persuade, reprende, exhorta, armado de toda paciencia y doctrina; * arrostra los
trabajos, realiza la función de proclamar la Buena Nueva. Aleluya.
V. Ten cuidado del
rebaño que el Espíritu Santo te ha encargado guardar, como pastor de la Iglesia
de Dios.
R. Arrostra los trabajos, realiza la función de proclamar la
Buena Nueva. Aleluya.
Oración
Dios nuestro, que hiciste resplandecer a san Norberto, obispo de tu Iglesia, como un fiel servidor de tu pueblo por su celo pastoral y por su espíritu de oración, concédenos, por sus plegarias, que el rebaño de tus fieles encuentre siempre pastos abundantes de doctrina y pastores según tu corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE JUNIO
SAN EFRÉN,
diácono y doctor de la
Iglesia
Del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Efrén, diácono
(Sermón 3, De fine et admonitione; 2, 4-5: edición Lamy, 3, 216-222)
LOS DESIGNIOS DIVINOS SON FIGURA DEL MUNDO ESPIRITUAL
Señor, con la meridiana luz de tu sabiduría disipa las tinieblas nocturnas de nuestra mente, para que, iluminada, te sirva en la renovación de nuestra vida purificada. La salida del sol señala el comienzo de las obras de los mortales; prepara tú en nuestros corazones una mansión para aquel día que no tiene ocaso. Concédenos que en nuestra persona lleguemos a ver la vida resucitada y que nada aparte nuestras mentes de tus delicias. Imprime en nuestros corazones, por nuestra asidua búsqueda de ti, el sello de ese día sin fin que no comienza con el movimiento y el curso del sol.
A diario te abrazamos en tus sacramentos y te recibimos en nuestro cuerpo. Haznos dignos de sentir en nuestra persona la resurrección que esperamos. Con la gracia del bautismo hemos escondido tu tesoro en nuestros corazones; este mismo tesoro se acrecienta en la mesa de tus sacramentos; concédenos el gozo de tu gracia. Poseemos, Señor, en nuestra propia persona, tu memorial, tomado en la mesa espiritual; haz que lleguemos a poseerlo en toda su realidad en la renovación futura.
Que seamos capaces de comprender la belleza de nuestra condición mediante esa belleza espiritual que crea tu voluntad inmortal en las mismas criaturas mortales.
La crucifixión fue, Señor, el término de tu vida corporal; concédenos que nuestra mente quede también crucificada figuradamente en nuestra vida espiritual. Que tu resurrección, oh Jesús, preste su grandeza a nuestro hombre espiritual; que la contemplación de tus misterios nos sirva de espejo para conocerla.
Tus designios divinos, oh Salvador nuestro, son figura del mundo espiritual; concédenos la gracia de correr en él como corresponde al hombre espiritual.
No prives a nuestra mente de tu manifestación espiritual, ni apartes de nuestros miembros el calor de tu suavidad. La mortalidad latente en nuestro cuerpo nos lleva a la corrupción; que la difusión de tu amor espiritual repare sus efectos en nuestro corazón.
Concédenos, Señor, llegar cuanto antes a nuestra ciudad y, al igual que Moisés desde la cumbre del monte, poseerla ya por tu revelación.
Responsorio Sir 47, 10. 11. 12
R. Con todo su corazón amó a su Creador, entonándole himnos
cada día; * trajo instrumentos musicales para servicio del altar y, con
su acompañamiento, dio dulzura a los cantos. Aleluya.
V. Para alabar el
nombre santo del Señor, haciendo resonar desde la aurora el santuario.
R. Trajo instrumentos musicales para servicio del altar y, con
su acompañamiento, dio dulzura a los cantos. Aleluya.
Oración
Señor, tú que, con la luz del Espíritu Santo, inspiraste himnos admirables a san Efrén, diácono, para cantar los santos misterios y, con la fuerza de este mismo espíritu, lo llevaste a entregar su vida a tu servicio, llénanos también a nosotros con la luz del Espíritu Santo, para que nuestra alma proclame tu grandeza y nuestro espíritu se alegre, cantándote a ti, nuestro Salvador. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE JUNIO
SAN BERNABÉ,
apóstol
Memoria
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.
O bien:
Ant. Venid, adoremos al Espíritu Santo que nos habló por los profetas y los doctores.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los tratados de san Cromacio, obispo, sobre el evangelio de san Mateo
(Tratado 5,1. 3-4: CCL 9, 405-407)
VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. El Señor llamó a sus discípulos sal de la tierra, porque habían de condimentar con la sabiduría del cielo los corazones de los hombres, insípidos por obra del diablo. Ahora les llama también luz del mundo, porque, después de haber sido iluminados por él, que es la luz verdadera y eterna, se han convertido ellos mismos en luz que disipa las tinieblas.
Siendo él el sol de justicia, llama con razón a sus discípulos luz del mundo; a través de ellos, como brillantes rayos, difunde por el mundo entero la luz de su conocimiento. En efecto, los apóstoles, manifestando la luz de la verdad, alejaron del corazón de los hombres las tinieblas del error.
Iluminados por éstos, también nosotros nos hemos convertido en luz, según dice el Apóstol: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor; caminad como hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.
Con razón dice san Juan en su carta: Dios es luz, y quien permanece en Dios está en la luz, como él está en la luz. Nuestra alegría de vernos libres de las tinieblas del error debe llevarnos a caminar como hijos de la luz: Por eso dice el Apóstol: Brilláis como lumbrera del mundo, mostrando una razón para vivir. Si no obramos así, es como si, con nuestra infidelidad, pusiéramos un velo que tapa y oscurece esta luz tan útil y necesaria, en perjuicio nuestro y de los demás. Ya sabemos que aquel que recibió un talento y prefirió esconderlo antes que negociar con él para conseguir la vida del cielo, sufrió el castigo justo.
Por eso la esplendorosa luz que se encendió para nuestra salvación debe lucir constantemente en nosotros. Tenemos la lámpara del mandato celeste y de la gracia espiritual, de la que dice David: Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero. De ella dice también Salomón: El precepto de la ley es una lámpara.
Esta lámpara de la ley y de la fe no debe nunca ocultarse, sino que debe siempre colocarse sobre el candelero de la Iglesia para la salvación de muchos; así podremos alegrarnos con la luz de su verdad y todos los creyentes serán iluminados.
Responsorio Hch 11, 23-24
R. Cuando Bernabé llegó a Antioquía y vio la gracia de Dios,
se llenó de júbilo; * pues era un hombre de gran virtud, lleno del Espíritu
Santo y de una gran fe. Aleluya.
V.
Y exhortaba a todos a que con entera voluntad
permaneciesen fieles al Señor.
R.
Pues era un hombre de gran virtud, lleno del
Espíritu Santo y de una gran fe. Aleluya.
Oración como en las Laudes.
LECTURA BREVE 1Co 15, 1-2a. 3-4
Hermanos: Os quiero traer a la memoria el mensaje evangélico que os prediqué; el que abrazasteis, el mismo en que os mantenéis firmes todavía y por el que estáis en camino de salvación. En primer lugar os comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras.
RESPONSORIO BREVE
V. Proclamaron las alabanzas del Señor y su poder. Aleluya, aleluya. R. Proclamaron. V. Y las maravillas que realizó. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Proclamaron.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Bernabé partió para Tarso en busca de Saulo; y luego lo llevó a Antioquía, allí vivieron dentro de la comunidad e instruyeron a muchísima gente. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Aclamemos a nuestro Salvador, que ha aniquilado la muerte, y ha hecho brillar la vida y la inmortalidad por el Evangelio, y supliquémosle, diciendo: Confirma a tu Iglesia en la fe y la caridad.
Tú que por medio de doctores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, *purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, después de haber infundido en abundancia la fe y el Espíritu Santo en San Bernabé, lo destinaste para que anunciara a los pueblos paganos el mensaje de salvación, haz que el Evangelio de Cristo, que él predicó valerosamente, sea proclamado con fidelidad por nuestras palabras y nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
LECTURA BREVE Col 1, 3b-6a
Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos de la gloria del Señor. Aleluya, aleluya. R. Contad a los pueblos. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Contad a los pueblos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Toda la asamblea guardó silencio y escucharon a Pablo y a Bernabé, que contaban todas las señales y prodigios que, por su medio, había obrado Dios entre los gentiles. Aleluya.
PRECES
Invoquemos a Dios, fuente de toda luz, que por medio del Evangelio de su Hijo nos ha llamado a la fe verdadera, y oremos por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que sacaste de entre los muertos a Jesús, gran pastor de las ovejas, * haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrado también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, después de haber infundido en abundancia la fe y el Espíritu Santo en San Bernabé, lo destinaste para que anunciara a los pueblos paganos el mensaje de salvación, haz que el Evangelio de Cristo, que él predicó valerosamente, sea proclamado con fidelidad por nuestras palabras y nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE JUNIO
SAN ANTONIO DE PADUA,
presbítero y
doctor de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de doctores de la Iglesia, o del Común de santos varones: para los santos
religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Antonio de Padua, presbítero (I, 226)
LA PALABRA TIENE FUERZA CUANDO VA ACOMPAÑADA DE LAS OBRAS
El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta. La palabra tiene fuerza cuando va acompañada de las obras. Cesen, por favor, las palabras y sean las obras quienes hablen. Estamos repletos de palabras, pero vacíos de obras, y, por esto, el Señor maldice como maldijo aquella higuera en la que no halló fruto sino hojas tan sólo. "La norma del predicador —dice san Gregorio— es poner por obra lo que predica." En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana el que la contradice con sus obras.
Pero los apóstoles hablaban según el Espíritu les sugería. ¡Dichoso el que habla según le sugiere el Espíritu Santo y no según su propio sentir! Porque hay algunos que hablan movidos por su propio espíritu, roban las palabras de los demás y las proponen como suyas, atribuyéndoselas a sí mismos. De estos tales y de otros semejantes dice el Señor por boca de Jeremías: Aquí estoy yo contra los profetas que se roban mis palabras uno a otro. Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo del Señor— que manejan la lengua para echar oráculos. Aquí estoy yo contra los profetas de sueños falsos —oráculo del Señor—, que los cuentan para extraviar a mi pueblo, con sus embustes y jactancias. Yo no los mandé ni los envié, por eso, son inútiles a mi pueblo —oráculo del Señor—.
Hablemos, pues, según nos sugiera el Espíritu Santo, pidiéndole con humildad y devoción que infunda en nosotros su gracia, para que completemos el significado quincuagenario del día de Pentecostés, mediante el perfeccionamiento de nuestros cinco sentidos y la observancia de los diez mandamientos, y para que nos llenemos de la ráfaga de viento de la contrición, de manera que, encendidos e iluminados por los sagrados esplendores, podamos llegar a la contemplación del Dios uno y trino.
Responsorio Cf. Os 14, 6; cf. Sal 91, 13; Sir 24, 4
R. El justo florecerá como un lirio * y se alegrará
eternamente ante el Señor.
V.
En medio de su pueblo se gloría.
R. Y se alegrará
eternamente ante el Señor.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que diste a tu pueblo un predicador insigne del Evangelio en san Antonio de Padua, y un intercesor eficaz que lo asistiera en sus dificultades, concédenos, por su intercesión, que seamos fieles a las enseñanzas del Evangelio y que contemos con tu ayuda en todas las adversidades. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 19 DE JUNIO
SAN ROMUALDO,
abad
Del común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de san Romualdo, escrita por san Pedro Damiani, obispo
(Caps. 31 y 69: PL 144, 982-983.1005-1006)
SE NEGÓ A SÍ MISMO PARA SEGUIR A CRISTO
Romualdo vivió tres años en la ciudad de Parenzo; durante el primero, construyó un monasterio y puso en él una comunidad con su abad; los otros dos, vivió recluido en él. Allí la bondad divina lo elevó a tan alto grado de perfección que, inspirado por el Espíritu Santo, predijo algunos sucesos futuros y llegó a la penetración de muchos misterios ocultos del antiguo y del nuevo Testamento.
Con frecuencia, era arrebatado a un grado tan elevado de contemplación que, deshecho todo él en lágrimas, abrasado por el ardor inefable del amor divino, exclamaba:
"Amado Jesús, mi dulce miel, deseo inefable, dulzura de los santos, encanto de los ángeles."
Y otras cosas semejantes. Nosotros somos incapaces de expresar con palabras humanas todo lo que él profería, movido por el gozo del Espíritu Santo.
Dondequiera que aquel santo varón se decidía a habitar, ante todo hacía en su celda un oratorio con su altar, y luego se encerraba allí, impidiendo toda entrada.
Después de haber vivido así en varios lugares, dándose cuenta de que ya se acercaba su fin, volvió definitivamente al monasterio que había construido en Val de Castro y allí, en espera cierta de su muerte cercana, se hizo edificar una celda con su oratorio, con el fin de recluirse en ella y guardar silencio hasta la muerte.
Una vez construido este lugar de receso, en el cual quiso él recluirse inmediatamente, su cuerpo empezó a experimentar unas molestias progresivas y una creciente debilidad, producida más por la decrepitud de sus muchos años que por enfermedad alguna.
Un día, esta debilidad comenzó a hacerse sentir con más fuerza y sus molestias alcanzaron un grado alarmante. Cuando el sol ya se ponía, mandó a los dos hermanos que estaban junto a él que salieran fuera, que cerraran tras sí la puerta de la celda y que volvieran a la madrugada para celebrar con él el Oficio matutino.
Ellos salieron como de mala gana, intranquilos porque presentían su fin, y no se fueron en seguida a descansar, sino que, preocupados por el temor de que muriera su maestro, se quedaron a escondidas cerca de la celda, en observación de aquel talento de tan valioso precio. Después de algún rato, su interés les indujo a escuchar atentamente y, al no percibir ningún movimiento de su cuerpo ni sonido alguno de su voz, seguros ya de lo que había sucedido, empujan la puerta, entran precipitadamente, encienden una luz y encuentran el santo cadáver que yacía boca arriba, después que su alma había sido arrebatada al cielo. Aquella perla preciosa yacía entonces como despreciada, pero en realidad destinada en adelante a ser guardada con todos los honores en el erario del Rey supremo.
Responsorio Dt 2, 7; 8, 5
R. Dios te ha bendecido en todas tus empresas, ha protegido tu
marcha a través de un gran desierto, *
y te ha acompañado.
V. Te ha educado
como un padre educa a su hijo.
R.
Y te ha acompañado.
Oración
Señor Dios, tú que elegiste a san Romualdo para que renovara la vida eremítica en tu Iglesia, concédenos que, por la abnegación de nosotros mismos y siguiendo a Cristo, merezcamos llegar al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE JUNIO
SAN LUIS GONZAGA,
religioso
Memoria
Del común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De una carta de san Luis Gonzaga, dirigida a su madre
(Acta Sanctorum Iunii 5, 878)
CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR
Pido para ti, ilustre señora, que goces siempre de la gracia y del consuelo del Espíritu Santo. Al llegar tu carta, me encuentro todavía en esta región de los muertos. Pero un día u otro ha de llegar el momento de volar al cielo, para alabar al Dios eterno en la tierra de los que viven. Yo esperaba poco ha que habría realizado ya este viaje antes de ahora. Si la caridad consiste, como dice san Pablo, en estar alegres con los que ríen y llorar con los que lloran, ha de ser inmensa tu alegría, madre ilustre, al pensar que Dios me llama a la verdadera alegría, que pronto poseeré con la seguridad de no perderla jamás.
Te he de confesar, ilustre señora, que, al sumergir mi pensamiento en la consideración de la divina bondad, que es como un mar sin fondo ni litoral, no me siento digno de su inmensidad, ya que él, a cambio de un trabajo tan breve y exiguo, me invita al descanso eterno y me llama desde el cielo a la suprema felicidad, que con tanta negligencia he buscado, y me promete el premio de unas lágrimas, que tan parcamente he derramado.
Considéralo una y otra vez, ilustre señora, y guárdate de menospreciar esa infinita benignidad de Dios, que es lo que harías si lloraras como muerto al que vive en la presencia de Dios y que, con su intercesión, puede ayudarte en tus asuntos mucho más que cuando vivía en este mundo. Esta separación no será muy larga; volveremos a vernos en el cielo, y todos juntos, unidos a nuestro Salvador, lo alabaremos con toda la fuerza de nuestro espíritu y cantaremos eternamente sus misericordias, gozando de una felicidad sin fin. Al morir, nos quita lo que nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro, para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos.
Todo esto lo digo solamente para expresar mi deseo de que tú, ilustre señora, así como los demás miembros de mi familia, consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gozo, y para que no me falte su bendición materna en el momento de atravesar este mar hasta llegar a la orilla en donde tengo puestas todas mis esperanzas. Así te escribo porque estoy convencido de que esta es la mejor manera de demostrarte el amor y respeto que te debo como hijo.
Responsorio Sal 40, 13; 83, 11
R. Has conservado mi inocencia, Señor, * tú me mantienes
siempre en tu presencia.
V. Prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los
malvados.
R. Tú me mantienes siempre en tu presencia.
Oración
Dios nuestro, fuente y origen de todos los dones celestiales, tú que uniste en san Luis Gonzaga una admirable pureza de vida con la práctica de la penitencia, concédenos, por sus méritos e intercesión, que los que no hemos podido imitarlo en la inocencia de su vida lo imitemos en su espíritu de penitencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE JUNIO
SAN PAULINO DE NOLA,
obispo
Del común
de pastores: para los santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Paulino de Nola, obispo
(Carta 3, a Alipio,1. 5. 6: CSEL 29,13-14.17-18)
DIOS INFUNDE SU AMOR EN LOS SUYOS POR TODA LA TIERRA, POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
Esta es la verdadera caridad, éste el amor perfecto, el que has demostrado tener para con nuestra pequeñez, señor verdaderamente santo y con razón bienaventurado y amable. En efecto, hemos recibido de manos de Juliano, uno de los de aquí, que volvía de Cartago, una carta tuya que nos revela tu santidad, tan elevada, que nos hace reconocer, más que conocer, tu caridad. Caridad que dimana de aquel que nos predestinó para sí desde el principio del mundo, en el cual fuimos hechos antes de nacer, ya que él nos hizo y somos suyos, y él hizo también lo que tiene que existir en el futuro. Formados, pues, por su presciencia y por su acción, fuimos unidos, antes de conocernos, por los lazos de la caridad, en un mismo sentir y en la unidad de la fe o en la fe de la unidad, de modo que, antes de vernos corporalmente, nos conocemos ya por una especie de revelación interna.
Por eso, nos congratulamos y nos gloriamos en el Señor, porque él, siendo el mismo y único, infunde su amor en los suyos por toda la tierra, por obra del Espíritu Santo, que ha derramado sobre todos los hombres, alegrando con el correr de las acequias su ciudad, sobre cuyos habitantes te ha puesto con toda justicia en la Sede apostólica, como jefe espiritual con los príncipes de su pueblo, como también a mí, que ha querido que tuviera parte en tu mismo ministerio, levantándome de mi bajeza y del polvo en que estaba. Pero nos congratulamos más aún por el don que nos ha hecho el Señor de habitar en tu corazón y de habernos él introducido en tus entrañas, de manera que podemos gloriarnos con seguridad de tu amor, que nos has demostrado con tus servicios y obsequios, obligándonos con ello a corresponderte con un amor semejante.
Para que nada ignores acerca de mí, has de saber que yo fui por mucho tiempo un pecador y que, si en otro tiempo fui sacado de las tinieblas y de la sombra de la muerte para respirar el hálito de vida y si puse la mano en el arado y tomé en mis manos la cruz del Señor, necesito, para perseverar hasta el fin, la ayuda de tus oraciones. Será un mérito más que añadir a los muchos que ya posees, si me ayudas a llevar mi carga. Porque el santo que ayuda al fatigado —y hablo así porque no me atrevo a llamarte hermano— será ensalzado como una gran ciudad.
En señal de unión, enviamos a tu santidad un pan, el cual es también signo de la unión indestructible de la santísima Trinidad. Tú lo convertirás en pan bendito si te dignas comerlo.
Responsorio Sir 31, 8. 11. 10
R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. Pudo desviarse y no se desvió, hacer el mal y no lo hizo.
R. Su dicha será consolidada por el Señor.
Oración
Señor, tú que nos has dado, en el obispo san Paulino de Nola un luminoso ejemplo de celo pastoral y de amor a la pobreza, concédenos a quienes celebramos hoy sus méritos imitar sus ejemplos de caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 22 DE JUNIO
SANTOS JUAN FISHER,
obispo,
y TOMÁS MORO, mártires
Del común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De una carta de santo Tomás Moro, escrita en la cárcel, a su hija Margarita
(The English Works of Sir Thomas More, Londres 1557, p.1454)
ME PONGO TOTALMENTE EN MANOS DE DIOS CON ABSOLUTA ESPERANZA Y CONFIANZA
Aunque estoy bien convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad. Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes que prestar juramento en contra de mi conciencia; hasta ahora, ha inspirado al mismo rey la suficiente benignidad para que no pasara de privarme de la libertad (y, por cierto, que con esto solo su majestad me ha hecho un favor más grande, por el provecho espiritual que de ello espero sacar para mi alma, que con todos aquellos honores y bienes de que antes me había colmado). Por esto, espero confiadamente que la misma gracia divina continuará favoreciéndome, no permitiendo que el rey vaya más allá, o bien dándome la fuerza necesaria para sufrir lo que sea con paciencia, con fortaleza y de buen grado.
Esta mi paciencia, unida a los méritos de la dolorosísima pasión del Señor (infinitamente superior en todos los aspectos a todo lo que yo pueda sufrir), mitigará la pena que tenga que sufrir en el purgatorio y, gracias a la divina bondad, me conseguirá más tarde un aumento de premio en el cielo.
No quiero, mi querida Margarita, desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya a punto de ceder, me acordaré de san Pedro, cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo. Gritaré a Cristo: Señor, sálvame. Espero que entonces él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda.
Y, si permitiera que mi semejanza con Pedro fuera aún más allá, de tal modo que llegara a la caída total y a jurar y perjurar (lo que Dios, por su misericordia, aparte lejos de mí, y haga que una tal caída redunde más bien en perjuicio que en provecho mío), aun en este caso espero que el Señor me dirija, como a Pedro, una mirada llena de misericordia y me levante de nuevo, para que vuelva a salir en defensa de la verdad y descargue así mi conciencia, y soporte con fortaleza el castigo y la vergüenza de mi anterior negación.
Finalmente, mi querida Margarita, de lo que estoy cierto es de que Dios no me abandonará sin culpa mía. Por esto, me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y confianza. Si a causa de mis pecados permite mi perdición, por lo menos su justicia será alabada a causa de mi persona. Espero, sin embargo, y lo espero con toda certeza, que su bondad clementísima guardará fielmente mi alma y hará que sea su misericordia, más que su justicia, lo que se ponga en mí de relieve.
Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor.
Responsorio R.
En medio de sus tormentos, los mártires de
Cristo contemplaban su gloria y decían: *
«Ayúdanos, Señor, para que sin mancha alguna
realicemos tu obra.»
V. Mira a tus siervos que son obra de tus manos.
R. Ayúdanos, Señor,
para que sin mancha alguna realicemos tu obra.
Oración
Señor, tú que has querido que el martirio sea el supremo testimonio de la fe, concédenos, por la intercesión de los santos Juan Fisher y Tomás Moro, ratificar con nuestra vida la fe que profesamos con nuestros labios. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 24 DE JUNIO
EL NACIMIENTO DE SAN JUAN
BAUTISTA
Solemnidad
HIMNO
Profeta de
soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para
gritar verdades.
Desde el vientre
escogido
fuiste tú el pregonero,
para anunciar al mundo
la presencia
del Verbo.
El desierto
encendido
fue tu ardiente maestro,
para allanar montañas
y encender los
senderos.
Cuerpo de duro
roble,
alma azul de silencio;
miel silvestre de rocas
y un jubón de
camello.
No fuiste, Juan, la
caña
tronchada por el viento;
sí la palabra ardiente
tu palabra de
acero.
En el Jordán
lavaste
al más puro Cordero,
que apacienta entre lirios
y duerme en los
almendros.
En tu figura
hirsuta
se esperanzó tu pueblo:
para una raza nueva
abriste cielos
nuevos.
Sacudiste el
azote
ante el poder soberbio;
y ante el Sol que nacía
se apagó tu
lucero.
Por fin, en un
banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó el
desierto.
Profeta de
soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para
gritar verdades. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Isabel, esposa de Zacarías, dio a luz a un gran hombre: Juan Bautista, el precursor del Señor.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Isabel, esposa de Zacarías, dio a luz a un gran hombre: Juan Bautista, el precursor del Señor.
Ant. 2. El precursor del Señor, Juan Bautista, nació del vientre de una anciana estéril.
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 2. El precursor del Señor, Juan Bautista, nació del vientre de una anciana estéril.
Ant. 3. Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista.
LECTURA BREVE Hch 13,23-25
Según lo prometido, Dios sacó para Israel de la descendencia de David un salvador, Jesús. Y su precursor fue Juan. Ya éste, antes de presentarse Jesús, había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo como señal de arrepentimiento. Y, cuando estaba para terminar su misión, solía decir: "No soy yo el que vosotros os imagináis. Pero, mirad, viene otro después de mí; y yo no soy digno de desatar su calzado."
RESPONSORIO BREVE
V. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. R. Preparad. V. El que viene después de mí ya existía antes que yo. R. Enderezad sus sendas. V. Gloria. R. Preparad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Cuando entró Zacarías en el santuario del Señor, se le apareció el ángel Gabriel, de pie a la derecha del altar del incienso.
PRECES
Oremos confiado al Señor, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres el reino de Cristo, y digámosle: Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.
Tú, Señor, que llamaste a Juan cuando estaba aún en las entrañas maternas y lo elegiste para que preparara los caminos de tu Hijo, * danos ánimos para seguir siempre a Cristo con la misma fidelidad con que Juan lo precedió.
Tú que concediste al Bautista reconocer al Cordero de Dios, * concede a la Iglesia anunciar a Cristo de tal manera que los hombres de nuestro tiempo puedan reconocerlo.
Tú que dispusiste que Juan menguase y que Cristo creciera, * enséñanos a saber humillarnos, para que brille Cristo a los ojos de los hombres.
Tú que, por el martirio de Juan, quisiste manifestar la justicia, * concédenos testificar tu verdad con valentía, sin temor a la tribulación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de los que han salido ya de este mundo * y colócalos en el reino de la luz y de la paz.
Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, haz que tu pueblo, siguiendo las exhortaciones de san Juan Bautista, progrese por las sendas de la salvación y llegue así, con seguridad, al encuentro del Mesías, anunciado por el santo precursor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Voz más rica que un
concierto
y que sube hasta el Jordán
es la voz, a campo abierto,
del
que clama en el desierto,
y que lo llamaron Juan.
Vio cómo el cielo se
abría
sobre el Cordero de Dios,
y su voz le anunciaría.
¡Oh radiante
profecía
que por siempre unió a los dos!
Más aún, en su
presencia,
con humilde sumisión,
pide el que es Dios por
esencia
bautismo de penitencia
para empezar su misión.
Juan bautiza al
Deseado,
¡doble abismo de humildad!:
ante el Hijo muy amado,
por el
Padre proclamado,
se rindió su caridad.
¡Oh sin par
doxología!:
voz del Padre en el Jordán,
el Hijo que la acogía
y la
Paloma que ardía
sobre Jesús y san Juan. Amén.
SALMODIA
Salmo 20, 2-8. 14
Ant. 1: El Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno materno pronunció mi nombre.
Señor, el rey se
alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el
deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.
Te adelantaste a
bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro
fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin
término.
Tu victoria ha
engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes
bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia:
porque el rey
confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo no fracasará.
Levántate, Señor, con
tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 1: El Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno materno pronunció mi nombre.
Ant. 2: El Señor hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano.
Salmo 91
I
Es bueno dar gracias
al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu
misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y
laúdes
sobre arpegios de cítaras.
Tus acciones, Señor,
son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son
tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los
entiende
ni el necio se da cuenta.
Aunque germinen como
hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para
siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Ant. 2: El Señor hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano.
Ant. 3: Juan declaró como testigo: «El que ha de venir después de mí existía antes que yo.»
II
Porque tus enemigos,
Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la
fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis
enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.
El justo crecerá como
una palmera
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del
Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá
dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es
justo,
que en mi Roca no existe la maldad.
Ant. 3: Juan declaró como testigo: «El que ha de venir después de mí existía antes que yo.»
V. Éste vino como testigo enviado a declarar en favor de la
luz.
R.
Para que por su medio todos abrazasen la fe.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Jeremías 1, 4-10. 17-19
LA VOCACIÓN DEL PROFETA
Recibí esta palabra del Señor:
«Antes de formarte en el
vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te
nombré profeta de los gentiles.» Yo repuse:
«jAy, Señor
mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho.» El Señor me contestó:
«No
digas: "Soy un muchacho", que adonde yo te envíe irás, y lo que yo te mande lo
dirás. No les tengas miedo, yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor-.»
El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo:
«Mira: yo pongo mis palabras en tu boca, hoy te establezco sobre pueblos y
reyes, para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y
plantar. Pero tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te
mando.
No les tengas miedo, que yo no te haré desmayar
delante de ellos. Mira: Yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de
hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y
príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del pueblo; lucharán
contra ti, pero no podrán contigo, porque yo estoy contigo para librarte
-oráculo del Señor-.»
Responsorio Jr 1, S. 9. 10
R. Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que
salieras del seno materno, te consagré: * te nombré profeta de los
gentiles.
V. Yo pongo mis palabras en tu boca, yo te establezco sobre
pueblos y reyes.
R. Te nombré profeta de los gentiles.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 293, 1-3: PL 38, 1327-1328)
LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO
La
Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los
santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de
Cristo.
Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no
alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar
esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él.
Juan
nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. El futuro padre de
Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del
nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que
intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de
que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio
tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en
ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos,
aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos
templo.
Juan viene a ser como la línea divisoria entre los
dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando
dice: La ley y los profetas llegan hasta Juan. Por tanto, él es como la
personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo
antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado
profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María,
salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión,
aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo
vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de
la humana pequeñez. Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la
lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza
de su significado.
Zacarías calla y pierde el habla hasta
que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías
significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías
estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a
quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el
nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el
rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí
mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es
porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su
misión de anunciar al Señor, le dijeron: Dinos quién eres. Y él respondió: Yo
soy la voz del que clama en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era
la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz
pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
Responsorio Lc 1, 76-77
R. A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, * porque irás delante del
Señor a preparar sus caminos.
V. Anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus
pecados.
R.
Porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
La oración conclusiva como en las I Vísperas o las Laudes.
HIMNO
"¿Qué será este niño?"
decía la gente
al ver a su padre mudo de estupor.
"¿Si será un profeta?
¿si será un vidente?"
¡De una madre estéril nace el Precursor!
Antes de nacer, sintió
su llegada,
al fuego del niño lo cantó Isabel,
y llamó a la Virgen:
"Bienaventurada",
porque ella era el arca donde estaba él.
El ya tan antiguo y
nuevo Testamento
en él se soldaron como en piedra imán;
muchos se
alegraron de su nacimiento:
fue ese mensajero que se llamó Juan.
Lo envió el Altísimo
para abrir las vías
del que trae al mundo toda redención:
como el gran
profeta, como el mismo Elías,
a la faz del Hijo de su corazón.
Él no era la luz; vino
a ser testigo
de la que ya habita claridad sin fin;
él no era el Señor:
vino a ser su amigo,
su siervo, su apóstol y su paladín.
Cántanle los siglos,
como Zacarías:
"Y tú serás, niño, quien marche ante él;
eres el heraldo
que anuncia al Mesías,
eres la esperanza del nuevo Israel."
El mundo se llena de
gran regocijo,
Juan es el preludio de la salvación;
alabanza al Padre que
nos dio tal Hijo,
la gloria al Espíritu que fraguó la acción. Amén
SALMODIA
Ant. 1. Le pondrás el nombre de Juan y sus nacimiento será motivo de alegría para muchos.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Precederá al Señor en su venida con el espíritu y el poder de Elías, preparando al Señor un pueblo bien dispuesto.
Ant. 3. A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.
LECTURA BREVE Ml 4,5-6
Mirad, os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra.
RESPONSORIO BREVE
V. Será grande a los ojos del Señor y estará lleno del Espíritu Santo. R. Será grande. V. Precederá al Señor en su venida, preparándole un pueblo bien dispuesto. R. Y estará lleno del Espíritu Santo. V. Gloria. R. Será grande.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Zacarías recuperó el uso de la lengua e inspirando, dijo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel."
PRECES
Oremos a Cristo, el Señor, que envió a Juan a preparar sus caminos delante de él, y digámosle: Visítanos, Sol que naces de lo alto.
Tú que hiciste saltar de gozo a Juan cuando estaba en el vientre de su madre, * haz que siempre nos alegremos de que hayas venido al mundo.
Tú que nos mostraste el camino de la conversión por la palabra y por el ejemplo del Bautista, * ilumina nuestros corazones, para que se conviertan a las enseñanzas de tu reino.
Tú que quieres mostrarte a los hombres por la predicación de los hombres, * envía a todo el mundo profetas que anuncien tu Evangelio.
Tú que quisiste ser bautizado por Juan en el Jordán para llevar a término toda justicia, * haz que trabajemos por la justicia de tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que suscitaste a san Juan Bautista, para que le preparara a Cristo un pueblo bien dispuesto, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y guíanos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
SALMODIA
Tercia: Será grande a los ojos del Señor y estará lleno del
Espíritu Santo ya desde el seno de su madre.
Sexta: Tan pronto como
llegaron a mis oídos las palabras de tu saludo, dio luego el niño en mi seno
saltos de alegría. Aleluya.
Nona: Este niño será grande a los ojos del Señor, pues una
providencia especial se manifiesta sobre él.
Los salmos se toman de la salmodia complementaria.
LECTURA BREVE
Tercia Is 49, 1
Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: el Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno materno pronunció mi nombre.
V. Ví al Espíritu Santo descender y posarse sobre
él.
R. Él
es quien bautiza con Espíritu Santo.
Sexta Is 49, 5-6
Habla el Señor, que desde el seno materno me hizo su siervo: "Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra."
V. El Señor me llamó desde el vientre de mi
madre.
R.
Cuando aún estaba yo en el seno de mi madre, pronunció mi nombre.
Nona Is 49, 7b
Te verán los reyes y se pondrán de pié, te verán los príncipes y se postrarán; porque el Señor es fiel, porque el Santo de Israel te ha elegido.
V. Mira, yo pongo las palabras en tu boca.
R. Hoy te establezco sobre
pueblos y reyes.
La oración conclusiva como en las Laudes.
HIMNO
Profeta de
soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para
gritar verdades.
Desde el vientre
escogido
fuiste tú el pregonero,
para anunciar al mundo
la presencia
del Verbo.
El desierto
encendido
fue tu ardiente maestro,
para allanar montañas
y encender los
senderos.
Cuerpo de duro
roble,
alma azul de silencio;
miel silvestre de rocas
y un jubón de
camello.
No fuiste, Juan, la
caña
tronchada por el viento;
sí la palabra ardiente
tu palabra de
acero.
En el Jordán
lavaste
al más puro Cordero,
que apacienta entre lirios
y duerme en los
almendros.
En tu figura
hirsuta
se esperanzó tu pueblo:
para una raza nueva
abriste cielos
nuevos.
Sacudiste el
azote
ante el poder soberbio;
y ante el Sol que nacía
se apagó tu
lucero.
Por fin, en un
banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó el
desierto.
Profeta de
soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para
gritar verdades. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Apareció un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. Apareció un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Ant. 2. Juan vino como testigo para declarar a favor de la verdad.
Salmo
111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como hijos de
la luz; toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5,
8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será
perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que
vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. Juan vino como testigo para declarar a favor de la verdad.
Ant. 3. Juan era la lámpara que arde y que ilumina.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3. Juan era la lámpara que arde y que ilumina.
LECTURA BREVE Hch 13,23-25
Según lo prometido, Dios sacó para Israel de la descendencia de David un salvador, Jesús. Y su precursor fue Juan. Ya éste, antes de presentarse Jesús, había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo como señal de arrepentimiento. Y, cuando estaba para terminar su misión, solía decir: "No soy yo el que vosotros os imagináis. Pero, mirad, viene otro después de mí; y yo no soy digno de desatar su calzado."
RESPONSORIO BREVE
V. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. R. Preparad. V. El que viene después de mí ya existía antes que yo. R. Enderezad sus sendas. V. Gloria. R. Preparad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El niño que nos ha nacido es más que un profeta; es aquel de quien dice el Salvador: "Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista."
PRECES
Oremos confiado al Señor, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres el reino de Cristo, y digámosle: Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.
Tú, Señor, que llamaste a Juan cuando estaba aún en las entrañas maternas y lo elegiste para que preparara los caminos de tu Hijo, * danos ánimos para seguir siempre a Cristo con la misma fidelidad con que Juan lo precedió.
Tú que concediste al Bautista reconocer al Cordero de Dios, * concede a la Iglesia anunciar a Cristo de tal manera que los hombres de nuestro tiempo puedan reconocerlo.
Tú que dispusiste que Juan menguase y que Cristo creciera, * enséñanos a saber humillarnos, para que brille Cristo a los ojos de los hombres.
Tú que, por el martirio de Juan, quisiste manifestar la justicia, * concédenos testificar tu verdad con valentía, sin temor a la tribulación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de los que han salido ya de este mundo * y colócalos en el reino de la luz y de la paz.
Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que suscitaste a san Juan Bautista, para que le preparara a Cristo un pueblo bien dispuesto, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y guíanos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 27 DE JUNIO
SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA,
obispo y
doctor de la Iglesia
Del Común
de pastores: para un santo obispo, del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cirilo de Alejandría, obispo
(Carta 1: PG 77,14-18. 27-30)
DEFENSOR DE LA MATERNIDAD DIVINA DE LA VIRGEN MARÍA
Me extraña, en gran manera, que haya alguien que tenga duda alguna de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. En efecto, si nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios? Esta es la fe que nos trasmitieron los discípulos del Señor, aunque no emplearan esta misma expresión. Así nos lo han enseñado también los santos Padres.
Y, así, nuestro padre Atanasio, de ilustre memoria, en el libro que escribió sobre la santa y consubstancial Trinidad, en la disertación tercera, a cada paso da a la Santísima Virgen el título de Madre de Dios.
Siento la necesidad de citar aquí sus mismas palabras, que dicen así: "La finalidad y característica de la sagrada Escritura, como tantas veces hemos advertido, consiste en afirmar de Cristo, nuestro salvador, estas dos cosas: que es Dios y que nunca ha dejado de serlo, él, que es el Verbo del Padre, su resplandor y su sabiduría; como también que él mismo, en estos últimos tiempos, se hizo hombre por nosotros, tomando un cuerpo de la Virgen María, Madre de Dios."
Y, un poco más adelante, dice también: "Han existido muchas personas santas e inmunes de todo pecado: Jeremías fue santificado en el vientre materno; y Juan Bautista, antes de nacer, al oír la voz de María, Madre de Dios, saltó lleno de gozo." Y estas palabras provienen de un hombre absolutamente digno de fe, del que podemos fiarnos con toda seguridad, ya que nunca dijo nada que no estuviera en consonancia con la sagrada Escritura.
Además, la Escritura inspirada por Dios afirma que el Verbo de Dios se hizo carne, esto es, que se unió a un cuerpo que poseía un alma racional. Por consiguiente, el Verbo de Dios asumió la descendencia de Abrahán y, fabricándose un cuerpo tomado de mujer, se hizo partícipe de la carne y de la sangre, de manera que ya no es sólo Dios, sino que, por su unión con nuestra naturaleza, ha de ser considerado también hombre como nosotros.
Ciertamente el Emmanuel consta de estas dos cosas, la divinidad y la humanidad. Sin embargo, es un solo Señor Jesucristo, un solo verdadero Hijo por naturaleza, aunque es Dios y hombre a la vez; no un hombre divinizado, igual a aquellos que por la gracia se hacen partícipes de la naturaleza divina, sino Dios verdadero, que, por nuestra salvación, se hizo visible en forma humana, como atestigua también Pablo con estas palabras: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Responsorio
R. Éste sí que realizó ante Dios obras realmente maravillosas
e inundó toda la tierra con su doctrina. *
Que él interceda por nosotros ante el Señor,
nuestro Dios.
V. Éste es el ministro del Señor, que meditó día y noche en
sus preceptos.
R. Que él interceda por nosotros ante el Señor, nuestro Dios.
Oración
Señor Dios, que hiciste de san Cirilo de Alejandría un invencible defensor de la maternidad divinidad de la Virgen María, concede a tu pueblo, que la proclama como verdadera Madre de Dios, alcanzar la salvación por medio de Cristo, tu Hijo, hecho hombre por nosotros. Que vive y reina contigo.
DÍA 28 DE JUNIO
SAN IRENEO, obispo y
mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías
(Libro 4, 20, 5-7: SC 100, 640-642. 644-648)
LA GLORIA DE DIOS CONSISTE EN QUE EL HOMBRE VIVA, Y LA VIDA DEL HOMBRE CONSISTE EN LA VISIÓN DE DIOS
La claridad de Dios vivifica y, por tanto, los que ven a Dios reciben la vida. Por esto, aquel que supera nuestra capacidad, que es incomprensible, invisible, se hace visible y comprensible para los hombres, se adapta a su capacidad, para dar vida a los que lo perciben y lo ven. Vivir sin vida es algo imposible, y la subsistencia de esta vida proviene de la participación de Dios, que consiste en ver a Dios y gozar de su bondad.
Los hombres, pues, verán a Dios y vivirán, ya que esta visión los hará inmortales, al hacer que lleguen hasta la posesión de Dios. Esto, como dije antes, lo anunciaban ya los profetas de un modo velado, a saber, que verán a Dios los que son portadores de su Espíritu y esperan continuamente su venida. Como dice Moisés en el Deuteronomio: Aquel día veremos que puede Dios hablar a un hombre, y seguir éste con vida.
Aquel que obra todo en todos es invisible e inefable en su ser y en su grandeza, con respecto a todos los seres creados por él, mas no por esto deja de ser conocido, porque todos sabemos, por medio de su Verbo, que es un solo Dios Padre, que lo abarca todo y que da el ser a todo; este conocimiento viene atestiguado por el evangelio, cuando dice: A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer
Así pues, el Hijo nos ha dado a conocer al Padre desde el principio; ya que desde el principio está con el Padre; él, en efecto, ha manifestado al género humano el sentido de las visiones proféticas, de la distribución de los diversos carismas, con sus ministerios; y en qué consiste la glorificación del Padre, y lo ha hecho de un modo consecuente y ordenado, a su debido tiempo y con provecho; porque donde hay orden allí hay armonía, y donde hay armonía allí todo sucede a su debido tiempo, y donde todo sucede a su debido tiempo allí hay provecho.
Por esto, el Verbo se ha constituido en distribuidor de la gracia del Padre en provecho de los hombres, en cuyo favor ha puesto por obra los inescrutables designios de Dios, mostrando a Dios a los hombres, presentando al hombre a Dios; salvaguardando la invisibilidad del Padre, para que el hombre tuviera siempre un concepto muy elevado de Dios y un objetivo hacia el cual tender, pero haciendo también visible a Dios para los hombres, realizando así los designios eternos del Padre, no fuera que el hombre, privado totalmente de Dios, dejara de existir; porque la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios. En efecto, si la revelación de Dios a través de la creación es causa de vida para todos los seres que viven en la tierra, mucho más lo será la manifestación del Padre por medio del Verbo para los que ven a Dios.
Responsorio Ml 2, 6; Sal 88, 22
R. «Una doctrina auténtica llevaba en su boca, y en sus labios
no se hallaba maldad; * en paz y rectitud andaba conmigo», dice el Señor.
V. Mi
mano estuvo siempre con él y mi brazo lo hizo valeroso.
R. «En paz y
rectitud andaba conmigo», dice el Señor.
Laudes
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Ireneo, haciendo honor a su
nombre, con su vida y con su esfuerzo, trabajó a favor de la paz de las
Iglesias.
Oración
Señor, tú que quisiste que el obispo san Ireneo hiciera triunfar la verdadera doctrina y lograra afianzar la paz de tu Iglesia, haz que nosotros, renovados, por su intercesión, en la fe y en la caridad, nos esforcemos siempre en fomentar la unidad y la concordia entre los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 29 DE JUNIO
SANTOS PEDRO Y
PABLO,
apóstoles
Solemnidad
HIMNO
La hermosa luz de
eternidad inunda
con fulgores divinos este día,
que presenció la muerte de
estos Príncipes
y al pecador abrió el camino de la vida.
Hoy lleváis la corona
de la gloria,
padres de Roma y jueces de los pueblos:
el maestro del
mundo, por la espada;
y, por la cruz, el celestial portero.
Dichosa tú que fuiste
ennoblecida,
oh Roma, con la sangre de estos Príncipes,
y que, vestida con
tan regia púrpura,
excedes en nobleza a cuanto existe.
Honra, poder y
sempiterna gloria
sean al Padre, al Hijo y al Espíritu,
que en unidad
gobiernan toda cosa
por infinitos e infinitos siglos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." "Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás."
Salmo 116
INVITACIÓN
UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los gentiles glorifican a Dios por su misericordia. (Rm
15,8.9)
Alabad al Señor todas las naciones, aclamado, todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.
Ant. 1. "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." "Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás."
Ant. 2. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
Ant. 3. Tú eres un instrumento escogido, apóstol san Pablo, predicador de la verdad en todo el mundo.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Tú eres un instrumento escogido, apóstol san Pablo, predicador de la verdad en todo el mundo.
LECTURA BREVE Rm 1,1-3a.7
Pablo, esclavo de Jesucristo, convocado para ser apóstol y elegido para anunciar la Buena Nueva de Dios, que ya antes había él prometido, por medio de los profetas en las sagradas Escrituras, acerca de su Hijo: Desea la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, a cuantos estáis en Roma, amados de Dios, asamblea santa.
RESPONSORIO BREVE
V. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con valentía. R. Los apóstoles. V. Y daban testimonio de la resurrección del Señor. R. Con valentía. V. Gloria. R. Los apóstoles.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Estos dos gloriosos apóstoles de Cristo, a quienes en la vida les unió un estrecho afecto, ni en la muerte fueron separados.
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que quiso edificar su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle confiados: Socorre, Señor, a tu pueblo.
Tú que llamaste a Pedro para hacerlo pescador de hombres. * no dejes de llamar obreros a tu mies para que el mundo se salve.
Tú que increpaste a los vientos y al mar para que la barca de los discípulos no se hundiera, * protege a tu Iglesia de toda perturbación y fortalece al sucesor de Pedro.
Tú que, después de la resurrección, congregaste en torno a Pedro tu grey dispersa, * reúne a tu Iglesia en un solo aprisco.
Tú que enviaste a Pablo a evangelizar a los paganos, * haz que el anuncio de la salvación llegue a todos los pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que diste a la Iglesia las llaves del reino de los cielos, * abre las puertas de la felicidad a los que durante su vida confiaron en tu misericordia.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, concédenos la poderosa ayuda de los santos apóstoles Pedro y Pablo, para que aquellos mismos que nos comunicaron las primeras enseñanzas de la fe nos obtengan ahora, con su intercesión, el auxilio necesario para llegar a la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant.: Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles. Aleluya.
HIMNO
Pedro, roca; Pablo,
espada.
Pedro, la red en las manos;
Pablo, tajante palabra.
Pedro, llaves; Pablo,
andanzas.
y un trotar por los caminos
con cansancio en las
pisadas.
Cristo tras los dos
andaba:
a uno lo tumbó en Damasco,
y al otro lo hirió con
lágrimas.
Roma se vistió de
gracia:
crucificada la roca,
y la espada muerta a espada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Si me amas, Simón Pedro, apacienta mis ovejas.
El cielo proclama la
gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día
le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.
Sin que
hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra
alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Allí
le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su
alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por
un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de
su calor.
Ant. 1: Si me amas, Simón Pedro, apacienta mis ovejas.
Ant. 2: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 63
Escucha, ¡oh Dios!, la
voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la
conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:
afilan sus lenguas
como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a
escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
Se animan al
delito,
calculan cómo esconder trampas, y dicen:
«¿Quién lo
descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente
y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los
acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua
los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.
Todo el mundo se
atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.
El justo se alegra con
el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de
corazón.
Ant. 2: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Ant. 3: Señor, si eres tú, mándame ir por encima del agua hasta donde estás.
Salmo 96
El Señor reina, la
tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo
rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza
fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el
orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten
como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su
justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran
estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se
postran todos los dioses.
Lo oye Sión y se
alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias,
Señor;
porque tú eres,
Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los
dioses.
El Señor ama al que
aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los
malvados.
Amanece la luz para el
justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el
Señor,
celebrad su santo nombre.
Ant. 3: Señor, si eres tú, mándame ir por encima del agua hasta donde estás.
V. La palabra del Señor permanece
eternamente.
R. Y ésta es la Buena Noticia anunciada a
vosotros.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 1, 15-2, 10
ETAPA DE CONVIVENCIA ENTRE PEDRO Y PABLO
Hermanos: Cuando aquel que me eligió desde el seno de mi madre me llamó por su
gracia y tuvo a bien revelarme a su Hijo para que lo anunciara a los gentiles,
en seguida, sin pedir consejo a hombre alguno y sin subir a Jerusalén para
hablar con los que eran apóstoles antes que yo, partí hacia Arabia, de donde
luego volví a Damasco. Tres años más tarde, subí a Jerusalén a visitar a Cefas,
y estuve con él quince días. No vi a ninguno otro de los apóstoles, fuera de
Santiago, el hermano del Señor. Por el Dios que me está viendo, que no miento en
lo que os escribo.
Después vine a las regiones de Siria y
de Cilicia, pero las Iglesias de Judea, que están en Cristo, no me conocían
personalmente. Sólo oían decir: «El que antaño nos perseguía ahora va anunciando
la Buena Nueva de la fe, que en otro tiempo quería destruir.» Y glorificaban a
Dios, reconociendo su obra en mí.
Luego, al cabo de
catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. Y
subí por motivo de una revelación. Les expuse el Evangelio que predico entre los
gentiles y traté en particular con los más calificados, no fuera a ser que
hubiese corrido en vano.
Pues bien, ni siquiera a Tito, mi
compañero, con todo y que era griego, lo obligaron a circuncidarse. Y esto a
pesar de los intrusos, de los falsos hermanos, que solapadamente se habían
infiltrado, para espiar arteramente la libertad de que gozamos en Cristo Jesús,
y que querían esclavizamos. Pero nosotros ni por un momento cedimos terreno para
someternos a ellos, a fin de salvaguardar firmemente para vosotros la verdad del
Evangelio.
Las personas de más consideración -nada me
interesa lo que hubieran sido antes, pues en Dios no hay acepción de personas-
no me impusieron ninguna nueva obligación.
Al contrario,
reconocieron que yo había recibido la misión de predicar el Evangelio a los
gentiles, como Pedro la de predicarlo a los judíos; porque aquel que dio poder a
Pedro para ejercer el apostolado entre los judíos me lo dio a mí para ejercerlo
entre los gentiles.
De este modo reconocieron que Dios me
había dado esa gracia. Y Santiago, Cefas y Juan, los considerados como columnas,
nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de comunión y conformidad: nosotros
nos dirigiríamos a los gentiles, ellos a los judíos. Sólo nos pidieron que nos
acordásemos de los pobres, cosa que he procurado yo cumplir con toda
solicitud.
Responsorio Mt 16, 18-19
R. Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y
los poderes del infierno no la. derrotarán; * yo te daré las llaves del
reino de los cielos.
V. Todo lo que atares sobre la tierra será atado en el cielo,
y todo lo que desatares sobre la tierra será desatado en el
cielo.
R.
Yate daré las llaves del reino de los cielos.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 295, 1-2. 4. 7-8: PL 38, 1348-1352)
ESTOS MÁRTIRES, EN SU PREDICACIÓN, DABAN TESTIMONIO DE LO QUE HABÍAN VISTO
El
día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los
santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires
desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe
su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que
habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta
morir por ella.
San Pedro, el primero de los apóstoles,
que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Y
yo te digo que tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el
Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Y yo te digo que tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta
misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro.»
«Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene
de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de
«Cristo».
El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis,
eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos,
Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas
partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la
totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Yo te daré las llaves
del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único,
sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto
que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le
dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos.
Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los
cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles:
Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: Quedan perdonados los
pecados a quienes los perdonéis; quedan retenidos a quienes los
retengáis.
En este mismo sentido, el Señor, después de
su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara.
No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de
apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno
solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro
con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los
apóstoles.
No te entristezcas, apóstol; responde una vez,
responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que
por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo
que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el
temor.
A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y
por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
En
un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en
realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo
fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para
nosotros, por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus
trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.
Responsorio
R. Apóstol san Pablo, predicador de la verdad y maestro de
los gentiles, * verdaderamente que eres digo no de ser
glorificado.
V. Por ti conocieron la gracia de Dios todas las
naciones.
R. Verdaderamente que eres digno de ser
glorificado.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
La oración conclusiva como en las I Vísperas, o como en las Laudes.
CONCLUSIÓN
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
Cuando el gallo, tres
veces
negaste a tu Maestro;
y él tres veces te dijo:
”¿Me amas más que
éstos?”
Se te puso muy
triste
tu llanto y tu silencio:
pero la Voz te habló
de apacentar
corderos.
Tu pecado
quemante
se convirtió en incendio,
y abriste tus dos brazos
al madero
sangriento.
La cabeza hacia
abajo
y el corazón al cielo:
porque, cuando aquel gallo,
negaste a tu
Maestro. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Sé en quien he puesto mi fe, y estoy seguro que es poderoso para guardar hasta el último día lo que yo le he confiado.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2: La gracia de Dios no quedó infecunda en mí, sino que su gracia permanece siempre en mí.
Ant. 3: He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.
LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Consagraron sus vidas al servicio de nuestro Señor
Jesucristo.
R. Consagraron sus vidas al servicio de nuestro Señor
Jesucristo.
V. Salieron contentos de haber merecidos aquel
ultraje.
R. Al servicio de nuestro Señor Jesucristo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Consagraron sus vidas al servicio de nuestro Señor
Jesucristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dijo Simón Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios.” Aleluya.
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que quiso edificar su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas y digámosle confiados:
Bendice, Señor, a tu Iglesia.
Tú que rogaste por
Pedro para que no se apagara su fe,
da firmeza a la fe de
tu Iglesia.
Tú que, después de la
resurrección, te apareciste a Simón Pedro y te revelaste a
Saulo,
ilumina nuestras mentes para que confesemos tu
resurrección.
Tú que elegiste al
apóstol Pablo para que anunciara tu nombre a los paganos,
haz de nosotros verdaderos apóstoles de tu Evangelio.
Tú que
misericordiosamente perdonaste las negaciones de Pedro,
perdónanos también nuestras culpas y pecados.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Se dice el himno según la Hora
SALMODIA
Antífona:
Tercia:
Todavía estaba Pedro hablando, cuando
descendió el Espíritu Santo sobre todos cuantos estaban escuchando su discurso,
y se pusieron a hablar en varias lenguas, glorificando a Dios.
Sexta: Subió Pedro a la
azotea hacia eso del mediodía a orar.
Nona: Pedro y Juan subieron
al templo a la hora de la oración de la tarde, a eso de las tres.
Los salmos se toman de la salmodia complementaria
LECTURA BREVE
Tercia Hch 15, 7b-9
Dios determinó que por mi boca escuchasen los gentiles la doctrina del Evangelio y llegasen a la fe. Dios, que conoce los corazones, se ha declarado en favor de ellos, al darles el Espíritu Santo, igual que a nosotros; y no ha establecido diferencia alguna entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones por la fe.
V. A toda la tierra alcanza su pregón.
R. Y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Sexta Ga 1, 15-16a. 17b-18a
Cuando aquel que me eligió desde el seno de mi madre me llamó por su gracia y tuvo a bien revelarme a su Hijo para que lo anunciara a los gentiles partí hacia Arabia, de donde luego volví a Damasco. Tres años más tarde, subí a Jerusalén a visitar a Cefas.
V. Guardaron los preceptos del Señor.
R. Las normas y mandatos
que les ordenó.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Nona 2Co 4, 13-14
Como somos impulsados por el mismo poder de la fe -del que dice la Escritura: «Creí, por eso hablé»-, también nosotros creemos, y por eso hablamos. Y sabemos que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús, y nos hará aparecer en su presencia juntamente con vosotros.
V. Estad alegres, dice el Señor.
R. Porque vuestros nombres
están inscritos en el cielo.
La oración conclusiva como en las Laudes.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
La hermosa luz de
eternidad inunda
con fulgores divinos este día,
que presenció la muerte de
estos Príncipes
y al pecador abrió el camino de la vida.
Hoy lleváis la corona
de la gloria,
padres de Roma y jueces de los pueblos:
el maestro del
mundo, por la espada;
y, por la cruz, el celestial portero.
Dichosa tú que fuiste
ennoblecida,
oh Roma, con la sangre de estos Príncipes,
y que, vestida con
tan regia púrpura,
excedes en nobleza a cuanto existe.
Honra, poder y
sempiterna gloria
sean al Padre, al Hijo y al Espíritu,
que en unidad
gobiernan toda cosa
por infinitos e infinitos siglos. Amén
SALMODIA
Ant. 1: Yo he rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
Salmo 115
ACCIÓN DE
GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de
alabanza. (Hb. 13, 15)
Tenía fe, aun cuando
dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía en mi apuro:
“Los hombres son
unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al
Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la
salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en
presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos
del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un
sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del
Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1: Yo he rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
Ant. 2. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Salmo 125
DIOS,
ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió
la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de
risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles
decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande
con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie
nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con
lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban
llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo
sus gavillas.
Ant. 2. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Ant. 3. Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.
Cántico Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA
SALVACIÓN
Bendito sea
Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la
persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la
persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos
consagrados
e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en
la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para
que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su
querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su
sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con
nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que
había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento
culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las
del cielo y las de la tierra.
Ant. 3. Tú eres pastor de las ovejas, Príncipe de los apóstoles; a ti te han sido entregadas las llaves del reino de los cielos.
LECTURA BREVE 1Co 15, 3-5, 8
En primer lugar os comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras. Que se apareció a Cefas y luego a los Doce. Por último, se apareció también a mí.
RESPONSORIO BREVE
V. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con
valentía.
R. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con
valentía.
V. Y daban testimonio de la resurrección del
Señor.
R. Con valentía.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Los apóstoles anunciaban la palabra de Dios con
valentía.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Pedro, apóstol, y Pablo, maestro de los gentiles, nos han anunciado tu palabra, Señor.
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que quiso edificar su Iglesia sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y digámosle confiados:
Socorre, Señor, a tu pueblo.
Tú que llamaste a
Pedro para hacerlo pescador de hombres.
no dejes de llamar
obreros a tu mies para que el mundo se salve.
Tú que increpaste a
los vientos y al mar para que la barca de los discípulos no se
hundiera,
protege a tu Iglesia de toda perturbación y
fortalece al sucesor de Pedro.
Tú que, después de la
resurrección, congregaste en torno a Pedro tu grey
dispersa,
reúne a tu Iglesia en un solo
aprisco.
Tú que enviaste a
Pablo a evangelizar a los paganos,
haz que el anuncio de
la salvación llegue a todos los pueblos.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres.
Tú que diste a la
Iglesia las llaves del reino de los cielos,
abre las
puertas de la felicidad a los que durante su vida confiaron en tu
misericordia.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que nos llenas de santa alegría con la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de estos apóstoles, de quienes recibió el primer anuncio de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
DÍA 30 DE JUNIO
PRIMEROS MÁRTIRES
DE LA IGLESIA DE
ROMA
Del Común
de mártires: para varios mártires.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
(Caps. 5,1-7, 4: Funk 1, 67-71)
HABIENDO SUFRIDO POR ENVIDIA, SE HAN CONVERTIDO EN UN MAGNÍFICO EJEMPLO
Dejemos el ejemplo de los antiguos y vengamos a considerar los luchadores más cercanos a nosotros; expongamos los ejemplos de magnanimidad que han tenido lugar en nuestros tiempos. Aquellos que eran las máximas y más legítimas columnas de la Iglesia sufrieron persecución por emulación y por envidia y lucharon hasta la muerte.
Pongamos ante nuestros ojos a los santos apóstoles. A Pedro, que, por una hostil emulación, tuvo que soportar no una o dos, sino innumerables dificultades, hasta sufrir el martirio y llegar así a la posesión de la gloria merecida. Esta misma envidia y rivalidad dio a Pablo ocasión de alcanzar el premio debido a la paciencia: en repetidas ocasiones, fue encarcelado, obligado a huir, apedreado y, habiéndose convertido en mensajero de la palabra en el Oriente y en el Occidente, su fe se hizo patente a todos, ya que, después de haber enseñado a todo el mundo el camino de la justicia, habiendo llegado hasta el extremo Occidente, sufrió el martirio de parte de las autoridades y, de este modo, partió de este mundo hacia el lugar santo, dejándonos un ejemplo perfecto de paciencia.
A estos hombres, maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo. Por envidia fueron perseguidas muchas mujeres que, cual nuevas Danaides y Dirces, sufriendo graves y nefandos suplicios, corrieron hasta el fin la ardua carrera de la fe y, superando la fragilidad de su sexo, obtuvieron un premio memorable. La envidia de los perseguidores hizo que los ánimos de las esposas se retrajesen de sus maridos, trastornando así aquella afirmaciónde nuestro padre Adán: ¡Ésta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! La emulación y la rivalidad destruyó grandes ciudades e hizo desaparecer totalmente poblaciones numerosas.
Todo esto, carísimos, os lo escribimos no sólo para recordaros vuestra obligación, sino también para recordarnos la nuestra, ya que todos nos hallamos en la misma palestra y tenemos que luchar el mismo combate. Por esto, debemos abandonar las preocupaciones inútiles y vanas y poner toda nuestra atención en la gloriosa y venerable regla de nuestra tradición, para que veamos qué es lo que complace y agrada a nuestro Hacedor.
Fijémonos atentamente en la sangre de Cristo y démonos cuenta de cuán valiosa es a los ojos de Dios y Padre suyo, ya que, derramada por nuestra salvación, ofreció a todo el mundo la gracia de la conversión.
Responsorio R. Por ser fieles a Dios, entregaron sus cuerpos al martirio * y han merecido la corona eterna.
V. Ésos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras con la sangre del Cordero.
R. Y han merecido la corona eterna.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Era un mismo espíritu y una misma fe la que unía a la multitud de los mártires, por ello perseveraron concordes en el amor fraterno.
Vísperas: Amaron a Cristo en su vida y lo imitaron en su muerte, por eso ahora reinan con él eternamente.
Oración
Señor, tú que fecundaste con la sangre de numerosos mártires los primeros gérmenes de la Iglesia de Roma, haz que el testimonio que ellos dieron con tanta valentía en el combate fortalezca nuestra fe, para que también nosotros lleguemos a obtener el gozo de la victoria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Lunes después de
Pentecostés
María,
Madre de la Iglesia
Memoria
Ant.: Venid, adoremos
a Cristo, Hijo de María Virgen.
O bien:
Aclamemos al
Señor en esta fiesta de María Virgen. Aleluya.
HIMNO
del Común de la S.V.M.:
Lucero de la
mañana,
norte que muestra el camino,
cuando turba de continuo
nuestro
mar la tramontana.
Quien tanta grandeza explica
sin alas puede
volar,
porque no podrá alabar
a la que es más santa y rica.
Sois pastora de tal
suerte,
que aseguráis los rebaños
de mortandades y daños,
dando al lobo
cruda muerte.
Dais vida a quien se os aplica,
y en los cielos y en la
tierra
libráis las almas de guerra,
como poderosa y rica.
Si vuestro ejemplo
tomasen
las pastoras y pastores,
yo fío que de dolores
para siempre se
librasen.
Tanto Dios se os comunica,
que sin fin os alabamos,
y más
cuando os contemplamos
en el mundo la más rica. Amén.
SEGUNDA LECTURA
De las obras oratorias de Bossuet, obispo de Meaux, sobre la bienaventurada Virgen María
(Sermón sobre la fiesta del escapulario: Oeuvres oratoires, edición Lebarq, Desclée de Brouver 1926, 1, 388-389)
MARÍA MADRE DE LA IGLESIA
La
santa Virgen María es la verdadera Eva, la verdadera madre de todos los
vivientes. Vivid, vivid, y María será vuestra madre. Pero vivid de Jesucristo y
por Jesucristo, porque incluso María tiene vida únicamente de Jesucristo y por
Jesucristo.
La maternidad de la santa Virgen es una
realidad innegable. Por otra parte, que María sea madre de los cristianos es
algo que no puede ser más oportuno; éste fue también el designio de Dios,
revelado ya desde el paraíso. Pero para que esta realidad penetre más
profundamente en vuestros corazones, debéis admirar el modo como este designio
de Dios llegó a cumplimiento en el Evangelio de nuestro Salvador, contemplando
cómo Jesús quiso asociar a sí a la santa Virgen al engendramos por medio del
alumbramiento de su sangre, que siempre tan fértil, produjo frutos agradables al
Padre.
En aquella ocasión, san Juan representaba la
universalidad de los fieles. Entended mi raciocinio: todos los demás discípulos
del Salvador abandonaron a Jesús. Dios permitió que esto sucediera así para que
comprendiéramos que son pocos los que siguen a Jesús hasta su cruz.
Así,
pues, habiéndose dispersado todos los demás discípulos, la providencia quiso
que, junto al Dios que moría, no permaneciera sino Juan, el discípulo amado. Él
fue el único, él, el verdadero fiel; porque únicamente es verdadero fiel de
Jesús el que le sigue hasta la cruz. Y fue así como este único fiel representó a
todos los fieles. Por consiguiente, cuando Jesucristo, hablando a su Madre, le
dice que Juan es su hijo, no penséis que considera a san Juan como un hombre
particular: en la persona de Juan entrega a María todos sus discípulos, todos
sus fieles, todos los herederos de la nueva alianza, todos los hijos de su cruz.
Por esto, precisamente, llama a María «Mujer»; con esta
expresión quería significar «Mujer por excelencia, Mujer elegida singularmente
para ser la madre del pueblo elegido». «Oh Mujer. oh nueva Eva -le dice-, ahí
tienes a tu hijo; por tanto, Juan y todos los fieles a quienes él representa son
tus hijos. Juan es mi discípulo, mi discípulo amado; recibe, pues, en su persona
a todos los cristianos, porque aquí Juan los representa a todos, ya que todos
ellos son, como lo es Juan, mis discípulos, mis discípulos amados.» Esto es lo
que el Salvador quería significar a su santa Madre.
Y lo
que más importante se me antoja en este hecho es que Jesús dirija estas palabras
a María desde la cruz. Porque en la cruz es donde el Hijo de Dios nos dio la
vida y nos engendró a la gracia por la fuerza de su sangre derramada por
nosotros. Y es precisamente desde la cruz desde donde significa a la purísima
virgen María que ella es madre de Juan y madre de todos los fieles. Mujer, ahí
tienes a tu hijo, le dice. En estas palabras contemplo al nuevo Adán que, al
engendramos por su muerte, asocia a la nueva Eva, su santa Madre, en la
generación, casta y misteriosa, de los hijos del nuevo Testamento.
Responsorio Jn 19, 26; d. Gn 3, 20
R. «Mujer, ahí tienes a tu hijo», dijo Jesús a su madre;
luego dijo al discípulo: * «Ahí tienes a tu madre.»
V. Se llamará nueva Eva,
por ser la madre de todos los vivientes.
R. Ahí tienes a tu
madre.
HIMNO
Cabeza y Cuerpo,
Cristo forma un todo,
Hijo de Dios e Hijo de María:
un Hijo en quien se
juntan muchos hijos:
en su Madre ya la Iglesia se perfila.
Una y otra son madres
y son vírgenes,
una y otra conciben del Espíritu,
una y otra sin mancha ni
pecado,
al Padre celestial engendran hijos.
María le da al Cuerpo
la Cabeza,
la Iglesia a la Cabeza le da el Cuerpo:
una y otra son madre
del Señor,
ninguna sin la otra por entero.
Gloria a la Trinidad
inaccesible
que ha querido morar entre nosotros,
en María, en la Iglesia,
en nuestra alma,
para llenarnos de su eterno gozo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Salmo 83
AÑORANZA DEL
TEMPLO
No tenemos aquí ciudad permanente,
sino que vamos buscando la futura.
(Hb 13, 14)
¡Qué deseables son tus
moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios
del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una
casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares,
Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven
en tu casa
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su
fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los
convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de
bendiciones;
caminan de altura en altura
hasta ver a Dios en
Sión.
Señor de los
ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, ¡oh
Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que
otros mil,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los
malvados.
Porque el Señor es sol
y escudo,
él da la gracia y la gloria,
el Señor no niega sus bienes
a
los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el
hombre
que confía en ti!
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Cántico Is 2, 2-5
EL MONTE DE LA
CASA DEL SEÑOR
EN LA CIMA DE LOS MONTES
Todas las naciones vendrán y se postrarán
en tu acatamiento (Ap 15,
4)
Al final de los días
estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los
montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los
gentiles,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte del
Señor,
a la casa del Dios de Jacob:
Él nos instruirá en
sus caminos,
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la
ley,
de Jerusalén la palabra del Señor.»
Será el árbitro de las naciones,
el
juez de pueblos numerosos.
De las espadas
forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo
contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la
luz del Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
Salmo 95
EL SEÑOR,
REY Y JUEZ DEL MUNDO
Cantaban un cántico nuevo ante el trono,
en presencia Cordero. (Cf.
Ap 14, 3)
Cantad al Señor un
cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid
su nombre,
proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus
maravillas a todas las naciones;
porque es grande el Señor, y muy digno de
alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los
gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo;
honor y
majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al
Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del
nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor
en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda,
decid a los
pueblos: “El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna
a los pueblos rectamente.”
Alégrese el cielo, goce la
tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay
en ellos,
aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que
ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los
pueblos con fidelidad.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
LECTURA BREVE Is 61, 10
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor la eligió y la predestinó.
R. El Señor la eligió y la
predestinó.
V. La hizo morar en su templo santo.
R. Y la
predestinó.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
El Señor la eligió y la predestinó.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Te glorificamos, santa Madre de Dios, porque al concebir en tu seno virginal al Hijo de Dios y al darlo a luz al mundo, preparaste el nacimiento de la Iglesia, que hoy por ello te aclama como madre.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Salvador del mundo, tú
que con la eficacia de tu redención preservaste a tu Madre de toda mancha de
pecado,
líbranos también a nosotros de toda
culpa.
Redentor nuestro, tú
que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y
sagrario del Espíritu Santo,
haz también de
nosotros templos de tu Espíritu.
Palabra eterna del
Padre, que enseñaste a María a escoger la parte
mejor,
ayúdanos a imitarla y a buscar el
alimento que perdura hasta la vida eterna.
Rey de reyes, que
elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al
cielo,
haz que aspiremos siempre a los bienes
celestiales.
Señor del cielo y de
la tierra, que has colocado a tu derecha a María
reina,
danos el gozo de tener parte en su
gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a su Madre, santa María virgen, concédenos por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Cabeza y Cuerpo,
Cristo forma un todo,
Hijo de Dios e Hijo de María:
un Hijo en quien se
juntan muchos hijos:
en su Madre ya la Iglesia se perfila.
Una y otra son madres
y son vírgenes,
una y otra conciben del Espíritu,
una y otra sin mancha ni
pecado,
al Padre celestial engendran hijos.
María le da al Cuerpo
la Cabeza,
la Iglesia a la Cabeza le da el Cuerpo:
una y otra son madre
del Señor,
ninguna sin la otra por entero.
Gloria a la Trinidad
inaccesible
que ha querido morar entre nosotros,
en María, en la Iglesia,
en nuestra alma,
para llenarnos de su eterno gozo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Salmo 122
EL SEÑOR,
ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos... se pusieron a gritar: «Señor,
ten compasión de
nosotros, Hijo de David.»
(Mt. 20, 30)
A ti levanto mis
ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la
esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el
Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Misericordia, Señor,
misericordia,
que estarnos saciados de desprecios;
nuestra alma está
saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los
orgullosos.
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Ant. 2: Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 123
NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE
DEL SEÑOR
El Señor dijo a Pablo: «No temas...
que yo estoy contigo.» (Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían
tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el
cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que
no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un
pájaro
de las trampa del cazador:
la trampa se rompió y
escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del
Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 2: Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE
LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro
Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda
clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la
persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos
santos
irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria
de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido
Hijo,
redunde en alabanza suya,
por este Hijo, por su
sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con
nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado
realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas
las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Ga 4, 4-5
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
RESPONSORIO BREVE
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
R.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu
vientre.
R.
El Señor está contigo.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: ¡Santa Madre de Dios, gloriosa Virgen María, que junto a la cruz de tu Hijo fuiste constituida Madre de todos los fieles! Intercede por la Iglesia y muestra tu favor a este pueblo que confía en tu protección.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Que la llena de gracia interceda por nosotros.
Tú que hiciste de
María la madre de misericordia,
haz que los
que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que encomendaste a
María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de
José,
haz que por su intercesión todas las
madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.
Tú que fortaleciste a
María cuando estaba al pie de la cruz y la llenaste de gozo en la resurrección
de su Hijo,
levanta y robustece la esperanza
de los decaídos.
Tú que hiciste que
María meditara tus palabras en su corazón y fuera tu esclava
fiel,
por su intercesión haz de nosotros
siervos fieles y discípulos dóciles de tu Hijo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a
María como reina del cielo,
haz que los
difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu
reino.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a su Madre, santa María virgen, concédenos por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
Sábado después del Sagrado Corazón
El Corazón Inmaculado de la Virgen María
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Libro 1. 4; CCL 122. 25-26. 30)
MARÍA PROCLAMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR POR LAS OBRAS QUE HA HECHO EN ELLA
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi
salvador. Con estas palabras, María reconoce en primer lugar los dones.
singulares que le han sido concedidos, pero alude también a los beneficios
comunes con que Dios no deja nunca de favorecer al género
humano.
Proclama la grandeza del Señor el alma de aquel
que consagra todos sus afectos interiores a la alabanza y al servicio de Dios y,
con la observancia de los preceptos divinos, demuestra que nunca echa en olvido
las proezas de la majestad de Dios.
Se alegra en Dios su
salvador el espíritu de aquel cuyo deleite consiste únicamente en el recuerdo de
su creador, de quien espera la salvación eterna.
Estas
palabras, aunque son aplicables a todos los santos, hallan su lugar más adecuado
en los labios de la Madre de Dios, ya que ella, por un privilegio único, ardía
en amor espiritual hacia aquel que llevaba corporalmente en su
seno.
Ella con razón pudo alegrarse, más que cualquier
otro santo, en Jesús, su salvador, ya que sabía que aquel mismo al que reconocía
como eterno autor de la salvación había de nacer de su carne, engendrado en el
tiempo, y había de ser, en una misma y úrica persona, su verdadero hijo y
Señor.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por
mí: su nombre es santo. No se atribuye nada a sus méritos, sino que toda su
grandeza la refiere a la libre donación de aquel que es por esencia poderoso y
grande, y que tiene por norma levantar a sus fieles de su pequeñez y debilidad
para hacerlos grandes y fuertes.
Muy acertadamente añade:
Su nombre es santo, para que los que entonces la oían y todos aquellos a
los que habían de llegar sus palabras comprendieran que la fe y el recurso a
este nombre había de procurarles, también a ellos, una participación en la
santidad eterna y en la verdadera salvación, conforme al oráculo profético que
afirma: Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará, ya que este
nombre se identifica con aquel del que antes ha dicho: Se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador.
Por esto se introdujo en la
Iglesia la hermosa y saludable costumbre de cantar diariamente este cántico de
María en la salmodia de la alabanza vespertina, ya que así el recuerdo frecuente
de la encarnación del Señor enardece la devoción de los fieles y la meditación
repetida de los ejemplos de la Madre de Dios los corrobora en la solidez de la
virtud. Vello precisamente en la hora de Vísperas, para que nuestra mente,
fatigada y tensa por el trabajo y las múltiples preocupaciones del día, al
llegar el tiempo del reposo, vuelva a encontrar el recogimiento y la paz del
espíritu.
Responsorio Lc 1,45.46; Sal 65, 16
R. «Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el
Señor se cumplirá.» Y dijo María: * «Proclama mi alma la grandeza del Señor.»
V. Venid a escuchar, os
contaré lo que Dios ha hecho conmigo.
R. Proclama mi alma la
grandeza del Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
Laudes
HIMNO
Eres tú la mujer llena
de gloria,
alzada por encima de los astros;
con tu sagrado pecho das la
leche
al que en su providencia te ha creado.
Lo que Eva nos perdió
tan tristemente,
tú lo devuelves por tu fruto santo;
para que al cielo
ingresen los que lloran,
eres tú la ventana del costado.
Tú eres la puerta
altísima del Rey
y la entrada fulgente de la luz;
la vida que esta Virgen
nos devuelve
aplauda el pueblo que alcanzó salud.
Sea la gloria a ti,
Señor Jesús,
que de María Virgen has nacido,
gloria contigo al Padre y al
Paráclito,
por sempiternos y gozosos siglos. Amén.
LECTURA BREVE Is 61, 10
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor la eligió y la predestinó.
R. El Señor la eligió y la
predestinó.
V. La hizo morar en su templo santo.
R. Y la
predestinó.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
El Señor la eligió y la predestinó.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a
quien María Virgen precedía cual aurora luciente,
haz
que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del
Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada,
líbranos de toda ocasión de pecado.
Salvador del mundo,
que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz,
por
su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que
colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre,
haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que en el corazón de santa María Virgen preparaste al Espíritu Santo una digna morada, haz que también nosotros, por intercesión de María, seamos transformados en templos de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 3 DE JULIO
SANTO TOMÁS,
apóstol
Fiesta
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios
(Homilía 26, 7-9: PL 76,1201-1202)
¡SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO!
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Sólo este discípulo estaba ausente y, al volver y escuchar lo que había sucedido, no quiso creer lo que le contaban. Se presenta de nuevo el Señor y ofrece al discípulo incrédulo su costado para que lo palpe, le muestra sus manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad. ¿Qué es, hermanos muy amados, lo que descubrís en estos hechos? ¿Creéis acaso que sucedieron porque sí todas estas cosas: que aquel discípulo elegido estuviera primero ausente, que luego al venir oyese, que al oír dudase, que al dudar palpase, que al palpar creyese?
Todo esto no sucedió porque sí, sino por disposición divina. La bondad de Dios actuó en este caso de un modo admirable, ya que aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos, ya que, al ser él inducido a creer por el hecho de haber palpado, nuestra mente, libre de toda duda, es confirmada en la fe. De este modo, en efecto, aquel discípulo que dudó y que palpó se convirtió en testigo de la realidad de la resurrección.
Palpó y exclamó: ¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído?" Como sea que el apóstol Pablo dice: La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, es evidente que la fe es la plena convicción de aquellas realidades que no podemos ver, porque las que vemos ya no son objeto de fe, sino de conocimiento. Por consiguiente, si Tomás vio y palpó, ¿cómo es que le dice el Señor: Porque me has visto has creído? Pero es que lo que creyó superaba a lo que vio. En efecto, un hombre mortal no puede ver la divinidad. Por esto, lo que él vio fue la humanidad de Jesús, pero confesó su divinidad al decir: ¡Señor mío y Dios mío! Él, pues, creyó, con todo y que vio, ya que, teniendo ante sus ojos a un hombre verdadero, lo proclamó Dios, cosa que escapaba a su mirada.
Y es para nosotros motivo de alegría lo que sigue a continuación: Dichosos los que crean sin haber visto. En esta sentencia el Señor nos designa especialmente a nosotros, que lo guardamos en nuestra mente sin haberlo visto corporalmente. Nos designa a nosotros, con tal de que las obras acompañen nuestra fe, porque el que cree de verdad es el que obra según su fe. Por el contrario, respecto de aquellos que creen sólo de palabra, dice Pablo: Hacen profesión de conocer a Dios, pero con sus acciones lo desmienten. Y Santiago dice: La fe sin obras es un cadáver.
Responsorio 1 Jn 1, 2. 1. 3
R. La vida se ha manifestado; y nosotros hemos visto y
testificamos y os anunciamos * esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha
manifestado.
V. Lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que tocaron
nuestras manos acerca de la Palabra de vida: lo que hemos visto y oído os lo
anunciamos.
R. Esta vida eterna, la que estaba con el Padre y se nos ha
manifestado.
HIMNO Te Deum .
HIMNO
Vosotros, que
escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro
vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.
Vosotros, que
invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso,
del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.
Vosotros, que
tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que
el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo
visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro
amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dijo Tomás: "Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?" Respondiole Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: "Hemos visto al Señor." Aleluya.
Ant. 3. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel. Aleluya.
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Sobre toda la tierra. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. ¿No has creído, Tomás, sino después de haberme visto? Dichosos los que sin ver han creído. Aleluya.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, celebrar con alegría la fiesta de
santo Tomás; que la intercesión de este apóstol, que reconoció y confesó a
Cristo como a su Señor y su Dios, nos haga crecer en la fe, para que así,
creyendo en Jesús, el Mesías, tengamos vida en su nombre. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
¡Columnas de la
Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos
vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo
entero.
De pie en la
encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis
agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los
hambrientos.
De puerta en puerta va
vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores,
que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el
pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor,
que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dijo Tomás: "Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?" Respondiole Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Dijo Tomás: "Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?" Respondiole Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."
Ant. 2. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: "Hemos visto al Señor." Aleluya.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Tomás, llamado Dídimo, no estaba con ellos en el momento de presentarse Jesús; dijéronle los otros discípulos: "Hemos visto al Señor." Aleluya.
Ant. 3. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel. Aleluya.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel. Aleluya.
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Introduje mis dedos en el lugar de los clavos, puse mi mano en su costado, y exclamé: "¡Señor mío y Dios mío!" Aleluya.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, celebrar con alegría la fiesta de santo Tomás; que la intercesión de este apóstol, que reconoció y confesó a Cristo como a su Señor y su Dios, nos haga crecer en la fe, para que así, creyendo en Jesús, el Mesías, tengamos vida en su nombre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 4 DE JULIO
SANTA ISABEL DE
PORTUGAL
Del Común
de santas mujeres: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De un sermón atribuido a san Pedro Crisólogo, obispo
(Sobre la paz: PL 52,347-348)
DICHOSOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ
Dichosos los que trabajan por la paz —dice el evangelista, amadísimos hermanos—, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Con razón cobran especial lozanía las virtudes cristianas en aquel que posee la armonía de la paz cristiana, y no se llega a la denominación de hijo de Dios si no es a través de la práctica de la paz.
La paz, amadísimos hermanos, es la que despoja al hombre de su condición de esclavo y le otorga el nombre de libre y cambia su situación ante Dios, convirtiéndolo de criado en hijo, de siervo en hombre libre. La paz entre los hermanos es la realización de la voluntad divina, el gozo de Cristo, la perfección de la santidad, la norma de la justicia, la maestra de la doctrina, la guarda de las buenas costumbres, la que regula convenientemente todos nuestros actos. La paz recomienda nuestras peticiones ante Dios y es el camino más fácil para que obtengan su efecto, haciendo así que se vean colmados todos nuestros deseos legítimos. La paz es madre del amor, vínculo de la concordia e indicio manifiesto de la pureza de nuestra mente; ella alcanza de Dios todo lo que quiere, ya que su petición es siempre eficaz. Cristo, el Señor, nuestro rey, es quien nos manda conservar esta paz, ya que él ha dicho: La paz os dejo, mi paz os doy, lo que equivale a decir: "Os dejo en paz, y quiero encontraros en paz"; lo que nos dio al marchar quiere encontrarlo en todos cuando vuelva.
El mandamiento celestial nos obliga a conservar esta paz que se nos ha dado, y el deseo de Cristo puede resumirse en pocas palabras: volver a encontrar lo que nos ha dejado. Plantar y hacer arraigar la paz es cosa de Dios; arrancarla de raíz es cosa del enemigo. En efecto, así como el amor fraterno procede de Dios, así el odio procede del demonio; por esto, debemos apartar de nosotros toda clase de odio, pues dice la Escritura: El que odia a su hermano es un homicida.
Veis, pues, hermanos muy amados, la razón por la que hay que procurar y buscar la paz y la concordia; estas virtudes son las que engendran y alimentan la caridad. Sabéis, como dice san Juan, que el amor es de Dios; por consiguiente, el que no tiene este amor vive apartado de Dios.
Observemos, por tanto, hermanos, estos mandamientos de vida; hagamos por mantenernos unidos en el amor fraterno, mediante los vínculos de una paz profunda y el nexo saludable de la caridad, que cubre la multitud de los pecados. Todo vuestro afán ha de ser la consecución de este amor, capaz de alcanzar todo bien y todo premio. La paz es la virtud que hay que guardar con más empeño, ya que Dios está siempre rodeado de una atmósfera de paz. Amad la paz, y hallaréis en todo la tranquilidad del espíritu; de este modo, aseguráis nuestro premio y vuestro gozo, y la Iglesia de Dios, fundamentada en la unidad de la paz, se mantendrá fiel a las enseñanzas de Cristo.
Responsorio Is 58, 7-8
R. Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los
pobres que no tienen techo; * entonces brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te
abrirá camino. V. Cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a
tu semejante.
R. Entonces brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te
abrirá camino.
Oración
Dios nuestro, fuente de paz y de amor, que otorgaste a santa Isabel de Portugal el don admirable de reconciliar a quienes vivían enemistados, concédenos, por su intercesión, ser de aquellos que trabajan por la paz, para que así merezcamos ser llamados hijos de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 5 DE JULIO
SAN ANTONIO MARÍA
ZACARÍAS,
Presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de santos varones: para los santos educadores, o para los santos
religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De un sermón de san Antonio María Zaccaría, presbítero, a sus hermanos de religión
(J. A. Gabutio, Historia Congregationis Clericorum Regularium sancti Pauli, 1, 8)
EL DISCÍPULO DEL APÓSTOL PABLO
Nosotros, unos necios por Cristo: esto lo decía nuestro bienaventurado guía y santísimo patrono, refiriéndose a sí mismo y a los demás apóstoles, como también a todos los que profesan las enseñanzas cristianas y apostólicas. Pero ello, hermanos muy amados, no ha de sernos motivo de admiración o de temor, ya que un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo. Nuestros enemigos se hacen mal a sí mismos y nos prestan a nosotros un servicio, ya que nos ayudan a conseguir la corona de la gloria eterna, mientras que provocan sobre ellos la ira de Dios, y, por esto, debemos compadecerlos y amarlos en vez de odiarlos y aborrecerlos. Más aún, debemos orar por ellos y no dejarnos vencer del mal, sino vencer el mal con el bien, y amontonar las muestras de bondad sobre sus cabezas, según nos aconseja nuestro Apóstol, como carbones encendidos de ardiente caridad; así ellos, viendo nuestra paciencia y mansedumbre, se convertirán y se inflamarán en amor de Dios.
A nosotros, aunque indignos, Dios nos ha elegido del mundo, por su misericordia, para que, dedicados a su servicio, vayamos progresando constantemente en la virtud y, por nuestra constancia, demos fruto abundante de caridad, jubilosos por la esperanza de poseer la gloria que nos corresponde por ser hijos de Dios, y gloriándonos incluso en medio de nuestras tribulaciones.
Fijaos en vuestro llamamiento, hermanos muy amados; si lo consideramos atentamente, fácilmente nos daremos cuenta de que exige de nosotros que no rehusemos el participar en los sufrimientos de Cristo, puesto que nuestro propósito es seguir, aunque sea de lejos, las huellas de los santos apóstoles y demás soldados del Señor. Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús.
Los que hemos tomado por guía y padre a un apóstol tan eximio y hacemos profesión de seguidores suyos debemos esforzarnos en poner por obra sus enseñanzas y ejemplos; no sería correcto que, en las filas de semejante capitán, militaran unos soldados cobardes o desertores, o que un padre tan ilustre tuviera unos hijos indignos de él.
Responsorio Cf. Hch 20, 20. 21. 24; Rm 1, 16a
R. No he ahorrado medio alguno al insistiros a creer en
nuestro Señor Jesús; * a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar
mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del
Evangelio, que es la gracia de Dios.
V.
No me avergüenzo del Evangelio.
R. A mí no me
importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo
que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
Oración
Concédenos, Señor, aquel sublime conocimiento de Cristo que tan abundantemente otorgaste a san Antonio María Zacarías, y que, penetrados como él lo estuvo del espíritu del apóstol san Pablo, anunciemos infatigablemente el mensaje de salvación a todos los fieles de la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 6 DE JULIO
SANTA MARÍA GORETTI
virgen y
mártir
Del Común
de mártires: para un mártir, o del Común
de vírgenes.
SEGUNDA LECTURA
De la homilía pronunciada por el papa Pío doce en la canonización de santa María Goretti
(AAS 42 (1950), 581-582)
NADA TEMO, PORQUE TÚ VAS CONMIGO
De todo el mundo es conocida la lucha con que tuvo que enfrentarse, indefensa, esta virgen; una turbia y ciega tempestad se alzó de pronto contra ella, pretendiendo manchar y violar su angélico candor. En aquellos momentos de peligro y de crisis, podía repetir al divino Redentor aquellas palabras del áureo librito De la imitación de Cristo: "Si me veo tentada y zarandeada por muchas tribulaciones, nada temo, con tal de que tu gracia esté conmigo. Ella es mi fortaleza; ella me aconseja y me ayuda. Ella es más fuerte que todos mis enemigos." Así, fortalecida por la gracia del cielo, a la que respondió con una voluntad fuerte y generosa, entregó su vida, sin perder la gloria de la virginidad.
En la vida de esta humilde doncella, tal cual la hemos resumido en breves trazos, podemos contemplar un espectáculo no sólo digno del cielo, sino digno también de que lo miren, llenos de admiración y veneración, los hombres de nuestro tiempo. Aprendan los padres y madres de familia cuán importante es el que eduquen a los hijos que Dios les ha dado en la rectitud, la santidad y la fortaleza, en la obediencia a los preceptos de la religión católica, para que, cuando su virtud se halle en peligro, salgan de él victoriosos, íntegros y puros, con la ayuda de la gracia divina.
Aprenda la alegre niñez, aprenda la animosa juventud a no abandonarse lamentablemente a los placeres efímeros y vanos, a no ceder ante la seducción del vicio, sino, por el contrario, a luchar con firmeza, por muy arduo y difícil que sea el camino que lleva a la perfección cristiana, perfección a la que todos podemos llegar tarde o temprano con nuestra fuerza de voluntad, ayudada por la gracia de Dios, esforzándonos, trabajando y orando.
No todos estamos llamados a sufrir el martirio, pero sí estamos todos llamados a la consecución de la virtud cristiana. Pero esta virtud requiere una fortaleza que, aunque no llegue a igualar el grado cumbre de esta angelical doncella, exige, no obstante, un largo, diligentísimo e ininterrumpido esfuerzo, que no terminará sino con nuestra vida. Por esto, semejante esfuerzo puede equipararse a un lento y continuado martirio, al que nos amonestan aquellas palabras de Jesucristo: El reino de los cielos se abre paso a viva fuerza, y los que pugnan por entrar lo arrebatan.
Animémonos todos a esta lucha cotidiana, apoyados en la gracia del cielo; sírvanos de estímulo la santa virgen y mártir María Goretti; que ella, desde el trono celestial, donde goza de la felicidad eterna, nos alcance del Redentor divino, con sus oraciones, que todos, cada cual según sus peculiares condiciones, sigamos sus huellas ilustres con generosidad, con sincera voluntad y con auténtico esfuerzo.
Responsorio
R. ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Tú que has merecido
recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.
V. Nadie podrá
quitarte la palma de la virginidad, ni separarte del amor de Cristo.
R. Tú
que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad
perpetua.
Oración
Señor Dios, que eres fuerza de las almas inocentes y te complaces en los corazones limpios, tú que otorgaste a santa María Goretti la palma del martirio en la edad juvenil, concédenos, por su intercesión, la constancia en tus mandamientos, así como a esta virgen le diste la victoria en el combate. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE JULIO
NUESTRA SEÑORA DE
ITATÍ
Memoria
Del Común
de la Santísima Virgen María
Oración
Dios lleno de misericordia, que para honrar la pura y limpia Concepción de la Virgen María, y como defensa y custodia de tu pueblo suscitaste la advocación de Nuestra Señora de Itatí, concédenos que bajo su protección nos veamos libres de todo peligro y seamos conducidos a los gozos de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 10 DE JULIO
SAN AGUSTÍN ZHAO RONG,
presbítero,
Y COMPAÑEROS, mártires
Del
Común
de varios mártires
SEGUNDA LECTURA
De la homilía del papa Juan Pablo II en la canonización de los bienaventurados mártires en China.
(AAS 92, 2000, 849-850)
LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES DA TESTIMONIO DE LA FE CRISTIANA
“Conságralos en la verdad; tu palabra es la verdad”. Esta invocación, que reproduce lavoz de la oración sacerdotal de Cristo elevada al Padre en la Última Cena, parece subir de la muchedumbre de santos y bienaventurados que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia a lo largo de los siglos. Dos mil años después del comienzo de la obra de la redención, hacemos nuestra esa invocación, con los ojos fijos en el ejemplo de santidad de Agustín Zhao Rong y sus ciento diecinueve compañeros mártires en China. Dios Padre los consagró en su amor, escuchando la oración de su Hijo que le adquirió un pueblo santo al extender sus brazos en la cruz para destruir la muerte y manifestar la resurrección.
La Iglesia da gracias al Señor porque la bendice y derrama en ella la luz con el resplandor de la santidad de estos hijos e hijas de China. La jovencita Ana Wang, de catorce años, resistió las amenazas del verdugo que la invitaba a apartarse de la fe de Cristo, diciendo mientras se preparaba con ánimo sereno a ser decapitada: “La puerta de los cielos ha sido abierta a todos”, y con susurros invocó tres veces a Jesús; Xi Guizi, un joven de dieciocho años, dijo impávido a quienes le acababan de cortar el brazo derecho y se esforzaban por arrancarle la piel cuando todavía estaba vivo: “Cada trozo de mi carne, cada gota de mi sangre traerá a vuestra memoria que soy cristiano”.
Con la misma fortaleza y alegría, otros ochenta y cinco chinos dieron testimonio, hombres y mujeres de toda edad y condición, sacerdotes, religiosas y laicos que, con la entrega de la vida, confirmaron su indefectible fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
Esto sucedió en diversas épocas y tiempos difíciles y angustiosos de la historia de la Iglesia en China.
En esta multitud de mártires resplandecen también treinta y tres misioneros y misioneras que, dejando su patria, intentaron insertarse en las costumbres y mentalidad chinas, adoptando con gran amor las particularidades de aquellas tierras, seducidos por el deseo de anunciar a Cristo y de servir a ese pueblo.
Sus sepulcros todavía se conservan allí para mostrar que pertenecen a aquella patria a la que, a pesar de la flaqueza humana, amaron con sincero corazón, consagrando a ella todas sus energías.
“A nadie hemos perjudicado sino que hemos servido a muchos”, dijo el obispo Francisco Fogolla al gobernador que se disponía a matarlo con su propia espada.
Responsorio Mt 5, 44-45. 48
R. Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen.
* Así
seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo.
V. Sed perfectos,
como vuestro Padre celestial es perfecto.
R. Así seréis hijos
de vuestro Padre que está en el cielo.
Oración
Señor Dios, que por medio de la confesión de los santos mártires Agustín y sus compañeros, robusteciste a tu Iglesia con dones admirables, concede a tu pueblo crecer en la libertad que necesita para su misión y así pueda dar testimonio de la verdad en todas partes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE JULIO
SAN BENITO, abad
Memoria
Del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De la Regla de san Benito, abad
(Prólogo, 4-22; cap. 72, I-12: CSEL 75, 2-5.162-163)
NO ANTEPONGAN NADA ABSOLUTAMENTE A CRISTO
Cuando emprendas alguna obra buena, lo primero que has de hacer es pedir constantemente a Dios que sea él quien la lleve a término, y así nunca lo contristaremos con nuestras malas acciones, a él, que se ha dignado contarnos en el número de sus hijos, ya que en todo tiempo debemos someternos a él en el uso de los bienes que pone a nuestra disposición, no sea que algún día, como un padre que se enfada con sus hijos, nos desherede, o, como un amo temible, irritado por nuestra maldad, nos entregue al castigo eterno, como a servidores perversos que han rehusado seguirlo a la gloria.
Por lo tanto, despertémonos ya de una vez, obedientes a la llamada que nos hace la Escritura: Ya es hora de despertarnos del sueño. Y, abiertos nuestros ojos a la luz divina, escuchemos bien atentos la advertencia que nos hace cada día la voz de Dios: Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis el corazón; y también: Quien tenga oídos oiga lo que dice el Espíritu a las Iglesias.
¿Y qué es lo que dice? Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Caminad mientras tenéis luz, antes que os sorprendan las tinieblas de la muerte.
Y el Señor, buscando entre la multitud de los hombres a uno que realmente quisiera ser operario suyo, dirige a todos esta invitación: ¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Y, si tú, al oír esta invitación, respondes: "Yo", entonces Dios te dice: "Si amas la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; guárdate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella. Si así lo hacéis, mis ojos estarán sobre vosotros y mis oídos atentos a vuestras plegarias; y, antes de que me invoquéis, os diré: Aquí estoy."
¿Qué hay para nosotros más dulce, hermanos muy amados, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor, con su amor paternal, nos muestra el camino de la vida.
Ceñida, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, avancemos por sus caminos, tomando por guía el Evangelio, para que alcancemos a ver a aquel que nos ha llamado a su reino. Porque, si queremos tener nuestra morada en las estancias de su reino, hemos de tener presente que para llegar allí hemos de caminar aprisa por el camino de las buenas obras.
Así como hay un celo malo, lleno de amargura, que separa de Dios y lleva al infierno, así también hay un celo bueno, que separa de los vicios y lleva a Dios y a la vida eterna.Éste es el celo que han de practicar con ferviente amor los monjes, esto es: estimando a los demás más que a uno mismo; soporten con una paciencia sin límites sus debilidades, tanto corporales como espirituales; pongan todo su empeño en obedecerse los unos a los otros; procuren todos el bien de los demás, antes que el suyo propio; pongan en práctica un sincero amor fraterno; vivan siempre en el temor y amor de Dios; amen a su abad con una caridad sincera y humilde; no antepongan nada absolutamente a Cristo, el cual nos lleve a todos juntos a la vida eterna.
Responsorio S. Gregorio Magno, Diálogos, lib. 2, prólogo; 3
R. El bienaventurado Benito, habiendo dejado su casa y sus
bienes familiares y queriendo agradar sólo a Dios, buscó la manera de llevar una
vida santa, * y habitó en la soledad, ante los ojos del Altísimo, que
todo lo ve.
V. Sabiamente indocto, se retiró, consciente de su ignorancia.
R. Y
habitó en la soledad, ante los ojos del Altísimo, que todo lo ve.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Hubo un hombre, venerable por su vida, Benito, que, como ya su propio nombre lo insinúa, fue bendecido por Dios con los dones de su gracia.
Vísperas: Este hombre recibió la bendición del Señor, la misericordia del Dios de salvación; él es del grupo que busca al Señor.
Oración
Dios nuestro, que constituiste al abad san Benito como un insigne maestro para los que quieren entregarse a tu servicio, concédenos que, anteponiendo tu amor a todas las cosas, corramos con un amor generoso por el camino de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE JULIO
SAN ENRIQUE
Del Común
de santos varones.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida antigua de san Enrique
(MGH, Scriptores 4, 792-799)
PROVEÍA A LA PAZ Y TRANQUILIDAD DE LA IGLESIA
El bienaventurado siervo de Dios, después de haber sido consagrado rey, no contento con las preocupaciones del gobierno temporal, queriendo llegar a la consecución de la corona de la inmortalidad, se propuso también trabajar en favor del supremo Rey, a quien servir es reinar: Para ello, se dedicó con suma diligencia al engrandecimiento del culto divino y comenzó a dotar y embellecer en gran manera las iglesias. Creó en su territorio el obispado de Bamberg, dedicado a los príncipes de los apóstoles, Pedro y Pablo, y al glorioso mártir san Jorge, y lo sometió con una jurisdicción especial a la santa Iglesia romana; con esta disposición, al mismo tiempo que reconocía el honor debido por disposición divina a la primera de las sedes, daba solidez a su fundación, al ponerla bajo tan excelso patrocinio.
Con el objeto de dar una muestra clara de la solicitud con que aquel bienaventurado varón proveyó a la paz y a la tranquilidad de su Iglesia recién fundada, con miras incluso a los tiempos posteriores, intercalamos aquí el testimonio de una carta suya:
"Enrique, rey por la gracia de Dios, a todos los hijos de la Iglesia, tanto presentes como futuros. Las saludables enseñanzas de la revelación divina nos instruyen y amonestan a que, dejando de lado los bienes temporales y posponiendo las satisfacciones terrenas, nos preocupemos por alcanzar las mansiones celestiales, que han de durar siempre. Porque la gloria presente, mientras se posee, es caduca y vana, a no ser que nos ayude en algún modo a pensar en la eternidad celestial. Pero la misericordia de Dios proveyó en esto una solución al género humano, dándonos la oportunidad de adquirir una porción de la patria celestial al precio de las posesiones humanas.
Por lo cual, Nos, teniendo en cuenta esta designación de Dios y conscientes de que la dignidad regia a que hemos sido elevados es un don gratuito de la divina misericordia, juzgamos oportuno no sólo ampliar las iglesias construidas por nuestros antecesores, sino también edificar otras nuevas, para mayor gloria de Dios, y honrarlas de buen grado con los dones que nos sugiere nuestra devoción. Y así, no queriendo prestar oídos sordos a los preceptos del Señor, sino con el deseo de aceptar con sumisión los consejos divinos, deseamos guardar en el cielo los tesoros que la divina generosidad nos ha otorgado, allí donde los ladrones no horadan ni roban, y donde no los corroen ni la polilla ni la herrumbre; de este modo, al recordar los bienes que vamos allí acumulando en el tiempo presente, nuestro corazón vive ya desde ahora en el cielo por el deseo y el amor.
Queremos, por tanto, que sea conocido de todos los fieles que hemos erigido en sede episcopal aquel lugar heredado de nuestros padres que tiene por nombre Bamberg, para que en dicho lugar se tenga siempre memoria de Nos y de nuestros antecesores, y se inmole continuamente la víctima saludable en provecho de todos los fieles que viven en la verdadera fe."
Responsorio Sb 10, 11-12. 14. 10
R. El Señor lo colmó de bienes y lo defendió de sus enemigos,
lo protegió de los que le tendían asechanzas * y le dio una gloria
eterna.
V. El Señor guió al justo por caminos seguros y le descubrió
el reino de Dios.
R. Y le dio una gloria eterna.
Oración
Dios nuestro, que otorgaste a san Enrique la abundancia de tu gracia para gobernar rectamente un reino terrenal y para elevarse de esos cuidados al amor de las cosas celestiales, concédenos también a nosotros, por su intercesión, que, en medio de los cuidados de las cosas mudables de este mundo, tendamos siempre sinceramente hacia ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 14 DE JULIO
SAN CAMILO DE
LELIS,
presbítero
Del Común de santos varones: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de san Camilo, escrita por un colega suyo
(S. Cicatelli, Vita del P. Camillo de Lellis, Viterbo 1615)
SERVIDOR DE CRISTO EN LA PERSONA DE LOS HERMANOS
Empezaré por la santa caridad, raíz y complemento de todas las virtudes, con la que Camilo estaba familiarizado más que con ninguna otra. Y, así, afirmo que nuestro santo estaba inflamado en el fuego de esta santa virtud, no sólo para con Dios, sino también para con el prójimo, en especial para con los enfermos; y esto en tal grado que la sola vista de los enfermos bastaba para enternecer y derretir su corazón y para hacerle olvidar completamente todas las delicias, deleites y afectos mundanos. Cuando servía a algún enfermo, lo hacía con un amor y compasión tan grandes que parecía como si en ello tuviera que agotar y consumir todas sus fuerzas. De buena gana hubiera tomado sobre sí todos los males y dolencias de los enfermos con tal de aliviar sus sufrimientos o curar sus enfermedades.
Descubría en ellos la persona de Cristo con una viveza tal, que muchas veces, mientras les daba de comer, se imaginaba que eran el mismo Cristo en persona y les pedía su gracia y el perdón de los pecados. Estaba ante ellos con un respeto tan grande como si real y verdaderamente estuviera en presencia del Señor. De nada hablaba con tanta frecuencia y con tanto fervor como de la santa caridad, y hubiera querido poderla infundir en el corazón de todos los mortales.
Deseoso de inflamar a sus hermanos de religión en esta virtud, la primera de todas, acostumbraba inculcarles aquellas dulcísimas palabras de Jesucristo: Estuve enfermo, y me visitasteis. Estas palabras parecía tenerlas realmente esculpidas en su corazón; tanta era la frecuencia con que las decía y repetía.
La caridad de Camilo era tan grande y tan amplia que tenían cabida en sus entrañas de piedad y benevolencia no sólo los enfermos y moribundos, sino toda clase de pobres y desventurados. Finalmente, era tan grande la piedad de su corazón para con los necesitados, que solía decir:
"Si no se hallaran pobres en el mundo, habría que dedicarse a buscarlos y sacarlos de bajo tierra, para ayudarlos y practicar con ellos la misericordia."
Responsorio 1 Ts 5, 14. 15. 18; Rm 15,7
R. Sostened a los débiles, esmeraos siempre en hacer el bien a
todos: * Ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de
nosotros.
V. Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de
Dios.
R. Ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de
nosotros.
Oración
Dios nuestro, que otorgaste al presbítero san Camilo de Lelis la gracia de una singular caridad hacia los enfermos, infunde en nosotros un gran amor hacia ti, para que te sirvamos en la persona de nuestros hermanos y podamos así, cuando salgamos de este mundo, presentarnos ante ti llenos de confianza. Por nuestro señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 15 DE JULIO
SAN BUENAVENTURA,
obispo y doctor
de la Iglesia
Memoria
Del Común de santos pastores: para un santo obispo y del Común de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las obras de san Buenaventura, obispo
(Opúsculo sobre el itinerario de la mente hacia Dios, 7,1,2,6: Opera omnia 5, 312-313)
LA SABIDURÍA MISTERIOSA REVELADA POR EL ESPÍRITU SANTO
Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera y el vehículo, él, que es la placa de la expiación colocada sobre el arca de Dios y el misterio escondido desde el principio de los siglos. El que mira plenamente de cara esta placa de expiación y la contempla suspendida en la cruz, con la fe, con esperanza y caridad, con devoción, admiración, alegría, reconocimiento, alabanza y júbilo, este tal realiza con él la Pascua, esto es, el paso, ya que, sirviéndose del bastón de la cruz, atraviesa el mar Rojo, sale de Egipto y penetra en el desierto, donde saborea el maná escondido, y descansa con Cristo en el sepulcro, como muerto en lo exterior, pero sintiendo, en cuanto es posible en el presente estado de viadores, lo que dijo Cristo al ladrón que estaba crucificado a su lado: Hoy estarás conmigo en el paraíso.
Para que este paso sea perfecto, hay que abandonar toda especulación de orden intelectual y concentrar en Dios la totalidad de nuestras aspiraciones. Esto es algo misterioso y secretísimo, que sólo puede conocer aquel que lo recibe, y nadie lo recibe sino el que lo desea, y no lo desea sino aquel a quien inflama en lo más íntimo el fuego del Espíritu Santo, que Cristo envió a la tierra. Por esto, dice el Apóstol que esta sabiduría misteriosa es revelada por el Espíritu Santo.
Si quieres saber cómo se realizan estas cosas, pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos.
Este fuego es Dios, cuyo horno, como dice el profeta, está en Jerusalén, y Cristo es quien lo enciende con el fervor de su ardentísima pasión, fervor que sólo puede comprender el que es capaz de decir: Preferiría morir asfixiado y la misma muerte. El que de tal modo ama la muerte puede ver a Dios, ya que está fuera de duda aquella afirmación de la Escritura: Nadie puede ver mi rostro y quedar con vida. Muramos, pues, y entremos en la oscuridad, impongamos silencio a nuestras preocupaciones, deseos e imaginaciones; pasemos con Cristo crucificado de este mundo al Padre, y así, una vez que nos haya mostrado al Padre, podremos decir con Felipe: Eso nos basta; oigamos aquellas palabras dirigidas a Pablo: Te basta mi gracia; alegrémonos con David, diciendo: Se consumen mi corazón y mi carne por Dios, mi lote perpetuo. Bendito sea el Señor por siempre, y todo el pueblo diga: "¡Amén!"
Responsorio 1 Jn 3, 24; Sir 1, 9. 10
R. Quien guarda los mandamientos de Dios permanece en Dios y
Dios en él; * y conocemos que él permanece en nosotros por el Espíritu
que nos ha dado.
V. Dios mismo creó la sabiduría, la derramó sobre todas sus
obras y se la regaló a los que lo aman.
R. Y conocemos que
él permanece en nosotros por el Espíritu que nos ha dado.
Oración
Dios todopoderoso, al celebrar hoy la festividad del obispo san Buenaventura, te pedimos nos concedas saber aprovechar sus preclaras enseñanzas e imitar su ardiente amor hacia ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 16 DE JULIO
NUESTRA SEÑORA DEL
CARMEN
Del Común De la Santísima Virgen María.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 1 en la Natividad del Señor, 2. 3: PL 54,191-192)
MARÍA, ANTES DE CONCEBIR CORPORALMENTE, CONCIBIÓ EN SU ESPÍRITU
Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.
Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que en el principio estaba junto a Dios, por medio del cual se hizo todo, y sin el cual no se hizo nada, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.
Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón, pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.
Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, no hubiera podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido darnos ejemplo.
Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?
Responsorio
R. Celebremos la festividad de la gloriosa Virgen María, en
cuya humildad puso el Señor sus ojos; *
ella concibió al Salvador del mundo, como el
ángel lo anunció.
V. Cantemos alabanzas a Cristo en este día, al celebrar las
glorias de la admirable Madre de Dios.
R. Ella concibió al
Salvador del mundo, como el ángel lo anunció.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Deseé la sabiduría con toda el alma, la pedí en la oración y creció en mí como racimo que madura.
Vísperas: María escuchaba la palabra de Dios y la cumplía, meditándola en su corazón.
Oración
Haz venir, Señor, sobre nosotros la poderosa intercesión de la gloriosa Virgen María, para que, protegidos con su auxilio, podamos llegar a tu monte santo, que es Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 20 DE JULIO
SAN APOLINAR,
obispo y
mártir
Del Común
de un mártir
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 128, 1-3: CCL 24A, 789-791)
EL MÁRTIR REINA Y VIVE
El bienaventurado Apolinar enriqueció a la Iglesia con el honor local y eximio del martirio. Hizo honor al nombre de Apolinar, porque perdió aquí su vida según el mandato de su Dios, para conquistarla en la vida eterna. Bienaventurado el que acabó su carrera y mantuvo la fe de tal manera que volvió a ser el primero de su iglesia para los que confiaban en él. Nadie crea, porque se le otorgue el título de confesor, que es inferior al mártir el que, por voluntad de Dios, piensa en el combate que se vuelve a entablar cada mañana de múltiples formas. Escucha lo que dice Pablo: “Muero cada día”. Es poca cosa que muera una sola vez en el que a menudo puede ofrecer a su rey una gloriosa victoria sobre sus enemigos. Al mártir no lo hace tanto la muerte como la fe y la piedad: y como es propio del valor sucumbir en la batalla por amor al rey, así también es propio del valor perfecto combatir durante mucho tiempo. Fue mártir no porque le produjera la muerte, sino que reconoció al mártir porque no le arrancó la fe; el astuto enemigo lanzó todos los dardos que pudo y recurrió a todas sus clases de armas, pero no pudo mover la posición de aquel fortísimo jefe ni violar su constancia. Hermanos, si es necesario, es gran cosa despreciar la vida presente por el Señor, pero es hasta glorioso despreciar el mundo con la forma de vivir y pisotear a su príncipe.
Cristo corría al encuentro del mártir; el mártir corría al encuentro de su Rey. Lo hemos dichO bien: “corría”, tal como dice el profeta: “Levántate para venir a mi encuentro y mira”. Pero para conservar a quien la defendía luchando a favor de ella, la santa Iglesia corre apresuradamente al encuentro de Cristo para que reservase al vencedor la corona de la justicia y le procurase a ella la presencia de su combatiente en tiempo de guerra. El confesor derramaba sangre a menudo y daba testimonio de su Creador con sus heridas y con la fe de su mente. Levantando los ojos al cielo despreciaba la carne y la tierra. Pero la todavía tierna infancia de la Iglesia venció, resistió y consiguió con su deseo que el mártir fuese retardado. Hermanos, hablo de la infancia que siempre lo consigue todo, que combate más con las lágrimas que con las fuerzas. El rostro y el sudor de los fuertes no tienen el poder de las lágrimas de los niños, porque unos quebrantan los cuerpos, pero los otros quebrantan los corazones; en un caso apenas se mueven los juicios de la mente pero, en el otro, toda la piedad se abaja condescendiente.
Hermanos, ¿qué más se puede decir? La santa madre Iglesia procuró no ser separadade su obispo. Éste vive como el buen pastor que está en medio de su grey, y el que nos precedió corporalmente nunca se separó en cuanto al espíritu. Digo que nos precedió con su apariencia externa; por lo demás, la morada de su cuerpo descansa entre nosotros. El diablo desapareció; el perseguidor sucumbió; pero reina y vive el que deseó morir por su Rey.
Responsorio 2Tm 4, 7-8; Flp 1, 21
R. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he
mantenido la fe * Pero ahora se me ha dado la corona de la justicia que en
aquel día me restituirá el Señor, juez justo.
V. Para mí la vida
es Cristo, y una ganancia el morir.
R.
Pero ahora se me ha dado la corona de la
justicia que en aquel día me restituirá el Señor, juez justo.
Oración
Señor y Dios nuestro, dirige a tus fieles por el camino de la salvación eterna, que san Apolinar mostró con su doctrina y testimonió con su martirio, y ayúdanos, por su intercesión, a perseverar en la práctica de tus mandamientos para alcanzar la corona que él mereció. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE JULIO
SAN LORENZO DE BRINDIS,
presbítero
y doctor de la Iglesia
Del Común de pastores: para un santo presbítero y del Común de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Lorenzo de Brindis, presbítero
(Sermón cuaresmal 2: Opera omnia 5,1, Núms. 48. 50. 52)
LA PREDICACIÓN ES UNA FUNCIÓN APOSTÓLICA
Para llevar una vida espiritual, que nos es común con los ángeles y los espíritus celestes y divinos, ya que ellos y nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, es necesario el pan de la gracia del Espíritu Santo y de la caridad de Dios. Pero la gracia y la caridad son imposibles sin la fe, ya que sin la fe es imposible agradar a Dios. Y esta fe se origina necesariamente de la predicación de la palabra de Dios: La fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. Por tanto, la predicación de la palabra de Dios es necesaria para la vida espiritual, como la siembra es necesaria para la vida del cuerpo.
Por esto, dice Cristo: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Salió el sembrador a pregonar la justicia, y este pregonero, según leemos, fue algunas veces el mismo Dios, como cuando en el desierto dio a todo el pueblo, de viva voz bajada del cielo, la ley de justicia; fue otras veces un ángel del Señor, como cuando en el llamado "lugar de los que lloran" echó en cara al pueblo sus transgresiones de la ley divina, y todos los hijos de Israel, al oír sus palabras, se arrepintieron y lloraron todos a voces; también Moisés predicó a todo el pueblo la ley del Señor, en las campiñas de Moab, como sabemos por el Deuteronomio. Finalmente, vino Cristo, Dios y hombre, a predicar la palabra del Señor, y para ello envió también a los apóstoles, como antes había enviado a los profetas.
Por consiguiente, la predicación es una función apostólica, angélica, cristiana, divina. Así comprendemos la múltiple riqueza que encierra la palabra de Dios, ya que es como el tesoro en que se hallan todos los bienes. De ella proceden la fe, la esperanza, la caridad, todas las virtudes, todos los dones del Espíritu Santo, todas las bienaventuranzas evangélicas, todas las buenas obras, todos los actos meritorios, toda la gloria del paraíso: Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros.
La palabra de Dios es luz para el entendimiento, fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios; y para el hombre interior, el que vive por la gracia del Espíritu Santo, es pan y agua, pero un pan más dulce que la miel y el panal, un agua mejor que el vino y la leche; es para el alma un tesoro espiritual de méritos, y por esto es comparada al oro y a la piedra preciosa; es como un martillo que doblega la dureza del corazón obstinado en el vicio; y como una espada que da muerte a todo pecado, en nuestra lucha contra la carne, el mundo y el demonio.
Responsorio Is 40, 9; Lc 9, 59. 60
R. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; * di a las ciudades de
Judá: «Aquí está vuestro Dios.»
V.
Sígueme y ven a anunciar el reino de los
cielos.
R. Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.»
Oración
Oh Dios, que diste a san Lorenzo de Brindis el espíritu de consejo y de fortaleza, para gloria de tu nombre y salvación del prójimo, concédenos, por ese mismo espíritu, conocer y cumplir siempre nuestro deber. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE JULIO
SANTA MARÍA
MAGDALENA
Memoria
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios
(Homilía 25,1-2. 4-5: PL ?6,1189-1193)
ARDÍA EN DESEOS DE CRISTO, A QUIEN PENSABA QUE SE LO HABÍAN LLEVADO
María Magdalena, cuando llegó al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho. Y dice el evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade, a continuación: Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando.
Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el final se salvará.
Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba. Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Estoy enferma de amor; y también: Mi alma se derrite.
Mujer, ¿Por qué lloras? ¿a quién buscas? Se le pregunta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.
Jesús le dice: "¡María!" Después de haberla llamado con el nombre genérico de "mujer", sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera:
"Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en especial.
María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: "Rabboni", es decir: "Maestro", ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.
Responsorio
R. Cuando volvió del sepulcro del Señor, María Magdalena
anunció a los discípulos: «He visto al Señor.» * Dichosa ella que fue
digna de llevar la noticia de la resurrección de la Vida.
V. Llorando al que
amaba, encontró al que buscaba, y anunció luego al que había encontrado.
R. Dichosa ella que fue digna de llevar la noticia de la
resurrección de la Vida.
HIMNO
Finísimo fue el lino
con que ella
fue tejiendo, a lo largo de su vida,
esa historia de amor que
la hace bella
a los ojos de Dios y bendecida.
Supo trenzar con tino
los amores
del cielo y de la tierra, y santamente
hizo altar del telar de
sus labores,
oración desgranada lentamente.
Flor virgen, florecida
en amor santo,
llenó el hogar de paz y joven vida,
su dulce fortaleza fue
su encanto,
la fuerza de su amor, la fe vivida.
Una escuela de fe fue
su regazo,
todos fueron dichosos a su vera,
su muerte en el Señor fue un
tierno abrazo,
su vida será eterna primavera. Amén.
Ant. 1. El primer día de la semana, muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, vino María Magdalena al sepulcro.
Salmos y cántico del domingo I
Ant. 2. Busco al amor de mi alma, deseo ver a mi Señor; lo busco y no encuentro dónde lo han dejado, Aleluya.
Ant. 3. Mientras estaba llorando, se asomó María al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco. Aleluya.
LECTURA
BREVE Rm 12,
1-2
Os exhorto, por la misericordia de
Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios;
éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino
transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es
la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
V.
María, no llores más, el Señor ha resucitado
de entre los muertos. R. María, no llores. V.
Ve a mis hermanos y diles: R. El Señor ha resucitado
de entre los muertos. V. Gloria. R. María, no llores.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Después de su resurrección, que tuvo lugar a la mañana del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios.
PRECES
Unidos, hermanos, a las mujeres santas, aclamemos a Jesús, nuestro Salvador, y supliquémosle diciendo: Ven, Señor Jesús.
Señor Jesús, que perdonaste a la mujer pecadora sus muchos pecados porque tenía mucho amor, * perdónanos también a nosotros porque hemos pecado mucho.
Señor Jesús, que fuiste asistido en tu misión evangélica por mujeres piadosas, * haz que también nosotros seamos fieles en nuestra misión apostólica.
Señor Jesús, a quien María escuchaba y Marta servía, * concédenos servirte siempre con fe y amor.
Señor Jesús, que llamaste hermano, hermana y madre a todos los que cumplen tu voluntad, * haz que todos nosotros la cumplamos siempre de palabra y de obra.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Fieles a la recomendación del Salvador, digamos al Padre común: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que santa María Magdalena fuese la primera en recibir de tu Hijo unigénito la misión de anunciar el gozo pascual, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo su ejemplo, demos a conocer a Cristo resucitado y merezcamos contemplarlo luego reinando en tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Un amor casto y
puro
calladamente:
más grande que la vida
y que la muerte.
Dulce su casa,
y su
marido en ella
se contemplaba.
Era su amor de
madre
como una rosa:
pétalos de fragancia
y espinas rojas.
Y era su seno
un
arrullo de lirios
y de silencios.
Olor a roja viña
y
a tierna hogaza:
y su mano prudente
acariciaba.
Sus dedos
limpios
iban tejiendo lana
para sus hijos.
Y Dios desde su
cielo
se sonreía,
por la casta frescura
de fuente limpia.
Amor callado
que
vestía al Cordero
de rojo y blanco. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dijo Jesús a María: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?"
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. Dijo Jesús a María: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?"
Ant. 2. Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han dejado.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han dejado.
Ant. 3. Jesús dijo: "¡María!" Ella, volviéndose, exclamó: "¡Rabbuní!, es decir: "¡Maestro!"
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Jesús dijo: "¡María!" Ella, volviéndose, exclamó: "¡Rabbuní!, es decir: "¡Maestro!"
LECTURA BREVE Rm 8, 28-30
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
RESPONSORIO BREVE
V. María, no llores más, el Señor ha resucitado de entre los muertos. R. María, no llores. V. Ve a mis hermanos y diles: R. El Señor ha resucitado de entre los muertos. V. Gloria. R. María, no llores.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: María vino a anunciar a los discípulos que había visto al Señor. Aleluya.
PRECES
Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia por intercesión de las santas mujeres y digámosle: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Por intercesión de las santas mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo, * concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.
Por intercesión de las santas esposas, que por medio del matrimonio crecieron en tu amor, * concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.
Por intercesión de las santas viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron la soledad, * concede, Señor, a tu Iglesia ser para el mundo signo manifiesto de tu amor a los hombres.
Por intercesión de las santas madres, que engendraron sus hijos no sólo para la vida del mundo, sino también para la salvación eterna, * concede, Señor, a tu Iglesia engendrar para tu reino a todos los pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Por intercesión de todas las mujeres santas, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro, * concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también de la luz eterna de tu presencia.
Fieles a la recomendación del Salvador, digamos al Padre común: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que santa María Magdalena fuese la primera en recibir de tu Hijo unigénito la misión de anunciar el gozo pascual, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo su ejemplo, demos a conocer a Cristo resucitado y merezcamos contemplarlo luego reinando en tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE JULIO
SANTA BRÍGIDA,
religiosa
Del Común
de santas mujeres: para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las oraciones atribuidas a santa Brígida
(Oración 2: Revelationum S. Birgittae libri, 2, Roma 1628, pp. 408-410)
ELEVACIÓN DE LA MENTE A CRISTO SALVADOR
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que anunciaste por adelantado tu muerte y, en la última cena, consagraste el pan material, convirtiéndolo en tu cuerpo glorioso, y por tu amor lo diste a los apóstoles como memorial de tu dignísima pasión, y les lavaste los pies con tus santas manos preciosas, mostrando así humildemente tu máxima humildad.
Honor a ti, mi Señor Jesucristo, porque el temor de la pasión y la muerte hizo que tu cuerpo inocente sudara sangre, sin que ello fuera obstáculo para llevar a término tu designio de redimirnos, mostrando así de manera bien clara tu caridad para con el género humano.
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que fuiste llevado ante Caifás, y tú, que eres el juez de todos, permitiste humildemente ser entregado a Pilato para ser juzgado por él.
Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, por las burlas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura y coronado con punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupida tu faz gloriosa, que te taparan los ojos y que unas manos brutales golpearan sin piedad tu mejilla y tu cuello.
Alabanza a ti, mi Señor Jesucristo, que te dejaste ligar a la columna para ser cruelmente flagelado, que permitiste que te llevaran ante el tribunal de Pilato cubierto de sangre, apareciendo a la vista de todos como el Cordero inocente.
Honor a ti, mi Señor Jesucristo, que, con todo tu glorioso cuerpo ensangrentado, fuiste condenado a muerte de cruz, cargaste sobre tus sagrados hombros el madero, fuiste llevado inhumanamente al lugar del suplicio, despojado de tus vestiduras, y así quisiste ser clavado en la cruz.
Honor para siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que, en medio de tales angustias, te dignaste mirar con amor a tu dignísima madre, que nunca pecó ni consintió jamás la más leve falta; y, para consolarla, la confiaste a tu discípulo para que cuidara de ella con toda fidelidad.
Bendito seas por siempre, mi Señor Jesucristo, que, cuando estabas agonizando, diste a todos los pecadores la esperanza del perdón, al prometer misericordiosamente la gloria del paraíso al ladrón arrepentido.
Alabanza eterna a ti, mi Señor Jesucristo, por todos y cada uno de los momentos que, en la cruz, sufriste las mayores amarguras y angustias por nosotros, pecadores; porque los dolores agudísimos procedentes de tus heridas penetraban intensamente en tu alma bienaventurada y atravesaban cruelmente tu corazón sagrado, hasta que dejó de latir y exhalaste el espíritu e, inclinando la cabeza, lo encomendaste humildemente a Dios tu Padre, quedando tu cuerpo invadido por la rigidez de la muerte.
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que con tu sangre preciosa y tu muerte sagrada redimiste las almas y, por tu misericordia, las llevaste del destierro a la vida eterna.
Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que, por nuestra salvación, permitiste que tu costado y tu corazón fueran atravesados por la lanza y, para redimirnos, hiciste que de él brotara con abundancia tu sangre preciosa mezclada con agua.
Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, porque quisiste que tu cuerpo bendito fuera bajado de la cruz por tus amigos y reclinado en los brazos de tu afligidísima madre, y que ella lo envolviera en lienzos y fuera enterrado en el sepulcro, permitiendo que unos soldados montaran allí guardia.
Honor por siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que enviaste el Espíritu Santo a los corazones de los discípulos y aumentaste en sus almas el inmenso amor divino.
Bendito seas tú, glorificado y alabado por los siglos, mi Señor Jesús, que estás sentado sobre el trono en tu reino de los cielos, en la gloria de tu divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros santísimos, que tomaste de la carne de la Virgen. Y así has de venir el día del juicio a juzgar a las almas de todos los vivos y los muertos: tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio Ap 1, 5-6; Ef 5, 2
R. Cristo nos ama y nos ha lavado de nuestros pecados con su
sangre; * él ha hecho de nosotros un reino y sacerdotes para Dios, su
Padre.
V. Vivid en el amor a ejemplo de Cristo que os amó y se
entregó por nosotros.
R. Él ha hecho de nosotros un reino y sacerdotes para Dios, su
Padre.
Oración
Señor, Dios nuestro, que revelaste a santa Brígida profundos secretos celestiales en la meditación de los sufrimientos de tu Hijo, concédenos también a nosotros que, después de compartir los padecimientos de Cristo, rebosemos de gozo cuando se manifieste su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 23 DE JULIO
SAN FRANCISCO SOLANO,
presbítero
Memoria
Del Común
de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De una biografía de san Francisco Solano
(Acta Sanctorum julii V, París 1868, pp. 884-886).
¡DIOS, VIDA MÍA, QUÉ SUAVE ERES: SEAS SIEMPRE BENDITO!
Aunque toda la existencia del varón de Dios, Francisco Solano, fue un martirio constante y un reflejo de la cruz de Cristo, los dos últimos meses de su vida se mereció las promesas de la eterna bienaventuranza, practicando de modo eminente la virtud de la paciencia, al llevar con santa resignación la penosa enfermedad que le mantuvo postrado en el lecho del dolor, sometido, además, a grandes padecimientos y fiebres abrasadoras.
Esta larga enfermedad nunca fue obstáculo para entregarse de lleno a la oración, la que en sus últimos días fue total contemplación y éxtasis continuos; inflamado en amor divino, siendo su conversación más con los ángeles que con los hombres, olvidado de todo cuidado corporal, de prescripciones facultativas y de cualquier remedio humano, vivió milagrosamente. Con gran ternura repetía incansablemente variadas jaculatorias, en especial: «Bendito sea Dios.» Recitaba algunos salmos, sobre todo aquéllos: «Alaba, alma mía, al Señor y Bendice, alma mía, a tu Dios»; invitando a los presentes a que se unieran a él, mientras su espíritu se derretía en santo fervor. Hizo que le leyeran del evangelio de san Juan el pasaje que empieza: «Antes de la fiesta de Pascua...», quedando ensimismado, en especial cuando se relataba la pasión de Jesús, dejando caer de sus labios frases de agradecimiento sincero a Cristo paciente, porque decía que le había amado a él, pecador, con gran bondad y misericordia. También se confortaba pronunciando himnos de alabanzas en honor de la bienaventurada Virgen María, con gran gozo y júbilo espirituales.
A su confesor le declaró: «Ayudadme, padre, a alabar al Señor»; y luego añadió: «Dios mío, tú eres el Creador, el rey, mi padre, tú eres mis delicias, todas mis cosas.» Y su alma quedó inflamada en amor divino, sumida en éxtasis profundo, y su cuerpo permaneció rígido y frío como el mármol. Cinco días antes de su muerte, dijo al hermano enfermero, fray Juan Gómez: «¿Por ventura, hermano, no percibes la gran misericordia de Dios hacia mi persona, que me conforta para vencer con facilidad al enemigo?»
Tres fechas antes de su tránsito, dirigiendo la vista a otro hermano que le atendía, exclamó entre suspiros y lágrimas: «¿De dónde a mí, mi Señor, Jesús, el que tú estés crucificado y yo me encuentre entre tus ministros y siervos; tú desnudo, yo cubierto; tú abofeteado, coronado de espinas, y yo confortado con tantas atenciones?»
Al día siguiente, estando rodeado de muchos religiosos, dijo: «¡Oh Dios, mi vida, sé siempre glorificado! ¡Qué inmensa condescendencia hacia mi persona! ¡Soy feliz, mi Señor, por saber que eres Dios! ¡Oh, qué suave eres!»
La última noche, cayó en profundo éxtasis, y los presentes creyeron que expiraba, pero se rehizo, y después recitó el salmo: «Qué alegría cuando me dijeron: ¡Vamos a la casa del Señor! Ya van pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén». Desde este momento hasta el instante supremo de la muerte, sufrió un cambio misterioso, apareciendo su rostro hermoso, radiante, transparente, risueño, y su espíritu transpiraba jubilosa paz, gozo y serenidad. Un hermano le dijo: «Como quiera que Dios te llama a su seno, te ruego, Padre, que te acuerdes de mí cuando estés en su reino.» A lo que le contestó con cierto gracejo: «Así es, hermano, me voy al cielo, pero gracias a los méritos de la pasión y muerte de Cristo, porque yo soy un gran pecador. Mas, cuando llegue a la patria, seré allí un buen amigo tuyo.»
Responsorio Ef 3, 8. 6
R. A mí, el más insignificante de todo el pueblo santo, se me
ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo
* Por
quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en él.
V. También los
gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa
en Jesucristo.
R. Por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe
en él.
Oración
Señor, que, por medio del presbítero san Francisco Solano, llevaste a muchos pueblos de América al seno de la Iglesia, por sus méritos e intercesión, míranos con bondad y atrae hacia ti a los pueblos que aún no te conocen. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 23 DE JULIO
SAN CHARBEL
MAKHLÜF,
presbítero
Del Común
de pastores
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Ammonas, eremita
(Ep 12: PO 10/6, 1973, 603-607)
LOS QUE ESTÁN CERCA DE DIOS HAN SIDO CONSTITUIDOS MÉDICOS DE ALMAS
Amadísimos en el Señor, sabéis que, tras la desobediencia del mandato divino, el alma no puede conocer a Dios a no ser que se aparte de los hombres y de todos los afanes. Entonces verá con cuánta energía le hace frente su adversario. Pero una vez visto el adversario que lucha con él y vencido el que a veces choca contra él, Dios habita en el alma, y de la tristeza pasa al gozo y al júbilo. Pero si es vencida en la batalla, le sobreviene la tristeza, la tibieza unida a otras muchas cosas y las molestias de todo tipo.
Por ello, los Padres vivían en el desierto de manera solitaria, como Elías el Tesbita y Juan. No penséis que éstos fueron justos entre los hombres por el hecho de que entre ellos pusieron en práctica la justicia, sino porque estuvieron en gran silencio y, por ello, recibieron las virtudes de Dios hasta el punto de habitar en ellos. Sólo entonces Dios los envió entre los hombres después de haber conseguido todas las virtudes para ser dispensadores de Dios y curar las enfermedades de aquéllos. Eran, en efecto, médicos de almas, que podían curar la enfermedad de éstas. Por eso, arrancados del silencio fueron enviados a los hombres, pero sólo fueron enviados cuando habían sido sanadas todas sus enfermedades. No es posible que un alma sea enviada para edificar a los hombres mientras tenga algunas imperfecciones. Quienes salen antes de haber conseguido la perfección, van por decisión propia, no por voluntad de Dios. A propósito de éstos dice Dios vituperándolos: “Yo no los envié, pero ellos corrían”. Como no pueden guardar su propia alma, mucho menos pueden edificar las almas de los demás.
Quienes son enviados por Dios, no se alejan voluntariamente del silencio. Saben que adquirieron la virtud divina en el silencio. Pero como no son desobedientes al Creador, salen para edificar espiritualmente, imitando al mismo Dios, tal como el Padre envió desde el cielo a su Hijo verdadero para sanar todas las enfermedades y debilidades de loshombres. Está escrito: “Él soportó nuestros dolores y llevó nuestras enfermedades”. Por eso todos los santos que han ido hasta los hombres para sanarlos imitan al Creador en todas las cosas para hacerse dignos, al menos, de la adopción de hijos de Dios y vivir también por los siglos de los siglos con el Padre y el Hijo. Amadísimos, os he mostrado la virtud del silencio, cómo lo sana todo y cómo es agradable a Dios. Por ello os he escrito para que os mostréis fuertes en el asunto al que os dedicáis y sepáis que todos los santos progresaron por el poder del silencio, habitó en ellos la virtud divina, les enseñó los misterios celestes y con su gracia destruyeron la vetustez de este mundo. El que os ha escrito esto llegó a esta altura por el poder del silencio.
Pero, en estos tiempos, hay muchos anacoretas que no son capaces de perseverar en el silencio porque son incapaces de vencer su propia voluntad. Por ello viven asiduamente entre los hombres, incapaces de despreciarse a sí mismos, de rehuir las costumbres del mundo y de esforzarse en el combate. De ahí que, abandonado el silencio, se queden con sus allegados para consolarse el resto de su vida. No son considerados dignos de la suavidad divina ni de que en ellos habite la virtud divina. Cuando aparece ante ellos la virtud, los encuentra buscando consuelo en el tabernáculo de este mundo y en las pasiones del alma y del cuerpo y, por tanto, no puede descender sobre ellos; más aún, el amor al dinero, la vanagloria de los hombres, todas las enfermedades del alma y los afanes impiden que la virtud divina descienda sobre ellos.
Pero vosotros os mostráis fuertes en el asunto al que os dedicáis. Quienes se alejan del silencio, no pueden superar sus propias pasiones ni pueden luchar contra su adversario, porque son esclavos de sus pasiones; pero vosotros vencéis también las pasiones y ojalá la virtud divina esté con vosotros.
Responsorio Flp 3, 8. 10; Rm 6, 8
R. Todo lo he considerado basura con tal de ganar a Cristo.
* Para
conocerlo a Él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos.
V. Si
hemos muerto con Cristo, creemos que igualmente viviremos con Cristo.
R. Para conocerlo a Él, el poder de su resurrección y la
comunión en sus padecimientos.
Oración
Padre del cielo, que llamaste al presbítero San Charbel a una singular lucha en soledad, y lo impregnaste de toda forma de piedad, te pedimos que podamos ser imitadores eficaces de la pasión del Señor y así merecer el Reino prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 25 DE JULIO
SANTIAGO, apóstol
Fiesta
Oficio de lectura
V. Contaron las alabanzas del Señor y su poder.
R. Y las maravillas
que realizó.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 18 — 2, 5
LOS APÓSTOLES PREDICAN LA CRUZ
Hermanos: El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación −para nosotros− es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y como, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció, por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados −judíos o griegos−, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Y si no, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así −como dice la Escritura− «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor.»
Por eso yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Responsorio Mc 10, 38-39
R. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de
bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? * Contestaron: «Lo
somos.»
V. El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis
con el bautismo con que yo me voy a bautizar.
R. Contestaron: «Lo
somos.».
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo
(Homilía 65, 2-4: PG 58, 619-622)
PARTÍCIPES DE LA PASIÓN DE CRISTO
Los hijos de Zebedeo apremian a Cristo, diciéndole: Ordena que se siente uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Qué les responde el Señor? Para hacerles ver que lo que piden no tiene nada de espiritual y que, si hubieran sabido lo que pedían, nunca se hubieran atrevido a hacerlo, les dice: No sabéis lo que pedís, es decir: "No sabéis cuán grande, cuán admirable, cuán superior a los mismos coros celestiales es esto que pedís." Luego añade: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar? Es como si les dijera: "Vosotros me habláis dehonores y de coronas, pero yo os hablo de luchas y fatigas. Éste no es tiempo de premios, ni es ahora cuando se ha de manifestar mi gloria; la vida presente es tiempo de muertes, de guerra y de peligros."
Pero fijémonos cómo la manera de interrogar del Señor equivale a una exhortación y a un aliciente. No dice: "¿Podéis soportar la muerte? ¿Sois capaces de derramar vuestra sangre?", sino que sus palabras son: ¿Sois capaces de beber el cáliz? Y, para animarlos a ello, añade: Que yo he de beber; de este modo, la consideración de que se trata del mismo cáliz que ha de beber el Señor había de estimularlos a una respuesta más generosa. Y a su pasión le da el nombre de "bautismo," para significar, con ello, que sus sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo. Ellos responden: Lo somos. El fervor de su espíritu les hace dar esta respuesta espontánea, sin saber bien lo que prometen, pero con la esperanza de que de este modo alcanzarán lo que desean.
¿Qué les dice entonces el Señor? El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar. Grandes son los bienes que les anuncia, esto es: "Seréis dignos del martirio y sufriréis lo mismo que yo, vuestra vida acabará con una muerte violenta, y así seréis partícipes de mi pasión. Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre." Después que ha levantado sus ánimos y ha provocado su magnanimidad, después que los ha hecho capaces de superar el sufrimiento, entonces es cuando corrige su petición.
Los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Ya veis cuán imperfectos eran todos, tanto aquellos que pretendían una precedencia sobre los otros diez, como también los otros diez que envidiaban a sus dos colegas. Pero —como ya dije en otro lugar— si nos fijamos en su conducta posterior, observamos que están ya libres de esta clase de aspiraciones. El mismo Juan, uno de los protagonistas de este episodio, cede siempre el primer lugar a Pedro, tanto en la predicación como en la realización de los milagros, como leemos en los Hechos de los Apóstoles. En cuanto a Santiago, no vivió por mucho tiempo; ya desde el principio se dejó llevar de su gran vehemencia y, dejando a un lado toda aspiración humana, obtuvo bien pronto la gloria inefable del martirio.
Responsorio
R. Éstos son los que a su paso por este mundo plantaron con su
sangre a la Iglesia; * bebieron el cáliz del Señor y se convirtieron en amigos de
Dios.
V. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
R. Bebieron el cáliz del Señor y se convirtieron en amigos de
Dios.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Vosotros, que
escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro
vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.
Vosotros, que
invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso,
del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.
Vosotros, que
tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que
el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo
visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro
amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Caminando Jesús vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, y los llamó.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Ellos, dejando al momento las redes y a su padre, lo siguieron.
Ant. 3. Cierto que beberéis el cáliz que yo he de beber y que recibiréis el bautismo que yo he de recibir.
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Sobre toda la tierra. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y lo llevó a un alto monte, y se transfiguró en su presencia.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que Santiago fuera el primero de entre los apóstoles en derramar su sangre por la predicación del Evangelio, fortalece a tu Iglesia con el testimonio de su martirio y confórtala con su valiosa protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
¡Columnas de la
Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos
vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo
entero.
De pie en la
encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis
agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los
hambrientos.
De puerta en puerta va
vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores,
que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el
pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor,
que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Jesús, tomando consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Jesús, tomando consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia.
Ant. 2. Entonces les dijo: «Velad y orad, para no caer en la tentación.»
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Entonces les dijo: «Velad y orad, para no caer en la tentación.»
Ant. 3. El rey Herodes se apoderó de algunos fieles de la Iglesia, con el fin de hacerles daño, e hizo morir por la espada a Santiago, hermano de Juan.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El rey Herodes se apoderó de algunos fieles de la Iglesia, con el fin de hacerles daño, e hizo morir por la espada a Santiago, hermano de Juan.
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Quien aspire a ser el mayor sea siervo vuestro; y quien aspire a ser el primero sea servidor de todos.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que Santiago fuera el primero de entre los apóstoles en derramar su sangre por la predicación del Evangelio, fortalece a tu Iglesia con el testimonio de su martirio y confórtala con su valiosa protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 26 DE JULIO
SANTOS JOAQUÍN y ANA,
padres de la
Santísima Virgen María
Memoria
Del Común de santos varones, excepto lo siguiente:
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Juan Damasceno, obispo
(Sermón 6, Sobre la Natividad de la Virgen María, 2. 4. 5. 6: PG 96, 663. 667. 670)
POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS
Ya que estaba determinado que la Virgen Madre de Dios nacería de Ana, la naturaleza no se atrevió a adelantarse al germen de la gracia, sino que esperó a dar su fruto hasta que la gracia hubo dado el suyo. Convenía, en efecto, que naciese como primogénita aquella de la que había de nacer el primogénito de toda la creación, en el cual todo se mantiene.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana! Toda la creación os está obligada, ya que por vosotros ofreció al Creador el más excelente de todos los dones, a saber, aquella madre casta, la única digna del Creador.
Alégrate, Ana, la estéril, que no dabas a luz, rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores. Salta de gozo, Joaquín, porque de tu hija un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y será llamado: "Ángel del gran designio" de la salvación universal, "Dios guerrero". Este niño es Dios.
¡Oh bienaventurados esposos Joaquín y Ana, totalmente inmaculados! Sois conocidos por el fruto de vuestro vientre, tal como dice el Señor: Por sus frutos los conoceréis. Vosotros os esforzasteis en vivir siempre de una manera agradable a Dios y digna de aquella que tuvo en vosotros su origen. Con vuestra conducta casta y santa, ofrecisteis al mundo la joya de la virginidad, aquella que había de permanecer virgen antes del parto, en el parto y después del parto; aquella que, de un modo único y excepcional, cultivaría siempre la virginidad en su mente, en su alma y en su cuerpo.
¡Oh castísimos esposos Joaquín y Ana! vosotros, guardando la castidad prescrita por la ley natural, conseguisteis, por la gracia de Dios, un fruto superior a la ley natural, ya que engendrasteis para el mundo a la que fue madre de Dios sin conocer varón. Vosotros, comportándoos en vuestras relaciones humanas de un modo piadoso y santo, engendrasteis una hija superior a los ángeles, que es ahora la reina de los ángeles. ¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! ¡Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente los de tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad!
Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Alzad fuerte la voz, alzadla, no temáis.
Responsorio Cf. Lc 2, 37. 38; cf. 7, 16
R. Servían día y noche al Señor con ayunos y oraciones,
* y
esperaban la redención de Israel.
V.
Pedían a Dios que visitase a su pueblo.
R. Y
esperaban la redención de Israel.
Laudes
LECTURA BREVE
Is 55, 3
Inclinad el oído, venid a mí:
escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que
aseguré a David.
RESPONSORIO BREVE
V.
Por su entrañable misericordia nos visitó el
Señor.
R. Por su entrañable misericordia nos visitó el
Señor.
V. Sacó de la descendencia de David un Salvador,
Jesús.
R. Nos visitó el Señor.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Por su entrañable misericordia nos visitó el
Señor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Bendito sea el Señor, Dios
de Israel, porque nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David,
su siervo.
Las preces se toman del Común de santos varones, o de la feria.
Oración
Señor, Dios de nuestros padres, que concediste a san Joaquín y a santa Ana el privilegio de tener como hija a María, la madre del Señor, concédenos, por la intercesión de estos dos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Vísperas
LECTURA
BREVE Rm
9, 4-5
Son ellos israelitas, de quienes es
la adopción divina, la manifestación sensible de la presencia de Dios, las
alianzas con él, la legislación de Moisés, el culto del templo y las promesas de
Dios. De ellos son los patriarcas, y de ellos procede también Cristo según la
carne, el cual está por encima de todas las cosas. Dios bendito por los siglos.
Amén.
RESPONSORIO
BREVE
V. Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia.
R. Auxilia a Israel, su
siervo, acordándose de su misericordia.
V. Como lo había
prometido a nuestros padres.
R. Acordándose de su misericordia.
V. Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su
misericordia.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. La ilustre estirpe de Jesé
produjo un hermoso renuevo, del que brotó una flor que despide olor
suavísimo.
Las preces se toman del Común de santos varones, o de la feria.
La oración conclusiva como en las Laudes.
DÍA 29 DE JULIO
SANTA MARTA
Memoria
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 103,1-2. 6: PL 38, 613. 615)
DICHOSOS LOS QUE PUDIERON HOSPEDAR AL SEÑOR EN SU PROPIA CASA
Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos todavía peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un día llegar a término.
Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre, sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu. Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello no por necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.
Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, él, que vino a su casa, y los suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y convirtiéndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: "Dichosos los que pudieron hospedar al Señor en su propia casa." No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Por lo demás, tú, Marta —dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos servicios—, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Responsorio Cf. Jn 12, 1-3
R. Después de que Jesús resucitó a Lázaro, le ofrecieron un
banquete en Betania, * y Marta servía la mesa.
V. María tomó una
libra de ungüento precioso y ungió los pies de Jesús.
R. Y Marta servía
la mesa.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Dijo Marta a Jesús: «Yo creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que viene al mundo.»
Vísperas: Jesús tenía particular afecto a Marta y a su hermana y a Lázaro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo quiso aceptar la hospitalidad que santa Marta le ofreció en su casa, haz que nosotros, por intercesión de esta santa, estemos siempre dispuestos a servirte en cada uno de nuestros hermanos y así merezcamos ser recibidos por ti en las moradas eternas, al final de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 30 DE JULIO
SAN PEDRO CRISÓLOGO,
obispo y
doctor de la Iglesia
Del Común de pastores: para un santo obispo, y del Común de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 148: PL 52, 596-598)
EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN
El hecho de que una virgen conciba y continúe siendo virgen en el parto y después del parto es algo totalmente insólito y milagroso; es algo que la razón no se explica sin una intervención especial del poder de Dios; es obra del Creador, no de la naturaleza; se trata de un caso único, que se sale de lo corriente; es cosa divina, no humana. El nacimiento de Cristo no fue un efecto necesario de la naturaleza, sino obra del poder de Dios; fue la prueba visible del amor divino, la restauración de la humanidad caída. El mismo que, sin nacer, había hecho al hombre del barro intacto tomó, al nacer, la naturaleza humana de un cuerpo también intacto; la mano que se dignó coger barro para plasmarnos también se dignó tomar carne humana para salvarnos. Por tanto, el hecho de que el Creador esté en su criatura, de que Dios esté en la carne, es un honor para la criatura, sin que ello signifique afrenta alguna para el Creador.
Hombre, ¿por qué te consideras tan vil, tú que tanto vales a los ojos de Dios? ¿Por qué te deshonras de tal modo, tú que has sido tan honrado por Dios? ¿Por qué te preguntas tanto de dónde has sido hecho, y no te preocupas de para qué has sido hecho? ¿Por ventura todo este mundo que ves con tus ojos no ha sido hecho precisamente para que sea tu morada? Para ti ha sido creada esta luz que aparta las tinieblas que te rodean; para ti ha sido establecida la ordenada sucesión de días y noches; para ti el cielo ha sido iluminado con este variado fulgor del sol, de la luna, de las estrellas; para ti la tierra ha sido adornada con flores, árboles y frutos; para ti ha sido creada la admirable multitud de seres vivos que pueblan el aire, la tierra y el agua, para que una triste soledad no ensombreciera el gozo del mundo que empezaba.
Y el Creador encuentra el modo de acrecentar aún más tu dignidad: pone en ti su imagen, para que de este modo hubiera en la tierra una imagen visible de su Hacedor invisible y para que hicieras en el mundo sus veces, a fin de que un dominio tan vasto no quedara privado de alguien, que representara a su Señor. Más aún, Dios, por su clemencia, tomó en sí lo que en ti había hecho por sí y quiso ser visto realmente en el hombre, en el que antes sólo había podido ser contemplado en imagen; y concedió al hombre ser en verdad lo que antes había sido solamente en semejanza.
Nace, pues, Cristo para restaurar con su nacimiento la naturaleza corrompida; se hace niño y consiente ser alimentado, recorre las diversas edades para instaurar la única edad perfecta, permanente, la que él mismo había hecho; carga sobre sí al hombre para que no vuelva a caer; lo había hecho terreno, y ahora lo hace celeste; le había dado un principio de vida humana, ahora le comunica una vida espiritual y divina. De este modo lo traslada a la esfera de lo divino, para que desaparezca todo lo que había en él de pecado, de muerte, de fatiga, de sufrimiento, de meramente terreno; todo ello por el don y la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, ahora y siempre y por los siglos inmortales. Amén.
Responsorio 1 Pe 2, 4. 5; Sal 117, 22
R. Acercándoos al Señor, la piedra viva, * también vosotros,
como piedras vivas, entráis en la construcción.
V. Él es ahora la
piedra angular.
R. También vosotros, como piedras vivas, entráis en la
construcción.
Oración
Oh Dios, que hiciste a san Pedro Crisólogo, obispo, insigne predicador del Verbo encarnado, concédenos meditar siempre este misterio de salvación y manifestarlo en nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 31 DE JULIO
SAN IGNACIO DE
LOYOLA,
presbítero
Memoria
Del Común de pastores: para un santo presbítero y del Común de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De los Hechos de san Ignacio recibidos por Luís Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo
(Cap. 1, 5-9: Acta Sanctorum Iulii 7, 1868, 647)
EXAMINAD SI LOS ESPÍRITUS PROVIENEN DE DIOS
Ignacio era muy aficionado a los llamados libros de caballerías, narraciones llenas de historias fabulosas e imaginarias. Cuando se sintió restablecido, pidió que le trajeran algunos de esos libros para entretenerse, pero no se halló en su casa ninguno; entonces le dieron para leer un libro llamado Vida de Cristo y otro que tenía por título Flos sanctorum, escritos en su lengua materna.
Con la frecuente lectura de estas obras, empezó a sentir algún interés por las cosas que en ellas se trataban. A intervalos volvía su pensamiento a lo que había leído en tiempos pasados y entretenía su imaginación con el recuerdo de las vanidades que habitualmente retenían su atención durante su vida anterior.
Pero, entretanto, iba actuando también la misericordia divina, inspirando en su ánimo otros pensamientos, además de los que suscitaba en su mente lo que acababa de leer. En efecto, al leer la vida de Jesucristo o de los santos, a veces se ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo:
"¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?"
Y, así, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta que, distraído por cualquier motivo, volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas y mundanas. Esta sucesión de pensamientos duró bastante tiempo.
Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la realidad, se sentía triste y árido de espíritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades de los santos, no sólo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales pensamientos lo dejaban lleno de alegría. De esta diferencia él no se daba cuenta ni le daba importancia, hasta que un día se le abrieron los ojos del alma y comenzó a admirarse de esta diferencia que experimentaba en sí mismo, que, mientras una clase de pensamientos lo dejaban triste, otros, en cambio, alegre. Y así fue como empezó a reflexionar seriamente en las cosas de Dios. Más tarde, cuando se dedicó a las prácticas espirituales, esta experiencia suya le ayudó mucho a comprender lo que sobre la discreción de espíritus enseñaría luego a los suyos.
Responsorio 1 Pe 4, 11. 8
R. El que toma la palabra que hable palabra de Dios. El que se
dedica al servicio que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios.
* Así,
Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo.
V. Ante todo,
teneos una constante caridad unos con otros.
R. Así, Dios será
glorificado en todo, por medio de Jesucristo.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: ¡Ojalá tenga yo una íntima experiencia de Cristo, del poder de su resurrección y de la comunión con sus padecimientos!
Vísperas: ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si arruina su vida?
Oración
Señor Dios, que suscitaste en tu Iglesia a san Ignacio de Loyola para que extendiera más la gloria de tu nombre, concédenos que, a imitación suya y apoyados en su auxilio, libremos también en la tierra el noble combate de la fe, para que merezcamos ser coronados juntamente con él en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 1º DE AGOSTO
SAN ALFONSO MARIA DE
LIGORIO,
obispo y doctor de la Iglesia
Memoria
Del Común de pastores: para un santo obispo, del Común de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las obras de san Alfonso María de Ligorio, obispo
(Tratado sobre la práctica del amor a Jesucristo, edición latina, Roma 1909, pp. 9-14)
EL AMOR A CRISTO
Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo; nuestro Dios, nuestro sumo bien y nuestro redentor. La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto.
¿Por ventura Dios no merece todo nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad. "Considera, oh hombre —así nos habla—, que yo he sido el primero en amarte. Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba. Desde que existo, yo te amo."
Dios, sabiendo que al hombre se lo gana con beneficios, quiso llenarlo de dones para que se sintiera obligado a amarlo: "Quiero atraer a los hombres a mi amor con los mismos lazos con que habitualmente se dejan seducir: con los vínculos del amor." Y éste es el motivo de todos los dones que concedió al hombre. Además de haberle dado un alma dotada, a imagen suya, de memoria, entendimiento y voluntad; y un cuerpo con sus sentidos, no contento con esto, creó, en beneficio suyo, el cielo y la tierra y tanta abundancia de cosas, y todo ello por amor al hombre, para que todas aquellas criaturas estuvieran al servicio del hombre, y así el hombre lo amara a él en atención a tantos beneficios.
Y no sólo quiso darnos aquellas criaturas, con toda su hermosura, sino que además, con el objeto de conquistarse nuestro amor, llegó al extremo de darse a sí mismo por entero a nosotros. El Padre eterno llegó a darnos a su Hijo único. Viendo que todos nosotros estábamos muertos por el pecado y privados de su gracia, ¿qué es lo que hizo? Llevado por su amor inmenso, mejor aún, excesivo, como dice el Apóstol, nos envió a su Hijo amado para satisfacer por nuestros pecados y para restituirnos a la vida, que habíamos perdido por el pecado.
Dándonos al Hijo, al que no perdonó, para perdonarnos a nosotros, nos dio con él todO bien: la gracia, la caridad y el paraíso, ya que todas estas cosas son ciertamente menos que el Hijo: El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?
Responsorio Sal 144, 19-20; 1 Jn 3, 9
R. El Señor satisface los deseos de sus fieles, escucha sus
gritos, y los salva. * El Señor guarda a los que lo aman.
V. Quien ha nacido
de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él.
R. El Señor guarda
a los que lo aman.
Oración
Dios nuestro, que propones constantemente a tu Iglesia nuevos modelos de vida cristiana, apropiados a todas las circunstancias en que puedan vivir tus hijos, concédenos imitar el celo apostólico que desplegó el santo obispo Alfonso María de Ligorio por la salvación de sus hermanos, para que, como él, lleguemos también a recibir el premio reservado a tus servidores fieles. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE AGOSTO
SAN EUSEBIO DE VERCELLI,
obispo
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Eusebio de Vercelli, obispo
(Carta 2,1, 3-2, 3; 10,1-11,1: CCL 9,104-105.109)
HE CORRIDO HASTA LA META, HE MANTENIDO LA FE
He tenido noticias de vosotros, hermanos muy amados, y he sabido que estáis bien, como era mi deseo, y he tenido de pronto la sensación de que, atravesando la gran distancia que nos separa, me encontraba entre vosotros, igual como sucedió con Habacuc, que fue llevado por un ángel a la presencia de Daniel. Al recibir cada una de vuestras cartas y al leer en ellas vuestras santas disposiciones de ánimo y vuestro amor, las lágrimas se mezclaban con mi gozo y refrenaban mi avidez de leer; y era necesaria esta alternancia de sentimientos, ya que, en su mutuo afán de adelantarse el uno al otro, contribuían a una más plena manifestación de la intensidad de mi amor. Así, ocupado un día tras otro en esta lectura, me imaginaba que estaba hablando con vosotros y me olvidaba de los sufrimientos pasados; así, me sentía inundado de gozo al considerar vuestra fe, vuestro amor y los frutos que de ellos se derivan, a tal punto que, al sentirme tan feliz, era como si de repente no me hallara en el destierro, sino entre vosotros.
Por tanto, hermanos muy amados, me alegro de vuestra fe, me alegro de la salvación, que es consecuencia de esta fe, me alegro del fruto que producís, el cual redunda en provecho no sólo de los que están entre vosotros, sino también de los que viven lejos; y, así como el agricultor se dedica al cultivo del árbol que da fruto y que, por lo tanto, no está destinado a ser talado y echado al fuego, así también yo quiero y deseo emplearme, en cuerpo y alma, en vuestro servicio, con miras a vuestra salvación.
Por lo demás, esta carta he tenido que escribirla a duras penas y como he podido, rogando continuamente a Dios que sujetase por un tiempo a mis guardianes y me hiciese la merced de un diácono que, más que llevaros noticias de mis sufrimientos, os transmitiese mi carta de saludo, tal cual la he escrito. Por todo ello, os ruego encarecidamente que pongáis todo vuestro empeño en mantener la integridad de la fe, en guardar la concordia, en dedicaros a la oración, en acordaros constantemente de mí, para que el Señor se digne dar la libertad a su Iglesia, que en todo el mundo trabaja esforzadamente; y para que yo, que ahora estoy postergado, pueda, una vez liberado, alegrarme con vosotros.
También pido y os ruego, por la misericordia de Dios, que cada uno de vosotros quiera ver en esta carta un saludo personal, ya que las circunstancias me impiden escribiros a cada uno personalmente como solía; por ello, en esta carta, me dirijo a todos vosotros, hermanos y santas hermanas, hijos e hijas, de cualquier sexo y edad, rogándoos que os conforméis con este saludo y que me hagáis el favor de transmitirlo también a los que, aun estando ausentes, se dignan favorecerme con su afecto.
Responsorio Lc 12, 35-36a; Mt 24, 42
R. Estén ceñidos vuestros lomos, y encendidas vuestras
lámparas; * así seréis como los siervos que están esperando a su amo de
regreso de las bodas.
V. Velad, porque no sabéis cuándo vendrá vuestro Señor.
R. Así
seréis como los siervos que están esperando a su amo de regreso de las bodas.
Oración
Concédenos, Señor, imitar la firmeza con que el obispo san Eusebio proclamó siempre la divinidad de Jesucristo, para que, manteniéndonos firmes en la fe que él enseñó, merezcamos participar de la misma vida de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
EL MISMO DÍA 2 DE AGOSTO
SAN PEDRO JULIÁN EYMARD,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de santos varones: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De los escritos de san Pedro Julián Eymard, presbítero.
(La Présence réelle, vol. 1, París, 1950, pp. 270-271 et 307-308).
EUCARISTÍA: SACRAMENTO DE VIDA
La Eucaristía es la vida de todos los pueblos. La Eucaristía les proporciona un principio de vida. Todos pueden reunirse sin ninguna barrera de raza o de lengua para celebrar las sagradas fiestas de la Iglesia. La Eucaristía les da la ley de la vida, en la que prevalece la caridad, de la cual este sacramento es la fuente; por esta razón forma entre ellos un lazo común, una especie de parentesco cristiano. Todos comen del mismo pan, todos son convidados de Jesucristo, que crea entre ellos sobrenaturalmente una simpatía de costumbres fraternales. Leed los Hechos de los Apóstoles, que afirman que la muchedumbre de los primeros cristianos, judíos conversos y paganos bautizados, originarios de diversas regiones, tenían un sólo corazón y una sola alma (Hech 4,32). ¿Por qué? Porque eran constantes en escuchar la enseñanza de los Apóstoles y perseveraban en la fracción del pan.
Sí, la Eucaristía es la vida de las almas y de las sociedades humanas. Como el sol es la vida de los cuerpos y de la tierra. Sin el sol la tierra sería estéril, es él quien la fecunda, la embellece y hace rica; es él quien da a los cuerpos la agilidad, la fuerza y la belleza. Ante tales efectos prodigiosos, no es extraño que los paganos le hayan adorado como el dios del mundo. En efecto, el astro del día obedece a un Sol supremo, al Verbo divino, a Jesucristo, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, y que, por la Eucaristía, Sacramento de vida, actúa personalmente, en lo más íntimo de las almas, para formar así familias y pueblos cristianos. ¡Oh dichosa y mil veces dichosa, el alma que ha encontrado este tesoro escondido, que va a beber a esta fuente de agua viva, que come a menudo este Pan de vida eterna!
La comunidad cristiana es, sobre todo, una familia. El vínculo entre sus miembros es Jesús-Eucaristía. Él es el padre que ha preparado la mesa familiar. La fraternidad cristianaha sido promulgada en la Cena por la paternidad de Jesucristo. Él llama a sus Apóstoles"hijitos míos" es decir, mis niños, y les manda que se amen los unos a los otros como Él los amó.
En la mesa santa todos son hijos, que reciben el mismo alimento y san Pablo saca la consecuencia de que forman una sola familia, un mismo cuerpo, pues todos participan de un mismo pan, que es Jesucristo. Finalmente, la Eucaristía da a la comunidad cristiana la fuerza para practicar la ley de honrar y amar al prójimo. Jesucristo quiere que se honre y ame a los hermanos. Por esto se personifica en ellos: "cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,40); y se da a cada uno en Comunión.
Responsorio 1 Co 10, 17; Jn 6, 58a
R. El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, todos
comemos del mismo pan. * Este es el pan que ha bajado del cielo.
V. El Señor nos
alimentó con flor de harina.
R.
Este es el pan que ha bajado del cielo.
Oración
Oh Dios, que dotaste a san Pedro Julián de un amor extraordinario a los sagrados misterios del Cuerpo y Sangre de tu Hijo, haz que nosotros recibamos de este convite divino una abundancia espiritual semejante a la suya. Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 4 DE AGOSTO
SAN JUAN MARIA VIANNEY,
presbítero
Memoria
Del Común de pastores: para un santo presbítero.
SEGUNDA LECTURA
De una catequesis de san Juan María Vianney, presbítero, sobre la oración
(A. Monnin, Esprit du Curé d'Ars, París 1899, pp. 87-89)
HERMOSA OBLIGACIÓN DEL HOMBRE: ORAR Y AMAR
Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.
El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.
La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.
Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.
Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo. En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.
Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y, creedme, que el tiempo se me hacía corto.
Hay personas que se sumergen totalmente en la oración, como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no está dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con él, del mismo modo que hablamos entre nosotros.
Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: "Sólo dos palabras, para deshacerme de ti...", Muchas veces pienso que, cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.
Responsorio 2 Co 4, 17; 1 Co 2, 9
R. Una tribulación pasajera y liviana produce en nosotros
* un
inmenso e incalculable tesoro de gloria.
V. Ni el ojo vio,
ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los
que le aman.
R. Un inmenso e incalculable tesoro de gloria.
Oración
Dios todopoderoso y lleno de bondad, que nos has dado en san Juan María Vianney un modelo de pastor apasionadamente consagrado a su ministerio, concédenos, por su intercesión, dedicar como él nuestras vidas a ganar para Cristo a nuestros hermanos por medio de la caridad y alcanzar, juntamente con ellos, la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 5 DE AGOSTO
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SANTA
MARÍA
Del Común
de la Santísima Virgen María.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la homilía de san Cirilo de Alejandría, obispo, pronunciada en el Concilio de Éfeso
(Homilía 4: PG 77, 991. 995-996)
ALABANZAS DE LA MADRE DE DIOS
Tengo ante mis ojos la asamblea de los santos padres que, llenos de gozo y fervor, han acudido aquí, respondiendo con prontitud a la invitación de la santa Madre de Dios, la siempre Virgen María. Este espectáculo ha trocado en gozo la gran tristeza que antes me oprimía. Vemos realizadas en esta reunión aquellas hermosas palabras de David, el salmista: Ved qué dulzura, qué delicia; convivir los hermanos unidos.
Te saludamos, santa y misteriosa Trinidad, que nos has convocado a todos nosotros en esta iglesia de santa María, Madre de Dios.
Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre y virgen, por quien es llamado bendito, en los santos evangelios, el que viene en nombre del Señor.
Te saludamos, a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e inabarcable; a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se alegran los ángeles y arcángeles; por quien son puestos en fuga los demonios; por quien el diablo tentador cayó del cielo; por quien la criatura, caída en el pecado, es elevada al cielo; por quien la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el aceite de la alegría; por quien han sido fundamentadas las Iglesias en el orbe de la tierra; por quien todos los hombres son llamados a la conversión.
Y ¿qué más diré? Por ti, el Hijo unigénito de Dios ha iluminado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte; por ti, los profetas anunciaron las cosas futuras; por ti, los apóstoles predicaron la salvación a los gentiles; por ti, los muertos resucitan; por ti, reinan los reyes, por la santísima Trinidad.
¿Quién habrá que sea capaz de cantar como es debido las alabanzas de María? Ella es madre y virgen a la vez; ¡qué cosa tan admirable! Es una maravilla que me llena de estupor. ¿Quién ha oído jamás decir que le esté prohibido al constructor habitar en el mismo templo que él ha construido? ¿Quién podrá tachar de ignominia el hecho de que la sirviente sea adoptada como madre?
Mirad: hoy todo el mundo se alegra; quiera Dios que todos nosotros reverenciemos y adoremos la unidad, que rindamos un culto impregnado de santo temor a la Trinidad indivisa, al celebrar, con nuestras alabanzas, a María siempre Virgen, el templo santo de Dios, y a su Hijo y esposo inmaculado: porque a él pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio
R. Felicitadme, todos los que amáis al Señor; porque, siendo
pequeña, agradé al Altísimo, * y de mis entrañas engendré al Dios-Hombre.
V. Me felicitarán
todas las generaciones, porque Dios puso sus ojos en su humilde esclava.
R. Y
de mis entrañas engendré al Dios-Hombre.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: María, santa madre de Dios y siempre virgen, bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
Vísperas: Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Oración
Perdona, Señor, las culpas de tus fieles y haz que quienes no logramos agradarte con nuestros actos seamos salvados por la intercesión de la Madre de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 6 DE AGOSTO
LA TRANSFIGURACIÓN DEL
SEÑOR
Fiesta
HIMNO
En la
cumbre del monte,
su cuerpo de barro
se vistió de soles.
En la
cumbre del monte,
su veste de nieve
se cuajó de flores.
En la
cumbre del monte,
excelso misterio:
Cristo, Dios y hombre.
En la
cumbre del monte,
a la fe se abrieron
nuestros corazones. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Jesús tomó consigo a sus discípulos y subió a un monte, y se transfiguró en su presencia.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Jesús tomó consigo a sus discípulos y subió a un monte, y se transfiguró en su presencia.
Ant. 2. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
Salmo 116
INVITACIÓN
UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los gentiles glorifican a Dios por su misericordia. (Rm 15,8.9)
Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre.
Ant. 2. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
Ant. 3. Señor, qué bien estaría quedarnos aquí; si lo deseas, haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Cántico
Ap. 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya. La salvación
y la gloria y el poder son de nuestro Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son
verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Alabad al
Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya,
(aleluya).
Aleluya. Porque reina
el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R.
Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya,
(aleluya).
Aleluya. Llegó la boda
del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya,
(aleluya).
Ant. 3. Señor, qué bien estaría quedarnos aquí; si lo deseas, haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
LECTURA BREVE Flp 3, 20-21
Para nosotros, nuestros derechos de ciudadanía radican en los cielos, de donde esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su imperio todas las cosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Apareciste revestido de belleza y majestad en presencia del Señor. Aleluya, aleluya. R. Apareciste. V. Y el Señor te envolvió de luz como de un manto. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Apareciste.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Jesucristo es el resplandor del Padre, la imagen de su ser; con su poderosa palabra sostiene al universo; él, después de haber llevado a cabo la expiación de nuestros pecados, ha manifestado, hoy su gloria desde un monte excelso.
PRECES
Acudamos a nuestro Salvador, maravillosamente, transfigurado ante sus discípulos en el monte santo, y digámosle con fe: Ilumina, Señor, nuestras tinieblas.
Oh Cristo, que, antes de entregarte a la pasión, quisiste manifestar en tu cuerpo transfigurado la gloria de la resurrección futura, te pedimos por la Iglesia que sufre: * que, en medio de las dificultades del mundo, viva transfigurada por la esperanza de tu victoria.
Cristo, Señor nuestro, que tomando a Pedro, Santiago y Juan los llevaste contigo a un monte alto, te pedimos por el papa N. y por los obispos: * que, llenos de aquella paz y alegría que son fruto de la esperanza en la resurrección, sirvan fielmente a tu pueblo.
Cristo Jesús, que desde el monte santo hiciste brillar tu rostro sobre Moisés y Elías, te pedimos por Israel, el pueblo que hiciste tuyo desde tiempos antiguos: * concédele que alcance la plenitud de la redención.
Cristo, esperanza nuestra, que iluminaste al mundo entero cuando sobre ti amaneció la gloria del Creador, te pedimos por todos los hombres de buena voluntad: * haz que caminen siempre siguiendo el resplandor de tu luz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, Salvador nuestro, que transformarás nuestro frágil cuerpo en cuerpo glorioso como el tuyo, te pedimos por nuestros hermanos difuntos: * transfórmalos a imagen tuya y admítelos ya en tu gloria.
Llenos de esperanza, oremos al Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que en la gloriosa transfiguración de Jesucristo confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de Moisés y de Elías, y nos hiciste entrever en la gloria de tu Hijo la grandeza de nuestra definitiva adopción filial, haz que escuchemos siempre la voz de tu Hijo amado y lleguemos a ser un día sus coherederos en la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. Venid, adoremos al supremo rey de la gloria.
HIMNO
Para la cruz y la
crucifixión,
para la agonía debajo de los olivos,
nada mejor que el
monte Tabor.
Para los largos días
de pena y dolor,
cuando se arrastra la vida inútilmente,
nada mejor que
el monte Tabor.
Para el fracaso, la
soledad, la incomprensión,
cuando es gris el horizonte y el camino,
nada
mejor que el monte Tabor.
Para el triunfo gozoso
de la resurrección,
cuando todo resplandece de cantos,
nada mejor que el
monte Tabor. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.
Salmo 83
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.
Cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis, como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones; caminan de baluarte en baluarte hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica; atiéndeme, Dios de Jacob. Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria; el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!
Ant. Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa.
Ant. 2. Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Aleluya.
Salmo 96
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodea, justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza el fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos; ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión, y se alegra, se regocijan las ciudades de Judá por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal, protege la vida de sus fieles y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre.
Ant. Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Aleluya.
Ant. 3. Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo.
Salmo 98
El Señor reina, tiemblen las naciones; sentado sobre querubines, vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Reconozcan tu nombre, grande y terrible: él es santo.
Reinas con poder y amas la justicia, tú has establecido la rectitud; tú administras la justicia y el derecho, tú actúas en Jacob.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies: él es santo.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes, Samuel con los que invocan su nombre, invocaban al Señor, y él respondía. Dios les hablaba desde la columna de nube; oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
Señor, Dios nuestro, tú les respondías, tú eras para ellos un Dios de perdón, y un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante su monte santo: santo es el Señor, nuestro Dios.
Ant. Ensalzad al Señor, Dios nuestro; postraos ante su monte santo.
V. Dios les hablaba desde la columna de nube.
R. Oyeron sus mandatos.
PRIMERA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 7-4, 6
GLORIA DIFUNDIDA POR CRISTO EN LA NUEVA ALIANZA
Hermanos: Si el régimen de la ley que mata, que fue grabada con letras en piedra, fue glorioso, y de tal modo que ni podían fijar la vista los israelitas en el rostro de Moisés por la gloria de su rostro, que era pasajera, ¿cuánto más glorioso no será el régimen del espíritu? Efectivamente, si hubo gloria en el régimen que lleva a la condenación, con mayor razón hay profusión de gloria en el régimen que conduce a la justificación. Y, en verdad, lo que en aquel caso fue gloria, no es tal en comparación con ésta, tan eminente y radiante. Pues si lo perecedero fue como un rayo de gloria, con más razón será glorioso lo imperecedero.
Estando, pues, en posesión de una esperanza tan grande, procedemos con toda decisión y seguridad, y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que no se fijasen los hijos de Israel en su resplandor, que era perecedero. Y sus entendimientos quedaron embotados, pues, en efecto, hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura de la antigua alianza. El velo no se ha descorrido, pues sólo con Cristo queda removido. Y así, hasta el día de hoy, siempre que leen a Moisés, persiste un velo tendido sobre sus corazones. Mas cuando se vuelvan al Señor, será descorrido el velo. El Señor es espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, ahí está la libertad. Y todos nosotros, reflejando como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor, por la acción del Señor, que es espíritu.
Por eso, investidos, por la misericordia de Dios, de este ministerio, no sentimos desfallecimiento, antes bien, renunciamos a todo encubrimiento vergonzoso del Evangelio; procedemos sin astucia y sin adulterar la palabra de Dios y, dando a conocer la verdad, nos encomendamos al juicio de toda humana conciencia en la presencia de Dios. Si, con todo, nuestro Evangelio queda cubierto como por un velo, queda así encubierto sólo para los que van camino de perdición, para aquellos cuyos entendimientos incrédulos cegó el dios del mundo presente, para que no vean brillar la luz del mensaje evangélico sobre la gloria de Cristo, que es imagen de Dios.
No nos predicamos a nosotros mismos, sino que predicamos a Cristo Jesús como Señor; nosotros nos presentamos como siervos vuestros por Jesús. El mismo Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.
Responsorio 1 Jn 3, 1. 2
R. Mirad qué amor nos ha tenido el Padre * para llamarnos hijos de
Dios, pues ¡lo somos!
V. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es.
R.
Para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
SEGUNDA LECTURA
Del sermón de Anastasio Sinaíta, obispo, en el día de la Transfiguración del Señor
(Núms. 6-10: Mélanges d'archéologie et d'histoire 67 (1955), 241-244)
¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!
El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado acerca del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: "El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria de su Padre."
Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre de la montaña.
Debemos apresurarnos a ir hacia allí —así me atrevo a decirlo— como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.
Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!
Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí! donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.
Responsorio Mt 17, 2. 3; cf. Lc 9, 32. 34
R. El rostro de Jesús se puso brillante como el sol;
* y los
discípulos, al contemplarlo circundado de gloria, se llenaron de temor.
V. Y se
les aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús.
R. Y los discípulos, al
contemplarlo circundado de gloria, se llenaron de temor.
HIMNO Te Deum .
Oración
Oh Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el Predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
HIMNO
Jesús de dulce
memoria,
que das la paz verdadera;
más dulce que toda miel
es tu divina
presencia.
Nada se canta más
suave,
ni grato se experimenta,
ni alegría mayor hay
que de Cristo un
alma llena.
Jesús, tu dulzura
excede
-fuente de paz verdadera-
todos los gozos humanos,
cuanto el
hombre soñar pueda.
Si nuestras mentes
visitas,
la luz de verdad destella,
el mundo aparece vano,
todo, tu
amor lo supera.
Danos, benigno,
perdón,
de la gracia gran cosecha;
haz que gocemos perennes
de tu
esplendor la presencia.
Cantamos tus
alabanzas,
Jesús, sentado a la diestra
de tu Padre, cuyo Amor
tu ser
divino revela. Amén.
Ant. 1. Hoy en el monte el Señor Jesucristo brillaba en su rostro como el sol y resplandecía en sus vestidos como la luz.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Hoy, al transfigurarse el Señor y al escucharse la voz del Padre, que daba testimonio de él, fueron vistos Moisés y Elías, circundados de gloria y hablando de la muerte que Jesús iba a padecer.
Ant. 3. La ley se nos dio por mediación de Moisés y la profecía por mediación de Elías: ambos se han aparecido hoy, circundados de gloria y conversando con el Señor en el monte santo.
LECTURA BREVE Ap 21, 10. 23
El ángel me transportó en espíritu a un monte altísimo y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios. La ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero.
RESPONSORIO BREVE
V. Lo coronaste, Señor, de gloria y dignidad. Aleluya, aleluya. R. Lo coronaste. V. Lo colocaste por encima de todas tus creaturas. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Lo coronaste.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. De la nube salió una voz que dijo: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo.» Aleluya.
PRECES
Acudamos al Padre que maravillosamente transfiguró a Jesucristo, nuestro Salvador, en el monte santo, y digámosle con fe: Que tu luz, Señor, nos haga ver la luz.
Padre lleno de amor, tú que transfiguraste a tu Hijo amado en la montaña santa y, por medio de la nube luminosa, te manifestaste a ti mismo, * haz que escuchemos siempre fielmente la voz de tu Hijo amado.
Tú que hiciste que del seno de las tinieblas brillara la luz y has hecho brillar nuestros corazones para que contemplaran tu gloria en el rostro de Cristo, * haz que tu Iglesia viva atenta a la contemplación de las maravillas de tu Hijo amado.
Tú que nos has llamado con una vocación santa, por tu gracia manifestada con la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, * ilumina a todos los hombres con el Evangelio, para que lleguen al conocimiento de la vida incorruptible.
Padre amantísimo, tú que nos has tenido un amor tan grande que has querido nos llamáramos hijos tuyos y que lo fuéramos en verdad, * haz que, cuando Cristo se manifieste en su gloria, nosotros seamos semejantes a él.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Ya que Dios nos ha llamado a ser sus hijos, acudamos a nuestro Padre, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que en la gloriosa transfiguración de Jesucristo confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de Moisés y de Elías, y nos hiciste entrever en la gloria de tu Hijo la grandeza de nuestra definitiva adopción filial, haz que escuchemos siempre la voz de tu Hijo amado y lleguemos a ser un día sus coherederos en la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
En la cumbre del
monte,
su cuerpo de barro
se vistió de soles.
En la cumbre del
monte,
su veste de nieve
se cuajó de flores.
En la cumbre del
monte,
excelso misterio:
Cristo, Dios y hombre.
En la cumbre del
monte,
a la fe se abrieron
nuestros corazones. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un alto monte, y se transfiguró en su presencia.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1. Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un alto monte, y se transfiguró en su presencia.
Ant. 2. Una nube brillante los envolvió y de la nube salió una voz que dijo: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.»
Salmo 120
EL GUARDIÁN
DEL PUEBLO
No tendrán hambre ni sed; no les molestará
el sol ni calor alguno (Ap
7, 16)
Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre.
Ant. 2. Una nube brillante los envolvió y de la nube salió una voz que dijo: «Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias.»
Ant. 3. Cuando bajaban del monte, les dio Jesús esta orden: «A nadie deis a conocer esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Aleluya.
Cántico Cf. 1Tm 3,16
R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, manifestado en fragilidad humana, santificado por el Espíritu.
R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, mostrado a los ángeles, proclamado a los gentiles.
R. Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, objeto de fe para el mundo, elevado a la gloria.
Ant. 3. Cuando bajaban del monte, les dio Jesús esta orden: «A nadie deis a conocer esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 8, 16-17
El mismo Espíritu se une a nosotros para testificar que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, si es que padecemos juntamente con Cristo, para ser glorificados juntamente con él.
RESPONSORIO BREVE
V. Honor y majestad lo preceden. Aleluya, aleluya. R. Honor y majestad. V. Fuerza y esplendor están en su templo. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Honor y majestad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Al oír la voz, los discípulos cayeron sobre su rostros, sobrecogidos de temor; pero Jesús se llegó a ellos y, tocándolos con la mano, les dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Aleluya.
PRECES
Acudamos a nuestro Salvador, maravillosamente, transfigurado ante sus discípulos en el monte santo, y digámosle con fe: Ilumina, Señor, nuestras tinieblas.
Oh Cristo, que, antes de entregarte a la pasión, quisiste manifestar en tu cuerpo transfigurado la gloria de la resurrección futura, te pedimos por la Iglesia que sufre: * que, en medio de las dificultades del mundo, viva transfigurada por la esperanza de tu victoria.
Cristo, Señor nuestro, que tomando a Pedro, Santiago y Juan los llevaste contigo a un monte alto, te pedimos por el papa N. y por los obispos: * que, llenos de aquella paz y alegría que son fruto de la esperanza en la resurrección, sirvan fielmente a tu pueblo.
Cristo Jesús, que desde el monte santo hiciste brillar tu rostro sobre Moisés y Elías, te pedimos por Israel, el pueblo que hiciste tuyo desde tiempos antiguos: * concédele que alcance la plenitud de la redención.
Cristo, esperanza nuestra, que iluminaste al mundo entero cuando sobre ti amaneció la gloria del Creador, te pedimos por todos los hombres de buena voluntad: * haz que caminen siempre siguiendo el resplandor de tu luz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo, Salvador nuestro, que transformarás nuestro frágil cuerpo en cuerpo glorioso como el tuyo, te pedimos por nuestros hermanos difuntos: * transfórmalos a imagen tuya y admítelos ya en tu gloria.
Llenos de esperanza, oremos al Padre como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que en la gloriosa transfiguración de Jesucristo confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de Moisés y de Elías, y nos hiciste entrever en la gloria de tu Hijo la grandeza de nuestra definitiva adopción filial, haz que escuchemos siempre la voz de tu Hijo amado y lleguemos a ser un día sus coherederos en la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 7 DE AGOSTO
SANTOS SIXTO II, papa,
y
compañeros,
mártires
Del Común de mártires: para varios mártires.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir
(Carta 80: CSEL 3, 839-840)
SABEMOS QUE LOS SOLDADOS DE CRISTO NO SON DESTRUIDOS SINO CORONADOS
El motivo de que no os escribiera en seguida, hermano muy amado, es el hecho de que todos los clérigos, debido al estado de persecución en que nos hallamos, no podían en modo alguno salir de aquí, dispuestos como estaban, por el fervor de su ánimo, a la consecución de la gloria celestial y divina. Sabed que ya han vuelto los que había enviado a Roma con el fin de que se enteraran bien del contenido del rescripto que pesa sobre nosotros, ya que sólo teníamos acerca de él rumores y noticias inciertas.
La verdad es la siguiente: Valeriano ha enviado un rescripto al Senado, según el cual los obispos, presbíteros y diáconos deben ser ejecutados sin dilación; a los senadores y personas distinguidas, así como a los caballeros romanos, se les despojará de su dignidad y de sus bienes, y, si a pesar de ello, perseveran en su condición de cristianos, serán decapitados; a las matronas se les confiscarán sus bienes y se las desterrará; los cesarianos todos que hayan profesado antes o profesen actualmente la fe cristiana serán desposeídos de sus bienes y enviados, en calidad de prisioneros, a las posesiones del Estado, levantándose acta de ello.
El emperador Valeriano ha añadido también a su decreto una copia de la carta enviada a los gobernadores de las provincias, y que hace referencia a nosotros; estamos esperando que llegue de un día a otro esta carta, manteniéndonos firmes en la fe y dispuestos al martirio, en expectación de la corona de vida eterna que confiamos alcanzar con la bondad y la ayuda del Señor. Sabed que Sixto, y con él cuatro diáconos, fueron ejecutados en el cementerio el día seis de agosto. Los prefectos de Roma no cejan ni un día en esta persecución, y todos los que son presentados a su tribunal son ejecutados y sus bienes entregados al fisco.
Os pido que comuniquéis estas noticias a los demás colegas nuestros, para que en todas partes las comunidades cristianas puedan ser fortalecidas por su exhortación y preparadas para la lucha espiritual, a fin de que todos y cada uno de los nuestros piensen más en la inmortalidad que en la muerte y se ofrezcan al Señor con fe plena y fortaleza de ánimo, con más alegría que temor por el martirio que se avecina, sabiendo que los soldados de Dios y de Cristo no son destruidos, sino coronados.
Te deseo en el Señor, hermano muy amado, que disfrutes siempre de buena salud.
Responsorio 2 Co 4, 11; Sal 43, 23
R. Estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús,
* para que
también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.
V. Por tu causa nos
degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.
R. Para que también la
vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal.
Oración
Dios todopoderoso, que concediste al papa san Sixto y a sus compañeros, mártires, la valentía de entregar sus vidas por proclamar tu palabra y por dar testimonio de Jesús, infunde también en nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que seamos siempre dóciles en aceptar la fe y valerosos para proclamarla ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 7 DE AGOSTO
SAN CAYETANO,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, o del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cayetano, presbítero
(Carta a Elisabet Porto: Studi e Testi 177, Ciudad del Vaticano 1954, pp. 50-51)
CRISTO HABITE POR LA FE EN NUESTROS CORAZONES
Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y criaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.
Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él.
Él se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡ay de aquel que no se preocupa por recibirlo! Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti; mas para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda.
Hija mía, no recibas a Jesucristo con el fin de utilizarlo según tus criterios, sino que quiero que tú te entregues a él, y que él te reciba, y así él, tu Dios salvador, haga de ti yen ti lo que a él le plazca. Éste es mi deseo, y a esto te exhorto y, en cuanto me es dado, a ello te presiono.
Responsorio
R. ¡Qué grandes alabanzas merece aquel santo varón! ¡Qué
inmenso fue el amor de caridad que ardía en su pecho! * Despreciando las vanas
grandezas del mundo, consiguió la vida eterna.
V. Para él, la vida fue
Cristo y la muerte una ganancia.
R.
Despreciando las vanas grandezas del mundo,
consiguió la vida eterna.
Oración
Señor Dios todopoderoso, que inspiraste al presbítero san Cayetano el deseo de vivir según el modelo de la primitiva comunidad apostólica, haz que nosotros, siguiendo su ejemplo y contando con su intercesión, confiemos siempre en ti y busquemos continuamente el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 8 DE AGOSTO
SANTO DOMINGO,
presbítero
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo presbítero o del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De varios escritos de la Historia de la Orden de Predicadores
(Libellus de principiis Ordinis Praedicatorum; Acta canonizationis sancti Dominici: Monumenta Ordinis Praedicatorum historica 16, Roma 1935, pp: 30ss.146-147)
HABLABA CON DIOS O DE DIOS
La vida de Domingo era tan virtuosa y el fervor de su espíritu tan grande, que todos veían en él un instrumento elegido de la gracia divina. Estaba dotado de una firme ecuanimidad de espíritu, ecuanimidad que sólo lograban perturbar los sentimientos de compasión o de misericordia; y, como es norma constante que un corazón alegre se refleja en la faz, su porte exterior, siempre gozoso y afable, revelaba la placidez y armonía de su espíritu.
En todas partes, se mostraba, de palabra y de obra, como hombre evangélico. De día, con sus hermanos y compañeros, nadie más comunicativo y alegre que él. De noche, nadie más constante que él en vigilias y oraciones de todo género. Raramente hablaba, a no ser con Dios, en la oración, o de Dios, y esto mismo aconsejaba a sus hermanos.
Con frecuencia, pedía a Dios una cosa: que le concediera una auténtica caridad, que le hiciera preocuparse de un modo efectivo en la salvación de los hombres, consciente de que la primera condición para ser verdaderamente miembro de Cristo era darse totalmente y con todas sus energías a ganar almas para Cristo, del mismo modo que el Señor Jesús, salvador de todos, ofreció toda su persona por nuestra salvación. Con este fin, instituyó la Orden de Predicadores, realizando así un proyecto sobre el que había reflexionado profundamente desde hacía ya tiempo.
Con frecuencia, exhortaba, de palabra o por carta, a los hermanos de la mencionada Orden, a que estudiaran constantemente el nuevo y el antiguo Testamento. Llevaba siempre consigo el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, y las estudiaba intensamente, de tal modo que casi las sabía de memoria.
Dos o tres veces fue elegido obispo, pero siempre rehusó, prefiriendo vivir en la pobreza, junto con sus hermanos, que poseer un obispado. Hasta el fin de su vida, conservó intacta la gloria de la virginidad. Deseaba ser flagelado, despedazado y morir por la fe cristiana. De él afirmó el papa Gregorio noveno: "Conocí a un hombre tan fiel seguidor de las normas apostólicas, que no dudo que en el cielo ha sido asociado a la gloria de los mismos apóstoles."
Responsorio Cf. Sir 48, 1; Ml 2, 6
R. Surgió como un fuego un nuevo heraldo de la salvación,
* y sus
palabras eran como un horno encendido.
V.
Una doctrina auténtica llevaba en su boca, y
en sus labios no se hallaba maldad.
R.
Y sus palabras eran como un horno encendido.
Oración
Que tu Iglesia, Señor, encuentre siempre luz en las enseñanzas de santo Domingo y protección en sus méritos: que él, que durante su vida fue predicador insigne de la verdad, sea ahora para nosotros un eficaz intercesor ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE AGOSTO
SANTA TERESA BENEDICTA
DE LA CRUZ
(Edith Stein),
virgen y mártir
Del común
de mártires, o de vírgenes
SEGUNDA LECTURA
Del libro "La Ciencia de la Cruz" de Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein).
LA PUERTA DE LA VIDA SE ABRE A LOS QUE CREEN EN EL CRUCIFICADO
Cristo se sometió al yugo de la ley, guardando plenamente la ley y muriendo por la ley y por medio de la ley. Liberó, por ello, a los que desean recibir la vida. Pero no la pueden recibir, salvo que ellos mismos ofrezcan la suya propia. Porque los que han sido bautizados en Cristo Jesús, en su muerte han sido bautizados. Son sumergidos en su vida para devenir miembros de su cuerpo y padecer y morir con él, como miembros suyos. Esta vida vendrá abundantemente en el día glorioso, pero ya ahora, mientras vivimos en la carne, participamos de ella, si creemos que Cristo ha muerto por nosotros para darnos la vida. Con esta fe nos unimos con él como los miembros se unen con su cabeza; esta fe nos abre a la fuente de su vida. Por eso, la fe en el Crucificado, es decir, esa fe viva que lleva aparejada un amor entregado, viene a ser para nosotros puerta de la vida y comienzo de la gloria; de ahí que la Cruz constituya nuestra gloria: Fuera de mí gloriarme en otra cosa que no sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Quien elige a Cristo ha muerto para el mundo y el mundo para él. Lleva en su cuerpo los estigmas de Cristo, se ve rodeado de flaquezas y despreciado por los hombres, pero, por este mismo motivo, se halla robusto y vigoroso, ya que la fuerza de Dios resplandece en la debilidad. Con este conocimiento, el discípulo de Jesús no solo acoge la cruz sobre sus espaldas, sino que él mismo se crucifica en ella. Los que son de Jesucristo han crucificado la carne con sus vicios y concupiscencias. Lucharon un duro combate contra su naturaleza a fin de que la vida del pecado muriese en ellos y poder así dar amplia cabida a la vida en el Espíritu. Para esta pelea se precisa una singular fortaleza. Pero la Cruz no es el fin; la Cruz es la exaltación y mostrará el cielo. La Cruz no sólo es signo, sino también invicta armadura de Cristo: báculo de pastor con el que el divino David se enfrenta contra el malvado Goliat; báculo con el que Cristo golpea enérgicamente la puerta del cielo y la abre. Cuando se cumplan todas estas cosas, la luz divina se difundirá y colmará a cuantos siguen al Crucificado.
Responsorio Ga 2, 19b-20
R. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es
Cristo quien vive en mí. * Que me amó hasta entregarse por mí.
V. Y mientras vivo en
esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios.
R. Que me amó hasta
entregarse por mí.
Oración
Dios y Padre nuestro, que concediste a la mártir santa Teresa Benedicta experimentar a tu Hijo crucificado e imitarlo fielmente hasta la muerte, concédenos por su intercesión que todos los hombres reconozcan a Cristo como el Salvador y por Él, lleguen a gozar de tu visión en la eternidad. Por el mismo Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 10 DE AGOSTO
SAN LORENZO, diácono y
mártir
Fiesta
PRIMERA LECTURA
De los Hechos de los apóstoles 6, 1-6; 8, 1. 4-8
LOS APÓSTOLES ELIGEN SIETE AYUDANTES
Por aquellos días, habiendo aumentado el número de los discípulos, se levantaron quejas de los helenistas contra los hebreos, porque se atendía mal a sus viudas en la asistencia diaria. Los Doce convocaron entonces a la asamblea de los discípulos y dijeron:
«No está bien que nosotros descuidemos la palabra de Dios por atender al servicio de las mesas. Elegid, pues, hermanos, de entre vosotros, a siete hombres llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encomendar este servicio. Nosotros, por nuestra parte, nos dedicaremos a la oración en común y al ministerio de la palabra.»
Y pareció bien esta proposición a toda la comunidad. Y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, quienes, después de orar, les impusieron las manos.
Sucedió que una violenta persecución se desencadenó contra la Iglesia de Jerusalén, y todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. Y, así, los que se habían dispersado fueron anunciando por todas partes la Buena Nueva de la palabra de Dios. Tal fue el caso de Felipe, que bajó a la ciudad de Samaría y predicó a Cristo. La gente, con asentimiento general, al oír y ver los prodigios que obraba Felipe, ponía mucha atención a sus palabras. De muchos posesos salían los espíritus inmundos, dando grandes alaridos; y muchos paralíticos y cojos quedaron curados. Con esto reinaba un gran júbilo en aquella ciudad.
Responsorio Mt 10, 32; Jn 12, 26
R. A todo aquel que me reconozca ante los hombres —dice el Señor— * lo reconoceré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
V. Si alguno quiere ponerse a mi servicio, que me siga; y donde yo esté, allí estará también mi servidor.
R. Lo reconoceré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 304,1-4: PL 38,1395-1397)
ADMINISTRÓ LA SANGRE SAGRADA DE CRISTO
La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfo de san Lorenzo, que superó lasamenazas y seducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica. Él como ya se os ha explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagrada de Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo. El apóstol san Juan expuso claramente el significado de la Cena del Señor, con aquellas palabras: Como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Así lo entendió san Lorenzo; así lo entendió y así lo practicó; lo mismo que había tomado de la mesa del Señor, eso mismo preparó. Amó a Cristo durante su vida, lo imitó en su muerte.
También nosotros, hermanos, si amamos de verdad a Cristo, debemos imitarlo. La mejor prueba que podemos dar de nuestro amor es imitar su ejemplo, porque Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Según estas palabras de san Pedro, parece como si Cristo sólo hubiera padecido por los que siguen sus huellas, y que la pasión de Cristo sólo aprovechara a los que siguen sus huellas. Lo han imitado los santos mártires hasta el derramamiento de su sangre, hasta la semejanza con su pasión; lo han imitado los mártires, pero no sólo ellos. El puente no se ha derrumbado después de haber pasado ellos; la fuente no se ha secado después de haber bebido ellos.
Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rosas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas. Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desesperar de su vocación: Cristo ha sufrido por todos. Con toda verdad está escrito de él que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Entendamos, pues, de qué modo el cristiano ha de seguir a Cristo, además del derramamiento de sangre, además del martirio. El Apóstol, refiriéndose a Cristo, dice: A pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios. ¡Qué gran majestad! Al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. ¡Qué gran humildad!
Cristo se rebajó: esto es, cristiano, lo que debes tú procurar. Cristo se sometió: ¿cómo vas tú a enorgullecerte? Finalmente, después de haber pasado por semejante humillación y haber vencido la muerte, Cristo subió al cielo: sigámoslo. Oigamos lo que dice el Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, aspirad a los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.
Responsorio
R. San Lorenzo exclamó: "Yo adoro a mi Dios y sólo a él le
sirvo; * por
eso no temo tus tormentos.»
V. El Señor es mi roca en que me amparo.
R. Por eso no temo tus
tormentos.
HIMNO Te Deum .
La oración como en las Laudes.
HIMNO:
Palabra del Señor ya
rubricada
es la vida del mártir, ofrecida
como prueba fiel de que la
espada
no puede ya truncar la fe vivida.
Fuente de fe y de luz
es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad,
siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.
Martirio es el dolor
de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que
en la alegría
de servir al Señor es consumado.
Concédenos, oh Padre,
sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de
vida
para vivir el don que nos has dado. Amén.
Ant. 1. Mi alma está unida a ti, ya que por ti, Dios mío, ha sido quemada mi carne con el fuego.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. El Señor ha enviado a su ángel y me ha librado del fuego; así no he sentido el ardor.
Ant. 3. El bienaventurado Lorenzo oraba, diciendo: «Te doy gracias, Señor, porque he merecido entrar en tu reino.»
LECTURA BREVE 2 Co 1, 3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor es mi fuerza y mi energía. R. El Señor. V. Él es mi salvación. R. Y mi energía. V. Gloria. R. El Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Hijo mío, no temas, que contigo estoy yo; cuando pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle, diciendo: Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe, * concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre, * concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos, * concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero, * concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que inflamaste con el fuego de tu amor a san Lorenzo, para que brillara por la fidelidad a su servicio diaconal y por la gloria de un heroico martirio, haz que nosotros te amemos siempre como él te amó y practiquemos lo que él enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Oh Dios, que eres el
premio, la corona
y la suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos
de las culpas
por este mártir a quien hoy cantamos.
Él conoció la hiel que
está escondida
en la miel de los goces de este suelo,
y, por no haber
cedido a sus encantos,
está gozando los del cielo eterno.
Él afrontó con ánimo
seguro
lo que sufrió con varonil coraje,
y consiguió los celestiales
dones
al derramar por ti su noble sangre.
Oh piadosísimo Señor
de todo,
te suplicamos con humilde ruego
que, en el día del triunfo de
este mártir,
perdones los pecados de tus siervos.
Gloria eterna al
divino Jesucristo,
que nació de una Virgen impecable,
y gloria eterna al
Santo Paracleto,
y gloria eterna al sempiterno Padre. Amén.
Ant. 1. Lorenzo entró en el combate como un mártir y confesó el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant. 1. Lorenzo entró en el combate como un mártir y confesó el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Ant. 2. El bienaventurado Lorenzo exclamó: «Me siento totalmente feliz, porque me he convertido en hostia de Cristo.»
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. El bienaventurado Lorenzo exclamó: «Me siento totalmente feliz, porque me he convertido en hostia de Cristo.»
Ant. 3. Te doy gracias, Señor, porque he merecido entrar en tu reino.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3. Te doy gracias, Señor, porque he merecido entrar en tu reino.
LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro. R. Oh Dios. V. Nos refinaste como refinan la plata. R. Pero nos has dado respiro. V. Gloria. R. Oh Dios.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El bienaventurado Lorenzo dijo: «Mi noche no tiene oscuridad alguna, todo en ella está iluminado con una gran luz.»
PRECES
En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo: Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor, * principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.
Te damos gracias, Señor, * porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos y les das parte en los premios de tu reino.
Te damos gracias, Señor, * porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, la sangre de la alianza nueva y eterna.
Te damos gracias, Señor, * porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Te damos gracias, Señor, * porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que inflamaste con el fuego de tu amor a san Lorenzo, para que brillara por la fidelidad a su servicio diaconal y por la gloria de un heroico martirio, haz que nosotros te amemos siempre como él te amó y practiquemos lo que él enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE AGOSTO
SANTA CLARA,
virgen
Memoria
Del Común
de vírgenes o del Común
de santas mujeres: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de santa Clara, virgen, a la beata Inés de Praga
(Escritos de santa Clara, edición Ignacio Omaechevarría, Madrid 1970, pp. 339-341)
ATIENDE A LA POBREZA, LA HUMILDAD Y LA CARIDAD DE CRISTO
Dichoso, en verdad, aquel a quien le es dado alimentarse en el sagrado banquete y unirse en lo íntimo de su corazón a aquel cuya belleza admiran sin cesar las multitudes celestiales, cuyo afecto produce afecto, cuya contemplación da nueva fuerza, cuya benignidad sacia cuya suavidad llena el alma, cuyo recuerdo ilumina suavemente, cuya fragancia retornará los muertos a la vida y cuya visión gloriosa hará felices a los ciudadanos de la Jerusalén celestial: él es el brillo de la gloria eterna un reflejo de la luz eterna, un espejo nítido, el espejo que debes mirar cada día, oh reina, esposa de Jesucristo, y observar en él reflejada tu faz, para que así te vistas y adornes por dentro y por fuera con toda la variedad de flores de las diversas virtudes, que son las que han de constituir tu vestido y tu adorno, como conviene a una hija y esposa castísima del Rey supremo. En este espejo brilla la dichosa pobreza, la santa humildad y la inefable caridad, como puedes observar si, con la gracia de Dios vas recorriendo sus diversas partes.
Atiende al principio de este espejo, quiero decir a la pobreza de aquel que fue puesto en un pesebre y envuelto en pañales. ¡Oh admirable humildad, oh pasmosa pobreza! El Rey de los ángeles, el Señor del cielo y de la tierra es reclinado en un pesebre. En el medio del espejo, considera la humildad, al menos la dichosa pobreza, los innumerables trabajos y penalidades que sufrió por la redención del género humano. Al final de este mismo espejo, contempla la inefable caridad por la que quiso sufrir en la cruz y morir en ella con la clase de muerte más infamante.
Este mismo espejo, clavado en la cruz, invitaba a los que pasaban a estas consideraciones, diciendo: Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad, fijaos: ¿Hay dolor como mi dolor? Respondamos nosotros, a sus clamores y gemidos, con una sola voz y un solo espíritu: No hago más que pensar en ello, y estoy abatido. De este modo, tu caridad arderá con una fuerza siempre renovada, oh reina del Rey celestial.
Contemplando, además, sus inefables delicias, sus riquezas y honores perpetuos, y suspirando por el intenso deseo de tu corazón, proclamarás: "Arrástrame tras de ti, y correremos atraídos por el aroma de tus perfumes, esposo celestial. Correré sin desfallecer, hasta que me introduzcas en la sala del festín, hasta que tu mano izquierda esté bajo mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente y me beses con los besos deliciosos de tu boca." Contemplando estas cosas, dígnate acordarte de esta tu insignificante madre, y sabe que yo tengo tu agradable recuerdo grabado de modo imborrable en mi corazón, ya que te amo más que nadie.
Responsorio Sal 72, 26; Flp 3, 8. 9
R. Se consumen mi corazón y mi carne * por Dios, mi herencia
eterna.
V. Lo perdí todo, con tal de ganar a Cristo y encontrarme
unido a él.
R. Por Dios, mi herencia eterna.
Laudes
HIMNO
Nada posee
Clara,
nada le pertenece;
como lirio del huerto
libre respira y
crece.
Nada coge en su
mano,
nada que aquí fenece;
pobre, en la cruz se abraza
con Cristo que
padece.
Nada de lo que
fluye
su párpado estremece;
Clara mira y escucha
al Verbo que acontece.
Amén.
Oración
Señor, Dios nuestro, que concediste a santa Clara un gran amor por la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, seguir a Cristo en la pobreza del espíritu y llegar a contemplarte en tu glorioso reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Vísperas
HIMNO
Clara, virgen
amable,
esposa enamorada,
dulce nos es tu nombre,
muy suave tu
fragancia.
El gozo de la
cruz
danos, benigna hermana;
danos tu amor castísimo
y la pobreza
santa.
Gloria al Hijo
doliente
en la cruz levantada;
gloria a Jesús excelso
en la paz de la
patria. Amén.
Oración
Señor, Dios nuestro, que concediste a santa Clara un gran amor por la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, seguir a Cristo en la pobreza del espíritu y llegar a contemplarte en tu glorioso reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 12 DE AGOSTO
SANTA JUANA FRANCISCA
DE CHANTAL,
religiosa
Del común
de santas mujeres
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las Memorias escritas por una religiosa, secretaria de santa Juana Francisca
(Françoise-Madeleine de Chaugy, Mémoires sur la vie et les vertus de sainte Jeanne-Françoise de Chantal, III, 3: 3.a edición, París 1853, pp. 306-307)
ES FUERTE EL AMOR COMO LA MUERTE
Cierto día, la bienaventurada Juana dijo estas encendidas palabras, que fueron en seguida recogidas fielmente:
«Hijas queridísimas, muchos de nuestros santos Padres y columnas de la Iglesia no sufrieron el martirio; ¿por qué creéis que ocurrió esto?».
Después de haber respondido una por una, la bienaventurada madre dijo:
«Pues yo creo que esto es debido a que hay otro martirio, el del amor, con el cual Dios, manteniendo la vida de sus siervos y siervas, para que sigan trabajando por su gloria, los hace, al mismo tiempo, mártires y confesores. Creo que a las Hijas de la Visitación se les asigna este martirio, y algunas de ellas, si Dios así lo dispone, lo conseguirán si lo desean ardientemente.»
Una hermana preguntó cómo se realizaba dicho martirio. Juana contestó:
«Sed totalmente fieles a Dios, y lo experimentaréis. El amor divino hunde su espada en los reductos más secretos e íntimos de nuestras almas, y llega hasta separarnos de nosotros mismos. Conocí a un alma a quien el amor separó de todo lo que le agradaba, como si un tajo, dado por la espada del tirano, hubiera separado su espíritu de su cuerpo.»
Nos dimos cuenta de que estaba hablando de sí misma. Al preguntarle otra hermana sobre la duración de este martirio, dijo:
«Desde el momento en que nos entregamos a Dios sin reservas hasta el fin de la vida. Pero esto lo hace Dios sólo con los corazones magnánimos que, renunciando completamente a sí mismos, son completamente fieles al amor; a los débiles e inconstantes en el amor, no les lleva el Señor por el camino del martirio, y les deja continuar su vida mediocre, para que no se aparten de él, pues nunca violenta a la voluntad libre.»
Por último, se le preguntó, con insistencia, si este martirio de amor podría igualar al del cuerpo. Respondió la madre Juana:
«No nos preocupemos por la igualdad. De todos modos creo que no tiene menor mérito, pues es fuerte el amor como la muerte, y los mártires de amor sufren dolores mil veces más agudos en vida, para cumplir la voluntad de Dios, que si hubieran de dar mil vidas para testimoniar su fe, su caridad y su fidelidad.»
Responsorio Flp 4, 8-9
R. Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable,
laudable, ponedlo por obra: * Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Todo lo que es
virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
R.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.
Oración
Padre, que iluminaste a santa Juana Francisca para que peregrinara en este mundo por caminos de luz y santidad; concédenos, por su intercesión, que viviendo fielmente nuestra vocación. tendamos constantemente a las obras de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE AGOSTO
SANTOS PONCIANO, papa,
e
HIPÓLITO, presbítero,
mártires
Del Común
de mártires: para varios mártires o del Común
de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir
(Carta 10, 2-3. 5: CSEL 3, 491-492. 494-495)
FE INQUEBRANTABLE
¿Con qué alabanzas podré ensalzaros, hermanos valerosísimos? ¿Cómo podrán mis palabras expresar debidamente vuestra fortaleza de ánimo y vuestra fe perseverante? Tolerasteis una durísima lucha hasta alcanzar la gloria, y no cedisteis ante los suplicios, sino que fueron más bien los suplicios quienes cedieron ante vosotros. En las coronas de vuestra victoria hallasteis el término de vuestros sufrimientos, término que no hallabais en los tormentos. La cruel dilaceración de vuestros miembros duró tanto, no para hacer vacilar vuestra fe, sino para haceros llegar con más presteza al Señor.
La multitud de los presentes contempló admirada la celestial batalla por Dios y el espiritual combate por Cristo, vio cómo sus siervos confesaban abiertamente su fe con entera libertad, sin ceder en lo más mínimo, con la fuerza de Dios, enteramente desprovistos de las armas de este mundo, pero armados, como creyentes, con las armas de la fe. En medio del tormento, su fortaleza superó a la fortaleza de aquellos que los atormentaban, y los miembros golpeados y desgarrados vencieron a los garfios que los golpeaban y desgarraban.
Las heridas, aunque reiteradas una y otra vez, y por largo tiempo, no pudieron, con toda su crueldad, superar su fe inquebrantable, por más que, abiertas sus entrañas, los tormentos recaían no ya en los miembros, sino en las mismas heridas de aquellos siervos de Dios. Manaba la sangre que había de extinguir el incendio de la persecución, que había de amortecer las llamas y el fuego del infierno. ¡Qué espectáculo a los ojos del Señor, cuán sublime, cuán grande, cuán aceptable a la presencia de Dios, que veía la entrega y la fidelidad de su soldado al juramento prestado, tal como está escrito en los salmos, en los que nos amonesta el Espíritu Santo, diciendo: Es valiosa a los ojos del Señor la muerte de sus fieles. Es valiosa una muerte semejante, que compra la inmortalidad al precio de su sangre, que recibe la corona de mano de Dios, después de haber dado la máxima prueba de fortaleza.
Con qué alegría estuvo allí Cristo, cuán de buena gana luchó y venció en aquellos siervos suyos, como protector de su fe, y dando a los que en él confiaban tanto cuanto cada uno confiaba en recibir. Estuvo presente en su combate, sostuvo, fortaleció, animó a los que combatían por defender el honor de su nombre. Y el que por nosotros venció a la muerte de una vez para siempre continúa venciendo en nosotros.
Dichosa Iglesia nuestra, a la que Dios se digna honrar con semejante esplendor, ilustre en nuestro tiempo por la sangre gloriosa de los mártires. Antes era blanca por las obras de los hermanos; ahora se ha vuelto roja por la sangre de los mártires. Entre sus flores no faltan ni los lirios ni las rosas. Que cada uno de nosotros se esfuerce ahora por alcanzar el honor de una y otra altísima dignidad, para recibir así las coronas blancas de las buenas obras o las rojas del martirio.
Responsorio S. Cipriano, Carta 58
R. Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran,
mientras luchamos por la fe. * Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar
bajo la mirada de Dios y ser coronado por Cristo.
V. Revistámonos de
fuerza y preparémonos para la lucha con un espíritu indoblegable, con una fe
sincera, con una entrega total.
R.
Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan
plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
Oración
Que la gloriosa muerte de tus mártires Ponciano e Hipólito haga aumentar en nosotros el amor hacia ti y acreciente la firmeza de nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 14 DE AGOSTO
SAN MAXIMILIANO MARÍA
KOLBE,
presbítero y mártir
Memoria
Del Común
de pastores: para misioneros o del común
de mártires: para un mártir.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir
(Gli scritti di Massimiliano Kolbe eroe di Oswiecim e beato della Chiesa, vol. I, Città di Vita, Florencia 1975, pp. 44-46. 113-114)
EL IDEAL DE LA VIDA APOSTÓLICA ES LA SALVACIÓN Y SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS
Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no sólo a los laicos, sino también a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece, esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible.
La gloria de Dios consiste en la salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvación y la santificación más perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime de nuestra vida apostólica.
Cuál sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros,porque él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y sólo él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. Y ¿cómo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra.
La obediencia, y sólo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse, pero nosotros obedeciendo no nos equivocamos nunca. Se da una excepción: cuando el superior manda algo que, con toda claridad y sin ninguna duda, es pecado, aunque éste sea insignificante; porque, en este caso, el superior no sería el representante de Dios.
Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santísimo y clemente, es nuestro Señor, nuestro Creador y Padre, principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea él vale en tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación. Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra, nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia sí, y quiere, por medio nuestro, atraer el mayor número posible de almas y unirlas a sí del modo más íntimo y personal.
Querido hermano, piensa qué grande es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia, nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, noshacemos más fuertes que todas ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia, nos convertimos en infinitamente poderosos.
Éste, y sólo éste, es el camino de la sabiduría y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor, Jesús nos lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta años de su vida escondida son descritos así por la sagrada Escritura: Y siguió bajo su autoridad. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda de Jesús, leemos, con frecuencia, en la misma sagrada Escritura, que él había venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre.
Amemos sin límites a nuestro buen Padre: amor que se demuestra a través de la obediencia y se ejercita, sobre todo, cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro más bello y auténtico donde se puede aprender y profundizar este amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho más fácilmente de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la economía de la misericordia.
La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también, como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella y estemos, bajo su dirección, tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.
Responsorio Ef 5, 1-2; 6, 6
R. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el
amor, como Cristo os amó y se entregó por nosotros. * Como oblación y víctima
de suave olor.
V. Como esclavos de Cristo que hacen lo que Dios quiere.
R. Como
oblación y víctima de suave olor.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Cristo será glorificado en
mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una
ganancia el morir.
Oración
Oh Dios, que a san Maximiliano María, apóstol de la Inmaculada y ejemplo de caridad hacia el prójimo, le infundiste un deseo ardiente de la salvación de los hombres, concédenos, por su intercesión, poder trabajar generosamente por tu gloria y por la salvación de los hombres hasta dar nuestra propia vida, como lo hizo tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 15 DE AGOSTO
LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
MARÍA
Solemnidad
HIMNO
El cielo se
maravilla,
Virgen, viendo como a vos
junto a sí os ha dado Dios
la más
eminente silla.
Sobre los altos
confines
del más levantado cielo
subisteis, Virgen, del suelo
en
hombros de serafines.
Y mucho se
maravilla
el cielo de ver que a vos
junto a sí os ha dado Dios
la más
eminente silla.
¡Oh Dios, quién
supiera ahora
significar la alegría
que todo el cielo tendría
con su
nueva emperadora!
Ángeles podrán
decilla,
Virgen, y lo que con vos
hizo vuestro hijo y Dios
cuando os
dio tan alta silla. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Subió Cristo al cielo y preparó una mansión de inmortalidad a su Madre purísima. Aleluya.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Subió Cristo al cielo y preparó una mansión de inmortalidad a su Madre purísima. Aleluya.
Ant. 2. Por Eva se cerraron a los hombres las puertas del paraíso, y por María Virgen han sido abiertas de nuevo. Aleluya.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Por Eva se cerraron a los hombres las puertas del paraíso, y por María Virgen han sido abiertas de nuevo. Aleluya.
Ant. 3. La Virgen María ha sido glorificada por encima de todos los ángeles y santos; venid, pues, y alabemos a Cristo, el rey cuyo reino no tendrá fin.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. La Virgen María ha sido glorificada por encima de todos los ángeles y santos; venid, pues, y alabemos a Cristo, el rey cuyo reino no tendrá fin.
LECTURA
BREVE
Rm 8,30
A los que predestinó, los llamó; a
los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
RESPONSORIO BREVE
V. María ha sido elevada al cielo, los ángeles se alegran. R. María. V. Y, llenos de gozo, alaban al Señor. R. Los ángeles se alegran. V. Gloria. R. María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia, * concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, * y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios todopoderoso, tú que, mirando complacido la profunda humildad de la siempre Virgen María, la elevaste a la excelsa dignidad de ser madre de tu Hijo hecho hombre y, en este día, la coronaste de gloria y de honor, concédenos, por su intercesión, que, ya que como María tenemos parte en tu redención, alcancemos, también como ella, la gloria del reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. Venid, adoremos al Rey de reyes, cuya Madre ha sido elevada a lo más alto del cielo.
HIMNO
A alumbrar la misma
luz,
alegrar la misma gloria,
enriquecer las riquezas
y a coronar
las coronas,
hacer cielo al mismo
cielo,
hacer la beldad hermosa,
ennoblecer la nobleza
y a honrar a
las mismas honras,
sube la que es de los
cielos
honra, riqueza, corona,
luz, hermosura y nobleza,
cielo,
perfección y gloria.
Flamante ropa la
viste,
a quien las estrellas bordan,
en cuya labor el sol
a ningún
rayo perdona.
La luna a sus pies
mendiga
todo el candor que atesora,
y ya, sin temer menguantes,
plenitud de luces goza.
A recibirla salieron
las tres divinas personas
con los aplausos de quien
es Hija, Madre y
Esposa. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Asciende, Virgen Reina, y sube majestuosamente al espléndido palacio del Rey eterno.
Los salmos se toman del Común de santa María Virgen .
Ant. 2. Dios la eligió y la predestinó, la hizo morar en su templo santo.
Ant. 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María!
V. Dichosa tú, María, que has creído al Señor.
R. Porque se ha
cumplido en ti lo que se te había dicho.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 16−2, 10
DIOS NOS HA SENTADO EN LOS CIELOS CON CRISTO JESÚS
Hermanos: No ceso de dar gracias por vosotros, y siempre os recuerdo en mis oraciones. Quiera el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, concedernos el don de sabiduría y de revelación, para que lleguemos al pleno conocimiento de él e, iluminados así los ojos de nuestra mente, conozcamos cuál es la esperanza a que nos ha llamado y cuáles las riquezas de gloria otorgadas por él como herencia a su pueblo santo.
Y ¡qué soberana grandeza despliega su poder en nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa! Este poder lo ejercitó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y constituyéndolo a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista no sólo en el mundo presente, sino también en el futuro. Puso todas las cosas bajo sus pies y lo dio como cabeza a la Iglesia, que es su cuerpo, es decir, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.
Y Dios también os vivificó a vosotros, que estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo, siguiendo el proceder de este mundo, sometidos al príncipe que tiene su imperio en el aire, el espíritu que actúa ahora en los rebeldes a la fe, entre los cuales vivíamos también nosotros, siguiendo las apetencias de nuestra carne, poniendo por obra sus deseos y sentimientos, y éramos por nuestro natural hijos de cólera, como los demás.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo -por pura gracia habéis sido salvados-y nos resucitó con él, Y nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús. Así Dios, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús, quiso mostrar en los siglos venideros la sublime riqueza de su gracia.
Estáis salvados por la gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos obra de Dios. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó que practicásemos.
Responsorio R.
¡Qué hermosa y bella es la Virgen María, que
emigró de este mundo para ir hacia Cristo! *
Resplandece entre los coros de los santos como
el sol cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
V. Los ángeles se
alegran, los arcángeles se regocijan, al contemplar la gloria inmensa de la
Virgen María.
R. Resplandece entre los coros de los santos como el sol
cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
SEGUNDA LECTURA
De la constitución apostólica Munificentissimus Deus del papa Pío doce
(AAS 42 [1950), 760-762. 767-769)
TU CUERPO ES SANTO Y SOBREMANERA GLORIOSO
Los santos Padres y grandes doctores, en las homilías y disertaciones dirigidas al pueblo en la fiesta de la Asunción de la Madre de Dios, hablan de este hecho como de algo ya conocido y aceptado por los fieles y lo explican con toda precisión, procurando, sobre todo, hacerles comprender que lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo.
Y, así, san Juan Damasceno, el más ilustre transmisor de esta tradición, comparando la asunción de la santa Madre de Dios con sus demás dotes y privilegios, afirma, con elocuencia vehemente:
«Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial. Convenía que aquella que había visto a su Hijo en la cruz y cuya alma había sido atravesada por la espada del dolor, del que se había visto libre en el momento del parto, lo contemplara sentado a la derecha del Padre. Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios.»
Según el punto de vista de san Germán de Constantinopla, el cuerpo de la Virgen María, la Madre de Dios, se mantuvo incorrupto y fue llevado al cielo, porque así lo pedía no sólo el hecho de su maternidad divina, sino también la peculiar santidad de su cuerpo virginal:
«Tú, según está escrito, te muestras con belleza; y tu cuerpo virginal es todo él santo, todo él casto, todo él morada de Dios, todo lo cual hace que esté exento de disolverse y convertirse en polvo, y que, sin perder su condición humana, sea transformado en cuerpo celestial e incorruptible, lleno de vida y sobremanera glorioso, incólume y partícipe de la vida perfecta.»
Otro antiquísimo escritor afirma:
«La gloriosísima Madre de Cristo, nuestro Dios y salvador, dador de la vida y de la inmortalidad, por él es vivificada, con un cuerpo semejante al suyo en la incorruptibilidad, ya que él la hizo salir del sepulcro y la elevó hacia sí mismo, del modo que él solo conoce.»
Todos estos argumentos y consideraciones de los santos Padres se apoyan, como en su último fundamento, en la sagrada Escritura; ella, en efecto, nos hace ver a la santa Madre de Dios unida estrechamente a su Hijo divino y solidaria siempre de su destino.
Y, sobre todo, hay que tener en cuenta que, ya desde el siglo segundo, los santos Padres presentan a la Virgen María como la nueva Eva asociada al nuevo Adán, íntimamente unida a él, aunque de modo subordinado, en la lucha contra el enemigo infernal, lucha que, como se anuncia en el protoevangelio, había de desembocar en una victoria absoluta sobre el pecado y la muerte, dos realidades inseparables en los escritos del Apóstol de los gentiles. Por lo cual, así como la gloriosa resurrección de Cristo fue la parte esencial y el último trofeo de esta victoria, así también la participación que tuvo la santísima Virgen en esta lucha de su Hijo había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal, ya que, como dice el mismo Apóstol: Cuando esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria.»
Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos.
Responsorio
R. Éste es el día glorioso en que la Virgen Madre de Dios
subió a los cielos; todos la aclamamos, tributándole nuestras alabanzas:
* Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
V. Dichosa eres, santa
Virgen María, y digna de toda alabanza; de ti nació el sol de justicia, Cristo,
nuestro Dios.
R. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu
vientre.
HIMNO Te Deum .
HIMNO
Sólo la Niña aquella,
la Niña inmaculada,
la Madre que del Hijo recibió su hermosura,
la Virgen
que le dice a su Creador criatura,
sólo esa Niña bella al cielo fue
elevada.
Los luceros formaron
innumerables filas,
tapizaron las nubes el cielo en su grandeza;
y aquella
Niña dulce de sin igual belleza
llenaba todo el cielo con su claras
pupilas.
Nuestro barro pequeño,
de nostalgia extasiado,
ardientemente quiere subir un día cualquiera
al
cielo, donde el barro de nuestra Niña espera
purificar en gracia nuestro
barro manchado.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dichosa eres, María, porque de ti vino la salvación del mundo; tú ahora vives ya en la gloria del Señor.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. La Virgen María ha sido glorificada sobre los coros de los ángeles; que se alegren los fieles y bendigan todos al Señor.
Ant. 3. El Señor ha glorificado tanto tu nombre, que tu alabanza no se apartará de la boca de los hombres.
LECTURA BREVE Is 61,10
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.
RESPONSORIO BREVE
V. Hoy la Virgen María ha subido al cielo. R. Hoy la Virgen María. V. Y con Cristo reina eternamente. R. Ha subido al cielo. V. Gloria. R. Hoy la Virgen María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Eres bella y hermosa, Hija de Jerusalén; subes al cielo, resplandeciente como la aurora cuando amanece.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, * líbranos de toda ocasión de pecado.
Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, * haz también de nosotros templos de tu Espíritu.
Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al cielo, * haz que aspiremos siempre a los bienes celestiales.
Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a tu derecha a María reina, * danos el gozo de tener parte en su gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, madre de tu Hijo, haz que nosotros, ya desde este mundo, tengamos todo nuestro ser totalmente orientado hacia el cielo, para que podamos llegar a participar de su misma gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Se dice el himno propio de la Hora
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Creciste como cedro del Líbano y como
ciprés del monte Hermón, santa Madre de Dios.
Sexta: Te
proclamamos justamente, oh María, como reina del cielo, porque de ti ha nacido
el Sol de justicia.
Nona: La santa Madre de Dios ha sido
glorificada en el reino celestial sobre los coros de los ángeles.
Los salmos se toman de la salmodia complementaria.
LECTURA BREVE
Tercia Jdt 13, 22. 23b
El Señor te ha bendecido con su poder, pues por tu medio ha aniquilado a nuestros enemigos. El Señor te ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra.
V. María ha sido elevada al cielo, los
ángeles se alegran.
R. Y llenos de gozo, alaban al Señor.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Sexta Ap 12, 1
Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
V. La santa Madre de Dios ha sido
glorificada en el reino celestial.
R. Sobre los coros de los ángeles.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Nona 2Co 5, 1
Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida por hombres.
V. La Virgen María ha sido elevada al
tálamo celestial.
R. Donde el Rey de reyes tiene un trono
adornado con estrellas.
La oración conclusiva como en las Laudes.
HIMNO
Al cielo vais,
Señora,
allá os reciben con alegre canto;
¡oh, quién pudiera
ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!
De ángeles sois
llevada,
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas
coronada,
cual reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca
luna.
Volved los linces
ojos,
ave preciosa, sólo humilde y nueva,
al val de los abrojos
que
tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.
Que, si con clara
vista
miráis las tristes almas de este suelo,
con propiedad no
vista
las subiréis de vuelo,
como perfecta piedra imán al cielo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. María ha sido elevada al cielo, los ángeles se alegran y, llenos de gozo, alaban al Señor.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. María ha sido elevada al cielo, los ángeles se alegran y, llenos de gozo, alaban al Señor.
Ant. 2. La Virgen María ha sido elevada al tálamo celestial, donde el Rey de reyes tiene un trono adornado con estrellas.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. La Virgen María ha sido elevada al tálamo celestial, donde el Rey de reyes tiene un trono adornado con estrellas.
Ant. 3. Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida.
LECTURA BREVE 1Co 15,22-23
Lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero, Cristo; después, en su Parusía, los de Cristo.
RESPONSORIO BREVE
V. La Virgen María ha sido glorificada sobre los coros de los ángeles. R. La Virgen María. V. Bendigamos al Señor que la ha enaltecido. R. Sobre los coros de los ángeles. V. Gloria. R. La Virgen María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Hoy la Virgen María ha subido al cielo; alegrémonos, porque reina ya eternamente con Cristo.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en, tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia, * concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, * y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, madre de tu Hijo, haz que nosotros, ya desde este mundo, tengamos todo nuestro ser totalmente orientado hacia el cielo, para que podamos llegar a participar de su misma gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Hoy, después de las Completas, es oportuno decir la antífona final de la Santísima Virgen Salve, Reina de los cielos.
DÍA 16 DE AGOSTO
SAN ROQUE
Memoria
Del Común
de santos varones: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el libro de los Hechos de los apóstoles
(Homilía 20, 4: PG 60,162-164)
NO PUEDE OCULTARSE LA LUZ DE LOS CRISTIANOS
Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe de la salvación de los demás.
No puedes excusarte con la pobreza, pues aquella viuda que echó dos monedas de cobre te acusará. Y Pedro decía: No tengo plata ni oro. El mismo Pablo era tan pobre que frecuentemente pasaba hambre y carecía del alimento necesario.
No puedes aducir tu baja condición, pues aquéllos eran también humildes, nacidos de baja condición. Tampoco vale el afirmar que no tienes conocimientos, pues tampoco, ellos los tenían. Ni te escudes detrás de tu debilidad física, pues también Timoteo era débil y sufría frecuentemente de enfermedades.
Todos pueden ayudar al prójimo con tal que cumplan con lo que les corresponde.
¿No veis los árboles infructuosos, cómo son con frecuencia sólidos, hermosos, altos, grandiosos y esbeltos? Pero, si tuviéramos un huerto, preferiríamos tener granados y olivos fructíferos antes que esos árboles; esos árboles pueden causar placer, pero no son útiles, e incluso, si tienen alguna utilidad, es muy pequeña. Semejantes son aquellos que sólo se preocupan de sí mismos; más aún, ni siquiera son semejantes a esos árboles, porque sólo son aptos para el castigo. Pues aquellos árboles son aptos para la construcción y para darnos cobijo. Semejantes eran aquellas vírgenes de la parábola, castas, sobrias, engalanadas, pero, como eran inútiles para los demás, por ello fueron castigadas. Semejantes son los que no alimentan con su ejemplo el cuerpo de Cristo.
Fíjate que ninguno es acusado de sus pecados, ni que sea un fornicador, ni que sea un perjuro, a no ser que no haya ayudado a los demás. Así era aquel que enterró su talento, mostrando una vida intachable, pero inútil para los demás.
¿Cómo, me pregunto, puede ser cristiano el que obra de esta forma? Si el fermento mezclado con la harina no transforma toda la masa, ¿acaso se trata de un fermento genuino? Y, también, si acercando un perfume no esparce olor, ¿acaso llamaríamos a esto perfume?
No digas: "No puedo influir en los demás", pues si eres cristiano de verdad es imposible que no lo puedas hacer. Las propiedades de las cosas naturales no se pueden negar: lo mismo sucede con esto que afirmamos, pues está en la naturaleza del cristiano obrar de esta forma.
No ofendas a Dios con una contumelia. Si dijeras que el sol no puede lucir, infliges una contumelia a Dios y lo haces mentiroso. Es más fácil que el sol no luzca ni caliente que no que deje de dar luz un cristiano; más fácil que esto sería que la luz fuese tinieblas.
No digas que es una cosa imposible; lo contrario es imposible. No inflijas una contumelia a Dios. Si ordenamos bien nuestra conducta, todo lo demás seguirá como consecuencia natural. No puede ocultarse la luz de los cristianos, no puede ocultarse una lámpara tan brillante.
Responsorio Ef 5, 8-9; Mt 5, 14. 16
R. Sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz.
* Toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz.
V.
Vosotros sois la luz del mundo. Alumbre
vuestra luz a los hombres.
R. Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
Oración
Señor, protege a tu pueblo con incansable bondad, y, por la intercesión de san Roque, líbranos de toda enfermedad del alma y del cuerpo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 16 DE AGOSTO
SAN ESTEBAN DE
HUNGRÍA
Del Común
de santos varones.
SEGUNDA LECTURA
De los consejos de san Esteban a su hijo
(Caps. 1. 2.10: PL 151,1236-1237.1242-1244)
HIJO MÍO, ESCUCHA LA CORRECCIÓN DE TU PADRE
En primer lugar, te ordeno, te aconsejo, te recomiendo, hijo amadísimo, si deseas honrar la corona real, que conserves la fe católica y apostólica con tal diligencia y desvelo que sirvas de ejemplo a todos los súbditos que Dios te ha dado, y que todos los varones eclesiásticos puedan con razón llamarte hombre de auténtica vida cristiana sin la cual ten por cierto que no mereces el nombre de cristiano o de hijo de la Iglesia. En el palacio real, después de la fe ocupa el segundo lugar la Iglesia, plantada primero por Cristo, nuestra cabeza, trasplantada luego y firmemente edificada por sus miembros, los apóstoles y los santos padres, y difundida por todo el orbe. Y, aunque continuamente engendra nuevos hijos, en ciertos lugares ya es considerada como antigua.
En nuestro reino, hijo amadísimo, debe considerarse aún joven y reciente, y, por esto, necesita una especial vigilancia y protección; que este don, que la divina clemencia nos ha concedido sin merecerlo, no llegue a ser destruido o aniquilado por tu desidia, por tu pereza o por tu negligencia.
Hijo mío amantísimo, dulzura de mi corazón, esperanza de una descendencia futura, te ruego, te mando que siempre y en toda ocasión, apoyado en tus buenos sentimientos, seas benigno no sólo con los hombres de alcurnia o con los jefes, los ricos y los del país, sino también con los extranjeros y con todos los que recurran a ti. Porque el fruto de esta benignidad será la máxima felicidad para ti. Sé compasivo con todos los que sufren injustamente, recordando siempre en lo íntimo del corazón aquella máxima del Señor: Misericordia quiero y no sacrificios. Sé paciente con todos, con los poderosos y con los que no lo son.
Sé, finalmente, fuerte; que no te ensoberbezca la prosperidad ni te desanime la adversidad. Sé también humilde, para que Dios te ensalce, ahora y en el futuro. Sé moderado, y no te excedas en el castigo o la condena. Sé manso, sin oponerte nunca a la justicia. Sé honesto de manera que nunca seas para nadie, voluntariamente motivo de vergüenza. Sé púdico, evitando la pestilencia de la liviandad como un aguijón de muerte.
Todas estas cosas que te he indicado someramente son las que componen la corona real; sin ellas nadie es capaz de reinar en este mundo ni de llegar al reino eterno.
Responsorio Tb 4, 8-9; Sir 35, 8. 9
R. Da limosna en proporción a lo que tengas: * Si tienes mucho, da
abundantemente; si tienes poco, no temas dar limosna conforme a eso poco.
V. Al
hacer tus dones, pon buena cara; da al Altísimo como él te ha dado a ti.
R. Si
tienes mucho, da abundantemente; si tienes poco, no temas dar limosna conforme a
eso poco.
Oración
Dios todopoderoso, concede a tu Iglesia que así como tuvo en el rey san Esteban un esforzado propagador en la tierra, así también ahora tenga en él un eficaz defensor en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 19 DE AGOSTO
SAN JUAN EUDES,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero o del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Juan Eudes, presbítero, sobre el admirable Corazón de Jesús
(Libro 1, 5: Opera omnia 6,107.113-115)
FUENTE DE SALVACIÓN Y DE VIDA VERDADERA
Te pido que pienses que nuestro Señor Jesucristo es realmente tu cabeza y que tú eres uno de sus miembros.
Él es para ti como la cabeza para con los miembros; todo lo suyo es tuyo: el espíritu, el corazón, el cuerpo, alma y todas sus facultades, y tú debes usar de todo ello como de algo propio, para que, sirviéndolo, lo alabes, ames y lo glorifiques. En cuanto a ti, eres para él como el miembro para con la cabeza, por lo cual él desea intensamente usar de todas tus facultades como propias, para servir y glorificar al Padre.
Y él no es para ti sólo eso que hemos dicho, sino que además quiere estar en ti, viviendo y dominando en ti a la manera que la cabeza vive en sus miembros y los gobierna. Quiere que todo lo que hay en él viva y domine en ti: su espíritu en tu espíritu, su corazón en él tuyo, todas las facultades de su alma en las tuyas, de modo que en ti se realicen aquellas palabras: Glorificad a Dios con vuestro cuerpo, y que la vida de Jesús se manifieste en vosotros.
Igualmente, tú no sólo eres para el Hijo de Dios sino que debes estar en él como los miembros están en la cabeza. Todo lo que hay en ti debe ser injertado en él, y de él debes recibir la vida y ser gobernado por él. Fuera de él no hallarás la vida verdadera, ya que éles la única fuente de vida verdadera; fuera de él no hallarás sino muerte y destrucción. Él ha de ser el único principio de toda tu actividad y de todas tus energías; debes vivir de él y por él, para que en ti se cumplan aquellas palabras: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor: si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.
Eres, por tanto, una sola cosa con Jesús, del mismo modo que los miembros son una sola cosa con la cabeza, por eso, debes tener con él un solo espíritu, una sola alma, una sola vida, una sola voluntad, un solo sentir, un solo corazón. Y él debe ser tu espíritu, tu corazón, tu amor, tu vida y todo lo tuyo. Todas estas grandezas del cristiano tienen su origen en el bautismo, son aumentadas y corroboradas por el sacramento de la confirmación y por el buen empleo de las demás gracias comunicadas por Dios, que en la sagrada eucaristía encuentran su mejor complemento.
Responsorio Rm 14, 9. 8. 7
R. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor
de vivos y muertos. * Pues tanto en vida como en muerte somos del Señor.
V. Ninguno
de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Que si vivimos, vivimos para
el Señor; y si morimos, para el Señor morimos.
R. Pues tanto en vida
como en muerte somos del Señor.
Oración
Señor, tú que elegiste a san Juan Eudes para que nos anunciara las insondables riquezas de Cristo, haz que nosotros, siguiendo su ejemplo y enseñanzas, te conozcamos cada vez mejor y vivamos cada día con mayor fidelidad el mensaje del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 20 DE AGOSTO
SAN BERNARDO,
abad y doctor de la
Iglesia
Memoria
Del Común de doctores
de la Iglesia o del Común de santos varones: para los santos
religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardo, abad, sobre el libro del Cantar de los cantares
(Sermón 83, 4-6: OPERA OMNIA, edición cisterciense, 2[1958], 300-302)
AMO PORQUE AMO, AMO POR AMAR
El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.
El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?
Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la criatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.
Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la criatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.
Responsorio Sal 30, 20; 35, 9
R. ¡Qué bondad tan grande, Señor, * reservas para tus fieles!
V. Se
nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias.
R. Lo
reservas para tus fieles.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: El bienaventurado Bernardo, cuyo espíritu fue admirablemente iluminado por el resplandor del Verbo eterno, iluminó a su vez con su fe y enseñanzas a toda la Iglesia.
Vísperas: Bernardo, doctor melifluo, amigo del Esposo y admirable predicador de la Virgen Madre, brilló en Claraval como pastor preclaro.
Oración
Dios nuestro, que hiciste que el abad san Bernardo, encendido en el celo de tu casa, no sólo ardiera en tu amor, sino que resplandeciera en tu Iglesia para iluminarla, concédenos, por su intercesión, que, animados de ese mismo espíritu, vivamos siempre como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE AGOSTO
SAN PÍO X, papa
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo papa.
SEGUNDA LECTURA
De la constitución apostólica Divino afflatu, del papa san Pío décimo
(AAS 3 [1911), 633-635)
LA VOZ DE LA IGLESIA QUE RESUENA DULCEMENTE
Es un hecho demostrado que los salmos, compuestos por inspiración divina, cuya colección forma parte de las sagradas Escrituras, ya desde los orígenes de la Iglesia sirvieron admirablemente para fomentar la piedad de los fieles, que ofrecían continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que confiesan su nombre, y que además, por una costumbre heredada del antiguo Testamento, alcanzaron un lugar importante en la sagrada liturgia y en el Oficio divino. De ahí nació lo que san Basilio llama «la voz de la Iglesia», y la salmodia, calificada por nuestro antecesor Urbano octavo como «hija de la himnodia que se canta asiduamente ante el trono de Dios y del Cordero», y que, según el dicho de san Atanasio, enseña, sobre todo a las personas dedicadas al culto divino, «cómo hay que alabar a Dios y cuáles son las palabras más adecuadas» para ensalzarlo. Con relación a este tema dice bellamente san Agustín: «Para que el hombre alabara dignamente a Dios, Dios se alabó a sí mismo; y, porque se dignó alabarse, por esto el hombre halló el modo de alabarlo.»
Los salmos tienen, además, una eficacia especial para suscitar en las almas el deseo de todas las virtudes. En efecto «si bien es verdad que toda Escritura, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, inspirada por Dios es útil para enseñar, según está escrito, sin embargo, el libro de los salmos, como el paraíso en el que se hallan (los frutos) de todos los demás (libros sagrados), prorrumpe en cánticos y, al salmodiar pone de manifiesto sus propios frutos junto con aquellos otros.» Estas palabras son también de san Atanasio, quien añade asimismo: «A mi modo de ver, los salmos vienen a ser como un espejo, en el que quienes salmodian se contemplan a sí mismos y sus diversos sentimientos, y con esta sensación los recitan.» San Agustín dice en el libro de sus Confesiones: «¡Cuánto lloré con tus himnos y cánticos, conmovido intensamente por las voces de tu Iglesia que resonaba dulcemente! A medida que aquellas voces se infiltraban en mis oídos, la verdad se iba haciendo más clara en mi interior y me sentía inflamado en sentimientos de piedad, y corrían las lágrimas, que me hacían mucho bien.»
En efecto, ¿quién dejará de conmoverse ante aquellas frecuentes expresiones de los salmos en las que se ensalza de un modo tan elevado la inmensa majestad de Dios, su omnipotencia, su inefable justicia, su bondad o clemencia y todos sus demás infinitos atributos, dignos de alabanza? ¿En quién no encontrarán eco aquellos sentimientos de acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios, o aquellas humildes y confiadas súplicas por los que se espera recibir, o aquellos lamentos del alma que llora sus pecados? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor al descubrir la imagen esbozada de Cristo redentor, de quien san Agustín «oía la voz en todos los salmos, ora salmodiando, ora gimiendo, ora alegre por la esperanza, ora suspirando por la realidad»?
Responsorio 1 Ts 2, 4. 3
R. Así como hemos sido juzgados aptos por Dios para confiarnos
el Evangelio, así lo predicamos, * no buscando agradar a los hombres, sino a Dios.
V. Nuestra
exhortación no procede del error, ni de la impureza ni con engaño.
R. No buscando agradar
a los hombres, sino a Dios.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa san Pío décimo de sabiduría divina y de fortaleza apostólica, concédenos que, dóciles a sus instrucciones y ejemplos, consigamos la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE AGOSTO
LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA,
REINA
Memoria
HIMNO
Asidos de tu falda,
con los ojos
agrandados de asombro, con las manos
apretadas de miedos y
de enojos...
Abres manos vacías de
tus hijos!
Ojos que alzan del suelo su vergüenza
para quedar en tu
mirada fijos;
ojos que te confían
nuestros sueños,
manos que aprietan nuestras esperanzas:
-si somos, ante
ti, niños pequeños-.
Con las manos así, con
la mirada
llena de la alba virgen de tus ojos,
te llamamos: dulcísima
abogada. Amén.
La salmodia, el versículo y la Primera lectura se toman del Común de la Santísima Virgen María .
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Amadeo de Lausana, obispo
(Homilía 7: SC 72, 188. 190.192. 200)
REINA DEL MUNDO Y DE LA PAZ
Observa cuán adecuadamente brilló por toda la tierra, ya antes de la asunción, el admirable nombre de María y se difundió por todas partes su ilustre fama, antes de que fuera ensalzada su majestad sobre los cielos. Convenía, en efecto, que la Madre virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y, así, penetrara luego gloriosa en el cielo; convenía que fuera engrandecida aquí abajo, para penetrar luego, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor.
Así pues, durante su vida mortal, gustaba anticipadamente las primicias del reino futuro, ya sea elevándose hasta Dios con inefable sublimidad, como también descendiendo hacia sus prójimos con indescriptible caridad. Los ángeles la servían, los hombres le tributaban su veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, en la cruz, le hubiese encomendado su Madre virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su Reina, éstos a su Señora, y unos y otros se esforzaban en complacerla con sentimientos de piedad y devoción.
Y ella, situada en la altísima cumbre de sus virtudes, inundada como estaba por el mar inagotable de los carismas divinos, derramaba en abundancia sobre el pueblo creyente y sediento el abismo de sus gracias, que superaban a las de cualquiera otra criatura. Daba la salud a los cuerpos y el remedio para las almas, dotada como estaba del poder de resucitar de la muerte corporal y espiritual. Nadie se apartó jamás triste o deprimido de su lado, o ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la Madre del Señor lo que deseaban.
Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, la Esposa, Madre del Esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras, hacía derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo; el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del Salmista, que decía al Señor: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
Responsorio Ap 12, 1; Sal 44, 10
R. Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del
sol, con la luna bajo sus pies, * y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
V. De pie
a tu derecha está la reina enjoyada con oro de Ofir.
R. Y una corona de doce
estrellas sobre su cabeza.
HIMNO
Vienes del trono de
David profeta
y, radiante de luz, gloriosa brillas
y, en carro de
querubes, te levantas,
Virgen María.
Recibes en tu seno
inmaculado
al Hijo de quien eres sierva e hija;
Dios en tu vientre
virginal se humana,
Virgen María.
Tú misma adoras, en tu
casto seno,
a quien el cielo adora de rodillas
y a quien pedimos la
celeste gloria,
Virgen María.
Danos, Señor y Padre
de las luces,
que vives en eternas alegrías,
habitar con la Reina de los
cielos,
Virgen María. Amén.
Ant. 1. Dichosa eres, María, porque de ti vino la salvación del mundo; tú que ahora vives ya en la gloria del Señor, intercede por nosotros ante tu Hijo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. ¡Alégrate, Virgen María! Tú llevaste en el seno a Cristo, el Salvador. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Is 61, 10
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor la eligió y la predestinó. R. El Señor. V. La hizo morar en su templo santo. R. Y la predestinó. V. Gloria. R. El Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Excelsa Reina del mundo, siempre Virgen María, tú engendraste a Cristo, Señor y Salvador de todos los hombres.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu redención preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado, * líbranos también a nosotros de toda culpa.
Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, * haz también de nosotros templos de tu Espíritu.
Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María a escoger la parte mejor, * ayúdanos a imitarla y a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.
Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al cielo, * haz que aspiremos siempre a los bienes celestiales.
Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a tu derecha a María reina, * danos el gozo de tener parte en su gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que nos has dado como madre y como reina a la Madre de tu Hijo, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que tienes preparada a tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
De hermosas
contradicciones
te vemos, Reina, adornada,
muy mujer para divina,
muy
celestial para humana.
Con admiración, en
ella
se ve la ley derogada,
muy humilde para Reina,
muy exenta para
esclava.
Por su caudillo la
tienen
las celestiales escuadras,
para combatir muy tierna,
para niña
muy armada.
La dignidad de que
goza
con su modestia batalla,
para mandar muy pequeña,
para humillarse
muy alta.
Une en sus divinos
ojos
al temor la confianza,
muy terrible para hermosa,
para espantar
muy amada.
Colocada en el
empíreo,
en la celestial morada,
corto solio a su grandeza,
a su
humildad mucho alcázar. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. (T. P. Aleluya.)
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (T. P. Aleluya.)
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Ga 4, 4-5
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
RESPONSORIO BREVE
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. R. Alégrate, María. V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. R. El Señor está contigo. V. Gloria. R. Alégrate, María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dichosa tú, María, porque has creído lo que te ha dicho el Señor; por eso reinas ya eternamente con Cristo.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
O bien: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia, * concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, * y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que nos has dado como madre y como reina a la Madre de tu Hijo, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria que tienes preparada a tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Hoy, después de las Completas, es oportuno decir la antífona final de la Santísima Virgen Salve, Reina de los cielos.
DÍA 24 DE AGOSTO
SAN BARTOLOMÉ,
APÓSTOL
Fiesta
Del Común
de apóstoles.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la primera carta a los Corintios
(Homilía 4, 3. 4: PG 61, 34-36)
LO DÉBIL DE DIOS ES MÁS FUERTE QUE LOS HOMBRES
El mensaje de la cruz, anunciado por unos hombres sin cultura, tuvo una virtud persuasiva que alcanzó a todo el orbe de la tierra; y se trataba de un mensaje que no se refería a cosas sin importancia, sino a Dios y a la verdadera religión, a una vida conforme al Evangelio y al futuro juicio, un mensaje que convirtió en sabios a unos hombres rudos e ignorantes. Ello nos demuestra que lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
¿En qué sentido es más fuerte? En cuanto que invadió el orbe entero y sometió a todos los hombres, produciendo un efecto contrario al que pretendían todos aquellos que se esforzaban en extinguir el nombre del Crucificado, ya que hizo, en efecto, que este nombre obtuviera un mayor lustre y difusión. Ellos, por el contrario, desaparecieron y, aun durante el tiempo en que estuvieron vivos, nada pudieron contra un muerto. Por esto, cuando un pagano dice de mí que estoy muerto, es cuando muestra su gran necedad; cuando él me considera un necio, es cuando mi sabiduría se muestra superior a la suya; cuando me considera débil, es cuando él se muestra más débil que yo. Porque ni los filósofos, ni los maestros, ni mente humana alguna hubiera podido siquiera imaginar todo lo que eran capaces de hacer unos simples publicanos pescadores. Pensando en esto, decía Pablo: Lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Esta fuerza de la predicación divina la demuestran los hechos siguientes. ¿De dónde les vino a aquellos doce hombres, ignorantes, que vivían junto a lagos, ríos y desiertos, el acometer una obra de tan grandes proporciones y el enfrentarse con todo el mundo ellos, que seguramente no habían ido nunca a la ciudad ni se habían presentado en público? Y más, si tenemos en cuenta que eran miedosos y apocados, como sabemos por la descripción que de ellos nos hace el evangelista, que no quiso disimular sus defectos, lo cual constituye la mayor garantía de su veracidad. ¿Qué nos dice de ellos? Que, cuando Cristo fue apresado, unos huyeron y otro, el primero entre ellos, lo negó, a pesar de todos los milagros que habían presenciado.
¿Cómo se explica, pues, que aquellos que, mientras Cristo vivía, sucumbieron al ataque de los judíos, después, una vez muerto y sepultado, se enfrentaran contra el mundo entero, si no es por el hecho de su resurrección que algunos niegan, y porque les habló y les infundió ánimos? De lo contrario, se hubieran dicho: "¿Qué es esto? ¿No pudo salvarse a sí mismo, y nos va a proteger a nosotros? ¿Cuando estaba vivo, no se ayudó a sí mismo,y ahora, que está muerto, nos tenderá una mano? Él, mientras vivía, no convenció a nadie, y ¿nosotros, con sólo pronunciar su nombre, persuadiremos a todo el mundo? No sólo hacer, sino pensar algo semejante sería una cosa irracional."
Todo lo cual es prueba evidente de que, si no lo hubieran visto resucitado y no hubieran tenido pruebas bien claras de su poder, no se hubieran lanzado a una aventura tan arriesgada.
Responsorio 1 Co 1, 23-24; 2 Co 4, 8; Rm 8, 37
R. Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para
los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo:
* fuerza de
Dios y sabiduría de Dios.
V. Nos aprietan por todos lados; pero en todo esto vencemos
fácilmente por aquel que nos ha amado.
R.
Que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
HIMNO Te Deum
Oración
Fortalece, Señor, nuestra fe, para que nos adhiramos a Cristo, tu Hijo, con la misma sinceridad con que lo hizo el apóstol san Bartolomé, y haz que, por la intercesión de este santo, sea siempre tu Iglesia sacramento de salvación universal para todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 25 DE AGOSTO
SAN LUIS
Del Común
de santos varones.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del testamento espiritual de san Luis a su hijo
(Acta Sanctorum Augusti 5 [1868), 546)
EL REY JUSTO HACE ESTABLE EL PAÍS
Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas; sin ello no hay salvación posible.
Hijo, debes guardarte de todo aquello que sabes que desagrada a Dios, esto es, de todo pecado mortal, de tal manera que has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.
Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente y con acción de gracias, pensando que es para tu bien y que es posible que la hayas merecido. Y, si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas.
Asiste, de buena gana y con devoción, al culto divino y, mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor con oración vocal o mental.
Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades. Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Para con tus súbditos obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón. Pon la mayor diligencia en que todos tus súbditos vivan en paz y con justicia, sobre todo las personas eclesiásticas y religiosas.
Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al sumo pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.
Hijo amadísimo, llegado al final, te doy toda la bendición que un padre amante puede dar a su hijo; que la santísima Trinidad y todos los santos te guarden de todo mal. Y que el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad, de tal manera que reciba de ti servicio y honor, y así, después de esta vida, los dos lleguemos a verlo, amarlo y alabarlo sin fin. Amén.
Responsorio 2 R 18, 3. 5. 6. 7
R. Hizo lo que es recto a los ojos del Señor; entre todos los
reyes no hubo otro semejante a él: *
se unió al Señor y no se apartó de él.
V. Guardó
sus mandamientos y el Señor estuvo con él
R.
Se unió al Señor y no se apartó de él.
Oración
Señor, tú que elevaste a san Luis de los cuidados de un reino terreno a la gloria del reino celestial, concédenos, ayudados por su intercesión, que, por medio del desempeño de nuestras tareas humanas, tendamos constantemente hacia tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 25 DE AGOSTO
SAN JOSÉ DE
CALASANZ,
presbítero
Del Común
de santos varones: para los santos educadores o del Común
de pastores: para un santo presbítero.
SEGUNDA LECTURA
De los escritos de san José de Calasanz, presbítero
(Memorial al cardenal M. A. Tonti, 1621: Ephemerides Calasantiae 36, 9-10, Roma 1967, pp. 473-474; L. Picanyol, Epistolario di S. Giuseppe Calasanzio, 9 volúmenes, edición calasancia, Roma 1951-1956, passim)
PROCUREMOS VIVIR UNIDOS A CRISTO Y AGRADARLE SÓLO A ÉL
Nadie ignora la gran dignidad y mérito que tiene el ministerio de instruir a los niños, principalmente a los pobres, ayudándolos así a conseguir la vida eterna. En efecto, la solicitud por instruirlos, principalmente en la piedad y en la doctrina cristiana, redunda en bien de sus cuerpos y de sus almas, y, por esto, los que a ello se dedican ejercen una función muy parecida a la de sus ángeles custodios.
Además, es una gran ayuda para que los adolescentes de cualquier género o condición, se aparten del mal y se sientan suavemente atraídos e impulsados a la práctica del bien. La experiencia demuestra que, con esta ayuda, los adolescentes llegan a mejorar de tal modo su conducta, que ya no parecen los mismos de antes. Mientras son adolescentes, son como retoños de plantas que su educador puede inclinar en la dirección que le plazca, mientras que, si se espera a que endurezcan, ya sabemos la gran dificultad o, a veces, la total imposibilidad que supone el doblegarlos.
La adecuada educación de los niños, principalmente de los pobres, no sólo contribuye al aumento de su dignidad humana, sino que es algo que merece la aprobación de todos los miembros de la sociedad civil y cristiana: de los padres, que son los primeros en alegrarse de que sus hijos sean conducidos por el buen camino; de los gobernantes, que obtienen así unos súbditos honrados y unos buenos ciudadanos; y, sobre todo, de la Iglesia, ya que son introducidos de un modo más eficaz en su multiforme manera de vivir y de obrar, como seguidores de Cristo y testigos del Evangelio.
Los que se comprometen a ejercer con la máxima solicitud esta misión educadora han de estar dotados de una gran caridad, de una paciencia sin límites y, sobre todo, de una profunda humildad, para que así sean hallados dignos de que el Señor, si se lo piden con humilde afecto, los haga idóneos cooperadores de la verdad, los fortalezca en el cumplimiento de este nobilísimo oficio y les dé finalmente el premio celestial, según aquellas palabras de la Escritura: Los que enseñaron a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por toda la eternidad.
Todo esto conseguirán más fácilmente si, fieles a su compromiso perpetuo de servicio, procuran vivir unidos a Cristo y agradarle sólo a él, ya que él ha dicho: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Responsorio 1 Ts 2, 8; Ga 4, 19
R. Queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso
nuestro propio ser, * porque habíais llegado a sernos muy queridos.
V. Hijos míos, por
quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros.
R. Porque
habíais llegado a sernos muy queridos.
Oración
Dios nuestro, que adornaste a san José de Calasanz con una gran caridad y abnegación, para que entregara su vida a la enseñanza y educación de la juventud y la niñez, concédenos que, así como veneramos en él a un maestro de sabiduría, así también imitemos su total entrega al servicio de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 27 DE AGOSTO
SANTA MÓNICA
Memoria
Del Común
de santas mujeres.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo
(Libro 9,10, 23-11, 28: CSEL 33, 215-219)
ALCANCEMOS LA SABIDURÍA ETERNA
Cuando ya se acercaba el día de su muerte —día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos—, sucedió por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos. Hablábamos, pues, los dos solos, muy dulcemente y, olvidando lo que queda atrás y lanzándonos hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vio ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti.
Tales cosas decía yo, aunque no de este modo ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que, cuando hablábamos aquel día de estas cosas —y mientras hablábamos íbamos encontrando despreciable este mundo con todos sus placeres—, ella dijo:
«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»
No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero, al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y, estando así enferma, un día sufrió un colapso y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto recobró el conocimiento, nos miró, a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:
«¿Dónde estaba?»
Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:
«Enterrad aquí a vuestra madre.»
Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo referente a que él hubiera deseado que fuera enterrada en su patria y no en país lejano. Ella lo oyó y, con cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y, mirándome a mí, dijo:
«Mira lo que dice.»
Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:
«Sepultad este cuerpo en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido es que os acordéis de mí ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis.»
Habiendo manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.
Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.
Responsorio 1 Co 7, 29. 30. 31; 2, 12
R. El momento es apremiante. Queda como solución: que los que están alegres vivan como si no lo estuvieran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: * Porque la presentación de este mundo se termina. V. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo. R. Porque la presentación de este mundo se termina.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: La escuchaste, Señor, cuando, regando con sus lágrimas la tierra, acudía a ti en la oración.
Vísperas: Cuando aún permanecía en el cuerpo, vivía ya Mónica de tal manera con Cristo, que su fe y sus costumbres eran una perfecta alabanza al nombre de Dios.
Oración
Dios de bondad, consolador de los que lloran, tú que, lleno de compasión, acogiste las lágrimas que santa Mónica derramaba pidiendo la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por la intercesión de ambos, el arrepentimiento sincero de nuestros pecados y la gracia de tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 28 DE AGOSTO
SAN AGUSTÍN,
obispo y doctor de
la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo y del Común
de doctores de la Iglesia.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo
(Libros 7,10.18;10, 27: CSEL 33,157-163. 255)
¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!
Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.
¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: "Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí."
Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.
¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.
Responsorio S. Agustín, Confesiones
R. ¡Oh verdad, luz de mi corazón! No son ya mis tinieblas las
que me hablan: me había equivocado, pero me acordé de ti; * y ahora vuelvo a tu
fuente, sediento y anhelante.
V.
No soy yo mi propia vida; por mí mismo, sólo
viví mal, mas luego en ti resucité.
R.
Y ahora vuelvo a tu fuente, sediento y
anhelante.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: De ti mismo proviene, Señor, la atracción a tu alabanza, porque nos has hecho para ti, y nuestro corazón no halla sosiego hasta que descanse en ti.
Vísperas: ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera.
Oración
Renueva, Señor, en tu Iglesia aquel espíritu que, con tanta abundancia, otorgaste al obispo san Agustín, para que también nosotros tengamos sed de ti, única fuente de la verdadera sabiduría, y en ti, único manantial del verdadero amor, encuentre descanso nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 29 DE AGOSTO
EL MARTIRIO DE SAN JUAN
BAUTISTA
Memoria
Ant. Venid, adoremos al Cordero de Dios a quien Juan precedió en el martirio.
HIMNO
Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar
verdades.
Sacudiste el azote
ante el poder soberbio;
y ante el Sol que nacía
se apagó tu lucero.
Por fin, en un
banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó
el desierto.
Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar
verdades. Amén.
La salmodia, el versículo y la Primera lectura se toman del Común de un mártir .
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Homilía 23: CCL 122, 354. 356-357)
PRECURSOR DEL NACIMIENTO Y DE LA MUERTE DE CRISTO
El santo Precursor del nacimiento, de la predicación y de la muerte del Señor mostró en el momento de la lucha suprema una fortaleza digna de atraer la mirada de Dios ya que, como dice la Escritura, la gente pensaba que cumplía una pena, pero él esperaba de lleno la inmortalidad. Con razón celebramos su día natalicio, que él ha solemnizado con su martirio y adornado con el fulgor purpúreo de su sangre; con razón veneramos con gozo espiritual la memoria de aquel que selló con su martirio el testimonio que había dado del Señor.
No debemos poner en duda que san Juan sufrió la cárcel y las cadenas y dio su vida en testimonio de nuestro Redentor, de quien fue precursor, ya que, si bien su perseguidor no lo forzó a que negara a Cristo, sí trató de obligarlo a que callara la verdad; ello es suficiente para afirmar que murió por Cristo.
Cristo, en efecto, dice: Yo soy la verdad; por consiguiente, si Juan derramó su sangre por la verdad, la derramó por Cristo; y él, que precedió a Cristo en su nacimiento, en su predicación y en su bautismo, anunció también con su martirio, anterior al de Cristo, la pasión futura del Señor.
Este hombre tan eximio terminó, pues, su vida derramando su sangre, después de unlargo y penoso cautiverio. Él que había evangelizado la libertad de una paz que viene de arriba, fue encarcelado por unos hombres malvados; fue encerrado en la oscuridad de un calabozo aquel que vino a dar testimonio de la luz y a quien Cristo, la luz en persona, dio el título de "lámpara que arde y brilla"; fue bautizado en su propia sangre aquel a quien fue dado bautizar al Redentor del mundo, oír la voz del Padre que resonaba sobre Cristo y ver la gracia del Espíritu Santo que descendía sobre él. Mas, a él, todos aquellos tormentos temporales no le resultaban penosos, sino más bien leves y agradables, ya que los sufría por causa de la verdad y sabía que habían de merecerle un premio y un gozo sin fin.
La muerte —que de todas maneras había de acaecerle por ley natural— era para él algo apetecible, teniendo en cuenta que la sufría por la confesión del nombre de Cristo y que con ella alcanzaría la palma de la vida eterna. Bien lo dice el Apóstol: A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. El mismo Apóstol explica, en otro lugar, por qué sea un don el hecho de sufrir por Cristo: Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
Responsorio Mc 6, 17. 27
R. Herodes había mandado prender a Juan y, cargándolo de
cadenas, lo metió en la cárcel, * por instigación de Herodías, la mujer de su hermano, con la
cual se había casado.
V. Y envió a uno de sus guardias, que lo decapitó en la
cárcel.
R. Por instigación de Herodías, la mujer de su hermano, con la
cual se había casado.
HIMNO
Varón feliz de méritos
excelsos,
que mantienes sin mancha tu pureza,
santo eremita, mártir
esforzado,
magno profeta.
Hoy, cuando triunfas
valeroso, arranca
de nuestro pecho el corazón de piedra,
el camino torcido
guía, allana
las asperezas.
Porque, al venir el
Redentor piadoso
y libres ya las mentes de torpeza,
se digne colocar sus
plantas límpidas
sobre la tierra.
La corte celestial con
alabanzas
a ti, Dios trino y uno, te celebra,
mientras los redimidos
imploramos
hoy tu clemencia. Amén.
Ant. 1. El Señor extendió la mano y me tocó la boca, y me nombró profeta de los gentiles.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Herodes sentía respeto por la persona de Juan, sabiendo que era un hombre santo y consagrado al servicio de Dios, y le otorgaba su protección.
Ant. 3. Herodes escuchaba con gusto a Juan, y, en muchas de las cosas que hacía, era aconsejado por él.
LECTURA BREVE Is 49, 1b-2
El Señor me llamó desde el vientre de mi madre, cuando aún estaba yo en el seno materno pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba.
RESPONSORIO BREVE
V. Vosotros mandasteis preguntar a Juan, y él declaró en favor de la verdad. R. Vosotros. V. Juan era la lámpara que arde y que ilumina.
R. Y él declaró en favor de la verdad.
V. Gloria. R. Vosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El amigo del Esposo, que está para asistirle y atenderle, experimenta viva alegría cuando oye la voz del Esposo; así que ésta es mi alegría, la cual ahora rebasa todo límite.
PRECES
Oremos a Cristo, el Señor que envió a Juan a preparar sus caminos delante de él, y digámosle: Visítanos, Sol que naces de lo alto.
Tú que hiciste saltar de gozo a Juan cuando estaba en el vientre de su madre, * haz que siempre nos alegremos de que hayas venido al mundo.
Tú que nos mostraste el camino de la conversión por la palabra y por el ejemplo del Bautista, * ilumina nuestros corazones, para que se conviertan a las enseñanzas de tu reino.
Tú que quieres mostrarte a los hombres por la predicación de los hombres, * envía a todo el mundo profetas que anuncien tu Evangelio.
Tú que quisiste ser bautizado por Juan en el Jordán para llevar a término toda justicia, * haz que trabajemos por la justicia de tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que san Juan Bautista fuera el precursor de tu Hijo, tanto en su nacimiento como en su muerte, concédenos que, así como él dio su vida por dar testimonio de la verdad y de la justicia, así también nosotros entreguemos generosamente la nuestra al testimonio y servicio del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Ángel fiel de la
verdad,
precursor del que es la gracia,
mensajero de la luz,
de Cristo
perenne lámpara.
Con la voz, vida y
acciones,
profecías anunciaba,
añadiendo su martirio
a las señales
sagradas.
Él, al nacer,
descubrió
al que es del mundo esperanza,
y al propio autor del
bautismo
señaló sobre las aguas.
De cuya muerte
inocente,
que da la vida a las almas,
dio testimonio el Bautista
con su
sangre derramada.
Concede, Padre
piadoso,
seguir de Juan las pisadas,
para disfrutar con Cristo
de la
eterna venturanza. Amén.
Ant. 1. «No les tengas miedo, que yo estoy contigo», dice el Señor.
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant. 1. «No les tengas miedo, que yo estoy contigo», dice el Señor.
Ant. 2. Herodes envió a uno de sus guardias para decapitar a Juan en la cárcel.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. Herodes envió a uno de sus guardias para decapitar a Juan en la cárcel.
Ant. 3. Los discípulos de Juan vinieron a recoger el cadáver y lo depositaron en un sepulcro.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3. Los discípulos de Juan vinieron a recoger el cadáver y lo depositaron en un sepulcro.
LECTURA BREVE Hch 13, 23-25
Según lo prometido, Dios sacó para Israel de la descendencia de David un Salvador, Jesús. Y su precursor fue Juan. Ya éste, antes de presentarse Jesús, había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo como señal de arrepentimiento. Y, cuando estaba para terminar su misión, solía decir: «No soy yo el que vosotros os imagináis. Pero, mirad, viene otro después de mí; y yo no soy digno de desatar su calzado.»
RESPONSORIO
BREVE
V.
El amigo del Esposo experimenta viva alegría
cuando oye la voz del Esposo. R. El amigo del Esposo.
V. Ésta es mi alegría, la cual ahora rebasa todo límite. R. Cuando oye la voz del Esposo. V. Gloria. R. El amigo del Esposo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Yo no soy el Mesías, sino que soy enviado delante de él; es preciso que él crezca y que yo disminuya.
PRECES
Oremos confiados al Señor, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres el reino de Cristo, y digámosle: Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.
Tú, Señor, que llamaste a Juan cuando estaba aún en las entrañas maternas y lo elegiste para que preparara los caminos de tu Hijo, * danos ánimos para seguir siempre a Cristo con la misma fidelidad con que Juan lo precedió.
Tú que concediste al Bautista reconocer al Cordero de Dios, * concede a la Iglesia anunciar a Cristo de tal manera que los hombres de nuestro tiempo puedan reconocerle.
Tú que dispusiste que Juan menguase y que Cristo creciera, * enséñanos a saber humillarnos, para que brille Cristo a los ojos de los hombres.
Tú que, por el martirio de Juan, quisiste manifestar la justicia, * concédenos testificar tu verdad con valentía, sin temor a la tribulación.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de los que han salido ya de este mundo * y colócalos en el reino de la luz y de la paz.
Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que san Juan Bautista fuera el precursor de tu Hijo, tanto en su nacimiento como en su muerte, concédenos que, así como él dio su vida por dar testimonio de la verdad y de la justicia, así también nosotros entreguemos generosamente la nuestra al testimonio y servicio del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 30 DE AGOSTO
SANTA ROSA DE LIMA,
VIRGEN
PATRONA DE AMÉRICA LATINA
Fiesta
(En algunos lugares se celebra
el 23 de agosto)
Del Común de vírgenes o del Común de santas mujeres: para los santos religiosos
Oficio de lectura
HIMNO
La santidad de Rosa cantad, ángeles,
y todas las milicias de
los cielos,
y en todas partes canten sus
virtudes
las turbas de mortales en el
suelo.
Es la primera víctima de amores
qUe ofrece en altares
nuestra América:
un poderoso auxilio para
el mundo
y un refulgente ejemplo de
inocencia.
Les da a los ciegos el gozar la vista
desata las cadenas de las
lenguas,
levanta a los inválidos del
lecho,
y cura su oración toda
dolencia.
Oh Trinidad, perpetuas alabanzas
te sean dadas hoy y en
todo tiempo
con santa Rosa lleva nUestras
almas
al gozo de las bodas del Cordero.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Virgen ilustre, sensata, prudente en tu decisión, tienes como esposo del alma al Verbo inmaculado.
Los salmos se toman del Común de vírgenes .
Ant. 2. Por amor a mi Señor Jesucristo, tuve en nada los bienes de este mundo y del tiempo presente.
Ant. 3. Prendado está el rey de tu belleza, porque él es tu Señor y tu Dios.
V. Me enseñarás el sendero de la vida.
R. Me saciarás de gozo
en tu presencia.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 117
VUESTRA VIDA ESTÁ OCULTA CON CRISTO EN DIOS
Hermanos: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de gloria.
Mortificad las pasiones de vuestro hombre terrenal: la fornicación, la impureza, la concupiscencia, los malos deseos y la avaricia, que es una idolatría. Por ellas se desata la cólera de Dios.
En todo eso anduvisteis también vosotros, cuando vivíais entregados a ellas. Pero ahora dejad también vosotros a un lado todo eso: la ira, la indignación, la malignidad, la maledicencia y el torpe lenguaje. No os engañéis unos a otros.
Despojaos del hombre viejo con sus malas pasiones y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento pleno de Dios y se va configurando con la imagen del que lo creó. Así, ya no hay griego ni judío, ni circunciso ni incircunciso, ni bárbaro ni escita, ni esclavo ni libre. Sólo Cristo todo y en todos.
Por lo tanto, como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Por encima de todo, procurad el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y vivid siempre agradecidos. Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.
Responsorio Ga 3, 27. 28; cf. Ef 4, 24
R. Todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis
revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judío y gentil: * todos sois uno en Cristo
Jesús.
V. Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de
Dios: justicia y santidad verdaderas.
R.
Todos sois uno en Cristo Jesús.
SEGUNDA LECTURA
De los Escritos de santa Rosa de Lima, virgen
(Al médico Castillo: edición L. Getino, La patrona de América, Madrid 1928, pp. 54-55)
CONOZCAMOS EL AMOR DE CRISTO, QUE EXCEDE TODO CONOCIMIENTO
El Salvador levantó la voz y dijo, con
incomparable majestad:
«Conozcan todos que la gracia sigue a
la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de
la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se
aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: ésta es la
única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde
se pueda subir al cielo!»
Oídas estas palabras, me sobrevino un
ímpetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes
clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y
condición que fuesen:
«Oíd, pueblo; oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras
tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer
aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la
participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y
la perfecta hermosura del alma.»
Este mismo estímulo me impulsaba
impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me
hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel
del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más
agilidad, se había de ir por el mundo, dando voces:
«¡Oh, si conociesen los mortales qué
gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas
esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían
toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían
todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de
aventuras, por conseguir el tesoro inestimable de la gracia. Esta es la
mercancía y logro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría
de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conociera las balanzas
donde se pesan para repartirlos entre los hombres.»
Responsorio 1Co 1, 27. 28.29; Sal 137, 6
R. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para confundir a los
sabios; ha escogido lo que no cuenta, para anular a lo que
cuenta; * de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del
Señor.
V. El Señor es sublime, se fija
en el humilde, y de lejos conoce al soberbio.
R. De modo que nadie pueda gloriarse en presencia del
Señor.
HIMNO
Cuando, Señor, en
quieta lontananza
se encienden los fulgores de este día,
no dejes de
avivar nuestra esperanza,
atiende al corazón que en ti confía.
Van a pasar por manos
laboriosas
los granos de un rosario de ilusiones,
acógelas, Señor, que son
hermosas,
amor y don de nuestros corazones.
Mujer llena de Dios,
oh santa Rosa,
vivir para el Señor, para el Amado,
fue el ansia de tu
amor, gracia divina,
llevada de su fuerza y de su mano.
No olvides los que
vamos de camino:
siguiendo en el desierto tus pisadas,
aboga ante el Señor
favor divino
seguir como seguiste sus llamadas.
Proclamen nuestros
labios la grandeza
del Padre que en el Hijo nos dio gozo,
y, siendo
nuestra herencia la pobreza,
nos colma de su amor el Fuego Santo.
Amén.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia; he de gloriarme en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Oración
Dios nuestro, que impulsaste a santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor tuyo y a consagrarse sólo a ti, en la austeridad y en la penitencia, concédenos, por su intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida, para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Aplaudan a esta
Rosa
las rosas de la tierra;
resuene su alabanza
del sol a las
estrellas.
Una Rosa de
gracia
en un rosal de penas;
por las culpas del mundo
hirió su carne
tierna.
Roja Rosa del
cielo,
virgen Rosa limeña:
un puñado de gozo
y un haz de
penitencias.
Danos, Padre, el
perfume
de esta Rosa pequeña;
que su rocío fecunde
estas tierras de
América. Amén.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Mi Señor Jesucristo se desposó conmigo con su anillo, y como verdadera esposa me adornó con una corona.
Oración
Dios nuestro, que impulsaste a santa Rosa de Lima a apartarse de la vida del mundo por amor tuyo y a consagrarse sólo a ti, en la austeridad y en la penitencia, concédenos, por su intercesión, que sepamos seguir, en este mundo, el camino que conduce a la verdadera vida, para que lleguemos a gozar del torrente de tus delicias allá en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 3 DE SEPTIEMBRE
SAN GREGORIO MAGNO,
papa y
doctor de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo papa, del Común
de doctores de la Iglesia.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro del profeta Ezequiel
(Libro 1,11, 4-6: CCL 142,170-172)
POR AMOR A CRISTO, CUANDO HABLO DE ÉL, NI A MÍ MISMO ME PERDONO
Hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel. Fijémonos cómo el Señor compara sus predicadores a un atalaya. El atalaya está siempre en un lugar alto para ver desde lejos todo lo que se acerca. Y todo aquel que es puesto como atalaya del pueblo de Dios debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de preverlo todo y ayudar así a los que tiene bajo su custodia.
Estas palabras que os dirijo resultan muy duras para mí, ya que con ellas me ataco a mí mismo, puesto que ni mis palabras ni mi conducta están a la altura de mi misión.
Me confieso culpable, reconozco mi tibieza y mi negligencia. Quizá esta confesión de mi culpabilidad me alcance el perdón del Juez piadoso. Porque, cuando estaba en el monasterio, podía guardar mi lengua de conversaciones ociosas y estar dedicado casi continuamente a la oración. Pero, desde que he cargado sobre mis hombros la responsabilidad pastoral, me es imposible guardar el recogimiento que yo querría, solicitado como estoy por tantos asuntos.
Me veo, en efecto, obligado a dirimir las causas, ora de las diversas Iglesias, ora de los monasterios, y a juzgar con frecuencia de la vida y actuación de los individuos en particular; otras veces tengo que ocuparme de asuntos de orden civil, otras, de lamentarme de los estragos causados por las tropas de los bárbaros y de temer por causa de los lobos que acechan al rebaño que me ha sido confiado. Otras veces debo preocuparme de que no falte la ayuda necesaria a los que viven sometidos a una disciplina regular, a veces tengo que soportar con paciencia a algunos que usan de la violencia, otras, en atención a la misma caridad que les debo, he de salirles al encuentro.
Estando mi espíritu disperso y desgarrado con tan diversas preocupaciones, ¿cómo voy a poder reconcentrarme para dedicarme por entero a la predicación y al ministerio de la palabra? Además, muchas veces, obligado por las circunstancias, tengo que tratar con las personas del mundo, lo que hace que alguna vez se relaje la disciplina impuesta a mi lengua. Porque, si mantengo en esta materia una disciplina rigurosa, sé que ello me aparta de los más débiles, y así nunca podré atraerlos adonde yo quiero. Y esto hace que, con frecuencia, escuche pacientemente sus palabras, aunque sean ociosas. Pero, como yo también soy débil, poco a poco me voy sintiendo atraído por aquellas palabras ociosas, y empiezo a hablar con gusto de aquello que había empezado a escuchar con paciencia, y resulta que me encuentro a gusto postrado allí mismo donde antes sentía repugnancia de caer.
¿Qué soy yo, por tanto, o qué clase de atalaya soy, que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de la montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de mi debilidad? Pero el Creador y Redentor del género humano es bastante poderoso para darme a mí, indigno, la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me perdono.
Responsorio
R. Sacando de la fuente de la sagrada Escritura enseñanzas
morales y místicas, hizo llegar hasta el pueblo las corrientes del Evangelio;
* Y, después
de muerto aún sigue enseñando.
V.
Como un águila que recorre el mundo, cuida de
mayores y pequeños con magnánima caridad.
R.
Y, después de muerto aún sigue enseñando.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Gregorio, pastor eximio, fue un modelo acabado de vida pastoral y nos legó una regla segura para seguir esa vida.
Vísperas: El papa san Gregorio realizaba en su vivir lo que enseñaba con sus labios; así fue ejemplo vivo de aquella vida cristiana que explicó con su palabra.
Oración
Señor Dios, que cuidas a tu pueblo con ternura y lo gobiernas con amor, te pedimos que, por intercesión del papa san Gregorio Magno, concedas el espíritu de sabiduría a quienes has establecido como maestros y pastores de la Iglesia, para que así el progreso de los fieles constituya el gozo eterno de sus pastores. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 8 DE SEPTIEMBRE
LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA
VIRGEN MARÍA
Fiesta
Ant. Celebremos el nacimiento de la Virgen María; adoremos a su Hijo Jesucristo, el Señor.
HIMNO
Niña de Dios, por
nuestro bien nacida;
tierna, pero, tan fuerte, que la frente,
en
soberbia maldad endurecida,
quebrantasteis de la infernal serpiente;
brinco de Dios, de nuestra muerte vida,
pues vos fuisteis el medio
conveniente
que redujo a pacífica concordia
de Dios y el hombre la
mortal discordia.
Creced, hermosa
planta, y dad el fruto
presto en sazón, por quien el alma espera
cambiar
en ropa rozagante el luto
que la gran culpa le vistió primera.
De aquel
inmenso y general tributo,
la paga conveniente y verdadera
en vos se ha
de fraguar: creced, Señora,
que sois universal remediadora.
Gloria al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.
SALMODIA
Las antífonas, los salmos y el versículo se toman del Común de Santa María Virgen .
PRIMERA LECTURA
Del libro del Génesis
SENTENCIA CONTRA EL PECADO Y PROMESA DE SALVACIÓN
En aquellos días, el Señor llamó al hombre:
«¿Dónde estás?»
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»
El Señor le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí. »
El Señor dijo a la mujer:
«¿Qué es lo que has hecho?»
Ella respondió:
«La serpiente me engañó, y comí.»
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.
A la mujer le dijo:
«Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.
Al hombre le dijo:
«Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa; comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.»
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.
Responsorio
R. Hoy ha nacido la Virgen María del linaje de David.
* Por ella
vino la salvación del mundo a los creyentes, y por su vida gloriosa todo el orbe
quedó iluminado.
V. Celebremos con devoción el nacimiento de la bienaventurada
Virgen María.
R. Por ella vino la salvación del mundo a los creyentes, y por
su vida gloriosa todo el orbe quedó iluminado.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Andrés de Creta, obispo (Sermón 1: PG 97, 806-810)
LO ANTIGUO HA PASADO, LO NUEVO HA COMENZADO
Cristo es el fin de la ley: él nos hace pasar de la esclavitud de esta ley a la libertad del espíritu. La ley tendía hacia él como a su complemento; y él, como supremo legislador, da cumplimiento a su misión, transformando en espíritu la letra de la ley. De este modo, hacía que todas las cosas lo tuviesen a él por cabeza. La gracia es la que da vida a la ley y, por esto, es superior a la misma, y de la unión de ambas resulta un conjunto armonioso, conjunto que no hemos de considerar como una mezcla, en la cual alguno de los dos elementos citados pierda sus características propias, sino como una transmutación divina, según la cual todo lo que había de esclavitud en la ley se cambia en suavidad y libertad, de modo que, como dice el Apóstol, no vivamos ya esclavizados por lo elemental del mundo, ni sujetos al yugo y a la esclavitud de la ley.
Éste es el compendio de todos los beneficios que Cristo nos ha hecho; ésta es la revelación del designio amoroso de Dios: su anonadamiento, su encarnación y la consiguiente divinización del hombre. Convenía, pues, que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara a recibir con gozo el gran don de la salvación. Y éste es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes, exordio que hallará su término y complemento en la unión del Verbo con la carne que le estaba destinada. El día de hoy nació la Virgen; es luego amamantada y se va desarrollando; y es preparada para ser la Madre de Dios, rey de todos los siglos.
Un doble beneficio nos aporta este hecho: nos conduce a la verdad y nos libera de una manera de vivir sujeta a la esclavitud de la letra de la ley. ¿De qué modo tiene lugar esto? Por el hecho de que la sombra se retira ante la llegada de la luz, y la gracia sustituye a la letra de la ley por la libertad del espíritu. Precisamente la solemnidad de hoy representa el tránsito de un régimen al otro en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo.
Que toda la creación, pues, rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día. Cielo y tierra se unen en esta celebración, y que la festeje con gozo todo lo que hay en el mundo y por enésima del mundo. Hoy, en efecto, ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y la creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al supremo Hacedor.
Responsorio
R. Celebremos con devoción, en este día del natalicio de
María, Virgen perpetua y Madre de Dios, *
cuya vida ilustre da esplendor a todas las
Iglesias.
V. Con todo el corazón y toda el alma, cantemos la gloria de
Cristo en esta sagrada fiesta de María, la excelsa Madre de Dios.
R. Cuya vida ilustre da
esplendor a todas las Iglesias.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Desde el albor de
nuestra historia,
suave, discreta y escondida,
llega María a nuestra
tierra,
Virgen y Madre prometida.
La luz del Hijo la
rodea,
por él es bella sin medida,
y no hay bondad entre los
hombres
que pueda serle parecida.
Suba al Señor cual
blanca nube
esta alabanza proferida:
a Dios bendito bendecimos
por la
que fue la Bendecida. Amén.
Ant. 1. Hoy es el nacimiento de la gloriosa Virgen María, del linaje de Abraham, nacida de la tribu de Judá, y de la noble estirpe de David.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Gloriosa es la estirpe de María, santa su raíz, bendito el fruto de su vientre; su nacimiento ilumina al mundo entero.
Ant. 3. Celebremos con gozo el nacimiento de santa María y pidámosle que interceda por nosotros ante Jesucristo, nuestro Señor.
LECTURA BREVE
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Dios la eligió y la predestinó. R. Dios. V. La hizo morar en su templo santo. R. Y la predestinó. V. Gloria. R. Dios.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Tu nacimiento, santa Madre de Dios, ha anunciado la alegría al mundo entero, pues de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios: él ha sido quien, destruyendo la maldición, nos ha aportado la bendición y, aniquilando la muerte, nos ha otorgado la vida eterna.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, * haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, * líbranos de toda ocasión de pecado.
Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, * por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre, * haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Concede a tus siervos, Señor, el don de tu gracia, para que, a quienes recibimos las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, la fiesta anual de su nacimiento nos traiga aumento de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Vino a la vida para
que la muerte
dejara de vivir en nuestra vida,
y para que lo que antes era
vida
fuera más muerte que la misma muerte.
Vino a la vida para
que la Vida
pudiera darnos vida con su muerte,
y para que lo que antes era
muerte
fuera más vida que la misma vida.
Desde entonces la vida
es tanta vida
y la muerte de ayer tan poca muerte,
que si a la vida le
faltara vida
y a nuestra muerte le
sobrara muerte,
con esta vida nos daría tal vida
para dar muerte al resto
de la muerte. Amén.
Ant. 1. De la estirpe de Jesé nació la Virgen María, en cuyo tálamo tuvo morada el Espíritu del Dios altísimo.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. De la estirpe de Jesé nació la Virgen María, en cuyo tálamo tuvo morada el Espíritu del Dios altísimo.
Ant. 2. Hoy es el nacimiento de la santa María Virgen, cuya hermosura y humildad miró Dios complacido.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Hoy es el nacimiento de la santa María Virgen, cuya hermosura y humildad miró Dios complacido.
Ant. 3. Bendita y venerable eres, santa María, virgen y madre de Dios; al celebrar tu nacimiento, te pedimos que intercedas por nosotros al Señor, nuestro Dios.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Bendita y venerable eres, santa María, virgen y madre de Dios; al celebrar tu nacimiento, te pedimos que intercedas por nosotros al Señor, nuestro Dios.
LECTURA BREVE Rm 9, 4-5
Son ellos israelitas, de quienes es la adopción divina, la manifestación sensible de la presencia de Dios, las alianzas con él, la legislación de Moisés, el culto del templo y las promesas de Dios. De ellos son los patriarcas, y de ellos procede también Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. R. Alégrate, María. V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. R. El Señor está contigo. V. Gloria. R. Alégrate, María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Celebremos el nacimiento glorioso de la Virgen María, quien, ante el anuncio del ángel, concibió al Redentor del mundo, porque Dios había mirado su humillación.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
O bien: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia, * concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, * y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Concede a tus siervos, Señor, el don de tu gracia, para que, a quienes recibimos las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, la fiesta anual de su nacimiento nos traiga aumento de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE SEPTIEMBRE
SAN PEDRO
CLAVER,
presbítero
Del Común
de pastores o del Común
de santos varones: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de San Pedro Claver, presbítero.
(Epist. diei 31 maii 1627 ad Superiorem suum data; Edit (in lingua hispanica) A. Valtierra, S.L., San Pedro Claver, Cartagena, 1964, pp. 140-141)
ENVIADO PARA DAR LA BUENA NOTICIA A LOS QUE SUFREN, PARA VENDAR LOS
CORAZONES DESGARRADOS, PARA PROCLAMAR LA AMNISTÍA A LOS CAUTIVOS.
Ayer, 30 de mayo de este año de 1627, día de la Santísima Trinidad, saltó en tierra un grandísimo navío de negros de los Ríos. Fuimos allí cargados con dos espuertas de naranjas, limones, bizcochuelos y otras cosas. Entramos en sus casas, que parecía otra Guinea. Fuimos rompiendo por medio de la mucha gente hasta llegar a los enfermos, de que había una gran manada echados en el suelo muy húmedo y anegadizo, por lo cual estaba terraplenado de agudos pedazos de tejas y ladrillos, y esta era su cama, con estar en carnes sin un hilo de ropa.
Echamos manteos fuera y fuimos a traer de otra bodega tablas, y entablamos aquel lugar, y trajimos en brazos los muy enfermos, rompiendo por los demás. Juntamos los enfermos en dos ruedas; la una tomó mi compañero con el intérprete, apartados de la otra que yo tomé. Entre ellos había dos muriéndose, ya fríos y sin pulso. Tomamos una teja de brasas y puesta en medio de la rueda junto a los que estaban muriendo, y sacando varios olores de que llevábamos dos bolsas llenas, que se gastaron en esta ocasión y dímosles un sahumerio, poniéndole encima de ellos nuestros manteos, que otra cosa ni la tienen encima, ni hay que perder el tiempo en pedirles a los amos, cobraron calor y nuevos espíritus vitales, el rostro muy alegre, los ojos abiertos y mirándonos.
De esta manera les estuvimos hablando, no con lengua sino con manos y obras, que, como vienen tan persuadidos de que los traen para comerlos, hablarles de otra manera fue con provecho. Asentámonos después o arrodillámonos junto a ellos, y les lavamos los rostros y vientres con vino, y alegrándolos y acariciando mi compañero a los suyos y yo a los míos, les comenzamos a poner delante cuantos motivos naturales hay para alegrar un enfermo.
Hecho esto, entramos en el catecismo del santo bautismo y sus grandiosos efectos en el cuerpo y en el alma, y hechos capaces de ello y respondiéndonos a las preguntas hechas sobre lo enseñado, pasamos al catecismo grande: Uno, remunerador, castigador, etc. Luego les pedimos afectos de dolor, aborrecimiento de sus pecados, etc. Estando ya capaces, les declaramos los misterios de la Santísima Trinidad, Encarnación y Pasión, y poniéndoles delante una imagen de Cristo Señor Nuestro en la Cruz, que se levanta de una pila bautismal y de sus sacratísimas llagas caen en ella arroyos de sangre, les rezamos, en su lengua, el acto de contricción.
Responsorio Mt 25, 35-40; Jn 15, 12
R. Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de
beber, fui forastero y me hospedásteis. *
Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con
uno de estos humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
V. Este es mi
mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
R. Os aseguro que cada
vez que lo hicisteis con uno de estos humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Oración
Oh Dios, que, con el fin de llevar el Evangelio a los esclavos negros, has dotado a san Pedro Claver de admirable amor y paciencia, concédenos, por su intercesión y ejemplo, que, superadas todas las discriminaciones raciales, amemos a todos los hombres con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE SEPTIEMBRE
SAN JUAN CRISÓSTOMO,
obispo y
doctor de la Iglesia
Fiesta
Del Común
de pastores o del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(Homilía antes de partir en exilio, 1-3: PG 52, 427*-430)
PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO, Y UNA GANANCIA EL MORIR
Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.
¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por loslazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que túquieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.
Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.
Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.
Responsorio 2 Tm 2, 9-10; Sal 26, 1
R. Por el Evangelio sufro hasta llevar cadenas, como un
malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada. * Por eso, lo aguanto todo
por los elegidos.
V. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
R. Por
eso, lo aguanto todo por los elegidos.
Oración
Señor Dios, fortaleza de los que en ti confían, tú que quisiste que el obispo san Juan Crisóstomo brillara por su admirable elocuencia y por su gran fortaleza en medio de las pruebas, haz que la sabiduría de este eximio doctor de la Iglesia nos ilumine y que el ejemplo de su invencible constancia nos fortalezca. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 14 DE SEPTIEMBRE
LA EXALTACIÓN DE LA SANTA
CRUZ
Fiesta
I Vísperas - Lectura - Laudes - II Vísperas
HIMNO
Las
banderas reales se adelantan
y la cruz misteriosa en ellas brilla:
la cruz
en que la vida sufrió muerte
y en que, sufriendo muerte, nos dio
vida.
Ella
sostuvo el sacrosanto cuerpo
que, al ser herido por la lanza dura,
derramó
sangre y agua en abundancia
para lavar con ellas nuestras culpas.
En ella
se cumplió perfectamente
lo que David profetizó en su verso,
cuando dijo a
los pueblos de la tierra:
«Nuestro Dios reinará desde un madero.»
¡Árbol
lleno de luz, árbol hermoso,
árbol ornado con la regia púrpura
y destinado
a que su tronco digno
sintiera el roce de la carne pura!
¡Dichosa
cruz que con tus brazos firmes,
en que estuvo colgado nuestro
precio,
fuiste balanza para el cuerpo santo
que arrebató su presa a los
infiernos!
A ti, que
eres la única esperanza,
te ensalzamos, oh cruz, y te rogamos
que
acrecientes la gracia de los justos
y borres los delitos de los
malos.
Recibe,
oh Trinidad, fuente salubre,
la alabanza de todos los espíritus,
y tú que
con tu cruz nos das el triunfo,
añádenos el premio, oh Jesucristo.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El que fue crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.
Salmo
146
PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza. Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel; él sana los corazones destrozados, venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre. Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor, tocad la cítara para nuestro Dios, cubre el cielo de nubes, preparando la lluvia para la tierra;
que hace brotar hierba en los montes, para los que sirven al hombre; que da su alimento al ganado, y a las crías de cuervo que graznan.
No aprecia el vigor de los caballos, no estima los músculos del hombre: el Señor aprecia a sus fieles, que confían en su misericordia.
Ant. 1. El que fue crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.
Ant. 2. En medio de la ciudad santa de Jerusalén está el árbol de la vida, cuyas hojas sirven de medicina para las naciones. Aleluya.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. En medio de la ciudad santa de Jerusalén está el árbol de la vida, cuyas hojas sirven de medicina para las naciones. Aleluya.
Ant 3. Líbrenos Dios de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla
se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant 3. Líbrenos Dios de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo.
LECTURA BREVE 1Co 1, 23-24
Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
RESPONSORIO
BREVE
V. Cuando venga el Señor, aparecerá
el signo de la cruz en el cielo. R. Cuando venga el Señor. V. Cobrad ánimo y levantad
vuestras cabezas: está ya cerca vuestra redención. R. Aparecerá el signo de la
cruz en el cielo. V. Gloria. R. Cuando venga el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos, para así entrar en su gloria.
PRECES
Oremos a nuestro Redentor, que por su cruz ha salvado, y digámosle confiados: Por tu cruz, Señor, llévanos a tu reino.
Oh Cristo, que te anonadaste a ti mismo, tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos, * haz que la Iglesia imite siempre tu humildad.
Cristo Señor, que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte y una muerte de cruz, * haz que te sigamos por el camino de la obediencia y de la paciencia.
Cristo Señor, que fuiste levantado por Dios y recibiste el «Nombre-sobre-todo-nombre», * concede a todos tus fieles perseverar hasta el fin.
Cristo Jesús, ante cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo, * haz que todos los hombres te adoren y vivan en tu paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo Jesús, a quien toda lengua proclamará: Señor, para gloria de Dios Padre, * recibe a nuestros hermanos difuntos en el reino de la eterna felicidad.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. A Cristo, Rey y Señor, que por nosotros fue exaltado en la cruz, venid, adorémosle.
HIMNO
Cruz de Cristo,
cuyos brazos
todo el mundo han acogido.
Cruz de Cristo,
cuya sangre
todo el mundo ha redimido.
Cruz de Cristo,
luz que brilla
en la noche del camino.
Cruz de Cristo,
cruz del hombre,
su bastón de peregrino.
Cruz de Cristo,
árbol de vida,
vida nuestra, don eximio.
Cruz de Cristo,
altar divino
de Dios-Hombre en sacrificio. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mirad la cruz del Señor, que huyan los enemigos; ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David. Aleluya.
Salmo 2
EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Verdaderamente se aliaron contra tu santo siervo
Jesús, tu Ungido.
(Hch 4, 27)
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un
fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de
ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he
establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres
mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las
naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro
de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la
tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea
que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su
ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. Mirad la cruz del Señor, que huyan los enemigos; ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David. Aleluya.
Ant. 2. En la cruz ha sido ensalzada la majestad del Señor; su nombre ha sido enaltecido sobre los cielos y la tierra. Aleluya.
Salmo 8
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, le coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ant. En la cruz ha sido ensalzada la majestad del Señor; su nombre ha sido enaltecido sobre los cielos y la tierra. Aleluya.
Ant. 3. Oh cruz santa, tú has sido la única digna de llevar al Rey y Señor de los cielos y de la tierra. Aleluya.
Salmo 95
Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones; porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo; honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda; decid a los pueblos: "el Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente".
Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad.
Ant. Oh cruz santa, tú has sido la única digna de llevar al Rey y Señor de los cielos y de la tierra. Aleluya.
V. Así como Moisés levantó en alto la serpiente en el
desierto.
R. Así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2, 19-3, 7. 13-14; 6, 14-16
LA GLORIA DE LA CRUZ
Hermanos: Yo, Pablo, en virtud de la misma ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo; vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. No tengo por inútil esta gracia de Dios: Si la justificación nos viniera por la ley, entonces deberíamos concluir que Cristo murió inútilmente.
¡Oh, insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó, después que ante vuestros ojos presentamos a Jesucristo muerto en la cruz? Sólo quiero que me digáis una cosa: ¿Cómo habéis recibido el Espíritu, en virtud de las obras de la ley o por vuestra sumisión a la fe? ¿Tan insensatos sois, que, habiendo comenzado por espíritu, termináis ahora en carne? ¿Habrá sido en vano para vosotros el haber experimentado tan grandes dones? Pues ¡de veras que habría sido en vano! El que os da el Espíritu y obra prodigios entre vosotros ¿lo hace porque observáis la ley o por vuestra aceptación de la fe?
Así se dice: «Abraham creyó a Dios y Dios estimó su fe como justificación.» Entended, pues, que los hijos de Abraham son sólo aquellos que viven según la fe.
Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros. Así lo dice la Escritura: «Maldito sea aquel que cuelga del madero.» De ese modo la bendición de Abraham alcanza a todas las naciones por Cristo Jesús, para que recibamos por la fe el Espíritu prometido por Dios.
En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Lo que vale no es estar o no estar circuncidado, sino la nueva criatura que surge.
Paz y misericordia para todos los que se ajusten a esta norma, y también para el Israel de Dios.
Responsorio Cf. Ga 6, 14; Hb 2, 9
R. Líbrenos Dios de gloriarnos si no es en la cruz de nuestro
Señor Jesucristo, en quien está nuestra salvación, vida y resurrección;
* por él hemos
sido salvados y liberados.
V. Él fue coronado de gloria y de honor por haber padecido la
muerte.
R. Por él hemos sido salvados y liberados.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Andrés de Creta, obispo
(Sermón 10, Sobre la Exaltación de la santa cruz: PG 97, 1018-1019. 1022-1023)
LA CRUZ ES LA GLORIA Y EXALTACIÓN DE CRISTO
Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz y, junto con el Crucificado, nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.
Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.
Por esto, la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.
La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante, de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará. Y también: Padre, glorifícame con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: "Padre, glorifica tu nombre." Entonces vino una voz del cielo: "Lo he glorificado y volveré a glorificarlo", palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.
También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mi. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.
Responsorio
R. ¡Oh cruz admirable, en cuyas ramas estuvo suspendido el
tesoro y la redención de los cautivos! *
Por ti el mundo fue redimido con la sangre de
su Señor.
V. ¡Salve, oh cruz, que fuiste consagrada por el cuerpo de
Cristo, y estuviste adornada con sus sagrados miembros como con piedras
preciosas!
R. Por ti el mundo fue redimido con la sangre de su Señor.
HIMNO Te Deum.
HIMNO
Brille la cruz del
Verbo, luminosa,
brille como la carne sacratísima
de aquel Jesús nacido de
la Virgen
que en la gloria del Padre vive y brilla.
Gemía Adán, doliente y
conturbado,
lágrimas Eva junto a Adán vertía;
brillen sus rostros por la
cruz gloriosa,
cruz que se enciende cuando el Verbo expira.
¡Salve, cruz de los
montes y caminos,
junto al enfermo suave medicina,
regio trono de Cristo
en las familias,
cruz de nuestra fe, salve, cruz bendita!
Reine el Señor
crucificado,
levantando la cruz donde moría;
nuestros enfermos ojos buscan
luz,
nuestros labios, el río de la vida.
Te adoramos, oh cruz
que fabricamos,
pecadores, con manos deicidas;
te adoramos, ornato del
Señor,
sacramento de nuestra eterna dicha. Amén.
Ant. 1. Subió al árbol santo de la cruz, destruyó el poderío de la muerte, se revistió de poder, resucitó al tercer día.
Ant. 2. ¡Cómo brilla la cruz santa! De ella colgó el Cuerpo del Señor y desde ella derramó Cristo aquella sangre que ha sanado nuestras heridas.
Ant. 3. Resplandece la cruz santa: por ella el mundo ha obtenido la salvación; la cruz vence, la cruz reina, la cruz aleja todo pecado. Aleluya.
LECTURA BREVE Hb 2, 9b-10
Vemos a Jesús coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte. Así, por amorosa dignación de Dios, gustó la muerte en beneficio de todos. Pues como quisiese Dios, por quien y para quien son todas las cosas, llevar un gran número de hijos a la gloria, convenía ciertamente que perfeccionase por medio del sufrimiento al que iba a guiarlos a la Salvación.
RESPONSORIO BREVE
V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R. Te adoramos. V. Porque con tu santa cruz redimiste al mundo. R. Y te bendecimos. V. Gloria. R. Te adoramos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.
PRECES
Oremos a nuestro Redentor, que por su cruz nos ha salvado, y digámosle, confiados: Por tu cruz, sálvanos, Señor.
Hijo de Dios, que por el símbolo de la serpiente de bronce sanaste al pueblo de Israel, * protégenos hoy de las heridas del pecado.
Hijo del hombre, que fuiste elevado en la cruz, como la serpiente fue elevada por Moisés en el desierto, * elévanos hasta la gloria de tu reino.
Hijo unigénito del Padre, que has sido enviado al mundo para que todo el que crea en ti no perezca, * concede la vida eterna a los que buscan tu rostro.
Hijo amado del Padre, que has sido enviado al mundo no para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvado por ti, * concede el don de la fe a todos nuestros familiares y amigos, para que obtengan la salvación.
Hijo eterno del Padre, que viniste a prender fuego a la tierra para que el mundo entero ardiera, * haz que vivamos de acuerdo con la verdad y lleguemos a la luz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos ahora al Padre que venga al mundo su reino: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Las banderas reales se
adelantan
y la cruz misteriosa en ellas brilla:
la cruz en que la vida
sufrió muerte
y en que, sufriendo muerte, nos dio vida.
Ella sostuvo el
sacrosanto cuerpo
que, al ser herido por la lanza dura,
derramó sangre y
agua en abundancia
para lavar con ellas nuestras culpas.
En ella se cumplió
perfectamente
lo que David profetizó en su verso,
cuando dijo a los
pueblos de la tierra:
«Nuestro Dios reinará desde un madero.»
¡Árbol lleno de luz,
árbol hermoso,
árbol ornado con la regia púrpura
y destinado a que su
tronco digno
sintiera el roce de la carne pura!
¡Dichosa cruz que con
tus brazos firmes,
en que estuvo colgado nuestro precio,
fuiste balanza
para el cuerpo santo
que arrebató su presa a los infiernos!
A ti, que eres la
única esperanza,
te ensalzamos, oh cruz, y te rogamos
que acrecientes la
gracia de los justos
y borres los delitos de los malos.
Recibe, oh Trinidad,
fuente salubre,
la alabanza de todos los espíritus,
y tú que con tu cruz
nos das el triunfo,
añádenos el premio, oh Jesucristo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. ¡Oh gran obra de amor! Cuando en el árbol murió la Vida, con su muerte destruyó la misma muerte.
Salmo109, 1-5.7
EL
MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)
Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza.
Ant. 1. ¡Oh gran obra de amor! Cuando en el árbol murió la Vida, con su muerte destruyó la misma muerte.
Ant. 2. Adoramos, Señor, tu cruz y recordamos gloriosa muerte; compadécete de nosotros, tú que por, nosotros padeciste.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. Adoramos, Señor, tu cruz y recordamos gloriosa muerte; compadécete de nosotros, tú que por, nosotros padeciste.
Ant. 3. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo.
LECTURA BREVE 1Co 1, 23-24
Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Oh cruz gloriosa, en ti triunfó el Rey de los ángeles. R. Oh cruz. V. Con su sangre lavó nuestras heridas. R. En ti triunfó el Rey de los ángeles. V. Gloria. R. Oh cruz.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh cruz victoriosa, signo admirable, ayúdanos a alcanzar el triunfo eterno.
PRECES
Oremos a nuestro Redentor, que por su cruz ha salvado, y digámosle confiados: Por tu cruz, Señor, llévanos a tu reino.
Oh Cristo, que te anonadaste a ti mismo, tomando la condición de esclavo y pasando por uno de tantos, * haz que la Iglesia imite siempre tu humildad.
Cristo Señor, que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte y una muerte de cruz, * haz que te sigamos por el camino de la obediencia y de la paciencia.
Cristo Señor, que fuiste levantado por Dios y recibiste el «Nombre-sobre-todo-nombre», * concede a todos tus fieles perseverar hasta el fin.
Cristo Jesús, ante cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo, * haz que todos los hombres te adoren y vivan en tu paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cristo Jesús, a quien toda lengua proclamará: Señor, para gloria de Dios Padre, * recibe a nuestros hermanos difuntos en el reino de la eterna felicidad.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 15 DE SEPTIEMBRE
NUESTRA SEÑORA DE LOS
DOLORES
Memoria
Ant.: Venid, adoremos al Salvador del mundo, de cuya pasión María participó.
HIMNO
La Madre piadosa
estaba
junto a la cruz, y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma
triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y
afligida
estaba la Madre herida,
de tantos tormentos llena!
Cuando
triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
¿Y cuál hombre no
llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?
¿Y quién
no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del
mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio
morir al Hijo amado
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de
amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi
Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo. Amén.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardo, abad
(Sermón en el Domingo infraoctava de la Asunción, 14-15: OPERA OMNIA, edición cisterciense, 5 (1968), (273-274)
LA MADRE ESTABA JUNTO A LA CRUZ
El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la mismahistoria de la pasión del Señor. Éste —dice el santo anciano, refiriéndose al niño Jesús— está puesto como una bandera discutida; y a ti —añade, dirigiéndose a María— una espada te traspasará el alma.
En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después que aquel Jesús —que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo— hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó tu alma, y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.
¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente tu alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo? ¡Vaya cambio! Se te entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar tu alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?
No os admiréis, hermanos, de que María sea llamada mártir en el alma. Que se admire el que no recuerde haber oído cómo Pablo pone entre las peores culpas de los gentiles el carecer de piedad. Nada más lejos de las entrañas de María, y nada más lejos debe estar de sus humildes servidores.
Pero quizá alguien dirá: "¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?" Sí, y con toda certeza. "¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?," Sí, y con toda seguridad. "¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?" Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo deMaría? Éste murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.
Responsorio Lc 23, 33; Jn 19, 25; cf. Lc 2, 35
R. Cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo
crucificaron allí. * Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.
V. Entonces una espada
de dolor le traspasó el alma.
R.
Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.
HIMNO
¿Habrá dolor más
intenso
que tu dolor dolorido?
¿Habrá, Señora, un gemido
más soledoso y
más denso
que el que te enluta, hondo y tenso,
de morada y negra
toca?
¡Oh turba que pasáis
loca,
hijas de Jerusalén,
mirad la bondad sin bien:
mojad con hiel
vuestra boca!
¿No son más blandas
las piedras
y más compasivo el cielo
que mi corazón sin duelo,
cuando
tú, como las hiedras
junto a la cruz, no te arredras
de ahogarte en esos
oleajes
de hiel? Obscuros celajes
envolvían el Calvario,
y tú eras,
Madre, el sudario
de aquel diluvio de ultrajes.
Dame ese llanto
bendito
para llorar mis pecados;
dame esos clavos clavados,
esa corona,
ese grito,
ese puñal, ese escrito
y esa cruz para loarte,
para urgirte
y consolarte,
oh Virgen de los Dolores,
para ir sembrando de flores
tu
viacrucis parte a parte. Amén.
Ant. 1. Mi alma está unida a ti, Señor Jesús.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Estemos alegres cuando compartimos los padecimientos de Cristo.
Ant. 3. Dios quiso reconciliar consigo todas las cosas por la sangre de Cristo.
LECTURA BREVE Col 1, 24-25
Ahora me alegro de los padecimientos que he sufrido por vosotros, y voy completando en favor del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, las tribulaciones que aún me quedan por sufrir con Cristo en mi carne mortal. Pues he sido constituido ministro de la Iglesia conforme a la misión que él me ha confiado respecto de vosotros: dar cumplimiento a la palabra de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Que por tu intervención, Virgen María, obtengamos la salvación. R. Que por tu intervención. V. De las llagas de Jesucristo. R. Obtengamos la salvación. V. Gloria. R. Que por tu intervención.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Alégrate, Madre dolorosa, porque, después de tanto sufrir, te ves ahora rodeada de gloria y colocada, como reina del universo, al lado de tu Hijo.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, * haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, * líbranos de toda ocasión de pecado.
Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, * por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre, * haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo estuviera a su lado junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, concede a tu Iglesia que, asociada con María a la pasión de Cristo, merezca también participar en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
¡Virgen de vírgenes
santas!,
llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea;
porque
su pasión y muerte
tenga en mi alma de suerte
que siempre sus penas
vea.
Haz que su cruz me
enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me
inflame y encienda
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la
muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma
estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su
eterna gloria. Amén.
Ant. 1. Cristo es nuestra paz, y por la sangre de su cruz nos reconcilió con Dios.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. Cristo es nuestra paz, y por la sangre de su cruz nos reconcilió con Dios.
Ant. 2. Acerquémonos a la ciudad de Dios vivo y a Jesús, mediador de la nueva alianza.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Acerquémonos a la ciudad de Dios vivo y a Jesús, mediador de la nueva alianza.
Ant. 3. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Por Cristo, por su sangre, hemos recibido la redención.
LECTURA BREVE 2Tm 2, 10-12a
Todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en la incorporación a Cristo Jesús y la gloria eterna. Verdadera es la sentencia que dice: Si hemos muerto con él, viviremos también con él. Si tenemos constancia en el sufrir, reinaremos también con él.
RESPONSORIO
BREVE
V. Junto a la cruz del Señor, estaba
santa María, la reina del cielo y señora del mundo. R. Junto a la cruz.
V. Feliz ella,
que, sin morir, mereció la palma del martirio. R. La reina del cielo y
señora del mundo. V. Gloria. R. Junto a la cruz.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Viendo a su madre y al discípulo predilecto junto a ella, dijo Jesús a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre."
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
O bien: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia, * concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, * y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo estuviera a su lado junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, concede a tu Iglesia que, asociada con María a la pasión de Cristo, merezca también participar en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 16 DE SEPTIEMBRE
SANTOS CORNELIO,
papa,
y CIPRIANO, obispo, mártires
Memoria
Del Común de mártires: para varios mártires o del Común de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir
(Carta 60,1-2. 5: CSEL 3, 691-692. 694-695)
UNA FE GENEROSA Y FIRME
Cipriano a su hermano Cornelio:
Hemos tenido noticia, hermano muy amado, del testimonio glorioso que habéis dado de vuestra fe y fortaleza; y hemos recibido con tanta alegría el honor de vuestra confesión, que nos consideramos partícipes y socios de vuestros méritos y alabanzas. En efecto, si formamos todos una misma Iglesia, si tenemos todos una sola alma y un solo corazón, ¿qué sacerdote no se congratulará de las alabanzas tributadas a un colega suyo, como si se tratara de las suyas propias? ¿O qué hermano no se alegrará siempre de las alegrías de sus otros hermanos?
No hay manera de expresar cuán grande ha sido aquí la alegría y el regocijo, al enterarnos de vuestra victoria y vuestra fortaleza: de cómo tú has ido a la cabeza de tus hermanos en la confesión del nombre de Cristo, y de cómo esta confesión tuya, como cabeza de tu Iglesia, se ha visto a su vez robustecida por la confesión de los hermanos; de este modo, precediéndolos en el camino hacia la gloria, has hecho que fueran muchos los que te siguieran, y ha sido un estímulo para que el pueblo confesara su fe el hecho de que te mostraras tú, el primero, dispuesto a confesarla en nombre de todos; y, así, no sabemos qué es lo más digno de alabanza en vosotros, si tu fe generosa y firme o la inseparable caridad de los hermanos. Ha quedado públicamente comprobada la fortaleza del obispo que está al frente de su pueblo y ha quedado de manifiesto la unión entre los hermanos que han seguido sus huellas. Por el hecho de tener todos vosotros un solo espíritu y una sola voz, toda la Iglesia de Roma ha tenido parte en vuestra confesión.
Ha brillado en todo su fulgor, hermano muy amado, aquella fe vuestra, de la que habló el Apóstol. Él preveía, ya en espíritu, esta vuestra fortaleza y valentía, tan digna de alabanza, y pregonaba lo que más tarde había de suceder, atestiguando vuestros merecimientos, ya que, alabando a vuestros antecesores, os incitaba a vosotros a imitarlos. Con vuestra unanimidad y fortaleza, habéis dado a los demás hermanos un magnífico ejemplo de estas virtudes.
Y, teniendo en cuenta que la providencia del Señor nos advierte y pone en guardia y que los saludables avisos de la misericordia divina nos previenen que se acerca ya el día de nuestra lucha y combate, os exhortamos de corazón, en cuanto podemos, hermano muy amado, por la mutua caridad que nos une, a que no dejemos de insistir junto con todo el pueblo, en los ayunos, vigilias y oraciones. Porque éstas son nuestras armas celestiales, que nos harán mantener firmes y perseverar con fortaleza; éstas son las defensas espirituales y los dardos divinos que nos protegen.
Acordémonos siempre unos de otros, con grande concordia y unidad de espíritu, encomendémonos siempre mutuamente en la oración y prestémonos ayuda con mutua caridad cuando llegue el momento de la tribulación y de la angustia.
Responsorio S. Cipriano, Carta 58
R. Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran,
mientras luchamos por la fe. * Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar
bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
V. Revistámonos de
fuerza y preparémonos para la lucha con un espíritu indoblegable, con una fe
sincera, con una total entrega.
R.
Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan
plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
O bien:
De las Actas proconsulares del martirio de san Cipriano, obispo
(Cap. 3-6: CSEL 3,112-114)
TRATÁNDOSE DE UN ASUNTO TAN CLARO, NO HAY POR QUÉ PENSARLO MÁS
El día catorce de septiembre por la mañana, se congregó una gran multitud en la Villa de Sexto, conforme al mandato del procónsul Galerio Máximo. Y, así, dicho procónsul Galerio Máximo, sentado en su tribunal, en el atrio llamado Sauciolo, mandó ese mismo día que trajeran a Cipriano a su presencia. Cuando se lo trajeron, el procónsul Galerio Máximo dijo al obispo Cipriano:
"¿Tú eres Tascio Cipriano?"
El obispo Cipriano respondió:
"Lo soy."
El procónsul Galerio Máximo dijo:
"¿Tú te presentas ante los hombres como jefe de esta doctrina sacrílega?"
El obispo Cipriano respondió:
"Así es."
El procónsul Galerio Máximo prosiguió:
"Los sacratísimos emperadores te ordenan que sacrifiques"
El obispo Cipriano respondió:
"No lo haré."
Galerio Máximo insistió:
"Piénsalo bien."
Pero el obispo Cipriano replicó con firmeza:
"Haz lo que se te ha mandado; tratándose de un asunto tan claro, no hay por qué pensarlo más."
Galerio Máximo, después de consultar con sus asesores, pronunció, como a regañadientes, la sentencia, con estas palabras:
"Por mucho tiempo has vivido según esta doctrina sacrílega y has hecho que fueran muchos los que te imitaran en este nefando acuerdo, con lo que te has constituido en enemigo de los dioses de Roma y de los sagrados cultos, sin que sirvieran de nada los esfuerzos de los sacratísimos príncipes Valeriano y Galieno, Augustos, y de Valeriano, nobilísimo César, por atraerte de nuevo a la práctica de su religión. Así pues, habiendo sido hallado autor y abanderado de gravísimos crímenes, servirás de escarmiento para aquellos que te imitaron en tu delito: con tu sangre será restablecida la justicia."
Dicho esto, leyó la fórmula de la sentencia:
"Decretamos que Tascio Cipriano sea decapitado."
El obispo Cipriano dijo:
"Gracias sean dadas a Dios."
Al oír esta sentencia, la muchedumbre de los hermanos decía:
"Seamos decapitados junto con él."
Y se originó un tumulto entre la gran muchedumbre que lo seguía al lugar del suplicio. Así, pues, Cipriano fue conducido al campo de Sexto, y allí se despojó del manto, se arrodilló y se prosternó ante el Señor en oración. Luego se despojó también de la dalmática y se la entregó a los diáconos, y, quedándose en su túnica de lino, esperó la llegada del verdugo.
Cuando éste llegó, Cipriano mandó a los suyos que dieran al verdugo veinticinco monedas de oro. Los hermanos tendían ante él lienzos y pañuelos. Luego, el bienaventurado Cipriano se vendó los ojos con sus propias manos. Pero, como no podía atarse por sí mismo las manos, lo hicieron el presbítero Juliano y el subdiácono Juliano.
De este modo sufrió el martirio el bienaventurado Cipriano, y su cuerpo fue colocado en un lugar cercano para evitar la curiosidad de los gentiles. Al llegar la noche lo sacaron de allí y fue llevado triunfalmente, con cirios y lámparas, al solar del procurador Macrobio Candidiano, lugar situado en la vía Mapaliense, junto a las piscinas. Al cabo de pocos días, murió el procónsul Galerio Máximo.
El bienaventurado Cipriano sufrió martirio el día catorce de septiembre, siendo emperadores Valeriano y Galieno, bajo el reinado de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio S. Cipriano, Carta 58
R. Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran,
mientras luchamos por la fe. * Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar
bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
V. Revistámonos de
fuerza y preparémonos para la lucha con un espíritu indoblegable, con una fe
sincera, con una total entrega.
R.
Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan
plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: ¡Oh cuán preciosa muerte, en la cual se adquiere la inmortalidad al precio de la propia sangre!
Vísperas: ¡Oh Iglesia, madre nuestra, cuán dichosa eres, ennoblecida con la sangre gloriosa de los mártires de Cristo!
Oración
Señor, tú que en los santos Cornelio y Cipriano diste a tu pueblo pastores llenos de celo y mártires victoriosos, concédenos, por su valiosa intercesión, ser firmes e invencibles en la fe y trabajar con verdadero empeño por lograr la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE SEPTIEMBRE
SAN ROBERTO
BELARMINO,
obispo y doctor de la Iglesia
Del Común
de pastores o del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Roberto Belarmino, obispo, sobre la ascensión de la mente hacia Dios
(Grado 1: Opera omnia 6, edición de 1862, 214)
INCLINA MI CORAZÓN A TUS PRECEPTOS
Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia; ¿quién, que haya empezado a gustar, por poco que sea, la dulzura de tu dominio paternal, dejará de servirte con todo el corazón? ¿Qué es, Señor, lo que mandas a tus siervos? Cargad —nos dices— con mi yugo. ¿Y cómo es este yugo tuyo? Mi yugo —añades— es llevadero y mi carga ligera. ¿Quién no llevará de buena gana un yugo que no oprime, sino que halaga, y una carga que no pesa, sino que da nueva fuerza? Con razón añades: Y encontraréis vuestro descanso. ¿Y cuál es este yugo tuyo que no fatiga, sino que da reposo? Por supuesto aquel mandamiento, el primero y el más grande: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. ¿Qué más fácil, más suave, más dulce que amar la bondad, la belleza y el amor, todo lo cual eres tú, Señor, Dios mío?
¿Acaso no prometes además un premio a los que guardan tus mandamientos, más preciosos que el oro fino, más dulces que la miel de un panal? Por cierto que sí, y un premio grandioso, como dice Santiago: La corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. ¿Y qué es esta corona de la vida? Un bien superior a cuanto podamos pensar o desear, como dice san Pablo, citando al profeta Isaías: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.
En verdad es muy grande el premio que proporciona la observancia de tus mandamientos. Y no sólo aquel mandamiento, el primero y el más grande, es provechoso para el hombre que lo cumple, no para Dios que lo impone, sino que también los demás mandamientos de Dios perfeccionan al que los cumple, lo embellecen, lo instruyen, lo ilustran, lo hacen en definitiva bueno y feliz. Por esto, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para tu eterna salvación, comprenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso; si no lo alcanzas, serás un desdichado.
Por consiguiente, debes considerar como realmente bueno lo que te lleva a tu fin, y como realmente malo lo que te aparta del mismo. Para el auténtico sabio, lo próspero y lo adverso, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad, los honores y los desprecios, la vida y la muerte son cosas que, de por sí, no son ni deseables ni aborrecibles. Si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son cosas buenas y deseables; de lo contrario, son malas y aborrecibles.
Responsorio Ml 2, 7; Tt 1, 7. 9
R. Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca
se busca la doctrina. * Porque es mensajero del Señor de los ejércitos.
V. El
obispo debe actuar como administrador de Dios, para ser capaz de predicar una
enseñanza sana.
R. Porque es mensajero del Señor de los ejércitos.
Oración
Señor Dios, tú que, para defender la fe de la Iglesia y promover su renovación espiritual, diste a san Roberto Belarmino una ciencia y una fortaleza admirables, concédenos, por la intercesión de este insigne doctor de la Iglesia, conservar y vivir siempre en toda su integridad el mensaje evangélico al que él consagró toda su vida. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo.
DÍA 19 DE SEPTIEMBRE
SAN JENARO,
obispo y
mártir
Del Común
de mártires: para un mártir o del Común
de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 340,1: PL 38,1483-1484)
SOY OBISPO PARA VOSOTROS, SOY CRISTIANO CON VOSOTROS
Desde que se me impuso sobre mis hombros esta carga, de tanta responsabilidad, me preocupa la cuestión del honor que ella implica. Lo más temible en este cargo es el peligro de complacernos más en su aspecto honorífico que en la utilidad que reporta a vuestra salvación. Mas, si por un lado me aterroriza lo que soy para vosotros, por otro me consuela lo que soy con vosotros. Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros. La condición de obispo connota una obligación, la de cristiano un don; la primera comporta un peligro, la segunda una salvación.
Nuestra actividad de obispo es como un mar agitado y tempestuoso, pero, al recordar de quién es la sangre con que hemos sido redimidos, este pensamiento nos hace entrar en puerto seguro y tranquilo; si el cumplimiento de los deberes propios de nuestro ministerio significa un trabajo y un esfuerzo, el don de ser cristianos, que compartimos con vosotros, representa nuestro descanso. Por lo tanto, si hallo más gusto en el hecho de haber sido comprado con vosotros que en el de haber sido puesto como jefe espiritual para vosotros, entonces seré más plenamente vuestro servidor, tal como manda el Señor, para no ser ingrato al precio que se ha pagado para que pudiera ser siervo como vosotros. Debo amar al Redentor pues sé que dijo a Pedro: Pedro, ¿me amas? Pastorea mis ovejas. Y esto por tres veces consecutivas. Se le preguntaba sobre el amor, y se le imponía una labor; porque, cuanto mayor es el amor, tanto menor es la labor.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Si dijera que le pago con el hecho de pastorear sus ovejas, olvidaría que esto lo hago no yo, sino la gracia de Dios conmigo. ¿Cómo voy a pagarle, si todo lo que hay en mí proviene de él como de su causa primera? Y, sin embargo, a pesar de que amamos y pastoreamos sus ovejas por don gratuito suyo, esperamos una recompensa. ¿Qué explicación tiene esto? ¿Cómo concuerdan estas dos cosas: "Amo gratuitamente para pastorear", y: "Pido una recompensa para pastorear? Esto no tendría sentido, en modo alguno podríamos esperar una retribución de aquel a quien amamos por su don gratuito, si no fuera porque la retribución se identifica con aquel mismo que es amado. Porque, si pastoreando sus ovejas le pagáramos el beneficio de la redención, ¿cómo le pagaríamos el habernos hecho pastores? En efecto, los malos pastores —quiera Dios que nunca lo seamos— lo son por la maldad inherente a nuestra condición humana; en cambio, los buenos —quiera Dios que siempre lo seamos— son tales por la gracia de Dios, sin la cual no lo serían. Por lo tanto hermanos míos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Haced que nuestro ministerio sea provechoso. Vosotros sois campo de Dios. Recibid al que, con su actuación exterior, planta y riega, y que da, al mismo tiempo, desde dentro, el crecimiento. Ayudadnos con vuestras oraciones y vuestra obediencia, de manera que hallemos más satisfacción en seros de provecho que en presidiros.
Responsorio Sb 10, 10
R. Éste es en verdad un mártir, que derramó su sangre por el
nombre de Cristo; * No temió ante las amenazas de los jueces, ni buscó la
gloria de los honores terrenos, sino que llegó al reino de los cielos.
V. El
Señor condujo al justo por sendas llanas, y le mostró el reino de Dios.
R. No
temió ante las amenazas de los jueces, ni buscó la gloria de los honores
terrenos, sino que llegó al reino de los cielos.
Oración
Señor, tú que nos has congregado hoy para venerar la memoria del mártir san Jenaro, concédenos que podamos ir a gozar en tu reino, juntamente con él, de la alegría que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 20 DE SEPTIEMBRE
SANTOS ANDRÉS KIM TAEGON,
presbítero,
PABLO CHONG HASANG
Y COMPAÑEROS,
mártires
Memoria
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De la última exhortación de san Andrés Kim Taegon, presbítero y mártir
(Pro Corea. Documenta. ed. Mission Catholique Séoul, Seúl/París 1938, vol. 1, 74-75)
LA FE ES CORONADA POR EL AMOR Y LA PERSEVERANCIA
Hermanos y amigos muy queridos: Consideradlo una y otra vez: Dios, al principio de los tiempos, dispuso el cielo y la tierra y todo lo que existe, meditad luego por qué y con qué finalidad creó de modo especial al hombre a su imagen y semejanza.
Si en este mundo, lleno de peligros y de miserias, no reconociéramos al Señor como creador, de nada nos serviría haber nacido ni continuar aún vivos. Aunque por la gracia de Dios hemos venido a este mundo y también por la gracia de Dios hemos recibido el bautismo y hemos ingresado en la Iglesia, y, convertidos en discípulos del Señor, llevamos un nombre glorioso, ¿de qué nos serviría un nombre tan excelso, si no correspondiera a la realidad? Si así fuera, no tendría sentido haber venido a este mundo y formar parte de la Iglesia; más aún, esto equivaldría a traicionar al Señor y su gracia. Mejor sería no haber nacido que recibir la gracia del Señor y pecar contra él.
Considerad al agricultor cuando siembra en su campo: a su debido tiempo ara la tierra, luego la abona con estiércol y, sometiéndose de buen grado al trabajo y al calor, cultiva la valiosa semilla. Cuando llega el tiempo de la siega, si las espigas están bien llenas, su corazón se alegra y salta de felicidad, olvidándose del trabajo y del sudor. Pero si las espigas resultan vacías y no encuentra en ellas más que paja y cáscara, el agricultor se acuerda del duro trabajo y del sudor y abandona aquel campo en el que tanto había trabajado.
De manera semejante el Señor hace de la tierra su campo, de nosotros, los hombres, el arroz, de la gracia el abono, y por la encarnación y la redención nos riega con su sangre, para que podamos crecer y llegar a la madurez. Cuando en el día del juicio llegue el momento de la siega, el que haya madurado por la gracia se alegrará en el reino de los cielos como hijo adoptivo de Dios, pero el que no haya madurado se convertirá en enemigo, a pesar de que él también ya había sido hijo adoptivo de Dios, y sufrirá el castigo eterno merecido.
Hermanos muy amados, tened esto presente: Jesús, nuestro Señor, al bajar a este mundo, soportó innumerables padecimientos, con su pasión fundó la santa Iglesia y la hace crecer con los sufrimientos de los fieles. Por más que los poderes del mundo la opriman y la ataquen, nunca podrán derrotarla. Después de la ascensión de Jesús, desde el tiempo de los apóstoles hasta hoy, la Iglesia santa va creciendo por todas partes en medio de tribulaciones.
También ahora, durante cincuenta o sesenta años, desde que la santa Iglesia penetró en nuestra Corea, los fieles han sufrido persecución, y aun hoy mismo la persecución se recrudece, de tal manera que muchos compañeros en la fe, entre los cuales yo mismo, están encarcelados, como también vosotros os halláis en plena tribulación. Si todos formamos un solo cuerpo, ¿cómo no sentiremos una profunda tristeza? ¿Cómo dejaremos de experimentar el dolor, tan humano, de la separación?
No obstante, como dice la Escritura, Dios se preocupa del más pequeño cabello de nuestra cabeza y, con su omnisciencia, lo cuida; ¿cómo, por tanto, esta gran persecución podría ser considerada de otro modo que como una decisión del Señor, o como un premio
o castigo suyo? Buscad, pues, la voluntad de Dios y luchad de todo corazón por Jesús, el jefe celestial, y venced al demonio de este mundo, que ha sido ya vencido por Cristo. Os lo suplico: no olvidéis el amor fraterno, sino ayudaos mutuamente, y perseverad, hasta que el Señor se compadezca de nosotros y haga cesar la tribulación.
Aquí estamos veinte y, gracias a Dios, estamos todos bien. Si alguno es ejecutado, os ruego que no os olvidéis de su familia. Me quedan muchas cosas por deciros, pero, ¿cómo expresarlas por escrito? Doy fin a esta carta. Ahora que está ya cerca el combate decisivo, os pido que os mantengáis en la fidelidad, para que, finalmente, nos congratulemos juntos en el cielo. Recibid el beso de mi amor.
Responsorio Cf. 2 Co 6, 9-10
R. Éstos son los mártires que dieron testimonio de Cristo sin
temor a las amenazas, alabando al Señor. *
La sangre de los mártires es semilla de
cristianos.
V. Fueron tenidos por desconocidos, aunque eran conocidos de
sobra; por moribundos, aunque estaban bien vivos; por necesitados, aunque todo
lo poseían.
R. La sangre de los mártires es semilla de cristianos.
Oración
Oh Dios, creador y salvador de todos los hombres, que en Corea, de modo admirable, llamaste a la fe católica a un pueblo de adopción y lo acrecentaste por la gloriosa profesión de fe de los santos mártires Andrés, Pablo y sus compañeros, concédenos, por su ejemplo e intercesión, perseverar también nosotros hasta la muerte en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE SEPTIEMBRE
San Mateo, apóstol y
evangelista
Fiesta
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,1-16
DIVERSIDAD DE FUNCIONES EN UN MISMO CUERPO
Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres.» El «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor.
Responsorio 2 P 1, 21; Pr 2, 6
R. Ninguna predicción antigua aconteció por designio humano;
* Hombres como
eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.
V. Es el Señor quien da
sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia.
R. Hombres como eran,
hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Homilía 21: CCL 122,149-151)
JESÚS LO VIO Y, PORQUE LO AMÓ, LO ELIGIÓ
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme." Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. Sígueme, que quiere decir: "Imítame". Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él.
Él —continúa el texto sagrado— se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.
Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntadsuya. Él entra para comer con nosotros, y nosotros con él, porque, por el don de su amor, habita en el corazón de los elegidos, para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.
Responsorio
R. Fue Mateo un ágil escribano, doctísimo en la ley del Dios
del cielo, * Adiestró su corazón para investigar la ley del Señor, para
practicar y enseñar sus mandatos, según el don que él le otorgó
misericordiosamente.
V. A él le fue confiado el Evangelio de la gloria de Dios.
R. Adiestró su corazón para investigar la ley del Señor, para
practicar y enseñar sus mandatos, según el don que él le otorgó
misericordiosamente.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Vosotros, que
escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro
vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.
Vosotros, que
invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso,
del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.
Vosotros, que
tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que
el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo
visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro
amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Ant. 3. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Sobre toda la tierra. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sígueme»; él se levantó y lo siguió.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, en tu inefable misericordia, elegiste a san Mateo, para transformarlo de recaudador de impuestos en un apóstol, haz que también nosotros, imitando su ejemplo y apoyados por su intercesión, te sigamos con fidelidad, cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
¡Columnas de la
Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos
vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo
entero.
De pie en la
encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis
agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los
hambrientos.
De puerta en puerta va
vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores,
que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el
pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor,
que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas.
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. «Yo quiero misericordia y no sacrificios -dice el Señor-; porque no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, en tu inefable misericordia, elegiste a san Mateo, para transformarlo de recaudador de impuestos en un apóstol, haz que también nosotros, imitando su ejemplo y apoyados por su intercesión, te sigamos con fidelidad, cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 24 DE SEPTIEMBRE
NUESTRA SEÑORA DE LA
MERCED
Memoria
Del Común
de la Santísima Virgen María.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 61-62)
LA MATERNIDAD DE MARÍA EN LA ECONOMÍA DE LA GRACIA
La Santísima Virgen, desde toda la eternidad, fue predestinada como Madre de Dios, al mismo tiempo que la encarnación del Verbo, y por disposición de la divina providencia fue en la tierra la madre excelsa del divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando él moría en la cruz, cooperó de forma única a la obra del Salvador, por su obediencia, su fe, su esperanza y su ardiente caridad, para restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por todo ello es nuestra madre en el orden de la gracia.
Ya desde el consentimiento que prestó fielmente en la anunciación y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta el momento de la consumación final de todos los elegidos, pervive sin cesar en la economía de la gracia esta maternidad de María.
Porque, después de su asunción a los cielos, no ha abandonado esta misión salvadora, sino que con su constante intercesión continúa consiguiéndonos los dones de la salvación eterna.
Con su amor materno, vela sobre los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan y que se encuentran en peligro y angustia, hasta que sean conducidos a la patria del cielo. Por todo ello, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora. Sin embargo, estos títulos hay que entenderlos de tal forma que no disminuyan ni añadan nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único mediador.
Ninguna criatura podrá nunca compararse con el Verbo encarnado, Redentor nuestro. Pero así como el sacerdocio de Cristo se participa de diversas formas, tanto por los ministros sagrados como por el pueblo fiel, y así como la única bondad divina se difunde realmente de formas diversas en las criaturas, igualmente la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente.
La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.
Responsorio
R. No hay alabanza digna de ti, virginidad inmaculada y santa.
* Porque en tu
seno has llevado al que ni el cielo puede contener.
V. Bendita tú entre las
mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R.
Porque en tu seno has llevado al que ni el
cielo puede contener.
ANTÍFONA DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
Vísperas: Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava.
Oración
Señor, Dios nuestro, en tu admirable providencia quisiste que la Madre de tu único hijo experimentase las angustias y los sufrimientos humanos; por la intercesión de María, consuelo de los afligidos y libertadora de los cautivos, concede a los que sufren cualquier modo de esclavitud la verdadera libertad de los hijos de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 26 DE SEPTIEMBRE
SANTOS COSME Y DAMIÁN,
mártires
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 329: En el natalicio de los mártires, 1-2: PL 38,1454-1455)
PRECIOSA ES LA MUERTE DE LOS MÁRTIRES, COMPARADA CON EL PRECIO DE LA MUERTE DE CRISTO
Por los hechos tan excelsos de los santos mártires, en los que florece la Iglesia por todas partes, comprobamos con nuestros propios ojos cuán verdad sea aquello que hemos cantado: Mucho le place al Señor la muerte de sus fieles, pues nos place a nosotros y a aquel en cuyo honor ha sido ofrecida.
Pero el precio de todas estas muertes es la muerte de uno solo. ¿Cuántas muertes no habrá comprado la muerte única de aquel sin cuya muerte no se hubieran multiplicado los granos de trigo? Habéis escuchado sus palabras cuando se acercaba al momento de nuestra redención: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
En la cruz se realizó un excelso trueque: allí se liquidó toda nuestra deuda, cuando del costado de Cristo, traspasado por la lanza del soldado, manó la sangre, que fue el precio de todo el mundo.
Fueron comprados los fieles y los mártires: pero la fe de los mártires ha sido ya comprobada; su sangre es testimonio de ello. Lo que se les confió, lo han devuelto, y han realizado así aquello que afirma Juan: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
Y también, en otro lugar, se afirma: Has sido invitado a un gran banquete: considera atentamente qué manjares te ofrecen, pues también tú debes preparar lo que a ti te han ofrecido. Es realmente sublime el banquete donde se sirve, como alimento, el mismo Señor que invita al banquete. Nadie, en efecto, alimenta de sí mismo a los que invita, pero el Señor Jesucristo ha hecho precisamente esto: él, que es quien invita, se da a sí mismo como comida y bebida. Y los mártires, entendiendo bien lo que habían comido y bebido, devolvieron al Señor lo mismo que de él habían recibido.
Pero, ¿cómo podrían devolver tales dones si no fuera por concesión de aquel que fue el primero en concedérselos? ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación.
¿De qué copa se trata? Sin duda de la copa de la pasión, copa amarga y saludable, copa que debe beber primero el médico para quitar las aprensiones del enfermo. Es ésta la copa: la reconocemos por las palabras de Cristo, cuando dice: Padre, si es posible, que se aleje de mí ese cáliz.
De este mismo cáliz, afirmaron, pues, los mártires: Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. "¿Tienes miedo de no poder resistir?, "No", dice el mártir. "¿Por qué?, "Porque he invocado el nombre del Señor." ¿Cómo podrían haber triunfado los mártires si en ellos no hubiera vencido aquel que afirmó: Tened valor: yo he vencido al mundo? El que reina en el cielo regía la mente y la lengua de sus mártires, y por medio de ellos, en la tierra, vencía al diablo y, en el cielo, coronaba a sus mártires. ¡Dichosos los que así bebieron este cáliz! Se acabaron los dolores y han recibido el honor.
Responsorio R.
Los santos mártires derramaron gloriosamente
su sangre por el Señor; amaron a Cristo durante su vida, lo imitaron en su
muerte. * Por
eso, merecieron recibir la corona del triunfo.
V. Tenían un solo
Espíritu, y una sola fe.
R. Por eso, merecieron recibir la corona del triunfo.
Oración
Al recordar hoy el triunfo de tus mártires san Cosme y san Damián, tu Iglesia, Señor, te glorifica y te da gracias, porque, en tu admirable providencia, a ellos les has dado el premio merecido de la gloria eterna y a nosotros la ayuda de su valiosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 27 DE SEPTIEMBRE
SAN VICENTE DE PAÚL,
presbítero
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo presbítero o del Común
de santos varones: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De los escritos de san Vicente de Paúl, presbítero
(Carta 2.546: Correspondance, entretiens, documents, París 1922-1925, 7)
EL SERVICIO A LOS POBRES HA DE SER PREFERIDO A TODO
Nosotros no debemos estimar a los pobres por su apariencia externa o su modo de vestir, ni tampoco por sus cualidades personales, ya que, con frecuencia, son rudos e incultos. Por el contrario, si consideráis a los pobres a la luz de la fe, os daréis cuenta de que representan el papel del Hijo de Dios, ya que él quiso también ser pobre. Y así, aun cuando en su pasión perdió casi la apariencia humana, haciéndose necio para los gentiles y escándalo para los judíos, sin embargo, se presentó a éstos como evangelizador de los pobres: Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. También nosotros debemos estar imbuidos de estos sentimientos e imitar lo que Cristo hizo, cuidando de los pobres, consolándolos ayudándolos y apoyándolos.
Cristo, en efecto, quiso nacer pobre, llamó junto a sí a unos discípulos pobres, se hizo él mismo servidor de los pobres, y de tal modo se identificó con ellos, que dijo que consideraría como hecho a él mismo todo el bien o el mal que se hiciera a los pobres. Porque Dios ama a los pobres y, por lo mismo, ama también a los que aman a los pobres, ya que, cuando alguien tiene un afecto especial a una persona, extiende este afecto a los que dan a aquella persona muestras de amistad o de servicio. Por esto, nosotros tenemos la esperanza de que Dios nos ame, en atención a los pobres. Por esto, al visitarlos, esforcémonos en cuidar del pobre y desvalido, compartiendo sus sentimientos, de manera que podamos decir como el Apóstol: Me he hecho todo a todos. Por lo cual, todo nuestro esfuerzo ha de tender a que, conmovidos por las inquietudes y miserias del prójimo, roguemos a Dios que infunda en nosotros sentimientos de misericordia y compasión, de manera que nuestros corazones estén siempre llenos de estos sentimientos.
El servicio a los pobres ha de ser preferido a todo, y hay que prestarlo sin demora. Por esto, si en el momento de la oración hay que llevar a algún pobre un medicamento o un auxilio cualquiera, id a él con el ánimo bien tranquilo y haced lo que convenga, ofreciéndolo a Dios como una prolongación de la oración. Y no tengáis ningún escrúpulo ni remordimiento de conciencia si, por prestar algún servicio a los pobres, habéis dejado la oración; salir de la presencia de Dios por alguna de las causas enumeradas no es ningún desprecio a Dios, ya que es por él por quien lo hacemos.
Así pues, si dejáis la oración para acudir con presteza en ayuda de algún pobre, recordad que aquel servicio lo prestáis al mismo Dios. La caridad, en efecto, es la máxima norma, a la que todo debe tender: ella es una ilustre señora, y hay que cumplir lo que ordena. Renovemos, pues, nuestro espíritu de servicio a los pobres, principalmente para con los abandonados y desamparados, ya que ellos nos han sido dados para que los sirvamos como a señores.
Responsorio 1 Co 9, 19. 22; Jb 29, 15-16
R. Siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos. Me he
hecho débil con los débiles. * Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a
algunos.
V. Yo era ojos para el ciego, era pies para el cojo, yo era
padre de los pobres.
R. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a
algunos.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Fue san Vicente consuelo de los que sufrían, defensor de los huérfanos y apoyo de las viudas.
Vísperas: «Lo que hicisteis con uno de mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis», dice el Señor.
Oración
Señor, tú que adornaste a san Vicente de Paúl con las cualidades de un verdadero apóstol, para que se entregara al servicio de los pobres y a la formación de los ministros de tu Iglesia, concédenos a nosotros que, animados por un celo semejante al suyo, amemos lo que él amó y practiquemos lo que él enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 28 DE SEPTIEMBRE
SAN WENCESLAO,
mártir
Del Común
de mártires: para un mártir.
SEGUNDA LECTURA
De la Leyenda primera paleoslava
(Edición M. Weingart, Praga 1934, 974-983)
CUANDO UN REY JUZGA LEALMENTE A LOS DESVALIDOS, SU TRONO ESTÁ SIEMPRE FIRME
Al morir su padre Bratislao, los habitantes de Bohemia eligieron por duque a Wenceslao. Por la gracia de Dios, era hombre de una fe íntegra. Auxiliaba a todos los pobres, vestía a los desnudos, alimentaba a los hambrientos, acogía a los peregrinos, conforme a las enseñanzas evangélicas. No toleraba que se cometiera injusticia alguna contra las viudas; amaba a todos los hombres, pobres y ricos, servía a los ministros de Dios, embellecía muchas iglesias.
Pero los hombres de Bohemia se ensoberbecieron y persuadieron a su hermano menor, Boleslao, diciéndole:
"Wenceslao conspira con su madre y con sus hombres para matarte."
Wenceslao acostumbraba ir a todas las ciudades para visitar sus iglesias en el día de la dedicación de cada una de ellas. Entró, pues, en la ciudad de Boleslavia, un domingo, coincidiendo con la fiesta de los santos Cosme y Damián. Después de oír misa, quería regresar a Praga, pero Boleslao lo retuvo pérfidamente, diciéndole:
"¿Por qué has de marcharte, hermano?"
A la mañana siguiente, las campanas tocaron para el oficio matutino. Wenceslao, al oír las campanas, dijo:
"Loado seas, Señor, que me has concedido vivir hasta la mañana de hoy."
Se levantó y se dirigió al oficio matutino. Al momento, Boleslao lo alcanzó en la puerta. Wenceslao lo miró y le dijo:
"Hermano, ayer nos trataste muy bien."
Pero el diablo, susurrando al oído de Boleslao, pervirtió su corazón; y, sacando la espada, Boleslao contestó a su hermano:
"Pues ahora quiero hacerlo aún mejor."
Dicho esto, lo hirió con la espada en la cabeza. Wenceslao, volviéndose a él, le dijo:
"¿Qué es lo que intentas hacer, hermano?"
Y, agarrándolo, lo hizo caer en tierra. Vino corriendo uno de los consejeros de Boleslao ehirió a Wenceslao en la mano. Éste, al recibir la herida, soltó a su hermano e intentó refugiarse en la iglesia, pero dos malvados lo mataron en la puerta. Otro, que vino corriendo, atravesó su costado con la espada. Wenceslao expiró al momento, pronunciando aquellas palabras:
"A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu."
Responsorio Cf. Os 14. 6; Sal 91, 14
R. El justo germinará como una azucena. * Y florecerá eternamente
ante el Señor.
V. Plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de
nuestro Dios.
R. Y florecerá eternamente ante el Señor.
Oración
Dios nuestro, que impulsaste al santo mártir Wenceslao a anteponer el reino de los cielos a un reino terrenal, concédenos, por su intercesión, que tengamos valor para dejar lo que nos impida unirnos a ti de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 28 DE SEPTIEMBRE
SAN LORENZO RUIZ
Y
COMPAÑEROS, mártires
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
Homilía del Papa Juan Pablo II en la Misa de canonización de 16 mártires del Japón, el 18 de octubre de 1987.
(Ecclesia, núm. 2346, 21 noviembre 1987, pp. 25 y 27, nn. 5-7. L'Osservatore Romano, edición española, 25 octubre 1987).
"QUÉ HERMOSOS SON SOBRE LOS MONTES LOS PIES DEL MENSAJERO QUE TRAE LA BUENA NUEVA" (IS 52,7).
"Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que trae la buena nueva" (Is 52,7). Esta canonización del beato Lorenzo Ruiz y sus compañeros, martirizados en Nagasaki y alrededores entre 1633 y 1637, constituye una confirmación elocuente de estas palabras evangélicas. Dieciséis hombres y mujeres dieron testimonio, con su heroico sufrimiento y muerte, de su fe en el mensaje de salvación en Cristo, que llegó a ellos después de haber sido proclamado de generación en generación desde el tiempo de los Apóstoles. En sus sufrimientos, su amor a imitación de Jesús alcanzó su cumplimiento, y su configuración sacramental con Jesús, el único mediador, llegó a la perfección. "Porque nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya" (Rm 6,5).
Estos santos mártires, diferentes por su origen, lengua, raza y condición social están unidos entre sí juntamente con todo el Pueblo de Dios en el misterio salvífico de Cristo, el Redentor. Juntamente con ellos, también nosotros, reunidos aquí con los padres sinodales de casi todos los países del mundo, cantamos al Cordero el nuevo cántico del libro del Apocalipsis: "Eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado, y con tu sangre has comprado para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal que sirva a Dios y reine sobre la Tierra" (Ap 5,9-10).
El mensaje de los mártires, mensaje de suprema fidelidad a Cristo, interpela a Europa, con su fundamento cristiano común colocado por los Apóstoles Pedro y Pablo, a la Europa que durante dos mil años ha sido un semillero de misioneros.
Interpela a Filipinas, que fue el lugar de la inmediata preparación y fortalecimiento en la fe para once de los nuevos santos; a Filipinas que, como señalé con ocasión de la beatificación de los mártires en Manila el año 1981, al ser evangelizada ha sido llamada a convertirse en evangelizadora, a tomar parte en la gran obra de llevar el Evangelio a los pueblos de Asia. Que esta tarea de evangelización comience en familias filipinas siguiendo el ejemplo de Lorenzo Ruiz, esposo y padre de tres hijos, quien primeramente colaboró con los padres dominicos en Manila y posteriormente compartió su martirio en Nagasaki.Él es ahora el primer santo filipino canonizado.
Los santos mártires interpelan a la Iglesia en Japón, particularmente a la archidiócesis de Nagasaki; a la Iglesia en Taiwan y en Macao, y a todos los discípulos de Cristo en Asia. ¡Ojalá que el ejemplo y la intercesión de estos nuevos santos ayude a extender la verdad y el amor cristiano por todo lo ancho y largo de este vasto continente!
Toda la Iglesia de Dios se alegra de su victoria. La Iglesia en Italia, Francia, España, Taiwan, Macao, Filipinas y Japón se llena de admiración y alegría por la buena noticia anunciada por la pasión y la muerte de estos valientes discípulos de Jesucristo, "el testigo veraz, el primogénito de entre los muertos" (Ap 1,5). Con el testimonio de su vida generosamente ofrecida por amor a Cristo, los nuevos santos hablan hoy a toda la Iglesia: la impulsan y la estimulan en su misión evangelizadora.
Responsorio
R. Los santos mártires derramaron gloriosamente su sangre por
el Señor; amaron a Cristo durante su vida, lo imitaron en su muerte.
* Por eso,
merecieron recibir la corona del triunfo.
V.
Tenían un solo Espíritu, y una sola fe.
R. Por
eso, merecieron recibir la corona del triunfo.
Oración
Concédenos, Señor y Dios nuestro, la constancia de ánimo de tus santos mártires Lorenzo Ruiz y compañeros para servirte a ti y al prójimo, ya que son felices en tu reino los que han sufrido persecución por causa de la justicia. Por nuestro Señor Jesucristo.
29 DE SEPTIEMBRE
SANTOS ARCÁNGELES MIGUEL,
GABRIEL
Y RAFAEL
Fiesta
Ant. Venid, adoremos al Señor, delante de los ángeles.
HIMNO
«¿Quién como Dios?»,
fue el grito de victoria
que el arcángel lanzó contra Luzbel.
¡Príncipe
digno dé eternal memoria!
Desde aquella lejana prehistoria,
lo repite su
nombre: Mi-ca-el.
No la espada, la
cándida azucena
lleva en su mano el ángel san Gabriel,
cuando rinde a la
virgen nazarena
el mensaje de que ella, gracia plena,
será Madre del
Hijo: el Emmanuel.
Medicina de Dios para
Tobías,
el peregrino arcángel Rafael
sabe ser el mejor de nuestros
guías,
cura nuestras dolencias y agonías
con la gracia de Dios y con la
hiel.
Arcangélico grupo
septenario,
que asiste ante el Dios vivo de Israel,
¡quién supiera cantar
a ese ternario
que se nos dio por guía y emisario
en los designios que
designa él!
Ante el trono de Dios
y del Cordero,
caudillos de la hueste celestial,
alabad al Dios trino y
verdadero
y mirad por el hombre, pasajero
de un mundo que está enfermo y
es mortal. Amén
SALMODIA
Ant. 1. Se agitó el mar y la tierra tembló cuando el arcángel Miguel bajaba del cielo.
Salmo 96
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodea, justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza el fuego, abrasando en torno a los enemigos; sus relámpagos deslumbran el orbe, y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan, los que ponen su orgullo en los ídolos; ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión, y se alegra, se regocijan las ciudades de Judá por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal, protege la vida de sus fieles y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre.
Ant. Se agitó el mar y la tierra tembló cuando el arcángel Miguel bajaba del cielo.
Ant. 2. El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le dijo: «Tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan».
Salmo 102
I
Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura; el sacia de bienes tus anhelos, y como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Ant. El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le dijo: «Tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan».
Ant. 3. Yo soy el ángel Rafael, que estoy al servicio de Dios; vosotros bendecid al Señor y escribid todo lo que os ha ocurrido.
II
Porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como flor del campo, que el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a verla.
Pero la misericordia del Señor dura siempre, su justicia pasa de hijos a nietos: para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono, su soberanía gobierna el universo. bendecid al Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos. Bendecid al Señor, todas sus obras, en todo lugar de su imperio.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Ant. 3. Yo soy el ángel Rafael, que estoy al servicio de Dios; vosotros bendecid al Señor y escribid todo lo que os ha ocurrido.
PRIMERA LECTURA
Del Libro del Apocalipsis 12, 1-17
BATALLA DE MIGUEL CON EL DRAGÓN
Apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, y gritaba entre los espasmos del parto, y por el tormento de dar a luz. Apareció una señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.
El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios, para que allí la sustenten mil doscientos sesenta días.
Se trabó una batalla en el cielo; Miguel y sus ángeles declararon la guerra al dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no vencieron, y no quedó lugar para ellos en el cielo. Y al gran dragón, a la serpiente primordial que se llama diablo y Satanás, y extravía la tierra entera lo precipitaron a la tierra, y a sus ángeles con él. Se oyó una gran voz en el cielo:
«Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reino de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche. Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas. ¡Ay de la tierra y del mar! El diablo bajó contra vosotros rebosando furor, pues sabe que le queda poco tiempo.»
Cuando vio el dragón que lo habían arrojado a la tierra se puso a perseguir a la mujer que había dado a luz el hijo varón. Le pusieron a la mujer dos alas de águila real para que volase a su lugar en el desierto, donde será tentada un año y otro año y medio año, lejos de la serpiente.
La serpiente, persiguiendo a la mujer, echó por la boca un río de agua, para que el río la arrastrase; pero la tierra salió en ayuda de la mujer, abrió su boca y se bebió el río salido de la boca de la serpiente. Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.
Responsorio Ap 12, 7. 8.
10 R. Se hizo silencio en el cielo cuando el
dragón trabó batalla con el arcángel Miguel; * Se oyó una voz que decía:
«Victoria, honor y poder al Dios todopoderoso.»
V. Ahora se estableció
la salud y el poderío, y la potestad de su Cristo.
R. Se oyó una voz que
decía: «Victoria, honor y poder al Dios todopoderoso.».
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios
(Homilía 34, 8-9: PL 76,1250-1251)
EL NOMBRE DE «ÁNGEL» DESIGNA LA FUNCIÓN, NO EL SER
Hay que saber que el nombre de "ángel", designa la función, no el ser del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles.
Por esto, a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría.
Por la misma razón, se les atribuyen también nombres personales, que designan cuál es su actuación propia. Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión del Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y; así, Miguel significa: "¿Quién como Dios?, Gabriel significa: Fortaleza de Dios" y Rafael significa: "Medicina de Dios.
Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiere un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios, diciendo: Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono, me igualaré al Altísimo, nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando, al fin del mundo, será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se trabó una batalla con el arcángel Miguel.
A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: "Fortaleza de Dios", porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas.
Rafael significa, como dijimos: "Medicina de Dios"; este nombre le viene del hecho de haber curado a Tobías, cuando, tocándole los ojos con sus manos, lo libró de las tinieblas de su ceguera. Si, pues, había sido enviado a curar, con razón es llamado "Medicina de Dios".
Responsorio Cf. Ap 8, 3. 4; Dn 7, 10
R. Un ángel se puso junto al altar del templo con un
incensario de oro en sus manos, y le entregaron muchos perfumes. * Y por manos del ángel
subió a la presencia del Señor el humo de los perfumes.
V. Miles y miles le
servían, millones estaban a sus órdenes.
R.
Y por manos del ángel subió a la presencia del
Señor el humo de los perfumes.
HIMNO Te Deum
Oración
Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
HIMNO
En la hora en que
Cristo resucita,
clama Miguel, el poderoso príncipe:
«¿Quién como tú, mi
Dios, Jesús humilde?
Al pecado de los hombres descendiste
y hoy el Padre
te signa y te bendice.»
En la hora en que
Cristo resucita,
dice Gabriel, el que anunció a María:
«¡Exulta, Iglesia,
virgen afligida,
el Santo vencedor es tu Mesías!
Nadie podrá dar muerte a
tu alegría.»
En la hora en que
Cristo resucita,
proclama Rafael, el peregrino:
«¡Glorificad conmigo a
aquel que dijo:
Yo soy la luz del mundo y el camino!
¡Bendecidle, que el
viaje está cumplido!»
En la hora en que
Cristo resucita,
se ha tendido la escala misteriosa
y el coro de los
ángeles le adora:
«¡Somos, Señor, los siervos de tu gloria,
cielo y tierra
cantemos tu victoria!» Amén.
Ant. 1. Alabemos al Señor, a quien alaban también los ángeles, a quien los querubines y serafines aclaman, diciendo: «Santo, santo, santo.»
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Ángeles del Señor, bendecid al Señor eternamente.
Ant. 3. En el cielo, Señor, todos los ángeles te proclaman santo, y dicen a una voz: «Oh Dios, tú mereces alabanza.»
LECTURA BREVE Gn 28, 12-13a
Vio Jacob en sueños una escalinata apoyada en la tierra y cuya cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. Y vio al Señor que estaba de pie sobre ella y le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac.»
RESPONSORIO BREVE
V. El ángel se puso en pie junto al altar. R. El ángel. V. Con un incensario de oro en sus manos. R. Junto al altar. V. Gloria. R. El ángel.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Os lo digo con toda verdad: «Habéis de ver el cielo abierto y a los ángeles de Dios, subiendo y bajando en servicio del Hijo del hombre.»
PRECES
Adoremos, hermanos, al Señor, a quien proclaman los ángeles a una voz, y digámosle con gozo: Bendecid al Señor, todos sus ángeles.
Tú, Señor, que has dado órdenes a tus ángeles para que nos guarden en nuestros caminos, * condúcenos hoy por tus sendas y no permitas que caigamos en el pecado.
Haz que te busquemos a ti en todo lo que hagamos * y seamos así semejantes a los ángeles que están viendo siempre tu rostro.
Concédenos, Señor, la pureza del alma y la castidad del cuerpo, * para que seamos como tus ángeles en el cielo.
Manda, Señor, en ayuda de tu pueblo al gran arcángel Miguel, * para que nos sintamos protegidos en nuestras luchas contra Satanás y sus ángeles.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios todopoderoso, que, con una providencia admirable, llamas a los ángeles y a los hombres para que cooperen a tu plan de salvación, haz que, durante nuestro peregrinar en la tierra, nos sintamos siempre protegidos por los ángeles, que en el cielo están en tu presencia para servirte y gozan ya contemplando tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Envía Cristo a tu
valiente jefe,
al ángel de la paz, a san Miguel,
y crecerá tu pueblo, con
su ayuda,
próspero y fiel.
Visite siempre nuestro
sacro templo
el ángel fuerte, el singular Gabriel,
y arroje fuera al
enemigo antiguo,
falso Luzbel.
Envía al ángel que a
tu pueblo sana;
manda, oh Cristo, del cielo a Rafael,
que acompañe a tu
pueblo peregrino,
nuevo Israel.
Nos asistan tus
ángeles gloriosos,
Cristo, gloria del coro angelical,
y con ellos cantemos
al Dios trino
himno triunfal. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Ensalzaste tu majestad sobre los cielos, oh Rey de los ángeles.
Salmo 8
MAJESTAD DEL
SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso bajo sus pies y lo dio
a la Iglesia como cabeza, sobre
todo. (Ef 1,22)
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre las cielos. De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos; la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él; el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre los obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por las aguas.
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ant. 1. Ensalzaste tu majestad sobre los cielos, oh Rey de los ángeles.
Ant. 2. Delante de los ángeles tañeré para ti, Dios mío.
Salmo 137
HIMNO DE
ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY
Los reyes de la tierra irán a llevar su esplendor
a la ciudad santa.
(cf. Ap 21,24)
Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario, daré gracias a tu nombre;
por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde, y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida; extiendes tu brazo contra la ira de mi enemigo, y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
Ant. 2. Delante de los ángeles tañeré para ti, Dios mío.
Ant. 3. Vi en medio, donde estaba el trono, un Cordero en pie y como degollado; y oí un coro de muchos ángeles alrededor del trono.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él
quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3. Vi en medio, donde estaba el trono, un Cordero en pie y como degollado; y oí un coro de muchos ángeles alrededor del trono.
LECTURA BREVE Ap 1, 4b-5
Gracia y paz a vosotros de parte de aquel que es, que era y que será; de parte de los siete espíritus que están ante su trono; y de parte de Jesucristo, el testigo veraz, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra, aquel que nos ama y que nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre.
RESPONSORIO BREVE
V. El humo del incienso subió a la presencia de Dios. R. El humo del incienso. V. De mano del ángel. R. A la presencia de Dios. V. Gloria. R. El humo del incienso.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El ángel Gabriel dijo a María: «Concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.»
PRECES
Oremos al Señor, pidiéndole que nos haga siempre prontos a la voz de su palabra, como los ángeles, y supliquémosle, diciendo: Escúchanos, Señor.
Para que, por mano de los ángeles, suban nuestras oraciones hasta ti como aroma de perfume.
Para que, por mano de los ángeles, sean llevadas nuestras ofrendas a tu presencia hasta el altar del cielo.
Para que, con el ejército celestial de los ángeles, demos gloria a Dios en el cielo y anunciemos en la tierra la paz a los hombres.
Para que, al fin de nuestra vida, nos reciban los ángeles y nos lleven a la patria del paraíso.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Para que el arcángel san Miguel conduzca a todos los difuntos al lugar de la luz y de la paz.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios todopoderoso, que, con una providencia admirable, llamas a los ángeles y a los hombres para que cooperen a tu plan de salvación, haz que, durante nuestro peregrinar en la tierra, nos sintamos siempre protegidos por los ángeles, que en el cielo están en tu presencia para servirte y gozan ya contemplando tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 30 DE SEPTIEMBRE
SAN JERÓNIMO, presbítero y
doctor de la Iglesia
Memoria
Del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del prólogo al comentario de san Jerónimo, presbítero, sobre el libro del profeta Isaías
(Núms. 1. 2: CCL 73,1-3)
IGNORAR LAS ESCRITURAS ES IGNORAR A CRISTO
Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice: Estudiad las Escrituras, y también: Buscad, y encontraréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis muy equivocados, porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues, si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.
Por esto, quiero imitar al padre de familia que del arca va sacando lo nuevo y lo antiguo, y a la esposa que dice en el Cantar de los cantares: He guardado para ti, mi amado, lo nuevo y lo antiguo; y, así, expondré el libro de Isaías, haciendo ver en él no sólo al profeta, sino también al evangelista y apóstol. Él, en efecto, refiriéndose a sí mismo y a los demás evangelistas, dice: ¡Qué hermosos son los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva! Y Dios le habla como a un apóstol, cuando dice: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá a ese pueblo? Y él responde: Aquí estoy, mándame.
Nadie piense que yo quiero resumir en pocas palabras el contenido de este libro, ya que él abarca todos los misterios del Señor: predice, en efecto, al Emmanuel que nacerá de la Virgen, que realizará obras y signos admirables, que morirá, será sepultado y resucitará del país de los muertos, y será el Salvador de todos los hombres.
¿Para qué voy a hablar de física, de ética, de lógica? Este libro es como un compendio de todas las Escrituras y encierra en sí cuanto es capaz de pronunciar la lengua humana y sentir el hombre mortal. El mismo libro contiene unas palabras que atestiguan su carácter misterioso y profundo: Cualquier visión se os volverá —dice— como el texto de un libro sellado: se lo dan a uno que sabe leer diciéndole: "Por favor, lee esto." Y él responde: "No puedo, porque está sellado." Y se lo dan a uno que no sabe leer, diciéndole: "Por favor, lee esto." Y él responde: "No sé leer."
Y, si a alguno le parece débil esta argumentación, que oiga lo que dice el Apóstol: De los profetas, que prediquen dos o tres, los demás den su opinión. Pero en caso que otro, mientras está sentado, recibiera una revelación, que se calle el de antes. ¿Qué razón tienen los profetas para silenciar su boca, para callar o hablar, si el Espíritu es quien habla por boca de ellos? Por consiguiente, si recibían del Espíritu lo que decían, las cosas que comunicaban estaban llenas de sabiduría y de sentido. Lo que llegaba a oídos de los profetas no era el sonido de una voz material, sino que era Dios quien hablaba en su interior como dice uno de ellos: El ángel que hablaba en mí, y también: Que clama en nuestros corazones: "¡Abbá! (Padre)", y asimismo: Voy a escuchar lo que dice el Señor.
Responsorio 2 Tm 3, 16-17; Pr 28, 7
R. Toda Escritura inspirada por Dios es útil para enseñar,
para educar en la virtud; * así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para
toda obra buena.
V. El que observa la ley es hijo prudente.
R. Así el hombre de
Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Oración
Oh Dios, que concediste a san Jerónimo saber gustar de la sagrada Escritura y vivirla intensamente, haz que tu pueblo se alimente cada vez más en tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 1 DE OCTUBRE
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS,
virgen
Memoria
Del Común de vírgenes.
SEGUNDA LECTURA
De la narración de la vida de santa Teresa del Niño Jesús, virgen, escrita por ella misma
(Manuscrits autobiographiques, Lisieux 1957, 227-229)
EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA, YO SERÉ EL AMOR
Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.
Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.
Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. En la caridad descubrí el quicio de mi vocación. Entendí, que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.
Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: "Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado."
Responsorio Cf. Sal 20, 4; cf. Jb 31, 18; cf. Ef 3, 18; Sal 30, 20
R. Te adelantaste, Señor, a bendecirme con tu amor, el cual
fue creciendo conmigo desde mi infancia; *
y aun ahora no alcanzo a comprender la
profundidad de tu amor.
V. ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles!
R. Y
aun ahora no alcanzo a comprender la profundidad de tu amor.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Yo os aseguro que, si no volvéis a haceros como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Vísperas: Estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.
Oración
Dios y Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los pequeños y a los humildes, haz que sigamos confiadamente el camino de sencillez que siguió santa Teresa del Niño Jesús, para que, por su intercesión, también nosotros lleguemos a descubrir aquella gloria que permanece escondida a los sabios y a los prudentes según el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE OCTUBRE
SANTOS ÁNGELES
CUSTODIOS
Memoria
Ant. Venid, adoremos al Señor, a quien sirven los ángeles.
HIMNO, como en las Laudes.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 12 sobre el salmo 90: Tú que habitas, 3, 6-8: Opera omnia, edición cisterciense, 4, 1966, 458-462)
QUE TE GUARDEN EN TUS CAMINOS
A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: "El Señor ha estado grande con ellos." Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.
A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.
Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.
En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.
Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.
Responsorio Sal 90, 11-12. 10
R. A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus
caminos; * te
llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra.
V. No se te acercará la
desgracia, ni la plaga llegará hasta tu tienda.
R. Te llevarán en sus
palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra.
HIMNO
Cantemos hoy a los
ángeles,
custodios nuestros y hermanos,
que velan por los humanos
y van
de su bien en pos.
Ven siempre la faz del
Padre,
él los ampara benigno,
y luchan contra el maligno
en las
batallas de Dios.
¡Oh espíritus
inmortales!
Tenéis por reina a María,
sois su vital letanía,
su
enamorada legión.
Por vuestro medio nos
llegan
dones y gracias del cielo,
la fe, la luz, el consuelo,
la paz y
la inspiración.
Terribles como un
ejército
bien ordenado en batalla,
vuestra asistencia no falla
contra
la insidia infernal.
Silentes guardas y
amigos,
de nuestra noche luceros,
seréis nuestros compañeros
en la
patria celestial.
La gloria a Dios que
ha creado
ejército tan prolijo:
que adore sumiso al Hijo,
su rey y su
plenitud,
y que al Espíritu Santo,
terrenos y celestiales,
le rindan
universales
tributos de gratitud. Amén.
Ant. 1. El Señor enviará a su ángel contigo y dará éxito a tu empresa.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Bendito sea Dios, que envió a su ángel y libró a sus siervos que en él confiaron.
Ant. 3. Alabad al Señor, todos sus ángeles; alabadlo, todos sus ejércitos.
LECTURA BREVE Ex 23, 20-21a
Voy a enviar un ángel delante de ti, para que te cuide en el camino y te conduzca al lugar que te he preparado. Pórtate bien en su presencia y obedécelo.
RESPONSORIO BREVE
V. Delante de los ángeles tañeré para ti, Dios mío. R. Delante de los ángeles. V. Y daré gracias a tu nombre. R. Tañeré para ti, Dios mío. V. Gloria. R. Delante de los ángeles.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Todos los ángeles son espíritus destinados a una misión, enviados en servicio de los que han de heredar la salvación.
PRECES
Adoremos, hermanos, al Señor, ante quien los ángeles se postran, y, suplicándole que mande a estos servidores de su reino para que nos ayuden en nuestro camino, digamos: Bendecid al Señor, todos sus ángeles.
Tú, Señor, que has dado órdenes a tus ángeles para que nos guarden en nuestros caminos, * condúcenos hoy por tus sendas y no permitas que caigamos en el pecado.
Haz que te busquemos a ti en todo lo que hagamos * y seamos así semejantes a los ángeles que están viendo siempre tu rostro.
Concédenos, Señor, la pureza del alma y la castidad del cuerpo, * para que seamos como tus ángeles en el cielo.
Manda, Señor, en ayuda de tu pueblo al gran arcángel Miguel, * para que nos sintamos protegidos en nuestras luchas contra Satanás y sus ángeles.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
Oración
Dios, Padre misericordioso, que, en tu providencia inefable, te has dignado enviar, para nuestra guarda, a tus santos ángeles, concede a quienes te suplican ser siempre defendidos por su protección y gozar eternamente su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Ángeles de la gloria y
del servicio,
que vivís junto a la fuente de la vida,
la santidad de Dios
es vuestra estancia
y su divina faz es vuestra dicha.
Ángeles servidores de
la paz
en Belén junto al Hijo de María,
ángeles que rendís adoración
en
el desierto al vencedor Mesías,
jóvenes de celestes
vestiduras
para anunciar en Pascua la noticia,
la Iglesia reconoce
vuestros pasos
y da gracias al Padre que os envía.
Ángeles invisibles y
callados,
vuestra gracia supera fantasía;
sois gozo de la excelsa
Trinidad
y ayuda de la Iglesia peregrina.
Honor y majestad a
Jesucristo,
cuyo rostro los ángeles ansían;
honor y gratitud al
Unigénito,
al que nos dio su honor con su venida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.
Salmo
33
I
Bendigo al Señor en todo
momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el
Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Proclamad conmigo la
grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor,
y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
Contempladlo y
quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca
al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
El ángel del Señor
acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno
es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
Todos sus santos,
temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos
empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de
nada.
Ant. El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege.
Ant. 2. Vive el Señor, cuyo ángel me ha protegido.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor
del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?
Guarda tu lengua del
mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca
la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor
miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se
enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el
Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los
atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra
muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus
huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al
malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus
siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
Ant. Vive el Señor, cuyo ángel me ha protegido.
Cántico Ap
11,17-18; 12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el que eras, porque has asumido el gran poder y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fe precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su Vida que temieran la muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas.
Ant. 3. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, pues él os ha mostrado su misericordia.
LECTURA BREVE Ap 8, 3-4
Vino un ángel y se puso en pie junto al altar, con un incensario de oro. Y se le dio gran cantidad de incienso, para que lo ofreciese en representación de las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro, que está delante del trono. Y el humo del incienso subió a la presencia de Dios, de mano del ángel, en representación de las oraciones de los santos.
RESPONSORIO BREVE
V. A sus ángeles Dios ha dado órdenes. R. A sus ángeles. V. Para que te guarden en tus caminos. R. Dios ha dado órdenes. V. Gloria. R. A sus ángeles.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sus ángeles están de continuo viendo el rostro de mi Padre celestial.
PRECES
Oremos al Señor, pidiéndole que nos haga siempre prontos a la voz de su palabra, como los ángeles, y démosle gracias, diciendo: Con los ángeles, cantamos el himno de tu gloria.
Señor, tú que quisiste que los ángeles anunciaran tus maravillas a los hombres, * haz que nosotros con su ayuda proclamemos también tus grandezas ante nuestros hermanos.
Dios altísimo, cuya santidad proclaman sin cesar los ángeles, * haz que tu Iglesia cante también siempre tu alabanza.
Tú, Señor, que has dado órdenes a tus ángeles para que guarden siempre los caminos de tus hijos, * haz que cuantos viajan por la tierra, por el mar y por el aire puedan regresar con paz y alegría a sus hogares.
Tú que quisiste que los ángeles anunciaran la paz a los hombres que tú amas, *envía también a tus ángeles a los que gobiernan las naciones para que procuren la paz de los pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Cuando mandes a tus ángeles con la trompeta atronadora para reunir a tus elegidos de los cuatro vientos, * haz que nuestros difuntos sean colocados entre tus elegidos.
Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor: Padre nuestro.
Oración
Dios, Padre misericordioso, que, en tu providencia inefable, te has dignado enviar, para nuestra guarda, a tus santos ángeles, concede a quienes te suplican ser siempre defendidos por su protección y gozar eternamente su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 4 DE OCTUBRE
SAN FRANCISCO DE
ASÍS
Memoria
Del Común de santos varones: para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Francisco de Asís, dirigida a todos los fieles (Opúsculos, edición Quaracchi, Florencia) 1949, 87-94)
DEBEMOS SER SENCILLOS, HUMILDES Y PUROS
La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno, tan santo y tan glorioso, fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre, diciendo: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz.
Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.
¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y al prójimo como a ti mismo! Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y con mente pura, ya que él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice: Los que quieran dar culto verdadero adorarán al verdadero padre en espíritu y verdad. Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y verdad. Y dirijámosle día y noche nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos; porque debemos orar siempre sin desanimarnos.
Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.
No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrario; debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana criatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que así obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de nuestro Señor Jesucristo.
Responsorio Mt 5, 3-4. 6
R. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el
reino de los cielos. * Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
V. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque
ellos quedarán saciados.
R. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Laudes
HIMNO
Ven, Francisco, a tus
hermanos,
visita a los pobrecillos;
ven traspasado de amor
por las
heridas de Cristo;
como nueva primavera
después del invierno
frío.
Ven, que los hombres
te vean
por el mundo peregrino:
liberado, sin alforja
y sin dinero en
el cinto;
y anuncia la paz y el bien
con los labios florecidos.
Ven con los brazos sin
armas,
hermano suave y pacífico;
ven, menor de los menores,
de corazón
compasivo;
profeta sin amargura,
ven con el ramo de olivo.
Ven, penitente
gozoso,
que lloras de regocijo;
heraldo loco de amor
y paz de los
enemigos;
ven por los barrios y plazas,
juglar del perdón
divino.
Ven, ángel de buenas
nuevas,
háblanos de Jesucristo;
ven, boca del Evangelio,
cristiano
sabio y sencillo;
hermano tan deseado,
Francisco tan bien querido.
Amén.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Francisco, pobre y humilde
en la tierra, entra colmado de riquezas en el cielo, y en su honor se elevan
himnos celestes.
Oración
Señor Dios, que en el pobre y humilde Francisco de Asís has dado a tu Iglesia una imagen viva de Jesucristo, haz que nosotros, siguiendo su ejemplo, imitemos a tu Hijo y vivamos, como este santo, unidos a ti en el gozo del amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Vísperas
HIMNO
En la cumbre de la
Verna
se han dado cita de amor
el siervo con su Señor
unidos en Pascua
eterna.
Del cielo el Señor
venía,
Hijo de Dios humanado,
tenía el cuerpo llagado
y el rostro
resplandecía.
¡Oh Jesús, el más
hermoso
entre los hijos de Adán,
libres tus brazos están
para el abrazo
de esposo!
Y Francisco se ha
quedado
de gracia y amor transido;
por Cristo se encuentra herido
en
manos, pies y costado.
Ved la Regla ya
cumplida
en el monte de la alianza;
amor que la sangre alcanza
es de
aquel que da la vida.
¡Gloria a ti, Cristo
benigno,
en el precioso madero;
para el gozo verdadero
guárdanos bajo
tu signo! Amén.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Líbreme Dios de gloriarme
si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; porque yo llevo en mi cuerpo
sus marcas.
Oración
Señor Dios, que en el pobre y humilde Francisco de Asís has dado a tu Iglesia una imagen viva de Jesucristo, haz que nosotros, siguiendo su ejemplo, imitemos a tu Hijo y vivamos, como este santo, unidos a ti en el gozo del amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 6 DE OCTUBRE
SAN BRUNO,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero o del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De una carta de san Bruno, presbítero, a sus hijos cartujos
(Núms. 1-3: SC 88, 82-84)
SE ALEGRA MI ESPÍRITU EN EL SEÑOR
Habiéndome enterado, por la detallada y agradable relación de nuestro venerable hermano Landovino, del inflexible rigor con que observáis, de un modo tan sabio y digno de alabanza, vuestra Regla, y habiendo sabido de vuestro santo amor y vuestro constante interés por todo lo que se refiere a la integridad y la honestidad, se alegra mi espíritu en el Señor. En verdad, me alegro y prorrumpo en alabanzas y acciones de gracias al Señor y, sin embargo, suspiro amargamente. Me alegro, ciertamente, como es de justicia, por el incremento de los frutos de vuestras virtudes, pero me duelo y me avergüenzo de verme yo postrado, por mi indolencia y apatía, en la sordidez de mis pecados.
Alegraos, pues, hermanos míos muy amados, por vuestro feliz destino y por la liberalidad de la gracia divina para con vosotros. Alegraos, porque habéis escapado de los múltiples peligros y naufragios de este mundo tan agitado. Alegraos, porque habéis llegado a este puerto escondido, lugar de seguridad y de calma, al cual son muchos los que desean venir, muchos los que incluso llegan a intentarlo, pero sin llegar a él. Muchos también, después de haberlo conseguido, han sido excluidos de él, porque a ninguno de ellos le había sido concedida esta gracia desde lo alto.
Por lo tanto, hermanos míos, tened por bien cierto que todo aquel que ha llegado a disfrutar de este bien tan deseable, si llega a perderlo, se arrepentirá hasta el fin si es que tiene un mínimo de interés y solicitud por la salvación de su alma.
Con respecto a vosotros, mis amadísimos hermanos legos, yo os digo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque veo la magnificencia de su misericordia sobre vosotros, por lo que me ha contado vuestro prior y padre amantísimo, el cual está muy satisfecho y contento de vuestro proceder. Alegrémonos también nosotros porque, sin haberos dedicado al estudio, el Dios poderoso graba en vuestros corazones no sólo el amor, sino también el conocimiento de su santa ley. En efecto, vuestra conducta es una prueba de vuestro amor, como también de vuestra sabiduría. Porque vuestro interés y cautela en practicar la verdadera obediencia pone de manifiesto que sabéis captar el fruto dulcísimo y vital de la sagrada Escritura.
Responsorio Sal 54, 7-8; 1 Jn 2, 17
R. ¡Quien me diera alas de paloma para volar y posarme!
* Emigraría lejos, habitaría en el desierto.
V. El mundo pasa,
con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
R. Emigraría lejos, habitaría en el desierto.
Oración
Señor, Dios nuestro, que llamaste a san Bruno a la soledad y quisiste que allí te sirviera en la oración y en el silencio, haz que nosotros, por su intercesión, en medio de la agitación de este mundo, sepamos encontrar siempre en ti nuestro descanso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 7 DE OCTUBRE
NUESTRA SEÑORA DEL
ROSARIO
Memoria
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardo, abad
(Sermón sobre el acueducto: Opera omnia, edición cisterciense, 5 [1968], 282-283)
CONVIENE MEDITAR LOS MISTERIOS DE SALVACIÓN
El Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. ¡La fuente de la sabiduría, la Palabra del Padre en las alturas! Esta Palabra, por tu mediación, Virgen santa, se hará carne, de manera que el mismo que afirma: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí podrá afirmar igualmente: Yo salí de Dios, y aquí estoy.
En el principio —dice el Evangelio— ya existía la Palabra. Manaba ya la fuente, pero hasta entonces sólo dentro de sí misma. Y continúa el texto sagrado: Y la Palabra estaba junto a Dios, es decir, morando en la luz inaccesible; y el Señor decía desde el principio: Mis designios son de paz y no de aflicción. Pero tus designios están escondidos en ti, y nosotros no los conocemos; porque, ¿quién había penetrado la mente del Señor?, o ¿quién había sido su consejero?
Pero llegó el momento en que estos designios de paz se convirtieron en obra de paz: La Palabra se hizo carne y ha acampado ya entre nosotros; ha acampado, ciertamente, por la fe en nuestros corazones, ha acampado en nuestra memoria, ha acampado en nuestro pensamiento y desciende hasta la misma imaginación. En efecto, ¿qué idea de Dios hubiera podido antes formarse el hombre, que no fuese un ídolo fabricado por su corazón? Era incomprensible e inaccesible, invisible y superior a todo pensamiento humano; pero ahora ha querido ser comprendido, visto, accesible a nuestra inteligencia.
¿De qué modo?, te preguntarás. Pues yaciendo en un pesebre, reposando en el regazo virginal, predicando en la montaña, pasando la noche en oración; o bien pendiente de la cruz, en la lividez de la muerte, libre entre los muertos y dominando sobre el poder de la muerte, como también resucitando al tercer día y mostrando a los apóstoles la marca de los clavos, como signo de victoria, y subiendo finalmente, ante la mirada de ellos, hasta lo más íntimo de los cielos.
¿Hay algo de esto que no sea objeto de una verdadera, piadosa y santa meditación? Cuando medito en cualquiera de estas cosas, mi pensamiento va hasta Dios y, a través de todas ellas, llego hasta mi Dios. A esta meditación la llamo sabiduría, y para mí la prudencia consiste en ir saboreando en la memoria la dulzura que la vara sacerdotal infundió tan abundantemente en estos frutos, dulzura de la que María disfruta con toda plenitud en el cielo y la derrama abundantemente sobre nosotros.
Responsorio Lc 1, 42. 28
R. No hay nadie semejante a ti, Virgen María, entre las hijas
de Jerusalén: tú eres la madre del Rey de los reyes, tú la señora de los
ángeles, tú la reina de los cielos. * Bendita tú entre las
mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
V. Alégrate, llena
de gracia, el Señor está contigo.
R.
Bendita tú entre las mujeres, y bendito el
fruto de tu vientre.
HIMNO
Resplandeciente de
alegría,
amargo mar de los pesares,
vestida de gracia y de gloria,
te
cantamos, oh Virgen María.
Gozosa cuando a Dios
concibes,
cuando anhelante das el fruto,
cuando lo ofreces y lo
pierdes,
al Hijo, que es la luz del mundo.
Salve, primera de los
mártires,
en el dolor de tu martirio;
tu corazón supo de espinas,
tu
alma de cruces y de lirios.
Reina de gloria
refulgente,
Madre fecunda de la Iglesia,
cuando las llamas del
Paráclito
del mundo ardieron las tristezas.
Recoged las Aves
Marías
para un rosario de azucenas;
cantad a María alabanzas,
que es
Madre de eterna belleza. Amén.
Ant. 1. De María nació Jesús, que es el Mesías.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Unidos a ti, Madre, bendecimos al Señor, que al morir nos puso como hijos bajo tu cuidado.
Ant. 3. La Virgen María ha sido glorificada por encima de los coros de los ángeles y lleva una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
LECTURA BREVE Is 61, 10
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.
RESPONSORIO BREVE
V. El Señor la eligió y la predestinó. R. El Señor. V. La hizo morar en su templo santo. R. Y la predestinó. V. Gloria. R. El Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Madre dichosa, Virgen intacta, Reina gloriosa del mundo: haz que sintamos tu protección los que hoy celebramos esta fiesta en tu honor.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, * haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada, * líbranos de toda ocasión de pecado.
Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, * por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre, * haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Señor, que por el anuncio del ángel nos has hecho conocer la encarnación de tu Hijo, infunde tu gracia en nosotros y concédenos, por la intercesión de la Santísima Virgen María, que podamos alcanzar, por la virtud de la pasión y de la cruz de tu Hijo Jesucristo, la gloria de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Resplandeciente de
alegría,
amargo mar de los pesares,
vestida de gracia y de gloria,
te
cantamos, oh Virgen María.
Gozosa cuando a Dios
concibes,
cuando anhelante das el fruto,
cuando lo ofreces y lo
pierdes,
al Hijo, que es la luz del mundo.
Salve, primera de los
mártires,
en el dolor de tu martirio;
tu corazón supo de espinas,
tu
alma de cruces y de lirios.
Reina de gloria
refulgente,
Madre fecunda de la Iglesia,
cuando las llamas del
Paráclito
del mundo ardieron las tristezas.
Recoged las Aves
Marías
para un rosario de azucenas;
cantad a María alabanzas,
que es
Madre de eterna belleza. Amén.
Ant. 1. El ángel del Señor anunció a María, Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. El ángel del Señor anunció a María, Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Ant. 2. Estaba su madre junto a la cruz de Jesús.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Estaba su madre junto a la cruz de Jesús.
Ant. 3. Alégrate, Virgen Madre, Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Alégrate, Virgen Madre, Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya.
RESPONSORIO BREVE
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. R. Alégrate, María. V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. R. El Señor está contigo. V. Gloria. R. Alégrate, María.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
O bien: Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia, * concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor, * y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Señor, que por el anuncio del ángel nos has hecho conocer la encarnación de tu Hijo, infunde tu gracia en nosotros y concédenos, por la intercesión de la Santísima Virgen María, que podamos alcanzar, por la virtud de la pasión y de la cruz de tu Hijo Jesucristo, la gloria de su resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE OCTUBRE
SANTOS DIONISIO, obispo
y
COMPAÑEROS, mártires
Del Común
de mártires: para varios mártires.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo ciento dieciocho
(Cap. 20, 47-50: CSEL 62, 467-469)
SÉ UN TESTIGO FIEL Y VALEROSO
Como hay muchas clases de persecución, así también hay muchas clases de martirio. Cada día eres testigo de Cristo.
Te tienta el espíritu de fornicación, pero, movido por el temor del futuro juicio de Cristo, conservas incontaminada la castidad de la mente y del cuerpo: eres mártir de Cristo. Te tienta el espíritu de avaricia y te impele a apoderarte de los bienes del más débil o a violar los derechos de una viuda indefensa, mas, por la contemplación de los preceptos celestiales, juzgas preferible dar ayuda que inferir injuria: eres testigo de Cristo. Tales son los testigos que quiere Cristo, según está escrito: Defended al huérfano, proteged a la viuda; entonces, venid, y litigaremos —dice el Señor—. Te tienta el espíritu de soberbia, pero, viendo al pobre y al desvalido, te compadeces de ellos, prefiriendo la humildad a la arrogancia: eres testigo de Cristo. Has dado el testimonio no sólo de tus palabras, sino de tus obras, que es lo que más cuenta.
¿Cuál es el testigo más fidedigno sino el que confiesa a Jesucristo venido en carne, y guarda los preceptos evangélicos. Porque el que escucha pero no pone por obra niega a Cristo; aunque lo confiese de palabra, lo niega con sus obras. Muchos serán los que dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros? Y a éstos les responderá el Señor en aquel día: Alejaos de mi; malvados. El verdadero testigo es el que con sus obras sale fiador de los preceptos del Señor Jesús.
¡Cuántos son los que practican cada día este martirio oculto y confiesan al Señor Jesús! También el Apóstol sabe de este martirio y de este testimonio fiel de Cristo, pues dice: Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia. ¡Cuántos hay que niegan por dentro lo que confiesan por fuera! No os fiéis —dice la Escritura— de cualquier espíritu, sino que por sus frutos conoceréis de cuáles debéis fiaros. Por tanto, en las persecuciones interiores, sé fiel y valeroso, para que seas aprobado en aquellas persecuciones exteriores. También en las persecuciones interiores hay reyes y gobernantes, jueces terribles por su poder. Tienes un ejemplo de ello en la tentación que sufrió el Señor.
Y en otro lugar leemos: Que el pecado no siga dominando vuestro cuerpo mortal. Ya ves, oh hombre, cuáles son los reyes y gobernantes de pecado ante los cuales has de comparecer, si dejas que la culpa reine en ti. Cuantos sean los pecados y vicios, tantos son los reyes ante los cuales somos llevados y comparecemos. También estos reyes tienen establecido su tribunal en la mente de muchos. Pero el que confiesa a Cristo hace, al momento, que aquel rey se convierta en cautivo y lo arroja del trono de su mente. En efecto, ¿cómo podrá permanecer el tribunal del demonio en aquel en quien se levanta el tribunal de Cristo?
Responsorio
R. Los santos de Dios libraron un gran combate, pasaron por el
fuego y por el agua y se salvaron; *
y recibieron del Señor, nuestro Dios, la
corona del triunfo.
V. Éstos son los santos que para dar testimonio de Dios
entregaron sus cuerpos al martirio.
R.
Y recibieron del Señor, nuestro Dios, la
corona del triunfo.
Oración
Dios nuestro, que enviaste a san Dionisio y a compañeros a anunciar el Evangelio a pueblos que no te conocían y les concediste una gran fortaleza en su martirio, haz que también nosotros, siguiendo, su ejemplo, tengamos en menos los favores de este mundo y no temamos nunca sus desprecios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 9 DE OCTUBRE
SAN JUAN
LEONARDI,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero o del Común
de santos varones: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Juan Leonardi, presbítero, al papa Pablo quinto
(Cartas por la reforma universal de toda la Iglesia: en el Archivo de la Orden de Clérigos Regulares de la Madre de Dios)
TE HAN EXPLICADO, HOMBRE, LO QUE DIOS DESEA DE TI
Los que quieren dedicarse a la reforma de costumbres deben, en primer lugar, buscando la gloria de Dios por encima de todo, esperar y pedir la ayuda, para un asunto tan arduo y saludable, de aquel de quien procede todo bien. Luego, han de presentarse ante los ojos de aquellos a quienes se desea reformar como un espejo de todas las virtudes y como lámparas puestas sobre el candelero de tal modo que, por la integridad de su conducta y con el resplandor de sus costumbres, alumbren a todos los que están en la casa de Dios; y así, más que obligar, inciten con suavidad a la reforma, no sea que se busque en el cuerpo, según dice el Concilio de Trento, lo que no se halla en la cabeza, pues así vacilaría la estabilidad y el orden de toda la familia del Señor. Además, procurarán con diligencia, a la manera de un médico precavido, conocer todas las enfermedades que afligen a la Iglesia y que piden remedio, para poder aplicar a cada una de ellas el remedio adecuado.
Por lo que mira a estos remedios, ya que han de ser comunes a toda la Iglesia —pues la reforma de la misma ha de afectar igualmente a los grandes y a los pequeños, es decir, a los gobernantes y a los gobernados—, habría que fijar la atención primeramente en todos aquellos que están puestos al frente de los demás, para que así la reforma comenzara por el punto desde donde debe extenderse a las otras partes del cuerpo.
Habría que poner un gran empeño en que los cardenales, los patriarcas, los arzobispos, los obispos y los párrocos, a quienes se ha encomendado directamente la cura de almas, fuesen tales que se les pudiera confiar con toda seguridad el gobierno de la grey del Señor. Pero bajemos también de los grandes a los pequeños, es decir, de los gobernantes a los gobernados: porque no hay que descuidar a aquellos de quienes ha de surgir el inicio de la renovación de las costumbres en la Iglesia. No debemos perdonar esfuerzo alguno para que los niños, desde su más tierna infancia, sean educados en la verdad de la fe cristiana y en una conducta conforme a la misma. Nada ayuda tanto a este objetivo como la asociación para enseñar la doctrina cristiana, y el confiar la instrucción catequística de los niños sólo a hombres buenos y temerosos de Dios.
Esto es, santísimo Padre, lo que de momento se ha dignado sugerirme el Señor sobre asunto tan importante; a primera vista, parecerá muy difícil, pero, si se compara con la trascendencia de la cuestión, parecerá muy fácil, ya que grandes males exigen grandes remedios.
Responsorio
R. Este hombre cumplió todo lo que Dios le mandó, por lo cual
Dios le dijo: * «Entra en mi descanso, porque he visto que eres justo ante
mí, en medio de todas las naciones.»
V.
Él tuvo en menos la vida del mundo y llegó
hasta el reino celestial.
R.
Entra en mi descanso, porque he visto que eres
justo ante mí, en medio de todas las naciones.
Oración
Señor Dios, fuente y origen de todo bien, que inspiraste a san Juan Leonardi el deseo ardiente de anunciar a los pueblos tu Evangelio, haz que, por su intercesión, la fe verdadera progrese siempre en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 9 DE OCTUBRE
SAN HÉCTOR
VALDIVIELSO SÁEZ,
mártir
Del Común
de un mártir
SEGUNDA
LECTURA
Del Comentario sobre los
salmos de san Ambrosio de Milán, obispo
(Salmo 43,37-39: CSEL 64,288-290)
LA SEMILLA DE
TODOS ES CRISTO
Hay quienes están
destinados a ser ovejas de matanza. Entre éstos está nuestro buen Señor
Jesucristo que se ha convertido en el cordero de nuestro banquete. ¿Cómo?, me
preguntas. Escucha: ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Piensa
además cómo nuestros antepasados descuartizaban el cordero y lo comían, en
figura de la pasión del Señor Jesús, de quien todos los días nos nutrimos en el
sacramento. Por este Cordero, también ellos se convirtieron en ovejas de
matanza.
Ahora bien: los santos no sólo no deben temer
este suculento banquete: han de hambrearlo. De otra suerte no es posible llegar
al reino de los cielos, pues el mismo Señor dijo: Si no coméis mi carne y no
bebéis mi sangre, no tendréis la vida eterna. Queda pues demostrado que nuestro
Señor es comida, es banquete y alimento de los comensales, como él mismo dijo:
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
Y para que
sepas que todo esto se hizo por nosotros y por eso bajó del cielo, de él dijo
san Pablo: Todos nosotros somos un solo pan. No tengamos miedo por haber sido
hechos ovejas de matanza. Pues lo mismo que la carne y la sangre del Señor nos
han redimido, así también Pedro soportó muchas cosas por la Iglesia. Y lo mismo
hicieron san Pablo y los demás apóstoles, al ser apaleados, lapidados, arrojados
a la cárcel. Sobre aquella tolerancia de los sufrimientos y la valentía en
arrostrar los peligros fue fundado el pueblo del Señor, y la Iglesia logró una
nueva expansión al encaminarse los demás, presurosos, al martirio, viendo que
aquellos sufrimientos no mermaron un ápice la fortaleza de los apóstoles, antes
bien esta breve vida les deparó la inmortalidad.
Es lo
que demuestra asimismo el siguiente versículo del salmo, pues dijeron: y nos has
dispersado por las naciones. Los apóstoles en efecto fueron enviados a los
pueblos y se dispersaron por las naciones lo mismo que los santos profetas, para
que de aquella dispersión nacieran ubérrimos frutos. Al igual que nuestro Señor
Jesucristo cayó cual grano en la tierra y murió, para poder dar mucho fruto, de
igual modo se dispersaron los santos apóstoles, para llevar la buena semilla a
las naciones, para que a ejemplo suyo germinase el fruto entre los pueblos.
Finalmente, la Escritura nos asegura que el Señor dijo: Os he destinado para que
vayáis y deis fruto abundante, y vuestro fruto dure.
Así
pues, nuestro Señor Jesucristo se presentó como simiente, según lo dicho a
Abrahán: Ya tu descendencia, que es Cristo. Cristo es, pues, la semilla de
todos. Por eso aceptó caer en tierra y ser desparramado, para transformar
nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa. Esta
semilla de salvación germinó en beneficio de todos los hombres: partiendo de él
y transfigurados a su imagen, los santos apóstoles fueron enviados -como tantas
otras semillas-, a diversas regiones y aventados, para que las gentes,
congregadas en el campo de la Iglesia, resplandecieran como frutos diversos en
todo el orbe de la tierra. Fueron aventados para producir nuevos frutos y ser
más tarde recogidos en los graneros de la Iglesia cual trigo
nuevo.
Responsorio Flp 1, 21; Ga 6,
14
R. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.
* Dios me
libre de gloriarme sino es en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo.
V. En la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el
mundo.
R.
Dios me libre de gloriarme sino es en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste a san Héctor, mártir, testigo de la fe en la educación de niños y jóvenes hasta afrontar la muerte, concédenos por su intercesión y sus méritos que, fortalecidos por el Espíritu Santo, nos dediquemos con fervor al anuncio del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 12 DE OCTUBRE
NUESTRA SEÑORA DEL
PILAR
Memoria
Del Común
de la Santísima Virgen.
SEGUNDA LECTURA
Elogio de nuestra Señora del Pilar
EL PILAR, LUGAR PRIVILEGIADO DE ORACIÓN Y DE GRACIA
Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a la Virgen y a venerar su Pilar.
La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la veneran también como patrona.
Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la Virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica, en Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.
La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el día doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.
Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.
Responsorio
R. La Virgen piadosa nos concedió la confianza cierta en su
protección. * Ella misma eligió este lugar, al que llegan, para orar,
fieles de todo el mundo.
V. Salte de júbilo nuestra nación, agradecida por la vista de
la Virgen María.
R. Ella misma eligió este lugar, al que llegan, para orar,
fieles de todo el mundo.
O bien:
De la exhortación apostólica Marialis cultus del papa Pablo sexto, sobre el culto a la Virgen María
(AAS 66 [1974),113-168)
EFICACIA PASTORAL DEL CULTO TRIBUTADO A LA VIRGEN
La piedad de la Iglesia hacia la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar —desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las expresiones de alabanza y súplica de nuestro tiempo— constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la lex credendi de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su lex orandi en relación con la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos.
La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acoger sus peticiones con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso los cristianos la invocan desde antiguo como "Consoladora de los afligidos", "Salud de los enfermos", "Refugio de pecadores", para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora de la esclavitud del pecado; porque ella, libre de toda mancha de pecado, conduce a sus hijos a vencer con enérgica determinación el pecado. Y, hay que afirmarlo una y otra vez, esta liberación del mal y de la esclavitud del pecado es la condición previa y necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.
La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos hacia María, "que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes". Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la palabra de Dios; la obediencia generosa; la humildad sincera; la caridad solícita; la sabiduría reflexiva; la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradecida por los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que ora en la comunidad apostólica; la fortaleza en el destierro, en el sufrimiento; la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza previsora; la castidad virginal; el fuerte y casto amor conyugal. De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella eficacia pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.
Responsorio
R. La Virgen piadosa nos concedió la confianza cierta en su
protección. * Ella misma eligió este lugar, al que llegan, para orar,
fieles de todo el mundo.
V. Salte de júbilo nuestra nación, agradecida por la vista de
la Virgen María.
R. Ella misma eligió este lugar, al que llegan, para orar,
fieles de todo el mundo.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 14 DE OCTUBRE
SAN CALIXTO I, papa y
mártir
Del Común
de mártires: para un mártir o del Común
de pastores: para un santo papa.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Cipriano, obispo y mártir, a Fortunato
(Cap. 13: CSEL 3, 346-347)
EN LA PERSECUCIÓN SE INFLIGE LA MUERTE, PERO SIGUE LA INMORTALIDAD
Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. ¿Quién, por tanto, no pondrá por obra todos los remedios a su alcance para llegar a una gloria tan grande, para convertirse en amigo de Dios, para tener parte al momento en el gozo de Cristo, para recibir la recompensa divina después de los tormentos y suplicios terrenos?
Si los soldados de este mundo consideran un honor volver victoriosos a su patria después de haber vencido al enemigo, un honor mucho más grande y valioso es volver triunfante al paraíso después de haber vencido al demonio y llevar consigo los trofeos de victoria a aquel mismo lugar de donde fue expulsado Adán por su pecado —arrastrando en el cortejo triunfal al mismo que antes lo había engañado—, ofrecer al Señor, como un presente de gran valor a sus ojos, la fe inconmovible, la incolumidad de la fuerza del espíritu, la alabanza manifiesta de la propia entrega, acompañarlo cuando comience a venir para tomar venganza de sus enemigos, estar a su lado cuando comience a juzgar, convertirse en heredero junto con Cristo, ser equiparado a los ángeles, alegrarse con los patriarcas, los apóstoles y los profetas por la posesión del reino celestial. ¿Qué persecución podrá vencer estos pensamientos, o qué tormentos superarlos?
La mente que se apoya en santas meditaciones persevera firme y segura y se mantiene inconmovible frente a todos los terrores diabólicos y amenazas del mundo, ya que se halla fortalecida por una fe cierta y sólida en el premio futuro. En la persecución se cierra el mundo, pero se abre el cielo; amenaza el anticristo, pero protege Cristo; se inflige la muerte, pero sigue la inmortalidad. ¡Qué gran dignidad y seguridad, salir contento de este mundo, salir glorioso en medio de la aflicción y la angustia, cerrar en un momento estos ojos con los que vemos a los hombres y el mundo para volverlos a abrir en seguida y contemplar a Dios y a Cristo! ¡Cuán rápidamente se recorre este feliz camino! Se te arranca repentinamente de la tierra, para colocarte en el reino celestial.
Estas consideraciones son las que deben impregnar nuestra mente, esto es lo que hay que meditar día y noche. Si la persecución encuentra así preparado al soldado de Dios, su fuerza, dispuesta a la lucha, no podrá ser vencida. Y aun en el caso de que llegue antes la llamada de Dios, no quedará sin premio una fe que estaba dispuesta al martirio; sin pérdida de tiempo, Dios, que es el juez, dará la recompensa; porque en tiempo de persecución se premia el combate, en tiempo de paz la buena conciencia.
Responsorio Cf. Hch 20, 28; 1 Co 4, 2
R. Tened cuidado del rebaño que el Espíritu Santo os ha
encargado guardar, * Como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la
sangre de su Hijo.
V. En un administrador, lo que se busca es que sea fiel.
R. Como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la
sangre de su Hijo.
Oración
Atiende, Señor, con bondad las plegarias de tu pueblo y, por la intercesión del papa san Calixto, cuyo martirio hoy celebramos, concédenos la ayuda necesaria para nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
15 DE OCTUBRE
SANTA TERESA DE JESÚS,
virgen y
doctora de la Iglesia
Memoria
Del Común
de vírgenes o del Común
de doctores.
SEGUNDA LECTURA
Del Libro de su vida, de santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia
(Cap. 22, 6-7. 12. 14)
ACORDÉMONOS DEL AMOR DE CRISTO
Con tan buen amigo presente —nuestro Señor Jesucristo—, con tan buen capitán, quese puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo su Majestad se deleita.
Muy muchas veces lo he visto por experiencia; hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. Así que no queramos otro camino, aunque estemos en la cumbre de contemplación; por aquí vamos seguros. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todoslos bienes. Él lo enseñará; mirando su vida, es el mejor dechado.
¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe de sí. Miremos al glorioso san Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino: san Francisco, san Antonio de Padua, san Bernardo, santa Catalina de Siena.
Con libertad se ha de andar en este camino, puestos en las manos de Dios; si su Majestad nos quisiere subir a ser de los de su cámara y secreto, ir de buena gana.
Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene: que amor saca amor. Procuremos ir mirando esto siempre y despertándonos para amar, porque, si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor, sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo.
Responsorio Sal 72, 27. 28; 1 Co 6, 17
R. Los que se alejan de ti, Señor, se pierden. * Para mí lo bueno es
estar junto a Dios, hacer del Señor mi refugio.
V. El que se une al
Señor es un espíritu con él.
R.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios, hacer
del Señor mi refugio.
O bien:
Del Libro de su vida, de santa Teresa de Ávila, virgen y doctora de la Iglesia
(Cap. 8,1-4)
NECESIDAD DE LA ORACIÓN
No sin causa he ponderado tanto este tiempo de mi vida, que bien veo no dará a nadie gusto ver cosa tan ruin, que cierto querría me aborreciesen los que esto leyesen de ver un alma tan pertinaz e ingrata con quien tantas mercedes le ha hecho; y quisiera tener licencia para decir las muchas veces que en este tiempo falté a Dios.
Por no estar arrimada a esta fuerte columna de la Oración, pasé este mar tempestuoso casi veinte años con estas caídas. Y con levantarme y mal —pues tornaba a caer— y en vida tan baja de perfección, que ningún caso casi hacía de pecados veniales, y los mortales, aunque los temía, no como había de ser, pues no me apartaba de los peligros, sé decir que es una de las vidas penosas que me parece se puede imaginar; porque ni yo gozaba de Dios, ni traía contento en el mundo. Cuando estaba en los contentos del mundo, en acordarme de lo que debía a Dios era con pena; cuando estaba con Dios, las aficiones del mundo me desosegaban. Ello es una guerra tan penosa que no sé cómo un mes la pude sufrir, cuanto más tantos años.
Con todo, veo claro la gran misericordia que el Señor hizo conmigo, ya que había de tratar en el mundo, que tuviese ánimo para tener oración; digo ánimo, porque no sé yo para qué cosa, de cuantas hay en él, es menester mayor que tratar traición al rey, y saber que lo sabe, y nunca se le quitar de delante; porque, puesto que siempre estamos delante de Dios, paréceme a mí es de otra manera los que tratan de oración, porque están viendo que los mira; que los demás podrá ser estén algunos días que aun no se acuerden que los ve Dios.
Verdad es que, en estos años, hubo muchos meses —y creo alguna vez año— que me guardaba de ofender al Señor y me daba mucho a la oración, y hacía algunas y hartas diligencias para no le venir a ofender. Porque va todo lo que escribo dicho con toda verdad, trato ahora esto.
Mas acuérdaseme poco de estos días buenos, y ansí debían ser pocos y muchos de los ruines. Ratos grandes de oración pocos días se pasaban sin tenerlos, si no era estar muy mala y muy ocupada. Cuando estaba mala, estaba mejor con Dios; procuraba que las personas que trataban conmigo lo estuviesen, y suplicábalo al Señor; hablaba muchas veces en él.
Ansí que, si no fue el año que tengo dicho, en veintiocho años que ha que comencé oración, más de los dieciocho pasé esta batalla y contienda de tratar con Dios y con el mundo. Los demás, que ahora me quedan por decir, mudose la causa de la guerra, aunque no ha sido pequeña; mas, con estar, a lo que pienso, en servicio de Dios y con conocimiento de la vanidad que es el mundo, todo ha sido suave, como diré después.
Pues para lo que he tanto contado esto es, como he ya dicho, para que se vea la misericordia de Dios y mi ingratitud; lo otro para que se entienda el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para tener oración con voluntad, aunque no esté tan dispuesta como es menester, y cómo, si en ella persevera, por pecados y tentaciones y caídas de mil maneras que ponga el demonio, en fin tengo por cierto la saca el Señor a puerto de salvación, como, a lo que ahora parece, me ha sacado a mí.
Responsorio Cf. Lc 21, 36
R. Estad siempre despiertos orando, * para que podáis
manteneros en pie ante el Hijo del hombre.
V. Teresa, virgen y
doctora, maestra de oración, intercede por nosotros.
R. Para que podáis
manteneros en pie ante el Hijo del hombre.
Laudes
HIMNO
Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme
aquí.
¿Qué mandáis hacer de
mí?
Veis aquí mi corazón.
Yo le pongo en vuestra
palma
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición;
dulce Esposo y
redención,
pues por vuestra me ofrecí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme
vida:
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o
paz cumplida,
flaqueza o fuerza a mi vida,
que a todo diré que
sí.
¿Qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o
pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme
infierno o dadme cielo,
vida, dulce, sol sin velo,
pues del todo me
rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme
oración,
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no
esterilidad,
soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté
holgando,
quiero por amor holgar,
si me mandáis trabajar,
morir quiero
trabajando. Amén.
Oración
Señor todopoderoso, que quisiste que santa Teresa de Jesús, bajo el impulso del Espíritu Santo, manifestara a tu Iglesia el camino de la perfección, haz que encontremos en sus escritos nuestro alimento y que encendamos con ellos en nosotros el deseo de una verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Vísperas
HIMNO
Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que
muero porque no muero.
Cuando me gozo,
Señor,
con esperanza de verte,
viendo que puedo perderte
se me dobla mi
dolor:
viviendo en tanto pavor,
y esperando como espero,
que muero
porque no muero.
Sácame de esta
muerte,
mi Dios, y dame la vida,
no me tengas impedida
en este lazo tan
fuerte;
mira que muero por verte,
y vivir sin ti no puedo,
que muero
porque no muero.
Lloraré mi muerte
ya
y lamentaré mi vida,
en tanto que detenida
por mis pecados
está.
¡Oh mi Dios, cuándo
será
cuando yo diga de nuevo
que muero porque no muero!
Vivo ya fuera de
mí
después de que muero de amor;
porque vivo en el Señor
que me quiso
para sí:
cuando el corazón le di,
puso en mí este letrero:
que muero
porque no muero.
Vivo sin vivir en
mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero. Amén.
Oración
Señor todopoderoso, que quisiste que santa Teresa de Jesús, bajo el impulso del Espíritu Santo, manifestara a tu Iglesia el camino de la perfección, haz que encontremos en sus escritos nuestro alimento y que encendamos con ellos en nosotros el deseo de una verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 16 DE OCTUBRE
SANTA EDUVIGES,
religiosa
Del Común
de santas mujeres: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de
las obras de misericordia o para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la Vida de santa Eduvigis, escrita por un autor contemporáneo
(Acta Sanctorum Octobris 8, 1853, 201-202)
TENDÍA SIEMPRE HACIA DIOS
Sabiendo la sierva de Dios que aquellas piedras vivas destinadas a ser colocadas en el edificio de la Jerusalén celestial deben ser pulimentadas en este mundo con los golpes repetidos del sufrimiento, y que para llegar a aquella gloria celestial y patria gloriosa hay que pasar por muchas tribulaciones, se puso toda ella a merced de las aguas de los padecimientos y trituró sin compasión su cuerpo con toda clase de mortificaciones. Eran tan grandes los ayunos y abstinencias que practicaba cada día, que muchos se admiraban de que una mujer tan débil y delicada pudiera soportar semejante sacrificio.
Cuanto más grande era su denuedo en mortificar el cuerpo, sin faltar por eso a la debida discreción, tanto más crecía el vigor de su espíritu y tanto más aumentaba su gracia, tomando nuevo incremento el fuego de su devoción y de su amor a Dios. Muchas veces la invadía un deseo tan ardiente de las cosas celestiales y de Dios, que quedaba sin sentido y ni se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor.
Al mismo tiempo que el afecto de su mente tendía siempre hacia Dios, sus sentimientos de piedad la inclinaban hacia el prójimo, impulsándola a dar abundantes limosnas a los pobres y a socorrer a las asociaciones o personas religiosas, ya viviesen dentro o fuera de los monasterios, como también a las viudas y a los niños, a los enfermos y a los débiles, a los leprosos y a los encarcelados a los peregrinos y a las mujeres lactantes necesitadas, sin permitir nunca que marchase con las manos vacías cualquiera que acudía a ella en busca de ayuda.
Y, porque esta sierva de Dios nunca dejó de practicar las buenas obras que estaban en su mano, Dios le concedió la gracia de que, cuando sus recursos humanos llegaban a ser insuficientes para llevar a cabo sus actividades, la fuerza de Dios y de la pasión de Cristo la hiciera capaz de realizar lo que demandaban de ella las necesidades del prójimo. Así pudo, según el beneplácito de la voluntad divina, auxiliar a todos los que acudían a ella en petición de ayuda corporal o espiritual.
Responsorio Cf. Pr 31, 17. 18
R. Se ciñe la cintura con firmeza y despliega la fuerza de sus
brazos, * Por esto su lámpara nunca se apagará.
V. Le sacó gusto a
su tarea de buscar la sabiduría de Dios.
R. Por esto su
lámpara nunca se apagará.
Oración
Te pedimos, Dios todopoderoso, la gracia de imitar la humildad evangélica de santa Eduviges y que su intercesión poderosa nos ayude a seguir aquello mismo que en ella admiramos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 16 DE OCTUBRE
SANTA MARGARITA MARÍA
ALACOQUE,
virgen
Del Común
de vírgenes o del Común
de santas mujeres: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de santa Margarita María de Alacoque, virgen
(Vie et oeuvres 2, París 1915, 321. 336. 493. 554)
DEBEMOS CONOCER EL AMOR DE CRISTO, QUE EXCEDE TODO CONOCIMIENTO
Pienso que aquel gran deseo de nuestro Señor de que su sagrado Corazón sea honrado con un culto especial tiende a que se renueven en nuestras almas los efectos de la redención. El sagrado Corazón, en efecto, es una fuente inagotable, que no desea otra cosa que derramarse en el corazón de los humildes, para que estén libres y dispuestos a gastar la propia vida según su beneplácito.
De este divino Corazón manan sin cesar tres arroyos: el primero es el de la misericordia para con los pecadores, sobre los cuales vierte el espíritu de contrición y de penitencia; el segundo es el de la caridad, en provecho de todos los aquejados por cualquier necesidad y, principalmente, de los que aspiran a la perfección, para que encuentren la ayuda necesaria para superar sus dificultades; del tercer arroyo manan el amor y la luz para sus amigos ya perfectos, a los que quiere unir consigo para comunicarles su sabiduría y sus preceptos, a fin de que ellos a su vez, cada cual a su manera, se entreguen totalmente a promover su gloria.
Este Corazón divino es un abismo de todos los bienes, en el que todos los pobres necesitan sumergir sus indigencias: es un abismo de gozo, en el que hay que sumergir todas nuestras tristezas, es un abismo de humildad contra nuestra ineptitud, es un abismo de misericordia para los desdichados y es un abismo de amor, en el que debe ser sumergida toda nuestra indigencia.
Conviene, pues, que os unáis al Corazón de nuestro Señor Jesucristo en el comienzo de la conversión, para alcanzar la disponibilidad necesaria y, al fin de la misma, para que la llevéis a término. ¿No aprovecháis en la oración? Bastará con que ofrezcáis a Dios las plegarias que el Salvador profiere en lugar nuestro en el sacramento del altar, ofreciendo su fervor en reparación de vuestra tibieza; y, cuando os dispongáis a hacer alguna cosa, orad así: "Dios mío, hago o sufro tal cosa en el Corazón de tu Hijo y según sus santos designios, y os lo ofrezco en reparación de todo lo malo o imperfecto que hay en mis obras." Y así en todas las circunstancias de la vida. Y siempre que os suceda algo penoso, aflictivo, injurioso, decíos a vosotros mismos: "Acepta lo que te manda el sagrado Corazón de Jesucristo para unirte a sí."
Por encima de todo, conservad la paz del corazón, que es el mayor tesoro. Para conservarla, nada ayuda tanto como el renunciar a la propia voluntad y poner la voluntad del Corazón divino en lugar de la nuestra, de manera que sea ella la que haga en lugar nuestro todo lo que contribuye a su gloria, y nosotros, llenos de gozo, nos sometamos a él y confiemos en él totalmente.
Responsorio Mt 11, 25-26; Sal 72, 26
R. Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has
escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente
sencilla. * Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
V. Se consume mi
corazón por Dios, mi lote perpetuo.
R.
Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Oración
Infunde, Señor, en nosotros el espíritu de santidad con que enriqueciste tan singularmente a santa Margarita María, para que también nosotros lleguemos a conocer por experiencia el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y seamos colmados de la total plenitud de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE OCTUBRE
SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA,
obispo
y mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir o de Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir a los Romanos
(Caps. 4, 1-2; 6, 1-8, 3: Funk 1, 217-223)
SOY TRIGO DE DIOS, Y HE DE SER MOLIDO POR LOS DIENTES DE LAS FIERAS
Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras; para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios.
De nada me servirían los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en sí entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mí, sabiendo cuál es el deseo que me apremia.
El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: "Ven al Padre". No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.
No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.
Responsorio S. Ignacio de Antioquía, Efesios, 14, 1; Tralianos, 8, 1
R. Nada os es desconocido si mantenéis de un modo perfecto, en
Jesucristo, la fe y la caridad, que son el principio y el fin de la vida:
* El
principio es la fe, el fin la caridad.
V. Revestíos de
mansedumbre y convertíos en criaturas nuevas por medio de la fe, que es como la
carne del Señor, y por medio de la caridad, que es como su sangre.
R. El principio es
la fe, el fin la caridad.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó.
Vísperas: Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que el testimonio de los mártires sea el honor de todo el cuerpo de tu Iglesia, concédenos que el martirio de san Ignacio de Antioquia, que hoy conmemoramos, así como le mereció a él una gloria eterna, así también nos dé a nosotros valor en el combate de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
18 DE OCTUBRE
SAN LUCAS,
evangelista
Fiesta
Ant. Venid, adoremos al Señor, que nos habla por medio del Evangelio.
Las antífonas y los salmos se toman del Común de apóstoles .
V. Cuando los gentiles oyeron esto se alegraron.
R. Y alababan la
palabra del Señor.
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Hechos de los apóstoles 9,27-31; 11, 19-26
LA IGLESIA, LLENA DEL CONSUELO DEL ESPÍRITU SANTO
En aquellos días, Bernabé presentó a Saulo a los apóstoles. Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús. Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
Los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles al Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.
Llegó la noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.
Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos.
Responsorio Hch 12, 24; 13, 48. 52
R. La palabra del Señor cundía y se propagaba. * Los que estaban
destinados a la vida eterna creyeron.
V.
Los discípulos quedaron llenos de alegría y de
Espíritu Santo.
R. Los que estaban destinados a la vida eterna creyeron.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios
(Homilía 17,1-3: PL 76,1139)
EL SEÑOR VIENE DETRÁS DE SUS PREDICADORES
Nuestro Señor y Salvador, hermanos muy amados, nos enseña unas veces con sus palabras, otras con sus obras. Sus hechos, en efecto, son normas de conducta, ya que con ellos nos da a entender tácitamente lo que debemos hacer. Manda a sus discípulos a predicar de dos en dos, ya que es doble el precepto de la caridad, a saber, el amor de Dios y el del prójimo.
El Señor envía a los discípulos a predicar de dos en dos, y con ello nos indica sin palabras que el que no tiene caridad para con los demás no puede aceptar, en modo alguno, el ministerio de la predicación.
Con razón se dice que los mandó por delante a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. En efecto el Señor viene detrás de sus predicadores, ya que, habiendo precedido la predicación, viene entonces el Señor a la morada de nuestro interior, cuando ésta ha sido preparada por las palabras de exhortación, que han abierto nuestro espíritu a la verdad. En este sentido, dice Isaías a los predicadores: Preparadle un camino al Señor; allanad una calzada para nuestro Dios. Por esto, les dice también el salmista: Alfombrad el camino del que sube sobre el ocaso. Sobre el ocaso, en efecto, sube el Señor, ya que en el declive de su pasión fue precisamente cuando, por su resurrección, puso más plenamente de manifiesto su gloria. Sube sobre el ocaso, porque, con su resurrección, pisoteó la muerte que había sufrido. Por esto, nosotros alfombramos el camino del que sube sobre el ocaso cuando os anunciamos su gloria, para que él, viniendo a continuación, os ilumine con su presencia amorosa.
Escuchemos lo que dice el Señor a los predicadores que envía a sus campos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto, no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas. Mirad cómo el mundo está lleno de sacerdotes, y, sin embargo, es muy difícil encontrar un trabajador para la mies del Señor; porque hemos recibido el ministerio sacerdotal, pero no cumplimos con los deberes de este ministerio.
Pensad, pues, amados hermanos, pensad bien en lo que dice el Evangelio: Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. Rogad también por nosotros, para que nuestro trabajo en bien vuestro sea fructuoso y para que nuestra voz no deje nunca de exhortaros, no sea que, después de haber recibido el ministerio de la predicación, seamos acusados ante el justo Juez por nuestro silencio.
Responsorio Cf. Lc 1, 3. 4; Hch 1, 1
R. Después de comprobado todo exactamente desde el principio,
resolvió escribir el evangelio, *
para que conozcamos la solidez de las
enseñanzas que hemos recibido.
V.
Escribió de todo lo que Jesús fue haciendo y
enseñando.
R. Para que conozcamos la solidez de las enseñanzas que hemos
recibido.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Vosotros, que
escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro
vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.
Vosotros, que
invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso,
del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.
Vosotros, que
tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que
el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo
visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro
amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
Ant. 1. Los santos evangelistas se entregaron de lleno a indagar la sabiduría de sus predecesores y, con sus escritos, confirmaron las explicaciones de los profetas.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Dios nos convocó por medio del mensaje de la salud, para darnos la posesión de la gloria de nuestro, Señor Jesucristo.
Ant. 3. Muchos alabarán su inteligencia, su fama vivirá por generaciones.
LECTURA BREVE 1Co 15, 1-2a. 3-4
Hermanos, os quiero traer a la memoria el mensaje evangélico que os prediqué; el que abrazasteis, el mismo en que os mantenéis firmes todavía y por el estáis en camino de salvación. En primer lugar comuniqué el mensaje que yo mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado; resucitó al tercer día y vive, según lo anunciaron también las Escrituras.
RESPONSORIO BREVE
V. Proclamaron las alabanzas del Señor y su poder. R. Proclamaron. V. Y las maravillas que realizó. R. Y su poder. V. Gloria. R. Proclamaron.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Al entregarnos su evangelio, san Lucas anunció a Cristo, el sol que nace de lo alto.
PRECES
Aclamemos a nuestro Salvador, que ha aniquilado la muerte, y ha hecho brillar la vida y la inmortalidad por el Evangelio, y supliquémosle, diciendo: Confirma a tu Iglesia en la fe y la caridad.
Tú que por medio de doctores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, * purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que elegiste a san Lucas para que, con su predicación y sus escritos, revelara al mundo tu amor hacia los pobres, concede a quienes nos gloriamos de ser cristianos vivir unidos con un solo corazón y una sola alma y haz que todos los pueblos lleguen a contemplar a tu Salvador. Que vive y reina contigo.
HIMNO
¡Columnas de la
Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos
vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo
entero.
De pie en la
encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis
agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los
hambrientos.
De puerta en puerta va
vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores,
que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el
pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor,
que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno.
Amén.
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio en virtud de la gracia que Dios me ha dado.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio en virtud de la gracia que Dios me ha dado.
Ant. 2. Todo lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Todo lo hago por el Evangelio, para ser partícipe del mismo.
Ant. 3. Dios me ha concedido la gracia de evangelizar a los gentiles las insondables riquezas de Cristo.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Dios me ha concedido la gracia de evangelizar a los gentiles las insondables riquezas de Cristo.
LECTURA BREVE Col 1, 3b-6a
Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en todo momento, rezando por vosotros, al oír hablar de vuestra fe en Jesucristo y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está reservada en los cielos, sobre la cual oísteis hablar por la palabra verdadera de la Buena Noticia, que se os hizo presente, y está dando fruto y prosperando en todo el mundo igual que entre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El bienaventurado evangelista Lucas, escriba de la mansedumbre de Cristo, merece las alabanzas de la Iglesia.
PRECES
Invoquemos a Dios, fuente de toda luz, que por medio del Evangelio de su Hijo nos ha llamado a la fe verdadera, y oremos por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que sacaste de entre los muertos a Jesús, gran pastor de las ovejas, * haz que nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, que elegiste a san Lucas para que, con su predicación y sus escritos, revelara al mundo tu amor hacia los pobres, concede a quienes nos gloriamos de ser cristianos vivir unidos con un solo corazón y una sola alma y haz que todos los pueblos lleguen a contemplar a tu Salvador. Que vive y reina contigo.
DÍA 19 DE OCTUBRE
SANTOS JUAN DE BRÉBEUF e ISAAC
JOGUES,
presbíteros, Y COMPAÑEROS, mártires
Del Común
de mártires: para varios mártires o del Común
de pastores.
SEGUNDA LECTURA
De los apuntes espirituales de san Juan de Brébeuf, presbítero y mártir
(The Jesuit Relations and Allied Documents, The Burrow Brothers Co, Cleveland 1898, 164.166)
NO MORIRÉ SINO POR TI, JESÚS, QUE TE DIGNASTE MORIR POR MÍ
Durante dos años he sentido un continuo e intenso deseo del martirio y de sufrir todos los tormentos por que han pasado los mártires.
Mi Señor y Salvador Jesús, ¿cómo podría pagarte todos tus beneficios? Recibiré de tu mano la copa de tus dolores, invocando tu nombre. Prometo ante tu eterno Padre y el Espíritu Santo, ante tu santísima Madre y su castísimo esposo, ante los ángeles, los apóstoles y los mártires y mi bienaventurado padre Ignacio y el bienaventurado Francisco Javier, y te prometo a ti, mi Salvador Jesús, que nunca me sustraeré, en lo que de mi dependa, a la gracia del martirio, si alguna vez, por tu misericordia infinita me la ofreces a mí, indignísimo siervo tuyo.
Me obligo así, por lo que me queda de vida, a no tener por lícito o libre el declinar las ocasiones de morir y derramar por ti mi sangre, a no ser que juzgue en algún caso ser más conveniente para tu gloria lo contrario. Me comprometo además a recibir de tu mano el golpe mortal, cuando llegue el momento, con el máximo contento y alegría; por eso, mi amantísimo Jesús, movido por la vehemencia de mi gozo, te ofrezco ya ahora mi sangre, mi cuerpo y mi vida, para que no muera sino por ti, si me concedes esta gracia, ya que tú te dignaste morir por mí. Haz que viva de tal modo, que merezca alcanzar de ti el don de esta muerte tan deseable. Así, Dios y Salvador mío, recibiré de tu mano la copa de tu pasión, invocando tu nombre: ¡Jesús, Jesús, Jesús!
Dios mío, ¡cuánto me duele el que no seas conocido, el que esta región extranjera no se haya aún convertido enteramente a ti, el hecho de que el pecado no haya sido aún exterminado de ella! Sí, Dios mío, si han de caer sobre mí todos los tormentos que han de sufrir, con toda su ferocidad y crueldad, los cautivos en esta región, de buena gana me ofrezco a soportarlos yo solo.
Responsorio Hb 11, 33. 34. 39; Sb 3, 5
R. Los santos, por medio de la fe, subyugaron reinos,
practicaron la justicia, obtuvieron promesas, fueron valientes en la guerra;
* todos
éstos fueron acreditados por su fe.
V.
Dios los puso a prueba y los halló dignos de
sí.
R. Todos éstos fueron acreditados por su fe.
Oración
Dios nuestro, que consagraste las primicias de la fe en las regiones de la América del Norte con la predicación y la sangre de los santos Juan de Brébeuf, Isaac Jogues y compañeros, mártires, haz que, por su intercesión, vaya floreciendo y fructificando día a día en todo el mundo una abundante cosecha de nuevos cristianos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 19 DE OCTUBRE
SAN PABLO DE LA
CRUZ,
presbítero
Del Común
de pastores: para un santo presbítero o del Común
de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Pablo de la Cruz, presbítero
(Carta 1, 43; 2, 440. 825)
PREDICAMOS A CRISTO CRUCIFICADO
Es cosa muy buena y santa pensar en la pasión del Señor y meditar sobre ella, ya que por este camino se llega a la santa unión con Dios. En esta santísima escuela se aprende la verdadera sabiduría: en ella la han aprendido todos los santos. Cuando la cruz de nuestro dulce Jesús haya echado profundas raíces en vuestro corazón, entonces cantaréis: "Sufrir y no morir," o bien: "O sufrir o morir", o mejor aún: "Ni sufrir ni morir, sino sólo una perfecta conversión a la voluntad de Dios."
El amor, en efecto, es una fuerza unitiva y hace suyos los tormentos del Bueno por excelencia, que es amado por nosotros. Este fuego, que llega hasta lo más íntimo de nuestro ser, transforma al amante en el amado y, mezclándose de un modo profundo el amor con el dolor y dolor con el amor, resulta una fusión de amor y de dolor tan estrecha que ya no es posible separar el amor del dolor ni el dolor del amor; por esto, el alma enamorada se alegra en sus dolores y se regocija en su amor doliente.
Sed, pues, constantes en la práctica de todas las virtudes, principalmente en la imitación del dulce Jesús paciente, porque ésta es la cumbre del puro amor. Obrad de manera que todos vean que lleváis, no sólo en lo interior sino también en lo exterior, la imagen de Cristo crucificado, modelo de toda dulzura y mansedumbre. Porque el que internamente está unido al Hijo de Dios vivo exhibe también externamente la imagen del mismo, mediante la práctica continua de una virtud heroica, principalmente de una paciencia llena de fortaleza, que nunca se queja ni en oculto ni en público. Escondeos, pues, en Jesús crucificado, sin desear otra cosa sino que todos se conviertan a su voluntad en todo.
Convertidos así en verdaderos amadores del Crucificado, celebraréis siempre la fiesta de la cruz en vuestro templo interior, aguantando en silencio y sin confiar en criatura alguna; y, ya que las fiestas se han de celebrar con alegría, los que aman al Crucificado procurarán celebrar esta fiesta de la cruz sufriendo en silencio, con un rostro alegre y sereno, de tal manera, que quede oculta a los hombres y conocida sólo de aquel que es el sumo Bien. En esta fiesta se celebran continuamente solemnes banquetes, en los que el alimento es la voluntad divina, según el ejemplo que nos dejó nuestro Amor crucificado.
Responsorio Ga 6, 14; Ha 3, 18
R. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro
Señor Jesucristo, * en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el
mundo.
V. Yo exultaré con el Señor, me gloriaré en Dios, mi salvador.
R. En
la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Oración
Señor, Dios nuestro, que la intercesión y el ejemplo de san Pablo de la Cruz, que tuvo un amor tan intenso a la cruz de Jesucristo, nos alcancen la gracia de abrazar con valor nuestra cruz de cada día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE OCTUBRE
SAN JUAN DE
CAPISTRANO,
presbítero
Del Común de pastores: para un santo presbítero.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado "Espejo de los clérigos", de san Juan de Capistrano, presbítero
(Parte 1, Venecia 1580, 2)
LA VIDA DE LOS CLÉRIGOS VIRTUOSOS ILUMINA Y SERENA
Los que han sido llamados a ministrar en la mesa del Señor deben brillar por el ejemplo de una vida loable y recta, en la que no se halle mancha ni suciedad alguna de pecado. Viviendo honorablemente como sal de la tierra, para sí mismos y para los demás, e iluminando a todos con el resplandor de su conducta, como luz que son del mundo, deben tener presente la solemne advertencia del sublime maestro Cristo Jesús, dirigida no sólo a los apóstoles y discípulos, sino también a todos sus sucesores, presbíteros y clérigos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
En verdad es pisado por la gente, como barro despreciable, el clero inmundo y sucio, impregnado de la sordidez de sus vicios y envuelto en las cadenas de sus pecados, considerado inútil para sí y para los demás; porque, como dice san Gregorio: "De aquel cuya vida está desprestigiada queda también desprestigiada la predicación."
Los presbíteros que dirigen bien merecen doble honorario, sobre todo los que se atarean predicando y enseñando. En efecto, los presbíteros que se comportan con dignidad son acreedores a un doble honorario, material y personal, o sea, temporal y a la vez espiritual, que es lo mismo que decir transitorio y eterno al mismo tiempo; pues, aunque viven en la tierra sujetos a las limitaciones naturales como los demás mortales, su anhelo tiende a la convivencia con los ángeles en el cielo, para ser agradables al Rey, como prudentes ministros suyos. Por lo cual, como un sol que nace para el mundo desde las alturas donde habita Dios, alumbre la luz del clero a los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo.
Vosotros sois la luz del mundo. Pues, así como la luz no se ilumina a sí misma, sino que con sus rayos llena de resplandor todo lo que está a su alrededor, así también la vida luminosa de los clérigos virtuosos y justos ilumina y serena, con el fulgor de su santidad, a todos los que la observan. por consiguiente, el que está puesto al cuidado de los demás debe mostrar en sí mismo cómo deben conducirse los otros en la casa de Dios.
Responsorio Si 4, 23-24; 2 Tm 4, 2
R. No retengas la palabra oportuna ni escondas tu sabiduría;
* Pues
hablando se muestra la sabiduría, y la inteligencia, en la respuesta de la
lengua.
V. Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo,
reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.
R. Pues hablando se muestra la sabiduría, y la inteligencia,
en la respuesta de la lengua.
Oración
Señor Dios nuestro, que suscitaste a san Juan de Capistrano, para que confortara a tu pueblo en las adversidades, haz que nosotros nos sintamos siempre seguros bajo tu protección y conserva constantemente en paz a tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
24 DE OCTUBRE
SAN ANTONIO MARIA
CLARET,
obispo
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las obras de san Antonio María Claret, obispo
(L'egoismo vinto, Roma 1869, 60; Autobiografía, cap. 34)
NOS APREMIA EL AMOR DE CRISTO
Inflamados por el fuego del Espíritu Santo, los misioneros apostólicos han llegado, llegan y llegarán hasta los confines del mundo, desde uno y otro polo, para anunciar la palabra divina; de modo que pueden decirse con razón a sí mismos las palabras del apóstol san Pablo: Nos apremia el amor de Cristo.
El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. El verdadero amante ama a Dios y a su prójimo; el verdadero celador es el mismo amante, pero en grado superior, según los grados de amor; de modo que, cuanto más amor tiene, por tanto mayor celo es compelido. Y, si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad. Aquel que tiene celo desea y procura, por todos los medios posibles, que Dios sea siempre más conocido, amado y servido en esta vida y en la otra, puesto que este sagrado amor no tiene ningún límite.
Lo mismo practica con su prójimo, deseando y procurando que todos estén contentos en este mundo y sean felices y bienaventurados en el otro; que todos se salven, que ninguno se pierda eternamente, que nadie ofenda a Dios y que ninguno, finalmente, se encuentre un solo momento en pecado. Así como lo vemos en los santos apóstoles y en cualquiera que esté dotado de espíritu apostólico.
Yo me digo a mí mismo: Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.
Responsorio 1 Ts 2, 8; Ga 4, 19
R. Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino
hasta nuestras propias personas. *
Porque os habíais ganado nuestro amor.
V. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que
Cristo tome forma en vosotros.
R.
Porque os habíais ganado nuestro amor.
Oración
Dios nuestro, que infundiste en san Antonio María Claret una gran fortaleza y una admirable caridad para llevar a cabo la evangelización de los pueblos, concédenos, por su intercesión, que busquemos siempre tu reino en todo lo que hagamos y que nos dediquemos, con empeño, a ganar a nuestros hermanos para Cristo. Que vive y reina contigo.
DÍA 28 DE OCTUBRE
SANTOS SIMÓN Y
JUDAS,
apóstoles
Fiesta
SEGUNDA LECTURA
Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 12, cap. 1: PG 74, 707-710)
COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ TAMBIÉN OS ENVÍO YO
Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.
Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.
En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
De este modo, resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido. Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.
Responsorio Jn 15, 16. 8
R. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os
he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, * y vuestro fruto dure.
V. Con
esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante.
R. Y vuestro fruto
dure.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Vosotros, que
escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro
vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.
Vosotros, que
invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso,
del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.
Vosotros, que
tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que
el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo
visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro
amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. (T. P. Aleluya.)
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Sobre toda la tierra. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El muro de la ciudad tenía doce cimientos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero: y su lámpara es el Cordero. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que te conociéramos por la predicación de los apóstoles, concédenos, por la intercesión de los santos Simón y Judas, que tu Iglesia siga creciendo en el mundo, acogiendo continuamente en su seno a nuevos pueblos que vengan a la fe en ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
¡Columnas de la
Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos
vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo
entero.
De pie en la
encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis
agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los
hambrientos.
De puerta en puerta va
vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores,
que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el
pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor,
que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. (T. P. Aleluya.)
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que quisiste que te conociéramos por la predicación de los apóstoles, concédenos, por la intercesión de los santos Simón y Judas, que tu Iglesia siga creciendo en el mundo, acogiendo continuamente en su seno a nuevos pueblos que vengan a la fe en ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 1 DE NOVIEMBRE
TODOS LOS
SANTOS
Solemnidad
HIMNO
Patriarcas que
fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor
divino de la muerte
rogadle por nosotros.
Profetas que
rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz
de las tinieblas
rogadle por nosotros.
Almas cándidas, santos
Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a
su lado
rogadle por nosotros.
Apóstoles que
echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la
verdad depositario
rogadle por nosotros.
Mártires que ganasteis
vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que es fuente de
vida y hermosura
rogadle por nosotros.
Monjes que de la vida
en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de
calma en las tormentas
rogadle por nosotros.
Doctores cuyas plumas
nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia
inextinguible
rogadle por nosotros.
Soldados del ejército
de Cristo,
santas y santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a
aquel que vive y reina entre vosotros. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y un júbilo eterno será su parte. Aleluya.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y un júbilo eterno será su parte. Aleluya.
Ant. 2. Alégrate y salta de gozo, Jerusalén, ciudad de Dios, por los hijos de los justos, que serán congregados y al Señor de los justos bendecirán. Aleluya.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Alégrate y salta de gozo, Jerusalén, ciudad de Dios, por los hijos de los justos, que serán congregados y al Señor de los justos bendecirán. Aleluya.
Ant. 3. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Ap. 19,1-2.5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya. La salvación
y la gloria y el poder son de nuestro Dios. (R. Aleluya)
Porque sus juicios son
verdaderos y justos. R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Alabad al
Señor, sus siervos todos. (R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes. R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Porque reina
el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. (R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos
y démosle gracias. R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya. Llegó la boda
del Cordero. (R. Aleluya.)
Su esposa se ha embellecido. R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra. Aleluya.
LECTURA BREVE Hb 12,22-24
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
RESPONSORIO BREVE
V. Los justos se alegran en la presencia de Dios. R. Los justos. V. Rebosando de alegría. R. En la presencia de Dios. V. Gloria. R. Los justos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles, la multitud de los profetas te enaltece, el ejército glorioso de los mártires te aclama; todos los santos y elegidos te ensalzan unánimes, Trinidad santa, único Dios.
PRECES
Acudamos alegres, a nuestro Dios, corona de todos los santos, y digámosle: Por intercesión de todos los santos, sálvanos, Señor.
Dios nuestro, fuente y origen de toda sabiduría, que por tu Hijo Jesucristo has hecho de los apóstoles fundamento de la Iglesia, * concédenos ser totalmente fieles a la fe que ellos enseñaron.
Tú que otorgaste a los mártires fortaleza para dar testimonio de ti hasta derramar su sangre, * concede a todos los cristianos ser fieles testigos de tu Hijo.
Tú que concediste a las vírgenes el don insigne de imitar a Cristo en su virginidad, * haz que sepamos ver siempre su virginidad consagrada como un signo del reino futuro.
Tú que has manifestado en los santos tu presencia, tu grandeza y tu perfección, * haz que los fieles, al venerarlos, se sientan unidos a ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concede, Señor, a todos los difuntos gozar siempre de la compañía de María, de san José y de todos los santos, * y, por su intercesión, dales parte en la alegría de tu reino.
Con el gozo que nos da sabernos miembros de la gran familia de los santos, digamos al Padre de todos: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. Venid, adoremos a Dios, que es glorificado en la asamblea de los santos.
HIMNO
Nacidos del amor para
la vida,
vivieron un amor nunca acabado,
murieron un amor crucificado
en una carne débil no abatida.
Hirieron con la sangre
de su herida
el animal salvaje del pecado,
floreció su bautismo en el
Amado
con una santidad comprometida.
Hombres como nosotros,
compañeros
del silencio extasiado o de la guerra,
en la fatiga de todos
los senderos.
Danos, Padre, gozar su
compañía,
ser testigos del cielo aquí en la tierra
y, como ellos, vivir
en agonía. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Admirable es tu nombre, Señor, porque coronaste de gloria y dignidad a tus santos y les diste el mando sobre las obras de tus manos.
Salmo 8
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos. De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
Ant. Admirable es tu nombre, Señor, porque coronaste de gloria y dignidad a tus santos y les diste el mando sobre las obras de tus manos.
Ant. 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Ant. 3. A tus santos, Señor, les has enseñado el sendero de la vida y los has saciado de gozo en tu presencia.
Salmo 15
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen.
Multiplican las estatuas de dioses extraños; no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. A tus santos, Señor, les has enseñado el sendero de la vida y los has saciado de gozo en tu presencia.
V. Contemplad al Señor, y quedaréis radiantes.
R. Vuestro rostro no se
avergonzará.
PRIMERA LECTURA Del libro del Apocalipsis 5, 1-14
COMPRASTE PARA DIOS HOMBRES DE TODA RAZA, LENGUA, PUEBLO Y NACIÓN
Yo, Juan, a la derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por dentro
y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso, gritando a grandes voces: «¿Quién es digno de abrir el rollo y soltar sus sellos?» Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el rollo y ver su
contenido. Yo lloraba mucho, porque no se encontró a nadie digno de abrir el rollo y de ver su contenido. Pero uno de los ancianos me dijo: «No llores más. Sábete que ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David, y que puede abrir el rollo y sus siete sellos.»
Entonces vi delante del trono, rodeado por los seres vivientes y los ancianos, a un Cordero en pie; se notaba que lo habían degollado, y tenía siete cuernos y siete ojos -son los siete espíritus que Dios ha enviado a toda la tierra-. El Cordero se acercó, y el que estaba sentado en el trono le dio el libro con la mano derecha.
Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante él; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume -son las oraciones de los santos-. Y entonaron un cántico nuevo:
«Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes, y reinan sobre la tierra.»
En la visión escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente:
«Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.»
Y oí a todas las criaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar, -todo lo que hay en ellos-, que decían:
«Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.»
Y los cuatro vivientes respondían:
«Amén.»
Y los ancianos se postraron rindiendo homenaje.
Responsorio Ap 11, 17. 18; Sal 144, 10
R. Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el que eres y el
que eras, * porque comenzaste a reinar, y llegó el tiempo de dar el
galardón a tus siervos y a los santos.
V.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
R. Porque comenzaste a reinar, y llegó el tiempo de dar el
galardón a tus siervos y a los santos.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 2: Opera omnia, edición cisterciense, 5 (1968), 364-368)
APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN
¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.
El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores, con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.
Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos los bienes de arriba, pongamos nuestro corazón en los bienes del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.
El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, cómo a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordarnos que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con él. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.
Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también, en gran manera, la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.
Responsorio Ap 19, 5. 6; Sal 32, 1
R. Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis,
pequeños y grandes; * Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
V. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los
buenos.
R. Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Vosotros sois luz del
mundo
y ardiente sal de la tierra,
ciudad esbelta en el monte,
fermento
en la masa nueva.
Vosotros sois los
sarmientos,
y yo la Vid verdadera;
si el Padre poda las ramas,
más
fruto llevan las cepas.
Vosotros sois la
abundancia
del reino que ya está cerca,
los doce mil señalados
que no
caerán en la siega.
Dichosos, porque sois
limpios
y ricos en la pobreza,
y es vuestro el reino que sólo
se gana
con la violencia. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno. Aleluya.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Santos de Dios, bendecid al Señor eternamente.
Ant. 3. Cantemos el himno de alabanza de todos los santos, de Israel, su pueblo escogido; es un honor para todos sus fieles.
LECTURA BREVE Ef 1,17-18
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, quiera concederos el don de sabiduría y de revelación, para que lleguéis al pleno conocimiento de él e, iluminados así los ojos de vuestra mente, conozcáis cuál es la esperanza a que nos ha llamado y cuáles las riquezas de gloria otorgadas por él como herencia a su pueblo santo.
RESPONSORIO BREVE
V. Alegraos, justos, y gozad con el Señor. R. Alegraos. V. Aclamadlo, los de corazón sincero. R. Y gozad con el Señor. V. Gloria. R. Alegraos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Los santos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Aleluya.
PRECES
Acudamos, alegres, a nuestro Dios, corona de todos los santos, y digámosle: Por intercesión de todos los santos, sálvanos, Señor.
Oh Señor, fuente y origen de toda santidad, tú que has hecho resplandecer a los santos con gran variedad de dones, * haz que al contemplarlos sepamos celebrar tu grandeza.
Señor todopoderoso, que has querido que los santos fueran imágenes admirables de tu Hijo, * concédenos que, por su ejemplo y su intercesión, vivamos más plenamente unidos a Cristo.
Rey del cielo, que por medio de los fieles seguidores de Cristo nos estimulas a desear la ciudad futura, * haz que descubramos en los santos el mejor camino que lleva a ti.
Dios y Señor nuestro, que en la celebración de la eucaristía nos pones en comunión con los santos, * concédenos celebrar cada día con mayor perfección tu culto en espíritu y en verdad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con el gozo que nos da sabernos miembros de la gran familia de los santos, digamos al Padre de todos: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
SALMODIA
Los salmos se toman de la salmodia complementaria.
TERCIA
Ant.: El Señor consuela a Sión; allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
LECTURA BREVE Is 65,18-19
Habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear: mirad, voy a transformar a Jerusalén en alegría y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y, me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.
V. Alegraos y regocijaos, todos los santos.
R. Porque vuestra
recompensa será grande en los cielos.
Oremos:
Dios
todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos
en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos
intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
SEXTA
Ant.: El pueblo cuenta la sabiduría. de los santos, y la asamblea pregona sus alabanzas.
LECTURA BREVE lPe 1, 15-16
Como es santo el que os llamó, sed también santos en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Sed santos, porque yo soy santo.»
V. Alegraos, justos, con el Señor.
R. Celebrad su santo
nombre.
Oremos:
Dios
todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos
en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos
intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
NONA
Ant.: Los santos, por la fe, subyugaron reinos, ejercieron la justicia, alcanzaron lo prometido.
LECTURA BREVE Ap 21, 10-l la; 22, 3b-4
El ángel me transportó en espíritu a un monte altísimo y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, y traía la gloria de Dios. El trono de Dios y del Cordero estará, allí, y los siervos de Dios le rendirán culto. Verán su rostro, y tendrán su nombre en la frente.
V. Los justos alabarán tu nombre, Señor.
R. Los honrados
habitarán en tu presencia.
Oremos:
Dios
todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos
en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos
intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Patriarcas que
fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor
divino de la muerte
rogadle por nosotros.
Profetas que
rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz
de las tinieblas
rogadle por nosotros.
Almas cándidas, santos
Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a
su lado
rogadle por nosotros.
Apóstoles que
echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la
verdad depositario
rogadle por nosotros.
Mártires que ganasteis
vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que es fuente de
vida y hermosura
rogadle por nosotros.
Monjes que de la vida
en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de
calma en las tormentas
rogadle por nosotros.
Doctores cuyas plumas
nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia
inextinguible
rogadle por nosotros.
Soldados del ejército
de Cristo,
santas y santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a
aquel que vive y reina entre vosotros. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, de pie delante del trono.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, de pie delante del trono.
Ant. 2. Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí; por eso recibirán de mano del Señor la corona real del honor.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2. Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí; por eso recibirán de mano del Señor la corona real del honor.
Ant. 3. Por tu sangre, Señor Dios, compraste hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3. Por tu sangre, Señor Dios, compraste hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino.
LECTURA BREVE 2Co 6,16b;7,1
Nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.» Así, pues, hermanos, estando en posesión de estas promesas, purifiquémonos de toda mancha de cuerpo y espíritu, y vayamos realizando el ideal de la santidad en el temor de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Santos y justos, alegraos en el Señor. R. Santos y justos. V. Dios os eligió como herencia suya. R. Alegraos en el Señor. V. Gloria. R. Santos y justos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. ¡Cuán glorioso es el reino en el que todos los santos gozan con Cristo!; vestidos de túnicas blancas, siguen siempre al Cordero.
PRECES
Acudamos alegres, a nuestro Dios, corona de todos los santos, y digámosle: Por intercesión de todos los santos, sálvanos, Señor.
Dios nuestro, fuente y origen de toda sabiduría, que por tu Hijo Jesucristo has hecho de los apóstoles fundamento de la Iglesia, * concédenos ser totalmente fieles a la fe que ellos enseñaron.
Tú que otorgaste a los mártires fortaleza para dar testimonio de ti hasta derramar su sangre, * concede a todos los cristianos ser fieles testigos de tu Hijo.
Tú que concediste a las vírgenes el don insigne de imitar a Cristo en su virginidad, * haz que sepamos ver siempre su virginidad consagrada como un signo del reino futuro.
Tú que has manifestado en los santos tu presencia, tu grandeza y tu perfección, * haz que los fieles, al venerarlos, se sientan unidos a ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concede, Señor, a todos los difuntos gozar siempre de la compañía de María, de san José y de todos los santos, * y, por su intercesión, dales parte en la alegría de tu reino.
Con el gozo que nos da sabernos miembros de la gran familia de los santos, digamos al Padre de todos: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar los méritos de todos los santos en una misma solemnidad, te rogamos que, por las súplicas de tan numerosos intercesores, nos concedas en abundancia los dones que te pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 2 DE NOVIEMBRE
CONMEMORACIÓN DE TODOS
LOS
FIELES DIFUNTOS
Cuando el día 2 de noviembre cae en domingo, aunque la misa se celebre de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, se dice el Oficio del domingo y no el de difuntos. Sin embargo, las Laudes y Vísperas, con participación del pueblo, pueden celebrarse de la Conmemoración de todos los fieles difuntos.
oficio de lectura
HIMNO
Tú, Señor, que
asumiste la existencia,
la lucha y el dolor que el hombre vive,
no dejes
sin la luz de tu presencia
la noche de la muerte que lo aflige.
Te rebajaste, Cristo,
hasta la muerte,
y una muerte de cruz, por amor nuestro;
así te exaltó el
Padre, al acogerte,
sobre todo poder de tierra y cielo.
Para ascender después
gloriosamente,
bajaste sepultado a los abismos;
fue el amor del Señor
omnipotente
más fuerte que la muerte y su sino.
Primicia de los
muertos, tu victoria
es la fe y la esperanza del creyente,
el secreto
final de nuestra historia,
abierta a nueva vida para siempre.
Cuando la noche llegue
y sea el día
de pasar de este mundo a nuestro Padre,
concédenos la paz y
la alegría
de un encuentro feliz que nunca acabe. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: De tierra me formaste y me revestiste de carne; Señor, Redentor mío, resucítame en el último día.
Salmo 39, 2-14. 17-18
Yo esperaba con ansia
al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito:
me levantó de la fosa
fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis
pasos;
me puso en la boca un
cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron
sobrecogidos
y confiaron en el Señor.
Dichoso el hombre que
ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se
extravían con engaños.
¡Cuántas maravillas
has hecho,
Señor Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro!
Nadie se te puede
comparar:
intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo
número.
Tú no quieres
sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides
sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy
-como está escrito
en mi libro
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo
quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
Ant. 1: De tierra me
formaste y me revestiste de carne; Señor, Redentor mío, resucítame en el último
día.
Ant. 2: Señor, dígnate librarme, date prisa en socorrerme.
II
He proclamado tu
salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo
sabes.
No me he guardado en
el pecho tu defensa,
he proclamado tu fidelidad y tu salvación,
no he
negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.
Tú, Señor, no me
niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu lealtad me guarden
siempre,
porque me cercan desgracias sin cuento.
Se me echan encima mis
culpas,
y no puedo huir;
son más que los cabellos de mi cabeza,
y me
falta el valor.
Señor, dígnate
librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Alégrense y gocen
contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el
Señor»,
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y
desdichado,
pero el Señor cuida de mi;
tú eres mi auxilio y mi
liberación:
Dios mío, no tardes.
Ant. 2: Señor. dígnate librarme, date prisa en socorrerme.
Ant. 3: Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro del Señor?
Salmo 41
Como busca la
cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios
mío;
tiene sed de
Dios.
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de
Dios?
Las lágrimas son mi
pan,
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu
Dios?»
Recuerdo otros
tiempos,
y mi alma desfallece de tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del
grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el
bullicio de la fiesta.
¿Por qué te acongojas,
alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a
alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Cuando mi alma se
acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte
Menor.
Una sima grita a otra
sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han
arrollado.
De día el Señor me
hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi
vida.
Diré a Dios: Roca
mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando sombrío,
hostigado por
mi enemigo?
Se me rompen los
huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde
está tu Dios?»
¿Por qué te acongojas,
alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a
alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Ant. 3: Mi alma tiene. sed del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro del Señor?
V. Grande es tu ternura, Señor.
R. Con tu palabra dame
vida.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12-34
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO, ESPERANZA DE LOS CREYENTES
Hermanos: Si
anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno
que los muertos no resucitan? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo
resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también
vuestra fe. Y .somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos
atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que
los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha
resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís
con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra
esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más
desdichados.
¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de
todos. Lo mismo que por un hombre hubo muero te, por otro hombre hay
resurrección de los muertos, y lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo
todos serán llamados de nuevo a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero,
Cristo; después, en su Parusía, los de Cristo. Después será la consumación:
cuando devuelva el reino a Dios Padre, después de aniquilar todo principado,
poder y fuerza.
Pues él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus
pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque ha sometido todas las
cosas bajo sus pies. Mas cuando 'él dice que .todo está sometido-, es evidente
que se excluye a aquel que ha sometido a él todas las cosas. Cuando hayan sido
sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a aquel que
ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
De no ser
así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en
manera alguna, ¿por qué bautizarse por ellos? Y nosotros mismos, ¿por qué nos
ponemos en peligro a todas horas? Os Juro, herma.
nos, por el orgullo que
siento por vosotros en Cristo Jesús, Señor nuestro, que cada día estoy en
peligro de muerte. Si por motivos humanos luché en Éfeso contra las bestias,
¿qué provecho saqué? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana
moriremos.
No os engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas
costumbres.» Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros
quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.
Responsorio 1Co 15, 25-26; cf. Ap 20, 13. 14
R. Cristo debe reinar hasta que Dios ponga todos sus enemigos
bajo sus pies. * El último enemigo aniquilado será la
muerte.
V.
Entonces la muerte y el hades devolverán los muertos, y la muerte y el hades
serán arrojados al lago de fuego.
R. El último enemigo
aniquilado será la muerte.
o bien esta
otra:
De la primera carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 15, 35-57
LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VENIDA DEL SEÑOR
Hermanos: Dirá alguno:
«¿Cómo resucitan los muertos?
¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?» ¡Necio! Lo
que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que
va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo o alguna otra semilla. Y
Dios le da un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar. No toda
carne es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de los
animales, otra la de las aves, otra la de los peces. Hay cuerpos celestes y
cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el
de los cuerpos terrestres. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna,
otro el de las estrellas. Y una estrella difiere de otra en resplandor. Así
también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita
incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita
fortaleza;
se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues
si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual. En efecto, así es
como dice la Escritura:
«El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo.»
El último Adán, en espíritu que da vida. El espíritu no fue lo primero: primero
vino la vida y después el espíritu.
El primer hombre, hecho de tierra, era
terreno; el segundo es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres
terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales.
Nosotros, que
somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Os
digo esto, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el reino de los
cielos, ni la corrupción hereda la Incorrupción.
Os voy a declarar un
misterio: No todos moriremos, pero todos nos veremos transformados. En un
Instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta; porque
resonará, y los muertos despertarán incorruptibles y nosotros nos veremos
transformados. Porque esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y
esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad. Cuando esto corruptible se vista
de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la
palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está,
muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte
es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos
da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
Responsorio Cf. Jb 19, 25. 26. 27
R. Sé que mi Redentor vive y que en el último día yo
resucitaré de la tierra; * y en mi carne veré a Dios, mi salvador.
V. A quien yo mismo veré y
no otro y mis ojos lo contemplarán.
R. Y en mi carne veré a
Dios, mi salvador.
o bien esta otra:
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 16-5, 10
AL DESHACERSE NUESTRA MORADA TERRENAL, ADQUIRIMOS UNA MANSIÓN ETERNA EN EL CIELO
Hermanos: Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior
se renueva día a día. Y una tribulación pasajera Y liviana produce un inmenso e
Incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no
se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es
eterno.
Aunque se desmorone la morada terrestre en que
acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida
por hombres. y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos
de nuestra habitación celeste, si es que nos encontramos vestidos, y no
desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos oprimidos. No es que
queramos ser desvestidos sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea
absorbido por la vida. y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha
dado en arras el Espíritu.
Así pues, siempre tenemos
confianza, aunque sabemos que mientras vivimos estamos desterrados lejos del
Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza que
preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir Junto al Señor. Por lo cual, en
destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que
comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo por lo que
hayamos hecho en esta vida.
Responsorio Cf. Sal 50, 4
R. Señor, no me juzgues según mis actos: nada digno de mérito
he hecho en tu presencia; por esto ruego a tu majestad, * que tú, Dios mío, borres
mi culpa.
V. Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi
pecado.
R.
Que tú, Dios mío, borres mi culpa.
SEGUNDA LECTURA
Del Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la muerte de su hermano Sátiro
(Libro 2, 40. 41. 46. 47. 132. 133: CSEL 73, 270-274, 323-324)
MURAMOS CON CRISTO, Y VIVIREMOS CON ÉL
Vemos que la muerte es una ganancia y la vida un sufrimiento. Por esto dice san
Pablo: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Cristo, a
través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida. Por tanto,
muramos con él, y viviremos con él. En cierto modo debemos irnos acostumbrando y
disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano que consiste en ir separando el
alma de las concupiscencias del cuerpo, que es como irla sacando fuera del mismo
para colocarla en un lugar elevado, donde no puedan alcanzarla ni pegarse a ella
los deseos terrenales, lo cual viene a ser como una imagen de la muerte, que nos
evitará el castigo de la muerte. Porque la ley de la carne está en oposición a
la ley del espíritu e induce a ésta a la ley del error. ¿Qué remedio hay para
esto? ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por
Jesucristo, Señor nuestro, me veré libre!
Tenemos un
médico, sigamos sus remedios. Nuestro remedio es la gracia de Cristo, y el
cuerpo de muerte es nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, emigremos del cuerpo,
para no vivir lejos del Señor; aunque vivimos en el cuerpo, no sigamos las
tendencias del cuerpo ni obremos en contra del orden natural, antes busquemos
con preferencia los dones de la gracia.
¿Qué más diremos? Con la muerte de
uno solo fue redimido el mundo. Cristo hubiese podido evitar la muerte si así lo
hubiese querido; mas no la rehuyó como algo inútil, sino que la consideró como
el mejor modo de salvamos. Y, así, su muerte es la vida de todos. Hemos recibido
el signo sacramental de su muerte, anunciamos y proclamamos su muerte siempre
que nos reunimos para ofrecer la eucaristía; su muerte es una victoria, su
muerte es sacramento, su muerte es la máxima solemnidad anual que celebra el
mundo.
¿Qué más podremos decir de su muerte, si el ejemplo
de Cristo nos demuestra que ella sola consiguió la inmortalidad y se redimió a
sí misma? Por esto no debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación
para todos; no debemos rehuirla, puesto que el Hijo de Dios no la rehuyó ni tuvo
en menos el sufrirla.
Además la muerte no formaba parte de
nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte
desde el principio, sino que nos la dio como un remedio. En efecto, la vida del
hombre, condenada, por culpa del pecado, a un duro trabajo y a un sufrimiento
intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar fin a estos
males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La
inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la
gracia.
Nuestro espíritu aspira a abandonar las
sinuosidades de esta vida y los enredos del cuerpo terrenal y llegar a aquella
asamblea celestial, a la que sólo llegan los santos, para cantar a Dios aquella
alabanza que, como nos dice la Escritura, le cantan al son de la cítara:
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente: justos y
verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos. ¿Quién no temerá, Señor, y
glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las
naciones y se postrarán en tu acatamiento; y también para contemplar, Jesús,
tu boda mística, cuando la esposa, en medio de la aclamación de todos, será
transportada de la tierra al cielo -a ti acude todo mortal-, libre ya de
las ataduras de este mundo y unida al espíritu.
Este deseo
expresaba con especial vehemencia el salmista, cuando decía: Una cosa pido al
Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar
de la dulzura del Señor.
Responsorio Cf. 2M 12, 45; Mt 13, 43
R. A aquellos que mueren piadosamente * una magnífica recompensa
les está reservada.
V. Los santos brillarán entonces como el sol en el reino de
su Padre.
R. Una magnífica recompensa les está reservada.
Oración
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
La oración conclusiva como en las Laudes.
CONCLUSIÓN
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
HIMNO
¡Qué misterio tan
profundo
éste de mi propio ser:
he surgido del no-ser
y me exalto y me
confundo,
mientras cantando me hundo
en mi nada, y sombra, y lodo!
Soy
cadáver a tu modo,
soy sueño, soy despertar,
soy vida, soy
palpitar,
soy luz, soy llama, soy todo.
Muerte, que das a mi
vida
trascendencia y plenitud,
muerte que ardes de inquietud
como rosa
amanecida,
cuando llegues encendida
y silenciosa a mi puerto,
besaré tu
boca yerta
y, en el umbral de mi adiós,
al beso inmenso de Dios
me
dispondrás, muerte muerta. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados.
Salmo 50
CONFESIÓN
DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en la mente y en
el espíritu y
vestios de la nueva condición humana.
(cf. Ef 4,
23-24)
Misericordia, Dios
mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo
mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi
culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo
pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia
tendrás razón
en el juicio brillará tu rectitud
Mira, que en la culpa
nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón
sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo:
quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la
alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu
vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí
un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes
lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría
de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados
tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre,
¡oh Dios, Dios,
Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor,
me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te
satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías
Mi sacrificio es
un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo
desprecias.
Señor, por tu bondad,
favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás
los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se
inmolarán novillos.
Ant. 1: Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados.
Ant. 2: Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Cántico Is 38, 10-14. 17-20
ANGUSTIAS DE
UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA CURACIÓN
Yo soy el que vive y
estaba muerto...
y tengo las llaves de la muerte.
(Ap 1, 17.
18)
Yo pensé: «En medio de
mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del
resto de mis años.»
Yo pensé: «Ya no veré
más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los
hombres
entre los habitantes del mundo.
Levantan y enrollan mi
vida
como un tienda de pastores.
Como un tejedor devanaba yo mi vida,
y
me cortan la trama.»
Día y noche me estás
acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un
león,
día y noche me estás acabando.
Estoy piando como una
golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se
consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
Me has curado, me has
hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma ante
la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.
El abismo no te da
gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que
bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos
son quienes te alaban:
como yo ahora.
El padre enseña a sus hijos tu
fidelidad.
Sálvame, Señor, y
tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.
Ant. 2: Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Ant. 3: Alabaré al Señor mientras viva.
Salmo 145
FELICIDAD A
LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al Señor mientras
vivimos, es decir,
con nuestras obras. (Arnobio)
Alaba, alma mía, al
Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras
exista.
No confiéis en los
príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y
vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien
auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el
cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su
fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a
los hambrientos.
El Señor liberta a los
cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya
se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los
peregrinos;
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los
malvados.
El Señor reina
eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Ant. 3: Alabaré al Señor mientras viva.
O bien:
Ant. 3: Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Salmo 150
ALABAD AL
SEÑOR
Salmodiad con el espíritu,
salmodiad
con toda vuestra mente, es decir,
glorificad a Dios con el
cuerpo
y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su
templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras
magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando
trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores
y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos
sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Todo ser que alienta, alabe al Señor.
LECTURA BREVE 1Ts 4, 13
Si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.
RESPONSORIO BREVE
V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
R. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado.
V. Cambiaste mi luto en danza.
R. Porque me has
librado.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi no morirá para siempre.
PRECES
Oremos a Dios Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:
Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.
Padre santo, ya que
por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y con él hemos
resucitado, haz que de tal forma andemos en vida
nueva
que aún después de nuestra muerte
vivamos para siempre con Cristo.
Padre providente, que
nos has dado el pan vivo bajado del cielo, para que lo comamos
santamente,
haz que al comerlo tengamos vida
eterna y resucitemos en el último día.
Señor, que diste a tu
Hijo en su agonía el consuelo del ángel,
confórtanos en nuestra agonía con la serena esperanza de la
resurrección.
Tú, Señor, que
libraste a los tres jóvenes del horno
ardiente,
libra también las almas de los
difuntos del castigo que sufren por sus pecados.
Dios y Señor de vivos
y de muertos, que resucitaste a Cristo del
sepulcro,
resucita también a los difuntos, y a
nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria.
Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
HIMNO
Dejad que el grano se
muera
y venga el tiempo oportuno:
dará cien granos por uno
la espiga de
primavera.
Mirad que es dulce la
espera
cuando los signos son ciertos;
tened los ojos abiertos
y el
corazón consolado;
si Cristo ha resucitado,
¡resucitarán los muertos!
Amén.
SALMODIA
Tercia: Vuélvete, Señor, liberta mi alma.
Sexta: Sana, Señor, mi
alma, porque he pecado contra ti.
Nona: Oh Dios, sálvame por
tu nombre, sal por mí con tu poder.
Salmo 69
Dios mío, dígnate
librarme;
Señor, date prisa en socorrerme.
Sufran una derrota
ignominiosa
los que me persiguen a muerte;
vuelvan la espalda
afrentados
los que traman mi daño;
que se retiren avergonzados
los que
se ríen de mí.
Alégrense y gocen
contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: «Dios es grande»
los
que desean tu salvación.
Yo soy pobre y
desdichado:
Dios mío, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi
liberación.
¡Señor, no tardes!
Salmo 84
Señor, has sido bueno
con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa
de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu
cólera,
has frenado el incendio de tu ira.
Restáuranos, Dios,
salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre
enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad?
¿No vas a devolvernos
la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu
misericordia
y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que
dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los
que se convierten de corazón.»
La salvación está ya
cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra;
la
misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se
besan;
la fidelidad brota de
la tierra,
y la justicia mira desde el cielo;
el Señor dará la
lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará
ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
Salmo 85
Inclina tu oído,
Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy
un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.
Tú eres mi Dios,
piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el
alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres
bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor,
escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.
En el día del peligro
te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni
hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos
vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu
nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único
Dios.»
Enséñame, Señor, tu
camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero,
en el temor
de tu nombre.
Te alabaré de todo
corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande
piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.
Dios mío, unos
soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi
vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios
clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y
leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu
siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la
vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y
consuelas.
Tercia: Vuélvete, Señor, liberta mi alma.
Sexta: Sana, Señor, mi
alma, porque he pecado contra ti.
Nona: Oh Dios, sálvame por
tu nombre, sal por mí con tu poder.
LECTURA BREVE
Tercia Jb 19, 25-26
Sé que mi Redentor vive y que en el ultimo día resucitaré de la tierra; y de nuevo me revestiré de piel; y en mi carne veré a Dios.
V. ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me
turbas?
R.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Sexta Sb 1, 13-14a.15
Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creó para que subsistiera, porque la justicia es inmortal.
V. Aunque camine por cañadas oscuras, nada
temo.
R.
Porque tú, Señor, vas conmigo
Oremos:
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Nona Is 25, 8
Aniquilará Dios la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país -lo ha dicho el Señor-.
V. Escucha, Señor, mis súplicas.
R. A ti acude todo
mortal.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Si morir no es
despertar,
si es simplemente morir,
¿para qué, muerte, vivir?,
¿para
qué muerte, empezar
esta angustia, este llorar?
Mas, si eres umbral y
puerta
del misterio, si honda y cierta
aseguras mi esperanza,
¡qué cima
de luz se alcanza
viviendo una vida muerta! Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.
Salmo 120
EL GUARDIÁN
DEL PUEBLO
No tendrán hambre ni
sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno (Ap 7,
16)
Levanto mis ojos a los
montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del
Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que
resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián
de Israel.
El Señor te guarda a
su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna
de noche.
El Señor te guarda de
todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y
salidas,
ahora y por siempre.
Ant. 1: El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.
Ant. 2: Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Salmo 129
DESDE LO
HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a su pueblo de los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti
grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz
de mi súplica.
Si llevas cuenta de
los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el
Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el
centinela la aurora.
Aguarde Israel al
Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la
misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos
sus delitos.
Ant. 2: Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Ant. 3: Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Cántico Flp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE
DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su
condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario,
se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno
de tantos.
Y así, actuando como
un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y
una muerte de cruz.
Por eso Dios lo
levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo
que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la
tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para
gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
LECTURA BREVE 1Co, 15, 55-57)
¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
RESPONSORIO BREVE
V. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca
defraudado.
R. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca
defraudado.
V. Tu misericordia es mi gozo y mi alegría.
R. No quede yo nunca
defraudado.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. A
ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Todos los que el Padre me ha entregado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera.
PRECES
Oremos al Señor Jesús, que transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo, y digámosle:
Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.
Señor Jesucristo, Hijo
de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo
Lázaro,
lleva a una resurrección de vida a los
difuntos que rescataste con tu sangre preciosa.
Señor Jesucristo,
consolador de los afligidos, que ante el dolor de los que lloraban la muerte de
Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo acudiste compasivo a enjugar sus
lágrimas,
consuela también ahora a los que
lloran la muerte de sus seres queridos.
Señor Jesucristo,
siempre vivo para interceder por nosotros y por todos los
hombres,
enséñanos a ofrecer el sacrificio de
alabanza por los difuntos, para que sean absueltos de sus pecados.
Cristo salvador,
destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el que merecimos la
muerte,
para que obtengamos, como don de Dios,
la vida eterna.
Cristo redentor, mira
benignamente a aquellos que, al no conocerte, viven sin
esperanza,
para que crean también ellos en la
resurrección y en la vida del mundo futuro.
Tú, Señor, que has
dispuesto que nuestra casa terrena sea
destruida,
concédenos una morada eterna en los
cielos.
Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.
DÍA 3 DE NOVIEMBRE
SAN MARTÍN DE
PORRES,
religioso
Del Común de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De la Homilía del papa Juan XXIII, en la canonización de san Martín de Porres
(Día 6 de mayo de 1962: AAS 54 [1962], 306-309)
MARTÍN DE LA CARIDAD
Martín nos demuestra con el ejemplo de su vida que podemos llegar a la salvación y a la santidad por el camino que nos enseñó Cristo Jesús: a saber, si, en primer lugar, amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y si, en segundo lugar, amamos al prójimo como a nosotros mismos.
Él sabía que Cristo Jesús padeció por nosotros y, cargado con nuestros pecados, subió al leño, y por esto tuvo un amor especial a Jesús crucificado, de tal modo que, al contemplar sus atroces sufrimientos, no podía evitar el derramar abundantes lágrimas. Tuvo también una singular devoción al santísimo sacramento de la eucaristía, al que dedicaba con frecuencia largas horas de oculta adoración ante el sagrario, deseando nutrirse de él con la máxima frecuencia que le era posible.
Además, san Martín, obedeciendo el mandato del divino Maestro, se ejercitaba intensamente en la caridad para con sus hermanos, caridad que era fruto de su fe íntegra y de su humildad. Amaba a sus prójimos porque los consideraba verdaderos hijos de Dios y hermanos suyos; y los amaba aún más que a sí mismo, ya que, por su humildad, los tenía a todos por más justos y perfectos que él.
Disculpaba los errores de los demás: perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido de que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en retornar al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicinas a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores y a los negros y mulatos, que, por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo, el apelativo de «Martín de la caridad».
Este santo varón, que con sus palabras, ejemplos y virtudes impulsó a sus prójimos a una vida de piedad, también ahora goza de un poder admirable para elevar nuestras mentes a las cosas celestiales. No todos, por desgracia, son capaces de comprender estos bienes sobrenaturales, no todos los aprecian como es debido, al contrario, son muchos los que, enredados en sus vicios, los menosprecian, los desdeñan o los olvidan completamente. Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos la dulzura y felicidad que se encuentra en el seguimiento de Jesucristo y en la sumisión a sus divinos mandatos.
Responsorio Sir 31, 8. 11. 9
R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte
por la riqueza. * Su dicha será consolidada por el Señor.
V. ¿Quién es éste, y lo
felicitaremos? Pues ha hecho algo admirable en su pueblo.
R. Su dicha será
consolidada por el Señor.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Bendito sea el Señor, porque ha redimido a todos los pueblos, y a todos los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.
Vísperas: Alabemos al Señor, que ha glorificado a su humilde siervo Martín con dones celestiales.
Oración
Señor, Dios nuestro, que llevaste a san Martín de Porres a la gloria celestial, por medio de una vida escondida y humilde, concédenos seguir de tal manera sus ejemplos, que merezcamos, como él, ser llevados al cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 4 DE NOVIEMBRE
SAN CARLOS BORROMEO,
obispo
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
Del sermón pronunciado por san Carlos Borromeo, obispo, en el último sínodo que convocó
(Acta Ecclesiae Mediolanensis, Milán 1599,1177-1178)
NO SEAS DE LOS QUE DICEN UNA COSA Y HACEN OTRA
Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor ha puesto en nuestras manos los medios con que poder ayudar fácilmente, si queremos, esta debilidad. Algún sacerdote querría tener aquella integridad de vida que sabe que se le demanda, querría ser continente y vivir una vida angélica, como exige su condición, pero no piensa en emplear los medios requeridos para ello: ayunar, orar, evitar el trato con los malos y las familiaridades dañinas y peligrosas.
Algún otro se queja de que, cuando va a salmodiar o a celebrar la misa, al momento le acuden a la mente mil cosas que lo distraen de Dios; pero éste, antes de ir al coro o a celebrar la misa, ¿qué ha hecho en la sacristía, cómo se ha preparado; qué medios ha puesto en práctica para mantener la atención?
¿Quieres que te enseñe cómo irás progresando en la virtud y, si ya estuviste atento en el coro, cómo la próxima vez lo estarás más aún y tu culto será más agradable a Dios? Oye lo que voy a decirte. Si ya arde en ti el fuego del amor divino, por pequeño que éste sea, no lo saques fuera en seguida, no lo expongas al viento, mantén el fogón protegido para que no se enfríe y pierda el calor; esto es, aparta cuanto puedas las distracciones, conserva el recogimiento, evita las conversaciones inútiles.
¿Estás adecuado a la predicación y la enseñanza? Estudia y ocúpate en todo lo necesario para el recto ejercicio de este cargo; procura antes que todo predicar con tu vida y costumbres, no sea que, al ver que una cosa es lo que dices otra lo que haces, se burlen de tus palabras meneando la cabeza.
¿Ejerces la cura de almas? No por ello olvides la cura de ti mismo, ni te entregues tan pródigamente a los demás que no quede para ti nada de ti mismo; porque es necesario, ciertamente, que te acuerdes de las almas a cuyo frente estás, pero no de manera que te olvides de ti.
Sabedlo, hermanos, nada es tan necesario para los clérigos como la oración mental; ella debe preceder, acompañar y seguir nuestras acciones: salmodiaré —dice el salmista— y entenderé. Si administras los sacramentos, hermano, medita lo que haces; si celebras la misa, medita lo que ofreces; si salmodias en el coro, medita a quién hablas y qué es lo que hablas; si diriges las almas, medita con qué sangre han sido lavadas, y así todo lo que hagáis, que sea con amor; así venceremos fácilmente las innumerables dificultades que inevitablemente experimentamos cada día (ya que esto forma parte de nuestra condición); así tendremos fuerza para dar a luz a Cristo en nosotros y en los demás.
Responsorio 1 Tm 6, 11; 4, 11. 12. 6
R. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la
paciencia, la delicadeza. * Prescribe estas cosas y enséñalas; sé un modelo para los
fieles.
V. Si propones estas cosas a los hermanos, servirás bien a
Cristo Jesús.
R. Prescribe estas cosas y enséñalas; sé un modelo para los
fieles.
Oración
Conserva en tu pueblo, Señor, el espíritu que animara a san Carlos Borromeo, obispo, para que tu Iglesia se renueve siempre y, cada vez más transformada en Cristo, presente ante los hombres una imagen auténtica de su Señor, Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 7 DE NOVIEMBRE
MARÍA, MEDIANERA DE TODAS LAS
GRACIAS
Memoria
Del Común
de la Santísima Virgen María.
Oración
Señor, por el misterioso designio de tu amor, has querido que la Virgen María fuese madre del autor de la gracia y estuviese asociada a él en el misterio de la redención humana; que ella nos alcance con profusión tus dones y nos conduzca hasta el puerto de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE NOVIEMBRE
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE
LETRÁN
Fiesta
Del Común
de la dedicación de una iglesia.
La oración conclusiva se toma del Común de la dedicación de una iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo
(Sermón 229,1-3: CCL 104, 905-908)
TODOS, POR EL BAUTISMO, HEMOS SIDO HECHOS TEMPLOS DE DIOS
Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo, fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo, nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos construidos por hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto, dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma como tiene prometido: Habitaré y caminaré con ellos.
Responsorio Cf. Ez 47, 1. 9
R. Vi que manaba agua del lado derecho del templo. Aleluya.
* Y habrá
vida donde quiera que llegue la corriente, y cantarán: «Aleluya, aleluya.»
V. En
la dedicación del templo, cantaba el pueblo alabanzas, y en la boca de todos
resonaba una dulce canción.
R.
Y habrá vida donde quiera que llegue la
corriente, y cantarán: «Aleluya, aleluya.»
HIMNO Te Deum
DÍA 10 DE NOVIEMBRE
SAN LEÓN MAGNO,
papa y doctor
de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores para un santo papa, y del Común
de doctores de la Iglesia.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 4,1-2: PL 54,148-149)
EL ESPECIAL SERVICIO DE NUESTRO MINISTERIO
Aunque toda la Iglesia está organizada en distintos grados, de manera que la integridad del sagrado cuerpo consta de una diversidad de miembros, sin embargo, como dice el Apóstol, todos somos uno en Cristo Jesús; y esta diversidad de funciones no es en modo alguno causa de división entre los miembros, ya que todos, por humilde que sea su función, están unidos a la cabeza. En efecto, nuestra unidad de fe y de bautismo hace de todos nosotros una sociedad indiscriminada, en la que todos gozan de la misma dignidad, según aquellas palabras de san Pedro, tan dignas de consideración: También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo; y más adelante: Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios.
La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos deben saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?
Aunque esto, por gracia de Dios, es común a todos, sin embargo, es también digno y laudable que os alegréis del día de nuestra promoción como de un honor que os atañe también a vosotros; para que sea celebrado así en todo el cuerpo de la Iglesia el único sacramento del pontificado, cuya unción consecratoria se derrama ciertamente con más profusión en la parte superior, pero desciende también con abundancia a las partes inferiores.
Así pues, amadísimos hermanos, aunque todos tenemos razón para gozarnos de nuestra común participación en este oficio, nuestro motivo de alegría será más auténtico y elevado si no detenéis vuestra atención en nuestra humilde persona, ya que es mucho más provechoso y adecuado elevar nuestra mente a la contemplación de la gloria del bienaventurado Pedro y celebrar este día solemne con la veneración de aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todos los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él. Así, el Verbo hecho carne habitaba ya entre nosotros, y Cristo se había entregado totalmente a la salvación del género humano.
Responsorio Mt 16, 18; Sal 47, 9
R. Dijo Jesús a Simón: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia, * y el poder del infierno no la derrotará.»
V. Dios la ha
fundado para siempre.
R. Y el poder del infierno no la derrotará.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: San Pedro, manteniéndose en la firmeza de piedra que recibió, no suelta el timón de la Iglesia.
Vísperas: En toda la Iglesia, Pedro afirma cada día: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Oración
Señor, tú que nos has prometido que las fuerzas del mal nunca prevalecerán contra la Iglesia, cimentada sobre la roca de Pedro, haz que, por la intercesión del papa san León Magno, tu pueblo permanezca siempre firme en la verdad y goce de una paz estable y verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE NOVIEMBRE
SAN MARTÍN,
obispo
Memoria
Ant. Alabemos a nuestro Dios, en la celebración de San Martín.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de Sulpicio Severo
(Carta 3, 6. 9-10. 11.14-17. 21: SC 133, 336-344)
MARTÍN, POBRE Y HUMILDE
Martín conoció con mucha antelación su muerte y anunció a sus hermanos la proximidad de la disolución de su cuerpo. Entretanto, por una determinada circunstancia, tuvo que visitar la diócesis de Candes. Existía en aquella Iglesia una desavenencia entre los clérigos, y, deseando él poner paz entre ellos, aunque sabía que se acercaba su fin, no dudó en ponerse en camino, movido por este deseo, pensando que si lograba pacificar la Iglesia sería éste un buen colofón a su vida.
Permaneció por un tiempo en aquella población o comunidad, donde había establecido su morada. Una vez restablecida la paz entre los clérigos, cuando ya pensaba regresar a su monasterio, de repente empezaron a faltarle las fuerzas; llamó entonces a los hermanos y les indicó que se acercaba el momento de su muerte. Ellos, todos a una, empezaron a entristecerse y a decirle entre lágrimas:
"¿Por qué nos dejas, padre? ¿A quién nos encomiendas en nuestra desolación? Invadirán tu grey lobos rapaces; ¿quién nos defenderá de sus mordeduras, si nos falta el pastor? Sabemos que deseas estar con Cristo, pero una dilación no hará que se pierda ni disminuya tu premio; compadécete más bien de nosotros, a quienes dejas."
Entonces él, conmovido por este llanto, lleno como estaba siempre de entrañas de misericordia en el Señor se cuenta que lloró también; y, vuelto al Señor, dijo tan sólo estas palabras en respuesta al llanto de sus hermanos:
"Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehúyo el trabajo; hágase tu voluntad."
¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, igualmente dispuesto a lo uno y a lo otro, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida! Con los ojos y las manos continuamente levantados al cielo, no cejaba en la oración; y como los presbíteros, que por entonces habían acudido a él, le rogasen que aliviara un poco su cuerpo cambiando de posición, les dijo:
"Dejad, hermanos, dejad que mire al cielo y no a la tierra, y que mi espíritu, a punto ya de emprender su camino, se dirija al Señor."
Dicho esto, vio al demonio cerca de él, y le dijo: ¿Por qué estás aquí, bestia feroz? Nada hallarás en mí, malvado; el seno de Abrahán está a punto de acogerme."
Con estas palabras entregó su espíritu al cielo. Martín, lleno de alegría, fue recibido en el seno de Abrahán; Martín, pobre y humilde, entró en el cielo, cargado de riquezas.
Responsorio
R. ¡Oh tú, verdaderamente dichoso, en cuyos labios no hubo
engaño, que a nadie juzgaste, a nadie condenaste! * Nunca se encontró en
su boca otra cosa que Cristo, la paz y la misericordia.
V. ¡Oh varón digno
de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, que
no tembló ante la muerte ni rechazó la vida!
R. Nunca se
encontró en su boca otra cosa que Cristo, la paz y la misericordia.
HIMNO
Cristo, Cabeza, Rey de
los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de
tu sacerdote
himnos sagrados.
Con abundancia de
sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
lo armó guerrero y
lo nombró en la Iglesia
jefe del pueblo.
Él fue pastor y forma
del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia
providente,
todo de todos.
Tú que coronas sus
merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida
y al fin, sumisos a su
magisterio,
danos su gloria. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Martín, sacerdote de Dios, el cielo, el reino de mi Padre, te ha sido abierto.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2.Con los ojos y las manos continuamente levantados al cielo, no cejaba en la oración. Aleluya.
Ant. 3. Martín, lleno de alegría, fue recibido en el seno de Abraham; Martín pobre y humilde entró en el cielo, cargado de riquezas. Aleluya.
LECTURA
BREVE Hb 13,
7-9a
Acordaos de aquellos superiores
vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace
de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre.
No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas. R. Sobre tus murallas. V. Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor. R. He colocado centinelas. V. Gloria. R. Sobre tus murallas.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. ¡Oh varón dichoso, cuya alma posee ya el paraíso! Por ello se alegran los ángeles, se regocijan los arcángeles; y el coro de los santos y la multitud de las vírgenes lo aclaman, diciendo: «Quédate con nosotros para siempre.»
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo: Apacienta a tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor, * haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo, * no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas, * haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos, * haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Renueva, Señor, en nosotros las maravillas de tu gracia, para que, al celebrar hoy la memoria de san Martín, obispo, que te glorificó, tanto con su vida como con su muerte, nos sintamos de tal modo fortalecidos, que ni la vida ni la muerte puedan separarnos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Cantemos al Señor con
alegría,
unidos a la voz del Pastor santo;
demos gracias a Dios, que es
luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.
Es su voz y su amor el
que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito
el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su
fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que
es providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor,
guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a
la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. ¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida!
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. ¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida!
Ant. 2. Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo; hágase tu voluntad.
Salmo
111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como hijos de
la luz; toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5,
8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será
perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que
vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo; hágase tu voluntad.
Ant. 3. El obispo san Martín partió de este mundo, y ahora vive glorioso con Cristo, como gloria de los sacerdotes.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3. El obispo san Martín partió de este mundo, y ahora vive glorioso con Cristo, como gloria de los sacerdotes.
LECTURA BREVE 1Pe 5, 1-4
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
RESPONSORIO BREVE
V. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo. R. Éste es el que ama a sus hermanos. V. El que entregó su vida por sus hermanos. R. El que ora mucho por su pueblo. V. Gloria. R. Éste es el que ama a sus hermanos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. ¡Oh bienaventurado pontífice, que amaste con todo tu corazón a Cristo rey y no temiste los poderes de este mundo! ¡Oh alma santísima, que, sin haber sido separada de tu cuerpo por la espada del perseguidor, has merecido, sin embargo, la palma del martirio!
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo: Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, * purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, * salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Renueva, Señor, en nosotros las maravillas de tu gracia, para que, al celebrar hoy la memoria de san Martín, obispo, que te glorificó, tanto con su vida como con su muerte, nos sintamos de tal modo fortalecidos, que ni la vida ni la muerte puedan separarnos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 12 DE NOVIEMBRE
SAN JOSAFAT, obispo y
mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir o del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De la carta encíclica Ecclesiam Dei del papa Pío once
(AAS 15 [1923], 573-582)
DERRAMÓ SU SANGRE POR LA UNIDAD DE LA IGLESIA
Sabemos que la Iglesia de Dios, constituida por su admirable designio para ser en la plenitud de los tiempos como una inmensa familia que abarque a todo el género humano, es notable, por institución divina, tanto por su unidad ecuménica, como por otras notas que la caracterizan.
En efecto, Cristo el Señor no sólo encomendó a solos los apóstoles la misión que él había recibido del Padre, cuando les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, sino que quiso también que el colegio apostólico tuviera la máxima unidad, unido por un doble y estrecho vínculo, a saber: intrínsecamente, por una misma fe y por el amor que ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo; extrínsecamente, por el gobierno de uno solo sobre todos, ya que confirió a Pedro la primacía sobre los demás apóstoles, como principio perpetuo y fundamento visible de unidad. Y, para que esta unidad y acuerdo se mantuviera a perpetuidad, Dios providentísimo la consagró en cierto modo con el signo de la santidad y del martirio.
Este honor tan grande obtuvo aquel arzobispo de Pólotzk, llamado Josafat, de rito eslavo oriental, al que, con razón, consideramos como el hombre más eminente y destacado entre los eslavos de rito oriental, ya que difícilmente encontraríamos a otro que haya contribuido a la gloria y provecho de la Iglesia más que éste, su pastor y apóstol, principalmente cuando derramó su sangre por la unidad de la santa Iglesia. Además, sintiéndose movido por un impulso celestial, comprendió que podría contribuir en gran manera al restablecimiento de la santa unidad universal de la Iglesia el hecho de conservar en ella el rito oriental eslavo y la institución de la vida monástica según el espíritu de san Basilio.
Pero entretanto, preocupado principalmente por la unión de sus conciudadanos con la cátedra de Pedro, buscaba por doquier toda clase de argumentos que pudieran contribuir a promover y confirmar esta unidad, sobre todo estudiando atentamente los libros litúrgicos que, según las prescripciones de los santos Padres, usaban los mismos orientales separados. Con esta preparación tan diligente, comenzó a dedicarse a la restauración de la unidad, con tanta fuerza y tanta suavidad a la vez y con tanto fruto que sus mismos adversarios lo llamaban "ladrón de almas".
Responsorio Jn 17, 11. 23. 22
R. Dijo Jesús: «Padre santo, guárdalos en tu nombre a los que
me has dado, * para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa
que tú me has enviado.»
V. Yo les di a ellos la gloria que me diste.
R. Para que sean
completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado.
Oración
Aviva, Señor, en tu Iglesia aquel fuego del Espíritu Santo que impulsó a san Josafat a dar la vida por su pueblo, y haz que también nosotros, fortalecidos por este mismo Espíritu y ayudados por la plegaria de este santo, estemos dispuestos, si es preciso, a dar la vida por nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 15 DE NOVIEMBRE
SAN ALBERTO MAGNO,
obispo y
doctor de la Iglesia
Del Común de pastores: para un santo obispo y del Común de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del comentario de san Alberto Magno, obispo, sobre el evangelio de san Lucas
(Lc 22,19: Opera omnia, París 1890-1899, 23, 672-674)
PASTOR Y DOCTOR PARA LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO DE CRISTO
Haced esto en conmemoración mía. Dos cosas hay que destacar en estas palabras. La primera es el mandato de celebrar este sacramento, mandato expresado en las palabras: Haced esto. La segunda es que se trata del memorial de la muerte que sufrió el Señor por nosotros.
Dice, pues: Haced esto. No podríamos imaginarnos un mandato más provechoso, más dulce, más saludable, más amable, más parecido a la vida eterna. Esto es lo que vamos a demostrar punto por punto.
Lo más provechoso en nuestra vida es lo que nos sirve para el perdón de los pecados yla plenitud de la gracia. Él, el Padre de los espíritus, nos instruye en lo que es provechoso para recibir su santificación. Su santificación consiste en su sacrificio, esto es, en su ofrecimiento sacramental, cuando se ofrece al Padre por nosotros y se ofrece a nosotros para nuestro provecho. Por ellos me consagro yo. Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.
Es también lo más dulce que podemos hacer. ¿Qué puede haber más dulce que aquello en que Dios nos muestra toda su dulzura? A tu pueblo lo alimentaste con manjar de ángeles, proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan a punto, de mil sabores, a gusto de todos; este sustento tuyo demostraba a tus hijos tu dulzura, pues servia al deseo de quien lo tomaba y se convertía en lo que uno quería.
Es lo más saludable que se nos podía mandar. Este sacramento es el fruto del árbol de la vida, y el que lo come con la devoción de una fe sincera no gustará jamás la muerte. Es árbol de vida para los que la cogen, son dichosos los que la retienen. El que me come vivirá por mí. Es lo más amable que se nos podía mandar. Este sacramento, en efecto, es causa de amor y de unión. La máxima prueba de amor es darse uno mismo como alimento. Los hombres de mi campamento dijeron: "¡Ojalá nos dejen saciarnos de su carne!"; que es como si dijera: "Tanto los amo yo a ellos y ellos a mí, que yo deseo estar en sus entrañas y ellos desean comerme, para, incorporados a mí convertirse en miembros de mi cuerpo. Era imposible un modo de unión más íntimo y verdadero entre ellos y yo."
Y es lo más parecido a la vida eterna que se nos podía mandar. La vida eterna viene a ser una continuación de este sacramento, en cuanto que Dios penetra con su dulzura en los que gozan de la vida bienaventurada.
Responsorio Lc 22, 29-30a; Jn 15, 16
R. Yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a
mí: * Comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino.
V. Soy yo quien os
he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto.
R. Comeréis y
beberéis a mi mesa en mi reino.
Oración
Tú has querido, Señor, que el obispo san Alberto mereciera el título de Grande por su extraordinaria capacidad para conciliar la fe con la sabiduría humana; concédenos que, siguiendo sus enseñanzas, a través del progreso de las ciencias, lleguemos a conocerte y amarte más profundamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 16 DE NOVIEMBRE
SANTA MARGARITA DE
ESCOCIA
Del Común de santas mujeres: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo
(Núm. 48)
SANTIDAD DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA
El hombre y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne, con la íntima unión de personas y de obras se ofrecen mutuamente ayuda y servicio, experimentando así y logrando más plenamente cada día el sentido de su propia unidad.
Esta íntima unión, por ser una donación mutua de dos personas, y el mismo bien de los hijos exigen la plena fidelidad de los esposos y urgen su indisoluble unidad.
El auténtico amor conyugal es asumido por el amor divino y se rige y enriquece por la obra redentora de Cristo y por la acción salvífica de la Iglesia, para que los esposos sean eficazmente conducidos hacia Dios y se vean ayudados y confortados en su sublime papel de padre y madre.
Por eso, los esposos cristianos son robustecidos y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado, gracias a este sacramento particular; en virtud del cual, cumpliendo su deber conyugal y familiar, imbuidos por el espíritu de Cristo, con el que toda su vida queda impregnada de fe, esperanza y caridad, se van acercando cada vez más hacia su propia perfección y mutua santificación, y así contribuyen conjuntamente a la glorificación de Dios.
De ahí que, cuando los padres preceden con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentran más fácilmente el camino de la bondad, de la salvación y de la santidad. Los esposos, adornados de la dignidad y del deber de la paternidad y maternidad, habrán de cumplir entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, deber que les incumbe a ellos principalmente.
Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres, pues, con el sentimiento de su gratitud, con su amor filial y con su confianza, corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como buenos hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la vejez.
El estado de viudez, cuando se acepta con ánimo valiente como una continuidad del amor conyugal, será honrado por todos. La familia comunicará generosamente con otras familias sus riquezas espirituales. Por consiguiente, la familia cristiana, al brotar del matrimonio, que es imagen y participación de la unión amorosa entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la viva presencia del Salvador en el mundo, la auténtica naturaleza de la Iglesia, ya sea con el amor de los esposos, con su generosa fecundidad, con su unidad y fidelidad, ya sea también con la amable cooperación de todos los miembros de la familia.
Responsorio Pr 31, 25. 31
R. La mujer que teme al Señor merece alabanza. * Está vestida de
fuerza y dignidad.
V. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la
alaben en la plaza.
R. Está vestida de fuerza y dignidad.
Oración
Señor, Dios nuestro, que hiciste resplandecer en santa Margarita de Escocia una admirable caridad hacia los pobres, concédenos que, movidos por su ejemplo y apoyados por su intercesión, logremos también nosotros ser un reflejo de tu bondad para nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 16 DE NOVIEMBRE
SANTA GERTRUDIS,
virgen
Del Común de vírgenes o del Común de santas mujeres: para los santos religiosos.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
Del libro de las Insinuaciones de la divina piedad, de santa Gertrudis, virgen
(Libro 2, 23,1. 3. 5. 8.10: SC 139, 330-340)
TUVISTE SOBRE MÍ DESIGNIOS DE PAZ Y NO DE AFLICCIÓN
Que mi alma te bendiga, Dios y Señor, mi creador, que mi alma te bendiga y, de lo más íntimo de mi ser, te alabe por tus misericordias, con las que inmerecidamente me ha colmado tu bondad.
Te doy gracias, con todo mi corazón, por tu inmensa misericordia y alabo, al mismo tiempo, tu paciente bondad, la cual puse a prueba durante los años de mi infancia y niñez, de mi adolescencia y juventud, hasta la edad de casi veintiséis años, ya que pasé todo este tiempo ofuscada y demente, pensando, hablando y obrando, siempre que podía, según me venía en gana —ahora me doy cuenta de ello—, sin ningún remordimiento de conciencia, sin tenerte en cuenta a ti, dejándome llevar tan sólo por mi natural detestación del mal y atracción hacia el bien, o por las advertencias de los que me rodeaban, como si fuera una pagana entre paganos, como si nunca hubiera comprendido que tú, Dios mío, premias el bien y castigas el mal; y ello a pesar de que desde mi infancia, concretamente desde la edad de cinco años, me elegiste para entrar a formar parte de tus íntimos en la vida religiosa.
Por todo ello, te ofrezco en reparación, Padre amantísimo, todo lo que sufrió tu Hijo amado, desde el momento en que, reclinado sobre paja en el pesebre, comenzó a llorar, pasando luego por las necesidades de la infancia, las limitaciones de la edad pueril, las dificultades de la adolescencia, los ímpetus juveniles, hasta la hora en que, inclinando la cabeza, entregó su espíritu en la cruz, dando un fuerte grito. También te ofrezco, Padre amantísimo, para suplir todas mis negligencias, la santidad y perfección absoluta con que pensó, habló y obró siempre tu Unigénito, desde el momento en que, enviado desde el trono celestial, hizo su entrada en este mundo hasta el momento en que presentó, ante tu mirada paternal, la gloria de su humanidad vencedora.
Llena de gratitud, me sumerjo en el abismo profundísimo de mi pequeñez y alabo y adoro, junto con tu misericordia, que está por encima de todo, aquella dulcísima benignidad con la que tú, Padre de misericordia, tuviste sobre mí, que vivía tan descarriada, designios de paz y no de aflicción, es decir, la manera como me levantaste con la multitud y magnitud de tus beneficios. Y no te contentaste con esto, sino que me hiciste el don inestimable de tu amistad y familiaridad, abriéndome el arca nobilísima de la divinidad, a saber, tu corazón divino, en el que hallo todas mis delicias.
Más aún, atrajiste mi alma con tales promesas, referentes a los beneficios que quieres hacerme en la muerte y después de la muerte, que, aunque fuese éste el único don recibido de ti, sería suficiente para que mi corazón te anhelara constantemente con una viva esperanza.
Responsorio Cf. Jr 31, 3; Os 2, 16. 21
R. Con amor eterno amó el Señor a Gertrudis; por eso, la
atrajo desde la infancia, la llevó a la soledad. * Y le habló al
corazón.
V. Se casó con ella en matrimonio perpetuo, en fidelidad y
misericordia.
R. Y le habló al corazón.
Oración
Señor Dios, que hiciste del corazón de santa Gertrudis una morada agradable a ti, te pedimos, por su intercesión, que ilumines las tinieblas de nuestra mente, para que experimentemos en nuestro interior el gozo de tu presencia y la acción de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE NOVIEMBRE
SANTA ISABEL DE
HUNGRÍA
Memoria
Del Común de santas mujeres: para los santos que se distinguieron por el ejercicio de las obras de misericordia.
SEGUNDA LECTURA
De una carta escrita por Conrado de Marburgo, director espiritual de santa Isabel
(Al Sumo pontífice, año 1232: A. Wyss, Hessisches Urkundenbuch 1, Leipzig 1879, 31-35)
ISABEL RECONOCIÓ Y AMÓ A CRISTO EN LA PERSONA DE LOS POBRES
Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio de su caridad, y no sólo allí, sino también en todos los lugares sujetos a la jurisdicción de su marido, llegando a agotar de tal modo todas las rentas provenientes de los cuatro principados de éste, que se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.
Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacía la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo, de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas. Finalmente, al morir su esposo, ella, aspirando a la máxima perfección, me pidió con lágrimas abundantes que le permitiese ir a mendigar de puerta en puerta.
En el mismo día del Viernes santo, mientras estaban desnudados los altares, puestas las manos sobre el altar de una capilla de su ciudad, en la que había establecido frailes menores, estando presentes algunas personas, renunció a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a todas las cosas que el Salvador, en el Evangelio, aconsejó abandonar. Después de esto, viendo que podía ser absorbida por la agitación del mundo y por la gloria mundana de aquel territorio en el que, en vida de su marido, había vivido rodeada de boato, me siguió hasta Marburgo, aun en contra de mi voluntad: allí, en la ciudad, hizo edificar un hospital, en el que dio acogida a enfermos e inválidos, sentando a su mesa a los más míseros y despreciados.
Afirmo ante Dios que raramente he visto una mujer que a una actividad tan intensa juntara una vida tan contemplativa, ya que algunos religiosos y religiosas vieron más de una vez cómo, al volver de la intimidad de la oración, su rostro resplandecía de un modo admirable y de sus ojos salían como unos rayos de sol.
Antes de su muerte, la oí en confesión, y, al preguntarle cómo había de disponer de sus bienes y de su ajuar, respondió que hacía ya mucho tiempo que pertenecía a los pobres todo lo que figuraba como suyo, y me pidió que se lo repartiera todo, a excepción de la pobre túnica que vestía y con la que quería ser sepultada. Recibió luego el cuerpo del Señor y después estuvo hablando, hasta la tarde, de las cosas buenas que había oído en la predicación: finalmente, habiendo encomendado a Dios con gran devoción a todos los que la asistían, expiró como quien se duerme plácidamente.
Responsorio Jdt 15, 11; Hch 10, 4
R. Has obrado con valor, y tu corazón se ha hecho fuerte,
porque amaste la castidad. * Por eso, serás bendita eternamente.
V. Tus oraciones y
tus limosnas han llegado hasta Dios y las tiene presentes.
R. Por eso, serás
bendita eternamente.
Oración
Dios nuestro, que concediste a santa Isabel de Hungría el don de reconocer y venerar a Cristo en los pobres, concédenos, por su intercesión, que sirvamos siempre a los necesitados y afligidos con una incansable caridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 17 DE NOVIEMBRE
SANTOS MÁRTIRES
RIOPLATENSES,
presbíteros y mártires
Memoria
Del Común
de mártires: para varios mártires o del Común
de pastores.
SEGUNDA
LECTURA
De las Cartas de san
Roque González, presbítero y mártir
(Cartas annuas del padre Roque González al provincial Pedro
de Oñate, año 1615 [s.d.]: Documentos para la historia argentina, 20, Buenos
Aires 1929, pp. 24.25)
ESTA CRUZ HA DE SER PRINCIPIO DE QUE SE
LEVANTEN OTRAS MUCHAS
Yo procuré volver con
mucha brevedad. Acomodéme, en una chozuela junto al río, hasta que algo después
me dieron otra choza pajiza algo mayor. Y poco mas de dos meses después envió el
padre Rector al padre Diego de Boroa. Llegó a aquel puesto segundo día de Pascua
del Espíritu Santo, y ambos nos consolamos harto de vemos, por amor de Dios
nuestro Señor, en partes tan remotas y apartadas. Acomodámonos en la choza ambos
con unos apartadijos de caña, y con lo mismo estaba atajada una capillita poco
más ancha que el altar, donde decíamos misa. Y con la virtud de este soberano y
divino sacrificio de la santa cruz en que se ofreció y estaba allí triunfando,
los demonios que antes se les ,aparecían a los indios, no se atrevieron a
aparecer más, y así lo dijo un indio. En aquella casita estuvimos con no pequeña
necesidad en todo, porque el frío, como no tenía defensa, era tanto, que nos
quitaba el sueño. La comida, unas veces un poco de maíz cocido otras, harina de
mandioca que comen los indios; y aun porque solíamos enviar al campo a buscar
unas hierbas de que comen bien los papagayos, los indios por gracia dijeron que
lo éramos.
Y como el demonio vio que la cosa iba tan adelante, o por sí mismo hablándoles o por medio de sus ministros, temiendo perder lo que había ganado en tantos años si la Compañía de Jesús entraba en estas tan extendidas provincias; y así sembraron por todo el Paraná que éramos espías y sacerdotes falsos, y que en los libros traíamos la muerte, y esto en tanto grado, que, estando por medio de unas estampas declarándoles el padre Boroa a unos infieles los misterios de nuestra santa fe, se recelaban de llegar cerca de las imágenes no se les pegase la muerte. Pero poco a poco se van desengañando y viendo con sus ojos los indios cómo los nuestros les son verdaderos padres, dándoles con amor de tales cuanto piden como lo haya en casa, y siéndoles médicos no sólo de sus almas -que es lo principal-, sino de sus cuerpos, ayudándoles en todas sus enfermedades y trabajos de noche y de día.
En viendo cómo los indios nos cobraron amor, tratamos de hacer una pequeña iglesia, y con serlo baja y cubierta de paja, estos pobrecitos lo son tanto, que les parecían palacios reales, y mirando hacia el techo, hacían milagros, y ambos embarrábamos a ratos para enseñar a los indios, que aun eso no sabían. Acabóse para el día de nuestro santo padre Ignacio del año pasado de seiscientos y quince. En el cual dijimos la primera misa, procurando celebrar aquella santa fiesta con la renovación de nuestros votos y con otros regocijos exteriores según el poco posible de la tierra; procuramos imponer una danza, pero los muchachos están todavía tan montaraces, que no salieron con ello. Púsose una campana en un campanario de madera, que no causó poca admiración, como cosa no vista ni oída en aquella tierra. Y lo que fue de mucha admiración es que los indios levantaron una cruz delante de la iglesia; y habiéndoles dicho la razón por que los cristianos la adoramos, nosotros y ellos la adoramos todos de rodillas; y aunque es la última que hay en estas partes, espero en nuestro Señor ha de ser principio de que se levanten otras muchas.
Responsorio Jn 10, 15-18; cf. Jn 12, 7
R. Yo doy mi vida por mis ovejas; * nadie me la quita, yo la
doy voluntariamente.
V. He abandonado mi casa, he entregado mi vida en manos de
mis enemigos.
R. Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente.
Oración
Señor, haz que tu palabra crezca allá donde los mártires la sembraron y produzca el ciento por uno en frutos de justicia y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 18 DE NOVIEMBRE
DEDICACIÓN DE LAS BASÍLICAS
DE
SAN PEDRO Y DE SAN PABLO,
apóstoles
Del Común
de apóstoles.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 82, En el natalicio de los apóstoles Pedro y Pablo, 1, 6-7: PL 54, 426-428)
PEDRO Y PABLO, DOS VÁSTAGOS PLANTADOS POR DIOS
Vale mucho a los ojos del Señor la vida de sus fieles, y ningún género de crueldad puede destruir la religión fundada en el misterio de la cruz de Cristo. Las persecuciones no son en detrimento, sino en provecho de la Iglesia, y el campo del Señor se viste siempre con una cosecha más rica al nacer multiplicados los granos que caen uno a uno.
Por esto, los millares de bienaventurados mártires atestiguan cuán abundante es la prole en que se han multiplicado estos dos insignes vástagos plantados por Dios, ya que aquéllos, emulando los triunfos de los apóstoles, han rodeado nuestra ciudad por todos lados con una multitud purpurada y rutilante, y la han coronado a manera de una diadema formada por una hermosa variedad de piedras preciosas.
De esta protección, amadísimos hermanos, preparada por Dios para nosotros como un ejemplo de paciencia y para fortalecer nuestra fe, hemos de alegrarnos siempre que celebramos la conmemoración de cualquiera de los santos, pero nuestra alegría ha de ser mayor aún cuando se trata de conmemorar a estos padres, que destacan por encima de los demás, ya que la gracia de Dios los elevó, entre los miembros de la Iglesia, a tan alto lugar, que los puso como los dos ojos de aquel cuerpo cuya cabeza es Cristo.
Respecto a sus méritos y virtudes, que exceden cuanto pueda decirse, no debemos hacer distinción ni oposición alguna, ya que son iguales en la elección, semejantes en el trabajo, parecidos en la muerte.
Como nosotros mismos hemos experimentado y han comprobado nuestros mayores, creemos y confiamos que no ha de faltarnos la ayuda de las oraciones de nuestros particulares patronos, para obtener la misericordia de Dios en medio de las dificultades de esta vida; y así, cuanto más nos oprime el peso de nuestros pecados, tanto más levantarán nuestros ánimos los méritos de los apóstoles.
Responsorio
R. Los santos apóstoles que, sirviendo a Cristo con ánimo
ferviente, plantaron con su sangre a la Iglesia, * Bebieron el cáliz del
Señor y se convirtieron en amigos de Dios.
V. Así como en la
vida les unió un estrecho afecto, así también ni en la muerte fueron separados.
R. Bebieron el cáliz del Señor y se convirtieron en amigos de
Dios.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Pedro, apóstol, y Pablo, maestro de los gentiles, nos han anunciado tu palabra, Señor.
Vísperas: Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz, y su fama vive por generaciones.
Oración
Sostén, Señor, a tu Iglesia con la protección de los santos apóstoles Pedro y Pablo, para que, así como por ellos fue iniciada en el conocimiento del Evangelio, así también reciba, por su intercesión, la fuerza necesaria para su pleno desarrollo hasta el fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE NOVIEMBRE
LA PRESENTACIÓN DE
LA
SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Memoria
Del Común
de la Santísima Virgen María.
HIMNO
Salve, Madre de
misericordia,
madre de esperanza y de perdón,
madre de Dios y madre de
gracia,
madre llena de gozo y de amor.
Jardín floral de
virtudes lleno,
todo fragante, de rico olor,
madre querida, con tus
consuelos
atiende, pía, nuestro dolor.
Te creó el Padre sumo,
increado;
su Unigénito tu seno honró;
el Espíritu Almo te fecunda,
a
los tres damos gloria y honor. Amén.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 25, 7-8: PL 46, 937-938)
DIO FE AL MENSAJE DIVINO Y CONCIBIÓ POR SU FE
Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?
Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.
María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.
Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de "hermanos" y "hermanas": la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.
Responsorio Is 61, 10; Lc 1, 46-47
R. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios:
* Porque
me ha vestido un traje de gala, como novia que se adorna con sus joyas.
V. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi
espíritu en Dios, mi salvador.
R.
Porque me ha vestido un traje de gala, como
novia que se adorna con sus joyas.
Laudes
HIMNO
Ésta era una niña
con aire de flor,
agua más que
el río,
fuego más que el sol.
Vivía en el
templo
del rey Salomón,
oyendo en los salmos
ecos de otra
voz.
Quemaban su
pecho,
con celeste ardor,
palabras magníficas,
silencio de
Dios:
«¡Oh Padre que habitas
en alto esplendor,
envía el rocío
del
Hijo de Dios!
¡Ábrase la tierra:
brote el Salvador!.
¡Lloved, rojas
nubes,
al Dios de Jacob!
¡Floreced, collados,
al Justo, al
Señor,
lucero del alba,
flor de la creación!»
Y al solio del
Padre
subía su clamor,
cual nube de incienso
plegaria sin voz.
Amén.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Dichosa tú, María, que has
creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.
Oración
Señor, Dios nuestro, al celebrar esta festividad de la Santísima Virgen María, te pedimos, por su intercesión, nos concedas también a nosotros participar de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Vísperas
HIMNO
Ésta era una
niña
con aire de flor,
agua más que el río,
fuego más que el
sol.
Vivía en el
templo
del rey Salomón,
oyendo en los salmos
ecos de otra
voz.
El Viento es
contigo,
contigo el León,
contigo el Lucero,
contigo el
Amor.
Tú, fuente
sellada,
hija del Amor;
tú, el alba más bella,
del más bello
sol.
Sé tú siempre
niña,
sé tú siempre don,
sé como esta niña
con aire de flor,
agua
más que el río,
fuego más que el sol. Amén.
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Dichosa tú, siempre virgen
María y santa Madre de Dios, templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo: tú
fuiste la única que agradaste plenamente a nuestro Señor Jesucristo.
Oración
Señor, Dios nuestro, al celebrar esta festividad de la Santísima Virgen María, te pedimos, por su intercesión, nos concedas también a nosotros participar de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE NOVIEMBRE
SANTA CECILIA, virgen y
mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir o del Común
de vírgenes.
SEGUNDA LECTURA
De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 32, sermón 1, 7-8: CCL 38, 253-254)
CANTAD A DIOS CON MAESTRÍA Y CON JÚBILO
Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.
Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantaráa Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?
Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Cantacon júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.
El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.
Responsorio Sal 70, 8.
23; 9, 3 R. Llena está mi boca de tu alabanza y de tu gloria, todo el
día; * Te
aclamarán mis labios, Señor.
V.
Me alegro y exulto contigo y toco en honor de
tu nombre, oh Altísimo.
R. Te aclamarán mis labios, Señor.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Cuando terminaba la aurora, Cecilia exclamó: «Ánimo soldados de Cristo, despojaos de las obras de las tinieblas y vestíos la armadura de la luz.»
Vísperas: La virgen santa Cecilia llevaba siempre sobre su corazón el Evangelio de Cristo y no cesaba, ni de día ni de noche, de orar y de hablar con Dios.
Oración
Acoge con bondad nuestras súplicas, Señor, y, por intercesión de santa Cecilia, dígnate escucharnos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE NOVIEMBRE
SAN CLEMENTE I,
papa y
mártir
Del Común de mártires: para un mártir o del Común de pastores: para un santo papa.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
(Caps. 35,1-5; 36,1-2; 37,1. 4-5; 38,1-2. 4: Funk 1,105-109)
MARAVILLOSOS SON LOS DONES DE DIOS
¡Qué grandes y maravillosos son, amados hermanos, los dones de Dios! La vida en la inmortalidad, el esplendor en la justicia, la verdad en la libertad, la fe en la confianza, la templanza en la santidad; y todos estos dones son los que están ya desde ahora al alcance de nuestro conocimiento. ¿Y cuáles serán, pues, los bienes que están preparados para los que lo aman? Solamente los conoce el Artífice supremo, el Padre de los siglos; sólo él sabe su número y su belleza.
Nosotros, pues, si deseamos alcanzar estos dones, procuremos, con todo ahínco, ser contados entre aquellos que esperan su llegada. ¿Y cómo podremos lograrlo, amados hermanos? Uniendo a Dios nuestra alma con toda nuestra fe, buscando siempre, con diligencia, lo que es grato y acepto a sus ojos, realizando lo que está de acuerdo con su santa voluntad, siguiendo la senda de la verdad y rechazando de nuestra vida toda injusticia, maldad, avaricia, rivalidad, malicia y fraude.
Éste es, amados hermanos, el camino por el que llegamos a la salvación, Jesucristo, el sumo sacerdote de nuestras oblaciones, sostén y ayuda de nuestra debilidad. Por él, podemos elevar nuestra mirada hasta lo alto de los cielos; por él, vemos como en un espejo el rostro inmaculado y excelso de Dios; por él, se abrieron los ojos de nuestro corazón; por él, nuestra mente, insensata y entenebrecida, se abre al resplandor de la luz; por él, quiso el Señor que gustásemos el conocimiento inmortal, ya que él es el reflejo de la gloria de Dios, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Militemos, pues, hermanos, con todas nuestras fuerzas, bajo sus órdenes irreprochables.
Ni los grandes podrían hacer nada sin los pequeños, ni los pequeños sin los grandes; la efectividad depende precisamente de la conjunción de todos. Tomemos como ejemplo a nuestro cuerpo. La cabeza sin los pies no es nada, como tampoco los pies sin la cabeza; los miembros más ínfimos de nuestro cuerpo son necesarios y útiles a la totalidad del cuerpo; más aún, todos ellos se coordinan entre sí para el bien de todo el cuerpo.
Procuremos, pues, conservar la integridad de este cuerpo que formamos en Cristo Jesús, y que cada uno se ponga al servicio de su prójimo según la gracia que le ha sido asignada por donación de Dios.
El fuerte sea protector del débil, el débil respete al fuerte; el rico dé al pobre, el pobre dé gracias a Dios por haberle deparado quien remedie su necesidad. El sabio manifieste su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras; el humilde no dé testimonio de sí mismo, sino deje que sean los demás quienes lo hagan.
Por esto, debemos dar gracias a aquel de quien nos vienen todos estos bienes, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio Cf. Mt 7, 24; 1P 2, 22; 1S 2, 28; Si 44, 16. 17
R. Éste es el hombre prudente que edificó su casa sobre roca,
y no encontraron engaño en su boca; *
Dios se lo eligió para que fuera sacerdote.
V. Éste es el gran sacerdote que durante su vida agradó al
Señor y fue hallado justo.
R.
Dios se lo eligió para que fuera sacerdote.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, cuya gloria resplandece en la fortaleza de tus santos, concédenos celebrar con alegría la festividad del papa san Clemente, ministro de la Iglesia y mártir de tu Hijo, el cual, con su martirio dio testimonio de lo que en el culto celebraba y, con su ejemplo, confirmó lo que sus labios exponían. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
EL MISMO DÍA 23 DE NOVIEMBRE
SAN COLUMBANO,
abad
Del Común de pastores o del Común de santos varones: para los santos religiosos.
SEGUNDA LECTURA
De las instrucciones de san Columbano, abad
(Instrucción 11, Sobre el amor, 1-2: Opera, Dublín 1957, pp, 106-107)
LA GRANDEZA DEL HOMBRE CONSISTE EN SU SEMEJANZA CON DIOS, CON TAL DE QUE LA CONSERVE
Hallamos escrito en la ley de Moisés: Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. Considerad, os lo ruego, la grandeza de esta afirmación; el Dios omnipotente, invisible, incomprensible, inefable, incomparable, al formar al hombre del barro de la tierra, lo ennobleció con la dignidad de su propia imagen. ¿Qué hay de común entre el hombre y Dios, entre el barro y el espíritu? Porque Dios es espíritu. Es prueba de gran estimación el que Dios haya dado al hombre la imagen de su eternidad y la semejanza de su propia vida. La grandeza del hombre consiste en su semejanza con Dios, con tal de que la conserve.
Si el alma hace buen uso de las virtudes plantadas en ella, entonces será de verdadsemejante a Dios. Él nos enseñó, por medio de sus preceptos, que debemos devolverle frutos de todas las virtudes que sembró en nosotros al crearnos. Y el primero de estos preceptos es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, ya que él nos amó primero, desde el principio y antes de que existiéramos. Por lo tanto, amando a Dios es como renovamos en nosotros su imagen. Y ama a Dios el que guarda sus mandamientos, como dice él mismo: Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Y su mandamiento es el amor mutuo, como dice también: Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Pero el amor verdadero no se practica sólo de palabra, sino de verdad y con obras. Retornemos, pues, a nuestro Dios y Padre su imagen inviolada; retornémosela con nuestra santidad, ya que él ha dicho: Sed santos, porque yo soy santo; con nuestro amor, porque él es amor, como atestigua Juan, al decir: Dios es amor; con nuestra bondad y fidelidad, ya que él es bueno y fiel. No pintemos en nosotros una imagen ajena; el que es cruel, iracundo y soberbio pinta, en efecto, una imagen tiránica.
Por esto, para que no introduzcamos en nosotros ninguna imagen tiránica, dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen, la que pinta cuando dice: La paz os dejo, mi paz os doy. Mas, ¿de qué nos servirá saber que esta paz es buena, si no nos esforzamos en conservarla? Las cosas mejores, en efecto, suelen ser las más frágiles, y las de más precio son las que necesitan de una mayor cautela y una más atenta vigilancia; por esto, es tan frágil esta paz, que puede perderse por una leve palabra o por una mínima herida causada a un hermano. Nada, en efecto, resulta más placentero a los hombres que el hablar de cosas ajenas y meterse en los asuntos de los demás, proferir a cada momento palabras inútiles y hablar mal de los ausentes; por esto, los que no pueden decir de sí mismos: Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento, mejor será que se callen y, si algo dijeren, que sean palabras de paz.
Responsorio Lc 6, 47-48; Si 25, 11
R. El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por
obra, os voy a decir a quién se parece: *
Se parece a uno que edificaba una casa: cavó,
ahondó y puso los cimientos sobre roca.
V. El temor del
Señor lo supera todo, el que lo posee es incomparable.
R. Se parece a uno
que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca.
Oración
Dios nuestro, que uniste admirablemente en san Columbano el ministerio de la evangelización y la observancia de la vida monástica, concédenos que, por su intercesión y ejemplo, tendamos hacia ti por encima de todas las cosas y trabajemos con empeño por la propagación de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 24 DE NOVIEMBRE
SANTOS ANDRÉS DUNG-LAC,
presbítero,
y COMPAÑEROS, mártires
Memoria
Del Común
de mártires: para varios mártires.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de San Pablo Le-Bao-Tinh a los alumnos del seminario de Ke-Vinh enviada el año 1843
(Launay, A.: Le clergé tonkinois et ses prétres martyrs, MEP París. 1925, pp. 80-83).
ALABAD AL SEÑOR, TODAS LAS NACIONES
Yo, Pablo, encarcelado por el nombre de Cristo, os quiero explicar las tribulaciones en que me veo sumergido cada día, para que, enfervorizados en el amor a Dios, alabéis conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es un verdadero infierno: a los crueles suplicios de toda clase, como son grillos, cadenas de hierro y ataduras, hay que añadir el odio, las venganzas, las calumnias, palabras indecentes, peleas, actos perversos, juramentos injustos, maldiciones y, finalmente, angustias y tristeza. Pero Dios, que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno de fuego, está siempre conmigo y me libra de estas tribulaciones y las convierte en dulzura porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que aterrorizarían a cualquiera, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo.
Él, nuestro maestro, aguanta todo el peso de la cruz, dejándome a mí solamente laparte más pequeña e insignificante. Él, no sólo es espectador de mi combate, sino que toma parte de él, vence y lleva a feliz término toda la lucha. Por esto en su cabeza lleva la corona de la victoria, de cuya gloria participan también sus miembros.
¿Cómo resistir este espectáculo, viendo cada día cómo los emperadores, los mandarines y sus cortesanos blasfeman tu santo nombre, Señor, que te sientas sobre querubines y serafines? ¡Mira, tu cruz es pisoteada por los paganos! ¿Dónde está tu gloria? Al ver todo esto, prefiero, encendido en tu amor, morir descuartizado, en testimonio de tu amor.
Muestra, Señor, tu poder, sálvame y dame tu apoyo, para que la fuerza se manifieste en mi debilidad y sea glorificada ante los gentiles, ya que, si llegara a vacilar en el camino, tus enemigos podrían levantar la cabeza con soberbia.
Queridos hermanos, al escuchar todo esto, llenos de alegría, tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien; bendecid conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Proclame mi alma la grandeza del Señor, se alegre mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su siervo y desde ahora me felicitarán todas las generaciones futuras, porque es eterna su misericordia.
Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos, porque lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder, y lo despreciable, lo que no cuenta, lo ha escogido Dios para humillar lo elevado. Por mi boca y mi inteligencia humilla a los filósofos, discípulos de los sabios de este mundo, porque es eterna su misericordia.
Os escribo todo esto para que se unan vuestra fe y la mía. En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza divina de mi corazón.
En cuanto a vosotros, queridos hermanos, corred de manera que ganéis el premio, haced que la fe sea vuestra coraza y empuñad las armas de Cristo con la derecha y con la izquierda, como enseña San Pablo, mi patrono. Más os vale entrar tuertos o mancos en la vida que ser arrojados fuera con todos los miembros.
Ayudadme con vuestras oraciones para que pueda combatir como es de ley, que pueda combatir bien mi combate y combatirlo hasta el final, corriendo así hasta alcanzar felizmente la meta; en esta vida ya no nos veremos, pero hallaremos la felicidad en el mundo futuro, cuando, ante el trono del Cordero inmaculado, cantaremos juntos sus alabanzas, rebosantes de alegría por el gozo de la victoria para siempre. Amén.
Responsorio Cf. Hb 11, 1-3
R. Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos,
* Fijos
los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús.
V. Recordad al que
soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.
R. Fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe:
Jesús.
Oración
Oh Dios, fuente y origen de toda paternidad, tú hiciste que los santos mártires Andrés y sus compañeros fueran fieles a la cruz de Cristo, con una fidelidad que llegó hasta el derramamiento de su sangre; concédenos, por su intercesión, que difundamos tu amor entre nuestros hermanos y que nos llamemos y seamos de verdad hijos tuyos, Por nuestro Señor Jesucristo.
DÍA 25 DE NOVIEMBRE
SANTA CATALINA DE
ALEJANDRÍA,
virgen y mártir
Del Común
de mártires, o de
vírgenes
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo
(Sermón 159, 1. 3-6: CCL 104, 650. 652-654)
¿CÓMO SEGUIR A CRISTO?
Queridísimos hermanos, parece duro y se considera casi un peso oneroso lo que el Señor mandó en el Evangelio al decir: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo”. No es duro lo que mandó aquel que ayuda a que se realice lo que manda. Niéguese, tome su cruz y siga a Cristo. ¿A dónde hay que seguir a Cristo sino a donde Él fue? Sabemos que resucitó y subió al cielo: hay que seguirlo allí. No hay que perder la esperanza, porque Él lo prometió, no porque el hombre pueda algo. El cielo estaba alejado de nosotros antes de que nuestra cabeza subiera al cielo. ¿Por qué desesperamos de estar allí si somos miembros de su cabeza? ¿Por qué? Puesto que en la tierra estamos agobiados con muchas aflicciones y dolores, sigamos a Cristo, donde está la suma felicidad, la suma paz, la perpetua felicidad.
El que quiera seguir a Cristo debe escuchar al Apóstol cuando dice: “Si alguno afirma permanecer en Cristo, debe caminar también como Él caminó”. ¿Quieres seguir a Cristo? Sé humilde donde Él fue humilde. No desprecies su humildad si quieres subir a donde Él subió.
El camino se hizo escabroso cuando el hombre pecó. Pero se allanó cuando Cristo lo pisó al resucitar, y el sendero estrechísimo se hizo senda real. Por este camino se corre con dos pies, el de la humildad y el de la caridad. Su grandeza gusta a todos: pero la humildad es el primer peldaño. ¿Por qué adelantas el pie más allá de ti? Quieres caer, no subir. Comienza por el primer peldaño, es decir, por la humildad, y ya has subido. Nuestro Señor y Salvador no dijo solamente: Niéguese a sí mismo, sino que añadió: Tome su cruz y sígame. ¿Qué es tomar la cruz? Soporta lo que es molesto: sígame así. Cuando comience a seguirme en mi manera de vivir y en mis mandamientos, habrá muchos que se le opongan, habrá muchos que lo obstaculicen: no sólo se burlarán sino que también lo perseguirán. Y esto lo harán no sólo los paganos que están fuera de la Iglesia sino también los que parecen estar dentro del Cuerpo aunque están fuera por sus perversas acciones y persiguen continuamente a los buenos cristianos, porque se glorían sólo del nombre de cristiano. Éstos están entre los miembros de la Iglesia como los malos humores en el cuerpo. Por tanto, si deseas seguir a Cristo, no tardes en llevar su cruz: soporta a los malvados, no sucumbas. Así pues, si queremos cumplir lo que dijo el Señor: si alguien quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame, con la ayuda de Dios debemos esforzarnos en cumplir lo que dice el Apóstol: Teniendo el sustento y el vestido estamos contentos, no sea que, si buscamos más de lo que conviene a la naturaleza terrena y deseamos ser ricos, caigamos en la tentación, en la trampa del diablo y en los muchos deseos, inútiles y nocivos, que hunden a los hombres en la muerte y en la perdición. Que el Señor, con su protección, se digne librarnos de esta tentación.
Responsorio Cf. Sal 45, 15-16. 5
R. Las vírgenes, sus compañeras, son conducidas tras ella
hasta el Rey. * Son conducidas hasta ti con alegría y júbilo.
V. Con tu belleza y
hermosura ponte en camino, avanza feliz y reina.
R. Son conducidas
hasta ti.
Oración
Dios eterno y omnipotente, que conservaste invencible a santa Catalina en la virginidad y en el martirio por tu pueblo, concédenos que, por su intercesión, fortalezcamos nuestra fe y constancia y haz que podamos trabajar incesantemente por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 30 DE NOVIEMBRE
SAN ANDRÉS,
apóstol
Fiesta
Oficio de lectura
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 18—2, 5
LOS APÓSTOLES PREDICAN LA CRUZ
Hermanos: El mensaje de la cruz es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en vías de salvación —para nosotros— es fuerza de Dios. Dice la Escritura: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces.» ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el letrado? ¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y, como en la sabiduría de Dios el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación, para salvar a los creyentes. Porque los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a Cristo —judíos o griegos—: fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; todo lo contrario: lo necio del mundo lo ha escogido Dios para confundir a los sabios. Y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más: ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta; de modo que nadie puede gloriarse en presencia del Señor. Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así —como dice la Escritura— «el que se gloría, que se gloríe en el Señor».
Cuando vine a vosotros, hermanos, a anunciaros el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia ni sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Responsorio Cf. Mt 4, 18. 19
R. Caminando por la ribera del mar de Galilea, vio el Señor a
Pedro y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, y los llamó:
* «Venid
en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres.»
V. Pues eran
pescadores, y les dijo:
R. «Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres.»
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Homilía 19,1: PG 59,120-121)
HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS
Andrés, después de permanecer con Jesús y de aprender de él muchas cosas, no escondió el tesoro para sí solo, sino que corrió presuroso en busca de su hermano, para hacerle partícipe de su descubrimiento. Fíjate en lo que dice a su hermano: Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo. ¿Ves de qué manera manifiesta todo lo que había aprendido en tan breve espacio de tiempo? Pues, por una parte, manifiesta el poder del Maestro, que les ha convencido de esto mismo, y, por otra, el interés y la aplicación de los discípulos, quienes ya desde el principio se preocupaban de estas cosas. Son las palabras de un alma que desea ardientemente la venida del Señor, que espera al que vendrá del cielo, que exulta de gozo cuando se ha manifestado y que se apresura a comunicar a los demás tan excelsa noticia. Comunicarse mutuamente las cosas espirituales es señal de amor fraterno, de entrañable parentesco y de sincero afecto.
Pero advierte también, y ya desde el principio la actitud dócil y sencilla de Pedro. Acude sin tardanza: Y lo llevó a Jesús, afirma el evangelio. Pero que nadie lo acuse de ligereza por aceptar el anuncio sin una detenida consideración. Lo más probable es que su hermano le contase más cosas detalladamente, pues los evangelistas resumen muchas veces los hechos, por razones de brevedad. Además, no afirma que Pedro creyera al momento, sino que lo llevó a Jesús, y a él se lo confió, para que del mismo Jesús aprendiera todas las cosas. Pues había también otro discípulo que tenía los mismos sentimientos.
Si Juan Bautista, cuando afirma: Éste es el Cordero, y: Bautiza con Espíritu Santo, deja que sea Cristo mismo quien exponga con mayor claridad estas verdades, mucho más hizo Andrés, quien, no juzgándose capaz para explicarlo todo, condujo a su hermano a la misma fuente de la luz, tan contento y presuroso, que su hermano no dudó ni un instante en acudir a ella.
Responsorio
R. Tan pronto como san Andrés oyó la voz del Señor, que le
llamaba, dejó las redes, con las cuales ganaba el sustento, * y siguió al que
otorga las recompensas de la vida eterna.
V. Éste es aquel
que sufrió el martirio de la cruz por amor de Cristo y por difundir su ley.
R. Y
siguió al que otorga las recompensas de la vida eterna.
HIMNO Te Deum
HIMNO
Vosotros, que
escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro
vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.
Vosotros, que
invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso,
del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.
Vosotros, que
tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que
el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo
visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro
amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Uno de los dos que había ido en seguimiento de Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. El Señor amó a Andrés con singular predilección.
Ant. 3. Dijo Andrés a su hermano Simón: «Hemos encontrado al Mesías»; y lo presentó a Jesús.
LECTURA BREVE Ef 2, 19-22
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. R. Los nombrarás. V. Harán memorable tu nombre, Señor. R. Sobre toda la tierra. V. Gloria. R. Los nombrarás.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Salve, oh cruz preciosa, recibe al discípulo de aquel que en ti estuvo clavado, Cristo, mi maestro.
PRECES
Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo: El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre: * en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: * por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia: * por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia: * por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, escucha la oración de tu pueblo y concédenos que, así como el apóstol san Andrés fue en la tierra predicador del Evangelio y pastor de tu Iglesia, así ahora en el cielo sea nuestro poderoso abogado ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
LECTURA BREVE
Tercia 2Co 5, 19b-20
Dios nos ha confiado el mensaje de la reconciliación. Por eso nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
V. A toda la tierra alcanza su pregón
R. Y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
Sexta Hch 5, 12a. 14
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo, y crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
V. Guardaron los
preceptos del Señor.
R. Las normas y mandatos que les ordenó.
Nona Hch 5, 41-42
Los apóstoles salieron del Consejo contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.
V. Estad alegres, dice el Señor.
R. Porque vuestros
nombres están inscritos en el cielo.
Oremos:
Dios
todopoderoso y eterno, escucha la oración de tu pueblo y concédenos que, así
como el apóstol san Andrés fue en la tierra predicador del Evangelio y pastor de
tu Iglesia, así ahora en el cielo sea nuestro poderoso abogado ante ti. Por
Cristo nuestro Señor.
HIMNO
¡Columnas de la
Iglesia, piedras vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos
vuestros pies, porque han llegado
para anunciar la paz al mundo
entero.
De pie en la
encrucijada de la vida,
del hombre peregrino y de los pueblos,
lleváis
agua de Dios a los cansados,
hambre de Dios lleváis a los
hambrientos.
De puerta en puerta va
vuestro mensaje,
que es verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores,
que sus manos
son caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el
pan de tu palabra
nos llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor,
que el pan de vida nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vio el Señor a Pedro y a Andrés y los llamó.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 1. Vio el Señor a Pedro y a Andrés y los llamó.
Ant. 2. «Venid en pos de mí -dice el Señor-, y yo os haré pescadores de hombres.»
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 2. «Venid en pos de mí -dice el Señor-, y yo os haré pescadores de hombres.»
Ant. 3. Ellos, dejando al momento las redes, siguieron al Señor, su redentor.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Ellos, dejando al momento las redes, siguieron al Señor, su redentor.
LECTURA BREVE Ef 4, 11-13
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. R. Contad. V. Sus maravillas a todas las naciones. R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. V. Gloria. R. Contad.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Andrés fue siervo de Cristo, digno apóstol de Dios, hermano de Pedro y compañero suyo en el martirio.
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles, * haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres, * haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra, * haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo, * haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos, * concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, escucha la oración de tu pueblo y concédenos que, así como el apóstol san Andrés fue en la tierra predicador del Evangelio y pastor de tu Iglesia, así ahora en el cielo sea nuestro poderoso abogado ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 3 DE DICIEMBRE
SAN FRANCISCO
JAVIER,
presbítero
Memoria
Del Común de pastores: para un santo presbítero.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio
(Cartas 4 [1542]... y 5 [1544]: BAC 101, Cartas y escritos de san Francisco Javier, pp. 107-108. 115-116)
¡AY DE MÍ SI NO ANUNCIO EL EVANGELIO!
Venimos por lugares de cristianos que ahora habrá ocho años que se hicieron cristianos. En estos lugares no habitan portugueses, por ser la tierra muy estéril en extremo y paupérrima. Los cristianos de estos lugares, por no haber quien les enseñe en nuestra fe, no saben más de ella que decir que son cristianos. No tienen quien les diga misa, ni menos quien los enseñe el Credo, Pater nóster, Ave María, ni los mandamientos.
En estos lugares, cuando llegaba, bautizaba a todos los muchachos que no eran bautizados; de manera que bauticé una grande multitud de infantes que no sabían distinguir la mano derecha de la izquierda. Cuando llegaba en los lugares, no me dejaban los muchachos ni rezar mi Oficio, ni comer, ni dormir, sino que los enseñase algunas oraciones. Entonces comencé a conocer por qué de los tales es el reino de los cielos.
Como tan santa petición no podía sino impíamente negarla, comenzando por la confesión del Padre, Hijo y Espíritu Santo, por el Credo, Pater nóster, Ave María, así los enseñaba. Conocí en ellos grandes ingenios; y, si hubiese quien los enseñase en la santa fe, tengo por muy cierto que serían buenos cristianos.
Muchos cristianos se dejan de hacer, en estas partes, por no haber personas que en tan pías y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la universidad de París, diciendo en Sorbona a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: «¡Cuántas ánimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos!».
Y así como van estudiando en letras, si estudiasen en la cuenta que Dios, nuestro Señor, les demandará de ellas, y del talento que les tiene dado, muchos de ellos se moverían, tomando medios y ejercicios espirituales para conocer y sentir dentro de sus ánimas la voluntad divina, conformándose más con ella que con sus propias afecciones, diciendo: «Aquí estoy, Señor, ¿qué debo hacer? Envíame adonde quieras; y, si conviene, aun a los indios.»
Responsorio Lc 4, 10, 2; Hch 1, 8
R. La mies es mucha, pero los operarios son pocos;
* rogad al
Señor que envíe trabajadores a su mies.
V.
Recibiréis la fortaleza del Espíritu Santo,
que descenderá sobre vosotros; y seréis mis testigos hasta los últimos confines
de la tierra.
R. Rogad al Señor que envíe trabajadores a su mies.
Oración
Señor, Dios nuestro, que quisiste que numerosos pueblos llegaran a conocerte por medio de la predicación de san Francisco Javier, concede a todos los bautizados un gran celo por la propagación de la fe, para que así tu Iglesia pueda alegrarse de ver aumentados sus hijos en todo el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 4 DE DICIEMBRE
SAN JUAN DAMASCENO,
presbítero
y doctor de la Iglesia
Del Común
de pastores: para un santo presbítero, y del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De la Declaración de la fe, de san Juan Damasceno
(Cap. l: PG 95, 417-419)
ME LLAMASTE, SEÑOR, PARA SERVIR A TUS HIJOS
Tú, Señor, me sacaste de los lomos de mi padre; tú me formaste en el vientre de mi madre; tú me diste a luz niño y desnudo, puesto que las leyes de la naturaleza siguen tus mandatos.
Con la bendición del Espíritu Santo preparaste mi creación y mi existencia, no por voluntad de varón, ni por deseo carnal, sino por una gracia tuya inefable. Previniste mi nacimiento con un cuidado superior al de las leyes naturales; pues me sacaste a la luz adoptándome como hijo tuyo y me contaste entre los hijos de tu Iglesia santa e inmaculada.
Me alimentaste con la leche espiritual de tus divinas enseñanzas. Me nutriste con el vigoroso alimento del cuerpo de Cristo, nuestro Dios, tu santo Unigénito, y me embriagaste con el cáliz divino, o sea, con su sangre vivificante, que él derramó por la salvación de todo el mundo.
Porque tú, Señor, nos has amado y has entregado a tu único y amado Hijo para nuestra redención, que él aceptó voluntariamente, sin repugnancia; más aún, puesto que él mismo se ofreció, fue destinado al sacrificio como cordero inocente, porque, siendo Dios, se hizo hombre y con su voluntad humana se sometió, haciéndose obediente a ti, Dios, su Padre, hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Así, pues, oh Cristo, Dios mío, te humillaste para cargarme sobre tus hombros, como oveja perdida, y me apacentaste en verdes pastos; me has alimentado con las aguas de la verdadera doctrina por mediación de tus pastores, a los que tú mismo alimentas para que alimenten a su vez a tu grey elegida y excelsa.
Por la imposición de manos del obispo, me llamaste para servir a tus hijos. Ignoro por qué razón me elegiste; tú solo lo sabes.
Pero tú, Señor, aligera la pesada carga de mis pecados, con los que gravemente te ofendí; purifica mi corazón y mi mente. Condúceme por el camino recto, tú que eres una lámpara que alumbra.
Pon tus palabras en mis labios; dame un lenguaje claro y fácil, mediante la lengua de fuego de tu Espíritu, para que tu presencia siempre vigile.
Apaciéntame, Señor, y apacienta tú conmigo, para que mi corazón no se desvíe a derecha ni izquierda, sino que tu Espíritu bueno me conduzca por el camino recto y mis obras se realicen según tu voluntad hasta el último momento.
Y tú, cima preclara de la más íntegra pureza, excelente congregación de la Iglesia, que esperas la ayuda de Dios, tú, en quien Dios descansa, recibe de nuestras manos la doctrina inmune de todo error, tal como nos la transmitieron nuestros Padres, y con la cual se fortalece la Iglesia.
Responsorio Mt 2, 6; Sal 88, 22
R. «Una doctrina auténtica llevaba en su boca y en sus labios
no se hallaba maldad; * en paz y rectitud andaba conmigo», dice el Señor.
V. Mi mano
estuvo siempre con él y mi brazo lo hizo valeroso.
R. «En paz y rectitud
andaba conmigo», dice el Señor.
Oración
Concédenos, Señor, por la intercesión de san Juan Damasceno, que la fe verdadera, que él enseñó de manera tan eminente, sea siempre nuestra luz y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 6 DE DICIEMBRE
SAN NICOLÁS,
obispo
Del Común
de pastores: para un santo obispo.
SEGUNDA LECTURA
De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 123, 5: CCL 36, 678-680)
QUE LA FUERZA DEL AMOR SUPERE EL PESAR POR LA MUERTE
Primero pregunta el Señor lo que ya sabía, y no sólo una vez, sino dos y tres veces: si Pedro le ama, y otras tantas veces le oye decir que le ama, y otras tantas veces no le recomienda otra cosa sino que apaciente sus ovejas.
A la triple negación corresponde la triple confesión, para que la lengua no fuese menos esclava del amor que del temor, y para que no pareciese que la inminencia de la muerte le obligó a decir más palabras que la presencia de la vida. Sea servicio del amor el apacentar la grey del Señor; como fue señal del temor la negación del Pastor.
Los que apacientan las ovejas de Cristo con la disposición de que sean suyas y no de Cristo demuestran que se aman a sí mismos y no a Cristo.
Contra estos tales nos ponen continuamente en guardia estas palabras de Cristo, como también las del Apóstol, quien se queja de los que buscan sus propios intereses, no los de Jesucristo.
Pues qué significa: ¿Me amas? Apacienta mis ovejas, sino lo siguiente: «Si me amas, no pienses en apacentarte a ti mismo, sino a mis ovejas; apaciéntalas como mías, no como tuyas; busca mi gloria en ellas, no la tuya; mi propiedad, no la tuya; mis intereses, y no los tuyos; no te encuentres nunca en compañía de aquellos que pertenecen a los tiempos peligrosos, puesto que se aman a sí mismos y aman todas aquellas cosas que se deducen de este mal principio.»
Los que apacientan las ovejas de Cristo que no se amen a sí mismos, para que no las apacienten como propias, sino como de Cristo.
EL defecto que más deben de evitar los que apacientan las ovejas de Cristo consiste en buscar sus intereses propios, y no los de Jesucristo, y en utilizar para sus propios deseos a aquellos por quienes Cristo derramó su sangre.
El amor de Cristo debe crecer hasta tal grado de ardor espiritual en aquel que apacienta sus ovejas, que supere también el natural temor a la muerte, por el que no queremos morir aun cuando queremos vivir con Cristo.
Pero, por muy grande que sea el pesar por la muerte, debe ser superado por la fuerza del amor hacia aquel que, siendo nuestra vida, quiso padecer hasta la misma muerte por nosotros.
Pues, si en la muerte no hubiera ningún pesar, o éste fuera muy pequeño, no sería tan grande la gloria de los mártires. Pero, si el buen Pastor, que dio su vida por sus ovejas, suscitó tantos mártires suyos, ¿cuánto más deben luchar hasta la muerte, por la verdad, y hasta derramar la sangre, contra el pecado, aquellos a quienes Cristo encomendó a apacentar sus ovejas, es decir, el instruirlas y gobernarlas?
Por esta razón, y ante el ejemplo de la pasión de Cristo, ¿quién no comprende que son los pastores quienes más deben imitarlo, puesto que muchas de sus ovejas lo han imitado, y que bajo el cayado del único Pastor, y en un solo rebaño los mismos pastores son también ovejas? A todos hizo ovejas suyas, ya que por todos padeció, pues él mismo, por padecer por todos, se hizo oveja.
Responsorio Sir 45, 3; Sal 77, 70. 71
R. El Señor lo mostró poderoso ante el rey; le dio
mandamientos para su pueblo * y le mostró algo de su gloria.
V. Escogió Dios a
David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
R. Y le mostró algo de
su gloria.
Oración
Te pedimos, Señor, por la intercesión del obispo san Nicolás, que seas misericordioso con nosotros y nos libres de todos los peligros, para que podamos caminar con seguridad por la senda de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 7 DE DICIEMBRE
SAN AMBROSIO,
obispo y doctor
de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo obispo y del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Ambrosio, obispo
(Carta 2,1-2. 4-5. 7: PL 16 [edición 1845], 847-881)
QUE EL ENCANTO DE TU PALABRA CAUTIVE EL FAVOR DEL PUEBLO
Recibiste el oficio sacerdotal y, sentado a la popa de la Iglesia, gobiernas la nave contra el embate de las olas. Sujeta el timón de la fe, para que no te inquieten las violentas tempestades de este mundo. El mar es, sin duda, ancho y espacioso, pero no temas: Él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
Por consiguiente, la Iglesia del Señor, edificada sobre la roca apostólica, se mantiene inconmovible entre los escollos del mundo y, apoyada en tan sólido fundamento, persevera firme contra los golpes de las olas bravías. Se ve rodeada por las olas, pero no resquebrajada, y, aunque muchas veces los elementos de este mundo la sacudan con gran estruendo, cuenta con el puerto segurísimo de la salvación para acoger a los fatigados navegantes. Sin embargo, aunque se agite en la mar, navega también por los ríos, tal vez aquellos ríos de los que afirma el salmo: Levantan los ríos su voz. Son los ríos que manarán de las entrañas de aquellos que beban la bebida de Cristo y reciban el Espíritu de Dios. Estos ríos, cuando rebosan de gracia espiritual, levantan su voz.
Hay también una corriente viva que, como un torrente, corre por sus santos. Hay también el correr del río que alegra al alma tranquila y pacífica. Quien quiera que reciba de la plenitud de este río, como Juan Evangelista, Pedro o Pablo, levanta su voz; y, del mismo modo que los apóstoles difundieron hasta los últimos confines del orbe la voz de la predicación evangélica, también el que recibe este río comenzará a predicar el Evangelio del Señor Jesús.
Recibe también tú de la plenitud de Cristo, para que tu voz resuene. Recoge el agua de Cristo, esa agua que alaba al Señor. Recoge el agua de los numerosos lugares en que la derraman esas nubes que son los profetas.
Quien recoge el agua de los montes, o la saca de los manantiales, puede enviar su rocío como las nubes. Llena el seno de tu mente, para que tu tierra se esponje y tengas la fuente en tu propia casa.
Quien mucho lee y entiende se llena, y quien está lleno puede regar a los demás; por eso dice la Escritura: Si las nubes van llenas, descargan la lluvia sobre el suelo.
Que tus predicaciones sean fluidas, puras y claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y el encanto de tu palabra cautive el favor del pueblo, para que te siga voluntariamente a donde lo conduzcas.
Que tus discursos estén llenos de inteligencia. Por la que dice Salomón: Armas de la inteligencia son los labios del sabio, y, en otro lugar: Que el sentido ate tus labios, es decir: que tu expresión sea brillante, que resplandezca tu inteligencia, que tu discurso y tu exposición no necesite sentencias ajenas, sino que tu palabra sea capaz de defenderse con sus propias armas; que, en fin, no salga de tu boca ninguna palabra inútil y sin sentido.
Responsorio 2 Tm 4, 2; Sir 48, 4. 8
R. Proclama la palabra, insiste con oportunidad o sin ella,
persuade, reprende, exhorta, * armado de toda paciencia y doctrina.
V. ¿Quién podrá
gloriarse de ser como tú, que ungiste reyes para ejecutar castigos?
R. Armado de toda
paciencia y doctrina.
Oración
Señor Dios, que hiciste del obispo san Ambrosio un insigne maestro de la fe católica y un admirable ejemplo de fortaleza apostólica, suscita en tu Iglesia hombres según tu corazón, que guíen siempre a tu pueblo con fortaleza y sabiduría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 8 DE DICIEMBRE
LA INMACULADA CONCEPCIÓN
DE LA
SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Solemnidad
HIMNO
Tú eres toda
hermosa,
¡oh Madre del Señor!;
tú eres de Dios gloria,
la obra de su
amor.
¡Oh rosa sin
espinas,
oh vaso de elección!,
de ti nació la vida,
por ti nos vino
Dios.
Sellada fuente
pura
de gracia y de piedad,
bendita cual ninguna,
sin culpa original.
Infunde en nuestro
pecho
la fuerza de tu amor,
feliz Madre del Verbo,
custodia del Señor.
Amén.
Ant. 1. Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo.
Ant. 2. El Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. El Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.
Ant. 3. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
LECTURA BREVE Rm 8,29.30
A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó.
RESPONSORIO BREVE
V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. R. Te ensalzaré, Señor. V. Y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. R. Porque me has librado. V. Gloria. R. Te ensalzaré, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la madre de misericordia, * haz que los que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de José, * haz que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que, por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Ninguno del ser
humano
como vos se pudo ver:
que a otros los dejan caer
y después les
dan la mano.
Mas vos, Virgen, no
caíste
como los otros cayeron,
que siempre la mano os dieron
con que
preservada fuiste.
Yo, cien mil veces
caído,
os suplico que me deis
la vuestra, y me levantéis
porque no
quede perdido.
y por vuestra
concepción,
que fue de tan gran pureza,
conserva en mí la limpieza
del
alma y del corazón,
para que, de esta
manera,
suba con vos a gozar
del que solo puede dar
vida y gloria
verdadera., Amén.
Ant. 1: En su concepción María ha recibido la bendición del Señor y la misericordia de Dios, su salvador.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1: En su concepción María ha recibido la bendición del Señor y la misericordia de Dios, su salvador.
Ant. 2: Dios la socorrió al despuntar la aurora; el Altísimo ha consagrado su morada.
Salmo 45
DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Le pondrán
por nombre Emmanuel,
que significa «Dios-con-nosotros».
(Mt 1,
23)
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en
el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se
desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su
furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo
consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al
despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su
trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la
tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los
arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos,
más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
Ant. 2: Dios la socorrió al despuntar la aurora; el Altísimo ha consagrado su morada.
Ant. 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!: el Señor te ha cimentado sobre el monte santo.
Salmo 86
HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS
PUEBLOS
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre.
(Ga 4, 26)
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las
puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a
Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han
nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el
Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha
nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en
ti.»
Ant. 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!: el Señor te ha cimentado sobre el monte santo.
V. El Dios todopoderoso me ciñe de valor.
R. Y me enseña un
camino perfecto.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-21
DONDE ABUNDÓ EL PECADO SOBREABUNDÓ LA GRACIA
Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y, por el pecado, la muerte, y, de este modo, la muerte pasó a todos los hombres, dado que todos han pecado...
(Porque ya antes de la promulgación de la ley existía el pecado en el mundo, y sin embargo no puede imputarse pecado si no hay ley; vemos, empero, que, de hecho, la muerte reinó ya desde Adán a Moisés sobre todos los que pecaron, aun cuando su transgresión no fue en las mismas condiciones en que pecó Adán, el cual era figura del que había de venir.
Sin embargo, con el don no sucedió como con el delito, pues, si por el delito de uno solo murió la multitud, con cuánta mayor profusión, por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se derramó sobre todos la bondad y el don de Dios! Ni fueron los efectos de este don como los efectos del pecado de aquel único hombre que pecó, porque la sentencia que llevó a la condenación vino por uno solo, en cambio, el don, partiendo de muchas transgresiones, lleva a la justificación.)
...Así pues (decía), si, por la falta de uno solo, la muerte estableció su reinado, también, con mucha mayor razón, por causa de uno solo, de Jesucristo, reinarán en la vida los que reciben la sobreabundancia de la gracia y el don de la justificación.
Por consiguiente, así como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura a todos la justificación que da la vida. Y como por la desobediencia de un solo hombre todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.
La ley, ciertamente, fue ocasión de que se multiplicasen los delitos, pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, para que así como reinó el pecado produciendo la muerte, así también reine la gracia dándonos vida eterna por Jesucristo, Señor nuestro.
Responsorio Rm 5,12; Lc 1,30; cf. Sal 114,8; cf. 17,19
R. Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y, por él,
todos han pecado. Pero tú * no temas, María, porque has hallado gracia a los ojos de
Dios.
V. El
Señor arrancó tu alma de la muerte, y fue tu apoyo contra tu
adversario.
R. No temas, María, porque has hallado gracia a los ojos de
Dios.
SEGUNDA LECTURA
De las Oraciones de san Anselmo, obispo
(Oración 52: PL 158, 955-956)
¡OH VIRGEN, POR CUYA A BENDICIÓN QUEDA BENDECIDA TODA LA NATURALEZA!
El cielo, los astros, la tierra, los ríos, el día, la noche, y todo lo que se halla sometido al poder y al servido del hombre, se congratulan, Señora, porque, habiendo perdido su antigua nobleza, ahora han sido en cierto modo resucitados por ti y dotados de una gracia nueva e inefable.
Porque todas estas cosas estaban como muertas, al haber perdido su congénita dignidad de servir al dominio y utilidad de los que alaban a Dios, que para eso habían sido creadas; estaban oprimidas y afeadas por el abuso de los que servían a los ídolos, para los cuales no habían sido creadas. Ahora se alegran como si hubieran vuelto a la vida, porque ya vuelven a estar sometidas al dominio de los que confiesan a Dios, y embellecidas por su uso natural.
Es como si hubiesen saltado de alegría por esta gracia nueva e inapreciable, al sentir que el mismo Dios, su mismo creador, no sólo reinaba sobre ellas de un modo invisible, sino que incluso lo vieron en medio de ellas, santificándolas visiblemente con su uso. Estos bienes tan grandes provinieron a través del fruto bendito del vientre sagrado de la Virgen María.
Por tu plenitud de gracia, lo que estaba en el país de los muertos se alegra al sentirse liberado, y lo que está por encima del mundo se alegra al sentirse restaurado.
En efecto, por el glorioso Hijo de tu gloriosa virginidad, todos los justos que murieron antes de la muerte vivificante de Cristo se alegran al verse libres de su cautividad, y los. ángeles se congratulan por la restauración de su ciudad medio en ruinas.
¡Oh mujer llena y rebosante de gracia, con la redundancia de cuya plenitud rocías y haces reverdecer toda la creación! ¡Oh Virgen bendita y desbordante de bendiciones, por cuya bendición queda bendecida toda la naturaleza, no sólo la creatura por el Creador, sino también el Creador por la creatura!
Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María. Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y de este modo rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María.
Dios, por tanto, es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de toda la creación, María es madre de la universal restauración.
Porque Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho, y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado.
Dios engendró a aquel sin el cual nada en absoluto existiría, y María dio a luz a aquel sin el cual nada sería bueno.
En verdad el Señor está contigo, ya que él ha hecho que toda la naturaleza estuviera en tan gran deuda contigo y con él.
Responsorio Sal 33, 4; 85, 13; Lc 1,
48
R. Proclamad conmigo la grandeza del
Señor, * por
su grande piedad para conmigo.
V. Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones.
R. Por su grande piedad para conmigo.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
Oración
Dios todopoderoso, que, por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Pureza
inmaculada,
espejo del Señor,
¡oh fuente de la gracia,
unida al
Redentor!
Belleza sin
mancilla,
encanto virginal,
tú eres la alegría,
la gloria del
mortal.
¡Oh vara
florecida
del tronco de Jesé!,
en gracia concebida,
¡oh gloria de
Israel!
Dichosa por los
siglos
los pueblos te dirán:
tú fuiste del Dios vivo
la aurora
celestial. Amén.
Ant. 1. ¡Qué admirable pureza la de aquella Virgen Madre que no conoció el pecado y que mereció llevar a Dios en su seno!
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. El Señor te ha bendecido, santa Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra.
Ant. 3. Arrástranos tras de ti, Virgen inmaculada, y correremos atraídos por el aroma de tus perfumes.
LECTURA BREVE Is 43,1
Así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: «No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre; tú eres mío.»
RESPONSORIO BREVE
V. El Dios todopoderoso me ciñe de valor. R. El Dios todopoderoso. V. Y me enseña un camino perfecto. R. Me ciñe de valor. V. Gloria. R. El Dios todopoderoso.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Señor Dios dijo a la serpiente: «Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: ella herirá tu cabeza.» Aleluya.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, * haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.
Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu redención preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado, * líbranos también a nosotros de toda culpa.
Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, * haz también de nosotros templos de tu Espíritu.
Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en cuerpo y alma al cielo, * haz que aspiremos siempre a los bienes celestiales.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que, por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Vive el Señor, que ha realizado conmigo su misericordia.
Sexta: El Señor se complace en ti, y tu Dios encuentra contigo la alegría.
Nona: El Señor me ha llamado en la justicia, me ha tomado de la mano y me ha formado.
Los salmos se toman de la salmodia complementaria
LECTURA BREVE
Tercia Ef 1, 4
Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos consagrados e irreprochables ante él por el amor.
V. Hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen
María.
R.
Que aplastó con su pie virginal la cabeza de la serpiente.
Oremos:
Dios todopoderoso, que,
por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada
para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre
de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta
madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta Ef 1, 11-12a
En Cristo hemos sido agraciados con la herencia, elegidos de antemano según el designio de aquel que todo lo ejecuta conforme a la decisión de su voluntad, para que seamos alabanza de su gloria.
V. Mi corazón y mi carne.
R. Se alegran por el
Dios vivo.
Oremos:
Dios todopoderoso, que,
por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada
para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre
de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta
madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona Ef 5, 25b-26a. 27
Cristo amó a su Iglesia y se entregó a la muerte por ella para santificarla y para hacerla comparecer ante su presencia toda resplandeciente, sin mancha ni defecto ni cosa parecida, sino santa e inmaculada.
V. Tu inmaculada concepción, santa Madre de Dios.
R. Ha anunciado la
alegría al mundo entero.
Oremos:
Dios todopoderoso, que,
por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada
para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre
de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta
madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por Cristo nuestro
Señor.
HIMNO
Mística Rosa de
intocados pétalos,
límpido cielo de infinitas lámparas,
Musa celeste del
Amor-Artífice,
alba del alba.
Si de tu esencia lo
inefable toco,
No sé si es luz, o resplandor, o llama,
o mar, o nieve, o
limpidez, o nube,
flor o fragancia.
Como después del
angustiado vuelo
el trino posa en la mecida rama,
regreso a ti -mi
resplandor en ruinas-:
tú eres mi casa.
Dilapidé mi hacienda,
Madre mía,
bebí mi sed y devoré mi náusea.
Lo tuve todo, y me han quedado
sólo,
sólo mis lágrimas.
Mis manos todo de tu
amor lo esperan,
como la noche espera, Madre, el alba.
Llévame siempre de
la mano, llévame:
sé tú mi lámpara.
Llévame en pos de tu
luciente aroma,
ciclón de lirios, amapola en llamas,
y, cuando el viento
tu presencia anuncie,
róbame el alma.
Quiébrate, voz, ante
el dintel sagrado
de aquel que es Trino en Una sola llama,
Llama que es
Una en Tres incendios, Niña,
llena de gracia. Amén.
Ant. 1. Toda hermosa eres, María, y en ti no se encuentra la mancha original.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. Toda hermosa eres, María, y en ti no se encuentra la mancha original.
Ant. 2. Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza.
Ant. 3. Tu vestido es blanco como la nieve, y tu rostro resplandeciente como el sol.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Tu vestido es blanco como la nieve, y tu rostro resplandeciente como el sol.
LECTURA BREVE Rm 5,20b-21
Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, para que así como reinó el pecado produciendo la muerte, así también reine la gracia dándonos vida eterna, por Jesucristo, Señor nuestro.
RESPONSORIO
BREVE
V. En esto conozco que me amas.
R. En esto.
V. En que mi
enemigo no triunfa de mí. R. En esto conozco que me amas. V. Gloria. R. En esto.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Aleluya.
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Que la llena de gracia interceda por nosotros.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, * haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores * y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la madre de misericordia, * haz que los que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y de José, * haz que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del cielo, * haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que, por la inmaculada concepción de la Virgen María, preparaste una digna morada para tu Hijo y, en previsión de la muerte de Jesucristo, preservaste a su madre de toda mancha de pecado, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta madre inmaculada, que lleguemos a ti limpios de toda culpa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 9 DE DICIEMBRE
SAN JUAN DIEGO
Del Común
de santos varones
SEGUNDA LECTURA
Del decreto del Papa Juan Pablo II (México, 31 de julio de 2002).
LA VIRGEN MARÍA CONSOLÓ A JUAN DIEGO
Exaltó a los humildes (Lc 1, 52): Dios Padre puso su mirada en un humilde indígena mexicano, Juan Diego, al que enriqueció con el don de renacer en Cristo, de contemplar el rostro de la bienaventurada Virgen María y de unirlo a la evangelización del continente americano. De esta manera se muestra la verdad que encierran las palabras del Apóstol Pablo cuando enseña el método por el que se lleva a cabo la salvación.
Lo plebeyo y despreciable del mundo, lo que no es, Dios lo eligió para vencer lo que es, para que ninguna carne se gloríe en presencia de Dios (1 Co 1, 28-29). Este beato que, según la tradición se llama Cuauhtlatoatzin, nombre que significa “águila habladora”, nació alrededor del año 1474 en Cuauhtitlan, en el reino conocido comúnmente como Texcoco. Ya adulto y habiendo contraído matrimonio, abrazó el Evangelio y fue bautizado junto con su esposa, dispuesto a vivir a la luz de la fe y de manera coherente con las obligaciones asumidas ante Dios y la Iglesia.
En el mes de diciembre del año 1531, cuando caminaba hacia Tlatelolco, en el monte llamado Tepeyac se le apareció la Madre de Dios, que le ordenó que pidiese al obispo mexicano que se edificase un templo en el lugar de la parición. Ante las peticiones insistentes del indígena, el obispo exigió una prueba evidente del extraordinario suceso. El día 12 de diciembre, la bienaventurada Virgen María se volvió a aparecer a Juan Diego, lo consoló y le ordenó que se dirigiese a la cumbre del monte Tepeyac, donde habría de recoger unas flores y regresar con ellas. A pesar del frío invernal y de la aridez del lugar, el bienaventurado encontró unas flores bellísimas, las puso en su capa y las llevó a la Virgen. Ésta le ordenó que las entregase al obispo como señal de la verdad. En presencia del prelado, Juan Diego extendió la capa y dejó caer las flores; en ese momento apareció en el tejido de la capa, milagrosamente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde entonces se convirtió en el centro espiritual de la nación.
Cuando se construyó el templo en honor de “la Señora del cielo”, el beato, movido de gran piedad, dejó todo y consagró toda su vida a guardar aquel pequeño santuario y a recibir a los peregrinos. Recorrió el camino de la santidad en oración y caridad, sacando las fuerzas del banquete eucarístico de nuestro Redentor, del culto a la Madre del Redentor, de la comunión con la santa Iglesia y de la obediencia a los sagrados Pastores. Cuantos lo pudieron conocer, admiraron el esplendor de sus virtudes, sobre todo la fe, la esperanza, la caridad, la humildad y desprecio de las realidades terrenas.
Juan Diego, con la sencillez de su vida cotidiana, guardó fielmente el Evangelio, que no había despreciado su condición indígena, consciente de que Dios no hace distinciones de linaje o de cultura e invita a todos para que sean sus hijos. De esta manera, el beato facilitó el camino para que los indígenas de México y del Nuevo Mundo se encontrasen con Cristo y la Iglesia. Hasta el último día de su vida caminó con Dios, que lo llamó a sí el año 1548. Su recuerdo, que siempre va unido a la aparición de nuestra Señora de Guadalupe, ha trascendido los siglos y ha alcanzado las diversas regiones de la tierra.
Responsorio Cf. 1 Co 1, 27-29; Lc 1, 51-52
R. Dios eligió lo débil del mundo para confundir lo fuerte; lo
que no es, *
para que ninguna carne se gloríe en presencia de Dios.
V. Hizo proezas con su
brazo y exaltó a los humildes.
R.
Para que ninguna carne se gloríe en presencia
de Dios.
Oración
Dios nuestro, que por medio de san Juan Diego quisiste mostrar a tu pueblo el amor de Santa María de Guadalupe, concédenos, por su intercesión, que, dóciles al consejo de nuestra Madre, nos esforcemos en cumplir siempre tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 11 DE DICIEMBRE
SAN DÁMASO I,
papa
Del Común
de pastores: para un santo papa.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Agustín, obispo, contra Fausto
(Lib. 20, 21: CSEL 25, 562-563)
DAMOS CULTO A LOS MÁRTIRES CON UN CULTO DE AMOR Y PARTICIPACIÓN
El pueblo cristiano celebra la conmemoración de sus mártires con religiosa solemnidad, para animarse a su imitación, participar de sus méritos y ayudarse con sus oraciones, pero nunca dedica altares a los mártires, sino sólo en memoria de los mártires.
¿Pues quién es el obispo, que, al celebrar la misa sobre los sepulcros de los santos, haya dicho alguna vez: «Te ofrecemos a ti, Pedro», o: «a ti, Pablo», o: «a ti, Cipriano»? La ofrenda se ofrece a Dios, que coronó a los mártires, junto a los sepulcros de aquellos a los que coronó, para que la amonestación, por estar en presencia de los santos lugares, despierte un afecto más vivo para acrecentar la caridad con aquellos a los que podemos imitar, y con aquel cuya ayuda hace posible la imitación.
Damos culto a los mártires con un culto de amor y participación, con el que veneramos, en esta vida, a los santos, cuyo corazón sabemos que está ya dispuesto al martirio como testimonio de la verdad del Evangelio. Pero a aquéllos los honramos con mucha más devoción, por la certeza de que han superado el combate, y por ello les confesamos vencedores en una vida feliz, con una alabanza más segura que aquellos que todavía luchan en esta vida.
Pero aquel culto que se llama de latría, y que consiste en el servicio debido a la divinidad, lo reservamos a solo Dios, pero no tributamos este culto a los mártires ni enseñamos que haya que tributárselo.
Ahora bien, la ofrenda forma parte de este culto de latría, y por eso se llama idolatría la ofrenda hecha a los ídolos; pero nosotros no ofrecemos nada semejante, ni tampoco mandamos que se ofrezca, en el culto a los ángeles, los santos o los mártires; y, si alguien cae en tan gran tentación, se le amonesta con la verdadera doctrina, para que se corrija o para que tenga cuidado.
Los mismos santos y los hombres se niegan a apropiarse estos honores exclusivos de Dios. Así hicieron Pablo y Bernabé, cuando los habitantes de Licaonia, después de haber visto los milagros que hicieron, quisieron ofrecerles sacrificios como a dioses; pero ellos, rasgando sus vestiduras, proclamaron y les persuadieron que no eran dioses, y, de esta forma, impidieron que les fueran ofrecidos sacrificios.
Pero una cosa es lo que enseñamos, y otra lo que soportamos; una cosa es lo que mandamos hacer, y otra lo que queremos corregir, y así, mientras vamos buscando la corrección más adecuada, tenemos que tolerar muchas cosas.
Responsorio Sal 115, 15; 33, 21; cf. Jdt 10, 3
R. Vale mucho a los ojos del Señor la vida de sus fieles.
* Él cuida de
todos sus huesos, y ni uno solo se quebrará.
V. El Señor los
revistió con vestiduras de alegría.
R.
Él cuida de todos sus huesos, y ni uno solo se
quebrará.
Oración
Concédenos, Señor, que, siguiendo el ejemplo del papa san Dámaso, que tanto se distinguió en promover el culto de los mártires, también nosotros veneremos el glorioso testimonio de quienes entregaron su vida por la fe y estemos dispuestos a imitarlos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 12 DE DICIEMBRE
NUESTRA SEÑORA DE
GUADALUPE,
Patrona de la América Latina
y de las Islas
Filipinas
Fiesta (en México:
Solemnidad)
Las I Vísperas sólo se dicen en México y en aquellas iglesias en las que la festividad de Nuestra Señora de Guadalupe se celebra como solemnidad.
HIMNO
Como a
Belén llegaste a dar a luz al Hijo,
del Padre la sustancia, de tu carne
vestido,
al Tepeyac desciendes por engendrar al indio
al amor de una
patria y a la fe en Jesucristo.
A prueba
de unas rosas nacidas del invierno,
tú pides que se erija en la colina un
templo;
de tu vientre nos naces a doble alumbramiento,
flor de patria
mestiza y fruto de Evangelio.
Diego
cree que en su ayate va una carga de rosas,
que a vista del obispo como
argumento arroja;
sólo una Rosa impresa de tez morena asoma,
a pinceles
pintada por Quien pintó la aurora.
Danos la
paz y el trigo, Señora y Niño nuestra,
una patria que sume hogar, templo y
escuela,
un pan que alcance a todos y una fe que se encienda
por tus manos
unidas, por tus ojos de estrella. Amén.
Ant. 1. ¿Qué es eso que sube del desierto, como nube de incienso y de mirra y de perfumes preciosos?
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. ¿Qué es eso que sube del desierto, como nube de incienso y de mirra y de perfumes preciosos?
Ant. 2. Brotan flores en el páramo, y las colinas se ciñen de alegría.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Brotan flores en el páramo, y las colinas se ciñen de alegría.
Ant. 3. Serás como huerto bien regado, como manantial cuyas aguas nunca faltan.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Serás como huerto bien regado, como manantial cuyas aguas nunca faltan.
LECTURA BREVE Ap 11, 19-12, 1
Se abrió el santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el santuario, y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, temblor de tierra y fuerte granizada. Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
RESPONSORIO BREVE
V. Transformará el desierto en un jardín, y hará brotar fuentes de la roca. R. Transformará el desierto. V. Habrá allí regocijo y cantos de alegría. R. Y hará brotar fuentes de la roca. V. Gloria. R. Transformará el desierto.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Soy morena pero hermosa, como las tiendas del desierto, como los pabellones de Salomón, pues el sol me ha bronceado.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas a Dios, que quiso enviarnos a la Santísima Virgen María para darnos consuelo en nuestras penas y llevarnos hacia él; pidámosle confiadamente: Concédenos su amor, auxilio y defensa.
Tú que has hecho surgir a la Santísima Virgen María como el sol sobre los montes para iluminar a tu Iglesia, * haz que, bajo el influjo de su belleza y de su amor, reine la justicia y la paz en todo el mundo.
Señor, Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo imprimiera su figura en el ayate del indio Juan Diego y tomara nuestros rasgos, * haz que copiemos en nosotros sus virtudes y su amor hacia los pobres y, desamparados.
Tú que, por medio de María, convertiste la aridez del Tepeyac en jardín florido y perfumado, * transforma a nuestro pueblo, por medio de ella, en un plantío fecundo de verdaderos cristianos.
Haz que aprendamos de Juan Diego la sencillez y la humildad, * la constancia en el sufrimiento y la fidelidad a tu santísima Madre.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has constituido a la Virgen María como protectora de todos los que la invoquen y en ella confíen, * haz llegar la luz de su consuelo hasta los miembros de tu pueblo santo que ya han salido de este mundo.
Unidos fraternalmente bajo la protección maternal de María, digamos a Dios con profunda confianza filial: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, permanecer siempre firmes en la fe y servir con sincero amor a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Eres mujer de casa y,
además, peregrina,
dedicada a lo tuyo como madre y esposa,
pero sigues
la huella por donde Dios camina
y estás de corazón en cada cosa.
Estás en la montaña
antes del alba,
—que el amor te apresura—,
y en cualquier otro Belén por
esperar que nazca
de nuevo Dios, y preparar su cuna.
Te haces de nuestra
raza,
pronuncias nuestra lengua con dulzura
y nos pides te hagamos una
Casa,
para en ella mostrarnos tu sin igual ternura.
Bajas, subes, que para
eso eres ave,
ayer por el Calvario y por el cielo,
hoy por la patria
suave,
y en pos de ti volamos en tu vuelo.
Gloria demos al Padre
que no tuvo principio,
gloria perenne a Cristo, que es el Hijo del Padre,
y al Espíritu Santo, Consolador divino.
¡Que todo el universo los
aclame! Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Tu sol ya no se pondrá, ni menguará tu luna.
Los salmos se toman del Común de Santa María Virgen.
Ant. 2. Mirad que ya viene mi hijo el más pequeño, saltando sobre los montes, brincando por las colinas, como un ágil cervatillo.
Ant. 3. Salgamos al campo, madruguemos para ver las viñas, para ver si las vides ya florecen y echan flores los granados: ahí te mostraré mi amor.
V. Señora de los jardines, mis compañeros te escuchan.
R. Déjanos
oír tu voz.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías 52, 7. 9-10; 54, 10a. 11b-14a. 15; 55, 3b. 12b-13
SOBRE LOS MONTES SE ANUNCIA LA PAZ
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la dicha, que anuncia la salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios»! Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén. Ha descubierto el Señor su santo brazo a
la vista de todas las naciones y han contemplado los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios.
«Podrán correrse los montes —dice el Señor—, podrán moverse las colinas, pero mi amor nunca se apartará de ti. Yo asentaré tus piedras sobre jaspe y tus cimientos sobre zafiro. Te pondré almenas de rubíes y puertas de esmeralda, y haré tus murallas con piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor y su dicha será inmensa. Serás consolidada en la justicia. Si alguien te ataca, no será de parte mía; cualquiera que te ataque, contra ti se estrellará. Pues voy a firmar con vosotros una alianza eterna.»
Los montes y colinas romperán a cantar ante vosotros con gritos de alegría, y aplaudirán los árboles del campo. En lugar del espino crecerá el ciprés, en lugar de la ortiga crecerán los mirtos.
Será esto para gloria del Señor, para señal eterna que jamás se borrará.
Responsorio Sal 22, 4; 108, 22; Is 66, 13; Sal 120, 6
R. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna: aunque
camines por cañadas oscuras, aunque te sientas pobre y desdichado y lleves
traspasado el corazón. * Como una madre acaricia a su hijo, así yo os consolaré.
V. De día
el sol no te hará daño, ni la luna de noche.
R. Como una madre
acaricia a su hijo, así yo os consolaré.
SEGUNDA LECTURA
Del Nicán Mopohua, relato del escritor indígena del siglo dieciséis don Antonio Valeriano
(«Nicán Mupohua», 12.a edición, Buena Prensa, México, D. F., 1971, pp. 3-19. 21)
LA VOZ DE LA TÓRTOLA SE HA ESCUCHADO EN NUESTRA TIERRA
Un sábado de mil quinientos treinta y uno, a pocos días del mes de diciembre, un indio de nombre Juan Diego iba muy de madrugada del pueblo en que residía a Tlatelolco, a tomar parte en el culto divino y a escuchar los mandatos de Dios. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyac, amanecía, y escuchó que le llamaban de arriba del cerrillo:
«Juanito, Juan Dieguito.»
Él subió a la cumbre y vio a una señora de sobrehumana grandeza, cuyo vestido era radiante como el sol, la cual, con palabra muy blanda y cortés, le dijo:
«Juanito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen. Ve al Obispo de México a manifestarle lo que mucho deseo. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo.»
Cuando llegó Juan Diego a presencia del Obispo don fray Juan de Zumárraga, religioso de san Francisco, éste pareció no darle crédito y le respondió:
«Otra vez vendrás y te oiré más despacio.»
Juan Diego volvió a la cumbre del cerrillo, donde la Señora del Cielo le estaba esperando, y le dijo:
«Señora, la más pequeña de mis hijas, niña mía, expuse tu mensaje al Obispo, pero pareció que no lo tuvo por cierto. Por lo cual te ruego que le encargues a alguno de los principales que lleve tu mensaje para que le crean, porque yo soy sólo un hombrecillo.»
Ella le respondió:
«Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, que otra vez vayas mañana a ver al Obispo y le digas que yo en persona, la siempre Virgen santa María, Madre de Dios, soy quien te envío.»
Pero al día siguiente, domingo, el Obispo tampoco le dio crédito y le dijo que era muy necesaria alguna señal para que se le pudiera creer que le enviaba la misma Señora del Cielo. Y le despidió.
El lunes, Juan Diego ya no volvió. Su tío Juan Bernardino se puso muy grave y, por la noche, le rogó que fuera a Tlatelolco muy de madrugada a llamar un sacerdote que fuera a confesarle.
Salió Juan Diego el martes, pero dio vuelta al cerrillo y pasó al otro lado, hacia el oriente, para llegar pronto a México y que no lo detuviera la Señora del Cielo. Mas ella le salió al encuentro a un lado del cerro y le dijo:
«Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo? No te aflija la enfermedad de tu tío. Está seguro de que ya sanó. Sube ahora, hijo mío, a la cumbre del cerrillo, donde hallarás diferentes flores; córtalas y tráelas a mi presencia.»
Cuando Juan Diego llegó a la cumbre, se asombró muchísimo de que hubiesen brotado tantas exquisitas rosas de Castilla, porque a la sazón encrudecía el hielo, y las llevó en los pliegues de su tilma a la Señora del Cielo. Ella le dijo:
«Hijo mío, ésta es la prueba y señal que llevarás al Obispo para que vea en ella mi voluntad. Tú eres mi embajador muy digno de confianza.»
Juan Diego se puso en camino, ya contento y seguro de salir bien. Al llegar a la presencia del Obispo, le dijo:
«Señor, hice lo que me ordenaste. La Señora del Cielo condescendió a tu recado y lo cumplió. Me despachó a la cumbre del cerrillo a que fuese a cortar varias rosas de Castilla, y me dijo que te las trajera y que a ti en persona te las diera. Y así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad. Helas aquí, recíbelas.»
Desenvolvió luego su blanca manta, y, así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen santa María, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyac.
La ciudad entera se conmovió, y venía a ver y a admirar su devota imagen y a hacerle oración, y, siguiendo el mandato que la misma Señora del Cielo diera a Juan Bernardino cuando le devolvió la salud, se le nombró como bien había de nombrarse: «la siempre Virgen santa María de Guadalupe.»
Responsorio Ct 2, 14; Ap 12, 1
R. Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las
grietas del barranco, déjame ver tu figura. *
Déjame escuchar tu voz, permíteme ver tu
rostro, porque es muy dulce tu hablar y gracioso tu semblante.
V. Y una gran señal
apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, y una corona de doce estrellas
sobre su cabeza.
R. Déjame escuchar tu voz, permíteme ver tu rostro, porque es
muy dulce tu hablar y gracioso tu semblante.
O bien esta otra:
Del Mensaje del papa Pablo sexto al pueblo mexicano
(L'Osservatore Romano, 18 de octubre de 1970)
EL MEJOR HOMENAJE A MARÍA: AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO
Amadísimos hijos, deseamos unir nuestra voz a ese himno filial que el pueblo mexicano eleva hoy a la Madre de Dios. La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe debe ser para todos vosotros una constante y particular exigencia de auténtica renovación cristiana. La corona que ella espera de todos vosotros no es tanto una corona material, sino una preciosa corona espiritual, formada por un profundo amor a Cristo y por un sincero amor a todos los hombres: los dos mandamientos que resumen el mensaje evangélico. La misma Virgen Santísima, con su ejemplo, nos guía en estos dos caminos.
En primer lugar, nos pide que hagamos de Cristo el centro y la cumbre de toda nuestra vida cristiana. Ella misma se oculta, con suprema humildad, para que la figura de su Hijo aparezca a los hombres con todo su incomparable fulgor. Por eso, la misma devoción mariana alcanza su plenitud y su expresión más exacta cuando es un camino hacia el Señor y dirige todo el amor hacia él, como ella supo hacerlo, al entrelazar en un mismo impulso la ternura de madre y la piedad de creatura.
Pero además, y precisamente porque amaba tan entrañablemente a Cristo, nuestra Madre cumplió cabalmente ese segundo mandamiento que debe ser la norma de todas las relaciones humanas: el amor al prójimo. ¡Qué bella y delicada intervención de María en las bodas de Caná cuando mueve a su Hijo a realizar el primer milagro de convertir el agua en vino, sólo para ayudar a aquellos jóvenes esposos! Es todo un signo del constante amor de la Virgen Santísima por la humanidad necesitada, y debe ser un ejemplo para todos los que quieren considerarse verdaderamente hijos suyos.
Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura o la oportunidad de un trabajo honorable y justamente remunerado; no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones, y mientras una parte de la humanidad siga estando marginada a las ventajas de la civilización y del progreso. Por ese motivo, en esta fiesta tan señalada, os exhortamos de corazón a dar a vuestra vida cristiana un marcado sentido social —como pide el Concilio—, que os haga estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos para el progreso y en todas las iniciativas para mejorar la situación de los que sufren necesidad. Ved en cada hombre un hermano, v en cada hermano a Cristo, de manera que el amor a Dios y el amor al prójimo se unan en un mismo amor, vivo y operante, que es lo único que puede redimir las miserias del mundo, renovándolo en su raíz más honda: el corazón del hombre.
El que tiene mucho que sea consciente de su obligación de servir y de contribuir con generosidad para el bien de todos. El que tiene poco o no tiene nada que, mediante la ayuda de una sociedad justa, se esfuerce en superarse y en elevarse a sí mismo y aun en cooperar al progreso de los que sufren su misma situación. Y, todos, sentid el deber de uniros fraternalmente para ayudar a forjar ese mundo nuevo que anhela la humanidad.
Esto es lo que hoy os pide la Virgen de Guadalupe, ésta la fidelidad al Evangelio, de la que ella supo ser el ejemplo eminente.
Sobre vosotros, muy queridos hijos, imploramos confiado la maternal benevolencia de la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, para que siga protegiendo a vuestra nación y la dirija e impulse cada vez más por los caminos del progreso, del amor fraterno y de la pacífica convivencia.
Responsorio Mt 22, 37-38; 1 Jn 4, 20; cf. Mt 25, 40
R. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tu mente: éste es el principal y el primero de los mandamientos.
* Pero si
alguno dice: «Yo amo a Dios», y no ama a su hermano, está mintiendo.
V. Todo lo
que hacéis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hacéis.
R. Si alguno dice: «Yo
amo a Dios», y no ama a su hermano, está mintiendo.
Himno Te Deum
HIMNO
Ayer, Alba en el alba,
subiste presurosa
por servir a tu prima, cual sierva ante los siervos.
Hoy
a México bajas, cual Rosa misteriosa,
para anunciar al indio que en sus ratos
acervos
jamás estará solo;
porque jamás, oh Madre,
has sido en nuestra historia cobarde
subterfugio;
porque tú eres la escala ante el Hijo del Padre:
¡tú el
regazo y el puente; tú, defensa y refugio!
Eres cifra y compendio
de nuestra patria suave;
eres signo y sustancia de nuestra nueva
raza;
eres lámpara y cuna, eres báculo y ave,
eres vínculo y nudo, eres
tilma, eres casa.
Por tus manos en
hueco, patena de ternura,
consagramos al Padre de todos los consuelos,
por
el Hijo, en la Llama quemaste la amargura
del sudor hecho lágrimas y el
júbilo hecho anhelos. Amén.
Ant. 1. ¿Quién es esa que surge como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, imponente como escuadrón a banderas desplegadas?
Los
salmos y el cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Yo soy la siempre Virgen santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive.
Ant. 3. Como el águila incita a volar a sus polluelos y revolotea sobre el nido, así extendió ella sus alas y los llevó sobre su plumaje.
LECTURA BREVE Cf. Sir 50, 5-10
¡Qué majestuosa cuando salía detrás del velo! Como estrella matutina en medio de las nubes, como la luna en los días de plenilunio, como el sol cuando brilla sobre el templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria, como flor de rosal en Primavera, como lirio junto a un manantial, como vaso de oro macizo adornado con piedras preciosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? R. Levanto mis ojos. V. Señor, por ti madrugo, dame una señal propicia. R. ¿De dónde me vendrá el auxilio? V. Gloria. R. Levanto mis ojos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Sube a un alto monte, alegre mensajero de Jerusalén, di a las ciudades de Judá: «¡Aquí está vuestro Dios! Como un pastor pastorea a su pueblo.»
PRECES
Alabemos a Dios Padre todopoderoso, el Creador por quien se vive, y digámosle: Señor, por quien vivimos, escucha nuestras plegarias.
Bendito seas, Señor del universo, que en tu inmensa piedad nos enviaste a la Madre de tu Hijo, * para llamarnos a la fe y hacernos ingresar a tu pueblo santo.
Te bendecimos, Señor, porque ocultaste tu mensaje a los sabios y prudentes según el mundo * y lo revelaste a los pequeños, a los que son tenidos por insignificantes y despreciables.
Concédenos ser, como Juan Diego, embajadores tuyos muy dignos de confianza, * que llevemos a todos los hombres y a todas las naciones tu mensaje de amor y de paz.
Tú que, con la presencia de María, haces brillar los riscos como perlas y las espinas como el oro, * haz que el amor de la Santísima Virgen María nos transforme en otros Cristos.
Haz que, como Juan Diego, seamos siempre fieles al culto divino y a tus mandatos, * para que merezcamos, también nosotros, que la Virgen María nos salga al paso en el camino de nuestra vida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con la confianza que nos da la predilección mostrada por la santa Madre de Dios hacia nosotros, digámosle al Padre de los Cielos, con profundo amor filial: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, permanecer siempre firmes en la fe y servir con sincero amor a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
SALMODIA
Tercia: Brotan flores en los campos, y el arrullo de la tórtola se ha escuchado en nuestra tierra.
Sexta: Ella es más bella que el sol, supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale ella vencedora.
Nona: Pondré en ellos mi morada, y enjugaré toda lágrima de sus ojos.
Los salmos se toman de la salmodia complementaria
LECTURA BREVE
Tercia Os 11, 4
Era yo para ellos como quien levanta a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia ellos para darles de comer.
V. No ha hecho cosa semejante con ninguna otra
nación.
R.
Nos ha robado el corazón con una sola de sus miradas.
Sexta Sir 24, 18.23
He surgido como una palmera de Engadí, como rosal de Jericó, como gallardo olivo en la llanura: mis flores y mis frutos son bellos y abundantes.
V. Un panal que destila son tus labios.
R. Tu nombre es como un
bálsamo fragante.
Nona Is 9, 2
Acrecentaste su gozo, hiciste inmensa su alegría: se han regocijado al verte como se alegran en la siega, como se gozan los que reparten el botín.
V. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una grande
luz.
R.
Sobre los que vivían en tierra de sombras brilló un intenso
resplandor.
Oremos:
Señor, Dios
nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre
Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, permanecer
siempre firmes en la fe y servir con sincero amor a nuestros hermanos. Por
Cristo nuestro Señor.
HIMNO
Morenez de morena
hermosura,
no nevado candor de jazmín;
sí amalgama, crisol que
madura
nuestra sed del Amor, mar sin fin.
Ella es reina,
nosotros vasallos;
ella es río, nosotros la sed;
ella estrella, nosotros
los rayos;
ella nave, nosotros la red.
Sobre el surco del
llanto, sus ojos,
sobre el hambre de Madre, su amor;
sus dos manos, un
viento de rezos,
en la noche de América, sol.
Cuando el valle se
viste de sombras
y el silencio es la voz del hogar,
te loamos, Señor, que
te nombras
el Amor no agotado de amar. Amén.
Ant. 1. He elegido y santificado este lugar, para que en él permanezca mi nombre para siempre y estén fijos en él mis ojos y mi corazón.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. He elegido y santificado este lugar, para que en él permanezca mi nombre para siempre y estén fijos en él mis ojos y mi corazón.
Ant. 2. Reconozcan, Señor, que aquí está tu mano, que eres tú quien lo ha hecho.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Reconozcan, Señor, que aquí está tu mano, que eres tú quien lo ha hecho.
Ant. 3. El gorrión ha encontrado una casa, y la tórtola ha hallado un nido para colocar a sus polluelos.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El gorrión ha encontrado una casa, y la tórtola ha hallado un nido para colocar a sus polluelos.
LECTURA BREVE Ap 21, 2-3
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres, y acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos.»
RESPONSORIO BREVE
V. Se levantaron sus hijos, y la proclamaron bienaventurada. R. Se levantaron sus hijos. V. Ella abrió sus labios con sabiduría y su lengua pronunció palabras de amor. R. Y la proclamaron bienaventurada. V. Gloria. R. Se levantaron sus hijos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Las aguas torrenciales no han podido apagar el amor, ni los ríos extinguirlo.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas a Dios, que quiso enviarnos a la Santísima Virgen María para darnos consuelo en nuestras penas y llevarnos hacia él; pidámosle confiadamente: Concédenos su amor, auxilio y defensa.
Tú que has hecho surgir a la Santísima Virgen María como el sol sobre los montes para iluminar a tu Iglesia, * haz que, bajo el influjo de su belleza y de su amor, reine la justicia y la paz en todo el mundo.
Señor, Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo imprimiera su figura en el ayate del indio Juan Diego y tomara nuestros rasgos, * haz que copiemos en nosotros sus virtudes y su amor hacia los pobres y, desamparados.
Tú que, por medio de María, convertiste la aridez del Tepeyac en jardín florido y perfumado, * transforma a nuestro pueblo, por medio de ella, en un plantío fecundo de verdaderos cristianos.
Haz que aprendamos de Juan Diego la sencillez y la humildad, * la constancia en el sufrimiento y la fidelidad a tu santísima Madre.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has constituido a la Virgen María como protectora de todos los que la invoquen y en ella confíen, * haz llegar la luz de su consuelo hasta los miembros de tu pueblo santo que ya han salido de este mundo.
Unidos fraternalmente bajo la protección maternal de María, digamos a Dios con profunda confianza filial: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, permanecer siempre firmes en la fe y servir con sincero amor a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 13 DE DICIEMBRE
SANTA LUCÍA, virgen y
mártir
Memoria
Del Común
de mártires: para un mártir o del Común
de vírgenes.
SEGUNDA LECTURA
Del libro de san Ambrosio, obispo, sobre la virginidad
(Cap. 12, 68. 74-75; 13, 77-78: PL 16 [edición 1845], 281. 283. 285-286)
CON LA CLARIDAD DE TU MENTE ILUMINAS LA GRACIA DE TU CUERPO
Tú, una mujer del pueblo, una de entre la plebe, una de las vírgenes, que, con la claridad de tu mente, iluminas la gracia de tu cuerpo (tú que eres la que más propiamente puede ser comparada a la Iglesia), recógete en tu habitación y, durante la noche, piensa siempre en Cristo y espera su llegada en cualquier momento.
Así es como te deseó Cristo, así es como te eligió. Abre la puerta, y entrará, pues no puede fallar en su promesa quien prometió que entraría. Échate en brazos de aquel a quien buscas; acércate a él, y serás iluminada; no lo dejes marchar, pídele que no se marche rápidamente, ruégale que no se vaya. Pues la Palabra de Dios pasa; no se la recibe con desgana, no se la retiene con indiferencia. Que tu alma viva pendiente de su palabra, sé constante en encontrar las huellas de la voz celestial, pues pasa velozmente.
Y, ¿qué es lo que dice el alma? Lo busco, y no lo encuentro; lo llamo, y no responde. No pienses que le desagradas si se ha marchado tan rápidamente después que tú le llamaste, le rogaste y le abriste la puerta; pues el permite que seamos puestos a prueba con frecuencia. ¿Y qué es lo que responde, en el Evangelio, a las turbas cuando le ruegan que no se vaya? También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado. Y, aunque parezca que se ha ido, sal una vez más, búscale de nuevo.
¿Quién, sino la santa Iglesia, te enseñará la manera de retener a Cristo? Incluso ya te lo ha enseñado, si entiendes lo que lees: Apenas los pasé, encontré al amor de mi alma: lo abracé; y ya no lo soltaré.
¿Con qué lazos se puede retener a Cristo? No a base de ataduras injustas, ni de sogas anudadas; pero sí con los lazos de la caridad, las riendas de la mente y el afecto del alma.
Si quieres retener a Cristo, búscalo y no temas el sufrimiento. A veces se encuentra mejor a Cristo en medio de los suplicios corporales y en las propias manos de los perseguidores.
Apenas los pasé; dice el Cantar. Pues, pasados breves instantes, te verás libre de los perseguidores y no estarás sometida a los poderes del mundo. Entonces Cristo saldrá a tu encuentro y no permitirá que durante un largo tiempo seas tentada.
La que de esta manera busca a Cristo y lo encuentra puede decir: Lo abracé, y ya no lo soltaré; hasta meterlo en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me llevó en sus entrañas. ¿Cuál es la casa de tu madre y su alcoba, sino lo más íntimo y secreto de tu ser?
Guarda esta casa, limpia sus aposentos más retirados, para que, estando la casa inmaculada, la casa espiritual fundada sobre la piedra angular, se vaya edificando el sacerdocio espiritual, y el Espíritu Santo habite en ella.
La que así busca a Cristo, la que así ruega a Cristo no se verá nunca abandonada por él; más aún, será visitada por él con frecuencia, pues está con nosotros hasta el fin del mundo.
Responsorio
R. Agradó a Dios en el combate y fue glorificada ante Dios y
ante los hombres; hablaba sabiamente ante los príncipes, * y la amó el Señor del
universo.
V. Esta virgen preparó en su corazón una morada digna para
Dios.
R. Y
la amó el Señor del universo.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Yo, humilde esclava, no he hecho otra cosa sino ofrecer sacrificios al Dios verdadero; ahora, como ya nada tengo, me ofrezco a mí misma.
Vísperas: Con tu constancia, Lucía, esposa de Cristo, has salvado tu vida; despreciaste las cosas del mundo, y ahora brillas entre los ángeles; con tu propia sangre has vencido al enemigo.
Oración
Te pedimos, Señor, por intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, que llenes de luz y de gozo nuestros corazones, y que quienes hoy celebramos su martirio en la tierra lleguemos a contemplar con nuestros propios ojos tu gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 14 DE DICIEMBRE
SAN JUAN DE LA
CRUZ,
presbítero y doctor de la Iglesia
Memoria
Del Común
de pastores: para un santo presbítero y del Común
de doctores de la Iglesia.
SEGUNDA LECTURA
Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero
(Canciones 37, 4 y 36, 13, declaración)
CONOCIMIENTO DEL MISTERIO ESCONDIDO EN CRISTO JESÚS
Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van hallando en cada seno nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá.
Que, por eso, dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos. En los cuales el alma no puede entrar ni llegar a ellos, si, como habemos dicho, no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.
Porque, aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.
¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la «espesura» y sabiduría de «las riquezas de Dios», que son de muchas maneras, si no es entrando en la «espesura del padecer» de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer para entrar en ella, en la «espesura de la cruz»!
Que, por eso, san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad; para que pudiesen comprender, con todos los santos, qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.
Porque, para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.
Responsorio 1 Co 2, 9-10
R. Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del
hombre * lo
que Dios ha preparado para los que le aman.
V. Pero a nosotros nos
lo ha revelado por su Espíritu.
R.
Lo que Dios ha preparado para los que le aman.
Oración
Oh Dios, que inspiraste a san Juan un amor extraordinario a la cruz y a la renuncia de sí mismo, concédenos seguir incesantemente su ejemplo, para alcanzar la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE DICIEMBRE
SAN PEDRO CANISIO,
presbítero
y doctor de la Iglesia
Para la
conmemoración
SEGUNDA LECTURA
De los escritos de san Pedro Canisio, presbítero
(Edición O. Braunsberger, Petri Canisii Epistulae et Acta, I, Friburgo de Brisgovia 1896, pp. 53-55)
UNA PLEGARIA DE SAN PEDRO CANISIO
San Pedro Canisio, llamado con razón el segundo apóstol de Alemania, antes de marchar para este país, y recibida la bendición del Papa, tuvo una profunda experiencia espiritual, que describe él mismo con estas palabras:
«Tuviste a bien, Pontífice eterno, que yo encomendase solícitamente el efecto y la confirmación de aquella bendición apostólica a tus Apóstoles del Vaticano, que tantas maravillas operan bajo tu dirección. Allí sentí un gran consuelo y la presencia de tu gracia, que me venía por medio de tales intercesores. Pues me bendecían y confirmaban mi misión a Alemania, y me pareció que me prometían su favor como a apóstol de Alemania. Ya sabes, Señor, cómo y cuántas veces pusiste aquel día Alemania en mis manos, esa Alemania que había de ser mi preocupación constante y por la cual deseaba vivir y morir.
Tú, Señor, me ordenaste, finalmente, beber del caudal que manaba de tu santísimo corazón, invitándome a sacar las aguas de mi salvación de tu fuente, Salvador mío. Lo que yo más deseaba es que de ahí derivaran torrentes de fe, esperanza y caridad, en mi persona. Tenía sed de pobreza, castidad y obediencia, y te pedía que me purificaras y vistieras por completo. Por eso, tras haberme atrevido a acercarme a tu dulcísimo corazón, calmando en él mi sed, me prometías un vestido de tres piezas con que cubrir mi alma desnuda y realizar con éxito mi misión: las piezas eran la paz, el amor y la perseverancia. Revestido con este ornamento saludable, confiaba en que nada habría de faltarme, y que todo acontecería para tu gloria.»
Responsorio Mt 13, 52; Pr 14, 33
R. Un letrado que entiende del reino de los cielos
* es como un
padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.
V. En corazón sensato
habita la sabiduría, aun en medio de necios se da a conocer.
R. Es como un padre de
familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.
Vísperas: Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Pedro Canisio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios.
Oración
Señor, Dios nuestro, que otorgaste a san Pedro Canisio, una gran sabiduría y una extraordinaria fortaleza para que confirmara a los cristianos en la fe católica, haz que el pueblo creyente persevere siempre en la fe y concede a todos los que buscan la verdad el gozo de encontrarte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE DICIEMBRE
SAN JUAN DE KANTY,
presbítero
Para la
conmemoración
SEGUNDA LECTURA
De las cartas del papa Clemente trece
(2 de febrero de 1767: Bullarii romani continuatio IV parte II, Prato 1843, pp.1314-1316)
DIOS ERA EL MISMO EN SU CORAZÓN Y EN SUS LABIOS
Nadie duda que san Juan de Kety debe ser contado entre aquellos excelentes varones que fueron eximios por su santidad y doctrina, porque practicaban lo que enseñaban, y por la defensa de la fe ortodoxa, impugnada por los herejes. Mientras en las regiones vecinas pululaban las herejías y los cismas, el bienaventurado Juan enseñaba en la universidad de Cracovia la doctrina tomada de su más pura fuente, y confirmaba la más auténtica doctrina moral, que con mucho empeño explicaba al pueblo en sus sermones, con la humildad, castidad, misericordia, penitencia y todas las otras virtudes propias de un santo sacerdote y de un celoso ministro.
Así, pues, constituye no sólo una honra y gloria para los profesores de aquella universidad, sino que dejó un ejemplo maravilloso, que producirá abundantes frutos, para todos aquellos que se dedican a este ministerio, es decir, para que no cesen en su empeño de conseguir ser unos doctores perfectos, y para que se esfuercen en enseñar, con las palabras y con las obras, la ciencia de Dios, junto con las restantes disciplinas, para alabanza y gloria de Dios.
A la piedad con que se ocupaba de las cosas de Dios, se añadía su humildad, y, aunque aventajaba a todos en ciencia, se anonadaba a sí mismo y no se anteponía a nadie; más aún, deseaba ser despreciado y pospuesto por todos; y llegaba tan lejos que trataba con la misma equidad a los que lo despreciaban y denigraban.
A su humildad acompañaba una extraordinaria sencillez, propia de un niño, y por esto en sus hechos y dichos no había ni ambigüedad ni fingimiento; lo que tenía en el corazón lo proclamaba con sus labios. Si sospechaba que casualmente, al decir la verdad, había ofendido a alguien, antes de acercarse a celebrar, pedía perdón no tanto por su error como por el ajeno. Durante el día, una vez cumplido su deber de enseñar, se dirigía directamente a la iglesia, donde, por largo tiempo, se dedicaba a la oración y a la contemplación ante Cristo, escondido en la Eucaristía. Dios era el mismo en su corazón y en sus labios.
Responsorio Is 58, 7-8
R. Parte tu pan con el
que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo; * entonces
brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te abrirá camino. V. Cuando veas a
alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies a tu semejante.
R. Entonces
brillará tu luz como la aurora, y tu justicia te abrirá camino.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros.
Vísperas: Os aseguro que lo que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Oración
Concédenos, Señor, que, siguiendo el ejemplo de san Juan de Kanty, crezcamos en santidad y, practicando como él la misericordia para con nuestros hermanos, obtengamos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 29 DE DICIEMBRE
SANTO TOMÁS BECKET,
obispo y
mártir
Para la conmemoración
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de santo Tomás Becket, obispo y mártir
(Carta 74: PL 190, 533-536)
NADIE RECIBE EL PREMIO SI NO COMPITE CONFORME AL REGLAMENTO
Si nos preocupamos por ser lo que decimos ser y queremos conocer la significación de nuestro nombre —nos designan obispos y pontífices—, es necesario que consideremos e imitemos con gran solicitud las huellas de aquel que, constituido por Dios Sumo Sacerdoteeterno, se ofreció por nosotros al Padre en el ara de la cruz. Él es el que, desde lo más alto de los cielos, observa atentamente todas las acciones y sus correspondientes intenciones para dar a cada uno según sus obras.
Nosotros hacemos su vez en la tierra, hemos conseguido la gloria del nombre y el honor de la dignidad, y poseemos temporalmente el fruto de los trabajos espirituales; sucedemos a los apóstoles y a los varones apostólicos en la más alta responsabilidad de las Iglesias, para que, por medio de nuestro ministerio, sea destruido el imperio del pecado y de la muerte, y el edificio de Cristo, ensamblado por la fe y el progreso de las virtudes, se levante hasta formar un templo consagrado al Señor.
Ciertamente que es grande el número de los obispos. En la consagración prometimos ser solícitos en el deber de enseñar, de gobernar y de ser más diligentes en el cumplimiento de nuestra obligación, y así lo profesamos cada día con nuestra boca; pero, ¡ojalá que la fe prometida se desarrolle por el testimonio de las obras! La mies es abundante y, para recogerla y almacenarla en el granero del Señor, no sería suficiente ni uno ni pocos obispos.
¿Quién se atreve a dudar de que la Iglesia de Roma es la cabeza de todas las Iglesias y la fuente de la doctrina católica? ¿Quién ignora que las llaves del reino de los cielos fueron entregadas a Pedro? ¿Acaso no se edifica toda la Iglesia sobre la fe y la doctrina de Pedro, hasta que lleguemos todos al hombre perfecto en la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios?
Es necesario, sin duda, que sean muchos los que planten, muchos los que rieguen, pues lo exige el avance de la predicación y el crecimiento de los pueblos. El mismo pueblo del antiguo Testamento, que tenía un solo altar necesitaba de muchos servidores; ahora, cuando han llegado los gentiles, a quienes no sería suficiente para sus inmolaciones toda la leña del Líbano y para sus holocaustos no sólo los animales del Líbano, sino, incluso, los de toda Judea, será mucho más necesario la pluralidad de ministros.
Sea quien fuere el que planta y el que riega, Dios no da crecimiento sino a aquel que planta y riega sobre la fe de Pedro y sigue su doctrina.
Pedro es quien ha de pronunciarse sobre las causas más graves, que deben ser examinadas por el pontífice romano, y por los magistrados de la santa madre Iglesia que él designa, ya que, en cuanto participan de su solicitud, ejercen la potestad que se les confía.
Recordad, finalmente, cómo se salvaron nuestros padres, cómo y en medio de cuántas tribulaciones fue creciendo la Iglesia; de qué tempestades salió incólume la nave de Pedro, que tiene a Cristo como timonel; cómo nuestros antepasados recibieron su galardón y cómo su fe se manifestó más brillante en medio de la tribulación.
Éste fue el destino de todos los santos, para que se cumpla aquello de que nadie recibe el premio si no compite conforme al reglamento.
Responsorio
R. El Señor te coronó con la corona de justicia: * te vistió con un vestido
de gloria; en ti habita Dios, el Santo de Israel.
V. Has combatido bien
tu combate, has corrido hasta la meta; ahora te aguarda la corona merecida.
R. El
Señor te vistió con un vestido de gloria; en ti habita Dios, el Santo de
Israel.
ANTÍFONAS DEL CÁNTICO EVANGÉLICO
Laudes: El que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna.
Vísperas: Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han encontrado descanso eterno.
Oración
Señor, tú que concediste a tu santo obispo y mártir Tomás Becket una gran fortaleza de ánimo para que sacrificara su vida por defender la justicia y la libertad de la Iglesia, concédenos, por su intercesión, estar dispuestos a entregar nuestra vida por Cristo en este mundo, para que podamos volver a encontrarla para siempre en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 31 DE DICIEMBRE
SAN SILVESTRE I,
papa
Para la conmemoración
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea, obispo
(Lib. 10,1-3: PG 20, 842-847)
LA PAZ DE CONSTANTINO
A Dios todopoderoso y rey del universo, gracias por todas las cosas; y también gracias plenas a Jesucristo salvador y redentor de nuestras almas, por quien rogamos que se conserve perfectamente nuestra paz firme y estable, libre de los peligros exteriores y de todas las perturbaciones y adversas disposiciones del espíritu.
El día sereno y claro, no oscurecido por ninguna nube, iluminaba, con su luz celeste, las Iglesias de Cristo, difundidas por todo el mundo. Incluso aquellos que no participaban en nuestra comunión gozaban, si no tan plenamente como nosotros, al menos de algún modo, de los bienes que Dios nos había concedido.
Para nosotros, los que hemos colocado nuestra esperanza en Cristo, una alegría indescriptible y un gozo divino iluminaba nuestros rostros, al contemplar cómo todos aquellos lugares que habían sido arrasados por la impiedad de los tiranos revivían como si resurgieran de una larga y mortal devastación. Veíamos los templos levantarse de sus ruinas hasta una altura infinita y resplandecer con un culto y un esplendor mucho mayor que el de aquellos que habían sido destruidos.
Además, se nos ofrecía el espectáculo, deseado y anhelado, de las fiestas de dedicación en todas las ciudades y de consagración de iglesias recientemente construidas.
Para estas festividades, concurrían numerosos obispos y peregrinos innumerables, venidos de todas partes, incluso de las más lejanas regiones; se manifestaban los sentimientos de amistad y caridad de unos pueblos con otros. Ya que todos los miembros del cuerpo de Cristo se unían en una idéntica armonía.
Era el cumplimiento del anuncio profético, que, con antelación y de una manera recóndita, predecía lo que había de suceder: Los huesos se juntaron hueso con hueso, y también de otras muchas palabras proféticas oscuramente enigmáticas.
La misma fuerza del Espíritu divino circulaba por todos los miembros; todos pensaban y sentían lo mismo; idéntico ardor en la fe, y única la armonía para glorificar a Dios.
Los obispos celebraban solemnes ceremonias, y los sacerdotes ofrecían los puros sacrificios, conforme a los augustos ritos de la Iglesia; se cantaban los salmos, se escuchaban las palabras que Dios nos ha transmitido, se ejecutaban los divinos y arcanos ministerios, y se comunicaban los místicos símbolos de la pasión salvadora.
Una festiva multitud de gente de toda edad y sexo glorificaba a Dios, autor de todos los bienes, con oraciones y acciones de gracias.
Responsorio Col 3, 15; Ga 3, 28; Sal 149, 1
R. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a
ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo; y vivid siempre agradecidos,
* pues todos
sois uno en Cristo Jesús.
V. Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la
asamblea de los fieles.
R. Pues todos sois uno en Cristo Jesús.
Laudes
CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. No sois vosotros los que
habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros.
Oración
Ven, Señor, en ayuda de este pueblo, que confía en la intercesión del papa san Silvestre, y haz que, viviendo esta fugaz vida terrena de acuerdo con tu voluntad, alcancemos, al final de nuestros días, la felicidad de una vida sin fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
Salmo
94
INVITACIÓN A LA ALABANZA
DIVINA
Animaos unos a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb
3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que
nos salva;
+ entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con
cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos
los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las
cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra
firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor,
creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el
rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón
como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros
padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis
obras».
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y
dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi
descanso.»
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un canto de victoria.
(S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios
con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna,
su fidelidad por
todas las edades.»
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta salvación de Dios ha sido enviada
a los gentiles. (Hch
28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe.
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren ante Cristo
que como hombre sube al cielo. (S. Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en
los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición
del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
HIMNOS DE LA HORA MEDIA
Tercia
- Sexta
- Nona
Oh Santo Espíritu, que
con el Padre
y el Hijo eres un solo Dios eterno:
dígnate ya bajar hasta
nosotros
y entrar y derramarte en nuestros pechos.
Que la mente, la
lengua y el sentido
den testimonio de tu nombre excelso,
y que las llamas
del amor despunten,
y que al prójimo abrasen con su fuego.
Escúchanos, oh Padre
piadosísimo,
y haz que se cumpla nuestro deseo,
tú que reinas sin tiempo
con tu Hijo
Jesucristo y el Santo Paracleto. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
El trabajo, Señor, de
cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en
alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.
Paciente y larga es
nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del
alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.
En el alto gozoso del
camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don
divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
En los domingos:
Cuando la luz del día
está en su cumbre,
eres, Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y
en la esperanza
celebran ya la fiesta de la Vida.
Eres resurrección,
palabra y prenda
de ser y de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas
nuestras vidas,
serán en ti cosecha para siempre.
Ven ya, Señor Jesús,
Salvador nuestro,
de tu radiante luz llena este día,
camino de alegría y
de esperanza,
cabal acontecer de nueva vida.
Concédenos, oh Padre
omnipotente,
por tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
vivir ahora el fuego
de tu Espíritu,
haciendo de esta. tierra un cielo nuevo. Amén.
O bien:
Este mundo del hombre,
en que él se afana
tras la felicidad que tanto ansía,
tú lo vistes, Señor,
de luz temprana
y de radiante sol al mediodía.
Así el poder de tu
presencia encierra
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una
nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin medida.
Poderoso Señor de
nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente;
tu luz resplandeciente
y tu victoria
inunden nuestra vida eternamente. Amén.
O bien:
Oh Señor, Dios eterno
y bondadoso,
tú diriges los tiempos y la vida;
son por ti luminosas las
mañanas,
con tu sol das el fuego al mediodía.
Que tu paz se derrame
en nuestras almas
y que apague el ardor de la discordia;
que descansen los
cuerpos fatigados,
anhelando el reposo de tu gloria.
Tu amistad danos,
Padre omnipotente,
sea Cristo la senda que sigamos,
ilumine el Espíritu el
desierto
en que todos a ti peregrinamos. Amén.
Fundamento de todo lo
que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que
prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.
Mira al hombre que es
fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y
servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre,
ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce
brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
O bien:
Oh Dios, tenaz vigor
de toda cosa,
que inmóvil en ti mismo permaneces,
y que el orden del
tiempo determinas
por medio de la luz que nace y muere.
Dígnate concedernos en
la tarde,
Luz con que nuestra vida nunca cese,
y haz que el bien infinito
de la gloria
siga a la gracia de una santa muerte.
Glorificado seas,
Jesucristo,
nacido del más puro y santo vientre,
y que sean también
glorificados
el Padre y el Espíritu por siempre. Amén.
Señor, Dios eterno,
alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te
aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin
cesar:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo;
llenos
están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor,
te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los
mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra
del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de
esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas
de la gloria.
Tú vives ahora, inmortal y glorioso,
en el reino del
Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues,
amigo y defensor de los hombres que
salvaste.
y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y
elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice a tu heredad.
Sé su pastor, y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre
jamás.
Dígnate, Señor, guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de
nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
Te Deum laudamus; * te Dominum confitemur.
Te æternum
Patrem, * omnis terra veneratur.
Tibi omnes angeli, *
tibi cæli et universæ potestates;
tibi cherubim
et seraphim *
incessabili voce
proclamant:
Sanctus, * Sanctus, * Sanctus *
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt cæli et terra * maiestatis gloriæ
tuæ.
Te gloriosus * Apostolorum chorus,
te prophetarum *
laudabilis numerus,
te martyrum candidatus * laudat exercitus.
Te per
orbem terrarum * sancta confitetur Ecclesia,
Patrem * immensæ
maiestatis;
venerandum tuum verum * et unicum Filium;
Sanctum quoque *
Paraclitum Spiritum.
Tu rex gloriæ, * Christe.
Tu Patris * sempiternus es
Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem, *
non horruisti Virginis uterum.
Tu, devicto mortis aculeo,
*
aperuisti credentibus regna cælorum.
Tu ad
dexteram Dei sedes * in gloria Patris.
Iudex crederis * esse venturus.
Te
ergo quæsumus, tuis famulis subveni, *
quos pretioso
sanguine redemisti.
Æterna fac cum sanctis tuis * in gloria
numerari.
Hæc última pars hymni ad libitum omitti potest.
Salvum fac populum tuum, Domine, *
et benedic hæreditati tuæ.
Et rege eos, * et extolle illos usque in
æternum.
Per singulos dies * benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in
sæculum, *
et in sæculum sæculi.
Dignare, Domine,
die isto *
sine peccato nos custodire.
Miserere
nostri, Domine, * miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
*
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine,
speravi, *
non confundar in æternum.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el
Poderoso
ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su
misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de
corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide
vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham
y su
descendencia por siempre.
Magnificat *
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus *
in Deo salvatore meo,
quia respexit humilitatem
ancillæ suæ,
*
ecce enim ex hoc beatam me
dicent
omnes
generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
*
et sanctum nomen eius,
et misericordia eius in
progenies et progenies *
timentibus eum.
Fecit potentiam in bracchio suo,
*
dispersit superbos mente cordis sui;
deposuit
potentes de sede *
et exaltavit
humiles;
esurientes implevit bonis *
et divites
dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum,
*
recordatus misericordiæ,
sicut
locutus est ad patres nostros, *
Abraham en semini
eius in sæcula.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y
redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa
de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de
sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la
mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que
tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que
juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de
los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su
presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás
delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la
salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el
sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en
sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la
paz.
Benedictus Dominus Deus Israel, *
quia visitavit et fecit redemptionem plebi suæ
et erexit cornu salutis nobis *
in domo
David pueri sui,
sicut locutus est per os sanctorum, *
qui a sæculo sunt, prophetarum eius,
salutem ex
inimicis nostris *
et de manu omnium, qui oderunt
nos;
ad faciendam misericordiam
cum patribus nostris
*
et memorari testamenti sui sancti,
iusiurandum,
quod iuravit ad Abraham
patrem nostrum, *
daturum se nobis,
ut sine timore, de manu
inimicorum liberati, *
serviamus illi
in
sanctitate et iustitia coram ipso *
omnibus diebus
nostris.
Et tu, puer, propheta Altissimi vocaberis: *
præibis enim ante faciem Domini
parare vias
eius,
ad dandam scientiam salutis plebi eius *
in remissionem peccatorum eorum,
per viscera misericordiæ Dei nostri, *
in quibus visitabit nos oriens ex
alto,
illuminare his, qui in tenebris
et in umbra mortis
sedent *
ad dirigendos pedes nostros in viam
pacis.
Serie I
Salmo 119
DESEO DE LA
PAZ
Estad firmes en la tribulación,
sed asiduos en la oración. (Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé
al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a
mandar Dios, lengua traidora?
Flechas de arquero,
afiladas con ascuas de
retama.
¡Ay de mí, desterrado
en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo con los que odian
la paz;
cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra».
Salmo 120
EL GUARDIÁN
DE ISRAEL
No tendrán hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno
(Ap 7, 16)
Levanto mis ojos a los
montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que
resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El Señor te guarda a
su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la
luna de noche.
El Señor te guarda de
todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Salmo 121
LA CIUDAD
SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo,
Jerusalén
del cielo. (Hb 12, 22)
¡Qué alegría cuando me
dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del
Señor,
según la costumbre de
Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de
justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a
Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y
compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor,
nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Salmo 122
EL SEÑOR,
ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos. . . se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de
nosotros,
Hijo de David. » (Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de
la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos en
el Señor,
Dios nuestro, esperando su misericordia.
Misericordia, Señor,
misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está
saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los
orgullosos.
Salmo 123
NUESTRO
AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo a Pablo: «No temas. .
que yo estoy contigo.» (Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían
tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado
las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado
hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que
no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida
como
un pájaro de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el
nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 124
EL SEÑOR
VELA POR SU PUEBLO
La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6,16)
Los que confían en el
Señor
son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada
de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
No pesará el cetro de
los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos
extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes
a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas
tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Salmo 125
DIOS,
ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió
la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles
decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande
con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie
nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con
lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Salmo 126
EL ESFUERZO
HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no
construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no
guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que
madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros
sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el
Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son
saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que
llena con ellas su aljaba:
no quedará derrotado
cuando litigue con su
adversario en la plaza.
Salmo 127
PAZ
DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme
al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de
tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como
renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición
del
hombre que teme al Señor.
Que el Señor te
bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días
de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!
SALMOS PARA LAS LAUDES DE LAS SOLEMNIDADES Y FIESTAS
Madruga por Dios todo el que rechaza
las obras de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi
alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca,
agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu
fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis
labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos
invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán
jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito
en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con
júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Alabad al Señor sus siervos todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al
Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos,
bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos
del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del
cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos
todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y
heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y
hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y
día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y
nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con
himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto
germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos,
bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del
cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo
con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al
Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al
Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y
espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid
al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al
Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del
cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Los hijos de la Iglesia, nuevo pueblo de
Dios,
se alegran en su Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su
alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su
Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con
tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la
victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten
jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos
en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el
castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles
con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para
todos sus fieles.
Dedicación de una iglesia
Santísima
Virgen María
S.
M. en sábado
Apóstoles
Mártires
Pastores
Doctores
de la Iglesia
Vírgenes
Santos
Varones
Santas
Mujeres
Religiosos
Oficio
de difuntos
HIMNO
Alta ciudad de piedras
vivas,
Jerusalén;
visión de paz y cielos nuevos,
ciudad del
Rey.
Tus puertas se abren jubilosas,
visión de
paz,
y penetran los ríos de tus santos
hasta el altar.
Baluartes y murallas de oro,
Jerusalén;
tus
calles, gemas y zafiros,
ciudad del Rey.
Jerusalén, Iglesia viva
de eternidad;
hacia
ti caminan los hombres,
sin descansar.
Alta ciudad del Cristo vivo,
que es nuestro
hogar,
al que volveremos, ya cansados
de caminar.
Cielos nuevos y tierra
nueva,
Jerusalén;
morada de Dios Trino y Uno.
Amén, amén.
SALMODIA
Antífona 1
Fuera del tiempo de Cuaresma: En las plazas de Jerusalén reina la alegría y en sus casas resuena el canto de gozo: "Aleluya".
Tiempo de Cuaresma: En el templo del Señor resuena un grito unánime: "Gloria".
Salmo 146
PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra
alabanza.
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los
deportados de Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus
heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una
la llama por su nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
sabiduría no
tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a
los malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la
cítara para nuestro Dios,
cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia
para la tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los
que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de
cuervo que graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima
los músculos del hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su
misericordia.
Se puede repetir la antífona.
Antífona 2
El Señor ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. (T. P. Aleluya)
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu
Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a
tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor
de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y palabra
corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío
congela las aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y
mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Se puede repetir la antífona.
Antífona 3
Fuera del tiempo de Cuaresma: En la ciudad de Dios se alegra la muchedumbre de los santos y los ángeles cantan himnos de júbilo ante el trono de Dios. Aleluya.
Cántico (Ap. 19, 1-2. 5-7)
LAS BODAS DEL
CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y
justos.
R. Aleluya, ( aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos
todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya,
( aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle
gracias.
R. Aleluya, ( aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R.
Aleluya.)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, ( aleluya).
Se puede repetir la antífona.
Tiempo de Cuaresma: Gloria a ti, Señor, en la Iglesia y en Cristo Jesús.
Cántico (Cf. Col 1, 12-20 )
HIMNO A CRISTO,
PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho
capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las
tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya
sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de
toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las
cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en
él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el
principio,
el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en
todo,
Porque en él quiso Dios que residiera toda
plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la
paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la
tierra.
Se puede repetir la antífona.
LECTURA BREVE (Ef 2, 19-22)
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. La santidad, Señor, es el adorno de tu
casa.
R. La
santidad, Señor, es el adorno de tu casa.
V. Por días sin
término.
R.
Es el adorno de tu casa.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
La santidad, Señor, es el adorno de tu casa.
Tiempo pascual:
V. La santidad, Señor, es el adorno de tu casa. Aleluya,
aleluya.
R.
La santidad, Señor, es el adorno de tu casa. Aleluya, aleluya.
V. Por días sin
término.
R.
Aleluya, aleluya.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
La santidad, Señor, es el adorno de tu casa. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Gozad con Jerusalén, todos los que la amáis, y alegraos por siempre más de su alegría. (T. P. Aleluya)
PRECES
Oremos, hermanos, a nuestro Salvador, que dio su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos, y digámosle:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Señor Jesús, que cimentaste tu casa en la
roca,
confirma y robustece la fe y la
esperanza de tu Iglesia.
Señor Jesús, de cuyo costado salió sangre y
agua,
renueva la Iglesia con los sacramentos
de la nueva y eterna alianza.
Señor Jesús, que estás en medio de los que se
reúnen en tu nombre,
atiende la oración
unánime de tu Iglesia congregada.
Señor Jesús, que con el Padre haces morada en los
que te aman,
perfecciona a tu Iglesia por la
caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor Jesús, que no echas fuera a ninguno de los
que vienen a ti,
acoge a todos los difuntos en
la mansión del Padre.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Cuando el Oficio se celebra en la misma iglesia
consagrada:
Señor, tú que nos haces revivir
cada año el día de la consagración de esta iglesia: escucha la súplicas de tu
pueblo y concédenos que, en este lugar, sepamos ofrecerte siempre un servicio
digno y obtengamos de ti una redención cada vez más plena. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
Cuando el Oficio se celebra fuera de la iglesia
consagrada:
Señor, tú que con piedras vivas
y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el
Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de
Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Señor,
Dios nuestro, que has congregado tu Iglesia y has hecho de ella el cuerpo de tu
Hijo: haz que tu pueblo, reunido en tu nombre, te venere, te ame, te siga y,
llevado por ti, alcance el reino que le tienes prometido. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
Antífona: Congregados en la casa de Dios, adoremos a Cristo, esposo de la Iglesia.
O bien:
Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.
HIMNO
Nueva Jerusalén y ciudad santa,
nuevo Israel,
nueva morada
de la comunidad de Dios en Cristo edificada,
Iglesia santa.
Esposa engalanada, con Cristo desposada
por
obra del Espíritu en sólida alianza,
divino hogar, fuego de Dios que al
mundo inflama,
Iglesia santa.
Edén de Dios y nuevo paraíso,
donde el nuevo
Adán recrea a sus hermanos,
donde el «no» del pecador, por pura gracia,
el «sí» eterno de amor de Dios alcanza,
Iglesia santa.
Adoremos a Dios omnipotente y a su Espíritu,
que en el Hijo Jesús, Señor constituido,
del hombre que ha caído raza de
Dios levanta,
Iglesia santa. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.
Cuando el salmo 23 se ha dicho en el Invitatorio, aquí se dice el salmo 94.
Salmo 23
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el
orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó
sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién
puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése
recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene
a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos,
puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor,
héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos,
puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios
de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.
Ant. 2. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! †
Salmo 83
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los
ejércitos!
† Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la
golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de
los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote
siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su
peregrinación.
Cuando atraviesan áridos valles,
los
convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de
bendiciones;
caminan de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira
el rostro de tu Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la
gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta
intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que
confía en ti!
Ant. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Ant. 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el
Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de
Dios!
"Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos,
tirios y etíopes
han nacido allí".
Se dirá de Sión: "uno por uno
todos han nacido
en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado".
El Señor escribirá en el registro de los
pueblos:
"Éste ha nacido allí".
Y cantarán mientras danzan:
«Todas
mis fuentes están en ti.»
Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
V. Me postraré
hacia tu santuario.
R. Daré gracias a tu nombre, Señor.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pedro 2, 1-17
COMO PIEDRAS VIVAS, ENTRÁIS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DEL ESPÍRITU
Hermanos: Después de haberos despojado de oda maldad y de toda falsedad, de las hipocresías y envidias, y de toda clase de murmuración, apeteced, como niños recién nacidos, la leche pura espiritual. Con ella podréis crecer hasta alcanzar la salvación, si es que realmente habéis saboreado lo bueno que es el Señor.
Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por eso se lee en la Escritura: «Ved que pongo en Sión una piedra angular escogida y preciosa. Y quien tenga fe en ella no será defraudado.»
Por consiguiente, a vosotros, que tenéis fe, os corresponde el honor; mas, para los que no tienen fe, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y ha venido a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo». Y tropiezan en ella porque no tienen fe en la palabra de Cristo, para la cual estaban destinados.
Vosotros, en cambio, sois «linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa». Vosotros, que en otro tiempo «njo erais pueblo», sois ahora «pueblo de Dios»; vosotros, que estabais «excluidos de la misericordia», sois ahora «objeto de la misericordia de Dios».
Hermanos, os exhorto a que, como forasteros y peregrinos que sois, os abstengáis de las pasiones terrenas que hacen guerra al alma. Observad entre los gentiles una conducta ejemplar. Así, por aquello mismo en que os calumnian como a malhechores, darán gloria a Dios, cuando vean y consideren vuestras buenas obras, el día en que él venga a «visitarlos» con su gracia.
Sed sumisos a toda humana autoridad a causa del Señor: ya sea al soberano, en cuanto que tiene el mando; o bien a los gobernadores, como delegados suyos que son para castigar a los malhechores y para alabanza de los hombres de bien. Porque ésta es la voluntad de Dios: que, obrando el bien, hagáis callar a la ignorancia de los hombres insensatos. Portaos en esto como hombres libres, no como quienes se sirven de la libertad sólo para ocultar su maldad, sino como conviene a los que son siervos de Dios. Sed deferentes con todos, amad a vuestros hermanos, temed a Dios y honrad al soberano.
Responsorio Tb 13, 21; Ap 21, 19-21
R. Las
murallas de Jerusalén serán adornadas con piedras preciosas. * Y sus torres serán
batidas con oro.
V. Las puertas de Jerusalén serán rehechas con zafiros y
esmeraldas, y con piedras preciosas sus murallas.
R. Y sus torres
serán batidas con oro.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro de Josué
(Homilía 9, 1-2: SC 71, 244-246)
SOMOS EDIFICADOS A MANERA DE PIEDRAS VIVAS COMO CASA Y ALTAR DE DIOS
Todos los que creemos en Cristo Jesús somos llamados piedras vivas, de acuerdo con lo que afirma la Escritura: Vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Cuando se trata de piedras materiales, sabemos que se tiene cuidado de colocar en los cimientos las piedras más sólidas y resistentes con el fin de que todo el peso del edificio pueda descansar con seguridad sobre ellas. Hay que entender que esto se aplica también a las piedras vivas, de las cuales algunas son como cimiento del edificio espiritual. ¿Cuáles son estas piedras que se colocan como cimiento? Los apóstoles y profetas. Así lo afirma Pablo cuando nos dice: Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.
Para que te prepares con mayor interés, tú que me escuchas, a la construcción de este edificio, para que seas una de las piedras próximas a los cimientos, debes saber que es Cristo mismo el cimiento de este edificio que estamos describiendo. Así lo afirma el apóstol Pablo: Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¡Bienaventurados, pues, aquellos que construyen edificios espirituales sobre cimiento tan noble!
Pero en este edificio de la Iglesia conviene también que haya un altar. Ahora bien, yo creo que son capaces de llegar a serlo todos aquellos que, entre vosotros, piedras vivas, están dispuestos a dedicarse a la oración, para ofrecer a Dios día y noche sus intercesiones, y a inmolarle las víctimas de sus súplicas; ésos son, en efecto, aquellos con los que Jesús edifica su altar.
Considera, pues, qué alabanza se tributa a las piedras del altar. La Escritura afirma que se construyó, según está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras sin labrar, a las que no había tocado el hierro. ¿Cuáles, piensas tú, que son estas piedras sin labrar? Quizá estas piedras sin labrar y sin mancha sean los santos apóstoles, quienes, por su unanimidad y su concordia, formaron como un único altar. Pues se nos dice, en efecto, que todos ellos perseveraban unánimes en la oración, y que abriendo sus labios decían: Señor, tú penetras el corazón de todos. Ellos, por tanto, que oraban concordes con una misma voz y un mismo espíritu, son dignos de formar un único altar sobre el que Jesús ofrezca su sacrificio al Padre.
Pero nosotros también, por nuestra parte, debemos esforzarnos por tener todos un mismo pensar y un mismo sentir, no obrando por envidia ni por ostentación, sino permaneciendo en el mismo espíritu y en los mismos sentimientos, con el fin de que también nosotros podamos llegar a ser piedras aptas para la construcción del altar.
Responsorio Cf. Is 2, 2. 3; Sal 125, 6
R. La casa del Señor está firme en la cima de los montes,
encumbrada sobre todas las montañas. *
Hacia ella caminarán pueblos numerosos y
dirán: «Gloria a ti, Señor».
V.
Al volver, vuelven cantando, trayendo sus
gavillas.
R. Hacia ella caminarán pueblos numerosos y dirán: «Gloria a
ti, Señor».
O bien esta otra:
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 336, 1. 6: PL 38 [ed. 1861], 1471-1472. 1475)
EDIFICACIÓN Y CONSAGRACIÓN DE LA CASA DE DIOS EN NOSOTROS
El motivo que hoy nos congrega es la consagración de una casa de oración. Esta es la casa de nuestras oraciones, pero la casa de Dios somos nosotros mismos. Por eso nosotros, que somos la casa de Dios, nos vamos edificando durante esta vida, para ser consagrados al final de los tiempos. El edificio o, mejor dicho, la construcción del edificio exige ciertamente trabajo; la consagración, en cambio, trae consigo el gozo.
Lo que aquí se hacía, cuando se iba construyendo esta casa, sucede también cuando los creyentes se congregan en Cristo. Pues, al acceder a la fe, es como si se extrajeran de los montes y de las selvas las piedras y los troncos; y, cuando reciben la catequesis y el bautismo es como si fueran tallándose, alineándose y nivelándose por las manos de los artífices y carpinteros.
Pero no llegan a ser casa de Dios sino cuando se aglutinan en la caridad. Nadie entraría en esta casa si las piedras y los maderos no estuviesen unidos y compactos con un determinado orden, si no estuviesen bien trabados, y si la unión entre ellos no fuera tan íntima que en cierto modo puede decirse que se aman. Pues cuando ves en un edificio que las piedras y que los maderos están perfectamente unidos, entras sin miedo y no temes que se hunda.
Así, pues, porque nuestro Señor Jesucristo quería entrar en nosotros y habitar en nosotros, afirmaba, como si nos estuviera edificando: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. «Os doy —dice— un mandamiento. Antes erais hombres viejos, todavía no erais para mí una casa, yacíais en vuestra propia ruina. Para salir, pues, de la caducidad de vuestra propia ruina, amaos unos a otros».
Considerad, pues, que esta casa, como fue profetizado y prometido, debe ser edificada por todo el mundo. Cuando se construía el templo después del exilio, como se afirma en un salmo, decían: Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra. Lo que allí decía: Un cántico nuevo, el Señor lo llama: Un mandamiento nuevo. Pues ¿qué novedad posee un cántico, si no es el amor nuevo? Cantar es propio de quien ama, y la voz del cantor amante es el fervor de un amor santo.
Así, pues, lo que vemos que se realiza aquí materialmente en las paredes, hagámoslo espiritualmente en nuestras almas. Lo que consideramos como una obra perfecta en las piedras y en los maderos, ayudados por la gracia de Dios, hagamos que sea perfecto también en nuestros cuerpos.
En primer lugar, demos gracias a Dios, nuestro Señor, de quien proviene todo buen don y toda dádiva perfecta. Llenos de gozo, alabemos su bondad, pues para construir esta casa de oración ha visitado las almas de sus fieles, ha despertado su afecto, les ha concedido su ayuda, ha inspirado a los reticentes para que quieran, ha ayudado sus buenos intentos para que obren, y de esta forma Dios, que activa en los suyos el querer y la actividad según su beneplácito, él mismo ha comenzado y ha llevado a perfección todas estas cosas.
Responsorio Cf. Sal 83, 2-3. 5
R. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
* Mi alma
se consume y anhela los atrios del Señor.
V. Los que viven en
tu casa te alabarán siempre.
R.
Mi alma se consume y anhela los atrios del
Señor.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum .
La oración como en las Laudes.
HIMNO
El cielo y la tierra
celebren, aplaudan
a la
Iglesia, esposa
sin arruga y mancha.
Descienda a nosotros
la ciudad sagrada,
en
que todo es nuevo
y de rica gala.
En piedras preciosas
está cimentada,
y bien
construida
en brillos de gracia.
Las piedras preciosas
que están a su
entrada
muestran la hermosura
de esta casa santa.
Descienda a nosotros
esta santa casa,
que
hizo el Rey eterno
para su morada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Mi casa se llama casa de oración. (T. P.Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria. (T. P.Aleluya.)
Ant. 3. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles. (T. P.Aleluya.)
LECTURA BREVE (Is. 56, 7)
Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Grande es el Señor y muy digno de
alabanza.
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
V. En la ciudad de
nuestro Dios, en su monte santo.
R. Y muy digno de
alabanza.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Grande es el Señor y muy
digno de alabanza.
Tiempo pascual:
V. Grande es el Señor y muy digno de alabanza. Aleluya,
aleluya.
R.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza. Aleluya, aleluya.
V. En la ciudad de
nuestro Dios, en su monte santo.
R. Aleluya,
aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Grande es el Señor y muy
digno de alabanza. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa." Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. "Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa." (T. P.Aleluya.)
PRECES
Como piedras vivas, edificadas sobre Cristo, la piedra escogida, oremos al Padre todopoderoso por su Iglesia amada, y confesemos nuestra fe en ella diciendo:
Ésta es la casa de Dios y la puerta del cielo.
Padre del cielo, tú que eres el labrador de la
vid, guarda, purifica y acrecienta tu viña,
haciendo que sus sarmientos llenen toda la tierra.
Pastor eterno, protege y acrecienta tu
rebaño,
y haz que todas las ovejas se reúnan
en un solo redil bajo el cayado del único pastor, Jesucristo, tu
Hijo.
Sembrador todopoderoso, siembra la Palabra en tu
campo,
y haz que dé frutos del ciento por uno
para la vida eterna.
Arquitecto prudente, santifica tu familia, que es
la Iglesia,
y haz que aparezca ante el mundo
como ciudad celestial, esposa sin tacha y Jerusalén del cielo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Cuando el Oficio se celebra en la
misma iglesia consagrada:
Señor, tú que nos
haces revivir cada año el día de la consagración de esta iglesia: escucha la
súplicas de tu pueblo y concédenos que, en este lugar, sepamos ofrecerte siempre
un servicio digno y obtengamos de ti una redención cada vez más plena. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Cuando el Oficio se celebra fuera de
la iglesia consagrada:
Señor, tú que con
piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los
dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo
como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Señor, Dios nuestro, que has congregado tu Iglesia y
has hecho de ella el cuerpo de tu Hijo: haz que tu pueblo, reunido en tu nombre,
te venere, te ame, te siga y, llevado por ti, alcance el reino que le tienes
prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tercia
En la salmodia complementaria, en lugar del salmo 121, que se dice en las II Vísperas, puede tomarse el salmo 128 .
Ant. El templo del Señor es santo, es campo de Dios, es edificación de Dios.
LECTURA BREVE 1 Co 3, 16-17
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
V. Señor, yo amo la belleza de tu casa.
R. El
lugar donde reside tu gloria.
Ant. La santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término.
LECTURA BREVE 2 Co 6, 10
Nosotros somos templo del Dios vivo, como dijo Dios: «Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.»
V. Desead la paz a Jerusalén.
R. Vivan seguros
los que te aman.
Ant. Ésta es la casa del Señor, construida sólidamente sobre roca firme.
LECTURA BREVE Jr 7, 2b. 4-5a. 7a
¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por estas puertas para adorar al Señor! No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: «Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.» Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, entonces habitaré con vosotros en este lugar.
O bien:
Así dice el Señor de los ejércitos: «Pondré en movimiento todos los pueblos; vendrán las riquezas de todo el mundo, y llenaré de gloria este templo —dice el Señor de los ejércitos—. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero; y en este sitio daré la paz —oráculo del Señor de los ejércitos—.»
V. Entrad por
las puertas del Señor con acción de gracias.
R. Por sus atrios
con himnos.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Alta ciudad de piedras
vivas,
Jerusalén;
visión de paz y cielos nuevos,
ciudad del
Rey.
Tus puertas se abren jubilosas,
visión de
paz,
y penetran los ríos de tus santos
hasta el altar.
Baluartes y murallas de oro,
Jerusalén;
tus
calles, gemas y zafiros,
ciudad del Rey.
Jerusalén, Iglesia viva
de eternidad;
hacia
ti caminan los hombres,
sin descansar.
Alta ciudad del Cristo vivo,
que es nuestro
hogar,
al que volveremos, ya cansados
de caminar.
Cielos nuevos y tierra
nueva,
Jerusalén;
morada de Dios Trino y Uno.
Amén, amén.
SALMODIA
Antífona 1
El
Altísimo consagra su morada; teniendo a Dios en medio de ella, no
vacila. (T. P. Aleluya.)
Salmo 45
DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU
PUEBLO
Le pondrán por nombre Emmanuel,
que significa «Dios-con-nosotros».
(Mt 1, 23)
Dios es nuestro refugio y nuestra
fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y
los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a
los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de
Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la
socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se
rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas
que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del
orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los
escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto
que los pueblos, más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Se puede repetir la antífona.
Antífona 2
Vamos alegres a la casa del Señor. (T. P.Aleluya.)
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb 12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la
casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales,
Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien
compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el
nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio
de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los
que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus
palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La
paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Se puede repetir la antífona
Antífona 3
Fuera del tiempo de Cuaresma:
Alabad al Señor, nuestro Dios, todos sus
santos. (T. P.
Aleluya.)
Cántico (Ap. 19, 1-2. 5-7)
LAS BODAS DEL
CORDERO
Aleluya.
La salvación y la
gloria y el poder son de nuestro Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son
verdaderos y justos.
R. Aleluya, ( aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos
todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya,
( aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle
gracias.
R. Aleluya, ( aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R.
Aleluya.)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, ( aleluya).
Se puede repetir la antífona.
Tiempo de Cuaresma: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico (Ap 15, 3-4)
CANTO DE LOS
VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor,
Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu
nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron
manifiestos.
Se puede repetir la antífona.
LECTURA BREVE (Ap 21, 2-3. 22. 27)
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres, y acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos.» Pero no vi santuario alguno en ella; porque el Señor, Dios todopoderoso, y el Cordero, es su santuario. Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Dichosos, Señor, los que habitan en tu
casa.
R. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa.
V. Alabándote
siempre.
R. En tu casa.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Dichosos, Señor, los que habitan en tu
casa.
Tiempo pascual:
V. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa. Aleluya,
aleluya.
R. Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa. Aleluya,
aleluya.
V. Alabándote
siempre.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Dichosos, Señor, los que habitan en tu casa.
Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Santificó el Señor su tabernáculo, porque ésta es la casa
de Dios, donde se invoca su nombre, del cual está escrito: «Mi nombre habitará
allí», dice el Señor. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Oremos, hermanos, a nuestro Salvador, que dio su vida para reunir a los hijos de Dios dispersos, y digámosle:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Señor Jesús, que cimentaste tu casa en la
roca,
confirma y robustece la fe y la
esperanza de tu Iglesia.
Señor Jesús, de cuyo costado salió sangre y
agua,
renueva la Iglesia con los sacramentos
de la nueva y eterna alianza.
Señor Jesús, que estás en medio de los que se
reúnen en tu nombre,
atiende la oración
unánime de tu Iglesia congregada.
Señor Jesús, que con el Padre haces morada en los
que te aman,
perfecciona a tu Iglesia por la
caridad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Señor Jesús, que no echas fuera a ninguno de los
que vienen a ti,
acoge a todos los difuntos en
la mansión del Padre.
Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Cuando el Oficio se celebra en la
misma iglesia consagrada:
Señor, tú que nos
haces revivir cada año el día de la consagración de esta iglesia: escucha la
súplicas de tu pueblo y concédenos que, en este lugar, sepamos ofrecerte siempre
un servicio digno y obtengamos de ti una redención cada vez más plena. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Cuando el Oficio se celebra fuera de
la iglesia consagrada:
Señor, tú que con
piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los
dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo
como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Señor, Dios nuestro, que has congregado tu Iglesia y
has hecho de ella el cuerpo de tu Hijo: haz que tu pueblo, reunido en tu nombre,
te venere, te ame, te siga y, llevado por ti, alcance el reino que le tienes
prometido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Salve, del mar Estrella,
salve, Madre
sagrada
de Dios y siempre virgen,
puerta del cielo santa.
Tomando de Gabriel
el «Ave», Virgen
alma,
mudando el nombre de Eva,
paces divinas trata.
La vista restituye,
las cadenas
desata,
todos los males quita,
todos los bienes causa.
Muéstrate madre, y llegue
por ti nuestra
esperanza
a quien, por darnos vida,
nació de tus entrañas.
Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras
almas,
libres de culpa, infunde
virtud humilde y casta.
Vida nos presta pura,
camino firme
allana,
que quien a Jesús llega
eterno gozo alcanza.
Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu
alabanzas;
una a los tres le demos,
y siempre eternas gracias.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Dichosa eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del universo. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL
SEÑOR
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. (Lc 1, 52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su
gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva
en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la
basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su
pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de
hijos.
Se puede repetir la antífona.
Ant. 2. Engendraste al que te creó y permanecerás virgen para
siempre. (T. P. Aleluya.)
Salmo
147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. (Ap 21, 9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y palabra
corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío
congela las aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y
mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Se puede repetir la antífona.
Ant. 3. Tú eres la mujer a quien Dios ha bendecido, y por ti hemos recibido el fruto de la vida. (T. P. Aleluya.)
Cántico Ef 1, 3-10
PLAN
DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor
Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de
bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de
crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por
el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria
de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido
Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el
misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar
por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Se puede repetir la antífona.
LECTURA BREVE (Ga 4, 4-5)
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Después del
parto, ¡oh Virgen!, has permanecido intacta.
R. Después del parto, ¡oh
Virgen!, has permanecido intacta.
V. Madre de
Dios, intercede por nosotros.
R. ¡Oh Virgen!, has
permanecido intacta.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Después del parto, ¡oh Virgen!, has
permanecido intacta.
Tiempo pascual:
V. Después del
parto, ¡oh Virgen!, has permanecido intacta. Aleluya, aleluya.
R. Después del parto, ¡oh
Virgen!, has permanecido intacta. Aleluya, aleluya.
V. Madre de
Dios, intercede por nosotros.
R. Aleluya,
aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Después del parto, ¡oh Virgen!, has
permanecido intacta. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona: El Señor ha mirado mi humillación y el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. (T. P. Aleluya.)
O bien: Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Que la llena de gracia interceda por nosotros.
O bien:
Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus
obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y
alma de la gloria de Jesucristo,
haz que todos
tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su
mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los
pecadores
y a todos abundancia de salud y de
paz.
Tú que hiciste de María la llena de
gracia,
concede la abundancia de tu gracia a
todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y
una sola alma por el amor,
y que todos los
fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de
Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del
cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar
con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre nuestro.
O bien:
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso,
que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y
supliquémosle diciendo:
Que la llena de gracia
interceda por nosotros.
O bien:
Mira a la llena de
gracia y escúchanos.
Tú que hiciste de María la madre de
misericordia,
haz que los que viven en peligro
o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que encomendaste a María la misión de madre de
familia en el hogar de Jesús y de José,
haz
que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la
santidad.
Tú que fortaleciste a María cuando estaba al pie
de la cruz y la llenaste de gozo en la resurrección de su
Hijo,
levanta y robustece la esperanza de los
decaídos.
Tú que hiciste que María meditara tus palabras en
su corazón y fuera tu esclava fiel,
por su
intercesión haz de nosotros siervos fieles y discípulos dóciles de tu
Hijo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del
cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar
con todos los santos la felicidad de tu reino.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente:
Padre nuestro.
Oración
Se dice la
oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Tiempo ordinario:
Señor Dios todopoderoso, haz que, por la intercesión de
santa María, la Virgen, nosotros, tus hijos, gocemos de plena salud de alma y
cuerpo, vivamos alegres en medio de las dificultades del mundo y alcancemos la
felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Perdona, Señor, las culpas de tus fieles y haz que
quienes no logramos agradarte con nuestros actos seamos salvados por la
intercesión de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina
contigo.
O bien:
Ven en
ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordar hoy a
la Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Que
venga en nuestra ayuda, Señor, la poderosa intercesión de la Virgen María; así
nos veremos libres de todo peligro y gozaremos de tu paz. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Concédenos, Señor, la valiosa intercesión de la Virgen
María, cuya gloriosa memoria hoy celebramos, y danos parte en los dones de tu
amor por la intercesión de aquella a la que hiciste llena de gracia. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Te
pedimos, Señor, que la maternal intercesión de la Madre de tu Hijo libre de los
males del mundo y conduzca a los gozos de tu reino a los fieles que se alegran
al saberse protegidos por la Virgen María. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Tiempo de Adviento:
Señor, Dios nuestro, que ante el anuncio del ángel
quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de la Virgen María, escucha
nuestras súplicas, y haz que sintamos la ayuda de María pues creemos que ella es
la verdadera madre de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.
Tiempo de Navidad:
Señor, Dios nuestro, que por la maternidad virginal de
María has dado a los hombres los tesoros de la salvación, haz que sintamos la
intercesión de la Virgen Madre, pues por ella recibimos ya al autor de la vida,
Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Que vive y reina contigo.
Tiempo de Cuaresma:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el
anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos
por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor
Jesucristo.
O bien:
Perdona, Señor, los pecados de tus fieles y, ya que
nuestros actos no pueden complacerte, sálvanos por intercesión de la Madre de tu
Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Tiempo pascual:
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión
de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
O bien:
Dios
todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en
oración con María, la Madre de Jesús, concédenos, por intercesión de la Virgen,
entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con
testimonio de palabra y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Ant.: Venid, adoremos a
Cristo, Hijo de María Virgen.
O bien:
Aclamemos al Señor en esta
conmemoración de María Virgen
HIMNO
Lucero de la mañana,
norte que muestra el
camino,
cuando turba de continuo
nuestro mar la tramontana.
Quien tanta
grandeza explica
sin alas puede volar,
porque no podrá alabar
a la que
es más santa y rica.
Sois pastora de tal suerte,
que asegurais los
rebaños
de mortandades y daños,
dando al lobo cruda muerte.
Dais vida a
quien se os aplica,
y en los cielos y en la tierra
librais las almas de
guerra,
como poderosa y rica.
Si vuestro ejemplo tomasen
las pastoras y
pastores,
yo fío que de dolores
para siempre se librasen.
Tanto Dios se
os comunica,
que sin fin os alabamos,
y más cuando os contemplamos
en
el mundo la más rica. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: María ha recibido la bendición del Señor y la misericordia de Dios, su salvador. (T. P. Aleluya.)
Salmo 23
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el
orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó
sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién
puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro
corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en
falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de
salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene
a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos,
puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe
valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos,
puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios
de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1: María ha recibido la bendición del Señor y la misericordia de Dios, su salvador. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: El Altísimo consagra su morada. (T. P. Aleluya.)
Salmo 45
Dios es nuestro refugio y nuestra
fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y
los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a
los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de
Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la
socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se
rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas
que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del
orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los
escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto
que los pueblos, más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con
nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 2: El Altísimo consagra su morada. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María! (T. P. Aleluya.)
Salmo 86
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el
Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de
Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios
y etíopes han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en
ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los
pueblos:
«Éste ha nacido allí.» y cantarán mientras danzan:
«Todas mis
fuentes están en ti.»
Ant. 3: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María! (T. P. Aleluya.)
V. María
conservaba todas estas cosas. (T. P. Aleluya.)
R. Meditándolas en su
corazón. (T. P. Aleluya.)
PRIMERA LECTURA
Tiempo de Adviento, Navidad y Cuaresma:
Del primer libro de las Crónicas 17, 1-15
PROFECÍA SOBRE EL HIJO DE DAVID
En aquellos días, morando ya
David en su casa, dijo a Natán, profeta:
«Mira, yo habito
en una casa de cedro, mientras el arca de la alianza del Señor está bajo
pieles.»
Respondió Natán a David:
«Haz todo cuanto tienes en tu corazón, porque Dios está contigo.» Pero aquella
misma noche vino la palabra de Dios a Natán en estos
términos:
«Vete y di a mi siervo
David:
"Así dice el Señor: No serás tú quien me edifique
casa para que habite yo en ella. Pues no he habitado en casa alguna desde el día
en que hice subir a los hijos de Israel hasta el día de hoy; sino que he andado
de tienda en tienda y de morada en morada. En todo el tiempo que he ido de un
lado para otro con todo Israel, ¿he dicho acaso a alguno de los jueces de
Israel, a los que mandé me apacentaran a mi pueblo: 'Por qué no me edificáis una
casa de cedro'?"
Di, pues, esto a mi siervo
David:
"Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te he
sacado del campo, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo
Israel. He estado contigo en todas tus empresas, he eliminado a todos tus
enemigos de delante de ti y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los
grandes de la tierra. Fijaré un lugar a mi pueblo Israel, y lo plantaré allí
para que more en él; no será ya perturbado, y los malhechores no seguirán
oprimiéndolo como al principio, y como en los días en que instituí jueces sobre
mi pueblo Israel. Someteré a todos tus enemigos. Yate haré grande y el Señor te
edificará una casa. Cuando se cumplan tus días para ir con tus padres, afirmaré
después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré su reino.
Él me edificará una casa y yo afirmaré su trono para siempre. Yo seré para él un
padre, y él será para mí un hijo, y no apartaré de él mi amor, como lo aparté de
aquel que fue antes de ti. Yo lo estableceré en mi casa y en mi reino para
siempre, y su trono estará firme eternamente."»
Conforme a
todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, habló Natán a
David.
Responsorio
R. Dichosa eres,
Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del universo. * Engendraste al que te
creó y permaneces virgen para siempre.
V. Alégrate, María, llena
de gracia, el Señor está contigo.
R. Engendraste al que te
creó y permaneces virgen para siempre.
Tiempo pascual:
Del libro del Apocalipsis 11, 19-12, 17
LA GRAN SEÑAL DE LA MUJER EN EL CIELO
En aquellos días, se abrió el
santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el santuario,
y se produjeron relámpagos, fragor de truenos, temblor de tierra y fuerte
granizada. Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con
la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está
encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz.
Apareció otra señal en el cielo: una gran Serpiente roja, con siete cabezas y
diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera
parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. La Serpiente
se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en
cuanto lo diera a luz.
La Mujer dio a luz un Hijo varón,
el que ha de regir todas las naciones con cetro de hierro; y su Hijo fue
arrebatado hasta Dios y hasta su trono. La Mujer huyó al desierto, donde tiene
un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada mil doscientos sesenta
días.
Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel
y sus ángeles combatieron con la Serpiente. También la Serpiente y sus ángeles
combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.
Fue arrojada la gran Serpiente, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y
Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojada a la tierra y sus ángeles
fueron arrojados con ella.
Oí entonces una fuerte voz que
decía en el cielo:
«Ahora se estableció la salud y el
poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo; porque fue
precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante nuestro
Dios día y noche. Ellos lo vencieron en virtud de la sangre del Cordero y por la
palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la
muerte. Por esto, estad alegres, cielos, y los que moráis en sus tiendas. ¡Ay de
la tierra y del mar!, porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor,
sabiendo que le queda poco tiempo.»
Cuando la Serpiente
vio que había sido arrojada a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a
luz al Hijo varón. pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande
para volar al desierto, a su lugar, lejos de la Serpiente, donde tiene que ser
alimentada un tiempo, algunos tiempos y medio tiempo.
Entonces la Serpiente vomitó de su boca detrás de la Mujer como un río de agua,
para arrastrada con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer;
abrió la tierra su boca y tragó al río vomitado de la boca de la Serpiente.
Entonces, despechada la Serpiente contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al
resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el
testimonio de Jesús.
Responsorio 1Co 15, 54. 57; Ap 12, 1
R. Cuando esto
mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La
muerte ha sido absorbida en la victoria.» * Demos gracias a Dios, que
nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.
V. Una gran señal apareció
en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona
de doce estrellas sobre su cabeza.
R. Demos gracias a Dios,
que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.
Tiempo ordinario
Del libro del profeta Isaías 7, 10-14; 8, 10; 11, 1-9
EL EMMANUEL REY PACIFICO
En aquellos días, habló el
Señor a Ajaz, diciendo:
«Pide una señal al Señor, tu Dios:
en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió
Ajaz:
«No la pido, no quiero tentar al
Señor.»
Entonces dijo Isaías:
«Escucha, heredero de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis
incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará él mismo una señal.
Mirad: la joven ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre
Emmanuel, porque tenemos a Dios-con-nosotros.
Saldrá un
renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará
el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de
consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del
Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de
oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus
labios. La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de
sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, y la pantera
se echará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: y un niño pequeño
los conducirá. La vaca pastará con el oso, sus crías yacerán juntas; el león
comerá paja con el buey. El niño jugará junto al agujero del áspid, la criatura
meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. Nadie hará daño ni estrago por
todo mi Monte Santo: porque estará lleno el país de ciencia del Señor, como las
aguas colman el mar.»
Responsorio Cf. 1s 7, 14; cf. 9, 6. 7
R. Mirad: la joven
ha concebido y dará a luz un hijo, * y tendrá por nombre «Consejero admirable» y «Dios
poderoso».
V. Se sentará sobre el trono de David y reinará para
siempre.
R.
Y tendrá por nombre «Consejero admirable» y «Dios poderoso».
o bien esta otra:
De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3, 22-4, 7
POR LA FE, SOMOS HIJOS Y HEREDEROS DE DIOS
Hermanos: La Escritura ha
declarado que todos los hombres son culpables de pecado, para que así la promesa
se concediese a los creyentes, por su fe en Jesucristo.
Antes de venir la economía de la fe, estábamos encerrados bajo la custodia de la
ley, en espera de la fe que había de revelarse. De este modo la ley fue nuestro
ayo para llevarnos a Cristo, a fin de ser justificados por la fe. Pero, una vez
llegada la era de la fe, no estamos más bajo la potestad del ayo, pues ya sois
todos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
En efecto,
todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya
no hay distinción entre judío y gentil, ni entre libre y esclavo, ni entre
hombre y mujer: todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo sois por lo
mismo descendencia de Abraham, herederos según la promesa.
Pongo también otra comparación: El heredero, mientras es menor de edad, con ser
dueño de todo, no se distingue en nada del esclavo: está bajo tutores y
administradores hasta el tiempo prefijado por su padre. De igual modo: Nosotros,
cuando éramos menores de edad, vivíamos esclavizados por los «elementos del
mundo».
Pero, cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su
Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban
bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Y la prueba de que
sois hijos es que Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo,
que clama: «¡Padre!» Por consiguiente, ya no eres esclavo, sino hijo; y, si eres
hijo, también eres heredero por voluntad de Dios.
Responsorio Cf. Ga 4, 4-5; Ef 2,4; Rm 8,3
R. Mirad que ya se
cumplió el tiempo, y ha enviado Dios a su Hijo a la tierra, nacido de una
Virgen, nacido bajo la ley, * para rescatar a los que estaban bajo la
ley.
V. Por
el gran amor con que nos amó, envió a su propio Hijo, sometido a una existencia
semejante a la de la carne de pecado.
R. Para rescatar a los que
estaban bajo la ley.
SEGUNDA LECTURA
Para todos los tiempos
De las Disertaciones de san Sofronio, obispo
(Disertación 2, Sobre la anunciación de la Santísima Virgen, 21-22. 26: PG 87, 3, 3242. 3250)
POR MARÍA, LA BENDICIÓN DEL PADRE HA BRILLADO SOBRE LOS HOMBRES
Alégrate, llena de gracia,
el Señor es contigo. ¿Y qué puede haber más sublime que esta alegría, oh
Virgen Madre? ¿O qué puede haber más excelente que esta gracia, que tú sola has
alcanzado de Dios? ¿ O qué puede imaginarse más amable o espléndido que esta
gracia? Nada puede equipararse a las maravillas que en ti vemos realizadas, nada
hay que iguale la gracia que tú posees; todo lo demás, por excelente que sea,
ocupa un lugar secundario y goza de una excelencia claramente
inferior.
El Señor es contigo; ¿quién, pues, se
atreverá a competir contigo? De ti nacerá Dios; ¿quién, por tanto, no se
reconocerá al momento inferior a ti y no admitirá de buen grado tu primacía y
superioridad? Es por esto que, al contemplar tus eminentes prerrogativas, que
superan las de cualquier otra creatura, te aclamo lleno de entusiasmo:
Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Por ti ha venido la
alegría, no sólo a los hombres, sino también a los mismos coros
celestiales.
Verdaderamente, bendita tú eres entre
todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la maldición de Eva y
has hecho que Adán, que yacía postrado bajo el peso de la maldición, alcanzara,
por ti, la bendición.
Verdaderamente, bendita tú eres
entre todas las mujeres, ya que, por ti, la bendición del Padre ha brillado
sobre los hombres, librándolos de la antigua maldición.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, por ti,
alcanzan la salvación tus progenitores; pues has de dar a luz a aquel que les
obtendrá la salvación divina.
Verdaderamente, bendita tú
eres entre todas las mujeres, ya que, sin concurso de semilla, has producido
aquel fruto que esparce la bendición sobre el orbe de la tierra, redimiéndola de
la maldición que le hacía producir espinas y abrojos.
Verdaderamente, bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que, siendo por
condición natural una mujer como las demás, llegarás a ser en verdad Madre de
Dios. Efectivamente, si el que ha de nacer de ti es, con toda verdad, el Dios
hecho hombre, con toda razón eres llamada Madre de Dios, ya que realmente das a
luz a Dios.
Llevas en la intimidad de tu seno al mismo
Dios, el cual mora en ti según la carne, y sale de ti como un esposo, trayendo a
todos la alegría y comunicando a todos la luz divina.
Pues
en ti, oh Virgen, como en un cielo nítido y purísimo, ha puesto Dios su
tienda; y saldrá de ti como el esposo de su alcoba; y, cual gigante que
emprende su carrera, recorrerá el camino de su vida, provechosa en todo para
todos, alcanzando con su giro del término del cielo hasta el opuesto confín,
llenándolo todo de su calor divino y de su resplandor vivificante.
Responsorio S. Sofronio, Disertación 2
R. Verdaderamente,
bendita tú eres entre todas las mujeres, ya que has cambiado en bendición la
maldición de Eva. * Por ti la bendición del Padre ha brillado sobre los
hombres. (T. P. Aleluya.)
V. Por ti alcanzan la
salvación tus progenitores.
R. Por ti la bendición del Padre ha brillado sobre los
hombres. (T. P. Aleluya.)
o bien esta otra:
De los Sermones del beato Elredo, abad
(Sermón 20, En la Natividad de la Virgen María: PL 195, 322-324)
MARÍA, MADRE NUESTRA
Acudamos a la que es su esposa,
su madre, su perfecta esclava. Todo esto es María.
Pero,
¿qué haremos en su presencia? ¿Qué presentes le ofreceremos? ¡Ojalá pudiéramos,
por lo menos, devolverle lo que le debemos en justicia! Le debemos honor,
servicio, amor, alabanza. Le debemos honor, porque es madre de nuestro Señor.
Pues el que no honra a la madre, sin duda deshonra al hijo. Y la Escritura dice:
Honra a tu padre y a tu madre.
¿Qué más diremos,
hermanos? ¿No es ella nuestra madre? Ciertamente, hermanos, es realmente madre
nuestra, ya que por ella hemos nacido, no para el mundo, sino para
Dios.
Nos hallábamos todos, como creéis y sabéis, en la
muerte, en la caducidad, en las tinieblas, en la miseria. En la muerte, porque
habíamos perdido al Señor; en la caducidad, porque estábamos sometidos a la
corrupción; en las tinieblas, porque habíamos perdido la luz de la sabiduría, y
así estábamos totalmente perdidos.
Mas, por María, hemos
nacido mucho mejor que por Eva, por el hecho de haber nacido de ella Cristo. En
vez de la caducidad hemos recobrado la novedad, en vez de la corrupción la
incorrupción, en vez de las tinieblas la luz.
Ella es
madre nuestra, madre de nuestra vida, de nuestra incorrupción, de nuestra luz.
Dice el Apóstol, refiriéndose a nuestro Señor: Dios lo ha hecho para nosotros
sabiduría, justicia, santificación y redención.
Ella,
pues, por ser madre de Cristo, es madre de nuestra sabiduría, de nuestra.
justicia, de nuestra santificación, de nuestra redención. Por ello es más madre
nuestra que la misma madre carnal, ya que nuestro nacimiento de ella es
superior; de ella, en efecto, procede nuestra santidad, nuestra sabiduría,
nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra
redención.
Dice la Escritura: Alabad a Dios por sus
santos. Si hemos de alabar a nuestro Señor por sus santos, a través de los
cuales realiza portentos y milagros, ¡cuánto más no hemos de alabarlo por
aquella en la cual se hizo a sí mismo aquel que es admirable sobre todo lo
admirable!
Responsorio
R. Dichosa eres,
santa Virgen María, y digna de toda alabanza. * De ti nació el sol de
justicia, Cristo, nuestro Dios, por quien hemos sido salvados y redimidos.
(T. P.
Aleluya.)
V. Celebremos con gozo esta fiesta de santa María
Virgen.
R.
De ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios, por quien hemos sido
salvados y redimidos. (T. P. Aleluya.)
o bien esta otra:
De la Constitución dogmática Lumen géntium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 61-62)
LA MATERNIDAD DE MARÍA EN LA ECONOMÍA DE LA GRACIA
La Bienaventurada Virgen,
predestinada desde toda la eternidad cual madre de Dios junto con la encarnación
del Verbo por designio de la divina providencia, fue en la tierra la esclarecida
madre del divino Redentor y en forma singular la generosa colaboradora entre
todas las creaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo,
engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo
con su Hijo mientras él moría en la cruz, cooperó en forma del todo singular,
por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la
restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es nuestra
madre en el orden de la gracia.
Y esta maternidad de María
perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó
fiel asentimiento en la anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la
cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida
en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por
su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación.
Por su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se debaten
entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a
la patria feliz.
Por eso la Bienaventurada Virgen en la
Iglesia es invocada con los títulos de abogada, auxiliadora, favorecedora,
mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue
a la dignidad y eficacia de Cristo, único mediador.
Porque
ninguna creatura puede compararse jamás con el Verbo encarnado, nuestro
Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias
maneras, tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única
bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las creaturas, así
también la única mediación del Redentor no excluye sino que suscita en sus
creaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente
única.
La Iglesia no duda en atribuir a María un tal
oficio subordinado, lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de
los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más
íntimamente al Mediador y Salvador.
Responsorio
R. No hay alabanza
digna de ti, virginidad inmaculada y santa. * Porque en tu seno has
llevado al que ni el cielo puede contener. (T.
P. Aleluya.)
V. Bendita tú entre
las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. Porque en tu seno has
llevado al que ni el cielo puede contener. (T.
P. Aleluya.)
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio, se dice el himno Te Deum.
La oración conclusiva como en las Laudes.
HIMNO
Eres tú la mujer llena de gloria,
alzada por
encima de los astros;
con tu sagrado pecho das la leche
al que en su
providencia te ha creado.
Lo que Eva nos perdió tan tristemente,
tú lo
devuelves por tu fruto santo;
para que al cielo ingresen los que
lloran,
eres tú la ventana del costado.
Tú eres la puerta altísima del Rey
y la entrada
fulgente de la luz;
la vida que esta Virgen nos devuelve
aplauda el pueblo
que alcanzó salud.
Sea la gloria a ti, Señor Jesús,
que de María
Virgen has nacido,
gloria contigo al Padre y al Paráclito,
por sempiternos
y gozosos siglos. Amén.
Ant. 1. Dichosa eres, María, porque de ti vino la salvación del mundo; tú que ahora vives ya en la gloria del Señor, intercede por nosotros ante tu Hijo. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. ¡Alégrate, Virgen María! Tú llevaste en el seno a Cristo, el Salvador. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Is 61, 10
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. El Señor la eligió y la predestinó.
R. El Señor la eligió y la
predestinó.
V. La hizo morar
en su templo santo.
R. Y la predestinó.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor la eligió y la
predestinó.
Tiempo pascual:
V. El Señor la eligió y la predestinó. Aleluya,
aleluya.
R.
El Señor la eligió y la predestinó. Aleluya, aleluya.
V. La hizo morar
en su templo santo.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor la eligió y la
predestinó. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Por Eva se cerraron a los hombres las puertas del paraíso, y por María Virgen han sido abiertas de nuevo. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María Virgen precedía
cual aurora luciente,
haz que vivamos siempre
iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María
como arca de tu morada,
líbranos de toda
ocasión de pecado.
Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre
estuviera junto a tu cruz,
por su intercesión
concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste
María a Juan como madre,
haz que nosotros
vivamos también como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
O bien:
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu
redención preservaste a tu Madre de toda mancha de
pecado,
líbranos también a nosotros de toda
culpa.
Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada
Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu
Santo,
haz también de nosotros templos de tu
Espíritu.
Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María a
escoger la parte mejor,
ayúdanos a imitarla y
a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.
Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en
cuerpo y alma al cielo,
haz que aspiremos
siempre a los bienes celestiales.
Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a
tu derecha a María reina,
danos el gozo de
tener parte en su gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Tiempo ordinario:
Señor Dios todopoderoso, haz que, por la intercesión de
santa María, la Virgen, nosotros, tus hijos, gocemos de plena salud de alma y
cuerpo, vivamos alegres en medio de las dificultades del mundo y alcancemos la
felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Perdona, Señor, las culpas de tus fieles y haz que
quienes no logramos agradarte con nuestros actos seamos salvados por la
intercesión de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina
contigo.
O bien:
Ven en
ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordar hoy a
la Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Que
venga en nuestra ayuda, Señor, la poderosa intercesión de la Virgen María; así
nos veremos libres de todo peligro y gozaremos de tu paz. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Concédenos, Señor, la valiosa intercesión de la Virgen
María, cuya gloriosa memoria hoy celebramos, y danos parte en los dones de tu
amor por la intercesión de aquella a la que hiciste llena de gracia. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Te
pedimos, Señor, que la maternal intercesión de la Madre de tu Hijo libre de los
males del mundo y conduzca a los gozos de tu reino a los fieles que se alegran
al saberse protegidos por la Virgen María. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Tiempo de Adviento:
Señor, Dios nuestro, que ante el anuncio del ángel
quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de la Virgen María, escucha
nuestras súplicas, y haz que sintamos la ayuda de María pues creemos que ella es
la verdadera madre de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.
Tiempo de Navidad:
Señor, Dios nuestro, que por la maternidad virginal de
María has dado a los hombres los tesoros de la salvación, haz que sintamos la
intercesión de la Virgen Madre, pues por ella recibimos ya al autor de la vida,
Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Que vive y reina contigo.
Tiempo de Cuaresma:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el
anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos
por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor
Jesucristo.
O bien:
Perdona, Señor, los pecados de tus fieles y, ya que
nuestros actos no pueden complacerte, sálvanos por intercesión de la Madre de tu
Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Tiempo pascual:
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión
de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
O bien:
Dios
todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en
oración con María, la Madre de Jesús, concédenos, por intercesión de la Virgen,
entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con
testimonio de palabra y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
SALMODIA
Antífona
Tercia: Todos se dedicaban a la oración en común, con María, la
madre de Jesús.
Sexta: Dijo la madre de Jesús: «Haced lo que él
diga.»
Nona: Dijo el Señor a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
LECTURA BREVE
Tercia So 3,
14.15b
Regocíjate, hija de Sión; salta y
grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, hija de Jerusalén.
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti.
V. Dichosos los
que escuchan la palabra de Dios.
R. Y la cumplen.
La oración conclusiva como en las Laudes
Sexta Za 9, 9a
Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén. Mira
a tu rey que viene a ti, justo y victorioso.
V. Dichoso el seno
de santa María Virgen.
R. Que llevó al Hijo del eterno Padre.
La oración conclusiva como en las Laudes
Nona Jdt 13, 31
Bendita seas en todas las tiendas de Judá y en todas
las naciones. Cuantos oigan tu nombre quedarán asombrados.
V. Bendita tú
entre las mujeres.
R. Y bendito el fruto de tu vientre.
La oración conclusiva como en las Laudes
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HIMNO
Salve, del mar Estrella,
salve, Madre
sagrada
de Dios y siempre virgen,
puerta del cielo santa.
Tomando de Gabriel
el «Ave», Virgen
alma,
mudando el nombre de Eva,
paces divinas trata.
La vista restituye,
las cadenas
desata,
todos los males quita,
todos los bienes causa.
Muéstrate madre, y llegue
por ti nuestra
esperanza
a quien, por darnos vida,
nació de tus entrañas.
Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras
almas,
libres de culpa, infunde
virtud humilde y casta.
Vida nos presta pura,
camino firme
allana,
que quien a Jesús llega
eterno gozo alcanza.
Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu
alabanzas;
una a los tres le demos,
y siempre eternas gracias.
Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. (T. P. Aleluya.)
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la
casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales,
Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien
compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el
nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio
de David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los
que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus
palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La
paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Se puede repetir la antífona.
Ant. 2. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (T. P. Aleluya.)
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN
DIOS
Sois edificación de Dios. (1 Co 3, 9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se
cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una
recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un
guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su
aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la
plaza.
Se puede repetir la antífona.
Ant. 3. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (T. P. Aleluya.)
Cántico (Ef 1, 3-10)
PLAN DIVINO DE LA
SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor
Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de
bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de
crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por
el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria
de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido
Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el
misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar
por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Se puede repetir la antífona.
LECTURA BREVE Ga 4, 4-5)
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está
contigo.
V. Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. El Señor está
contigo.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor
está contigo.
Tiempo pascual:
V. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
Aleluya, aleluya.
R. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
Aleluya, aleluya.
V. Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. Aleluya,
aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Alégrate, María, llena de gracia, el Señor
está contigo. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha
dicho el Señor se cumplirá. (T. P. Aleluya)
PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Que la llena de
gracia interceda por nosotros.
O
bien:
Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Señor, Dios nuestro, admirable siempre en tus
obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y
alma de la gloria de Jesucristo,
haz que todos
tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede por su
mediación salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los
pecadores
y a todos abundancia de salud y de
paz.
Tú que hiciste de María la llena de
gracia,
concede la abundancia de tu gracia a
todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y
una sola alma por el amor,
y que todos los
fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de
Jesús.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del
cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar
con todos los santos la felicidad de tu reino.
Confiando en el Señor, que hizo obras grandes en
María, pidamos al Padre que colme también de bienes al mundo hambriento: Padre
nuestro.
O bien:
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso,
que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y
supliquémosle diciendo:
Que la llena de
gracia interceda por nosotros.
O
bien:
Mira a la llena de gracia y escúchanos.
Tú que hiciste de María la madre de
misericordia,
haz que los que viven en peligro
o están tentados sientan su protección maternal.
Tú que encomendaste a María la misión de madre de
familia en el hogar de Jesús y de José,
haz
que por su intercesión todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la
santidad.
Tú que fortaleciste a María cuando estaba al pie
de la cruz y la llenaste de gozo en la resurrección de su
Hijo,
levanta y robustece la esperanza de los
decaídos.
Tú que hiciste que María meditara tus palabras en
su corazón y fuera tu esclava fiel,
por su
intercesión haz de nosotros siervos fieles y discípulos dóciles de tu
Hijo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que coronaste a María como reina del
cielo,
haz que los difuntos puedan alcanzar
con todos los santos la felicidad de tu reino.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Tiempo ordinario:
Señor Dios todopoderoso, haz que, por la intercesión de
santa María, la Virgen, nosotros, tus hijos, gocemos de plena salud de alma y
cuerpo, vivamos alegres en medio de las dificultades del mundo y alcancemos la
felicidad de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Perdona, Señor, las culpas de tus fieles y haz que
quienes no logramos agradarte con nuestros actos seamos salvados por la
intercesión de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina
contigo.
O bien:
Ven en
ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordar hoy a
la Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Que
venga en nuestra ayuda, Señor, la poderosa intercesión de la Virgen María; así
nos veremos libres de todo peligro y gozaremos de tu paz. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Concédenos, Señor, la valiosa intercesión de la Virgen
María, cuya gloriosa memoria hoy celebramos, y danos parte en los dones de tu
amor por la intercesión de aquella a la que hiciste llena de gracia. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Te
pedimos, Señor, que la maternal intercesión de la Madre de tu Hijo libre de los
males del mundo y conduzca a los gozos de tu reino a los fieles que se alegran
al saberse protegidos por la Virgen María. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Tiempo de Adviento:
Señor, Dios nuestro, que ante el anuncio del ángel
quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de la Virgen María, escucha
nuestras súplicas, y haz que sintamos la ayuda de María pues creemos que ella es
la verdadera madre de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.
Tiempo de Navidad:
Señor, Dios nuestro, que por la maternidad virginal de
María has dado a los hombres los tesoros de la salvación, haz que sintamos la
intercesión de la Virgen Madre, pues por ella recibimos ya al autor de la vida,
Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Que vive y reina contigo.
Tiempo de Cuaresma:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el
anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos
por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor
Jesucristo.
O bien:
Perdona, Señor, los pecados de tus fieles y, ya que
nuestros actos no pueden complacerte, sálvanos por intercesión de la Madre de tu
Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Tiempo pascual:
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión
de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
O bien:
Dios
todopoderoso, que derramaste el Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en
oración con María, la Madre de Jesús, concédenos, por intercesión de la Virgen,
entregarnos fielmente a tu servicio y proclamar la gloria de tu nombre con
testimonio de palabra y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
MEMORIA DE SANTA MARÍA «IN SABBATO»
En los sábados del tiempo ordinario se puede celebrar la memoria libre de santa María.
Oficio de Lectura
HIMNO
Llena de rosas mi herida,
llena de estrellas
mis ojos,
llena de paz mis abrojos,
llena de gracia mi vida
y, de
esplendor revestida,
ven a mí en la última hora,
a cerrar,
Consoladora,
mis ojos, fijos en ti
y, vaciándome de mí,
lléname de ti,
Señora. Amén.
SALMODIA
Antífonas y salmos de la feria correspondiente
PRIMERA LECTURA
de la feria
SEGUNDA LECTURA
Como segunda lectura puede tomarse una cualquiera del común de la Santísima Virgen María, la del 22 de agosto, la del 7 de octubre, la del 21 de noviembre, o bien la del sábado correspondiente, con sus respectivos responsorios.
También puede tomarse una cualquiera de las siguientes lecturas:
De los sermones de san Proclo de Constantinopla, obispo
(Sobre la Natividad del Señor, 1-2: PG65, 843-846)
EL AMIGO DE LOS HOMBRES SE HA HECHO HOMBRE NACIENDO DE LA VIRGEN
Alégrense los cielos, y las nubes destilen la justicia, porque el Señor se ha apiadado de su pueblo. Alégrense los cielos, porque, al ser creados en el principio, también Adán fue formado de la tierra virgen por el Creador, mostrándose como amigo y familiar de Dios. Alégrense los cielos, porque ahora, de acuerdo con el plan divino, la tierra ha sido santificada por la encarnación de nuestro Señor, y el género humano ha sido liberado del culto idolátrico. Las nubes destilen la justicia, porque hoy el antiguo extravío de Eva ha sido reparado y destruido por la pureza de la Virgen María y por el que de ella ha nacido, Dios y hombre juntamente. Hoy el hombre, cancelada la antigua condena, ha sido liberado de la horrenda noche que sobre él pesaba.
Cristo ha nacido de la Virgen, ya que de ella ha tomado carne, según la libre disposición del plan divino: La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros; por esto la Virgen ha venido a ser madre de Dios. Y es virgen y madre al mismo tiempo, porque ha dado a luz a la Palabra encarnada, sin concurso de varón; y así, ha conservado su virginidad por la acción milagrosa de aquel que de este modo quiso nacer. Ella es madre, con toda verdad, de la naturaleza humana de aquel que es la Palabra divina, ya que en ella se encarnó, de ella salió a la luz del mundo, identificado con nuestra naturaleza, según su sabiduría y voluntad con las que obra semejantes prodigios. De ellos según la carne procede Cristo, como dice san Pablo.
En efecto, él fue, es y será siempre el mismo; mas por nosotros se hizo hombre; el amigo de los hombres se hizo hombre sin sufrir por eso menoscabo alguno en su divinidad. Por mí se hizo semejante a mí, se hizo lo que .no era aunque conservando lo que era. Finalmente, se hizo hombre para cargar sobre sí el castigo por nosotros merecido y hacernos de esta manera capaces de la adopción filial y otorgamos aquel reina, del cual pedimos que nos haga dignos la gracia y misericordia del Señor Jesucristo, al cual junto con el Padre y el Espíritu Santo, pertenece la gloria, el honor y el poder, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio Sal 71, 6. 19; Ap 21, 3
R. Que baje como
lluvia sobre el césped. * Que la gloria de Dios llene la tierra.
V. Ésta es la morada de
Dios con los hombres, y acampará entre ellos; ellos serán su pueblo y Dios
estará con ellos.
R. Que la gloria de Dios llene la tierra.
o bien esta otra:
De los Sermones del beato Guerrico, abad
(Sermón 1, En la Asunción dE santa María: PL 185, 187-189)
MARÍA, MADRE DE CRISTO Y MADRE DE LOS CRISTIANOS
Un solo hijo dio a luz María, el cual, así como es Hijo único del Padre celestial, así también es el hijo único de su madre terrena. Y esta única virgen y madre, que tiene la gloria de haber dado a luz al Hijo único del Padre, abarca, en su único hijo, a todos los que son miembros del mismo; y no se avergüenza de llamarse madre de todos aquellos en los que ve formado o sabe que se va formando Cristo, su hijo.
La antigua Eva, más que madre madrastra, ya que dio a gustar a sus hijos la muerte antes que la luz del día, aunque fue llamada madre de todos los vivientes, no justificó este apelativo; María, en cambio, realizó plenamente su significado, ya que ella, como la Iglesia de la que es figura, es madre de todos los que renacen a la vida. Es, en efecto, madre de aquella Vida por la que todos viven, pues al dar a luz esta Vida, regeneró en cierto modo a todos los que habían de vivir por ella.
Esta santa madre de Cristo, como sabe que, en virtud de este misterio, es madre de los cristianos, se comporta con ellos con solicitud y afecto maternal, y en modo alguno trata con dureza a sus hijos, como si no fuesen suyos, ya que sus entrañas, una sola vez fecundadas, aunque nunca agotadas, no cesan de dar a luz el fruto de piedad.
Si el Apóstol de Cristo no deja de dar a luz a sus hijos, con su solicitud y deseo piadoso, hasta ver a Cristo formado en ellos, ¿cuánto más la madre de Cristo? Y Pablo los engendró con la predicación de la palabra de verdad con que fueron regenerados; pero María de un modo mucho más santo y divino, al engendrar al que es la Palabra en persona. Es ciertamente digno de alabanza el ministerio de la predicación de Pablo; pero es más admirable y digno de veneración el misterio de la generación de María.
Por eso vemos cómo sus hijos la reconocen por madre, y así, llevados por un natural impulso de piedad y de fe, cuando se hallan en alguna necesidad o peligro, lo primero que hacen es invocar su nombre y buscar refugio en ella, como el niño que se acoge al regazo de su madre. Por esto creo que no es un desatino el aplicar a estos hijos lo que el profeta había prometido: Tus hijos habitarán en ti; salvando, claro está, el sentido originario que la Iglesia da a esta profecía.
Y si ahora habitamos al amparo de la madre del Altísimo, vivamos a su sombra, como quien está bajo sus alas, y así después reposaremos en su regazo, hechos partícipes de su gloria. Entonces resonará unánime la voz de los que se alegran y se congratulan con su madre: Y cantarán mien. tras danzan: Todas mis fuentes están en ti, santa Madre de Dios.
Responsorio Mt 1, 20. 21; Mi 5, 3
R. Lo concebido en
María es obra del Espíritu Santo; dará a luz un Hijo. * Él salvará a su pueblo de
los pecados.
V. La Madre dará a luz, y el resto de sus hermanos
retornarán.
R. ÉI salvará a su pueblo de los pecados.
o bien esta otra:
De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(Sobre el cementerio y la cruz, 2: PG 49, 396)
ADÁN Y CRISTO, EVA Y MARÍA
¿Te das cuenta, qué victoria tan admirable? ¿Te das cuenta de cuán esclarecidas son las obras de la cruz? ¿Puedo decirte algo más maravilloso todavía? Entérate cómo ha sido conseguida esta victoria, y te admirarás más aún. Pues Cristo venció al diablo valiéndose de aquello mismo con que el diablo había vencido antes, y lo derrotó con las mismas armas que él había antes utilizado. Escucha de qué modo.
Una virgen, un madero y la muerte fueron el signo de nuestra derrota. Eva era virgen, porque aún no había conocido varón; el madero era un árbol; la muerte, el castigo de Adán. Mas he aquí que de nuevo una Virgen, un madero y la muerte, antes signo de derrota, se convierten ahora en signo de victoria. En lugar de Eva está María; en lugar del árbol de la ciencia del bien y del mal, el árbol de la cruz; en lugar de la muerte de Adán, la muerte de Cristo.
¿Te das cuenta de cómo el diablo es vencido en aquello mismo en que antes había triunfado? En un árbol el diablo hizo caer a Adán, en un árbol derrotó Cristo al diablo. Aquel árbol hacía descender a la región de los muertos; éste, en cambio, hace volver de este lugar a los que a él habían descendido. Otro árbol ocultó la desnudez del hombre, después de su caída; éste, en cambio, mostró a todos, elevado en alto, al vencedor, también desnudo. Aquella primera muerte condenó a todos los que habían de nacer después de ella; esta segunda muerte resucitó incluso a los nacidos anteriormente a ella. ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios? Una muerte se ha convertido en causa de nuestra inmortalidad: éstas son las obras esclarecidas de la cruz,
¿Has entendido el modo y significado de esta victoria? Entérate ahora cómo esta victoria fue lograda sin esfuerzo ni sudor por nuestra parte. Nosotros no tuvimos que ensangrentar nuestras armas, ni resistir en la batalla, ni recibir heridas, ni tan siquiera vimos la batalla, y, con todo, obtuvimos la victoria; fue el Señor quien luchó, y nosotros quienes hemos sido coronados. Por tanto, ya que la victoria es nuestra, imitando a los soldados, cantemos hoy, llenos de alegría, las alabanzas de esta victoria, y alabemos al Señor, diciendo: La muerte ha sido absorbida por la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?
Éstos son los admirables beneficios de la cruz en favor nuestro: la cruz es el trofeo eri¡:¡ido contra los demonios, la espada contra el pecado, la espada con la que Cristo atravesó a la serpiente; la cruz es la voluntad del Padre, la gloria de su Hijo único, el júbilo del Espíritu Santo, el ornato de los ángeles, la seguridad de la Iglesia, el motivo de gloriarse de Pablo, la protección de los santos, la luz de todo el orbe.
Responsorio
R. Por voluntad
del Señor, que quiso restablecer nuestra dignidad, * Eva engendró a María,
como una espina a una rosa.
V. Para que la virtud cubriera el pecado, y la gracia
remediara la culpa.
R. Eva engendró a María, como una espina a una
rosa.
o bien esta otra:
De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 63-65)
MARÍA, TIPO DE LA IGLESIA
La Bienaventurada Virgen, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, con la que está unida al Hijo redentor, y por sus singulares gracias y dones, está. unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, como ya enseñaba san Ambrosio, a saber: en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo.
Porque en el misterio de la Iglesia, que con razón también es llamada madre y virgen, la Bienaventurada Virgen María la precedió, mostrando en forma eminente y singular el modelo de la virgen y de la madre, pues creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y esto sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo, como nueva Eva, prestando fe, no adulterada por duda alguna, no a la antigua serpiente, sino al mensaje de Dios. Dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó como primogénito entre muchos hermanos, a saber: los fieles a cuya generación y educación coopera con materno amor.
Ahora bien, la Iglesia, contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también ella es hecha madre, por la palabra de Dios fielmente recibida; en efecto, por la predicación y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. y también ella es virgen que custodia pura e íntegramente la fe prometida al Esposo e imitando a la madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente la fe íntegra, la sólida esperanza, la sincera caridad. Mientras que la Iglesia en la Santísima Virgen ya llegó a la perfección, por la que se presenta sin mancha ni arruga, los fieles, en cambio, aún se esfuerzan en crecer en la santidad venciendo al pecado; y por eso levantan sus ojos hacia María, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes. La Iglesia, reflexionando piadosamente sobre ella y contemplándola en la luz de la Palabra hecha hombre, llena de veneración, entra más profundamente en el sumo misterio de la encarnación y se asemeja más y más a su Esposo.
Porque María, que, habiendo entrado íntimamente en la historia de la salvación, en cierta manera une y refleja en sí las más grandes exigencias de la fe, mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio y hacia el amor del Padre. La Iglesia, a su vez, buscando la gloria de Cristo, se hace más semejante a su excelso modelo, progresando continuamente en la fe, la esperanza y la caridad, buscando y obedeciendo en todas las cosas la divina voluntad.
Por lo cual, también en su obra apostólica con razón la Iglesia mira hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca también en los corazones de los fieles. La Virgen en su vida fue ejemplo de aquel afecto materno, que debe animar también a quienes, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan para regenerar a los hombres.
Responsorio
R. Por la Virgen
María se manifestó a los creyentes la salvación del mundo. * Su vida ínclita embellece
a toda la Iglesia.
V. Celebremos con todo nuestro afecto la conmemoración de la
santísima Virgen María.
R. Su vida ínclita embellece a toda la Iglesia.
La oración conclusiva como en las Laudes
Laudes
Venid, adoremos a Cristo, Hijo de María
Virgen.
O bien:
Aclamemos al Señor en esta conmemoración de María
Virgen.
HIMNO
María, pureza en vuelo,
Virgen de vírgenes,
danos
la gracia de ser humanos
sin olvidarnos del cielo.
Enséñanos a vivir,
ayúdenos tu
oración,
danos en la tentación
la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad
por esta limpia
victoria,
y gloria por esta gloria
que alegra la cristiandad.
Amén.
Las antífonas y los salmos se toman del sábado correspondiente.
LECTURA BREVE (Ga 4, 4-5)
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
RESPONSORIO BREVE
V. Después del
parto, ¡oh Virgen!, has permanecido intacta.
R. Después del parto, ¡oh
Virgen!, has permanecido intacta.
V. Madre de Dios,
intercede por nosotros.
R. ¡Oh Virgen!, has permanecido intacta.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Después del parto, ¡oh
Virgen!, has permanecido intacta.
O bien: (Is 61, 10)
Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios:
porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como a una novia que se adorna con sus joyas.
V. El Señor la
eligió y la predestinó.
R. El Señor la eligió y la predestinó.
V. La hizo morar
en su templo santo.
R. Y la predestinó.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor la eligió y la
predestinó.
O bien: (Ap 12, 1)
Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida
del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su
cabeza.
V. Alégrate,
María, llena de gracia, el Señor está contigo.
R. Alégrate, María, llena
de gracia, el Señor está contigo.
V. Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. El Señor está
contigo.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alégrate, María, llena
de gracia, el Señor está contigo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona:
Celebremos con todo nuestro afecto la conmemoración de
la santísima Virgen María, para que ella interceda por nosotros ante nuestro
Señor Jesucristo.
O bien: El Señor te ha bendecido, santa Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra.
O bien: Tú has engendrado, Virgen inmaculada, al que ha venido del cielo y has dado un Salvador al mundo; así nos ha sido devuelta la vida que habíamos perdido.
O bien: Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Aleluya.
O bien: Virgen inmaculada y santa, ninguna alabanza es digna de ti, pues por ti hemos recibido a nuestro Redentor, Jesucristo nuestro Señor.
O bien: Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza.
PRECES
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Sol de justicia, a quien María Virgen precedía
cual aurora luciente,
haz que vivamos siempre
iluminados por la claridad de tu presencia.
Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María
como arca de tu morada,
líbranos de toda
ocasión de pecado.
Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre
estuviera junto a tu cruz,
por su intercesión
concédenos compartir con alegría tus padecimientos.
Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste
María a Juan como madre,
haz que nosotros
vivamos también como hijos suyos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
O bien:
Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer
de María Virgen, y digámosle:
Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.
Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu
redención preservaste a tu Madre de toda mancha de
pecado,
líbranos también a nosotros de toda
culpa.
Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada
Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu
Santo,
haz también de nosotros templos de tu
Espíritu.
Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María a
escoger la parte mejor,
ayúdanos a imitarla y
a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.
Rey de reyes, que elevaste contigo a tu Madre en
cuerpo y alma al cielo,
haz que aspiremos
siempre a los bienes celestiales.
Señor del cielo y de la tierra, que has colocado a
tu derecha a María reina,
danos el gozo de
tener parte en su gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro.
Se dice una de las oraciones del tiempo ordinario del Común de la Santísima Virgen María
hora intermedia de la feria
HIMNO
¡Columnas de la Iglesia, piedras
vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos vuestros pies, porque
han llegado
para anunciar la paz al mundo entero.
De pie en la encrucijada de la vida,
del hombre
peregrino y de los pueblos,
lleváis agua de Dios a los cansados,
hambre de
Dios lleváis a los hambrientos.
De puerta en puerta va vuestro mensaje,
que es
verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores, que sus manos
son
caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos
llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor, que el pan de vida
nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Llamó Jesús a sus discípulos, escogió doce entre ellos, y les dio el nombre de apóstoles. (T. P. Aleluya.)
Salmo 116
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamado,
todos los pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su
fidelidad dura por siempre.
Ant. 1: Llamó Jesús a sus discípulos, escogió doce entre ellos, y les dio el nombre de apóstoles. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: Dejaron las redes y siguieron al Señor, su redentor. (T. P. Aleluya.)
Salmo 147
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y palabra
corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío
congela las aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y
mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2: Dejaron las redes y siguieron al Señor, su redentor. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3.: Vosotros sois mis amigos, porque permanecisteis en mi amor. (T. P. Aleluya.)
Cántico Ef 1, 3-10
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor
Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de
bienes espirituales
y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de
crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por
el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria
de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido
Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el
misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar
por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3.: Vosotros sois mis amigos, porque permanecisteis en mi amor. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Hch 2, 42-45
Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos, y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. En esto conocerán todos que sois mis discípulos.
R. En esto
conocerán todos que sois mis discípulos.
V. En que os améis
unos a otros.
R. En esto conocerán todos que sois mis discípulos.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En esto conocerán todos
que sois mis discípulos.
Tiempo pascual:
V. En esto conocerán todos que sois mis discípulos. Aleluya,
aleluya.
R. En esto conocerán todos que sois mis discípulos. Aleluya,
aleluya.
V. En que os améis
unos a otros.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En esto conocerán todos
que sois mis discípulos. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado
de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los
apóstoles,
haz que también nosotros seamos
testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo
para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz
que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de
la palabra,
haz que, sembrando también tu
palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el
mundo contigo,
haz que también nosotros
cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero
de entre los muertos,
concede a todos los que son de
Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
La oración conclusiva como en las Laudes.
HIMNO
Mensajeros de Dios
dadnos la
Nueva;
mensajeros de paz,
sea paz nuestra.
Mensajeros de luz,
sea luz
nuestra;
mensajeros de fe,
sea fe nuestra.
Mensajeros del Rey,
sea rey
nuestro;
mensajeros de amor,
sea amor nuestro. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. (T. P. Aleluya.)
Salmo 18 A
El cielo proclama la gloria de Dios,
el
firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el
mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que
resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale
como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su
camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita
llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 1:A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones. (T. P. Aleluya.)
Salmo 63
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi
lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de
los perversos
y del motín de los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como
flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para
herido por sorpresa y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder
trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus
invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por
sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los
que lo ven menean la cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de
Dios
y medita sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en
él,
y se felicitan los rectos de corazón.
Ant. 2:Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus acciones. (T. P. Aleluya.)
Ant.3: Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria. (T. P. Aleluya.)
Salmo 96
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las
islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho
sostienen su trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en tomo a
los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra
se estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño
de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos
contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que
ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los
dioses.
Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las
ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la
tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la
vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para
los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su
santo nombre.
Ant. 3:Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron su gloria. (T. P. Aleluya.)
PRIMERA LECTURA
Fuera del tiempo pascual:
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-16
SEAMOS IMITADORES DEL APÓSTOL, COMO ÉL IMITA A CRISTO
Hermanos: Que la gente sólo vea
en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora, en un administrador lo que se busca es que sea fiel. Por lo que a mí se
refiere, me importa muy poco ser juzgado por vosotros o por cualquier tribunal
humano. Ni siquiera yo mismo juzgo mi actuación. Cierto que mi conciencia nada
me reprocha, mas no por eso me creo justificado. Mi juez será el Señor. No
juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que
está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del
corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de
Dios.
Estas verdades, hermanos, las he expuesto por
vuestro provecho, aplicándolas a mi persona y a Apolo. Así, por esta aplicación,
aprenderéis aquello de:«No más de lo que está escrito», a fin de que nadie se
enorgullezca de un apóstol y desprecie a otro. Porque, ¿quién es el que te
distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿porqué te
glorías como si no lo hubieras recibido? ¡Ya estáis satisfechos! ¡Os habéis
hecho ya ricos! ¡Habéis ganado un reino sin ayuda nuestra! ¡Ya lo podíais haber
ganado! ¡Así tendríamos nosotros parte en vuestro reino!
Por lo que veo, Dios nos ha asignado a los apóstoles el último lugar, como a
condenados a muerte; porque hemos venido a ser el espectáculo del mundo, de los
ángeles y de los hombres. Nosotros somos insensatos por Cristo, vosotros
sensatos en Cristo; nosotros débiles, vosotros fuertes; vosotros estimados,
nosotros despreciados. Todavía ahora pasamos hambre, sed y desnudez. Somos
maltratados y arrojados de una parte a otra, y nos fatigamos trabajando con
nuestras manos. Cuando nos maldicen, bendecimos; cuando nos persiguen,
soportamos; cuando nos injurian, respondemos con dulzura. Hemos venido a ser
hasta ahora como basura del mundo, como el desecho de la
humanidad.
No os escribo esto para confundiros, sino para
amonestaros como a hijos míos carísimos. Aunque tengáis, en efecto, diez mil
maestros que os lleven a Cristo, de hecho solo tenéis un padre. Yo os engendré
para Cristo por la predicación del evangelio.
Os exhorto,
pues, a que seáis mis imitadores, como yo imito a Cristo.
Responsorio Jn 15, 15; Mt 13, 11.16
R. Ya no os
llamaré siervos; os he llamado amigos, * porque todo cuanto me ha
comunicado el Padre os lo he dado a conocer.
V. A vosotros os ha
concedido Dios conocer los misterios del reino de los cielos; dichosos vuestros
ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen.
R. Porque todo cuanto me ha
comunicado el Padre os lo he dado a conocer.
Tiempo de Cuaresma
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 18--2, 5
LOS APÓSTOLES PREDICAN LA CRUZ
Hermanos: El mensaje de la cruz
es necedad para los que están en vías de perdición; pero para los que están en
vías de salvación -para nosotros- es fuerza de Dios. Dice la Escritura:
«Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los
sagaces.»¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el letrado? ¿Dónde está el sofista de
nuestros tiempos? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?
Y, como en la sabiduría de Dios el mundo no lo conoció
por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la
predicación, para salvar a los creo yentes. Porque los judíos exigen signos, los
griegos buscan sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado:
escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero para los llamados a
Cristo -judíos o griegos-: fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de
Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los
hombres.
Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella
muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; todo lo
contrario: lo necio del mundo lo ha escogido Dios para confundir a los sabios. Y
lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder. Aún más; ha
escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular
a lo que cuenta; de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que
Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y
así -como dice la Escritura- el que se gloría, que se gloríe en el Señor».
Cuando vine a vosotros, hermanos, a anunciaras el
testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia ni sabiduría, pues nunca
entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste
crucificado. Me presenté a vosotros débil y temerosa; mi palabra y mi
predicación no fue con persuasiva sabiduría huma,-.a sino en la manifestación y
el poder del Espíritu, pan que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los
hombres, sino en el poder de Dios.
R. Cuando os hagan
comparecer ante gobernadores y reyes, no os preocupéis de lo que vais a decir o
de cómo lo diréis. * En su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir.
V. No
seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por
vosotros.
R. En su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir.
Tiempo pascual:
De los Hechos de los apóstoles 5, 12-32
LOS APÓSTOLES EN LA IGLESIA PRIMITIVA
En aquellos días, los apóstoles
hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de
común acuerdo en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles,
aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los
creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor. La gente sacaba los
enfermos a la calle y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro,
su sombra por lo menos cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores
acudía a Jerusalén llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo; y todos se
curaban.
Entonces el sumo sacerdote y los de su partido
-la secta de los saduceos-, llenos de coraje, mandaron prender a los apóstoles y
meterlos en la cárcel común. Pero por la noche el ángel del Señor les abrió las
puertas y los sacó fuera. diciéndoles:
«Id al templo y
explicad le allí al pueblo este modo de vida.»
Entonces
ellos entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre
tanto el sumo sacerdote con los de su partido, convocaron el consejo y el pleno
del senado israelita y mandaron por los presos a la cárcel. Fueron los guardias,
pero no los encontraron en la celda, y volvieron a
informar:
«Hemos encontrado la cárcel cerrada, con las
barras echadas, y a los centinelas guardando las puertas; pero al abrir no
encontramos a nadie dentro.»
El comisario del templo y los
sumos sacerdotes no atinaban a explicarse qué habla pasado con los presos. Uno
se presentó avisando:
«Los hombres que metisteis en la
cárcel están ahí en el templo y siguen enseñando al
pueblo.»
El comisario salió con los guardias y se los
trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease. Los
guardias condujeron a los apóstoles a presencia del consejo, y el sumo sacerdote
les Interrogó:
«¿No os habíamos prohibido expresamente
enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra
enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro y
los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros
matasteis colgándole de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe
y salvador, para otorgar a Israel la conversión, el perdón de los pecados.
Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le
obedecen.»
Responsorio Hch 4, 33. 31
R. Los apóstoles
daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. * Todos eran muy bien
vistos. Aleluya.
V. Los llenó a todos el Espíritu Santo y anunciaban con
valentía la palabra de Dios.
R. Todos eran muy bien vistos. Aleluya.
Fuera del tiempo pascual:
Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.
Tiempo pascual:
Aleluya. Venid, adoremos al Señor, rey de los
apóstoles. Aleluya.
HIMNO
Fuera del tiempo pascual:
Vosotros, que escuchasteis la llamada
de viva voz
que Cristo os dirigía,
abrid nuestro vivir y nuestra alma
al mensaje de
amor que él nos envía.
Vosotros, que invitados al banquete
gustasteis
el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso, del amor que ofrece,
al sediento
de Dios en su camino.
Vosotros, que tuvisteis tan gran suerte
de
verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que el pecado y que la
muerte
nos priven de la vida recibida.
Vosotros, que lo visteis ya glorioso,
hecho
Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro amor conozca el gozo
de
vivir junto a él la vida eterna. Amén.
Tiempo pascual:
Con el gozo pascual
el sol de nuevo brilla
cuando
ven los apóstoles
que Jesús resucita.
En la carne de Cristo
ven claras las
heridas
y paladinamente
que está vivo predican.
Cristo, rey clementísimo,
nuestras almas
habita
para que te celebremos
por siempre en nuestra vida.
Sé, Jesús, de las almas
la pascual
alegría,
que, en gracia renacidos,
tu triunfo nos anima.
A ti, Jesús, la gloria,
que, la muerte
vencida,
abres por los apóstoles
nuevas sendas de vida. Amén.
Ant. 1. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE (Ef 2, 19-22)
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois
ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Estáis
edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo
Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va
levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros
os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios por el
Espíritu.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo
pascual:
V. Los nombrarás príncipes
sobre toda la tierra.
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
V. Harán memorable
tu nombre, Señor.
R. Sobre toda la tierra.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los nombrarás príncipes
sobre toda la tierra.
Tiempo pascual:
V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. Aleluya,
aleluya.
R.
Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya.
V. Harán memorable
tu nombre, Señor.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los nombrarás príncipes
sobre toda la tierra. Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El muro de la ciudad tenía doce cimientos que llevaban doce
nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero: y su lámpara es el Cordero.
(T. P.
Aleluya.)
PRECES
Demos
gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los
apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle
diciendo:
El coro de los apóstoles te alaba, Señor.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los
apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu
sangre:
en ella encontramos nuestra fuerza y
nuestra vida.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los
apóstoles nos has preparado la mesa de tu
palabra:
por ella crecemos en el conocimiento
de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los
apóstoles has fundado tu Iglesia:
por ella nos
edificas en la unidad de tu pueblo.
Te alabamos, Señor, porque por medio de los
apóstoles nos has dado el bautismo y la
penitencia:
por ellos nos purificas de todas
nuestras culpas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
La oración conclusiva como en el Propio de los santos.
HIMNO y SALMODIA de la feria
Antífonas:
Tercia: Id y proclamad el Evangelio del Señor: gratis habéis
recibido, dad gratis.
Sexta: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del
mundo.
Nona: Con vuestra perseverancia, salvaréis vuestras
vidas.
LECTURA BREVE
Tercia 2Co 5, 19b-20
Dios nos ha confiado el mensaje de la reconciliación. Por eso nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro, y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
V. A toda la
tierra alcanza su pregón.
R. Y hasta los límites del orbe su lenguaje.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Sexta Hch 5, 12a. 14
Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo, y crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.
V. Guardaron los
preceptos del Señor.
R. Las normas y mandatos que les ordenó.
La oración conclusiva como en las Laudes.
Nona Hch 5, 41-42
Los apóstoles salieron del Consejo contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.
V. Estad alegres,
dice el Señor.
R. Porque vuestros nombres están inscritos en el
cielo.
La oración conclusiva como en las Laudes.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
HIMNO
Tiempo ordinario:
¡Columnas de la Iglesia, piedras
vivas!
¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!
Benditos vuestros pies, porque
han llegado
para anunciar la paz al mundo entero.
De pie en la encrucijada de la vida,
del hombre
peregrino y de los pueblos,
lleváis agua de Dios a los cansados,
hambre de
Dios lleváis a los hambrientos.
De puerta en puerta va vuestro mensaje,
que es
verdad y es amor y es Evangelio.
No temáis, pecadores, que sus manos
son
caricias de paz y de consuelo.
Gracias, Señor, que el pan de tu palabra
nos
llega por tu amor, pan verdadero;
gracias, Señor, que el pan de vida
nueva
nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.
Tiempo pascual:
Tristes estaban los apóstoles
tras sepultar a
Cristo
que a muerte despiadada,
lo sentenciaron los impíos.
Con dulces palabras, un ángel
a las mujeres
dijo
que en Galilea el Señor
habría muy pronto de ser visto.
Mientras corrían presurosas
a hablar a
los discípulos,
lo ven, besan sus pies,
pues se les aparece
vivo.
Cuando lo saben los apóstoles
acuden
velocísimos
a ver en Galilea
el rostro agradable de Cristo.
Sé, Jesús, de las almas júbilo
y pascual
regocijo,
a sus triunfos asócianos,
que en la gracia hemos
renacido.
Tribútese, oh Jesús, la gloria
a ti, que, ya
vencido
el reino de la muerte,
nos abre lúcido el camino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vosotros
sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de Jesús ofrezcamos
continuamente a Dios un
sacrificio de
alabanza. (Hb. 13, 15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado
soy!”
Yo decía en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha
hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al
Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus
fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu
esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de
alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en
presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de
ti, Jerusalén.
Se puede repetir la antífona.
Ant. 2. Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. (T. P. Aleluya.)
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA
NUESTRA
Como participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos
parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de
cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado
grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los
torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre
cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la
semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Se puede repetir la antífona.
Ant. 3. Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (T. P. Aleluya.)
Cántico (Ef 1, 3-10)
PLAN DIVINO DE LA
SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de
nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con
toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de
crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por
el amor.
Él nos ha destinado en la persona de
Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria
de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido
Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y
prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el
misterio de su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar
por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Se puede repetir la antífona.
LECTURA BREVE (Ef 4, 11-13)
Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros,
profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el
perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la
edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe
y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo
en su plenitud.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo
pascual:
V. Contad a los pueblos la
gloria del Señor.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V. Sus maravillas
a todas las naciones.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Contad a los pueblos la gloria del
Señor.
Tiempo pascual:
V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya,
aleluya.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya,
aleluya.
V. Sus maravillas
a todas las naciones.
R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Contad a los pueblos la gloria del Señor.
Aleluya, aleluya.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente
en el trono de su gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos para
regir a las doce tribus de Israel. (T. P.
Aleluya.)
PRECES
Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los
apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo,
diciendo:
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado
de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los
apóstoles,
haz que también nosotros seamos
testigos de Cristo hasta los confines del mundo.
Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo
para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz
que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.
Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de
la palabra,
haz que, sembrando también tu
palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.
Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el
mundo contigo,
haz que también nosotros
cooperemos a la reconciliación de los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero
de entre los muertos,
concede a todos los que son de
Cristo resucitar con él, el día de su venida.
Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.
La oración conclusiva como en las Laudes.
HIMNO
Para varios mártires:
Espíritus sublimes,
¡oh mártires
gloriosos!,
felices moradores
de la inmortal Sión,
rogad por los que
luchan
en las batallas recias,
que alcancen la victoria
y eterno
galardón.
¡Oh mártires gloriosos
de rojas
vestiduras,
que brillan con eternos
fulgores ante Dios!
Con vuestro
riego crezca
de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses
se cubra ya
en sazón. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Para varios mártires: Muchos tormentos sufrieron los santos antes de alcanzar la palma del martirio. (T. P. Aleluya.)
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ant. 1: Muchos tormentos sufrieron los santos antes de alcanzar la palma del martirio. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: Los santos han llegado al reino con la palma del martirio, y de la mano de Dios han recibido una corona de gloria. (T. P. Aleluya.)
II.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 2: Los santos han llegado al reino con la palma del martirio, y de la mano de Dios han recibido una corona de gloria. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: Los mártires murieron por Cristo, pero ahora viven eternamente. (T. P. Aleluya.)
Cántico
1 Pe 2, 21b-24
PASIÓN VOLUNTARIA DE CRISTO, SIERVO DE DIOS
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en
su boca;
cuando le insultaban, no devolvía el insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario,
se ponía en manos del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant. 3: Los mártires murieron por Cristo, pero ahora viven eternamente. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Rm. 8, 35. 37-39
¿Quién podrá apartarnos
del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre?
¿La desnudez? ¿El Peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por
aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni
ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni
profundidad, ni creatura alguna, podrá apartamos del amor de Dios manifestado en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Tiempo
pascual:
Ap 3, 10-12
Porque has guardado la palabra
de mi constancia, yo también te guardaré en la hora de la prueba que va a venir
sobre el mundo entero, para probar a los habitantes de la tierra. Llegaré
pronto: sostén lo que tengas, para que nadie te quite tu corona. Al que venza lo
haré columna en el templo de mi Dios, y ya nunca saldrá fuera, y sobre él
escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva
Jerusalén, que baja del cielo desde mi Dios, y mi nombre nuevo.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Las almas de los justos están en las manos de Dios.
R. Las almas
de los justos. V. Y no los alcanzará tormento alguno. R. Las almas de los justos.
V. Gloria.
R. Las almas
de los justos.
Tiempo pascual:
V. Santos y justos, alegraos en el Señor. Aleluya, aleluya.
R. Santos y
justos. V.
Dios os ha elegido como herencia suya. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. Santos y
justos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Fuera del tiempo
pascual:
A éstos pertenece el reino de los
cielos, porque no sobrepreciaron la vida de la tierra, y, lavando sus túnicas
con la sangre del Cordero, alcanzaron los premios del reino eterno.
Tiempo pascual:
Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y la
eternidad los esclarecerá. Aleluya.
PRECES
En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo: Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor, * principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.
Te damos gracias, Señor, * porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos * y les das parte en los premios de tu reino.
Te damos gracias, Señor, * porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, * la sangre de la alianza nueva y eterna.
Te damos gracias, Señor, * porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Te damos gracias, Señor, * porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Fuera del tiempo pascual:
Dios todopoderoso y eterno, que diste a los santos mártires
N. y
N. la valentía
de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a
nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por
ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras
vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Que la
poderosa intercesión de los santos mártires N. y N. sea nuestra ayuda,
Señor, y que su oración nos haga fuertes en la confesión intrépida de tu verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para las mártires vírgenes: Tú, Señor, que nos alegras hoy con la fiesta anual de las santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos, ya que has querido iluminarnos con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para las santas mujeres mártires: Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de las santas mártires N. y N. que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ellas vencieron los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tiempo pascual:
Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y
fortaleza en la debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los
santos N.
y N.,
participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos
contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por
nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría, al celebrar la
fiesta de tus mártires N. y N., que murieron con muerte gloriosa y derramaron su sangre
con valentía por confesar la muerte y resurrección de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires.
HIMNO
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires
santos.
Rosales en flor
de Cristo el olor,
mártires
santos.
Palabras en luz
de Cristo Jesús,
mártires
santos.
Corona inmortal
del Cristo total,
mártires
santos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Los mártires derramaron su sangre por Cristo y consiguieron así el premio eterno.
Salmo 2
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los
pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
"rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo".
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se
burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
"yo
mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo".
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha
dicho:
"Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré
en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los
gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza".
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los
que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje
temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de
pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. Los mártires derramaron su sangre por Cristo y consiguieron así el premio eterno.
Ant. 2. Los justos viven eternamente y han recibido de Dios su recompensa.
Salmo 32
I
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la
alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su
honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los
vítores con bordones:
Que la palabra del Señor es sincera,
y todas
sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su
misericordia llena la tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento
de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en
un depósito el océano.
Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante
él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó y
surgió.
El Señor deshace los planes de las
naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor
subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en
edad.
Ant. Los justos viven eternamente y han recibido de Dios su recompensa.
Ant. 3. Vosotros, mis santos, que luchasteis en el mundo, recibiréis la recompensa de vuestro esfuerzo.
II
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el
pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos
los hombres;
Desde su morada observa
a todos los habitantes
de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus
acciones.
No vence el rey por su gran ejército,
no escapa
el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la
victoria,
ni por su gran ejército se salvan.
Los ojos del Señor están puestos en sus
fieles,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la
muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro
auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre
confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre
nosotros,
como lo esperamos de ti.
Ant. Vosotros, mis santos, que luchasteis en el mundo, recibiréis la recompensa de vuestro esfuerzo.
V. Nosotros esperamos
en el Señor.
R.
Él es nuestro auxilio y escudo.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18
NADA PUEDE APARTARNOS DEL AMOR DE DIOS MANIFESTADO EN CRISTO JESÚS
Hermanos: Los padecimientos de esta vida presente tengo por cierto que no son nada en comparación con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros. La creación entera está en expectación suspirando por esa manifestación gloriosa de los hijos de Dios; porque las creaturas todas quedaron sometidas al desorden, no porque a ello tendiesen de suyo, sino por culpa del hombre que las sometió. Y abrigan la esperanza de quedar ellas, a su vez, libres de la esclavitud de la corrupción, para tomar parte en la libertad gloriosa que han de recibir los hijos de Dios.
La creación entera, como bien lo sabemos, va suspirando y gimiendo toda ella, hasta el momento presente, como con dolores de parto. Y no es ella sola, también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, suspiramos en nuestro interior, anhelando la redención de nuestro cuerpo. Sólo en esperanza poseemos esta salvación; ahora bien, una esperanza, cuyo objeto estuviese ya a la vista, no sería ya esperanza. Pues, ¿cómo es posible esperar una cosa que está ya a la vista? Pero, si estamos esperando lo que no vemos, lo esperamos con anhelo y constancia.
De la misma manera, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues no sabemos pedir como conviene; y el Espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos que no pueden ser expresados en palabras. Y aquel que escudriña los corazones sabe cuáles son los deseos del Espíritu y que su intercesión en favor de los fieles es según el querer de Dios.
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
¿Qué decir a todo esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todo lo demás? ¿Quién se atreverá a acusar a los elegidos de Dios? Siendo Dios quien justifica, ¿quién podrá condenar? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió por nosotros? Más aún, ¿el que fue resucitado y está a la diestra de Dios intercediendo por nosotros? ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? (Como dice la Escritura: «Por tu causa nos llevan a la muerte uno y otro día; nos tratan como a ovejas que van al matadero.») Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.
Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni creatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Responsorio Mt 5, 44-45. 48
R. Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que
os odian y rogad por los que os persiguen. * Así seréis hijos de vuestro Padre
celestial.
V. Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.
R.
Así seréis hijos de vuestro Padre celestial.
SEGUNDA LECTURA
De las cartas de san Cipriano, obispo y mártir
(Carta 6,1-2: CSEL 3, 480-482)
LOS QUE DESEAMOS ALCANZAR LAS PROMESAS DEL SEÑOR DEBEMOS IMITARLE EN TODO
Os saludo, queridos hermanos, y desearía gozar de vuestra presencia, pero la dificultad de entrar en vuestra cárcel no me lo permite. Pues, ¿qué otra cosa más deseada y gozosa pudiera ocurrirme que no fuera unirme a vosotros, para que me abrazarais con aquellas manos que, conservándose puras, inocentes y fieles a la fe del Señor, han rechazado los sacrificios sacrílegos?
¿Qué cosa más agradable y más excelsa que poder besar ahora vuestros labios, que han confesado de manera solemne al Señor, y qué desearía yo con más ardor sino estar en medio de vosotros para ser contemplado con los mismos ojos, que, habiendo despreciado al mundo, han sido dignos de contemplar a Dios?
Pero como no tengo la posibilidad de participar con mi presencia en esta alegría, os envío esta carta, como representación mía, para que vosotros la leáis y la escuchéis. En ella os felicito, y al mismo tiempo os exhorto a que perseveréis con constancia y fortaleza en la confesión de la gloria del cielo; y, ya que habéis comenzado a recorrer el camino que recorrió el Señor, continuad por vuestra fortaleza espiritual hasta recibir la corona, teniendo como protector y guía al mismo Señor que dijo: Sabed que ya estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
¡Feliz cárcel, dignificada por vuestra presencia! ¡Feliz cárcel, que traslada al cielo a los hombres de Dios! ¡Oh tinieblas más resplandecientes que el mismo sol y más; brillantes que la luz de este mundo, donde han sido edificados los templos de Dios y santificados vuestros miembros por la confesión del nombre del Señor!
Que ahora ninguna otra cosa ocupe vuestro corazón y vuestro espíritu sino los preceptos divinos y los mandamientos celestes, con los que el Espíritu Santo siempre os animaba a soportar los sufrimientos del martirio. Nadie se preocupe ahora de la muerte sino de la inmortalidad, ni del sufrimiento temporal sino de la gloria eterna, ya que está escrito: Mucho le place al Señor la muerte de sus fieles. Y en otro lugar: El sacrificio que agrada a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias.
Y también, cuando la sagrada Escritura habla de los tormentos que consagran a los mártires de Dios y los santifican en la prueba, afirma: La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad. Gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente.
Por tanto, si pensáis que habéis de juzgar y reinar con Cristo Jesús, necesariamente debéis de regocijaros y superar las pruebas de la hora presente en vista del gozo de los bienes futuros. Pues, como sabéis, desde el comienzo del mundo las cosas han sido dispuestas de tal forma que la justicia sufre aquí una lucha con el siglo. Ya desde el mismo comienzo, el justo Abel fue asesinado, y a partir de él siguen el mismo camino los justos, los profetas y los apóstoles.
El mismo Señor ha sido en sí mismo el ejemplar para todos ellos, enseñando que ninguno puede llegar a su reino sino aquellos que sigan su mismo camino: El que se ama a si mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. Y en otro lugar: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo.
También el apóstol Pablo nos dice que todos los que deseamos alcanzar las promesas del Señor debemos imitarle en todo: Somos hijos de Dios y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.
Responsorio San Cipriano, Carta 58
R. Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos
miran, mientras luchamos por la fe. * Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan
plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
V.
Revistámonos de fuerza y preparémonos para la lucha con un espíritu
indoblegable, con una fe sincera, con una total entrega.
R. Qué dignidad tan
grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados
por Cristo.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Testigos de la sangre
con sangre
rubricada,
frutos de amor cortados
al golpe de la espada.
Testigos del amor
en sumisión callada;
canto
y cielo en los labios
al golpe de la espada.
Testigos del dolor
de vida enamorada;
diario
placer de muerte
al golpe de la espada.
Testigos del cansancio
de una vida
inmolada
a golpe de Evangelio
y al golpe de la espada.
Demos gracias al Padre
por la sangre
sagrada;
pidamos ser sus mártires,
y a cada madrugada
poder morir la
vida
al golpe de la espada. Amén.
Ant. 1: En medio de sus tormentos, los mártires de Cristo contemplaban su gloria y decían: «Ayúdanos, Señor.» (T.P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2:
Fuera del tiempo de Cuaresma: Almas y espíritus justos,
cantad un himno a Dios, Aleluya.
En tiempo de
Cuaresma: Mártires del Señor, bendecid al
Señor por los siglos.
Ant. 3: Mártires del Señor, alabad al Señor en el cielo. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual: 2Co 1,
3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela
en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda
tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.
Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros,
también por Cristo rebosa nuestro consuelo.
Tiempo
pascual:
1Jn 5, 3-5
En esto consiste el amor a Dios:
en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo
el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al
mundo: nuestra fe; porque, ¿quién es el que vence al mundo, sino el que cree que
Jesús es el Hijo de Dios?
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Los justos viven eternamente.
R. Los justos.
V. Reciben de
Dios su recompensa. R. Viven eternamente.
V.
Gloria. R. Los justos.
Tiempo pascual:
V. La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.
R. La alegría.
V. Vivirán en
el gozo y la exultación. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. La alegría.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Fuera del tiempo
pascual:
Dichosos los perseguidos por causa
de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Tiempo pascual:
Estad alegres y contentos, santos de Dios, pues vuestra
recompensa es grande en el cielo. Aleluya.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle, diciendo: Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe, * concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre, * concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos, * concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero, * concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Fuera del tiempo pascual:
Dios todopoderoso y eterno, que diste a los santos mártires
N. y
N. la valentía
de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a
nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por
ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras
vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Que la
poderosa intercesión de los santos mártires N. y N. sea nuestra ayuda,
Señor, y que su oración nos haga fuertes en la confesión intrépida de tu verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para las mártires vírgenes: Tú, Señor, que nos alegras hoy con la fiesta anual de las santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos, ya que has querido iluminarnos con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para las santas mujeres mártires: Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de las santas mártires N. y N. que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ellas vencieron los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tiempo pascual:
Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y
fortaleza en la debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los
santos N.
y N.,
participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos
contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por
nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría, al celebrar la
fiesta de tus mártires N. y N., que murieron con muerte gloriosa y derramaron su sangre
con valentía por confesar la muerte y resurrección de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Tercia
Ant. El Señor les dio la victoria en la dura batalla, para que supieran que la sabiduría es más fuerte que nada.
LECTURA BREVE 1 Pe 5, 10-11
Tras un breve padecer, el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.
V. Los santos que esperan en el Señor.
R. Serán
fuertes y no fallarán.
Sexta
Ant. El Señor los coronó con una diadema de justicia, y les dio un nombre santo y glorioso.
LECTURA BREVE Cf. Hb 11, 33
Los santos, por la fe, subyugaron reinos, ejercieron la justicia, alcanzaron lo prometido, por su fe en Cristo nuestro Señor.
V. Vuestra tristeza.
R. Se convertirá en
alegría.
Nona
Ant. Al ir, iban llorando, llevando la semilla.
LECTURA BREVE Sb 3, 1-2a. 3b
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará tormento alguno. Creyeron los insensatos que habían muerto; pero ellos están en la paz.
V. Al volver, vuelven cantando.
R. Trayendo sus
gavillas.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Espíritus sublimes,
¡oh mártires
gloriosos!,
felices moradores
de la inmortal Sión,
rogad por los que
luchan
en las batallas recias,
que alcancen la victoria
y eterno
galardón.
¡Oh mártires gloriosos
de rojas
vestiduras,
que brillan con eternos
fulgores ante Dios!
Con vuestro
riego crezca
de Cristo la semilla,
y el campo de las mieses
se cubra ya
en sazón. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz, y su fama vive por generaciones. (T. P. Aleluya.)
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant.: Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz, y su fama vive por generaciones. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: Vi las almas de los sacrificados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. (T. P. Aleluya.)
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant.: Vi las almas de los sacrificados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: Éstos son aquellos santos que entregaron sus cuerpos para ser fieles a la alianza de Dios y han lavado sus vestiduras con la sangre del Cordero. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant.: Éstos son aquellos santos que entregaron sus cuerpos para ser fieles a la alianza de Dios y han lavado sus vestiduras con la sangre del Cordero. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad
alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se
manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo,
dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa
sobre vosotros.
Tiempo
pascual:
Ap 7, 14-17
Ésos son los que vienen de la
gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre
del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche
en su santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre
ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; ya no los molestará el sol ni calor alguno;
porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los
manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus
ojos.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Alegraos, justos, y gozad con el Señor. R. Alegraos. V. Aclamadlo, los rectos de
corazón. R. Y
gozad con el Señor. V. Gloria. R. Alegraos.
Para un
mártir:
V. Oh Dios, nos pusiste a prueba,
pero nos has dado respiro. R. Oh Dios. V. Nos refinaste como refinan la plata. R. Pero nos has dado
respiro. V.
Gloria. R. Oh
Dios.
Tiempo pascual:
V. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. Aleluya,
aleluya. R.
Resplandecerán. V. Y se alegrarán los rectos de corazón. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R.
Resplandecerán.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Fuera del tiempo pascual:
Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas
de Cristo; y, porque lo amaron hasta derramar su sangre, reinan con el Señor
eternamente.
Tiempo pascual:
Alegraos, santos, ante el trono del Cordero; heredad el
reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.
PRECES
En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo: Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor, * principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.
Te damos gracias, Señor, * porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos y les das parte en los premios de tu reino.
Te damos gracias, Señor, * porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, la sangre de la alianza nueva y eterna.
Te damos gracias, Señor, * porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Te damos gracias, Señor, * porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Fuera del tiempo pascual:
Dios todopoderoso y eterno, que diste a los santos mártires
N. y
N. la valentía
de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a
nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por
ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras
vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Que la
poderosa intercesión de los santos mártires N. y N. sea nuestra ayuda,
Señor, y que su oración nos haga fuertes en la confesión intrépida de tu verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para las mártires vírgenes: Tú, Señor, que nos alegras hoy con la fiesta anual de las santas N. y N., concédenos la ayuda de sus méritos, ya que has querido iluminarnos con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para las santas mujeres mártires: Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de las santas mártires N. y N. que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ellas vencieron los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tiempo pascual:
Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y
fortaleza en la debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los
santos N.
y N.,
participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos
contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por
nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Concédenos, Señor, llenarnos de alegría, al celebrar la
fiesta de tus mártires N. y N., que murieron con muerte gloriosa y derramaron su sangre
con valentía por confesar la muerte y resurrección de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
HIMNO
Oh Dios, que eres el premio, la corona
y la
suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos de las culpas
por este
mártir a quien hoy cantamos.
Él conoció la hiel que está escondida
en la
miel de los goces de este suelo,
y, por no haber cedido a sus
encantos,
está gozando los del cielo eterno.
Él afrontó con ánimo seguro
lo que sufrió con
varonil coraje,
y consiguió los celestiales dones
al derramar por ti su
noble sangre.
Oh piadosísimo Señor de todo,
te suplicamos con
humilde ruego
que, en el día del triunfo de este mártir,
perdones los
pecados de tus siervos.
Gloria eterna al divino Jesucristo,
que nació
de una Virgen impecable,
y gloria eterna al Santo Paracleto,
y gloria
eterna al sempiterno Padre. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante el Padre. (T. P. Aleluya.)
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Ant.: Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante el Padre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (T. P. Aleluya.)
II.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant.: El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo. (T. P. Aleluya.)
Cántico
1 Pe 2, 21b-24
PASIÓN VOLUNTARIA DE CRISTO, SIERVO DE DIOS
Cristo padeció por nosotros,
dejándonos un
ejemplo
para que sigamos sus huellas.
Él no cometió pecado
ni encontraron engaño en
su boca;
cuando le insultaban, no devolvía el insulto;
en su pasión no
profería amenazas;
al contrario,
se ponía en manos del que juzga
justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño,
para que, muertos al pecado,
vivamos para la justicia.
Sus heridas
nos han curado.
Ant.: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Rm. 8, 35. 37-39
¿Quién podrá apartarnos
del amor de Cristo? ¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre?
¿La desnudez? ¿El Peligro? ¿La espada? En todo esto vencemos fácilmente por
aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni
ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni
profundidad, ni creatura alguna, podrá apartamos del amor de Dios manifestado en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Tiempo
pascual:
Ap 3, 10-12
Porque has guardado la palabra
de mi constancia, yo también te guardaré en la hora de la prueba que va a venir
sobre el mundo entero, para probar a los habitantes de la tierra. Llegaré
pronto: sostén lo que tengas, para que nadie te quite tu corona. Al que venza lo
haré columna en el templo de mi Dios, y ya nunca saldrá fuera, y sobre él
escribiré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, de la nueva
Jerusalén, que baja del cielo desde mi Dios, y mi nombre nuevo.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. El Señor la eligió y la predestinó. R. El Señor. V. La hizo morar en su
templo santo. R. Y la predestinó. V. Gloria. R. El Señor.
Tiempo pascual:
V. Santos y justos, alegraos en el Señor. Aleluya, aleluya.
R. Santos y
justos. V.
Dios os ha elegido como herencia suya. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. Santos y
justos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Fuera del tiempo pascual:
Para un
mártir: Este santo combatió hasta la muerte
por ser fiel al Señor, sin temer las amenazas de los enemigos; estaba cimentado
sobre roca firme.
Para una mártir:
Se ciñó la cintura con firmeza y desplegó la
fuerza de sus brazos; por ello, no se apagará nunca más su lámpara.
Tiempo pascual:
Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y la
eternidad los esclarecerá. Aleluya.
PRECES
En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo: Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor, * principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.
Te damos gracias, Señor, * porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos * y les das parte en los premios de tu reino.
Te damos gracias, Señor, * porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, * la sangre de la alianza nueva y eterna.
Te damos gracias, Señor, * porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Te damos gracias, Señor, * porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Fuera del tiempo pascual:
Para un mártir:
Dios de poder y misericordia, que diste tu
fuerza al mártir san N. para que pudiera resistir el dolor de su martirio,
concédenos que quienes celebramos hoy el día de su victoria, con tu protección,
vivamos libres de las asechanzas del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
O bien: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san N. luchar por la fe hasta derramar su sangre, haz que, ayudados por su intercesión, soportemos por tu amor nuestras dfficultades y con valentía caminemos hacia ti que eres la fuente de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una mártir virgen: Tú, Señor, que nos alegras hoy con la fiesta anual de santa N., concédenos la ayuda de sus méritos, ya que has querido iluminarnos con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa mujer mártir: Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de la santa mártir N. que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ella venció los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tiempo pascual:
Para un mártir: Señor, tú que has hecho más hermosa a la Iglesia al
glorificar con el triunfo del martirio a san N., concédenos, te rogamos,
que así como a él le diste la gracia de imitar con su muerte la pasión de
Cristo, alcancemos nosotros, siguiendo las huellas de tu mártir, los premios
eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien: Proclamamos, Señor, tu poder y humildemente te pedimos que, así como concediste a san N. ser fiel imitador de la pasión de Cristo, así nos otorgues a nosotros que la fortaleza que manifestó en su martirio sea sostén de nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir: Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa N. (de las santas N. y N.), concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir: Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad; por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N. (de tus mártires santas N. y N.), nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora (ellas salieron vencedoras) en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los mártires.
HIMNO
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires
santos.
Rosales en flor
de Cristo el olor,
mártires
santos.
Palabras en luz
de Cristo Jesús,
mártires
santos.
Corona inmortal
de Cristo total,
mártires
santos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Todos os odiarán por mi nombre; pero el que persevere hasta el fin se salvará.
Salmo 2
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los
pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
"rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo".
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se
burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
"yo
mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo".
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha
dicho:
"Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré
en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los
gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza".
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los
que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje
temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de
pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. Todos os odiarán por mi nombre; pero el que persevere hasta el fin se salvará.
Ant. 2. Los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
Salmo 10
Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
"escapa
como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las
saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando
fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?"
Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor
tiene su trono en el cielo,
sus ojos están observando,
sus pupilas
examinan a los hombres.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al
que ama la violencia él lo odia.
Hará llover sobre los malvados ascuas y
azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los
buenos verán su rostro.
Ant. Los trabajos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá.
Ant. 3. El Señor probó a los elegidos como oro en el crisol y los recibió como sacrificio de holocausto para siempre.
Salmo 16
Señor, escucha mi apelación
atiende a mis
clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay
engaño:
emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de
noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en
mí.
Mi boca no ha faltado
como suelen los
hombres;
según tus mandatos, yo me he mantenido
en la senda
establecida.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis
pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios
mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu
misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu
derecha.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la
sombra de tus alas escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo
mortal que me cerca.
Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca
arrogante;
ya me rodean sus pasos,
se hacen guiños para
derribarme,
como un león ávido de presa,
como un cachorro agazapado en su
escondrijo.
Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que
tu espada me libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los
mortales;
mortales de este mundo:
sea su lote esta vida;
de tu despensa
les llenarás el vientre,
se saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo
que sobra.
Pero yo con mi apelación vengo a tu
presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante.
Ant. El Señor probó a los elegidos como oro en el crisol, y los recibió como sacrificio de holocausto para siempre.
V. Me asaltaban angustias y aprietos.
R. Tus
mandatos son mi delicia.
PRIMERA LECTURA
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 7-5, 8
EN LA TRIBULACIÓN SE MANIFIESTA EL PODER DE CRISTO
Hermanos: Llevamos el tesoro de nuestro ministerio en vasos de barro para que aparezca evidente que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios, y que no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados pero no nos aplastan; nos ponen en aprietos, mas no desesperamos de encontrar salida; somos acosados, mas no aniquilados; derribados, pero no perdidos; llevamos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. Aun viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal. Así pues, en nosotros va trabajando la muerte y en vosotros va actuando la vida.
Pero como somos impulsados por el mismo poder de la fe -del que dice la Escritura: «Creí, por eso hablé»-, también nosotros creemos, y por eso hablamos. Y sabemos que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús, y nos hará aparecer en su presencia juntamente con vosotros. Porque todo esto es por vosotros, para que la gracia de Dios, difundida en el mayor número de fieles, multiplique las acciones de gracias para gloria de Dios.
Por eso no perdemos el ánimo. Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida por hombres. Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, si es que nos encontramos vestidos, y no desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos oprimidos. No es que queramos ser desvestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en arras el Espíritu.
Así pues, siempre tenemos confianza, aunque sabemos que mientras vivimos estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor.
Responsorio Mt 5, 11-12a. 10
R. Dichosos vosotros, cuando os
insulten y persigan y propalen contra vosotros toda clase de calumnias por mi
causa; * alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los
cielos.
V. Dichosos los que padecen persecución por razón del bien y de la
virtud, porque de ellos es el reino de los cielos.
R. Alegraos y regocijaos,
porque vuestra recompensa será grande en los cielos.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 329, en el natalicio de los mártires, 1-2: PL 38,1454-1456)
PRECIOSA ES LA MUERTE DE LOS MÁRTIRES, COMPRADA CON EL PRECIO DE LA MUERTE DE CRISTO
Por los hechos tan excelsos de los santos mártires, en los que florece la Iglesia por todas partes, comprobamos con nuestros propios ojos cuán verdad sea aquello que hemos cantado: Mucho le place al Señor la muerte de sus fieles, pues nos place a nosotros y a aquel en cuyo honor ha sido ofrecida.
Pero el precio de todas estas muertes es la muerte de uno solo. ¿Cuántas muertes no habrá comprado la muerte única de aquel sin cuya muerte no se hubieran multiplicado los granos de trigo? Habéis escuchado sus palabras cuando se acercaba al momento de nuestra redención: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.
En la cruz se realizó un excelso trueque: allí se liquidó toda nuestra deuda, cuando del costado de Cristo, traspasado por la lanza del soldado, manó la sangre, que fue el precio de todo el mundo.
Fueron comprados los fieles y los mártires: pero la fe de los mártires ha sido ya comprobada; su sangre es testimonio de ello. Lo que se les confió, lo han devuelto, y han realizado así aquello que afirma Juan: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
Y también, en otro lugar, se afirma: Has sido invitado a un gran banquete: considera atentamente qué manjares te ofrecen, pues también tú debes preparar lo que a ti te han ofrecido. Es realmente sublime el banquete donde se sirve, como alimento, el mismo
Señor que invita al banquete. Nadie, en efecto, alimenta de sí mismo a los que invita, pero el Señor Jesucristo ha hecho precisamente esto: él, que es quien invita, se da a sí mismo como comida y bebida. Y los mártires, entendiendo bien lo que habían comido y bebido, devolvieron al Señor lo mismo que de él habían recibido.
Pero, ¿cómo podrían devolver tales dones si no fuera por concesión de aquel que fue el primero en concedérselos? Esto es lo que nos enseña el salmo que hemos cantado: Mucho le place al Señor la muerte de sus fieles.
En este salmo el autor consideró cuán grandes cosas había recibido del Señor; contempló la grandeza de los dones del Todopoderoso, que lo había creado, que cuando se había perdido lo buscó, que una vez encontrado le dio su perdón, que lo ayudó, cuando luchaba, en su debilidad, que no se apartó en el momento de las pruebas, que lo coronó en la victoria y se le dio a sí mismo como premio; consideró todas estas cosas y exclamó:
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación.
¿De qué copa se trata? Sin duda de la copa de la pasión, copa amarga y saludable, copa que debe beber primero el médico para quitar las aprensiones del enfermo. Es ésta la copa: la reconocemos por las palabras de Cristo, cuando dice: Padre, si es posible, que se aleje de mí ese cáliz.
De este mismo cáliz, afirmaron, pues, los mártires: Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. «¿Tienes miedo de no poder resistir?, «No», dice el mártir. «Por qué?» «Porque he invocado el nombre del Señor.» ¿Cómo podrían haber triunfado los mártires si en ellos no hubiera vencido aquel que afirmó: Tened valor: yo he vencido al mundo? El que reina en el cielo regía la mente y la lengua de sus mártires, y por medio de ellos, en la tierra, vencía al diablo y, en el cielo, coronaba a sus mártires. ¡Dichosos los que así bebieron este cáliz! Se acabaron los dolores y han recibido el honor.
Por tanto, queridos hermanos, concebid en vuestra mente y en vuestro espíritu lo que no podéis ver con vuestros ojos, y sabed que mucho le place al Señor la muerte de sus fieles.
Responsorio 2 Tm 4, 7-8: Flp 3, 8. 10
R. He combatido bien mi combate, he
corrido hasta la meta, he mantenido la fe. * Ahora me aguarda la corona
merecida.
V. Lo perdí todo a fin de tener una íntima experiencia de Cristo y
de la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.
R. Ahora me
aguarda la corona merecida.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del
mártir, ofrecida
como prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la
fe vivida.
Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje
para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que,
en vida y muerte, el justo en Cristo halla.
Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo
y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que en la alegría
de servir al
Señor es consumado.
Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor
Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos
has dado. Amén.
Ant. 1: Te alabarán mis labios, Señor, porque tu gracia vale más que la vida. (T.P.Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2: Mártires del Señor, bendecid al Señor por los siglos. (T. P.Aleluya.)
Ant. 3: "Al vencedor lo pondré de columna en mi santuario", dice el Señor. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual: 2Co 1,
3-5
Bendito sea Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela
en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda
tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios.
Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros,
también por Cristo rebosa nuestro consuelo.
Tiempo
pascual:
1Jn 5, 3-5
En esto consiste el amor a Dios:
en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo
el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al
mundo: nuestra fe; porque, ¿quién es el que vence al mundo, sino el que cree que
Jesús es el Hijo de Dios?
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Para un
mártir:
V. El Señor es mi fuerza y
mi energía. R. El Señor. V. Él es mi salvación. R. Y mi energía.
V. Gloria.
R. El
Señor.
Tiempo pascual:
V. La alegría eterna coronará a los santos. Aleluya, aleluya.
R. La alegría.
V. Vivirán en
el gozo y la exultación. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. La alegría.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Fuera del tiempo
pascual:
El que se aborrece a sí mismo en
este mundo se guardará para la vida eterna.
Tiempo pascual:
Estad alegres y contentos, santos de Dios, pues vuestra
recompensa es grande en el cielo. Aleluya.
PRECES
Celebremos, amados hermanos, a Jesús, el testigo fiel, y al recordar hoy a los santos mártires sacrificados a causa de la palabra de Dios, aclamémosle, diciendo: Nos has comprado, Señor, con tu sangre.
Por la intercesión de los santos mártires que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe, * concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.
Por la intercesión de los santos mártires que proclamaron la fe hasta derramar su sangre, * concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.
Por la intercesión de los santos mártires que soportando la cruz siguieron tus pasos, * concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.
Por la intercesión de los santos mártires que blanquearon su manto en la sangre del Cordero, * concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Fuera del tiempo pascual:
Para un mártir:
Dios de poder y misericordia, que diste tu
fuerza al mártir san N. para que pudiera resistir el dolor de su martirio,
concédenos que quienes celebramos hoy el día de su victoria, con tu protección,
vivamos libres de las asechanzas del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
O bien: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san N. luchar por la fe hasta derramar su sangre, haz que, ayudados por su intercesión, soportemos por tu amor nuestras dfficultades y con valentía caminemos hacia ti que eres la fuente de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una mártir virgen: Tú, Señor, que nos alegras hoy con la fiesta anual de santa N., concédenos la ayuda de sus méritos, ya que has querido iluminarnos con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa mujer mártir: Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de la santa mártir N. que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ella venció los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tiempo pascual:
Para un mártir: Señor, tú que has hecho más hermosa a la Iglesia al
glorificar con el triunfo del martirio a san N., concédenos, te rogamos,
que así como a él le diste la gracia de imitar con su muerte la pasión de
Cristo, alcancemos nosotros, siguiendo las huellas de tu mártir, los premios
eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien: Proclamamos, Señor, tu poder y humildemente te pedimos que, así como concediste a san N. ser fiel imitador de la pasión de Cristo, así nos otorgues a nosotros que la fortaleza que manifestó en su martirio sea sostén de nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir: Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa N. (de las santas N. y N.), concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir: Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad; por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N. (de tus mártires santas N. y N.), nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora (ellas salieron vencedoras) en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
Tercia
Ant. El Señor le dio la victoria en la dura batalla, para que supiera que la sabiduría es más fuerte que nada.
LECTURA BREVE 1 Pe 5, 10-11
Tras un breve padecer, el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.
V. El Señor lo (la) revistió con un manto de
gloria.
R. Y puso sobre su cabeza la corona de vencedor.
Sexta
Ant. El Señor lo (la) coronó con una diadema de justicia, y le dio un nombre santo y glorioso.
LECTURA BREVE Cf. St 1, 12
Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque, una vez aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman.
V. En Dios confío y no temo.
R. ¿Qué podrá
hacerme un mortal?
Nona
Ant. Al ir, iban llorando, llevando la semilla.
LECTURA BREVE Sb 3, 1-2a. 3b
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará tormento alguno. Creyeron los insensatos que habían muerto; pero ellos están en la paz.
V. Al volver, vuelven cantando.
R. Trayendo sus
gavillas.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Oh Dios, que eres el premio, la corona
y la
suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos de las culpas
por este
mártir a quien hoy cantamos.
Él conoció la hiel que está escondida
en la
miel de los goces de este suelo,
y, por no haber cedido a sus
encantos,
está gozando los del cielo eterno.
Él afrontó con ánimo seguro
lo que sufrió con
varonil coraje,
y consiguió los celestiales dones
al derramar por ti su
noble sangre.
Oh piadosísimo Señor de todo,
te suplicamos con
humilde ruego
que, en el día del triunfo de este mártir,
perdones los
pecados de tus siervos.
Gloria eterna al divino Jesucristo,
que nació
de una Virgen impecable,
y gloria eterna al Santo Paracleto,
y gloria
eterna al sempiterno Padre. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo. (T. P. Aleluya.)
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant.: El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y se venga conmigo. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2: A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará. (T. P. Aleluya.)
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant.: A quien me sirva, mi Padre del cielo lo premiará. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3: El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir
la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant.: El que pierda su vida por mí la encontrará para siempre. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE
Fuera del tiempo pascual:
1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad
alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se
manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo,
dichosos vosotros: porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa
sobre vosotros.
Tiempo
pascual:
Ap 7, 14-17
Ésos son los que vienen de la
gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre
del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche
en su santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre
ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; ya no los molestará el sol ni calor alguno;
porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los
manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus
ojos.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado respiro.
R. Oh Dios.
V. Nos
refinaste como refinan la plata. R. Pero nos has dado respiro. V. Gloria. R. Oh Dios.
Tiempo pascual:
V. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. Aleluya,
aleluya. R.
Resplandecerán. V. Y se alegrarán los rectos de corazón. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R.
Resplandecerán.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Fuera del tiempo pascual:
Los santos tienen su morada en el reino de Dios, y allí han
encontrado descanso eterno.
Tiempo pascual:
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda
infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. Aleluya.
PRECES
En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo: Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor, * principio, ejemplo y rey de los mártires, porque nos amaste hasta el extremo.
Te damos gracias, Señor, * porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos y les das parte en los premios de tu reino.
Te damos gracias, Señor, * porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados, la sangre de la alianza nueva y eterna.
Te damos gracias, Señor, * porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Te damos gracias, Señor, * porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Fuera del tiempo pascual:
Para un mártir:
Dios de poder y misericordia, que diste tu
fuerza al mártir san N. para que pudiera resistir el dolor de su martirio,
concédenos que quienes celebramos hoy el día de su victoria, con tu protección,
vivamos libres de las asechanzas del enemigo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
O bien: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san N. luchar por la fe hasta derramar su sangre, haz que, ayudados por su intercesión, soportemos por tu amor nuestras dificultades y con valentía caminemos hacia ti que eres la fuente de toda vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una mártir virgen: Tú, Señor, que nos alegras hoy con la fiesta anual de santa N., concédenos la ayuda de sus méritos, ya que has querido iluminarnos con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa mujer mártir: Señor, ya que por don tuyo la fuerza se realiza en la debilidad, concede a cuantos estamos celebrando la victoria de la santa mártir N. que obtengamos la fortaleza de vencer nuestras dificultades como ella venció los tormentos del martirio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tiempo pascual:
Para un mártir: Señor, tú que has hecho más hermosa a la Iglesia al
glorificar con el triunfo del martirio a san N., concédenos, te rogamos,
que así como a él le diste la gracia de imitar con su muerte la pasión de
Cristo, alcancemos nosotros, siguiendo las huellas de tu mártir, los premios
eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien: Proclamamos, Señor, tu poder y humildemente te pedimos que, así como concediste a san N. ser fiel imitador de la pasión de Cristo, así nos otorgues a nosotros que la fortaleza que manifestó en su martirio sea sostén de nuestra debilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una virgen mártir: Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con la fiesta anual de santa N. (de las santas N. y N.), concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminados con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para una santa mujer mártir: Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad; por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa N. (de tus mártires santas N. y N.), nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora (ellas salieron vencedoras) en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.
HIMNO
Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz
del Pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor
de su rebaño.
Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz
del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la
entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su fiel
presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es
providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda
siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos
aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y doctrina. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y doctrina. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Yo mismo apacentaré mis ovejas; buscaré a las perdidas y haré volver a las descarriadas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 2. Yo mismo apacentaré mis ovejas; buscaré a las perdidas y haré volver a las descarriadas. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. El buen pastor da su vida por las ovejas. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El buen pastor da su vida por las ovejas. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 1Pe 5, 1-4
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor. R. Sacerdotes. V. Santos y humildes de
corazón, alabad a Dios. R. Bendecid al Señor. V.
Gloria. R.
Sacerdotes.
Tiempo pascual:
V. Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor. Aleluya, aleluya.
R. Sacerdotes. V. Santos y humildes de corazón, alabad a Dios. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. Sacerdotes.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Para un santo Papa u
obispo: Sacerdote del Altísimo, modelo de
virtudes, pastor bueno del pueblo, tú agradaste al Señor. (T. P. Aleluya.)
Para un santo presbítero:
Me he hecho todo para todos, para salvarlos a todos. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo: Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, * purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, * salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Para un santo papa: Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que san N., papa, presidiera a todo tu pueblo y lo iluminara con su ejemplo y sus palabras, por su intercesión protege a los pastores de la Iglesia y a sus rebaños y hazlos progresar por el camino de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo obispo: Señor, tú que colocaste a san N. en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo fundador de una Iglesia: Señor, tú que por la predicación de san N. (obispo) llamaste a nuestros padres a la luz admirable del Evangelio, te pedimos que, por su intercesión, nosotros crezcamos también en tu gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Para un santo pastor: Señor, luz de los fieles y pastor de las almas, tú que elegiste a san N. (obispo) para que, en la Iglesia, apacentara tus ovejas con su palabra y las iluminara con su ejemplo, te pedimos que, por su intercesión, nos concedas perseverar en la fe que él nos enseñó con su palabra y seguir el camino que nos mostró con su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien: Señor, tú que diste a san N. la abundancia del espíritu de verdad y de amor para que fuera un buen pastor de tu pueblo, concede a cuantos celebramos hoy su fiesta adelantar en la virtud, imitando sus ejemplos, y sentirnos protegidos con su valiosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo misionero: Dios y Señor nuestro, que con tu amor hacia los hombres quisiste que san N. anunciara a los pueblos la riqueza insondable que es Cristo, concédenos, por su intercesión, crecer en el conocimiento del misterio de Cristo y vivir siempre según las enseñanzas del Evangelio, fructificando con toda clase de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo. tu Hijo.
Ant. Venid, adoremos a Cristo, Pastor supremo.
HIMNO
Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo,
el buen Pastor que al mundo vino,
glorioso va delante del rebaño,
guiando
su marchar por buen camino.
Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la
verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios, que a todos ama.
Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos
cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único
Pastor siervos amados.
La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de la
verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del
Señor que nos es dada. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Quien quiera ser el primero que sea el ultimo de todos y el servidor de todos.
Salmo 20, 2-8. 14
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y
cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no
le has negado lo que pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has
puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has
concedido,
años que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has
vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas
de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia
del Altísimo no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de
instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos.
Ant. 2. Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
Salmo 91
I
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu
nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi
júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué
profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y
florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio,
Señor,
eres excelso por los siglos.
Ant. Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
Ant. 3. Siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
II
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los
malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y
me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos
escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera,
se alzará
como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los
atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. Siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
V. Escucharás de mi boca una palabra.
R. Y les
darás la alarma de mi parte.
PRIMERA LECTURA
Para un santo papa u obispo:
De la carta del apóstol san Pablo a Tito 1, 7-11; 2, 18
RECOMENDACIONES DE PABLO SOBRE LAS CUALIDADES Y LOS DEBERES DE LOS OBISPOS
Querido hermano: Es preciso que el obispo sea irreprochable, como administrador que es de la casa de Dios: que no sea soberbio ni iracundo, ni dado al vino ni pendenciero, ni codicioso de torpes ganancias. Más bien, debe ser hospitalario, amigo de todo lo bueno, discreto, recto, religioso, dueño de sí y muy adicto al auténtico mensaje de la verdad transmitida. Así podrá exhortar y animar con sana instrucción y rebatir a los contradictores.
Hay, en verdad, muchos insubordinados, charlatanes y embaucadores, sobre todo de entre los partidarios de la circuncisión. Es necesario irles tapando la boca, porque van revolviendo familias enteras, enseñando lo que no se debe, con la mira puesta en vergonzosas ganancias. Pero tú enseña lo que es conforme a la sana doctrina.
Los ancianos, que sean moderados, dignos, discretos, íntegros y vigorosos en la fe, en la caridad, en la constancia. Las ancianas, de igual modo, que observen un porte religioso, como conviene a una profesión santa; que no se den a la murmuración ni al mucho vino; que sean maestras de buenas costumbres, para poder inspirar sentimientos de modestia a las más jóvenes. Así les enseñarán a ser buenas esposas y buenas madres de familia, a ser discretas, honestas, hacendosas, bondadosas, dóciles a sus maridos. Así no darán motivo para que se hable mal del Evangelio de Dios.
Asimismo, a los jóvenes, anímalos a vivir con moderación en todas las cosas. Y tú sé modelo por tus buenas obras, con desinterés e integridad en la enseñanza, con gravedad, con genuina e incensurable doctrina, para que nuestros adversarios se vean confundidos, al no tener nada malo que decir contra nosotros.
Responsorio Hch 20, 28; 1 Co 4, 2
R. Tened cuidado del rebaño que el
Espíritu Santo os ha encargado guardar, * como pastores de la Iglesia de Dios,
que él adquirió con la sangre de su Hijo.
V. En un administrador lo que se
busca es que sea fiel.
R. Como pastores de la Iglesia de Dios, que él
adquirió con la sangre de su Hijo.
Para un santo presbítero:
De la primera carta del apóstol san Pedro 5, 1-11
DEBERES DE LOS PRESBÍTEROS Y DE LOS FIELES
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
Asimismo vosotros, jóvenes, sed sumisos a los presbíteros, y sed humildes unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos bajo la poderosa mano de Dios, para que a su tiempo os eleve. Descargad en él todas vuestras preocupaciones, porque él se interesa por vosotros.
Sed sobrios, estad despiertos: vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe. Y sabed que la misma clase de padecimientos están sufriendo vuestros hermanos, dispersos por el mundo.
Tras un breve padecer, el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio 1 Co 4, 1-2; Pr 20, 6
R. Que la gente sólo vea en nosotros
servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. * Ahora, en un
administrador lo que se busca es que sea fiel.
V. Muchos hombres se dicen
piadosos, pero un hombre fiel, ¿quién lo encontrará?
R. Ahora, en un
administrador lo que se busca es que sea fiel.
SEGUNDA LECTURA
Para un santo papa:
De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 3 en el aniversario de su consagración episcopal, 2-3: PL 54,145-146)
EN PEDRO PERMANECE LO QUE CRISTO INSTITUYÓ
Aunque nosotros, queridos hermanos, nos vemos débiles y agobiados cuando pensamos en las obligaciones de nuestro ministerio, hasta tal punto que, al querer actuar con entrega y energía, nos sentimos condicionados por nuestra fragilidad, sin embargo, contando con la constante protección del Sacerdote eterno y todopoderoso, semejante a nosotros, pero también igual al Padre, de aquel que quiso humillarse en su divinidad hasta tal punto que la unió a nuestra humanidad para elevar nuestra naturaleza a la dignidad divina, digna y piadosamente nos gozamos de su especial providencia, pues, aunque delegó en muchos pastores el cuidado de sus ovejas, sin embargo, continúa él mismo velando sobre su amada grey.
También nosotros recibimos alivio en nuestro ministerio apostólico de su especial y constante protección, y nunca nos vemos desprovistos de su ayuda. Es tal, en efecto, la solidez de los cimientos sobre los que se levanta el edificio de la Iglesia que, por muy grande que sea la mole del edificio que sostienen, no se resquebrajan.
La firmeza de aquella fe del príncipe de los apóstoles, que mereció ser alabada por el Señor, es eterna. Y así como persiste lo que Pedro afirmó de Cristo, así permanece también lo que Cristo edificó sobre Pedro. Permanece, pues, lo que la Verdad dispuso, y el bienaventurado Pedro, firme en aquella solidez de piedra que le fue otorgada, no ha abandonado el timón de la Iglesia que el Señor le encomendara.
Pedro ha sido colocado por encima de todo, de tal forma que en los mismos nombres que tiene podemos conocer hasta qué punto estaba unido a Cristo: él, en efecto, es llamado: piedra, fundamento, portero del reino de los cielos, árbitro de lo que hay que atar y desatar; por ello, hay que acatar en los cielos el fallo de las sentencias que él da en la tierra.
Pedro sigue ahora cumpliendo con mayor plenitud y eficacia la misión que le fue encomendada, y, glorificado en Cristo y con Cristo, continúa ejerciendo los servicios que le fueron confiados.
Si, pues, hacemos algo rectamente y lo ejecutamos con prudencia, si algo alcanzamos de la misericordia divina con nuestra oración cotidiana, es en virtud y por los méritos de aquel cuyo poder pervive en esta sede y cuya autoridad brilla en la misma.
Todo ello es fruto, amados hermanos, de aquella confesión que, inspirada por el Padre en el corazón de Pedro, supera todas las incertidumbres de las opiniones humanas y alcanza la firmeza de la roca que no será nunca cuarteada por ninguna violencia.
En toda la Iglesia, Pedro confiesa diariamente: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y toda lengua que confiesa al Señor está guiada por el magisterio de esta confesión.
Responsorio Mt 16, 18; Sal 47, 9
R. Dijo Jesús a Simón: «Yo te digo:
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, * y los poderes del
infierno no la derrotarán.»
V. Dios la ha fundado para siempre.
R. Y los
poderes del infierno no la derrotarán.
Para un santo fundador de una iglesia:
Del tratado de san Hilario, obispo, sobre el salmo ciento veintiséis
(Núms. 7-10: PL 9, 696-697)
DIOS EDIFICA Y GUARDA SU CIUDAD
Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Sois templo de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros. Este es, pues, el templo de Dios, lleno de su doctrina y de su poder, capaz de contener al Señor en el santuario del corazón. Sobre esto ha hablado el profeta en el salmo: Santo es tu templo, admirable por su justicia. La santidad, la justicia y la continencia humana son un templo para Dios.
Dios debe, pues, construir su casa. Construida por manos de hombres, no se sostendría; apoyada en doctrinas del mundo, no se mantendría en pie; protegida por nuestros ineficaces desvelos y trabajos, no se vería segura.
Esta casa debe ser construida y custodiada de manera muy diferente: no sobre la tierra ni sobre la movediza y deslizante arena, sino sobre sus propios fundamentos, los profetas y los apóstoles.
Esta casa debe construirse con piedras vivas, debe encontrar su trabazón en Cristo, la piedra angular, debe crecer por la unión mutua de sus elementos hasta que llegue a ser el varón perfecto y consiga la medida de la plenitud del cuerpo de Cristo; debe, en fin, adornarse con la belleza de las gracias espirituales y resplandecer con su hermosura.
Edificada por Dios, es decir, por su palabra, no se derrumbará. Esta casa irá creciendo en cada uno de nosotros con diversas construcciones, según las diferencias de los fieles, para dar ornato y amplitud a la ciudad dichosa.
El Señor es desde antiguo el atento guardián de esta ciudad: cuando protegió a Abrahán peregrino y eligió a Isaac para el sacrificio; cuando enriqueció a su siervo Jacob y, en Egipto, ennobleció a José, vendido por sus hermanos; cuando fortaleció a Moisés contra el Faraón y eligió a Josué como jefe del ejército; cuando liberó a David de todos los peligros y concedió a Salomón el don de la sabiduría; cuando asistió a los profetas, arrebató a Elías y eligió a Eliseo; cuando protegió a Daniel y, en el horno, refrigeró con una brisa suave a los niños, juntándose con ellos como uno más; cuando, por medio del ángel, anunció a José que la Virgen había concebido por la fuerza divina, y confirmó a María; cuando envió como precursor a Juan y eligió a los apóstoles, y cuando rogó al Padre, diciendo: Padre santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado; yo guardaba en tu nombre a los que me diste; finalmente, cuando él mismo, después de su pasión, nos promete que velará siempre sobre nosotros: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Ésta es la protección eterna de aquella bienaventurada y santa ciudad, que, compuesta de muchos, pero formando una sola, es en cada uno de nosotros la ciudad de Dios. Esta ciudad, por tanto, debe ser edificada por Dios para que crezca hasta su completo acabamiento. Comenzar una edificación no significa su perfección; pero mediante la edificación se va preparando la perfección final.
Responsorio 1 Pe 2, 4-5; Sal 117, 22
R. Acercándoos al Señor, la piedra
viva, * también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del
templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios
espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
V. Él es ahora la piedra
angular.
R. También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción
del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer
sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
O bien esta otra, especialmente para un santo obispo:
De los sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo
(Sermón 1, 2-3: CCL 91 A, 889-890)
CRIADO FIEL Y SOLÍCITO
El Señor, queriendo explicar el peculiar ministerio de aquellos siervos que ha puesto al frente de su pueblo, dice: ¿Quién es el criado fiel y solicito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia para que les reparta la medida de trigo a sus horas? Dichoso ese criado, si el Señor, al llegar, lo encuentra portándose así. ¿Quién es este Señor, hermanos? Cristo, sin duda, quien dice a sus discípulos: Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
¿Y cuál es la familia de este Señor? Sin duda, aquella que el mismo Señor ha liberado de la mano del enemigo para hacerla pueblo suyo. Esta familia santa es la Iglesia católica, que por su abundante fertilidad se encuentra esparcida por todo el mundo y se gloría de haber sido redimida por la preciosa sangre de su Señor. El Hijo del hombre -dice el mismo Señor- no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Él mismo es también el buen pastor que entrega su vida por sus ovejas. La familia del Redentor es la grey del buen pastor.
Quien es el criado que debe ser al mismo tiempo fiel y solícito, nos lo enseña el apóstol Pablo cuando, hablando de sí mismo y de sus compañeros, afirma: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel.
Y, para que nadie caiga en el error de creer que el apóstol Pablo designa como administradores sólo a los apóstoles y que, en consecuencia, despreciando el ministerio eclesial, venga a ser un siervo infiel y descuidado, el mismo apóstol Pablo dice que los obispos son también administradores: El obispo, siendo administrador de Dios, tiene que ser intachable.
Somos siervos del padre de familias, somos administradores de Dios, y recibiremos la misma medida de trigo que os servimos. Si queremos saber cuál deba ser esta medida de trigo, nos lo enseña también el mismo apóstol Pablo, cuando afirma: Estimaos moderadamente, según la medida de la fe que Dios otorgó a cada uno.
Lo que Cristo designa como medida de trigo, Pablo lo llama medida de la fe, para que sepamos que el trigo espiritual no es otra cosa sino el misterio venerable de la fe cristiana. Nosotros os repartimos esta medida de trigo, en nombre del Señor, todas las veces que, iluminados por el don de la gracia, hablamos de acuerdo con la regla de la verdadera fe. Vosotros mismos recibís la medida de trigo, por medio de los administradores del Señor; todas las veces que escucháis la palabra de la verdad por medio de los siervos de Dios.
Responsorio Mt 25, 21. 20
R. Bien, siervo bueno y fiel: en lo
poco has sido fiel, te daré un cargo importante; * pasa al banquete de tu
Señor.
V. Señor, cinco talentos me dejaste; mira, otros cinco talentos he
ganado.
R. Pasa al banquete de tu Señor.
Para un santo presbítero:
Del Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, del Concilio Vaticano segundo
(Núm. 12)
VOCACIÓN DE LOS PRESBÍTEROS A LA PERFECCIÓN
Por el sacramento del orden, los presbíteros se configuran a Cristo sacerdote, como miembros con la cabeza, para construir y edificar todo su cuerpo, que es la Iglesia, como cooperadores del orden episcopal. Ya desde la consagración bautismal, han recibido, como todos los fieles cristianos, el símbolo y el don de tan gran vocación, para que, a pesar de la debilidad humana, procuren y tiendan a la perfección, según la palabra del Señor: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Los sacerdotes están obligados por especiales motivos a alcanzar esa perfección, ya que, consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del orden, se convierten en instrumentos vivos de Cristo, sacerdote eterno, para continuar en el tiempo la obra admirable del que, con celeste eficacia, reintegró la unidad de todos los hombres.
Así, pues, ya que todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo, recibe por ello una gracia particular, para que, por el mismo servicio de los fieles y de todo el pueblo de Dios que se le ha confiado, pueda alcanzar con mayor eficacia la perfección de aquel a quien representa, y encuentre remedio para la flaqueza humana de la carne en la santidad de aquel que fue hecho para nosotros sumo sacerdote santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores.
Cristo, a quien el Padre santificó o consagró y envió al mundo, se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras, y así, por su pasión, entró en la gloria; de la misma manera, los presbíteros, consagrados por la unción del Espíritu Santo y enviados por Cristo, mortifican en sí mismos las obras de la carne y se consagran totalmente al servicio de los hombres, y así, por la santidad con que están enriquecidos en Cristo, pueden progresar hasta llegar al varón perfecto.
Por ello, al ejercer el ministerio del Espíritu y de la justicia, si son dóciles al Espíritu de Cristo que los vivifica y guía, se afirman en la vida del espíritu. Ya que las mismas acciones sagradas de cada día, y todo el ministerio que ejercen unidos con el obispo y con los demás presbíteros, los van llevando a un crecimiento de perfección.
Además, la misma santidad de los presbíteros contribuye en gran manera a la fecundidad del propio ministerio. Pues, aunque la gracia de Dios puede realizar la obra de la salvación también por medio de ministros indignos, sin embargo, Dios prefiere manifestar sus maravillas por obra de quienes son más dóciles al impulso e inspiración del Espíritu Santo. Por su íntima unión con Cristo y por la santidad de su vida, los presbíteros pueden decir con el Apóstol: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
Responsorio 1 Ts 2, 8; Ga 4, 19
R. Queríamos daros no sólo el
Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser, * porque habíais llegado a
sernos muy queridos.
V. Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de
parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros.
R. Porque habíais llegado a
sernos muy queridos.
Para un santo misionero:
Del Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 4-5)
ID Y HACED DISCÍPULOS DE TODOS LOS PUEBLOS
El mismo Señor Jesús, antes de entregar voluntariamente su vida por la salvación del mundo, de tal manera dispuso el ministerio apostólico y prometió enviar el Espíritu Santo que ambos se encuentran asociados en la realización de la obra de la salvación en todas partes y para siempre.
El Espíritu Santo unifica en la comunión y en el ministerio, y provee de diversos dones jerárquicos y carismáticos a toda la Iglesia a través de todos los tiempos, vivificando, a la manera del alma, las instituciones eclesiales e infundiendo en el corazón de los fieles el mismo impulso de misión con que actuó Cristo. A veces también se anticipa visiblemente a la acción apostólica, de la misma forma que sin cesar la acompaña y dirige de diversas formas.
El Señor Jesús ya desde el principio llamó a los que él guiso, y a doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar. Los apóstoles fueron, pues, la semilla del nuevo Israel y al mismo tiempo el origen de la sagrada jerarquía.
Después, el Señor, una vez que hubo cumplido en sí mismo, con su muerte y resurrección, los misterios de nuestra salvación y la restauración de todas las cosas, habiendo recibido toda potestad en el cielo y en la tierra, antes de ascender a los cielos, fundó su Iglesia como sacramento de salvación y envió a los apóstoles a todo el mundo, como también él había sido enviado por el Padre, mandándoles: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. De aquí le viene a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvación de Cristo; tanto en virtud del mandato expreso que de los apóstoles heredó el orden episcopal, al que ayudan los presbíteros, juntamente con el sucesor de Pedro, sumo pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infunde a sus miembros.
La misión de la Iglesia se realiza, pues, mediante aquella actividad por la que, obediente al mandato de Cristo y movida por la gracia y la caridad del Espíritu Santo, se hace presente en acto pleno a todos los hombres o pueblos, para llevarlos con el ejemplo de su vida y con la predicación, con los sacramentos y demás medios de gracia, a la fe, la libertad y la paz de Cristo, de suerte que se les descubra el camino libre y seguro para participar plenamente en el misterio de Cristo.
Responsorio Mc 16, 15-16; Jn 3, 5
R. Id al mundo entero y proclamad el
Evangelio a toda la creación. * El que crea y se bautice se salvará.
V. El
que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
R. El
que crea y se bautice se salvará.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Cristo, Cabeza, Rey de los pastores,
el pueblo
entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos
sagrados.
Con abundancia de sagrado crisma,
la unción
profunda de tu Santo Espíritu
lo armó guerrero y lo nombró en la
Iglesia
jefe del pueblo.
Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el
ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de
todos.
Tú que coronas sus merecimientos,
danos la
gracia de imitar su vida
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su
gloria. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el
cántico se toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. (T. P. Aleluya.)
LECTURA
BREVE Hb 13,
7-9a
Acordaos de aquellos superiores
vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace
de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre.
No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V.
Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado
centinelas. R. Sobre tus murallas. V.
Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el
nombre del Señor. R. He colocado centinelas. V.
Gloria. R.
Sobre tus murallas.
Tiempo pascual:
V. Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
Aleluya, aleluya. R. Sobre tus murallas. V.
Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el
nombre del Señor. R. Aleluya, aleluya. V.
Gloria. R.
Sobre tus murallas.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre quien habla por vosotros. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo: Apacienta a tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor, * haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo, * no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas, * haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos, * haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Se dice la oración propia
o, en su defecto, una de las siguientes:
Para un santo papa: Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que san N., papa, presidiera a todo tu pueblo y lo iluminara con su ejemplo y sus palabras, por su intercesión protege a los pastores de la Iglesia y a sus rebaños y hazlos progresar por el camino de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo obispo: Señor, tú que colocaste a san N. en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo fundador de una Iglesia: Señor, tú que por la predicación de san N. (obispo) llamaste a nuestros padres a la luz admirable del Evangelio, te pedimos que, por su intercesión, nosotros crezcamos también en tu gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Para un santo pastor: Señor, luz de los fieles y pastor de las almas, tú que elegiste a san N. (obispo) para que, en la Iglesia, apacentara tus ovejas con su palabra y las iluminara con su ejemplo, te pedimos que, por su intercesión, nos concedas perseverar en la fe que él nos enseñó con su palabra y seguir el camino que nos mostró con su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien: Señor, tú que diste a san N. la abundancia del espíritu de verdad y de amor para que fuera un buen pastor de tu pueblo, concede a cuantos celebramos hoy su fiesta adelantar en la virtud, imitando sus ejemplos, y sentirnos protegidos con su valiosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo misionero: Dios y Señor nuestro, que con tu amor hacia los hombres quisiste que san N. anunciara a los pueblos la riqueza insondable que es Cristo, concédenos, por su intercesión, crecer en el conocimiento del misterio de Cristo y vivir siempre según las enseñanzas del Evangelio, fructificando con toda clase de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo. tu Hijo.
Tercia
Ant. Padre, como tú me enviaste al mundo, así también los envío yo al mundo.
LECTURA BREVE 1 Tm 4, 16
Vigílate a ti mismo y a tu enseñanza; sé constante en ello; obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
V. Escogió el Señor a su
siervo.
R. Para pastorear a Jacob, su heredad.
Sexta
Ant. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado.
LECTURA BREVE 1 Tm 1, 12
Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio.
V. No me avergüenzo del
Evangelio.
R. Que es una fuerza de Dios para la salvación.
Nona
Ant. Somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificación de Dios.
LECTURA BREVE 1 Tm 3, 13
Los que ejercen bien el diaconado alcanzan un puesto honroso y grande entereza en la fe de Cristo Jesús.
V. Si el Señor no construye la
casa.
R. En vano se cansan los albañiles.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Cantemos al Señor con alegría,
unidos a la voz
del Pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor
de su rebaño.
Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz
del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la
entrega y amor de este otro cristo.
Conociendo en la fe su fiel
presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es
providencia
de pastos abundantes que son vida.
Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda
siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos
aguarde el amor de tus pastores. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por don de la gracia de Dios.
(T. P. Aleluya.)
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por don de la gracia de Dios. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. (T. P. Aleluya.)
Salmo
111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como hijos de
la luz; toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5,
8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será
perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que
vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. Administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 1Pe 5, 1-4
A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo, gobernándolo, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por sórdida ganancia, sino con generosidad, no como dominadores sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su
pueblo. R. Éste es el que ama a sus hermanos. V. El que entregó su vida
por sus hermanos. R. El que ora mucho por su pueblo. V. Gloria. R. Éste es el que ama a sus
hermanos.
Tiempo pascual:
V. Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su
pueblo. Aleluya, aleluya. R. Éste es el que ama a sus hermanos. V. El que entregó su vida
por sus hermanos. R. Aleluya, aleluya. V.
Gloria. R.
Éste es el que ama a sus hermanos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Éste es el administrador fiel y prudente, a quien su señor ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas. (T. P. Aleluya.)
O bien: Te doy gracias, Cristo, pastor bueno, porque has querido glorificarme; te suplico que las ovejas que pusiste a mi cuidado participen conmigo eternamente de su gloria. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo: Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, * purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, * salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia
o, en su defecto, una de las siguientes:
Para un santo papa: Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que san N., papa, presidiera a todo tu pueblo y lo iluminara con su ejemplo y sus palabras, por su intercesión protege a los pastores de la Iglesia y a sus rebaños y hazlos progresar por el camino de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo obispo: Señor, tú que colocaste a san N. en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo fundador de una Iglesia: Señor, tú que por la predicación de san N. (obispo) llamaste a nuestros padres a la luz admirable del Evangelio, te pedimos que, por su intercesión, nosotros crezcamos también en tu gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.
Para un santo pastor: Señor, luz de los fieles y pastor de las almas, tú que elegiste a san N. (obispo) para que, en la Iglesia, apacentara tus ovejas con su palabra y las iluminara con su ejemplo, te pedimos que, por su intercesión, nos concedas perseverar en la fe que él nos enseñó con su palabra y seguir el camino que nos mostró con su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien: Señor, tú que diste a san N. la abundancia del espíritu de verdad y de amor para que fuera un buen pastor de tu pueblo, concede a cuantos celebramos hoy su fiesta adelantar en la virtud, imitando sus ejemplos, y sentirnos protegidos con su valiosa intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo misionero: Dios y Señor nuestro, que con tu amor hacia los hombres
quisiste que san N. anunciara a los pueblos la riqueza insondable que es
Cristo, concédenos, por su intercesión, crecer en el conocimiento del misterio
de Cristo y vivir siempre según las enseñanzas del Evangelio, fructificando con
toda clase de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
HIMNO
Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente
eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos
ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.
Palabra eternamente pronunciada
en la mente del
Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el
seno de Virgen, hecha Hijo.
Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que
yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida
y su muerte ha redimido.
Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis
de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad
la verdad en los caminos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y doctrina. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y doctrina. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Yo mismo apacentaré mis ovejas; buscaré a las perdidas y haré volver a las descarriadas. (T. P. Aleluya.)
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 2. Yo mismo apacentaré mis ovejas; buscaré a las perdidas y haré volver a las descarriadas. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. El buen pastor da su vida por las ovejas. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El buen pastor da su vida por las ovejas. (T. P. Aleluya.)
LECTURA
BREVE St 3,
17-18
La sabiduría que viene de arriba ante
todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de
misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están
sembrando la paz; y su fruto es la justicia.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. La boca del justo expone la sabiduría. R. La boca del justo.
V. Su lengua
explica el derecho. R. Expone la sabiduría. V. Gloria. R. La boca del
justo.
Tiempo pascual:
V. La boca del justo expone la sabiduría. Aleluya, aleluya.
R. La boca del
justo. V. Su
lengua explica el derecho. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. La boca del
justo.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant. Quien cumpla y enseñe mi ley será grande en el reino de los cielos. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo: Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, * purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, * salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración
propia o, en su defecto, la siguiente:
Tú, Señor, que concediste a san N. un conocimiento profundo de la sabiduría divina, concédenos, por su intercesión, ser siempre fieles a tu palabra y llevarla a la práctica en nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.
HIMNO
Hondo saber de Dios fue vuestra ciencia,
su
espíritu de verdad os dio a beberla
en la Revelación, que es su
presencia
en velos de palabra siempre nueva.
Abristeis el camino para hallarla
a todo el que
de Dios hambre tenía,
palabra del Señor que, al contemplarla,
enciende
nuestras luces que iluminan.
Saber de Dios en vida convertido
es la virtud
del justo, que, a su tiempo,
si Dios le dio la luz, fue lo debido
que
fuera su verdad, su pensamiento.
Demos gracias a Dios humildemente,
y al Hijo,
su Verdad que a todos guía,
dejemos que su Luz, faro esplendente,
nos guíe
por el mar de nuestra vida. Amén.
PRIMERA LECTURA
Del libro de Ben Sirá 39, 1-14
EL HOMBRE SABIO, CONOCEDOR DE LAS ESCRITURAS
El que se entrega de lleno a meditar la ley del Altísimo indaga la sabiduría de sus predecesores y estudia las profecías, examina las explicaciones de autores famosos y penetra por parábolas intrincadas, indaga el misterio de proverbios y da vueltas a enigmas.
Presta servicio ante los poderosos y se presenta ante los jefes; viaja por países extranjeros, probando el bien y el mal de los hombres; madruga por el Señor, su creador, y reza delante del Altísimo; abre la boca para suplicar, pidiendo perdón de sus pecados.
Si el Señor lo quiere, él se llenará de espíritu de inteligencia; Dios le hará derramar sabias palabras, y él confesará al Señor en su oración. Dios guiará sus consejos prudentes, y él meditará sus misterios; Dios le comunicará su doctrina y enseñanza, y él se gloriará de la ley del Altísimo.
Muchos alabarán su inteligencia, que no perecerá jamás; nunca faltará su recuerdo, y su fama vivirá por generaciones. Los pueblos contarán su sabiduría y la asamblea anunciará su alabanza.
Responsorio Sir 15, 5-6
R. En la asamblea le da la palabra,
* y el Señor lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V. Alcanzará
gozo y alegría.
R. Y el Señor lo llena de espíritu, sabiduría e
inteligencia.
SEGUNDA LECTURA
Del Espejo de la fe, de Guillermo, abad del monasterio de san Teodorico
(PL 180, 384)
DEBEMOS BUSCAR LA INTELIGENCIA DE LA FE EN EL ESPÍRITU SANTO
Oh alma fiel, cuando tu fe se vea rodeada de incertidumbre y tu débil razón no comprenda los misterios demasiado elevados, di sin miedo, no por deseo de oponerte, sino por anhelo de profundizar: «¿Cómo será eso?».
Que tu pregunta se convierta en oración, que sea amor, piedad, deseo humilde. Que tu pregunta no pretenda escrutar con suficiencia la majestad divina, sino que busque la salvación en aquellos mismos medios de salvación que Dios nos ha dado. Entonces te responderá el Consejero admirable: Cuando venga el Defensor, Que enviará el Padre en mi nombre, él os enseñará todo y os guiará hasta la verdad plena. Pues nadie conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está en él; y, del mismo modo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios.
Apresúrate, pues, a participar del Espíritu Santo: cuando se le invoca, ya está presente; es más, si no hubiera estado presente no se le habría podido invocar. Cuando se le llama, viene, y llega con la abundancia de las bendiciones divinas. El es aquella impetuosa corriente que alegra la ciudad de Dios.
Si al venir te encuentra humilde, sin inquietud, lleno de temor ante la palabra divina, se posará sobre ti y te revelará lo que Dios esconde a los sabios y entendidos de este mundo. Y, poco a poco, se irán esclareciendo ante tus ojos todos aquellos misterios que la
Sabiduría reveló a sus discípulos cuando convivía con ellos en el mundo, pero que ellos no pudieron comprender antes de la venida del Espíritu de verdad, que debía llevarlos hasta la verdad plena.
En vano se espera recibir o aprender de labios humanos aquella verdad que sólo puede enseñar el que es la misma verdad. Pues es la misma verdad quien afirma: Dios es espíritu, y así como aquellos que quieren adorarle deben hacerlo en espíritu y verdad, del mismo modo los que desean conocerlo deben buscar en el Espíritu Santo la inteligencia de la fe y la significación de la verdad pura y sin mezclas.
En medio de las tinieblas y de las ignorancias de esta vida, el Espíritu Santo es, para los pobres de espíritu, luz que ilumina, caridad que atrae, dulzura que seduce, amor que ama, camino que conduce a Dios, devoción que se entrega, piedad intensa.
El Espíritu Santo, al hacernos crecer en la fe, revela a los creyentes la justicia de Dios, da gracia tras gracia y, por la fe que nace del mensaje, hace que los hombres alcancen la plena iluminación.
Responsorio Mt 13, 52; Pr 14, 33
R. Un letrado que entiende del reino
de los cielos * es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y
lo antiguo.
V. En corazón sensato habita la sabiduría, aun en medio de necios
se da a conocer.
R. Es como un padre de familia que va sacando del arca lo
nuevo y lo antiguo.
O bien esta otra:
De la Constitución dogmática Dei verbum, sobre la divina revelación, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 7-8)
SOBRE LA TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN DIVINA
Cristo, el Señor, en quien se consuma la plena revelación del Dios sumo, mandó a los apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles para ello dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los profetas, lo llevó él a su más plena realidad y lo promulgó con su propia boca, como fuente de verdad salvadora y como norma de conducta para todos los hombres.
Este mandato del Señor lo realizaron fielmente tanto los apóstoles, que con su predicación oral transmitieron por medio de ejemplos y enseñanzas lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las acciones de Cristo y lo que habían aprendido por inspiración del Espíritu Santo, como aquellos apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del Espíritu Santo, pusieron por escrito el mensaje de la salvación.
Para que el Evangelio se conservara vivo e integro en la Iglesia, los apóstoles constituyeron, como sucesores suyos, a los obispos, dejándoles su misión de magisterio.
Ahora bien, lo que los apóstoles enseñaron contiene todo lo que es necesario para que el pueblo de Dios viva santamente y crezca en la fe; así, la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es y todo lo que ella cree.
La Iglesia, con la asistencia del Espíritu Santo, va penetrando cada vez con mayor intensidad en esta tradición recibida de los apóstoles: crece, en efecto, la comprensión de las enseñanzas y de la predicación apostólicas, tanto por medio de la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y experimentan en su vida espiritual, como por medio de la predicación de aquellos que, con la sucesión del episcopado, han recibido el carisma infalible de la verdad. Así, la Iglesia, en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que se realicen en ella las promesas divinas.
Las enseñanzas de los santos Padres testifican cómo está viva esta tradición, cuyas riquezas van pasando a las costumbres de la Iglesia creyente y orante.
También por medio de esta tradición la Iglesia descubre cuál sea el canon íntegro de las sagradas Escrituras, penetra cada vez más en el sentido de las mismas y saca de ellas fuente de vida y de actividad; así, Dios, que habló antiguamente a nuestros padres por los profetas, continúa hoy conversando con la Esposa de su Hijo, y el Espíritu Santo, por quien la voz del Evangelio resuena siempre viva en la Iglesia y, por la Iglesia, en el mundo, va llevando a los creyentes hasta la verdad plena y hace que la palabra de Cristo habite en ellos con toda su riqueza.
Responsorio 1 Pe 1, 25; Lc 1, 2
R. La palabra del Señor permanece
eternamente. * Y ésta es la palabra: la Buena Noticia anunciada a
vosotros.
V. Siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero
fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra.
R. Y ésta es la
palabra: la Buena Noticia anunciada a vosotros.
Después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Para vosotros, el misterio del Padre;
con
vosotros, la luz del Verbo;
en vosotros, la llama del Amor
que es
fuego.
¡Hontanares de Dios!,
¡hombres del
Evangelio!,
¡humildes inteligencias luminosas!,
¡grandes hombres de barro
tierno!
El mundo tiene hambre de infinito
y sed de
cielo;
las creaturas nos atan a lo efímero
y nos vamos perdiendo en el
tiempo.
Para nosotros,
el misterio que aprendisteis del
Padre;
con nosotros, la luz que os dio el Verbo;
en nosotros, el Amor
ingénito.
¡Hombres de Cristo, maestros de la
Iglesia!,
dadnos una vida y un anhelo,
la angustia por la verdad,
por
el error el miedo.
Dadnos una vida de rodillas
ante el
misterio,
una visión de este mundo de muerte
y una esperanza de
cielo.
Padre, te pedimos para la Iglesia
la ciencia de
estos maestros. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Sb 7, 13-14
Aprendí la sabiduría sin malicia, reparto sin envidia, y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que lo adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. El pueblo cuenta su sabiduría. R. El
pueblo. V. La asamblea pregona su alabanza. R. Cuenta su
sabiduría. V. Gloria. R. El pueblo.
Tiempo pascual:
V. El pueblo cuenta su sabiduría. Aleluya, aleluya.
R. El pueblo.
V. La asamblea
pregona su alabanza. R. Aleluya, aleluya. V.
Gloria.
R. El
pueblo.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant. Los sabios brillarán con esplendor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Demos gracias a Cristo, el buen pastor que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle diciendo: Apacienta a tu pueblo, Señor.
Señor Jesucristo, tú que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor, * haz que por ellos, continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
Señor Jesucristo, tú que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu pueblo, * no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
Señor Jesucristo, tú que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas, * haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.
Señor Jesucristo, tú que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos, * haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos confiadamente al Padre, como Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, la siguiente:
Tú, Señor, que concediste a san N. un conocimiento profundo de la sabiduría divina, concédenos, por su intercesión, ser siempre fieles a tu palabra y llevarla a la práctica en nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente
eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos
ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.
Palabra eternamente pronunciada
en la mente del
Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el
seno de Virgen, hecha Hijo.
Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que
yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida
y su muerte ha redimido.
Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis
de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad
la verdad en los caminos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por don de la gracia de Dios. (T. P. Aleluya.)
Salmo 14
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. Soy ministro del Evangelio por don de la gracia de Dios. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. (T. P. Aleluya.)
Salmo 111
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será
perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que
vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. Administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor,
Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu
nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron
manifiestos.
Ant. 3. Mis ovejas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE St 3, 17-18
La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. En la asamblea le da la palabra. R. En la asamblea.
V. Lo llena de
espíritu, sabiduría e inteligencia. R. Le da la palabra.
V. Gloria.
R. En la
asamblea.
Tiempo pascual:
V. En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.
R. En la
asamblea. V.
Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. En la
asamblea.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san N., fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo: Salva a tu pueblo, Señor.
Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia, * haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.
Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles, * purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.
Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos, * llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.
Tú que fuiste la heredad de los santos pastores, * no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano, * salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.
Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia
o, en su defecto, la siguiente:
Tú, Señor, que concediste a san N. un conocimiento profundo de la sabiduría divina, concédenos, por su intercesión, ser siempre fieles a tu palabra y llevarla a la práctica en nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
I VÍSPERAS
HIMNO
Para una santa virgen:
Dichosa tú, que, entre todas,
fuiste por Dios
sorprendida
con tu lámpara encendida
para el banquete de bodas.
Con el abrazo inocente
de un hondo pacto
amoroso,
vienes a unirte al Esposo
por virgen y por prudente.
Enséñanos a vivir,
ayúdenos tu
oración,
danos en la tentación
la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad
por esta limpia
victoria,
y gloria por esta gloria
que alegra a la humanidad.
Amén.
Para varias santas vírgenes:
La gracia de mujer es toda Gracia,
lirios de Dios de
eterna primavera,
vosotras sois mujeres sin falacia
de encantos de virtud
perecedera.
Bella es la creación que dio a estas flores
su
cáliz virginal y el dulce encanto
del amor del Señor de sus amores,
eterna
melodía de su canto.
Llamó el divino amor a vuestra puerta,
de par
en par el corazón abristeis;
si grande fue la siembra en vuestra
huerta,
frondosa es la cosecha que le disteis.
Demos gracias a Dios por las estrellas
que
brillan en la noche de la vida,
es la luz de la fe que fulge en ellas
con
amor y esperanza sin medida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Venid, hijas, contemplad al Señor y quedaréis radiantes. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Venid,
hijas, contemplad al Señor y quedaréis radiantes.
(T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Ahora te
seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro; Señor, no nos
defraudes.
(T. P. Aleluya.)
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Ahora te
seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro; Señor, no nos
defraudes.
(T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Alegraos, vírgenes de Cristo, y gozad de vuestro desposorio divino que ya no tendrá fin. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Alegraos, vírgenes de Cristo, y gozad de vuestro desposorio divino que ya no tendrá fin. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 1Co 7,32.34
El célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V.
Mi porción es el Señor, dice mi alma.
R. Mi porción
es el Señor.
V. Bueno es el Señor para el alma que lo busca. R. Dice mi alma.
V. Gloria.
R. Mi porción
es el Señor.
Tiempo pascual:
V. Mi porción es el Señor, dice mi alma. Aleluya, aleluya.
R. Mi porción
es el Señor. V. Bueno es el Señor para el alma que lo busca. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. Mi porción
es el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Para una santa virgen y
mártir: Mirad, la virgen esforzada sigue ya al
Cordero que fue crucificado por nosotros; también ella, como el Señor, ha sido
víctima pura, una hostia inmaculada. (T. P.
Aleluya.)
Para una santa virgen: Al
llegar el Esposo la virgen prudente entró con la lámpara encendida al banquete
de bodas de su Señor. (T. P. Aleluya.)
Para varias santas
vírgenes: Vírgenes prudentes, preparad
vuestras lámparas: mirad, el Esposo viene, salid a su encuentro. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes, a causa del reino de Dios, y supliquémosle diciendo: Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.
Señor Jesucristo, tú que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia sin mancha ni arruga, * haz que sea siempre santa e inmaculada.
Señor Jesucristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas, * no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.
Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó siempre fidelidad intacta, * concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.
Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la fiesta de santa N., virgen, * concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas, * admite también a nuestros hermanos difuntos en el convite festivo de tu reino.
Oremos con Jesús, diciendo a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración:
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Tú, Señor,
que te complaces en habitar en los limpios y sinceros de corazón, por
intercesión de santa N., virgen, concédenos vivir de tal manera que merezcamos
tenerte siempre entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
O bien:
Escucha Señor, nuestras plegarias y concede a los que
celebramos la virtud de santa N., virgen, crecer siempre en tu amor y perseverar en él
hasta el fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varias santas vírgenes: Te pedimos, Señor, que manifiestes la grandeza de tu amor hacia nosotros, para que así como hoy podemos alegrarnos al celebrar la fiesta de las santas vírgenes N. y N., así podamos también disfrutar un día de su compañía en la felicidad de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant.: Venid, adoremos al Señor, rey de las vírgenes.
O bien:
Venid, adoremos al Cordero, al Esposo acompañado por el cortejo de vírgenes.
HIMNO
Esta mujer no quiso
tomar varón ni darle su
ternura,
selló su compromiso
con otro amor que dura
sobre el amor de
toda criatura.
Y tanto se apresura
a zaga de la huella del
Amado,
que en él se transfigura,
y el cuerpo anonadado
ya está por el
amor resucitado.
Aquí la Iglesia canta
la condición futura de la
historia,
y el cuerpo se adelanta
en esta humilde gloria
a la
consumación de su victoria.
Mirad los regocijos
de la que por estéril
sollozaba
y se llenó de hijos,
porque el Señor miraba
la pequeñez
humilde de su esclava. Amén
SALMODIA
Ant. 1. Virgen ilustre, sensata, prudente en tu decisión, tienes como esposo del alma al Verbo inmaculado.
Salmo 18 A
El cielo proclama la gloria de Dios,
el
firmamento pregona
la obra de sus manos:
el día al día le pasa el
mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que
resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale
como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe,
a recorrer su
camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita
llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. Virgen ilustre, sensata, prudente en tu decisión, tienes como esposo del alma al Verbo inmaculado.
Ant. 2. Por amor a mi Señor Jesucristo, tuve en nada los bienes de este mundo y del tiempo presente.
Salmo 44
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis
versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios
se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu
gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu
diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se
te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, oh Dios, permanece para
siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y
odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de
júbilo
entre todos tus compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus
vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de
reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada
con oro de Ofir.
Ant. Por amor a mi Señor Jesucristo, tuve en nada
los bienes de este mundo y del tiempo
presente.
Ant. 3. Prendado está el rey de tu belleza, porque él es tu Señor y tu Dios.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu
pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate
ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los
pueblos más ricos buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de
perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la
siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en
el palacio real.
"A cambio de tus padres tendrás hijos,
que
nombrarás príncipes por toda la tierra".
Quiero hacer memorable tu nombre
por
generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de
los siglos.
Ant. Prendado está el rey de tu belleza, porque él es tu Señor y tu Dios.
V. Me enseñarás el sendero de la vida.
R. Me
saciarás de gozo en tu presencia.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 25-40
LA VIRGINIDAD CRISTIANA
Hermanos: Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mi parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor. Estimo que es un bien, por la necesidad actual: quiero decir que es un bien vivir así.
¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿Estás libre? No busques mujer; aunque si te casas, no haces mal; y si una soltera se casa, tampoco hace mal. Pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne respeto vuestras razones.
Os digo esto, hermanos: el momento es apremiante. Queda como solución: que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la presentación de este mundo se termina.
Quiero que os ahorréis preocupaciones: el célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.
Si, a pesar de todo, alguien cree faltar a la conveniencia respecto de su doncella, por estar en la flor de su edad, y conviene proceder así, haga lo que quiera, no hace mal; cásense. Mas el que permanece firme en su corazón, y sin presión alguna y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a guardar a su doncella, hará bien. Así pues, el que casa a su doncella obra bien. Y el que no la casa obra mejor.
La mujer está ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero en el Señor. Sin embargo, será más feliz si permanece así según mi consejo; que yo también creo tener el Espíritu de Dios.
Responsorio
R. Prendado está el rey de tu
belleza, obra de sus manos; él es tu Dios y tu rey. * Tu rey es al mismo tiempo
tu esposo.
V. Has tomado por esposo al rey y Dios; él te ha dotado, él te ha
engalanado, te ha redimido, te ha santificado.
R. Tu rey es al mismo tiempo
tu esposo.
SEGUNDA LECTURA
Del tratado de san Cipriano, obispo y mártir, sobre el comportamiento de las vírgenes.
(Núms. 3-4. 22. 23: CSEL 3,189-190. 202-204)
EL CORO NUMEROSO DE LAS VÍRGENES ACRECIENTA EL GOZO DE LA MADRE IGLESIA
Me dirijo ahora a las vírgenes con tanto mayor interés cuanta mayor es su dignidad. La virginidad es como la flor del árbol de la Iglesia, la hermosura y el adorno de los dones del Espíritu, alegría, objeto de honra y alabanza, obra íntegra e incorrupta, imagen de Dios, reflejo de la santidad del Señor, porción la más ilustre del rebaño de Cristo. La madre Iglesia se alegra en las vírgenes, y por ellas florece su admirable fecundidad, y, cuanto más abundante es el número de las vírgenes, tanto más crece el gozo de la madre. A las vírgenes nos dirigimos, a ellas exhortamos, movidos más por el afecto que por la autoridad, y, conscientes de nuestra humildad y bajeza, no pretendemos reprochar sus faltas, sino velar por ellas por miedo de que el enemigo las manche.
Porque no es inútil este cuidado, ni vano el temor que sirve de ayuda en el camino de la salvación, velando por la observancia de aquellos preceptos de vida que nos dio el Señor; así, las que se consagraron a Cristo renunciando a los placeres de la carne podrán vivir entregadas al Señor en cuerpo y alma y, llevando a feliz término su propósito, obtendrán el premio prometido, no por medio de los adornos del cuerpo, sino agradando únicamente a su Señor, de quien esperan la recompensa de su virginidad.
Conservad, pues, vírgenes, conservad lo que habéis empezado a ser, conservad lo que seréis: una magnífica recompensa os está reservada; vuestro esfuerzo está destinado a un gran premio, vuestra castidad a una gran corona. Lo que nosotros seremos, vosotras habéis comenzado ya a serlo. Vosotras participáis, ya en este mundo, de la gloria de la resurrección; camináis por el mundo sin contagiaros de él: siendo castas y vírgenes, sois iguales a los ángeles de Dios. Pero con la condición de que vuestra virginidad permanezca inquebrantable e incorrupta, para que lo que habéis comenzado con decisión lo mantengáis con constancia, no buscando los adornos de las joyas ni vestidos, sino el atavío de las virtudes.
Escuchad la voz del Apóstol a quien el Señor llamó vaso de elección y a quien envió a proclamar los mandatos del reino: El primer hombre , hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Ésta es la imagen de la virginidad, de la integridad, de la santidad y la verdad.
Responsorio 1 Cor 7, 34; Sal 72, 26
R. La mujer sin marido y la soltera
* se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y
alma.
V. Se consume mi corazón por Dios, mi herencia eterna.
R. Se
preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y
alma.
O bien esta otra:
Del Decreto Perfectae caritatis, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, del Concilio Vaticano segundo
(Núms. 1. 5. 6.12)
LA IGLESIA SIGUE A SU ÚNICO ESPOSO, CRISTO
Ya desde el comienzo de la Iglesia, hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad e imitarlo más íntimamente, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o fundaron familias religiosas, que fueron admitidas y aprobadas de buen grado por la autoridad de la Iglesia.
Como consecuencia, por disposición divina, surgió un gran número de familias religiosas, que han contribuido mucho a que la Iglesia no sólo esté equipada para toda obra buena y dispuesta para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo, sino para que también, adornada con los diversos dones de sus hijos, aparezca como una novia que se adorna para su esposo y por ella se manifieste la multiforme sabiduría de Dios.
Todos aquellos que, en medio de tanta diversidad de dones, son llamados por Dios a la práctica de los consejos evangélicos, y la profesan fielmente, se consagran de una forma especial a Dios, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, por medio de su obediencia hasta la muerte de cruz, redimió y santificó a los hombres. De esta forma, movidos por la caridad que el Espíritu Santo difunde en sus corazones, viven más y más para Cristo y para su cuerpo que es la Iglesia. Por lo tanto, cuanto más íntimamente se unen a Cristo por su entrega total, que abarca toda su vida, más fecunda se hace la vida de la Iglesia y más vivificante su apostolado.
Recuerden ante todo los miembros de cualquier instituto que, por la profesión de los consejos evangélicos, respondieron a un llamamiento divino, de forma que no sólo muertos al pecado, sino renunciando también al mundo, vivan únicamente para Dios. Pues han entregado toda su vida a su servicio, lo que constituye ciertamente una consagración peculiar, que se funda íntimamente en la consagración bautismal y la expresa en toda su plenitud.
Los que profesan los consejos evangélicos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos amó primero, y en todas las circunstancias intenten fomentar la vida escondida con Cristo en Dios, de donde mana y crece el amor del prójimo para la salvación del mundo y edificación de la Iglesia. Esta caridad vivifica y guía también la misma práctica de los consejos evangélicos.
La castidad que los religiosos profesan por el reino de los cielos debe de ser estimada como un don eximio de la gracia, pues libera el corazón del hombre de un modo peculiar para que se encienda más en el amor de Dios y en el de los hombres, y, por ello, es signo especial de los bienes celestes y medio aptísimo para que los religiosos se dediquen con fervor al servicio de Dios y a las obras de apostolado. De esta forma evocan ante todos los fieles cristianos el admirable desposorio establecido por Dios, que se manifestará plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene como único esposo a Cristo.
Responsorio
R. ¡Qué hermosa eres, virgen de
Cristo! * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la
virginidad perpetua.
V. Nadie podrá quitarte la palma de la virginidad, ni
separarte del amor de Cristo.
R. Tú que has merecido recibir la corona del
Señor, la corona de la virginidad perpetua.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Nos apremia el amor, vírgenes santas,
vosotras,
que seguisteis su camino,
guiadnos por las sendas de las almas
que
hicieron de su amor amar divino.
Esperasteis en vela a vuestro Esposo
en la
noche fugaz de vuestra vida,
cuando llamó a la puerta, vuestro gozo
fue
contemplar su gloria sin medida.
Vuestra fe y vuestro amor, un fuego
ardiente
que mantuvo la llama en la tardanza,
vuestra antorcha encendida
ansiosamente
ha colmado de luz vuestra esperanza.
Pues gozáis ya las nupcias que el Cordero
con
la Iglesia de Dios ha celebrado,
no dejéis que se apague nuestro fuego
en
la pereza y el sueño del pecado.
Demos gracias a Dios y, humildemente,
pidamos
al Señor que su llamada
nos encuentre en vigilia permanente,
despiertos en
la fe y en veste blanca. Amén.
Ant. 1. Libremente confieso a Cristo; de Cristo está sedienta mi alma; deseo estar por siempre con Cristo. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Vírgenes del Señor, bendecid al Señor; el que sembró en vosotras el deseo de la virginidad ha coronado ya su obra. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Que los santos se alegren en la gloria, pues han conseguido una brillante victoria sobre la carne y la sangre. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Ct 8, 7
Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. R. Oigo en mi corazón.
V. Tu rostro
buscaré, Señor. R. Buscad mi rostro. V.
Gloria. R. Oigo en mi corazón.
Tiempo pascual:
V. Oigo en mi corazón: buscad mi rostro. Aleluya, aleluya.
R. Oigo en mi
corazón. V. Tu
rostro buscaré, Señor. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Oigo en mi
corazón.
CáNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Para una santa virgen y
mártir: Dichosa la virgen que, negándose a sí
misma y cargando con su cruz, imitó al Señor, esposo de las vírgenes y rey de
los mártires. (T. P. Aleluya.)
Para una santa
virgen: Ésta es la virgen prudente que, unida
a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial. (T. P. Aleluya.)
Para varias santas vírgenes: Vírgenes del Señor, bendecid al Señor eternamente.
(T. P.
Aleluya.)
PRECES
Glorifiquemos a Cristo, esposo y corona de las vírgenes, y supliquémosle diciendo: Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.
Señor Jesucristo, a quien las vírgenes amaron como a su único esposo, * concédenos que nada nos aparte de tu amor.
Tú que coronaste a María como reina de las vírgenes, * por su intercesión concédenos recibirte siempre con pureza de corazón.
Por intercesión de las santas vírgenes que te sirvieron siempre con fidelidad, consagradas a ti en cuerpo y alma, * ayúdanos, Señor, a que los bienes de este mundo que pasa no nos separen de tu amor eterno.
Señor Jesús, esposo que has de venir y a quien las vírgenes prudentes esperaban, * concédenos que aguardemos tu retorno glorioso con una esperanza activa.
Por intercesión de santa N, que fue virgen sensata y una de las prudentes, * concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con sencillez y humildad digamos la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de
las siguientes:
Tú, Señor, que te
complaces en habitar en los limpios y sinceros de corazón, por intercesión de
santa N.,
virgen, concédenos vivir de tal manera que merezcamos tenerte siempre entre
nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Escucha Señor, nuestras plegarias y concede a los que
celebramos la virtud de santa N., virgen, crecer siempre en tu amor y perseverar en él
hasta el fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varias santas vírgenes: Te pedimos, Señor, que manifiestes la grandeza de tu amor
hacia nosotros, para que así como hoy podemos alegrarnos al celebrar la fiesta
de las santas vírgenes N. y N., así podamos también disfrutar un día de su compañía en la
felicidad de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Hora intermedia
Tercia
Cuando se usa la salmodia complementaria, en lugar del salmo 121, que se dice en las II Vísperas, puede tomarse el salmo 128.
Ant. Para mí lo bueno es estar junto a Dios, y hacer del Señor mi refugio.
LECTURA BREVE Sb 8, 21
Comprendí que no podría poseer la sabiduría si Dios no me la daba, y ya era un fruto de la prudencia saber de quién procedía esta gracia.
V. Ésta es la virgen sensata.
R. Que el Señor
encontró velando.
La oración como en las Laudes..
Sexta
Ant. Sostenme, Señor, con tu promesa y viviré, que no quede frustrada mi esperanza.
LECTURA BREVE 1 Co 7, 25
Respecto al celibato no tengo órdenes del Señor, sino que doy mi parecer como hombre de fiar que soy, por la misericordia del Señor.
V. Ésta es la virgen sensata.
R. Una del número
de las prudentes.
La oración como en las Laudes..
Nona
Cuando se usa la salmodia complementaria, en lugar del salmo 126, que se dice en las II Vísperas, puede tomarse el salmo 130.
Ant. Qué hermosa y resplandeciente es la generación casta.
LECTURA BREVE Ap 19, 6. 7
Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo; alegrémonos y gocemos y démosle gracias, porque llegó la boda del Cordero, y su esposa se ha embellecido.
V. Encontré al amor de mi alma.
R. Lo abracé y
ya no lo soltaré.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Para una santa virgen:
Dichosa tú, que, entre todas,
fuiste por Dios
sorprendida
con tu lámpara encendida
para el banquete de bodas.
Con el abrazo inocente
de un hondo pacto
amoroso,
vienes a unirte al Esposo
por virgen y por prudente.
Enséñanos a vivir,
ayúdenos tu
oración,
danos en la tentación
la gracia de resistir.
Honor a la Trinidad
por esta limpia
victoria,
y gloria por esta gloria
que alegra a la humanidad.
Amén.
Para varias santas vírgenes:
La gracia de mujer es toda Gracia,
lirios de Dios de
eterna primavera,
vosotras sois mujeres sin falacia
de encantos de virtud
perecedera.
Bella es la creación que dio a estas flores
su
cáliz virginal y el dulce encanto
del amor del Señor de sus amores,
eterna
melodía de su canto.
Llamó el divino amor a vuestra puerta,
de par
en par el corazón abristeis;
si grande fue la siembra en vuestra
huerta,
frondosa es la cosecha que le disteis.
Demos gracias a Dios por las estrellas
que
brillan en la noche de la vida,
es la luz de la fe que fulge en ellas
con
amor y esperanza sin medida. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo, a ti vengo con
mi lámpara encendida. (T. P. Aleluya.)
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1. Quiero ser solamente tuya, oh Cristo esposo, a ti vengo con mi lámpara encendida. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (T. P. Aleluya.)
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Mi alma se siente firme, está cimentada en Cristo, el Señor. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE 1Co 7, 32. 34
El célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Llevan ante el Rey al séquito de vírgenes, las traen entre
alegría. R. Llevan ante el Rey. V. Van entrando en el
palacio real. R. Las traen entre alegría. V.
Gloria. R. Llevan ante el Rey.
Tiempo pascual:
V. Llevan ante el Rey al séquito de vírgenes, las traen entre
alegría. Aleluya, aleluya. R. Llevan ante el Rey. V.
Van entrando en el palacio
real. R.
Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Llevan ante el Rey.
CáNTICO EVANGÉLICO
Antífonas
Para una santa virgen y
mártir: En una sola víctima celebramos un
doble triunfo: la gloria de la virginidad y la victoria sobre la muerte;
permaneció virgen y obtuvo la palma del martirio. (T. P. Aleluya.)
Para una santa virgen: Ven,
esposa de Cristo, recibe la corona eterna que el Señor te trae preparada.
(T. P.
Aleluya.)
Para varias santas
vírgenes: Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a la presencia de nuestro Dios. (T. P.
Aleluya.)
PRECES
Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes, a causa del reino de Dios, y supliquémosle diciendo: Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.
Señor Jesucristo, tú que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia sin mancha ni arruga, * haz que sea siempre santa e inmaculada.
Señor Jesucristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas, * no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.
Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó siempre fidelidad intacta, * concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.
Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la fiesta de santa N., virgen, * concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas, * admite también a nuestros hermanos difuntos en el convite festivo de tu reino.
Oremos con Jesús, diciendo a nuestro Padre: Padre nuestro.
Oración:
Se dice la oración propia
o, en su defecto, una de las siguientes:
Tú, Señor, que te complaces en habitar en los limpios y
sinceros de corazón, por intercesión de santa N., virgen, concédenos
vivir de tal manera que merezcamos tenerte siempre entre nosotros. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Escucha Señor, nuestras plegarias y concede a los que
celebramos la virtud de santa N., virgen, crecer siempre en tu amor y perseverar en él
hasta el fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varias santas vírgenes: Te pedimos, Señor, que manifiestes la grandeza de tu amor hacia nosotros, para que así como hoy podemos alegrarnos al celebrar la fiesta de las santas vírgenes N. y N., así podamos también disfrutar un día de su compañía en la felicidad de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Cuando, Señor, el día ya declina,
quedaos con
el hombre, que, en la noche
del tiempo y de la lucha en que camina,
turba
su corazón con su reproche.
Disipad nuestras dudas, hombres santos,
que en
el alto glorioso del camino
ya dejasteis atrás temores tantos
de perder
vuestra fe en el Don divino.
Perdonad nuestros miedos, seguidores
del camino
en la fe que os fue ofrecido,
hacednos con vosotros confesores
de la fe y
del amor que habéis vivido.
Que tu amor, Padre santo, haga fuerte
nuestro
amor, nuestra fe en tu Hijo amado;
que la hora suprema de la muerte
sea
encuentro en la luz, don consumado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Alabad a nuestro Dios, todos sus santos. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Alabad a nuestro Dios, todos sus santos. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. (T. P. Aleluya.)
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Bendito sea Dios, que nos ha elegido para ser santos e inmaculados en el amor. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. Bendito sea Dios, que nos ha elegido para ser santos e inmaculados en el amor. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Flp 3, 7-8
Todo lo que para mí era ganancia lo he estimado pérdida comparado con Cristo. Más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. El Señor lo amó y lo enalteció. R. El Señor. V. Lo revistió con
vestidura de gloria. R. El Señor lo amó y lo enalteció. V. Gloria. R. El Señor.
Tiempo pascual:
V. El Señor lo amó y lo enalteció. Aleluya, aleluya.
R. El Señor.
V. Lo revistió
con vestidura de gloria. R. Aleluya, aleluya. V.
Gloria. R. El Señor.
CáNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Para un
santo: Lo asemejaré a un hombre prudente, que
edificó su casa sobre roca. (T. P. Aleluya.)
Para varios santos: Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Pidamos a Dios Padre, fuente de toda santidad, que con la intercesión y el ejemplo de los santos nos ayude, y digamos: Haz que seamos santos, porque tú, Señor, eres santo.
Padre santo, que has querido que nos llamemos y seamos hijos tuyos, * haz que la Iglesia santa, extendida por los confines de la tierra, cante tus grandezas.
Padre santo, que deseas que vivamos de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito, * ayúdanos a dar fruto de buenas obras.
Padre santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo, * guárdanos en tu nombre para que todos seamos uno.
Padre santo, que nos convocas al banquete de tu reino, * haz que comiendo el pan que ha bajado del cielo alcancemos la perfección del amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Padre santo, perdona a los pecadores sus delitos * y admite a los difuntos en tu reino para que puedan contemplar tu rostro.
Porque nos llamamos y somos hijos de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno, y humildemente te pedimos que la intercesión de san N. venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivamos en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien: Concédenos, Señor todopoderoso, que el ejemplo de san N. nos estimule a una vida más perfecta y que cuantos celebramos su fiesta sepamos también imitar sus ejemplos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varios santos: Dios todopoderoso y eterno, que al premiar a los santos nos ofreces una prueba de tu gran amor hacia los hombres, te pedimos que la intercesión y el ejemplo de los santos nos sirva siempre de ayuda para seguir más fielmente a Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo religioso: Tú, Señor, que concediste a san N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo que se distinguió por el ejercicio de las obras de misericordia: Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de san N., seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo educador: Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a san N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant.: Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable en sus santos.
O bien:
Aclamemos al Señor, en esta fiesta de san N.
HIMNO
Dichosos los que, oyendo la llamada
de la fe y
del amor en vuestra vida,
creísteis que la vida os era dada
para darla en
amor y con fe viva.
Dichosos, si abrazasteis la pobreza
para llenar
de Dios vuestras alforjas,
para servirle a él con fortaleza,
con gozo y
con amor a todas horas.
Dichosos mensajeros de verdades,
que fuisteis
por caminos de la tierra,
predicando bondad contra maldades,
pregonando la
paz contra las guerras.
Dichosos, del amor dispensadores,
dichosos, de
los tristes el consuelo,
dichosos, de los hombres servidores,
dichosos,
herederos de los cielos. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Te pidió vida y se la has concedido, Señor; lo has vestido de honor y majestad.
Salmo 20, 2-8. 14
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y
cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no
le has negado lo que pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has
puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has
concedido,
años que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has
vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas
de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia
del Altísimo no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de
instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. Te pidió vida y se la has concedido, Señor; lo has vestido de honor y majestad.
Ant. 2. La senda del justo brilla como la aurora, se va esclareciendo hasta que es de día.
Salmo 91
I
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu
nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi
júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué
profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y
florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio,
Señor,
eres excelso por los siglos.
Ant. La senda del justo brilla como la aurora, se va esclareciendo hasta que es de día.
Ant. 3. El justo crecerá como palmera, se alzará como cedro del Líbano.
II
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los
malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y
me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos
escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera,
se alzará
como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los
atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano
y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. El justo crecerá como palmera, se alzará como cedro del Líbano.
V. El Señor condujo al justo por sendas
llanas.
R. Le mostró el reino de Dios.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-17
VUESTRA VIDA ESTÁ OCULTA CON CRISTO EN DIOS
Hermanos: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de gloria.
Mortificad las pasiones de vuestro hombre terrenal: la fornicación, la impureza, la concupiscencia, los malos deseos y la avaricia, que es una idolatría. Por ellas se desata la cólera de Dios.
En todo eso anduvisteis también vosotros, cuando vivíais entregados a ellas. Pero ahora dejad también vosotros a un lado todo eso: la ira, la indignación, la malignidad, la maledicencia y el torpe lenguaje. No os engañéis unos a otros.
Despojaos del hombre viejo con sus malas pasiones y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento pleno de Dios y se va configurando con la imagen del que lo creó. Así, ya no hay griego ni judío, ni circunciso ni incircunciso, ni bárbaro ni escita, ni esclavo ni libre. Sólo Cristo todo y en todos.
Por lo tanto, como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Por encima de todo, procurad el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y vivid siempre agradecidos. Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.
Responsorio Ga 3, 27. 28; cf. Ef 4, 24
R. Todos los que habéis sido
bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre
judío y gentil: * todos sois uno en Cristo Jesús.
V. Vestíos de la nueva
condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.
R.
Todos sois uno en Cristo Jesús.
O bien esta otra:
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-21
LA VIDA CRISTIANA ES UN CULTO ESPIRITUAL
Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto. Por la gracia que Dios me ha dado, os pido a todos y a cada uno: No tengáis de vosotros mismos un concepto superior a lo que es justo. Abrigad sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que Dios le ha dado.
A la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y todos los miembros desempeñan distinta función, lo mismo nosotros: siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros unos de otros. Y teniendo carismas diferentes, según la gracia que Dios nos ha dado, quien tenga carisma de hablar por inspiración de Dios haga uso de él según le mueva la fe, quien tenga el carisma de ministerio que se ocupe en su oficio, quien tenga el don de enseñar que enseñe, quien el de exhortar que exhorte y consuele, quien reparta sus bienes que lo haga con sencillez, quien presida obre con solicitud, quien practique la misericordia que lo haga con jovialidad.
Que vuestra caridad sea sincera. Aborreced el mal y aplicaos al bien. En punto a caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros. En cuanto a la mutua estima, tened por más dignos a los demás. Nada de pereza en vuestro celo, sirviendo con fervor de espíritu al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Socorred las necesidades de los fieles, dedicaos activamente a la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir entre vosotros, sin apetecer grandezas; atraídos más bien por lo humilde. No os tengáis por sabios. No devolváis a nadie mal por mal y procurad hacer lo que es bueno no sólo ante Dios, sino también ante todos los hombres.
A ser posible, y en cuanto de vosotros depende, vivid en paz con todos. No os toméis, carísimos hermanos, la justicia por vuestra mano, sino dejadlo al juicio de Dios. Dice la Escritura: «Es mía la venganza; mía la recompensa; palabra del Señor.» Pero también dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; sí tiene sed, dale de beber. Si haces esto, se sentirá avergonzado de su odio y lo depondrá.»
No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien.
Responsorio Rm 12, 2; cf. Ef 4, 23-24a
R. Transformaos por la renovación de
la mente, * para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno,
lo que agrada, lo perfecto.
V. Renovaos en la mente y en el espíritu y
vestíos de la nueva condición humana.
R. Para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
Para un santo que vivió en el matrimonio:
De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 21-32
LA SANTIDAD DEL MATRIMONIO CRISTIANO
Hermanos: Vivid sumisos unos a otros como lo pide el respeto debido a Cristo.
Las mujeres deben someterse a sus maridos como si se sometieran al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de ella, que es su cuerpo. Ahora bien, como la Iglesia está sometida a Cristo, así también las mujeres deben someterse en todo a sus maridos.
Y vosotros, maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a la muerte por ella para santificarla, purificándola en el baño del agua, que va acompañado de la palabra, y para hacerla comparecer ante su presencia toda resplandeciente, sin mancha ni defecto ni cosa parecida, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. Amar a su mujer es amarse a sí mismo.
Nadie aborrece jamás su propia carne, sino que la alimenta y la cuida con cariño. Lo mismo hace Cristo con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» ¡Gran misterio es éste! Y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
Responsorio 1 Pe 1, 13. 15; Lv 11, 44
R. Ceñíos los lomos de vuestro
espíritu; así como el que os llamó es santo, * así también vosotros sed santos
en toda vuestra conducta.
V. Yo soy el Señor vuestro Dios: santificaos y sed
santos, porque yo soy santo.
R. Así también vosotros sed santos en toda
vuestra conducta.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el libro de los Hechos de los apóstoles
(Homilía 20, 4: PG 60,162-164)
NO PUEDE OCULTARSE LA LUZ DE LOS CRISTIANOS
Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe de la salvación de los demás.
No puedes excusarte con la pobreza, pues aquella viuda que echó dos monedas de cobre te acusará. Y Pedro decía: No tengo plata ni oro. El mismo Pablo era tan pobre que frecuentemente pasaba hambre y carecía del alimento necesario.
No puedes aducir tu baja condición, pues aquéllos eran también humildes, nacidos de baja condición. Tampoco vale el afirmar que no tienes conocimientos, pues tampoco, ellos los tenían. Ni te escudes detrás de tu debilidad física, pues también Timoteo era débil y sufría frecuentemente de enfermedades.
Todos pueden ayudar al prójimo con tal que cumplan con lo que les corresponde.
¿No veis los árboles infructuosos, cómo son con frecuencia sólidos, hermosos, altos, grandiosos y esbeltos? Pero, si tuviéramos un huerto, preferiríamos tener granados y olivos fructíferos antes que esos árboles; esos árboles pueden causar placer, pero no son útiles, e incluso, si tienen alguna utilidad, es muy pequeña. Semejantes son aquellos que sólo se preocupan de sí mismos; más aún, ni siquiera son semejantes a esos árboles, porque sólo son aptos para el castigo. Pues aquellos árboles son aptos para la construcción y para darnos cobijo. Semejantes eran aquellas vírgenes de la parábola, castas, sobrias, engalanadas, pero, como eran inútiles para los demás, por ello fueron castigadas. Semejantes son los que no alimentan con su ejemplo el cuerpo de Cristo.
Fíjate que ninguno es acusado de sus pecados, ni que sea un fornicador, ni que sea un perjuro, a no ser que no haya ayudado a los demás. Así era aquel que enterró su talento, mostrando una vida intachable, pero inútil para los demás.
¿Cómo, me pregunto, puede ser cristiano el que obra de esta forma? Si el fermento mezclado con la harina no transforma toda la masa, ¿acaso se trata de un fermento genuino? Y, también, si acercando un perfume no esparce olor, ¿acaso llamaríamos a esto perfume?
No digas: "No puedo influir en los demás", pues si eres cristiano de verdad es imposible que no lo puedas hacer. Las propiedades de las cosas naturales no se pueden negar: lo mismo sucede con esto que afirmamos, pues está en la naturaleza del cristiano obrar de esta forma.
No ofendas a Dios con una contumelia. Si dijeras que el sol no puede lucir, infliges una contumelia a Dios y lo haces mentiroso. Es más fácil que el sol no luzca ni caliente que no que deje de dar luz un cristiano; más fácil que esto sería que la luz fuese tinieblas.
No digas que es una cosa imposible; lo contrario es imposible. No inflijas una contumelia a Dios. Si ordenamos bien nuestra conducta, todo lo demás seguirá como consecuencia natural. No puede ocultarse la luz de los cristianos, no puede ocultarse una lámpara tan brillante.
Responsorio Ef 5, 8-9; Mt 5, 14. 16
R. Sois luz en el Señor. Caminad
como hijos de la luz. * Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la
luz.
V. Vosotros sois la luz del mundo. Alumbre vuestra luz a los
hombres.
R. Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
O bien esta otra:
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 96,1. 4. 9: PL 38, 584. 586. 588)
SOBRE LA VOCACIÓN UNIVERSAL A LA SANTIDAD
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Parece duro y grave este precepto del Señor de negarse a sí mismo para seguirle.
Pero no es ni duro ni grave lo que manda aquel que ayuda a realizar lo que ordena.
Es verdad, en efecto, lo que se dice en el salmo: Según tus mandatos, me he mantenido en la senda penosa. Como también es cierto lo que él mismo afirma: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. El amor hace suave lo que hay de duro en el precepto.
¿Qué significa: Cargue con su cruz? Acepte todo lo que es molesto y sígame de esta forma. Cuando empiece a seguirme en mis ejemplos y preceptos, en seguida encontrará contradictores, muchos que intentarán prohibírselo, muchos que intentarán disuadirle, y los encontrará incluso entre los seguidores de Cristo. A Cristo acompañaban aquellos que querían hacer callar a los ciegos. Si quieres seguirle, acepta como cruz las amenazas, las seducciones y los obstáculos de cualquier clase; soporta, aguanta, mantente firme.
En este mundo santo, bueno, reconciliado, salvado, mejor dicho, que ha de ser salvado -ya que ahora está salvado sólo en esperanza, porque en esperanza fuimos salvados-, en este mundo, pues, que es la Iglesia, que sigue a Cristo, el Señor dice a todos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo.
Este precepto no se refiere sólo a las vírgenes, con exclusión de las casadas; o a las viudas, excluyendo a las que viven en matrimonio; o a los monjes, y no a los casados; o a los clérigos, con exclusión de los laicos: toda la Iglesia, todo el cuerpo y cada uno de sus miembros, de acuerdo con su función propia y específica, debe seguir a Cristo.
Sígale, pues, toda entera la Iglesia única, esta paloma y esposa redimida y enriquecida con la sangre del Esposo. En ella encuentra su lugar la integridad virginal, la continencia de las viudas y el pudor conyugal.
Todos estos miembros, que encuentran en ella su lugar, de acuerdo con sus funciones propias, sigan a Cristo; niéguense, es decir, no se vanaglorien; carguen con su cruz, es decir, soporten en el mundo por amor de Cristo todo lo que en el mundo les aflija. Amen a aquel que es el único que no traiciona, el único que no es engañado ni engaña; ámenle a él, porque es verdad lo que promete. vacila, porque sus promesas tardan. Manténte fiel, pero tolera, acepta la dilación: todo esto es cargar con la cruz.
Responsorio
R. Éste sí que realizó ante Dios
obras realmente maravillosas, y alabó al Señor de todo corazón. * Que él
interceda por los pecados de todos los pueblos.
V. Éste fue un hombre
paciente, que tributó a Dios un culto verdadero, se abstuvo de todo mal y se
mantuvo en la inocencia.
R. Que él interceda por los pecados de todos los
pueblos.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Vosotros sois luz del mundo
y ardiente sal de
la tierra,
ciudad esbelta en el monte,
fermento en la masa
nueva.
Vosotros sois los sarmientos,
y yo la Vid
verdadera;
si el Padre poda las ramas,
más fruto llevan las
cepas.
Vosotros sois la abundancia
del reino que ya
está cerca,
los doce mil señalados
que no caerán en la siega.
Dichosos, porque sois limpios
y ricos en la
pobreza,
y es vuestro el reino que sólo
se gana con la violencia.
Amén.
Ant. 1. El Señor les concedió una gloria eterna y su nombre no será nunca olvidado. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. Siervos del Señor, bendecid al Señor eternamente. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Que los santos festejen su gloria y canten jubilosos en filas. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Rm 12, 1-2
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Para un santo:
V.
Lleva en el corazón la ley de su
Dios. R.
Lleva en el corazón. V. Y sus pasos no vacilan. R. Lleva en el corazón la
ley de su Dios. V. Gloria.
R. Lleva en el corazón.
Para varios santos:
V. Los justos gozan en la presencia de
Dios. R.
Los justos gozan.
V. Rebosando de alegría.
R. En la presencia de
Dios. V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Los justos
gozan.
Tiempo pascual:
Para un santo:
V. Lleva en el corazón la ley de su Dios. Aleluya, aleluya.
R. Lleva en el
corazón. V. Y
sus pasos no vacilan.
R. Aleluya, aleluya. V.
Gloria. R.
Lleva en el corazón.
Para varios santos:
V.
Los justos gozan en la presencia de Dios. Aleluya, aleluya. R. Los justos gozan.
V. Rebosando
de alegría.
R. Aleluya, aleluya. V. Gloria.
R. Los justos
gozan.
CáNTICO EVANGÉLICO
Antífonas:
Para un santo: El que obra la verdad va a la luz, para que quede de
manifiesto que sus obras están hechas según Dios. (T. P. Aleluya.)
Para varios santos: Dichosos los que trabajan por la paz, dichosos los limpios
de corazón, porque ellos verán a Dios. (T.
P. Aleluya.)
PRECES
Adoremos, hermanos, a Cristo, el Dios santo, y, pidiéndole que nos enseñe a servirle con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días, aclamémosle, diciendo: Tú solo eres santo, Señor.
Señor Jesús, probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado, * compadécete de nuestras debilidades.
Señor Jesús, que a todos nos llamas a la perfección del amor, * danos el progresar por caminos de santidad.
Señor Jesús, que nos quieres sal de la tierra y la luz del mundo, * ilumina nuestras vidas con tu propia luz.
Señor Jesús, que viniste al mundo no para que te sirvieran, sino para servir, * haz que sepamos servir con humildad a ti y a nuestros hermanos.
Señor Jesús, reflejo de la gloria del Padre e impronta de su ser, * haz que un día podamos contemplar la claridad de tu gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Oremos ahora al Padre, como nos enseñó el mismo Jesús: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia
o, en su defecto, una de las siguientes:
Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno, y humildemente te pedimos que la intercesión de san N. venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivamos en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Concédenos, Señor todopoderoso, que el ejemplo de
san N. nos
estimule a una vida más perfecta y que cuantos celebramos su fiesta sepamos
también imitar sus ejemplos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varios santos: Dios todopoderoso y eterno, que al premiar a los santos nos ofreces una prueba de tu gran amor hacia los hombres, te pedimos que la intercesión y el ejemplo de los santos nos sirva siempre de ayuda para seguir más fielmente a Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo religioso: Tú, Señor, que concediste a san N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo que se distinguió por el ejercicio de las obras de misericordia: Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de san N., seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo educador: Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a san N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tercia
Ant. Quien guarda la palabra de Cristo ha llegado ciertamente a la plenitud del amor.
LECTURA BREVE Ga 6, 8
Lo que uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. El Señor enseña su camino a los humildes.
R.
Hace caminar a los humildes con rectitud.
Sexta
Ant. El que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo, éste entrará en el reino de los cielos.
LECTURA BREVE 1 Co 9, 26. 27a
Yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo.
V. Dichoso el hombre a quien tú educas,
Señor.
R. Al que enseñas tu ley.
Nona
Ant. Nadie vio, Señor, fuera de ti, lo que has preparado para los que te aman.
LECTURA BREVE Flp 4, 8, 9b
Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta, hermanos. Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Que se alegren los que se acogen a ti.
R.
Que se llenen de gozo los que aman tu nombre.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Cuando, Señor, el día ya declina,
quedaos con
el hombre, que, en la noche
del tiempo y de la lucha en que camina,
turba
su corazón con su reproche.
Disipad nuestras dudas, hombres santos,
que en
el alto glorioso del camino
ya dejasteis atrás temores tantos
de perder
vuestra fe en el Don divino.
Perdonad nuestros miedos, seguidores
del camino
en la fe que os fue ofrecido,
hacednos con vosotros confesores
de la fe y
del amor que habéis vivido.
Que tu amor, Padre santo, haga fuerte
nuestro
amor, nuestra fe en tu Hijo amado;
que la hora suprema de la muerte
sea
encuentro en la luz, don consumado. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Fue hallado intachable y perfecto; su gloria será eterna. (T. P. Aleluya.)
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 1. Fue hallado intachable y perfecto; su gloria será eterna. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. El Señor protege a sus santos y les muestra su amor y su misericordia. (T. P. Aleluya.)
Salmo
111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como hijos de
la luz; toda bondad,
justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5,
8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón
sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la
descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su
caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y
administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será
perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está
firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que
vea derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es
constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará
los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2. El Señor protege a sus santos y les muestra su amor y su misericordia. (T. P. Aleluya.)
Ant 3. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant 3. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Rm. 8, 28-30
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo
pascual:
V. El Señor es justo y ama la
justicia. R.
El Señor es justo. V. Los buenos verán su rostro. R. El Señor es justo y ama
la justicia. V. Gloria. R. El Señor es justo.
Tiempo pascual:
V. El Señor es justo y ama la justicia. Aleluya, aleluya.
R. El Señor es
justo. V. Los
buenos verán su rostro.
R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. El Señor es
justo.
CáNTICO EVANGÉLICO
Antífonas
Para un santo:
Empleado fiel y cumplidor, pasa al banquete de
tu Señor. (T. P. Aleluya.)
Para varios santos:
Se mantuvieron fieles hasta la muerte y
recibieron del Señor la corona de la vida. (T.
P. Aleluya.)
PRECES
Pidamos a Dios Padre, fuente de toda santidad, que con la intercesión y el ejemplo de los santos nos ayude, y digamos: Haz que seamos santos, porque tú, Señor, eres santo.
Padre santo, que has querido que nos llamemos y seamos hijos tuyos, * haz que la Iglesia santa, extendida por los confines de la tierra, cante tus grandezas.
Padre santo, que deseas que vivamos de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito, * ayúdanos a dar fruto de buenas obras.
Padre santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo, * guárdanos en tu nombre para que todos seamos uno.
Padre santo, que nos convocas al banquete de tu reino, * haz que comiendo el pan que ha bajado del cielo alcancemos la perfección del amor.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Padre santo, perdona a los pecadores sus delitos * y admite a los difuntos en tu reino para que puedan contemplar tu rostro.
Porque nos llamamos y somos hijos de Dios, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia
o, en su defecto, una de las siguientes:
Confesamos, Señor, que sólo tú eres santo y que sin ti nadie es bueno, y humildemente te pedimos que la intercesión de san N. venga en nuestra ayuda para que de tal forma vivamos en el mundo que merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Concédenos, Señor todopoderoso, que el ejemplo de
san N. nos
estimule a una vida más perfecta y que cuantos celebramos su fiesta sepamos
también imitar sus ejemplos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varios santos: Dios todopoderoso y eterno, que al premiar a los santos nos ofreces una prueba de tu gran amor hacia los hombres, te pedimos que la intercesión y el ejemplo de los santos nos sirva siempre de ayuda para seguir más fielmente a Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo religioso: Tú, Señor, que concediste a san N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo que se distinguió por el ejercicio de las obras de misericordia: Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de san N., seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para un santo educador: Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a san N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
HIMNO
Un amor casto y puro
calladamente:
más
grande que la vida
y que la muerte.
Dulce su casa,
y su marido en
ella
se contemplaba.
Era su amor de madre
como una rosa:
pétalos
de fragancia
y espinas rojas.
Y era su seno
un arrullo de lirios
y
de silencios.
Olor a roja viña
y a tierna hogaza:
y su
mano prudente
acariciaba.
Sus dedos limpios
iban tejiendo lana
para
sus hijos.
Y Dios desde su cielo
se sonreía,
por la
casta frescura
de fuente limpia.
Amor callado
que vestía al
Cordero
de rojo y blanco. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Bendito sea el nombre del Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia. (T. P. Aleluya.)
Salmo 112
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1. Bendito sea el nombre del Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Glorifica al Señor, Jerusalén, + que ha bendecido a tus hijos dentro de ti. (T. P. Aleluya.)
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 2. Glorifica al Señor, Jerusalén, que ha bendecido a tus hijos dentro de ti. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. El Señor te prefiere a ti, y tu Dios encontrará la alegría contigo. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El Señor te prefiere a ti, y tu Dios encontrará la alegría contigo. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE FIp 3, 7-8
Todo lo que para mí era ganancia lo he estimado pérdida comparado con Cristo. Más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él, lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Tu misericordia es mi gozo y mi alegría. R. Tu misericordia.
V. Te has
fijado en mi aflicción. R. Tu misericordia es mi gozo y mi alegría. V. Gloria. R. Tu
misericordia.
Tiempo pascual:
V. Tu misericordia es mi gozo y mi alegría. Aleluya, aleluya.
R. Tu
misericordia. V. Te has fijado en mi aflicción. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. Tu
misericordia.
CáNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Para una santa mujer: Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la
alaben en la plaza. (T. P. Aleluya.)
Para varias
santas mujeres: Gloriaos de su nombre santo
que se alegren los que buscan al Señor. (T. P.
Aleluya.)
PRECES
Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia por intercesión de las santas mujeres y digámosle: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Por intercesión de las santas mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo, * concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.
Por intercesión de las santas esposas, que por medio del matrimonio crecieron en tu amor, * concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.
Por intercesión de las santas viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron la soledad, * concede, Señor, a tu Iglesia ser para el mundo signo manifiesto de tu amor a los hombres.
Por intercesión de las santas madres, que engendraron sus hijos no sólo para la vida del mundo, sino también para la salvación eterna, * concede, Señor, a tu Iglesia engendrar para tu reino a todos los pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Por intercesión de todas las mujeres santas, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro, * concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también de la luz eterna de tu presencia.
Fieles a la recomendación del Salvador, digamos al Padre común: Padre nuestro.
Oración
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes: Tú, Señor, que todos los años nos alegras con la fiesta de santa N., concede a los que estamos celebrando su memoria imitar también los ejemplos de su vida santa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien: Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste a santa N., para que así, sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varias santas mujeres: Señor todopoderoso y eterno, que nos has dado como ejemplo para imitar la vida de las santas N. y N., concédenos también que su valiosa intercesión venga siempre en nuestra ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa religiosa: Tú, Señor, que concediste a santa N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta santa, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para una santa que se distinguió por el ejercicio de las obras de misericordia: Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de santa N., seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa educadora: Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a santa N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Ant.: Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable en sus santas.
O bien:
Aclamemos al Señor, en esta fiesta de santa N.
HIMNO
Dichosa la mujer que ha conservado,
en su
regazo, con amor materno,
la palabra del Hijo que ha engendrado
en la vida
de fe y de amor pleno.
Dichosas sois vosotras, que en la
vida
hicisteis de la fe vuestra entereza,
vuestra gracia en la Gracia fue
asumida,
maravilla de Dios y de belleza.
Dichosas sois vosotras, que supisteis
ser hijas
del amor que Dios os daba,
y así, en la fe, madres de muchos
fuisteis,
fecunda plenitud que nunca acaba.
No dejéis de ser madres, en la gloria,
de los
hombres que luchan con anhelo,
ante Dios vuestro amor haga memoria
de los
hijos que esperan ir al cielo. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Abre la boca con sabiduría y su lengua enseña con bondad.
Salmo 18 A
El cielo proclama la gloria de Dios,
el
firmamento pregona
la obra de sus manos:
el día al día le pasa el
mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que
resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del
orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale
como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe,
a recorrer su
camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita
llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. Abre la boca con sabiduría y su lengua enseña con bondad.
Ant. 2. Las santas mujeres vivieron esperando en Dios y cantando en su corazón.
Salmo 44
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis
versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios
se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu
gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu
diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, oh Dios, permanece para
siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y
odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de
júbilo
entre todos tus compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus
vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a
tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.
Ant. Las santas mujeres vivieron esperando en Dios y cantando en su corazón.
Ant. 3. Las llevan ante el Señor con alegría y algazara.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu
pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate
ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los
pueblos más ricos buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de
perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la
siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en
el palacio real.
"A cambio de tus padres tendrás hijos,
que
nombrarás príncipes por toda la tierra".
Quiero hacer memorable tu nombre
por
generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de
los siglos.
Ant. Las llevan ante el Señor con alegría y algazara.
V. Que llegue a tu presencia el meditar de mi
corazón.
R. Señor, roca mía y redentor mío.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-17
VUESTRA VIDA ESTÁ OCULTA CON CRISTO EN DIOS
Hermanos: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de gloria.
Mortificad las pasiones de vuestro hombre terrenal: la fornicación, la impureza, la concupiscencia, los malos deseos y la avaricia, que es una idolatría. Por ellas se desata la cólera de Dios.
En todo eso anduvisteis también vosotros, cuando vivíais entregados a ellas. Pero ahora dejad también vosotros a un lado todo eso: la ira, la indignación, la malignidad, la maledicencia y el torpe lenguaje. No os engañéis unos a otros.
Despojaos del hombre viejo con sus malas pasiones y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento pleno de Dios y se va configurando con la imagen del que lo creó. Así, ya no hay griego ni judío, ni circunciso ni incircunciso, ni bárbaro ni escita, ni esclavo ni libre. Sólo Cristo todo y en todos.
Por lo tanto, como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Por encima de todo, procurad el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y vivid siempre agradecidos. Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.
Responsorio Ga 3, 27. 28; cf. Ef 4, 24
R. Todos los que habéis sido
bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre
judío y gentil: * todos sois uno en Cristo Jesús.
V. Vestíos de la nueva
condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.
R.
Todos sois uno en Cristo Jesús.
O bien esta otra:
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-21
LA VIDA CRISTIANA ES UN CULTO ESPIRITUAL
Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como ostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto. Por la gracia que Dios me ha dado, os pido a todos y a cada uno: No tengáis de vosotros mismos un concepto superior a lo que es justo. Abrigad sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que Dios le ha dado.
A la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros y todos los miembros desempeñan distinta función, lo mismo nosotros: siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros unos de otros. Y teniendo carismas diferentes, según la gracia que Dios nos ha dado, quien tenga carisma de hablar por inspiración de Dios haga uso de él según le mueva la fe, quien tenga el carisma de ministerio que se ocupe en su oficio, quien tenga el don de enseñar que enseñe, quien el de exhortar que exhorte y consuele, quien reparta sus bienes que lo haga con sencillez, quien presida obre con solicitud, quien practique la misericordia que lo haga con jovialidad.
Que vuestra caridad sea sincera. Aborreced el mal y aplicaos al bien. En punto a caridad fraterna, amaos entrañablemente unos a otros. En cuanto a la mutua estima, tened por más dignos a los demás. Nada de pereza en vuestro celo, sirviendo con fervor de espíritu al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Socorred las necesidades de los fieles, dedicaos activamente a la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir entre vosotros, sin apetecer grandezas; atraídos más bien por lo humilde. No os tengáis por sabios. No devolváis a nadie mal por mal y procurad hacer lo que es bueno no sólo ante Dios, sino también ante todos los hombres.
A ser posible, y en cuanto de vosotros depende, vivid en paz con todos. No os toméis, carísimos hermanos, la justicia por vuestra mano, sino dejadlo al juicio de Dios. Dice la Escritura: «Es mía la venganza; mía la recompensa; palabra del Señor.» Pero también dice: «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; sí tiene sed, dale de beber. Si haces esto, se sentirá avergonzado de su odio y lo depondrá.»
No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien.
Responsorio Rm 12, 2; cf. Ef 4, 23-24a
R. Transformaos por la renovación de
la mente, * para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno,
lo que agrada, lo perfecto.
V. Renovaos en la mente y en el espíritu y
vestíos de la nueva condición humana.
R. Para que sepáis discernir lo que es
la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
Para una santa que vivió en el matrimonio:
Del libro de los Proverbios 31, 10-31
LA MUJER TEMEROSA DEL SEÑOR
Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias y no pérdidas todos los días de su vida.
Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Es como nave mercante que importa el grano de lejos. Todavía de noche se levanta para dar la comida a los criados.
Examina un terreno y lo compra, con lo que ganan sus manos planta un huerto. Se ciñe la cintura con firmeza y despliega la fuerza de sus brazos. Le saca gusto a su tarea y aun de noche no se apaga su lámpara. Extiende la mano hacia el huso, y sostiene con la palma la rueca.
Abre sus manos al necesitado y extiende el brazo al pobre. Si nieva, no teme por la servidumbre, porque todos los criados llevan trajes forrados. Confecciona mantas para su uso, se viste de lino y de holanda. En la plaza su marido es respetado, cuando se sienta entre los jefes de la ciudad. Teje sábanas y las vende, provee de cinturones a los comerciantes.
Está vestida de fuerza y dignidad, sonríe ante el día de mañana. Abre la boca con sabiduría y su lengua enseña con bondad. Vigila la conducta de sus criados, no come su pan de balde.
Sus hijos se levantan para felicitarla, su marido proclama su alabanza: «Muchas mujeres reunieron riquezas, pero tú las ganas a todas.» Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la que teme al Señor merece alabanza. Cantadle por el éxito de su trabajo, que sus obras la alaben en la plaza.
Responsorio Cf. Pr 31, 17. 18; cf. Sal 45, 6
R. Se ciñe la cintura con firmeza y
despliega la fuerza de sus brazos. * Por esto su lámpara nunca se apagará.
V.
Dios la socorre con su mirada; teniendo a Dios en medio, no vacila.
R. Por
esto su lámpara nunca se apagará.
O bien esta otra:
De la primera carta del apóstol san Pedro 3, 117
GLORIFICAD EN VUESTROS CORAZONES A CRISTO SEÑOR
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la palabra, sean ganados no por palabras, sino por la conducta de sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa.
Que vuestro adorno no esté en el exterior: en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios. Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos; así obedeció Sara a Abraham, llamándole señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor.
En conclusión, procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrarío, responded con una bendición, porque vuestra vocación mira a esto: a heredar una bendición.
«El que quiera amar la vida y ver días felices, refrene su lengua del mal y sus labios de la falsedad; apártese del mal y obre el bien; busque la paz y corra tras ella. Porque los ojos del Señor se fijan en los justos y sus oídos atienden a sus ruegos; pero el Señor se enfrenta con los que hacen el mal.»
¿Quién os podrá hacer daño si os dedicáis al bien? Y si tuvierais que sufrir por ser honrados, ¡dichosos vosotros! No les tengáis miedo ni os asustéis; sino glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Responsorio Flp 2, 2. 3. 4; 1 Ts 5, 14. 15
R. Manteneos en el amor, y
considerad siempre superiores a los demás. * No os encerréis en vuestros
intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
V. Sostened a los
débiles, sed comprensivos con todos; procurad siempre el bien entre vosotros y
para con todos.
R. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos
el interés de los demás.
SEGUNDA LECTURA
Se toman los textos más aptos de cuantos se encuentran en el común de santos varones, o alguna de las siguientes:
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el libro de los Hechos de los apóstoles
(Homilía 20, 4: PG 60,162-164)
NO PUEDE OCULTARSE LA LUZ DE LOS CRISTIANOS
Nada hay más frío que un cristiano que no se preocupe de la salvación de los demás.
No puedes excusarte con la pobreza, pues aquella viuda que echó dos monedas de cobre te acusará. Y Pedro decía: No tengo plata ni oro. El mismo Pablo era tan pobre que frecuentemente pasaba hambre y carecía del alimento necesario.
No puedes aducir tu baja condición, pues aquéllos eran también humildes, nacidos de baja condición. Tampoco vale el afirmar que no tienes conocimientos, pues tampoco, ellos los tenían. Ni te escudes detrás de tu debilidad física, pues también Timoteo era débil y sufría frecuentemente de enfermedades.
Todos pueden ayudar al prójimo con tal que cumplan con lo que les corresponde.
¿No veis los árboles infructuosos, cómo son con frecuencia sólidos, hermosos, altos, grandiosos y esbeltos? Pero, si tuviéramos un huerto, preferiríamos tener granados y olivos fructíferos antes que esos árboles; esos árboles pueden causar placer, pero no son útiles, e incluso, si tienen alguna utilidad, es muy pequeña. Semejantes son aquellos que sólo se preocupan de sí mismos; más aún, ni siquiera son semejantes a esos árboles, porque sólo son aptos para el castigo. Pues aquellos árboles son aptos para la construcción y para darnos cobijo. Semejantes eran aquellas vírgenes de la parábola, castas, sobrias, engalanadas, pero, como eran inútiles para los demás, por ello fueron castigadas. Semejantes son los que no alimentan con su ejemplo el cuerpo de Cristo.
Fíjate que ninguno es acusado de sus pecados, ni que sea un fornicador, ni que sea un perjuro, a no ser que no haya ayudado a los demás. Así era aquel que enterró su talento, mostrando una vida intachable, pero inútil para los demás.
¿Cómo, me pregunto, puede ser cristiano el que obra de esta forma? Si el fermento mezclado con la harina no transforma toda la masa, ¿acaso se trata de un fermento genuino? Y, también, si acercando un perfume no esparce olor, ¿acaso llamaríamos a esto perfume?
No digas: "No puedo influir en los demás", pues si eres cristiano de verdad es imposible que no lo puedas hacer. Las propiedades de las cosas naturales no se pueden negar: lo mismo sucede con esto que afirmamos, pues está en la naturaleza del cristiano obrar de esta forma.
No ofendas a Dios con una contumelia. Si dijeras que el sol no puede lucir, infliges una contumelia a Dios y lo haces mentiroso. Es más fácil que el sol no luzca ni caliente que no que deje de dar luz un cristiano; más fácil que esto sería que la luz fuese tinieblas.
No digas que es una cosa imposible; lo contrario es imposible. No inflijas una contumelia a Dios. Si ordenamos bien nuestra conducta, todo lo demás seguirá como consecuencia natural. No puede ocultarse la luz de los cristianos, no puede ocultarse una lámpara tan brillante.
Responsorio Ef 5, 8-9; Mt 5, 14. 16
R. Sois luz en el Señor. Caminad
como hijos de la luz. * Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la
luz.
V. Vosotros sois la luz del mundo. Alumbre vuestra luz a los
hombres.
R. Toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz.
O bien esta otra:
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 96,1. 4. 9: PL 38, 584. 586. 588)
SOBRE LA VOCACIÓN UNIVERSAL A LA SANTIDAD
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Parece duro y grave este precepto del Señor de negarse a sí mismo para seguirle.
Pero no es ni duro ni grave lo que manda aquel que ayuda a realizar lo que ordena. Es verdad, en efecto, lo que se dice en el salmo: Según tus mandatos, me he mantenido en la senda penosa. Como también es cierto lo que él mismo afirma: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. El amor hace suave lo que hay de duro en el precepto.
¿Qué significa: Cargue con su cruz? Acepte todo lo que es molesto y sígame de esta forma. Cuando empiece a seguirme en mis ejemplos y preceptos, en seguida encontrará contradictores, muchos que intentarán prohibírselo, muchos que intentarán disuadirle, y los encontrará incluso entre los seguidores de Cristo. A Cristo acompañaban aquellos que querían hacer callar a los ciegos. Si quieres seguirle, acepta como cruz las amenazas, las seducciones y los obstáculos de cualquier clase; soporta, aguanta, manténte firme.
En este mundo santo, bueno, reconciliado, salvado, mejor dicho, que ha de ser salvado -ya que ahora está salvado sólo en esperanza, porque en esperanza fuimos salvados-, en este mundo, pues, que es la Iglesia, que sigue a Cristo, el Señor dice a todos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a si mismo.
Este precepto no se refiere sólo a las vírgenes, con exclusión de las casadas; o a las viudas, excluyendo a las que viven en matrimonio; o a los monjes, y no a los casados; o a los clérigos, con exclusión de los laicos: toda la Iglesia, todo el cuerpo y cada uno de sus miembros, de acuerdo con su función propia y específica, debe seguir a Cristo.
Sígale, pues, toda entera la Iglesia única, esta paloma y esposa redimida y enriquecida con la sangre del Esposo. En ella encuentra su lugar la integridad virginal, la continencia de las viudas y el pudor conyugal.
Todos estos miembros, que encuentran en ella su lugar, de acuerdo con sus funciones propias, sigan a Cristo; niéguense, es decir, no se vanaglorien; carguen con su cruz, es decir, soporten en el mundo por amor de Cristo todo lo que en el mundo les aflija. Amen a aquel que es el único que no traiciona, el único que no es engañado ni engaña; ámenle a él, porque es verdad lo que promete. vacila, porque sus promesas tardan. Mantente fiel, pero tolera, acepta la dilación: todo esto es cargar con la cruz.
Responsorio
R. Éste sí que realizó ante Dios
obras realmente maravillosas, y alabó al Señor de todo corazón. * Que él
interceda por los pecados de todos los pueblos.
V. Éste fue un hombre
paciente, que tributó a Dios un culto verdadero, se abstuvo de todo mal y se
mantuvo en la inocencia.
R. Que él interceda por los pecados de todos los
pueblos.
Si se trata de una mujer santa que vivió en el matrimonio, puede leerse la siguiente:
De una alocución del papa Pío doce a los recién casados
(Discorsi e radiomessaggi, 11 de marzo de 1942:3,385-390)
LA ESPOSA ES EL SOL DE LA FAMILIA
La esposa viene a ser como el sol que ilumina a la familia. Oíd lo que de ella dice la sagrada Escritura: Mujer hermosa deleita al marido, mujer modesta duplica su encanto. El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada.
Sí, la esposa y la madre es el sol de la familia. Es el sol con su generosidad y abnegación, con su constante prontitud, con su delicadeza vigilante y previsora en todo cuanto puede alegrar la vida a su marido y a sus hijos. Ella difunde en torno a sí luz y calor; y, si suele decirse de un matrimonio que es feliz cuando cada uno de los cónyuges, al contraerlo, se consagra a hacer feliz, no a sí mismo, sino al otro, este noble sentimiento e intención, aunque les obligue a ambos, es sin embargo virtud principal de la mujer, que le nace con las palpitaciones de madre y con la madurez del corazón; madurez que, si recibe amarguras, no quiere dar sino alegrías; si recibe humillaciones, no quiere devolver sino dignidad y respeto, semejante al sol que, con sus albores, alegra la nebulosa mañana y dora las nubes con los rayos de su ocaso.
La esposa es el sol de la familia con la claridad de su mirada y con el fuego de su palabra; mirada y palabra que penetran dulcemente en el alma, la vencen y enternecen y alzan fuera del tumulto de las pasiones, arrastrando al hombre a la alegría del bien y de la convivencia familiar, después de una larga jornada de continuado y muchas veces fatigoso trabajo en la oficina o en el campo o en las exigentes actividades del comercio y de la industria.
La esposa es el sol de la familia con su ingenua naturaleza, con su digna sencillez y con su majestad cristiana y honesta, así en el recogimiento y en la rectitud del espíritu como en la sutil armonía de su porte y de su vestir, de su adorno y de su continente, reservado y a la par afectuoso. Sentimientos delicados, graciosos gestos del rostro, ingenuos silencios y sonrisas, una condescendiente señal de cabeza, le dan la gracia de una flor selecta y sin embargo sencilla que abre su corola para recibir y reflejar los colores del sol.
¡Oh, si supieseis cuán profundos sentimientos de amor y de gratitud suscita e imprime en el corazón del padre de familia y de los hijos semejante imagen de esposa y de madre!
Responsorio Sir 26, 16. 21
R. Mujer hermosa deleita al marido.
* Mujer modesta duplica su encanto.
V. El sol brilla en el cielo del Señor,
la mujer bella en su casa bien arreglada.
R. Mujer modesta duplica su
encanto.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Finísimo fue el lino con que ella
fue tejiendo,
a lo largo de su vida,
esa historia de amor que la hace bella
a los ojos
de Dios y bendecida.
Supo trenzar con tino los amores
del cielo y de
la tierra, y santamente
hizo altar del telar de sus labores,
oración
desgranada lentamente.
Flor virgen, florecida en amor santo,
llenó el
hogar de paz y joven vida,
su dulce fortaleza fue su encanto,
la fuerza de
su amor, la fe vivida.
Una escuela de fe fue su regazo,
todos fueron
dichosos a su vera,
su muerte en el Señor fue un tierno abrazo,
su vida
será eterna primavera. Amén.
Ant. 1. Mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene. (T. P. Aleluya.)
Los salmos y el cántico se
toman del domingo I del Salterio.
Salmo
62 - Daniel
3 - Salmo
149
Ant. 2. El Señor te ha dado su fuerza; por ello serás bendita para siempre. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. Tu misericordia, Señor, es mi gozo y mi alegría. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Rm 12, 1-2
Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
Para una santa
mujer:
V. Dios la socorre al despuntar la
aurora. R. Dios la socorre. V.
Teniendo a Dios en medio no vacila.
R. Al
despuntar la aurora. V. Gloria. R. Dios la socorre.
Para varias santas mujeres:
V. Los justos gozan en la presencia de
Dios. R.
Los justos gozan. V. Rebosando de alegría. R. En la presencia de Dios.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Los justos
gozan.
Tiempo pascual:
Para una santa
mujer:
V. Dios la socorre al despuntar la
aurora. Aleluya, aleluya. R. Dios la socorre. V. Teniendo a Dios en medio
no vacila. R.
Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Dios la socorre.
Para varias santas mujeres:
V. Los justos gozan en la presencia de Dios. Aleluya,
aleluya. R.
Los justos gozan. V. Rebosando de alegría. R. Aleluya, aleluya.
V. Gloria.
R. Los justos
gozan.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant. El reino de los cielos se parece a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Unidos, hermanos, a las mujeres santas, aclamemos a Jesús, nuestro Salvador, y supliquémosle diciendo: Ven, Señor Jesús.
Señor Jesús, que perdonaste a la mujer pecadora sus muchos pecados porque tenía mucho amor, * perdónanos también a nosotros porque hemos pecado mucho.
Señor Jesús, que fuiste asistido en tu misión evangélica por mujeres piadosas, * haz que también nosotros seamos fieles en nuestra misión apostólica.
Señor Jesús, a quien María escuchaba y Marta servía, * concédenos servirte siempre con fe y amor.
Señor Jesús, que llamaste hermano, hermana y madre a todos los que cumplen tu voluntad, * haz que todos nosotros la cumplamos siempre de palabra y de obra.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Fieles a la recomendación del Salvador, digamos al Padre común: Padre nuestro.
Oración:
Se dice la oración propia o, en su defecto, una de las siguientes: Tú, Señor, que todos los años nos alegras con la fiesta de santa N., concede a los que estamos celebrando su memoria imitar también los ejemplos de su vida santa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien: Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste a santa N., para que así, sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para varias santas mujeres: Señor todopoderoso y eterno, que nos has dado como ejemplo para imitar la vida de las santas N. y N., concédenos también que su valiosa intercesión venga siempre en nuestra ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa religiosa: Tú, Señor, que concediste a santa N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta santa, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para una santa que se distinguió por el ejercicio de
las obras de misericordia:
Señor Dios
todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el
compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de santa N., seamos contados un día
entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Para una santa educadora: Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a santa N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Tercia
Cuando se usa la salmodia complementaria, en lugar del salmo 121, que se dice en las II Vísperas, puede tomarse el salmo 128.
Ant. Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu.
LECTURA BREVE Ga 6, 8
Lo que uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. Dichosos los que con vida intachable.
R.
Caminan en la voluntad del Señor.
Sexta
Ant. Mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo.
LECTURA BREVE 1 Co 9, 26. 27a
Yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo.
V. Encontré al amor de mi alma.
R. Lo abracé y
ya no lo soltaré.
Nona
Cuando se usa la salmodia complementaria, en lugar del salmo 126, que se dice en las II Vísperas, puede tomarse el salmo 130.
Ant. Mi amado es para mí y yo para él.
LECTURA BREVE Flp 4, 8, 9b
Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta, hermanos. Y el Dios de la paz estará con vosotros.
V. Para ti es mi música, Señor.
R. Voy a
explicar el camino perfecto.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
Un amor casto y puro
calladamente:
más
grande que la vida
y que la muerte.
Dulce su casa,
y su marido en
ella
se contemplaba.
Era su amor de madre
como una rosa:
pétalos
de fragancia
y espinas rojas.
Y era su seno
un arrullo de lirios
y
de silencios.
Olor a roja viña
y a tierna hogaza:
y su
mano prudente
acariciaba.
Sus dedos limpios
iban tejiendo lana
para
sus hijos.
Y Dios desde su cielo
se sonreía,
por la
casta frescura
de fuente limpia.
Amor callado
que vestía al
Cordero
de rojo y blanco. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación. (T. P. Aleluya.)
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1: Tu sierva, Señor, se regocijó con tu salvación. (T. P. Aleluya.)
Ant. 2. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa. (T. P. Aleluya.)
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2. Como está sólido el fundamento sobre la roca, así estuvo la voluntad de Dios en el corazón de la mujer santa. (T. P. Aleluya.)
Ant. 3. El Señor te ha dado su fuerza, por ello serás bendita eternamente. (T. P. Aleluya.)
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3. El Señor te ha dado su fuerza, por ello serás bendita eternamente. (T. P. Aleluya.)
LECTURA BREVE Rm 8, 28-30
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
RESPONSORIO BREVE
Fuera del tiempo pascual:
V. Dios la eligió, y la predestinó. R. Dios la eligió.
V. La hizo
morar en su templo santo. R. Y la predestinó. V.
Gloria. R.
Dios la eligió.
Tiempo pascual:
V. Dios la eligió y la predestinó. Aleluya, aleluya.
R. Dios la
eligió. V. La
hizo morar en su templo santo. R. Aleluya, aleluya. V. Gloria. R. Dios la eligió y la
predestinó. Aleluya, aleluya.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant. Mi corazón se regocija por el Señor y queda saciado, porque gozo con mi salvación. (T. P. Aleluya.)
PRECES
Supliquemos a Dios en bien de su Iglesia por intercesión de las santas mujeres y digámosle: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
Por intercesión de las santas mártires, que con la fuerza del espíritu superaron la muerte del cuerpo, * concede, Señor, a tu Iglesia ser fuerte en la tentación.
Por intercesión de las santas esposas, que por medio del matrimonio crecieron en tu amor, * concede, Señor, a tu Iglesia la fecundidad apostólica.
Por intercesión de las santas viudas, que por la hospitalidad y la oración superaron la soledad, * concede, Señor, a tu Iglesia ser para el mundo signo manifiesto de tu amor a los hombres.
Por intercesión de las santas madres, que engendraron sus hijos no sólo para la vida del mundo, sino también para la salvación eterna, * concede, Señor, a tu Iglesia engendrar para tu reino a todos los pueblos.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Por intercesión de todas las mujeres santas, que han sido ya admitidas a contemplar la belleza de tu rostro, * concede, Señor, a los difuntos de la Iglesia gozar también de la luz eterna de tu presencia.
Fieles a la recomendación del Salvador, digamos al Padre común: Padre nuestro.
Oración:
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Tú, Señor,
que todos los años nos alegras con la fiesta de santa N., concede a los que
estamos celebrando su memoria imitar también los ejemplos de su vida santa. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor
intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste a santa N., para que así,
sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te
agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Para varias santas mujeres: Señor todopoderoso y eterno, que nos has dado como ejemplo para imitar la vida de las santas N. y N., concédenos también que su valiosa intercesión venga siempre en nuestra ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa religiosa: Tú, Señor, que concediste a santa N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta santa, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para una santa que se distinguió por el ejercicio de las obras de misericordia: Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de santa N., seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para una santa educadora: Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a santa N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Todo como en el Común de santos varones, o de santas mujeres, menos lo siguiente:
HIMNO
Feliz quien ha escuchado la llamada
al pleno
seguimiento del Maestro,
feliz porque él, con su mirada,
lo eligió como
amigo y compañero.
Feliz el que ha abrazado la pobreza
para llenar
de Dios su vida toda,
para servirlo a él con fortaleza,
con gozo y con
amor a todas horas.
Feliz el mensajero de verdades
que marcha por
caminos de la tierra,
predicando bondad contra maldades,
pregonando la paz
contra las guerras. Amén.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
«El
que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío», dice el Señor.
(T. P. Aleluya.)
O bien, para un santo religioso: Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación, porque éste es el grupo que busca al Señor. (T. P. Aleluya.)
O bien, para una santa religiosa: El Señor la desposó consigo para siempre, en la fidelidad y en el amor. (T. P. Aleluya.)
Oración
Se dice la oración
propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Tú, Señor, que concediste a san (santa) N. el don de imitar con
fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por
intercesión de este santo (esta santa), la gracia de que, viviendo fielmente
nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de
tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo abad:
Tú, Señor, que nos has dado un modelo de perfección
evangélica en la vida ejemplar de san N., abad, concédenos, en
medio de los acontecimientos de este mundo, que sepamos adherirnos, con todo
nuestro corazón, a los bienes de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
Ant.: Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable en sus santos.
O bien:
Aclamemos al Señor, en esta fiesta de san (santa) N.
HIMNO
Dichosos los que, oyendo la llamada
de la fe y
del amor en vuestra vida,
creísteis que la vida os era dada
para darla en
amor y con fe viva.
Dichosos, si abrazasteis la pobreza
para llenar
de Dios vuestras alforjas,
para servirle a él con fortaleza,
con gozo y
con amor a todas horas.
Dichosos mensajeros de verdades,
que fuisteis
por caminos de la tierra,
predicando bondad contra maldades,
pregonando la
paz contra las guerras.
Dichosos, del amor dispensadores,
dichosos, de
los tristes el consuelo,
dichosos, de los hombres servidores,
dichosos,
herederos de los cielos. Amén.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 7-4, 1. 4-9
ESTAD SIEMPRE ALEGRES EN EL SEÑOR
Hermanos: Todo lo que para mí era ganancia lo he estimado pérdida comparado con Cristo.
Más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y encontrarme unido a él, no por una justificación propia mía, la que viene de la ley, sino por la justificación que se obtiene por la fe en Cristo, la cual procede de Dios y se basa en la fe; a fin de tener una íntima experiencia de Cristo, del poder de su resurrección y de la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para alcanzar también la resurrección de entre los muertos.
No quiero decir con esto que tenga ya conseguido el premio o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera con la pretensión de darle alcance, habiendo yo mismo sido alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no considero haber ganado todavía el premio.
Sólo una cosa busco: olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por delante, voy corriendo hacia la meta para conseguir el premio de la asamblea celestial, asamblea de Dios en Cristo Jesús.
Así pues, todos los que estamos ya bien formados en Cristo debemos tener estas aspiraciones, y si en algún punto pensáis de otra manera que Dios os lo aclare también.
Sea cual sea el punto adonde hayamos llego, sigamos adelante por el mismo camino.
Seguid todos mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que caminan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque hay muchos de quienes os decía con frecuencia, y ahora hasta con lágrimas lo digo, que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su paradero es la perdición, su dios es el vientre y su gloria está en su vergüenza. Sólo en las cosas de la tierra ponen su corazón En cambio, para nosotros, nuestros derechos de ciudadanía radican en los cielos, de donde esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su imperio todas las cosas.
Así pues, hermanos, a quienes tanto amo y a quienes tanto deseo ver, vosotros sois mi gozo y mi corona. Perseverad firmes en el Señor. Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna. Pero en toda necesidad presentad a Dios vuestras peticiones mediante la oración y la súplica, acompañadas con la acción de gracias. Y la paz de Dios, que está por encima de todo conocimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta, hermanos. Seguid practicando lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.
Responsorio Lc 12, 35-36; Mt 24, 42
V. Estén ceñidos vuestros lomos, y
encendidas vuestras lámparas; * así seréis como los siervos que están esperando
a su amo de regreso de las bodas.
R. Velad, porque no sabéis cuándo vendrá
vuestro Señor.
V. Así seréis como los siervos que están esperando a su amo de
regreso de las bodas.
O bien para una monja:
Responsorio
R. Tuve en nada los bienes de este
mundo y del tiempo presente, por amor a mi Señor Jesucristo. * A quien vi, a
quien amé, en quien creí, de quien me enamoré.
V. Me brota del corazón un
poema bello, recito mis versos al Rey.
R. A quien vi, a quien amé, en quien
creí, de quien me enamoré.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios
(Libro 2, homilía 36,11-13: PL 76,1272-1274)
EN EL MUNDO, PERO NO DEL MUNDO
Quiero exhortaros a que dejéis todas las cosas, pero quiero hacerlo sin excederme. Si no podéis abandonar todas las cosas del mundo, al menos poseedlas de tal forma que por medio de ellas no seáis retenidos en el mundo. Vosotros debéis poseer las cosas terrenas, no ser su posesión; bajo el control de vuestra mente deben estar las cosas que tenéis, no suceda que vuestro espíritu se deje vencer por el amor de las cosas terrenas y, por ello, sea su esclavo.
Las cosas terrenas sean para usarlas, las eternas para desearlas; mientras peregrinamos por este mundo, utilicemos las cosas terrenas, pero deseemos llegar a la posesión de las eternas. Miremos de soslayo todo lo que se hace en el mundo; pero que los ojos de nuestro espíritu miren de frente hacia lo que poseeremos cuando lleguemos.
Extirpemos completamente nuestros vicios, no sólo de nuestras acciones, sino también de nuestros pensamientos. Que la voluptuosidad de la carne, la vana curiosidad y el fuego de la ambición no nos separen del convite eterno; al contrario, hagamos las cosas honestas de este mundo como de pasada, de tal forma que las cosas terrenas que nos causan placer sirvan a nuestro cuerpo, pero sin ser obstáculo para nuestro espíritu.
No nos atrevemos, queridos hermanos, a deciros que dejéis todas las cosas. Sin embargo, si queréis, aun reteniendo las cosas temporales, podéis dejarlas, si las administráis de tal forma que vuestro espíritu tienda hacia las cosas celestiales. Porque usa del mundo, pero como si no usase de él, quien toma todas las cosas necesarias para el servicio de su vida, y, al mismo tiempo, no permite que ellas dominen su mente, de modo que las cosas presten su servicio desde fuera y no interrumpan la atención del espíritu, que tiende hacia las cosas eternas. Para los que así obran, las cosas terrenas no son objeto de deseo, sino instrumento de utilidad. Que no haya, por lo tanto, nada que retarde el deseo de vuestro espíritu, y que no os veáis enredados en el deleite que las cosas terrenas procuran.
Si se ama el bien, que la mente se deleite en los bienes superiores, es decir, en los bienes celestiales. Si se teme el mal, que se piense en los males eternos, y así, recordando dónde está el bien más deseable y el mal más temible, no dejaremos que nuestro corazón se apegue a las cosas de aquí abajo.
Para lograr esto, contamos con la ayuda del que es mediador entre Dios y los hombres; por su mediación, obtendremos rápidamente todo, si estamos inflamados de amor hacia él, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio 1 Cor 7, 29. 30. 31; 2, 12
R. El momento es apremiante; queda
como solución que los que están alegres, vivan como si no lo estuvieran; los que
negocian en este mundo, como si no disfrutaran de él. * Porque la presentación
de este mundo se termina.
V. Ya que nosotros no hemos recibido el espíritu de
este mundo.
R. Porque la presentación de este mundo se termina.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
HIMNO
Vosotros sois luz del mundo
y ardiente
sal de la tierra,
ciudad esbelta en el monte,
fermento en la
masa nueva.
Vosotros sois los sarmientos,
y yo la Vid
verdadera;
si el Padre poda las ramas,
más fruto llevan las
cepas.
Vosotros sois la abundancia
del reino que
ya está cerca,
los doce mil señalados
que no caerán en la
siega.
Dichosos, porque sois limpios
y ricos en
la pobreza,
y es vuestro el reino que sólo
se gana con la
violencia. Amén.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
«El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano,
y mi hermana y mi madre», dice el Señor. (T.
P. Aleluya.)
O bien: Mi porción es el Señor; bueno es el Señor para el alma que lo busca. (T. P. Aleluya.)
Oración
Se dice la oración
propia o, en su defecto, una de las siguientes:
Tú, Señor, que concediste a san (santa) N. el don de imitar con
fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por
intercesión de este santo (esta santa), la gracia de que, viviendo fielmente
nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de
tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo abad:
Tú, Señor, que nos has dado un modelo de perfección
evangélica en la vida ejemplar de san N., abad, concédenos, en
medio de los acontecimientos de este mundo, que sepamos adherirnos, con todo
nuestro corazón, a los bienes de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
II VÍSPERAS
HIMNO
Feliz quien ha escuchado la llamada
al pleno
seguimiento del Maestro,
feliz porque él, con su mirada,
lo eligió como
amigo y compañero.
Feliz el que ha abrazado la pobreza
para llenar
de Dios su vida toda,
para servirlo a él con fortaleza,
con gozo y con
amor a todas horas.
Feliz el mensajero de verdades
que marcha por
caminos de la tierra,
predicando bondad contra maldades,
pregonando la paz
contra las guerras. Amén.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Vosotros, los que lo habéis dejado todo y me habéis
seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna. (T. P.
Aleluya.)
O bien: En donde se reúnen los hermanos para glorificar a Dios, allí el Señor bendecirá a su pueblo. (T. P. Aleluya.)
Oración
Se dice la oración propia o, en su
defecto, una de las siguientes:
Tú, Señor,
que concediste a san (santa) N. el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde,
concédenos también a nosotros, por intercesión de este santo (esta santa), la
gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección
que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Para un santo abad:
Tú, Señor, que nos has dado un modelo de perfección
evangélica en la vida ejemplar de san N., abad, concédenos, en
medio de los acontecimientos de este mundo, que sepamos adherirnos, con todo
nuestro corazón, a los bienes de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
Todo como en el Común de santos varones, o de santas mujeres, menos lo siguiente:
I vísperas
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dichoso quien se apiada de los pobres; quien imita al Señor ama la misericordia.
La oración como en las Laudes.
Oficio de lectura
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 31-13, 13
LA MÁS GRANDE ES EL AMOR
Hermanos: Ambicionad los dones más valiosos. Y aún me queda por señalaros un camino excepcional.
Ya puedo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, que, si no tengo amor, no paso de ser una campana ruidosa o unos platillos estridentes.
Ya puedo hablar inspirado y penetrar todo secreto y todo el saber, ya puedo tener toda la fe, hasta mover montañas, que, si no tengo amor, no soy nada.
Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo, ya puedo dejarme quemar vivo, que, si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca. El don de predicar se acabará. El don de lenguas enmudecerá. El saber se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Ahora vernos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora inmaduro; entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Responsorio 1 Jn 4, 16. 7
R. Nosotros hemos creído en el amor
que Dios nos tiene; * Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en
Dios, y Dios en él.
V. Amémonos unos a otros, ya que el amor es de
Dios.
R. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios
en él.
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la carta a los Romanos
(Homilía 15, 6: PG 60, 547-548)
CRISTO NOS RECOMIENDA LA MISERICORDIA
Dios nos entregó a su Hijo; tú, en cambio, no eres capaz siquiera de dar un pan al que se entregó por ti a la muerte.
El Padre, por amor a ti, no perdonó a su propio Hijo; tú, en cambio, desprecias al hambriento viéndolo desfallecer de hambre, y no lo socorres ni a costa de unos bienes que son suyos y que, al darlos, redundarían en beneficio tuyo.
¿Existe maldad peor que ésta? El Señor fue entregado por ti, murió por ti, anduvo hambriento por ti; cuando tú das, das de lo que es suyo, y tú mismo te beneficias de tu don; pero ni siquiera así te decides a dar.
Son más insensibles que las piedras los que, a pesar de todo esto, perseveran en su diabólica inhumanidad. Cristo no se contentó con padecer la cruz y la muerte, sino que quiso también hacerse pobre y peregrino, ir errante y desnudo, quiso ser arrojado en la cárcel y sufrir las debilidades, para lograr de ti la conversión.
Si no te sientes obligado ante lo que yo he sufrido por ti, compadécete, por lo menos, ante mi pobreza. Si no quieres compadecerte de mi pobreza, déjate doblegar, al menos, por mi debilidad y mi cárcel. Si ni esto te lleva a ser humano, accede, al menos, ante la pequeñez de lo que se te pide. No te pido nada extraordinario, sino tan sólo pan, techo y unas palabras de consuelo.
Si, aun después de todo esto, sigues inflexible, que te mueva, al menos, el premio que te tengo prometido: el reino de los cielos; ¿ni eso tomarás en consideración?
Déjate, por lo menos, ablandar por tus sentimientos naturales cuando veas a un desnudo, y acuérdate de la desnudez que, por ti, sufrí en la cruz; esta misma desnudez la contemplas ahora cuando ves a tu prójimo pobre y desnudo.
Como entonces estuve encarcelado por ti, así también ahora estoy encarcelado en el prójimo, para que una u otra consideración te conmueva, y me des un poco de tu compasión. Por ti ayuné, y ahora nuevamente paso hambre; en la cruz tuve sed, y ahora tengo sed nuevamente en la persona de los pobres; así, por uno u otro motivo, intento atraerte hacia mí y hacerte compasivo para tu propia salvación.
Ante tantos beneficios, te ruego que me correspondas; no te lo exijo como si se tratara de una deuda, sino que quiero premiártelo como si fueras un donante, y, a cambio de cosas tan pequeñas, prometo darte todo un reino.
No te digo: «Remedia mi pobreza», ni tampoco: «Entrégame tus riquezas, ya que por ti me he hecho pobre», sino que te pido únicamente pan, vestido y un poco de consuelo en mi gran necesidad.
Si estoy arrojado en la cárcel, no te obligo a que rompas mis cadenas y consigas mi libertad, sino que te pido únicamente que vengas a visitarme, pues estoy encarcelado por tu causa; esto será suficiente para que, por ello, te dé el cielo. Aunque yo te liberé de cadenas pesadísimas, me daré por satisfecho con que me visites en la cárcel.
Podría, ciertamente, premiarte sin necesidad de pedirte todo esto, pero quiero ser tu deudor para que así esperes el premio con mayor confianza.
Responsorio Mt 25, 35. 40; Pr 19, 17
R. Tuve hambre y me disteis de
comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis. * Os
aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos,
conmigo lo hicisteis.
V. Quien se apiada del pobre presta al Señor.
R. Os
aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos,
conmigo lo hicisteis.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
Laudes
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.
Oración
Se dice la oración propia del día o, en su defecto, la siguiente:
Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de san (santa) N., seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
II vísperas
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Os aseguro que lo que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
La oración como en las Laudes.
Todo del Común de santos varones, o de santas mujeres, excepto lo siguiente:
I vísperas
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Guarda, hijo mío, los consejos de tu padre, no rechaces las instrucciones de tu madre, llévalos siempre atados al corazón.
La oración como en las Laudes.
Oficio de lectura
SEGUNDA LECTURA
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo
(Homilía 59: PG 58, 580. 584)
TENEMOS QUE PREOCUPARNOS DEL BIEN DE LOS NIÑOS
Cuando el Señor dice: Sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial, y: Yo para esto he venido, y: Ésta es la voluntad de mi Padre, quiere estimular, con estas afirmaciones, la diligencia de los responsables de la educación de los niños.
¿Te fijas cómo los protege, amenazando con castigos intolerables a quienes los escandalicen, y prometiendo premios admirables a los que les sirvan y se preocupen de ellos, confirmando esto con su propio ejemplo y el de su Padre? Imitémosle, pues, poniéndonos al servicio de nuestros hermanos sin rehusar ningún esfuerzo, por laborioso o humilde que nos parezca, sin negarnos siquiera a servirles si es necesario, por pequeños y pobres que sean; y ello aunque nos cueste mucho, aunque tengamos que atravesar montes y precipicios; todo hay que soportarlo por la salvación de nuestros hermanos.
Pues Dios tiene tanto interés por las almas que ni siquiera perdonó a su propio Hijo. Por eso os ruego que, así que salgamos de casa a primera hora de la mañana, nuestro único objetivo y nuestra preocupación primordial sea la de ayudar al que está en peligro.
Nada hay, en efecto, de tanto valor como el alma: Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su alma? Ahora bien, el amor de las riquezas pervierte y arruina todos los valores, destruye el temor de Dios y toma posesión del alma como un tirano que ocupa una plaza fuerte. Descuidamos, pues, nuestra salvación y la de nuestros hijos cuando nos preocupamos solamente de aumentar nuestras riquezas, para dejarlas luego a nuestros hijos, y éstos a los suyos, y así sucesivamente, convirtiéndonos de esta manera más en transmisores de nuestros bienes que en sus poseedores. ¡Qué gran tontería es ésta, que convierte a los hijos en algo menos importante que los siervos! A los siervos, en efecto, los castigamos, aunque sea para nuestro provecho; en cambio, los hijos se ven privados de esta corrección, y así los tenemos en menos estima que a los siervos.
¿Y qué digo de los siervos? Cuidamos menos de los hijos que de los animales, ya que nos preocupamos más de los asnos y de los caballos que de los hijos. Si alguien posee un mulo, se preocupa mucho en conseguirle un buen mozo de cuadra, que sea honrado, que no sea ladrón ni dado al vino, que tenga experiencia de su oficio; pero, si se trata de buscar un maestro para nuestro hijo, aceptamos al primero que se nos presenta, sin preocuparnos de examinarlo, y no tenemos en cuenta que la educación es el más importante de los oficios.
¿Qué oficio se puede comparar al de gobernar las almas y formar la mente y el carácter de los jóvenes? El que tiene cualidades para este oficio debe usar de una diligencia mayor que cualquier pintor o escultor. Pero nosotros, por el contrario, no nos preocupamos de este asunto y nos contentamos con esperar que aprendan a hablar; y esto lo deseamos para que así sean capaces de amontonar riquezas. En efecto, si queremos que aprendan el lenguaje no es para que hablen correctamente, sino para que puedan enriquecerse, de tal forma que, si fuera posible enriquecerse sin tener que hablar, tampoco nos preocuparíamos de esto.
¿Veis cuán grande es la tiranía de las riquezas? ¿Os fijáis cómo todo lo domina y cómo arrastra a los hombres donde quiere, como si fuesen esclavos maniatados? Pero ¿qué provecho obtengo yo de todas estas recriminaciones? Con mis palabras, ataco la tiranía de las riquezas, pero, en la práctica, es esta tiranía y no mis palabras la que vence. Pero a pesar de todo no dejaré de censurarla con mis palabras y, si con ello algo consigo, será una ganancia para vosotros y para mí. Pero, si vosotros perseveráis en vuestro amor a las riquezas, yo, por mi parte, habré cumplido con mi deber.
El Señor os conceda liberaros de esta enfermedad, y así me conceda a mí poder gloriarme en vosotros. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Responsorio Pr 23, 26; 1, 9; 5, 1
R. Hijo mío, hazme caso, acepta de
buena gana mi camino, * pues será hermosa diadema en tu cabeza.
V. Hijo mío,
haz caso de mi sabiduría, presta oído a mi inteligencia.
R. Pues será hermosa
diadema en tu cabeza.
En las solemnidades y fiestas, después del segundo responsorio se dice el himno Te Deum.
La oración como en las Laudes.
Laudes
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El hombre que se compadece de su prójimo educa, enseña y guía como pastor a su rebaño.
Oración
Se dice la oración propia del día o, en su defecto, la siguiente:
Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegiste a san (santa) N. para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a ti, concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.
II vísperas
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.
La oración como en las Laudes.
Ant. Al Señor, rey de los que viven, venid, adorémosle.
HIMNO
Amargo es el recuerdo de la muerte
en que el
hombre mortal se aflige y gime
en la vida presente, cuya suerte
es morir
cada día que se vive.
Es verdad que la luz del pleno día
oculta el
resplandor de las estrellas,
y la noche en silencio es armonía
de la paz y
descanso en las tareas.
Pero el hombre, Señor, la vida quiere;
toda
muerte es en él noche y tiniebla,
toda vida es amor que le sugiere
la
esperanza feliz de vida eterna.
No se oiga ya más el triste llanto;
cuando
llega la muerte, poco muere;
la vida, hija de Dios, abre su encanto:
«La
niña no está muerta, sólo duerme.»
Señor, da el descanso merecido
a tus siervos
dormidos en la muerte;
si el ser hijos de Dios fue don vivido,
sea luz que
ilumine eternamente. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. De tierra me formaste y me revestiste de carne; Señor, Redentor mío, resucítame en el último día.
Salmo 39, 2-14. 17-18
I
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y
escuchó mi grito:
me levantó de la fosa fatal,
de la charca
fangosa;
afianzó mis pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a
nuestro Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el
Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en
el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con
engaños.
Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios
mío,
cuántos planes en favor nuestro;
nadie se te puede
comparar.
Intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo
número.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en
cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo
digo: "Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu
voluntad".
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las
entrañas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los
siglos. Amén.
El versículo Gloria al Padre se dice al final de todos los salmos y cánticos del Oficio de difuntos, como en los demás Oficios.
Ant. De tierra me formaste y me revestiste de carne; Señor, Redentor mío, resucítame en el último día.
Ant. 2. Señor, dígnate librarme; Señor, date prisa en socorrerme
II
He proclamado tu salvación
ante la gran
asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he
contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu
lealtad
ante la gran asamblea.
Tú, Señor, no me cierres tus entrañas,
que tu
misericordia y tu lealtad
me guarden siempre,
porque me cercan desgracias
sin cuento.
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo
huir;
son más que los pelos de mi cabeza,
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te
buscan;
digan siempre: "Grande es el Señor"
los que desean tu
salvación.
Yo soy pobre y desgraciado,
pero el Señor se
cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi liberación:
Dios mío, no
tardes.
Ant. Señor, dígnate librarme; Señor, date prisa en socorrerme
Ant. 3. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro del Señor?
Salmo 41
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así
mi alma te busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y
día.
mientras todo el día me repiten:
"¿Dónde está tu Dios?"
Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma
conmigo:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de
Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la
fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me
turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios
mío".
Cuando mi alma se acongoja,
te
recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de
cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de
noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: "Roca mía,
¿por qué me
olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi
enemigo?"
Se me rompen los huesos
por las burlas del
adversario;
todo el día me preguntan:
"¿Dónde está tu Dios?"
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me
turbas?
Espera en Dios que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios
mío".
Ant. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro del Señor?
V. Grande es tu ternura, Señor.
R. Con tu
palabra dame vida.
PRIMERA LECTURA
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 12-34
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO ESPERANZA DE LOS CREYENTES
Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno que los muertos no resucitan? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desdichados.
¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Lo mismo que por un hombre hubo muerte, por otro hombre hay resurrección de los muertos. Y lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero, Cristo; después, en su Parusía, los de Cristo. Después será la consumación: cuando devuelva el reino a Dios Padre, después de aniquilar todo principado, poder y fuerza.
Pues él debe reinar hasta a poner todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies. Mas cuando él dice que «todo está sometido», es evidente que se excluye a aquel que ha sometido a él todas las cosas. Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
De no ser así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en manera alguna, ¿por qué bautizarse por ellos? Y nosotros mismos, ¿por qué nos ponemos en peligro a todas horas? Os juro, hermanos, por el orgullo que siento por vosotros en Cristo Jesús, Señor nuestro, que cada día estoy en peligro de muerte. Si por motivos humanos luché en Éfeso contra las bestias, ¿qué provecho saqué? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos. No os engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.» Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.
Responsorio 1 Co 15, 25-26; cf., Ap 20, 13. 14
R. Cristo debe reinar hasta que Dios
ponga todos sus enemigos bajo sus pies. * El último enemigo aniquilado será la
muerte.
V. Entonces la muerte y el hades devolverán los muertos, y la muerte
y el hades serán arrojados al lago de fuego.
R. El último enemigo aniquilado
será la muerte.
O bien esta otra:
De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 35-57
LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y LA VENIDA DEL SEÑOR
Hermanos: Dirá alguno: «¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?» ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo o alguna otra semilla. Y Dios le da un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar. No toda carne es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de los animales, otra la de las aves, otra la de los peces. Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los cuerpos terrestres. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas. Y una estrella difiere de otra en resplandor.
Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual. En efecto, así es como dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo.» El último Adán, en espíritu que da vida. El espíritu no fue lo primero: primero vino la vida y después el espíritu.
El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales.
Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Os digo esto, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el reino de los cielos, ni la corrupción hereda la incorrupción.
Os voy a declarar un misterio: No todos moriremos pero todos nos veremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta; porque resonará, y los muertos despertarán incorruptibles y nosotros nos veremos transformados. Porque esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que vestirse de inmortalidad. Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
Responsorio Cf. Jb 19, 25. 26. 27
R. Sé que mi Redentor vive y que en
el último día yo resucitaré de la tierra; * y en mi carne veré a Dios, mi
salvador.
V. A quien yo mismo veré y no otro, y mis ojos lo
contemplarán.
R. Y en mi carne veré a Dios, mi salvador.
O bien esta otra:
De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 16-5, 10
AL DESHACERSE NUESTRA MORADA TERRENAL, ADQUIRIMOS UNA MANSIÓN ETERNA EN EL CIELO
Hermanos: Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida por hombres. Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, si es que nos encontramos vestidos, y no desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos oprimidos. No es que queramos ser desvestidos, sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en arras el Espíritu.
Así pues, siempre tenemos confianza, aunque sabemos que mientras vivimos estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.
Responsorio Cf. Sal 50, 4
R. Señor, no me juzgues según mis
actos: nada digno de mérito he hecho en tu presencia; por esto ruego a tu
majestad, * que tú, Dios mío, borres mi culpa.
V. Lava del todo mi delito,
Señor, limpia mi pecado.
R. Que tú, Dios mío, borres mi culpa.
SEGUNDA LECTURA
De los sermones de san Anastasio de Antioquía, obispo
(Sermón 5, Sobre la resurrección de Cristo, 6-7. 9: PG 89, 1358-1359.1361-1362)
CRISTO TRANSFORMARÁ NUESTRO CUERPO HUMILDE
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Pero, no obstante, Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Los muertos, por tanto, que tienen como Señor al que volvió a la vida, ya no están muertos, sino que viven, y la vida los penetra hasta tal punto que viven sin temer ya a la muerte.
Como Cristo que, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, así ellos también, liberados de la corrupción, no conocerán ya la muerte y participarán de la resurrección de Cristo, como Cristo participó de nuestra muerte.
Cristo, en efecto, no descendió a la tierra sino para destrozar las puertas de bronce y quebrar los cerrojos de hierro, que, desde antiguo, aprisionaban al hombre, y para librar nuestras vidas de la corrupción y atraernos hacia él, trasladándonos de la esclavitud a la libertad.
Si este plan de salvación no lo contemplamos aún totalmente realizado -pues los hombres continúan muriendo, y sus cuerpos continúan corrompiéndose en los sepulcros-, que nadie vea en ello un obstáculo para la fe. Que piense más bien cómo hemos recibido ya las primicias de los bienes que hemos mencionado y cómo poseemos ya la prenda de nuestra ascensión a lo más alto de los cielos, pues estamos ya sentados en el trono de Dios, junto con aquel que, como afirma san Pablo, nos ha llevado consigo a las alturas; escuchad, si no, lo que dice el Apóstol: Nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Llegaremos a la consumación cuando llegue el tiempo prefijado por el Padre, cuando, dejando de ser niños, alcancemos la medida del hombre perfecto. Así le agradó al Padre de los siglos, que lo determinó de esta forma para que no volviéramos a recaer en la insensatez infantil, y no se perdieran de nuevo sus dones.
Siendo así que el cuerpo del Señor resucitó de una manera espiritual, ¿será necesario insistir en que, como afirma san Pablo de los otros cuerpos, se siembra un cuerpo animal, pero resucita un cuerpo espiritual, es decir, transfigurado como el de Jesucristo, que nos ha precedido con su gloriosa transfiguración?
El Apóstol, en efecto, bien enterado de esta materia, nos enseña cuál sea el futuro de toda la humanidad, gracias a Cristo, el cual transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Si, pues, esta transfiguración consiste en que el cuerpo se torna espiritual, y este cuerpo es semejante al cuerpo glorioso de Cristo, que resucitó con un cuerpo espiritual, todo ello no significa sino que el cuerpo, que fue sembrado en condición humilde, será transformado en cuerpo glorioso.
Por esta razón, cuando Cristo elevó hasta el Padre las primicias de nuestra naturaleza, elevó ya a las alturas a todo el universo, como él mismo lo había prometido al decir: Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.
Responsorio Jn 5, 28-29; 1 Co 15, 52
R. Los que están en el sepulcro
oirán la voz del Hijo de Dios. * Los que hayan hecho el bien saldrán a una
resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de
condena.
V. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la
última trompeta, los muertos despertarán.
R. Los que hayan hecho el bien
saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una
resurrección de condena.
O bien esta otra:
De las cartas de san Braulio de Zaragoza, obispo
(Carta 19: PL 80, 665-666)
CRISTO RESUCITADO, ESPERANZA DE TODOS LOS CREYENTES
Cristo, esperanza de todos los creyentes, llama durmientes, no muertos, a los que salen de este mundo, ya que dice: Lázaro, nuestro amigo, está dormido.
Y el apóstol san Pablo quiere que no nos entristezcamos por la suerte de los difuntos, pues nuestra fe nos enseña que todos los que creen en Cristo, según se afirma en el Evangelio, no morirán para siempre: por la fe, en efecto, sabemos que ni Cristo murió para siempre ni nosotros tampoco moriremos para siempre.
Pues él mismo, el Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán.
Así, pues, debe sostenernos esta esperanza de la resurrección, pues los que hemos perdido en este mundo, los volveremos a encontrar en el otro; es suficiente que creamos en Cristo de verdad, es decir, obedeciendo sus mandatos, ya que es más fácil para él resucitar a los muertos que para nosotros despertar a los que duermen. Mas he aquí que, por una parte, afirmamos esta creencia y, por otra, no sé por qué profundo sentimiento, nos refugiamos en las lágrimas, y el deseo de nuestra sensibilidad hace vacilar la fe de nuestro espíritu. ¡Oh miserable condición humana y vanidad de toda nuestra vida sin Cristo!
¡Oh muerte, que separas a los que estaban unidos y, cruel e insensible, desunes a los que unía la amistad! Tu poder ha sido ya quebrantado. Ya ha sido roto tu cruel yugo por aquel que te amenazaba por boca del profeta Oseas: ¡Oh muerte, yo seré tu muerte! Por esto podemos apostrofarte con las palabras del Apóstol: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?
El mismo que te ha vencido a ti nos ha redimido a nosotros, entregando su vida en poder de los impíos para convertir a estos impíos en amigos suyos. Son ciertamente muy abundantes y variadas las enseñanzas que podemos tomar de las Escrituras santas para nuestro consuelo. Pero bástanos ahora la esperanza de la resurrección y la contemplación de la gloria de nuestro Redentor, en quien nosotros, por la fe, nos consideramos ya resucitados, pues, como afirma el Apóstol: Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
No nos pertenecemos, pues, a nosotros mismos, sino a aquel que nos redimió, de cuya voluntad debe estar siempre pendiente la nuestra, tal como decimos en la oración: Hágase tu voluntad. Por eso, ante la muerte, hemos de decir como Job: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Repitamos, pues, ahora estas palabras de Job y así, siendo iguales a él en este mundo, alcanzaremos después, en el otro, un premio semejante al suyo.
Responsorio 1 Ts 4, 13-14; Jr 22, 10
R. No os aflijáis por la suerte de
los difuntos, como los hombres sin esperanza. * Pues si creemos que Jesús ha
muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los
llevará con él.
V. No lloréis por el muerto, ni os lamentéis por él.
R.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han
muerto en Jesús, Dios los llevará con él.
Oración
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Señor, Dios nuestro, gloria de los fieles y vida de los justos, nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a tu siervo (sierva) N. y, pues creyó en la futura resurrección, merezca alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Confiados, Señor, en tu misericordia, te presentamos nuestras oraciones en favor de nuestro hermano (nuestra hermana) N., miembro de tu Iglesia peregrina durante su vida mortal: llévalo (llévala) contigo a la patria de la luz, para que participe también ahora de la ciudadanía de tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para varios difuntos:
Señor Dios, que resucitaste a tu Hijo, para que venciendo a la muerte entrara en tu reino, concede a tus siervos (N. y N.), hijos tuyos, que, superada su condición mortal, puedan contemplarte a ti, su Creador y Redentor. Por nuestro Señor Jesucristo.
Para los hermanos, familiares y bienhechores difuntos:
Señor Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres, por intercesión de santa María, la Virgen, y de todos los santos, concede a nuestros hermanos, familiares y bienhechores que han salido ya de este mundo alcanzar la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien otra de las que figuran en el Misal Romano.
HIMNO
Salen de la ciudad en larga hilera
los amigos
del hombre, entristecidos,
llevan al joven muerto en la litera,
su madre
lo acompaña entre gemidos.
Lazos de muerte a todos nos alcanzan,
las redes
del abismo nos envuelven,
pueblos enteros lentamente avanzan,
y todos los
que van ya nunca vuelven.
Alza tu voz, Jesús resucitado;
detente,
caravana de la muerte,
mira al Señor Jesús, él ha pagado
el precio del
rescate de tu suerte.
Llora, Raquel, de gozo y alegría,
tus hijos
vivirán eternamente.
Danos, Señor, llegar a tu gran día,
que de ansia de
vivir el alma muere. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1. Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados.
Ant. 2. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Cántico
Is 38, 10-14.17-20
ANGUSTIAS DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA
CURACIÓN
Yo soy el que
vive y estaba muerto...
y tengo las llaves de la muerte.
(Ap 1, 17.
18)
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las
puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los
vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del
mundo.
Levantan y enrollan mi vida
como un tienda de pastores.
Como
un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»
Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me
quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.
Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis
ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por
mí!
Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió
paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a
todos mis pecados.
El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan
en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El
padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días
en la casa del Señor.
Ant. 2. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.
Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.
Salmo 145
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.
O bien:
Ant. 3. Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Salmo 150
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3. Todo ser que alienta, alabe al Señor.
LECTURA BREVE 1Ts 4, 13
Si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.
RESPONSORIO BREVE
V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. R. Te ensalzaré, Señor.
V. Cambiaste
mi luto en danza. R. Porque me has librado. V.
Gloria. R. Te ensalzaré,
Señor.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi no morirá para siempre.
O bien, en tiempo pascual:
Cristo ha resucitado y con su claridad
ilumina al pueblo rescatado con su sangre. Aleluya.
PRECES
Cuando el Oficio se celebra por un
solo difunto o por varios difuntos:
Pidamos
al Señor que escuche nuestra oración y atienda nuestras súplicas por nuestro
hermano difunto y, llenos de confianza, digámosle: Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Señor Jesús, haz que nuestro hermano que ha pasado ya de este mundo a tu reino se alegre con júbilo eterno en tu presencia * y se llene de gozo en la asamblea de los santos.
Libra su alma del abismo y sálvalo por tu misericordia, * porque en el reino de la muerte nadie te alaba.
Que tu bondad y tu misericordia lo acompañen eternamente, * y que habite en tu casa por años sin término.
Condúcelo hacia las fuentes tranquilas de tu paraíso * y hazlo (hazla) recostar en las praderas verdes de tu reino.
A nosotros, que caminamos aún por las cañadas oscuras de este mundo, guíanos por el sendero justo, * y haz que en tu vara y en tu cayado de pastor encontremos siempre nuestro sosiego.
Para que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos que a todos llegue el reino de Jesucristo: Padre nuestro.
Cuando el Oficio se celebra por los
difuntos en general:
Oremos a Dios Padre
todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y vivificará
también nuestros cuerpos mortales, y digámosle: Dueño de la vida y de la
muerte, escúchanos.
Padre santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y con él hemos resucitado, haz que de tal forma andemos en vida nueva * que aún después de nuestra muerte vivamos para siempre con Cristo.
Padre providente, que nos has dado el pan vivo bajado del cielo, para que lo comamos santamente, * haz que al comerlo tengamos vida eterna y resucitemos en el último día.
Señor, que diste a tu Hijo en su agonía el consuelo del ángel, * confórtanos en nuestra agonía con la serena esperanza de la resurrección.
Tú, Señor, que libraste a los tres jóvenes del horno ardiente, * libra también las almas de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados.
Dios y Señor de vivos y de muertos, que resucitaste a Cristo del sepulcro, * resucita también a los difuntos, y a nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria.
Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre nuestro.
Oración:
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al
proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra
esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
O bien:
Señor, Dios nuestro, gloria de los fieles y vida de los
justos, nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te
pedimos que acojas con bondad a tu siervo N.
y, pues creyó en la futura resurrección,
merezca alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Confiados, Señor, en tu misericordia, te presentamos
nuestras oraciones en favor de nuestro hermano
N., miembro de tu Iglesia peregrina durante su
vida mortal: llévalo contigo a la patria de la luz, para que participe también
ahora de la ciudadanía de tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
Para varios difuntos: Señor Dios, que resucitaste a tu Hijo, para que venciendo a la muerte entrara en tu reino, concede a tus siervos (N. y N.), hijos tuyos, que, superada su condición mortal, puedan contemplarte a ti, su Creador y Redentor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para los hermanos, familiares y bienhechores difuntos: Señor Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de,los hombres, por intercesión de santa María, la Virgen, y de todos los santos, concede a nuestros hermanos, familiares y bienhechores que han salido ya de este mundo alcanzar la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien otra de las que figuran en el Misal Romano.
Hora intermedia
HIMNO
Dejad que el grano se muera
y venga el tiempo
oportuno:
dará cien granos por uno
la espiga de primavera.
Mirad que es dulce la espera
cuando los signos
son ciertos;
tened los ojos abiertos
y el corazón consolado;
si Cristo
ha resucitado,
¡resucitarán los muertos! Amén.
Para las otras Horas se puede decir un himno propio de la Hora.
SALMODIA
Antífona
Tercia: Vuélvete, Señor, liberta mi alma.
Sexta: Sana, Señor, mi alma, porque he pecado contra ti.
Nona: Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder.
Salmo 69
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa
en socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a
muerte;
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se
retiren avergonzados
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te
buscan;
y digan siempre: "Dios es grande",
los que desean tu
salvación.
Yo soy pobre y desgraciado:
Dios mío,
socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no
tardes!
Salmo 84
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has
restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has
sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el
incendio de tu ira.
Restáuranos, Dios Salvador nuestro;
cesa en tu
rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira
de edad en edad?
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu
pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia,
y danos tu
salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
"Dios
anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de
corazón".
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la
gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se
encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia
mira desde el cielo;
el Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su
fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación
seguirá sus pasos.
Salmo 85
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un
pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu
siervo, que confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti
te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto
mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico
en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi
oración,
atiende a la voz de mi súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me
escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las
tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu
presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces
maravillas;
tú eres el único Dios".
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu
verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré
gloria a tu nombre por siempre,
por tu gran piedad para conmigo,
porque me
salvaste
del abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios
se levantan contra
mí,
una banda de insolentes
atenta contra mi vida,
sin tenerte en
cuenta a ti.
Pero tú, Señor,
Dios clemente y
misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten
compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu
esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios
y se
avergüencen,
porque tú, Señor,
me ayudas y consuelas.
Para las otras Horas, la salmodia complementaria.
Tercia
Ant. Vuélvete, Señor, liberta mi alma.
LECTURA BREVE Jb 19, 25-26
Sé que mi Redentor vive y que en el último día yo resucitaré de la tierra; y de nuevo me revestiré de mi piel; y en mi carne veré a Dios.
O bien: 2M 7, 9a
Cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
V. ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me
turbas?
R. Espera en Dios, que volverás a alabarlo.
Sexta
Ant. Sana, Señor, mi alma, porque he pecado contra ti.
LECTURA BREVE Sb 1, 13-14a. 15
Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creó para que subsistiera, porque la justicia es inmortal.
V. Aunque camine por cañadas oscuras, nada
temo.
R. Porque tú, Señor, vas conmigo.
Nona
Ant. Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder.
LECTURA BREVE Is 25, 8
Aniquilará Dios la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país -lo ha dicho el Señor-.
V. Escucha, Señor, mis súplicas.
R. A ti acude
todo mortal.
La oración como en las Laudes.
HIMNO
¿Cuándo, Señor, tendré el gozo de verte?
¿Por
qué para el encuentro deseado
tengo que soportar, desconsolado,
el trágico
abandono de la muerte?
Padre mío, ¿me has abandonado?
Encomiendo mi
espíritu en tus manos.
Los dolores de muerte sobrehumanos
dan a luz el
vivir tan esperado.
Se acabaron la lucha y el camino,
y, dejando el
vestido corruptible,
revistióme mi Dios de incorruptible.
A la noche del tiempo sobrevino
el día del
Señor; vida indecible,
aun siendo mía, es ya vivir divino. Amén.
SALMODIA
Ant. 1. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.
Salmo 120
EL GUARDIÁN DEL PUEBLO
No tendrán
hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno (Ap 7,
16)
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el
auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el
sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor
guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Ant. 1. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.
Ant. 2. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Salmo 129
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Ant. 3. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla
se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
LECTURA BREVE 1Co, 15, 55-57
¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
RESPONSORIO BREVE
V. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado. R. A ti, Señor. V. Tu misericordia es mi gozo y mi alegría. R. No quede yo nunca defraudado. V. Gloria. R. A ti, Señor.
O bien:
V. Por tu misericordia, Señor, dales el descanso eterno.
R. Por tu
misericordia, Señor. V. Tú, vendrás a juzgar a los vivos y a los
muertos. R. Dales el descanso eterno. V. Gloria. R. Por tu misericordia,
Señor.
CáNTICO EVANGÉLICO
Ant.:
Todos los que el Padre me ha entregado vendrán
a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera.
O bien, en tiempo pascual:
El que fue crucificado resucitó de entre los muertos y
nos redimió. Aleluya.
PRECES
Cuando el Oficio se
celebra por un solo difunto o por varios difuntos:
Oremos, hermanos, a Cristo, el
Señor, esperanza de los que vivimos aún en este mundo, y vida y resurrección de
los que ya han muerto; llenos de confianza, digámosle: Tú que eres la vida y
la resurrección, escúchanos.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas, * y no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de nuestro hermano N.
Por el honor de tu nombre, Señor, perdónale todas sus culpas, * haz que viva eternamente feliz en tu presencia.
Que habite en tu casa por días sin término, * y goce de tu presencia contemplando tu rostro.
No rechaces a tu siervo ni lo olvides en el reino de la muerte, * antes concédele gozar de tu dicha en el país de la vida.
Sé tú, Señor, el apoyo y la salvación de cuantos a ti acudimos: * sálvanos y bendícenos, porque somos tu pueblo y tu heredad.
Que el mismo Señor, que lloró junto al sepulcro de Lázaro y que, en su propia agonía, acudió conmovido al Padre, nos ayude a decir: Padre nuestro.
Cuando el Oficio se
celebra por los difuntos en general:
Oremos al Señor Jesús, que
transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo, y
digámosle: Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo Lázaro, * lleva a una resurrección de vida a los difuntos que rescataste con tu sangre preciosa.
Señor Jesucristo, consolador de los afligidos, que ante el dolor de los que lloraban la muerte de Lázaro, del joven de Naím y de la hija de Jairo acudiste compasivo a enjugar sus lágrimas, * consuela también ahora a los que lloran la muerte de sus seres queridos.
Señor Jesucristo, siempre vivo para interceder por nosotros y por todos los hombres, * enséñanos a ofrecer el sacrificio de alabanza por los difuntos, para que sean absueltos de sus pecados.
Cristo salvador, destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el que merecimos la muerte, * para que obtengamos, como don de Dios, la vida eterna.
Cristo redentor, mira benignamente a aquellos que, al no conocerte, viven sin esperanza, * para que crean también ellos en la resurrección y en la vida del mundo futuro.
Tú, Señor, que has dispuesto que nuestra casa terrena sea destruida, * concédenos una morada eterna en los cielos.
Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al
proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra
esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
O bien:
Señor, Dios nuestro, gloria de los fieles y vida de los
justos, nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te
pedimos que acojas con bondad a tu siervo N.
y, pues creyó en la futura resurrección,
merezca alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
O bien:
Confiados, Señor, en tu misericordia, te presentamos
nuestras oraciones en favor de nuestro hermano N., miembro de tu Iglesia
peregrina durante su vida mortal: llévalo contigo a la patria de la luz, para
que participe también ahora de la ciudadanía de tus elegidos. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
Para varios difuntos: Señor Dios, que resucitaste a tu Hijo, para que venciendo a la muerte entrara en tu reino, concede a tus siervos (N. y N.), hijos tuyos, que, superada su condición mortal, puedan contemplarte a ti, su Creador y Redentor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Para los hermanos, familiares y bienhechores difuntos: Señor Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres, por intercesión de santa María, la Virgen, y de todos los santos, concede a nuestros hermanos, familiares y bienhechores que han salido ya de este mundo alcanzar la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
O bien otra de las que figuran en el Misal Romano.