PREFACIO DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA I
El SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

56. El siguiente prefacio se dice en la misa «de la Cena del Señor», también puede decirse en la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la santísima Eucaristía.

V.
El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y eterno Sacerdote, al instituir el sacrificio perenne primero se entregó a ti como víctima de salvación, y luego nos mandó ofrecerlo en su memoria.

Cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, somos fortalecidos, cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, somos purificados.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, los tronos y las dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA II
LOS FRUTOS DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

57. El siguiente prefacio se dice en la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la santísima Eucaristía.

V.
Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, Señor nuestro.

El cual, mientras comía con sus apóstoles en la última cena, y para perpetuar elMemorial salvífico de la Cruz, se ofreció a ti como Cordero inmaculado, y culto de la perfecta alabanza.

Por este venerable misterio alimentas y santificas a tus fieles, a fin de que todos los hombres que conviven en un mismo mundo, sean iluminados por una misma fe y congregados en una misma caridad.

Por tanto, nos acercamos a la mesa de tan admirable sacramento, para que llenos de la suavidad de tu gracia seamos transformados en el hombre celestial.

Por eso, Señor, todas las creaturas del cielo y de la tierra te adoran entonando un cántico nuevo, y también nosotros, unidos a los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA III
LA EUCARISTÍA, VIÁTICO PARA LA PASCUA ETERNA

Este prefacio se puede decir en la misa del viático.

V.
Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias, es bueno bendecir tu nombre, Padre santo, Dios de misericordia y de paz.

Porque has querido que tu Hijo obediente hasta la muerte de cruz, nos precediera en el camino del retorno a ti, término de toda esperanza humana.

En la Eucaristía, testamento de su amor, él se hace comida y bebida espiritual, para alimentarnos en nuestro viaje hacia la Pascua eterna.

Con esta prenda de la resurrección futura, en la esperanza participamos ya de la mesa gloriosa de tu reino y, unidos a los ángeles y a los santos, proclamamos el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

En las plegarias eucarísticas se hace el recuerdo del que recibe el viático.