24 de septiembre
Nuestra Señora de la Merced
Memoria
La mano del Señor me ha dado fuerzas
Lectura del libro de Judit
15, 8-10; 16, 13-14
El sumo sacerdote Joaquím y los ancianos del pueblo de Israel que habitaban en Jerusalén vinieron para contemplar los beneficios con que Dios había colmado a Israel, y también para ver a Judit y saludarla. Al verla, todos a una, la elogiaron y le dijeron:
«¡Tú eres la gloria de Jerusalén,
tú el gran orgullo de Israel,
tú el insigne honor de nuestra raza!
Al realizar todo esto con tu propia mano,
has hecho un gran bien a Israel,
y Dios ha aprobado tu obra.
Que el Señor todopoderoso te bendiga para siempre».
Y todo el pueblo dijo: «¡Amén!».
Judith entonó este canto:
Cantaré a mi Dios un canto nuevo:
¡Señor, Tú eres grande y glorioso,
admirable por tu poder e invencible!
Que te sirvan todas las criaturas,
porque Tú lo dijiste y fueron hechas,
enviaste tu espíritu y él las formó,
y nadie puede resistir a tu voz.
Palabra de Dios.
SALMO Lc 1, 46-55
R. ¡El Señor se ha compadecido de su pueblo!
Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador. R.
Porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.
Porque el Todopoderosa ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!R.
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.R.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. R.
Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y de su descendencia para siempre. R.
ALELUIA Cf. Lc 1, 45
¡Feliz de ti, Virgen María,
por haber creído que se cumplirá
lo que te fue anunciado por parte del Señor!
EVANGELIO
Mujer, ahí tienes a tu hijo
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella Hora, el discípulo la recibió como suya.
Palabra del Señor.